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Sociedad y Economía

On-line version ISSN 1657-6357

Soc. Econ.  no.21 Cali Jan./Dec. 2011

 

Masculinidades y sexualidades de corteros de caña en el municipio de Candelaria, Valle1

Masculinities and sexualities of sugar cane cutters in the town of Candelaria, Valle

Masculinidades e sexualidades de cortadores de cana na cidade de Candelaria, Valle

Jairo Alexander Castaño López
Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa-México
acalo16@yahoo.com

Recibido: 28.03.11
Aprobado: 12.09.11

1 Este artículo presenta los principales resultados de la investigación "Masculinidades y sexualidades de corteros de caña en el municipio de Candelaria", financiada por Colciencias en el marco del Programa "Jóvenes investigadores e innovadores 2010" y ejecutado en convenio con la Universidad del Valle. La investigación se desarrolló entre los meses de enero y diciembre de 2010.


Resumen:

El análisis de la vida familiar, la trayectoria educativa, afectiva, sexual y laboral y los factores sociológicos -el sexo/género, la clase social, el lugar de origen, el color de piel y la generación- de los corteros de caña en las etapas de infancia/adolescencia y adultez permite observar los procesos de construcción de la masculinidad y las vivencias de la sexualidad. Los resultados de las entrevistas muestran las diferentes formas en las que se expresa la masculinidad hegemónica en la vivencia de los trabajadores y las masculinidades "alternativas" que se construyen en relación con ese modelo y en la interacción con otras figuras en distintos espacios.

Palabras clave: Masculinidad, Sexualidad, Clases Subalternas.


Abstract:

The analysis of family life, the educational, sexual, and emotional biographies and experiences of sexuality in the light of differences that arise in the experiences of workers through sociological factors such as sex/gender, social class, place of origin, skin color and age of cane cutters when they were in the stages of childhood, adolescence and adulthood, allows us to observe the processes of construction of masculinity. The results of the interviews show the ways in which hegemonic masculinity is expressed in the experience of workers and the various "alternative" masculinities that are built on this model and that interact with other figures in different spheres.

Key words: Masculinity, Sexuality, Lower Classes.


Resumo:

A análise da vida familiar, a biografia educativa, sexual e emocional dos cortadores de cana, nas fases da infância, da adolescência e da idade adulta, nos permite observar os processos de construção da masculinidade e as experiências da sexualidade. Estes processos são percebidos à luz das diferenças surgidas nas histórias dos trabalhadores, através de fatores sociológicos, tais como sexo/ gênero, classe, lugar de origem, cor da pele e idade. Os resultados das entrevistas mostram as formas pelas quais a masculinidade hegemônica se expressa na experiência dos trabalhadores e as diversas «alternativas» que são construídas sobre este modelo, que interage com outras figuras em diferentes esferas.

Palavras-chave: Masculinidade, Sexualidade, Classe Subalterna.


Introducción

Este artículo presenta los principales resultados del proyecto de investigación Masculinidades y sexualidades de corteros de caña en el municipio de Candelaria. Este proyecto aborda el proceso de construcción social de las masculinidades y las vivencias de las sexualidades en los corteros que viven en este municipio. El referente empírico son dieciséis entrevistas realizadas en profundidad a seis corteros nariñenses (mestizos-blancos), cuatro corteros que se auto-identificaron como negros, tres compañeras de trabajadores, una hijastra y a dos personas residentes de los barrios en el municipio donde viven un buen número de corteros con sus familias.

Las entrevistas permiten analizar las distintas facetas dentro de la vida de los corteros (infancia/adolescencia, adultez) y sus relaciones con el proceso de construcción de una identidad masculina y sexual. Primero se analiza la vida familiar en la infancia, posteriormente la trayectoria sexual y afectiva, para finalmente aproximarse a las relaciones en el espacio laboral. En estos tres momentos se examinan las percepciones y comportamientos de los hombres con referencia a la crianza y socialización de los-as hijos-as, la distribución del trabajo doméstico al interior del hogar, las relaciones con las mujeres (madre, esposa, hijas, amigas, compañeras sentimentales y sexuales) y con otros hombres (por ejemplo homosexuales). Se exploran las vivencias sexuales de los trabajadores en términos de las prácticas normativas y no-normativas que han experimentado o experimentan, tales como la experiencia del placer, la práctica de la masturbación, las percepciones sobre el aborto, sobre el matrimonio y la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales, el uso del condón y de otros métodos anticonceptivos. Igualmente se describen algunos rasgos de la dinámica afectiva y sexual en las relaciones de pareja en la actualidad.

Todos los aspectos anteriores se presentan teniendo en cuenta las diferencias vivenciales de masculinidad y sexualidad que se manifiestan entre los corteros por factores como la condición de clase (vista a través de las condiciones laborales y el nivel educativo), la generación, el lugar de origen y el color de la piel. Teniendo en cuenta lo anterior, es vital el concepto de clases subalternas en la medida que posibilita las articulaciones entre diversas categorías analíticas de las ciencias sociales como raza2, clase, género, sexualidad y generación.

La perspectiva sociológica que aborda el género como una relación social y socialmente construida está presente a lo largo de la investigación, por lo que interesa resaltar el punto de vista de las esposas de los trabajadores como un elemento central para el análisis de las diversas configuraciones de las masculinidades de los corteros estudiados.

Algunas precisiones conceptuales

Es importante retomar la perspectiva sociológica y los conceptos de sexo y género en este estudio al tiempo que se precisa su significado. En el primer caso, el sexo se entiende como un referente social hegemónico que organiza de manera dicotómica (hombre/mujer) las diferencias biológicas entre las personas; mientras que el género (que también es un referente hegemónico) es entendido como un proceso social de construcción y aprendizaje de pautas, atributos o roles sexuales (masculino/femenino) y relaciones de poder desiguales entre los sexos en contextos sociales específicos; además que, al ser una construcción social, se interioriza a través de un proceso de socialización que empieza en la infancia y se sigue desarrollando durante el transcurso de toda la vida del individuo.

Teniendo en cuenta lo anterior, la masculinidad es entendida como un conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que la sociedad representa como "esenciales" o "naturales" al varón u hombre en una cultura determinada, lo que configura -de acuerdo al tipo de sociedad observada- un modelo hegemónico de masculinidad cuyo valor principal es la virilidad (Welzer-Lang, 2010), pero que además sirve para discriminar a las mujeres y a los otros hombres que no se adaptan al modelo dominante. Como señala Keijzer (2001:138) en su artículo sobre los mandatos de la masculinidad hegemónica y las consecuencias para la salud de los trabajadores corteros de caña en México,

podemos considerar que en nuestros países existe una forma hegemónica de socializar a los hombres que está cultural e históricamente construida y que tiene sus variaciones por clase o por etnia, pero que sirve siempre de referente incluso a las formas de socialización alternativas o marginales En esta socialización podemos encontrar ciertas claras ventajas para el varón, algunas de las cuales, con el tiempo y su rigidización, se pueden ir transformando en un costo para su salud (y la de las mujeres y otros hombres). Ejemplo de esto son una mayor independencia, la agresividad, la competencia y la incorporación de conductas violentas y temerarias en aspectos tan diversos como la relación con vehículos, las adicciones, las relaciones familiares y la sexualidad.

Por otro lado, parece importante retomar la perspectiva materialista de Gayle Rubin (1989), en la que se considera que en las sociedades capitalistas se ha configurado un sistema de sexo/género que consiste básicamente en una serie de acuerdos por los que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana. En ese sentido, la autora plantea la importancia -en el caso de las sociedades industriales modernas- del campo del deseo (erotismo) y de la configuración de un sistema sexual que vuelve necesario analizar de manera separada (aunque interrelacionada) el género y la sexualidad, sobre todo teniendo en cuenta que ésta última se ha venido configurando como una dimensión autónoma de la sociedad (Giddens, 2000 y Bourdieu, 2000) , en la que la búsqueda del placer y la satisfacción -o el goce del cuerpo- es cada vez más central en la trayectoria biográfica de los individuos.

Urrea señala que esta emancipación del campo sexual recorre un largo camino -entre los siglos XVI y XX- a través de la experiencia del orgasmo y del 'sexo solitario' desde la condena a cualquier vivencia de placer, pasando luego a su aceptación en el marco de una normatividad medicalizada, con la clasificación de placeres 'normales' y 'anormales', hasta alcanzar un valor en sí mismo, perdiendo todo objetivo impuesto por otro campo (2010:27).

No obstante, lo anterior plantea que la sexualidad siempre está organizada y regulada desde distintos ámbitos (religioso, político, cultural y económico), al punto que históricamente se ha configurado como un sistema jerárquico de valores sexuales que exalta las sexualidades consideradas "normales" (monógamas, heterosexuales), reprimiendo y marginalizando las "patológicas" (promiscuas, homosexuales), como lo expresa Rubin (1989:2):

[…] el reino de la sexualidad posee también su propia política interna, sus propias desigualdades y sus formas de opresión específica. Al igual que ocurre con otros aspectos de la conducta humana, las formas institucionales concretas de la sexualidad en cualquier momento y lugar dados son productos de la actividad humana. Están, por tanto, imbuidas de los conflictos de interés y la maniobra política, tanto los deliberados como los inconscientes. En este sentido, el sexo es siempre político.

Finalmente, vale la pena resaltar que este es un estudio que relaciona la construcción social de las identidades de género y las sexualidades masculinas con la condición de subalternidad (en un sentido gramsciano) que comparten en muchas esferas los corteros de caña afrocolombianos y mestizos-blancos. Se busca realizar el análisis de la articulación de principios diferentes, entrelazados, de división social y dominación cultural, incluyendo la clase, el sexo/género, la raza y la generación (Dube, 2000).

La vida familiar en la infancia/adolescencia y la relación con las figuras del padre y de la madre.

La vida familiar en la infancia y adolescencia de la mayoría de corteros de caña entrevistados se caracteriza por las condiciones de pobreza en el hogar, el origen rural campesino, el alto número de miembros de la familia, por el abandono del padre (también hubo conflictos violentos con el padre) y una alta valoración de la figura materna en el proceso de crianza. Los trabajadores que fueron criados en una familia monoparental señalan que sus madres tuvieron que trabajar fuera del hogar y en el espacio doméstico "hacer de papá y mamá". Este último punto muestra que las representaciones de algunos corteros sobre la familia están articuladas al ideal de familia nuclear, en el que no fueron socializados; pero que al ser parte de sus representaciones sobre la crianza, les permite al mismo tiempo revalorizar la figura de la madre y su capacidad de reproducir los dos roles:

Prácticamente mi mamá fue la que nos sacó adelante a nosotros. Ella fue la que nos dio la estabilidad y todo cuando mi papá se fue de la casa, a ella le tocó hacer de papá y mamá, porque pues ella era la que trabajaba para podernos mantener. Aun cuando la infancia de nosotros no fue muy este, tocó como el apretón, en ese sentido, porque ella prácticamente era la que veía por nosotros. Yo me acuerdo que yo cuando a mí no me daban plata para descanso, porque no le alcanzaba. Entonces yo estudiaba y me iba así. Sin plata. Entonces eso fue muy duro. Y yo pienso que fue una figura importante porque ella sacrificó mucho por nosotros. Una persona muy importante para mí (Boris, 34 años).

Entre los entrevistados se presenta el caso de un cortero que tuvo relaciones conflictivas con su padre en la adolescencia, esto ocurrió debido a la violencia que ejercía el padre hacia su madre y hermanos. Este hecho muestra en la relación padre-hijo un conflicto de masculinidad atravesado por el factor de clase. En las clases populares, el "hijo" asume la defensa de "la madre" recurriendo a medios violentos enfrentando físicamente al padre. Es un conflicto entre la masculinidad autoritaria y despótica del padre y la subordinada del hijo, esta se re-valoriza asumiendo una posición de defensa de la madre, lo que produce muchos rencores en la relación padre-hijo al punto que la comunicación entre estos se deteriora totalmente.

Yo todavía siento rencor por eso, guevón. Yo le digo a mi hermano que el día que mi papá muriera yo por allá no iba. Lo que pasa es que una vez él le estaba tirando a mi mamá, y entonces me metí yo. Y yo le tiré a él. Eso fue en la casa, yo estaba pelado. Yo estaba en la casa, en la pieza, y él creía que mi mamá estaba sola. Llegó borracho. Y entonces salí yo a defender a mi mamá. Y desde ahí con mi papá nos echamos de enemigos. Él no me habla y yo no le hablo, pero yo sé que él por dentro sabe que yo le tiré un día y le di. Entonces él tiene rencor por dentro. Si él lo lleva, yo también lo llevo. Yo también llevo lo mismo. Lo que él piensa de mí, yo también lo pienso de él. Yo le saqué machete, y él me sacó una escopeta, y me iba a pegar un tiro ese día. Pero con escopeta y todo le di ese día. Mi mamá se metió por el medio, y todo eso. Sin embargo no le llegué a… y el día que mi papá muera yo no voy por allá. Que conmigo no cuenten pa' nada. El único que no la va con mi papá soy yo (Carlos).

En los hogares de crianza de los corteros encontramos que operaba una división sexual del trabajo doméstico en la que mujeres y niños menores (hombres/mujeres) eran los encargados de cocinar o limpiar. Estas actividades, y la capacidad de los hijos para realizarlas es un aspecto que fue valorado por los padres como parte importante de la crianza de la prole, y también es valorado por los mismos trabajadores como un conocimiento útil a lo largo de su trayectoria biográfica:

Más que todo yo en ese tiempo... o sea, cuando ella trabajaba yo era el que hacía las cosas en la casa. Yo era el cocinero pues. Yo cocinaba, yo hacía aseo, y todo eso allí en la casa. Como ella trabajaba (se refiere a la madre)... siempre me ha gustado la cocina, mejor dicho, ser casero pues. A mí me gusta barrer, trapiar, (sic) si es de cocinar yo cocino. Lavar la ropa, todo eso. En mi casa el mayor, Diego, él a veces me daba plata a mí, me decía "andá a comprar tal cosa". Él me daba plata a mí y yo era el que cocinaba. Cuando nos quedábamos solos en la casa, mi mamá trabajaba, yo cocinaba y me quedaban ricas las cosas (Boris).

En los hogares de crianza de los trabajadores los hombres que llegaban a una edad en la que son aptos para un trabajo físico más intensivo, son relevados de las obligaciones domésticas y se insertan al mercado de trabajo como jornaleros agrícolas. Este tránsito es parte importante de la formación de la identidad masculina, en tanto que el trabajo productivo representa la entrada al mundo adulto y la independencia de la figura de los padres:

Allá en Nariño es muy común que después de que el muchacho empieza a trabajar, es como que se va liberando del papá. Ya se vuelve como independiente. Ya uno empieza a coger plata, a comprar las cosas que uno necesita, entonces ya se vuelve como independiente. Sin perder el respeto con los papás (Óscar).

En el caso de los corteros nariñenses, el tema de la migración laboral y la conformación de redes familiares y de amistad fue un proceso que impactó fuertemente sus subjetividades en muchos aspectos, por ejemplo, en términos de la capacidad de acceder a otras formas de consumo cultural que al mismo tiempo podían ser habilidades estratégicas en el mercado erótico-afectivo:

Yo me vine de veinte años para el Valle. Y cuando yo salía de aquí para allá, casi siempre iba dos veces en el año. Yo iba en junio, y en diciembre que cobraba la prima. Como estaba soltero, no tenía problema. Me iba, y allá por lo regular la gente que salía para acá para el Valle era muy bien recibida. Cuando vivía allá de muchacho, tenía un pantalón y una camisa, no más. Cuando vine para acá, la ropa es más exigente. Entonces cuando uno llegaba allá, un día se ponía un pantalón, otro día se ponía otro, entonces ya la gente empieza a mirar esos cambios. Empezaba uno a llegar, y las muchachas, si tenían novio, dejaban el novio, para echarle ojo al que llegaba. Y lo mismo las mujeres que se iban y volvían. Por lo general uno llegaba allá y se ponía a tomar sus aguardientes por ahí. Y a mí me gustaba mucho tomar con gente adulta. Me gustaba mucho escuchar las experiencias de ellos. Y eso me enseñaba mucho (Óscar).

La mayoría de los trabajadores señalan que en sus hogares de crianza no se hablaba sobre temas referidos a la dimensión sexual y afectiva, es a través de terceros y con el grupo de pares (en los juegos de infancia) que llegan a tener conocimiento y experiencia sobre estos temas. En el caso de los corteros de caña más jóvenes, es en la escuela y el colegio donde van a tener mayor información sobre temas de salud sexual y reproductiva (como el uso del condón).

Percepciones y prácticas sexuales

La primera relación sexual de los trabajadores fue con mujeres mayores y más "experimentadas" que ellos (en muchos casos comprometidas), las cuales tomaron la iniciativa porque estos hombres no tenían ninguna información sobre cómo realizar el acto sexual. La mayoría de ellos tuvo un orgasmo, para otros fue una experiencia dolorosa y sin mucha trascendencia. Será en las relaciones sexuales posteriores que los hombres consolidarán un conocimiento sobre el orgasmo, el placer femenino, etc. y diversificarán sus prácticas sexuales.

Mi primera relación sexual la tuve a la edad de 12 años. Eso fue... Ay no, me da pena, pero bueno… Eso fue en la casa de una señora… mejor dicho, ella era una prima mucho mayor que yo. Y estábamos en mi casa, nosotros vivíamos allá en el barrio de la quinta. Y resulta que ella comenzó con la joda de estar molestándome. Y como yo era un niño, yo no sabía todavía qué era eso, me decía que yo estaba muy bueno, que yo la tenía muy grande, que le gustaría ensayar conmigo. Y yo decía que ¿qué cosa?, porque yo no sabía qué era eso y ella era la que me enseñaba y me decía que no, que el hombre se lo mete a la mujer, el hombre se desarrolla dentro de la mujer. Yo le decía "mi mamá me ha dicho que eso muerde". Que no, que eso es mentira, que eso no muerde. Y como yo era virgen, perdí mi virginidad fue así de esa forma. Yo no sabía nada de eso (Enrique).

¿Cómo fue la primera relación?

La primera relación siempre es como cuestión de curiosidad. A ver qué se siente. No hay mucho placer que digamos. Porque a uno la timidez no lo deja. Hay una atracción sí, pero no hay la suficiente satisfacción como se debería, como Linares es una vereda, hay mucho café. Entonces las casas siempre son retiradas. Entonces siempre hay un espacio. La mayoría de las relaciones allá se daban así, en el campo. Pues sí, más que todo a uno le da curiosidad. Ganas de satisfacerse uno. Porque a esa edad a uno ya le han comentado pero no tiene experiencia, entonces uno va a satisfacerse uno. No a hacer sentir bien a una mujer. Ya después con el tiempo, comencé, con los comentarios de los amigos, ya uno empieza a tener mejores relaciones (Diego).

La vida sexual de los corteros entrevistados durante la adolescencia fue muy activa, en la mayoría de los casos seguían relacionándose con mujeres mayores y/o comprometidas que tenían más experiencia sexual que ellos. Esto muestra que las relaciones sexuales comienzan a ser un eje clave de articulación de la identidad masculina heterosexual que le da sentido a su vida como "hombres":

Porque siempre me han gustado las mujeres mayores… nunca me han gustado las culicagadas, yo no estoy para enseñar, antes a mí me ha gustado mucho es que me enseñen. [¿Para usted la sexualidad es muy importante?] No. Eso no es que sea importante, eso es una necesidad, si usted come es para poderse alimentar, para poder tener fuerzas para el sexo (Enrique).

Otro elemento interesante de la importancia subjetiva que le confieren los hombres entrevistados a la sexualidad tiene que ver con el placer femenino, no sólo como un "mandato de masculinidad" que pretende mostrarse como prueba de la virilidad y la capacidad sexual, sino también como una experiencia de la sexualidad en la que el ejercicio lúdico de la misma permite el descubrimiento de nuevas formas de experimentar el placer (por ejemplo, descubriendo "zonas erógenas" en el cuerpo). También se recurre a estrategias que permiten una prolongación o intensificación del placer como el consumo de pastillas tipo "viagra", películas porno, etc.

Es difícil para que la mujer sienta un orgasmo, pero uno de hombre siempre tiene que darse sus mañas. Tiene que saber cómo hacerla llegar. Como decía un amigo mío, mi Dios me dio cinco dedos. Entonces para algo tienen que servir entonces yo lo hago también con las manos. Porque si uno se pone a trabajar así nomás no va a llegar. Siempre va llegar uno primero que ella. Usted sabe que el hombre después de que ya se desarrolló, ya pierde todo el sentimiento para ella. Pues eso ya es el estado anímico que uno tenga. La mentalidad en qué la tenga puesta. Porque puede ser que uno desee mucho la mujer, por eso se excita. Puede ser. En cuestiones de hombres, cuando uno ha tomado mucho se demora. Más que todo cuando está muy tomado se demora. Hay muchos hombres, o habemos (sic.) hombres que lo hacemos cuando hemos tomado trago. Los tragos pueden hacer mejor la relación sexual. Claro que hay hombres que toman pastas, yo no he llegado a tomar pastas. He tenido curiosidad. Pero no he tomado (Diego).

Yo le digo pongo la película que trajo, y él dice "ah, bueno". Como a él le gustan esas películas, ya se hacen como las 11, y me dice "bueno ¿a qué horas vas a poner la película?" (risas). Entonces como están abajo, yo le digo "esperece yo las traigo". Y cuando las voy a traer… puras de vaqueros… (risas). Y me dice "ah, usted si no, esa película para qué, esa película está muy mala y ahí si las pongo, las de sexo (risas) (Marta).

En términos de las prácticas sexuales de los trabajadores se observa que en la mayoría de los casos son muy conservadores y prefieren sobre todo la penetración vaginal, aunque muchos han tenido otras prácticas como el sexo oral, la masturbación y la penetración anal -estas no son muy valoradas entre sus experiencias-. Mientras que con respecto a las posiciones sexuales se encuentran experiencias más ricas y diversificadas (sobre todo entre los corteros más jóvenes y sus compañeras):

Como te estoy diciendo, cuando yo estoy con una mujer a mí me gusta hacerles el pollo asado, está el rabo de mico, está al borde de cama, está el salto del tigre... No, pues las máximas que se practican son esas. Las que uno más práctica.". La Penetración anal No. Yo con eso no. Enfermedades por todo lado, pues hermano, para hacerlo hay que colocarse un condón encima. Yo lo he hecho. Pues es un poquito mejor que por delante, porque es más apretado. [¿Y por ejemplo el sexo oral?] Pues casi no me gusta. Me lo han hecho, pero casi no me gusta hacérselo a una mujer, pues no sé cómo se sentirá, porque yo así que mantenga esclavizado haciéndoselo a una mujer, no. Pero si se lo he hecho, para que las mujeres se sientan bien (Enrique).

En cuanto a la homosexualidad la mayoría de los trabajadores expresan rasgos de homofobia, estas prácticas son vistas como "anti-naturales" o "desviaciones del organismo"; sin embargo, en la vida cotidiana y en el trabajo, los entrevistados tienen relaciones cara-a-cara con sujetos homosexuales. Estas relaciones se caracterizan por el respeto aunque se "evita" un contacto más directo. Llama mucho la atención el caso de un trabajador con una subjetividad masculina que se puede caracterizar como "democrática" porque ha sido construida por fuera de los estereotipos sexistas y excluyentes que sirven como modelo de referencia hegemónico en la construcción de la masculinidad de muchos otros hombres en la sociedad (Butler, 1999:21).

¿Hay hombres homosexuales en el corte?

Yo conocí uno por allí. Pero en ese tiempo estábamos muchachos, no se sabía nada. Sino que ya después de que yo estar acá trabajando con él… y como habíamos sido compañeros de estudio. Yo eso sí tengo, si yo conozco una persona donde la encuentre, yo la saludo. Eso tenía yo de bueno. Que yo a nadie le negaba saludo. Entonces en una ocasión este muchacho venía del pueblo, y por ahí unas amigas que tenían me dijeron "ve, vamos al pueblo que va a haber un baile". Allá me encontré con el muchacho, que se llama Jairo. Nos saludamos y estuvimos conversando. Cuando el compadre que te digo, me dijo «¿Oscar, qué te pasa a vos?, ese man es marica". Yo le dije "hermano, estoy conversando con él nada más". Yo no creo que porque él sea así no se pueda conversar. "Somos compañeros de trabajo y somos amigos", le dije. Entonces me di cuenta yo de eso (Óscar).

En contraposición, en el caso de un hombre negro entrevistado, se presenta una forma de masculinidad híper-viril que se expresa en las percepciones (sexistas) que manifiesta el entrevistado sobre cómo "deben ser" las prácticas sexuales con mujeres en oposición a las prácticas sexuales de las masculinidades subalternas homosexuales.

¿Qué piensa, por ejemplo, de los homosexuales?

Ay no, los detesto, los odio, no los puedo ver. Usted se imagina uno siendo hombre, voltiarse (sic.) pa' el otro equipo. Uno después de ser el maldadoso, como te dije al principio, de que uno jode a la mujer, porque nosotros los hombres somos muy maldadosos, nosotros prácticamente somos unas bestias. Hacete (sic.) de cuenta cómo los antepasados de nosotros, así que nosotros le pegábamos a las mujeres un garrotazo en la cabeza para llevarlas arrastradas del pelo…Nosotros somos bestias. Y uno después de ser hombre, pasarse al otro lado… eso es como cosa brava. Que haiga (sic.) nacido así, porque supuestamente dice la gente más estudiada que uno pues, los dotores (sic.), los profesores que han estudiado su carrera de enfermería, que supuestamente para ser hombre, tiene que ser más masculino, el cromosoma. Tiene que ser… X, Y, tiene que ser para el hombre, y X, X: mujer. Pero que nació X, X, y por obra del espíritu Santo nació hombre, el destino de él iba a ser mujer. No nació mujer porque mi Dios no lo quiso así; listo, ese ya, desde pequeñito él se va dando cuenta lo que le va gustando. Porque usted se da cuenta cuando un niño es mariposo, porque te juega con muñecas, mantiene peinándole la cabecita a una muñeca… usted ahí se… en esta época, porque antes los padres decían (alza un poco la voz) "vos tenés que jugar es con carros, vos sos hombre", bueno. En la época de antes. Ahora ya eso es normal. Ahí si yo digo, bueno el pelado no tiene la culpa. Pero uno ya después de tener 40, 50 años, 30, ¿volverse maricongo? No, no, no. Insólito, inaudito (Enrique).

Con respecto al uso del condón, esta no es una práctica muy común entre los trabajadores, sin embargo, opera una forma de racionalidad en la que el uso del mismo se circunscribe a los encuentros sexuales en bares o con mujeres distintas a la pareja, la mayoría señala que "no es lo mismo" el sexo con condón y sin condón, y que prefieren la última opción. Los ideales del amor romántico impactan en este caso a la práctica del uso del condón en el sentido de que se concibe como una prueba de fidelidad con la pareja:

A mí no me gusta usar el condón y me dice mi esposa "pero es que es una protección" y yo le digo "mija, yo soy muy casero, para tener una enfermedad, o usted lo hace con otra persona, o yo lo hago con otra persona". En la única manera de que… puede suceder, uno no está exento de nada. Y ella me dice que en estos días me compre un sandy… (Oscar). [¿Y usando de pronto un condón?]Eso a mí me da lo mismo. Eso se rompe. Los preservativos salen malos. Hay unos buenos y otros malos, pero de todas maneras de vez en cuando los uso. Por lo menos con mi mujer no utilizo preservativos. Ya con las de la calle si lo utilizo (Alfonso).

En el caso de los métodos anticonceptivos diferentes al condón, operan percepciones negativas y de sentido común que hacen que estos métodos no sean muy valorados en el caso de los hombres. Sin embargo, para las mujeres, la planificación con pastillas ha sido un método muy usado incluso ante la presión de sus compañeros.

En el tema del aborto encontramos que este es rechazado tajantemente por los trabajadores incluso en los casos que han sido despenalizados en Colombia, esto está muy relacionado con el tema de la moral-religiosa y su influencia en estas percepciones:

¿Qué piensa usted del aborto?

Es malo. Ya después de que una mujer queda en embarazo, así sea menor de edad, tiene que dejar que Dios disponga, si nace o no nace, no, no estoy de acuerdo con el aborto. Lo que está hecho ya está hecho, hay que dejarlo que siga su curso.

¿En el caso de la hija suya, si ella queda en embarazo, no sería partidario de eso? No. Cuando han violado la mujer ¿usted no estaría de acuerdo? No, ya lo que pasó pasó. Se puede darle consejos, con psicólogos. Si nació pues ya que nazca el muchacho. Pero en el caso de la violación sí les queda a ellos en la mente muy grabado eso (Raúl).

El consumo de alcohol cada ocho días y la visita a bares, cantinas y discotecas que atienden casi exclusivamente a corteros de caña, es una de las prácticas más comunes entre los trabajadores. En la mayoría de los casos se valoran mucho las experiencias sexuales y de amistad con las mujeres que trabajan como sexo-servidoras:

Yo siempre mantengo más que todo en esos bares. En bailaderos nunca me veía, siempre en los bares. Si uno paga es para estar con mujeres de todo tipo. Uno embriagado no hay mujer fea. Uno va a lo que va. Uno puede escoger. Uno embriagado, hasta lo peor se lleva. Siempre en los bares, soy muy vago. Me pongo a tomar, y vamos para tal parte, vamos, siempre los bares, los bares. Yo nunca salgo de los bares, mejor dicho. (…) Ese trabajo es bravo. Yo por él lo menos no me le ofrecería a nadie, porque eso es una vida muy verraca. Ni a mi peor enemiga le deseo que trabaje en un antro de esos. Porque eso es peor, las humillaciones, todo eso. Eso es muy feo. Por lo menos las mujeres, acostarse con el que no les gusta, eso es muy verraco. Y hacerlo por plata, peor (Carlos).

Yo tengo varias amigas que trabajan en esos bares, una la he conocido que trabaja en "El Pinto", otra la he conocido en el "María Completa", la otra la he conocido en "Gorgona", en un bar que se llama "Chicas Bar". Pero esas son amigas así, que yo las tengo para conversar y tomar unas cervezas, ellas me dan buenos consejos, cuando tengo problemas en la casa me dicen que esto y lo otro. Pero para tener relaciones con ellas no, son buenas amigas (Enrique).

En términos de la intersección o articulación/rearticulación de las distintas categorías analíticas consideradas clave en esta investigación, observamos que las vivencias y deseos sexuales (la sexualidad) se entrecruzan con lo racial y la clase en las prácticas sexuales y las representaciones de los trabajadores. Esto produce experiencias diferenciadas entre los corteros de origen nariñense y los corteros negros en relación con los estereotipos que "racializan la sexualidad" y "sexualizan la raza" (Viveros, 2009).

El deseo sexual de los hombres negros entrevistados clasifica a las mujeres y el deseo según el color de la piel y sitúan en el escalafón más alto a las mujeres blancas y en el más bajo a las mujeres negras. Además, la percepción sobre la negritud en muchos casos se articula con los estereotipos negativos heredados de la dominación colonial por lo que en sus relatos se asocian características físicas de la gente negra con la fealdad. En los siguientes relatos sobre las experiencias sexuales de los hombres negros entrevistados, observamos que el color de la piel ha fungido algunas veces como un "capital corporal" estratégico (Bourdieu, 1998) que ha significado ventajas para tener relaciones sexuales con mujeres de otros colores de piel. Esto se debe a que en el plano de la sexualidad, los estereotipos raciales sobre una supuesta sexualidad candente, virilidad y gran tamaño del pene del hombre negro, hacen parte de las representaciones sexuales de muchas mujeres y hombres tanto en sociedades locales como en la sociedad nacional (Viveros, 2002; Wade 1997). Sin embargo, llama la atención en los relatos de los hombres, el hecho de que este capital corporal no siempre es efectivo con todas las mujeres, incluyendo por supuesto a las mujeres blancas:

A algunas mujeres blancas, no son todas, para qué, pero yo si les he escuchado eso de que "los negros son más fogosos para la cama", y eso creo que si es así, en la época de antes, los padres de nosotros se alimentaban bien. Comían pescado, comían camarones, comían pollo, comían toda clase de verduras, y supuestamente las cosas eran sanas. En estos momentos todo es químico. Entonces la raza de antes con la raza de ahora no es lo mismo. Que uno tiene su aguantecito, ahí más o menos, pero como antes no es. Hay mujeres blancas que me dicen que supuestamente yo soy muy arrecho. Que yo soy muy maldadoso, porque yo las pongo de una forma, las pongo de otra, les hago esto y les hago lo otro y me preguntan que a mí quién me enseñó, que por qué yo no práctico con ellas y les enseño (Enrique).

Para conseguir una mujer blanca uno tiene que saber qué es lo que le gusta. Algo le tiene que gustar de uno, y uno lo sabe que es (se señala el pene). Cuando uno va cogiendo experiencia uno sabe que algo le gusta de uno. No a todas. Porque a todas no les gustan los negros. Hay mujeres blancas que no les gusta los negros hasta que no lo prueban. Claro. Cuando ya prueban un negro no quieren más saber de otros. Hay un dicho que dice así, que mujer blanca que prueba negro ya no vuelve a comer blanco (Alfonso).

Los relatos anteriores muestran que los estereotipos sexuales no siempre son una ventaja porque no operan de manera funcional. El hecho de que el capital corporal del hombre negro "hiper-virilizado" no siempre sea efectivo, está relacionado con su condición de proletarios agrícolas (la clase social), lo cual incide en las representaciones de las mujeres en el sentido de desvalorizar la masculinidad y sexualidad de estos hombres. Como se puede observar en el siguiente relato de una mujer blanca entrevistada, quien cuenta porqué su amiga (que también es blanca) no quería tener nada con un cortero de caña negro.

¿Cree que por él ser un hombre negro su amiga no lo quería al principio? Pues yo la verdad pienso que eso no era, porque ella ya había tenido novios negritos, yo pienso que era porque él era cortero de caña. ¿Me entiende? Pienso que era por eso. Él llegaba con su ropita llena de pelusa, y con su pacora, y todo para su casa, entonces seguramente por eso. Pienso yo pues, no sé el otro hecho por qué sea. Y que claro está que ella venía... en ese tiempo a ella le gustaba un muchacho que se llamaba Luis Delio. Que era el hijo de Cochise, un tipo que tiene plata. Entonces claro, ella estaba ilusionada con él pero no le paraba bolas al otro muchacho (se refiere al cortero). Entonces yo le decía "mirá, él es un hombre que trabaja", el otro no trabajaba lo mantiene el papá. "En cambio este muchacho sí, sabe lo que quiere, es muy callado, muy formal, muy atento, y muy respetuoso, que es lo importante". Entonces dándole yo consejos fue que ella ya reaccionó, y lo aceptó como novio (Angélica).

La vida sexual de los corteros con sus parejas en la actualidad, nos permite observar diferencias según la cohorte generacional. Los más jóvenes son los que tienen una actividad sexual más intensa (tres o cuatro veces por semana). Sin embargo todos los trabajadores manifiestan en sus relatos que la intensidad física del oficio de corte de caña incide negativamente en su desempeño sexual:

A veces por la noche, si trabajo en el corte de caña, yo manejo una cuadrilla de 80 hombres. Pero muchas veces uno en el corte de caña llega muy cansado. El trabajo es duro, y a veces uno corta caña hasta las 5:30 o seis, o a veces hasta las siete. Y uno llega a la casa, se baña, come, cae como piedra, y al otro día cuando siente es que ya lo despiertan. A veces uno llega muy cansado y ella a veces me dice que quiere tener relaciones y yo le digo "no, yo estoy muy cansado (Boris).

Las relaciones afectivas y la vida de pareja en la actualidad

En términos afectivos, los trabajadores se relacionan con las mujeres proletarias que tienen las peores condiciones laborales como las trabajadoras del servicio doméstico, trabajadoras sexuales, trabajadoras "informales" de las ventas y el pequeño menudeo, amas de casa jóvenes, separadas y desempleadas, entre otras.

Las relaciones afectivas en la infancia/adolescencia de los trabajadores se construyeron con base en los ideales del amor romántico. Muchos de ellos tuvieron rupturas y decepciones amorosas fuertes, lo que nos lleva a plantear que las representaciones que operan en estos trabajadores sobre las relaciones afectivas y el "amor", se mueven pragmáticamente entre una visión romántica y otra confluente.

La mayoría de los trabajadores tienen relaciones afectivas estables y de larga duración. Uno de los motivos principales que los ha llevado a establecer su relación actual fue el amor que sentían por sus parejas y el hecho de que son mujeres que "arreglan" con ellos su sumisión a cumplir el rol tradicional de mujer ("una mujer dedicada a la casa y al marido"), mientras el hombre cumple el papel tradicional de proveedor económico principal. No obstante, en el caso de las parejas más jóvenes y con mayores niveles educativos, encontramos entre las-os entrevistados-as formas más horizontales de relación de pareja:

Yo por lo menos desde que me ajunté a vivir con ella yo no tenía por lo menos nada, yo apenas tenía una cama y ni armario, no tenía nada, entonces ella me dijo no, yo así lo quiero y yo así me voy a vivir con usted dijo, y le pregunté si se saldría de trabajar y ella me dijo que sí, y yo le dije entonces que si llegamos a tener familia pues yo trabajo y ella los cuida, ese fue el compromiso y así lo hicimos (Cristian).

Siempre le he dicho que trabaje, porque para nadie está escrito con qué se va quedar. Entonces yo le digo a ella "en cualquier momento nosotros decidimos separarnos, y usted en el momento ha dependido siempre de mi". Entonces si por alguna u otra razón no llegamos a separar, que ella tenga algo para… Pues yo a ella si le he dicho eso (Diego).

En el caso particular del contexto candelareño, se presenta en los hombres nariñenses una representación diferenciada de las mujeres nariñenses (más valoradas) y vallunas a la hora de decidir establecer una relación o un hogar (lo cual también perciben otros miembros de la familia que presionan al trabajador a la hora de decidir sobre la unión conyugal). En la mayoría de los casos, los corteros nariñenses se unieron con mujeres que conocían desde sus lugares de origen (además que tuvieron que "probar" su masculinidad con los padres de ellas). Esta es una explicación de porqué prefieren a las mujeres nariñenses para formar un hogar ya que pueden ejercer mayor control o dominación masculina.

El suegro me estima bastante. Porque cuando yo he ido allá él se porta bien conmigo y todo. Y él dice, " yo a usted lo estimo bastante, lo quiero mucho, porque usted es una buena persona". Más que todo es él el que me estima bastante. La suegra la ha ido bien conmigo. Pero pues es como muy poco yo con ella. Pero yo tampoco he tenido ningún problema con ella. Con mi cuñado bien, porque yo era amigo de él de infancia. Nosotros andábamos jodiendo por ahí los dos, andábamos recochando, entonces yo con él siempre la he pegado bien. Y él a veces le dice a la hermana «siquiera que usted quedó con él, que es una buena persona, una persona conocida, que es buen muchacho y todo». Él siempre le ha dicho así. Y con las hermanas pues, con toda dos las que pegado bien, no he tenido ningún problema con ellas, con las otras dos hermanas de ella. Una vive aquí, y la otra vive en Linares (Boris).

La mayoría de problemas en las relaciones afectivas de los corteros entrevistados se presentan por el consumo de alcohol de los hombres, los celos de parte de ambos, las demandas afectivas y de tiempo (sobre todo por parte de las mujeres), las infidelidades (sobre todo masculinas pero también femeninas), las peleas y agresiones físicas (en el caso de los hombres) y otros aspectos como el no valorar el trabajo de la mujer en la casa, el "tacañar" la plata para la educación de los hijos o gastarse el dinero que queda en alcohol y no ahorrar, entre otros aspectos.

La asignación del dinero para los distintos gastos del hogar la realizan los hombres a veces de manera autoritaria (algunas mujeres solicitan la intervención de la trabajadora social de la empresa cuando los hombres no entregan el dinero para los gastos del hogar) y en otras -sobre todo en el caso de los trabajadores más jóvenes-, se realiza una asignación más "democrática" con la estrategia de guardar todo el dinero en un lugar que conocen bien, tanto el hombre como la mujer, del que pueden disponer ambos.

Los hogares de los corteros de caña perciben ingresos muy bajos debido a las malas condiciones del corte de caña y la poca ganancia que dejan las actividades económicas de las mujeres como la crianza de animales menores o la venta de comida. El tema de la vivienda es sobre todo un problema que acosa a los más jóvenes, pues han tenido que retornar con su compañera e hijos a la vivienda de sus padres o arrendar otra en conjunto con sus familiares, esto ha generado problemas y tensiones como resultado de la convivencia cotidiana entre varios hogares en una misma vivienda. En el caso de los corteros de la cohorte de más edad, las relativas mejores condiciones laborales en la época que se vincularon con los ingenios, el hecho de contar en algunos casos con créditos de las empresas o de entidades públicas, les permitió embarcarse en el proyecto de construcción de una vivienda propia que en la actualidad han concluido (aunque no totalmente acabada) y que les permite recibir a sus hijos-as, nueros-as y nietos-as. Estos trabajadores en muchos casos ejercen un control fuerte en los otros hogares como la figura masculina principal y paternalista.

Las relaciones con los-as hijos-as

En términos de autoridad el rol principal lo tiene la figura masculina del padre como la "última voz" para tomar una decisión cuando hay problemas graves con los hijos. Esto ha generado tensiones fuertes en las relaciones padres-hijos cuando estos son jóvenes (conflicto entre masculinidades de dos generaciones diferentes) que se agravan por el distanciamiento y el autoritarismo que muchas veces se expresan en la actitud de los padres (por ejemplo con ofensas y golpes). En el caso de los corteros más jóvenes, que tanto ellos como sus esposas tienen nivel educativo secundario completo, se observan cambios importantes en la forma que asumen las relaciones padres-hijos porque se recurre más al instrumento del diálogo y el castigo no físico como estrategias para solucionar los problemas que se presentan en la relación. Estos corteros están más involucrados en los problemas cotidianos de los hijos a diferencia de los corteros de más edad o que tienen menor nivel educativo. Los corteros de la cohorte de menos edad tienen relaciones con sus hijos en las que el afecto es parte importante en la interacción cotidiana, estas formas de asumir la paternidad les permite en algunos casos hablar abiertamente con los hijos sobre temas como la sexualidad y el consumo de alcohol, cigarrillo y marihuana (a diferencia de los corteros de la cohorte de más edad).

Un elemento muy importante que encontramos entre los entrevistados fue la alta valoración del proyecto educativo para sus hijos y el apoyo tan importante que les brindan tanto el padre como la madre para que estudien y valoren seguir una trayectoria educativa. Esta actitud puede ser vista como una estrategia de movilidad ya que muchos trabajadores no quieren que sus hijos varones -por ejemplo- se dediquen al corte de caña, debido a las malas condiciones de este oficio:

Mire lo que pasa, en el 2002 cuando yo me salgo de Mayagüez, yo tenía 8 millones de pesos en la cooperativa y me dieron 10 millones de liquidación, eran 18 millones de pesos. Yaneth todavía estaba en el colegio y ya Gustavo, ya salía ese año del colegio. Entonces yo les dije… y se agarraron a llorar "y ahora el estudio". Les dije: "no se preocupen", pero también les voy a poner esa condición. Les dije: "vea, tengo 18 millones, de a 6 millones para cada uno hasta donde les alcance, puede ser dos semestres, tres semestres, cuatro semestres de la universidad. Y de ahí pa' arriba", le dije: "el que quiere comer pescado, se debe mojar los pies". Les dije: "vea, a mí nadie me dio estudio". Y sin embargo, le dije: "ahí voy". Entonces a él como le gustaba eso de la soldadura, yo le dije: "ándate para el SENA". Dijo: "no, yo me voy acá no más a la universidad obrera y ahí aprendo lo que a mí me gusta". "Y qué te gusta". Me dijo: "yo quiero aprender a ser soldador. La soldadura es lo que me gusta" (Cristian).

También encontramos entre los entrevistados casos de trabajadores que prefieren ser solteros y sin hijos (incluso manifiestan aversión al matrimonio) argumentando distintos motivos, en estos casos, se prefieren las diversiones -el trago y la rumba- o simplemente se evita el compromiso con una mujer por motivos económicos. El punto es que estas formas de masculinidad que se construyen por fuera del proyecto tradicional de formar un hogar con hijos, también se presentan en este sector de trabajadores.

En términos de la dimensión laboral y las relaciones entre hombres, observamos en los relatos un malestar general por la condición de subalternidad y una percepción positiva del paro de corteros del 2008 como un momento de conflicto clasista y de revalorización de sus masculinidades desde su oficio y sus demandas por unas mejores condiciones laborales. También, encontramos que en el espacio laboral se presentan expresiones de otras dimensiones de la vida de los trabajadores que tienen que ver con las percepciones sobre la sexualidad, el pudor del cuerpo, las peleas familiares, entre otros aspectos que nos permiten señalar que el trabajo sigue siendo un eje central de articulación de las identidades masculinas de los trabajadores.

Un elemento muy importante a destacar en los relatos de casi todos los entrevistados tiene que ver con la percepción negativa que manifiestan de su condición de subalternidad y los sentimientos de "impotencia" y "humillación" que les genera el ser cortero de caña (hasta antes del paro). En los casos de los trabajadores más jóvenes y que no tienen hijos, la experiencia de subalternidad y de humillación (que también es una afrenta a su masculinidad), los ha llevado a abandonar el trabajo de corte de caña en distintas ocasiones como una reacción de rebeldía frente a las condiciones que los oprimen:

Al cortero de caña nunca nos tienen en cuenta de nada. Nomás no (sic.) tienen porque lo necesitan ahí para eso, para cortar caña nada más. Si usted va a un ingenio, y va a entrar, es un problema para entrar a un ingenio. Y uno siendo cortero, pues. "Déjame pasar por aquí, porque yo soy cortero de caña y trabajo en este ingenio", y el contestan que "no". Imagínese, en el propio ingenio. Por eso yo te digo que es una humillación ser cortero. Del corte de caña me retiré un tiempo porque había mucha humillación. Y eso a cualquiera le ofende. Mejor me abrí, mucha humillación. Imagínese que cuando está lloviendo a uno nunca le prestan atención ni nada de eso. Era tanto así, que estaba el carro ahí cuadrado, y cuando llovía, para que el cortero no se entrara a escampar, hacían ir los buses del corte. Para que uno se quedara ahí llevando agua como un verraco, para hacerlos cortar obligado. Por las buenas o por las malas, pero cortaba. Entonces para mí es una humillación eso. Yo por eso me abrí, más que todo por eso. Para los corteros hay mucha humillación aquí en Colombia, nada de respeto. A uno a lo bien lo tratan muy feo guevón. El cortero sufre mucho guevón. Las humillaciones y todo eso (Carlos).

¿Hay diferencias en el trabajo de corte de caña de antes y el de ahora?

Dos cosas: la primera, que la caña les pesaba más a ellos. Y otra, que el trabajo de ellos era hasta el día sábado. Sábado mediodía, y domingo no iban. O a veces iba el que quería. El corte de caña de ellos era prácticamente de lunes a viernes. Sábado y domingo tenían para dedicarlo a la familia. En cambio nosotros ahora es derecho. Hay momentos en que sale uno de noche y llega de noche. Porque por lo menos en esta semana hemos estado llegando a las siete de la noche. Siete, ocho de la noche va llegando uno a la casa, dependiendo de la distancia donde esté. Acá se maneja por líneas. Digamos, una línea de caña les pesaba a ellos 20 toneladas. 25 toneladas. Algo menos, algo más. A nosotros ahora nos pesa 10 toneladas, 8 toneladas. Uno muchas veces en muchas capacitaciones que tiene Mayagüez, uno pregunta por qué. Y eso dicen que la caña, que la caña es más mala, que tiene mucha agua, que es mala la caña, entonces uno no entiende. Pero más sin embargo uno no puede hacer nada frente a eso (Diego).

En el caso de otros trabajadores que estuvieron en el paro de corteros de 2008, encontramos en los relatos que este evento fue muy significativo en el sentido de que impacto positivamente la dignidad de los trabajadores que se sentían impotentes y en muchos casos humillados. La mayoría de ellos manifiestan que ganaron más respeto y legitimidad en las relaciones con las empresa, se reconocen los logros del paro en el sentido que la sensación de impotencia por las malas condiciones laborales disminuyó considerablemente al ganar visibilidad nacional e internacional y lograr entablar un diálogo directo con los empresarios (aunque manifiestan que no se logró lo que se buscaba como la contratación directa):

Antes del paro lo veían a uno con otra cara porque decían "estos manes están en el sol"... antes no les importaba nada. Y ahora si lo ven. El cortero de caña es el que lo maneja todo a nivel nacional. Por uno le pagan a la secretaria, por nosotros les pagan a todos. Ya lo ven a uno con más respeto. Del paro para acá ya lo ven a uno, con mayor calidad lo ven a uno (Raúl).

Antes del paro nosotros éramos ignorados. A las inquietudes que ponía el cortero de caña nunca le ponían atención. Pero ahora que hubo el paro hay una relación mejor, porque nosotros proponemos algo y le empresa nos escucha. En parte, no en todo. Porque ellos hacen lo que les conviene, sino no. Pero sí hay mejor trato, sí hay mejor relación. A nosotros antes nos miraban como quien dice… ahora el trato diferente, conversamos, si tenemos problemas los ponemos, tanto ellos como nosotros, y en cierta forma es bueno (Diego).

Teniendo en cuenta los relatos anteriores, podemos señalar que el paro como expresión de un conflicto de clase (con un contenido racial importante), también fue un momento de revalorización de la masculinidad de los corteros de caña que a partir de una acción colectiva lograron mejorar un poco sus condiciones de trabajo y dignificar su oficio. Empero, algunos trabajadores señalan que los problemas de fondo no se han solucionado y dejan abierta la posibilidad de pensar que el sector azucarero no está exento de otra acción de este tipo:

Al cortero de caña casi no, como se dice no le paran bolas. Entonces debido al paro ya el cortero es más importante. Han empezado en la empresa a darle capacitaciones. El cortero de caña ya lo están capacitando cada vez más. Según dicen los ingenieros es para que el cortero de caña se supere y salga de ese trabajo. ¿Pero qué pasa? En Mayagüez le dan las capacitaciones mas no le dan el trabajo. Entonces, yo cuando estuve en la cooperativa El Porvenir, hice un curso de monitor. Que Mayagüez lo daba. Hice el curso; lo terminé, más no tuve nada. Porque de los 20 que habíamos, solamente necesitaban uno. Entonces fuimos capacitados y todo, pero seguimos en las mismas, cortando caña. Ahora lo que decías de la cuestión del trabajo en Mayagüez, si los están llamando y les están colocando mayor atención, a las quejas del trabajador. Pero las cuestiones del económico no les solucionan nada. Entonces siempre va a seguir desvalorizado el trabajo (Diego).

Más adelante, el mismo trabajador comenta:

Al corte de caña le han quitado mucha cosa. Por lo menos cuando estaban los que trabajaban por la empresa, tenían muchos beneficios económicos. Antigüedad, primas, cesantías, la empresa lo apoyaba, les hacía préstamos para comprar sus viviendas, tenía más estabilidad del trabajo… las cooperativas tienen la estabilidad, pero la cuestión económica no es la misma. Como te dije ahora, el pago no es el mismo, porque siempre va bajando, va bajando. Lo que un cortero de caña se ganaba en una semana, ahora se lo está ganando en quince días. ¿Entonces? Lo que pasa es que todo en este país sube, menos el salario del trabajador. Pero como eso no hay a quién hablarle… en las capacitaciones que a uno le dan en Mayagüez uno pone esos temas. Los ingenieros están muy bien preparados para eso, entonces con números lo va sacando a uno. Y si usted de pronto entiende algo de lo que ellos le están hablando, puede preguntarle, y entonces ellos le varían la pregunta. O le evaden las cosas (Diego).

Finalmente, en este apartado sobre las relaciones de trabajo entre los corteros, vale la pena tener en cuenta la percepción de uno de los trabajadores sobre la importancia de la participación de todos los trabajadores sin distinguir el color de la piel, y el reconocimiento de la inmensa labor de las mujeres en lo que fue el paro de 2008.

Por ejemplo cuando hubo ese paro, muchas de las mujeres de allá arriba iban a dejarle comida a los maridos allá, cuando estuvo ese paro. Cuando hubo ese problema y ellos decidieron que no dejaban pasar a la gente y hicieron sus cambuches ahí, que la gente se metía esas caminadas a pie, y de aquí hasta allá a Mayagüez a llevarles comida, que era muy lejos, y yo me acuerdo que eso era gente blanca y gente negra por igual aportando. Eso era hacete (sic.) cuenta como hermanos. Ahí no había género de color ni nada de eso (Enrique).

Conclusiones

En el artículo veíamos que el contexto familiar en la infancia y adolescencia de los corteros de caña se caracterizaba por las condiciones de pobreza, por ser de origen rural campesino y en algunos casos por el abandono y los conflictos violentos con el padre, también encontramos en las entrevistas una alta valoración de la figura materna en la crianza de los trabajadores.

Por el lado de las vivencias de la sexualidad de la mayoría de los trabajadores, encontramos que estas iniciaron a una temprana edad y se caracterizaron porque las mujeres fueron mayores que ellos y tenían mayor experiencia sexual, este hecho incidió fuertemente en el descubrimiento del placer propio y el de la pareja en el acto sexual y ayudó también a que diversificaran sus prácticas ubicando la sexualidad como parte central en sus trayectorias biográficas.

Dos aspectos han incidido -e inciden- fuertemente en la vida sexual de los trabajadores entrevistados: el color de la piel y el lugar de origen. En el caso de los corteros de caña negros veíamos que el color de la piel ha significado ventajas para relacionarse sexualmente con mujeres blancas y de otros colores de piel, al mismo tiempo, estos corteros manifiestan en sus relatos una desvalorización de la sexualidad de la mujer negra que está asociada a estereotipos racistas y sexistas. Los corteros de caña de origen nariñense aunque reproducen en sus relatos discursos estereotipados y racializados sobre la sexualidad de la mujer negra, al contrario de los hombres negros, manifiestan una alta valoración de la sexualidad de estas mujeres. Sin embargo, los corteros nariñenses nacidos en otro departamento con características culturales distintas a las del municipio de Candelaria (en la actualidad esta afirmación debe matizarse mucho), experimentaron una desvalorización de su masculinidad frente a algunas mujeres del municipio por su condición de migrantes pobres. Llama mucho la atención en el caso de los corteros nariñenses el hecho de que las uniones estables actuales se dieron con mujeres de su mismo lugar de origen.

La vida sexual de los corteros de caña con sus parejas en la actualidad presenta diferencias según la cohorte generacional: son los más jóvenes quienes tienen una actividad sexual más intensa (tres o cuatro veces por semana), aunque en términos de diversificación de prácticas sexuales son los mayores quienes más han experimentado otras prácticas (posiciones distintas, sexo anal, sexo oral). Sin embargo, algo que llama la atención es que todos los trabajadores manifiestan en sus relatos que la intensidad física del oficio de corte de caña incide negativamente en su desempeño sexual.

Finalmente, vale la pena destacar un aspecto que se trató brevemente en este artículo y que tiene que ver con el papel del paro de corteros en el 2008 como un elemento de articulación de las identidades de los trabajadores, se sugiere que el paro tuvo como uno de sus múltiples efectos, una revalorización de la masculinidad de los corteros de caña, sobre todo teniendo en cuenta que en este oficio han estado sometidos históricamente a muchos tipos de humillación en el trato por parte del personal de los ingenios y de los mismos empresarios azucareros. Como veíamos en los relatos de los trabajadores, las reivindicaciones de tipo laboral que expresaban un descontento muy amplio, desembocaron en una huelga colectiva que integró a los corteros e igualmente a sus compañeras y sus familias y que revalorizo la figura de estos hombres al culminar la huelga con conquistas del pliego de peticiones muy importantes para los trabajadores (aunque algunos manifiestan que no es suficiente) y una mejora en el trato por parte de las empresas.


ANEXOS

Citas de pie de página

2 El término raza se emplea en el sentido que le da Martín Alcoff (2006) como una relación que "es socialmente construida, históricamente maleable, culturalmente contextual, y reproducida a través de prácticas perceptivas aprendidas..." (2006:182).


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