1. Introducción
Tradicionalmente, el enfoque en la familia y las relaciones matrimoniales dentro de la comunidad afrocolombiana se ha centrado en la influencia cultural y los vestigios ancestrales africanos, abordando esta dinámica desde una perspectiva antropológica (Gutiérrez De Pineda, 1996). Esta perspectiva ha tendido a retratar la conyugalidad y las dinámicas familiares de la población negra como inestables, disfuncionales y carentes de afecto.
Recientemente se hicieron estudios desde una perspectiva más sociológica, tomando como fundamento los procesos socio-raciales, las relaciones de género y la clase social como determinantes de las relaciones hombre-mujer y de las modalidades familiares (Urrea y Posso, 2015).
Se destaca la falta de investigación sobre la vida familiar y conyugal entre afroamericanos, especialmente en términos de su cotidianidad y cambios en las dinámicas de pareja. Autores como Schneider y Kreyenfeld (2021) enfatizan la necesidad de cambiar el enfoque de los estudios familiares, trasladándolo del análisis de la estructura externa a los vínculos internos, conocido como "doing family". Además, Lenz y Adler (2021) señalan la falta de atención de la sociología hacia el amor y la sexualidad en el estudio de la familia y la conyugalidad, centrándose principalmente en parejas heterosexuales.
Un aspecto poco estudiado en el ámbito local es el tiempo libre en las parejas afrocolombianas. Aunque en Estados Unidos se han realizado investigaciones sobre el tema, resaltando la relación entre racismo, pobreza y exclusión que afecta a esta comunidad. Estos estudios muestran que las parejas afroamericanas tienden a preferir actividades en el hogar en lugar de fuera, en contraste con las parejas blancas (Hibbler y Shinew, 2002).
Debido a lo anterior, el presente artículo se enfoca en explorar una dimensión específica de la conyugalidad: el uso del tiempo libre en las parejas objeto de estudio. Por tanto, el objetivo es comprender, desde la perspectiva de los sujetos, los esfuerzos, cambios y estrategias que despliegan para enfrentar los desafíos estructurales con relación al disfrute del tiempo libre en pareja2.
El artículo se organiza en varias secciones: comienza con una reflexión sobre el abordaje previo del tiempo libre en las relaciones de pareja. Luego, presenta el marco interpretativo utilizado y detalla la metodología empleada en la investigación. Finalmente, se analizan los datos cuantitativos y se complementan con las entrevistas realizadas a las parejas, que ofrecen una visión más completa de las estrategias adoptadas por estas para afrontar los desafíos en esta dimensión.
2. La importancia del tiempo de ocio en la satisfacción marital
En el estudio clásico de Berger y Kellner (1964) se hacía énfasis en la necesidad de la interacción diaria de la pareja para la construcción de la relación conyugal; la cohesión y la solidaridad estaban asociados con el diálogo, lo que ayudaba a la construcción del mundo de la pareja. El tiempo de ocio compartido es uno de los escenarios que posibilitan esa interacción, pero como lo señala Daly (2003, como se citó en Hickman-Evans et al., 2018), estas actividades eran poco estudiadas, de ahí la necesidad de teorizar sobre ellas y el efecto que tendrían al favorecer la cohesión en la pareja.
Según su enfoque teórico, los estudios sobre el tiempo libre en pareja pueden clasificarse en dos vertientes principales: por un lado, la teoría de la compatibilidad; y por el otro las teorías relacionadas con la socialización de género.
Los estudios iniciales se centraron en demostrar que la satisfacción conyugal estaba relacionada con la cantidad de tiempo libre compartido por los cónyuges. Para este propósito, Orthner (1975) propuso clasificar las actividades de ocio de la pareja en independientes, paralelas y conjuntas. Siguiendo esta clasificación, Kalmijn y Bernasco (2001) demostraron la relación entre el ciclo de vida familiar, especialmente la llegada de los hijos, y la dificultad para llevar a cabo actividades conjuntas.
Sin embargo, esta aproximación inicial no abordaba qué factores sociales eran los que facilitaban u obstaculizaban la posibilidad de que los esposos pudieran compartir actividades de ocio. Una respuesta a este interrogante la brinda la teoría de la compatibilidad.
Esta teoría sugiere que las similitudes entre los cónyuges, como su etnia, creencias religiosas, cultura y clase social, promueven la realización conjunta de actividades de ocio. Cuantos más valores y gustos compartan, mayores serán las posibilidades de disfrutar actividades de ocio juntos, lo que beneficia la comunicación y la satisfacción conyugal. Sin embargo, Crawford et al. (2002) señalan la importancia de explorar las preferencias individuales de las parejas en cuanto a las actividades de ocio y su satisfacción al realizarlas en conjunto.
Este hallazgo es soportado por Ward et al. (2014) y Chandler et al. (2018). Dobson y Ogolsky (2022), por su parte, demuestran que los niveles de satisfacción en la relación, en términos de compromiso y afecto, son significativamente más altos cuando el tiempo de ocio se comparte exclusivamente en pareja, sin involucrar a otras personas.
Por otro lado, las teorías de género sugieren que las diferencias adquiridas durante la socialización producen identidades de género distintas, lo que influye en cómo se clasifican las preferencias de ocio de hombres y mujeres. Esto afecta las decisiones de las parejas al compartir actividades y su nivel de felicidad. Las mujeres, socializadas en roles de cuidado, pueden participar en actividades no preferidas, lo que lleva a ajustes en la vida cotidiana para mantener la estabilidad y la felicidad en la relación, mientras que los hombres suelen hacer menos ajustes (Swim y Surra, 1999, como se citó en Crawford et al., 2002; Allen y Baber, 1992; Coontz, 1992; Rubin, 1976).
Pero, a pesar de la correlación demostrada entre las actividades “joint” (conjuntas) y su influencia en la satisfacción en la vida marital, estos trabajos no explicaban cuál era el mecanismo por el que operaban las actividades de ocio para fomentar la estabilidad y satisfacción de la vida conyugal.
Zabriskie y McCormick (2001) proponen que realizar actividades de ocio conjuntas genera estabilidad y adaptabilidad en la pareja conyugal, clasificándolas en "core leisure activities" y "balance leisure activities". Las primeras, como ver televisión en casa, mantienen la cohesión de la pareja, mientras que las segundas, como salir de vacaciones o a discotecas, fomentan la adaptabilidad ante cambios. Ambos tipos son necesarios para mantener la unidad y satisfacción en la relación. Según Johnson et al. (2006), las actividades "core" están más vinculadas a la satisfacción marital en parejas estadounidenses.
En esa misma vía, las teorías de la modernidad reflexiva exploran los cambios en la institución familiar. Beck y Beck-Gernsheim (2003) destacan conflictos en la gestión del tiempo libre en la vida cotidiana, mientras que Giddens (1998) sugiere que, debido a la modernidad tardía, las parejas pasan más tiempo juntas en busca de afecto e intimidad.
2.1 La dimensión del uso del tiempo libre como desafío en la conyugalidad
Basarse únicamente en la idea de compatibilidad es muy útil para entender cómo el tiempo de ocio afecta la dinámica conyugal. Sin embargo, esta perspectiva no considera el trabajo que las personas realizan sobre el tiempo, ya que sus acciones están influenciadas por su adscripción a cierta clase o grupo étnico. Además, los gustos de las parejas cambian con el tiempo, un aspecto que esta teoría no tiene en cuenta.
De igual manera, no tendría mayor sentido buscar las formas de cohesión de la pareja en términos del rol que cumplen las actividades de ocio para garantizar la adaptabilidad y el cambio en la pareja, pues las relaciones conyugales distan mucho de funcionar como un sistema que tiende al equilibrio.
La socialización de género es una perspectiva útil, pero hay que considerar que esta se presenta como una matriz abierta con resquicios, lo que permite la construcción de la identidad y el actuar de los sujetos. Esto significa que el género se construye en la interacción y presenta cambios acordes con cada momento histórico.
Por tanto, se asume que debe estudiarse el tiempo libre de manera procesual. Es decir, como resultado de cambios y ajustes que los sujetos van realizando como consecuencia de los diferentes acontecimientos que vivencian durante la trayectoria conyugal. Ajustes que realizan bajo expectativas (Quintín, 2008) e ideales relacionados con el sentimiento amoroso (Martuccelli, s.f.) y la promesa de felicidad que este encierra (Ahmed, 2010).
De igual manera, hay que tener en cuenta que en las sociedades modernas se diferencian cuatro dominios o esferas del tiempo: el trabajo, la familia, la vida asociativa y el ocio, que han surgido históricamente y que bajo una relación de legitimidad se jerarquizan de acuerdo con las determinantes históricas y sociales. Estos dominios marcan estructuralmente las tensiones que los hombres y mujeres deben afrontar para poder responder a las demandas de la vida social (Araujo y Martuccelli, 2012).
Además, en este trabajo el tiempo se considera como una construcción social, influenciada por la cosmovisión cultural, género, edad y emociones. La dimensión temporal revela contradicciones en la vida cotidiana y contribuye a darle un carácter de inacabado o de proyecto a la existencia humana (Duch y Mélich, 2009).
Dicho lo anterior, se asume que el tiempo, a nivel de las experiencias de la conyugalidad en la vida cotidiana, debe comprenderse como una tensión entre el tiempo de trabajo doméstico, el trabajo asalariado, las actividades de cuidado y el ocio (Rönkä y Korvela, 2009, para el contexto europeo; Araujo y Martuccelli, 2012, para el caso chileno).
En ese sentido, se ha tomado el concepto de “trabajo temporal” desde el cual se asume que los sujetos vivencian la experiencia temporal no de manera pasiva, “ya que buscan estrategias para determinar de forma intencional la forma particular de su experiencia temporal” (Flaherty, 2003; 2011, como se citó en Yopo, 2016, pp. 103-104).
Por consiguiente, el "trabajo temporal" de la pareja se refiere a cómo a partir de los ideales amorosos las parejas vivencian, valoran y crean estrategias para enfrentar los desafíos estructurales que reducen el tiempo de ocio compartido.
2.2 Expectativas amorosas sobre el tiempo
Se evidencian tres ideales amorosos que guían el "trabajo temporal" de las parejas, moldeando sus expectativas sobre el tiempo. Dixon (2007) los describe como estilos de amor que influyen en las expectativas de conyugalidad en parejas negras en Estados Unidos. De igual manera, para el caso chileno, Araujo y Martuccelli (2012) encuentran tres tipos de ideales conyugales: protección, fusión e independencia.
A partir de los relatos y entrevistas realizadas con las parejas estudiadas en Cali, se encontraron semejanzas con los ideales propuestos por los autores. En este artículo se comprenden los ideales como manifestaciones de un tipo de amor, el cual consideramos es el que moldea de manera tensa las relaciones conyugales.
Por consiguiente, con base en las entrevistas y mediante la creación tipológica, se construyeron tres tipos de ideales amorosos y su relación con las expectativas sobre el uso del tiempo libre. Pasamos a describir la relación entre los ideales y la idea del tiempo de la pareja:
El ideal romántico y la expectativa de fusión: desde este ideal el tiempo es asumido como un extra-tiempo, es decir, los enamorados vivencian el tiempo como una ruptura con la rutina de la vida cotidiana (Illous, 2012). Este tiempo hace parte de las narrativas sobre el amor romántico, se caracteriza por su intensidad y fugacidad que se presentan al inicio de la mayoría de las relaciones “fue como vivir otra dimensión de la vida”, “verla era algo único e irrepetible, me hizo ver las cosas alrededor como si fueran banales” dicen algunos de los cónyuges entrevistados. Este ideal lo caracteriza la expectativa de la fusión; el deseo de compartir la mayor parte del tiempo juntos como pareja.
El ideal de cuidado y la expectativa de complementariedad: en la vida conyugal resalta la manera en que los desafíos diarios dan forma a las expectativas de la pareja. En contraste con el ideal romántico de fusión, la complementariedad implica obligaciones y roles rutinarios, donde el tiempo se percibe como obligatorio y con fuerte sentido de la responsabilidad, especialmente en roles de cuidado y provisión. Este enfoque lleva a centrarse en las obligaciones hacia el otro, más que en la satisfacción personal en la relación. Para algunas parejas, el tiempo se ve absorbido por las demandas del trabajo y las responsabilidades familiares; en esta idea sobre el tiempo, las satisfacciones dejan de ser referidas a la pareja y se concentran en el otro, no totalmente como sujeto sino como el que cumple un papel diferenciado: “mi vida es una rutina”, “de pronto me vi con la obligación de sostener a Nancy y a mi familia”, “cuando nacieron los hijos todo cambió” dicen algunas parejas.
El ideal autónomo y la expectativa de la fisión: el ideal autónomo y la expectativa de la fisión plantean la necesidad de un tiempo individual dentro de la relación, reflejando la demanda de singularidad y autonomía. Este tiempo busca equilibrar la autonomía con la interdependencia en la pareja, como un espacio para la realización personal y la proyección hacia el futuro. No se limita a lo rutinario ni a lo extraordinario, sino que se centra en los proyectos de vida de los individuos dentro de la relación conyugal: “pensamos en emigrar, estudiar, viajar y disfrutar de lugares, esos son nuestros sueños”, dicen algunas de las personas entrevistadas.
De esta manera se manejan tres ideales y tres esferas de acción que concentran su matriz orientadora, de manera tensa, hacia la familia, la pareja y la persona. Dos de ellos serían relacionales, es decir, proyectados, ya sea hacia la pareja o hacia la familia, mientras que el otro, antes de proyectarse hacia la familia se centra en el individuo como tal.
3. Metodología
Partiendo de la premisa de que los rasgos fenotípicos no determinan los comportamientos sociales, reconocemos que las categorías raciales son construcciones sociales que pueden llevar a la discriminación y la segregación. Aunque la raza es útil para comprender la discriminación y las desigualdades sociales, también observamos procesos de movilidad social ascendente y cambios culturales en la población negra, a pesar de los desafíos que enfrentan (Barbary y Urrea, 2002).
La estructura socioracial y la identidad étnica no son determinantes absolutos en la formación de relaciones conyugales. Investigaciones anteriores han demostrado que factores como los ideales amorosos han facilitado el encuentro entre parejas de diferentes razas en ciudades como Cali (Sevilla y Hurtado, 1998). Además, se observa la posibilidad de transformación de estereotipos étnicos y raciales entre parejas del mismo origen étnico, lo que afecta la dinámica conyugal. Los criterios de selección se basaron en esta reflexión.
Parejas homoraciales fenotípicamente afros escogidas bajo la percepción del entrevistador.
Parejas conyugales homoraciales, que al momento de la entrevista estuvieran viviendo en Cali.
Que hayan nacido en Cali y otras que provengan de diversas ciudades de origen (Buenaventura, Tumaco y Quibdó) para explorar las diferencias con relación a actividades de sociabilidad.
Que residan en barrios de diferentes estratos socioeconómicos, con distintas edades y con diversos niveles educativos.
Se seleccionaron 17 parejas para el estudio, sin buscar representatividad estadística, pero con el objetivo de obtener información objetiva sobre el tema de interés. Se logró una distribución equitativa de los casos para facilitar comparaciones entre las parejas examinadas. Se utilizó la estrategia de bola de nieve (Goodman, 1961), identificando informantes clave y contactando parejas dispuestas a proporcionar información. La proximidad étnica y racial con el investigador facilitó el acceso a parejas de diferentes estratos socioeconómicos y niveles educativos, estableciendo niveles de confianza con los entrevistados.
Se aplicó una encuesta para investigar tres aspectos principales: 1. Las actividades de ocio que realizan conjuntamente los cónyuges. 2. Los cambios desde el inicio de la relación hasta el presente. 3. Semejanzas y diferencias entre las parejas en relación con las actividades de ocio compartidas. La mayoría de las entrevistas se llevaron a cabo en 2019, complementadas con algunas en 2020, con una duración promedio de una hora por cada miembro de la pareja.
La encuesta incluyó dos secciones: una sobre la frecuencia de actividades realizadas con la pareja, tanto antes como durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19, utilizando una escala de "nunca" a "siempre". Se exploraron cuatro variables: actividades de sociabilidad, diversión fuera del hogar, deporte y entretenimiento en casa, con un total de 27 ítems.
Para comparar las actividades al principio y en la actualidad de la relación, se calculó el promedio de puntajes de cada pareja para cada variable, lo que facilitó la comparación entre las frecuencias reportadas por las parejas. Esto permitió identificar las actividades que se realizan con mayor frecuencia y observar cambios en la proporción de actividades entre el inicio y el presente de la relación.
Otra sección de la encuesta abordaba las labores no remuneradas, con 9 variables y 51 ítems, discriminadas en rutinarias y ocasionales de acuerdo a la clasificación de Coltrane (2000), para las cuales se registraron las horas semanales dedicadas al inicio de la relación y en la semana anterior a la entrevista (posteriormente, a la semana anterior al confinamiento por el Covid-19).
La Tabla 1 presenta las horas semanales que las parejas dedican a las actividades rutinarias actuales y datos sobre el trabajo remunerado. No se muestran las cifras del inicio de la relación por limitaciones de espacio, pero se pueden encontrar en la Tabla A1 y la Tabla A2 del Anexo A, donde se muestra la suma total de horas dedicadas a actividades antes y durante la relación.
Tabla 1 Descripción de las parejas estudiadas
| # | Nombre | Origen | Edad | Form | Estr | Hijos | TNR* | TR* |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Ceferino y Nancy | B/tura | 58-52 | Prof-Téc | 2 | 2 | 25-30 | Des-Tc |
| 2 | Wilfrido y Katherine | B/tura | 56-50 | Téc-Bachi | 3 | 1<12 | 23,9-45 | Tc-Des |
| 3 | Rony y Viviana | Cali | 26-24 | Prof-Prof | 4 | 0 | 22-22 | Tc-Tc |
| 4 | Engelberto y Gloria | Quibdó | 50-48 | Prof-Prof | 6 | 1 | 18-21 | Tc-Tc |
| 5 | Floro y Estella | Cali | 54-48 | Prof-Prof | 6 | 1 | 12-22 | Tc-Tc |
| 6 | John y Yesenia | Cali | 25-28 | Prof-Prof | 4 | 0 | 17-9 | Tc-Des |
| 7 | Marcel y Eglantine | B/tura | 51-53 | Prof-Téc | 3 | 0 | 8-66 | Tc-Des |
| 8 | Arturo y Lina | B/tura | 33-26 | Prof-Téc | 4 | 2<12 | 21-116 | Tc-Mt |
| 9 | Edward y Mónica | Tumaco | 36-32 | Téc-Prof | 2 | 2<12 | 69-43 | Des-Tc |
| 10 | William y Fanny | Cali | 49-51 | Téc-Bachi | 2 | 1 | 7-44 | Tc-Des |
| 11 | José y Deyanira | Tumaco | 52-50 | Téc-Téc | 2 | 2 | 23-33 | Mt-Tc |
| 12 | Martín y Emma | Cali | 28-28 | Prof-Prof | 4 | 0 | 3-12 | Tc-Tc |
| 13 | Yosimar y Dayana | Tumaco | 22-19 | Prof-Prof | 3 | 1<12 | 9-175 | Tc-Tc |
| 14 | Ramon y Esther | Cali | 36-34 | Bach-Bach | 3 | 2<12 | 1-62 | Tc-Des |
| 15 | Richard y Sandra | Cali | 40-37 | Prof-Téc | 2 | 0 | 11-86 | Tc-Tc |
| 16 | Mayer y Selene | Cali | 25-23 | Prof-Prof | 2 | 0 | 20-54 | Mt-Des |
| 17 | Marcial y Deybi | Quibdó | 30-29 | Prof-Prof | 4 | 1<12 | 38-87 | Tc-Tc |
Nota: Prof: profesional, Téc: técnico, Bachi: bachiller. Des: desempleado, Tc: tiempo completo, Mt: medio tiempo, TNR: trabajo no remunerado, TR: trabajo remunerado. Form: formación, Estra: estrato.
Fuente: elaboración propia.
Se complementaron estos datos con entrevistas individuales utilizando una guía previamente diseñada. Por medio de estas entrevistas, se exploraron las experiencias conyugales, las expectativas amorosas y los desafíos enfrentados por las parejas.
4. El tiempo de ocio al inicio de la conyugalidad
En la Tabla 2 se aprecian los datos de las 17 parejas entrevistadas, estos datos son el promedio de las respuestas dadas por las parejas, y la sumatoria de los promedios resultantes que se encuentran en la última columna. De esta manera se puede apreciar que las actividades realizadas por fuera de casa (ir a cine, discoteca, restaurante, paseo, concierto, evento deportivo, ir de vacaciones e ir a la feria) son las que más declara realizar cada uno de los miembros de la pareja, mientras que la que menos reportan es la práctica de deportes (ir al gimnasio, ejercicio en casa, deporte grupal, individual, trotar, montar bicicleta, nadar).
Tabla 2 Promedio de horas semanales dedicadas a las actividades de ocio al inicio de la relación
| Soc | Divf | Dep | Divc | Tot | |
|---|---|---|---|---|---|
| | | | | ∑ | |
| Nancy y Ceferino | 19 | 20,5 | 8 | 10 | 57,5 |
| Katherine y Wilfrido | 15,5 | 22 | 9 | 10,5 | 57 |
| Viviana y Rony | 20,5 | 15 | 13 | 14 | 62,5 |
| Gloria y Engelberto | 21,5 | 32 | 7,5 | 13,5 | 74,5 |
| Estela y Floro | 17 | 15,5 | 10 | 12,5 | 55 |
| Yesenia y John | 11,5 | 17,5 | 11,5 | 13 | 53,5 |
| Eglantine y Marcel | 17,5 | 24,5 | 7,5 | 22 | 71,5 |
| Lina y Arturo | 18,5 | 24,5 | 11,5 | 14 | 68,5 |
| Mónica y Eduard | 15 | 20 | 14,5 | 12,5 | 62 |
| Fanny y William | 13,5 | 11 | 7 | 6 | 37,5 |
| Deyanira y José | 14 | 21,5 | 17 | 17,5 | 70 |
| Emma y Martín | 19,5 | 22 | 15 | 13 | 69,5 |
| Dayana y Josimar | 14,5 | 16,5 | 9 | 15,5 | 55,5 |
| Ester y Ramon | 16 | 24 | 21,5 | 14 | 75,5 |
| Sandra y Richard | 15 | 20 | 10 | 7,5 | 52,5 |
| Selene y Mayer | 22 | 22 | 10 | 16,5 | 70,5 |
| Deiby y Marcial | 17 | 19 | 7,5 | 10 | 53,5 |
| Total | 287,5* | 347,5* | 189,5* | 222* | 1046,5 |
| % | 27,5** | 33,2** | 18,1** | 21,2** | 100** |
Nota: * Sumatoria de los promedios de cada actividad; ** Estos porcentajes se calcularon con base en el total de la sumatoria (1046,5). Soc: sociabilidad, Divf: diversión fuera de casa, Dep: deporte, Divc: diversión en casa, Tot: total.
Fuente: elaboración propia.
Se observa que ninguna de las actividades en términos porcentuales se destaca de manera significativa con respecto a las demás, ya que tres tienen porcentajes semejantes y una se acerca menos que las otras al cuarto del total. Puede observarse que las actividades por fuera del hogar y que implican un grado de planeación mayor son las que las parejas más realizan al inicio de la relación. Estas actividades involucran mayor grado de novedad y de ruptura con la rutina que las otras actividades.
De igual manera, las actividades de sociabilidad implican una forma de diversión que se realiza por fuera del hogar, con ellas la pareja renueva los vínculos con la familia de origen y con las redes de amigos. La práctica de deporte de manera conjunta es la que menos declararon las parejas, así como las que se realizan en la casa, estas últimas son más rutinarias y cumplen con la función de la adaptabilidad y renovación de las reglas y valores de la pareja, lo que ayudaría a construir el universo de la pareja según el enfoque sistémico que plantean Johnson et al. (2006).
Al analizar los datos discriminados se aprecia que Esther y Ramón, Gloria y Engelberto, Eglantine y Marcel, y Selene y Mayer son las parejas que presentan la sumatoria de los promedios más alta con relación al disfrute de las actividades de ocio de manera conjunta, mientras que la pareja de Fanny y William es la que presenta el promedio menor.
Dentro de las parejas con los promedios más altos, tres se identifican con el ideal romántico: Eglantine y Marcel, Gloria y Engelberto, Selene y Mayer. Lo anterior puede ser resultado de la expectativa de la fusión que se presenta en las parejas que se adhieren al ideal romántico que, antes de la rutinización de la vida cotidiana, el deseo de la novedad y la sensación de estar viviendo un tiempo de ruptura con lo ordinario, se expresa en una experiencia donde la novedad y la fusión tienen una doble presencia.
Se nota que la actividad más común es la de la diversión fuera de casa, lo cual es especialmente significativo en el caso de Gloria y Engelberto, con una puntuación de 32, que supera a las demás actividades y parejas. En el caso de Eglantine y Marcel, tanto las actividades fuera de casa (24,5) como las de interior (22) tienen puntajes más altos que el promedio. Por otro lado, en el caso de Selene y Mayer, las actividades fuera de casa (22) y las sociales (22) también muestran puntajes por encima del promedio.
El promedio de las parejas más alto con respecto a las actividades conjuntas se presentó en la pareja de Esther y Ramón (75,5). Desde los relatos, se evidencia que se adhieren al ideal de cuidado con la expectativa de la complementariedad; en esta pareja se aprecia que comparten actividades menos rutinarias que se realizan por fuera de la casa, donde destaca la actividad deportiva (21,5), puede ser que al inicio de la relación la expectativa de la fusión es fuerte en esta pareja.
La pareja de Lina y Arturo es la que le sigue en promedio (68,5). Como se evidenció en las entrevistas, la pareja al inicio de la relación mantenía la expectativa de la fusión y del disfrute de actividades por fuera del hogar que ayudaban a romper la rutina consolidando la relación. Este caso es similar al de Deyanira y José (70), quienes relatan la manera como compartían las actividades de diversión al inicio de la relación, refiriéndose a las actividades como ir a bailar a discotecas o donde amigos.
Las parejas de Deybi y Marcial (53,5) así como Estella y Floro (55) muestran los promedios más bajos entre aquellas que siguen el ideal de cuidado. En el caso de Deybi y Marcial, el tiempo fuera del hogar (19) es más prominente, mientras que en Estella y Floro destaca la sociabilidad (17). Ambas parejas están muy involucradas en el trabajo y residen en áreas de estrato alto. Por otro lado, Fanny y William tienen el promedio más bajo (37,5). Ellos han enfrentado dificultades desde el inicio de la relación, incluyendo desempleo y largos periodos separados en diferentes ciudades.
Las parejas de Rony y Viviana, con 62,5, y de Mónica y Edward, con 62, sobresalen en el modelo autónomo. Rony y Viviana muestran una preferencia por la sociabilidad (20,5), la cual está vinculada a su importancia en el ámbito familiar. Mónica y Edward enfocan su tiempo en salidas fuera del hogar (20) y actividades deportivas (14,5). Aunque el promedio total de Yesenia y John es bajo (52), dedican tiempo a salidas que reflejan intereses culturales e intelectuales.
Las parejas que se enmarcan en el ideal autónomo presentan promedios bajos en cuanto al compartir las actividades de ocio, pero con promedios altos en actividades de diversión por fuera de la casa. Esto puede interpretarse con relación a la expectativa de “fisión”, es decir, de respetar espacios autónomos de realización con una fuerte inclinación a compartir actividades no rutinarias.
4.1 Los cambios en el uso del tiempo en las parejas conyugales
En la Tabla 3 se observan los datos que las parejas brindaron con respecto a las actividades de ocio en la actualidad de la relación. Se aprecia un decrecimiento leve del valor absoluto dado por las parejas a la pregunta sobre las actividades compartidas, ya que se pasa de 1.046 la sumatoria de los promedios al inicio de la relación a 958,5 en la actualidad. Esto puede ser interpretado como el resultado de la experiencia conyugal que lleva a que se pase de la idea de fusión propia del enamoramiento a la idea de separación de esferas en roles relacionales que llevan a una vivencia del tiempo de una manera segregada, aunado a la llegada de los hijos, las responsabilidades del trabajo doméstico y extradoméstico que ayudan a la separación de los tiempos, aun así, se observa que la diferencia no es muy grande.
Tabla 3 Promedio de horas semanales dedicadas a las actividades de ocio en la actualidad de la relación
| Soc | Divf | Dep | Divc | Tot | |
|---|---|---|---|---|---|
| | | | | ∑ | |
| Nancy y Ceferino | 13 | 10 | 13 | 12 | 48 |
| Katherine y Wilfrido | 9,5 | 14 | 9 | 16,5 | 49 |
| Viviana y Rony | 22 | 15 | 11,5 | 16 | 64,5 |
| Gloria y Engelberto | 27,5 | 29,5 | 7 | 21,5 | 85,5 |
| Estela y Floro | 16,5 | 15,5 | 9 | 13 | 54 |
| Yesenia y John | 13 | 16 | 11 | 12 | 52 |
| Eglantine y Marcel | 11,5 | 21,5 | 9 | 17 | 59 |
| Lina y Arturo | 10 | 13,5 | 12 | 14,5 | 50 |
| Mónica y Eduard | 14,5 | 19 | 14,5 | 16 | 64 |
| Fanny y William | 10,5 | 9 | 12 | 14,5 | 46 |
| Deyanira y José | 11 | 10 | 10 | 15 | 46 |
| Emma y Martín | 14,5 | 16 | 13 | 14 | 57,5 |
| Dayana y Josimar | 13,5 | 13,5 | 9 | 19 | 55 |
| Ester y Ramon | 12 | 10 | 15 | 16,5 | 53,5 |
| Sandra y Richard | 10,5 | 12 | 10 | 10,5 | 43 |
| Selene y Mayer | 22,5 | 31,5 | 10,5 | 15 | 79,5 |
| Deiby y Marcial | 12,5 | 13 | 14 | 12,5 | 52 |
| Total | 244,5 | 269 | 189,5 | 255,5 | 958,5 |
| % | 25,5 | 28,1 | 19,8 | 26,7 | 100,0 |
Fuente: elaboración propia.
Los datos muestran una disminución en el tiempo dedicado a las tareas domésticas rutinarias tanto para hombres como mujeres desde el inicio de la relación, pero la brecha de género se ha ampliado. Las mujeres han aumentado significativamente su dedicación a estas labores, con un incremento del 35,4% en comparación con los hombres (véase la Tabla A1 y Tabla A2 para más detalles). Actualmente, las mujeres dedican un 47,8% más de horas a las actividades domésticas que los hombres, representando el doble de horas semanales. En adelante, los datos relacionados con el trabajo doméstico, el trabajo remunerado, la edad y número de hijos se puede constatar en la Tabla 1 y los del tiempo de ocio en la Tabla 2 y Tabla 3.
Esto refleja similitudes con otros estudios en Colombia, indicando patrones comunes en la distribución del trabajo doméstico a lo largo de las relaciones conyugales. La brecha de género a nivel nacional en el trabajo no remunerado es de 4 horas, con las mujeres realizando 7,14 horas diarias y los hombres 3,25 horas, según el DANE (2022) a partir de la ENUT.
La llegada de los hijos contribuye al aumento del trabajo doméstico de las mujeres, ampliando la brecha de género. Aunque las mujeres también participan en el trabajo remunerado, esto no se traduce en una distribución igualitaria de las tareas domésticas (Wainerman, 2007).
Se observa una sutil disminución en las actividades de ocio fuera de casa 32,2 a 28,1% y en las de sociabilidad, 27,5 a 25,5%, mientras que las actividades dentro del hogar han aumentado ligeramente, 21,2 a 26,7%. Las actividades deportivas siguen siendo las de menor promedio. La pareja de Selene y Mayer muestra el mayor promedio de tiempo dedicado a las actividades de socialización, mientras que la pareja de Fanny y William presenta el menor. Selene y Mayer se identifican con el ideal romántico, mientras que Fanny y William se identifican con el práctico.
Las parejas que se identifican con el ideal romántico, como Gloria y Engelberto, muestran un aumento en el promedio de tiempo dedicado juntos, pasando de 74,5 a 85. Similarmente, la pareja de Selene y Mayer aumenta su promedio de 70,5 a 79,5. Sin embargo, la pareja de Eglantine y Marcel experimenta una disminución de 71,5 a 59. Las circunstancias varían entre estas parejas. Gloria y Engelberto pasan más tiempo juntos debido a que sus hijos ya no viven con ellos, ajustando su tiempo libre para compartirlo y hasta compartiendo el lugar de trabajo.
En Eglantine y Marcel, a pesar de adherirse al ideal romántico, los tiempos de diversión se redujeron. Dice Eglantine que por los tiempos de trabajo que aumentaron y el tiempo dedicado al estudio por parte de Marcel; además, las actividades de sociabilidad disminuyeron debido a que el círculo de amistades que frecuentaban al inicio se redujo cuando emigraron.
La pareja de Selene y Mayer ha aumentado su tiempo juntos, priorizando las salidas fuera de casa, lo que se refleja en su promedio actual más alto de 79,5. Este aumento se nota especialmente en el tiempo dedicado a actividades fuera del hogar, que alcanza las 31,5 horas. La relación se beneficia de aspectos asociados al amor romántico, y la falta de hijos permite mantener altas expectativas de fusión. Selene, además, carece de un amplio círculo social debido a una reciente emigración y su deseo de pasar más tiempo con Mayer.
En la relación de Dayana y Yosimar, los datos no muestran cambios desde el inicio, manteniéndose en 55,5-55. Afirmaron que comparten actividades recreativas, pero el tiempo juntos se ve limitado por el trabajo y las responsabilidades de Yosimar. Mayormente disfrutan de actividades en casa y mencionan que asisten juntos a un culto en una iglesia protestante.
En las parejas consideradas dentro del ideal de cuidado, se observa una notable reducción en las actividades de ocio compartidas. Por ejemplo, Esther y Ramón, cuyo promedio de actividades conjuntas ha disminuido de 75,5 a 53,5, priorizan pasar tiempo juntos en casa, viendo televisión o películas, como su ideal de fin de semana. Sus salidas han disminuido, atribuyéndolo a la falta de amigos de Ramón, algo a lo que Esther se ha adaptado.
En el caso de Lina y Arturo, se observa una transición del ideal romántico al del cuidado, evidenciada por una marcada reducción en las actividades recreativas fuera de casa tras la llegada de los hijos. El aumento en las responsabilidades no remuneradas y los cambios en las expectativas de la pareja han impactado la posibilidad de pasar tiempo juntos, lo que ha generado conflictos en la relación. En la actualidad, Arturo reporta 21 horas de actividades rutinarias, mientras que Lina reporta 106 horas, principalmente dedicadas al cuidado de los hijos (Tabla 1).
En el caso de Deyanira y José, se observa una disminución en las actividades compartidas, pasando de 70 a 46, lo que se atribuye al cambio del ideal romántico al del cuidado. Aunque la pareja considera que ha alcanzado un nivel de vida satisfactorio en términos materiales, aún enfrentan problemas en su relación. Se nota una reducción en las actividades de diversión, que antes eran importantes, y ahora predominan las actividades en casa, aunque con dificultades para compartirlas.
En la pareja de Katherine y Wilfrido, 57-49, y en la de Deybi y Marcial, 53-52, se puede ver también la disminución de las actividades de diversión compartidas. Ambas parejas afirman que el tener que cuidar a los niños menores de doce años les ha reducido el tiempo para poder compartir juntos.
Las parejas que siguen el ideal romántico tienden a mantener altos promedios de actividades compartidas, especialmente fuera del hogar, como ir al cine, discoteca, paseos, conciertos, eventos deportivos, vacaciones, etc. Estas actividades, que requieren más planificación y tienen un mayor costo económico, contribuyen a mantener viva la novedad y el cambio en la relación, en línea con el ideal romántico.
Estas parejas manifiestan que ajustan sus horarios laborales para estar juntos, invierten en tecnología para facilitar las tareas del hogar y recurren a la contratación de ayuda doméstica. Estas estrategias se perciben como la materialización de la colaboración temporal que realizan en su vida cotidiana.
En todas las parejas que se adhieren al ideal de cuidado disminuye el promedio de las actividades de ocio compartidas de manera conjunta. Esto se debería a la instauración de la expectativa de la complementariedad ligada al amor de cuidado y la distribución de esferas relacionadas con el género. En muchas de las parejas, se presentan quejas de las mujeres por que el hombre se divierte solo por fuera de la casa, algunas mujeres aceptan esta separación del tiempo libre como algo normal.
En estas parejas, se observa que las actividades de diversión fuera de casa tienden a disminuir a medida que avanza la relación, mientras que las actividades dentro del hogar, como ver televisión, leer, escuchar música, jugar juegos de mesa o videojuegos, y ver películas, aumentan. Estas actividades son esenciales para reforzar las normas y valores compartidos que conforman el mundo de la pareja. Además, se nota que las actividades de ocio fuera del hogar, que según Johnson et al. (2006) y Ward et al. (2014), para el contexto de Estados Unidos, suelen aportar novedad y aventura a la relación, disminuyen con el tiempo, lo que puede afectar la renovación y el fortalecimiento del vínculo conyugal.
Parejas que se adhieren al ideal autónomo, como Viviana y Rony, mantienen una dinámica estable en el tiempo. Actualmente, dedican 22 horas al trabajo doméstico, sin brechas de género significativas, lo que se refleja en un aumento del tiempo de ocio compartido, llegando a 65 horas. En contraste, en la relación de John y Yesenia, donde las tareas domésticas se reparten equitativamente, el tiempo compartido se mantiene en unas 52 horas, con énfasis en actividades fuera del hogar para su desarrollo personal.
En la relación de Sandra y Richard, se observa una disminución en las actividades de ocio compartidas, pasando de 52,5 a 43 horas. Este cambio se debe a las responsabilidades laborales que ambos tienen fuera de casa, así como a las tareas domésticas, donde Sandra reporta 86 horas y Richard 11 en la actualidad. Esta asimetría refleja el choque entre el ideal autónomo y el de complementariedad, donde la realidad prevalece sobre los principios normativos que guían el ideal de pareja.
En el caso de Edward y Mónica, quienes dedican 69 y 43 horas respectivamente, a las labores domésticas, no muestran una variación significativa en este aspecto. A pesar de ello, son una de las parejas que disfrutan de más tiempo libre juntos en la actualidad, con un total de 64 horas. Esto sugiere una mayor equidad en la relación, ya que Mónica trabaja a tiempo completo y contribuye financieramente al hogar, mientras que Edward se encarga del cuidado de los niños y las tareas domésticas, con la ayuda adicional de la madre de Edward para el cuidado de los hijos.
4.2 Tipos de relación conyugal según el tiempo de ocio compartido
Para comprender el grado en que se presentan las actividades de ocio de manera conjunta, se calcularon los promedios de las respuestas individuales de las parejas en la encuesta, con un máximo de 108 y un mínimo de 27. Se crearon intervalos para clasificar los resultados totales. Los promedios >70 se clasificaron como actividades de ocio conjuntas, lo que indica una alta participación en actividades compartidas. Los promedios entre 50-70 se consideraron como un grado de independencia, mientras que los promedios <50 se consideraron como segregación, indicando una menor participación conjunta en actividades de ocio, ver Figura 1.

Fuente: elaboración propia.
Figura 1 Ubicación de las parejas según intervalo de horas compartidas dedicadas al ocio al inicio y actualidad de la relación
En la Figura 1 se muestra comparativamente la movilidad de las parejas desde promedios altos hasta más bajos en cuanto al disfrute de las actividades de ocio. Al inicio de la relación, la pareja de Fanny y William se encontraba en el intervalo de 20-50, mostrando el grado más alto de segregación. La mayoría de las parejas, nueve en total, se ubicaban en el intervalo de complementariedad, mientras que solo dos parejas estaban en el grado conjunto.
De igual manera, la Figura 1 indica que al inicio de la relación se encuentran 12 casos entre 50 y 70, que corresponde al intervalo de las actividades de ocio que he denominado como independiente. Cuatro parejas se ubican en el intervalo que he denominado actividades conjuntas, que corresponde a las parejas que superan el promedio de 70. Por su parte, una sola pareja se encuentra en el nivel segregado de la relación.
Las parejas que se encuentran en el intervalo de actividades denominado como independiente se distribuyen así: siete se encuentran en el intervalo entre 50-60: Yesenia y John, Estella y Floro, Dayana y Yosimar, Nancy y Ceferino, Katherine y Wilfrido, Sandra y Richard, Deybi y Marcial; cinco se encuentran entre 60-70: Viviana y Rony, Lina y Arturo, Deyanira y José, Mónica y Edward, Emma y Martín. Las que se encuentran entre 70-80 y que presentan un nivel de disfrute conjunto de las actividades de ocio son: Gloria y Engelberto, Eglantine y Marcel, Esther y Ramón, Selene y Mayer, la pareja de Esther y Ramón es la que más alto promedio registra.
Cuando se revisan los datos sobre la actualidad de las parejas, se observa que había cuatro parejas en la zona denominada conjunta y en la actualidad hay dos; había doce en la zona denominada independiente y en la actualidad hay nueve; al inicio había una pareja en la zona denominada segregada y en la actualidad hay seis.
Se observa que las parejas de Nancy y Ceferino, Katherine y Wilfrido, Sandra y Richard que se encontraban en el intervalo de 50-60 reducen el promedio de actividades compartidas y ahora se encuentran en el intervalo de 40-50. Las parejas de Deyanira y José, así como Lina y Arturo, que se encontraban al inicio de la relación en el intervalo de 60-70, ahora pasan al de 40-50. Este decrecimiento muestra el paso de un nivel de independencia a uno de actividades segregadas en las parejas señaladas.
De las parejas que actualmente se encuentran en los intervalos que indican un nivel de independencia en las actividades de ocio, nueve están en el rango de 50-60, incluyendo a Estella y Floro, Yesenia y John, Eglantine y Marcel, Emma y Martín, Dayana y Yosimar, Esther y Ramón, y Deybi y Marcial. Dos parejas están en el rango de 60-70: Viviana y Rony, y Mónica y Edward. En los intervalos que indican un disfrute conjunto de las actividades, se encuentran dos parejas: Selene y Mayer, y Gloria y Engelberto.
Algunas parejas pasan de intervalos más altos a unos menores, los que más se destacan es el de Esther y Ramón que pasa del intervalo de 70-80 al de 50-60 y el de Eglantine y Marcel que pasa del intervalo de 70-80 al de 50-60. Mientras que otras se mantienen en los mismos intervalos como las de Selene y Mayer, y Gloria y Engelberto.
La Figura 1 revela que la trayectoria conyugal implica cambios en la frecuencia de las actividades de ocio compartidas. Inicialmente, los promedios son bajos, con solo cuatro parejas superando el promedio de 70. Sin embargo, en la actualidad, seis parejas se sitúan en intervalos de segregación, y diez en la zona de independencia, aunque siete de estas últimas están en el extremo inferior de los intervalos.
De la misma manera, algunas parejas se mueven de los intervalos más altos a los menores al comparar los datos que declaran al inicio de la relación y respecto a la actualidad de esta. Así, los casos de Esther y Ramón, Katherine y Wilfrido, José y Deyanira son los que más se destacan.
Los datos muestran que el compartir los tiempos de ocio de manera conjunta es muy bajo en la mayoría de las parejas, lo cual es contrario a las consideraciones de teorías como la de Giddens (1998) que plantean el aumento de la valoración del tiempo libre en las parejas contemporáneas.
El interrogante que resulta es: ¿cuáles serían los factores sociales asociados con los niveles de segregación o de tiempo compartido en las actividades de ocio? Para aproximarnos a esta respuesta, realizamos cruces entre el ideal amoroso al cual declaran las parejas adherirse y el grado en que se deducen son compartidas las actividades de ocio. Eso es lo que se hará en el siguiente apartado.
4.3 Estrato socioeconómico y tiempo de ocio
En estudios sobre el tiempo libre, se investiga la relación entre ingresos y aspectos de identidad de clase para entender las dinámicas de pareja. Reconocemos que no existe una correspondencia total entre ingresos, capital cultural y sentido de pertenencia grupal, elementos clave de la clase social. Por lo tanto, empleamos la clasificación de estrato como indicador de "capas sociales", enfocándonos específicamente en diferencias de ingresos y capital cultural tal como lo proponen Dubet y Martuccelli (2000, como se citó en Sánchez, 2016)3.
Los estudios sobre la relación entre las condiciones socioeconómicas y el uso del tiempo libre en pareja no arrojan conclusiones definitivas. Algunos sugieren que las parejas con altos ingresos dedican más tiempo al trabajo remunerado y menos al ocio en pareja, mientras que otros indican que las parejas con bajos ingresos disfrutan de más tiempo de ocio juntas, especialmente en actividades como ver televisión, que son más accesibles para ellas (Fein, 2009, como se citó en Moore y Henderson, 2018).
Se espera que en estratos socioeconómicos bajos predomine la expectativa de complementariedad, con una separación de actividades de ocio, donde los hombres tienden a disfrutar de actividades fuera del hogar. Por otro lado, en estratos altos se espera un grado de autonomía en el disfrute del tiempo libre, con espacios separados de ocio negociados. Esta dinámica se relaciona con un mejor nivel socioeconómico, que proporciona más independencia y capacidad de negociación White (1983, como se citó en Kalmijn y Bernasco, 2001).
La relación entre el estrato socioeconómico y la frecuencia de actividades de ocio compartidas en pareja no es clara. Es así como se observa que la pareja con menos actividades reportadas pertenece al estrato dos, William y Fanny. Pero, la pareja de Selene y Mayer, de un estrato bajo, registra una alta participación en actividades conjuntas. Lo que sugiere, que, a pesar de vivir en barrios similares en términos de estrato, las parejas pueden tener diferencias significativas en ingresos, apoyos y capital cultural (Tabla 4).
Tabla 4 Tiempo de ocio compartido y estrato socioeconómico
| Nivel de tiempo compartido | |||
|---|---|---|---|
| Estrato | Segregada | Independiente | Conjunta |
| 1 y 2 | Nancy y Ceferino | Eglantine y Marcel | |
| Fanny y William | Mónica y Edward | Selene y Mayer | |
| Sandra y Richard | Esther y Ramón | ||
| 3 y 4 | Katherine y Wilfrido | Emma y Martín | |
| Lina y Arturo | Viviana y Rony | ||
| Deyanira y José | Dayana y Yosimar | ||
| 5 y 6 | Estella y Floro | ||
| Yesenia y John | Gloria y Engelberto | ||
| Deiby y Marcial | |||
Fuente: elaboración propia.
Las parejas de estratos altos como Floro y Estella, Deybi y Marcial, y Yesenia y John, se categorizan como independientes, aunque en las dos primeras se observan solicitudes de la mujer por más tiempo compartido. En el caso de John y Yesenia, la separación de tiempos es acordada, reflejando un nivel de independencia más vinculado con preferencias individuales y condiciones socioeconómicas. Estas parejas también muestran una tendencia a contratar servicios domésticos, posiblemente relacionada con su disfrute del tiempo libre juntos. Por otro lado, algunas parejas de estratos medios muestran actividades segregadas, con una dinámica centrada en el ideal práctico y la búsqueda del éxito profesional del hombre como proveedor.
Otras parejas de estratos 3 y 4 muestran un nivel de independencia, algunas adoptan el ideal autónomo con esferas definidas y proyectos personales, lo que puede influir en su menor disfrute de actividades de ocio en pareja, aunque sin que esto signifique sacrificio por parte de ninguno. La pareja de Dayana y Yosimar, en cambio, se identifica con el ideal romántico y no comparte a nivel de fusión, lo que sugiere que las responsabilidades laborales y de crianza limitan su capacidad de vivir este ideal plenamente.
4.4 Ideales amorosos y tiempo de ocio
Al analizar la relación entre el tiempo compartido en pareja y el ideal al que se adhieren, se observa que la mayoría de las parejas en el nivel de segregación se identifican con el ideal de cuidado. Estas parejas tienden a pasar menos tiempo juntas y tienen una mayor separación en sus actividades de ocio. Dos parejas, Deybi y Marcial en estratos medios, y Estella y Floro en estratos altos, alcanzan el nivel de independencia, posiblemente debido a la posibilidad de contratar servicio doméstico.
Las parejas que se adhieren al ideal autónomo tienden a encontrarse en el nivel de independencia en cuanto al tiempo compartido. Esto indica que cada miembro de la pareja tiene una mayor autonomía y dedica tiempo a sus actividades individuales. Sin embargo, hay una excepción en el caso de Sandra y Richard, quienes tienen un nivel muy alto de segregación debido al tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado, lo que limita su participación en actividades de ocio compartidas.
Las parejas que abrazan el ideal romántico muestran un alto nivel de participación en actividades de ocio conjuntas, lo que refleja su deseo de mantener una conexión emocional. Sin embargo, la pareja de Eglantine y Marcel, que también se identifica con este ideal, no logra alcanzar los mismos niveles de participación en actividades conjuntas debido a las demandas laborales y de estudio de Marcel. Esto sugiere que el tipo de ideal amoroso al que se pliegan las parejas puede influir en las horas de ocio compartidas de manera conjunta, mostrando su importancia en la dinámica de la relación (Tabla 5).
Tabla 5 Ideales amorosos y formas de tiempo de ocio compartido
| Nivel de tiempo compartido | |||
|---|---|---|---|
| Segregada | Independiente | Conjunta | |
| Práctico | Nancy y Ceferino Fanny y William Esther y Ramón Katherine y Wilfri Lina y Arturo Deyanira y José | Deiby y Marcial Estella y Floro | |
| Romántico | Dayana y Josimar Eglantine y Marcel | Selene y Mayer Gloria y Engelberto | |
| Autónomo | Emma y Martín Sandra y Richard Mónica y Edward Yesenia y John Viviana y Rony | ||
Fuente: elaboración propia.
5. Conclusiones
Los datos de las parejas muestran que, a diferencia de lo que plantea Giddens (1998) para el contexto europeo, hay poco tiempo compartido en las actividades de ocio entre las parejas entrevistadas. Además, se observa el tránsito de formas conjuntas de disfrute del tiempo libre a formas segregadas de gestión del mismo que hemos relacionado con el tipo de ideal amoroso al que se adscriben las parejas.
Se observa que la relación entre estrato socioeconómico y el disfrute de actividades de ocio en pareja no es clara, aunque en ninguna de las parejas de estrato socioeconómico alto se encuentra en el intervalo de actividades segregadas. Esto se debe, por un lado, a que las parejas de estratos similares presentan una diversidad de recursos socioeconómicos ligados a trayectorias diversas y apoyos y soportes que no dependen necesariamente del barrio o del estrato donde viven, como es el caso de Mayer y Selene.
Aunque se observa cierta correspondencia en parejas jóvenes con educación superior y de estratos altos, que disfrutan de formas autónomas de tiempo libre y equidad en las tareas domésticas, como en los casos de Viviana y Rony, y Yesenia y John. Esto sugiere que el progreso en la democratización de las tareas y en compartir el tiempo en pareja es más evidente en grupos de parejas jóvenes de estratos altos.
Se aprecia el predominio de actividades de diversión por fuera del hogar al inicio de la relación, las cuales disminuyen en la actualidad. Las parejas que provienen de otras ciudades y de migraciones recientes, presentan menos actividades de sociabilidad.
La reducción del tiempo libre en la pareja está más relacionada con el ideal de cuidado, que promueve la separación de esferas y la "complementariedad", en lugar del ideal de autonomía, que favorece la negociación y el respeto de esferas diferenciadas bajo acuerdo mutuo, es decir, la "fisión".
La llegada de los hijos representa uno de los desafíos más significativos para las parejas, ya que implica una transición desde un ideal romántico hacia un enfoque centrado en el cuidado, así como el cambio de formas compartidas de disfrutar del tiempo libre a actividades segregadas.
La expectativa de la "fisión" motiva a las parejas a distinguir los tiempos de ocio de forma independiente, pero de manera negociada, respetando el tiempo de cada uno bajo la idea de autonomía e independencia. Sin embargo, la individuación asociada con este tipo de amor autónomo no siempre se relaciona con altos niveles de segregación.
Uno de los desafíos que enfrentan algunas de las parejas son el del “trabajo sin fin” (Araujo y Martuccelli, 2012), lo cual implica que algunos hombres o mujeres dedican la mayor parte de las horas del día en la realización del trabajo remunerado. Ello lleva a que las parejas compartan menos tiempo libre de manera conjunta. En el otro extremo se encuentran las parejas que tienen trabajos inestables y el resultado es el no poder disfrutar de un tiempo libre de calidad o de actividades “balance” como lo definen Zabriskie y McCormick (2001).
Aun así, las parejas realizan un “trabajo temporal” (Flaherty, 2003) sobre estos desafíos, pero emplean diversas estrategias para mejorar su disfrute. Estas incluyen la contratación de ayuda doméstica o el uso de tecnologías, como señala Gupta (2007) para para el contexto europeo, o la asistencia de familiares para obtener más tiempo libre juntos. Además, reducen las horas de trabajo y organizan agendas para equilibrar el tiempo entre el trabajo remunerado, la familia y el ocio. Estas estrategias, relacionadas con la expectativa de la fusión, buscan superar las limitaciones estructurales del tiempo libre.
Sin embargo, la forma en que los cónyuges gestionan el tiempo puede generar conflictos cuando se introducen otros ideales que promueven la autonomía y la reflexividad. Estos ideales pueden cuestionar la separación de las actividades de ocio y dar lugar a expectativas de fusión o separación en el uso del tiempo libre, lo que puede generar tensiones en la pareja. Como lo vimos en los casos de Eglantine y Marcel, o el de la fusión y la separación de esferas como en Lina y Arturo o Deybi y Marcial.
De tal manera que, para algunas parejas negras residentes en Cali, el tiempo de ocio compartido, que lo tomamos como indicador del tiempo de la pareja, queda en un segundo plano como muestra de la legitimidad que se le otorga al trabajo remunerado y a las actividades de reproducción.














