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El Ágora U.S.B.

Print version ISSN 1657-8031

Ágora U.S.B. vol.19 no.2 Medellin July/Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.21500/16578031.3995 

Artículos de reflexión derivados de investigación

Tulio Bayer, Memoria de un revolucionario o, el surgimiento de un nuevo tipo de rebelde en Colombia1

Tulio Bayer, Memory of a Revolutionary or the Emergence of a New Type of Rebel in Colombia

Álvaro Acevedo-Tarazona1  , Emilio Lagos-Cortés2 

1 Historiador y magíster en Historia de la Universidad Industrial de Santander. Especialista en Filosofía de la Universidad de Antioquia. Doctor en Historia de la Universidad de Huelva, España. Especialista en Docencia en Historia y Cultura de América Latina de la Universidad Pablo de Olavide, España. Magíster en Historia de América: De la Ilustración al Mundo Contemporáneo de la Universidad Pablo de Olavide, España. Postdoctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Profesor Titular de la Universidad Industrial de Santander. Director del Grupo de Investigación Políticas, Sociabilidades y Representaciones Histórico-Educativas (PSORHE). Bucaramanga, Santander, Colombia. Orcid: http//orcid.org/0000-0002-3563-9213. Google Scholar: Índice h: 11; Índice i10: 13. Contacto: acetara@uis.edu.co; tarazona20@gmail.com.

2 Abogado de la Universidad Industrial de Santander. Candidato a magister en Historia de la Universidad Industrial de Santander. Miembro del Grupo de Investigación Políticas, Sociabilidades y Representaciones Histórico-Educativas (PSORHE). Bucaramanga, Santander, Colombia. Orcid: https://orcid.org/0000-0001-6568-9388. Google Scholar: Índice H5: 0. Contacto: emiliolagos79@hotmail.com

Resumen

Entre 1959 y 1964 operaron grupos de guerrilleros colombianos que fueron estimulados por el triunfo de la Revolución cubana, estos serían antecesores de las guerrillas que luego de 1964 se consolidaron en el país; con ellos se inició una nueva etapa de la violencia en la que el protagonismo lo asumieron jóvenes estudiantes y profesionales que buscaban trasformar la estructura de la sociedad para superar la desigualdad social. Entre ellos destaca la figura de Tulio Bayer Jaramillo, cuya trayectoria vital ejemplifica la de los jóvenes de su generación que vieron la lucha armada como el mecanismo para hacer la revolución.

Palabras-clave: Estudiante; insurgencia colombiana; Guerrilla; Literatura; Revolución

Abstract

Between 1959 and 1964, groups of Colombian guerrilla people were operated, who were stimulated by the triumph of the Cuban Revolution. These would be the ancestors of the guerrilla groups that after 1964 were consolidated in the country. With them, a new stage of violence began in which young students and professionals, who sought to transform the structure of society, in order to overcome social inequality, assumed the protagonism. Among them, is the figure of Tulio Bayer Jaramillo, whose vital trajectory exemplifies that of the young people of his generation, who saw the armed struggle as the mechanism to make the revolution.

Key words: Student; Colombian Insurgency; Guerrilla Forces; Literature; and Revolution

Introducción

El presente artículo se ocupa del periplo vital de Tulio Bayer como figura icónica del joven intelectual colombiano, estudiante o profesional, que impactado por la ola revolucionaria que recorrió toda América Latina como consecuencia de la Revolución cubana, se vinculó sin reservas a una guerra revolucionaria que terminaría por devorarle.

Es un hecho aceptado que el triunfo de la Revolución cubana en 1959 tuvo un significativo impacto en la historia de América Latina (Rojas, 2015, p.10). Una de las formas en que ese impacto se expresó fue el surgimiento en varios países de decenas de organizaciones guerrilleras que se propusieron reeditar en sus países la interpretación de la experiencia cubana en la que un reducido grupo de guerrilleros, muchos de ellos jóvenes intelectuales, logró levantar a todo un pueblo para derrotar a una dictadura que se sostenía gracias al apoyo de las fuerzas militares y de policía. Los años sesenta y setenta en América Latina se caracterizaron por la presencia de distintas organizaciones guerrilleras que tenían como proyecto político la construcción del socialismo como respuesta a las desigualdades abismales características de los países latinoamericanos. Estas guerrillas tuvieron distintos destinos. Unas fueron rápidamente destruidas por los ejércitos de sus países, sus miembros murieron, unos en combate, otros bajo la tortura y la ejecución sumaria. Otras fueron dispersadas y sus sobrevivientes posteriormente se vincularon a nuevas organizaciones subversivas. Unas pocas lograron consolidarse y sobrevivir por décadas, como fue el caso de las guerrillas colombianas.

Entre 1962 y 1964 Colombia vivió la formación de una organización guerrillera de carácter socialista que logró consolidarse y mantenerse en pie de lucha durante décadas, el autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización guerrillera cuya historia tiene relación significativa con la Revolución cubana; su fundación se debe a un grupo de jóvenes estudiantes que en 1962 viajaron a la isla mediante becas estudiantiles que la revolución otorgó a jóvenes de diferentes países de Latinoamérica (Arenas, 1971, p. 15-16). Estos jóvenes recibieron entrenamiento militar en Cuba para el desarrollo de la guerra de guerrillas. A su regreso a Colombia crearon el ELN, y desde el 7 de enero de 1965 libran una lucha guerrillera contra el Estado colombiano. Su primer comandante en jefe, Fabio Vásquez Castaño, retirado de la guerrilla desde 1974, hoy vive en el anonimato en Cuba.2

Pero antes de que se formara el ELN, la Revolución cubana estimuló con su ejemplo a varios jóvenes intelectuales colombianos, parte de un fenómeno que se extendió por toda Latinoamérica, que soñaron con la idea romántica de una revolución en la que la juventud educada se ponía al frente de la lucha de su pueblo para destruir el injusto sistema social existente en Colombia y construir uno más justo según el modelo socialista, en el que no había cabida para que unos pocos se enriquecieran al costo de la miseria de la mayoría de sus connacionales. De esa manera muchos estudiantes y jóvenes profesionales, llenos de idealismo y sin ninguna preparación ni habilidad militares, cambiaron sus sitios de estudio y de trabajo por la clandestinidad y la lucha guerrillera en el campo.

Tulio Bayer, ícono de rebeldía

Precisamente, para Tulio Bayer, su actuación se justificaba en su convicción de que “los profesionales colombianos tenemos que asumir una posición ante el destino de nuestro pueblo” (Bayer, 1977, p.13). Bayer daba por sentado que se debía ser rebelde en una sociedad en la que la mayoría de los profesionales estaban alienados filosóficamente, hacían suyas las verdades y motivos de la gran prensa y trabajaban para “el hampa que nos gobierna” (Ángel, 2013 p.2-4). La mayoría de estos jóvenes rebeldes terminarían muertos en las selvas, en combates con militares y policías colombianos. Entre ellos destacan los nombres de Federico Arango Fonnegra, posgraduado en Estados Unidos, muerto el 15 de septiembre de 1963, quien fue abatido en el Territorio Vásquez, en el Magdalena Medio boyacense, por tropas al mando del coronel José Joaquín Matallana (Ángel, p. 2-4); Antonio Larrota, santandereano, fundador del Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (MOEC), organización creadora de las primeras guerrillas marxistas en Colombia (Acevedo, 2016, pp.151-152) y Tulio Bayer Jaramillo, médico de la Universidad de Antioquia, posgraduado de la Universidad de Harvard, escritor, traductor de francés e inglés, revolucionario y, principalmente, crítico indoblegable de la injusticia social.

La existencia de Tulio Bayer comenzó el 18 de enero de 1924 en Ríosucio, Caldas. Nacido en una familia conservadora, la suma de las experiencias vividas lo empujó sin demora al bando de los inconformes, y rápidamente asumió posiciones liberales y posteriormente revolucionarias. De sus posiciones rebeldes decía: “Han sido pues los oligarcas, los gobernantes, los industriales, y los políticos que he conocido los que me han hecho revolucionario, mucho más que las lecturas de Marx, de Engels, de Mao Tse Tung, de Fidel Castro y del Ché Guevara” (Bayer, 1977, p.13).

Bayer era excesivamente alto, medía casi dos metros de altura. Su lugar de crianza fue la conservadora ciudad de Manizales en donde pronto tuvo conflictos con la reinante mentalidad religiosa, propia de una pequeña ciudad colombiana de comienzos del siglo pasado, dominada por curas y caciques políticos. Afirmaba que en cada pueblo o ciudad de Colombia dominaba una camarilla de poderosos, provincianos o de ciudad, que engañaban y explotaban a la gente. En Bayer es más evidente, puesto que la plasmó abiertamente en sus escritos, la ruptura que parte de su generación tuvo ante la moral social de su época, dominada por la Iglesia católica y por los medios de comunicación de filiación partidaria.

Se graduó en Medicina en la Universidad de Antioquia en 1950. Trabajó como médico del Ejército en Anorí y Dabeiba, en el proyecto de la construcción de la carretera al mar, al norte de Antioquia, que abriría una vía entre Medellín y el Urabá Antioqueño. En aquella época el Urabá era una zona selvática, con diversas poblaciones indígenas, en la que avanzaba el proceso de colonización en torno a la carretera que se construía, vía que debería conectar con Turbo, dándole una salida al mar a la capital antioqueña, hasta entonces confinada entre agrestes montañas.

La región entera padecía el abandono estatal, acrecentado por la violencia entre liberales y conservadores, que por la época golpeaba su territorio, al punto que había poblaciones en las que un partido se había impuesto sobre el otro hasta eliminar casi completamente a los habitantes de filiación política contraria (Bayer, 1960). Allí pronto entró en conflicto con sus superiores, ya que se negaba a certificar muertes por malaria, cuando se trataba de campesinos asesinados a tiros por la espalda. También chocó con los intereses de los comerciantes locales quienes estaban acostumbrados a dar una comisión al médico de turno a cambio de que recetara los medicamentos ofrecidos por aquellos, práctica a la que Bayer se opuso tajantemente. También fue profesor universitario, en 1954 ejerció la cátedra de Física médica en la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Caldas hasta su destitución luego de escribir un artículo periodístico con el gobierno del general Rojas Pinilla. Luego el gobernador de Caldas le ofreció la Secretaría de Salud Pública de Manizales, de la cual fue destituido al denunciar irregularidades administrativas, adelantar campañas de salud pública y combatir privilegios. Allí denunció públicamente el escándalo de leche que se adulteraba mezclándola con agua para aumentar la cantidad que se vendía, negocio en el que vinculaba a importantes personalidades de la ciudad incluyendo familiares del alcalde (Díaz, 2015).

En Manizales aprendió inglés con una profesora norteamericana de nombre Claudia Lightner. Posteriormente estudió Farmacología en la Harvard Medical School, usando un préstamo facilitado por el Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex). A su regreso fue a Putumayo y trabajó como médico en Puerto Leguízamo, donde, en claro desafío a la moral y mojigatería de la época, se casó con una prostituta, quien se hacía llamar Josefina Butler, unión que no duró mucho tiempo. Tiempo después viajó a Bogotá para vincularse como director científico de Laboratorios CUP, de donde fue despedido al descubrir y denunciar adulteraciones de los medicamentos que se vendían, en los cuales no se usaban los componentes que debían contener, de manera que era imposible que tuvieran el efecto que se esperaba de ellos; todo con conocimiento y favorecimiento de las autoridades estatales que supuestamente debían controlar la correcta fabricación y comercio de los medicamentos en Colombia (Bueno, 2008, p.165).

Los pasajes de la vida de Tulio Bayer acabados de narrar, muestran a un individuo en permanente conflicto con sus superiores, y escapando hacia nuevos espacios en busca de un lugar en el que su práctica médica pudiera darse en función de la finalidad de su profesión: un médico atendiendo a los enfermos sin interesarse por el lucro económico, en abierto rechazo a la conducta que observaba en muchos de sus colegas y en la que Bayer veía servilismo hacia los intereses dominantes, fueran los del comerciante o los del líder político local.

En Puerto Carreño (Vichada), región selvática del sur del país, atendió un puesto de salud por unos meses, luego se refugió en una casa al pie del cerro y escribió Carretera al mar, novela que se desarrolla en Urabá, en la época en que se construía la carretera que comunicaría a Medellín con este territorio del país; en este libro plasmó su experiencia del año rural obligatorio antes de graduarse como médico. Unas tías suyas financiaron la publicación del libro en 1960. De Puerto Carreño pasó a Puerto Ayacucho, Venezuela, en 1961, en donde atendió a los indios enfermos. En ese poblado actuó en calidad de cónsul ad honórem de Colombia, allí logró dotar de documentos a muchos colombianos indocumentados, y se casó con la venezolana Amira Pérez Amaral, quien lo acompañaría hasta sus últimos días. De su cargo de cónsul fue destituido luego de enfrentarse al comisario durante una visita del ministro de Gobierno a la región, a quien le reclamó por el abandono estatal de la región.

El alzamiento en el Vichada

Con el nombre de alzamiento en el Vichada, se conoce a una efímera experiencia guerrillera que se dio entre los últimos meses de 1961 y los primeros de 1962. Tulio Bayer hizo contacto con Rosendo Colmenares, alias “Minuto”, veterano de las guerrillas liberales, quien tenía un grupo guerrillero en Santa Rita, en la comisaría del Vichada, al que Bayer se unió en calidad de jefe político. De este alzamiento armado da cuenta un libro de memorias escrito por el general Álvaro Valencia Tovar (1992, p.371-393). La comisaría del Vichada en los años sesenta era un territorio aislado, ejemplo del abandono del Estado colombiano, con poca o nula inversión en infraestructura de comunicaciones y en servicios esenciales como educación y salud; las principales rutas de comunicación para los locales eran los cursos de los ríos. Geográficamente la región comparte límites fronterizos con Venezuela y Brasil, factor que facilitaba el contrabando de mercancías y de armas. Ubicado en zona de frontera y colonización, lejos de los principales centros poblacionales del país, con una escasa población dispersa en extensas llanuras salpicadas por frecuentes manchas de selva tropical, el Vichada por décadas había conocido la extracción del caucho mediante técnicas de explotación económica precapitalistas que abusaban de la población indígena. Adicionalmente, la región sufrió los estragos de la violencia partidaria en los años cincuenta, de la que aún quedaban remanentes.

Para Valencia Tovar, “el vacío de autoridad y la total ausencia del Estado propiciaban la actividad del foco subversivo” (Valencia, 2009, p. 35). Esas mismas tierras fueron teatro de operaciones militares de las guerrillas liberales hasta su desmovilización en virtud de la amnistía decretada por Gustavo Rojas Pinilla, por ello la región era lugar de asentamiento de varios exguerrilleros, entre ellos Rosendo Colmenares, segundo de Eduardo Franco Isaza, jefe guerrillero que no se acogió a la amnistía. Hacia inicios de septiembre de 1961 la inteligencia militar había detectado la existencia de un grupo revolucionario, al parecer de inspiración castrista. Por ello establecieron un puesto de Infantería de Marina en el pequeño caserío de Santa Rita, en el margen izquierdo del río Vichada. Santa Rita era la segunda población de la comisaría del Vichada, contaba con una población de quinientos colonos más el doble o triple de indígenas que trabajaban para aquellos (Díaz, 2013, p.84).

Vale aclarar que, durante la vigencia de la Constitución de 1886, en Colombia se otorgaba la condición de departamento a las entidades territoriales que superaran los 200.000 habitantes. Las regiones de frontera del norte, oriente y sur del país, alejadas y despoblabas, denominadas territorios nacionales, se dividían en intendencias y comisarias. La Constitución de 1991 anuló esta división y otorgó la condición de departamentos a las antiguas intendencias y comisarías.

En el puesto militar estaban un subteniente, un cabo y quince infantes de marina. Se había descartado la presencia de la Policía y el Ejército debido a la reticencia que despertaban en la población por su accionar cuando se habían enfrentado a las guerrillas liberales; la prioridad estatal era acercarse a la comunidad. Los insurgentes explotando el interés que tenían los militares por acercarse a la comunidad, lograron engañar al subteniente y lo hicieron ir junto con su tropa, todos desarmados, a una reunión, allí los capturaron y luego robaron sus armas, que habían sido dejadas en el lugar de alojamiento de los militares.

Un aspecto importante del alzamiento en el Vichada es que se dio en el marco de la estrategia de expansión del Movimiento Estudiantil Obrero y Campesino (MOEC), movimiento revolucionario inspirado en buena medida por el triunfo de la Revolución cubana, que en 1960 se había propuesto abrir varios frentes guerrilleros en el país (Villamizar, 2017, p.200). El MOEC apareció en 1959 como fuerza política que le disputaba el tradicional rol de liderazgo que jugaba el Partido Comunista en la izquierda colombiana (Díaz, 2010, p.12). En desarrollo de esta estrategia, en las regiones del Valle del Cauca, Antioquia y los Llanos Orientales, los miembros del MOEC y sus aliados desarrollaron breves aventuras guerrilleras en los primeros años de la década del sesenta (Ugarriza y Pabón, 2017, p.79). Este aspecto cobijó a gran parte de los jóvenes revolucionarios de inicios de los sesenta; en el MOEC militaron los miembros de los primeros focos guerrilleros socialistas, y varios de los futuros integrantes del ELN, entre ellos, Julio César Cortés, Alonso Ojeda Awad, Raimundo Cruz, Evelio Loaiza y María Teresa Amaya (Hernández, 2006, p.19). La organización jerárquica de la guerrilla en Vichada es descrita por Valencia Tovar:

El mando de la rebelión tenía a Rosendo Colmenares como jefe, al médico manizaleño Tulio Bayer como ideólogo y cabeza política, a Leonidas Castañeda, miembro del Partido Comunista en calidad de secretario, una columna al mando de Flavio Barney, reservista del Ejército y de su hermano Eduardo, otra a órdenes de Alfredo Marín y su hermano Julio, además de un grupo dirigente del MOEC (Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino, castrista, de reciente formación en el Valle del Cauca) (Valencia, 1992, p.373).

Contra la amenaza guerrillera en Vichada, el Estado reaccionó con una operación militar denominada Plan Ariete, enfocada en ocupar los puntos críticos del territorio para controlar el área, tales como ríos, zonas de poblamiento y caseríos. Al frente de la operación militar se nombró al coronel Valencia Tovar, procedente del Eje Cafetero, en donde obtuvo éxitos combatiendo a los llamados bandoleros, rezagos de la violencia partidista de la década anterior. Uno de sus éxitos más notables fue la neutralización del grupo rebelde del famoso bandolero conocido como “Capitán Venganza”, alias de Medardo Trejos Ladino.

En Colombia se denomina La Violencia al enfrentamiento entre liberales y conservadores que se produjo desde el retorno del Partido Conservador al poder en 1946, periodo en que se agudizó tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948, y se extendió hasta que se selló la paz entre los Partidos Liberal y Conservador mediante el acuerdo político denominado Frente Nacional en 1957. A su vez, el llamado bandolerismo consistió en la pervivencia de grupos remanentes de las guerrillas liberales y bandas conservadoras que no se desmovilizaron ni se acogieron a la paz; quedaron como pequeños grupos aislados, sin orientación política, pero que controlaban ciertos feudos en los que imponían su ley, extorsionaban, robaban y servían a quienes pudieran contratarlos, principalmente terratenientes y caciques políticos locales; en ciertos casos desarrollaron una capacidad militar tal que les permitió asestar fuertes golpes al Ejército. Su existencia se extendió hasta mediados de los años sesenta del siglo pasado.

Para evitar que los militares llegaran en un desembarco aéreo hasta la pista de Santa Rita, los guerrilleros hicieron zanjas y fue obstruida con tambores llenos de arena; antes habían dado permiso para que un avión evacuara a los infantes de marina a los que les habían robado las armas; Bayer escribiría después que está fue la primera ocasión en la que en Colombia se liberaba a soldados capturados en medio de una guerra de guerrillas (Bayer, 1977, p.208). Por ello la ocupación del área se dio mediante cinco aviones C-47 que desembarcaron a los militares en un banco de sabana cerca de Santa Rita, que fue ocupada sin resistencia el domingo 8 de octubre de 1961. Las acciones guerrilleras durante el levantamiento del Vichada se limitaron al robo de las armas de los infantes de marina en Santa Rita, una emboscada a un camión militar en la zona de Cumaribo en donde mataron a un médico civil del Ejército y dejaron a tres militares heridos, y la toma de Puerto López, en el Meta, el 28 de octubre de 1961, la cual resultó ser “la primera toma militar a una población por parte de un grupo armado en el país, en el contexto de la Revolución Cubana” (Díaz, 2013, p.93). La acción militar logró aislar a los guerrilleros de sus fuentes de aprovisionamiento y colaboradores, obligándolos a deambular por la selva, sin provisiones y bajo el acoso militar, divididos en varios grupos. A comienzos de diciembre, Bayer fue detenido por una patrulla de la base de Guacamayas; se encontraba harapiento, rezagado, con los pies sangrantes, hambriento y destrozado anímicamente.

En enero de 1962 continuaron las operaciones militares contra las guerrillas, fueron ocupados varios campamentos y capturado personal insurgente. La guerrilla se dividió en varios grupos; varios guerrilleros fueron capturados, uno muerto, otros enterraron las armas y se dispersaron.

El del Vichada fue uno entre muchos alzamientos de grupos armados, pero se le concedió importancia política en razón al prestigio y reconocimiento que tenía la figura del médico manizaleño; por eso el gobierno buscó neutralizarlo rápidamente, pues temía que en las vacaciones estudiantiles algunos jóvenes radicalizados fueran atraídos por la figura de Tulio Bayer. Valencia Tovar es claro en ello:

Bayer en términos militares no representaba nada. Pero en el ámbito de esa guerra peculiar y distante de la ortodoxia bélica que es la revolución violenta y no convencional, era a la vez símbolo ideológico y fuerza política. La presencia de Bayer, con sus antecedentes de médico social y su potencial como líder, condición que se realzaba por su físico gigantesco, aspecto que todos notaban a primera vista, había sido la razón de la importancia que el país le concedió a la sublevación del Vichada (Valencia, 1992, p.386).

Otro elemento que explica la atención dada al grupo guerrillero levantado en Vichada es que este territorio fue incluido en las llamadas “Repúblicas Independientes”, que entre el 29 y 30 de noviembre de 1961 fueron denunciadas en un debate parlamentario del senador Álvaro Gómez Hurtado a las que definió como “…reductos inaccesibles para el Estado donde, afirmaba, existían gobiernos que imponían sus condiciones e implantaban su propia ley” (Valencia, 1992, p.380).

El ocaso de un rebelde

Después de su captura Bayer fue trasladado a la Cárcel Modelo de Bogotá. Allí pasó dos largos años que lo radicalizaron aún más, reafirmando su convicción de que en un país como Colombia los poderosos disfrutaban de impunidad, en tanto que los colombianos del común llenaban las cárceles, a las que los arrojaban en calidad de despojos de la sociedad. Meses después, al levantarse el estado de sitio, el expediente pasó a la justicia ordinaria, y Bayer y otros sindicados quedaron en libertad. Luego de ser puesto en libertad, Tulio Bayer intentó establecer un nuevo foco guerrillero en la Sierra Nevada de Santa Marta, el que rápidamente fue desmantelado por el Ejército; la paranoia de la persecución expresada en rumores de prensa que lo vinculaban con nuevos hechos violentos ocurridos después de su puesta en libertad, lo empujó a pedir asilo en la Embajada de México en Bogotá.

Exilado en Ciudad de México logró trabajar con visa de residente. Después viajó a La Habana, en donde se entrevistó con el Che Guevara y con Fidel Castro, a quienes les pidió financiación para la revolución colombiana. No obstante, pronto tuvo conflictos con los cubanos porque denunció que en Cuba se despilfarraban antibióticos; esto le llevó a ser expulsado de la isla. Además de lo señalado, su conflicto con los cubanos se fundamenta en la posición de Bayer que sostiene que estos pretendían usar la guerrilla en Colombia como una patrulla que defendería los intereses de la isla caribeña antes que desarrollar una revolución para su país (Bueno, 2008, p. 434).

Luego de sus diferencias con los cubanos, Bayer terminó en París, lugar de su exilio definitivo, a donde llegó en 1967; vivió el Mayo Francés de 1968, participó de nuevos debates y movimientos como el ambientalista y la lucha contra la amenaza nuclear, y fue activo en las denuncias frente a las violaciones a los derechos humanos que se dieron en Colombia bajo el gobierno del presidente Julio César Turbay y su Estatuto de Seguridad.

En París se radicó definitivamente, protegido en calidad de refugiado político, trabajando como médico y como traductor. En 1968 publicó Carta abierta a un analfabeta político, su manifiesto político, uno de los cuatro libros que escribió, y en el que explicó su posición política. En su exilio parisino logró cierta comodidad, y un empleo que con el tiempo le permitió vivir holgadamente, aunque nunca dejó de sentirse un exilado con deseos de regresar a su país: “el destierro en Francia me ha enriquecido en conocimientos y en experiencias vitales. Lo trágico es que no podamos volver, como es debido: triunfalmente” (Bayer, 2014), escribía en 1982 en carta a uno de sus amigos en Colombia. Bayer murió en París el 27 de junio de 1982, a los 58 años. Sus cenizas, según su voluntad, expresada antes de morir, fueron lanzadas al viento por su esposa desde un risco de los montes Pirineos (Páez, 2017).

A su muerte, Valencia Tovar, con quien se carteó continuamente durante su exilio en París, lo evaluó así: “Bayer era expresión genuina del inadaptado conflictivo. Inteligente, desmesurado en su interminable y huesuda largura cercana a los dos metros, manos y brazos de longitud desproporcionada, ojos saltados, humor ácido, léxico abundoso en palabrotas y frases cortantes de agresivo cinismo” (Valencia, 1992, p.387).

Una valoración de Tulio Bayer

Un rasgo dominante en la personalidad de Bayer fue su inconformismo y rebeldía que lo llevó a chocar directamente con aquello que consideraba incorrecto. Esto se evidenció incluso en su relación con sus compañeros de guerrilla. Valencia Tovar señala que en sus conversaciones cuando Bayer estaba prisionero, tenía un juicio negativo de sus compañeros en la guerrilla, “se expresaba de la guerrilla con ira, decepción y desprecio. Los jefes no eran para él sino aventureros encubiertos con antifaces revolucionarios” (Valencia, 1992, p.387). Este rasgo de carácter es claro en su enfrentamiento con sus superiores cuando fue médico del Ejército en Urabá, cuando se enfrentó a sus jefes en el laboratorio de fármacos, en la Secretaría de Salud de Antioquia, o con los cubanos. Incluso con las editoriales entraba en conflictos en razón de la demora o negativa a la publicación de sus libros, en tanto que permanecía atado a las mismas por contratos que, según él, beneficiaban al editor en detrimento del autor (Bayer, 1977, p.9).

Esto podría explicarse de manera simplista mediante el calificativo de inadaptado o rebelde sin causa que muchos le han atribuido. Una explicación más profunda está en su negativa a aceptar prácticas corruptas establecidas, en las que el subalterno calla o cierra los ojos para no traerse problemas. Frente a los cubanos, su relación conflictiva podría explicarse en el hecho de que Bayer criticaba lo que veía mal y no podía aceptar que las guerrillas colombianas se sometieran a la voluntad de alguna fuerza extranjera. Este carácter de inconformidad fue señalado adecuadamente en el perfil que con ocasión de su muerte publicó la revista Semana: “Descuidado, con los ojos siempre saltones, fumando una pipa que se apagaba a cada instante […], pobre, olvidado totalmente por su país, acompañado siempre por una robusta mestiza que un día encontrara a orillas del Orinoco, su imagen era -y con ella moriríala del eterno y amargo e irremediable inconforme” (Semana, 1982). Gustavo Páez Escobar escribió después de su muerte: “No me cabe duda de que Tulio Bayer fue un gran patriota. Sentía el dolor de Patria. Se equivocó de caminos. Pero no de objetivos. Su vida es un enigma difícil de descifrar […] Hombre inquieto, fogoso, tenaz, sentimental, nunca desfalleció en sus principios. Es, por tanto, una vida admirable, aunque infortunada” (Páez, 1982).

Bayer decía de sí mismo: “Soy pues […] Un revolucionario de tiempo completo; como tal espero la muerte violenta y no de unas várices hemorroidales rotas […] Esto es ya una ventaja, un honor, una muerte que me parece bella” (Bayer, 1977, p.22). Paradójicamente el destino de Bayer fue diferente al de muchos otros jóvenes revolucionarios de la época que compartieron su actitud ante la vida y la lucha guerrillera, que sacrificaron sus vidas a la causa de la revolución, bien fuera en combate frente a los militares o, en no pocas ocasiones, fusilados a manos de sus compañeros de lucha guerrillera, quienes de esa manera solucionaban sus diferencias internas (Castro, 1996, p.45). A Bayer la muerte lo alcanzaría en París a una edad avanzada, como consecuencia de una salud que se deterioraba progresivamente. No obstante, su romanticismo y sus vivencias lo llevaron en sus años maduros a juzgar críticamente la idea de que pequeños focos guerrilleros formados por jóvenes estudiantes pudieran tomar el poder en Colombia:

[…] aborrezco los objetivos inútiles, las chapucerías. Y esto me parece enfrentar a un Ejército moderno con un foquito de 20 guerrilleros, casi todos estudiantes, reclutas por así decirlo. Fabito cree en la moral de sus hombres y ello es cierto. Pero se equivoca al creer a pie juntillas lo que dice Fidel: que los otros soldaditos no tienen moral. Lo malo es que si la tienen, creen en la bandera, en la patria, en el honor, en la religión y les han enseñado que todos nosotros somos bandidos, marihuaneros, degenerados y salvajes comunistas. Mueren encomendándose a la Virgen del Carmen, los más sensitivos, y dando plomo como fiera la gran mayoría (Bueno, 2008, p. 434).

La figura de Tulio Bayer se torna icónica de parte de una generación de jóvenes que en los años sesenta, bajo un conjunto de influencias, entre ellas, la Revolución cubana y el proceso de urbanización acelerada que vivía el país, trajo a la escena política colombiana a un nuevo tipo de guerrillero: uno joven, educado, inspirado en la lucha por el socialismo, que rompía con la moral social de su tiempo, dominada por el catolicismo, y abandonaba el camino de ascenso social que la educación le brindaba, para lanzarse a una guerra que buscaba destruir la desigual sociedad burguesa de su tiempo. Paradójicamente, como ya se señaló, mientras que la mayoría de jóvenes que se lanzaron a esa aventura murieron en ella, Tulio Bayer falleció de muerte natural, a sus 58 años, en su apartamento de exilado en París.

Bayer en el mundo literario

Al margen de lo que se piense de él, Bayer es un personaje que ha alcanzado importante trascendencia en el mundo del libro; aunque desconocido por el público en general, tiene un espacio importante en la literatura colombiana. Existen cuatro libros escritos por la pluma de Bayer: Carretera al mar, novela que trascurre en los años cincuenta mientras se construía la carretera que comunica a Medellín con el Urabá antioqueño; Gancho ciego: 365 noches y una misa en la Cárcel Modelo de Bogotá (Bayer, 1978), en el que relata su experiencia en la prisión luego de su aventura guerrillera en Vichada; San Bar, vestal y contratista (Bayer, 1978), biografía del obispo que fue rector del colegio en que Bayer estudió su bachillerato y que se constituye en un ataque demoledor a la moral católica de su tiempo; y Carta abierta a un analfabeta político, libro de tinte autobiográfico en el que da cuenta de sus convicciones y luchas políticas.

A sus libros se suma lo que otros han escrito con base en la vida de Tulio Bayer. Su biografía fue redactada por Carlos Bueno Osorio con el título de Tulio Bayer, solo contra todos; la novela Uisheda, escrita por Valencia Tovar, novelización de los sucesos de Vichada (Valencia, 2009, p. 83), tiene un personaje que es médico y termina atrapado por la vorágine de la violencia política, en claro parangón a la vida de Bayer; su vida también fue recreada por Jaime Restrepo Cuartas en la novela La guerra en todas partes; el médico Emilio Soto, personaje central de la novela Ráfagas de silencio, de Gustavo Páez Escobar recrea a Tulio Bayer durante sus días como médico de un poblado en la selva de Putumayo, lugar donde Bayer y Páez Escobar fueron contertulios y amigos; Bayer también es personaje principal del libro de cuentos Un águila sobre la aldea, de Carlos Eduardo Marín Ocampo; en la novela Bulevar de los héroes, Eduardo García Aguilar narra la vida del “loco” Petronio Rincón, manizalita que quiso establecer el reino de la felicidad en una República de los Andes, antes de terminar exiliado en París, una vez más rememorando a Tulio Bayer.

También existen varios trabajos académicos que estudian los procesos sociales de los que Bayer fue protagonista. Entre estos se destacan el de José Abelardo Díaz sobre el origen del MOEC, al que señala como primordial en el surgimiento de la nueva izquierda en Colombia, una serie de agrupaciones políticas que, inspiradas por la Revolución cubana, se apartaron de la tradicional lucha electorera de la izquierda, y optaron por la lucha armada como estrategia para la toma del poder político (Díaz, 2010, p.10); y el de Ricardo Franco Mendoza, sobre la misma organización, en el que argumenta que en la mencionada organización se encuentra el origen de la guerrilla revolucionaria en Colombia, es decir, la guerrilla que lucha ya no desde posiciones partidarias que enfrentan a liberales y conservadores, sino desde la posición del socialismo que se propone la trasformación radical de la estructura de la sociedad colombiana (Franco, 2012).

La figura de Tulio Bayer desborda las fronteras colombianas. También hace parte de la memoria popular de la izquierda venezolana que estuvo vinculada a las guerrillas que durante los años sesenta y setentas del siglo pasado operaron a ambos lados de la frontera entre los dos países. Fruto Vivas, arquitecto venezolano, miembro del Partido Comunista de Venezuela, partícipe de las guerrillas en su país, relata que conoció a Tulio Bayer mientras llevaba a cabo su guerra revolucionaria en los llanos que se ubican en la región del Arauca colombiano (Vivas, 2008, p.42-44). En su relato el personaje de Tulio Bayer alcanza niveles heroicos, es el organizador de una unidad guerrillera en una población colombiana a orillas del río Orinoco, estableciendo su campamento al lado de la pista del poblado. Después de escribir una proclama en la que declaran la guerra al Ejército colombiano, este envía una tropa que aterriza en la pista que controlan los guerrilleros, la mayoría de ellos indígenas. Al aterrizar el avión, Tulio Bayer, micrófono en mano advierte a los militares que la pista está minada y todos pueden morir en caso de que él decida activar un radiocontrol, exigiendo así su rendición. La entrega de los militares se da rápidamente luego de conversaciones entre Tulio y el capitán que comanda la tropa, a la que se le permite regresar en el avión sin sus armas. Posteriormente el relato de Fruto Vivas ubica a Bayer en Cuba, en donde trabaja como médico, y se encuentra bajo la protección de la inteligencia cubana luego de la derrota de su alzamiento guerrillero en Colombia. Este relato es interesante porque presenta a un Bayer sobredimensionado, mostrándolo como un jefe militar audaz, ubicándolo en lugares diferentes de aquellos en donde actuó, describiendo circunstancias diferentes a las aceptadas históricamente, es decir, es la expresión del hombre que se ha convertido en mito popular y pasa a la cultura popular con rasgos diferentes a los que realmente tuvo.

Conclusiones

De lo expuesto surgen los siguientes interrogantes: ¿Qué fue Tulio Bayer? ¿Un gran revolucionario? ¿Un inadaptado? ¿Un ingenuo utilizado por las guerrillas y el comunismo internacional? ¿Un fracasado? La respuesta más adecuada puede ser que fue un poco de todo lo anterior. Políticamente fue y sigue siendo un símbolo, un rebelde ante la injusticia social, un revolucionario que trató de cambiar el mundo. Fracasó en la guerra revolucionaria porque, en general, los intelectuales y románticos no están preparados para librarla, menos los de los años sesenta, que apenas se iniciaban en esas prácticas. Fracasó como ha fracasado la mayoría de quienes han intentado cambiar el mundo de manera radical. Murió desencantado en su exilio en París, tan desencantado y amargado como terminan todos aquellos a quienes el éxito les es esquivo y deben resignarse a una existencia contraria a sus grandes proyectos trasformadores.

En suma, Bayer tenía un temperamento crítico formidable, sin contemplaciones. Su verbo era cáustico, hablaba sin temor a molestar, incluso a otros que se decían revolucionarios, como cuando criticaba el latifundio improductivo señalando que muchos de ellos eran propiedad de miembros del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) (Bayer, 1977, p. 31). En este aspecto antecedió a otros jóvenes revolucionarios que observando conductas que no podían aceptar al interior de sus organizaciones, las criticaron abiertamente, con la diferencia de que resultaron atrapados en contradicciones internas que se resolvieron mediante sus fusilamientos. Tales fueron los casos de, entre otros, Jaime Arenas y Víctor Medina Morón, jóvenes dirigentes estudiantiles de la Universidad Industrial de Santander (UIS), que, bajo la influencia de la Revolución cubana se unieron a las filas guerrilleras del ELN, y, al no poder adaptarse a la disciplina política y militar del grupo insurgente, fueron fusilados por orden de la jefatura guerrillera.

Así pues, Tulio Bayer es un exponente típico de esa generación de jóvenes revolucionarios colombianos de los años sesenta que, estimulados por la experiencia de la Revolución cubana, se lanzaron a la lucha guerrillera buscando la transformación de la sociedad colombiana. Por regla, procedían de familias que, sin ser adineradas, tenían los medios económicos que les permitieron enviar a sus hijos a las universidades colombianas, algunos se especializaron en el exterior, en sitios donde obtuvieron una cultura política que los conectó con la historia y la realidad del país, con teorías políticas que les permitieron cuestionar la sociedad, y con los procesos revolucionarios que se daban en el mundo, siendo la Revolución cubana el que más impacto tendría sobre ellos, por su cercanía geográfica y su reciente ocurrencia. Todo ello en un contexto de profunda injusticia social en el que la miseria golpeaba a la mayoría de la población en tanto que la riqueza se concentraba en sectores minoritarios, y en una tradición de resistencia que desde los tiempos coloniales recorría la historia del país hasta llegar a las recientes guerrillas liberales que hacía menos de una década se habían desmovilizado, de las que varios de sus excombatientes se unirían a las nuevas guerrillas de corte socialista.

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1Este artículo es resultado del proyecto de investigación “Una crónica de 1968 en Colombia. “Live fast, die young” financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Extensión de la Universidad Industrial de Santander.

2Recientemente se publicó una entrevista realizada en Cuba a Vásquez Castaño, la misma se puede consultar en una de las páginas web de la organización guerrillera: http://elnvoces.com/fabio-vasquez-hoy-pudiera-volver/.

Received: February 2019; Accepted: May 2019

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