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El Ágora U.S.B.

Print version ISSN 1657-8031

Ágora U.S.B. vol.19 no.2 Medellin July/Dec. 2019

http://dx.doi.org/10.21500/16578031.4391 

Artículos de reflexión derivados de investigación

¿Por qué se dice que la política es dinámica? Consideraciones en torno al Transfuguismo político como fenómeno1

Why is it said that Politics is dynamic? Considerations around Political Transfugism as a Phenomenon

Armando Estrada Villa1  , William Cerón Gonsalez2 

1 Centro de Investigaciones Sociojuridicos. Ratio Juris. Universidad Autónoma Latinoamericana. Medellín, Colombia. Contacto: aestradav@une.net.co

2 Centro de Investigaciones Sociojuridicos. Ratio Juris. Universidad Autónoma Latinoamericana. Medellín, Colombia. Contacto: magisterpolitica@yahoo.es

Resumen

En el lenguaje corriente, sobre todo en los medios de comunicación, suele afirmarse que la política es dinámica, referido más que todo a las decisiones de algunos dirigentes respecto del transfuguismo político como fenómeno. Si bien estos cambios de partido y mudanzas ideológicas le infunden dinamismo a la política, existen razones de mayor peso que la obligan a estar en febril e incesante actividad. La idea rectora de este trabajo es identificar y explicar, a partir del significado, alcance y ejercicio del poder, las causas y fundamentos de la imparable evolución de la política tanto desde la construcción teórica como desde de la práctica.

Palabras-clave: Poder; política; consenso; conflicto; político

Abstract

In ordinary language, especially in the media, it is often stated that politics is dynamic, referring mostly to the decisions of some leaders regarding political transfuguism as a phenomenon. While these party changes and ideological moves give politics dynamism, there are compelling reasons forcing it to be in feverish and incessant activity. The guiding idea of this work is to identify and to explain, from the meaning, scope, and exercise of power, the causes and foundations of the unstoppable evolution of politics, both from the theoretical construction and practice.

Key words: Power; Politics; Consensus; Conflict; and Politician

Introducción

Los medios de comunicación, con cierta sorna y menosprecio, entre la ironía y la decepción, hablan a menudo de que la política es dinámica. La razón de esta afirmación obedece a los cambios constantes que se presentan entre los actores de la actividad política. Así, por ejemplo, enemigos a muerte hasta ayer, hoy son amigos entrañables; compañeros íntimos antes, son, en la actualidad, contendientes que no se dan cuartel y se injurian a cada momento; otrora camaradas inseparables que todo lo compartían, ahora despiadados rivales que se quieren destruir.

También porque se presentan nuevas alianzas para cada elección, que implican asociaciones impensables por las serias diferencias políticas, ideológicas y hasta morales que sus socios tenían antes; porque es común encontrar aspirantes a cargos públicos que han militado en varios partidos; porque se da el caso de políticos que se matriculan en partidos contrarios a sus auténticas ideas; en fin, porque muchos políticos son de ideas frágiles y cambian al vaivén de las circunstancias buscando el sol que más alumbre.

No puede ignorarse que estas conductas contribuyen poderosamente al descrédito de la actividad política.

Al político, en uso de su libertad y como a cualquier ciudadano, le es lícito cambiar de ideas y de partido, lo que en oportunidades puede significarle un sacrificio, persecuciones, descalificaciones y hasta sufrimiento personal. El caso de la fiscal Luisa Ortega en Venezuela es bien ilustrativo. Pero ese cambio no tiene justificación y es censurable cuando se realiza por pura ambición de alcanzar y disfrutar los beneficios que ofrece el poder o cuando tiene el propósito de encontrar un mecanismo que le proporcione el incremento del propio patrimonio. Es válido cambiar cuando se cambia en defensa de unos principios y valores, por convicción, responsabilidad o por estar en desacuerdo con líneas de acción centrales de su partido o del gobierno, más no por simple utilitarismo, resentimiento, oportunismo o ventajismo, que son casi siempre las causas de la mudanza política.

Es claro que por esta razón la política es dinámica y cambiante, ligada, en general, a proteger intereses personales, y llevada a cabo con marrullería y astucia lo que la convierte en animada picaresca. Sin embargo, tienen más densidad y significado otras causas que le infunden incesante dinamismo a la política y hacen que siempre esté en movimiento. Por eso, resulta conveniente analizar porqué se presenta esta continua movilidad.

La política

La política es un producto cultural, fruto de la interrelación que se presenta entre los seres humanos. No es revelación de un ser superior ni descubrimiento de consagrados científicos. Tal como lo expresa Suárez (2003) “La política no es una entidad natural; es una actividad cultural compleja que trata de encarar los conflictos de intereses que surgen en el seno de las relaciones humanas” (p.11). Por ello, se trata de una disciplina que se ha desarrollado y continuará desarrollándose con el paso del tiempo, con el devenir histórico, que se caracteriza porque evoluciona con el trascurrir de los días, en vista de la complejidad de los problemas que debe afrontar, y es tan ubicua que puede ser distinta en cada país.

En particular, la política es una actividad difusa que no pertenece a ningún sistema político, a ninguna cultura ni a una geografía específica. Está presente en el Estado más potente y rico como en el más débil y pobre, en los congresos o parlamentos de los países y en los concejos de sus municipios, en los regímenes democráticos al igual que en las dictaduras, en las grandes urbes industrializadas y en los poblados rústicos más modestos, en una tribu primitiva como en una sociedad moderna. Es importante en el manejo estatal de los países capitalistas y no menos lo fue en los del bloque comunista; se hace en los estados laicos y también en los confesionales.

Está en acción en los regímenes presidenciales e igualmente en los parlamentarios, no se escapa a su acción el sistema de gobierno republicano ni tampoco el monárquico y tiene igual significado en los países desarrollados como en los en vía de desarrollo y la hacen los gobernantes y los que están en la oposición. Está al alcance de los jóvenes sin que sea extraña a los más viejos, hoy se permite a los hombres, como en la mayoría de estados, a las mujeres, está al alcance de todas las clases sociales y es instrumento apto para resolver los conflictos mediante la negociación o la coerción.

Además, la política constituye una dimensión fundamental, es una actividad humana que se desenvuelve en el espacio público, donde se discuten y tramitan intereses contrapuestos o valores y actitudes distintas, que tiene por finalidad tomar decisiones colectivas, regular los conflictos y organizar la marcha de la sociedad. Es la actividad pública por antonomasia y tiene como medio de actuación principalmente el poder político, que lo faculta para utilizar la fuerza, que tiene en monopolio. A la fuerza, las armas o la violencia que ostenta, une otros poderes: el económico y el ideológico; el económico, que se vale de la riqueza y de otros medios materiales en situación de escasez, y el ideológico sustentado en el saber, el conocimiento, la información y determinados códigos de conducta.

Política es una palabra polisémica, que tiene múltiples acepciones: significa cortesía y buen modo de comportarse; orientación o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad; intervención en asuntos del gobierno y negocios del Estado; estrategia o uso de unos medios para alcanzar unos fines; actividad o práctica de quienes rigen o aspiraran a regir los asuntos públicos, parentesco o afinidad familiar, y arte y ciencia de gobierno. Es tan rica la semántica de este concepto que tiene en el diccionario de la Real Academia Española doce significados. Se utiliza también como juicio de valor peyorativo o forma de desacreditar una argumentación o una postura política, pues se considera que es opuesta a lo técnico, a lo racional, a lo planeado.

Enfoques de la política

A su vez, la política es objeto de un doble enfoque según la concepción que se tenga de ella: unos la ven como una actividad cooperativa y, al contrario, otros la ven como una actividad conflictiva. Cooperativa cuando se orienta a buscar el consenso y el acuerdo y conflictiva si está basada en el conflicto y la contraposición. El conflicto es un fenómeno insuperable por ser connatural a la vida misma, que está presente en todas las relaciones humanas, hasta el punto de convertirse en parte integral de la condición humana. La democracia misma para que sea real requiere una significativa competitividad entre partidos, movimientos y personas en la lucha por conquistar el poder. Lucha que es regulada por la política, mediante la definición de los procedimientos pertinentes para definir ganadores y perdedores en el combate democrático.

En democracia, se presenta acuerdo o consenso en la adopción de las reglas que rigen el desarrollo de la competencia, pero hay desacuerdo entre los partidos e individuos que quieren acceder al poder y sobre las propuestas electorales que ponen en consideración del electorado. En política, el conflicto constituye un aspecto ineludible de la vida política, que la reflexión académica y la actividad electoral aceptan como una característica normal y necesaria y no aberrante. La democracia, por tanto, no elimina el conflicto, pero ofrece canales y métodos para solucionarlo sin violencia. Es un espacio de acuerdos para tramitar desacuerdos.

Otro enfoque interesante para observar la política ofrece una visión negativa y otra positiva. Negativa cuando se presume que es una actividad de mala fe, sospechosa, asociada a la discordia, confusión, división, manipulación, favoritismo, nepotismo, engaño, imposición y corrupción. Ligada a la envidia, la codicia, la venganza, la traición, la calumnia, la ingratitud, la deslealtad. Positiva cuando moviliza la ciudadanía para que participe en la conformación, ejercicio y control del poder político, también al momento de producir movimientos de solidaridad y cooperación. En este sentido se asocia a conceptos como libertad, justicia, paz, igualdad, seguridad, bien común, democracia, diálogo, deliberación, entre otros. De allí la paradoja que envuelve la política, pues tiene capacidad de originar los sentimientos más nobles y los comportamientos más valientes y también capacidad para impulsar los instintos más ruines y ofensivos y las conductas más pervertidas.

Significado y alcance de la política

La política configura un proceso en el que se realizan determinadas acciones en un amplio y diverso espacio, en el que se ocupa de una variedad copiosa de temas. Está indisolublemente vinculada al poder y a las ideologías, lo mismo que a la autoridad y a la legitimidad. Al poder porque sus determinaciones deben cumplirse, así sea mediante el empleo de la fuerza; a las ideologías porque es necesario contar con conceptos e ideas que orienten el debate que antecede a la toma de decisiones y a la autoridad y la legitimidad porque garantizan la obediencia sin recurrir a la coerción o la amenaza y consiguen que las decisiones sean voluntariamente aceptadas y ejecutadas por la ciudadanía.

En la literatura de las ciencias sociales se encuentra un sinnúmero de definiciones de política, en las que unas hacen hincapié en la ambición de quien la realiza, otras en el componente que le permite cumplir su cometido, otras en el espacio donde se desarrolla, otras en el conflicto que implica y las demás en las finalidades sociales que persigue y los resultados que busca. Sobre la ambición de quienes hacen política, Raphael (1996) “la política es la búsqueda y ejercicio del poder” (p.40); Lowenstein, citado por Galvis Gaitán (1998) y Vallés (1998) dicen que “la política es la lucha por el poder” (p.4) Suárez por su lado manifiesta que “la tarea del político ha sido y seguirá siendo la búsqueda del poder” (2003, p.11). El poder no solo es objeto de la ambición del político, sino también el instrumento esencial de la actividad política, hasta el punto en que Sodaro (2006) asegura “El poder es tan central en la política como lo es el dinero en la economía” (p.77). Al respecto, Raphael dice que “la política tiene que ver con el poder”; en tanto que para Shively (1997) es “el uso del poder por un individuo o grupo” (p.5); Giddens (2000) en su desarrollo sociológico se refiere a los “Medios por los que se emplea el poder” (p.737); Vallés, por su lado, plantea que poder es “un concepto que se nos presenta como inseparable de la política” (2000, p.15). Dowse & Hugges (1999) sostienen que “la política versa sobre la utilización y el desarrollo del poder” (p.20). Por su parte, el sociólogo Max Weber destaca que: “Política significaría para nosotros la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre distintos Estados o, dentro de un Estado, entre los distintos grupos humanos que éste comprende” (2007, p.88).

¿Para qué es, entonces, el poder? ¿Por qué la estrecha relación entre política y poder? El poder es capacidad, es energía, que hace posible que unos manden y otros obedezcan con el fin que se cumplan los propósitos que le trazan los políticos a la política. Sodaro lo define como “la capacidad de causar acciones o producir resultados” (2006, p.77); para Raphael: es la “capacidad de hacer que otras personas hagan aquello que queremos que hagan” (1996, p.40). En tanto que Shively (1997) considera que “es la capacidad de un individuo para causar lo que desea, por cualquier medio” (p.6); para Giddens (2000) consiste en “Capacidad que tienen los individuos o miembros de un grupo de lograr sus objetivos o de impulsar sus intereses” (p.737), y Molina et al, estiman que es la “energía capaz de conseguir que la conducta de los demás se adapte a la propia voluntad” (1998, p.93).

Otros autores también se ocupan de suministrar conceptos de poder. Así, Bouza-Brey (1996) lo denomina “capacidad de obtener obediencia de otros” (p.40); para del Águila, “el poder es el resultado de una relación en el que unos mandan y otros obedecen” (1997, p.22) y luego agrega que “el poder sería la posibilidad de obtener obediencia incluso contra la resistencia de los demás” (Ibidem, p.24). Mientras que para Weber “Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa probabilidad” (2002, p.43).

El conflicto por el poder es quizá el mayor conflicto al que se enfrenta el ser humano. Para acceder a él se han empleado guerras, golpes de estado, levantamientos y revoluciones. Hoy, gracias a la democracia el procedimiento es pacífico y consiste en una abierta y dura competencia entre quienes aspiran a conquistarlo. Sobre el carácter conflictivo dado el enfrentamiento que se presenta entre los aspirantes, Crick (2001) sostiene que la política es la “actividad mediante la cual se concilian intereses divergentes” (p.22). Mientras para Uriarte (2002) “es el campo de las luchas ideológicas, del enfrentamiento entre distintos valores, del intento de imponer unos modelos de organización social u otra” (p.33). La competencia por el poder trae consigo lucha entre ideologías, valores y concepciones del mundo contrarias.

Para Petrucciani (2008) “La acción política se representa como un ámbito en el que operan actores en conflicto por el poder” (p.28), y más adelante agrega: “el conflicto de fuerzas es una de las dimensiones que caracterizan a la acción política, una dimensión que le pertenece por estructura y como tal está destinada a permanecer” (p.31). Son perennes la competencia y el conflicto entre los aspirantes al poder. Nadie entrega el poder sin luchar ni resistirse. La ventaja que ofrece la democracia es que no elimina el conflicto, pero ofrece reglas de juego que los competidores aceptan para resolverlo sin violencia. Y de esa forma, la competencia con reglas compartidas se constituye en factor de cohesión

La finalidad del uso del poder y de la política tiene que ver con el efecto que la acción de la una y del otro tienen sobre sobre la sociedad; da respuesta a la pregunta sobre el porqué de la política. De esta manera, Vallés (2000) establece que la finalidad de la política “es regular conflictos entre grupos” (p.18), a la vez, que, en concepto de Crick (2001) aporta “para el bienestar y la supervivencia del conjunto de la comunidad” y contribuye a “garantizar una estabilidad y un orden razonable” (pp.22-23). Además, la política también se ocupa de establecer prioridades y repartir bienes escasos. Para que este fin se alcance, Crick (Ibidem) dice que “La política (…) establece unas prioridades y un orden en las demandas antagónicas sobre los recursos siempre escasos” (p.25), lo que complementan Giner et al (2006) cuando afirman que es el “proceso social mediante el cual los hombres, o sus agrupaciones, se distribuyen poder, autoridad y recursos” (p.658).

El resultado del empleo del poder y la política se refiere al instrumento al que acude la política para cumplir las finalidades que se le asignen; da respuesta a la pregunta sobre con que mecanismo logra la política intervenir en la sociedad. Y aquí es necesario decir que el poder es el instrumento fundamental para el cumplimiento de sus cometidos y que éste se materializa por medio de variados factores, que constituyen las armas de la política: la fuerza, el dinero, la palabra, la autoridad, la manipulación, la información, la amenaza, la condición legal, una sonrisa o un abrazo, el carisma, aliados poderosos, la determinación, el miedo, el odio, la esperanza, en fin, el amor.

Así es como sobre su resultado, Bogdanor (1991) manifiesta que política es la “Actividad a través de la que se llega a adoptar y ejecutar decisiones en y para la comunidad” (p.562); en igual sentido Shively (1997) expresa que “La política consiste en la toma de decisiones comunes para un grupo, por medio del uso del poder” (p.12); mientras que Deutsch (1993) sostiene que “es la toma de decisiones por medios públicos” (p.20).

Vallés mantiene la misma línea de pensamiento y expresa que “su resultado es la adopción de decisiones que obligan -por la fuerza, si es preciso, a los miembros de una comunidad” (2000, p.18); en tanto que del Águila citando a Hague et al, manifiesta que “la política es la actividad a través de la cual los grupos humanos toman decisiones colectivas” (1997, p.21). En conclusión, puede aseverarse que las decisiones tomadas por el organismo competente constituyen el recurso que permite a la política lograr el cumplimiento de sus finalidades y cometidos. Todo empeño político que se tenga demanda siempre la toma de una decisión a la que sigue la acción.

Utilidad del poder

El poder es útil en doble sentido: para quien lo ejerce por las ventajas que le ofrece y para la política porque es el instrumento apto para hacer cumplir las decisiones y organizar la sociedad. En lo personal, quienes ejercen poder disponen de una serie importante de ventajas, siendo la primera de ellas la preeminencia social. Gozan, en general, dentro del espacio de su actividad, de obediencia, respeto, admiración, adulación y hasta servilismo. Cuentan con un trato preferencial de los medios de comunicación. Es instrumento que abre puertas a quien lo tiene para el disfrute de varios beneficios. Tilly (1992) lo expresa con exactitud: por medio del poder se consigue acatamiento, “y de dicho acatamiento derivan las múltiples ventajas del dinero, los bienes, la deferencia y el acceso a los placeres negadas a los menos poderosos” (p.114).

Para Weber el poder “Proporciona, en primer lugar, un sentimiento de poder. Incluso en puestos modestos desde el punto de vista formal, da al político la conciencia de influir sobre las personas, de participar en el poder que se ejerce sobre ellas, y, sobre todo, le da el sentimiento de manejar con sus manos los hilos de acontecimientos históricamente importantes, de trascender lo cotidiano” (2007, p.134). Esta cita da lugar a doble reflexión. Los libros de historia están llenos de acontecimientos políticos que resaltan el papel de sus protagonistas, mientras que hazañas científicas apenas merecen un relato marginal. El poder se aplica sobre las personas, y es claro el que pueden emplear presidente, gobernador o alcalde sobre los ciudadanos. Pero es tanto el alcance del poder que un servidor público de bajo rango tiene, en determinadas circunstancias, dominio sobre las personas que requieren sus servicios o deben entenderse con ellas.

Estrada (2006) se refiere al amplio espectro de actuación del poder sobre la sociedad, subordinados y protagonistas:

El poder sirve para construir o destruir, conseguir que las gentes obedezcan por convicción o por temor, posibilitar el cumplimiento de unos objetivos, metas y programas, asegurar el mantenimiento de un orden o reformarlo, transformar las actitudes y las preferencias de los subordinados, cambiar las políticas públicas, los objetos y las cosas, hacer inútil la oposición, motivar las acciones de quienes lo ejercen o aspiran a ejercerlo y, finalmente, para modificar el comportamiento y las inclinaciones de quienes lo administran (pp.520-521).

Calificaciones de la política

Filósofos y científicos políticos establecen distintas calificaciones de la política y destacan en su calificación el elemento central que les sirve de fundamento al juicio que expresan. De ahí que para la consideren conflicto, otros la estimen consenso, otros la vinculan a la ética, otros al ejercicio del poder, otros ejercida por medio de instituciones, otros a la defensa de la comunidad y otros la plantean en su expresión cotidiana como la actividad de los políticos. Muestran estas calificaciones la amplia variedad de formas como puede abordarse la observación de la política.

La política vinculada a la idea de conflicto

Dos autores son centrales en la concepción de la política como conflicto: Carl Schmitt y Maurice Duverger. Para Schmitt, la política consiste en el juego dialéctico amigo-enemigo que tiene en la guerra su máxima expresión; guerra que no es objetivo o contenido de la política pero que constituye su presupuesto real y determina su acción como realización extrema de la enemistad política. Por su parte, Duverger la considera lucha entre individuos y grupos para conquistar el poder, que los triunfadores emplean en beneficio suyo y en perjuicio de los derrotados. Desde este punto de vista, la utilización de tretas y artimañas que hacen posible el mejor resultado en este enfrentamiento reconoce el buen político del que no lo es.

La política vinculada a la idea de consenso

Hannah Arendt es la principal constructora de la teoría que vincula la política a la idea de consenso. Su argumentación parte de varias dicotomías: discurso y acción, lo público y lo privado, la igualdad y la distinción entre los hombres y la lógica de la política y la lógica de la guerra. El discurso como lenguaje y comunicación, como forma de contestar y replicar y de reconocer en el otro su calidad de interlocutor, en búsqueda de persuadir para construir en el espacio público el consenso. Acción como actividad orientada hacia lo común y colectivo, ejercida a la vista de todos y en el espacio de lo público.

Lo privado orientado a la solución de las necesidades y a la subsistencia. Es el mundo de la necesidad y sociedad de la desigualdad. Lo público, lo común, lo de todos. Es el mundo de la libertad y la sociedad de los iguales, en la que todos pueden rebatir, escuchar, criticar, lo que se puede comunicar. Igualdad porque los hombres tienen iguales necesidades básicas. Distinción porque los hombres son iguales pero distintos, hasta el punto que cada humano es un ser diferenciado del otro, lo que crea la condición humana de pluralidad. Lógica de la guerra basa en la idea de enemigo donde solo caben las imposiciones, la fuerza, la exclusión, la violencia.

Nace la política en el espacio público para que la acción política correspondiente a la condición humana de pluralidad, que pone en relación a unos hombres con otros, conduzca a la búsqueda del consenso. Así, la actividad política consiste en conciliar por medio de la palabra y el discurso las rivalidades que origina la pluralidad, con la intención de vivir en paz por encima de las diferencias y antagonismos. Se trata de estar juntos siendo diferentes para crear consensos. Para Arendt, el mundo político es el espacio público de la palabra y el discurso con el fin de llegar al consenso que permita construir entre los hombres relaciones de cooperación. Según Arendt (1993)

La política es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social. Puesto que el hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, sin lo cual la convivencia sería imposible. Misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio. Es ella quien hace posible al individuo perseguir en paz y tranquilidad sus fines (p. 67).

Dada la circunstancia real y verídica de que el ser humano no alcanza con sus propios recursos a bastarse a sí mismo para satisfacer sus múltiples necesidades, debe imperativamente entenderse con otros seres humanos para procurarse los medios indispensables para garantizar su subsistencia, primero, y su progreso después. Ello explica porque la política es una actividad imprescindible.

La política contemplada en un sentido ético

Aristóteles, Tomás de Aquino, John Locke son filósofos que, entre otros, defienden la política con una orientación ética. Se fundamenta el sentido ético de la política en reconocer la dignidad del ser humano y en aceptar que todas las personas tienen derechos, bien sea como hijos de Dios o como seres sociales racionales. Propone normas de valor que han de dirigir la acción política en función de los ideales de la justicia y del bien común. Es la disposición a obrar en sociedad utilizando la política y sus instrumentos para alcanzar la justicia, la igualdad, la libertad y lograr la plena realización del bien común o el interés general. Se parte de valores tales como la libertad, la igualdad y la autonomía de cada miembro de la sociedad para exponer sus puntos de vista, defender sus intereses y hacer valer sus derechos, siempre y cuando respete los de los demás.

Busca la creación y funcionamiento de un orden político que tenga el bienestar del ser humano como su función principal en condiciones de orden y equilibrio social. El objetivo del político, como lo dice Bobbio (1996)

“No es el poder en cuanto tal, sino el poder para el logro de un fin que es el bien común, el inte rés colectivo o general. No es el gobierno, sino el buen gobierno”, con la distinción de que “buen gobierno es el de quien persigue el bien común, mal gobierno es el de quien pretende el beneficio propio” (p.174).

De aquí la exigencia al político de transparencia y honradez en el manejo de sus asuntos y el rechazo de conductas como la corrupción, el tráfico de influencias, el soborno, el prevaricato, entre otras.

La política vinculada al ejercicio del poder

Esta visión tiene en Maquiavelo su más calificado exponente, al que se unen Harold Laswell y Robert Dahl, de manera menos radical. Se ocupa del poder, del conflicto por el poder, de su conquista y su preservación. Parte de que en la lucha por el poder valen todos los medios y no hay que detenerse en miramientos sobre el bien y el mal. Maquiavelo (2007) aconseja con crudeza a quien ejerce el poder: “es necesario que un príncipe que se quiera mantener aprenda a no ser bueno, y a utilizar esa capacidad según la necesidad” (pp.115-116), luego dice: “un príncipe no debe preocuparse por tener fama de cruel por mantener a sus súbditos unidos y fieles” (p.122), continúa impartiendo recomendaciones: “para conservar el estado, a menudo necesita contra la lealtad, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión” (p.127). Los consejos de este tenor son muchos más.

El resultado de la política es tomar decisiones; el medio de la política es el poder, elemento esencial de la actividad política, porque las decisiones deben ser tomadas y aplicadas. De allí que la política se refiera al ejercicio del poder y el dominio de unos hombres sobre otros. Se entiende así la política como control sobre personas y recursos. Sería político todo fenómeno vinculado a formas de poder o dominio sobre los demás, imponiéndoles conductas que no aceptan pero que obligatoriamente deben cumplir.

La política desarrollada por medio de instituciones

Weber es el precursor de esta manera de desarrollar la política, que tiene en el Estado el control de la fuerza y es la máxima institución que sirve de escenario y a la vez es actor de la política. Se trata de la política como actividad adelantada por medio de organizaciones como presidencia de la república, ministerios, congreso, gobernaciones, asambleas, alcaldías, concejos, organismos de control, organismos electorales y partidos políticos y de prácticas políticas reguladas como las campañas electorales, las elecciones y el voto. Sería política toda actividad inserta en instituciones estables -básicamente estatales-, autorizadas legal y legítimamente para ejercer una coerción sobre la comunidad. Para Weber (2007).

El Estado moderno es una asociación de dominación de carácter institucional, que ha intentado, con éxito, monopolizar la violencia legítima dentro de un territorio como medio de dominación, y que, para ese fin, ha reunido todos los medios materiales de funcionamiento en manos de sus dirigentes. (p.94).

Carácter institucional significa que se trata de organizaciones y prácticas o procedimientos debidamente reglamentados, que separan gobernantes de gobernados, que distingue entre el funcionario y la función que cumple, por lo que se obedece a la función o al cargo y no a la persona que lo desempeña, que gobiernan un ámbito vital de la vida social y que perduran en el tiempo.

De esta forma, quien aspire a ser elegido a un cargo y también quien ocupe ese cargo, sabe que debe someterse a unas reglas definidas para alcanzar la elección, y una vez en el cargo sabe que el ejercicio del cargo también está sometido al cumplimiento de normas y procedimientos. Un aspirante al congreso, por ejemplo, para poder llegar a pertenecer a la institución congreso como organización, debe cumplir los formalismos definidos legal mente, la institución práctica, para cumplir su meta: adelantar la campaña para pedir votos, llevar los votantes a las urnas el día de elecciones, esperar el escrutinio y recibir de otra institución, como es la organización electoral, la credencial de congresista.

Y una vez en el congreso tiene que cumplir sus funciones bajo las condiciones que fijan los reglamentos, trátese de la forma como se realizan los debates de control político y también de las reglas que deben seguirse para la presentación, deliberación y aprobación de las leyes y los actos legislativos, porque la actividad del congresista está debidamente reglamentada. No puede el congresista hacer lo que se le antoje, porque el desempeño de su cargo está reglamentado. La elección, primero, y el desempeño después, están regidos por trámites, procedimientos y actuaciones que por su importancia tienen carácter institucional. En conclusión, la política debe adelantarse siempre dentro de las instituciones.

La política vinculada a la defensa de la comunidad

Spencer y Gumplowics con su identificación con las propuestas del darwinismo social y la teoría de la supervivencia del más apto, son los teóricos que dan pie a esta concepción de la política. La guerra es un suceso dramático que ha estado presente en la historia de la humanidad, hasta el extremo que los libros de historia cuentan es la memoria de las guerras. La guerra tiene efectos devastadores, que ofrece ventajas y beneficios a los triunfadores y la humillación y entrega a los derrotados. Por eso, para mantener la seguridad interna y librarse de los perjudiciales efectos de la guerra externa, los estados organizan sus ejércitos.

Tienen los estados, por tanto, la función de mantener el orden interno y defender su territorio de posibles agresiones externas, siendo para ello indispensable organizar fuerzas armadas que garanticen su seguridad. En lo interno el Estado con el derecho respaldado por la fuerza preserva el orden y en lo externo la seguridad la garantizan las armas, tal como lo expresa Raphael: “La seguridad frente a la agresión exterior se consigue a través del mantenimiento de las fuerzas armadas, el establecimiento de alianzas y tratados” (1996, p.57). De allí, que el mantenimiento del orden y la seguridad estén en el génesis de la actividad política y exijan que el Estado esté preparado para la guerra y organice las fuerzas armadas, con sus requerimientos de jerarquía, disciplina, recursos y coacción.

La política calificada en su expresión cotidiana

La actividad política nos concierne a todos, porque todos podemos participar y sus decisiones a todos nos pueden afectar para bien o para mal. Y la libertad de cada persona le permite tomar partido o abstenerse de intervenir en los asuntos políticos y según sus ideas e intereses puede unirse a movimientos o partidos que le sean afines. Se caracteriza por ser pública, colectiva y tener como protagonista y depositaria de su acción a la comunidad. La política está presente no solo en las instituciones encargadas de realizarla como son los cuerpos colegiados y los órganos de gobierno, principalmente, sino también en otros espacios: medios de comunicación, grupos de interés, gremios, iglesias, organizaciones comunitarias, en fin, sindicatos.

No obstante, la política calificada en su expresión cotidiana corre a cargo de políticos, trátese de miembros de las corporaciones públicas o de funcionarios, que son quienes constituyen la faz explicita del mundo político. Esta concepción práctica no se ocupa de la política como filosofía ni como ciencia, su preocupación central se circunscribe prioritariamente a lucha por el poder y al empleo de los medios que permitan acceder a él. Designa el colectivo de individuos que aspiran a ejercer o que ejercen puestos políticos durante determinado tiempo. Configura la llamada clase política, que tiene la peculiaridad de ser un grupo cohesionado, a pesar de sus diferencias, que obra con solidaridad de cuerpo en muchas ocasiones y que, por lo general, sus integrantes buscan mantenerse en esos cargos, persiguen autoperpetuarse.

Formas de estudiar la política

Comparativamente con otras actividades sociales, la política tiene condiciones peculiares, que le imprimen rasgos distintivos, como estar autorizada para usar la fuerza, ser una actividad de carácter público y colectivo y tener la obligación de ocuparse de asegurar la convivencia pacífica, la prosperidad general, la prestación de los servicios básicos, la cohesión social y el bienestar general de la comunidad. Por eso, y debido a sus propias características, puede mirarse desde varios puntos de vista. De ahí que sea posible estudiarla como filosofía, ciencia o simple actividad al alcance de todos y también se presenta la opción de examinarla como estructura, proceso o resultado.

La política como filosofía es una actividad intelectual prescriptiva, normativa, enfoca da desde la perspectiva del deber ser, por medio de un discurso argumentativo siempre inestable, problemático y discutible. Plantea cuestiones que no tienen una respuesta única, cerrada o definitiva. Sus temas centrales son la naturaleza de lo político, el problema del poder, la mejor forma de gobierno y la distinción entre ética y política. Tiene que ver con la legitimidad, esencia, propiedades, fundamentos, causas y efectos del poder y la política como realidades, los derechos y deberes de los seres humanos y analiza la validez lógica y moral de las relaciones de poder y de los sistemas políticos.

Según Petrucciani (2008) “la filosofía política se ocupa de las interacciones sociales en cuanto estas se configuran en relaciones de poder y motivan discusiones o conflicto respecto de la manera como se debería distribuir y organizar el poder” (p.17) , luego agrega que “la filosofía política se ocupa del modo justo de organizar nuestra convivencia, de la legitimidad de las formas de poder, de los derechos que deben ser reconocidos a los ciudadanos” (p.19) y concluye diciendo que su objetivo es “llegar a perfilar el orden político tal como debería ser para que se lo pueda reconocer como bueno, justo y legítimo” (p.24).

Por su parte Bobbio (1997) sostiene que la filosofía política comprende tres tipos de investigaciones:

a) sobre la mejor forma de gobierno o sobre la óptima república; b) sobre el fundamento del Estado, o del poder político, con la consiguiente justificación (o injustificación) de la obligación política, c) sobre la esencia de la categoría de lo político o de la politicidad, con la disputa preponderante sobre la distinción entre la ética y la política (p.71).

Según él, el poder y sus fundamentos, la relación entre ética y política y la mejor forma de gobierno son los temas de la filosofía política. Entendida como ciencia, la política es una rama de las ciencias sociales cuyo cometido es el estudio descriptivo y explicativo de las cuestiones políticas, que trasciende la opinión y la simple descripción. Es la disciplina que se ocupa del análisis empírico de la realidad política, mediante el estudio sistemático, riguroso, explicativo y potencialmente aplicable de las relaciones políticas y de poder en cualquiera de sus aspectos, dimensiones y matices. Ciencia social que examina la naturaleza y fundamentos de las relaciones de poder y obediencia y sus efectos sobre el comportamiento de los seres humanos para obtener una explicación lógica y comprensible de la estructura y dinamismo de las sociedades políticas.

Para alcanzar estos propósitos debe estudiar los intereses que se disputan en la política, los participantes en ella, la naturaleza de estados y naciones y la discusión, aprobación, desarrollo, administración, ejecución y evaluación de las políticas públicas. Además, de conformidad con la UNESCO, el objeto de la ciencia política comprende también el análisis de las teorías políticas, los partidos, grupos y opinión pública, las instituciones políticas y las relaciones internacionales.

Para Bogdanor (1991) la ciencia política es la:

Disciplina académica que trata de describir, analizar y explicar de forma sistemática las operaciones de las instituciones de gobierno y organizaciones políticas, además de las actividades e interacciones sociales que contribuyen a determinar asignaciones y a adoptar decisiones de obligado cumplimiento por parte de las fuentes legítimas de autoridad (p.112).

Envuelve esta definición el comportamiento político de las instituciones, los partidos, movimientos y grupos de interés, la ciudadanía y la adopción de políticas públicas.

Por su lado, Giner et al (2006) definen la ciencia política como la “Disciplina que se ocupa del estudio sistemático de la política en cualquiera de sus facetas y dimensiones específicas” (p.406), mientras que para Molina et al (1998) es el “Área del conocimiento, dentro del más amplio marco de las ciencias sociales, que, pretendiendo trascender la opinión y la mera descripción, se orienta al conocimiento, libre de valores, riguroso, explicativo y potencialmente aplicado, de las cuestiones políticas” (p.19). Todo lo que tenga que ver con actividad política sea de gobernantes o gobernados es objeto de interés y estudio de la ciencia política.

Aunque es posible afirmar que la ciencia política tiene un componente racional y científicamente explicable, puedan los hechos políticos estudiarse en forma lógica, rigurosa y sistemática, posea metodología y terminología propia y organizada, sus conclusiones sean verificables, pueda llegarse a generalizaciones, sus conocimientos sean acumulativos y ofrezca posibilidades de investigación objetiva de los fenómenos políticos y sociales y de las relaciones entre ellos, todo lo cual le permite determinar relaciones causales de los sucesos de la sociedad, debe admitirse que es una ciencia que tiene unos límites que no tienen las ciencias naturales y las exactas.

Los límites pasan porque no es posible someterla a experimentación, tiene un compo nente ético, sus realizaciones son contingentes y coyunturales y sus fronteras varían con el tiempo, posee un componente intuitivo y pasional, no cabe la predicción empírica, no tiene paradigma único como si lo tienen las ciencias naturales y su estudio se aborda con un amplio pluralismo metodológico, hasta el punto que, según Marsh & Stoker (1997) puede estudiarse con la teoría normativa, el institucionalismo, la elección racional, el análisis conductista, la perspectiva feminista y la teoría del discurso.

Bogdanor, del Águila, Crick, Molina et al y Bouza-Brey definen la política como actividad, Vallés como práctica o actividad, Sodaro, Deutsh y Giner et al cómo proceso, en tanto que para Petrucciani y Lowenstein es lucha, para Edurne luchas y enfrentamientos, para Warren relaciones sociales y para Giddens medios. Predomina, por tanto, entre los autores, quienes la definen como actividad. Y la política como actividad comprende lo que hacen los gobernantes o quienes aspiran a serlo, es la tarea de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, que tiene como protagonistas a los políticos con sus ambiciones y luchas; a los ciudadanos con su participación o apatía, con sus reclamos y protestas; al gobierno con sus decisiones y mandatos, con sus negociaciones y represiones, y al Estado con las regulaciones que establece para el acceso y ejercicio del poder.

Encierra, la política entendida como actividad, todo lo que realizan los diferentes acto res sociales que luchan por acceder o influir sobre el poder público. Es la actividad de los ciudadanos cuando intervienen en los asuntos públicos con sus opiniones, sus peticiones, sus protestas, sus votos o de cualquier otro modo o con su participación en reuniones, movilizaciones o manifestaciones políticas.

Vallés (2000), proporciona otra forma de explicar y entender la política. Según sus planteamientos la política puede ser percibida como una estructura (polity), como un proceso (politics) o como un resultado (policy). Como estructura muestra la cara estable de la política, que comprende el modo fijo como una comunidad determinada organiza sus funciones y actuaciones políticas. Define a que estructuras permanentes se ajustan las funciones y procesos políticos. Es la arquitectura por la que se tramitan los comportamientos políticos. Es la forma segura como las sociedades ordenan la política en atención a las circunstancias económicas, sociales, tecnológicas y culturales. Tiene que ver con la organización y funciones del Estado, el gobierno, el congreso, la justicia y la distribución funcional y territorial del poder.

Como proceso muestra la cara dinámica de la política, la política en acción, y se ocupa de la secuencia de conductas individuales y colectivas que se encadenan dinámicamente. Se mira el comportamiento de diferentes sujetos y se examinan sus motivaciones, intereses y formas de intervención. Tiene que ver con la cultura, los valores, las ideologías, la socialización y la comunicación, que conforman el contexto cultural en que se desenvuelve la política. También comprende a los individuos, grupos de interés, movimientos sociales, partidos políticos y medios de comunicación que participan en actividades políticas y contribuyen con sus opiniones y votos a la lucha por la conquista del poder y a la construcción del consenso.

Como resultado es la respuesta que la combinación de estructura y proceso da a cada conflicto o a las demandas ciudadanas. Estas respuestas, en formas de decisiones, son el producto final de la política, destinado a regular las tensiones sociales, mejorar el nivel de vida de la población e intervenir en la sociedad. Son las decisiones que toman las autoridades ante la articulación y agregación de intereses, que ponen a prueba la capacidad del poder para resolver problemas. Muestra lo que la política es capaz de aportar a la necesaria cohesión de una comunidad. El resultado está constituido por las políticas públicas que se aprueben, la gobernabilidad que se ostente y la estabilidad o cambio que se requiera según la coyuntura, como producto final de la interacción política.

Una definición de política que contempla estructura, proceso y resultado la ofrece Sodaro (2006) cuando manifiesta que

la política es el proceso por el que las comunidades persiguen objetivos colectivos y abordan sus conflictos en el marco de una estructura de reglas, procedimientos e instituciones, con el objetivo de alcanzar soluciones y adoptar decisiones aplicables por la autoridad estatal (en sus diferentes niveles político-administrativos) al conjunto de la sociedad. (p.77).

Presenta Sodaro (Ibidem) en este concepto la cara estable, la cara dinámica y lo que debiera ser el resultado positivo de la actividad política.

Razones de la dinámica de la política

Habida consideración de lo que es la política, de los enfoques con que se le puede apreciar, del significado y alcance que tiene, de la utilidad personal y social que tiene el poder como su esencial componente, de las calificaciones de que es objeto y de las formas de abordar su estudio como filosofía, ciencia y actividad, o bien como estructura, proceso y resultado, la política es una actividad eminentemente dinámica, valoración que obedece a las razones que se expondrán a continuación.

1. Porque cambian los que ejercen el poder y las normas. Los primeros cambios que se experimentan gracias a la política tienen que ver con los actores del poder y con las normas. Es permanente el relevo de presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes y otros funcionarios como lo exige la práctica democrática, y las leyes se modifican constantemente en atención a los cambios económicos, sociales y culturales que experimenta la sociedad. Se alteran igualmente las reglas fundamentales que rigen el juego político. Las constituciones, acuerdo político por excelencia, no son inmutables y registran reformas o sustituciones de su texto, que afectan los pactos sobre los asuntos públicos y modifican el conjunto de principios y preceptos que rigen la democracia.

En Colombia, se han aprobado de 1991 a la fecha, es decir en 26 años, 45 actos reformatorios de la Constitución, siendo los más importantes en el campo político los No. 1 de 2003, No. 2 de 2004, No. 1 de 2009 y N. 1 de 2015, que implicaron modificaciones al régimen electoral, al funcionamiento de los partidos, a la financiación de las elecciones, al fortalecimiento de la democracia y a la autorización y abolición de la reelección presidencial. Para poner en práctica el Acuerdo Final para la Paz estable y duradera suscrito entre el gobierno y las Farc, se han aprobado 4 actos legislativos y actualmente se tramita uno de reforma política.

En la democracia funcionan instituciones que garantizan el abandono pacífico del poder o de sus aspiraciones por los que pierden las elecciones y su reemplazo pacífico por los triunfadores en esas elecciones. Quienes ejercen el poder tienen término para su mandato. Se sabe de antemano cuando empiezan a gobernar y cuando terminan. En Colombia, Argentina y Estados Unidos, por ejemplo, el presidente de la república tiene un período de cuatro años, en Bolivia y Brasil de cinco y en México y Chile de seis.

2. Porque es la lucha por la conquista del poder. La política es una actividad de conflicto entre individuos, grupos, partidos, intereses, visiones de mundo, que compiten por conquistar el poder. Puede mirarse como mercado, casino, guerra o conflicto donde todos quieren ganar, no solo participar. De allí, la preparación, afanes, empleo de recursos, estrategias y tácticas que utilizan los que concurren a los certámenes electorales y aspiran a triunfar. Al respecto, Lowenstein, citado por Galvis Gaitán (1998), sostiene que

La esencia de la dinámica política es el esfuerzo de los grupos sociales de alcanzar el poder político en el Estado, ejercerlo tras haberlo obtenido y mantenerlo. El medio de ejercer el poder es dominar monopolísticamente el aparato estatal como gobierno legítimo. (p.4).

La ambición es lo que motiva al político, lo que provoca todos sus desvelos y la razón de ser de sus empeños por vencer en el combate democrático, con la finalidad de servir a la comunidad o servirse él del poder y de los beneficios que este brinda. De allí, la afirmación de Weber (2007) “Quien hace política aspira al poder. Al poder como medio al servicio de otros fines (egoístas o idealistas) o al poder ´por sí mismo´, para gozar del sentimiento de prestigio que el poder da” (p.83). Motivación central de la actividad política es el combate por el poder, institucionalizado en el Estado, pues la política es una competencia continua que tiene como objetivo la conquista del poder con el fin de que dirigentes de partidos y movimientos salgan elegidos en posiciones de comando.

Política, por tanto, es la acción premeditada y consciente para alcanzar el poder o influir sobre quienes lo ejercen. De allí, el problema de la estrategia, esto es, la elección o utilización de los medios idóneos para la toma y ejercicio del poder. Y es bien claro que dentro de la estrategia y medios escogidos caben, entre muchos otros, la construcción de nuevas alianzas, así sean muy heterodoxas, el cambio de partido en busca de mejores posibilidades, la mutación de ideas para aparecer más llamativo ante el electorado o la reconciliación con viejos adversarios o el rompimiento con los actuales compañeros. Debe admitirse que en política no hay amigos del alma ni enemigos irreconciliables. Tienen, pues, razón los medios de comunicación cuando afirman que las vueltas y revueltas de los políticos explican una parte de la dinámica de la política.

3. Porque en política nada es absoluto ni definitivo. En política todo es contingente, esto es, que puede ser o no ser o puede ser de otra manera. Su ambiente es coyuntural, ya que depende de factores y circunstancias del momento, tiene caducidad porque pierde eficacia y vigor con el transcurso del tiempo y es fugaz debido a puede ser de corta duración. Murillo Ferrol (1997) expresa: “la política es perenne fugacidad (…) La contingencia es su raíz y la coyuntura su medio ambiente. Nada absoluto ni definitivo hay en su seno. Lo único que permanece es su caducidad” (p.11). Se caracteriza, en diferencia con las ciencias exactas y naturales, por su contingencia, caducidad y fugacidad, y por depender de circunstancias y coyunturas.

Para Bogdanor (1991) “Dado que la política es una actividad, tiene un carácter dinámico; con el paso del tiempo evoluciona de formas diferentes y complejas” (p.562). En consecuencia, frente a nuevos hechos la política debe cambiar y se transformarse. Además, la política es protagonista de un proceso que se ocupa de una variedad de cuestiones como la paz, la economía, el bienestar, la seguridad, en fin, la educación y la salud, a veces imprevisibles, donde lo inesperado como una calamidad, una hambruna, una peste o un terremoto, puede convertirse en asunto crucial que debe atenderse con urgencia. Por lo que no es posible definir a priori su campo de actividad. Son estas razones las que le dan validez al concepto de Petrucciani (2008) cuando afirma que la política “Está condicionada por el hecho de desarrollarse en un ambiente cambiante caracterizado por la relativa escasez” (p.30).

4. Porque tiene un componente intuitivo, pasional, moral, subjetivo, tal como lo afirma Giner et al. La pasión, el sentimiento, la ambición, el miedo, el afecto, el odio y la esperanza juegan un papel fundamental en política, sea en lo individual o en lo colectivo. Quienes hacen política se mueven por la ambición, que se convierte en el leitmotiv de las acciones de quienes ejercen el poder o aspiran a ejercerlo. Bien lo dice Weber (2007) “El político opera con la ambición de poder como un medio inevitable” y agrega: “la ambición de poder es una de las fuerzas que impulsan toda política” (p.137). Y es que la ambición genera deseo y desemboca en actos de voluntad; por lo que la ambición es motivo y razón de la acción del político.

Se presentan otros sentimientos y conductas pasionales, de imposible análisis empírico, que cuentan en política. La intuición, la malicia indígena, los presentimientos son mecanismos íntimos a los que acuden muchos políticos y orientan su actividad. También la envidia y el resentimiento, la compasión y la solidaridad, la relajación moral y la indignación decorosa, la osadía y la prudencia, la sencillez y la soberbia, cumplen papel decisivo en la política y explican las actuaciones que se observan en el desarrollo de la actividad. La codicia es también relevante en política puesto que nadie se considera satisfecho con el poder que tiene, siempre se quiere más. El anhelo de acumular más y más poder dar a conocer el porqué de muchas guerras y de actuaciones abusivas y arbitrarias de muchos dirigentes políticos, que modifican su comportamiento e inclinaciones en su afán de hacerse más poderosos.

5. Porque los hechos políticos cambian en el devenir histórico. Giner et al (2006), toman un concepto de R. Dahl, y manifiestan: “Los fenómenos políticos importantes cambian a lo largo del tiempo, no permanecen idénticos y esto impide reducirlos a unidades inalterables, universales y estrictamente comparables” (p.109). En sentido contrario a los fenómenos físicos y naturales que son exactos e iguales en el tiempo y donde quiera que se esté, los hechos políticos varían con el paso de los días y de unos lugares a otros. Si bien el agua hierve a 100 grados centígrados al nivel del mar en cualquier punto de la tierra, o la ley de los vasos comunicantes opera en todas partes, o la composición del agua es la misma en la Patagonia que en el Polo Norte, las instituciones políticas, entendidas como estructuras o como prácticas cambian de un lugar a otro. No son iguales la escogencia de candidatos a la presidencia de Estados Unidos y Colombia y no es similar el régimen político de España que el de Colombia, para da un ejemplo.

6. Porque las fronteras de la política son variables. La variabilidad de la política es clara porque no todo derecho o servicio se ha tramitado o reconocido de la misma manera. Hay servicios que han pasado de lo privado a lo público y viceversa, y los derechos de los seres humanos no son los mismos hoy que antes. La mujer, por ejemplo, tiene hoy derechos de los que carecía antes. De allí, la afirmación de Vallés (2000) “El ámbito de la política tiene, pues fronteras variables” (p.25). Por esta razón, muchas situaciones que en el pasado no incluían la política o que no la implicaban directamente, se ven ahora como problemas políticos. Y viceversa. Muchos problemas que implicaban la política se ven ahora como problemas no políticos, que no la implican, que se resuelven mediante acuerdos voluntarios entre las partes.

Para mayor claridad veamos unos ejemplos. En Medellín, Colombia, el transporte público fue parcialmente de responsabilidad estatal cuando funcionó el tranvía y unos buses de propiedad municipal, después el servicio fue totalmente privado y en la actualidad vuelve a ser mixto, ya que el Estado tiene el tren metropolitano y el metrocable. El cuidado del medio ambiente es ahora una perentoria obligación política del Estado colombiano, cuando hasta 1999 no intervenía en ese campo. Los servicios públicos domiciliarios era función exclusiva del Estado y en este momento son prestados en la mayor parte del país por empresas privadas.

Pero hay más ejemplos. La comunicación telefónica nacional corría a cargo de un ente estatal, y hoy el servicio es atendido por empresas multinacionales de particulares. Antes, el homo homosexualismo era delito castigado con cárcel; en la actualidad, no tiene ninguna sanción. Otrora, el aborto era totalmente prohibido y castigado penalmente; hogaño, se admite en tres circunstancias: mala formación de feto, peligro para la mujer y violación. Antaño, los servicios básicos de educación y salud eran más responsabilidad de la iglesia que del Estado; en esta época, son servicios a cargo del Estado en su regulación, control y prestación. Sobre esta característica mudable e inestable de la política, Vallés (2000) esta en lo cierto cuando expresa:

Las fronteras de la política se van alterando a lo largo de la historia de los pueblos. Y que esta alteración dependerá tanto de cambios técnicos y culturales, como de la capacidad de los actores para someter -o para sustraersus disputas a esta gestión de carácter vinculante (p.25).

Por eso, muchas situaciones que hoy son voluntarias mañana pueden ser obligatorias; y muchas que son de forzoso cumplimiento en la actualidad, en el futuro pueden tornarse en voluntarias. Todo depende de las transformaciones continuas que viene ocurriendo en la tecnología y la cultura y del papel activo que desempeñen los líderes. Temas como la procreación asistida, las madres de alquiler, la paridad entre hombres y mujeres en las listas electorales, el control o no de los alimentos genéticamente modificados, la legalización del consumo de drogas, el aborto sin restricciones, entre muchos otros, son asuntos que están en el orden de día y que deben ser discutidos.

7. Porque la política es debate, controversia y desacuerdo. En política no hay verdad revelada ni heraldos portadores de axiomas o dogmas indiscutibles. Por eso, en ella todo es debatible y controversial. Los cuerpos colegiados son escenario de candentes discusiones que enfrentan al gobierno y sus aliados con los partidos de oposición, por motivos que van desde la conducta del gobierno hasta la estructura del Estado; los medios de comunicación son protagonistas de controversias sobre la forma positiva o negativa como se vienen atendiendo y tramitando los asuntos públicos. En la academia, las polémicas verbales y escritas, en conferencias y textos, sobre las políticas públicas, la organización del Estado, las reformas políticas en trámite o necesarias, el desempeño del gobierno de turno y los problemas nacionales, es tema permanente.

En campaña electoral la búsqueda de votos se adelanta en medio de agrias confrontaciones acerca de la pertinencia y factibilidad de los programas y la calidad de los candidatos. En época electoral, y aun fría, los ciudadanos que se dividen en torno a los partidos que siguen o a los líderes que respaldan, se enfrascan en interminables alegatos en que cada bando defiende con ardentía y convicción sus creencias, sin que unos persuadan a los otros ni se llegue a ningún acuerdo. Se trata de fijar posiciones casi siempre irreconciliables. Y son estas discusiones, polémicas, controversias, alegatos y confrontaciones los que le infunden vitalidad a la política, con la certeza de los participantes de que en política todo argumento es refutable.

Porque la teoría política le infunde dinámica a la política

La teoría política, entendida como la disciplina que busca la forma de explicar, comprender e interpretar la política como una actividad práctica en la vida de la sociedad, también contribuye a la dinámica que le es propia, ya que la función de la teoría pasa por la crítica del ejercicio del poder y por las propuestas para mejorar su funcionamiento, habida consideración del contexto y recursos disponibles. Para Suárez (2003),

Una teoría política es un conjunto de enunciados coherentes destinados a hacer posible la conciliación de las demandas sociales reales con la escasez de recursos. Las teorías políticas han sido intentos por encontrar soluciones específicas y creativas a los problemas del poder político y del gobierno legítimo. (p.12)

Por consiguiente, la teoría política tiene que acudir a análisis históricos que muestran la evolución del pensamiento sobre los problemas políticos y sociales a través del tiempo en autores como Aristóteles, Platón, Hobbes, Maquiavelo, Rousseau, Marx, para solo citar unos pocos; a los conceptos que se han construido para entender la política, como, por ejemplo, libertad, igualdad, fraternidad, derechos, democracia, liberalismo, y a la metodología puesta en acción para estudiar las dificultades de la vida grupal del ser humano y su organización en instituciones dentro de cada momento histórico, como, verbi gratia, el voto, las elecciones, las constituciones, los poderes públicos.

Los teóricos citados y muchos otros hicieron aportas muy importantes para el desarrollo de la teoría política que, en concepto de Sodaro (2006),

“Examinaron las estructuras, los procesos y los resultados de la actividad política que desplegaban sus coetáneos, descubrieron regularidades o pautas de comportamiento de los ciudadanos y de las instituciones, definieron conceptos y establecieron categorías para agrupar los fenómenos (…) Estos escritos de pensamiento político conjugaban, por regla general, la descripción y explicación de los fenómenos políticos con los razonamientos sobre cómo podían progresar las comunidades políticas” (pp.19-20).

Clave las aportaciones de los teóricos en el desarrollo de la política y en los medios que dan para enfrentar los problemas de la sociedad.

Conclusión

En conclusión, no puede negarse que los tránsfugas, desleales, traidores y políticos de ideas débiles e inconstantes le infunden a la política llamativos rasgos dinámicos.

Empero, lo cierto es que la política es dinámica por consideraciones de mucho más peso y significación, porque cambian los que ejercen el poder y las normas y la lucha por el poder es constante y no cesa nunca; porque en política no hay nada absoluto ni definitivo y debido a que tiene un componente ético, pasional y subjetivo; porque los fenómenos políticos cambian continuamente de acuerdo a las circunstancias y tiene una fronteras que varían a lo largo del tiempo; porque en política todo es debatible y refutable y merced a los nuevos argumentos que aporta la teoría política.

Si no hubiera traición y deslealtad en la política y los políticos respetaran las ideologías que dicen creer, lo que resulta improbable, si no imposible, la política seguiría siendo dinámica.

Ojalá estas conductas desaparecieran de la actividad política y esta no se desacreditara tanto debido a estos comportamientos.

Si lo hicieran estaría muy bien, pero si no lo hacen de todas maneras la política, por fortuna, seguirá siendo eternamente dinámica y lozana.

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1Investigación financiada por la Universidad Autónoma Latinoamericana año 2016. Código 25-000010, “Efectos políticos, fiscales y sociales del clientelismo en Colombia”. Facultad de derecho. Centro de Investigaciones Sociojuridicas. Medellín, Colombia.

Received: January 2019; Accepted: May 2019

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