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El Ágora U.S.B.

versión impresa ISSN 1657-8031

Ágora U.S.B. vol.25 no.1 Medellin ene./jun. 2025  Epub 01-Ene-2025

https://doi.org/10.21500/16578031.7391 

Tipo de artículo: Investigación

La construcción del miedo como arma de deslegitimación política en Colombia1

Construction of Fear as a Weapon of Political Delegitimization in Colombia

Simón Herrera Henao1 
http://orcid.org/0009-0000-8861-5875

Julián Martínez Madrigal2 

Leonardo Villarreal Bastidas3 

Juan David Villa-Gómez4 
http://orcid.org/0000-0002-9715-5281

Alfonso Insuasty Rodríguez5 
http://orcid.org/0000-0003-2880-1371

1Psicólogo egresado de la Facultad de psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana, miembros del semillero Interacciones. Contacto: simon.herrerah@upb.edu.co; simonherrerahe@gmail.com

2Psicólogo egresado de la Facultad de psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana, miembros del semillero Interacciones. Contacto: Julian.martinezm@upb.edu.co; martinezmadrigaljulian@gmail.com

3Psicólogo egresado de la Facultad de psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana, miembros del semillero Interacciones. Contacto: leonardo.villarreal@upb.edu.co; leo.villarreal86@gmail.com

4Docente asociado de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana, integrante del grupo de investigación en psicología: sujeto, sociedad y trabajo (GIP). Contacto: juan.villag@upb.edu.co Scholar: https://scholar. google.es/citations?hl=es&user=hUy2wG0AAAAJ

5Docente Investigador, catedrático de la Maestría en Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación del Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM), integrante de la Red Interuniversitaria por la Paz - REDIPAZ, docente Investigador de la Universidad de San Buenaventura, sede Medellín (USB). Contacto: Alfonso.insuasty@gmail.com


Resumen.

Se examina el uso del miedo como estrategia de control social y político en el contexto colombiano, especialmente tras la llegada del primer gobierno de corte progresista en cabeza de Gustavo Petro Urrego (2022 2026) en la historia del país. A través del método cualitativo y un enfoque fenomenológico-hermenéutico, utilizando entrevistas semiestructuradas a 30 participantes de diversos estratos sociales en el Valle de Aburrá, se exploran las percepciones de miedo relacionadas con la situación política generada durante dicho gobierno. El análisis categorial de contenido, en niveles descriptivo y hermenéutico, reveló que los temores se centraban en el giro hacia lo que denominaron izquierda, generado por múltiples dispositivos retóricos y comunicacionales que evocan miedos prefabricados como: la asociación del socialismo con el mal absoluto, con crisis económica, dictadura, pobreza, violencia armada desbordada, entre otras. Se identificó que estos miedos son amplificados por los medios de comunicación, redes sociales y conversaciones cerradas que generan cámaras de eco, reproduciendo y cristalizando el temor. Los resultados sugieren que estos climas emocionales favorecen la polarización, deslegitiman las instituciones y representan una amenaza para la democracia en Colombia.

Palabras Claves: Orientaciones emocionales colectivas; Miedo; Democracia; Deslegitimación del adversario; Polarización afectiva; Medios de comunicación; Subjetividades políticas

Abstract.

The use of fear as a strategy of social and political control in the Colombian context is examined, especially after the arrival of the first progressive government headed by Gustavo Petro Urrego (2022-2026) in the history of the country. Through the qualitative method and a phenomenological- hermeneutic approach, by using semi-structured interviews with 30

participants from different social strata in the Aburrá Valley, the perceptions of fear related to the political situation generated during that government are explored. The categorical content analysis, at descriptive and hermeneutic levels, revealed that fears were centered on the turn to what they called the left, generated by multiple rhetorical and communicational devices, which evoke prefabricated fears, such as the association of socialism with absolute evil, with economic crisis, dictatorship, poverty, overflowing armed violence, among others. It was identified that these fears are amplified by the media, social networks, and closed conversations that generate echo chambers, by reproducing and crystallizing fear. The results suggest that these emotional climates favor polarization, delegitimize institutions, and represent a threat to democracy in Colombia.

Keyword: Collective Emotional Orientations; Fear; Democracy; Delegitimization of the Adversary; Affective Polarization; Media; Political Subjectivities

Introducción

De acuerdo con diversos investigadores asistimos en la actualidad a un proceso de desvalorización y crisis de la democracia en diversos contextos a nivel mundial (Applebaum, 2020; Levitsky & Ziblatt, 2018; Mudde, 2021; Veiga et al., 2019). Al parecer, los procesos electorales, el debate político en torno a diversas problemáticas, las posibilidades de gobernabilidad vienen siendo objeto de manipulación emocional e ideológica para promover posturas radicales y buscar adherencia o rechazo a ideas, partidos o líderes. De otro lado, también se desarrollan ejercicios de oposición política a gobiernos elegidos democráticamente, haciendo uso de este tipo de dispositivos psicosociales, que conllevan a dinámicas de polarización, autoritarismo, y climas emocionales de odio, ira o miedo social (Zamora, 2018; Hiller, 2011).

Esto ha conducido, en no pocos casos, al triunfo de sectores autoritarios que van controlando progresivamente los Estados, rompiendo el equilibrio de poderes, constituyendo un poder autocrático que se sustenta en la mecánica electoral, el carisma de los líderes, ideas radicales y dinámicas populistas, en lo que se ha denominado democracias iliberales (Levitsky & Ziblatt, 2018; Veiga et al., 2019). En este sentido, como afirmaba Martín-Baró (1989) se busca ganar la mente y el corazón de la sociedad civil a través de estos procesos psicosociales que conllevan crispación emocional, climas de zozobra e incertidumbre, temor a dialogar con los diferentes sobre asuntos públicos y exacerbación de relaciones sociales.

La evidencia empírica muestra que la exacerbación de emociones negativas lleva a las personas a alejarse de procesos democráticos, en detrimento de la participación y el debate, incrementando los índices de violencia política (Armaly & Enders, 2022; Von Borzyskowski et al., 2022). Al final, se terminan delegando las problemáticas colectivas en 'operadores políticos' que ganan poder y determinan de forma autoritaria los destinos de una nación; porque la gente prefiere callar, no debatir, retirarse de lo público y evitar conflictos (Velásquez et al. 2020, 2021).

Martín-Baró (1989) indicaba que la polarización fungía como trampa ideológica, en la que se conmina a la sociedad civil a asumir un bando de manera radical, de tal manera que no se puedan desarrollar matices sobre una problemática, y la contraparte sea catalogada como enemiga; al punto que, todos sus planteamientos son leídos de forma paranoide, negativa, con sospecha y desconfianza. Ahora bien, Velasco Arias (2023) afirma que algunos sectores iliberales y extremos, especialmente del ala derecha del espectro político, hacen uso de la polarización con el objetivo de ir corriendo los límites de lo aceptable y lo consensuado alrededor de valores fundamentales de la democracia para obturar derechos a minorías y legitimar un statu quo de inequidad, injusticia, exclusión o violencia. Favoreciendo posturas extremistas que acusan de polarizados y polarizantes a quienes se oponen a sus discursos autoritarios y antidemocráticos.

Para Nussbaum (2014) la construcción de una democracia implica considerar las emociones políticas, pues estas promueven acciones que hacen posible el desarrollo de objetivos y estas, en tanto sean sociales, permiten que este proceso sea colectivo y apunte a fines en común, lo que generaría una sociedad civil fuerte e instituciones sólidas. Si bien esto es cierto, también estas mismas emociones, en el caso particular de este artículo, tienen la posibilidad de llevar a radicalismos, polarización, acrecentar roces o diferencias ya existentes, además de darle igual fuerza e impulso a dinámicas violentas, lo cual tendría precisamente el efecto opuesto, que sería atacar a las instituciones y a la democracia.

En el presente artículo utilizaremos como base conceptual las orientaciones emocionales colectivas (OEC) (Bar-Tal, 2001; Bar-Tal et al., 2007; Halperin & Pliskin, 2015; Halperin et al., 2010) y, en particular, nos centraremos en el miedo. Las OEC ocurren como resultado de la interacción entre diferentes fenómenos sociales (como la socialización y la confluencia de normas y experiencias), que se desarrollan en los miembros de un grupo humano o una sociedad con un sentido de pertenencia, que les permite reaccionar de manera grupal con cohesión con la característica de producir inflexibilidad cognitiva. Además, ayudan a demarcar diferencias entre grupos específicos, alimentando así los discursos exo y endogrupales (Korstanje, 2014).

Puede decirse, siguiendo a diversos investigadores, que las OEC han sido instrumentalizadas por la retórica política y por medios de comunicación para establecer hegemonías culturales, políticas o sociales que afiancen ideologías, partidos o líderes autoritarios, mantener una lógica de conflicto armado, oponerse a negociaciones de paz, fortalecer un tipo de gobierno o sostener en el tiempo democracias iliberales (Bar-On, 2021; Pérez-Contreras, 2020). Polarización, radicalización y desconfianza son los principales síntomas de este malestar democrático. Cuanto más profunda es la grieta entre los sectores del espectro político, más se desintegra la confianza en el sistema y más personas se vuelven hacia partidos y líderes antidemocráticos (Mounk, 2018). En algunos casos, se ha llegado a altas dosis de agresividad o acciones violentas por parte de agrupaciones partidarias radicales.

Para Bar-Tal (2001), Halperin et al. (2010), Halperin & Pliskin (2015) y Smith et al. (2014) el miedo puede expresarse individual y colectivamente como parte del repertorio psicosocial del grupo, configurando climas emocionales que articulan modos de relación, movilizando grandes capas de población con consecuencias prácticas en los ámbitos social y político, llegando incluso a imponer algún tipo de modelo político o social. Aunque también se hace uso del odio, la ira, la culpa, la esperanza o el orgullo, de tal manera que, el miedo no es un ente aislado de otras emociones, pues se entrelaza en constelaciones emocionales que se complejizan en el entramado social y movilizan la acción (Huebner, 2011; Muratori & Zubieta 2015; Patiño y Barrera, 2021).

Gustave Le Bon (2020), psicólogo y sociólogo francés, en ‘Psicología de las masas' argumentó sobre la forma en que líderes políticos utilizan el miedo para controlar y dominar a la población a través de técnicas como la exageración, la simplificación y la manipulación de información, que fomentan la sensación de indefensión y ansiedad, facilitando el control. El miedo y la angustia, creados artificialmente, son herramientas versátiles y efectivas, puesto que pueden generar parálisis para detener la participación democrática y justificar actos violentos, polarización antes que diálogo (Weber, 2013).

Para Nussbaum (2014), algunas autoridades y líderes explotan el miedo para justificar políticas y medidas de control sobre la población. Puesto que personas que se sienten amenazadas, están más dispuestas a ceder ante medidas autoritarias o injustas cuando tienen una percepción creciente de indefensión económica, social y política. Así, emerge apatía y retraimiento, reduciendo la participación e induciendo parálisis y resignación en la población (Weber, 2013).

Varios autores plantean la relación entre miedo y Neoliberalismo, la asumen como una herramienta de control social y propaganda de Guerra. En este sentido el miedo ha sido una herramienta fundamental para consolidar y perpetuar modelos políticos y económicos, especialmente en el marco del neoliberalismo. Como OEC ha sido instrumentalizado para promover reformas que, en condiciones normales, enfrentarían resistencia social. Autores como David Harvey (2005) y Naomi Klein (2007) sostienen que la crisis y el miedo permiten implementar privatizaciones y desregulaciones que, de otro modo, serían rechazadas. A través de lo que Klein denomina la “doctrina del shock”, gobiernos y corporaciones utilizan situaciones de crisis, como desastres naturales o ataques terroristas, para desmantelar protecciones sociales, aprovechando la incertidumbre de la población.

El miedo también ha sido utilizado como propaganda de guerra, justificado por las potencias occidentales en conflictos geopolíticos. Noam Chomsky (1989) resalta cómo los medios y los gobiernos manipulan el miedo para legitimar intervenciones militares, exacerbando amenazas externas para movilizar a

la opinión pública. Esto se ha visto en conflictos recientes, como la “guerra contra el terrorismo”, donde el miedo al terrorismo fue utilizado para expandir la vigilancia y las intervenciones militares en países del Medio Oriente. La teoría del biopoder de Michel Foucault (1975) refuerza esta perspectiva, explicando cómo el miedo es empleado para ejercer control sobre las poblaciones a través de mecanismos de seguridad y vigilancia, legitimando los denominados Estados securitarios. En efecto, en la política contemporánea, el miedo se utiliza para justificar políticas de control migratorio, vigilancia fronteriza y medidas económicas restrictivas.

Como señala Zygmunt Bauman (2007), las políticas de miedo se utilizan como instrumento principal de control y elemento constitutivo de la gobernanza neoliberal, conectando economía, población y seguridad con avances, técnicas y procedimientos destinados a moldear la conducta de las personas. El miedo es omnipresente en la sociedad actual y se utiliza para debilitar la solidaridad social, atomizar a las comunidades y consolidar el poder de élites políticas y económicas; así, cuando se incrementa la sensación de inseguridad y desamparo, es eficaz; ya que moviliza incertidumbre y angustia en los ciudadanos del común, facilitando que se justifiquen decisiones de los operadores políticos para favorecer intereses económicos particulares y de mercado, en detrimento de derechos adquiridos por los ciudadanos en históricas luchas sociales.

En múltiples investigaciones revisadas, se ha entendido el miedo como una reacción corporal ante la posible presencia de un peligro inminente, que busca prepararnos ante este; concluyendo que el miedo genera cambios mentales y comportamentales, que se redirigen a afrontar el peligro. Esconderse, huir, no arriesgarse, resguardarse o apegarse a lo conocido son patrones de comportamiento normal en esta situación (Álvarez et al, 2018; Costa & Durante, 2022; Figueroa-Ibarra, 2019; Jenkins, 2020; Osorio, 2022). Además de generar cambios en la conducta, produce cambios negativos en la calidad de vida, la percepción de bienestar y satisfacción con la vida, afectando, incluso, la salud mental (Costa & Durante, 2022).

Para Fernández Droguett y Ojeda Cisternas (2015), Figueroa-Ibarra. (2019) y Jenkins (2020) el miedo es utilizado como dispositivo de control social para ejercer autoridad, amedrentar y frenar diversas acciones colectivas, que son consideradas peligrosas para quienes detentan el poder y controlan el orden social. Por lo que, ha sido implementado principalmente por gobiernos de tendencia autoritaria (Álvarez, et al. 2018; Osorio, 2022; Jenkins, 2020). Por ejemplo, hablar de crisis o gestar la percepción de caos, facilita la aparición de miedo y conduce a cambios en posiciones y opciones políticas (Wrenn, 2013, Nacos et al., 2020). Así pues, tiene la capacidad de cambiar la asociación de símbolos, instituciones o corrientes políticas, por lo que, es usado en campañas electorales para modificar tendencias, ideas sobre proyectos, grupos, candidatos o partidos; se puede sembrar desconfianza hacia instituciones garantes de derechos o hacia sectores de signo contrario (Álvarez et al., 2018; Hiller, 2011; Osorio, 2022).

Todo lo anterior termina por debilitar lazos vecinales, fomentar el distanciamiento social y suprimir el interés para participar en espacios públicos. La ciudadanía empieza a huir a los espacios privados, disminuye la solidaridad y el interés en los demás, conllevando a desconfianza y pérdida de sentido en relación con la democracia. Esta suma de desintegración social, pérdida de fe en el Estado, normalización de violencia y conductas autoritarias, llevan finalmente a un desgaste de la democracia, siendo este el impacto último que generan las políticas del miedo cuando se ejecutan de manera sistemática. Con lo cual partidos y sectores extremos posicionan sus posturas políticas y sus programas de gobierno en detrimento de sectores democráticos de izquierda o derecha (Álvarez et al, 2018; Costa, & Durante, 2022; Figueroa-Ibarra, 2019; Jenkins, 2020; Osorio, 2022, Velasco Arias, 2023).

Los autores referenciados coinciden en que un actor fundamental en esta crisis de la democracia son los medios de comunicación, los cuales generan pautas de conducta, rutinas, procedimientos informales, movilizan emociones colectivas y controlan áreas del desarrollo social y político de sujetos y sociedades. En cierto sentido organizan la esfera pública y son el corazón de la actividad política. Para Chomsky (1992) pueden ser utilizados como una herramienta de propaganda para mantener a la población desinformada y controlada. A través de la selección de noticias, la manipulación de información y la creación de estereotipos, pueden crear una imagen distorsionada de la realidad y perpetuar la desigualdad y la injusticia.

Según Sorj (2010) los grandes medios están en el tercer lugar de influencia sobre el diseño e implementación de políticas públicas, además de promover ordenes sociales injustos o autoritarios, que se sostienen en climas emocionales y narrativas de miedo, odio o indignación, como base afectiva para discursos orientados a disminuir el compromiso cívico, la inclusividad social y la empatía hacia el otro (Pantti & Wahl-Jorgensen, 2021; Pauloni, & González, 2022; Wagner et al, 2020). Las investigaciones revisadas concluyen que medios de comunicación hegemónicos tienen la capacidad de generar miedo, instrumentalizando una percepción “exagerada” de la amenaza con el fin de fijar valores, interpretaciones, identidades y versiones de la realidad favorables a sectores de poder (Bruera, 2021; Vergara, 2016). De acuerdo con Costa et al. (2022) y Torronen et al. (2022), cuando por el consumo acrítico de medios y redes sociales se homogeneizan visiones y creencias y se construye una realidad social amenazante, la gente experimenta peligros y vulnerabilidad para la seguridad social y la soberanía nacional.

Teniendo en cuenta la situación global de crisis en la democracia, la tendencia de los gobiernos de Latinoamérica hacia democracias imperfectas o iliberales, el hecho de que usan los medios de comunicación para movilizar orientaciones emocionales en la población en pro de sus intereses político- económicos, en la presente investigación intentamos comprender la forma como se producen miedos en el ámbito social y político en ciudadanos del común, habitantes del Valle de Aburra, describiendo su implicación y consecuencias en su vida diaria y en sus decisiones políticas.

Como una nota a este recorrido, vale la pena advertir que hoy, en un mundo que transita hacia un orden global multipolar, la utilización del miedo como herramienta de control y justificación bélica está entrando en una nueva fase. La disputa geopolítica entre Occidente, liderada por Estados Unidos y Europa, y las potencias emergentes como China y Rusia ha intensificado la retórica del miedo. En este contexto, Occidente ha incrementado su militarización, presentando a China y Rusia como amenazas existenciales a la democracia y la estabilidad mundial.

En América Latina, este discurso del miedo está siendo utilizado para arrastrar a países hacia la órbita militar y económica de Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de la región por construir un modelo más independiente. A través de alianzas militares como el aumento de Acuerdos Militares con el Comando Sur, la integración de Colombia como miembro no parte a la OTAN, la inestabilidad en Haití, Ecuador y Perú, sumado a la vinculación de Colombia al llamado Polígono de Seguridad de Estados Unidos. En este contexto es prioritario comprender y aportar estudios para identificar cómo opera el miedo y cómo es utilizado como arma política y de guerra.

Metodología

Esta investigación se desarrolló con el método cualitativo y un enfoque fenomenológico-hermenéutico (Martínez, 2004), puesto que se indagó sobre la experiencia vivida de los participantes, para producir relatos y narraciones en torno a sus vivencias de miedo en relación con la situación actual del país, por la cual se les preguntó. Estas experiencias enmarcadas en sus relatos fueron analizadas desde una perspectiva hermenéutica.

Se realizaron treinta entrevistas semi estructuradas, la mayoría de manera presencial y algunas por la plataforma Teams, a 30 participantes, mayores de edad, hombres y mujeres, de diferentes estratos sociales y niveles educativos, ciudadanos del común del Valle de Aburrá. Entendemos por ciudadanos del común a personas que no militan en partidos políticos, que no estudian académicamente estos temas, que no hacen parte de movimientos sociales y que han construidos sus puntos de vista a partir de información no especializada y cotidiana. Como criterios de exclusión se tuvieron: ser menor de edad, no haber vivido más de 4 años en el Valle de Aburrá, ser militante de algún partido político o de un movimiento social.

A partir de los relatos producidos en las entrevistas se desarrolló un análisis de contenido hermenéutico, a través de una matriz de coherencia, intrasujeto, que permitió clasificar según categorías previas las unidades de sentido producidas por los participantes. En segundo lugar se produjeron 4 matrices intertextuales, según cada categoría emergente: (miedos propios del participante, origen de los miedos, miedos históricos y miedos percibidos en los demás), lo cual propició al interior de cada matriz una codificación en dos niveles: el primero, descriptivo, posibilitando reorganizar nuevamente las unidades de sentido, y el segundo, hermenéutico, lo que posibilitó la interpretación, la construcción de relaciones y una perspectiva teórica emergente, de la que se da cuenta en los resultados.

Resultados

Cuando en la entrevista se pregunta por los miedos en relación con la situación actual del país, una gran mayoría de participantes aluden al tema político, en particular se refirieron a la figura del presidente Gustavo Petro, sus reformas sociales y las instituciones bajo su gobierno. Al parecer, el giro hacia la izquierda en el ejecutivo parece producirles miedo y en sus relatos reproducen ideas que parecen ser repetitivas.

Una gran mayoría se refieren al tema económico, ya que un gobierno de izquierda les genera incertidumbre, desconfianza y temor. Cuando se indaga sobre el porqué de esta desconfianza, plantean deficiencias y sospechas sobre su capacidad para gobernar, administrar, gerenciar y ejecutar, lo que podría conducir al país hacia la precariedad. Este miedo se concreta en imágenes y creencias compartidas en torno a malos manejos, refiriéndose a escándalos de corrupción en la campaña y en el gobierno; califican negativamente las reformas que se han propuesto y los cambios que se están tratando de implementar. Temen que se genere una crisis económica, utilizando como referente la situación de Venezuela:

Por una mala administración en las finanzas del país [...] que no haya más trabajo, o que los ingresos del país sean muy bajos y que nos puedan afectar en el acceso a la comida o algo así. más como miedo a eso. uno de los mayores miedos es eso, que por un mal manejo [.] la economía del país se vea afectada (EH8-B).

Estos temores y desconfianzas están ligados a la figura del presidente Petro y otros miembros de la coalición de izquierda, cuya imagen es percibida como negativa. De acuerdo con los relatos, se puede identificar un clima emocional de incertidumbre, que está vinculado, no tanto con la situación actual, sino con las posibles carencias que, sienten, podrían venir en el inmediato futuro y se concreta en un miedo a la escasez: de recursos, de oportunidades, de bienes, de servicios, además de dudas frente al futuro de las nuevas generaciones:

Siento que cada vez está todo más costoso. La canasta familiar sube cada día más, la gasolina. Imagínate que en diciembre llenaba mi carro de corriente con $90.000. Ahora está en $150.000. Es una cosa exagerada, los servicios públicos han subido mucho. O sea, todo es más costoso. (EM8-A). Desafortunadamente estamos en una sociedad que no nos deja avanzar. Específicamente va a haber más desempleo [.] todos los días más caro. El mínimo no rinde, el arriendo. (EM10-B).

Los participantes no vinculan estos problemas con otros niveles de explicación de orden global, sistémico o histórico. Sino que, desde su punto de vista, en las acciones del actual gobierno se condensan todos los males pasados, actuales y venideros. En nuestra indagación se pudo identificar que esta percepción está ligada a un fuerte temor primario, que tiene que ver con la satisfacción de necesidades básicas: alimentación, sostenimiento básico de sus familias, trabajo, etc.

El arriendo, la comida, los servicios, el transporte, la gasolina, si no Lo tiene... los impuestos y todo eso, realmente no alcanza con eso para uno poderse sostener. Y siento que todo eso es algo que ha venido aumentando (EM1-M).

Y señalan al actual gobierno de ser responsable y poner en riesgo la satisfacción de estas necesidades vitales, lo cual se aúna a esa idea negativa sobre el futuro, que temen, será aún más difícil. Dentro de las razones esgrimidas para su temor, incertidumbre y desconfianza fue significativo el miedo expresado ante las reformas pensional y de salud, aunque no tengan claridad sobre su contenido y las implicaciones concretas que tendrían, solamente manifiestan temor frente a la posibilidad de que estos sistemas pasen a ser administrados por el Estado,

Por ejemplo, aunque yo eso no lo entiendo muy bien, pero [.] ¿Qué pasaría entonces con los fondo privados? Colpensiones viene siendo público y Porvenir es privado, pero entonces, ¿qué clase de beneficios tendríamos los que usamos los afiliados a Porvenir? ¿Si a mí, se me acaba la pensión que estoy pagando, entonces, qué beneficios tendría? ¿me hago entender? Aquí hay una parte de la población que no tenemos los mismos beneficios que otros. Entonces, en algún momento, unos vamos a estar más pobres que otros (EM4-A).

Cuando se les contra pregunta por estos temores y, ante la carencia de argumentos claros sobre el porqué de su incertidumbre y desconfianza, teniendo en cuenta que la gran mayoría manifestaron no conocer su contenido, la respuesta que se esbozó partía de un temor anterior, que, como se dijo, está a la base de las representaciones y creencias esbozadas: se teme que estos procesos de reforma lleven a cambios drásticos que conduzcan al país a la experiencia de países como Venezuela, Cuba y Nicaragua. Para los participantes estos países al ser denominados ‘socialistas/comunistas', es decir, con el sólo apelativo en la enunciación de estos significantes, se certifican como sinónimo de caos, destrucción, miseria, padecimientos colectivos, carencias profundas. Esto refuerza en ellos/as, más allá de poderlo contrastar con los hechos, solamente en la enunciación, el miedo al gobierno actual, pues consideran que ideológicamente es igual a los sectores políticos que gobiernan estos países:

P: ¿A qué le tengo miedo? Tengo miedo de que este país se vuelva como Venezuela.

E: ¿Y cómo pasaría eso?

P: No sé porque... como no... pues pensaría que es porque es de izquierda. Entonces, cuando esos. esos grupos políticos de izquierda. Normalmente aquí en Latinoamérica. Como que Pailas (EH17-M).

Puede notarse claramente la dificultad para construir la unidad de sentido. Se trastabilla en la construcción de la enunciación. No fue el único caso en nuestra indagación. Igualmente, el significante ‘socialismo' refiere en los relatos a ‘autoritarismo', que, a su vez es asociado con dictadura. La cuestión es que dictadura, en cuanto significante productor de temor, se vincula, en términos del significado, con la orientación política de izquierda, sin tener en cuenta la gran cantidad de gobiernos democráticos de izquierda en América Latina y en el mundo, ni tampoco que en América Latina han existido y existen dictaduras o procesos autoritarios desde la derecha. Así, se focaliza el temor en que el gobierno de Gustavo Petro desarrolle políticas que culminen en una situación de caos y una posible dictadura,

E: ¿Cómo es ese miedo en ti?

M: Digamos que lo que uno escucha: la presión social. que un gobierno socialista nos va a volver como Cuba. Ver vídeos, todo eso me generó bastante incertidumbre. De hecho, en mi familia empezamos a hacer. todos sacamos pasaporte (EH9-M). Otro miedo es, por ejemplo, que cuando se acabe el mandato del actual presidente, él no va a dejar que se acabe su mandato. Entonces, ahí entraríamos a una dictadura (EM11-A).

Este temor, pareciera tener como predecesor, el clima de polarización y radicalización que perciben en el país. Consideran que esta situación podría conducir a conflictos entre la ciudadanía que exacerbe los temores mutuos y que se afiancen los estereotipos que se tienen en relación con las personas de idea contraria:

No sé, un ejemplo tonto, yo soy del partido A, y me da miedo, porque no estoy a favor del partido Z. Por esto, esto y esto, pero conózcalo mejor, siéntese hablar. O sea, es como el miedo a conocer qué, por qué es que uno tiene miedo. A todo, pero si no le da la oportunidad de conocer esos. no sé, de abrirse un poquito. (EM3-M)

Todo este cumulo de desconfianzas, primero hacia las capacidades, luego hacia las intenciones del actual gobierno, coinciden más a profundidad con una idea completamente asumida y un miedo generalizado de que, además, es corrupto. Concluyen que este gobierno utiliza la ideología para poder subir una nueva élite que se apropie del poder para su propio beneficio, reforzando nuevamente la idea de “dictadura”:

El miedo a una dictadura. Básicamente el miedo a aumentar el nivel de pobreza porque la corrupción aumenta. Y eso que esos son como los videos más representativos [Refiriéndose a vídeos en redes sociales sobre la corrupción del gobierno Petro] cada vez se ve más y más corrupción. Eso da mucho miedo porque el dinero, que es para todos, se queda en unos pocos (EM6-M).

Se vio que los menores de 30 años tienen grandes preocupaciones sobre su futuro, especialmente pensando en la escasez de oportunidades laborales y los mayores de 30 años mostraron mayor preocupación por el aumento del precio de bienes y servicios y la financiación del sistema pensional. Temores que se incrementan por la creencia de estar viviendo en un entorno profundamente caótico:

Te toca estudiar por ahí unos 10 años, te toca hacer todo el pregrado, hacer un posgrado, hacer maestría, entonces, pues al final si te cuesta y te demoras bastante para empezar, ¿cómo vas a tener un buen empleo pago? (EH12-A). Ahora se ve mucho en la calle, pues gente más agresiva, más indigentes, más familias en la calle. O sea, es como un caos. Eso me causa mucho temor (EM8-A).

Otro miedo que se viene suscitando entre los participantes hace referencia a los niveles de violencia, que sienten, se han incrementado en el último período. Para las personas mayores de 30 años, este temor se centra en la reminiscencia de situaciones pasadas, que creían superadas. Consideran que antes del gobierno de Álvaro Uribe la situación de violencia era intolerable y que éste devolvió la seguridad y el control sobre el territorio. En este punto refieren que el principal actor generador de miedo en el pasado fue la guerrilla y tenían miedo a vivir en carne propia un secuestro o una incursión armada. Para estos participantes este miedo del pasado fue asociado con el gobierno de Andrés Pastrana, pues existe el imaginario de que éste regaló el país a las guerrillas y descuidó la soberanía. Por esta razón justifican, legitiman y aplauden las políticas de seguridad del gobierno Uribe, con el cual se identifican: “de pronto en el gobierno de Andrés Pastrana, que ese sí fue el peor presidente que ha tenido Colombia [...] porque le vendió el país a la guerrilla” (EH2-B). Algunos manifiestan que, en el presente, se está repitiendo esa historia y se está perdiendo nuevamente la soberanía nacional,

P: Le tengo miedo principalmente a que volvamos a un Estado donde los grupos armados se tomen todo [.] Las amenazas, por ejemplo, que se han tenido en donde tenemos la finca, que los grupos armados otra vez están pidiendo, por ejemplo, carnetización [.] Que están empezando a hacer un control.

E: ¿Cómo describirías ese miedo?

P: Es una incertidumbre, es como no saber qué va a pasar o, ‘jueputa', otra vez va a volver a suceder Lo mismo^ es como una inseguridad [...] Lo que estoy viendo es que esto se va a poner peor, va a volver otra vez a como estaba antes ¿cierto? Entonces es como que uno ya ha vivido ciertas cosas [.] Estamos viendo las mismas señales, ¿será que otra vez se va a poner, así como estaba hace 20 años? Entonces ahí empieza ese tipo de temor (EH7-M).

Algunos de los participantes atribuyen esta situación a la mala gestión del gobierno y a su política de ‘paz total' que les da alas a estos grupos armados. Expresan que, después de Uribe, con el proceso de Santos con las FARC y, ahora, con el gobierno progresista de Gustavo Petro, se favorece a las guerrillas y se les está entregando el país. Por este motivo se teme que alcancen mayor poder:

Que se pierda la soberanía nacional, es un miedo grande de la gente, quiero decir el poder que representa al Estado, que se pierda (EH4-M). Sí, claro la violencia. La violencia en todo sentido porque lo viví en carne propia. Y obviamente en carne propia no significa que tengo que vivirlo yo, sino que, en la parte familiar, ¿cierto? (EH11-M).

Fue sorprendente que algunos participantes menores de 30 años enunciaran que el gobierno de Álvaro Uribe les produce miedo. Lo cual pareciera contradictorio con el hecho de que la mayoría de los participantes expresó que en ese tiempo experimentaron seguridad. Sin embargo, y paradójicamente, manifestaron que también tenían miedo a verse implicados en dinámicas violentas que caracterizaron ese período: temas como la guerra frontal contra las guerrillas, los falsos positivos y las denuncias de vínculos con el paramilitarismo, que no pasaron totalmente inadvertidos para estos participantes, quienes en esta situación paradojal expresaron un temor a tener que padecer, por ‘daños colaterales' alguna afectación en sí mismos o en sus familias, en caso de otro gobierno con esta tendencia política:

Por un lado, me dicen que él [Uribe] mejoró varias situaciones del país. Como que la oportunidad, la calidad de vida estuvo un poco mejor. Pero por el otro lado, también está todo el tema de corrupción, por ejemplo, el tema de los falsos positivos, el tema de todas las guerras, entonces siento que, si yo hubiera vivido mis 21 años en ese gobierno, siento que hubiera tenido un poco más de miedo (EH12-A).

De otro lado, los participantes, enunciaron un grupo de temores que no están ligados necesariamente a la gestión del actual gobierno de Colombia. Esto tiene que ver con la seguridad ciudadana, que, aunque la sienten deteriorada en el último tiempo, manifiestan que es una situación de vieja data, que se ha normalizado y hace parte de la vida cotidiana en una ciudad como Medellín y su área metropolitana. Estos miedos se reflejan en el temor a salir a la calle, en un estado de incertidumbre cuando se transita por la ciudad, lo que implica estar en alerta permanente ante cualquier signo de peligro. Se enuncian dos tipos de hechos que atemorizan: el robo y la pérdida de pertenencias, que en el contexto colombiano puede implicar, incluso, perder la vida:

Siempre es como a la defensiva, estar pendiente del celular, quién viene atrás, quién está delante, los carros, las motos, el aspecto físico de las personas [.] digamos que me genera bastante miedo (EH9-M). Estamos hablando de que en cualquier momento alguien te quiere atracar, te puede llegar a apuñalar o pegar un tiro por robarte un celular (EH14-A).

Por otro lado, la sensación de inseguridad está ligada a la imagen de la delincuencia que se apodera de los espacios sociales, públicos, de los barrios o de la ciudad en general. Siendo este un miedo más ligado a la ineficacia del Estado para garantizar la seguridad, pero enfatizando en el actual gobierno. En el caso concreto de Medellín y el Valle de Aburrá, los participantes describen con terror poder verse implicados en posibles enfrentamientos territoriales entre bandas criminales, lo cual es reforzado, a su vez, por la historia violenta del área metropolitana.

Procedencia de estos miedos

Cuando se les preguntó a los participantes “¿Cómo llegaron esos miedos a ustedes y a los demás?, se pudo comprender que el origen de este clima emocional de temor, incertidumbre, inseguridad y angustia, descrito en el punto anterior, reside en fuentes diversas, pudiendo estos agruparse en cuatro: medios de comunicación, redes sociales, conversaciones cotidianas y experiencia personal.

La mayoría de los entrevistados refieren que la información que alimenta sus miedos procede de los medios de comunicación. En el análisis se identificaron tres tipos de medios: los más enunciados son los medios masivos y hegemónicos de comunicación, entendiendo estos como: televisión (noticieros), radio (mesas de la mañana) y prensa tradicional (El Colombiano y Revista Semana). Además, la opinión mayoritaria fue que los medios que ejercen mayor influencia son RCN y Caracol, porque son los más consumidos. Reportan que es allí donde obtienen la información sobre el actual gobierno y, a partir de allí, han construido las narrativas y temores que se analizaron en el acápite anterior:

Yo siempre escucho noticias y escucho como pasaron hartas cosas violentas. Entonces, uno siente que la cosa es como peor [.] Escucho Caracol, RCN. Y en el radio, por ejemplo, al escuchar las noticias, que se murió la niñita, porque necesitaba una cirugía y no había médicos (EM9-B).

E: ¿Todo esto que has escuchado de la EPS, ¿dónde lo has escuchado o cómo te informaste?

P: ¡Ah! Por las noticias. En las noticias se habla mucho de eso [...] yo oigo el

noticiero de Caracol, el de RCN. Son los que más oigo (EM5-A).

La mayoría, aunque los consumen con frecuencia y son su principal fuente de información, ven que, paradójicamente, estos medios son su principal fuente de temor, pues les atribuyen un cierto valor de verdad. Incluso, aunque algunos logran cuestionarse y preguntarse si en la coyuntura actual están tratando de generar miedo, siguen siendo el principal referente para explicar la realidad del país, que interpretan como caótica y crítica,

Qué son RCN, Caracol, la Radio [.] Cómo es posible que los únicos dos canales que tú percibes primero, cuando realmente informan utilicen lenguaje súper complejo y súper técnico Teniendo en cuenta que el 90% de la población que consume su contenido son personas con poco acceso a la educación, es irracional [.] Hay muchos miedos que son causados en la población por manipulación de información (EM7-B).

Sin embargo, algunos, especialmente menores de 30 años, expresaron consumir medios internacionales como DW, a los que les suponen mayor confiabilidad y objetividad. De allí que este tipo de participantes manifieste una perspectiva crítica del consumo de medios, por la información que ofrecen y los lenguajes que utilizan, por lo que toman distancia frente a sus formas de enunciación. Identifican de una manera clara y sencilla que el clima emocional de miedo en el país podría tener su origen en la forma como se produce la información,

E: ¿Dónde crees que proviene la información para que la gente

desarrolle estos miedos?

N: De los medios de comunicación: RCN, Caracol, pues son noticieros amarillistas. Voy a hablar desde la experiencia de mi casa. Por ejemplo, mis papás ven RCN y Caracol, que de por sí son noticieros de derecha, que amplifican las cosas que hace Petro, entonces hacen ver todo aún peor de lo que ya es [.] siento que sí amplifican y eso hace que ellos también lo vean mucho más grande. (EM1-M).

La segunda mediación de la información, que está a la base de los miedos, según las entrevistas, son las redes sociales. Algunos las consumen de forma acrítica y asumen como cierta la información que les llega por esta vía: “los videos que uno ve, los periódicos, las notas que dan en internet, sobre lo que se asimila entre Venezuela y Colombia o la manera de pensar de Petro” (EH9-M). Algunos consumen páginas que publican “noticias” del tipo clickbait, con publicidades pagadas emergentes. Esta modalidad de “noticias” destaca por tener como objetivo principal llamar la atención y generar ingresos a través de visitas en línea; y no por dar información verídica y rigurosa, lo que lleva a dar información exagerada o sencillamente falsa con tal de sonar llamativa.

Pues esta información la saco como de medios. Bueno de medios tipo videos post de Instagram, ese tipo de cositas, como comentarios. De noticias en un canal de televisión, no la saco. Pero pues sí, me gusta informarme por ese tipo de medios, por el celular (EH12-A).

Otro grupo minoritario de participantes las utiliza, pero partiendo de una pesquisa por su cuenta, intentando acceder a informadores independientes:

Yo casi siempre investigo, busco en redes y en internet, porque de verdad lo que yo veo de televisión es mínimo, de noticias nacionales, es muy mínimo; y no me gusta como informan, e igualmente cuando me informo no me quedo con él, pues como que no doy esa información por cierta (EM18-M).

La información recibida por medios de comunicación y redes sociales se refuerza en el voz a voz y en las conversaciones cotidianas, que a su vez son reconocidas por los participantes como otra fuente de transmisión del temor ante la situación actual del país. Se trata de información recibida en conversaciones cotidianos con personas cercanas, en los que emergen los temas enunciados en la primera parte: hablan de noticias y expresan sus preocupaciones, emociones y pensamientos en relación con la política y la situación del país. Además, escuchan historias que sus allegados comentan haber vivido, o que cercanos a sus allegados les compartieron, pero algunas de estas experiencias parecieran estar mediadas, más por medios de comunicación o redes sociales que por una experiencia propia. Esto aporta una intensificación del efecto, pues la información mediática termina legitimada en la repetición producida en múltiples espacios de interacción social, considerando que, si muchas personas lo creen y lo mencionan, entonces debe ser cierto.

De esta forma, personas que piensan similar se reúnen en nichos que retroalimentan sus ideas, creencias y sentimientos comunes. Consumen los mismos medios masivos, atienden a las mismas cadenas de whatsapp, o están afectados de forma similar por los algoritmos que les filtran información similar. Con lo cual, sus conversaciones y pretendidos conocimientos sobre la realidad terminan mediados por este tipo de dispositivos que no les permite contrastar información y creencias, de tal manera que alimentan formas de ‘realismo ingenuo' y ‘cámaras de eco', al considerar que sus percepciones, puntos de vista e ideología son verdaderas y corresponden exactamente con la realidad. Esto es especialmente peligroso, porque no hay debate ni contraste, lo cual radicaliza sus posturas y potencia significativamente el temor: “pues mi gente, mis papás, siempre han escuchado noticias, he escuchado como en mis papás hablan entre ellos, mis abuelos, mis tíos, mi familia” (EH6-M).

Por último, la tercera fuente sería la experiencia propia, la cual está más relacionada con temas vinculados a la inseguridad en la ciudad y al riesgo de ser víctima de la delincuencia, que se basa en la experiencia directa. En esta modalidad se vio que aquellas cosas que amenazan al grupo familiar o grupo de amigos se perciben como una amenaza propia y que hacen parte del compartir cotidiano:

Me han robado dos veces el celular (EM9-B). Siempre me han dicho que el centro es súper peligroso, por ejemplo, cuando estaba acá en el Sena estudiando, pasó lo que te comenté hace un momento: a un compañero lo apuñalaron, a otro lo robaron en el semáforo, entonces, todas esas situaciones lo mantienen a uno alerta (EH9-M).

Discusión

Los hallazgos de este trabajo permiten inferir dos tipos de miedo en relación con la situación actual del país: podría decirse que unos miedos emergen por la situación política y los hechos que están rodeando al gobierno del presidente Gustavo Petro, y los podríamos llamar coyunturales y, otros miedos que podrían hacer parte del repertorio de miedos que suele tener un ciudadano colombiano o latinoamericano y están relacionados sobre todo por las condiciones de inseguridad y delincuencia que caracteriza las ciudades en América Latina (Restrepo, 2020), a estos miedos los llamaremos: no coyunturales y están relacionados con procesos que no necesariamente están relacionados con la situación actual.

El primer tipo de miedo, según los participantes, son promovidos por los medios de comunicación hegemónicos, puesto que ofrecen información en relación con la coyuntura económica y política, la seguridad, las reformas del gobierno, entre otros, que genera incertidumbre, angustia y temor, configurando un clima emocional de crispación, alerta e indignación que se expresa claramente en algunas de las entrevistas realizadas. Esto según lo visto en los antecedentes parece coincidir con las maneras en las que el miedo ha sido usado como herramienta, especialmente, en el ámbito social y político (Weber, 2013; Hiller, 2011; Sy & Lopresti, 2022; Costa et al, 2022; Pauloni & González, 2022; Fernández Droguett y Ojeda Cisternas, 2015; Jenkins, 2020; Acerbi, 2020; Bruera, 2021).

Así, ciertos miedos son privilegiados sobre otros, con el fin de crear imaginarios relacionados con ideas o acciones de algún tipo (Costa et al, 2022). Por ejemplo, el miedo a la escasez podría llevar al rechazo de políticas de transformaciones social, a largo plazo, en una lógica de que “es mejor malo conocido, que bueno por conocer”. O el miedo a convertirse en víctima de un grupo armado o de la delincuencia puede movilizar a la gente a optar por partidos políticos o políticas públicas de seguridad, aun sin importar las consecuencias que esto pueda traer, tal como se enunció en relación con el gobierno de Uribe.

Es de notar que el contenido en el que se fundamentan estos miedos a un gobierno progresista, como el de Gustavo Petro, hacen parte de un repertorio más amplio, que utilizan las derechas en Colombia y en América Latina para repeler el ascenso de gobiernos de izquierda o progresistas. Discursos similares se han utilizado en Brasil, Chile, Argentina, México, Honduras, Guatemala, entre otros, tanto en momentos electorales para evitar que asciendan al poder, como en los dispositivos de oposición a estos gobiernos cuando logran vencer en las elecciones. Como se puede contrastar con nuestros resultados, se les acusa de mala o deficiente administración, de no saber gerenciar un país; de generar crisis y escasez económica en una perspectiva de no-futuro y de inviabilidad de sus propuestas y reformas, que suelen acusarse, desde el dogma neoliberal, de ‘estatistas', lo que se suele identificar con ‘comunistas', desconociendo que los Estados de bienestar han correspondido a modelos de Estado liberales y capitalistas. También se acusan sus medidas como autoritarias y se les endilga quererse perpetuar en el poder de forma dictatorial, añadiéndoles la acusación de corrupción, como otra élite que se quiere tomar el poder, desconociendo las élites históricas que precisamente han desarrollado este tipo de prácticas. Finalmente, en todos estos casos se previene a la población y se inculca el miedo poniendo como parangón los casos de Cuba y Venezuela, sinónimos de caos, destrucción, carencias y miseria. Para el caso colombiano se agrega el tema de la pérdida de la soberanía y la entrega del país a las guerrillas o a la delincuencia basados en un clima de pérdida de seguridad que es amplificada por los medios de comunicación. Impresiona como los participantes de nuestra investigación reproducen estos discursos que son casi de manual y son parte del repertorio para defenestrar los gobiernos progresistas en América Latina (Figueroa-Ibarra, 2019; Merlin, 2020; Restrepo, 2020; Santos, 2022; Soto Bouhier, 2024; Soto Pereira, 2023).

Así pues, siguiendo esta lógica discursiva que ha tomado vuelo en América Latina, para los participantes, la situación actual del país es percibida como inestable, experimentan desconfianza, incertidumbre y temor. Con ello puede afirmarse que se ha configurado un clima emocional que se estructura a la manera de una constelación emocional (Patiño y Barrera, 2021) que se concreta en una angustia permanente y abstracta por posibles carencias en la satisfacción de necesidades básicas, por la estabilidad de la economía, el desabastecimiento y otras problemáticas que afectarían la calidad de vida de la gente. En efecto, quizás el miedo más significativo expresado se centra en que la situación económica del país se deteriore, al punto que traiga un empobrecimiento generalizado, desempleo y ausencia de nuevas oportunidades.

Este clima emocional de miedo permea la vida diaria, las acciones, las ideas y las decisiones de las personas (Weber, 2013) y las moviliza, porque es una emoción primaria sobre la cual se sustenta la supervivencia. De allí que su uso político es ideal para inducir intolerancia hacia un lado u otro del espectro político o para apoyar o rechazar la implementación de ciertas políticas públicas. (Nacos et al, 2020; Von Borzyskowski et al, 2022; Pauloni & González, 2022; Simonetti, 2012).

Siguiendo la lógica anterior, puede afirmarse que en este proceso cumplen un papel fundamental los procesos de mediatización y manipulación de la información, ya que algunos de los acontecimientos mencionados o los temores expresados podrían tener más sustento en fenómenos de tipo discursivo o en la narrativa transmitida, que en los hechos mismos. En el marco de esta investigación se destaca un uso retórico y mediático del miedo, movilizado por poderes económicos y políticos, que establecen una relación causa/efecto entre un gobierno de izquierda y la situación social, política y económica de países como Venezuela y Cuba, amplificando los errores del actual gobierno para denotar que va por este mismo camino, sin matizar que se trata de un gobierno que procede de un partido de izquierda democrática (Weber, 2013; Hiller, 2011; Sy & Lopresti, 2022; Costa et al, 2022; Pauloni y González, 2022; Fernández Droguett y Ojeda Cisternas, 2015; Jenkins, 2020; Acerbi, 2020; Bruera, 2021). Es importante acotar que los participantes son oriundos o viven desde hace años en el Valle de Aburrá, donde los líderes políticos locales han apelado a estos miedos como forma de oposición al gobierno actual.

Para Bar-Tal (2001), Bar-Tal et al. (2007) las OEC son movilizadas por narrativas de medios masivos de comunicación y la retórica de líderes políticos que personifican posturas e ideologías que se quieren imponer al resto de la población. Finalmente, cuando este miedo se instala en la vida cotidiana, cuando se hace tema de conversaciones familiares y sociales, pareciera amplificarse e instalarse en el repertorio emocional, que guía el repertorio cognitivo y de acción de los participantes. Ahora bien, muchas de las opiniones expresadas suelen estar basadas en desinformación: fakenews, uso de redes sociales y manipulación emocional que no son reconocidas como tal por los participantes (Pauloni & González, 2022).

Todo esto se utiliza como una estrategia comunicativa que tiene su soporte cognitivo en sesgos de confirmación, cámaras de eco y redes de autosuficiencia de contenidos (Hiller, 2011) que reducen el marco de posibilidades para contrastar la información recibida, que al ser repetida de múltiples formas y por diversos canales (desde los grandes medios, hasta las redes sociales y el voz a voz en las conversaciones cotidianas), ratifican la experiencia que manifiestan los participantes y el procesamiento de la información recibida.

Analizando el contenido al que son referidos estos miedos y al profundizar en el conocimiento que tienen los participantes sobre el proyecto de gobierno, las reformas que está intentando implementar, podemos afirmar que la mayoría no tiene conocimiento suficiente en relación con la situación actual del país ni de los contenidos de las políticas públicas y reformas que se están tramitando; y que, por esta razón, entre otras, se incrementan los miedos que les aquejan; en muchos casos, sin importar su orientación política. Lo que supone que muchas de las emociones ligadas al miedo y expresadas en esta investigación están enmarcadas por narrativas, imágenes y procesos psicosociales que reducen su campo de percepción y análisis. Esto conduce a que los participantes pierdan perspectiva, incluso crítica, en relación con un programa de gobierno o con las propuestas de políticas públicas por parte de éste, en la medida en que al desconfiar de sus posturas y sentirlas como amenazantes, e interpretarlas desde estos miedos, de entrada, se produce un rechazo que deviene en imposibilidad para el diálogo y la construcción colectiva, incluso se cierra su interés por conocerlas, leerlas o estudiarlas.

Como se enunció previamente, encontramos que los participantes asocian un gobierno de izquierda democrática con el ‘socialismo/comunismo', connotándolo y vinculándolo con lo malo, lo demoníaco y lo que “no puede ser” en ninguna circunstancia. De allí que cualquier postura que sea asociada con este “estado de cosas malignas”, así sea liberal, progresista o socialdemócrata, puede ser legítimamente atacada o eliminada, tal como se colige también en la investigación de Villa-Gomez et al. (2022, 2023); porque por un proceso de razonamiento transitivo le transfieren todos los adjetivos, estereotipos y significados que se le atribuyen a esta ideología a cualquier propuesta de cambio, siempre y cuando tenga un tinte de izquierda. Vale decir, que en América Latina el miedo al comunismo, el miedo a la toma del poder de forma violenta por parte de las insurgencias armadas, entre otros, han predominado en las narrativas de las élites dominantes y se ha transferido acríticamente a la mayoría de la población (Figueroa-Ibarra, 2019; Restrepo, 2020).

En la historia del país y de América Latina se ha dado una narrativa anticomunista y contrainsurgente que se ha utilizado con mucha fuerza desde la primera mitad del siglo XX, posteriormente durante la guerra fría y en el presente, cuando se acude a esta imagen para producir temor, rechazo, indignación con base en la situación de países como Cuba, Venezuela y Nicaragua. De tal manera que pareciera que los polos del espectro se corren y la polarización no sería entre comunismo y capitalismo, sino entre socialdemocracia y liberalismo progresista, metidos en un mismo costal, y una derecha recalcitrante que no

está dispuesta a permitir ningún cambio y que, incluso, ataca los logros en materia de derechos que se han conseguido (Velasco Arias, 2023), en el caso colombiano, contra la misma constitución del 91.

El miedo ha sido una herramienta central en la configuración de sociedades, especialmente bajo el marco del neoliberalismo y su consolidación a lo largo de las últimas décadas. Este sentimiento, manipulado por las élites económicas y políticas, ha servido como catalizador para implementar políticas que restringen derechos y privatizan servicios públicos - que también son derechos- y que, en condiciones normales, habrían sido fuertemente resistidas por las mayorías. Asimismo, ha sido empleado para justificar guerras, intervenciones militares y formas de control que, en última instancia, han reconfigurado las sociedades en beneficio de un modelo económico que perpetúa la desigualdad y la exclusión. En el contexto actual de un orden global que transita hacia el multipolarismo, estas dinámicas se hacen más evidentes y peligrosas.

Se trata de una estrategia de control social en la que, en las últimas décadas, el neoliberalismo ha utilizado el miedo como un mecanismo para legitimar y facilitar cambios sociales en beneficio de un modelo económico que generado enormes desigualdades, evitando que gobiernos que propendan por garantizar algunos derechos sean satanizados, un asunto ya extremo y que da cuenta de la complejidad del momento pues se trata de atacar pequeñas propuestas de reformas legales para ganar en equidad y atención social, gestadas en un régimen de amplia injusticia y exclusión, más no se trata de transformaciones estructurales, que son necesarias.

Esto en línea con lo que David Harvey (2005) sostiene, en tanto afirma que la crisis -y el miedo que genera- es un elemento esencial para la imposición de reformas que favorecen la acumulación de capital y detener cualquier proceso en contra. Cuando las sociedades se ven sumidas en el caos, la incertidumbre o el temor a colapsos económicos, se vuelve más fácil introducir políticas como la privatización, la desregulación y el desmantelamiento de servicios públicos, realidad que implica una oferta mediática fuerte para disputar el relato y la comprensión de la realidad en su justa proporción.

Este patrón se observa en diversas crisis económicas y financieras a lo largo de la historia reciente, donde el miedo se utiliza para convencer a la sociedad de que la única solución viable es la adopción de medidas neoliberales. Naomi Klein (2007), en su obra The Shock Doctrine, señala como se ha provocado y aprovechado del estado de shock colectivo para introducir cambios que refuerzan el poder de las élites económicas. En América Latina, por ejemplo, el miedo al socialismo ha sido instrumentalizado para impedir movimientos progresistas que promueven una redistribución más equitativa de la riqueza. El discurso del miedo se enfoca en el peligro de la “venezolanización” o el

colapso económico, como ya lo hemos reiterado, lo que permite justificar políticas neoliberales que perpetúan la desigualdad y la dependencia externa.

Paralelamente, el miedo ha sido una herramienta clave en la propaganda de guerra y la pedagogía del terror, justificando la militarización y la intervención en países que resisten la hegemonía económica occidental. Noam Chomsky (1989) describe cómo los medios de comunicación y las élites políticas manipulan el miedo a amenazas externas, como el terrorismo o el comunismo, para legitimar conflictos armados que benefician al complejo militar-industrial y aseguran el acceso a recursos estratégicos. Esto hoy se repotencia ante el giro global hacia un orden multipolar que pone en riesgo la hegemonía de Estados Unidos y grandes corporaciones en la región, en el rediseño de la disputa por territorios ricos en recursos naturales en tiempos de crisis sistémica.

Algunos autores afirman que este tipo de discursos han generado incluso identidades políticas que se definen desde el rechazo a esta ideología política (socialismo/comunismo) y no por la afirmación de una propia (Álvarez et al, 2018; Figueroa-Ibarra, 2019; Restrepo, 2020). En el marco de esta investigación, las personas entrevistadas referían que solían configurar grupos alrededor de sus interpretaciones de la realidad, conformando endogrupos, formados por familiares y amigos muy cercanos, que piensan y sienten de manera similar, con los cuales se habla abiertamente de estos temas (mientras se decide callarlos cuando tienen que hablar con personas de otros marcos ideológicos o políticos), en donde se atrincheran algunas identidades sociales y políticas que se cierran sobre sí mismas y en contravía a lo que denominan ‘izquierda' (Cardenas-Rica y Lozano González, 2019; Nacos et al,, 2020; Sy & Lopresti, 2022; Vergara, 2016; Gherlone, 2022; Sandoval, 2022; Velásquez, et al., 2020, 2021; Wrenn, 2013). Constituyéndose una especie de cámara de eco, en la cual foros, medios de comunicación y redes sociales, retroalimentan las propias ideas y creencias (Hiller, 2011).

Todo ello contribuye al debilitamiento de un tejido social afectado por décadas de violencia, retroalimentando la atmósfera de miedo, llegando así a un ambiente de crispación, cultura violenta y defensiva, ya que el otro es percibido como peligroso y amenazante, con el que no se puede dialogar y se opta por evitar. Así, se genera desconfianza hacia otros grupos. Los participantes manifiestan estar prevenidos frente a otras posturas políticas y evitan profundizar relaciones con personas y grupos de otro campo del espectro político, evitando acercamientos y posibles concertaciones o consensos, lo cual retroalimenta la polarización, afectando precisamente la democracia (Gherlone, 2022; Álvarez, et al, 2018; Sy & Lopresti, 2022; Velásquez et al., 2020, 2021).

Todo ello, según Tajfel y Turner (1986), permite que el proceso de diferenciación normal, en la configuración de los grupos y colectivos, termine en rechazo y discriminación, para posteriormente convertirse en estigmatización y exclusión. Finalmente se termina por justificar la eliminación simbólica o real de ese otro diferente, que termina concebido como adversario/enemigo. Lo cual es un gran riesgo para la democracia, porque estos otros se clasifican como un exogrupo, ante el cual se toma una postura hostil, pues se le percibe como amenazante (Álvarez et al, 2018; Jenkins, 2020; Tajfel & Turner, 1986; Von Borzyskowski et al, 2022; Weber, 2013).

En el contexto latinoamericano y colombiano, estas configuraciones identitarias, así sea por vía negativa (anti-comunismo, anti-izquierda) y los miedos asociados reproducen un clima emocional, fortalecido por narrativas sociales y culturales, aprendidas e interiorizadas por los ciudadanos, que luego son expresadas como propias e inamovibles, que han servido históricamente para justificar la persecución, la violencia y, en algunos casos, el intento de exterminio de las izquierdas. Así pues, este tipo de miedos, las identidades sociales y narrativas asociadas, son el resultado de una estrategia política principalmente movida por poderes políticos y económicos, élites en el poder, que vehiculan los medios de comunicación masivos para promover y fomentar el rechazo a orientaciones políticas alternativas, progresistas y socialdemócratas (Acerbi, 2020; Bruera, 2021; Cárdenas-Rica & Lozano González, 2020; Costa et al., 2022; Fernández Droguett y Ojeda Cisternas, 2015; Hiller, 2011; Pauloni & González, 2022; Sy & Lopresti, 2022; Jenkins, 2020; Weber, 2013).

Al final, pareciera quedar un sentimiento de impotencia y desesperanza colectivos, pues se interpreta que los acontecimientos económicos y políticos solo pueden ser definidos de una única forma y las alternativas no son viables, de tal manera que la desigualdad, la pobreza o la injusticia social, parecen destinos inevitables. Ya Martín-Baró (1998) comprendió que esta era una forma para cristalizar resignación y fatalismo en los pueblos latinoamericanos, en relación con la posibilidad de generar cambios que conduzcan a mejorar las propias condiciones de vida. Lo cual podría explicar en cierta medida la coyuntura política actual, en términos de orientación emocional; ya que las personas, al enfrentarse con la ansiedad, la incertidumbre y el temor suelen apegarse a las estructuras que ya conocen, y buscan reducir riesgos, con lo que tienden a marcos de significado más conservadores. Así, en momentos de crisis o amenaza, la ultraderecha, que moviliza estas emociones y genera estos temores, se presenta como solución y alternativa, logrando una buena recepción (Wrenn 2013; von Borzyskowski et al, 2022).

Finalmente, el segundo tipo de miedo, generado por la inseguridad y la delincuencia, se reproduce sistemáticamente por diversos medios, fortalecen los dispositivos que aumentan la sensación de vulnerabilidad en la gente, para luego ofrecer seguridad a través de dispositivos policiales y militares. Lo que al final promueve también los discursos securitarios de las derechas y la extrema derecha que se ofrecen como solución (Jenkins, 2020; Weber, 2013; Autto et al, 2022; Fernández Droguett y Ojeda Cisternas, 2015; Acerbi, 2020).

Conclusiones

Es necesario poner sobre la mesa algunos elementos emergentes luego de la recolección de los resultados. Primero, se encontró que efectivamente en los entrevistados del Valle de Aburrá persiste una atmósfera de miedo que configura una OEC significativa y marcada, que los entrevistados mismos son capaces de reconocer, así no tengan los elementos conceptuales para definirla ni se sientan responsables de alimentarla o difundirla. Además, esta OEC que constituye una constelación emocional (Patiño y Barrera, 2021) de miedo, temor, angustia, incertidumbre y ansiedad, es influida por los medios de comunicación que, para los participantes, son su principal fuente de información, donde toman el contenido al que refieren sus propios miedos. Esto con el añadido de que se invisibilizan aspectos políticos y sociales que implican un uso del miedo por parte de sectores sociales dominantes que intentan imponer su agenda política y económica, movilizando este tipo de emocionalidad en el conglomerado social.

Por esta razón, puede afirmarse que el miedo tiene la capacidad de transformar y movilizar las creencias, las ideas políticas y las acciones de los participantes, siendo estas ideas y sus actos políticos una posible reacción ante esta orientación emocional. Lo cual termina afectando su vida cotidiana, el ejercicio de su ciudadanía, configurando percepciones colectivas, representaciones sociales, identidades endogrupales que se amplifican dentro de cámaras de eco que refuerzan y confirman su propia versión de la realidad, sus marcos de significado y sus pautas de acción; afectando directamente el debate social e incidiendo en las formas como se entiende y se construye la democracia y la vida en sociedad. Así, se rechaza cualquier idea, propuesta, modelo, proceso que provenga de la izquierda democrática, simplemente por ser de ese sector político y se acepta acríticamente todo lo que conserva y mantiene lo establecido; lo que lleva a estos ciudadanos del común del Valle de Aburrá a asentir a este orden social neoliberal y semi-feudal imperante en Colombia.

El miedo ha sido históricamente un recurso poderoso para implementar cambios sociales y económicos que favorecen a las élites, especialmente bajo el marco del neoliberalismo. La manipulación de la incertidumbre y el temor colectivo ha permitido la introducción de políticas neoliberales, como la privatización y la desregulación, que en condiciones normales habrían enfrentado una fuerte oposición social (Klein, 2007).

El miedo ha sido también un componente clave de la propaganda de guerra. A través de la creación de enemigos externos e internos, como el terrorismo, el comunismo o el socialismo, las élites políticas y los medios de comunicación han justificado intervenciones militares que consolidan el poder geopolítico y los intereses corporativos. Muchas de estas acciones e intervenciones no están orientadas a la defensa de la democracia, sino al control de recursos estratégicos. Las grandes corporaciones y los estados utilizan el miedo para ejercer control sobre las poblaciones, justificando la vigilancia y la militarización en nombre de la seguridad manteniendo una estructura económica que potencia la exclusión y el acaparamiento por despojo.

En el contexto actual, marcado por tensiones entre potencias globales, como China, Rusia y Occidente, el uso del miedo ha alcanzado una nueva dimensión. La militarización y las retóricas belicistas están afectando a regiones como América Latina, donde la participación en alianzas militares y ejercicios bélicos amenaza la soberanía y los recursos naturales. Esto, además, contribuye al deterioro ambiental y a la profundización de las desigualdades en la región. Frente a estos desafíos, es crucial que los pueblos latinoamericanos reconozcan las implicaciones destructivas de estos proyectos neoliberales y militares, y trabajen en la defensa de su autonomía y bienestar.

Es crucial hoy ahondar sobre estas problemáticas, por ello es necesario continuar investigando cómo el miedo es utilizado para legitimar políticas neoliberales y militarización en América Latina. Futuras investigaciones deben centrarse en el análisis de cómo los medios de comunicación, gobiernos y corporaciones construyen y sostienen narrativas de miedo. Es clave incorporar una perspectiva interseccional que explore cómo estas dinámicas afectan de manera diferenciada a diversos grupos sociales, como comunidades indígenas y sectores vulnerables.

En este contexto se hace prioritaria la creación de programas educativos que fomenten una ciudadanía crítica capaz de cuestionar la manipulación del miedo en la política. Estos procesos formativos deben incluir el análisis crítico de los medios de comunicación, el neoliberalismo y las políticas de militarización, con un enfoque en la defensa de derechos humanos y bienes comunes. La educación popular, impulsada por los movimientos sociales, puede ser una herramienta eficaz para fortalecer la resistencia ciudadana.

Es urgente implementar leyes que promuevan la transparencia y el pluralismo en los medios de comunicación. Se recomienda la creación de mecanismos de supervisión que prevengan la difusión de noticias falsas y alarmistas. Además, es importante fomentar la creación de medios comunitarios y públicos que reflejen voces críticas y alternativas.

Los movimientos sociales deben fortalecer sus redes de solidaridad para enfrentar los proyectos neoliberales y militares. La articulación regional y la defensa de la paz y los derechos humanos son fundamentales para resistir las narrativas de miedo. Es recomendable que estos movimientos promuevan campañas de concienciación y organización comunitaria para defender los recursos naturales y democratizar los medios de comunicación.

Enfrentar el miedo como estrategia de dominación es un imperativo social y político, es necesario un esfuerzo colectivo y consciente desde la academia, la educación, la legislación y los movimientos sociales, con el fin de construir un futuro más justo y equitativo.

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1El presente artículo hace parte de la investigación “Subjetividades políticas en contextos de crisis de la democracia”, desarrollada por el Grupo de Investigación en Psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana y se desprende del ejercicio investigativo desarrollado desde el Semillero “Interacciones” y del trabajo de grado de algunos de los autores.

Recibido: 01 de Octubre de 2024; Revisado: 01 de Noviembre de 2024; Aprobado: 01 de Enero de 2025

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