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Civilizar Ciencias Sociales y Humanas

versão impressa ISSN 1657-8953

Civilizar vol.12 no.22 Bogotá jan./jun. 2012

 


La reconducción estratégica de Al-Qaeda:
¿del liderazgo de Osama bin Laden a la dimensión
masiva-popular?
*

Rafat Ahmed Ghotme**

* Este artículo es un extracto de la investigación llevada a cabo por el autor en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Militar Nueva Granada.

** Internacionalista e historiador. Docente e investigador del Programa de Relaciones Internacionales y Estudios Políticos, Universidad Militar Nueva Granada. Correo electrónico: rafat.ghotme@unimilitar.edu.co

Recibido: 17 de noviembre de 2011 - Revisado: 16 de diciembre de 2011 - Aceptado: 07 de junio de 2012



Resumen

En este artículo se pretende establecer la relación de las variables estratégicas de alcance mundial de Al-Qaeda con la ideología religiosa –el islam político–, tratando de incorporar una visión transversal y total de este fenómeno. Se sostendrá que el vínculo radica en la estrategia de expansión y descentralización arriba-abajo creado por la base central de Al-Qaeda, donde las redes regionales tienen cierta autonomía pero están determinadas por el liderazgo central y su adaptación de la ideología islamista en una vertiente internacionalista, revolucionaria y violenta de la organización.

Palabras clave: Al-Qaeda, islamismo, redes terroristas internacionales, Estados Unidos, equilibrio asimétrico, estrategia antiterrorista.



Strategic redirection of Al-Qaeda:
from the leadership of Osama bin Laden to mass- dimension?

Abstract

This article seeks to establish the relationship of global strategic variables of Al-Qaeda with religious ideology, political Islam, trying to incorporate a cross section and total phenomenon. It argues that the link lies in the expansion strategy and top-down decentralization created by the central base of Al-Qaeda, where regional networks have some autonomy but are determined by the central leadership and his adaptation of the Islamist ideology to an internationalist shed, revolutionary and violent organization.

Key words: Al-Qaeda, Islam, international terrorist networks, USA, asymmetrical balance, counter-terrorism strategy.



Le renouvellement stratégique d'Al-Qaïda:
Du leadership d'Oussama Ben Laden à la dimension de la masse populaire?

Résumé

Cet article cherche à établir la relation entre les variables stratégiques d'Al-Qaïda de portée mondiale et l'idéologie religieuse de l'islam politique, tout en intégrant une approche transversale et totale du phénomène. Nous soutenons que le lien se trouve dans la stratégie d'expansion et de la décentralisation descendante créée par la base centrale d'Al-Qaïda, où les réseaux régionaux jouissent d'une certaine autonomie, mais sont déterminés par une direction centrale et son adaptation à l'idéologie islamiste d'un point de vue internationaliste, révolutionnaire et violente.

Mots-clés : Al-Qaïda, islamisme, réseaux terroristes internationaux, États-Unis, équilibre asymétrique, stratégie antiterroriste.


A recondução estratégica de Al Qaeda:
Da liderança de Osama bin Laden à dimensão massiva popular?

Resumo

Neste artigo pretende-se estabelecer uma relação das variáveis estratégicas de alcance mundial da Al-Qaeda com a ideologia religiosa -o islam político-, tentando introduzir uma visão transversal e total deste fenômeno. Sustentar-se-á que o vinculo radica na estratégia de expansão e descentralização a todos os níveis da estrutura criado pela base central de Al-Qaeda, onde as redes regionais têm certa autonomia mas estão definidas pela liderança central e a sua adaptação da ideologia islamita numa vertente internacional, revolucionária e violenta da organização.

Palavras Chave : Al-Qaeda, islamismo, redes terroristas internacionais, Estados Unidos, equilibrio asimétrico, estratégia antiterrorista.



Introducción

Desde la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011, e incluso antes de este acontecimiento, la mayoría de estrategas y algunos analistas y políticos norteamericanos creen que se encuentra muy cerca la desaparición de Al-Qaeda. Aseguran que los esfuerzos de los Estados Unidos contra el terrorismo han debilitado dramáticamente a la organización, sobresaliendo la táctica de aniquilación escalada de los líderes de rango medio hasta los de rango alto, de modo que el abatimiento de Bin Laden, un líder carismático difícilmente reemplazable, representaría un duro golpe para el terrorismo internacional liderado por Al-Qaeda (Heffelfinger, 2011). Además se asevera que Al-Qaeda, tras la muerte de Bin Laden, no sobreviviría al impulso de las revueltas democráticas en Oriente Medio, que desacreditaría o deslegitimaría aún más a un movimiento islamista violento. Y ya que su reagrupación sería realmente difícil en ausencia del líder, se abriría paso más bien una nueva generación de islamistas eventualmente desligados entre sí y de Al-Qaeda (Byman, 2011; Stepanova, 2008; Sageman, 2008).

Sin embargo, esta visión optimista de los expertos norteamericanos no debe menospreciar la estrategia de adaptación del yihadismo internacional de Al-Qaeda. Antes de su muerte, pero incluso después de abatido Osama bin Laden, Al-Qaeda no verá diezmada su doble capacidad operativa y de alcance global. Se pueden identificar tres razones: primera, el liderazgo de Al-Qaeda fue rápida y fácilmente reemplazado, donde sobresalían figuras como Anwar al-Awlaki, Yahya al-Libi, Ilyas Kashmiri, y Ayman al-Zawahiri1; descartado Kashmiri y Al-Awlaki por su abatimiento, tanto estos como Al-Libi, personajes de rango medio que han escalado rápidamente en la red, dieron paso al segundo al mando, el doctor Ayman al-Zawahiri, quien aparentemente asumió la dirección a fines de mayo de 2011.

Segunda, el núcleo de Al-Qaeda (o Al-Qaeda central) no ha perdido su capacidad operativa y aún puede controlar, dirigir y ejecutar planes de alta envergadura contra objetivos occidentales ubicados en Oriente Medio, aunque menos en las sociedades occidentales. En este punto llama la atención que los líderes de rango alto y medio han escogido deliberadamente la estrategia de disminuir su propio papel -el del liderazgo- para darles énfasis a la ideología, a los jóvenes radicalizados y a los mártires como los elementos y el verdadero espíritu del movimiento. En otras palabras, si bien el liderazgo es importante en la conducción de Al-Qaeda justamente por su inspiración salafista ortodoxa -sunita-, que elimina de manera tajante la veneración de las imágenes -incluida la del líder-, es que los líderes le dan primacía a la ideología, reforzando así su estrategia de supervivencia independientemente de quién sea el líder2.

Y tercera, porque tanto las ramificaciones como las franquicias de Al-Qaeda, incluso con mayor razón que Al-Qaeda central, se han constituido en un verdadero revulsivo del movimiento islamista internacional. Desde diciembre de 2001, cuando Al-Qaeda central fue expulsada por las tropas norteamericanas de Afganistán, esta organización se reagrupó y reorganizó en la frontera con Pakistán, y además de forjar una ideología y un manhaj (programa) sólido y unificado, se dedicó a absorber y propagar una red dispersa de grupúsculos yihadistas a lo largo de todo el mundo musulmán (Farrall, 2011, 128; Riedel, 2007, p. 24; Scott Doran, 2002; Ajami, 2001, p. 16; Lewis, 1998, pp. 14-19; Wright, 2006)3. Además de las franquicias, como Al-Qaeda en Irak -AQI-, y Al-Qaeda en el Magreb Islámico -AQMI-, su principal ramificación, Al-Qaeda en la Península Arábiga -AQPA- representan una mayor amenaza a los intereses -¿seguridad? - norteamericanos en la medida que sus integrantes cuentan con un liderazgo renovado, la relativa facilidad que les genera el control de su territorio -operan de una manera más dispersa, localmente pero con un mayor alcance geográfico y capaz de identificar objetivos "suaves" en los lugares donde actúan-, y la autonomía respecto de la base (Heffelfinger, 2011). Esta situación se vería reforzada si agregamos el hecho de que a Al-Qaeda -o al yihadismo internacional en general, no vinculado a Al-Qaeda- se suman jóvenes reconvertidos o musulmanes radicalizados que encuentran una oportunidad para llenar sus vacíos en el movimiento islamista, sin que intervengan directamente los líderes del núcleo central -a través de la propaganda, las redes informáticas y el flujo constante de inmigrantes musulmanes de y hacia Europa y Estados Unidos-4.

En esta estrategia de adaptación de Al-Qaeda, consistente en la descentralización y difusión del movimiento, ¿quién ejerce la dirección, comando y control de las operaciones yihadistas? Si creemos que las ramificaciones, franquicias, células e individuos operan en una dimensión abajo-arriba (para usar el término de Sageman, 2008), esto es, como si fueran parte de una red descentralizada y autónoma respecto de la base, ¿podemos argüir que en la transformación del núcleo de Al-Qaeda, este domina todavía en aspectos como la formulación y propagación de la ideología, además de las operaciones en el terreno? En cualquier caso, ¿qué variables influyen en el proceso de descentralización?

La tesis central de esta investigación es que Al-Qaeda, como organización, antes que operar en una dimensión abajo-arriba, como si fuera parte de una red no-jerárquica descentralizada -que según los defensores de esta aproximación es la principal forma como se percibe la amenaza-, más bien ha verificado una verdadera transformación del núcleo de Al-Qaeda en su estrategia de alcance global y local-regional sin romper con el liderazgo de la base central y reforzando, por el contrario, la dimensión arriba-abajo de la organización. Además, Al-Qaeda ejerce una influencia decisiva en la elaboración y propagación de la ideología, reclutamiento y reagrupación de buena parte de la resistencia islámica armada dirigida contra Occidente y los regímenes medio-orientales, e incluso con un nivel de refinamiento ideológico del que carecía en el 2001 como bandera unificadora de la yihad global.

Veremos que en ese proceso confluyen variables que se ubican en el nivel internacional, como la ideología religiosa islámica, militante y transnacional y sus objetivos de carácter internacional, donde sobresale particularmente la reacción a la política exterior norteamericana; la globalización de las comunicaciones y otros efectos de este fenómeno tienen una apreciable implicación, pero no por ello se asume que la causa profunda de la yihad internacional sea la globalización. Pero también variables de tipo local-regional, como las relaciones de parentesco y familiaridad que estrechan los lazos de hermandad islámica y militante en esas sociedades, además de las condiciones sociopolíticas, y que han permitido a Al-Qaeda implantarse en esas regiones. Finalmente, el papel del individuo: el liderazgo de la organización, aunque se ha trascendido a sí mismo para darle paso a la ideología como fuente de reclutamiento, sigue constituyéndose en el principal catalizador de la estrategia.

Para responder a este objetivo -el análisis de la evolución de Al-Qaeda en los últimos diez años-, la primera y la segunda razón, esto es, el liderazgo y la base central de la organización, serán abordadas en conjunto en la sección llamada El papel del líder; después, en una sección llamada Redes y la dimensión arriba-abajo, se abordará la tercera razón. Finalmente, se hará una interpretación "geopolítica" de Al-Qaeda.


I. El papel del líder y el liderazgo de Al-Qaeda central

Osama bin Laden, y después de él Ayman al-Zawahiri, como líderes de Al-Qaeda central, desempeñan un papel esencial en la existencia del islamismo extremista internacional5. Debido a que son permanentemente perseguidos, los líderes han tenido que replegarse y darle paso a una forma de dirección y reclutamiento a través de señales por internet o códigos, o simplemente delegando el mando a grupos dispersos o jerarquías medias, lo que supuestamente termina restándoles importancia. Esta reorientación del liderazgo ha generado un intenso debate y una abrumadora confusión.

Desde la muerte de Bin Laden, en efecto, un líder carismático difícilmente reemplazable, se emprendió un debate que apuntaba a que su abatimiento representaría un duro golpe para Al-Qaeda y el islamismo internacional violento en general; y si a ello agregamos que Ayman al-Zawahiri es considerado un líder poco carismático, reconocido más bien por el papel de ideólogo e intelectual islamista, incapaz de atraer a los "jóvenes" radicales, se prevé una desbandada de los miembros de la red que ya no están atados por el vínculo de lealtades y carisma del primer líder. Se ha argumentado, además, que con la muerte de Bin Laden, cualquiera que hubiese sido su reemplazo, la yihad global se hará mucho más difusa y descentralizada, ya que las redes florecerán en lugares ingobernables y donde no pueden penetrar los Estados Unidos, tales como Somalia, Yemen y Pakistán: florecería la yihad global, pero no necesariamente con Al-Qaeda; los movimientos que no sobreviven a la muerte de su líder, precisamente, se debe al desenfrenado culto a su personalidad (Boot, 2011; Byman, 2011; Gallo y Helfstein, 2011).

En esa tendencia de pensamiento, por el contrario, se ha sugerido que el papel de Bin Laden se remitía simplemente al de una figura simbólica y aislada, aunque en el que podría presentarse como el ícono influyente en que incluso, como el líder-mártir, alentaría más el movimiento islamista (Maher, 2011). Algunos autores sostienen que a pesar de que Bin Laden siguiera emitiendo "órdenes" y declaraciones, realmente ya no era el líder dominante de la yihad global, y que su liderazgo era al final relativamente controvertido. Se le acusaba de ser autoritario y violar los mandatos islámicos de la consulta, tal y como lo hizo uno de sus críticos e ideólogo de Al-Qaeda, Abu Musab al-Suri; además, se le acusa de una incapacidad total para reunir a todos los comités de la organización, o para incitar, inspirar y aglutinar a los nuevos jóvenes radicalizados a través de Internet, donde sus discursos cada vez representaban una muy pequeña fracción de la propaganda yihadista (Lia, 2011).

En términos generales, la disminución de la importancia que se le hizo a Bin Laden en los últimos años y, por extensión, al líder que lo reemplazaría, se debía supuestamente a la referida descentralización de Al-Qaeda (o la yihad en general); al traslado de la guerra de Afganistán a Irak, donde Bin Laden no contaba -era más importante Saddam Hussein-, y, en realidad, al fracaso en la captura del líder de Al-Qaeda: el gobierno Bush llegó a disminuirle importancia a este precisamente por su inoperancia en la guerra global contra el terrorismo (Hoffman, 2011). Paradójicamente, el gobierno Obama, como veremos al final, volvió a darle importancia al hecho de que para desmantelar de raíz el "terrorismo" islámico se necesitaba precisamente la eliminación de sus líderes.

Sin embargo, existen muchos motivos para pensar que el líder, incluido Al-Zawahiri o cualquier otro, es clave en la inspiración, ideología, dirección, control y comando de cualquier tipo de actos que se lleven a cabo en la organización. Este tipo de conclusiones se pueden inferir de las informaciones de la inteligencia norteamericana, los juicios llevados a cabo en los estrados judiciales norteamericanos y europeos, y, últimamente, los computadores de Bin Laden extraídos de su escondite al momento de su abatimiento (Lia, 2011; Hoffman, 2011, 2008, 2006; Sageman y Hoffman, 2008). Según fuentes norteamericanas de inteligencia, Bin Laden se ocupaba incluso de los detalles relevantes en los niveles operacional y tácticos, formulando directrices en todos ellos (Lia, 2011).

En su complejo afgano-paquistaní, rodeado de mensajeros, asistentes y sus comités operativos, los líderes dirigían y supervisaban los detalles de los ataques al transporte ferroviario norteamericano, que coincidirían con el décimo aniversario del 9/11. En el transcurso de los últimos diez años, realmente, las apariciones públicas de Bin Laden o al-Zawahiri "seguían manifestando códigos que transmitían órdenes" (Lia, 2011); fue la base central la que ordenó a fines de 2004 los ataques contra petroleras norteamericanas e inglesas en la región del Golfo; entre 2006 y 2008, los líderes enviaron instrucciones para protestar por la caricatura del profeta Mahoma publicadas en el Jyllands-Posten, de Dinamarca. Al aprobar los ataques a Londres, el complot frustrado para hacer estallar aviones sobre el Atlántico en el 2006, los atentados fallidos de diciembre de 2010 y los planes para atacar la infraestructura norteamericana en el décimo aniversario del 9/11, se demuestra que los líderes controlaban en gran medida los planes de la organización. Paralelamente, en el 2007 y luego en el 2009, el mismo Bin Laden enviaba señales a sus hombres para que asistieran a los islamistas en Somalia. Finalmente, en enero de 2011, Osama bin Laden emitía un mensaje de audio considerando las condiciones para la liberación de los rehenes franceses que mantiene Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Existen razones para creer que después de la muerte de Bin-Laden habrá más instrucciones de este tipo, e incluso "poco antes de su muerte, Bin Laden presuntamente registró un discurso sobre las revoluciones árabes de esta primavera" (Lia, 2011; un balance en Hoffman, 2011).

A pesar de que los líderes de Al-Qaeda han tratado de trascenderse a sí mismos, dándole primacía a la ideología -un salafismo rígido que prohíbe el culto a la personalidad, además de la vuelta a una interpretación literal y tradicional del Islam-, lo más seguro es que el carisma y la popularidad de ellos constituya un rasgo central en la organización. Son los líderes, además, los que ofrecen un manhaj (programa) ideológico y directrices operacionales, unificando a los grupos con una voluntad de lucha similar; su papel los lleva a convertir a la organización como el grupo de vanguardia yihadista, apoderándose de las luchas en las sociedades locales ubicándolas bajo su paraguas global y reorientando a esos militantes hacia su lucha contra los Estados Unidos y sus aliados medio-orientales (Gallo y Helfstein, 2011).


II. Las redes sociales y la dimensión arriba-abajo

Al-Qaeda ha evolucionado en la conducción de su estrategia. Desde diciembre de 2001, cuando la organización fue expulsada por las tropas norteamericanas de Afganistán, esta se reagrupó y reorganizó en la frontera con Pakistán, y además de forjar una ideología y un manhaj sólido y unificado -del que carecía antes de 2001-, se dedicó a consolidar una red dispersa de células, ramificaciones y franquicias a lo largo de todo el mundo musulmán6. Desde el 2003 -y especialmente de 2006-, la mayoría de atentados que se llevaron a cabo contra intereses occidentales fueron ejecutados principalmente por las ramas de la organización, como Al-Qaeda en la Península Arábiga -AQPA- y las franquicias, tales como Al-Qaeda en Irak -AQI-, o Al-Qaeda en el Magreb Islámico -AQMI-, entre otros grupos aspirantes a ingresar a la organización, como las Brigadas de Abdullah Azzam, en el Líbano; Jemaah Ansharut Tauhid, en el sudeste asiático, y Al-Shabab, en Somalia.

Como vimos, sin embargo, Al-Qaeda central demostró que aún podía planear -aunque difícilmente ejecutar- las operaciones desde el comando central. Se ha pensado que las células, ramificaciones y franquicias operan en una dimensión abajo-arriba, esto es, como si fueran parte de una red descentralizada y autónoma respecto de la base, pero ¿han verificado una verdadera transformación del núcleo de Al-Qaeda, restándole importancia a este? ¿Quién cuenta en la planeación y ejecución de estos ataques?7.


¿Una dimensión masiva-popular?: el nivel de análisis global

En la mayoría de debates se reconoce que hay una evolución de Al-Qaeda después de su persecución violenta en Afganistán. La estrategia de adaptación del yidahismo global, consistente en la descentralización y difusión del movimiento en el contexto de la seguridad internacional posterior al 9/11, revelada en la aparición de redes y nuevos liderazgos locales, supone que Al-Qaeda ha superado sustancialmente -pero no eliminado- la estructura jerárquica central de base afgano-paquistaní. Aunque en principio algunos autores siguen reconociendo que la base o Al-Qaeda central sigue representando algún nivel de amenaza importante, enfatizan, sin embargo, en que el peligro proviene más bien de una generación posterior diseminada por el mundo occidental y musulmán -a la que se suele etiquetar como la generación post Al-Qaeda- (Sageman, 2008, 2004; una referencia a la generación post Al-Qaeda en Stepanova, 2008). ¿Cómo se ha llevado a cabo el proceso de descentralización de la base?

Según Sageman, por ejemplo, existe todavía un proceso de radicalización inacabado ambientado por la hostilidad posterior al 9/11, dando por resultado una estructura social compuesta por grupos desconectados que se conectan por cable. El argumento central de su obra se ubica en una descripción de tal proceso en cuatro fases de la radicalización, que van desde la amistad, la ideología compartida en una subcultura islámica ubicada en las sociedades occidentales, el reclutamiento y, finalmente, la radicalización violenta. En otras palabras, la existencia original de un movimiento transnacional islámico se materializa en "grupos locales, espontáneamente autoorganizados por amigos que se convierten en terroristas" (Sageman, 2004, pp. 109, 120)8. Según Sageman, pues, la amenaza actual que representa Al-Qaeda ha evolucionado de un grupo estructurado, de intelectuales, del control de los recursos y la centralización de las órdenes, hacia diversos grupos informales locales que buscan imitar a sus viejos héroes en una concepción y ejecución de operaciones de abajo-arriba; en fin, "grupos locales" con la intención de ingresar a una red dispersa mundial, una yihad sin líderes (Sageman, 2008; Hoffman, 2008, pp. 133-138).

Este tipo de estudios deja entrever que Al-Qaeda central ha dejado de existir como una organización relevante que amerite prolongar los protocolos de seguridad norteamericanos y europeos, siendo que la principal amenaza terrorista de hoy, siguiendo a Sageman, proviene de células o grupos difusos ubicados en la base, virtualmente desprendidos de Al-Qaeda central9. Asimismo, esta dispersión -autonomía y descentralización- se ve favorecida por variables relacionadas con la difusión de las comunicaciones: el núcleo central pierde preponderancia o solo la tiene como un nodo más que sirve para transmitir la información a los demás componentes de la red (Arquilla y Ronfeldt, 2003). Siguiendo esta línea, existen autores que prefieren hablar de modelos híbridos, en los que la jerarquía y las redes aparecen interconectadas; en este sentido, los grupos, células y ramificaciones tienen una autonomía relativamente importante, pero donde la jerarquía solo juega el papel de abanderado ideológico, y no estrictamente el de una organización con capacidad de comando, control y decisión; lo que permite conectar las redes con la organización internacional es la ideología, que provee a las células la disposición de las actividades violentas que hacen verlas como coordinadas en el nivel macroglobal y en última instancia dirigidas al mismo objetivo local-internacional (Stepanova, 2008, p. 150).

La globalización ha sido un fenómeno muy atractivo para este tipo de enfoques. Olivier Roy cree que la globalización y las migraciones hacia Occidente han conllevado un proceso intenso de reislamización en el que los musulmanes de segunda y tercera generación radicados en las sociedades occidentales se reconvierten mediante un proceso individual muy profundo, escogiendo conscientemente, sin embargo, regresar al islam (born again); una vez abandonada la identidad de sus padres, su cultura -desculturación- y origen nacional -desterritorialización-, su nueva identidad gira en torno a la umma (comunidad) de todos los musulmanes (Roy, 2003; ver Kepel, 2004). La globalización, al erosionar los viejos lazos comunitarios, ha permitido crear una comunidad global de ideas e identidades renovadas que los jóvenes reconvertidos consumen y distribuyen globalmente en internet. Mientras que algunos de ellos asumen una postura quietista y puritana, otros deciden dar el paso hacia la radicalización y el extremismo violento incorporándose en la yihad mundial a través de células o viajando a lugares donde las sociedades islámicas están en medio de guerras o conflictos como Irak, Chechenia, Afganistán o atacando a sus propias sociedades occidentales. Según Roy, por tanto, una fuente importante de reclutamiento de la yihad mundial -donde Al-Qaeda es apenas un componente- es producto de la globalización: un fenómeno que arroja desde sus entrañas a miles de jóvenes radicalizados que se ofrecen a los grupos militantes y violentos que mejor les parezca.

En resumen, según todas estas tendencias, la dimensión masiva-popular tiene una verdadera primacía que está por encima de la organización y los líderes; de hecho, Al-Qaeda central expresamente desaparecería.

En este estudio, sin embargo, creemos que esos modelos pueden fallar por tres razones. En primer lugar, porque la globalización no es una causa fundamental de este fenómeno, sino más bien un instrumento: las redes de comunicación y transporte sirven para expandir su alcance global y operativo (Mandaville, 2009, p. 109). Las teorías de la globalización -incluyendo las sociológicas- no ofrecen un marco de comprensión adecuado para entender la dimensión internacional del islamismo militante; no es suficiente, por ejemplo, con admitir versiones simplistas según las cuales Al-Qaeda es el lado oscuro de la globalización, una consecuencia infortunada de este fenómeno (esta moda globalista del terrorismo en Robertson, 1992; Sklair, 1995; Sassen, 1998; Boli y Thomas, eds., 1999; Tomlinson, 1999 y Barber, 2001), u otras versiones que manifiestan que este tipo de grupos violentos surgen como consecuencia de la ruptura de las tradicionales estructuras sociales y políticas (erosionadas por la globalización) y que, por tanto, debilitan la capacidad de los Estados para controlar a los actores no estatales que luchan por adquirir una posición preponderante en ese territorio o en el sistema internacional (como sostendrían también Badie, 2000; David, 2009 y S. Hoffman, 2002).

En segundo lugar, porque el repliegue o la dispersión del islamismo militante de Al-Qaeda se debe más a una estrategia conscientemente diseñada por sus líderes, que, reconociendo que son vulnerables a la guerra global contra el terrorismo, prefieren dar lugar a redes dispersas difíciles de detectar; a la inversa, los grupos locales adquieren la marca Al-Qaeda por razones de prestigio y aceptación en su propio ámbito de acción. De acuerdo con diversas fuentes de inteligencia, juicios y estudios de los principales líderes y militantes de la red Al-Qaeda, se puede llegar a considerar que este grupo opera más según un modelo jerárquico-red -no a la inversa- en el que los mismos cabecillas permiten la autonomía de los grupos, pero las decisiones críticas son tomadas por el liderazgo de la base (para un balance de estos informes, ver Hoffman, 2008, pp. 133-138 y Riedel, 2011, pp. 28-36)10.

Y en tercer lugar, porque la ideología no aparece simplemente como un nodo fantasmal -al estilo de la ideología marxista, que pervive por los siglos de manera dispersa- que conecta las redes con el comando central. La dispersión es una estrategia; la ideología, un catalizador.


La dimensión local-internacional: el papel de la ideología y las condiciones sociopolíticas locales

¿Qué es lo que delimita, entonces, la dimensión local-internacional de la yihad emprendida por Al-Qaeda? La refundación de la organización en las sociedades locales también ha estado relacionada con causas de tipo local -es decir, a la dinámica interna que implica el propio colapso estatal-; en algunos casos requiere que se presente una fase elevada del "colapso" del Estado: no es suficiente con la pobreza, las crisis económicas y políticas, la alta densidad demográfica y el derrumbe de las instituciones, sino que se debe llegar a una escalada del conflicto interno, el estallido de la guerra civil (Campos y Gassebner, 2009). Con esta perspectiva, las redes de Al-Qaeda se convirtieron en los centros de operaciones más importantes de la organización gracias a la debilidad de los Estados en cuestión -en el Magreb, la Península Arábiga y en Irak-. Estratégicamente, así, las redes adquieren mayor capacidad para atacar objetivos occidentales y locales justamente desde sus bases en el Estado colapsado (Ng, 2011; Yemen Defense & Security Annual Report, 2010 y Hill, 2010).

Indudablemente el colapso estatal ayuda a impulsar el extremismo violento. Pero tanto la causa fundamental de la existencia de Al-Qaeda como el hecho de que se haya extendido y/o fusionado con grupos de sociedades locales no se debe a la explicación "declinista" del Estado. Los Estados colapsados sirven como "refugio" -y en algunos casos los azuzan, como en Yemen- para estos grupos, pero no los originan ni fusionan. Las condiciones locales necesarias para que Al-Qaeda pueda operar en una región son distintas: Al-Qaeda en Irak, Al-Qaeda en el Magreb y Al-Qaeda en la Península Arábiga operan como grupos autónomos que rechazan los autoritarismos seculares y las monarquías neopatrimoniales, las crisis económicas y el tribalismo, una situación reforzada por vectores internacionales -la política exterior o las tropas de ocupación norteamericanas en suelo musulmán, que nutre el discurso radical, como veremos en la siguiente sección- (Jourde, 2010, pp. 229-233; Stepanova, 2008).

Sin embargo, además de reconocer el papel de la estrategia y las condiciones socio-políticas que generan descontentos entre los islamistas y desarraigados, existen razones para pensar que la explicación fundamental que origina el vínculo entre lo local y lo internacional se encuentra principalmente en una variable subjetiva. Tanto los jefes de los movimientos locales como los jefes de Al-Qaeda central les han dado primacía a un tipo particular de ideología y a la consecución de un Estado islámico "global".

Al-Qaeda aparece como una manifestación "revolucionaria", radical y violenta, además de internacionalizada, del Islam político contemporáneo. Como corriente ideológico-política, el islamismo intenta reincorporar los conceptos de comunidad o grupo (umma), justicia (adala) y liderazgo (imama), donde justamente prevalece este último; la vanguardia revolucionaria tendría como fin último rehacer la umma, reislamizar las sociedades. En tal sentido, el islamismo político tradicional se ha diferenciado del de Al-Qaeda en que aquel prefiere una forma no-violenta y nacional de incorporar la justicia social islámica (ver Ayubi, 1996, p. 24; Campanini, 2003, pp. 270, 280-281 y Saleh Alkhalifa, 2007, p. 89).

El liderazgo ha sabido conjugar este tipo de ideología particular con las condiciones locales, y de hecho las exacerba. Este proceso está atravesado por una o varias etapas. La participación de los grupos transnacionales islámicos en un conflicto localizado con frecuencia se asocia a una dinámica de escalada que aumenta la apuesta ideológica de su disputa particular a través de la asociación de lo "global" islámico con la penetración de algunos de sus postulados ideacionales y de recursos frescos adaptados a su propia situación conflictiva, como ocurre en Tailandia, Cachemira y el sudeste de Filipinas, entre otras partes. En la mayoría de los casos, los grupos islámicos transnacionales -incluyendo los no-violentos- aprovechan los sentimientos políticos que se derivan tanto del gobierno como las respuestas a las quejas de los musulmanes a cuestiones geopolíticas más amplias, sobresaliendo en este caso la guerra en Irak, la disputa fronteriza en Cachemira o el referido caso de la violencia estatal en Filipinas, además de Chechenia. Existen otros casos más enfocados en lo local, donde las redes transnacionales islámicas penetran en los partidos políticos o movimientos de "justicia y desarrollo" (por ejemplo Hamás); buscan, de ese modo, servir como un catalizador eficaz, sean en espacios democráticos o no, motivados por el anhelo de la población musulmana en su búsqueda de la justicia social islámica. Una geografía transnacional del Islam, en donde las migraciones o las diásporas provenientes de Asia meridional y suroriental, enlazadas con actores ubicados en Oriente Medio, Europa y Estados Unidos, constituyen toda una red de de musulmanes propagando el sentido de umma en la dinámica política local (Horstmann, 2009, pp. 35-52; Mandaville, 2009; Noor, 2009 y Reetz, 2009).

Ahora, Al-Qaeda también aparece con una ideología religiosa en la posguerra fría para llenar el vacío mundial que dejaba el socialismo como un movimiento antisistémico global; tal ideología, una reacción religiosa genuina -aunque relativamente manipulada- hizo frente a las realidades sociopolíticas vinculadas con los traumas de la secularización, pero primordialmente al imperialismo occidental, aspecto este último que veremos a continuación (Burgat, 2006; Esposito, 2003; Stepanova, 2008, pp. 55, 59, 70).


III. La dimensión geopolítica de Al-Qaeda: hacia una disminución de la violencia terrorista

En esta reconducción de la estrategia de Al-Qaeda ha influido decisivamente también la lucha global contra el terrorismo emprendida por Estados Unidos y sus aliados occidentales (Mann, 2004; Mearsheimer, 2011, pp. 25)11. La lucha global contra el terrorismo internacional ha puesto en práctica tres instrumentos: la guerra preventiva, la eliminación de los líderes y el combate de las ideas "extremistas" con ideas "democráticas". Durante el gobierno de George W. Bush se implementaron todos estos instrumentos, y con el cambio de orientación de la política exterior del gobierno Obama, caracterizado por un enfoque imperialista liberal, la guerra contra el terrorismo adoptó la posición "blanda" de implementar primordialmente dos de los tres instrumentos: la eliminación de los líderes de Al-Qaeda mediante el uso de los servicios de inteligencia y los aviones no tripulados, y el combate de las ideas extremistas con más ideas democráticas12. ¿Qué utilidad han tenido estos instrumentos?, ¿la élite de la política exterior estadounidense puede captar el enfoque estratégico del que se nutre el islamismo militante?

Desde la óptica geopolítica, Al-Qaeda se caracteriza por ser un actor no estatal que lucha frontalmente contra los actores estatales como parte de una lógica político-internacional; en esta lógica se perciben los contornos de la hegemonía norteamericana expandiendo sus intereses a lo largo del mundo musulmán, donde Al-Qaeda se enfrenta a una fuerza multinacional liderada por Estados Unidos, sus socios occidentales y los regímenes medio-orientales. Ahora, la estrategia implementada por Al-Qaeda es la del equilibrio asimétrico: como actor no estatal, la organización no alterará el tablero mundial de las polaridades, y aunque bien se constituye como un actor que desafía la primacía norteamericana y la seguridad internacional mediante el uso asimétrico de la violencia, es muy poco probable que llegue a lograr un cambio o constituirse en un actor estatal/califal paralelo a otros Estados (para un balance sobre la hegemonía norteamericana en el sistema internacional contemporáneo, ver Ikenberry, Mastanduno y Wohlforth, 2009; sobre el equilibrio del poder asimétrico y el terrorismo, ver Paul, Wirtz y Fortmann, 2004; y Layne, 2004; ver Mearsheimer, 2011). La lógica geopolítica en cuestión, en consecuencia, nos permite pensar mejor en Al-Qaeda como un movimiento político-internacional con un discurso de resistencia antiimperialista que busca crear nuevos espacios de poder en la política mundial, o por lo menos cambiar el curso de la política exterior estadounidense.

Mientras no se reconozca esta lógica, los tres instrumentos referidos de la lucha contra el terrorismo utilizados por el gobierno norteamericano y sus aliados occidentales seguirán siendo insuficientes y mal direccionados para erradicar sus causas. No solo fallan porque no atacan las raíces del extremismo militante y violento, también fallan porque la ideología de Al-Qaeda, que no es per se antidemocrática, se nutre de una tradición de resistencia islámica y nacionalista que va dirigida contra la ocupación del suelo musulmán y la aniquilación sistemática de la población musulmana (Lia, 2011; Burgat, 2006 y Roy, 2003, 2007). Lo que reclaman los islamistas internacionales es, simplemente, que los norteamericanos y sus aliados occidentales adopten una política distinta hacia el mundo musulmán. ¿Debería ser una política no-realista?

Es cierto que una retirada de las sociedades islámicas es imposible porque Estados Unidos es una potencia con intereses en la región y seguirá actuando allí y en otras partes como una gran potencia. Pero, tal como hemos insistido, la estrategia actual es equivocada. Estados Unidos debería seguir una táctica diferente que logre fusionar sus intereses y valores -democráticos- con los de las sociedades islámicas. La estrategia del offshore balancing es, al respecto, la más realista (Mearsheimer, 2011). Como una forma de equilibrio extraterritorial, los Estados Unidos ya han seguido esta estrategia en momentos precedentes, como en la Guerra Fría; consistente en mantener sus tropas fuera del territorio de los países implicados -aunque apostados en un puerto o bases cercanas-, donde el país norteamericano tiene intereses vitales, asumiría una actitud vigilante, manteniendo así el equilibrio entre ellos o restableciéndolo con sus tropas y saliendo rápido de allí. Este factor estratégico-diplomático debería complementarse con la defensa y el respeto de los valores democráticos, incluso si las sociedades islámicas deciden soberanamente elegirse un gobierno islámico; en este aspecto, sin embargo, los líderes y la renovada sociedad civil y los partidos políticos emergentes -piénsese en la 'Primavera árabe' de 2011-2012, donde grupos afiliados a Al-Qaeda han tenido un rol central, como en Libia y quizás en Siria, o la Hermandad Musulmana en Egipto- deben desempeñar un papel crucial en la incorporación de valores, identidades y preferencias en torno al Islam político.

Los que combaten el islamismo violento internacional no solo no han podido entender el repliegue estratégico de Al-Qaeda en una red dispersa de ramificaciones y franquicias -pero donde el núcleo central sigue cumpliendo un papel crucial-, sino que tampoco han logrado adoptar la gran estrategia adecuada para salir del "atolladero" en que se encuentran, situación reforzada por el despliegue de una fuerza intangible de "jóvenes radicalizados" o simpatizantes reclutados por la internet, y mucho menos han podido comprender que una transición democrática administrada desde afuera -como en Túnez y Egipto de manera pacífica, o Libia, cuya transición comenzó con una primera etapa violenta encubierta con una intervención de la OTAN, o en Siria, donde el gobierno baazista alimenta su intransigencia por ambages provenientes de la comunidad internacional- puede sustentar con mayor razón la resistencia islamista de los diversos movimientos en cuestión.


Conclusión

Al-Qaeda actualmente se percibe en una doble dimensión internacional y local. Como un movimiento islamista radical y violento propende por revolucionar las sociedades islámicas y redirigirlas hacia el Estado califal e islámico; para ello, ha concentrado sus esfuerzos en una yihad -lucha- ofensiva contra los Estados occidentales y los regímenes del Oriente Medio que considera apóstatas y permeados por la influencia negativa de sus socios occidentales. Para llevar a cabo este doble objetivo -como se mantiene en este trabajo Oriente Oriente ha decidido implementar una estrategia de arriba-abajo, así:

  • prima el liderazgo; la base o núcleo sigue siendo preponderante y controla la organización y los aspectos críticos del movimiento

  • el liderazgo, sin embargo, se trasciende a sí mismo

  • el liderazgo se trasciende para darle primacía -sobre todo para el reclutamiento-a la ideología. La ideología al-qaedista es una versión revolucionaria del Islam Político

  • el liderazgo le da lugar a una red de grupos que actúa en su nombre, especialmente por razones estratégicas

  • la ideología y las condiciones socio-políticas en diversas sociedades locales aglutinan el movimiento, dándole un carácter más global, pero no es la globalización la que genera este proceso.

La dimensión local de los movimientos islamistas violentos que operan en una región o país efectivamente responde a una dimensión internacional mucho más amplia. No se trata simplemente de sociedades que están sumergidas en Estados colapsados, ni de una reacción negativa a la globalización, las civilizaciones o la pobreza. En la estrategia de Al-Qaeda sobresalen aspectos relacionados con las redes sociales transnacionales, sus estructuras y dinamismo, por una parte, y el papel que juegan los líderes -y la ideología-, por otra, como vínculos cruciales para entender la dispersión del movimiento islamista internacional. Ahora, como las condiciones sociopolíticas locales también cumplen un papel vital, la interrelación de todos los aspectos supuso reconocer la incorporación de una visión transversal y total de este fenómeno.

Pero más importante aún es el hecho de que Al-Qaeda es mejor entendido como un actor internacional cuyo discurso de resistencia -materializado a través de redes que domina desde arriba- se funda principalmente en la lógica de la política mundial; además de que se nutre de una ideología islámica radical que concibe el triunfo del Islam verdadero por encima de otras versiones apóstatas o moderadas, esta práctica también ha llevado a una evolución del islamismo hacia formas internacionalizadas y antiimperiales y, en un sentido particular, a promover un Estado islámico global. Las clásicas variables geopolíticas de las que se nutre la misma existencia internacionalista de Al-Qaeda, como la invasión soviética a Afganistán, en la que justamente es fundada Al-Qaeda; los discursos de resistencia regional antiimperialista-sionista (el conflicto entre Palestina e Israel) y las guerras de invasión en Irak, Afganistán, Chechenia, entre otros, son variables, pues, que dinamizan la doble dimensión local/internacional, y su aceptación -parcial- en esas sociedades como forma para lograr la justicia social islámica.

En principio, sobresale el hecho de que en la reconducción de la estrategia de Al-Qaeda hayan confluido dos variables: la dispersión de la organización y los fracasos en la lucha global contra el terrorismo de Estados Unidos -que lleva implícita la concepción errónea de su política exterior-. Estados Unidos no solo se equivoca al tratar de eliminar el terrorismo por medio de la guerra preventiva o la eliminación del liderazgo, sino que sigue alimentando la radicalización de los jóvenes musulmanes en la medida en que no envía señales distintas a esas sociedades -por ejemplo, mientras apoya incondicionalmente al régimen israelí-. Al-Qaeda, en ese sentido, es un movimiento (un actor no-estatal) que desafía el orden mundial y particularmente las políticas norteamericanas en el mundo musulmán; pero si bien pretende alterar el orden internacional y regional, no quiere decir que su fuerza radique en la posibilidad de derrumbarlo sino de aparecer como una voz, un movimiento cuya ideología se inserta en el mismo contexto de la resistencia política mundial.



Notas

1 Anwar al-Awlaki (1971-2011), clérigo yemení-norteamericano, considerado por Estados Unidos como el jefe de las operaciones exteriores de Al-Qaeda en la Península Arábiga, fue abatido por un avión no tripulado de la CIA en Yemen. Ilyas Kashmiri (1964-2011) era líder del Harkat-ul-Jihad al-Islami y miembro de Al-Qaeda, cuyo centro de operaciones se estableció en la frontera afgano-pakistaní. Finalmente, Yahya al-Libi (1963-2012), considerado el número dos de Al-Qaeda después del ascenso de Al-Zawahiri como líder de la organización, era de origen libio y fue abatido por aviones no tripulados en Pakistán el 4 o 5 de junio de 2012.

2 El marco teórico-metodológico que orientó este aspecto de la investigación se basó en el enfoque que da énfasis a la actuación política y las tácticas de las élites y el liderazgo del núcleo central de una organización. Véase, entre otros, Reich (1998); y Hoffman (2011, 2008, 2006) defiende el papel del líder en el estudio del islamismo militante y violento internacional, especialmente desde la óptica de la estrategia.
Este enfoque se aleja del marco conceptual categórico, método que al estudiar las relaciones políticas presupone una epistemología binaria -clasificaciones en las que se enfatizan atributos de los actores- en un orden político jerárquico, definido por fronteras claras que distinguen a los actores y sus representaciones: modernidad-tradición, individuo-grupo, tribus-nación, participación política-Estado. En otras palabras, los actores son "esencializados" o categorizados rígidamente, y no tienen cabida las relaciones sociales que pueden determinar el comportamiento; esta crítica y la denominación de enfoque categórico en Ilan Talmud y Shaul Mishal (2000); en cuanto a la crítica al esencialismo, ver particularmente Ghalioun (2001). Para una referencia mejor elaborada de este enfoque, precisamente porque ubica las tendencias ideacionales de los hombres en un contexto histórico y antropológico particular, ver las obras de Geertz (1968) y Mottahedeh (1985).
Sobre el enfoque categórico, ver las obras de Banuazizi (1987); Huntington (1987, 1997); Bill y Leiden (1979); Bill y Springborg, (1990); y Eickelman y Piscatori (1996). Ver la nota 6.

3 Bernard Lewis, por ejemplo, ha inspirado toda una escuela en el medio académico norteamericano según la cual el islamismo militante es una distorsión del Islam ortodoxo, y que sus fatwas instando a la yihad eran pronunciamientos extralegales. Sin embargo, Lewis reconoce que existe un importante sector de la opinión musulmana que sigue los preceptos de Al-Qaeda y auguraba que incluso el terrorismo a gran escala requería "solo unos cuantos". Para la definición de franquicia y ramificación, ver la nota 8.

4 El enfoque teórico-metodológico de la ciencia social aplicado a las redes sociales da énfasis a la perspectiva sistémica, donde las redes aparecen como un instrumento de análisis centrado en los vínculos sociales y las interacciones políticas como las conexiones filiales, las estructuras religiosas, tribales y de identidad, ver Perliger y Pedahzur (2006, 2000); y Saxena, Santhanam, Basu (2004).
Realmente, sin embargo, la metodología de redes o sistemas terminan dando una mayor primacía a las normas o principios (estructurales), donde el individuo no tiene un papel preponderante en torno a la conducción, adaptación o recreación de las ideas y normas. Por tal razón, creemos que un enfoque exclusivamente estructuralista conduce a explicaciones e interpretaciones estériles, entre otras razones porque el liderazgo de Al-Qaeda ha readaptado los principios y normas del islamismo político, y representa a un conjunto de hombres con preferencias radicales y violentas en torno a una misma ideología -estructura- islamista. El enfoque de redes además le da primacía a una estrategia que busca derrumbar el terrorismo internacional en una óptica unilateral y sesgada por el poder norteamericano, como lo hacen Carley, Reminga y Kamneva (2003). Para un debate entre el enfoque "sociológico" y el "individualista", ver Kratochwil (2008) y Goldgeier y Tetlock (2008).

5 Para el marco teórico-metodológico, ver las notas 4 y 6.

6 Una franquicia hace referencia a una organización regional que adquiere la marca -Al-Qaeda- y lleva a cabo sus operaciones con el doble objetivo de derrocar los regímenes medio-orientales y atacar blancos occidentales; el vínculo se logra mediante un juramento de fidelidad al líder. En cambio, la ramificación es una creación o vinculación directa de una organización local con la base, por lo que no se requiere el juramento de fidelidad. Una célula hace referencia a un grupo minúsculo que se reúne temporalmente para ejecutar un plan, disuelto una vez se lleve o no a cabo. Ver Farral (2011) y Riedel (2007).

7 Para el marco teórico-metodológico, ver la nota 6.

8 Sagemanse apoya en la evidencia que arroja su base de más de 400 biografías de presuntos terroristas, los juicios y las fuentes de inteligencia de Australia, Canadá, Francia, Alemania, los Países Bajos, España, el Reino Unido y los Estados Unidos, y cree que esa base refuerza su tesis de la importancia de estos "radicalizados grupos de chicos" en la internationalization del movimiento (Sageman, 2004, pp. 109, 120).

9 Leah Farrall (2011, p. 130), por ejemplo, concluye categóricamente: "Al-Qaeda hoy no es la tradicional organización jerárquica del terrorismo con una estructura organizativa de estilo piramidal y no ejerce el mando y control total de sus sucursales y franquicias".

10 Emparentado con los estudios de red, el nivel de análisis llamado funcional-tribal, sostiene que la red Al-Qaeda funciona como en una sociedad tribal-parental mediada por los lazos personales, familiares e identitarios. El nivel de análisis de la red tribal, aunque sea útil para entender los lazos de identidad, sin embargo, no puede ser aplicado a una realidad compleja que trasciende este tipo de estructuras esencialmente arcaicas y tradicionalistas; no da cuenta, por ejemplo, de la ideología universalizante y del hecho de que Al-Qaeda, aunque esté ligado a territorios estrictamente definidos como sociedades tribales, sus jefes no actúan como líderes de clanes y, además, sus tácticas -múltiples ataques perpetrados por células- no se asemejan a la estrategia de combate tribal (esta crítica en Stepanova, 2008, pp. 135, 137-138).

11 Scott Doran (2002) exploró el pensamiento de los "terroristas" y afirmaba que los Estados Unidos se estaban metiendo en medio de una "guerra civil" entre los extremistas y moderados con el fin de granjearse la influencia sobre los musulmanes del mundo; y desde el mismo 11/S, Ajami (2001, p. 2) pronosticaba que la primacía de Estados Unidos en Oriente Medio estaba "creando su propia némesis".

12 Se ha hecho énfasis en que las ideas democráticas son parte de otro fundamentalismo, el del imperialismo democratizador de Estados Unidos, cuya vertiente neoconservadora, ultrarreligiosa, militante y violenta representaba George W. Bush, y Obama, la vertiente del imperialismo liberal, esto es, la de justificar las intervenciones en nombre de la democracia, amparada en la sanción de la comunidad internacional, en Alí (2005), también Chomsky (2006) y Mearsheimer (2011, pp. 18 y ss.).



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