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Pensamiento Psicológico

Print version ISSN 1657-8961

Pensam. psicol. vol.9 no.17 Cali july/Dec. 2011

 

Enseñanza de la Historia de la Psicología paraguaya

José E. García1

Universidad Católica, Asunción (Paraguay)

1Psicólogo con énfasis en Psicología Educacional. Profesor de «Psicología General» y «Métodos Cuantitativos en Psicología», de la carrera de Psicología, Universidad Católica «Nuestra Señora de la Asunción», Asunción, Paraguay. Correspondencia: Casilla de Correo 1839, Asunción, Paraguay. Correo electrónico: joseemiliogarcia@hotmail.com

Recibido: 03/08/2010 Revisado: 09/05/2011 Aceptado: 18/08/2011


Resumen

Los marcos de análisis, utilizados para las investigaciones históricas en la Psicología latinoamericana, pueden reducirse a cuatro puntos de vista distintos: a) el de la Historia de la Psicología, enfocada en su sentido más universal, b) el de la Historia de la Psicología en el espacio geográfico que abarca la América Latina, c) el de la Historia de la Psicología en el país concreto, escogido para su estudio y d) el de las historias locales. En las últimas décadas, la historiografía referida a la Psicología del continente produjo una importante cantidad de estudios para casi todos los países de la región, incluyendo Paraguay. Como materia de enseñanza, la Historia de la Psicología paraguaya comenzó hace no más de diez años en la forma de conferencias, seminarios específicos o tópicos incluidos en algunos cursos de Historia de la Psicología general que se encuentran incorporados al currículum de un reducido número de universidades. En cuanto disciplina intelectual, los estudios históricos se ubican en una dimensión reflexivo-crítica más que instrumental-práctica. En atención a estas consideraciones, los propósitos centrales de este artículo son, por una parte, establecer una fundamentación conceptual y filosófica para la enseñanza de la Historia de la Psicología. Por la otra, y sobre la base de estos fundamentos, enumerar objetivos de enseñanza que puedan servir como guía para el estudio y la didáctica sistemática de la Historia de la Psicología en el Paraguay. En la parte conclusiva, se discuten algunas de las implicancias principales de estos estudios y su valor para la Psicología en general.

Palabras clave: Enseñanza, Historia de la Psicología, Paraguay.


Abstract

Frameworks of analyses utilized for historical research in Latin American psychology can be summed up according to four different points of view: a) the history of psychology in its most universal sense, b) the history of psychology within the geographical limits of Latin America, c) the history of psychology within that country chosen for study, and d) local history. During the last few decades, the historiography referred to the psychology of the continent produced an important number of studies for nearly all of the countries in the region, including Paraguay. For teaching purposes, the history of Paraguayan psychology began no more than 10 years ago in the form of conferences, specific seminars or as topics included in some courses dealing with the history of general psychology. These are to be found within the currículum as presented by a reduced number of universities. In terms of intellectual discipline, the historical studies are to be found in the dimension of the reflexive-critical rather than in the instrumental-practical. In light of these considerations, the central purpose of this article is to establish a conceptual and philosophical foundation for the teaching of history of psychology. Furthermore, it enumerates the teaching objectives which can serve as a guide for the study and systematic teaching of the history of psychology in Paraguay. Some of the main implications of these studies and their value to psychology in general are discussed in the conclusion.

Keywords: Teaching, history of psychology, Paraguay.


Resumo

Os marcos de análise usados para as pesquisas históricas na psicologia latino americana podem ser reduzidas a quatro pontos de vista diferentes: a) o da história da psicologia enfocada em seu sentido mais universal, b) o da história da psicologia no espaço geográfico latino americano, c) o da história da psicologia no pais concreto do estudo e d) o das histórias locais. Nas últimas décadas, a historiografia da psicologia do continente produziu uma quantidade importante de estudos para quase todos os países da região, incluindo o Paraguai. Como matéria de ensino, a história da psicologia do Paraguai começou faz uns dez anos na forma de palestras, seminários específicos ou tópicos incluídos em alguns cursos da psicologia geral que estão no currículum em umas poucas universidades. Falando da disciplina intelectual, os estudos históricos estão em uma dimensão reflexivo- crítica mais que instrumental- prática. Em atenção a estas considerações, os escopos centrais de este artigo são, por uma parte, estabelecer uma fundamentação conceitual e filosófica para o ensino da história da psicologia e, do outro lado, e sobre estes fundamentos, enumerar escopos de ensino que possam servir como guia para o estudo e a didática sistemática da historia da psicologia no Paraguai. Na conclusão, são discutidas algumas implicações principais de estes estudos e seu valor para a psicologia geral.

Palavras chave: Ensino, história da psicologia, Paraguay.


Introducción

La Historia de la Psicología

Los puntos de mira desde donde se investiga el desarrollo de las disciplinas universitarias pueden adoptar grados de amplitud o especificidad muy variados, según se las considere como un fenómeno estático o fases que integran un continuo temporal en permanente transformación. Es usual que la organización de los temas que componen tales estudios se oriente a partir de una concepción del conocimiento en sus aspectos de mayor generalidad para ir bajando luego hacia los niveles más delimitados que forman lo estrictamente particular de cada teoría. Se presume que la Psicología, tal como se estudia y practica en los diferentes ambientes intelectuales donde emergió históricamente, es susceptible de compartir algunos rasgos comunes que pueden ser objeto de una indagación sistemática. Pese a la diversidad cultural y los grados muy disímiles que se comprueban en los índices para el desarrollo nacional de cualquier país (Adair, 1998) y que, además, afectan a todas las ciencias en forma similar, la búsqueda de las características comunes deberá realizarse a nivel de los avances conceptuales y teóricos que se reconocen al interior de las distintas tradiciones nacionales en donde han surgido psicólogos profesionales y en las que, al mismo tiempo, se reconoce un progreso aunque sea mínimo en el ámbito de la investigación científica. Cuando es posible encontrarlas, estas similitudes podrán siempre atribuirse a la presunta universalidad que goza la Psicología, un punto que no todos los investigadores asumen de manera muy directa (Danziger, 1997).

Desde luego, en la Psicología, como en las demás ciencias del comportamiento, existe una tensión entre lo particular y lo general, pero también es un hecho que algunas singularidades concretas se destacan. En esencia, éstas se hallan integradas por eventos, estilos de conceptualizar la Psicología y fenómenos específicos que ella estudia, las teorías o modelos, las metodologías preferidas para los análisis de sus datos y los aspectos sociológicos que definen aspectos varios como la conformación de las agrupaciones científicas y profesionales o la dinámica de la enseñanza superior. Cuando el investigador se ubica sobre un punto de vista abierto al estudio de las peculiaridades propias que identifican a la Psicología en el espacio de un país real de América Latina y sitúa el contexto temporal de la investigación en cualquier momento de su configuración histórica, los marcos de análisis resultantes pueden reducirse en esencia a tres, los cuales oscilan como el movimiento del péndulo entre la amplitud de lo general y el detalle de lo particular: a) el de la Historia de la Psicología enfocada en su sentido más universal como ciencia del comportamiento y la cognición, b) el de la Historia de la Psicología recortada en el espacio geográfico que abarca la América Latina y c) el de la Historia de la Psicología en el país concreto que se escoge, en un sentido que constriñe su evolución únicamente a una escala nacional.

A estas perspectivas también debe agregarse un cuarto nivel aún más concreto y específico cuya aparición es más reciente en lo que respecta a la generación de investigaciones. Es el de las historias locales, que pueden llegar a ser variadas y distintas, incluso dentro de las fronteras nacionales de un sólo país. Las historias locales comienzan cuando el análisis de la Psicología abandona las consideraciones de orden global y opta por centrarse en tópicos de estudio más reducidos. Es así como las ciudades, instituciones de enseñanza o investigación, universidades, grupos de trabajo científico o intervención profesional, conglomerados de practicantes que comparten una misma orientación o ideología y otras unidades semejantes, que sitúan su existencia en el espacio territorial limitado de un estado nacional o región, resultan susceptibles de generar recuentos históricos de interés para la Psicología. Desde luego, cada uno de estos cuatro estilos para enfocar la historia es completamente legítimo y puede concebirse como un complemento de los demás. Por ello, el cultivo de cualquiera de ellos por sí sólo y con prescindencia de los restantes por fuerza habrá de conducir a visiones parciales de la disciplina y sus objetos de estudio. Esas formas de hacer historia se encontrarían desprovistas de la necesaria visión de conjunto o privadas de los grados de concreción que resultan deseables para comprender, con la amplitud necesaria, el contexto temporal en que el psicólogo desempeña tanto su oficio de científico como su profesión aplicada.

Como área de investigación organizada, a partir del conocimiento de ideas, autores y eventos relacionados al estudio de la mente y el comportamiento, la Historia de la Psicología no puede asumirse como un emprendimiento intelectual de factura reciente. Antes de finalizar el Siglo XIX, precursores como Théodule Ribot, a quien se concede el crédito por la introducción del método experimental en Francia, a nivel conceptual (Nicolas y Murray, 1999), ya ofrecía algunas descripciones bien informadas sobre los avances que la Psicología alemana y británica se hallaban registrando en su tiempo (por ejemplo, Ribot, 1870/2002). Aunque estos trabajos eran propios de las orientaciones teóricas y las investigaciones experimentales que predominaban en aquél instante, también guardan una relación estrecha con lo que puede pensarse como una incipiente reconstrucción histórica de la Psicología. En las décadas posteriores, el cúmulo de información que generó esta literatura fue aumentando paulatinamente con un significativo grupo de artículos y libros producidos por psicólogos que se sintieron atraídos por la exploración sistemática del trayecto temporal que había seguido su ciencia. Las producciones resultantes constituyeron los primeros esfuerzos encaminados a una dilucidación y clarificación de los factores sociales, culturales y científicos que determinaron el modelamiento de la psicología como área autónoma dentro de la ciencia y fueron entrando a la consideración pública en los comienzos del siglo, dejando a disposición un apreciable número de obras que hoy ya se valoran como clásicas.

También los estudios historiográficos en América Latina vieron sus inicios en fecha temprana. El escritor argentino José Ingenieros, a quien le cupo una actuación determinante para la apertura de muchos campos de estudio como la Sociología, la Criminología y la Psicología Experimental en su patria (Rodríguez Kauth, 1996), destaca como uno de los cronistas pioneros. A mediados del Siglo XX, la Historia de la Psicología halló otro sistematizador de singular mérito en Américo Foradori, cuyo trabajo clásico sobre La Psicología en América (Foradori, 1954) alcanzó una amplia cobertura del espectro entero de la Psicología en los países del continente. Avanzando en el cauce que abrieron estos primeros informes de conjunto, el entrecruce intelectual de psicología e historia, prosiguió en las décadas siguientes con un avance sin pausas. En nuestros días existen trabajos que sintetizan en buena manera la Psicología del continente presentada como un todo (Alarcón, 1997, 2002; Ardila, 1986, 2004; Gutiérrez y Ardila, 1992; Jacó-Vilela, Lopes da Rocha y Mancebo, 2003; Klappenbach y Pavesi, 1994; Sánchez Sosa y Valderrama Iturbe, 2001). Con el tiempo, de las visiones de tipo globalizador se pasó a las reconstrucciones focalizadas en el contexto nacional y de éstas a las historias locales.

Este progreso se reconoce con facilidad aun cuando pueda admitirse que los grados de profundización logrados de un país a otro parecen bastante disímiles en ocasiones. No es necesario ser exhaustivos para mencionar la existencia de varios estudios sobre Argentina (Ardila, 1979; Casali de Babot, Ventura, Jorrat y Lupiañez, 2006; Dagfal, 2009; Di Doménico, Giluiani, Visca, Ostrovksy, Moya y Mansor 2008; Gallegos, 2005; Gentile, 2003; Gottheld, 1969a, 1969b; Klappenbach, 2000a, 2006, 2008; Leibovich de Duarte, 2008; Pantano Castillo, 1997; Papini, 1976, 1978, 1987, 1988; Papini y Mustaca, 1979; Ríos, Ruiz, Stagnaro y Weissmann, 2000; Rossi, 2005; Rossi et al. 2005; Rossi, Ibarra y Ferro, 2009; Vezzetti, 1996; Vilanova, 1993, 1995, 1997, 2001, 2003; Vilanova y Di Domenico, 1999, 2003; Weissmann, 2005), Brasil (Antunes, 2003, 2005; Antunes, 2006; Bock, 1999; De Melo Bomfim, 2003; Dias Duarte, Russo y Venancio, 2005; Freitas Campos, 2001; Jacó-Vilela, 2009; Jacó-Vilela, Cerezzo y Barros Conde Rodrigues, 2001a, 2001b; Jacó-Vilela, Jabur y Barros Conde Rodrigues, 1999; Massimi, 1988, 1990; Massimi y Guedes, 2004; Massimi, Mahfound, Carvalho da Silva y Sarti Avanci, 1997), Chile (Bravo, 2004; Bravo Valdivieso, 1983; Bravo Valdivieso y Tschorne Tetelman, 1969; Rodríguez y Villegas, 2007; Salas y Lizama, 2009; Villegas y Rodríguez, 2005), Colombia (Ardila, 1973, 1975; Peña-Correal, 2007; Rodríguez Jiménez, 1997), Cuba (Bernal, 1985; De la Torre Molina, 2009; Dueñas Becerra, 2005; González Rey y Mitjáns Martínez, 2003), México (Galindo, 1988, 1989; Valderrama, Colotla, Gallegos y Jurado, 1994), Perú (Alarcón, 1980, 1986, 1994, 2000; León, 1982, 1989, 1993, 1997a, 1997b, 2003, 2010) y Puerto Rico (González, 2006a, 2006b, 2007). Para todos estos países, contamos con interesantes análisis históricos gracias a los cuales es posible articular una amplia base de información. Algunas contribuciones sistemáticas, así como análisis cualitativos que están a la mano sirven como elementos primarios para la documentación histórica. En comparación, otras naciones de la región latinoamericana como Bolivia (Aguilar, 1983), Costa Rica (Claudet, 1970, s/f; Salgado García, 1995), El Salvador (Portillo, 2006), Guatemala (Aguilar, 1999; Aguilar y Recinos, 1996), Panamá (Cisneros, 2004), República Dominicana (Rodríguez, 2000, 2009), Uruguay (Pérez Gambini, 1999) y Venezuela (Rodríguez y Sánchez, 1999) han generado una producción relativamente menor en el área de la Historia. En algunos de estos casos los trabajos conocidos no pasan de ser artículos descriptivos y con una utilización más bien limitada en su concepción de las variables de naturaleza histórica, aunque desde luego, entregan mucha información y referencias significativas. Investigaciones que reflejen alternativas de la Psicología, tal como se ha desarrollado en Ecuador, Haití, Honduras y Nicaragua, aparecen con menor frecuencia y son menos conocidos a la vez que más difíciles de localizar.

Paraguay es otro país de la región donde la búsqueda de las raíces de la disciplina ha dado frutos recientes. Quien primero se interesó por escribir sobre los fundamentos históricos de la Psicología fue Manuel Riquelme (García, 2008), un destacado educador cuyos intereses discurrieron de manera fluida entre campos tan diversos como la Historia General, la Filosofía, la Psicología y la Crítica Literaria. En su trabajo más propiamente histórico, la reflexión se asume como un estudio sobre la evolución en secuencia temporal, que a lo largo de los siglos fueron tomando las concepciones atinentes al alma inmaterial de la que antaño hacían uso la Filosofía y la Teología. Comenzando con una revisión de los escritos de autores griegos como Pitágoras, que conceptualizó el alma en términos que lograron amplia influencia a lo largo de las centurias posteriores (Ferguson, 2008; Russell, 1947), Riquelme condujo gradualmente su reconstrucción hasta las ideas en el tiempo moderno. En el punto de vista del autor, el alma había transformado lentamente sus significados partiendo de una visión comprometida con la esencia espiritual y no fisicalista atribuida a éste en sus inicios hasta un acercamiento mayor hacia concepciones de orden biológico más identificadas con la Filosofía y la Ciencia del período contemporáneo. El escrito era un ensayo de pocas páginas, cuya finalidad principal fue complementar la introducción general en el capítulo que abría las Lecciones de Psicología (Riquelme, 1948), publicadas originalmente en 1938.

En el contexto de su exposición sobre el alma Riquelme no hacía mención alguna a la psicología nacional. Ese terreno, donde se escudriñan autores e influencias autóctonas surgidas en el país, permaneció sin ocupar durante largo tiempo, debiendo transcurrir siete décadas para encontrar la primera publicación específica sobre autores e ideas psicológicas en el Paraguay. Este primer aporte destacaba el trabajo de dos sociólogos por vocación y hombres de leyes por formación, que a comienzos del Siglo XX fueron promotores de las discusiones iniciales sobre los alcances de la Psicología Social y Colectiva en la explicación del comportamiento de los grupos. A partir de este ensayo (García, 2003) fueron sucediéndose varios escritos hasta el tiempo presente. En ellos se continúa con el análisis de aspectos diversos relacionados con las periodizaciones de la Psicología Nacional, autores, pioneros, teorías, libros y artículos, áreas de enseñanza, campos de aplicación y al estudio de las concepciones psicológicas que sobresalieron en cada etapa histórica. En consecuencia, la Literatura ha venido aumentando de manera sostenida. Una evaluación preliminar sobre el conjunto de la producción bibliográfica en este campo vio la luz a mediados de la década pasada (García, 2005a). En esta misma línea, el artículo que aquí se ofrece pretende, por una parte, introducir una argumentación convincente sobre los fundamentos conceptuales y filosóficos que subyacen a la investigación de la Historia de la Psicología en General y Paraguaya en Particular. Por otro lado, presenta una revisión y análisis someros sobre la enseñanza de la Historia de la Psicología en el Paraguay, otorgando una atención particular a los objetivos que pueden considerarse apropiados para convertirla en un área de estudio regular y dejando el tópico de los contenidos y las estrategias para un trabajo complementario que pronto seguirá a éste (García, 2011). Una correcta conceptualización de la Psicología Paraguaya, en cuanto área académica con autonomía propia, requiere discutir la fundamentación aplicable a la especificación de los objetivos, lo que al mismo tiempo, conducirá a su enseñanza sistemática. Éste será el punto a considerar en el siguiente apartado.

Fundamentos

Decir que la Historia de la Psicología desafía las clasificaciones existentes en la organización del conocimiento sería incurrir en una exageración innecesaria, pero es un hecho obligado de reconocer que la ubicación precisa que le compete en cuanto disciplina conlleva algunas dificultades que son únicas. En efecto, la Historia de la Psicología es un campo que no corresponde a la psicología básica, pues no aporta conocimiento a ser utilizado para el desarrollo de teorías o leyes del comportamiento, la cognición, funciones neurocognitivas, sensación y percepción, motivación, emoción u otras áreas de estudio colindantes, que, por lo común, se consideran los propósitos primordiales de la Psicología cuando cumple con su perfil de ciencia. Tampoco es un área aplicada propiamente dicha, porque no resuelve, en forma directa, los asuntos prácticos dirigidos al mejoramiento de la calidad de vida humana o la solución de algunos de los problemas cotidianos que éstos generan. Del laboratorio a los gabinetes aplicados, no parece sobrar un cómodo rincón para el repose de la historia. Pero si estas son sus características reales ¿cuál sería entonces el sentido de darle un status de disciplina universitaria? Varias respuestas diferentes pueden arrimarse al cuestionamiento en apariencia muy radical que encierra esta pregunta. La relevancia y utilidad que se pueden asignar a los estudios dentro de la Psicología, que tienen la dimensión temporal como su ingrediente diferencial, generan reflexiones de diverso tenor y puntos de vista con variados grados de elaboración que, en la amplia generalidad de los casos, terminan situando a los estudios históricos más cerca de una dimensión reflexivo-crítica que instrumental-práctica. A la Historia de la Psicología es más fácil encontrarla como vecina del pensamiento que de la acción.

Incluso, cuando la exactitud en las fechas, la precisión de los nombres de personalidades eminentes o los lugares geográficos y acontecimientos diversos que dejan sentir su influencia para el avance de cualquier ciencia, constituyen la parte substantiva en una reconstrucción que aspire al secuenciamiento temporal, resulta claro que la Historia de la Psicología, como tal, se halla más centrada en una concepción dinámica del cambio científico y, por ello, radicalmente orientada hacia el esclarecimiento de los procesos. En armonía con este dictado, el objeto para la Historia de la Psicología estará referido al estudio de las fases sucesivas en la construcción, transformación y cambio que se producen en la ciencia del comportamiento a lo largo del tiempo. Lo anterior, siempre en relación con problemas de investigación que en la teoría se asumen como realidades psicológicas (Tortosa y Vera, 1998), aunque muchas veces en verdad sean mejor explicados en cuanto constructos de naturaleza abstractiva. Al mismo tiempo, la psicología ha seguido su evolución disciplinaria en varios sentidos y niveles diferentes, aunque todos ellos interrelacionados y convergentes. Algunos de estos caminos recorridos son, por ejemplo: a) la discusión en cuanto a su objeto de estudio; b) en función a los fundamentos filosóficos que adopta como su base; c) en relación con los enfoques teóricos que le han servido de sostén a partir de disciplinas externas o paralelas como la filosofía, la educación y la biología o los que han sido elaborados desde su mismo interior; d) en orden a las metodologías desplegadas para el estudio de sus temas; e) en la inserción institucional que le corresponde como ciencia o como aplicación; f) con el avance y expansión en su vertiente profesional; e g) incluso en la comprensión de las motivaciones personales y de los determinantes para los procesos de la creación individual que se manifiestan en el trabajo de los científicos, los que también constituyen el insumo básico para el desarrollo de una psicología de la ciencia psicológica.

La historia le sirve al psicólogo de hoy como un medio para contemplar de forma objetiva el derrotero que ha seguido el estudio de la mente y el comportamiento desde sus primeros escarceos filosóficos hasta alcanzar la posición actual. Esta es la importancia fundamental que reviste la dimensión reflexivo-crítica a que hicimos alusión previa. Es en este mismo sentido que Klappenbach (2000b) opina que la historia crítica no es celebratoria ni anticuarista, pues aplica una metodología variada y plural, a la vez que propende a la integración de supuestos diversos que de otro modo podrían aparecer como ideas desconectadas. Por ejemplo, y en dirección contraria a uno de los principios metateóricos más comunes que subyace a los estudios históricos que es el presentismo -o la tendencia a visualizar la historia exclusivamente en los términos que irradia la contemporaneidad, imponiendo la interpretación de lo actual sobre lo pretérito-, no resulta incorrecto afirmar que la Historia de la Psicología es una ciencia del presente. Es importante tener en cuenta que el conocimiento actual de la disciplina es el que permite discriminar cuáles son las cuestiones importantes cuya condición histórica se deberá rastrear. Pero como muy bien advirtió Vilanova (2000), esto no es en absoluto igual a decir que el pasado deba interpretarse de acuerdo a los esquemas y los presupuestos que guían a la Psicología del presente. De hecho, para quien simpatice con una posición presentista la investigación de las ideas y teorías de un pretérito ya superado carece de todo sentido, y siempre será mejor concentrarse en el estudio del conocimiento tal como se da en este momento. Para decirlo con expresiones de Malone (2009), el presentismo únicamente valora la historia porque la ve como una flecha que apunta hacia un futuro siempre mejor y desde que el conocimiento de aquélla es útil sólo en la medida que ayude a ver hacia qué dirección se está moviendo la saeta. Frente a esta percepción más presentista de los eventos relevantes para la evolución de la Psicología, se antepone con frecuencia la interpretación de ésta en conformidad con las coordenadas que impone el espíritu de los tiempos o Zeitgeist, el cual descubre y explica los hechos históricos en función a los valores sociales, culturales, económicos y políticos que caracterizaron a una determinada época y lugar. La historia busca así hallar un significado y un porqué para todos los eventos que analiza a la luz de los condicionantes ambientales que rodean cada período temporal (Sánchez-Barranco Ruiz, 1996).

La Psicología, como un espacio de análisis y discusión, a cargo de personas que no fueron psicólogos en el sentido estricto del término, y que en la generalidad de los casos tampoco buscó serlo, tuvo en el Paraguay una precedencia temporal de varias décadas en relación a la práctica investigadora en sí y aún más a la articulación de una profesión liberal que se fue asentando con firmeza en el período más reciente. Con todo, el psicólogo de este país no asignó a la Historia un lugar muy destacado en la reconstrucción individual de su ciencia ni en la propia visión que desarrolló sobre el lugar que le cabe en sus complejas relaciones con los demás campos del conocimiento. Muchos autores de importancia para la Psicología universal son conocidos aunque casi siempre con suma vaguedad, lo cual es la causa que la estimación, respecto al peso diferenciado que a cada uno les confieren sus contribuciones individuales resulte, en resumidas cuentas, bastante deficitaria.

Si esto es verdad para la Psicología de raíz europea o norteamericana, la ignorancia de los pioneros en la Psicología nacional es desoladoramente completa. Refuerza este desconocimiento que, incluso, la mayoría de quienes se ocupan de impartir los cursos dentro del área de la Historia en los centros de formación universitaria, no son académicos primariamente atraídos por la investigación o el estudio de este campo, sino personas que llegan a la enseñanza de la materia por vías que pueden considerarse meramente accidentales. Queremos decir que a estos docentes, por lo general, les mueve una aceptación de tales cátedras cuando no se encuentran disponibles otras que, de haber estado libres, serían las de su preferencia por coincidir de manera más directa con el ámbito real en que sitúan su trabajo cotidiano, que casi siempre es la profesión aplicada. Por ello, es triste comprobar que la historia de la Psicología actúa las más de las veces como un simple premio consuelo para los profesionales deseosos de iniciarse en una carrera académica dentro de la Psicología. La vocación y aún el interés, que son componentes centrales y esenciales para aspirar a una contribución significativa en todo campo del conocimiento, quedan así bastante relegados. Puede resultar cualquier cosa menos extraño que esa extrema ahistoricidad a la que hicimos alusión previa, resultado directo de la actitud mencionada que aflora una y otra vez y se comprueba en el discurso de los profesionales del comportamiento, sea una de las señales distintivas de la forma cómo muchos de ellos conciben la naturaleza real de su disciplina.

Las cosas, en verdad, tendrían que ser diferentes. Si la Historia de la Psicología se concibe en los términos correctos debería ser vislumbrada como la instancia privilegiada para el reencuentro con las raíces. Que el conocimiento acabado del pasado ayuda de manera fundamental a comprender el presente es algo que se ha repetido muchas veces y lo han sostenido inteligencias de incuestionable autoridad académica (por ejemplo Schaft, 1974) aunque, desde luego, con diferentes matices en la formulación del argumento. No hay mucho que discutir en este sentido. Lo importante, sin embargo, es detenerse a comprender con claridad lo que en verdad significa este aserto. En primer término, la afirmación reintroduce con fuerza la idea del proceso. Genéricamente hablando, un proceso implica cambio, es decir, transformación de una cosa en otra, de un objeto en algo diferente, modificación cualitativa de las características que definen a la misma cosa o incremento cuantitativo en alguna de sus propiedades definitorias. La noción se opone como una antítesis a cualquier estado o impresión de quietud. Aunque al mismo tiempo el concepto nada nos informa con respecto a la naturaleza real de la transformación. Es decir, la existencia de un proceso no significa necesariamente un inmediato mejoramiento, pudiendo también implicar una degradación, una involución, un retroceso. El avance de la maduración que los seres biológicos obtienen con el aumento de la edad es una progresión evolutiva, pero las fases finales a partir del inicio de la adultez implican la declinación de muchas funciones físicas y mentales. Asociado al uso tradicional del concepto de proceso está el de progreso, que es también un tipo de cambio, aunque conducente a una proyección sobre el mejoramiento. En éste se asume que los situados en lo alto de una plataforma final se hallan en condiciones de visualizar y juzgar como inferiores los pasos previos que ha seguido cualquier gestación del cambio o juzgarlos como menos desarrollados o más primitivos que los correspondientes al momento actual. La noción de progreso arrastra connotaciones ideológicas no siempre deseadas y a menudo escasamente objetivas, por lo que su utilidad no puede ser menos que dudosa. Ya , Ruse (1996) discutió con agudeza estas limitaciones que, aunque en su argumento toman su foco y su base en la biología evolucionista, pueden extenderse en su uso a campos más alejados como la filosofía de la ciencia en general.

Cuando nos acercamos a la Historia de la Psicología, estos problemas no hacen sino potenciarse aún más, ya que no siempre resulta evidente que los procesos de cambio involucrados conduzcan el paso hacia algo mejor ni que los diferentes momentos que componen la secuencia de cualquier proceso deban por fuerza considerarse como lineales y consecutivos. Una suposición que haga hincapié en que las ciencias humanas acumulan conocimiento y avances formando una estructura piramidal, se asemeja mucho a lo que Danziger (1990) describió como las actitudes celebratorias que aparecen con frecuencia dentro de la Psicología, esto es, una práctica en la que el uso de la Historia por parte de los psicólogos sirve para reafirmar la ideología del progreso implícito al interior de su ciencia. A esta idea acompaña la presunción que nuestro grado de conocimiento y pericia es superior al obtenido en todos los tiempos anteriores. De manera directa, se asumirá entonces que el avance obtenido al presente será inferior al que pueda esperarse en el futuro venidero.

Estos son aspectos claves para entender la forma como se articula una reconstrucción temporal de la ciencia psicológica, pero aún quedan muchos otros matices importantes a mencionar. No puede negarse, por ejemplo, que la Historiografía de la Psicología refleja un movimiento pendular muy peculiar entre dos modelos. Un modelo de historia interna, donde se enfatiza la producción científica, las personalidades sobresalientes, como son sus autores, y las disputas entre modelos teóricos divergentes, y un esquema de historia externa, más atenta a la influencia que los movimientos sociales, políticos y económicos; la infraestructura disponible en general y la cultura de fondo que siempre actúa como compañía, ejercen sobre la promoción de ciertos tópicos e interrogantes y en la predominancia de algunos intereses intelectuales sobre otros (Vilanova, 1995). La Psicología ha vivido también una singular tensión interior que se crea entre el ideal de los psicólogos por servir en los roles de una profesión aplicada, oferente de servicios a individuos concretos que deben pagar un precio estipulado por el producto recibido -los pacientes o clientes- y la necesidad inaplazable de apoyar sus afirmaciones en una consistente investigación científica (Danziger, 1995) que hace gala de la búsqueda desinteresada del saber. Estas diferencias promueven visiones diferentes sobre la Psicología y acarrean conflictos que no siempre resultan sencillos de resolver. En el último siglo la discordancia entre ambas formas de pensar condujo a cismas importantes que se dieron al interior de organizaciones muy influyentes como la American Psychological Association (APA) (Cautin, 2009a; Sokal, 1992). La última de estas crisis se produjo cuando un numeroso grupo de los asociados de la APA que se identificaban con el perfil de la Psicología, como ciencia, emigró de ella para fundar la American Psychological Society (APS), en 1988, rebautizada Association for Psychological Science (APS), a partir del 1° de enero del 2006 (Cautin, 2009b). Cualesquiera sean las condiciones generales asignadas a la naturaleza de los procesos que se despliegan al interior de la Historia de la Psicología, es obvio que todos ellos pueden confluir en la elaboración tanto de una historia de ambiciones internalistas como de u na reconstrucción más externa.

La verdad es que criterios como los del progreso y los procesos lineales, aunque acordes con los dictados del sentido común, son muy discutibles por varios motivos. Es un hecho, por ejemplo, que la discontinuidad también puede presentarse. Para entender mejor todo esto, de nuevo ayuda el tomar a la evolución como una metáfora muy elástica y moldeable y dentro de ella en particular los cambios ocurridos en la filogenia de la especie humana (Bradshaw, 1997; Corballis, 1998; Corballis y Lea, 1999; Klein, 1989). Sabemos que algunos troncos del género homo e incluso algunos australopithecus condujeron a callejones evolutivos sin salida, que deben apreciarse como ensayos infructíferos de la causalidad natural para generar especies nuevas. A la ausencia de una adaptación efectiva al medio ambiente circundante o al verse obligados los especímenes resultantes a enfrentar competidores o situaciones ecológicas muy adversas fueron forzados a seguir el penoso destino de la extinción. Esto es lo que se ha pensado en las últimas décadas del Siglo XX, por ejemplo, sobre la repentina y enigmática desaparición del hombre de Neanderthal en lo que fue su encuentro histórico con el homo sapiens arcaico, especie con la que compartió el mismo habitat por un período que se extiende al menos entre cinco a doce mil años (Oppenheimer, 2003). El escenario se produjo en el oeste de Europa hace unos veinticinco a treinta mil años, y allí el primero habría tenido que ceder terreno al nacimiento de nuestra propia especie, pagando su inferioridad adaptativa con la moneda de su propia existencia. Esta es la visión que se aceptó durante muchos años, aunque opiniones muy atendibles en la actualidad (Finlayson, 2009) cuestionan sobre argumentos muy bien fundamentados aquella interpretación tradicional.

Como quiera que sea, las metáforas no pierden su validez ni utilidad explicativa. En una extrapolación ingeniosa a la vez que audaz, el éxito y la supervivencia de las teorías y enfoques conceptuales, generados al interior de las diversas ciencias particulares, fueron concebidos por Richards (1989) como análogos a los procesos biológicos que responden a los imperativos ciegos de la selección natural. Él supone que las teorías de la ciencia acaban imponiéndose o perecen en una forma similar a las subvariantes del genotipo de los individuos, aunque salvando las considerables distancias entre tejidos biológicos y conceptos científicos. Hay quienes postularon en la existencia de los memes, como se denomina a las unidades de selección cultural, un fenómeno de características similares (Blackmore, 1999). Pero sin entrar a discutir los merecimientos explicativos en cualquiera de estas formas de enfocar la historia de la ciencia, es obvio que algunas direcciones teóricas dentro de la Psicología han desaparecido sin dejar mucho rastro. Teorías nacen y teorías mueren, lo que a nuestra pretendida valoración de la historia, como la instancia que ayuda a comprender el presente, le agrega el significado algo perturbador que en verdad quizá no todo conecte con todo. Es decir, no todas las producciones conceptuales del presente serían una derivación directa e inevitable de alguna matriz localizable en el pasado, o lo que es mejor decir, no toda teoría de importancia histórica debe necesariamente proyectar sus huellas hasta ser reconocida por algún vestigio resultante en el presente. Muchas, como el Funcionalismo norteamericano e incluso la Psicología de la gestalt alemana, que murieron de éxito, al decir de un conocido historiador (Boring, 1983), no pudieron extender su presencia continuada en la Psicología de hoy, al menos en formas que pudieran resultar obvias. Allí es donde se percibe la discontinuidad en la evolución conceptual de la Psicología, un aspecto especialmente problemático cuyas repercusiones para la disciplina menciona García (2007), en particular teniendo en cuenta el caso paraguayo. Aunque desde luego, siempre cabe pensar que la Psicología de la gestalt pervive en ciertos principios que se hallan presentes en la Teoría Ecológica de la Percepción (Engelmann, 2002; Matlin y Foley, 1996) y la Psicología Evolucionista recuerda algunos conceptos muy típicos del antiguo funcionalismo (Tooby y Cosmides, 1992).

Todo lo dicho no invalida el criterio de que la Historia puede conducir a una comprensión del presente de una mejor y más fundamentada manera. Lo que sí resulta obligado de admitir es que las lecciones que se pueden obtener, apoyados en la reflexión sobre los diversos casos históricos, terminan colocándonos frente a un panorama que es, en el mejor de los casos, considerablemente más complejo de lo que cabría suponer a primera vista. La reconstrucción histórica de la Psicología en modo alguno se asemeja al sendero simple y directo que traza cualquier secuencia lineal. Otros aspectos asociados e igualmente importantes, como la dispersión teórica que aún sufre la disciplina en nuestros días, sirven para reforzar estas impresiones. La multiplicidad de enfoques que pueblan las ciencias del comportamiento sugiere la idea de un cierto desorden general en el que a menudo prima la arbitrariedad y en donde cada corriente epistemológica busca imponer sus criterios a las demás, con frecuencia, de acuerdo con preferencias circunstanciales de los psicólogos y no siempre basadas en criterios racionalmente sólidos. El diálogo interteórico no es usual en la Psicología, aunque sí es común el proselitismo activo. Las múltiples bifurcaciones conceptuales son el inevitable resultado y estas dicotomías figuran entre las complicaciones mayores que surgen para la consolidación científica de la Psicología (García, 2010a). Frente a esta desconcertante situación, el espectro de reacciones va desde los que pensaron en el problema como imposible de evitar e, incluso, saludable en cierta manera (Koch, 1993), hasta quienes trabajan en el trazado de un camino que pueda conducir hacia la unificación. Ésta, aunque indudablemente difícil, resulta al menos concebible en teoría (Ardila, 1989, 1997a, 1997b, 2003, 2006; Staats, 1991, 1999; Sternberg, 2005; Sternberg y Grigorenko, 2001).

Cualquier idea que se mantenga sobre la Psicología y su peculiar evolución intelectual no podrá divorciarse de cuanto se sostiene respecto a la actividad científica en términos más generales. Ya sea que se adopte una visión del conocimiento, acorde a la sucesión de paradigmas que previó Kuhn (1983), o, en una perspectiva más gradualista de la ciencia, como hace Laudan (1978), y aún en consideración a los hábitos mentales que impulsan o bloquean el avance de las teorías científicas (Margolis, 1993), los resultados no parecen diferir en demasía. Lo importante, dentro de todo, es que pese a la divergencia siempre ubicua la Historia de la Psicología tiene la posibilidad de cumplir con el importante servicio de establecer puentes o nexos entre los diversos enfoques teoréticos con el fin de apuntalar la siempre escurridiza noción de unidad.

Aquí, no significa buscar el necesario establecimiento de la unificación conceptual que, con todo acierto, se plantean algunos autores, sino trabajar en un sentido que es complementario a esta dimensión, aunque diverso al mismo tiempo. Cuando la historia es el ámbito comprendido, resulta correcto pensar en una unidad en la diversidad, como Yela (1996) postuló hace algunos años. Él también avizoraba la posibilidad de una mayor congruencia interna en las ciencias del comportamiento que habría de lograrse sólo en la medida que llegaran a ser compartidos el objeto y el método. Lo fundamental, es comprender que la Psicología, pese a las controversias que la rodean, a la diversidad metodológica y a la pluralidad teórica que aún se registran en su interior, y que además se da en todas las fases de su historia, representa el mismo tipo de esfuerzo intelectual enmarcado al esclarecimiento de los problemas e incógnitas de la mente y el comportamiento, con la asistencia de metodologías y posicionamientos teóricos divergentes, pero con un propósito que al menos a nivel de los fines declarados parece esencialmente compatible entre las diversas aproximaciones.

Los psicólogos buscan su objeto en parcelas similares y vecinas dentro de un terreno, que es amplio y escabroso al mismo tiempo, con el apoyo de métodos diversos. Éste y sólo éste es el sentido en que la Historia podrá ayudar al logro de la unidad de la Psicología, al modo que una vez sugirió Carpintero (1996). Por otra parte, la metodología que se aplica en los estudios psicológicos es subsidiaria de las teorías, se elabora luego de creadas éstas o en un complejo contrapunto con las mismas durante su proceso normal de cambio. Los métodos de la Psicología surgen y se encumbran y también decrecen y se pierden, todo dependiendo del éxito momentáneo que gocen los modelos en los que se apoyan. Algunos principios metodológicos importantes que se hallan plenamente justificados y tuvieron eco antes de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, dejaron de tener vigencia en la psicología de nuestros días por razones que no siempre aparecen claras ni justificadas (Toomela, 2007).

Estos retos son compartidos por la Psicología paraguaya. Cuando ésta se analiza, no quedan dudas que la división entre escuelas rivales es un hecho comprobable sobre todo en la fase que se conoce como período universitario y profesional y que arranca cronológicamente a inicios de la década de 1960 (García, 2005a, 2005b, 2009, 2010b). En este panorama, donde la controversia es moneda cotidiana, se torna más patente por el problema que representa la reducida aportación de estudios empíricos que brinden a la Psicología el dinamismo creativo que sólo pueden proveer la discusión racional basada sobre hechos fácticos y la práctica de una crítica rigurosa (Bunge, 1973). Una disciplina psicológica en la que sus protagonistas ejercen sus funciones parapetados sobre las trincheras creadas con sus propios modelos teóricos incompletos y reduccionistas, sólo acaba conduciendo a enfoques que se caracterizan por el parcialismo y la unilateralidad. La identificación de la Psicología paraguaya más con el perfil de una profesión que con el de una ciencia (García, 2009), introduce en el juego otras dimensiones subalternas no siempre evidentes. Pueden observarse ejemplos como el activismo por las teorías o la formación de grupos con afinidades fundamentadas en el uso compartido del mismo esquema de referencia, los que a su vez rivalizan con otros semejantes en reyertas verbales, donde la retórica vence sin problemas a los hechos, cuando no el reclutamiento puro y simple de prosélitos jóvenes que demuestren subordinación y lealtad a las enseñanzas de su maestro. En este escenario la necesidad de una mayor coherencia conceptual no es pensada, ni de lejos, como una prioridad. Si ya es difícil obtener la congruencia en las tareas de los científicos lo es aún más en el reducto estrictamente profesionalista que identifica la práctica privada del psicólogo. Todos estos aspectos tienen consecuencias dramáticas para la visión que se tenga de la disciplina e influyen en que se arraigue una idea cada vez más dispersa de la misma.

Por si las dificultades mencionadas fuesen pocas, permanece latente el problema de la discontinuidad actuando como telón de fondo. García (2007) designó de esta manera, por un lado, a la aparente falta de conexión conceptual entre los autores que escribieron o investigaron en psicología o incorporaron algunos constructos psicológicos a otros campos afines durante las décadas previas al establecimiento de la profesión, por otro lado, designó así a la Psicología surgida más adelante al establecerse las primeras carreras. La discontinuidad se admite, aún reconociendo la existencia de tradiciones bastante congruentes dentro de la Psicología en el período preuniversitario y que cristalizan en las obras de grupos de autores cuyos enfoques psicológicos guardaron relaciones mutuas que en algunos casos llegaron a ser muy evidentes. Entre tales tradiciones, la más consistente es la que unió a la Psicología y la educación (García, 2006) y también la que más exponentes ha logrado en el Paraguay. El hiato, la brecha, el corte, la discontinuidad se produce no entre los diferentes autores y sus ideas, sino entre la producción que se dió en el período preuniversitario considerado como un todo y el paso hacia las tendencias teóricas que surgieron con posterioridad. A ellas debe sumarse la incipiente profesionalización que se observa al comienzo de la etapa universitaria y profesional y que guarda dimensiones particulares que aún no han sido analizadas con la suficiente profundidad. Por mucho que se piense, no parece que las orientaciones conceptuales en la Psicología del período más reciente sean una continuación de la reflexión y producción del tiempo anterior.

En este sentido, si pensamos en la Historia de la Psicología como el trabajo intelectual sucesivo y ordenado de una serie de autores e investigadores cuyos aportes forman parte de algo semejante a una cadena secuenciada, entonces cabe legítimamente preguntar: ¿qué lugar habría que asignar a aquéllos que, aún habiendo investigado sobre temas que corresponden a nuestra delimitación habitual del significado del comportamiento, la mente, la cognición o las emociones, no han producido continuadores o influencias reconocibles? ¿Igual deberían ser parte de una historia de la Psicología? La soledad y aún el aislamiento en que algunos investigadores tuvieron que desarrollar su labor cotidiana ¿representa el precio a pagar por el logro de alguna contribución real a la Psicología o sus empeños deben interpretarse como caminos fallidos similares a los que sufrieron muchas especies que aparecieron durante la evolución del género homo y no dejaron descendientes? En esencia, ¿qué aporta a nuestra visión del presente el estudio de los orígenes históricos en una psicología que tiene claros rasgos de discontinuidad? Aquí, una vez más, la noción del proceso resulta muy útil. La existencia de líneas dominantes dentro de la Psicología, como el énfasis en el comportamiento que conduce desde Pavlov al neo-conductismo actual (Rachlin, 1991) o el estudio de la conciencia desde Wundt y James hasta la moderna Psicología Cognitiva y del procesamiento de la información (Seager, 2007), nos remite a conglomerados o racimos de conceptos al decir de van Rappard (1993), los que una y otra vez aparecen con ropajes diversos en las diferentes formas de teorización psicológica. Pero los conceptos y los programas de investigación que surgieron una vez y se estancaron luego o desaparecieron por completo no resultan por ello menos reales. Es por eso que los avatares sufridos por una psicología con desarrollos discontinuos también son parte de procesos igualmente discontinuos y, como cualquier fenómeno que cae dentro del ámbito científico, requieren de una explicación satisfactoria.

La Psicología en Paraguay no es continua ni discontinua, sino continua en determinados aspectos y discontinua en otros; son las dos facetas que integran un proceso mixto. Tomando en cuenta la singularidad de cada uno de estos factores y analizándolos con el cuidado que merecen por su propio peso e importancia, es como logrará entenderse, de qué forma se constituyó la Psicología paraguaya en términos reales, cuáles son las fuerzas que la modelaron dándole su fisonomía actual y, especialmente, en qué sentido es única y singular, sobre todo si se la compara con las Psicologías que maduraron en otros países. También podrán extraerse aprendizajes útiles sobre cuáles pueden suponerse que serán sus direcciones futuras, al menos en los términos razonablemente abiertos que permite la probabilidad. La forma de lograr los propósitos trazados en la investigación y la enseñanza de la Psicología y su historia no es esquivando la complejidad, sino enfrentándola con los conceptos explicativos adecuados. Es este el rol especial que debe reservarse al estudio de la Historia de esta Psicología en particular y las prioridades que han de asignarse a su enseñanza universitaria.

Objetivos generales y específicos

Recordemos que el propósito central para este artículo es discutir los lineamentos generales que corresponden a la enseñanza universitaria de la Historia de la Psicología Paraguaya, y de manera más específica, los objetivos que deben guiar su efectiva implementación académica; ya sea como materia fija del currículum en las carreras de Psicología y disciplinas afines o como seminarios alternativos que pudieran darse dentro de éstas, como en otras modalidades pedagógicas pertinentes y concebibles. El sentido y ubicación de una materia específica que se concentre en la evolución histórica de la psicología en un solo país conduce a varios interrogantes que guardan mayor generalidad. En especial, guarda importancia aquél referido a los objetivos y metas para la Historia como subdisciplina que existe dentro del marco general de la Psicología, incluso si se hace expresa prescindencia de su aplicación a cualquier caso nacional concreto o a la reconstrucción de la psicología de cualquier entidad nacional o regional en particular, eligiendo concentrarse con la disciplina en su horizonte más global. En este sentido Rosa, Huertas y Blanco (1996) enumeraron seis objetivos y tareas primordiales que justifican la existencia efectiva de este campo. De acuerdo con estos autores: 1) La Historia de la Psicología cumple funciones concretas de conservación de la experiencia social al momento de actuar como memoria social del conocimiento, en especial en lo que respecta a la Psicología en sí misma. 2) Sirve para explicar los diversos discursos psicológicos que han surgido durante el desarrollo temporal de la disciplina. 3) Ofrece explicaciones acerca de los cambios producidos en la narración discursiva de la Psicología. 4) Debe ofrecer, al mismo tiempo, reconstrucciones discursivas que sirvan como descripciones y explicaciones a preguntas entendidas como problemas historiográficos. 5) Constituye una parte de los objetos que forman la propia materia de estudio de la Psicología. 6) Cumple una función auxiliar respecto al avance de la Psicología misma. A los objetivos enunciados debe anexarse, por supuesto, la función crítica y evaluativa que está reservada a la historia cuando se dirige a la interpretación del devenir temporal y el surgimiento de los temas de estudio propios de la investigación psicológica.

Es claro entonces que, como parte de una planificación ordenada de la enseñanza, y al momento de asignar prioridades referidas a los autores, los períodos históricos, las teorías, los eventos sociales y culturales concomitantes a su desarrollo y los contenidos que habrán de escogerse para el análisis, los objetivos formales habrán de conformar una parte esencial en este proceso de modelar el ámbito concreto que debe abarcar la Historia de la Psicología Paraguaya como campo de estudio. A la hora de fijar objetivos generales para la tarea será válido tomar como referencia a los siguientes:

  1. Estudiar la configuración general de la Psicología en el Paraguay en sus aspectos históricos y contemporáneos.
  2. Introducir y fomentar la discusión respecto a los desarrollos autóctonos de la disciplina a nivel local.
  3. Analizar desde una mirada histórica los problemas y las perspectivas que presenta la Psicología paraguaya.

Como objetivos específicos deberán considerarse los que siguen:

  1. Identificar las fuentes intelectuales principales a partir de las cuales ha tenido su origen la Psicología paraguaya.
  2. Estudiar la evolución y características de la Psicología en el período preuniversitario.
  3. Reconocer las fuentes filosóficas que han servido de sustento, fundamento e identidad a la Psicología preuniversitaria paraguaya.
  4. Distinguir los enfoques teóricos principales que desde las disciplinas afines como la Sociología, la Filosofía, la Biología Evolucionista o la Medicina y desde los diversos campos de la Psicología en particular contribuyeron a orientar las reflexiones e investigaciones de los psicólogos en el período preuniversitario.
  5. Analizar la producción bibliográfica, las categorías o tipos de investigación más frecuentes y las ideas principales que fueron defendidas por los psicólogos preuniversitarios en el Paraguay.
  6. Estudiar los procesos de cambio que se registran con relación a los objetos de estudio y a las metodologías con los que la Psicología se identificó desde sus orígenes remotos al tiempo presente.
  7. Indagar sobre la continuidad y/o discontinuidad que afecta el paso de la Psicología en el período preuniversitario a la Psicología del período universitario y profesional.
  8. Proceder al análisis de las condiciones que permitieron el surgimiento de la Psicología universitaria en el Paraguay.
  9. Determinar cuáles fueron las personalidades y los eventos que tuvieron lugar para favorecer la inserción institucional de la Psicología como área de estudio independiente en las universidades.
  10. Establecer las fases, inconvenientes y elementos propiciadores que actuaron en el avance y expansión de la Psicología en su vertiente profesional o aplicada.
  11. Explorar las condiciones personales, familiares, educativas, culturales, económicas y de otra índole que sean relevantes como influencias sobre los individuos particulares y sus motivaciones para la investigación psicológica en el Paraguay.
  12. Evaluar la situación actual de la Psicología paraguaya en su aspecto académico y aplicado.
  13. Ensayar una prospectiva del probable curso futuro que podría tomar la Psicología paraguaya a partir de los cimientos proveídos por sus desarrollos actuales.
  14. Analizar la presencia o ausencia de los elementos necesarios que podrían conducir al establecimiento de una psicología indigenista o autóctona en el Paraguay.
  15. Deducir las semejanzas y las diferencias entre la evolución de la Psicología tal como ha tenido lugar en el Paraguay y aquéllas que se hayan producido en las demás naciones de América Latina.

Los objetivos previamente enumerados, tanto los que se listan en el rubro de generales como los considerados específicos, podrían servir como un punto de partida para organizar los estudios psicológicos en el Paraguay, en especial, cuando aspiran tomar a la Historia como la principal dimensión interpretativa y su eje básico de análisis. Es claro que los objetivos detallados actúan bajo el concepto de la provisionalidad y obligatoriamente deberán estar sujetos a una revisión evaluativa y crítica en función de su aplicabilidad, pertinencia y corrección. A estos objetivos, deberán agregarse, en una elaboración posterior, los puntos temáticos a ser discutidos en los cursos de Historia de la Psicología en el Paraguay que vayan a impartirse partiendo de las metas consideradas aquí, igual que las metodologías principales que servirán para sellar la unión entre la reflexión histórica y teórica con la necesaria articulación de la producción investigadora. Siempre y en todos los casos ésta deberá servirle como sustento, y en última instancia deberán actuar como su justificación final para lograr su transformación en una disciplina que disfrute de plena respetabilidad a nivel académico.

Conclusión

El sentido de la tarea

La Historia de la Psicología es un caso particular en la historia general de las ciencias y en consecuencia comparte con esta varias de sus características, aunque también haya que estimar sus diferencias en aspectos bien concretos. Como parte de la Ciencia, la Psicología surge en un contexto social muy localizado; comienza a gestarse en momentos precisos del devenir temporal de una colectividad; produce o asimila interrogantes, cuestionamientos, ideas, inquietudes; crea necesidades de conocimiento y, para darles respuesta, se postulan modelos explicativos del mundo, de la mente y el comportamiento. Puede hallarse franqueada por la misma clase de limitaciones que los demás tópicos que son objeto de la producción del pensamiento de un colectivo cualquiera o compartir las mismas facilidades o potencialidades que permiten el mayor avance de la ciencia en determinados sitios. Los autores que producen, aprenden, interpretan o enseñan el contenido de los textos psicológicos, expuestos en los análisis que realizan los historiadores de la Psicología, son personas inmersas en el mismo tejido social que comparten los demás habitantes de una ciudad, región o país, ya sea que se encuentren interesados o no en el estudio de la cognición y la conducta, o se trate de científicos, eruditos o personas simples con intereses comunes. El que determinados objetos, temas o presunciones filosóficas o teóricas puedan ser generadas por una sociedad en un momento particular o puedan ingresar a su repertorio de ideas importadas desde la irradiación que produce una fuente intelectual externa dependen siempre de cuáles sean las condiciones históricas, educativas, sociales, económicas, políticas, religiosas, ambientales, geográficas y quizás hasta de genética, de poblaciones que definen la vida de un conglomerado humano en un momento particular de su temporalidad y no en otro. Para comprender a cabalidad estos procesos, en mucho ayuda el contar con una visión de la sociedad en cuanto sistema, en el que cada uno de sus múltiples sectores actúa como segmentos en libre y fluida intercomunicación. Que el pensamiento científico pueda surgir en un espacio y momento exactos no es fruto incontrolable del azar. Antes bien, responde a causalidades precisas que pueden ser dilucidadas con aplicación de la racionalidad y el método científico hábilmente dirigidos.

Lo dicho ha de servir también para comprender que la Psicología, en su faceta de disciplina intelectual, no se encuentra reposando en un limbo abstracto y aislado de las demás producciones culturales que emergen en la sociedad. Muy al contrario, la Psicología tiene que ver con la Pedagogía, la Sociología, el pensamiento antropológico, la Biología, la Medicina, la Filosofía, la Teología y otras áreas convergentes. Las teorías y tendencias ideológicas que afloran en las discusiones originadas en cualquiera de ellas ejercen como mínimo una contribución en el grado de probabilidad sobre todos los puntos investigados y teorizados dentro de los contornos disciplinarios que pertenecen a la Psicología. Esa incidencia puede ser mayor o menor, puede resultar decisiva y determinante o diluida y apenas perceptible. El sistema de las producciones culturales de la sociedad se nos muestra encadenado, policausado, múltiple, y nunca lo suficientemente cerrado como para no influir o ser influido por los demás. Este es el sentido en que aprender de la Historia de la Psicología es asimilar también una parte fundamental de los contenidos, estrategias y desarrollos tecnológicos que surgen en los demás campos vecinos que se valen, al igual que ella, de constructos teóricos de cualquier índole para la interpretación activa del mundo circundante. En cierta manera el estudio de la historia de la psicología arrastra consigo el interés intelectual de todo el conglomerado social.

Esto explica por qué la historia de la psicología es capaz de exceder el interés focal básico de los psicólogos y entrar a formar parte de una trama de mayor amplitud que sintetiza la propia evolución conceptual de la cultura. Desde luego, siempre habrá aspectos cuya importancia se restrinja sólo a las preocupaciones de la comunidad psicológica e incluso para subgrupos específicos dentro de ésta que no comparten idénticos lineamentos conceptuales con los demás. Desde la Psicología, hay lecciones que pueden ser tomadas con provecho por las otras ciencias y las demás comunidades profesionales y científicas, conduciendo a una evaluación útil y efectiva de sus convergencias y discrepancias. Esto es, aprender lo que es una ciencia al compararla con las demás. En el caso paraguayo, en particular, podrían recogerse muchos ejemplos de puntos de interés común entre la Psicología y los modelos pedagógicos que la tomaron como su base durante toda la primera mitad del Siglo XX (García, 2006), o entre la Psicología y la Psiquiatría (García, 2010b), y aún, entre la Psicología Social y las primeras vanguardias del pensamiento sociológico que se discutían en los comienzos del Siglo XX (García, 2003). El estudio intensivo y comparado de la Historia de la Psicología puede servir asimismo para la construcción de modelos hipotéticos que nos expliquen con la mayor adecuación posible cómo se produce el desarrollo de una ciencia en entornos sociales que comparten las mismas o similares características con el país concreto que se estudia. Una vez dilucidadas a fondo estas tendencias comunes podrían derivar en la construcción de enunciados predictivos con respecto a la viabilidad real de avance de la Psicología, en cualquier momento y lugar que se considere. Este sería también un apelativo a la universalidad a la que propende cualquier ciencia.

La Filosofía y la Historia se encuentran emparentadas en múltiples sentidos y maneras. En una ocasión en que le cupo argumentar sobre el contenido temático que concierne a la Psicología de la Filosofía, Daniel Robinson (1985) describió este campo, un tanto elusivo -aunque especificando al mismo tiempo que no pretendía ofrecer una definición estricta y definitiva para el mismo-, como el "hábito de pensar claro acerca de los asuntos psicológicos" (p. 8). Se entiende que la aplicación de la Filosofía a los temas de índole psicológica cumple la función de una poderosa antorcha clarificadora, de un marcador del camino, un faro que ilumina los problemas de mayor profundidad que no siempre resultan evidentes en sus manifestaciones más cercanas que se dan al nivel de la experiencia diaria en el laboratorio o la práctica profesional, reconocidas a través de los hechos y las teorías. En un sentido amplio y asumiendo las diferencias existentes, la Historia está llamada a cumplir una función similar. No cabe duda que es también una forma de pensar claro sobre la Psicología, sobre sus condicionantes sociales y culturales, sobre cómo un entorno a veces indiferente o difícilmente predecible se combina con aspectos irrepetibles de la genética y la crianza para convertir individuos con potencial en científicos altamente creativos, o en líderes que transforman revolucionariamente el mundo con la amplitud de su visión para resolver problemas cotidianos de las personas, circunstancias muchas veces apenas comprendidas por los demás. La Historia consiste en indagar cómo se descubren y se crean constructos interpretativos sobre la mente y el comportamiento, de qué manera, a partir de las inquietudes cotidianas e ingenuas, se construye ciencia con capacidad descriptiva y explicativa y a la vez logra transformarse la sociedad. Es fundamental la búsqueda activa de información en fuentes de diverso tipo, la estimación de los datos tomando en cuenta el contexto real en el que surgen y el ejercicio de la crítica correctiva que debe procurarse siempre respecto a las interpretaciones surgidas y a los recursos metodológicos utilizados en el proceso.

El estudio de cada psicología nacional no se halla desprovisto del potencial para generar algunos de estos aprendizajes. Puede que, si un criterio muy estrechamente profesionalista sea el adoptado en cualquier discusión, no resulte muy fácil vislumbrar la importancia del estudio detenido de las Psicologías en cada país. La trascendencia que guardan estos estudios para el entrenamiento del psicólogo a menudo es poco evidente, aunque muy fundante al mismo tiempo. A los psicólogos paraguayos en particular, el conocimiento de su propia historia habrá de ayudarlos al menos en dos sentidos muy claros en el proceso de la formación académica. Por una parte, para interiorizarlos activamente de los desarrollos autóctonos logrados por investigadores anteriores que buscaron caminos de reflexión, investigación o aplicaciones prácticas a problemas propios del contexto típico del país, muchas de las cuales podrían ser las mismas que aún enfrentan los profesionales del presente. Por la otra parte, la Historia actúa proveyendo esa crucial perspectiva de unidad y coherencia al interior de la propia disciplina, condición que permitirá asimilar en mejor forma las respuestas de ésta a los desafíos generados en su propio ambiente y contexto cultural. Estos aspectos son parte de una función esencial que deben asumir las instituciones universitarias para el entrenamiento académico de un profesional psicólogo que aspire a ser crítico, con clara conciencia hacia la amplitud universal que proyecta su ciencia y atento, sobre todo, a la especificidad singular que le impone su medio circundante.

Según sea posible vislumbrar los procesos que actúan en el modelado singular de cada psicología nacional se va tornando posible la identificación precisa de lo que pueda haber de general en cada caso concreto. En este amplio sentido, el estudio de la Historia de la Psicología en el Paraguay, con todas sus particularidades y contradicciones, podría estar llamado, en el mediano o largo plazo, a proveer este mismo servicio a la mejor comprensión de la ciencia universal. Es una tarea cuyos resultados, sin embargo, no siempre son seguros, particularmente cuando los objetivos finales no pudieran conseguirse. Aun cuando la investigación sistemática no acabara de rastrear evidencia suficiente para sostener la existencia de procesos únicos o cuando estos se encontrasen pero no tuvieran la especificidad suficiente para diferenciarlos de los demás en forma significativa, la tarea del historiador continuará teniendo una aportación esencial. Ésta será brindar a los psicólogos aquel sentido de identidad y pertenencia tan necesario para reconocer que los objetos concebidos como psicológicos son patrimonio de todos, independientemente de su diversidad conceptual y de las preferencias y compromisos ideológicos o retóricos. Y esto, por sí solo, justificará cualquier esfuerzo que se destine al minucioso, delicado y a veces intrincado proceso que exige su documentación.


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