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Pensamiento Psicológico

versión impresa ISSN 1657-8961

Pensam. psicol. vol.12 no.1 Cali ene./jun. 2014

 

Análisis exploratorio de la percepción en niños preescolares sobre la interacción recíproca con sus madres1

Exploratory Analysis of Preschoolers' Perception of the Reciprocal Interaction with their Mothers

Análise exploratório da percepçÃo de crianças pré-escolares sobre a interaçÃo recíproca com suas mÃes

Pedro Solís Cámara R2
Yolanda Medina Cuevas3

Universidad de Guadalajara, Guadalajara (México)

1Los resultados de este estudio fueron obtenidos como parte del "Proyecto, a tres años, intervención en crianza y prevención", aprobado académicamente y apoyado por Promep-SEP/103.5/09/3912 y la Universidad de Guadalajara, México.
2Doctor en Psicología por la Universidad de Guadalajara, México. Laboratorio de Psicología: Investigación e Intervención, Centro Universitario de la Ciénega, Universidad de Guadalajara. Av. Universidad #1115, Lindavista, Ocotlán, Jalisco. México. Código Postal 47820. Teléfono: (52-392) 9259400. Correspondencia: psolis@mexis.com
3Maestra en Psicoterapia Gestalt.

Recibido: 18/08/2013 Aceptado: 20/02/2014


Para citar este artículo/ to cite this article/ para citar este artigo

Solís-Cámara, P. y Medina Cuevas, Y. (2014). Análisis exploratorio de la percepción en niños preescolares sobre la interacción recíproca con sus madres. Pensamiento Psicológico, 12(1), 99-116. doi: 10.11144/Javerianacali.PPSI12-1.aepn


Resumen

Objetivo. Aunque los avances conceptuales y las evidencias empíricas con niños en edad escolar y adolescentes sugieren que las percepciones de los niños son relevantes para comprender las interacciones recíprocas padres - hijos, el estado de conocimiento es prácticamente nulo en niños preescolares. El principal objetivo de este estudio buscó explorar la percepción de niños preescolares sobre las relaciones con sus madres y analizar si los puntajes diferenciales de la percepción de los niños indican diferencias en la competencia parental, así como en otros factores que tienen relación con su crianza. Método. La muestra estuvo conformada por 50 mamás que contestaron los autorreportes y sus niños (n = 50) que contestaron una prueba pictórica de percepción de las relaciones con sus madres. Resultados. Los resultados indicaron que las percepciones de los niños sobre las interacciones adecuadas o inadecuadas fueron congruentes con los puntajes de los cuestionarios, en particular, con la competencia parental, el estrés y el bienestar subjetivo maternos y con la adaptación psicosocial, el estrés y los problemas de comportamiento de los niños, así como con el temperamento de ambos. Conclusión. Se discuten los resultados y sus implicaciones para establecer congruencia entre el avance conceptual y las evidencias empíricas sobre las interacciones recíprocas.

Palabras clave: Crianza, madres, preescolares, percepción, relaciones madre - hijo.


Abstract

Objective. Although conceptual advances and empirical evidence with school-age children and adolescents suggest that children's perceptions are relevant in understanding the reciprocal reactions between parents and children, the level of knowledge in the case of pre - school children is almost non - existent. The main objective of this study was to explore the perception of preschool children of the relationships with their mothers, and to determine whether scores were related with differences on parenting competence, as well as with other parenting factors. Method. Data were collected from 50 mothers who responded to several questionnaires and their children (n = 50), who answered a pictorial test of perception of the relationships with their mothers. Results. Results indicated that scores from the questionnaires were consistent with perceptions of children regarding appropriate or inappropriate interactions: for mothers on parental competence, stress, and subjective well - being, and for children on psychosocial adaptation, stress, and behavior problems; as well as with scores relating to the temperament of both. Conclusion. The results and their implications are discussed in terms of establishing coherence between conceptual advances and the empirical evidence on reciprocal interactions.

Keywords: Mothers, parenting, perception, preschoolers, mother - child relationships.


Resumo

Escopo. Ainda que os avanços conceituais e as evidencias empíricas com crianças em idade escolar e adolescentes sugerem que as percepções das crianças sÃo relevantes para compreender as interações recíprocas pais-filhos, o estado de conhecimento é praticamente nulo com crianças pré - escolares. O principal escopo de este estudo foi o de explorar a percepçÃo de crianças pré - escolares sobre as relações com suas mÃes e analisar sim pontuações diferentes da percepçÃo das crianças indicam diferencias na competência parental, assim como em outros fatores que tem relaçÃo com a educaçÃo. Metodologia. A mostra foi formada com 50 mÃes que contestaram os auto - reportes e suas crianças (n = 50) que contestaram uma prova pictórica de percepçÃo das relações com suas mÃes. Resultados. Os resultados indicaram que as percepções das crianças sobre as interações adequadas ou inadequadas foram congruentes com as pontuações dos questionários; em particular, com a competência parental, o stress e o bem-estar subjetivo maternos e com a adaptaçÃo psicossocial, o stress e os problemas de comportamento das crianças; assim como o temperamento de ambos. ConclusÃo. Foram discutidos os resultados e suas implicações para estabelecer congruência entre o avanço conceitual e as evidencias empíricas sobre interações recíprocas.

Palavras chave: EducaçÃo, mÃes, pré - escolares, percepçÃo, relações mÃe-filho.


Introducción

La investigación sobre la socialización de los niños ha sido la pieza central de esfuerzos para comprender qué hacen o dejan de hacer los padres y las madres para educar a sus niños. A pesar de las diferencias en el lenguaje técnico y en diversos conceptos de los modelos que explican el proceso de socialización, se pueden extraer de ellos cuatro conceptos centrales: (a) la relevancia de controlar los amplios determinantes que afectan la crianza (nivel educativo, ocupación e ingresos económicos de los padres); (b) tomar en cuenta la interacción de factores ambientales y organísmicos, tanto de los padres como de los niños; (c) la importancia de la interacción recíproca padres - hijos y no exclusivamente su influencia; y (d) la valoración no solo de las creencias y actitudes de ambos padres, sino de sus comportamientos también (Belsky, 2005; Bronfrenbrenner y Morris, 1997; Cowan et al., 1985; Crnic y Low, 2002; Maccoby, 1992).

Debido a la gran cantidad de variables de influencia que se pueden considerar a partir de estos cuatro conceptos, la elección de cuáles incluir en un estudio dependerá de los objetivos del mismo, sin embargo, el estudio ideal debería controlar el mayor número posible. Teniendo en cuenta las dificultades para llevar a cabo un estudio de estas dimensiones, el presente trabajo se concentra en el tercer concepto, referente a la importancia de la interacción recíproca padres - hijos. Este interés se fundamenta en la hipótesis de interacción recíproca para la comprensión de la socialización de los niños (Maccoby, 1992; Maccoby y Martín, 1983). Esta conceptualización enfatiza en el desarrollo de los procesos interactivos o de naturaleza bidireccional que ocurren de manera continua y compleja entre los padres y los niños.

Por estos motivos, los modelos citados con anterioridad, y las conceptualizaciones de Maccoby (1992), enfatizan la importancia de considerar la propia influencia de los niños sobre las prácticas que ejercen sus padres para socializarlos. Es decir, indican que es necesario analizar la percepción de los niños como un factor contribuyente según el tipo de crianza que reciben de sus padres. Esta necesidad no ha pasado desapercibida para los estudiosos de la socialización de los niños como Scherer, Melloh, Buyck, Anderson y Foster (1996), quienes analizaron cómo se relacionaba la adaptación psicológica de los niños (8 a 12 años de edad) con sus percepciones subjetivas, el estado psiquiátrico y las habilidades de crianza de sus madres. Los resultados indicaron que las percepciones subjetivas de los niños sobre el comportamiento de sus madres eran importantes para la adecuada adaptación de los niños. De especial interés fue el resultado de que los niños que percibieron a sus madres con un estilo de crianza con poco apoyo tenían madres que reportaban más problemas de conductas y menor competencia social en sus niños.

Por su parte, otros autores como Ato, Galían y Huéscar (2007) señalan, en una reciente revisión, que los estudios de estilos de crianza "... asumen que los patrones educativos de los padres producirán determinadas consecuencias evolutivas para el ajuste socio - emocional de sus hijos" (p. 35). Sin embargo, prácticamente todos los modelos sobre la socialización del niño contemplan que las relaciones padre - hijo son bidireccionales, otorgándose al hijo un papel activo en su propio proceso de desarrollo.

En la literatura se encuentran muchos estudios que preguntan a escolares y a adolescentes sobre su percepción que tienen de sus interacciones con sus padres (Musitu y García, 2004; Oliva, Parra, Sánchez - Queija y López, 2007; Richaud de Minzi, 2005). Al parecer esta es un área de estudio considerablemente más desarrollada en esas edades por lo que, en general, los resultados indican que los niños y los jóvenes muestran menor sesgo en sus respuestas que los padres. En esos estudios el método preferido para evaluar la percepción de niños y adolescentes ha sido el autorreporte. Sin embargo, algunos autores como Chao (2011) han utilizado representaciones gráficas para valorar las interacciones recíprocas entre los padres y sus niños en edad escolar (8 a 11 años de edad). Esta misma técnica de recolección de datos se ha empleado con niños de edad escolar (siete a ocho años de edad) para evaluar fenómenos sociales complejos como el comportamiento prosocial (Lemos y Richaud de Minzi, 2010).

En contraste, se ha encontrado un gran vacío al buscar estudios que valoraran la opinión o percepción de niños preescolares sobre su proceso de crianza. Dentro de los pocos estudios encontrados, destaca el esfuerzo por valorar la percepción del niño pequeño (cuatro a cinco años de edad) sobre las relaciones con sus padres mediante un inventario diseñado para tal fin (Richaud de Minzi, 2002), no obstante, debido a que su aplicación depende completamente del lenguaje, no parece adecuada su utilización con niños muy pequeños (tres años de edad).

Por lo anterior, parece indispensable comentar aquí sobre la selección de un método adecuado para valorar el punto de vista de niños preescolares sobre las prácticas de sus padres para socializarlos. En este sentido, estudios realizados en la última década señalan la dificultad de que los niños de tres años de edad contesten preguntas explícitas sobre el origen de un incidente o de una acción pasada (Leichtman, Morse, Dixon y Spiegel, 2000; Quas, Schaaf, Alexander y Goodman, 2000), mientras que los niños de cuatro o más años tienden a beneficiarse de métodos explícitos para describir y diferenciar entre lo que han experimentado y lo que alguien les diga acerca de algo (Roberts y Powell, 2001). Por ejemplo, en un reciente libro (Lamb, Hershkowitz, Orbach y Esplin, 2008) se presentan evidencias que indican que las repetidas experiencias vividas por niños preescolares (tres o más años) se reflejan en sus reportes más que las vivencias ocasionales. Estas mismas evidencias apoyan el uso de dibujos como facilitadores del rapport y la expresión de situaciones vividas que, de otra manera (p. ej., en las entrevistas verbales), el niño podría distorsionar su contenido al no contar con el lenguaje o los mecanismos sociales para expresarse adecuadamente. También existen evidencias (Larsson y Lamb, 2009) de que preguntas abiertas orientadas a obtener detalles de un evento provocan en los niños pequeños la recuperación de recuerdos (p. ej., "¿dime qué sucedió?").

Teniendo en cuenta lo anterior, este estudio se propone contestar la siguiente pregunta: ¿es la percepción del niño preescolar sobre la interacción recíproca madre - niño un factor relevante en la crianza? Este trabajo se desprende de un proyecto mayor sobre la socialización de niños preescolares. Ahora bien, para contestar a esta pregunta se eligieron niñas y varones de tres a cinco años de edad y se tomaron en cuenta las evidencias mencionadas sobre las características idóneas para valorar su percepción, es decir, se seleccionó un material que utiliza un método pictórico e invitaciones con características semejantes a las señaladas antes (p. ej., "señala el dibujo que se parece más a tu mamá y a ti"), pero que no cuenta con evidencias empíricas que apoyen su utilidad para valorar la percepción del niño pequeño sobre la relación con sus padres (Solís-Cámara y Medina, s.f.) Por su parte, para la valoración de las prácticas de crianza se eligió un instrumento de competencia parental en situaciones concretas, que engloba las siguientes dimensiones: (a) asesoramiento/orientación, (b) asunción del rol de ser padre dedicación personal, (c) implicación escolar y (d) ocio compartido (Bayot, Hernández Viadel y de Julián, 2005).

En referencia a los otros conceptos centrales mencionados aquí y el único que no se controló explícitamente es el que indica tomar en cuenta la interacción de factores ambientales y organísmicos, sin embargo, se incluyeron medidas del temperamento de padres e hijos para considerar su importancia, a pesar de tratarse de un análisis inicial del instrumento de valoración de la percepción de niños pequeños. Además, para el control de los amplios determinantes (p. ej., el nivel socioeconómico), el presente estudio incluyó la valoración de variables de la familia tales como la edad, los años de escolaridad, los ingresos económicos y la ocupación.

Por otra parte, se consideró que, a pesar de la naturaleza exploratoria de este estudio, si se encontrasen diferencias en las dimensiones de la competencia parental por puntajes de la percepción de los niños sería un hallazgo relevante, pero no suficiente para sopesar su importancia. Por ello, se consideró incluir otras dimensiones o factores que, se sabe, tienen relación con la crianza que ejercen las madres de niños preescolares. Aunque la inclusión de las siguientes dimensiones no pretende ser exhaustiva ni analizada con profundidad, su posible relación con la percepción de los niños puede favorecer cuestionamientos de importancia en el área. Así, para valorar estas dimensiones se seleccionaron conceptos e instrumentación reconocidos en la literatura de esta área y que han sido incluidos en estudios sobre la socialización de los niños. En cuanto a las madres, se incluyeron factores como el temperamento (Ato et al., 2007), el coraje - agresión (Crnic y Low, 2002) y el bienestar subjetivo (Sánchez-López y Dresch, 2008). Para los niños, se incluyeron factores como la desadaptación psicosocial (Ato et al., 2007), el temperamento (Ato et al., 2007) y los problemas de comportamiento (Wakschlag, Tolan y Leventhal, 2010). Además, de la dimensión de estrés del niño y de su madre (Newland, Crnic, Cox y Mills-Koonce, 2013).

En síntesis, ante el problema que representa la ausencia de un instrumento para valorar la interacción recíproca madre - niño en preescolares, el objetivo principal del estudio consistió en proponer un instrumento para conocer la percepción que ellos tienen sobre las relaciones con sus madres. Para lograr este propósito se plantea como primer objetivo específico analizar si puntajes diferenciales de la percepción de los niños, evaluada con el material mencionado, indican diferencias importantes en la competencia parental de sus madres y, como segundo objetivo específico, conocer las posibles diferencias en otras dimensiones o factores que tienen relación con la crianza que ejercen las madres de niños preescolares.

Método

Participantes

El proyecto fue ofrecido a las familias de preescolares, que asisten a alguna de seis instituciones ubicadas en tres localidades del occidente de México (Centro de Desarrollo Infantil, Estancia participativa de la Universidad de Guadalajara y escuelas de preescolares), que quisieran participar. Respondieron a la invitación 60 familias, siendo en su mayoría las madres las que querían participar. Los 10 padres que aceptaron participar no conformaron parte de la muestra final por el reducido tamaño de esta submuestra, además, ocho eran padres de niñas y solo dos de varones.

Dentro de los criterios de inclusión se aceptaron a las madres que tuvieran un niño o niña con edades comprendidas entre los dos años y medio y los cinco años de edad que, además, estuvieran inscritos en las instituciones que participaron en el proyecto. Por tanto, todas las madres que no cumplieran con estos criterios no fueron seleccionadas para esta investigación. La muestra final estuvo conformada por 50 mamás y sus respectivos niños. Adicionalmente, participaron 18 maestras que contestaron los cuestionarios de los niños que tenían a su cargo.

Instrumentos

En primera instancia, las madres contestaron un cuestionario familiar que solicitaba la información básica de la familia (edad del niño, nivel educativo, estado civil, ingresos y ocupación de los padres de familia). En segunda instancia, se aplicó la Prueba de percepción sobre la interacción recíproca para niños preescolares, y por último, se aplicaron ocho cuestionarios. Todos ellos se detallan a continuación.

Prueba de Percepción sobre la interacción recíproca para niños preescolares (Ppiren-P; de Solís-Cámara y Medina, s.f.)

Cabe resaltar que este es el primer estudio empírico que se realiza con esta prueba y, por ello, no se cuenta con datos previos. Se trata de un conjunto de imágenes diseñadas por un dibujante profesional, desarrollado a partir de la experiencia de los autores en el área de la Psicología Clínica Infantil. El propósito es explorar las percepciones que tienen los niños de tres a cinco años de edad sobre sus relaciones familiares. El material está formado por cuatro conjuntos de ocho láminas y cada uno corresponde a alguna de las siguientes interacciones: mamá - niña, mamá - varón, papá - niña y papá - varón. Los dibujos muestran a un niño (o niña) de edad preescolar y a una mamá (o papá) con características físicas de un adulto joven. Las láminas se eligen en función del sexo del niño y solo se eligen las láminas de la diada a analizar. En cada conjunto se incluyen ocho láminas representando diferentes interacciones y cada una de las láminas presenta de manera aleatoria tres opciones de interacción a elegir por el niño. Las opciones se presentan contrabalanceadas con el propósito de evitar sesgos por posición en las respuestas. La instrucción es semejante en todas las láminas: "señala cómo eres tú cuando tu mamá te pide hacer algo" o "señala el dibujo que se parece más a tu mamá y a ti". Los dibujos elegidos por los niños se registran en una hoja de respuestas. Se otorga un punto por interacciones inadecuadas (IRI), dos puntos por interacciones no esperadas para lo que se pretende evaluar (IRN) y tres puntos por las interacciones esperadas o excelentes (IRE). El puntaje para cada lámina fue establecido en función de lo que se pretende evaluar, esto significa que una lámina representando a una madre y a su niña tranquilas recibe un puntaje mayor si lo que se pretende evaluar son los gritos de la madre a su niña, pero recibe un puntaje menor si lo que se evalúa es el contacto verbal positivo. Por lo tanto, altos puntajes en cualquier lámina indican interacciones adecuadas.

Las láminas se describieron y midieron de la siguiente manera:

- Ol AM (obediencia): orden del adulto con desobediencia del niño (1 punto), sin interacción (2 puntos) y orden del adulto con obediencia del niño (3 puntos).

- CRM (gritos): gritos del adulto con gritos del niño (1 punto), gritos del adulto con llanto del niño (2 puntos) y sin interacción (3 puntos).

- TRIM (tristeza): tristeza del adulto con indiferencia del niño (1 punto), sin interacción (2 puntos) y tristeza del adulto con consuelo del niño (3 puntos).

- CVPM (contacto verbal positivo del adulto): sin interacción (1 punto), contacto verbal positivo del adulto con indiferencia del niño (2 puntos) y contacto verbal positivo del adulto con contacto verbal positivo del niño (3 puntos).

- Cfpam (contacto físico positivo del adulto): sin interacción (1 punto), contacto físico positivo del adulto con rechazo del niño (2 puntos) y contacto físico positivo del adulto con contacto físico positivo del niño (3 puntos).

- Cfnam (contacto físico negativo del adulto): daño iniciado por el adulto y dolor en el niño (1 punto), rechazo del adulto con pena del niño (2 puntos) y sin agresión (3 puntos).

- Las láminas Cfpnm (contacto físico positivo) y Cfnnm (contacto físico negativo) son semejantes a las de Cfpam y Cfnam, respectivamente, pero en estos casos los dibujos representan contactos iniciados por los niños.

Cuestionario breve de coraje y agresión (Brief Anger Agression Questionnaire, BAAQ; de Maiuro, Vitaliano y Cahn, 1987).

Se eligió una versión adaptada al idioma Español y utilizada con muestras semejantes a la de este estudio (Solís-Cámara, Covarrubias, Díaz y Rivera, 2004). Este cuestionario valora los niveles de coraje y agresión instrumental y ha mostrado excelente confiabilidad interna (α = 0.82) y de medidas repetidas en una semana (rtt = 0.84), relación con una medida de hostilidad (r = 0.78) y capacidad para discriminar entre muestras con y sin problemas de coraje y agresión. Los seis ítems son calificados en una escala de 0 (extremadamente improbable) a 4 (muy probable), el puntaje de corte en 9 indica una probabilidad justa de descontrol por coraje o agresión.

Cuestionario de comportamientos del niño (Children's Behavior Questionnaire, CBQ; de Rothbart, Ahadi, Hershey y Fisher, 2001).

Se empleó la versión adaptada al Español por la Universidad de Murcia (M. K. Rothbart, comunicación personal, 24 de julio, 2009) para valorar el temperamento de niños entre los 3 a 7 años de edad, por medio de 36 ítems que componen tres factores, negativismo, extraversión / sobreexcitación y control esforzado. Utiliza una escala tipo Likert que va desde 0 (falso en extremo) hasta 7 (cierto en extremo). Evidencia reciente señala que los coeficientes alfa de todas las escalas oscilan del 0.61 a 0.85 (Putnam y Rothbart, 2006).

Cuestionario de temperamento del adulto (Adult Temperament Questionnaire, ATQ; de Rothbart, Ellis y Posner, 2004; Evans y Rothbart, 2007).

La versión breve de este cuestionario fue traducida al Español para este estudio. El ATQ valora el temperamento de adultos por medio de 77 ítems que componen cuatro factores relacionados con negativismo, extraversión / sobreexcitación, sensibilidad orientada y control esforzado. Utiliza una escala tipo Likert que va desde 0 (falso en extremo) hasta 7 (cierto en extremo). Los coeficientes alfa reportados por los autores para esta versión oscilan del 0.75 a 0.85.

Cuestionario sobre el comportamiento del niño de año y medio a cinco años -versión padres (CBCL) y versión maestras (C-TRF; del Child Behavior Checklist; de Achenbach y Rescorla, 2002).

Se emplearon las versiones validadas en Español por Achenbach y Rescorla (2002). Autorreporte que permite discriminar niños con un desarrollo típico de aquellos con problemas de conducta. Este se compone de múltiples dimensiones que pueden aplicarse individualmente. Por ejemplo, en este estudio solo se aplicaron las dimensiones de problemas de conducta internalizadores y externalizadores. El manual de este instrumento reporta que todas las escalas muestran valores alfa de 0.80 o superiores.

Escala de bienestar subjetivo (EBS).

Se trata de una adaptación y validación al Español del cuestionario de salud general (General Health Questionaire; de Goldberg y Williams, 1988; Solís-Cámara et al., 2007) en su versión de 12 ítems (Sánchez-López y Dresch, 2008) que puede ser calificada en una modalidad tipo Likert (desde 0, más que de costumbre, hasta 3, mucho menos que de costumbre). En este estudio, se invirtieron los puntajes para indicar que a mayor calificación mayor bienestar subjetivo. Las evidencias reportan confiabilidades internas de 0.76 a 0.85 de este instrumento, además de probarse su unidimensionalidad (Gao et al., 2004; Sánchez-López y Dresch, 2008; Solís-Cámara et al., 2007).

Escala de Competencia Parental Percibida (ECPP-p, versión padres; de Bayot et al., 2005).

La escala fue elaborada y validada en España. Consta de 22 ítems que evalúan, en una escala Likert desde 1 si le ocurre nunca o muy rara vez hasta 4 si le ocurre siempre, varias dimensiones de la competencia de padres con hijos de 3 a 18 años de edad. Las dimensiones y sus valores de confiabilidad interna son: (a) asesoramiento / orientación (0.62), (b) asunción del rol de ser padre (0.52), (c) implicación escolar (0.76), (d) dedicación personal (0.68), y (e) ocio compartido (0.56).

Escala de salud del niño (ESN; de Berganza, Cazali, Gaitán y Mezzich, 1996).

Esta escala valora la desadaptación psicosocial de los niños. Los 12 ítems son calificados utilizando una escala de cuatro puntos (de 0, nada o casi nada / nunca, hasta 3, mucho, siempre /o casi siempre). La ESN fue validada en Guatemala y demostró una probabilidad o sensibilidad para clasificar disfunción psicosocial de 89.0 y una especificidad para indicar adaptación de 87.7, tomando cinco puntos como criterio de caso positivo verdadero y diferenciación entre adaptación y disfunción psicosocial; a mayor puntaje mayor disfunción.

índice de Estrés de los padres (Parenting Stress Index, [PSI]; de Abidin, 1995).

Se empleó una versión adaptada al idioma Español y utilizada con muestras semejantes a la de este estudio (Solís-Cámara et al., 2004). Consta de 36 ítems que miden el estrés de los propios padres, el estrés en la interacción padres - niño y el que resulta de las características del niño. Se evalúan en formato de respuesta tipo Likert, desde 1, totalmente de acuerdo, hasta 5, totalmente en desacuerdo. Se reportan confiabilidades satisfactorias para la calificación total de medidas repetidas (rtt = 0.84) e interna (0.91).

Procedimiento

Después de haber indicado que el propósito de este estudio era conocer más sobre las prácticas de crianza de los padres, se obtuvo el consentimiento informado de las familias que aprobaron su participación y la de sus niños, así como el apoyo formal de las instituciones participantes. Los instrumentos se aplicaron por separado, a madres e hijos, en las instalaciones escolares. En el caso de las madres, se aplicaron, en el orden reportado, la escala de competencia parental, problemas de comportamiento del niño, medida de estrés, coraje-agresión y la de bienestar subjetivo. Esta primera sesión duró en promedio una hora, ofreciéndose un descanso de 5 - 10 minutos. Al término de ese periodo, la misma psicóloga aplicó a la madre la medida de temperamento para adultos y la medida de temperamento de su niño. Durante este periodo, otra psicóloga o psicólogo pidió a la maestra de los niños que contestara las medidas de temperamento y de problemas de comportamiento del niño(a) objeto de estudio en ese momento. Mientras la maestra contestaba los cuestionarios, la psicóloga aplicó al niño(a) la prueba de percepción. Esta segunda sesión simultánea para la evaluación de madre, maestra y niño(a) requirió de 45 minutos aproximadamente. Los cuatro psicólogos participantes fueron entrenados previamente en estos procedimientos.

Cabe mencionar que este estudio cumple cabalmente con la Declaración de Helsinki de 2004 y el Código ético del psicólogo (Sociedad mexicana de Psicología, 1985) y es particularmente cuidadoso en los artículos, del 31 al 35, referentes a la investigación con participantes humanos. Del mismo modo, este estudio responde también a las normas y reglas de la Ley General de Salud de México, sin implicar ningún riesgo para la salud.

Análisis de datos

Se trata de un estudio cuantitativo y descriptivo con diseño transversal. El análisis de los datos se realizó con el programa Statistica (Stat Soft Ver. 9.1). Asimismo, análisis descriptivos, correlaciones Pearson, Manovas y análisis univariados.

Resultados

Se analizaron las características sociodemográficas de la muestra de madres (n = 50) y sus niños (23 varones y 27 niñas); las edades en años, tanto de las madres (M = 32.5, DE = 6.15) como de sus niños (M = 3.74, DE = 0.75), fueron como sería de esperar. En cuanto al último grado escolar alcanzado, el 18% de las madres tenía un máximo de nueve años de estudios (secundaria), el 30% tenía hasta 12 (preparatoria) y el resto (52%) tenía estudios universitarios parciales o completos. El estado civil se distribuyó mayoritariamente en casadas o en unión libre (82%) y el resto eran divorciadas, separadas o madres solteras (18%). El 64% de ellas trabajaba como empleadas y el resto se dedicaban al hogar o eran obreras o comerciantes en menor escala (36%). Con respecto a los ingresos económicos de la familia, el 42% de las familias participantes reportaron ingresos entre los $5.000 MXN (aprox. 410 USD) y los $8000 MXN mensuales; el 22% refirió ingresos mayores a $8.000 MXN y menores a $11.000 MXN, y el 36% reportó ingresos mayores a estas cantidades, alrededor de $20.000 MXN.

Por otra parte, el primer objetivo que se planteó en el estudio fue analizar si puntajes diferenciales de la percepción de los niños indicaba diferencias importantes en la crianza que practicaban sus madres. Para contestar este objetivo se planeó incluir como variables independientes, las variables de la Ppiren-P, y como variables dependientes, las variables del instrumento de competencia parental (ECPP-p), que engloba las dimensiones de asesoramiento / orientación, asunción del rol de ser padre dedicación personal, implicación escolar y ocio compartido.

Relacionado al objetivo anterior, se planteó también la importancia de conocer si puntajes diferenciales de la percepción de los niños indicaba diferencias en otras dimensiones o factores, relacionados a su vez con la crianza. Para ello, se valoraron como variables dependientes el coraje - agresión con el BAAQ y el temperamento de los niños con el CBQ, que mide tres factores: negativismo, extraversión / sobreexcitación y control esforzado. El temperamento materno con el ATQ, que valora los factores de negativismo, extraversión / sobreexcitación, sensibilidad orientada y control esforzado. Los problemas de conducta internalizadores y externalizadores, según las madres y las maestras de los niños, con el CBCL y el C-TRF, respectivamente. El bienestar subjetivo materno se evaluó con la EBS, mientras que la desadaptación psicosocial de los niños se midió con la ESN y el estrés con la PSI, que incluyó la medida de estrés del niño, de la madre y de su interacción. La tabla 1, presenta las estadísticas descriptivas de las variables con las que se obtuvieron resultados significativos a lo largo del estudio.

Por otra parte, antes de proceder a conocer la percepción de los niños, se decidió analizar las variables contextuales; es decir, la edad y sexo de los niños, así como la edad, escolaridad materna y los ingresos familiares. A pesar de que el tamaño de la muestra no permite generalizar los resultados, se considera que reportar estos datos puede ser útil para futuros estudios, además de ser importantes para su control estadístico. Estos análisis no encontraron diferencias, por edad de los niños, entre ninguna de las variables de este estudio. Sí se encontraron diferencias por sexo para bienestar subjetivo materno (F(1, 48) = 6.17, p < .010), problemas de conducta externalizadores del niño según sus madres (F(1, 48) = 5.07, p < .050) y según sus maestras (F(1, 48) = 5.72, p < .050). Las medias aritméticas de estas variables indicaron que las madres de las niñas puntuaron con mayor bienestar subjetivo (M = 26.1, DE = 5.9); las niñas con menor número de problemas externalizadores según sus madres (M = 17.2, DE = 7.1) y según sus maestras (M = 16.1, DE = 14.9), que las mamás de los varones (M = 22.0, DE = 5.6) y que los varones (M = 22.7, DE = 10.2; M = 27.8, DE = 19.4, respectivamente).

De otro lado, no se encontraron correlaciones Pearson significativas entre las variables y la edad de las madres. En cuanto a la distribución de años de escolaridad, esta se agrupaba en estudios hasta el nivel de preparatoria (n = 24) y en estudios universitarios parciales o completos (n = 26). Por ello, se realizaron análisis univariados para todas las variables por dos grupos. En este análisis, se hallaron diferencias en estrés en la interacción madre - niño (F(1,48) = 7.38, p < .001), en ocio compartido (F(1,48) = 7.09, p < .010) y en control esforzado (F(1,48) = 5.22, p < .050). Las medias aritméticas indicaron que las madres con mayor grado de estudios calificaban con mayor ocio compartido (M = 11.4, DE = 2.23), con menor estrés en la interacción (M = 18.7, DE = 4.29) y con mayor control esforzado (M = 85.9, DE = 11.7), que las madres con menor grado de estudios (M = 9.58, DE = 2.55; M = 23.9, DE = 8.82; M = 78.9, DE = 10.0, respectivamente).

En la tabla 2, se presentan las medias y desviaciones de los puntajes de la prueba Ppiren-P que contestaron los niños sobre la interacción con sus madres.

Entre tanto, en la tabla 3, se presentan la frecuencia y porcentaje de niños que contestaron las variables de la Ppiren-P de acuerdo con las tres opciones de interacción presentadas: (a) inadecuada (IRI-1 pto.), (b) menos inadecuada o no esperada (IRN-2 ptos.), y (c) esperada o excelente (IRE-3 ptos.)

Como se puede observar en la tabla 3, los porcentajes de niños que eligieron alguna de las tres categorías de las variables TRIM, CVPM, Cfnam y Cfnnm fueron más o menos semejantes. Para el resto de las variables la opción IRN fue seleccionada por menos de 10 casos, por lo que se decidió no incluir esas variables en las comparaciones entre interacciones IRN versus IRI e IRE.

Para analizar si había diferencias en las variables dependientes en función de la percepción de los niños, se planeó realizar Manova para los instrumentos que valoran varios factores o dimensiones y, de encontrarse efectos principales significativos, se procederían a realizar análisis univariados para determinar las variables con diferencias para TRIM, CVPM, Cfnam y Cfnnm; en el caso de los instrumentos que valoran un solo factor se planeó realizar Anova. A continuación, se presentan los resultados para ambos objetivos, de manera simultánea, pero se presentan primero los resultados con la medida de competencia parental y después los obtenidos con los otros instrumentos.

Diferencias entre interacciones IRN, IRI e IRE

En esta sección se reportan las diferencias entre IRN IRI e IRE y, por ello, las categorías para el análisis fueron nombradas, por ejemplo, TRIM - 2, TRIM - 1 y TRIM - 3, respectivamente. Como puede observarse en la tabla 4, para asesoramiento / orientación y para dedicación personal, se encontró que las madres del grupo TRIM - 2 (sin tristeza) tenían puntajes de asesoramiento y dedicación más altos que las del TRIM - 3 (tristeza materna, consuelo del niño). Para adaptación psicosocial del niño, los niños TRIM - 1 (tristeza materna, indiferencia del niño) mostraron más desadaptación (calificaciones altas indican disfunción) que los TRIM - 2 . En cuanto al estrés, que el del niño era mayor en TRIM - 1 que en TRIM - 2 . Para los puntajes de problemas de conducta externalizadores de los niños, según las madres y las maestras, se halló que los niños TRIM - 1 presentaban más problemas que los TRIM - 2 . Pero también los niños TRIM - 3 (F(1,31) = 4.40, p < .050) contenían más problemas (M = 24.2, DE = 16.7) que los TRIM - 2; además, los puntajes de problemas de conducta internalizadores, según las maestras, eran más altos en TRIM - 1 que en TRIM - 2 . Para control esforzado del niño, según las maestras, se encontró que los niños TRIM - 2 presentaban más control esforzado que los TRIM - 3 . Para extraversión / sobreexcitación de niños, según sus madres, se determinó que los TRIM - 1 poseían más extraversión que los TRIM - 2.

Se halló efecto significativo (F(1,35) = 8.97, p < .010) con la variable desadaptación del niño y CVPM, ya que los niños que calificaron su interacción como CVPM-2 (contacto verbal positivo materno, indiferencia del niño), tenían una adaptación más pobre (M = 6.22, DE = 4.25) que los niños que calificaron su interacción como CVPM - 3 (madres y niños con contacto verbal; M = 2.89, DE = 2.26).

Se encontró, también, una diferencia significativa (F(1,24) = 9.23, p < .010) en la variable asesoramiento / orientación y Cfnam, dado que las madres de los niños Cfnam - 1 (daño materno, dolor niño) tenían puntajes más bajos (M = 11.1, DE = 1.75) que los niños Cfnam - 2 (rechazo materno, niño apenado; M = 13.4, DE = 2.10). También, que los niños que puntuaron como Cfnam-1 (F(1,24) = 5.77, p < .050) tenían una adaptación más pobre (M = 7.69, DE = 5.55), que los niños Cfnam-2 (M = 3.53, DE = 2.81). Además, se encontró diferencia para estrés materno (F(1,24) = 5.95, p < .050), en la que las madres de los niños Cfnam - 1 tenían mayor puntaje (M = 34.6, DE = 7.45) que las de los niños Cfnam - 2 (M = 2 5.5, DE = 11.3). Por otra parte, para coraje/agresión materno (F(1,24) = 5.48, p < .050) se encontró un puntaje más alto para Cfnam - 1 (M = 11.8, DE = 4.11) que para Cfnam - 2 (M = 7.84, DE = 4.57). Para problemas de conducta internalizadores - madres resultó una diferencia (F(1,24) = 8.59, p < .001), en la que los niños Cfnam - 1 puntuaron más alto (M = 18.5, DE = 10.1) que los Cfnam - 2 (M = 9.30, DE = 5.25). En el caso de la variable negativismo de niños, según sus madres, se determinó una importante diferencia (F(1,24) = 16.4, p < .001), nuevamente los niños Cfnam - 1 calificaron más alto en esta variable (M = 56.6, DE = 8.38) que los Cfnam - 2 (M = 40.8, DE = 11.3). Igualmente, se encontró diferencia en bienestar subjetivo (F(1,24) = 5.04, p < .050), donde las madres Cfnam - 1 puntuaron con menor bienestar (M = 19.8, DE = 6.75) que las madres Cfnam - 2 (M = 25.5, DE = 6.15).

Los análisis indicaron diferencia para dedicación personal (F(1,38) = 7.73, p < .010) y asesoramiento / orientación (F(1,38) = 7.49, p < .01), en la que las madres Cfnnm-3 (sin agresión) tenían mayor puntaje (M = 18.1, DE = 1.32; M = 13.2, DE = 1.79), en estas variables, que las madres Cfnnm - 2 (niños con berrinche y madres controlando; M = 16.6, DE = 2.19; M = 11.4, DE = 2.15). Para desadaptación del niño se halló una diferencia (F(1,38) = 15.3, p < .001), en la que Cfnnm - 2 tuvo mayor desadaptación (M = 8.33, DE = 4.79) que Cfnnm - 3 (M = 3.50, DE = 2.94).

Asimismo, diferencia en estrés del niño (F(1,38) = 9.90, p < .010) calificando con mayor estrés los niños de Cfnnm - 2 (M = 36.1, DE = 10.8) que los de Cfnnm - 3 (M = 26.7, DE = 7.56). De igual manera, diferencia para problemas de conducta internalizadores - madres, donde Cfnnm - 3 (F(1,38) = 7.55, p < .010) tuvo menor número de problemas (M = 10.7, DE = 6.49) que Cfnnm - 2 (M = 17.8, DE = 9.64). Finalmente, para bienestar subjetivo se observó una diferencia (F(1,38) = 4.68, p < .050), debida a que las madres Cfnnm - 2 mostraron menor bienestar (M = 21.7, DE = 7.04) que las Cfnnm - 3 (M = 25.8, DE = 4.81).

Diferencias entre interacciones IRI e IRE

Se analizaron también las diferencias entre los extremos de interacción, es decir, entre IRI (1 puntos) e IRE (3 puntos; el número de niños en cada grupo puede observarse en la tabla 3).

En este nuevo análisis, se encontró una diferencia para TRIM (F(1,32) = 4.37, p < .050), en la que los niños TRIM-1 tenían más estrés (M = 34.5, DE = 8.95) que los TRIM-3 (M = 28.0, DE = 9.08).Además, hubo también diferencia para CVPM (F(1,30) = 8.17, p < .010), en el que los niños CVPM - 1 (sin interacción) tenían más problemas de conducta externalizadores - maestras (M = 30.1, DE = 17.0) que los CVPM-3 (M = 14.3, DE = 14.1). Se encontraron varias diferencias significativas para Cfpam, una (F(1,41) = 4.98, p < .050) en la que los niños Cfpam - 1 (sin interacción) tenían más problemas de conducta externalizadores - maestras (M = 26.8, DE = 21.2) que los Cfpam - 3 (contacto físico positivo de ambos; M = 15.0, DE = 12.3). Otra (F(1,41) = 5.93, p < .010), en la que las madres de niños Cfpam - 1, tenían menos extraversión / sobreexcitación (M = 70.5, DE = 17.5) que las de niños Cfpam - 3 (M = 81.5, DE = 11.6).

Por otra parte, para Cfnam se encontró el mayor número de diferencias. En la tabla 5, se observa que las madres de los niños que calificaron la interacción sin contacto físico negativo, puntuaron mejor en dedicación y asesoramiento / orientación para sus niños y en su bienestar subjetivo. En contraste, las madres de los niños que calificaron la relación con contacto físico negativo, iniciado por ellas, puntuaron más alto en estrés materno y, sus niños con más problemas de conducta internalizadores - madres, más negativismo, más estrés y con desadaptación.

Finalmente, hubo diferencia para dedicación materna (F(1,40) = 5.30, p < .050), en la que Cfpnm - 1 (sin interacción) mostró recibir menor dedicación materna (M = 16.6, DE = 2.05) que Cfpnm - 3 (contacto físico positivo de ambos; M = 17.9, DE = 1.52). Al igual que diferencia para dedicación materna (F(1,36) = 14.1, p < .001), en la que Cfnnm - 1 (niño pateando, madre dolor) mostró recibir menor dedicación materna (M = 16.2, DE = 1.62) que Cfnnm - 3 (M = 18.1, DE = 1.32).

Discusión

El principal propósito de este estudio fue proponer un instrumento que aportara evidencias empíricas que permitan, a su vez, apoyar las propuestas conceptuales sobre la importancia de la influencia mutua madres - hijos. Como se señaló en la introducción de este trabajo, diversos modelos de socialización conceptualizan desde hace décadas la importancia de considerar la interacción recíproca. Por ejemplo, Maccoby y Martin (1983) señalaron que al estudiar el proceso de socialización debía enfatizarse en la naturaleza bidireccional del mismo. Sin embargo, la operacionalización necesaria para valorar tal naturaleza no ha sido tarea sencilla y el tema está tan vigente hoy como lo fue hace décadas. Por ejemplo, Collins (2005) refiriéndose a los estudios con diadas padres - adolescentes, que es un área más desarrollada sobre la medición de la influencia recíproca, comentó que:

... dos críticas frecuentes y justificadas sobre la investigación previa es que la mayoría de los estudios suponen un flujo de influencia unidireccional y que los investigadores comúnmente se apoyan en el uso de medidas solo para los padres, en lugar de tomar en cuenta el funcionamiento conjunto de padres y adolescentes . (p. 141).

En este estudio no solo se incluyeron a las madres, sino también a sus hijos preescolares y a sus maestras. Es importante señalar el cuidado que se tuvo para que a los niños se les presentaran dibujos con niños de su mismo género, facilitando la proyección del niño o la niña en las situaciones, tal como lo realizó Chao (2011) en su estudio con niños de 8 a 11 años de edad sobre este tema. Además, estudiar el proceso bidireccional de la socialización en niños pequeños es importante para comprender mejor este proceso, particularmente, porque se ha teorizado que los patrones de interacción recíproca se establecen en la infancia y niñez temprana (Richaud de Minzi y Sacchi, 1999) y el conocimiento que se puede obtener de esa etapa del desarrollo es fundamental para favorecer el desarrollo neurocognitivo adecuado y la prevención de problemas de comportamiento futuros (Belsky, 1990; Bernier, Carlson y Whipple, 2010).

Antes de comentar sobre los resultados, es necesario referirse a los amplios determinantes (Belsky, 2005) incluidos en este estudio. Si se consideran los porcentajes de los niveles educativos y de ingresos de la muestra se trata de una que incluía familias desde el nivel socioeconómico bajo hasta el nivel medio. Los análisis del sexo de los niños indicaron que las madres de las niñas calificaban con mejor bienestar subjetivo y las niñas mostraban menor número de problemas de conducta externalizadores, según sus madres y sus maestras, en relación con lo reportado por las madres de varones y los varones, respectivamente. En cuanto a la escolaridad materna, las que tenían mayor escolaridad practicaban más ocio compartido y mostraban mayor control esforzado y menor estrés en la interacción con sus niños que las que tenían menor escolaridad. De interés, el resultado de ocio compartido por las madres es semejante al reportado por Bayot et al. (2005). En este aspecto, la literatura indica que la baja escolaridad materna se relaciona con prácticas de crianza inadecuadas (véase Smith, Perou y Lesesne, 2002).

En cuanto al primer objetivo del estudio, el cual fue analizar si puntajes de la percepción de los niños, evaluada con la prueba Ppiren-P, indicaban diferencias importantes en la crianza que practicaban sus madres. En este estudio se analizó la competencia parental de las madres como el constructo representativo de la crianza o socialización de los niños; este constructo valora el apoyo e involucramiento parental que son conceptos reconocidos como cruciales en la crianza (Mestre, Tur, Samper, Nácher y Cortés, 2007). Por su parte, el segundo objetivo fue el de conocer las posibles diferencias en otras dimensiones que, como se vio, tienen relación con la crianza que ejercen las madres de niños preescolares. A continuación, se integran los resultados obtenidos con ambos propósitos con la intención de facilitar la discusión. Para ello, primero se comentan los resultados obtenidos de la comparación entre los puntajes intermedios (IRN, o relaciones menos inadecuadas o no esperadas), los mejores puntajes (IRE, o interacciones esperadas o excelentes) y los peores (IRI, o interacciones inadecuadas), para las variables TRIM (tristeza materna), CVPM (contacto verbal positivo materno), Cfnam (contacto físico negativo materno) y Cfnnm (contacto físico negativo del niño), que mostraron diferencias importantes. Cabe mencionar que en estas comparaciones no se pudo analizar la obediencia, los gritos ni el contacto físico positivo iniciado por la madre o por el niño; como se pudo observar, esto se debió a que el número de niños que eligió la categoría IRN fue muy pequeño.

Los resultados indicaron que las madres cuyos niños percibían que ellas no mostraban tristeza en la interacción calificaban más alto en las variables de competencia parental, asesoramiento / orientación y dedicación para sus niños, que las madres con tristeza en la interacción y recibían consuelo de parte de sus niños. Ambas variables indican madres que dialogan, supervisan y comparten con sus niños tiempos y espacios (Bayot et al., 2005), además, las madres que no mostraban tristeza manifestaron más control esforzado, siendo esta una variable de temperamento indicativa de una mejor autoregulación materna. Rothbart et al. (2004) confirma que los niños que eligieron imágenes en las que no se representaba la tristeza tenían madres más comprometidas con su rol. Además, llama la atención que los niños que percibían a sus madres tristes y recibiendo consuelo presentaban más problemas de conducta externalizadores y menor control esforzado según sus maestras que los niños con madres sin tristeza. Es decir, la opción de madres sin tristeza también fue elegida por niños con menos problemas y mejor autorregulación. Estos resultados son congruentes con las evidencias que indican que las habilidades de autorregulación están asociadas negativamente con los problemas externalizadores en niños y adolescentes (Doan, Fuller-Rowell y Evans, 2012).

Para los niños con interacciones recíprocas inadecuadas, indicando madre llorando y niño indiferente, se encontró que ellos mostraban más desadaptación, estrés y problemas de conducta externalizadores, según sus madres y sus maestras; más problemas de conducta internalizadores, según sus maestras y, en temperamento, mostraron mayor extraversión / sobreexcitación que los niños que percibieron a sus madres sin tristeza. Es interesante notar que la percepción de los niños sobre la relación que no implicaba emocionalidad indicó mejor desarrollo, en general, que la de los niños que sí percibían tristeza en la relación y se nota también el acuerdo general de las madres y maestras.

En contraste, los niños que eligieron la interacción de madre platicando y niño indiferente fueron calificados con mayor desadaptación psicosocial que los que mostraron contacto verbal positivo entre madre y niño. Ahora bien, más ricos fueron los resultados para contacto físico negativo del niño, ya que las madres cuyos niños eligieron la imagen del niño en el suelo gritando y madre controlando presentaron menor asesoramiento / orientación y dedicación para sus niños, así como menor bienestar subjetivo. Por su parte, sus niños demostraron menor desarrollo, más estrés y más problemas de conducta internalizadores, según sus madres, que las madres y los niños que eligieron a madre y niño de pie tranquilos. Estos resultados indican que las percepciones de los niños fueron atinadas al identificar que cuando ellos presentan comportamiento negativo, los autoreportes maternos muestran menor competencia parental y bienestar y las madres califican a sus niños como más problemáticos. Además, es interesante notar que estos resultados son consistentes con las evidencias que apoyan a las variables de calidez, rechazo y control como las dimensiones válidas de la crianza (Márquez, Hernández, Aguilar, Pérez y Reyes, 2007).

Para contacto físico negativo por parte de la madre, se encontró que presentaron menor asesoramiento / orientación y bienestar subjetivo y más estrés y coraje / agresión y sus niños mayor desadaptación, más problemas de conducta internalizadores - madres y, en temperamento, mostraron más negativismo que el grupo de rechazo materno y pena del niño. Estos resultados, si se considera al contacto físico negativo parental como un medio de control o restricción, parecen apoyarse en evidencias que indican que el estilo parental restrictivo es predictor de la desadaptación de los niños (López-Soler, Puerto, López-Pina y Prieto, 2009). Finalmente, los niños con contacto físico negativo, iniciado por ellos mismos, indicaron mayor desadaptación que los niños con rechazo de su parte hacia la madre. Estos resultados parecen coincidir con señalamientos que indican que la percepción de los niños sobre las relaciones con sus padres refleja más la capacidad de adaptación de ellos que el comportamiento verdadero de los padres (Richaud de Minzi y Sacchi, 1999).

Al analizar las diferencias entre los extremos de interacción, es decir, entre IRI e IRE, se encontró para la competencia parental que las madres que iniciaban contacto físico negativo mostraban menor asesoramiento y dedicación, así como también menor dedicación las madres de los niños que no tenían contacto físico positivo y las de niños que iniciaban el contacto físico negativo, comparadas con las que fueron percibidas con interacciones excelentes. En cuanto al resto de las variables, para la elección de madre llorando y niño indiferente se encontró mayor estrés del niño que para las madres que mostraban tristeza y recibían consuelo. Para la elección sin contacto verbal positivo por parte de la madre se encontraron más problemas de conducta externalizadores - maestras que para el contacto verbal positivo. Para ausencia de contacto físico positivo, por parte de la madre, se determinaron también más problemas de conducta externalizadores - maestras y, en temperamento, menor extraversión /sobreexcitación que para la percepción de contacto físico positivo. Como se observó, para contacto físico negativo, iniciado por las madres, se fijó el mayor número de diferencias; los niños mostraban mayor desadaptación, más estrés, más problemas de conducta internalizadores - madres y ellas mostraron menor bienestar subjetivo y más estrés que el grupo sin contacto físico negativo materno. En el contexto de estos resultados es interesante notar las evidencias que señalan que los padres con estrés pueden carecer de la habilidad de ayudar a sus niños a enfrentar sucesos estresantes, pero además pueden ser incapaces de modelar comportamientos autorregulatorios adecuados (Doan et al., 2012). Precisamente, es conveniente una breve nota sobre la relevancia de los tres factores de temperamento encontrados a lo largo del estudio. El negativismo y la extraversión se han reportado relacionados positivamente con la agresión y el control esforzado como reflejo de una carencia de mecanismos autorregulatorios. Estos hallazgos se han reportado a través de culturas y se ha establecido su equivalencia en niños y adultos (Rothbart et al., 2001).

Bayot et al. (2005) señalan que el asesoramiento de los padres refleja claramente la comunicación armoniosa entre padres e hijos, que la dedicación personal implica el compromiso de los padres para establecer límites a los niños y que el ocio compartido indica la planificación del tiempo para realizar actividades. Estos resultados son congruentes con los señalamientos mencionados, ya que de acuerdo con la percepción de los niños, las madres que no tenían contacto físico negativo mostraban más asesoramiento y dedicación a sus hijos. En las relaciones afectivas (tristeza), las que se percibían tranquilas mostraban más asesoramiento y dedicación a sus hijos. En contraste, las madres más agresivas, menor asesoramiento y dedicación. Estos resultados pueden reflejar la "necesidad" de mantener relaciones armoniosas en las interacciones familiares. Chao (2011) ha encontrado que, en familias de Taiwán, no hay diferencias entre las percepciones de los padres sobre sus niños y las percepciones de los niños sobre sus padres en empatía, definida como interacción armoniosa. La explicación que ofrece la ubica en el contexto de las sociedades colectivistas que, como China y Latinoamérica, le dan un valor fundamental a las relaciones familiares armoniosas.

Finalmente, a pesar del avance conceptual sobre las relaciones padres - hijos, desde los añejos conceptos que referían al niño como receptor pasivo de la crianza hasta el concepto de la bidireccionalidad en la interacción padres - hijos (Maccoby, 1992; Maccoby y Martin, 1983), el estudio de los procesos incluidos en la socialización requiere de evidencias que apoyen tales avances conceptuales. Como se vio en la revisión de la literatura, se encontró un gran vacío de esfuerzos que valoraran la percepción de niños preescolares sobre la crianza que reciben, aunque las pocas evidencias apoyan este tipo de esfuerzos (Chao, 2011; Lemos y Richaud de Minzi, 2010; Richaud de Minzi, 2002). Es esta la principal contribución de este estudio al proponer y demostrar la contribución de los niños preescolares a la interacción con sus padres.

Con los resultados obtenidos, es tentador elaborar un perfil de las características de los niños y sus madres según las categorías perceptuales trabajadas. Sin embargo, esta tarea parece prematura y parece más importante por ahora señalar algunas limitantes del estudio. En primer lugar, parece relevante mencionar el estudio de Lemos y Richaud de Minzi (2010) para evaluar con un método pictórico el razonamiento prosocial en niños de siete y ocho años de edad, por la semejanza de los problemas que se enfrentaron en ambos estudios y que sugieren considerar la inestabilidad de las respuestas de los niños en comparación con las de los adultos, el tamaño de la muestra que, en este caso fue relativamente pequeña y que incluía familias desde nivel socioeconómico bajo, hasta el nivel medio, así como el reto que representa no trabajar con opciones de escala tipo Likert que, por otra parte, señalan Lemos y Richaud de Minzi (2010) "... cosa que era imposible con niños tan pequeños" (p. 882) a lo que se agrega, es aún menos posible con niños de tres a cinco años como los de este estudio.

En segundo lugar, reconociendo la dificultad que representa el análisis de las respuestas, debe quedar clara la necesidad de realizar un refinamiento del sistema de opciones y puntajes para establecer categorías de interacción. En tercer lugar, se pudiesen cuestionar las propiedades psicométricas y la validez de la Ppiren-P, sin embargo, debe tenerse presente la dificultad que representa establecer la validez de las pruebas de naturaleza proyectiva (Chao, 2011).

A pesar de esas limitantes posibles, los resultados de este estudio apoyan la viabilidad e importancia de valorar las percepciones de niños preescolares sobre las interacciones con sus padres. Se cree que este esfuerzo de análisis de las percepciones de los niños pequeños abre múltiples posibilidades de estudio. Entre ellas, se pueden considerar: (a) la eliminación de una tercera opción en algunas láminas, como en la de tristeza del adulto que podría omitir la opción "sin interacción" para "forzar" la elección a opciones de tristeza con o sin participación del niño, (b) la inclusión de padres y no solo madres, (c) el estudio test - retest que parece imprescindible para garantizar la estabilidad de las respuestas de los niños y, (d) un estudio, que se cree de gran importancia, sobre la comparación de la propuesta del inventario verbal de la percepción de niños de cuatro a seis años de edad sobre las relaciones con sus padres (Richaud de Minzi, 2002) y la propuesta actual, porque tales estudios pueden apoyar la validez de ambas pruebas.


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