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Universitas Psychologica

Print version ISSN 1657-9267

Univ. Psychol. vol.5 no.1 Bogotá Apr. 2006

 

La intención de los jóvenes de tener relaciones sexuales en la adolescencia: el papel de la televisión, la relación con los padres y las cogniciones

Elvia Vargas-Trujillo, Fernando Barrera, María Consuelo Burgos* y Berta Cecilia Daza

Universidad de los Andes

Recibido: 26 de septiembre de 2005 Revisado: noviembre 1 de 2005 Aceptado: diciembre 1 de 2005

* Correos electrónicos: elvargas@uniandes.edu.co, febarrer@uniandes.edu.co

The intention of having sexual relations during the adolescence: the role of the television, parental relationships and cognitions

ABSTRACT

This study assessed the influence of television, parent-child relationship and adolescents’ cognitions over the intentions to engage in sexual activity during adolescence. Sample consisted of 231 high-school students (116 women and 115 men), between 12 and 18 years old, from low, middle and high socioeconomic status. A self-report questionnaire was used to gather information on the study’s variables. Correlation and regression analysis show that intentions are determined by personal attitudes and subjective norm, thus supporting the Theory of Planned Behavior. Sexual self-efficacy was not a significant predictor of the intentions to engage in sexual activity during adolescence. Some variables related to TV were found to be strong determinants of personal attitudes toward sexual activity during adolescence. The findings are discussed with implications for actions by parents, educators and those responsible of TV policies.

Keywords: Television, teenagers, adolescence, parent and teenager relationship, attitudes, sexual intercourse, gender identity.

RESUMEN

Con una muestra de 231 estudiantes de secundaria (116 mujeres y 115 hombres), entre 12 y 18 años, de niveles socio-económico bajo, medio y alto, se examinó la influencia de la televisión, de la relación con los padres y de las cogniciones de los jóvenes en la intención de tener relaciones sexuales durante la adolescencia. Se usó un cuestionario de autorreporte para obtener información sobre las variables del estudio. Los análisis de correlación y regresión apoyan los planteamientos de la Teoría del Comportamiento Planeado acerca de que la intención de llevar a la acción un determinado comportamiento está determinada por la actitud personal y la norma subjetiva. La autoeficacia sexual no mostró ser una variable importante para predecir la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia. Se encontró que algunas de las variables relacionadas con la televisión son relevantes como determinantes de la actitud personal. Estos resultados revelan la importancia de las cogniciones en los comportamientos de salud y aportan elementos para tener en cuenta en el diseño de acciones de intervención concretas por parte de los responsables de la televisión, los padres y los educadores.

Palabras clave: televisión, adolescentes, relaciones padres y adolescentes, actitudes, intención, relaciones sexuales, sexualidad infantil, identidad sexual.

En la actualidad existe una gran preocupación por el efecto que puede tener la creciente exposición de los jóvenes a contenidos sexuales a través de la televisión. Diversos investigadores han documentado tanto la prevalencia de mensajes con contenido sexual en los programas de audiencia infantil y familiar (Kunkel, Cope & Colvin, 1996; Fox, Santos & Vargas-Trujillo, 2004), como su asociación con la actividad sexual de los jóvenes (Brown & Newcomer, 1991). Aunque otras investigaciones han abordado la influencia de la televisión en el comportamiento sexual y romántico de los adolescentes, este estudio pretende hacer un aporte al tema en la medida en que analiza, de manera conjunta, la influencia de variables relacionadas con la televisión, con la comunicación y supervisión parental y algunos factores cognoscitivos del adolescente, sobre un aspecto poco estudiado hasta ahora, que es el de la intención de tener relaciones sexuales.

Los estudios que analizan el contenido sexual de los mensajes televisivos revelan que a pesar de que éste pocas veces es visualmente explícito, porque la mayoría de las conductas sexuales que se muestran son relativamente “modestas” (Kunkel et al., 1996; Fox et al., 2004), sí transmite información a los jóvenes sobre temas que no les llegan a través de otras fuentes como la escuela, los padres o los educadores (Roberts, 2000; Fox, 2003; Fox et al., 2004). La preocupación frente a este contenido surge al ponerse en evidencia que los mensajes, además de que exageran la importancia de la actividad sexual en las relaciones de pareja, dan la impresión de que las relaciones sexuales ocurren de forma espontánea y romántica y están libres de riesgo y responsabilidades (Ward, 2002).

Un aspecto delicado acerca de la influencia del contenido sexual en la televisión se refiere a su efecto diferencial en función de la edad de los observadores. Gruber y Grube (2000) afirman que aunque el contenido sexual que aparece en los diferentes medios de comunicación puede afectar a cualquier grupo de edad, los adolescentes son particularmente vulnerables. De acuerdo con estos investigadores, los adolescentes, especialmente los más jóvenes, pueden ser más sensibles a los mensajes sobre temas de sexo porque se encuentran en un período de desarrollo en el que los roles de género, las actitudes y los comportamientos sexuales se están moldeando. Además, agregan estos autores, los adolescentes aún no han completado el desarrollo de las habilidades cognoscitivas que se requieren para analizar críticamente los mensajes que presentan los medios y para tomar decisiones teniendo en cuenta las posibles consecuencias de su comportamiento.

Estudios realizados en países como Estados Unidos (Ward & Rivadeneyra, 1999), la India (Verma & Larson, 2002) y España (Durá Travé, Mauleón Rosquil & Gúrpide Ayarra, 2002), han mostrado que los adolescentes dedican una gran parte de su tiempo a ver televisión. En Colombia, Valdivieso de Arenas y Amaya de Gamarra (1996) señalan que el 90% de la comunidad educativa es televidente. Recientemente, Ramos, Rubiano y Verdugo (2004), encontraron que, en Bogotá, los estudiantes consumen más de 4 horas diarias de televisión y que el grupo de niños menores de 12 años y adolescentes entre 13 y 18 años es el que presenta de manera significativa la acción de ver televisión de manera individual. En otro estudio realizado, también en Bogotá, por Ardila y Sandoval (2004), se observaron tres clases de consumidores de televisión: los moderados que ven entre 3 y 5 horas (50%), los fuertes (25%) que ven más de 6 horas y los de bajo consumo, quienes ven televisión dos horas o menos al día (25%).

Sin embargo, estudios recientes revelan que no es la cantidad de televisión que se ve lo que más influye sobre las actitudes, expectativas y comportamientos sexuales de los adolescentes sino la relación que tiene el televidente con el contenido del programa (Ward, 2002; Ward & Rivadeneyra, 1999). Estas investigadoras afirman que al analizar la relación del televidente con los programas se deben considerar varias dimensiones, entre ellas: a) la motivación que tienen los adolescentes para ver televisión; b) la forma como seleccionan los programas y c) el grado de realismo que le atribuyen a la trama.

Los autores que han analizado la motivación para ver televisión han encontrado que las personas seleccionan y usan los programas para satisfacer necesidades específicas y que el uso acarrea diferencias en el comportamiento del televidente y en el efecto de los mensajes sobre sus acciones (Rubin, 1994). Una necesidad central durante la adolescencia es la de obtener información sobre la sexualidad, por esta razón en este estudio evaluamos en qué medida la televisión era percibida por los adolescentes como un medio útil para obtener información sobre asuntos sexuales.

En este sentido, se ha encontrado que los adolescentes obtienen de la televisión representaciones sobre las relaciones románticas y usan esa información para orientar su comportamiento en sus primeras experiencias de noviazgo (Fox, 2003). Además, se ha logrado establecer que las personas tienden a emplear los contenidos, mensajes o escenas de la televisión para actuar o cambiar comportamientos en sus relaciones románticas o sexuales con su novio(a), cónyuge o compañero(a) (Ramos et al., 2004). De acuerdo con Chapin (2000) esto se facilita porque los jóvenes, más que los adultos, tienden a creer que lo que se observa en la televisión sobre la sexualidad es real.

Por su parte, los investigadores interesados en la forma como los jóvenes seleccionan los programas han encontrado que las personas tienen diferentes niveles de selectividad y que el efecto del contenido televisivo depende de qué tan activa sea la audiencia al elegir los programas. No obstante, la dirección de este efecto no está clara-mente establecida, unos resultados sugieren que los televidentes más activos en la toma de decisiones de los programas se ven más afectados por su contenido (Levy & Windahl, 1984; Rubin & Perse, 1987); otros indican que los televidentes pasivos son más vulnerables (Hawkins & Pingree, 1982; Rouner, 1984).

Desde la psicología, la teoría social cognitiva de Bandura (1986) constituye un marco de referencia útil para comprender los procesos a través de los cuales la televisión influye sobre el comportamiento. De acuerdo con Bandura (1986), la mayor parte del comportamiento humano es aprendido a través de la observación. El aprendizaje por observación se reconoce “como uno de los medios más poderosos de transmisión de valores, actitudes y patrones de pensamiento y de conducta” (p. 68). En esta forma de aprendizaje, también llamado vicario o por modelamiento, la conducta de una figura significativa, funciona como modelo para que quien observa defina las cogniciones que guían sus acciones y asuma comportamientos similares (Perry & Furukawa, 1987).

Lo anterior significa que los comportamientos, actitudes, emociones e ideas relativas a temas sexuales, que de manera explícita o implícita exhiben los personajes de la televisión, pueden convertirse en modelo para los jóvenes televidentes quienes van construyendo cogniciones sobre aspectos sexuales que pueden guiar su comportamiento. Las cogniciones son procesos que intervienen entre los estímulos observables y las respuestas de las personas en las situaciones de la vida diaria (Conner & Norman, 1996). En los últimos años el análisis sobre las cogniciones que son más importantes para predecir el comportamiento ha sido objeto de un buen número de investigaciones psicológicas (Ajzen, 2001; Armitage & Conner, 2001; Chacón, García & Flórez Alarcón, 2002; García, 2005; Sánchez & Muñoz, 2005; Sarmiento, Barrera & Vargas-Trujillo, 2004).

De acuerdo con Bandura el aprendizaje por observación influye principalmente a través de su función informativa. En el caso específico del comportamiento sexual los efectos del aprendizaje por observación ya han sido objeto de investigación sistemática. Se ha encontrado que a través de la televisión se pueden enseñar diferentes técnicas amorosas, alterar las reglas sexuales y formar las prácticas sexuales de una sociedad (Bandura, 1986). En efecto, la televisión permite transmitir las normas establecidas socialmente sobre los comportamientos sexuales que son aceptados y permisibles. Sin embargo, no todas las personas se ven igualmente afectadas por los modelos de comportamientos o normas que observan en la televisión.

Entre los factores que condicionan la influencia de la televisión están los procesos cognoscitivos individuales. De acuerdo con la teoría social cognoscitiva las personas no son receptoras pasivas de las circunstancias que enfrentan; más bien se esfuerzan por controlar su vida con el propósito de lograr las metas que se plantean y de evitar lo que no les gusta. En términos de Bandura, las personas contribuyen, en mayor o menor grado, al control de su propio desempeño a través de mecanismos cognoscitivos como la autoeficacia. La autoeficacia es la “creencia en las propias capacidades para organizar y ejecutar el curso de la acción requerida con el fin de producir un logro determinado” (Bandura, 1997, p. 3); esa capacidad de manejar las circunstancias de la propia vida es lo que Bandura (1997, 2001) denomina “agencia humana” o acción con un propósito. Con respecto a la televisión, Chapin (2000) afirma que los atributos psicológicos de los adolescentes juegan un papel importante, tanto en el uso de la televisión, como en la interpretación que hacen de lo que ven y de la información que obtienen de este medio.

Además de los factores del aprendizaje por observación y de los procesos cognoscitivos y personales, la teoría social cognitiva considera que el contexto social en el que viven y se desarrollan las personas es determinante de la conducta humana. De acuerdo con este enfoque teórico, los padres sirven como un importante agente de socialización para sus hijos y el ambiente del hogar es el primer contexto en el cual los niños observan, experimentan y aprenden sobre las relaciones interpersonales (Caprara, Regalia & Bandura, 2002). En el caso de los adolescentes, la relación con los padres y la calidad de la comunicación con ellos puede ser un factor de influencia en los efectos de la televisión en el comportamiento sexual. No obstante, Ramos et al., (2004) encontraron que aunque el espacio principal en el cual se realizan los comentarios sobre la televisión es la casa, las personas con las cuales se habla sobre los programas no son los padres sino la pareja y otros familiares.

Por otro lado, la Teoría de la Acción Razonada de Ajzen y Fishbein (1980) y su desarrollo posterior, la Teoría del Comportamiento Planeado (Ajzen, 1988, 1991), proponen que el mejor predictor del comportamiento es la intención de ejecutarlo. Estos autores asumen la intención como medida de los factores motivacionales que influyen en el comportamiento y como indicador de qué tan dispuesta está la persona para ejercer una determinada acción (Armitage & Conner, 2001). Ajzen y Fishbein (1980) plantean que la intención, a su vez, está determinada por otras dos cogniciones: la actitud personal frente al comportamiento que se quiere realizar y la norma subjetiva o norma social percibida. La actitud personal refleja la evaluación global, positiva o negativa, que hace el individuo sobre el hecho de realizar un comportamiento particular (Armitage & Conner, 2001). La norma subjetiva, por su parte, se refiere a la percepción que tiene la persona de la presión social, es decir, de la actitud que tienen las personas relevantes para ella hacia una determinada acción (Conner & Sparks, 1996; Sánchez & Muñoz, 2005). Si percibe que las figuras significativas para ella (padres, amigos y compañeros) aprueban el comportamiento, hay una mayor probabilidad de que intente hacerlo. Los resultados de un estudio previo realizado por los autores de este artículo apoyan la importancia de la actitud personal y de la percepción que tienen los jóvenes de la norma social en la explicación de la actividad sexual durante la adolescencia (Sarmiento, Barrera & Vargas-Trujillo, 2004).

Adicionalmente, la teoría del comportamiento planeado propone que cuando se quiere predecir un comportamiento que no depende exclusivamente de la voluntad personal, como ocurre con la actividad sexual, es conveniente tener en cuenta el control conductual percibido. El control conductual percibido está constituido por las creencias que tiene la persona de tener acceso a los recursos necesarios y a las oportunidades requeridas para ejecutar de manera exitosa el comportamiento (Conner & Sparks, 1996). Ajzen (1991) sostiene que el control conductual percibido y la auto-eficacia son dos constructos intercambiables. Sin embarg o, Bandura (1992) argumenta que son dos conceptos distintos. Para este último, el control conductual se relaciona más con la percepción que tiene la persona de controlar eventos externos relacionados con el comportamiento, mientras que la autoeficacia corresponde a la percepción de control basada en factores internos o personales.

Al respecto, diversos estudios (White, Terry & Hogg, 1994; Schwarzer & Fuchs, 1996) han encontrado que el Control Conductual Percibido tiene un efecto directo sobre el comportamiento (por ejemplo, discutir con una nueva pareja sexual la posibilidad de utilizar un condón), mientras que la autoeficacia tiene un efecto muy fuerte sobre la intención (por ejemplo, la intención de hablar sobre el uso del condón con la pareja y de usar el condón como método de protección) y, por mediación de ésta, sobre el comportamiento.

Recapitulando, tanto la Teoría Social Cognitiva como la Teoría del Comportamiento Planeado proponen que las cogniciones -como las actitudes, la norma subjetiva, la autoeficacia y las intenciones son importantes para predecir los comportamientos que están bajo el control voluntario de la persona. Es decir, los dos planteamientos teóricos coinciden en que el comportamiento humano es el resultado de un proceso de toma de decisiones basado en un análisis subjetivo, deliberado y sistemático de la información que la persona tiene disponible. No obstante, este proceso de toma de decisiones no es algo que ocurre cada vez que la persona enfrenta una situación ante la cual debe optar por una u otra alternativa de acción; los dos modelos asumen que el resultado del análisis se mantiene en la memoria y es recuperado automáticamente cuando es necesario (Norman & Conner, 1996).

A partir de estos planteamientos, en este estudio nos propusimos examinar el peso relativo de los factores de la televisión (exposición y relación con los programas), de la relación con los padres (comunicación y supervisión), y de las cogniciones (actitudes personales, la norma subjetiva y la autoeficacia sexual) para predecir la intención de los jóvenes de tener relaciones sexuales durante la adolescencia.

Para los propósitos de esta investigación asumimos que: a) en la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia influyen, por una parte, los factores de la televisión y de la relación con los padres y, por otra, las cogniciones de los adolescentes tales como la actitud personal hacia estas relaciones, la norma subjetiva y la autoeficacia sexual; b) las cogniciones sexuales que tienen más peso en la explicación estadística de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia se pueden predecir a partir de la exposición a la televisión, la relación que tienen los jóvenes con los programas que ven, la comunicación familiar y la supervisión parental.

Método

Participantes

En la investigación participaron estudiantes que cursaban los grados 8, 9, 10 y 11 en colegios mixtos, tanto públicos como privados, de la ciudad de Bogotá pertenecientes a diferentes estratos socioeconómicos. La identificación y selección de los colegios por estrato socioeconómico se hizo con el apoyo de la Secretaría de Educación del Distrito. Se logró la colaboración de ocho colegios, cinco de estrato bajo, dos de estrato medio y uno de estrato alto. El número de estudiantes por colegio estuvo equilibrado en cuanto al sexo.

La muestra definitiva estuvo compuesta por 231 adolescentes, 116 mujeres y 115 hombres, con una edad promedio de 15 años la cual osciló entre una edad mínima de 12 y una edad máxima de 18 años. De esta muestra, 71 jóvenes asistían a colegios públicos y 160 a colegios privados.

La mayoría de los participantes había vivido la mayor parte de su vida con ambos padres (72,6%) y en la actualidad vive con ellos (67,5%). El 87,9% de los papás y el 57,6% de las madres trabajan o están pensionados. El nivel de educación de padres y madres fue muy similar; el 23,8% de los padres y 28,8% de las madres cursaron primaria, el 19,5% de los padres y 18% de las madres cursaron secundaria y, el 39% de los padres y 30% de las madres realizaron estudios universitarios.

Medidas

Con el fin de obtener la información sobre las variables del estudio, se desarrolló un cuestionario en el que se combinaron preguntas utilizadas en investigaciones previas, preguntas adaptadas de otros cuestionarios y preguntas diseñadas específicamente para esta investigación. A continuación se describen las diversas medidas que se utilizaron para evaluar las variables del estudio y la forma como se manejaron las puntuaciones. Con excepción de las variables demográficas, se utilizaron escalas Likert con diferentes alternativas de respuesta de acuerdo con las variables evaluadas. Para las escalas compuestas por varias preguntas se estableció el promedio de las respuestas como indicador de la variable; en todos los casos a mayor puntaje mayor valor de la variable respectiva.

Variables demográficas. Se preguntó la fecha de nacimiento -a partir de este dato se estableció la edad en años y meses-, el sexo y el grado escolar del participante. El tipo de colegio –público o privado– y el estrato socioeconómico se determinó con anterioridad a la aplicación del cuestionario con el fin de seleccionar una muestra que incluyera todos los estratos.

Variables predictoras. Exposición a la televisión. Número de horas que ven televisión los adolescentes en compañía de sus padres: Se evaluó el número de horas diarias que los adolescentes dedican a ver televisión en compañía de sus padres (3 preguntas) entre semana, los sábados y los domingos. Los adolescentes respondieron en una escala donde (1) era 5 o más horas, (2) de 3 a 4 horas, (3) 1 a 2horas y (4) ninguna. Para el análisis de datos se invirtieron los puntajes de manera que puntajes altos corresponden a mayor número de horas de exposición semanal a la televisión en compañía de los padres.

Variables predictoras. Frecuencia de exposición a contenidos sexual y romántico: se evaluó la frecuencia con que los adolescentes ven programas con contenido romántico y sexual. Se utilizó una escala de 1 a 5 en la que (1) era Nunca y (5) Casi siempre.

Relación de los Adolescentes con los Programas que Ven (RAPV). Utilidad de la televisión. Se solicitó a los adolescentes que indicaran en qué medida los programas que ven les han servido para aprender sobre sexualidad (por ejemplo, “Para aprender a relacionarme con personas del otro sexo”, “Para saber cómo invitar a salir a alguien”), en una escala de 5 puntos siendo (1) Nada y (5) Muchísimo. Se obtuvo un puntaje promedio de 9 preguntas (alfa = 0,90).

(RAPV) Selectividad de los programas: se construyeron 5 preguntas para evaluar la autonomía de los adolescentes en la selección de los pro-gramas que ven. En una escala de 5 puntos los participantes indicaron su nivel de acuerdo con el listado de enunciados relacionados con la forma como eligen los programas televisivos (por ejemplo, “Veo los programas que me recomiendan mis amigos”, “Sólo veo los programas que realmente me gustan”).

(RAPV) Realismo percibido en la trama de los pro-gramas: se pidió a los adolescentes que indicaran su grado de acuerdo o desacuerdo ante 4 afirmaciones sobre la posibilidad de que en la vida real ocurran algunos de los eventos que se observan en los programas que ven con mayor frecuencia. A mayor puntaje promedio mayor realismo percibido.

Medidas acerca de la relación padres-hijos

(RAPV) Comunicación general con los padres. Se adaptó la escala de Werner-Wilson (1998), la cual arroja un índice de comunicación con el papá y la mamá. La forma final estuvo compuesta por 19 preguntas que se respondían en una escala en la que (1) era Totalmente en desacuerdo y (5) Total-mente de acuerdo (alfa = 0,81). Se calculó un puntaje promedio o índice de comunicación con el sentido de que a mayor puntaje mejor comunicación con los padres.

(RAPV) Comunicación sobre temas sexuales. Se elaboraron 10 preguntas con el fin de evaluar la frecuencia con que los padres hablan con sus hijos acerca de temas sexuales tales como “Lo que es apropiado en las relaciones de noviazgo”, “Cómo debo cuidarme si tengo relaciones sexuales” (alfa = 0,92). Los adolescentes respondieron en una escala en la que (1) es Nunca y (5) Casi siempre. A mayor puntaje mayor frecuencia de comunicación con los padres sobre temas sexuales.

(RAPV) Comunicación sobre TV. Mediante seis preguntas se evaluó la frecuencia con la que padres e hijos discuten sobre el contenido de los programas de televisión. Un ejemplo de las preguntas que incluye la escala es “Mis padres y yo comentamos lo que vemos en TV”. Para responder se utilizó una escala en la que (1) es Nunca y (5) Casi siempre (alfa = 0,81). Se calculó un puntaje promedio como indicador de la comunicación entre padres e hijos sobre la televisión: a mayor puntaje mayor frecuencia de comunicación.

(RAPV) Supervisión parental sobre el uso de la TV. Se desarrollaron seis preguntas con el fin de examinar en qué medida los padres supervisan el tipo de programas que ven sus hijos y los contenidos de los mismos (alfa = 0,59). Un ejemplo de las preguntas es “Mis padres me preguntan sobre lo que he visto en TV mientras ellos no estaban”. Para responder esta parte del cuestionario los participantes utilizaron una escala de 5 puntos (1 es Nunca, 5 es Siempre). A mayor puntaje promedio mayor es la supervisión parental sobre el uso de la TV por parte de sus hijos.

Cogniciones

Actitud personal hacia las relaciones sexuales en la adolescencia. Se evaluó a partir de la respuesta a la pregunta ¿Qué tan de acuerdo estás con que las personas de tu edad tengan relaciones sexuales? El adolescente debía responder en una escala en la que 1 era Totalmente en desacuerdo y 5 era Totalmente de acuerdo.

Norma subjetiva. Teniendo en cuenta los planteamientos de la Teoría de la Acción Razonada y de la Teoría del Comportamiento Planeado, la norma subjetiva se evaluó a partir de la interacción entre lo que el adolescente cree que su papá y su mamá opinan sobre el hecho de que su hijo(a) tenga relaciones sexuales en la adolescencia (percepción de la norma de los padres) y la motivación que tiene de complacerlos. Puntuaciones altas en esta variable indican una norma subjetiva más favorable hacia las relaciones sexuales en la adolescencia.

Como medida de la percepción de la norma de los padres frente al hecho de tener relaciones sexuales en la adolescencia, se incluyeron 3 ítems en los que se preguntaba a los jóvenes qué tan de acuerdo creían ellos que estarían sus padres con el hecho de que su hijo(a) tuviera relaciones sexuales el próximo mes, el próximo año escolar y antes de terminar la secundaria. Se utilizó para responder una escala de 5 puntos (1 = Totalmente en desacuerdo y 5 = Totalmente de acuerdo). La información obtenida en cada pregunta se puede interpretar como indicación de la percepción de mayor o menor flexibilidad o permisividad de los padres frente a las relaciones sexuales de sus hijos en la adolescencia (alfa = 0,91).

Para examinar la motivación que tiene el adolescente para complacer a sus padres se preguntó “¿Qué tanto deseas complacer a tus padres en lo que esperan que tú hagas con tu vida sexual?” Esta pregunta se respondía en una escala de 1 a 5 en la que (1) es Nada y (5) Muchísimo. Puntajes altos indican una mayor motivación del adolescente para complacer a sus padres.

Autoeficacia sexual. Se utilizó la escala desarrollada por Vargas-Trujillo y Barrera (2003) con el fin de evaluar qué tan competentes se sienten los adolescentes para decidir sobre aspectos de sus relaciones sexuales como por ejemplo cuándo, con quién y cómo realizarlas. La escala consta de 16 situaciones frente a las cuales los adolescentes debían reportar qué tan seguros se sentían de poder manejarlas (1= nada seguro, 5= totalmente seguro). Un ejemplo de pregunta es “Estoy seguro de que puedo controlar lo que ocurra sexualmente con mi novio(a)”. Se estableció el promedio de respuestas como indicador de auto-eficacia sexual con un alfa de 0,83.

Variable criterio

Intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia. Se evaluó de dos maneras, en primer lugar, a través de la pregunta “¿Qué tanto te gustaría tener relaciones sexuales el próximo mes?” ante lo cual el adolescente debía responder en una escala likert de 5 puntos (1 = nada y 5 = muchísimo). En segundo lugar, a partir de tres afirmaciones (por ejemplo, “A mi me gustaría comenzar a tener relaciones sexuales en este momento de mi vida”) frente a las que el joven indicaba su grado de acuerdo, utilizando una escala Likert de 5 puntos, en donde 1 era Total-mente en desacuerdo y 5 era Totalmente de acuerdo. Estas cuatro preguntas se unieron en una sola escala con base en un análisis de confiabilidad que mostró un alto grado de consistencia interna entre ellas (alfa de Cronbach = 0,91). Puntajes altos en esta variable indican mayor intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia.

Procedimiento

Dos estudiantes de Psicología, previamente entrenados, llevaron a cabo la recolección de datos. En reuniones preliminares con los estudiantes sujetos a la prueba se les explicó el objetivo de la investigación y en qué consistiría su participación; igualmente se les dijo que se requería el consentimiento de sus padres. Para tal fin se envió a los padres una comunicación escrita mediante la cual se les explicaba los objetivos del estudio, el procedimiento y el carácter voluntario, confidencial y anónimo de la participación de los jóvenes; además se les solicitaba su autorización para que su hijo(a) respondiera el cuestionario y se les pedía que si no estaban de acuerdo se comunicaran telefónicamente con alguno de los miembros del equipo de investigación.

Unos días después se realizaron las sesiones de recolección de datos en las distintas instituciones escolares, en grupos de 6 a 12 personas del mismo sexo. Antes de comenzar a responder el cuestionario se explicó nuevamente a los adolescentes los objetivos del estudio, la importancia de su participación, la confidencialidad de la información recogida en los formularios y su derecho de abandonar o desistir en cualquier momento del estudio; si estaban de acuerdo diligenciaban el formato de consentimiento informado. Luego se les pidió responder el cuestionario de manera individual, lo cual tomaba alrededor de una hora.

Resultados

El propósito del estudio era establecer la influencia que tienen la televisión, la relación con los padres y las cogniciones en la intención de los jóvenes de tener relaciones sexuales en la adolescencia. Se examinaron las relaciones entre la intención de tener relaciones sexuales y tres conjuntos de facto-res: a) las variables relacionadas con la televisión que incluyen los dos indicadores tradicionales de exposición a la televisión (la cantidad de tiempo que dedican a ver televisión y el tipo de contenidos que ven) y la relación que tienen los adolescentes con los programas (utilidad, selectividad y realismo percibido); b) las variables acerca de la relación de los adolescentes con sus padres (comunicación y supervisión parental); c) las variables sobre las cogniciones sexuales (la actitud personal hacia las relaciones sexuales en la adolescencia, la norma subjetiva y la autoeficacia). En seguida se presentan los resultados de los distintos análisis.

Análisis descriptivos

Exposición de los jóvenes a la televisión y su relación con los programas. En la Tabla 1 se observan los estadísticos descriptivos para las variables del estudio. Se encontró que los adolescentes ven entre 3 y 4 horas diarias de televisión en compañía de sus padres y que la exposición más alta corresponde a programas con contenido romántico.

Con respecto a la relación de los adolescentes con la televisión se encontró que el puntaje que indica la función de la televisión para aprender sobre la sexualidad fue bajo. Sin embargo, un análisis individual de cada una de las preguntas de la escala sobre la utilidad de la televisión, para estos jóvenes, mostró que les ha sido útil principalmente para aprender la forma de evitar los riesgos que tiene la actividad sexual y para conocer las consecuencias de las relaciones sexuales.

Con relación a la selectividad, los jóvenes de este estudio reportaron un nivel relativamente alto de autonomía en la selección de los programas de televisión. En términos generales, se encontró que los adolescentes no están ni de acuerdo ni en desacuerdo con que lo observado en los programas de televisión se asemeja a lo que observan en la vida cotidiana.

Percepción de los jóvenes de la relación con sus padres. Los resultados de los análisis descriptivos señalan que, desde la perspectiva de los adolescentes, tanto la comunicación general que mantienen con sus padres, como aquella referida a temas sexuales tienen valores más altos que la que sostienen con ellos acerca de los contenidos de los programas de televisión. También se encontró que, según los adolescentes, los padres ejercen un bajo nivel de supervisión sobre el tipo de programas que ven sus hijos y sobre los contenidos de los mismos.

Cogniciones

Los promedios correspondientes a la actitud personal de los jóvenes indicaron que ésta tiende a ser ambivalente hacia las relaciones sexuales en la adolescencia. En cuanto a la norma subjetiva, se encontró que los adolescentes perciben que la presión social está en contra de las relaciones sexuales a su edad. Con respecto a las creencias de autoeficacia sexual se observó que los adolescentes se perciben a sí mismos como personas medianamente competentes para decidir cuándo, con quién y cómo tener relaciones sexuales.

Intención de tener relaciones sexuales. En general, los resultados mostraron que la intención de los jóvenes de tener relaciones sexuales en la adolescencia es baja.

Análisis de asociación entre variables

En la Tabla 2 se presenta la magnitud de las correlaciones significativas que se encontraron al calcular la correlación de Pearson entre las variables predictoras y la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia.

Los resultados indican que una alta intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia se relaciona, en primer lugar, con una menor exposición a la televisión en compañía de los padres y con una menor selectividad. En segundo lugar, se asocia con una actitud personal más permisiva al igual que con una norma subjetiva más favorable a las relaciones sexuales en la adolescencia.

Análisis explicativos

Con el fin de establecer las variables de la televisión, de las relaciones con los padres y de las cogniciones que son más pertinentes en la predicción de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia, se realizaron análisis de regresión múltiple por pasos sucesivos. Se incluyeron simultáneamente como variables independientes todas las variables que en los análisis de correlación resultaron estar asociadas significativamente con la intención de tener relaciones sexuales.

Este procedimiento permitió establecer un conjunto de variables que explican el 48% de la variabilidad de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia, F(2, 211) = 98,354, p = 0,000; las variables de mayor peso en la explicación de la intención fueron la actitud personal (beta = 0,616) y la norma subjetiva (beta = 0,198).

Para establecer la asociación de la actitud, que es la cognición que tiene mayor peso en la predicción estadística de la intención, con las variables de la televisión y de la relación con los padres se realizaron análisis de correlación y de regresión múltiple. En la Tabla 3 se observa que una actitud personal más favorable hacia las relaciones sexuales en la adolescencia está asociada significativamente con una mayor exposición a programas con contenido romántico, una menor exposición a la televisión en compañía de los padres, con una menor utilidad percibida de la televisión para aprender sobre temas sexuales y con una norma subjetiva más permisiva.

En seguida se hizo un análisis de regresión múltiple por pasos sucesivos en el que se introdujeron como predictoras estas variables que mostraron estar asociadas significativamente con la actitud personal. Se encontró que en conjunto estas variables explican tan solo el 14% de la variabilidad de la actitud personal, F (4, 210) = 9,852, p = 0,000. La variable que mayor peso relativo tiene es la norma subjetiva (beta = 0,262) y le siguen en orden de importancia la exposición a televisión con padres (beta = -0,181), la utilidad percibida (beta = -0,171) y la exposición a pro-gramas con contenido romántico (beta = 0,134).

Discusión

Este estudio pretendió examinar la influencia de la televisión, de la relación con los padres y de las cogniciones de los adolescentes en la intención que tienen los jóvenes de tener relaciones sexuales durante la adolescencia. Teniendo como marco de referencia los planteamientos de la Teoría Social Cognitiva y de la Teoría del Comportamiento Planeado se asumió que la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia está determinada por cogniciones de los adolescentes tales como la actitud personal hacia la actividad sexual a su edad, la norma subjetiva y la autoeficacia sexual. Además se dijo que estas cogniciones se estructuran a través de la interacción con los padres y la televisión en el curso del desarrollo. También se planteó que las cogniciones que tienen más peso en la predicción de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia se pueden predecir a partir de la exposición a la televisión, la relación de los jóvenes con los programas que ven, la comunicación familiar y la supervisión parental.

Los resultados de los análisis estadísticos que se acaban de presentar apoyan la mayor parte de estos planteamientos. En primer lugar, son consistentes con la propuesta de Ajzen y Fishbein (1980) acerca de que la intención de llevar a la acción un comportamiento está determinada, principalmente, por la actitud personal y, en menor medida, por la norma subjetiva o norma social percibida. Armitage, Conner y Norman (1999) aportan elementos para explicar este resultado. Según ellos en los estudios típicos sobre la TAR y la TCP a los individuos se les solicita que completen un cuestionario de autoreporte con un mínimo de distractores. De acuerdo con estos autores esta estrategia metodológica favorece la consistencia en las respuestas en tanto que son el resultado de un proceso de pensamiento deliberativo (no espontáneo), lo cual explica la dominancia de la actitud personal como predictora de la intención.

En este sentido, es posible plantear que los resultados de las investigaciones que son consistentes con los planteamientos de la Teoría del Comportamiento Planeado son producto de un artificio metodológico. Los datos del estudio de García (2005) así lo sugieren. Ella evaluó la norma social preguntando directamente a los padres y madres sobre su actitud hacia las relaciones sexuales y sobre la prevalencia percibida de actividad sexual en las adolescentes. En los análisis no se encontró que la norma social fuera un factor predictor de la intención, aunque sí se encontró una asociación positiva y significativa con ella.

En segundo lugar, los resultados señalan que algunas de las variables relacionadas con la televisión permiten predecir la cognición que tiene más peso en la explicación de la intención: la actitud personal hacia las relaciones sexuales en la adolescencia. Estos resultados son consistente con los planteamientos de la teoría social cognitiva (Bandura, 1986), en el sentido de que la televisión transmite las normas establecidas socialmente sobre los comportamientos sexuales que son aceptados y permisibles. Obviamente, como lo señala Bandura, hay que tener en cuenta que no todas las personas se ven igualmente afectadas por los modelos de comportamientos o normas que observan en la televisión.

En tercer lugar, los hallazgos de este estudio indican que la autoeficacia sexual no es una variable relevante para predecir la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia. Estudios posteriores de seguimiento deberán examinar su influencia en el comportamiento a fin de verificar lo que plantean autores como White, Terry y Hogg (1994) y Conner y Sparks (1996) acerca de que el Control Conductual Percibido y la autoeficacia tienen efectos diferentes en la intención conductual y el comportamiento.

Por último, en este estudio no se obtuvo evidencia contundente que apoye los planteamientos de Bandura (1989) acerca de que el contexto social, particularmente el ambiente del hogar, en el que viven y se desarrollan las personas determina su comportamiento. Los resultados indican que la exposición a la televisión en compañía de los padres se relaciona con una menor intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia y con una actitud menos permisiva. No obstante, contrariamente a lo esperado, esta exposición no se correlaciona con una mayor comunicación sobre los temas de la televisión ni supervisión sobre los programas que ven los jóvenes. Consistentemente, Ramos et al. (2004) encontró que para el grupo de personas menores de 18 años se presenta de manera significativa la acción de ver televisión de manera individual y que este grupo de audiencia comenta muy poco los programas con sus padres.

Conclusiones y recomendaciones

Los resultados de este estudio permiten plantear una serie de consideraciones en cuanto a la función que cumplen la televisión y los padres en el comportamiento sexual de los adolescentes. De acuerdo con la teoría social cognitiva de Bandura (1986), el aprendizaje por observación es uno de los medios que permite a las personas definir las cogniciones que guían sus acciones. Los resultados indican que la televisión juega un papel fundamental en la definición de la actitud personal, que es la cognición que tiene mayor importancia relativa en la predicción de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia.

Estudios previos han señalado que los programas de televisión preferidos por los adolescentes tienen un alto contenido romántico y sexual (por ejemplo, Fox, 2003; Fox, Santos & Vargas-Trujillo, 2004). En este estudio, se encontró que a mayor exposición a programas con contenido romántico, más favorable es la actitud personal hacia las relaciones sexuales en la adolescencia. Evidentemente, el observar los modelos de comportamiento romántico que se muestran en la televisión contribuye a que los adolescentes desarrollen una actitud más favorable frente a las relaciones sexuales a su edad. Esta actitud es la cognición de mayor peso relativo en la predicción de la intención de tener relaciones sexuales a corto plazo. Estas cogniciones, como se mencionó antes, se mantienen en la memoria y la persona las recupera de manera automática cuando se enfrenta a la decisión de tener o no relaciones sexuales.

Adicionalmente, los resultados muestran que aunque la relación con los padres no constituye un determinante próximo de la intención de tener relaciones sexuales en la adolescencia, la exposición a la TV en compañía de los padres sí influye sobre la actitud personal. Estos resultados y los del estudio de García (2005) sugieren la necesidad de continuar explorando el papel de los padres en la formación de las actitudes de sus hijos. Es probable que en asuntos relacionados con la sexualidad, frente a los cuales pocas veces los padres comparten abiertamente su opinión con sus hijos, la norma subjetiva de los adolescentes sea más relevante como predictor de su intención y de su comportamiento. También vale la pena examinar, en estudios posteriores, si la relación que tienen los padres con la televisión incide en las prácticas de consumo televisivo de los jóvenes y, por lo tanto, es un factor que pesa más en la explicación del comportamiento que la comunicación y la supervisión.

Por otro lado, este estudio revela la relevancia de la televisión como agente de socialización. Esto exige a los responsables de la programación un esfuerzo por revisar el contenido de lo que están presentando y de las actitudes que están desarrollando. Deben recordar que la audiencia infantil y juvenil es la más vulnerable a sus efectos y que en esa medida tienen la responsabilidad social de formar nuevas generaciones y de transformar las cogniciones que dificultan tener una vida sexual saludable. En este sentido, Ajzen y Fishbein (2000) sugieren que quienes están interesados en generar cambios actitudinales deben influir sobre las creencias que determinan las actitudes o introducir creencias novedosas. El análisis cualitativo de las afirmaciones que se incluyen en las escalas de medida utilizadas en esta investigación puede ser útil para identificar las creencias que tienen los adolescentes en torno a las relaciones sexuales a su edad (por ejemplo, es inevitable tener relaciones sexuales en la adolescencia, las relaciones sexuales mejoran las relaciones entre novios, la mayoría de los jóvenes de mi edad tienen relaciones sexuales).

Las instituciones educativas también pueden contribuir en este proceso de formación de los adolescentes comentando y discutiendo con los alumnos los programas populares de la televisión, revisando con ellos qué tanto de lo que presentan refleja la realidad de los jóvenes y analizando las creencias que tienen sobre las ventajas de tener relaciones sexuales en la adolescencia (por ejemplo, que son importantes para demostrar masculinidad, que son inherentes a las relaciones de noviazgo y que garantizan la satisfacción con la relación de pareja).

Los padres también pueden ayudar a sus hijos a: a) clarificar las creencias que tienen sobre las relaciones sexuales (por ejemplo, que son importantes para ganar madurez, que un verdadero hombre es el que tiene más parejas sexuales, que las relaciones sexuales son la mejor forma de demostrar amor); b) identificar las consecuencias que tiene una relación sexual (por ejemplo, sentimientos de haber sido utilizada como objeto sexual, temor al embarazo, sensación de pérdida de la libertad personal); c) evaluar el significado de cada una de estas consecuencias para su vida personal (por ejemplo, inseguridad, pérdida de confianza en las relaciones de pareja, deterioro del concepto de sí misma como persona valiosa y digna de respeto).

Los padres y educadores pueden ayudar a los adolescentes a cuestionar lo que ven en televisión y, de esta manera, contribuir a que reflexionen sobre lo que dan por cierto. Con frecuencia los programas televisivos plantean que “la mayoría” de los jóvenes tienen relaciones sexuales y favorecen el que los adolescentes crean que las consecuencias de esta actividad son mínimas o que no tienen consecuencias negativas o amenazantes. Los adultos pueden hacer que los jóvenes pongan en duda estos mensajes compartiendo con ellos la información de diversos estudios que han mostrado que tan solo una tercera parte de los jóvenes tienen relaciones sexuales en la secundaria (Flórez, Vargas-Trujillo, Henao, González, Soto & Kassem, 2004; Vargas-Trujillo & Barrera, 2002, 2003; Vargas-Trujillo, 2004).

Finalmente, es importante recordar lo que señalan Fuertes (1996) y Chapin (2000) acerca de que la falta de consistencia en los mensajes que transmiten la televisión y las distintas instituciones sociales dificulta el desarrollo en la pubertad y la adolescencia, momento en el cual los jóvenes se hallan especialmente preocupados por obtener información sobre las relaciones románticas y sexuales.

Recomendaciones para investigaciones a futuro

Primero, este estudio representa una importante fuente de información sobre los factores que predicen la intención de los adolescentes de tener relaciones sexuales en el corto plazo. Sin embargo, todas las medidas empleadas en este estudio fueron cuestionarios de autoreporte respondidos por los propios adolescentes. Aunque es ampliamente reconocido que los adolescentes son la fuente de información más confiable sobre lo que les pasa, en investigaciones que se adelanten en el futuro puede ser conveniente contar con otros informantes como los padres y los pares. Esto permitirá fortalecer la validez de los datos. Además es urgente diseñar y evaluar nuevas alternativas metodológicas para aproximarse a la medición de los componentes de la Teoría del Comportamiento Planeado.

Segundo, dado que se trata de un estudio con un diseño observacional de corte transversal, se debe tener cuidado en las inferencias de causaefecto que a partir de los datos de este estudio puedan hacerse. La Teoría del Comportamiento Planeado asume que la intención es el mejor predictor de comportamientos que dependen de la voluntad personal. Para verificar empíricamente este planteamiento hacen falta estudios de seguimiento que permitan establecer, por una parte, si efectivamente la intención de tener relaciones sexuales predice el inicio de actividad sexual durante la adolescencia, y por otra parte, si la autoeficacia está más relacionada con el comportamiento que con la intención.

Tercero, otros estudios deberán examinar si tener relaciones sexuales en la adolescencia es un comportamiento que, en esta etapa de la vida, depende de la voluntad personal y si es el resultado de un proceso sistemático de toma de decisiones, como lo proponen tanto Bandura como Ajzen y Fishbein.

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