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Universitas Psychologica

versión impresa ISSN 1657-9267

Univ. Psychol. v.6 n.2 Bogotá may./ago. 2007

 

FACTORES DEL TEST PURPOSE IN LIFE Y RELIGIOSIDAD

 

PURPOSE IN LIFE TEST FACTORS AND RELIGIOSITY

 

JOSÉ FRANCISCO GALLEGO-PÉREZ JOAQUÍN GARCÍA-ALANDETE ESTEBAN PÉREZ-DELGADO

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA, ESPAÑA, Facultad de Psicología y Ciencias de la Salud. Guillem de Castro, 94. 46003-Valencia, España. Correo electrónico: francisco.gallego@ucv.es

 

Recibido: enero 11 de 2007 Revisado: abril 13 de 2007 Aceptado: mayo 24 de 2007

 


ABSTRACT

In this paper, the relationship between religiosity (religious self-definition, Mass attendance and significance of God in life) and the Purpose In Life test (PIL) factors (Crumbaugh & Maholick, 1969) is analyzed, in a sample of 302 subjects. The Hypothesis states that they are positively associated: higher religiosity is associated to higher scores in PIL factors. A Religious Attitudes Questionnaire (CAR) adapted from Elzo (1994) and the PIL are used. Results suggest that the three religious variables exert a significant influence, either on some factor or on the four PIL factors.

Key words: religiosity, purpose in life.

 


RESUMEN

En este trabajo se analizan las relaciones entre la religiosidad (autodefinición religiosa, asistencia a la Eucaristía e importancia de Dios en la propia vida) y los factores del test Purpose in Life (PIL) (Crumbaugh & Maholick, 1969), en un grupo de 302 sujetos, y se plantea como hipótesis una relación significativa: a mayor religiosidad, más altas puntuaciones en los factores del PIL. Los instrumentos de evaluación utilizados son un Cuestionario de actitudes religiosas (CAR), adaptado de Elzo (1994) y el PIL. Los resultados indican que las tres variables religiosas ejercen un influjo significativo, bien de forma parcial sobre alguno o algunos de los cuatro factores, bien sobre la totalidad de éstos.

Palabras clave: religiosidad, sentido de la vida.

 


Según Milanesi y Aletti (1974), la religiosidad se enmarca dentro de la tentativa de “dar un significado” al hombre, al mundo y a la relación entre ambos, de modo que la experiencia religiosa se halla íntimamente vinculada al fenómeno humano de la búsqueda de significado de la realidad, en su sentido más amplio, y, de manera especial, de la existencia personal. Ofrece un horizonte trascendente de sentido desde el cual orientar la propia existencia. Se inserta, con ello, en un proceso de búsqueda global de sentido. Frankl (1994), fundador de la logoterapia, sugería que para poder ayudar a las personas a encontrar el sentido de sus vidas era importante, y en ocasiones de crucial interés, remitirse a sus creencias y convicciones religiosas.

Los resultados de algunas investigaciones parecen ser bastante claros respecto a las relaciones entre religiosidad y bienestar psicológico subjetivo, satisfacción vital y logro de sentido existencial, aspectos vinculados estrechamente entre sí. Así, Hadaway y Roof (1978) hallaron que los sujetos que consideraban importante la religiosidad expresaban un mayor contento existencial y una esperanza más elevada de poder configurar su propia vida, que aquellos que no la apreciaban en absoluto. Diener (1984) concluía, en un trabajo de revisión, que la religión, la fe y el respeto a la tradición se asociaban positivamente al bienestar subjetivo. Asimismo, Witter, Stock, Okun y Haring (1985), en una revisión de 556 estudios, hallaron que 28 de ellos informaban de la correspondencia entre religiosidad y contento existencial, actitud positiva ante la vida y sentimiento de felicidad. En otro estudio de revisión, Cox y Hammonds (1988) hallaron que las actitudes y las conductas religiosas están ligadas a la satisfacción vital y las medidas de bienestar.

Otros estudios apuntan en la misma dirección, hallando relaciones positivas entre religiosidad intrínseca y sentido de la vida (Bolt, 1975; Crandall & Rasmussen, 1975); entre satisfacción vital y asistencia al culto religioso (Hadaway & Roof, 1978; McClure & Loden, 1982); entre autoestima y logro de sentido de la vida en sujetos que experimentaban sentimientos de pertenencia a “comunidades morales”, especialmente religiosas (Johnson & Mullins, 1990); entre religiosidad y sentido de la vida, independientemente de la confesionalidad católica o protestante, en personas mayores (Gerwood, LeBlanc & Piazza, 1998); entre religiosidad, felicidad, sentido de la vida y autorrealización (French & Joseph, 1999); entre misticismo, satisfacción vital y sentido de la vida (Byrd, Lear & Schwenka, 2000); entre satisfacción religiosa/espiritual, metas personales y bienestar subjetivo (Emmons, Cheung & Tehrani, 2001); entre sentimiento subjetivo de felicidad y frecuencia de asistencia a los servicios religiosos, autodefinición religiosa, orientación doctrinal y creencia en que la religión aporta una percepción de logro de sentido que sería la base del bienestar personal (Ferris, 2002); y entre religiosidad y experiencia de emociones positivas llenas de sentido (Frederickson, 2002).

En un trabajo reciente, los autores Gallego-Pérez, García-Alandete y Pérez-Delgado (en prensa) hallaron que la autodefinición religiosa y la asistencia a la Eucaristía no daban lugar a diferencias significativas en el nivel de logro de sentido, mientras que la importancia de Dios en la propia vida sí. En el caso de esta última variable religiosa, los subgrupos que alcanzaron las puntuaciones más altas en el PIL (sin diferencias significativas entre ellos, pero sí con el resto de subgrupos) ocupaban posiciones extremas (muchísima y ninguna importancia de Dios en la propia vida), que suponen actitudes diametralmente opuestas en relación con el objeto de la misma.

Con respecto a lo expuesto más arriba, debe señalarse que los trabajos que han estudiado el vínculo entre el sentido de la vida y otras variables usando el PIL se han centrado en la puntuación total, sin considerar las posibles conexiones de tales variables con los factores de este instrumento. Como es sabido, el análisis factorial permite determinar factores de varianza común a partir de una serie de medidas, y localizar e identificar unidades y propiedades fundamentales. De este modo posibilita lecturas de mayor detalle, más diferenciadas que la puntuación total, y comprobar diferencias en los sujetos o grupos que ésta no permite. El objetivo de este trabajo es, entonces, conocer las relaciones entre la religiosidad y los factores del PIL. Interesa, fundamentalmente, comprobar cómo se matizan los resultados del último trabajo reseñado considerando los factores del test PIL.

Método

Hipótesis

Se plantea que la religiosidad mantiene una relación positiva significativa con los factores del PIL. Concretamente, se sostiene que a mayor religiosidad, mayores puntuaciones en los mismos: mayor captación de motivos y razones para vivir la vida cotidiana; mayor valoración de la vida, en general, que lleva a considerarla como plena de cosas buenas; mayor definición de objetivos vitales y responsabilidad personal; mayor percepción de la libertad frente al destino y mayor capacidad de afrontamiento ante la muerte.

Participantes

El grupo con el que se ha realizado esta investigación está formado por 302 sujetos (99 varones y 203 mujeres), con edades comprendidas entre los 18 y los 70 años (Tabla 1).

Instrumentos de evaluación

Cuestionario de actitudes religiosas (CAR) (adaptado de Elzo, 1994). Consta de dos de los ítems incluidos en la entrevista sociodemográfica utilizada por Elzo (1994) para la realización del informe Jóvenes españoles 94. En concreto, “Soy, me considero...” y “Frecuencia de asistencia a la Eucaristía”, a los cuales se ha añadido el ítem complementario “Importancia de Dios en la propia vida”.

Purpose in Life (PIL) (Crumbaugh & Maholick, 1969). Permite obtener una medida del sentido de la vida versus el vacío existencial desde planteamientos logoterapéuticos (Crumbaugh, 1968; Crumbaugh & Maholick, 1964). Según Guttman (1996), alcanza un alto coeficiente de fiabilidad (0.84), y ha sido baremado para la población española, habiendo sido probada su consistencia interna con un alfa de Cronbach de 0.88 (Noblejas, 1994, 2000). Se ha utilizado la Parte A del PIL, una escala de 20 ítems cuya puntuación se lleva a cabo con base en una escala tipo Lickert (de uno a siete para cada ítem), y se suman los valores numéricos que el sujeto selecciona. Las puntuaciones pueden oscilar entre 20 y 140. Siguiendo a Noblejas (1994, 2000), el análisis factorial del PIL permite distinguir cuatro factores, que explican el 54% de la varianza en el espacio de los valores y el 100% en el factorial. Estos factores son:

“Percepción del sentido”: captación de motivos y razones para vivir la vida y la valoración que ésta, en general, merece; explica el 35.9% de la varianza y está compuesto por los ítems 4, 6, 9, 10, 11, 12, 16, 17 y 20. La puntuación puede oscilar entre 9 y 56.

“Experiencia de sentido”: percepción de la vida propia y la vida cotidiana como plena de cosas buenas; explica el 6.8% de la varianza, e incluye los ítems 1, 2, 5, 9, 17, 19 y 20. La puntuación puede oscilar entre 7 y 49.

“Metas y tareas”: objetivos ligados a acciones concretas en la vida y a la responsabilidad personal percibida hacia los mismos; explica el 5.8% de la varianza, y está integrado por los ítems 3, 7, 8, 13, 17, 19 y 20. La puntuación puede oscilar entre 7 y 49.

“Dialéctica destino/libertad”: tensión entre ambos elementos y afrontamiento de la muerte como acontecimiento incontrolable, impredecible e inevitable; explica el 5.5% de la varianza e incluye los ítems 14, 15 y 18. La puntuación puede oscilar entre 3 y 21.

Procedimiento

Se facilitó a los sujetos un protocolo que contenía ítems relativos a datos biográficos (sexo, edad), religiosos (autodefinición religiosa, asistencia a la Eucaristía e importancia de Dios en la propia vida, entre otros), y el test PIL, cuyo diligenciamiento fue guiado y supervisado por una persona instruida al efecto.

El tiempo promedio para desarrollar el protocolo fue de treinta minutos. Tras ser revisados los protocolos y desechados aquellos que presentaban errores u omisiones, se introdujeron los datos de los considerados válidos en una hoja de cálculo del programa informático SPSS 12.0 para Windows.

Resultados

Autodefinición religiosa y factores del PIL

Percepción del sentido. Todos los subgrupos alcanzan una media propia de un nivel de puntuaciones altas en este factor, si bien la de los muy buenos católicos es considerablemente más alta que la del resto de subgrupos. Así mismo, este subgrupo se destaca porque tanto la mínima como la máxima se encuentran en este mismo nivel de puntuaciones altas, mientras que el resto de subgrupos alcanzan como mínima una puntuación propia del nivel medio en el factor. También debe resaltarse que el subgrupo que sigue en media al de los muy buenos católicos, en segundo lugar, es de los ateos, que, podría decirse, ocupa, en cuanto a religiosidad, un puesto diametralmente opuesto a aquéllos. En relación con la media alcanzada (de mayor a menor) la ordenación jerárquica de los subgrupos es la siguiente: muy buenos católicos, ateos, católicos practicantes, indiferentes, católicos no practicantes, creyentes de otras religiones, católicos no muy practicantes y agnósticos (Tabla 2).

Experiencia de sentido. En este factor se repite el esquema general del anterior. El subgrupo que alcanza la media más alta es el de los muy buenos católicos, y el que alcanza la más baja es el de los agnósticos. Del mismo modo, se destaca que el grupo que alcanza la media más alta, tras los muy buenos católicos, es el subgrupo de ateos. El orden de los subgrupos es, de mayor a menor media, el siguiente: muy buenos católicos, ateos, católicos practicantes, indiferentes, católicos no practicantes, creyentes de otras religiones, católicos no muy practicantes y, finalmente, agnósticos. Este último subgrupo, además, es el que tiene una mínima propia de un nivel de puntuaciones bajas en el factor. El subgrupo de muy buenos católicos tiene una mínima propia de puntuaciones altas en el factor, y el resto de subgrupos mínimas propias de un nivel de puntuaciones medias. Las máximas, en todos los subgrupos, son propias de un nivel de puntuaciones altas en este factor (Tabla 2).

Metas y tareas. También en el caso de este factor se repite, en términos generales, el esquema de los dos anteriores. En relación con las medias alcanzadas, los subgrupos se ordenan del modo siguiente (de mayor a menor media): muy buenos católicos, ateos, indiferentes, católicos no practicantes, católicos practicantes, católicos no muy practicantes, agnósticos y, en último lugar, creyentes de otras religiones. De nuevo, los dos subgrupos con una media mayor son opuestos (y radicales) en cuanto a su postura religiosa: muy buenos católicos y ateos. La mínima más alta (propia de un nivel de puntuaciones altas en el factor) la muestra el subgrupo de muy buenos católicos, mientras que la más baja (propia de un nivel de puntuaciones bajas en el factor) la muestra el subgrupo de católicos no muy practicantes. Las máximas, en todos los subgrupos, son propias de un nivel de puntuaciones altas en este factor (Tabla 2).

Dialéctica destino/libertad. La ordenación jerárquica de los subgrupos, de mayor a menor media, es la siguiente: muy buenos católicos, creyentes de otras religiones, ateos, indiferentes, católicos practicantes, agnósticos, católicos no muy practicantes y, en último lugar, católicos no practicantes. Las máximas de todos los subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones altas en el factor. En cuanto a las mínimas, la del subgrupo de muy buenos católicos es propia de un nivel de puntuaciones altas en este factor; las de los subgrupos de católicos practicantes, indiferentes, ateos y creyentes de otras religiones son propias de un nivel de puntuaciones medias. Se destaca las de los subgrupos de católicos no muy practicantes y no practicantes, así como de los agnósticos, propias de un nivel de puntuaciones bajas en el factor (Tabla 2).

Mientras en los factores “Percepción del sentido” y “Metas y tareas” las diferencias entre los subgrupos no alcanzan la significatividad estadística, sí lo hacen en el caso de los factores “Experiencia de sentido” y “Dialéctica destino/libertad” (Tabla 3). Por otra parte, en los factores “Percepción del sentido”, “Experiencia de sentido” y “Metas y tareas” se obtiene un mismo dato que llama la atención: son los subgrupos extremos, muy buenos católicos y ateos, los que alcanzan las dos medias más altas.

En un análisis post hoc de comparaciones múltiples, se obtienen las diferencias intragrupos en los factores “Experiencia de sentido” y “Dialéctica destino/libertad” que expresa la Tabla 4 (sólo se incluyen las comparaciones estadísticamente significativas).

Experiencia de sentido. El subgrupo de católicos practicantes no mantiene con el resto de subgrupos diferencias estadísticamente significativas. Por otra parte, respecto a las comparaciones que sí resultan representativas, se pueden establecer dos grupos:

1) Uno formado por el subgrupo de muy buenos católicos frente a católicos no muy practicantes y no practicantes, indiferentes, agnósticos y creyentes de otras religiones (sin diferencias entre ellos estadísticamente significativas). En este grupo de comparaciones, la media más alta es la del subgrupo de muy buenos católicos, frente al resto de subgrupos señalados: los muy buenos católicos muestran una mayoría representativa en cuanto a la percepción de la vida como llena de cosas buenas y el sentido de la vida cotidiana que católicos no muy practicantes y no practicantes, indiferentes, agnósticos y creyentes de otras religiones. Resulta representativo que las diferencias entre el subgrupo de muy buenos católicos y el subgrupo de ateos (las dos posturas, podríamos decir, extremas en cuanto a religiosidad en el grupo de sujetos) no alcancen la significatividad estadística: resulta indiferente, en relación con este factor, ser muy buen católico o ser ateo.

2) El segundo, conformado por los subgrupos de católicos no muy practicantes y no practicantes (sin diferencias significativas entre ellos) frente a los muy buenos católicos y ateos (sin diferencias significativas entre ellos, como se ha señalado más arriba). La práctica religiosa baja (no muy practicantes) y nula (no practicantes) sería expresión de una falta de adhesión auténtica al catolicismo, deviniendo éste, en el caso de estos subgrupos, una cuestión meramente sociológica-nominal. Considerarse muy buen católico y ateo supone una postura más personalizada frente a lo religioso. Podría ser el grado de convicción (en términos de adhesión en un caso, y de negación-rechazo en el otro) con/ frente a la religión (en el caso de este grupo, cristianismo católico) lo que explique estas diferencias. En resumidas cuentas, ser muy buen católico y ser ateo suponen una percepción del valor de la vida en general, y de la vida cotidiana en particular, mayor que en el caso de los católicos de práctica baja-nula.

Dialéctica destino/libertad. Considerando las comparaciones estadísticamente significativas, es posible establecer dos grupos:

1) El de los subgrupos de muy buenos católicos y de ateos (sin diferencias significativas entre ellos), frente a los subgrupos de católicos no muy practicantes y no practicantes (así mismo, sin diferencias significativas entre ellos). Teniendo en cuenta las puntuaciones medias alcanzadas en este factor, se puede afirmar que los sujetos que se declaran muy buenos católicos y los que se declaran ateos muestran, frente a los que se declaran católicos con baja-nula práctica religiosa, una mayor percepción de la libertad personal en las elecciones y decisiones de la vida, un mayor control sobre la misma, así como una mayor preparación y un menor temor ante la muerte.

2) El formado por el subgrupo de católicos no practicantes, frente a los muy buenos católicos, católicos practicantes, indiferentes, agnósticos, ateos y creyentes de otras religiones (sin diferencias estadísticamente significativas entre ellos). Los católicos no practicantes, que alcanzan la puntuación media más baja en este factor, muestran, frente al resto de subgrupos (a excepción del de católicos no muy practicantes, con el cual no mantienen diferencias significativas), una menor percepción de la libertad y autodeterminación, con un mayor temor ante la muerte y una menor preparación y capacidad de afrontamiento ante ésta.

Asistencia a la Eucaristía y factores del PIL

Percepción del sentido. La ordenación de subgrupos con base en la media, y en orden descendente, es la siguiente: asistencia a la Eucaristía más de una vez a la semana, en festividades señaladas, nunca/casi nunca, semanal, mensual y, en último lugar, en ocasiones comprometidas. Es necesario destacar que el subgrupo que asiste más de una vez a la semana alcanza una mínima propia de un nivel de puntuaciones altas en el factor, mientras que el resto de subgrupos muestran unas mínimas propias de un nivel de puntuaciones medias. Así mismo, la máxima del subgrupo de asistencia en ocasiones comprometidas es sensiblemente inferior al del resto de subgrupos (Tabla 5).

Experiencia de sentido. En relación con las medias y en orden descendente, los subgrupos se ordenan como sigue: asistencia superior a una vez semanal, semanal, nunca/casi nunca, en festividades señaladas, mensual y, finalmente, en ocasiones comprometidas. De nuevo, debe señalarse que la mínima alcanzada por el subgrupo de asistencia mayor de una vez a la semana es notablemente superior al del resto de subgrupos: aquél se sitúa en un nivel de puntuaciones altas en este factor, mientras que en éstos se ubican las mínimas en un nivel de puntuaciones medias, a excepción del subgrupo de sujetos que nunca/casi nunca asisten a la Eucaristía, que alcanza una mínima propia de un nivel de puntuaciones bajas en el factor. Así mismo, la máxima del subgrupo de asistencia en ocasiones comprometidas es sensiblemente inferior a la del resto de subgrupos (si bien en todos son propias de un nivel de puntuaciones altas) (Tabla 5).

Metas y tareas. El orden de los diferentes subgrupos, en relación con sus medias, es el siguiente, de mayor a menor: asistencia superior a una vez semanal, en festividades señaladas, nunca/casi nunca, semanal, mensual y, finalmente, en ocasiones comprometidas. En cuanto a las mínimas, la del subgrupo de asistencia mayor de una vez a la semana se sitúa en un nivel de puntuaciones altas en el factor (notablemente por encima de las del resto de subgrupos); la del subgrupo de asistencia semanal se sitúa en un nivel de puntuaciones bajas, y las del resto de subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones medias. En cuanto a las máximas, las de todos los subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones altas en este factor (Tabla 5).

Dialéctica destino/libertad. Los subgrupos se ordenan, en función de las puntuaciones medias alcanzadas en orden descendente, de la siguiente manera: asistencia mensual, semanal, nunca/casi nunca, más de una vez a la semana, en festividades señaladas y, en último lugar, en ocasiones comprometidas. Las máximas de todos los subgrupos se sitúan en un nivel de puntuaciones altas en este factor. En relación con las mínimas, destacan los subgrupos de sujetos que asisten a la Eucaristía en festividades señaladas y de sujetos que nunca/casi nunca asisten, ya que son propias de un nivel de puntuaciones bajas en el factor, mientras que las del resto de subgrupos se sitúan en un nivel de puntuaciones medias (Tabla 5).

Las diferencias entre los subgrupos son estadísticamente significativas en el factor “Dialéctica destino/libertad” (Tabla 6). Esto es, la asistencia a la Eucaristía (mayor, menor o nula frecuencia) no ejerce un influjo significativo en la captación de motivos y razones para vivir y valorar la vida. Tampoco en la percepción de la misma, en su cotidianidad, como llena de cosas buenas, ni en los objetivos y sentido personal de responsabilidad hacia los mismos. Sí ejerce un influjo considerable en relación con la percepción/vivencia de tensión entre el destino y la libertad, entre la predeterminación y la autodeterminación personal, y en el afrontamiento personal de la muerte como acontecimiento imprevisible, inevitable e incontrolable (preparación y miedo ante la muerte).

Las diferencias intragrupos en el factor “Dialéctica destino/libertad” se muestran en la Tabla 7 (sólo se incluyen las comparaciones en las que las diferencias alcanzan la significatividad estadística).

Entre quienes asisten más de una vez a la semana y el resto de subgrupos no hay diferencias estadísticamente significativas (esta frecuencia de asistencia, la más alta de todos los subgrupos, no es representativa en comparación con el resto de frecuencias, no es importante, en relación con este factor). Las diferencias considerables se dan entre los subgrupos de asistencia en festividades y en ocasiones comprometidas (sin que entre ellas existan diferencias estadísticamente significativas) y entre los subgrupos de asistencia semanal, mensual y nunca/casi nunca (sin que tampoco entre éstas las diferencias alcancen representatividad). Estos últimos subgrupos alcanzan una puntuación media superior a los primeros en el factor “Dialéctica destino/libertad”, con lo que los sujetos que asisten a la Eucaristía una vez a la semana, una vez al mes y los que no asisten nunca/casi nunca consideran: 1) que son libres para tomar sus decisiones y elecciones vitales (éstas no están determinadas por la herencia y el ambiente); 2) que están preparados y no temen a la muerte; y, 3) que sus vidas están bajo su control personal más que sometidas a factores externos, en mayor medida y de manera considerable con relación a los sujetos que asisten a la Eucaristía tan sólo en festividades señaladas y en ocasiones comprometidas.

Importancia de Dios en la propia vida y factores del PIL

Percepción del sentido. El subgrupo que alcanza la media más alta es el de muchísima importancia, seguido en orden descendente por los de ninguna, alguna, poca, bastante y, en último lugar, mucha. En cuanto a las mínimas, los subgrupos de ninguna, bastante y mucha importancia se sitúan en un nivel de puntuaciones bajas en el factor. Los subgrupos de alguna y poca importancia se sitúan en un nivel de puntuaciones medias; y los subgrupos de mucha y muchísima importancia se sitúan en un nivel de puntuaciones altas. Con respecto a las máximas, todos los subgrupos se sitúan en un nivel de puntuaciones altas en este factor. No deja de ser llamativo, al realizar comparaciones intra-grupos, que los dos subgrupos de importancia extrema se sitúen con las medias más altas (Tabla 8).

Experiencia de sentido. El subgrupo que alcanza la media más alta es el de los sujetos que conceden muchísima importancia a Dios en sus vidas, seguidos en orden descendente por los que conceden ninguna, poca, alguna, bastante y, finalmente, mucha. En cuanto a las mínimas, los subgrupos de poca y bastante importancia se sitúan en un nivel de puntuaciones bajas en el factor. Los subgrupos de ninguna, alguna y mucha importancia se ubican en un nivel de puntuaciones medias, y el subgrupo de muchísima importancia en un nivel de puntuaciones altas. Con relación a las máximas, las de todos los subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones altas. Al igual que en el caso del factor anterior, no deja de ser curioso que los dos subgrupos de importancia extrema (ninguna y muchísima) alcancen las dos medias más altas (Tabla 8).

Metas y tareas. El subgrupo que en este factor alcanza la puntuación media superior es el de muchísima importancia, seguido en orden descendente por los de ninguna, bastante, alguna, poca y, en último lugar, mucha. En cuanto a las mínimas, las de los subgrupos de ninguna, alguna, poca y bastante importancia son propias de un nivel de puntuaciones medias; la del subgrupo de mucha importancia es propia de un nivel de puntuaciones bajas, y la del subgrupo de muchísima importancia es propia de un nivel de puntuaciones altas. Las máximas de todos los subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones altas (Tabla 8).

Dialéctica destino/libertad. La puntuación media más alta es la del subgrupo de sujetos que conceden muchísima importancia a Dios en sus vidas, seguidos en orden descendente por los que le conceden ninguna, alguna, mucha, bastante y, en último lugar, poca. En cuanto a las mínimas, son propias de un nivel de puntuaciones bajas en el factor, a excepción de la del subgrupo de muchísima importancia, que se sitúa en un nivel de puntuaciones medias. En relación con las máximas, las de todos los subgrupos se encuentran en un nivel de puntuaciones altas (Tabla 8).

En los cuatro factores, las puntuaciones medias de los subgrupos son propias de un nivel de puntuaciones altas, con las siguientes excepciones:

a) En el factor “Experiencia de sentido”, el subgrupo de mucha importancia alcanza una media propia de un nivel de puntuaciones medias.

b) En el factor “Dialéctica destino/libertad”, el subgrupo de ninguna importancia alcanza una media propia de un nivel de puntuaciones bajas/medias.

c) En el factor “Dialéctica destino/libertad”, el subgrupo de muchísima importancia alcanza una media propia de un nivel de puntuaciones altas.

Al hacer uso de un análisis que revele el sentido de las diferencias intragrupos, resulta en principio interesante que en los cuatro factores los subgrupos que alcanzan las medias más altas son los que se sitúan en posiciones extremas con respecto al contenido de esta variable religiosa: ninguna y muchísima importancia de Dios en la propia vida.

Las diferencias intergrupos resultan representativas para los cuatro factores: en términos generales, conceder mayor o menor importancia a Dios en la propia vida no es indiferente en relación con la percepción y experiencia de sentido, las metas y tareas cotidianas y la dialéctica destino/libertad (Tabla 9).

Un análisis post hoc de comparaciones múltiples muestra el sentido de las diferencias intragrupos (Tabla 10) (sólo se incluyen las comparaciones estadísticamente significativas).

Percepción del sentido. Se pueden establecer dos grupos de comparaciones:

1) El subgrupo de muchísima importancia frente al resto de subgrupos. Teniendo en cuenta las medias, significa esto que conceder muchísima importancia a Dios en la propia vida, frente a concederle mucha, bastante, poca, alguna o ninguna, implica una mayor captación de razones y motivos para vivir la vida y la valoración positiva de la misma.

2) El subgrupo de ninguna importancia frente a los subgrupos de bastante y mucha importancia (sin diferencias significativas entre ambos). Esto implica que los sujetos que no conceden a Dios ninguna importancia en sus vidas perciben motivos y razones para vivir y valorar la vida en mayor medida que los sujetos que conceden a Dios bastante o mucha importancia en sus vidas.

Por otra parte, entre conceder ninguna, alguna o poca importancia a Dios en la propia vida no hay diferencias significativas respecto a la percepción de razones para vivir la vida y valorarla, como tampoco las hay entre conceder alguna, poca o bastante importancia.

Experiencia de sentido. En este factor se pueden distinguir dos grupos de comparaciones.

1) El primero es el subgrupo que atribuye muchísima importancia a Dios en su propia vida frente al resto de subgrupos. La actitud de estos sujetos se relaciona significativamente con una mayor percepción de la vida como plena de cosas buenas, así como con atribuir valor y sentido a la vida cotidiana, por encima de quienes le conceden mucha, bastante, poca, alguna y ninguna importancia.

2) En segundo lugar se encuentra el subgrupo que no atribuye ninguna importancia a Dios en la propia vida frente al de mucha importancia: los sujetos del primer subgrupo perciben la vida como plena de cosas buenas y otorgan valor a la cotidianidad, en mayor medida, de manera significativa, que los sujetos del segundo.

Además, no se dan diferencias estadísticamente representativas entre los subgrupos de ninguna, alguna, poca y bastante importancia, por una parte, y tampoco entre los subgrupos de alguna, poca, bastante y mucha, por otra.

Metas y tareas. En este factor son dos, también, los grupos de comparaciones que pueden distinguirse:

1) El subgrupo de sujetos que conceden a Dios muchísima importancia en sus vidas frente al resto de subgrupos. Esto es, los sujetos que conceden a Dios la máxima importancia tienen metas más definidas, mayor percepción de alcanzar las mismas, más altas expectativas de logro futuro y se consideran más capaces de encontrar el sentido de la propia vida que los sujetos que conceden a Dios en sus vidas ninguna, alguna, poca, bastante y mucha importancia.

2) El formado por los subgrupos que conceden ninguna y bastante importancia a Dios en la propia vida (sin diferencias significativas entre ambos) frente al subgrupo de mucha importancia. Los primeros se caracterizan por una definición más alta de metas vitales y una percepción de logro de las mismas, así como por una mayor capacidad de encontrar sentido que los segundos.

Por otra parte, entre los subgrupos de ninguna, alguna, poca y bastante importancia de Dios en la propia vida, las diferencias no alcanzan significatividad estadística: la puntuación media en este factor no se ve alterada por pertenecer a uno u otro de estos subgrupos.

Dialéctica destino/libertad. En este factor se distinguen, nuevamente, dos grupos de comparaciones, en función de la significatividad/no significatividad estadística de las diferencias entre los distintos subgrupos:

1) El subgrupo que concede muchísima importancia a Dios en la propia vida, frente al resto de subgrupos. Los sujetos del primero perciben y experimentan que la vida está bajo su propio control, que el hombre es libre y tiene capacidad autodeterminativa en mayor medida que el resto de sujetos, y también cuentan con una mayor capacidad de afrontamiento y un menor temor ante la muerte.

2) Formado por el subgrupo de ninguna importancia de Dios en la propia vida frente a los subgrupos de poca, bastante y mucha importancia (sin diferencias significativas entre ellos). Los sujetos del primero se caracterizan, frente a los de los otros, por una mayor percepción de la libertad y autodeterminación, por un menor temor ante la muerte y una mayor capacidad de afrontamiento ante la misma.

Entre los subgrupos de ninguna y alguna importancia de Dios en la propia vida las diferencias no alcanzan la significatividad estadística: estar en un subgrupo o en el otro no supone diferencias considerables en cuanto a lo que evalúa este factor.

En resumidas cuentas, la importancia que se concede a Dios en la propia vida ejerce un influjo significativo sobre los cuatro factores del PIL: que sea mayor o menor se refleja en los mismos de modo representativamente diferente.

Discusión y conclusiones

Los resultados obtenidos muestran que las tres variables religiosas consideradas ejercen un influjo significativo, bien de forma parcial sobre alguno o algunos de los cuatro factores (es el caso de la autodefinición religiosa y de la asistencia a la Eucaristía), bien sobre la totalidad de éstos (como ocurre con la importancia de Dios en la propia vida).

La autodefinición religiosa supone diferencias significativas en los factores “Experiencia de sentido” y “Dialéctica destino/libertad”. Los dos subgrupos extremos en esta variable son los muy buenos católicos (máximo nivel de creencia “confesional”) y los ateos (máximo nivel de increencia), que alcanzan las puntuaciones más altas, sin diferencias significativas entre ambos. Ser muy buen católico y ser ateo implica, de manera representativa, una mayor percepción de la vida como llena de cosas buenas y una valoración de la misma más positiva, una mayor percepción de la libertad personal en las elecciones y decisiones vitales, un mayor control personal sobre la propia vida, autodeterminación (libertad) y no predeterminación (destino), así como una mayor preparación, mayor capacidad de afrontamiento y menor temor ante la muerte. Por otra parte, en el conjunto de los sujetos que se declaran católicos, el grado de práctica parece ser indicativo de la fuerza de las convicciones religiosas, ya que hay diferencias significativas entre muy buenos católicos y católicos no muy practicantes/no practicantes. Tanto los ateos como los católicos más comprometidos se caracterizan por una postura más radical, por una posición personal más firme e interiorizada que el resto de subgrupos. En definitiva, por una mayor convicción (de nuevo, en términos de firmeza y arraigo de las propias ideas, y no en términos de una estricta creencia religiosa positiva) en la postura personal frente a Dios y la religión. Los católicos con nula/baja práctica son católicos de simple denominación y de baja convicción, respectivamente. De la misma manera, ser indiferente o ser agnóstico supone una postura más “fría”, distante o indiferente frente a la cuestión de Dios y la religión que en el caso de los decididamente ateos. Esto quiere decir que son los dos subgrupos de “convicciones” extremas frente a lo religioso los que muestran una mayor puntuación considerable en estos factores del PIL. Entonces, la “fuerza” de las convicciones personales tendría un peso mayor que el carácter teísta o ateo.

La asistencia a la Eucaristía supone diferencias significativas en el factor “Dialéctica destino/libertad”: los sujetos que asisten a la Eucaristía con una regularidad semanal o mensual y los que no asisten nunca o casi nunca se caracterizan por una mayor percepción de control sobre la propia vida, un sentimiento más alto de autodeterminación en sus elecciones y decisiones vitales, un menor temor ante la muerte y una mayor posibilidad de afrontamiento ante la misma que los sujetos que declaran asistir sólo en fiestas importantes o ante problemas. Dado que el hecho de asistir más de una vez a la semana no resulta considerable. puede afirmarse que es el grado de convicción (expresada en la asistencia a la Eucaristía: asistencia nula, de convicción atea; asistencia semanal y mensual, de convicción teísta) lo que muestra tener un peso mayor en este factor.

La importancia de Dios en la propia vida da lugar a diferencias importantes en los cuatro factores. En términos generales y en aras de la síntesis, en los cuatro factores la mayor puntuación es alcanzada por los sujetos que conceden a Dios muchísima importancia en sus vidas, seguidos de los que no le conceden ninguna. Estos dos subgrupos ocupan los extremos de esta variable religiosa y expresan las posturas más radicales ante su objeto.

Frente al resto de sujetos, los que conceden a Dios muchísima y ninguna importancia (en primer lugar y segundo lugar, jerárquicamente) son los que muestran: 1) una mayor captación de las razones y los motivos por los que la vida merece la pena ser vivida; 2) una mayor percepción de la vida como llena de cosas buenas por las que vale la pena vivirla. Así mismo, conceden un valor mayor a la vida cotidiana; 3) una mayor definición de metas y objetivos vitales, unas expectativas de logro de las mismas más altas, y una mayor eficacia autopercibida para encontrar el sentido de la vida; y, 4) una mayor percepción de control sobre ésta, una mayor capacidad de autodeterminación (libertad) y una menor percepción de predeterminación (destino), así como un menor temor ante la muerte y una más alta capacidad de afrontamiento ante la misma.

Considerando lo dicho, la variable religiosa que muestra un mayor influjo sobre los factores del PIL es la importancia que se concede a Dios en la propia vida, superior a la de la autodefinición religiosa y la asistencia a la Eucaristía. La primera tiene un carácter no necesariamente confesional, a diferencia de las segundas. Por otra parte, parece ser el grado o firmeza de las posturas personales (expresadas en los extremos de las variables religiosas) ante Dios y la religión lo que se asocia a las diferencias significativas, más que el hecho de ser creyente o no creyente, teísta o ateísta. Esta variable religiosa (que, se insiste, no tiene, al menos necesariamente, un sentido confesional: Dios sin Iglesia, Dios sin institución, Dios sin religión) ha revelado ser potentemente discriminante en los cuatro factores del test PIL. Los resultados obtenidos pueden interpretarse en términos de firmeza de las convicciones personales (teísta y ateísta) frente a Dios y su lugar en la existencia personal: una postura personal más radical vendría a ser una postura más personalizada, más interiorizada, de mayor convicción personal.

Merece también un subrayado final el hecho de que la autodefinición religiosa y la asistencia a la Eucaristía se asocien a diferencias significativas en ciertos factores del test de logro de sentido1 , de la misma manera que lo hace la importancia concedida a Dios en la propia vida: son los subgrupos extremos (o inmediatamente próximos a uno de los extremos) los que alcanzan las puntuaciones medias más altas (muy buenos católicos y ateos, asistencia mensual-semanal a la Eucaristía). De nuevo, se sugiere que la fuerza de las convicciones religiosas, tanto “teísta” como “ateísta”, es el elemento clave por el que se dan las diferencias entre los subgrupos.

Con base en los resultados obtenidos, la hipótesis que se plantea en este trabajo se ha visto confirmada en parte y con matices. En parte porque, si bien la religiosidad se halla positiva y significativamente asociada a superiores puntuaciones en los factores del PIL, no lo es en las tres variables consideradas. Con matices dado que, al contrario de lo esperado, la posición extrema de irreligiosidad también se relaciona positiva y considerablemente con puntuaciones superiores en los factores del PIL. Por ello, se impone seguir investigando sobre las relaciones entre religiosidad y sentido de la vida, relaciones en las que las convicciones en relación con la religiosidad personal (teístas, creyentes, practicantes vs. ateas, no creyentes, no practicantes) se muestran complejas.

 


1 Variables religiosas a las que se puede otorgar un carácter “confesional”: posicionamiento con respecto a la catolicidad, a lo que remite de manera directa la variable autodefinición religiosa; asistencia a un acto litúrgico cristiano, etc.

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