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Universitas Psychologica

versão impressa ISSN 1657-9267

Univ. Psychol. v.6 n.3 Bogotá set./dez. 2007

 

SIGNIFICADO DE LA VIOLENCIA EN NIÑOS DE 6 A 12 AÑOS DE UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA PERTENECIENTE AL SECTOR OFICIAL

 

MEANING OF VIOLENCE IN 6 TO 12-YEAR-OLDS FROM A STATE EDUCATIONAL FACILITY

 

LAURA ELVIRA PIEDRAHITA S.*, DIEGO ANDRÉS MARTÍNEZ, EDNA LUCÍA VINAZCO* *

UNIVERSIDAD DEL VALLE, CALI, Docente Área Salud Mental y Psiquiatría, Escuela de Enfermería, Facultad de Salud. Universidad del Valle, Cali, Colombia. Correo electrónico: lauraeps@univalle.edu.co

** Estudiante de Enfermería, Universidad del Valle.

Recibido: diciembre 1 de 2006 Revisado: junio 24 de 2007 Aceptado: septiembre 25 de 2007

 


ABSTRACT

The goal of this descriptive - exploratory study was to describe the meaning of violence for school-aged children and preadolescents in a public school. The sample was comprised of 60 children, 6 to 12 years old. The findings showed children attach meaning to violence according to their developmental stage. Common aspects related to violence were found among the children, such as: low socioeconomic status, history of family violence, and split families. These findings should be considered when taking actions to prevent violence by working on risk factors and developing individual and group strategies for children, families and teachers.

Key words authors: violence meaning, school-aged children, preadolescents, social violence, everyday violence.

Key words plus: domestic violence, children and violence, child preschool.

 


RESUMEN

Esta investigación, de tipo descriptivo-exploratorio, tuvo como objetivo describir el significado que sobre la violencia tienen los escolares y preadolescentes de una institución educativa del sector oficial. La muestra estuvo conformada por 60 niños, con edades entre los 6 y 12 años. Los resultados arrojaron que existen variaciones con respecto al significado que sobre la violencia tienen los menores, dependiendo de la etapa de desarrollo en la cual se encuentran. Se identificaron aspectos comunes relacionados con el significado de la violencia en los escolares y adolescentes, como son el nivel socioeconómico, la exposición a la violencia intrafamiliar y la presencia de familias separadas, lo cual es un importante referente para encaminar esfuerzos tendientes a su prevención, actuando sobre los factores de riesgo, y generando medidas desde el trabajo individual y familiar, así como promoviendo el trabajo con profesores.

Palabras clave autores: significado de la violencia, niños escolares y preadolescentes, violencia cotidiana, violencia social.

Palabras clave descriptores: niños y violencia, preescolar, violencia doméstica.

 


La violencia es un fenómeno que día a día se está incrementando en nuestra sociedad, en diferentes ámbitos, ya sea dentro o fuera del contexto familiar, y principalmente en el colegio, que era considerado como templo de los principios y valores del ser humano. La actual institución educativa se encuentra influenciada por esta situación y, hasta el momento, no se ha encontrado una solución satisfactoria.

En las investigaciones realizadas sobre el tema (por ejemplo, Alcaldía de Santiago de Cali, 2004), se ha encontrado que los menores son las personas que resultan más afectadas en este proceso de transformación que ha tenido la sociedad; la mayoría de los trabajos realizados buscan dar solución a esta problemática, analizando la influencia del fenómeno en dicha población. Es necesario partir del conocimiento de la forma en que los infantes significan la violencia, ya que ésta es comprendida por cada persona de manera diferente; es decir, se intenta estudiar la forma en que los niños se refieren a ideas relacionadas con el tema y al modo en que lo interpretan.

Las manifestaciones de la violencia son diversas y tienen múltiples causas. Henao (2005) describe dos modalidades de la violencia cotidiana: la que es fruto de la actividad del crimen organizado y la denominada violencia común, dentro de la cual se encuentran la violencia verbal, la violencia física sin arma y con arma, el homicidio, el suicidio, la violencia domestica o intrafamiliar (VIF) y la violencia sexual.

Algunos autores expresan que los comportamientos violentos tienen su origen en la niñez, en el seno de la familia. Es en esta etapa que inicia el proceso de socialización, el cual determina una modificación en los modos de actuar de los niños; cuando éstos no se modifican y están asociados a factores de riesgo (individuales y familiares), se incrementa el riesgo de que los niños y los adolescentes se tornen agresivos.

Klevens (2000) encontró que factores individuales, como problemas de tipo cognitivo y rasgos de personalidad, aunados a procesos de socialización y factores culturales, hacen que emerjan problemas de comportamiento agresivo en los niños. En investigaciones realizadas acerca de factores familiares, se han identificado algunas características que pueden predisponer al desarrollo de comportamientos violentos en niños y adolescentes. Henao (2005) destaca el nivel socioeconómico, los estilos y prácticas de crianza, la exposición a la violencia familiar, las familias disfuncionales y el conflicto entre los padres.

En un estudio realizado en Cambridge se hizo seguimiento a 227 niños entre las edades de 5 a 9 años, hasta cumplir la edad de 40. Se revisaron los expedientes y se descubrió que quienes habían cometido actos delictivos eran precisamente los que en su infancia habían sido maltratados, no habían sido supervisados y carecían de afecto por parte de sus padres. Acerca de la violencia que se ejerce sobre los niños, se puede decir que desde 1961 existe la expresión abuso infantil, para incluir en ella cualquier problema que resulte de una falta de cuidado de los padres o personas a cargo del menor. Aquí caben los conceptos de maltrato físico, maltrato emocional, falta de alimentación y cuidado médico. Llorente, Chaux y Salas (2005) constataron que el maltrato físico vivido durante la primera infancia se considera un factor fuertemente asociado con el desarrollo de comportamientos agresivos y delictivos.

Según la teoría de Erik Erikson (1959), en la que destaca el rol que ejercen la sociedad y la cultura en el desarrollo de la personalidad, una atención negligente por parte de los padres en los primeros años puede llevar a que el niño desarrolle un sentimiento de desconfianza e interprete los estímulos como hostiles. De aquí que reaccione de manera impulsiva y muchas veces agresiva. Paralela a esta teoría, está la de Jean Piaget, según la cual también influyen algunos factores como (Charles & Scheier, 1997; Piaget, 1969):

a) Los factores biológicos ligados a la maduración del sistema nervioso.

b) Los factores sociales ligados a la interacción con el medio en el cual se encuentra inmerso.

c) Los factores educativos y culturales que varían de una sociedad a otra.

d) El equilibrio, en el sentido de autorregulación, es decir, el paso de un estado de menor a uno de mayor equilibrio.

Conocer el significado que dan los escolares y preadolescentes a la violencia, partiendo de las diferencias en su desarrollo cognitivo, es de singular importancia para la prevención de este fenómeno, ya que a partir de tal conocimiento se puede realizar una intervención más eficaz. Esta investigación buscó identificar características particulares de una población infantil sociodemográficamente expuesta al fenómeno de la violencia, y asociarlas con los diferentes significados que de ella tienen los menores, con la intención de determinar las diferencias entre ambos grupos poblacionales teniendo en cuenta su desarrollo cognoscitivo.

Método

La presente investigación es de tipo descriptivoexploratorio e integra el diseño cuantitativo y cualitativo. Se trata, entonces, de lo que se denomina investigación multimetódica (o de métodos combinados). De aquí que se tomaron datos cuantitativos obtenidos de la muestra del estudio, además de experiencias, conductas y características especificas de las manifestaciones de la violencia percibidas por los niños, que eran muy difíciles de expresar a través de indicadores numéricos. Este tipo de investigación es adecuado cuando se descubre que un fenómeno poco estudiado, debido por ejemplo a la escasa información al respecto que se encuentra en la literatura revisada, amerita mayor atención.atención. Así mismo, la integración de datos cualitativos y cuantitativos resulta útil para ilustrar y esclarecer resultados importantes derivados del análisis estadístico de los mismos (Polit & Hungler, 2000).

La población del estudio estuvo conformada por la totalidad de los estudiantes matriculados en una institución educativa oficial de Cali, en el periodo agosto-diciembre de 2005, de los cuales se seleccionó una muestra de 60 niños pertenecientes a la Comuna 20 de esta ciudad, debido a sus particulares características sociodemográficas, por las cuales resultaba propicia para llevar a cabo la investigación.

Inicialmente, se presentó el proyecto a las directivas de la institución educativa para su revisión y aprobación. Se diseñaron dos instrumentos, dirigidos a escolares entre 6 y 8 años y preadolescentes entre 10 y 12 años, respectivamente. Se recogió información sobre variables que pueden incidir y relacionarse con la presencia de la violencia, como datos socio-demográficos y epidemiológicos: nombre, edad, sexo, curso, etnia, barrio, tipo de familia y ocupación de los padres, e información sobre hábitos familiares. En esta parte se identificaban los factores de riesgo a los cuales estaban expuestos los niños: consumo de alcohol, consumo de sustancias psicoactivas, consumo de cigarrillo, entre otros. Así mismo, se indagó sobre el significado que otorgaban los niños a conductas como la agresión verbal, la agresión física, los homicidios y la violencia sexual, y con respecto a las manifestaciones de la violencia percibidas por los menores: violencia intrafamiliar y violencia social.

En cuanto a los aspectos éticos, se realizó una reunión con los padres de familia para explicarles los objetivos del estudio y, posteriormente, se procedió con los niños a diligenciar el formato de recolección de la información, previa aplicación del formato de consentimiento informado dirigido a los padres de familia, o persona responsable del menor, el cual contaba además con el asentimiento del niño.

Resultados

De los 60 niños con los cuales se realizó el estudio el 50% corresponde a escolares con un rango de edad entre 6 y 8 años, y el 50% restante corresponde a adolescentes entre 10 y 12 años.

Datos sociodemográficos

Con respecto al género, en el grupo entre 6 y 8 años había un 36.7% de niños y un 63.3% de niñas. En los adolescentes entre 10 y 12 años se encontró que el 33 % pertenecían al sexo masculino y el 66.7% al sexo femenino. Con respecto al grado escolar, un 10% se encuentran grado primero, el 3.3% en grado segundo, el 36.7% en grado tercero, el 16.7% en grado cuarto y el 33.3% en grado quinto. En lo referente a la raza, 56.7% son blancos, seguidos por un 38% de indígenas, y, por último, un 13.3% de raza negra. En cuanto al estrato socioeconómico, el 86.7% pertenecen al estrato uno, el 11.7% al estrato dos, y el 1.7% corresponde a un niño que vive en estrato cinco.

Sobre el tipo de familia, se halló que el 46.7% tienen una familia extensa, el 45% una familia nuclear y el 8.3% una familia extensa modificada, en la cual aparece un miembro ajeno al núcleo familiar. Con respecto al número de hermanos, el 33.3% tienen uno, el 26.7% dos, el 25% tres, el 6.7% son hijos únicos, un 3.3% tienen cuatro o cinco hermanos, y el 1.7% siete hermanos.

En lo relativo a la ocupación, el 78.3% de los padres trabajan, un 11.7% no desempeñan actividad laboral y el 10% restante corresponde a los niños que no tienen papá. Los padres que trabajan se dedican a actividades como: vendedores (26.7%), conductores (13.3 %), obreros (11.7%), vigilantes (6.7%), cuidan vehículos (5%) y otras actividades (15%).

De las madres, un 50% trabajan y el 50% restante no desempeñan actividad laboral. De las madres que trabajan, el 15% son vendedoras, un 13.3% son aseadoras, un 5% se desempeñan como niñeras, y el 16.7% se dedican a otras actividades. Los anteriores resultados están ligados al nivel educativo alcanzado por los padres, que no les permite tener una forma más rentable de suplir las necesidades vitales. Así mismo, las ocupaciones que tienen los padres corresponden en un alto porcentaje a trabajos que no proporcionan una estabilidad económica, debido a que son temporales, y esto repercute en la calidad de vida de estas familias.

Se identificaron los siguientes factores de riesgo a los que están expuestos los escolares y adolescentes: un 35% de los niños viven con fumadores en sus casas; y el 53.3% conviven con personas que consumen licor. En el 38.3% de los casos son los padres los que consumen bebidas alcohólicas, en el 10% son otras personas, en el 1.7% sus hermanos, y en el 3.3% todas las personas de su hogar. El consumo de licor es un factor de riesgo ya que exacerba las situaciones de violencia doméstica o intrafamiliar a las que estas familias se pueden ver expuestas (ver Figura 1).

Por otra parte, la totalidad de los niños niegan la presencia de una persona consumidora de sustancias psicoactivas en su hogar, situación que llama la atención debido a las características propias de la comuna en la que estas familias encuentran.

Violencia común

Relacionado con este aspecto, se encontró que de los escolares, el 66.7% manifiestan no estar expuestos a la agresión verbal, mientras el 33.3% respondió afirmativamente a esta cuestión. El 50% expresó que en sus hogares se presentan casos de agresión física, y el 50% restante niega este tipo de comportamiento. Al indagar con respecto a si alguien de la familia sentía miedo de otra persona, un 86.7% respondieron que no, y el 13.3% respondieron que sí. Al interrogar por casos de acoso sexual en el hogar, el 100% respondieron que no habían sufrido dicha situación. Con relación al abuso sexual, el 96.7% respondieron que no; el 3.3%, correspondiente a un niño, respondió que sí había vivido un acto de abuso sexual.

Sobre la opinión que los escolares tienen con relación a la violencia común, las respuestas encontradas fueron: “No me gusta que mis papas peleen”; “cuando me pegan siento tristeza”; “siento que no me quieren cuando me pegan”; “es una casa violenta”; “está mal hecho, no me gusta que mi papá le pegue a mi mamá”; “las mamás deben darle apoyo y cariño a los hijos”. Se puede observar cómo algunos niños en esta etapa del desarrollo responden de una forma egocéntrica, mientras que otros no sólo piensan en lo que sucede con ellos mismos, sino en lo que hay a su alrededor y puede afectar a otras personas

En los preadolescentes, un 63.3% responden que no hay agresión física en su hogar y el 36.7% afirman que sí la hay. Sin embargo, la agresión verbal está dividida: el 50% refieren que tal situación se presenta en sus hogares, y la otra mitad lo niegan. Al preguntar si en la casa alguien le tenía miedo a otra persona, el 23.3% respondieron que sí. Finalmente, el 100% de los adolescentes respondieron negativamente a los interrogantes sobre acoso y abuso sexual en el hogar.

Algunas de las opiniones que los preadolescentes tienen con relación a la violencia intrafamiliar son: “Está mal, pues son una familia”; “la mayoría de la gente que hace eso son los padrastros”; “los familiares deben encargarse de llevar a la persona violenta a un médico”; “las familias se deben querer y no volver a pelear”; “me dan ganas de decirles que no hagan eso, que ahí estoy yo y eso es lo que puedo aprender”. Al analizar las respuestas se observa que los preadolescentes ven la violencia intrafamiliar como un comportamiento característico de los adultos. Llama la atención cómo en una de las respuestas se interpreta el comportamiento violento como una enfermedad que necesita tratamiento médico. Así mismo, hay preocupación por que los niños están conscientes de que pueden reproducir las conductas violentas que ven en su familia.

Con respecto a la agresión verbal en el juego, el 100% de los escolares negaron su presencia. Se encontró que el 60% responden que no hay agresión física en los juegos, y el 40% aceptan este tipo de comportamiento. La mayoría de los niños de esta edad no consideran la agresión física como un juego, sino como algo que no se debe hacer. Este resultado se refleja en la pregunta siguiente referida a si las peleas hacían parte de sus juegos, y a la que sólo un 6.7% respondieron que sí.

Al analizar las respuestas acerca de la agresión física en la escuela, se observa que el 63.3% aceptan su presencia, y el 36.7% la niegan.

Con respecto a si habían presenciado peleas en su barrio, un 80% de los escolares responde afirmativamente. Lo anterior confirma las características sociales de la comuna en la que viven estas familias. De ellos, un 45.8% piensan que es algo que no debería suceder; el 12.5% manifiestan que estas situaciones les producen miedo; un 8.3% hablan de las consecuencias que pueden generar las peleas, por ejemplo, resultar heridos; el 8.3% piensa que para pelear las personas se deben de tener odio; el 8.3% generaban respuestas diversas: el 4.2% sienten tristeza; el 4.2% responden que ellos no deben meterse en dichas situaciones; el 4.2% menciona que quienes pelean le están dando mal ejemplo a los niños, y un 4.2% aluden a la importancia de arreglar las situaciones por medio del diálogo.

A la pregunta por los robos en su barrio, un 60% negaron haberlo presenciado y un 40% respondieron afirmativamente. Se resalta que el 20% de los escolares aceptaron haber presenciado un asesinato; de este porcentaje, el 66.7% dicen que es malo, y un 33.3% dan respuestas como: “no lo deberían hacer” y “me da miedo”. Un 40% afirma haber visto a una persona a quien acaban de matar; de éstos, el 50% expresan haber sentido miedo y la mitad restante dice que es algo que no se debe hacer. Lo anterior muestra el alto grado de exposición a fenómenos violentos en el barrio. Los niños que han tenido que presenciar cómo le quitan la vida a una persona han vivido una situación que afecta su salud mental y el posterior desarrollo de su personalidad (ver Figura 2).

El 30% de los escolares afirma haber visto personas heridas, y de este grupo un 33.3% expresan sentir miedo ante estas situaciones; opinan que es algo que no debería pasar y que el ver personas en ese estado les produce pesar. Algunas de las respuestas a propósito son: “Deberían subir más los policías a vigilar”; “uno tiene que echarle pasador a la puerta en la noche”; “cuando peleo con amigos es porque me pegan y me da rabia”; “es malo, debería cambiar”. De las anteriores percepciones se deduce que para esta población la violencia es un comportamiento “malo”, el cual depende de organismos como la policía para su control; pero también consideran que ellos deben colaborar con comportamientos seguros para evitar ser agredidos.

En los preadolescentes se encontró que el 36.7% asegura que sus juegos son violentos; lo anterior se ve reflejado en la respuesta a la pregunta sobre la presencia de peleas en sus juegos, pues un 23.3% lo afirmaron; entre los niños, un 40% manifestaron la presencia de agresión verbal en los juegos. Este comportamiento, comparado con la respuesta de los escolares, nos muestra una relación directamente proporcional entre la presencia de agresión verbal en el juego y la edad.

El 86.7% afirman haber visto peleas en su barrio. De éstos, el 23.1% opinan que tal comportamiento no se debería presentar; el 15.4% relacionan las peleas con el consumo de licor; el 15.4% no responden a la pregunta; un 11.5% manifiestan que les produce miedo; el 7.7% piensan que pueden salir heridos; el 7.7% expresan que nadie debe intervenir en este tipo de situaciones; el 7.7% invitarían a las personas involucradas en las peleas a que resuelvan sus conflictos por medio del diálogo; al 3.8% les produce tristeza; el 3.8% consideran que los adultos que pelean le dan mal ejemplo a los niños; y, por último, el 3.8% consideran que para que las personas peleen debe haber odio entre ellas. El 70% de los preadolescentes acepta la presencia de la agresión física en la escuela; esto muestra que resuelven sus conflictos de esta manera, aunque están conscientes de que no se debe hacer.

El 43.3% afirman haber visto cómo roban a alguien en su barrio. De éstos, el 30.8% dice que es algo que no se debe hacer; un 30.8% expresa que les da miedo ver este tipo de eventos; el 15.4% piensan que en esos momentos es mejor llamar a la policía; el 15.4% expresan que “los que roban lo hacen para ganar dinero y así comprar armas”, y, además, que “hay que tener cuidado”; finalmente, el 7.7% piensa que la persona a la que asaltan puede morir.

El 23.3% de los preadolescentes dijeron haber visto un asesinato. De ellos, el 42.9% piensan que es malo; el 42.9% manifiesta que “la gente en el barrio vive con miedo de esto”; y un 14.3% expresan sentir miedo al ver estas situaciones (ver Figura 2).

El 53.3% afirman haber visto a una persona a la cual acaban de matar. De ellos, un 50% expresan haber sentido miedo; el 25% dicen que es algo que no deberían hacer; un 12.5% consideran normal ver esto en su barrio; y el 12.5% responden, por ejemplo, “me da tristeza que le hayan quitado la vida” y “no quisiera que a nadie de la familia le pasara esto”.

Un 30% de los niños afirman haber visto a alguien a quien le ha hecho daño otra persona. De ellos, el 33.3% piensan que es algo que no se debe hacer; un 22.2% manifiestan que “las personas deben buscar las cosas de buena manera y no con el machete en la mano”; o que “cuando hay peleas, eso es malo para los niños”. El 22.2% no responden a la pregunta; el 11.1% expresan sentir pesar por la persona herida; y, por último, un 11.1% piensan que lo pueden matar.

Algunas de las respuestas encontradas al respecto son: “En mi barrio debe haber paz, amor y cariño”; “es malo porque los niños pueden aprender”; “sería mejor la paz y que viviéramos tranquilos”; “es muy maluco vivir en una parte donde hay tanto odio”; “es normal porque no sólo pasa en mi barrio, sino en otros barrios de Cali.”; “pienso que nos deberíamos ir para no volver a ver eso”. De las anteriores respuestas se deduce que los preadolescentes significan la violencia como un comportamiento malo, el cual pueden aprender. Además, son conscientes de que su barrio es violento, pero no están conformes con esta situación, y ven como una opción cambiar de sitio de vivienda.

Conclusiones y discusión

Los hallazgos de la investigación sugieren una significativa prevalencia de exposición a la violencia y a sus múltiples manifestaciones en los escolares y adolescentes que participaron del estudio.

En cuanto al significado que la violencia tiene para ellos, se corroboró la existencia de variaciones dependiendo de la etapa de desarrollo en la cual los menores se encuentran. Así, en los niños en etapa escolar, la lógica se halla en el objeto mismo, es decir, aún no han desarrollado la capacidad de razonamiento abstracto, lo que se ve reflejado en el tipo de respuestas en las que simplemente dicen de una situación que está bien o mal. Comprenden que las peleas son una manera inadecuada de resolver los conflictos a los que su comunidad se encuentra expuesta; además, perciben que producen efectos negativos tanto sobre las personas directamente involucradas en la riña, como sobre aquellas que las presencian. Es importante resaltar también que algunos de los niños ven a las personas que pelean como gente que les da mal ejemplo.

En los preadolescentes, se encontró que todos piensan que hacerle daño a otra persona es algo indebido, sin importar las circunstancias que lleven al acto. De acuerdo con Piaget (1969), a esta edad el niño es capaz de razonar de una forma inductiva – deductiva, en la cual van de lo específico, que es el acto en sí, a lo general, que son las posibles consecuencias que se derivan de herir a alguien, entre otras, la muerte de esta persona y el sentimiento de las personas cercanas. De esta manera, se comprueba también que ya han dejado el egocentrismo de su etapa anterior y tienen la capacidad de sentir pesar por lo que puede sentir la persona afectada. Los preadolescentes muestran su capacidad de entrelazar la causa y el efecto, ya que expresan que para pelear se necesita del odio y también saben que, como consecuencia, hay personas que salen heridas y, por esta misma razón, quienes son ajenos al conflicto no deberían intervenir en él.

Otro hallazgo importante encontrado en el estudio, contrario al paradigma generalizado según el cual las mujeres tienen una personalidad menos violenta, es que en el significado de la violencia y sus manifestaciones no se encontraron diferencias de género. Como dice Lera (2002), lo que influye en este caso son aspectos relacionados con la cultura y las características sociodemográficas en las que está inserto el menor.

En cuanto a la presencia de factores familiares, se encontró que el nivel socioeconómico, la exposición a la violencia intrafamiliar y la separación del núcleo familiar resultan determinantes en el caso de la población estudiada, en la medida en que aumentan la vulnerabilidad y predisponen a las manifestaciones de violencia por parte de los niños. Concretamente, se encontró cómo en el grupo familiar se responde con agresión física, lo que evidencia una falta de mecanismos de resolución de conflictos y control de los impulsos violentos. Según Llorente et al. (2005), la observación de estos actos es un factor de riesgo para el desarrollo de comportamientos agresivos en la infancia y violentos en la juventud.

Otra variable a tener en cuenta es la falta de supervisión por parte de los padres, pues la mayoría de ellos trabajan, y la mitad de las madres también. Como consecuencia, los niños deben permanecer la mayor parte del tiempo en casa, lo cual influye tanto en su cuidado como en su formación. A este respecto Henao (2005) plantea que la falta de supervisión paterna y materna puede incidir en el desarrollo de comportamientos antisociales.

Finalmente, una variable por destacar es el hecho que el 21.7% de los niños que participaron en el estudio han tenido que presenciar cómo le quitan la vida a una persona, lo que afecta su salud mental y el posterior desarrollo de su personalidad.

En conjunto, lo hallazgos presentados permiten identificar aspectos comunes relacionados con el significado de la violencia para los escolares y adolescentes. Lo anterior es un importante referente para encaminar esfuerzos que se orienten a frenar el desarrollo de la violencia y la delincuencia, a partir de la intervención en los primeros años de vida, con medidas tendientes a la prevención, así como actuando sobre los factores de riesgo intrafamiliar y fuera del hogar. Tales iniciativas deben generarse desde el trabajo individual y familiar, y también del trabajo con los profesores.

Referencias

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