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Universitas Psychologica

versión impresa ISSN 1657-9267

Univ. Psychol. v.6 n.3 Bogotá sep./dic. 2007

 

RELACIÓN ENTRE LA EXPERIENCIA DE LA SEPARACIÓN PARENTAL Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN PROYECTO DE VIDA DEL JOVEN Y LA JOVEN UNIVERSITARIOS

 

RELATIONSHIP BETWEEN THE EXPERIENCE OF GOING THROUGH PARENT’S SEPARATION/DIVORCE AND THE CONSTRUCTION OF LIFE PROJECTS IN COLLEGE STUDENTS

 

ALICIA DEL SOCORRO DURÁN, ARGELIA MEDINA, NHORA ISABEL GONZÁLEZ, ISMAEL ROLÓN*

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA, BOGOTÁ, COLOMBIA, Integrantes del grupo de investigación Sujeto y Relaciones del Área de Psicología Clínica. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Psicología. Edificio 95, Manuel Briceño S. J. Carrera 5 No. 39-00. Teléfono. (57-1) 3208320, Extensión 5757. Bogotá, D.C., Colombia. Correo electrónico: duran-a@javeriana.edu.co

 

Recibido: marzo 3 de 2007 Revisado: julio 25 de 2007 Aceptado: Agosto 26 de 2007

 


ABSTRACT

This project tries to identify possible relationships between continuation of the parents’ couple relationship or the experience of living a parental divorce, and the definition of professional goals and establishment of couple relationships in two groups of college students. The information was gathered using a demographic survey, two questionnaires and in-depth interviews. Results indicate that parental divorce is a difficult and painful event. Only children of parents that are together have negative ideas about divorce. Parents divorce affects neither career election nor professional plans, given that parents respect and support children’s decisions. All students have had significant couple relationships and have long term plans to form a couple and raise a family, after the satisfaction of economic and academic goals.

Key words authors: parental separation/divorce, couple relationships, personal projects/goals, professional goals, life projects, college students.

Key words plus: college students, family relations, spouses – psychology, divorce – psychology.

 


RESUMEN

Este proyecto estudia la relación entre el mantenimiento o ruptura de la relación de pareja de los padres y la definición de metas profesionales y de pareja en dos grupos de universitarios. La información se recopiló utilizando una encuesta sociodemográfica, dos cuestionarios y entrevistas a profundidad. Los resultados muestran la separación como un acontecimiento difícil y doloroso. Sólo los hijos de padres que conviven tienen ideas negativas asociadas a la separación. La separación no influye en decisiones vocacionales y profesionales de los hijos, pues los padres las respetan y apoyan. Todos los participantes han tenido relaciones de pareja significativas y contemplan planes de vida en pareja y familia, a largo plazo y subordinados al cumplimiento de metas académicas y económicas.

Palabras clave autores: separación marital, relaciones de pareja, metas personales, metas profesionales, universitarias, proyecto de vida.

Palabras clave descriptores: estudiantes universitarios, relaciones familiares, esposos – psicología, divorcio - psicología

 


Desde mediados del siglo XX se han venido presentando en Colombia transformaciones en diversos ámbitos: migración de población rural hacia el área urbana, industrialización y desarrollo del área tecnológica, aumento en los índices de educación con gran participación de la mujer en esta área, creciente incorporación femenina al campo laboral, y cambios en la estructura y funcionamiento familiar.

En cuanto a los cambios relacionados con la familia, la literatura muestra el matrimonio legalmente establecido como la forma preferida para conformar una familia, sobre todo en estratos altos, la disminución de hogares con presencia de madre y padre, y el incremento de hogares con jefatura femenina, las separaciones conyugales y los hogares uniparentales. También hay un aumento en las uniones libres, una disminución de las uniones legales, un creciente desinterés por establecer vínculos matrimoniales entre las parejas más jóvenes y disminución de la edad de los cónyuges. El ejercicio de la sexualidad aparece separado de la reproducción y se observa un mayor número de parejas sin hijos. Igualmente, se reporta la incorporación de la mujer al mundo laboral. Dentro de la familia hay una tendencia a relaciones más horizontales y dialógicas (Zamudio & Rubiano, 1991).

Autores como Franklin, Janoff-Bulman y Roberts (1990) y Cicerchia (1999) afirman que no es posible la existencia de un modelo único de familia, como lo sostenían las teorías sociológicas de los años sesenta. La familia actual participa tanto de la multiplicidad de sentidos como de la relativa homogeneidad como sistema. Es un concepto cambiante, dinámico, heterogéneo y flexible, acorde con la realidad social que se busca explicar. El grupo de personas que la conforman espera construir relaciones de cooperación y dependencia orientadas a satisfacer las diferentes necesidades biológicas y sociales. La familia, como parte del espacio de la vida privada, preserva la intimidad y la individualidad de sus integrantes.

La familia ofrece a sus miembros el soporte fundamental para la vida individual y es el espacio por excelencia para la vida en pareja (Fundación para la Educación Superior [FES], 2005; Departamento de Investigaciones de la Universidad Central [DIUC], 2004; Perea, 1999) y para el aprendizaje de roles de género (Puyana, 2000). A la familia, en su función socializadora, se le atribuye responsabilidades de apoyo y control de los jóvenes que se expresan en la calidez de la interacción paternal y maternal filial, en la aceptación del hijo como persona y en asumir el control como el ejercicio efectivo del poder parental (Arango & Gómez, 1997). Sin embargo, hay también estudios en el estado del arte realizado por el DIUC (2004) que señalan que estas funciones de las familias se han desdibujado. Así, González (2000) considera que el cambio en la relación materna y paterno filial va en detrimento del contacto familiar y determina la ausencia de figuras que le sirvan a los jóvenes como referentes de identidad y de autoridad.

En el amplio estudio realizado por Zamudio y Rubiano (1991) sobre las separaciones en Colombia, se encontró que éstas afectan la infraestructura básica de socialización y, por lo tanto, las formas de control social y los espacios de encuentro. Este estudio muestra que las separaciones tienen, además, efectos emocionales asociados a la interpretación de la vivencia de la separación, así como a creencias religiosas.

En relación con las formas de vinculación afectiva de las parejas, Pinsof (2002) plantea que durante la segunda mitad del siglo XX el divorcio ha reemplazado la muerte de uno de los cónyuges como motivo de ruptura de los matrimonios. De vínculos de pareja monogámicos y de durabilidad para toda la vida se está pasando a formas alternativas de constituir una pareja y de parentalidad no marital. Franklin et al. (1990) afirman que una tercera parte de los niños nacidos en Estados Unidos en la actualidad viven la experiencia de la ruptura del matrimonio de sus padres; Botella (1999, como se cita en Jadue, 2003), señala que en España, entre un 40 y 50% de los matrimonios iniciados terminan en divorcio.

En Colombia se calcula que el número de parejas separadas legalmente oscila entre el 14% y el 32%, según la región del país, y es probable que el número de éstas sea superior a las legalizadas, ya que muchas separaciones no se registran (Fundación Gamma Idear, 2000).

Estas cifras contrastan con los datos presentados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE] (2005) en el censo de 2005, para la población de 10 años en adelante, que reportan un 6.2% de mujeres separadas o divorciadas y un 3.3 % de hombres separados o divorciados. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el rango de edad de la población encuestada es tan amplio que sesga la comparación entre estos datos. Según los cálculos del Observatorio de Coyuntura Económica, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (Baquero-Melo, Bonilla-González, Corredor-Martínez, Fresneda-Bautista, Acosta-Sierra, & Acevedo-Gaitán, 2000), referidos a tres generaciones (1979, 1989 y 1999), en el estado conyugal en la vida adulta (personas entre los 31 y los 40 años), se presenta para cada año un 5%, un 10% y un 11% de separados, respectivamente. Aunque hay un incremento en la tasa de separación en Colombia, es menor comparativamente con otros países, como se mencionó anteriormente.

Los cambios en las relaciones familiares han hecho que los investigadores en las ciencias sociales se interesen por indagar sobre los efectos que tiene la separación de los padres en el funcionamiento social y psicológico de niños, jóvenes y adultos. Con respecto a las consecuencias para los niños no hay consenso; algunos encuentran que las diferentes estructuras sociales que se derivan de las separaciones pueden ser ambientes viables para el desarrollo de los niños, mientras que otros –Gottman y Clifford (2002); Summers, Forehand, Armistead & Tannenbaum (1998) y Tuzzo (2002)– han encontrado que el divorcio parental está asociado negativamente con el ajuste psicosocial del niño a corto plazo. El efecto de la separación en los hijos es más notorio por la cercanía al acontecimiento, pero sobre todo depende de la manera como los cónyuges asumen la relación con sus hijos en ese momento, y por la forma en que familiares, amigos, y a veces el colegio, enfrentan la situación (Funder, 2000; Marquardt, 2005).

Existen menos estudios relacionados con las consecuencias de la separación de los padres sobre los jóvenes que sobre los niños, y éstos evidencian que los recuerdos de la separación de los padres interfieren en el establecimiento de relaciones de pareja y, de alguna manera, en sus planes de desarrollo profesional (Wallerstein & Lewis, 2004).

También se afirma que la experiencia de separación de los padres y las emociones que despierta (tristeza, rabia, negación, sensación de abandono, etc.) afecta todas las relaciones familiares (padre-hijo(a), madre-hijo(a), padre-madre, etc.) y puede ser diferente para cada uno de los miembros. Además, estas separaciones pueden estar asociadas a otros cambios en la dinámica individual y socioeconómica, y a la aparición de diferentes modalidades de familia y significados asociados a ella (Jadue, 2003).

Contextos familiares en los cuales las parejas llevan un matrimonio insatisfactorio y/o presentan problemáticas de drogadicción, depresión y/o experimentan conflictos permanentes, repercuten más negativamente en la crianza de los hijos que aquellos cuyos padres están separados, pero mantienen una relación de colaboración y respeto (Gottman & Clifford, 2002).

La investigación sobre los efectos a largo plazo del divorcio parental es escasa y sugiere que éste continúa teniendo impacto sobre los hijos por largo tiempo. Algunos estudios se han orientado a indagar la asociación a largo plazo entre el divorcio parental y el ajuste psicosocial del adulto joven y del adulto (Ahrons, 2007; Arditti, 1999; Berman, 1988; Shulman, Scharf, Lumer & Maurer, 2001; Summers et al., 1998; Wallerstein, 1989; Williams & Dunne-Bryant, 2006).

Wallerstein y Lewis (2004) reportan un impacto considerable en el ajuste de los adultos jóvenes en cuanto a que tienden a ser ansiosos, temerosos al rechazo, expresan incongruencias en sus creencias y muestran baja autoestima, pasividad, indecisión y vulnerabilidad a la depresión relacionada con la pérdida. Además, en la adultez disminuye la capacidad de amar y ser amado en una relación duradera y comprometida. Un número importante de ellos tiene una carrera profesional exitosa, pero sufren de soledad. Cuando llegan a adultos, muchos de los jóvenes asumen el rol de cuidador y buscan parejas problemáticas y necesitadas de cuidado, en detrimento de su propio desarrollo emocional.

Con respecto a las relaciones entre padres e hijos y el apoyo que les brindan en los diferentes momentos de toma de decisiones vitales, Wallerstein y Lewis (2004) afirman que los hijos de familias intactas hablan con sus padres de sus planes universitarios y ninguno de los hijos de padres separados tuvo esta experiencia. Muchos de ellos terminan haciendo carreras que no eran de su mayor interés, en instituciones de menor rango que en las que sus padres estudiaron, y sienten que fueron perjudicados por el divorcio de los padres.

A pesar de los datos arrojados por esta investigación, otros estudios indican que no existe una correlación significativa entre el divorcio de los padres y el ajuste emocional de los hijos, pero en lo que sí coinciden es en que los hijos de padres separados presentan dificultades en las relaciones de pareja, confianza en el compañero sentimental y en aspectos relacionados con la sexualidad (Franklin et al., 1990; Summers et al., 1998).

Lauman-Billings y Emery (2000) refieren que los estudiantes universitarios, aun cuando funcionan bien, muestran sentimientos dolorosos, creencias, recuerdos y preocupaciones por el divorcio de sus padres, pero otros lo aceptan y no presentan indicadores clínicos. En cambio, se encuentra que tienen más problemas en sus relaciones familiares que los estudiantes con familias intactas. Así mismo, los resultados indican que las tensiones y preocupaciones estaban asociadas con temas como la decisión de con quién vivir, la frecuencia de contacto con el padre que se va y el conflicto entre los padres. Los resultados sugieren que el contacto con el padre o madre ausente es importante para los hijos de las familias divorciadas, y que el malestar que provoca la separación no se atribuye al divorcio en sí sino a las tensiones causadas por el conflicto parental.

En cuanto al proyecto de vida, en Colombia son escasos los trabajos investigativos que plantean la relación entre la familia y las visiones de futuro; un 5.9% de las investigaciones realizadas tratan sobre el tema y se centran en problemáticas que afectan a poblaciones vulnerables y excluidas, para quienes sus opciones de futuro no son claras (DIUC, 2004).

Rubio (2001, como se cita en Serrano, 2004) afirma que los jóvenes de estratos medios y altos estructuran sus proyectos vitales en contextos determinados por la tensión entre lo global y lo local, en los que el consumo y los capitales culturales con que se cuenta establecen jerarquías entre los que tienen acceso a ellos. Los jóvenes, según el mismo autor, aprenden a manejar dos códigos culturales: el que demandan las instituciones (como la familia), asociado a la estabilidad y la productividad, y el que viven con sus pares, centrado en el consumo cultural globalizado.

Estas ideas concuerdan con los hallazgos de un trabajo sobre jóvenes universitarios en la Universidad Javeriana de Bogotá (Ruiz & Villa, 2000; como se cita en DIUC, 2004) en el sentido en que éstos buscan disfrutar el instante posponiendo las obligaciones del mundo adulto y aprovechando al máximo la posibilidad de consumir y no producir. El dinero es considerado como un factor determinante para salir adelante y poder hablar de futuro. En otras investigaciones con jóvenes universitarios, se encuentra que formar una familia y ser un buen profesional están dentro de las expectativas de algunos de los jóvenes (Pinilla, 2001; como se cita en DIUC 2004).

Serrano (2004) afirma que los proyectos de vida de hoy tienen que ser constantemente adaptados a las circunstancias cambiantes, o abandonados en favor de otros nuevos, teniendo en cuenta lo que la sociedad y ellos mismos esperan de su futura situación socio-económica.

En el presente estudio se indaga sobre la relación que existe entre la separación o no separación de los padres, como evento importante en la dinámica familiar, y la construcción de un proyecto de vida en el joven universitario. Por esto, damos cuenta de las diferencias y/o coincidencias encontradas entre jóvenes de padres separados y no separados, con respecto a las preguntas que nos formulamos sobre: las creencias y los significados que construyen los jóvenes con respecto a la separación parental y sus consecuencias en la construcción del proyecto de vida, a nivel de la definición de metas, así como la incidencia en el proceso de toma de decisiones acerca del futuro personal y profesional; y el establecimiento de relaciones de pareja.

Metodología

Este estudio se basa en información suministrada por estudiantes, entre segundo y quinto semestre, de treinta carreras presenciales y diurnas de la Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia. Se utiliza un diseño multimétodo que combina técnicas cuantitativas y cualitativas para la recopilación y análisis de la información.

La recolección de información se lleva a cabo en tres fases. La primera consiste en una encuesta, aplicada a 2.272 estudiantes, sobre las características sociodemográficas y la composición familiar de la muestra. Para la sistematización y análisis de la información de la encuesta se utilizó el programa SPSS.

En la segunda y la tercera fases de la investigación se utiliza el enfoque cualitativo. Retomando a González (2000) y Galeano (2004), la investigación cualitativa nos permite incorporar la subjetividad e intersubjetividades como objetos de conocimiento y comprender, desde su experiencia y emociones asociadas, la racionalidad que orienta las acciones.

La segunda fase de recolección de información se lleva a cabo a través de dos cuestionarios de pregunta abierta, enviados por Internet. El cuestionario No .1 se destina a los hijos de padres separados, y el cuestionario No. 2, a los estudiantes cuyos padres conviven. Estos cuestionarios se aplicaron a estudiantes que en la primera encuesta manifestaron interés en continuar participando en la investigación. Respondieron a estos correos 157 estudiantes, 111 hijos de padres que conviven (70.7%), 56 mujeres (58.6%) y 46 hombres (41.4%); y 46 hijos de padres separados (29.3%), 26 mujeres (56.5%) y 20 hombres (43.5%), lo que se corresponde aproximadamente con la muestra inicial en cuanto al número de padres no separados y separados.

Para el análisis de cada uno de los dos cuestionarios, la información se sistematizó en tablas/matrices (categorías y frecuencias) en las que se consignaron las respuestas, teniendo en cuenta la diferencia por género.

En la tercera fase de la investigación se realizaron entrevistas a profundidad diseñadas con el propósito de recoger y ampliar la información sobre los diferentes tópicos trabajados en los cuestionarios 1 y 2. La entrevista a profundidad permite explorar la realidad social y permite entrar a la realidad comunicativa en donde la palabra conduce básicamente a la experiencia personalizada, biográfica e intransferible (Valles, 1999).

Los entrevistados se seleccionaron entre los estudiantes que habían participado en la segunda fase de la investigación, cumplían con los requisitos, y respondieron que estaban interesados en participar. Se entrevistó a 24 estudiantes, 12 con padres separados y 12 cuyos padres permanecen juntos.

Las entrevistas se transcribieron textualmente, y para la sistematización de las categorías previstas y las emergentes se utilizó el análisis de narrativas propuesto por Lieblich, Tuval-Mashiach & Zilber (1998) que argumenta que las historias se construyen alrededor de hechos o eventos importantes de la vida, y que cada individuo tiene la libertad y la creatividad para seleccionar, agregar, hacer énfasis o interpretar de diferente forma lo que se recuerda de esos hechos. El último paso fue la integración de la información de los cuestionarios y las entrevistas, dando cuenta de cada uno de los objetivos específicos formulados para la investigación.

Resultados

La encuesta se aplicó a 2.272 estudiantes, 60% mujeres y 40% hombres, 94.8% solteros y los otros restantes religiosos, casados o en unión libre. La edad de los estudiantes que respondieron se encuentra entre los 16 y 25 años (92.7 %); los 26 y 35 años (6.6 %), y los 36 y 62 años (0.7 %). La mayoría de estos estudiantes (64.3 %) nació en Bogotá. Por departamentos, se presenta una gran dispersión de los datos, y se encuentra que la mayoría de ellos están representados en la muestra; sin embargo, se destacan Santander (4.5 %), Valle del Cauca (3.4%) y Boyacá (2.8 %). Entre los estudiantes participantes se encuentra la presencia de extranjeros (2.8%). El 67.3% de los padres de los encuestados están conviviendo en la actualidad, mientras el 25.3% están separados, y en el 7.4% de los casos el padre o la madre están muertos.

Significados y creencias que construyen los jóvenes sobre la separación parental y sus motivos

Los resultados indican que la separación de los padres, en general, es entendida por ambos grupos de estudiantes como una situación que genera sufrimiento y está asociada con una gran variedad de sentimientos que se registran con mayor o menor frecuencia, si se ha experimentado o no la separación de los propios padres. El 64.5% de las respuestas del cuestionario del grupo de los participantes cuyos padres permanecen unidos ve este evento como doloroso y difícil, y le genera diferentes sentimientos, principalmente lástima y deseo de apoyar a los que sufren la separación; a esto siguen, en menor grado, los sentimientos de odio, abandono, miedo, angustia e incomodidad. En el grupo de hijos de padres separados hay un menor número de respuestas de los cuestionarios (37.4%) que indica que la separación les genera sufrimiento y dificultades, y el sentimiento predominante es la tristeza, seguido por la rabia, la desilusión, la soledad y la confusión. En muy baja frecuencia se expresan sentimientos de culpa, miedo, asombro, amargura, rencor y odio. Los cuestionarios también indican que el 16% de las respuestas de hijos de padres que conviven, y el 8.3% de las respuestas de hijos de padres separados, mencionan la separación como una decisión respetable y madura que debe ser entendida y comprendida como la mejor opción para los padres y los hijos. La separación percibida como un evento negativo y “malo” únicamente se encuentra en el cuestionario de los estudiantes cuyos padres permanecen unidos, y se dice que ésta produce sentimientos de “desagrado” y “repulsión” (4.4%, sólo hombres), se entiende como “falta de compromiso” y “tolerancia”, o como muestra de “deslealtad” (6.6%, mayoritariamente mujeres) y falta de principios y valores (4.9%).

En ambos grupos y en proporciones similares se encuentra sólo un pequeño grupo (3.6% de hijos de padres que conviven, y 3.1% hijos de padres separados) de encuestados que son indiferentes ante la separación y nos les genera ningún sentimiento especial. Se observa también que el 15.6% de las respuestas de hijos de padres separados dicen que no recuerdan nada especial acerca del evento, puesto que éste se produjo cuando ellos tenían menos de 10 años.

Las entrevistas a profundidad indican que todos los participantes ven la separación como un evento difícil que conlleva sufrimiento y dificultades de diversa índole para los hijos y la familia; sin embargo, alrededor de la mitad de los participantes (más en el grupo de hijos de padres separados) complementan su información diciendo que entienden la separación como una decisión respetable, madura y necesaria. La diferencia entre los dos grupos radica en que para los hijos de padres que conviven la separación se justifica por el bien de la familia, particularmente cuando hay infidelidad, peleas constantes y falta de amor, mientras que para el otro grupo es la solución para dejar de vivir en un ambiente hostil, una alternativa para las divergencias y peleas permanentes que vivían en sus hogares, para el bienestar de su padre y su madre, y para la tranquilidad de los hijos.

La gran variedad de significados asociados a la separación es evidente en las entrevistas a hijos de padres separados y está ligada, principalmente, a la forma en que se experimentó la separación. Para los que ven la separación como algo normal en la vida de las parejas, no hay razón para recordar o hablar sobre este hecho. Este tipo de posición se da especialmente cuando el proceso de la separación es “fácil”, como cuando se está acostumbrado a la ausencia del padre, debido a su trabajo, o cuando el ambiente familiar es muy hostil y la separación es la única solución y no trae mayores consecuencias diferentes de la tranquilidad. En otros casos, la separación es un tema vedado en la familia, y aunque esto no ha impedido que la pregunta por los motivos y razones sobre la separación haya estado presente en su historia vital, a medida que ha pasado el tiempo los contenidos sobre el tema han cambiado. Para otros, la separación es la oportunidad de aprender a volverse más autónomos responsables con el manejo de sus vidas y sus proyectos, y de llevar una relación más madura con su padre y madre. Incluso, la relación de sus padres se constituye en un modelo de lo que no pueden repetir en sus vidas de pareja.

Las creencias sobre la separación son diversas, y entre las que más se resaltan están las siguientes: la separación se entiende como un destino; la separación afecta más al padre, cuando es la esposa quien toma la decisión de separarse; la separación afecta más al hombre, cuando al separarse deja de tener a alguien que responda por su mantenimiento y el cuidado del hogar; no se justifica mantener una familia, sólo por cumplir el mandato cultural, a costa de la felicidad del padre y de la madre; pero, igualmente, aunque en pocos entrevistados, se encuentra la posición de que hay que privilegiar la vida familiar sobre cualquiera de las ventajas personales que se puedan derivar para el padre, la madre o los hijos de la separación

Diferencias en la definición de metas a nivel personal y profesional entre los jóvenes que han vivido la separación de sus padres y los que mantienen su familia intacta

Este objetivo se respondió solamente por medio de las entrevistas a profundidad.

Metas personales

En la definición de metas a nivel personal se observa que el 66.7% (8 de 12 entrevistados, 4 hombres y 4 mujeres) de los entrevistados, en el grupo de estudiantes de padres que conviven, incluye en sus metas a futuro la consolidación de una relación de pareja estable y la conformación de una familia. Sin embargo, dentro de éstos, tres hombres y dos mujeres privilegian las metas profesionales sobre las de la vida afectiva y familiar, consideran que primero tienen que realizarse en la carrera y cumplir con los sueños, como viajar. La diferencia con el grupo de padres separados radica en que sólo la mitad (50%) manifestó tener como meta personal el establecimiento de relaciones de pareja estables y la conformación de una familia, y fue evidente la tendencia en este grupo a no establecer una diferencia entre las metas personales y las profesionales. Al indagar sobre las primeras, la mayoría hizo referencia a las metas a mediano plazo, que tienen que ver con la culminación de los estudios universitarios y continuar con formación de posgrado, combinar la carrera que están cursando con otra profesión, y con los intereses de viajar y conocer otras culturas.

En dos estudiantes (16.7%) del grupo de padres de separados se evidencia la dificultad para pensar a futuro metas personales en ámbitos diferentes a su carrera y desempeño profesional, posiblemente debido a que aún no los pueden concretar, en contraste con el otro grupo, en el que ninguno de los entrevistados tuvo dificultad para explicitar e incluir dentro de su visión de futuro metas en lo personal.

En el grupo de hijos de padres que conviven, algunas mujeres evidenciaron el deseo de tener una vida independiente económicamente de sus padres, para evitar el control y las exigencias. A su vez, en el grupo hijos de padres separados la mayoría expresa la preocupación por obtener una estabilidad laboral y seguridad a nivel económico, a fin de realizar sus diversos proyectos y metas en cualquier dimensión de la vida que les ofrezca independencia con respecto a su familia y otras personas.

En el grupo de hijos de padres no separados sólo una mujer expresa el temor de tener hijos por la responsabilidad económica que implica, por los problemas sociales de la actualidad, por el sufrimiento que puedan generar en los hijos las dificultades de la pareja y, además, por no poder lograr un equilibrio entre el desarrollo familiar y el profesional. En el grupo de los estudiantes de hijos de padres separados, tres (25%) de las mujeres entrevistadas afirman categóricamente que, si bien la situación de separación de sus padres ha implicado dificultades, no es adecuado establecer una relación causa-efecto entre este hecho y las metas que se trazan, o aquellas que no han podido alcanzar. Sin embargo, esperan a futuro conformar una pareja estable, con unas características opuestas a lo que relatan sobre la relación de pareja de sus padres; así mismo, expresan su intención de mantener unida a la familia.

Ambos grupos evalúan satisfactoriamente los logros obtenidos en el ámbito académico, hasta el momento.

Metas profesionales

En esta categoría, y teniendo en cuenta que los estudiantes se encuentran iniciando o en la mitad de la carrera, se hace referencia al proceso de elección de la carrera y a la satisfacción con ésta, más que a metas profesionales a largo plazo.

En cuanto a la elección de carrera, se encontró que en el grupo de hijos de padres que conviven, la mitad de los entrevistados no tenían claridad sobre cuál elegir, porque no identificaban lo que querían hacer, o no contaban con un conocimiento suficiente sobre los planes académicos en el momento de hacer la elección. La otra mitad menciona haber escogido su carrera con seguridad, y sentirse satisfechos con la elección. En contraste con este grupo, sólo uno de los hijos de padres separados expresa no saber qué carrera estudiar en el momento de la elección.

Cuando los estudiantes expresan tener seguridad en la elección de la carrera, se menciona que ésta se debe a que buscaron información, conversaron con personas con conocimiento de la carrera, y tuvieron en cuenta sus intereses y rendimiento previo en el colegio.

Todos los hijos de padres que conviven reportan actualmente estar satisfechos con la elección de carrera, aunque para algunos implicó más tiempo, el traslado a una más acorde con sus expectativas, y todo el dilema asociado a esto. Solo la mitad de los hijos de padres separados se muestra satisfecha con la carrera elegida, y con la aproximación que a ella han hecho durante los semestres cursados en la universidad.

En los dos grupos se encontró que para algunos estudiantes son definitivos el factor económico y el reconocimiento social a fin de decidir qué carrera estudiar, así como la expectativa de ellos, o de adultos significativos, de ser independientes y sostenerse económicamente con la profesión.

Con respecto al apoyo dado por los padres en el proceso de elección de carrera, se encontró que, a excepción de uno, todos los estudiantes hijos de una pareja separada reportan haber recibido apoyo de sus padres, en contraste con el grupo de hijos de padres no separados, en el que ocho de doce (66.7%) dicen haberlo recibido. En general, describen que este apoyo se da a través de los consejos sobre la importancia para la vida de elegir, tener constancia en la carrera, buscar información sobre las carreras, escoger algo que les agrade y estar de acuerdo con lo que quieren hacer, y, por último, los padres advierten sobre las posibles dificultades para conseguir empleo, o la dedicación que les va a exigir la profesión.

Para todos los estudiantes (ambos grupos) las metas profesionales a corto plazo consisten en culminar los estudios de pregrado, y, a mediano plazo, realizar estudios de posgrado y profundización, para luego trabajar, disfrutar los logros obtenidos y ganar independencia laboral, y, de esta forma, realizar sus sueños. En ambos grupos solamente unos pocos estudiantes señalaron como meta contribuir a mejorar las condiciones sociales del país.

Únicamente cuatro de los entrevistados (dos de cada grupo) piensan que, en el caso hipotético de que se hubiera o no dado la separación de sus padres, la elección de su carrera hubiera podido ser diferente, no tanto por el hecho en sí, sino por tener que enfrentarse a experiencias económicas y sociales diferentes. En contraste, sólo en el grupo de hijos de padres no separados, dos (16.7%) de los entrevistados creen y afirman que la separación no influye, porque no hay relación entre estos eventos, y ven la elección de carrera como un proceso independiente de los padres.

Efectos de la separación de los padres en la elección de carrera y los proyectos profes

Con respecto a los efectos de la separación de los padres en la elección de carrera y los proyectos profesionales, la mayoría de las respuestas encontradas, tanto en los cuestionarios (89.6% de las respuestas de hijos de padres separados; 79.16% hijos de padres que conviven) como en las entrevistas, indican que los estudiantes de ambos grupos no establecen una conexión entre la separación, la elección de carrera y los proyectos profesionales. Por tanto, no identifican posibles efectos de la separación en este aspecto. Una de las razones que puede influir es que la mayoría de los estudiantes manifiestan que han recibido ejemplo, orientación y apoyo de sus padres en la elección de carrera, y que éstos les han permitido tomar sus propias decisiones (mas del 80% de las respuestas de ambos grupos; casi el 100% de las entrevistas). Sólo un 8.9% de las respuestas a los cuestionarios de hijos de padres no separados, y un 6.3% en el caso de hijos de padres separados, dicen que sus padres se han opuesto o han ejercido presión sobre ellos en la elección de su carrera. Algunos hijos de padres separados afirman que esto no hubiera sucedido si sus padres no se hubieran separado. Un mismo número de respuestas (6.3% delcuestionario) de hijos de padres separados identifica que la separación de los padres sí influyó en la elección de carrera, porque ellos no estuvieron pendientes de sus hijos en la niñez, debido a que se casaron jóvenes. Algunos estudiantes del grupo de separados afirman categóricamente que, si bien la situación de separación de sus padres ha implicado dificultades, no es adecuado establecer una relación causa-efecto entre este hecho y las metas que se trazan, o aquellas que no han podido cumplir.

En las entrevistas, tanto del grupo de hijos con padres separados como no separados, cuando mencionan la influencia de sus padres en su elección de carrera, aluden al hecho de que sus padres se vayan a vivir a otra ciudad, o la actitud negativa del papá o la mamá.

Es notorio también que, aunque con una frecuencia muy reducida (3.9% de las respuestas al cuestionario), sólo los hijos de padres que conviven se refieren a la no participación de sus padres en esta decisión.

Podemos, entonces, concluir que tanto en los cuestionarios como en las entrevistas de ambos grupos la gran mayoría de los estudiantes manifiestan haber contado con el apoyo de los padres o familiares para la elección de la carrera, así no estuvieran de acuerdo. Este apoyo lo vivieron a través del acompañamiento en el proceso de la toma de decisión y los consejos sobre las posibles dificultades para conseguir empleo, o la dedicación que les va a requerir la profesión. Con respecto al género, en las entrevistas no se encontraron diferencias. No obstante, en el cuestionario sí fue notorio que las mujeres resaltaron el apoyo y libertad que los padres dan con respecto a las decisiones. La mayoría, tanto hombres como mujeres, manifestaron no encontrar relación entre la separación de los padres y la elección de la carrera.

Formas de vinculación afectiva en pareja en los jóvenes que han vivido la separación de sus padres y los que mantienen su familia intacta

En los dos grupos de estudiantes se encuentran porcentajes similares de respuestas con respecto a si han tenido relaciones de pareja significativas. De los estudiantes con padres que conviven, el 80.5% de las respuestas a la encuesta y el 50% de los que fueron entrevistados reportan haber tenido relaciones afectivas significativas. Lo mismo ocurre en el 84.5% de las respuestas a la encuesta de hijos de padres separados, y el 50% de los entrevistados de este mismo grupo.

El 84.7% de las respuestas de los estudiantes con padres que conviven y el 78.4% de las respuestas del grupo de hijos de padres separados, señalan como características positivas de sus relaciones: confianza, apoyo, ayuda, seguridad, ternura, complicidad, estabilidad, comprensión, amistad, respeto, paciencia, apego, compañía, honestidad, sinceridad solidaridad, felicidad, ternura, ilusión, comunicación, madurez y tolerancia; se destacan los sentimientos de amor, afecto y cariño. Es de anotar que los estudiantes con padres no separados enfatizan la tolerancia como un factor importante en sus relaciones, y los estudiantes con padres separados consideran la confianza y el respeto como elementos indispensables para mantener una buena relación.

En el grupo de estudiantes con padres que conviven, un 11.7% de las respuestas reportan características y sentimientos negativos frente a sus relaciones de pareja: inseguridad, conflicto, inexperiencia, celos, monotonía, estupidez, daño mutuo, incertidumbre, confusión, amor no correspondido y dolor. El porcentaje de este tipo de respuestas es un poco mayor (20.3%) en los estudiantes con padres separados que describen sus relaciones como distantes, cortas, posesivas, tristes, generadoras de dolor, traición, desconfianza e inestabilidad.

Con respecto a la percepción de la relación de pareja de los padres y su influencia en la forma en que ellos y ellas se relacionan con su pareja en la actualidad, en los dos grupos se presentan diferencias. En los estudiantes con padres que conviven, se encuentra que los jóvenes reconocen que la relación de sus padres ha influido positivamente en la forma en que conciben su relación, y en sus expectativas con respecto a la pareja que quisieran tener en el futuro. Admiran de la relación de sus padres el sentimiento de amor, que se refleja en el cuidado del uno por el otro, en el hecho de que se preocupen por nutrir la relación activamente, por buscar espacios propios; así mismo, valoran la estabilidad que logran los padres al mantener una relación en el tiempo, a pesar de las dificultades, el manejo de los problemas de forma madura y sin involucrar a los hijos.

En el grupo de estudiantes hijos de padres separados, en los casos que reportan dificultades en sus relaciones de pareja, se describen con tendencia a mostrarse aislados, distantes, desconfiados, celosos, impulsivos y con problemas para expresar afecto y sentimientos, así como para resolver conflictos propios de la relación de pareja. Algunos manifiestan no tomar la iniciativa para resolver los conflictos, y delegar la responsabilidad en la otra persona. Las dificultades descritas se asocian a la experiencia de separación de los padres de distintas formas; así, la dificultad para relacionarse con el sexo opuesto se explica por su vínculo distante con el padre o la madre ausentes. Los hombres aducen otras razones, como haber sido criados en una tradición machista que originó una percepción negativa de la mujer.

Con relación a las expectativas frente a las relaciones de pareja, al comparar los resultados de los dos grupos se encuentra que, si bien en ambos se aprecia un interés en los estudiantes, hombres y mujeres, por establecer relaciones de pareja significativas, el proyecto de convivir en pareja, mantener una relación estable, bajo la figura de matrimonio o unión libre, siendo esta última una alternativa altamente valorada, se ubica en un futuro no inmediato. En ambos grupos existen ideas arraigadas con respecto a que, como condición para establecer o construir un proyecto de vida conjunto, es necesario terminar la carrera, especializarse y lograr independencia económica que permita responder por las necesidades del hogar y tomar decisiones libremente, en caso de que la relación no funcione. Esto último es expresado abiertamente por las mujeres y, especialmente, en el grupo de estudiantes que han vivido la experiencia de separación de los padres.

En ambos grupos las mujeres reportan que esperarían construir una relación caracterizada por la estabilidad, la seriedad, y que su pareja las complemente y les brinde compañía, respeto, sinceridad y fidelidad. Los hombres, por su parte, esperan encontrar en su pareja honestidad, respeto, un físico agradable, inteligencia y flexibilidad, así como entendimiento en el aspecto sexual.

Los estudiantes que han vivido la experiencia de separación, se visualizan en un futuro conformando una pareja estable, con características opuestas a las que describen en la relación de pareja de sus padres. Es así como hombres y mujeres hacen especial énfasis en los comportamientos que ellos tendrían que asumir con sus parejas para no repetir los errores de los padres, y la necesidad de ser más racionales en la toma de las desiciones.

Ser padres es un proyecto a largo plazo en ambos grupos. En los estudiantes de padres separados se observa una alta valoración del rol de padres y madres, y manifiestan la esperanza de no cometer los mismos errores de sus padres en la relación con sus propios hijos. La mayoría de los entrevistados con padres separados le dan mucha importancia al rol de apoyo emocional, y expresan no querer que sus hijos experimenten la distancia afectiva.

Los efectos de las narrativas construidas por los jóvenes sobre la separación de sus padres en el establecimiento de sus relaciones de pareja

El cuestionario aporta información acerca de la percepción de los estudiantes sobre la forma en que creen ellos que ha influido la separación de los padres en sus relaciones de pareja. En el 50% de las respuestas se plantea que ha influido, tanto positivamente como negativamente. Dentro de los aspectos positivos se mencionan su tendencia a establecer relaciones serias, duraderas y estables que brinden seguridad; igualmente señalan la importancia de tener tolerancia y paciencia. Los estudiantes reportan que esta experiencia ha sido útil para cambiar la concepción sobre la pareja y el matrimonio; además, para evitar discusiones fuertes delante de otras personas, valorar y respetar a las mujeres, mejorar la comunicación, expresar lo que sienten, ser atentos con la pareja y buscar la igualdad entre el hombre y la mujer. Dentro de los aspectos negativos, hacen referencia a la introversión e inseguridad al momento de entablar relaciones de pareja, la dificultad para establecer límites, el sentimiento de culpa, el reaccionar negativamente cuando se observan actitudes parecidas a la del padre o la madre, escoger a la persona inadecuada (por ejemplo, mayor en edad), dificultad para comprometerse en una relación seria, experimentar desconfianza y temor frente a este riesgo, y dificultad para recibir afecto.

Los hombres y mujeres con padres separados que respondieron las entrevistas a profundidad coinciden en identificar en ellos mismos dificultades similares a las que enfrentaron sus padres para resolver sus conflictos. Algunos hombres se describen como orgullosos, impulsivos, malgeniados, intolerantes, celosos y conflictivos. Las mujeres afirman haber aprendido de la experiencia de sus padres y, en especial, de la madre a ser desconfiadas, y no dejarse llevar por la aparente forma de ser del otro. Además, muestran una tendencia a dudar del afecto de su pareja, a sentirse culpables si algo en la relación no funciona y a creer que ésta le puede traer más cosas malas que buenas.

Discusión y conclusiones

Para la presente investigación, al igual que para Arango- Gómez (1997) y Perea (1999), la familia es un referente de los proyectos vitales que se trazan los y las estudiantes participantes, en diferentes ámbitos de su vida, específicamente en lo concerniente a las metas personales, profesionales y al establecimiento de las relaciones de pareja.

La literatura sobre la familia considera que las tasas de separación, en Estados Unidos y en España, se han incrementado hasta en un 50% (Pinsof, 2002). En Colombia, en contraste con los porcentajes anteriores, se reportan cifras entre el 5% y el 32% (Fundación Gamma Idear, 2000; Baquero-Melo et al., 2000). En nuestro estudio, el porcentaje de padres separados fue del 25.3%, frente a un 67.3% de padres que permanecen juntos, y un 7.4% de padre o madre fallecidos. Esta diferencia en las estadísticas indica que los índices de separación no son iguales a los de Norteamérica y España; asumir estos índices como referente, sin tener en cuenta las diferencias culturales con respecto a formas de vinculación en pareja, contribuye a crear una percepción generalizada y sobredimensionada acerca del incremento en las tasas de separación en nuestro país.

Los resultados señalan diversos significados que le otorgan los jóvenes al evento de la separación de los padres. En los dos grupos de la investigación, se trata de un acontecimiento difícil y doloroso para los integrantes de la familia, e implica cambios en los diferentes ámbitos de la vida. La visión de los estudiantes cuyos padres permanecen juntos es más negativa que la de los estudiantes cuyos padres se han separado. En este último caso, no obstante el sufrimiento psicológico que conlleva, la separación es percibida como una experiencia que trae cambios positivos como la solución a una serie de dificultades de relación y tensiones familiares, como una oportunidad para que el padre y la madre construyan otros caminos que les aporten bienestar, y también como posibilidad para el aprendizaje y la construcción de autonomía por parte de los hijos. Estos resultados confirman lo encontrado por Laumann- Billings y Emery (2000), quienes afirman que el divorcio es una experiencia traumática que conlleva sentimientos de dolor, pero, en la medida en que pone fin a situaciones conflictivas, es valorado como un camino hacia la salud que no genera problemas psicológicos en los hijos. Otros estudios (Block, Block & Glerde, 1988; Rutter, 1983) indican que los hijos que permanecen en una familia unida, pero con tensiones y conflictos, se adaptan menos que los que viven en una familia monoparental con menos tensiones.

Para los hijos de padres que conviven, aunque pueden ver la separación como una alternativa de solución a situaciones familiares difíciles, mantienen una narrativa en la que privilegian las causas y consecuencias negativas, especialmente para los hijos; por el contrario, esta valoración no se encuentra en los hijos con padres separados, siendo éste uno de los resultados más llamativos de este estudio. Esta valoración, por parte de los hijos de padres que conviven, posiblemente está sustentada en el estigma con el cual la cultura colombiana ha señalado tradicionalmente el hecho de la separación y sus efectos sobre los hijos.

A algunos de los hijos de padres separados, la separación no les generó ningún sentimiento especial en el momento de la ruptura, y entre las razones que aducen está la corta edad que tenían cuando sus padres tomaron esta decisión. El significado otorgado a este hecho depende de la calidad de las relaciones familiares entre el padre y la madre y las familias extensas después de la separación.

Los estudiantes hijos de padres no separados ubican las consecuencias para los hijos especialmente en el área emocional y en la conformación de una pareja; en contraste, los hijos de padres separados consideran que las principales consecuencias se dan en la dinámica de las relaciones familiares, en las que ellos perciben que la separación implica cambios en la relaciones con su padre y con su madre, asumir roles parentales en su familia, adaptarse a nuevos contextos con la familia extensa, o con nuevas familias, y hacer ajustes en el aspecto socioeconómico. Hay acuerdo entre estos resultados y la investigación de Lauman-Billings y Emery (2000), también adelantada con población universitaria, en cuanto a que las tensiones y preocupaciones están asociadas con temas como la decisión de con quién vivir, la frecuencia de contacto con el padre o la madre ausentes, y el conflicto entre el padre y la madre.

En cuanto a la creencia sobre la permanencia en el tiempo de los vínculos de pareja, los resultados de la investigación relativizan la fuerza de la tradición según la cual dicha unión debe ser para toda la vida; los dos grupos lo ven como un asunto dependiente de la historia y de la calidad de las relaciones. No obstante la reiteración de lo incierto que resulta la permanencia de una relación de pareja, los estudiantes de los dos grupos manifiestan su deseo y proyecto a futuro de conformar un vínculo estable y de tener hijos. Sin embargo, se dan diferentes posturas en cuanto a la manera de formalizar estas relaciones, y hay un consenso en que esta opción debe subordinarse al logro de metas a nivel profesional y de estabilidad laboral y económica.

Autores como Wallerstein (1989), y Zamudio y Rubiano (1991) consideran que existen efectos a largo plazo, dado que la separación como evento vital se constituye en un referente para quienes tienen esta experiencia y contribuye a moldear el curso de la vida en el futuro. Los resultados del presente estudio relativizan y matizan estas afirmaciones, en cuanto no es posible establecer, de manera generalizada, una relación de causa-efecto entre la separación de los padres y las dificultades emocionales asociadas a ésta.

Según Lauman-Billings y Emery (2000), los hijos de padres separados estiman que ellos serían diferentes personas si sus padres no se hubieran separado En el presente estudio, el aspecto en el que los hijos de padres separados encuentran mayor dificultad después de la separación es el económico, pues reconocen que su vida sería diferente debido a que separación conlleva limitaciones en relación con la toma de decisiones sobre la ciudad para estudiar, las maneras de financiar los estudios y las metas profesionales a mediano plazo. Además, refieren otros cambios como no contar con una vivienda fija y un núcleo familiar estable.

Las metas personales y profesionales que se plantean los estudiantes no difieren en los dos grupos comparados. Los estudiantes de ambos grupos manifiestan que sus planes de establecer una vida en pareja y familiar son a largo plazo, y los subordinan a la satisfacción de sus metas de estabilidad e independencia económica, de adelantar estudios superiores y de viajar. Así, la mayoría hace referencia, a corto y mediano plazo, a aquellas metas que tienen que ver con la culminación de estudios universitarios y a la continuación con una formación de posgrado. La diferencia está en que los hijos de padres separados tienen una mayor capacidad para tener en cuenta las posibilidades y limitaciones que conlleva concretar los proyectos a futuro, posiblemente debido a que no ven las condiciones para poderlas concretar, en contraste con el grupo de estudiantes cuyos padres conviven, que incluyen y explicitan dentro de su visión de futuro metas en lo personal. Lo anterior puede indicar que los hijos de padres separados tienen muy presentes las posibilidades y límites de la situación personal, familiar y social que están viviendo en la actualidad.

Los dos grupos de estudiantes tienden a proyectarse hacia el futuro más a corto y mediano plazo, y, en este sentido, los reportes de García (1995; como se cita en DIUC, 2004) y los hallazgos de Ruiz y Villa (2000; como se cita en DIUC, 2004) coinciden en tópicos como la necesidad de disfrutar el presente mientras se es joven, pues se piensa en el futuro como algo lejano, ligado a la idea de hacerse adultos y la importancia de tener dinero, que es considerado como un factor determinante para salir adelante y poder hacer planes. En el presente estudio, esta valoración de lo económico se da como un condicionante esencial para la estabilidad futura a nivel personal, profesional y afectivo. Para los estudiantes, esta moratoria es el tiempo necesario para lograr una preparación académica y adquirir experiencias y aprendizajes para asumir con responsabilidad la vida posterior. Este proyecto vital, así concebido, está respaldado por expectativas similares de los padres, sin que haya diferencias entre los dos grupos, como lo afirma Pinilla (2001; como se cita en DIUC, 2004).

La elección de una carrera y los posibles efectos de la separación en esa escogencia son procesos que la mayoría de los participantes de ambos grupos no relacionan entre sí, posiblemente por considerar que la profesión elegida es un asunto exclusivamente personal y un campo de su autonomía. Por esto, aprecian cuando los padres respetan y apoyan sus decisiones profesionales, aun cuando no están de acuerdo con ellas.

Con respecto a las relaciones entre padres e hijos, y al apoyo que éstos les brindan en los diferentes momentos de toma de decisiones vitales, Wallerstein y Lewis (2004) afirman que los hijos de padres que conviven hablaron con sus padres de sus planes universitarios, y ninguno de los hijos de padres separados tuvo esta experiencia. Los resultados encontrados en la presente investigación van en otra dirección, pues no se evidencian diferencias entre los dos grupos. La mayoría de los participantes manifiestan haber contado con el apoyo de los padres o familiares para la elección de la carrera, o cuando decidieron cambiar al respecto. Este apoyo lo ven en el acompañamiento en el proceso de toma de decisión y en los consejos sobre las posibles dificultades para conseguir empleo, o sobre la dedicación requerida por la profesión. Igualmente, los resultados de la investigación contradicen las ideas de Wallerstein y Lewis (2004), con respecto a que muchos de los estudiantes de padres separados escogen carreras que no son de su mayor interés, y que las cursan en instituciones de menor rango que las de sus padres. Al contrario, los hijos de padres separados eligieron con mayor seguridad la carrera que los hijos de padres no separados, quienes expresaron con mayor frecuencia no saber lo que querían hacer y no contar con un conocimiento previo sobre las carreras. Los estudiantes de ambos grupos son consistentes en sostener que escogieron sus carreras universitarias de manera libre y acorde con sus intereses, y, por lo mismo, la mayoría está satisfecha con la carrera que cursa actualmente en la universidad.

Las expectativas que tienen los estudiantes al conformar una relación de pareja no difieren en los dos grupos, ya que plantean un modelo similar de pareja en cuanto a las características y dimensiones que debe tener, y en cuanto a los temores ante las posibles dificultades que tengan que enfrentar. También coinciden los dos grupos en el deseo de romper los esquemas tradicionales para formalizar los vínculos de pareja.

Se encuentran diferencias entre los dos grupos en las narrativas sobre los modelos de relación de pareja de los padres. Los hijos de padres que conviven enfatizan las características positivas de la relación de sus padres, a pesar de las dificultades que ellos identifican, y la asumen como un modelo para sus propias relaciones de pareja. En contraste, los hijos de padres separados son conscientes de las dificultades relacionales entre padres y madres, y son capaces de discriminar los factores que posibilitan o limitan la convivencia en pareja. Este conocimiento de las vicisitudes de las relaciones afectivas genera temores e inseguridades, pero no incapacita para establecer relaciones de pareja satisfactorias.

La posibilidad de establecer relaciones de pareja significativas no es diferente entre los dos grupos que se compararon, ya que el 80% de los estudiantes con padres que conviven y el 85% de los estudiantes de padres separados han construido por lo menos una relación valorada como importante. Estos datos van en contravía de las consideraciones de Wallerstein y Lewis (2004), quienes afirman que cuando los niños y niñas de padres separados llegan a la adultez, su capacidad de establecer una relación duradera y comprometida disminuye, en tanto que se ven invadidos por los fantasmas del divorcio de sus padres y les asusta correr con la misma suerte. En nuestro estudio, los estudiantes de padres separados reconocen que la separación de sus padres ejerce un efecto importante en la forma en que ellos viven en la actualidad y proyectan sus relaciones afectivas; hay desacuerdo en cuanto a la absolutización de lo negativo y en cuanto a la imposibilidad de establecer relaciones de pareja satisfactorias. A pesar de esta influencia desfavorable, los hijos de padres separados expresan que este evento les ha permitido aplicar en sus propias relaciones los aprendizajes de dicha experiencia, y ha contribuido para no cometer los mismos errores de sus padres.

Los temores y dificultades para establecer y mantener relaciones de pareja igualmente son reportados por los hijos de padres que conviven, y mencionan algunos obstáculos en el establecimiento de sus relaciones de pareja, como no haber conocido el amor, no compartir intereses, no estar listos para comprometerse, y se refieren al temor de involucrarse o a no ser correspondidos.

Según Franklin et al. (1999), el divorcio de los padres es un factor de riesgo que afecta la percepción de los hijos en cuanto a su propio matrimonio, y aumenta la posibilidad de repetir la situación de divorcio. Así mismo, hace que sean menos optimistas con respecto al éxito de su futuro matrimonio. En esta investigación se encuentran sólo algunas coincidencias con lo anterior, en cuanto los jóvenes reportan los aprendizajes que les ha dejado la experiencia al tener conciencia de las posibles dificultades que puedan enfrentar. Aunque los participantes en esta investigación aún no han establecido un vínculo matrimonial, expresan la convicción de que serán más cuidadosos y serios al momento de consolidar una pareja, y que no repetirán el modelo de relación entre sus padres y madres. En ambos grupos, las mujeres manifiestan que esperan construir una relación caracterizada por la estabilidad, la seriedad, el complemento mutuo, y en la cual la pareja brinde compañía, respeto, sinceridad y fidelidad. Los hombres, por su parte, esperan encontrar en su pareja honestidad, respeto, un físico agradable, inteligencia y flexibilidad, así como entendimiento en el aspecto sexual. Lo anterior va en la misma dirección de Shulman et al. (2001), cuyos hallazgos muestran que el sentido de pérdida o rabia asociado con la separación de los padres no está ligado con la calidad de las relaciones románticas de los hijos cuando llegan a ser adultos jóvenes. Éstos logran tener niveles altos de colaboración, goce e intimidad, y pocos problemas en estas interacciones.

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