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Apuntes: Revista de Estudios sobre Patrimonio Cultural - Journal of Cultural Heritage Studies

versión impresa ISSN 1657-9763

Apuntes v.22 n.1 Bogotá ene./jun. 2009

 


El valor estructurante del patrimonio
en la transformación del territorio

Julián Galindo González*, Joaquín Sabaté Bel**

julian.galindo@upc.edu
Universidad Politécnica de Cataluña
*Doctor arquitecto y profesor titular de Universidad Politécnica de Cataluña -UPC-, del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Ha sido profesor en el Master "Proyectar el territorio" de la UPC. Ha coordinado, con el Ámsterdams Historich Museum, la exposición "La construcción de la ciudad abierta. Ámsterdam 1934-1995", y fue invitado por las universidades de Palermo y Venecia a los seminarios que acompañaron la exposición en Italia. Sus trabajos y artículos han sido reconocidos en publicaciones, revistas, en conferencias y en premios nacionales e internacionales, entre los que se destacan: Primer Premio. 2004. Concurso Ordenación Puerto de la Cruz (Tenerife). Primer Premio. 2004. Concurso Plan Especial Centro Histórico de Tacoronte (Tenerife). Premio. 2006. Ciudad del Medio Ambiente. Premio "Ciudad, urbanismo y ecología".

Universidad Politécnica de Cataluña
**Catedrático de Urbanismo, profesor e investigador en la Universidad Politécnica de Catalunya -UPC-. Coordinador Master de Proyectación Urbanística y Programa ALFA de la Comunidad Europea de Gestión de recursos culturales. Chairman del European Postgraduate Masters of Urbanism. Strategies and design for cities and territories. Entre 1992 y 1999, director del Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la UPC. Fundador del Laboratorio Internacional de Paisajes Culturales y director de la revista ID Identidades: Territorio, Cultura, Patrimonio. Ha participado en diversos libros o capítulos de libros, así como en otros tantos artículos en revistas especializadas. En tres ocasiones ha sido distinguido con el Premio Nacional de Urbanismo de España -investigación, planeamiento y rehabilitación- y en 2007 con el Premio de Urbanismo de Cataluña.

Articulo de investigación resultado del proyecto "Laboratorio internacional para el diseño de paisajes culturales. Acción especial de investigación y desarrollo", financiado por la Dirección General de investigación de la Universidad Politécnica de Cataluña entre 2002 y 2003.

Recepción: 14 de octubre de 2008 Aceptación: 29 de julio de 2009



Resumen

Ésta es una reflexión que pretende entender y descubrir el valor potencial de la identidad de un territorio y plantear los nuevos retos que el paisaje cultural introduce en la disciplina urbanística. Se pone especial interés en la lectura e interpretación a diferentes escalas de las claves formales de su construcción, descubriendo la existencia de patrones y leyes de ocupación que transforman el territorio, definiendo una lógica formal propia que sintetiza y representa su identidad. El artículo se estructura en cinco apartados. En el primero se plantea una hipótesis: El paisaje y el territorio son una realidad en continua evolución; aquello que debe preocuparnos no es tanto asegurar su inmutabilidad, sino evitar que, en el natural proceso de transformación, el territorio y el paisaje se vean despojados de sus valores patrimoniales. En el segundo se defiende que el aprecio que sentimos por la antigüedad, por el pasado, es de hecho un invento moderno que ha ido evolucionando de una exclusiva preservación de piezas monumentales a una visión mucho más amplia de patrimonio, que podríamos sintetizar con el concepto de paisaje cultural. Después se intenta aclarar el concepto de paisaje cultural y de parque patrimonial, especificando los instrumentos de desarrollo de ellos, para después detenerse en sintetizar algunas de las lecciones aprendidas del análisis de algunos casos de estudio de parques patrimoniales. Por último, se repasan algunas iniciativas en Holanda que muestran la capacidad del patrimonio cultural de establecer líneas de evolución para amplios espacios del territorio.

Palabras clave del autor: Paisajes culturales, conservación, desarrollo económico, participación social, ordenación territorial.

Descriptores: Mantenimiento de parques, paisaje cultural, conservación y restauración de sitios históricos, áreas protegidas.



The structuring value of heritage in the
transformation of territory

Abstract

This paper pretends to understand and discover the potential of the identity of a territory, and to set out the new challenges that the concept of cultural landscape introduces in urbanism. A special interest is taken for reading and interpreting, at different scales, the keys of recognition and construction, discovering the existence of patterns and laws of occupation that transform the territory, and defining a formal logic of its own that resumes and represents its identity. The article is structured in five parts. The first one brings up a hypothesis: The landscape and the territory are a reality in continuous evolution; therefore we must not try to avoid mutations, but make sure that, in the natural process of transformation, landscape and territory do not lose their heritage values. In the second part the article explains that the value given antiquity and the past, in fact is a modern invention, that has been evolving from the preservation of monumental pieces only to a much wider view of heritage, that could be resumed with the concept of cultural landscape. Subsequently, the concepts of cultural landscape and heritage park are explained, specifying their development tools and some of the lessons learned from the case studies about heritage parks are described. In the end, the article reviews some initiatives in the Netherlands that show the capacity of cultural heritage to help develop evolution strategies for vast territories.

Key words: Cultural landscapes, Preservation, Economic development, Social participation, Regional planning.

Key Word Plus: Parks Maintenance, Cultural heritage, History Sites, Conservation and Restoration Protected Areas.

* Los descriptores y key words plus están normalizados por la Biblioteca General de la Pontificia Universidad Javeriana.



Todos tenemos la percepción de que nuestros paisajes se encuentran hoy en un proceso de transformación acelerado. Pero, a menudo, esta transformación, lejos de enorgullecemos, nos llena más bien de un cierto sentimiento de pérdida y nos provoca desconcierto y desazón. ¿A qué se deben estos sentimientos encontrados que tan a menudo vemos expresados en la literatura, en la prensa o en el debate ciudadano?

La respuesta debe buscarse en primer lugar en una dimensión subjetiva: la transformación del paisaje había estado asociada tradicionalmente al tiempo largo de la colectividad y de la Historia con mayúsculas, no al curso breve de la experiencia individual. Ésta es una de las razones por las que el paisaje se ha contado, tradicionalmente, entre los elementos permanentes de un entorno, lo que explica en buena parte su papel en la construcción del sentido colectivo, en la construcción de la identidad de cada sociedad.

Ahora bien, como sabemos, este carácter permanente del paisaje se ha visto en los últimos tiempos profundamente alterado, de forma tal que, en el transcurso de una vida, podemos ver transformase de manera radical varias veces un mismo lugar: así, a lo largo de nuestra experiencia vital, un lugar deviene diversos paisajes. De este modo, el lugar pierde en parte su potencial como elemento de identificación. De aquí la generalización del sentimiento de pérdida.

Pero el sentimiento de pérdida ante la evolución del paisaje no responde tan sólo a razones de psicología individual. Responde también a una percepción, más o menos clara, de que los cambios acelerados que están acaeciendo suponen no sólo una depreciación de la función del paisaje como referente de identidad personal y colectiva, sino de otros valores de gran importancia social. A saber:

  1.  El valor del paisaje como patrimonio cultural e histórico

  2.  El valor del paisaje como indicador de calidad ambiental

  3.  El valor del paisaje como recurso económico

Pues bien, para afirmar y preservar estos valores, hay que entender que el paisaje y el territorio son una realidad en continua evolución, como la sociedad que los crea, y que aquello que debe preocuparnos no es tanto asegurar su inmutabilidad -basándonos en la protección-, sino evitar que, en el natural proceso de transformación, el territorio y el paisaje se vean despojados de sus valores patrimoniales, simbólicos, en definitiva, de su identidad. Por tanto, sin el reconocimiento y la defensa de los valores del paisaje, no es posible la gestión del territorio en beneficio de la colectividad. Por ello, el patrimonio, la identidad del territorio, debe convertirse en un factor más en la ordenación territorial.

Sólo una gestión del territorio que esté dispuesta a contradecir algunas de las actuales dinámicas dominantes en la transformación del territorio será efectiva desde un punto de vista paisajístico, identitario y cultural.

En este sentido, debiéramos dirigir nuestros esfuerzos a situar el paisaje como eje central de los instrumentos y planes de ordenación. Paisaje en su más amplio sentido, natural y cultural; paisaje no como resultado acabado de una cultura, sino como realidad continuamente evolutiva; paisaje y territorio no como mero soporte, sino como factor básico de cualquier transformación. Y en esta línea, los paisajes culturales, la identidad y el patrimonio en la ordenación territorial pueden jugar un papel relevante, porque constituyen la expresión de la memoria, de la identidad de una región.

Las palabras paisaje, identidad, patrimonio, paisajes culturales han arraigado en el lenguaje de la práctica actual, siendo utilizadas cada vez con más frecuencia como un comodín en ámbitos tan diferentes como la política, la geografía o el urbanismo. Estos son términos que están sufriendo un abuso y un desgaste semántico que conduce a la necesidad de aclarar, lo antes posible, a qué nos referimos cuando los utilizamos.


1. De la protección de los monumentos a los paisajes culturales

La idea de conservar el patrimonio heredado de generaciones anteriores es relativamente moderna. De hecho, hasta bien entrado el siglo XIX la construcción de la ciudad europea supone generalmente la paulatina sustitución de los tejidos más antiguos.

Cierto es que la bula del papa Pío II Cum alma nostra vitem (1462), protegiendo los restos de la antigua Roma, podría considerarse un hito clave en la preocupación por clasificar y conservar elementos antiguos.

Pero sin movernos de Roma, en este caso la de Pío V, basta analizar una de las mejores realizaciones del barroco para verificar cómo, aun manifestando una altísima preocupación por la forma urbana, se hace tabla rasa de la ciudad anterior.

La preocupación por el mantenimiento de los vestigios del pasado no nace de hecho hasta la Ilustración, con el ensimismamiento de Goethe al descubrir Verona o con las expediciones de Heinrich Schliemann en busca de Troya. Será en 1834 cuando en París se cree la Inspección General de Monumentos Históricos y sintomáticamente se proponga para su dirección a un ya reconocido literato, Prosper Mérimée, apasionado de la arqueología y los viajes.

Éste establece unas primeras medidas de protección de determinados edificios en función esencialmente de su antigüedad y, evidentemente, de ciertas preferencias estilísticas, cambiantes con el tiempo y con los sucesivos responsables. Encarga a su amigo Viollet-Le-Duc la reforma de la abadía de Vézelay, donde éste afronta por vez primera el problema teórico de la restauración de monumentos. Otros personajes como el grabador G. Doré o el propio Merimée salen en defensa de un París medieval que desaparecía bajo las reformas de Haussmann.

Esta preocupación por el patrimonio amenazado se consolida, al mismo tiempo que emergen los más dinámicos procesos de transformación vinculados a la revolución industrial. En las principales ciudades empiezan a levantarse recintos especializados donde se almacenan manifestaciones patrimoniales diversas, tanto naturales como culturales -parques zoológicos, jardines botánicos, grandes museos folklóricos, etnográficos y arqueológicos...-. Los objetivos comunes son preservar determinadas piezas y generalizar su acceso y disfrute. Pero esto se consigue a menudo expoliando tantos rincones, o sea, desvinculando el patrimonio del territorio donde se ha producido. Tan solo las riquezas naturales, determinados monumentos de considerable tamaño -y no siempre-, o los centros históricos, obligan a una visita in situ al terreno donde se ubican.

No será sino hasta bien avanzado el siglo XX, al calor de las crisis industriales y del creciente turismo cultural, cuando se manifieste un progresivo aprecio por una concepción mucho más amplia de patrimonio, como el legado de la experiencia y el esfuerzo de una comunidad, ya sea material o inmaterial. De una concepción esteticista y restringida de los monumentos, el patrimonio se convierte en el lugar de la memoria. Deja de recluirse en recintos y ciudades privilegiadas, y exige un reconocimiento vinculado al ámbito donde se produjo, que refuerce su identidad. Se empieza a tomar conciencia de su valor como herencia de una sociedad y de su carácter indisoluble, por tanto, de ella y de su territorio. Surgen con ello nuevas instituciones, instrumentos y conceptos, como los paisajes culturales.


2. De los paisajes culturales a los parques patrimoniales

Podemos rastrear los orígenes del término paisaje cultural en escritos de historiadores o geógrafos alemanes y franceses de finales del XIX, desde los alegatos deterministas de Friedrich Ratzel y la atención que Otto Schlütter reclama sobre la idea landschaft como área definida por una inter-relación armoniosa y uniforme de elementos físicos, hasta la interpretación de la incidencia mutua entre naturaleza y humanidad de Vidal de la Blaché. Otros sociólogos y filósofos franceses -Emile Durkheim, Frédéric Le Play- defendieron la relación entre formas culturales de vida y territorios acotados; en definitiva, entre paisaje y paisanaje.

Pero la acepción actual del concepto paisaje cultural no aparece hasta principios del siglo XX. Es el profesor Carl Sauer, que estudia en Alemania y Chicago, quien propaga su uso desde la Universidad de Berkeley en la década de los veinte, revisando aquella idea de landschaft.

Sauer profundiza en lo que denomina geografía cultural, disciplina que analiza las transformaciones del paisaje natural -en cultural- debido a la acción del ser humano, estudiando la relación cambiante entre hábitat y hábitos.

En La morfología del paisaje (1925, pp.1953), Sauer define paisaje cultural como el resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural. La cultura es el agente, lo natural, el medio; el paisaje cultural, el resultado.

Sauer y los geógrafos de la escuela de Berkeley devuelven la idea de paisaje, como imagen compuesta, a un territorio, un lugar concreto, caracterizado por una cultura coherente y estable. Desarrollan una metodología inductiva para comprender y poner en valor territorios históricos -recopilación de datos, mapas antiguos, relatos de viajeros, títulos de propiedad, encuestas... - y analizan cómo los elementos del paisaje vernacular se desplazan de un lugar a otro, identificando así patrones de migración cultural.

Sauer nos viene a decir que paisaje cultural es el registro del hombre sobre el territorio, como un texto que se puede escribir e interpretar, entendiendo el territorio como construcción humana.

Otra aportación de singular relevancia para la difusión de los estudios sobre paisajes culturales, será la del escritor y editor John Brinckerhoff Jackson -The Interpretation of Ordinary Landscapes Geographical Essays, A Sense of Place, a Sense of Time-, que compartió con Sauer una larga relación y correspondencia. Y lo será fundamentalmente al reclamar atención sobre paisajes y comunidades de la América "cotidiana", que ya habían defendido Walt Whitman, Mark Twain o Winslow Homer. O haciendo frente a la degradación o desaparición de esos paisajes, como anteriormente habían reaccionado George Perkins Marsh o Lewis Mumford.

Brinckerhoff recibirá una rica y muy diversa formación en Europa y América, que trasladará a su visión abierta y multidisciplinar del paisaje y de los paisajes culturales. Conferenciante y profesor en diversas universidades -desde Harvard y Berkeley a Nuevo Méjico- de una asignatura denominada Estudios de Paisaje, quizás sea, en cambio, su labor como editor de la revista Landscape y como autor de numerosos artículos en ésta, su legado más relevante. En 1951 inicia la revista, inspirado en una recién aparecida Revue de géographie humaine et d'ethnologie, y la promoverá durante más de 17 años, aunque continuará colaborando en ella, una vez en manos de un nuevo editor, hasta su muerte en 1996.

La revista arranca con traducciones del trabajo de diversos geógrafos franceses que abordan la relación entre genre de vie y pays, pero abordará visiones diversas del paisaje desde perspectivas de historiadores, arquitectos, paisajistas, planificadores, sociólogos, geógrafos, antropólogos o periodistas que pretendían cimentar las bases de interpretación de los paisajes culturales. Durante medio siglo, sus artículos de arquitectura vernácula, planeamiento urbano y rural, historia de América, antropología, geografía cultural, preservación y turismo, nutrieron las páginas de una publicación seminal y, junto con sus clases, ejercieron una extraordinaria influencia en sucesivas generaciones de estudiantes.

El extenso legado de Sauer y Brinckerhoff acerca de los paisajes culturales deriva hacia visiones más descriptivas del paisaje, hasta que se retoma en la UNESCO, casi a finales del siglo XX, desde una preocupación más administrativa, preservadora y política que académica y proyectual.

Aunque goza de reconocimiento oficial, todavía hoy Paisaje Cultural constituye un término poco común para un concepto relativamente opaco. Como ejemplo, sirvan las definiciones relativamente complejas que propone la UNESCO, al aprobar en 1992 un instrumento de reconocimiento y protección del patrimonio cultural de valor universal. Tampoco resultan mucho más clarificadoras las categorías establecidas por el National Park Service, la entidad que más paisajes culturales ha promovido o amparado.

Convengamos una definición algo más sencilla: paisaje cultural es un ámbito geográfico asociado a un evento, a una actividad o a un personaje histórico, que contiene valores estéticos y culturales. O dicho de una manera menos ortodoxa, pero más sencilla y hermosa, "paisaje cultural es la huella del trabajo sobre el territorio", algo así como un memorial al trabajador desconocido.

En todo caso, lo que me interesa destacar es que los esfuerzos por acotar el concepto nacen de una creciente preocupación por el patrimonio. La UNESCO celebra en 1972 una convención para la protección del patrimonio natural y cultural, antecedente de su política de paisajes culturales que cristaliza veinte años después. Precisamente en 1972, el National Park Service impulsa el Parque Cultural del Carbón, y un año después se inicia el proceso de recuperación de New Lanark en Escocia. Surgen en poco tiempo, impulsadas por comunidades locales, numerosas iniciativas que se plantean el tratamiento de amplios territorios llenos de vestigios patrimoniales con una gestión similar a la de los grandes parques nacionales, aunque con un componente sociocultural añadido.

Al calor de esta preocupación, se desarrolla la arqueología industrial en Inglaterra, Francia y Alemania -el estudio científico del patrimonio industrial-. Se inicia con los "palacios de la industria" -fase ilustre de la industria decimonónica-, pero bien pronto se extiende a manifestaciones menos grandiosas o singulares, y a la interpretación en general del paisaje de la industria.

Al mismo tiempo, se levantan diversos museos relacionados con la antropología en los países nórdicos -Museo Popular en Oslo; de las Tradiciones Pesqueras en las islas Lofoten; Skansen o Bergsladen en Suecia...-. Así mismo, surgen ecomuseos en Francia, Noruega y Suecia, o unos primeros centros y planes de interpretación en Inglaterra. Más tarde se acuña el concepto de territorio-museo.

Y bien pronto estas iniciativas se fijan en áreas de vieja industrialización venidas a menos, con una marcada voluntad de reactivarlas, de promover no solo la preservación del patrimonio, la promoción de la educación y las actividades recreativas, sino, sobre todo, de favorecer un nuevo desarrollo económico. Se inicia la recuperación de extensos paisajes industriales -Lowell, Blackstone, Lackawanna...-. Todas estas iniciativas se fundamentan en el estudio y rehabilitación de elementos patrimoniales, y en su utilización para atraer estudiosos y turistas. Surgen los denominados parques patrimoniales como estrategia de desarrollo -económico- territorial.

Y lo hacen siguiendo un proceso bastante común que comprende: el inventario de los recursos, su jerarquización e interpretación en función de una determinada historia, y la construcción de una estructura soporte que mediante itinerarios los vincule entre sí y con centros de interpretación, museos y servicios.

La mayor parte de estos proyectos, y quizás los más relevantes, están localizados en los Estados Unidos. Ello cabe atribuirlo a la extensión de su patrimonio industrial, a los notables esfuerzos invertidos en su revalorización, a la trascendencia del acto de reconocimiento oficial y al notable papel de diversas instituciones como el National Park Service. Todo esto ha permitido depurar criterios suficientemente validados en el diseño de parques patrimoniales, reclamar reconocimiento legal para estos ámbitos y aprobar programas de impulso.

Pero en Europa encontramos cada vez más proyectos de parques industriales, mineros, agrícolas, fluviales, recorridos históricos, paisajes bélicos, parques arqueológicos o ecomuseos.

Del análisis de los más significativos de estos proyectos, podemos extraer una primera conclusión: la gestión inteligente de los recursos patrimoniales supone en diversos territorios uno de los factores clave para su desarrollo económico, porque atrae turismo e inversiones, genera actividades y puestos de trabajo, pero fundamentalmente, porque refuerza la autoestima de la comunidad.

Ello nos lleva a pensar que los síntomas de aparente debilidad de tantos escenarios en crisis pueden ocultar las claves de su futura transformación. Las muestras de decadencia, los vestigios de un esplendor pasado pueden verse como una condena, o bien entenderse como activos para construir un nuevo futuro, como recursos para ser revalorizados y estructurados en aras de conformar una base adecuada de desarrollo.

Empieza a existir una cierta experiencia de planes de impulso regional basados en el patrimonio, entendido el patrimonio en su más amplia acepción, natural y construido. Algunas de las iniciativas más recientes y exitosas de ordenación territorial evidencian el interés de esta nueva aproximación. Todas ellas contemplan algunas premisas básicas: identificar los recursos de mayor interés y ofrecer una interpretación estructurada y atractiva de ellos, narrar una historia capaz de atraer visitas e inversiones, de descubrir oportunidades de actividad y áreas de proyecto, de situar el territorio en condiciones de iniciar un nuevo impulso de desarrollo económico.


3. Algunas lecciones de los parques patrimoniales

Las consideraciones que siguen surgen del análisis de una cincuentena de iniciativas, la mayor parte de ellas situadas en los Estados Unidos, pero muchas y relevantes asimismo en Europa. Se inició en 1998, con motivo del proyecto del eje patrimonial del río Llobregat. En el estudio nos fijamos no tanto en el contenido de los parques patrimoniales, sino en los conceptos, métodos e instrumentos utilizados en su proyecto. Quisiera destacar aquellos aspectos más repetidos y relevantes, un decálogo de lecciones aprendidas.


Definir los objetivos de la intervención

El objetivo fundamental suele ser el de integrar, dentro de un estricto respeto a las características de un territorio, la preservación de recursos patrimoniales con la educación, el ocio, el turismo y el desarrollo económico. En la mayor parte de los casos, esto se pretende hacer sentando las bases para una estrecha colaboración entre diferentes administraciones, instituciones y particulares interesados.

Conviene que los objetivos sean pocos y claramente definidos. Algunos de los más comúnmente planteados son:

  1. Impulsar la cooperación entre comunidades ofreciendo oportunidades para el ocio, la preservación y la educación.

  2.  Desarrollar mecanismos de protección de los recursos patrimoniales.

  3.  Interpretar dichos recursos y las "historias" asociadas para los residentes, visitantes y estudiantes de todas las edades, integrando el patrimonio como parte de los programas educativos locales.

  4.  Hacer siempre partícipes a los residentes.

  5.  Desarrollar un programa de revitalización económica que utilice el patrimonio para atraer turistas e inversiones públicas y privadas en edificios o lugares clave.

  6. Establecer vínculos físicos e interpretativos entre los recursos, utilizando estrategias basadas en la cooperación.

En la mayoría de casos, las palabras clave son: conservación -del patrimonio cultural-; educación y reinterpretación - narrando historias que van a hacer significativo un lugar-; esparcimiento -aprovechando respetuosamente los recursos culturales y naturales-; desarrollo económico -de la región o ámbito considerado-, y colaboración -entre administraciones, instituciones públicas, agentes locales y sector privado-.


En todos los parques patrimoniales resulta imprescindible explicar una historia

En cada territorio se plantea una determinada interpretación, generalmente muy específica, aquella que resulta más coherente con los recursos disponibles, como por ejemplo: la contribución de las mujeres o de las comunidades extranjeras en el desarrollo industrial; la vida cotidiana en las colonias industriales; la organización de la comunidad campesina; la importancia de un canal como sistema de transporte y abastecimiento; la rica técnica tradicional de explotación de las salinas; la solemnidad de las primeras fundiciones de hierro.

Dicha historia, dicha interpretación, resulta imprescindible para relacionar entre sí recursos alejados, para que interactúen y se refuercen, para situar en cada momento al turista, al estudioso, al usuario, respecto de un guión general.


Definir un ámbito coherente

Uno de los primeros aspectos que se abordan en los proyectos es la delimitación precisa y justificada del ámbito, en función de sus recursos y de su historia, de su singularidad, de aquello que lo hace merecedor de preservación, reinterpretación y valorización. Esto lleva consigo un esfuerzo de documentación de aquellos periodos mejor representados.

Se debe demostrar la pertinencia de relacionar episodios físicos y temáticos diversos, relacionándolos a través de un hilo conductor, de modo que se mantenga la coherencia conceptual e histórica.

Pero a veces el ámbito considerado resulta excesivamente extenso, rico y diverso en recursos, y obliga a reconocer en su interior diversas identidades patrimoniales potentes y diferenciadas. O simplemente se considera interesante destacar en cada rincón aquellos recursos que destacan, aquel fragmento de la historia mejor representado, aunque ello implique hablar de temas diversos. En dichos casos se tiende a fragmentar el ámbito, a definir sub-motivos y a confiar a cada fragmento su narración.

Se trata, entonces, de vincular diversas etapas de una historia común. Como cada uno de los sub-ámbitos puede tener un tema específico, se debe reforzar su propia identidad, pero al tiempo ésta debe contribuir a la narración general. La ordenación cronológica constituye habitualmente un claro hilo conductor. En cada uno los sub-ámbitos debe enfatizarse una parte de la historia, sin competir con las restantes. La complementariedad es esencial, aunque no riñe con la posibilidad de mostrar temas colaterales, siempre y cuando no distraigan excesivamente del mensaje principal y no resten fuerza a la narración de otro sub-ámbito.

En ocasiones se explican, con claras connotaciones pedagógicas, los momentos de crisis en el desarrollo de un territorio y al tiempo se destaca el potencial del parque patrimonial como incentivo para su recuperación. Pero en todos los casos resulta remarcable que las historias se ajustan a un periodo temporal acotado y vinculado estrechamente a un tema. Se rehuyen recorridos históricos extensos, ya que resulta difícil que un territorio concreto pueda atesorar recursos significativos en todas las etapas, y menos aun temáticamente homogéneos.


El viaje, el guión y la imagen, tres aspectos fundamentales

Es imprescindible vincular los recursos asociados a la historia que se pretende narrar a través de itinerarios: andando, a caballo, en barca, en bicicleta, ya que la experiencia del recorrido, de seguir un guión, es fundamental. Hacerlo a la velocidad propia del tiempo en que aquellos recursos y aquel paisaje fueron proyectados, ayuda a su apreciación.

La imagen es fundamental. Y para reforzar la imagen de cada lugar, es preciso reconocer su identidad y destacarla. Muchas de nuestras valoraciones se basan en percepciones. De ahí la importancia de un icono o de un logo. Éstos nos permiten referir cada rincón, cada uno de los recursos, a una escala superior; encontrar elementos identificativos que nos remitan constantemente al conjunto.

Muchas veces los propios residentes son los principales sorprendidos con la historia narrada. Aquellos que han dormido sobre un potencial de recursos descubren atónitos el valor de sus recuerdos. Cabe remarcar que los recuerdos son recursos culturales básicos. De ahí la importancia de la labor recopiladora de antropólogos, sociólogos, historiadores, geógrafos y documentalistas.

Cuando desaparecen los vestigios de otros tiempos, la memoria colectiva, el patrimonio compartido y las tradiciones culturales que atesora una determinada comunidad son tan importantes, o incluso más, que sus monumentos. Conviene, pues, prestar especial atención a las memorias asociadas a un recurso, evitar que se pierdan, recopilar historias, documentar, antes de que desaparezcan los vestigios.


La mayor parte de las iniciativas cuentan con una gran participación social

Los ejemplos más relevantes de parques patrimoniales han sido impulsados por agentes locales amantes de un territorio que pretenden valorizar sus recursos. Las mejores iniciativas se caracterizan por crecer desde abajo hacia arriba. Resulta bien difícil asegurar el éxito de un parque patrimonial allí donde no haya recursos humanos locales dispuestos a jugar un papel relevante.

En muchos casos aparece una agrupación sin ánimo de lucro que adquiere un protagonismo creciente en el desarrollo del parque patrimonial. Su función principal es consolidar un espacio de intercambio de opiniones, de colaboración y toma de decisiones compartida entre todas las administraciones, instituciones y particulares interesados. Para incentivar la mayor participación posible de residentes, formadores de opinión y miembros del grupo de seguimiento, se suelen plantear reuniones de discusión y talleres en los que contrastar los avances del proyecto.


Definir una estructura física clara

Los planes de parques patrimoniales constituyen figuras relativamente novedosas, aunque el número de experiencias empieza a ser considerable. Esto ha supuesto la necesidad de desarrollar conceptos e instrumentos específicos, muchos de los cuales constituyen ya lugares comunes.

El conjunto de propuestas analizadas presenta en este sentido notables similitudes. Prácticamente en la totalidad de los casos, podríamos reconocer la existencia de unos mismos componentes, que podríamos equiparar a los cinco elementos constitutivos de la sintaxis propuesta por Kevin Lynch en su libro La imagen de la ciudad (1984, pp. 61-98):

  1.  El ámbito global y los subámbitos del parque - Áreas (regions)

  2.  Sus recursos patrimoniales y servicios - Hitos (landmarks)

  3.  Las puertas y accesos, los centros de interpretación y museos - Nodos (nodes)

  4.  Los caminos que vinculan todo lo anterior - Itinerarios (paths)

  5.  Los límites visuales -y administrativos- de la intervención - Bordes (edges)

Y de modo parecido a como Lynch lo hace, podríamos exigir a estos elementos determinados requerimientos en aras de una mayor legibilidad, de una potente identidad del paisaje cultural. Asimismo sería deseable que cada uno de estos elementos cumpliera determinadas características específicas de la esencia y estructura de un parque patrimonial.


4. Hacia los paisajes evolutivos: el caso holandés

Paisajes culturales y parques patrimoniales están teniendo una creciente importancia en el desarrollo económico regional de base local. Pero no debemos considerar esto como el final de un recorrido. La mayor parte de los planes de ordenación del siglo XX hicieron hincapié en la dinámica poblacional y en el desarrollo industrial, y utilizaron la zonificación y el proyecto de grandes infraestructuras como instrumentos fundamentales. Hoy, en cambio, algunas propuestas de ordenación territorial de notable interés empiezan a atender a un nuevo binomio: naturaleza y cultura como partes de un concepto único, patrimonio. Y los paisajes culturales pueden constituir un vehículo para alcanzar el objetivo de construir entornos más diversos y cargados de identidad. Y para reactivar determinados territorios.

Me referiré brevemente a una de estas propuestas, seguramente una de las más ambiciosas y relevantes en esta línea: la Belvedere Nota holandesa, aprobada en 1999 e integrada plenamente en el 5° Documento de planeamiento físico de aquel país. En ella se pretende utilizar los recursos culturales para mejorar la calidad de los ambientes urbanos y rurales, incorporando la identidad histórico-cultural dentro de los procesos de planeamiento.

La selección en todo el país de diversas áreas Belvedere -que con base en criterios arquitectónicos, históricos o arqueológicos incorporan a veces ciudades enteras y paisajes extensos-; la definición de proyectos estratégicos en ellas; la voluntad de trabajar desde lo local, diseñando procesos de cooperación y consenso; la protección mediante la transformación, superando posiciones conservacionistas, pretenden en definitiva fundir la historia cultural, originada en el pasado, con el planeamiento, con voluntad de proyectar el futuro.


Nieuwe Hollandse Waterlinie. Una línea nacional

El proyecto de la Nieuwe Hollandse Waterlinie, NHW, se extiende con carácter nacional de norte a sur del país, definiéndose como una franja útil que comprende los diferentes diques y sus zonas adyacentes que comprenden toda la superficie inundable. Las autoridades holandesas y las diferentes administraciones involucradas están haciendo grandes esfuerzos en la promoción de este proyecto como lugar de interés cultural susceptible de incluirse en la lista del patrimonio de la UNESCO. Las explicaciones giran en torno a que esta construcción resume lo que ha sido la construcción territorial del pueblo holandés a lo largo de su historia, ejerciendo una acción humana sobre la naturaleza hasta el punto de casi su dominio.

La NHW es una línea defensiva formada por canales de 85 kilómetros de longitud que cuenta con fortificaciones, bunkeres y tierras inundables de seguridad. El sistema defensivo de la parte oeste de Holanda, donde se concentraban las ciudades con mayor población, se confió entre los siglos XVII y XX a este sistema mediante la inundación de una franja de tierra entre el Ijsselmeer en el norte y el Biesbosch en el sur. De este modo, las zonas inundadas eran inaccesibles para las tropas, el agua era demasiado profunda para ir andando y poco profunda para la circulación de las embarcaciones, lo cual permitía disponer de una barrera natural para los ejércitos enemigos.

Se construyeron fortificaciones en aquellos puntos donde la línea se intersecaba con infraestructuras de caminos, generando espacios para la relación con el resto del territorio. A su vez se diseñaron numerosos diques y puestos de control territorial. De este modo, se convirtió en el mayor sistema defensivo, casi invisible en el paisaje. El diseño de estos elementos defensivos se producía en estrecha relación con el entorno y la naturaleza, poniendo mucha atención a las especies vegetales, condiciones de los suelos, etc. Su relación era de camuflaje total y absoluto.

Actualmente, cerca del 80 por ciento de la NHW está intacta, a pesar de que las zonas inundables ya no son casi reconocibles, la dimensión de éstas ha ido variando ostensiblemente con el paso del tiempo y en la actualidad representa una superficie casi un 25 por ciento superior a la originaria.

Este elemento defensivo articula en toda su longitud a cinco provincias, cinco estamentos de gestión del agua, cinco ministerios nacionales y veinticinco municipalidades diferentes. Por tanto, todo un espacio de oportunidad de una escala sensiblemente mayor a la que estamos acostumbrados y que necesitará nuevos mecanismos de interpretación y diseño del territorio.

Es un espacio que resume la tradición de control del agua por parte del pueblo holandés, la constante lucha por dominar el medio natural, los avances técnicos de la sociedad holandesa, su tradición en la construcción, el diseño y relación con el paisaje a lo largo del tiempo, la tecnificación de la cultura holandesa. En definitiva, un espacio que sintetiza territorio y cultura de una manera evidente y ejemplar.

Si buceamos en la definición y articulación de este proyecto en sus diferentes escalas de relación, podemos extraer ciertas conclusiones sobre su estructura que muestren algunas de las lecciones que de él podemos extraer. Es evidente que un proyecto de esta envergadura, sólo por la cantidad de municipios que agrupa, resulta complejo; no parte de una visión única y de un camino unívoco; bien al contrario, es un proceso de ida y vuelta basado en la constante redefinición de sus instrumentos, etc.

No podemos afirmar que se trate de un proceso de gestión y proyecto bottom-up ni tampoco una generación inducida desde estamentos estatales. Además, el proyecto regional cuenta con una fuerza determinante en el proceso de decisión, lo cual hace que las tres escalas de referencia -nacional, regional y local- casi formen una única intención, diversos objetivos y muchas voces.


Escala nacional

La NHW se ha convertido en un proyecto nacional dentro de la Belvedere Nota. El objetivo principal es convertir esta línea defensiva en un elemento importante dentro del patrimonio cultural y paisajístico holandés devolviéndole un carácter activo como en otro tiempo tuvo, pero esta vez como elemento cultural, espacio de ocio y recreo, zona deportiva. Por ello, las exigencias actuales en cuanto a ocio, gestión del agua, agricultura, naturaleza e infraestructuras, se tienen en cuenta en su pensamiento.

El objetivo principal a escala nacional que presenta este proyecto, resulta en potenciar la idea del paisaje como memoria colectiva, calidad mediante la identidad.


Escala local

Los municipios que participan en el proceso de diseño de este proyecto, asesoran en la definición más precisa de las áreas y sus límites, y establecen la catalogación de los recursos que se encuentran.

Aquí no acaba la implicación de éstos dentro del proceso, sino que todas las políticas de transformación, desarrollo y planeamiento deben tener en cuenta el objeto final del proyecto para poner en relación los objetivos propios con el objeto común.

El objetivo principal a esta escala de intervención podría traducirse como la necesidad de compatibilizar estructuras viejas y nuevas demandas en los municipios. Este es un principio quizás común en todas las escalas, pero tiene especial importancia en la escala local, por cuanto es en este nivel de detalle en el que pueden darse encuentro el desarrollo de los nuevos programas con estructuras existentes concretas. Es aquí donde se produce el ajuste correcto y los análisis necesarios que busquen la mejor compatibilidad de los programas con estos espacios o estructuras existentes.


Escala regional

La participación de tantos municipios diferentes requiere de un enfoque integrado y regional de la cuestión. En esta escala, los objetos principales que el proyecto propone resaltan la función que la NHW ejerce como cinturón verde para el Deltametropoole. La NHW adquiere un nuevo significado cuando se relaciona con una gran estructura verde y azul, pues la línea aglutina un gran número de paisajes, suelos y biotipos hídricos diferentes. A escala regional, el proyecto de la NHW se traduce en una iniciativa denominada Panorama Krayenhoff. Este trabajo desarrolla un estudio pormenorizado sobre cuáles son los recursos construidos con los que se cuenta; se realiza un inventario sobre los diques, fuertes y elementos militares, así como de los espacios naturales de interés que se encuentran cercanos.

El estudio realiza, en relación con las actividades de ocio y deportivas, algunas propuestas de carácter altamente proyectual. Se basan en su gran mayoría en la readaptación de las estructuras militares existentes con fines turísticos. Muchas de ellas actualmente están ya en servicio con esta finalidad, pero hasta el momento no lo hacían con carácter global dentro de una propuesta general. Las zonas inundables que se extienden a los márgenes de la red de canales, se presentan como el espacio óptimo para actividades deportivas acuáticas y como espacio de reserva natural de agua. Tienen una doble función que promueve la interacción y, por tanto, el enriquecimiento, de políticas diferentes sobre un mismo espacio.

Los márgenes del canal, en aquellas zonas no inundables, tienen como objeto las actividades de ocio y recreo siempre relacionadas con los núcleos urbanos que se encuentran cerca. Se intenta establecer una vinculación entre la escala local y la escala regional mediante la continuidad física de los canales y de las actividades que en ellos tienen lugar. Potenciar el uso alargado a nivel peatonal sobre este espacio, facilita una integración de los diferentes núcleos y refuerza el papel de vínculo funcional para los canales.

Tras esta explicación sucinta sobre la Nieuwe Hollandse Waterlinie, creo que podemos establecer algunas lecciones de este proyecto, no tanto como elemento de diseño, sino como proceso y mirada sensible hacia lo que se debe entender por ordenación territorial atenta a los elementos culturales y naturales.

En su definición, se presenta como un proyecto tremendamente parametrizado por diversas razones, algunas obligadas por el número de entidades involucradas, otras de tipo legislativo. A pesar de ello, se ofrece un espacio para la discusión, redefinición constante, dibujo, representación, definición y ajuste a las diferentes necesidades.

El Patrimonio, al igual que las estrellas que forman constelaciones en el firmamento, ha de guiarnos en el viaje que supone la constante transformación del territorio. Hoy más que nunca, frente a la proliferación de los "no lugares", frente a la globalización y a la banalización de tantos paisajes, debemos intervenir en ellos desde su identidad. Valorando su código genético, su memoria. Porque en la identidad del territorio está, en muchas ocasiones, su alternativa.



Referencias

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