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Apuntes: Revista de Estudios sobre Patrimonio Cultural - Journal of Cultural Heritage Studies

versão impressa ISSN 1657-9763

Apuntes vol.27 no.1 Bogotá jan./jun. 2014

http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.APC27-1.spci 

Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en la era digital: la experiencia de Villa Mitre 3.0

Protecção do Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en la era digital: la experiencia de Villa Mitre 3.0

Safeguarding of Intangible Cultural Heritage in the digital era: the experience of Villa Mitre 3.0

Patrimônio Cultural Imaterial na era digital: A experiência da Villa Mitre 3.0

Lucía Cantamutto

luciacantamutto@gmail.com Licenciada y Profesora en Letras (Universidad Nacional del Sur, 2011 y 2012); Posgrado en Gestión Cultural y Comunicación (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales- Argentina, 2013).

Agradecimientos

Al equipo de Estación Rosario (Marcelo Díaz, Natalia Martirena, Agustín Rodríguez y Nicolás Arias) del cual tuve el gran honor de ser parte. A Christian Díaz, autor original del proyecto Villa Mitre 3.0.

Artículo de investigación

Recepción: 20 de junio de 2013 Aceptación: 15 de agosto de 2013 Disponible en línea: 2 de enero de 2014


Cómo citar este artículo

Cantamutto, L. (2014). Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en la era digital: la experiencia de Villa Mitre 3.0. Apuntes, 27(1), 6-19. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.APC27-1.spci


Resumen

Este artículo considera la naturaleza de los nuevos dispositivos de comunicación o interfaces artefactuales (Gobato, 2014) en los procesos de salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. A partir de una revisión crítica del proyecto Villa Mitre3.0, que fue llevado a cabo en una ciudad argentina entre 2010 y 2012, nos focalizamos en las fortalezas y debilidades de la propuesta para comprender su significado social en la comunidad donde fue desarrollado. A través de la coordinación de varios proyectos personales e institucionales se puso en marcha Villa Mitre3.0, un archivo histórico participativo y multimedia sobre el barrio de Villa Mitre y otros aledaños, pensado a partir de la georreferencialidad de los relatos. Villa Mitre 3.0, fue pensado como un proyecto de cartografía interactiva y participativa, orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital y la recuperación y preservación de la memoria colectiva desde la confluencia del arte, la ciencia, la tecnología y la sociedad.

Palabras clave: patrimonio cultural inmaterial; tecnología 2.0; memoria colectiva; cartografía digital; salvaguardia del pci


Abstract

This article considers the nature of the new communication devices or artifactual interfaces (Gobato, 2014) in the safeguarding of Intangible Cultural Heritage processes. Through a critic recovery of the project Villa Mitre 3.0, which was conducted in an Argentinean city from 2010 to 2012, we focalize in the strengths and weakness of this proposal to understand their social meaning in the community where it took place. The analytical emphasis is on the possibilities of new devices to canalize the concerns of communities for their own history. From the coordination of various personal and institutional projects, started up Villa Mitre 3.0, a participatory history file and multimedia about Villa Mitre and surrounding neighbourhoods, which were designed from the georeference of the stories. Villa Mitre 3.0 was intended as a project of interactive and participatory cartography, aimed at the production, research and dissemination of digital culture, recovery and preservation of the collective memory, from the confluence of art, science, technology and society.

Keywords: intangible cultural heritage; technology 2.0; collective memory; digital cartography; safeguarding ich


Resumo

Este artigo considera a natureza dos novos dispositivos de comunicação ou interfaces artefactuales (Gobato, 2014) na salvaguarda dos processos de Património Cultural Imaterial. Através de uma recuperação crítica do projeto Villa Mitre 3.0, que foi realizado em uma cidade argentina 2010-2012, nós focalizar nos pontos fortes e fracos da proposta para compreender o seu significado social na comunidade onde ele ocorreu. A ênfase analítica é sobre as possibilidades de novos dispositivos para canalizar as preocupações das comunidades para a sua própria história. A partir da coordenação de vários projetos pessoais e institucionais, iniciou-se Villa Mitre 3.0, um arquivo de histórico participativa e multimídia sobre Villa Mitre e bairros vizinhos, que foram projetados desde o georeferenciamento das histórias. Villa Mitre 3.0 foi concebido como um projeto de cartografia interativa e participativa, visando à produção, pesquisa e difusão da cultura digital, recuperação e preservação da memória coletiva, a partir da confluência da arte, ciência, tecnologia e sociedade.

Palavras-chave: patrimônio cultural imaterial; tecnologia 2.0; memória coletiva; cartografia digital; salvaguarda ich


Presentación

Las últimas décadas del siglo XX y el comienzo del siglo XXI han significado un cambio sustancial en el paradigma cultural: diferentes hitos han producido cambios irreversibles que significan una ruptura permanente con la modernidad1. Dentro de esta serie, la aparición y masificación de tecnologías desarrolladas en torno a la computadora e internet han modificado las prácticas sociales cotidianas e institucionales. Incluso, podemos señalar cambios en la organización económica. Hoy en día, las interfaces artefactuales2 (Gobato, 2014) están mediando la mayor parte de nuestras prácticas sociales y culturales actuales (Augé, 1999; Appadurai, 2001; Castells, 2001).

Sin embargo, como es evidente, estas modificaciones no pueden presuponerse como absolutas y homogéneas para toda la población (Castells, 2001; Serrano y Martínez, 2003). De la misma manera que las condiciones económicas y sociales generan, estructuralmente, diferencias al interior de la sociedad, el acceso desigual a las interfaces artefactuales, así como también, la necesidad, la apropiación y la interdependencia con estas, presentan variaciones en función del grupo etario (Prensky, 2001) y del estrato sociocultural o al área geográfica de pertenencia y su respectiva conectividad. Este simple hecho debilita muchas de las presunciones teóricas sobre la sociedad actual: ya no es solo una cuestión de acceso, sino también de permanencia y actualización (constante).

Las posturas a favor y en contra de la dinámica propia del cambio tecnológico suelen ser antagónicas: más apocalípticas o más integradas pero raramente conciliadoras (Kress, 2003; Crystal, 2001). Es decir, muchas veces las posturas adoptadas de quienes establecen estas opiniones se entrelazan con su experiencia tecnológica como usuarios. Si bien ante la inminente transformación acontecida no hay una posibilidad de vuelta atrás (Balardini, 2006, Cassany, 2012), es necesario establecer algunos puntos de razón tanto en una postura como la otra. Las miradas más optimistas en torno a la tecnología suelen omitir consideraciones sobre el acceso real de determinados sectores (sociales, geográficos, grupos etarios) que se ven expulsados de las posibilidades de conectividad. Al respecto Alfredo Torre señala:

En definitiva, si bien el nivel tecnológico necesario para una democracia electrónica ha sido alcanzado por la increíble escalada de los últimos años, hay factores sociales, políticos y económicos que impedirán toda modificación real y que, de no ser solucionados previamente, reducirán la teledemocracia a un simple juego de minorías (2012, p. 42).

Por tanto, se suele negar la interdependencia de las prácticas comunicativas contemporáneas con la dinámica de la sociedad actual.

Ante esta realidad, en el presente trabajo describimos un proyecto de salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) basado en las posibilidades de la tecnología 2.0, realizado en la ciudad de Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina) durante el año 2010, en Estación Rosario -plataforma de acción cultural- (ER). A partir de la coordinación de varios proyectos personales e institucionales, que convergieron en Villa Mitre3.03, un archivo histórico, participativo y multimedia sobre el barrio Villa Mitre4, a partir de la georreferencialidad de los relatos. Es decir, un proyecto de patrimonio virtual5 (Torre, 2012, p. 43).

Su puesta en marcha involucró a un grupo heterogéneo de participantes: gestores culturales, un artista tecnológico, artistas audiovisuales, investigadores, geógrafos y, sobre todo, se fundamentó en la participación activa de los vecinos del sector. Villa Mitre 3.0 fue pensado como un proyecto de cartografía interactiva y participativa, orientado a la producción, investigación y difusión de la cultura digital, la recuperación y preservación de la memoria colectiva, desde la confluencia del arte, la ciencia, la tecnología y la sociedad. Participaron, además de los vecinos, el equipo de ER y alumnos y docentes de la universidad local -Universidad Nacional del Sur (UNS)-, en el marco de un proyecto de extensión universitario.

Nuestra hipótesis general es que las interfaces colaborativas y participativas 2.0 pueden convertirse en herramientas accesibles para los miembros de la comunidad para el proceso de salvaguardia del PCI. Asimismo, evaluamos si la dinámica propia del grupo social en el que se inscriben las interfaces artefactuales es un factor determinante en el éxito o fracaso de un proyecto cultural basado en herramientas tecnológicas. De tal manera, nuestros objetivos son, por un lado, caracterizar los posibles usos de interfaces 2.0 (y 3.0) en los procesos de salvaguardia del pci, describir el uso real, la penetración y apropiación de las nuevas tecnologías en el sector de influencia de un proyecto cultural basado en herramientas de tecnología 2.0 y, por último, analizar las potencialidades y falencias del proyecto cultural Villa Mitre 3.0, implementado entre junio de 2010 y junio de 2012.

Como se verá a lo largo del presente trabajo, muchas veces los proyectos (culturales o sociales) que se basan en el uso de la tecnología parten de posturas etnocéntricas que no atienden a los vínculos heterogéneos de los miembros de la comunidad con la tecnología. Aún más, si profundizamos en el análisis inicial, ni la alfabetización digital ni las competencias tecnológicas de cada sujeto usuario permiten presuponer que este tenga un conocimiento actualizado de todas las plataformas. Cada sujeto tiene una experiencia como usuario según sus necesidades y sus diferentes posibilidades de acceso, en función del poder adquisitivo y de factores como el valor simbólico que le otorgan a las interfaces artefactuales y las necesidades de uso, junto con las opciones de conectividad.

Conceptos teóricos

Salvaguardia virtual de Patrimonio Cultural Inmaterial

Detrás de los aspectos formales, se encuentran conocimientos y saberes ancestrales, relaciones sociales, usos y representaciones simbólicas, toda una trama compleja de sentidos, de relaciones sociales y culturales, las que constituyen el sustento y la razón de ser del patrimonio inmaterial (CRESPIAL, 2011).

Luego de muchos años de trabajo en pos de la conservación del PCI, los países miembros de la la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), adoptaron la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial del año 2003. Esta convención forma parte del aparato normativo de siete convenciones conformes al ámbito de la cultura en la UNESCO.

Ante la polisemia propia de la expresión "patrimonio cultural" que ha sufrido durante varias décadas ha tenido diferentes acepciones, se consensuó, como señala el artículo 2 de dicha Convención, que ya no solo se restringe a monumentos u objetos, sino que también comprende, especialmente, tradiciones y/o expresiones vivas que se han heredado y trasmitido de los antepasados hacia los descendientes En otras palabras,

(...) se entiende por "patrimonio cultural inmaterial" los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son inherentes [a una comunidad] (...) y que se manifiestan en particular en los siguientes ámbitos: tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma, artes del espectáculo, usos sociales, rituales y actos festivos, conocimientos y técnicas artesanales tradicionales (Torre, 2012, p. 5).

En este sentido, la Convención intenta proveer herramientas y marcos legales y jurídicos para la salvaguardia del PCI, a partir de proceso de registro de observación e inventario, donde deben participar los agentes culturales junto con los miembros de las comunidades involucradas.

Algunos conceptos claves de la Convención están atravesados por sentidos cristalizados que remiten a concepciones clásicas de la antropología (por ejemplo, el "folclore" suele tener en nuestro país asociaciones peyorativas restringidas al ámbito de danzas y música únicamente). Como en el presente trabajo articulamos el PCI a través de una visión contemporánea de las prácticas sociales, urge revisar la vigencia del concepto "comunidad" al que refiere la Convención. Si consideramos que solamente los grupos originarios son portadores de manifestaciones culturales tradicionales, trasmisibles por generaciones, que atraviesan sus prácticas, debemos asumir que, por un lado, al existir solo un número limitado de pueblos originarios, una vez relevadas sus prácticas culturales, no habría nuevos elementos para registrar. Las manifestaciones culturales más próximas en el tiempo serían vedadas. Además, se niega la conformación de nuevas comunidades que no responden a la dinámica previa al Estado Moderno.

Tecnología 2.0 y 3.0: del consumidor al prosumidor

En pocos años, el complejo entramado de servicios, prestaciones y aplicaciones derivadas de internet condujo a la necesidad de distinguir entre la primera serie y, al menos, una segunda.

El bautismo de la última permitió denominar la primera: por un lado, tecnología 1.0, por otro, tecnología, 2.0 y así sucesivamente. ¿Cuál es la línea divisoria entre ellas? De todas las explicaciones, la más sencilla es definir a la primera serie como un desarrollo tecnológico unidireccional donde la sociedad consumía los productos y servicios que estaban disponibles en internet, es decir, se continuaba con un modelo cultural (y económico) que no era interactivo (Castells, 2001). Como señala tempranamente Carlos Corrales (1987, p. 6) "Una característica de la tecnología (y las ntc6no exceptúan de ella) es ser expresión organizada de la estructura productiva de la sociedad que le da origen".

En contraposición, el escenario presente alienta un sujeto prosumidor: entre productor y consumidor (Sancha, 2012, p. 11). Al presente, en la búsqueda de sujetos proactivos, los servicios de internet se diseñan para poder absorber (y fomentar) la colaboración de los usuarios. No obstante, el desigual acceso a la tecnología genera, en la comunicación contemporánea, una nueva organización social:

En suma, internet y los nuevos medios de comunicación han abierto la puerta a una nueva dinámica comunicativa que ofrece más posibilidades al usuario como ente activo y participativo en los procesos de comunicación. Sin embargo, estas mismas posibilidades conllevan unos riesgos que, inspirados en la estratificación social que impone el orden económico, pueden revelarse en fuente de desigualdades no tanto por el uso que se haga, sino por la falta de garantías en un acceso público, abierto y plural a las posibilidades del nuevo orden comunicativo (Sancha, 2012, p. 12).

Podemos anticipar, entonces, que el potencial interactivo de la tecnología 2.0 no implica que todos los usuarios se hayan vuelto activos o prosumidores. Asimismo, a pesar de que la usen, no todos los usuarios de internet conocen, por ejemplo, la dinámica de Wikipedia o la lógica de Youtube. De hecho, la mayoría de los usuarios es, a su vez, consumidor de recursos provistos por otros (Cassany, 2012, pp. 23-38).

La web 2.0 favoreció la colaboración e interacción entre los usuarios; en su entramado, el conocimiento se produce colectivamente y se discute. Así, se viene abogando desde diversas instituciones sociales y, principalmente, a partir de las recomendaciones de pedagogos (Cassany, 2012) por el uso crítico de los recursos disponibles en internet. En tal sentido, entendemos que en la escuela se pregonan las bases de lo que se espera como sociedad en el futuro:

(...) se habla de la necesidad de que los niños y jóvenes de hoy (nativos digitales, adolescentes 2.0) se vinculen con los recursos de la Web 2.0 (...) que dista del usuario como consumidor pasivo, actitud propia de los de la Web 1.0. La Web 2.0, en cambio, está basada en la cooperación entre todos los internautas para aprender en forma conjunta. (.) es un conjunto de tecnologías dinámicas que promueven el uso, fundamentalmente, interactivo, ágil y dependiente de los propios usuarios" (Kloos, 2006, citado en Lescano, 2012).

Como se desprende de esta extensa cita, estamos en un momento para el que no todos los miembros de la sociedad están preparados. En el ámbito de la educación se observan intentos y propuestas ortopédicas para ir subsanado el momento de transición actual: escuelas organizadas en función del libro (Quevedo, 2003), alumnos que crecen en un universo de redes e hipervínculos (Prensky, 2001; Yus, 2010; Cassany, 2012).

Sin embargo, al mencionar la escasa alfabetización digital de los miembros de la comunidad debemos mencionar dos cuestiones primordiales: por un lado, más allá de los conocimientos que los sujetos tengan, está la penetración real de los dispositivos. En un barrio con una estructura social con múltiples carencias, es lógico que para adquirir las competencias tecnológicas básicas se deba tener acceso a las diferentes opciones tecnológicas. Por otro, la alfabetización digital, o "multiliteracidad" de Cassany (2005) o "digiteracidad [digiteracy]" - término que, hasta donde llega nuestro conocimiento, no ha sido aún acuñado teóricamente-, son las que mejor responden a la dinámica de la red: comprenden las habilidades, competencias y estrategias para desenvolverse, integrarse y comunicarse en distintos entornos digitales7.

Hoy en día, el usuario colaborativo está latente, al acecho de diferentes oportunidades para participar. En esta dirección, el proyecto Villa Mitre 3.0 intentó ser una fuerza cohesiva entre los vecinos activos y las posibilidades tecnológicas a las que accede una gran parte de la población8.

Desarrollo

La comunidad villera: un barrio que se concibe como más

La ciudad de Bahía Blanca, donde se radica el barrio de Villa Mitre, tiene una fuerte impronta inmigratoria -en el siglo XIX, de italianos, y en la actualidad de bolivianos, chilenos y paraguayos- y escasa presencia de los pueblos originarios (Ratto (1996); Bayón y Politis (1998). Villa Mitre es una barrio centenario de origen obrero e (in) migratorio, ubicado en la periferia de la ciudad de Bahía Blanca. Tras el incremento poblacional que produjo la expansión industrial en la ciudad, estas tierras fueron parte de los loteos realizados para paliar el déficit poblacional. Los primeros pobladores fueron empleados ferroviarios u obreros. Consecuentemente, tras las primeras casas, aparecieron los primeros comercios y así el barrio, que en ese momento solo se comunicaba vadeando el arroyo Napostá (que atraviesa enteramente la ciudad), fue autoabasteciéndose e instalando, tempranamente, los servicios (Conde, 2012).

Sus habitantes han forjado una fuerte identidad barrial más allá de las fronteras administrativas. Concluye Conde:

(...) las condiciones iniciales de accesibilidad y aislamiento respecto del área central de la ciudad han sido, presumiblemente, las que han forjado el fuerte sentimiento de pertenencia de los habitantes del barrio, convirtiéndolo en un sector icónico de la ciudad, con el cual se identifican también otros barrios aledaños (2012, p. 70).

En esta doble significación del sector (es más que un barrio, pero no es la ciudad), se perciben latentes las viejas representaciones que dan lugar al imaginario local: en las tiras de humor gráfico de los años cincuenta y sesenta se personificaba a los habitantes como "malevos", con cicatrices en la cara y cuchillos. Hoy en día sigue vigente esta contraposición con la población de Bahía Blanca: los villamitrenses son orgullosamente los "negros villeros", que contrastan con los "caretas bahienses" (Cantamutto y Díaz, 2011; Cantamutto, Díaz y Ortiz, 2012). Asimismo, uno de los elementos identitarios más fuertes del barrio es el club Villa Mitre. Este club se denomina "la lepra", nuevamente, un proceso de autovaloración negativa que favorece la cohesión comunitaria (Cantamutto y Díaz, 2011).

En los últimos tiempos, han surgido una serie de publicaciones que dan cuenta de la importancia del barrio. Con un espíritu ampuloso, los títulos La república de Villa Mitre (Ortiz, 2011) y Villa Mitre, la reina de las villas (Marín, 1998) dan cuenta del sentido hiperbólico del lugar. Se lo ha propuesto como Principado, tiene su propia revista mensual y en los últimos años se hizo la fiesta para la elección de la reina.

Para hablar de su gente, se hace inminente la utilización más laxa del término "comunidad", para referir a un grupo relativamente estable que se identifica en torno a algún valor, creencia o pasado común (por esbozar una potencial definición). La adscripción de los miembros a determinada comunidad o la delimitación de la pertenencia efectiva de los miembros se convalidan a partir de los mismos mecanismos de reconocimiento y/o negación que las comunidades tienen. Estos recursos no son necesariamente éticos o morales pero sí son funcionales a la comunidad como forma de preservar determinados rasgos identificatorios. Aún en las comunidades posmodernas siguen vigentes elementos de cohesión que facilitan la identificación de sus miembros (rasgos idiomáticos o dialectales o sociolectales, tradiciones y prácticas culturales heredadas). De la misma manera, es posible reconocer comunidades virtuales a través de nuevos modelos de socialización (Castells, 2001).

La difícil interrelación entre identidad y comunidad (Castells, 2001; Bauman, 2001) ofrece un desafío a la hora de establecer los parámetros bajo los cuales se delimitan las manifestaciones de PCI. Según se observa, al estar orientadas -principal e inicialmente- a grupos originarios con una fuerte impronta comunitaria, en el estudio de manifestaciones más recientes deben encontrarse puntos cohesivos entre los distintos miembros del grupo portador de la manifestación. En tal sentido, el sector de Villa Mitre ofrece una particular característica diferenciadora: se afirma a través de la ironía. Los grafitis que cubren todo el barrio lo denominan como ciudad "Si pasa por Villa Mitre, visite Bahía Blanca". A pesar de saber que no es propiamente un barrio, la idiosincrasia del sector aúna a más de un sexto de la población de la ciudad así como también más de diez barrios ubicados en el sector. Al preguntar a los vecinos de los diferentes barrios sobre dónde viven, unánimemente responden: "de Villa Mitre".

El proyecto Villa Mitre 3.0

Las últimas tendencias en la generación de espacios de prácticas culturales vinculan aspectos tecnológicos con reflexiones sobre cuestiones técnicas, filosóficas y sociales. La hibridez que caracteriza las acciones culturales contemporáneas también puede ser definitoria de la perspectiva interdisciplinaria para abordarlas. A partir del compromiso de los gestores culturales involucrados, se buscó articular especialistas y no-especialistas bajo un fin común: así Villa Mitre 3.0 se establece como una posibilidad de fomentar lo que Ladagga señala como:

(...) arquitecturas que alojen varios regímenes de producción, de recepción, de comentario, en las que tenga lugar un proceso de "vascularización" de las acciones de artistas, escritores y académicos por parte de un número elevado de no-especialistas presentes en el sitio, el colectivo siempre en formación "se sumerja permanentemente en el mundo del cual emerge" (2010, pp. 150-151).

En el proyecto analizado confluyen el arte, la investigación científica, la extensión universitaria y la tecnología junto con la necesidad de los vecinos de recuperar su pasado histórico. En los procesos de registro de PCI, la conformación de los equipos involucrados debe responder a necesidades disciplinares y técnicas, priorizando la capacidad de trabajo en equipo y de relación con la comunidad.

La idea preliminar de Villa Mitre3.0proyecto de archivo histórico participativo y multimedia en Villa Mitre y barrios aledaños, en colaboración con ER, plataforma de acción cultural fue gestada por el artista audiovisual Christian Díaz, en el marco de una beca de la Fundación Telefónica9. Las demás instituciones intermedias favorecieron la generación de condiciones que posibilitaran la producción simbólica sobre Villa Mitre, en relación con su historia y su presente, involucrando a los vecinos activamente. De esta manera, actores sociales de dos instituciones más (Instituto Cultural de la Municipalidad de Bahía Blanca y la UNS) configuraron el proyecto cultural tal como se llevó a cabo.

El diseño inicial se erigió en una plataforma online de cartografía participativa donde los vecinos del barrio de Villa Mitre pudieran ir (re) construyendo, en conjunto, su pasado y presente histórico desde la perspectiva teórica de la historia cultural, sumada a herramientas metodológicas propias de la historia oral. En el proyecto online se utilizaban herramientas gratuitas y disponibles en la red como los mapas de Google Earth y Google Maps, Wikipedia, vídeos en Youtube, entre otras. La página se abastecía de estos recursos y ofrecía links a otros blogs personales e institucionales.

Sin embargo, como señalábamos anteriormente, la inminente apertura interdisciplinaria favoreció que el proyecto inicial fuera desarrollado junto al equipo de ER. En primera instancia, no solo la ubicación geográfica de este espacio cultural favorecía la conexión entre ambos proyectos sino que también Villa Mitre 3.0 coincidía con los objetivos de Estación Rosario (ER). Es decir, la puesta en valor y circulación del PCI del sector conocido como "las villas". Es necesario señalar que ER había sido inaugurado a mediados de 2010 y, pocos meses después se lanzó Villa Mitre 3.0. La suma de novedades fue un punto favorable, ya que se organizaron numerosas actividades de presentación; aunque también convivió con ciertas situaciones poco promisorias para el normal desarrollo del proyecto (falta de estabilidad laboral de los miembros del equipo de trabajo y ausencia de una institución de referencia precisa en el barrio).

El proyecto promovió la construcción de la memoria colectiva entre los vecinos y sus organizaciones intermedias, potenciando la producción simbólica de los actores sociales. Así, Villa Mitre 3.0 canalizaba necesidades reales de los vecinos quienes, en varias oportunidades, habían hecho gestiones ante la municipalidad para establecer un museo del barrio y, paralelamente, organizaban pequeñas muestras en el Centro de Jubilados (la más importante fue sobre juguetes de principios del siglo XX).

Para reforzar el trabajo en el barrio, durante el segundo año del proyecto (2011), participaron alumnos de las licenciaturas en Letras, Historia y Geografía, en el marco de un proyecto extensión universitaria10. Llevaron adelante entrevistas e investigaciones que permitían contextualizar y ampliar las aportaciones de los vecinos. Estas investigaciones dieron lugar a un libro que recopila las cinco investigaciones realizadas (Cantamutto, Díaz y Ortiz, 2012). Es lícito señalar que este libro significó el mayor aporte simbólico de todo el proyecto por el valor que los vecinos le dieron al mismo.

De esta manera, Villa Mitre 3.0 se constituyó en un espacio orientado a la producción simbólica y a la investigación y difusión de la memoria colectiva, a partir de la problematización de los modos de conservarla. Por un lado, se trabajó digitalizando los materiales y publicándolos en la red (con todo el sentido de la palabra, haciéndolos públicos) y, por otro, se elaboró un mapa a escala en una sala de muestra que sirvió como punto fijo para la organización de talleres y sistematización del material. Ambos soportes permitían la interactividad y se retroalimentaban. Si bien los archivos digitales eran más eficientes de manipular, la visibilidad del mapa sobre la pared11 demostró ser más atrayente para los vecinos del barrio así como para los alumnos de las escuelas del sector. Como se observa, esta preferencia se mantuvo durante todo el desarrollo del proyecto, y se confirmó con el éxito del libro publicado y la falta de actividad de la página web en la actualidad.

Este proceso sensibilizó a la comunidad sobre el valor de sus prácticas a través de la difusión de los elementos que conllevan a un interés y respeto mayor por los mismos miembros de la comunidad, organismos e instituciones y ciudadanos en general. Por último, como el inventario es un instrumento medianamente normatizado (a pesar de que existen diferencias entre los países firmantes de la Convención) se requiere la participación, como ya lo hemos mencionado, de grupos interdisciplinarios con especificidad temática para profundizar en el registro, documentación y conocimiento de la manifestación, condición que se tuvo en cuenta en la conformación del equipo de trabajo del proyecto Villa Mitre 3.0.

Durante el trabajo de campo, tal como señalan los protocolos de relevamiento de PCI, los agentes culturales necesitan adaptarse a la coyuntura histórico-espacial de la comunidad, por ejemplo, adecuando el léxico técnico a las posibilidades de comprensión de personas no especializadas. En tal sentido, en Villa Mitre 3.0 se priorizó trabajar con miembros jóvenes que tuvieran conocimiento de las posibilidades técnicas de la computadora mientras que los adultos contribuían mayoritariamente en la muestra en ER. Para que este grupo etario se integrara en el proyecto, se creó una oficina móvil donde se escaneaban fotos y documentos, grababan y filmaban entrevistas y se recogía material suplementario. La oficina de Intercambio de Recuerdos12 (OIR) era un mueble-mostrador portátil equipado con escáner, cámaras fotográficas y grabadores MP3. La oficina funcionaba de manera permanente en ER y, durante fiestas especiales o fines de semana era instalada en plazas del barrio. Junto a la OIR, la idea original era retribuir a cada vecino su colaboración con billetes Visconti (figura 3). Los Visconti fueron pensados para ser canjeados por material que ER produjera dentro de los talleres que se dictaron13. Sin embargo, nunca se implementó este mercado simbólico donde los recuerdos se canjeaban por billetes sin valor específico. Que el éxito de la oficina fuera parcial se debió a la falta de regularidad con la que se podía recorrer el barrio con ella.

En una etapa posterior, estaba previsto capacitar a grupos de la comunidad atendiendo a las demandas específicas y particulares de los vecinos, en especial, instruyendo sobre las posibilidades técnicas de la plataforma y el uso de herramientas digitales para garantizar un avance en conjunto del proyecto. También se había proyectado otra oficina, la Plataforma Oficial de Sensibilización para el Trabajo de Archivo (POSTA), en la cual un grupo de vecinos mayores (con conocimiento sobre el espacio virtual o interesado en aprender a usarlo) estarían encargados de revisar el material del mapa virtual, verificando que la información estuviera enlazada y catalogada correctamente, tuviera confiabilidad histórica y se adecuara a la idea general del proyecto. Esta oficina nunca llegó a implementarse.

Sistematización de la información del pci y el proceso en Villa Mitre 3.0

Cuando se trabaja con manifestaciones del PCI es difícil plasmar en idénticas fichas toda la información y manifestaciones recogidas. Según las recomendaciones, el resultado (vídeo, fotografías, material escrito) debe ahondar en los significados y sentidos, y ya no en el significante (Torre, 2012, p. 6) como una manera de reivindicar el rol simbólico de las manifestaciones dentro de las comunidades. De esta manera, se afirma un proceso reflexivo que promueve la recreación de las prácticas y lo convierte en "registros momentáneos de hechos y actos más complejos y cargados de sentido que las tecnologías y soportes no siempre pueden capturar" (CRESPIAL, 2011, p. 4). El dinamismo de las manifestaciones está latente, durante este proceso no se conforman "piezas de museo" estáticas, congeladas, carentes de significado más allá de su reproducción.

La salvaguardia del PCI, al atender a procesos vivos, quebranta la lógica propia del patrimonio cultural material de registro de elementos estáticos (productos). Es por esto que la necesidad de la participación activa de la comunidad durante todo el proceso de salvaguardia ha sido debidamente señalada dentro de la Convención de 2003. Los miembros de las comunidades deben ser coautores: al estar integrados en todas las etapas del proyecto su participación no se reduce a ser meros informantes y se garantiza que el inventario sirva como un instrumento de gestión adecuado a las necesidades de la comunidad: un registro incorrecto propagará deficiencias en todo el proceso de salvaguardia. Asimismo, el ambiente que se genere debe ser transparente y confiable. En Villa Mitre 3.0 se trabajó con informantes claves a partir de los cuales se tendieron las redes de contactos a vecinos: de esta manera, el lazo de confianza era transferido de un miembro a otro.

En proyectos de esta envergadura, es propicio que desde un comienzo se estimule una actitud reflexiva, tanto por parte de los miembros como de los agentes culturales, sobre posibilidades y dificultades que puedan surgir durante el proceso de inventario. En tal sentido, es fundamental que desde la aproximación inicial y al comenzar el trabajo de campo se estimule una comunicación directa con la mayor parte de la comunidad, siendo claros y sinceros sobre cada punto del proyecto, los pasos propuestos, instándolos a preguntar, cuestionar y revisar las acciones de manera conjunta. Según las recomendaciones del Manual para la implementación del proceso de identificación y recomendaciones de salvaguardia de las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial (AA. VV., 2007) y las orientaciones brindadas a lo largo del Curso virtual del Registro e inventario para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial (CRESPIAL, 2011), en caso de que sean requeridas herramientas para la salvaguardia, el proceso de registro e inventario es el punto inicial de la creación de la(s) herramienta(s) necesaria(s) para la protección de la manifestación del PCI.

En el caso particular de Villa Mitre 3.0, la información fue organizada en varios formatos de manera simultánea, y sin llegar a lograr una sistematización fehaciente del material, el criterio que primó tras las diferentes estructuras de almacenamiento utilizadas fue la georreferencialidad de los relatos. A través de múltiples entradas o etiquetas, los recuerdos eran clasificados por:

  1. El lugar donde sucedieron.
  2. Los protagonistas.
  3. Grandes acontecimientos históricos (carnavales, el arribo de la ballena, las inundaciones, entre otros).

A partir de esta triple etiqueta, se organizaba el material que los vecinos quisieran inventariar.

La oficina de la OIR contaba con una planilla de Excel para ingresar el nombre de los colaboradores y digitalizar o registrar el material que quisieran preservar (además de fotografías, los relatos se grababan en formato mp3, por ejemplo). De esta manera, se cruzaban los relatos y se disponía fácilmente de información sobre los miembros de la comunidad que podían ser informantes.

Por último, los talleres de reflexión en la comunidad deben ser parte de un proceso continuo de revisión de las prácticas de identificación y documentación. En estos encuentros periódicos se fomentan los espacios para que la comunidad evacuara dudas y formulara propuestas. Como se señaló inicialmente, si se estimula la comunicación entre todos los actores involucrados en el proceso, será factible captar nuevas propuestas y reparar errores. Integrar al grupo a partir de la confianza y fiabilidad del proceso es uno de los lineamientos en los que deben sustentarse, a mi entender, las acciones orientadas al PCI. Dentro del marco de Villa Mitre 3.0, estuvo prevista la realización de talleres de mapeo colectivo (siguiendo las técnicas de los iconoclasistas) aunque no pudieron desarrollarse más que en pequeños grupos en los talleres pilotos.

Como se observa, en todo este proceso de salvaguardia prima lo que Torre (2012, p. 41) denomina resguardar el pasado (y el presente) así como tener accesibilidad a él o seguridad. En el caso particular del uso de tecnologías, es importante tener en cuenta que el resguardo debe estar actualizado en función al desarrollo continuo de la tecnología. Los dispositivos de almacenamiento así como la extensión de los archivos y las copias de seguridad continuamente deberían ir adecuándose a los soportes de archivo (llevándolo a un extremo: los archivos que se resguardaron en disquetes han quedado obsoletos en las computadoras actuales). Villa Mitre 3.0 se diseñó en función de los soportes que están a la vanguardia en el almacenamiento y tráfico de datos para poder asegurar una estabilidad del registro. Sin embargo, hay que mencionar que, probablemente, en algunos años las plataformas muten a otros formatos y el proyecto deba reconstruirse. En este punto es donde podrá observarse el éxito o fracaso definitivo del proyecto: si los miembros de la comunidad no sienten la plataforma como propia, si no han establecido lazos fuertes con el proyecto, es probable que los agentes culturales (inmersos en otro proyecto) no reparen en "salvaguardar" nuevamente los elementos registrados.

Diagnóstico y evaluación del proyecto

Hasta el momento fuimos esbozando algunos de los aspectos formales de Villa Mitre 3.0. Durante los dos años en los que se llevó a cabo la implementación del proyecto los resultados no fueron los previstos. Como mencionamos, el proyecto inicial de Christian Díaz fue tendiendo redes hacia otras instituciones (ER, UNS, Instituto Cultural, Archivo de la Memoria de la UNS), lo que permitió ir ajustando algunas de las problemáticas que emergieron en el transcurso de las actividades. Sin embargo, esta interinstitucionalidad no ayudó a elaborar un diagnóstico integral de la comunidad en la que se insertaba el proyecto como tampoco de las potencialidades que se podían explotar y de las falencias por prevenir. El equipo de trabajo debía responder a diferentes tiempos de trabajo y la comunidad participante no tenía referentes claros de a quienes podían dirigirse.

Asimismo, el proyecto ya no sigue funcionando, ni siquiera como una plataforma virtual. Si bien estaba previsto dentro de la idea original que la página se retroalimentara de la participación de los vecinos (de ahí su nombre, 3.0), la interfaz no fue actualizada ni visitada con frecuencia por el público destinatario (vecino e investigadores, principalmente).

Al hacer un diagnóstico bajo la metodología de Banguero y Quintero (1990), se identificaron puntos débiles en la identificación de quién (es decir, qué comunidad) era el interlocutor del proyecto. Como la mayor parte de la población del sector de las villas tiene baja alfabetización digital, se dificulta la labor con la plataforma online. Si bien es un barrio que ha ido mejorando su estructura social, podemos identificar una suerte de distinción entre la composición poblacional del centro (el barrio Villa Mitre) y de la periferia ("las villas"). La distancia socioeducativa se va agravando en dos sentidos: hacia la periferia y hacia las generaciones más antiguas del barrio. El proyecto requería de una alfabetización digital que aún no está masificada y de una apropiación de los recursos online que no está arraigada en la mayor parte de la población. En términos generales, las contribuciones a la plataforma online fueron hechas por algunos jóvenes y adolescentes o por personas que actualmente no residen en el barrio.

El archivo-mapa digital y la muestra fueron diseñados para establecer lazos efectivos entre todos los miembros de la comunidad del barrio junto a las instituciones más importantes de la ciudad. Si bien desde lo discursivo podría pensarse que era sencilla la implementación de la interfaz interactiva, lo cierto fue que los mismos agentes culturales señalaron tener dificultades para cargar en la plataforma fotos o archivos. En diferentes etapas de la implementación del proyecto se resolvió, a partir de reuniones del equipo de trabajo junto con vecinos del sector, priorizar la circulación en formatos convencionales antes que en la plataforma online. Los vecinos se acercaban a ER para ver el mapa en la pared pero el mapa online no recibía muchas visitas. Asimismo, en algunas muestras del work-in-progress se generaban dinámicas de complementación entre los miembros de la comunidad, quienes frente al mapa en la pared comenzaban a desarrollar relatos que fueron georreferenciados en el diagrama.

El trabajo de los alumnos investigadores fue una de las aristas más productivas del proyecto ya que inyectó rápidamente mucho material tanto al mapa virtual como al mapa en la pared. Asimismo, estableció lazos activos con muchos miembros de la comunidad a través de las entrevistas que realizaban continuamente a algunos informantes. De esta manera, los vecinos se comunicaban con los alumnos investigadores y les daban el material para ubicar en ambos mapas.

Estas investigaciones, como señalamos, dieron lugar al libro De las vías para acá. Cinco acercamientos a la historia de las villas (Cantamutto, Díaz y Ortiz, 2012)14. La repercusión mediática instantánea generó un universo de contribuciones en ambos mapas y una serie de presentaciones que ayudó a reavivar el proyecto. Los vecinos volvieron a acercarse a er en pos de participar en el proceso de registro. A largo plazo solo el libro fue valorado por la comunidad como un aporte de las instituciones intervinientes.

La aparente eficacia de la digitalización del material para que las manifestaciones observadas fueran de dominio público, se basaba en la creencia de que a partir de la dinámica interactiva entre los diferentes vecinos, ellos eran quienes podrían, en el espacio de la web, construir el entramado histórico. Sin embargo, si bien a lo largo de la implantación integral del proyecto se observó que Villa Mitre 3.0 generó muchas expectativas, la página web era, mayoritariamente, actualizada por el administrador o los investigadores. Si bien se había planteado como un ámbito donde, como señala Ladagga (2010, p. 130), se favorecía "la edificación de aparatos socio-técnicos que permitan que se desplieguen procesos de aprendizaje colectivo, en los cuales la tradición del arte moderno sea confrontada en forma directa con las problemáticas de sitios sociales particulares", la puesta en práctica no desplegó tal proceso.

Uno de los mayores obstáculos que enfrentó el proyecto fue la dificultad para mantener una comunicación fluida entre todos los miembros del equipo interdisciplinario, con todas las instituciones involucradas y, también, con los miembros más activos de la comunidad.

Palabras finales

Como hemos visto, hablar de un proceso de salvaguardia del PCI puede ser una metodología de trabajo para aplicar en diferentes tipos de manifestaciones. En el caso particular de Villa Mitre 3.0, la dinámica propia de la comunidad favorece la construcción y protección de la memoria colectiva de una comunidad muy fuertemente establecida. Los fines de las herramientas conceptuales de la historia oral y/o la historia cultural, por ejemplo, en relación con los mecanismos de salvaguardia del PCI ofrecen una amalgama de posibilidades tanto para los agentes culturales como para la comunidad involucrada en establecer cuáles manifestaciones serán puestas en valor, recuperadas y guardadas ( ya que estamos hablando de un archivo de dominio público).

Es probable que no apliquen en su totalidad algunos de los términos utilizados, sin embargo, consideramos que ante las expectativas que el proyecto inicial había generado era posible desarrollar un proceso amplio de registro e inventario de las manifestaciones y elementos del PCI que conforman la memoria colectiva del barrio. Una de las propuestas aplicables en el futuro fue establecer un archivo vasto disponible para posteriores investigaciones sobre la historia del barrio.

A pesar de con contar con elementos materiales y la participación activa de los vecinos para poder continuar con el mapa-archivo virtual, problemas de financiación de er junto con la finalización del proyecto de extensión, impidieron la continuación del proceso de registro. Los avances realizados dieron cuenta de que las herramientas de las interfaces 2.0 y 3.0 distan de ser accesibles para gran parte de la comunidad de Villa Mitre. Asimismo, no se tuvieron en cuenta los tiempos necesarios para alfabetizar digitalmente a los vecinos que les permitiera una apropiación real de la plataforma online.

Si bien, en primera instancia, puede parecer un punto favorable, la confluencia de varias instituciones intervinientes puede ser un punto débil en la implementación de proyectos de este tipo: los miembros de la comunidad requieren de referentes claros a los cuales dirigirse. Sin embargo, si el mapa virtual hubiera logrado su cometido, tanto la escuela como la biblioteca o los centros de jubilados podrían haber aprovechado la plataforma como "ficha de registro". Por último, cabe señalar que esta experiencia fue muy rica en cuanto a considerar la preservación del PCI desde una óptica no restringida a las manifestaciones folclóricas (Torre, 2012). Asimismo, cabe señalar que una de las falencias más evidentes del proyecto se constituyó en la falta de apropiación de la plataforma y del mapa por parte de los vecinos. Las instituciones intervinientes estuvieron regidas por las vicisitudes políticas (y coyunturales) del momento que no permitieron continuar a lo largo del tiempo un proyecto discursivamente bien intencionado pero que debería haber profundizado en el modo de insertar un proyecto de este tipo en un barrio poco familiarizado con bienes tecnológicos. Durante la implementación no se tuvo en cuenta la composición poblacional en relación con el uso de la tecnología, así, la falta de acceso a internet y la ausencia de canales de comunicación claros entre los miembros de la comunidad no favorecieron que se instalara la práctica permanente del registro de las manifestaciones de PCI.

En tal sentido, la experiencia de Villa Mitre 3.0 sirve de antecedente para futuros proyectos de salvaguarda del PCI con herramientas digitales: corresponde a los actores culturales implicados en el proyecto propiciar la alfabetización digital de los integrantes de la comunidad, utilizando, quizás, como motivador, el mismo proceso de salvaguardia.

A modo de cierre, considero que Villa Mitre 3.0 constituyó un proyecto en una fase de prueba que podría replicarse en otros barrios más homogéneos en cuanto a la penetración de la tecnología en los hogares. Los recursos que proveen las interfaces artefactuales 2.0, sumado a la nueva dinámica de usuarios prosumidores, favorece que proyectos similares tengan mayor repercusión en el mediano plazo o requieran de un trabajo previo respecto a la alfabetización digital de la comunidad que no fue previsto en la implementación de Villa Mitre 3.0.


Pie de página

1El debate en torno al momento histórico actual ha sido objeto de múltiples reflexiones por parte de los historiadores, sociólogos, filósofos y epistemólogos (véase, entre otros, Giddens, 1999; Appadurai, 2001).
2Para explicar esta nueva forma de denominación, Gobato (2014, pp. 18-19) señala la necesidad de comprenderlo desde una mirada interdisciplinaria: "En la conjetura que guía este estudio, las 'interfaces artefactuales' se entienden acopladas problemáticamente con un conjunto de elementos, de fisonomía y estructura dispar, que pueden agruparse bajo la etiqueta de 'modos de saber y comunicar'. No se trata de una idea ajustada y precisa, sino más bien de una opción expresiva precaria y de fronteras porosas, utilizada a los fines de ahorrar al lector largas enumeraciones. Pueden entenderse, por un lado, como constelaciones de alternativas interaccionales pero también societales para la producción comunicativa; por otro, como constelaciones de elementos estabilizadores en los procesos de construcción de mundos sociales. Son, en suma, modalidades metodológicas de mediación, estabilización y dinamización de la experiencia".
3El sitio original era www.villamitre3punto0.com.ar (fecha de última consulta: enero de 2013) y el blog de Estación Rosario http://estacionrosario.wordpress.com/ (fecha de última consulta: febrero de 2014). Recomendamos, además, el video disponible en http://estacionrosario.wordpress.com/2010/11/24/habitar-3-0/ (fecha de última consulta: febrero de 2014).
4El sector conocido como "Villa Mitre" o "las villas" aglomera una serie de barrios y está "aislado" del resto de la ciudad por ubicarse entre las vías del ferrocarril y el arroyo Napostá, en dirección sureste de la ciudad de Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina). Es un sitio de difícil acceso ya que, desde el centro de la ciudad, solo se puede acceder en auto cruzando por dos paso a niveles principales o rodeando casi los dos kilómetros que comprende la estación de ferrocarril (Conte, 2012). En los datos del último censo estiman que viven ahí alrededor de 50.000 habitantes, es decir, casi un sexto de la población total de la ciudad.
5En algún sentido, podría establecerse un genealogía de este proyecto con el Museo virtual de lo cotidiano (Moltei y equipo CePEI, 2004).
6Corresponde a "nuevas tecnologías de la comunicación". Actualmente se ha extendido el uso de las siglas "tic" (tecnología de información y comunicación) o "ntic" (nuevas tecnologías de información y comunicación).
7La alfabetización digital parece ser más transparente como concepto; de hecho, suelen utilizar como sinónimos pero en ambos subyace lo que los hace lingüístico: la littera, del latín "letra", o alfa y beta, del griego "a" y "b". Continuamos en el camino de los signos lingüísticos y no son solo esta clase de signos los único que permiten la comunicación digital; sin embargo, en el presente estudio sí nos avocamos a los rasgos lingüísticos de este tipo de comunicación.
8En tal sentido, cabe señalar los agentes culturales habían evaluado la posibilidad de insertar el proyecto en las escuelas del barrio como un sitio de propagación probable de las prácticas de salvaguarda del pci, tras la incorporación masiva de las netbooks al aula.
9Véase www.villamitre-3punto0.com Consultado en enero de 2013.
10Proyecto de Extensión Universitaria (Universidad Nacional del Sur, csu 602/09).
11La muestra de work-in-progress se llamaba "Un mapa del tamaño de una habitación" y consistía en un mapa a escala del sector principal de las Villas que ocupaba tres paredes de la sala de muestras, donde se iban superponiendo fotografías, publicidades, referencias históricas, voces de los vecinos, hitos barriales, los recorridos de los colectivos. Es decir, diferentes planos de la ciudad eran visibles simultáneamente. Por otra parte, había una serie de mapas más pequeños "ploteados" en papel vegetal, transparentes, en ellos se identificaban hitos particulares en diferentes colores: superpuestos daban un entramado de colores pero, por separado, mostraban los espacios verdes, las escuelas, las referencias históricas, entre otras. Es decir, eran capas del plano principal.
12La diferencia cualitativa entre historia y recuerdo estriba, únicamente, en el modo de denominar el relato que los vecinos reponían. Las historias fragmentadas iban configurándose como pequeños retazos dentro de la trama general de la historia del barrio. A partir de los recuerdos se tejen los modos en que este grupo poblacional fue organizándose y estructurándose. El salto hacia la construcción de estos recuerdos con manifestaciones se propulsa a partir de identificar el modo de organización, las creencias y el valor simbólico de los elementos identitarios como el conjunto de elementos que da lugar a esta comunidad.
13El artista plástico del equipo de er, Agustín Rodríguez, dictó varios talleres de dibujo sobre el barrio. El que mayor éxito alcanzó fue el "Taller de Superhéroes", en el cual los chicos imaginaban qué tipo de superhéroe se necesitaba en el barrio para solucionar problemas emergentes.
14 Financiado por la Secretaría de Extención de la uns.


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