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Apuntes: Revista de Estudios sobre Patrimonio Cultural - Journal of Cultural Heritage Studies

Print version ISSN 1657-9763

Apuntes vol.27 no.1 Bogotá Jan./June 2014

https://doi.org/10.11144/Javeriana.APC27-1.psiv 

Procesos sociales que influyen en la valoración histórica del patrimonio cultural colombiano: el caso de estigmatización en el Cementerio Universal de Bucaramanga1

Social processes that influence the historical valuation of the Colombian cultural heritage: the case of stigmatization in The Cemetery Universal in Bucaramanga

Processos sociais que influem na valoração histórica do patrimônio cultural colombiano: o caso da estigmatização no Cemitério Universal de Bucaramanga

Mónica J. Giedelmann Reyes*
Laura Fernanda Jaimes Alvarado**
 

*monica.giedelmann@upb.edu.co Universidad Pontificia Bolivariana-Seccional Bucaramanga, Docente Asociada
**lauferjaimes@hotmail.com Psicóloga Universidad Pontificia Bolivariana. Grupo de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura, Derechos Humanos y Muerte

Articulo de investigación

Recepción: 15 de septiembre de 2013 Aceptación: 22 de octubre de 2013 Disponible en línea: 2 de enero de 2014


Cómo citar este artículo

Giedelmann, M. y Jaimes, L. (2014). Procesos sociales que influyen en la valoración histórica del patrimonio cultural colombiano: el caso de estigmatización en el Cementerio Universal de Bucaramanga. Apuntes, 27(1), 64-79. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.APC27-1.psiv


Resumen

Este artículo presenta una mirada crítica a la valoración histórica del patrimonio nacional colombiano, por medio de un caso de estigmatización ejemplificado en el Cementerio Universal de Bucaramanga (1910-2010). Con él se busca dar respuesta a la pregunta: ¿Cuáles son los procesos sociales que influyen en la valoración histórica de los cementerios en Colombia? El abordaje a este cuestionamiento se sustenta con base en la teoría sobre la construcción de estigmas, deshumanización, demonización y entierros atípicos (deviance); a partir de lo cual se propone la identificación de atributos descalificadores que le otorgaron a este panteón la denominación de: cementerio de los perros. Los resultados revelan que existe, principalmente, un estigma hacia fallecidos no-católicos, al cual se aunaron otros como: afiliación política liberal; nivel económico bajo; conductas socialmente censuradas, especialmente el suicidio y la prostitución; y causas de muertes violentas. Los datos se procesan mediante una metodología mixta: cualitativa y cuantitativa, que abarca fuentes escritas, entrevistas, encuestas y análisis de losas sepulcrales y licencias de inhumación. Este escrito espera incentivar el interés por la valoración patrimonial de los cementerios colombianos, y ofrecer nuevas perspectivas en la investigación en estos espacios de conmemoración y recordación de la memoria colectiva.

Palabras clave: patrimonio histórico; estigmatización; deshumanización; cementerio y paisajes culturales


Abstract

This article presents a critical look of the historical valuation of the Colombian national heritage, through a case of stigmatization exemplified in The Cemetery Universal in Bucaramanga (1910-2010). It seeks to answer the question: What are the social processes that influence the valuation of historic cemeteries in Colombia? The approach to this question is based on the theory based on the construction of stigma, dehumanization, demonization and atypical burials (deviance); from which we seek to identify disqualifying attributes that gave to this burial ground the name: dog cemetery. The results reveal that there is primarily a stigma for the deceased which are non-Catholic, other judgments joined to this stigma as liberal political affiliation; low economic status; socially censured behaviors, especially prostitution and suicide; and causes of violent deaths. The data is processed using a mixed methodology: qualitative and quantitative, encompassing written sources, interviews, surveys and analysis of tombstones and burial licenses. This paper hopes to encourage interest in the equity valuation of the Colombian cemeteries, and to offer new perspectives in research in these spaces of commemoration and remembrance of collective memory.

Keywords: historical heritage; stigmatization; dehumanization; cemetery and cultural landscapes


Resumo

Este artigo apresenta olhar crítico sobre a valoração histórica do patrimônio nacional colombiano mediante um caso de estigmatização exemplificado no Cemitério Universal de Bucaramanga (1910-2010). Com ele procura-se responder a pergunta: ¿Quais os processos sociais que influem na valoração histórica dos cemitérios na Colômbia? A abordagem a este questionamento é sustentada com base na teoria sobre a construção de estigmas, desumanização, demoni-zação e enterros atípicos (deviance), a partir do que propõe-se a identificação de atributos desqualificadores que lhe outorgaram a este panteão a nomeação de cemitério dos cães. Os resultados desvelam que existe, principalmente, um estigma sobre os falecidos não-católicos, aos que foram acrescentados outros de acordo com filiação política liberal; baixo nível económico; condutas socialmente censuradas, especialmente o suicídio e a prostituição; e mortes por causas violentas. Os dados são processados mediante metodologia mista: qualitativa e quantitativa, que abarca fontes escritas, entrevistas, inquéritos e análise de lapides e licenças de inumação. Este escrito espera incentivar o interesse pela valoração patrimonial dos cemitérios colombianos e oferecer novas perspectivas na pesquisa nestes espaços de comemoração e recordação da memória coletiva.

Palavras-chave: patrimônio histórico; estigmatização; desumanização; cemitério e paisagens culturais


Introducción

La legislación colombiana ha estipulado los criterios para la definición del patrimonio material e inmaterial en el país, siendo este uno de los estados latinoamericanos pioneros en la promulgación de leyes y decretos de protección para bienes históricos, arqueológicos y artísticos2 (Duque, 1996). Actualmente, los planteamientos del Ministerio de Cultura han optado por la definición de Patrimonio Cultural de la Nación (PCN), sin plantear de forma clara una definición de lo que es Patrimonio Histórico (PH); el cual está incluido en el concepto de PCN como "los bienes materiales de naturaleza mueble e inmueble a los que se les atribuye, entre otros, especial interés histórico"3. De hecho, el Decreto 763 de 2009 estableció que un bien posee valor histórico cuando:

(...) se constituye en documento o testimonio para la reconstrucción de la historia, así como para el conocimiento científico, técnico o artístico. Es la asociación directa del bien con épocas, procesos, eventos y prácticas políticas, económicas, sociales y culturales, grupos sociales y personas de especial importancia en el ámbito mundial, nacional, regional o local (p. 60).

Bajo esta perspectiva, los cementerios constituyen sitios en los cuales son tangibles las características de la valoración histórica, pues en ellos están simbólicamente condensados los rasgos que reflejan una sociedad, y desde donde es posible estudiar cronológicamente diferentes nociones estéticas, sociales, económicas y religiosas de los grupos humanos.

No obstante, al encontrarse inmersos en el contexto social y tener una relación permanente con los habitantes circundantes, la objetividad para determinar la valoración patrimonial de los camposantos puede verse afectada por factores locales y sociales, por lo cual cabe preguntarse: ¿Cuáles son los procesos sociales que influyen en la valoración histórica de los cementerios en Colombia?

Para intentar dar respuesta a este cuestionamiento, se realizó un estudio de caso con el Cementerio Universal (CU) de Bucaramanga (Santander, Colombia). La elección de este panteón no es azarosa, pues el CU tenía una antigüedad de 100 años, se encontraba en el centro de la ciudad, albergaba ilustres personajes de la historia santandereana y fue uno de los primeros cementerios laicos del país. A pesar de cumplir con criterios que ameritaban su consideración como Bien de Interés Cultural4 (BIC), fue demolido en 2010 para dar paso a la construcción del Viaducto de la Carrera Novena, que se supone será uno de los puentes atirantados más grandes de Colombia.

La inevitable destrucción de la cultura material e inmaterial que allí se encontraba, impulsó la realización de un proyecto de investigación del cual se deriva este artículo.

Para determinar algunos de los procesos sociales que influyeron en la valoración histórica que se le dio en su momento al CU, se utilizó una metodología mixta que comprendió análisis cualitativo de fuentes escritas, virtuales, audiovisuales y oficiales; al igual que entrevistas, que fueron categorizadas de forma inductiva con el Software Atlasti 5.0; además, se realizaron encuestas que fueron procesadas de forma cuantitativa con el Software SPSS 18.0.

La valoración histórica de los cementerios: memorias de héroes y antihéroes

A pesar de los lineamientos expresados en la vigente legislación existen dificultades para determinar el valor histórico de un bien, pues el carácter cambiante de la historia introduce variabilidad a lo que puede o no ser valorado como PH. En este sentido, Castillo (2007) expone, desde el punto de vista de la antropología, que el patrimonio (en especial el histórico) es una construcción social y, por ende, los criterios de valoración patrimonial no justifican, esencialmente, la protección del bien material. Es decir, el pu de los bienes materiales radica en su importancia para la sociedad, pues su valor histórico no se encuentra en los objetos como tales, "(...) sino en el significado que esos objetos o actividades realizados por el hombre en su devenir histórico disponen para el sujeto, para los ciudadanos, en el presente" (Castillo, 2007, p. 6).

En el caso de los cementerios es posible pensar que la caracterización histórica está circunscrita en el mismo espacio, pues es en ellos donde existe una relación "viva" entre los sujetos/ dolientes con sus ancestros, y de las ciudades con sus necrópolis (Giedelmann y Jaimes, 2012).

A su vez, la riqueza artística y arquitectónica parece ser fundamental en las declaratorias, como se evidencia en algunos casos de panteones patrimonializados en Latinoamérica (Cementerio General de Santiago, Chile; Cementerio de Paita y Cementerio de Piura, Perú; y Cementerio de Cuenca, Ecuador), sin considerar que en estos casos sus atributos son excepcionales y la mayoría de cementerios no cuentan con ellos para ser postulados como patrimoniables.

Entonces, es pertinente cuestionarse quién y por qué se postula un bien o valor sobre otro, cómo se representa la identidad del colectivo y cuáles son las razones que hacen que unos bienes o valores sean relegados al olvido. Al respecto, el antropólogo Edgar Bolívar (1999) comenta que los bienes y valores que constituyen el patrimonio son el resultado de un simbolismo social colectivo atribuido por una sociedad y cultura cambiantes, de suerte que "(...) en algún momento y en alguna parte comenzó a existir y a desarrollarse el concepto y la práctica de la exclusividad del patrimonio como representativo de la propiedad o de los derechos del individuo, grupo, etnia o nación" (p. 5). De ser así, es el mismo colectivo -en un consenso mínimo de aceptación-, el encargado de legitimar el bien o valor atesorado.

Sin embargo, en muchos casos las decisiones no representan la voz de la mayoría, sino que responden a intereses minoritarios e, incluso, hegemónicos. Es el caso de la preservación o demolición de monumentos, donde se evidencia la elección de referentes a partir de los cuales se desea moldear la memoria, pues los monumentos "(...) se inscriben en el espacio público como un dispositivo mnemotécnico, aludiendo a la gesta de la formación de la nación" (Bolívar, 1999, p. 10) y, consecuentemente, en el tema de patrimonio relacionado con cementerios, la valoración del interés histórico es reductible a "personajes" cuya relevancia en la construcción de la historia colombiana amerite su inclusión; de forma que próceres de la patria, políticos, artistas y escritores son personalidades obligadas en cualquier postulación.

Este abordaje a la valoración histórica del patrimonio ignora que la identidad colombiana no es unívoca. Miguel Ángel Urrego (1998) expone cómo el país en su propia historia plantea ideas de Nación distintas, promovidas desde diversos sectores que dan como resultado grupos excluidos por motivos sociales, económicos, partidistas o religiosos. Por lo general, los grupos marginados buscan y detentan el poder por medios violentos, a partir de los cuales renuevan el ciclo de opresión y exclusión; lo cual, según Urrego, atestigua que "(.) la constitución de la nación no se ha realizado desde una producción simbólica para dotar los habitantes del país de un destino común, sino en una práctica política excluyente" (p. 17). En este orden de ideas, la discriminación en los criterios que determinan los intereses históricos de los bienes vinculados a personajes famosos, es uno de los problemas neurálgicos de los cementerios y monumentos.

La existencia de bienes materiales opuestos, como la estatua de Bolívar, en Bogotá, y el Pibe Valderrama, en Santa Marta, habla de la construcción de dos relatos de historia: la oficial y la popular, y, por ende, de dos tipos de héroes que encarnan una Colombia plural. En el caso de los héroes populares, su connotación moral estará determinada por el contexto que va a establecer que los héroes de unos sean los villanos de otros (Cohen, 2010).

Pero, "los buenos" y "los malos" de las historias oficiales y populares, se encuentran en los camposantos de las ciudades, y son recordados mediante prácticas diversas. Uno de los casos más interesantes podría ser el de la ciudad de Medellín, donde las narrativas de grupos sociales marginados han idealizado la figura del "narco" -no en vano la tumba más conmemorada es la de Pablo Escobar5. Consecuentemente, Cardona (2004) afirma que los héroes urbanos encarnados en el "narco" nacen de:

(...) una cultura popular que ve en los "mafiosos" el prototipo del hombre valiente, del aventurero que ha sido capaz de trascender su propia condición para poner en jaque a los poderosos; es un héroe en la medida en que también permite una construcción cultural en torno a la identidad de los grupos y en la concreción y demarcación de territorios urbanos que cuentan las hazañas (p. 101).

Es decir, la devoción póstuma solo revela la construcción de una historia paralela -que contradice la historia oficial del villano-, y que también tiene valor, pues ha ayudado a formar preceptos y costumbres en la sociedad paisa6. Con seguridad, podríamos aseverar que la historia tejida alrededor de las extravagancias del narcotráfico no caben en la valoración del pu, pues son vistas como manchas indeseables, y es preferible historiar un pasado romántico, ideal y sin contra-historias.

Ese modelo ha impulsado la negación y vergüenza de los hechos históricos violentos, en vez de generar una reflexión social alrededor de los mismos. El cementerio constituye uno de los rincones en donde los "otros" relatos tienen un espacio, y es el ejemplo perfecto de lo que Cohen (2010) ha llamado "monumentos democráticos"7: lugares y objetos donde la sociedad hace memoria de forma constante.

Pero, ¿qué desea recordar?, ¿qué desea olvidar? y ¿cómo conmemora esa sociedad? Las omisiones y los olvidos hacen parte de la construcción de la memoria colectiva que se teje alrededor de los objetos y los lugares. El papel del pu en ese proceso no es secundario, al contrario, constituye una forma de reconocimiento a los múltiples relatos de la "mismidad" y la "otredad" que han caracterizado el trascurrir de nuestra historia, y que pueden ser encontrados en una riqueza profusa en los camposantos.

No en vano el Ministerio de Cultura considera que los cementerios "son los lugares donde se concentra la memoria de los pueblos y el patrimonio cultural, inmaterial, mueble e inmueble, paisajístico, arquitectónico y arqueológico de una Nación" (Ministerio de Cultura, 2010), por lo cual su estudio, conservación y divulgación debe ser prioritaria. Asimismo, los panteones son espacios de conmemoración y laboratorios urbanos que permiten un acercamiento a la cultura de un grupo social (Gutiérrez, 2005).

Para Guerrero (2011) "hacer memoria" en las necrópolis da origen a una disputa simbólica de múltiples historias que conviven en un mismo espacio. En esa dirección, los camposantos son lugares privilegiados, ya que permiten la representación simbólica de los conflictos en escenarios no violentos; es decir, que el patrimonio material de monumentos, tumbas, osarios y ornamentaciones no solo está vinculado de forma emocional con sus dolientes, sino que también retrata las distintas ideas de Nación y luchas de poder local, regional y nacional.

A partir de lo expuesto se puede deducir que los cementerios no son exclusivamente territorios intersticiales (Velásquez, 2009): son ciudades paralelas que permiten abordar los diferentes aspectos de la sociedad, pues la contienen en su simbología. Las características de los camposantos los convierten en: "ciudades estéticas" en las que es posible observar el cambio de las tendencias y la concepción de lo bello y lo divino; "ciudades sociales" diseñadas por estratos y con moradores de todo tipo; "ciudades textuales" en las que se puede acceder a las narrativas y los universos de significados que las producen; "ciudades religiosas" donde los distintos cultos se manifiestan; "ciudades rituales" donde las creencias espirituales y trascendentes se transforman en prácticas concretas; pero, sobre todo, los cementerios son "ciudades de memoria", pues nos conectan con el pasado y los ancestros en un ejercicio constante de conmemoración.

El Cementerio Universal de Bucaramanga como espacio de estigmatización

A primera vista, el uso de los cementerios como espacios para la estigmatización de individuos es paradójico, pues estos, generalmente, son otorgados por el señalamiento de atributos específicos en personas vivas, tales como rasgos físicos -sobre abominaciones del cuerpo-, de parentesco/ afiliación -estigma tribal: familia, etnia, raza o religión- o comportamentales -del carácter denigrante del individuo: homosexualidad, delincuencia, drogadicción (Goffman, 1963). No obstante, la indicación de cierta característica desacreditadora que se le atribuya a algún difunto, otorgada en vida o al momento de morir, puede surtir el efecto de condenarlo más allá de las fronteras de la vida terrenal y, por asociación, a parientes y a miembros de su círculo social o gremial. De manera tal, que alimentar el atributo estigmatizador a través de la continuidad de ciertos rasgos en los vivos, le mantiene en su posición dominante y le permite seguir ejerciendo su poder sobre aquello objeto del estigma.

Dichas razones hacen de los cementerios espacios propicios para legitimar acciones excluyentes y explorar el concepto de estigmatización. Así las cosas, el cu de Bucaramanga se convierte en un ejemplo que permite ilustrar lo anteriormente expuesto, tal como se describe a continuación.

La fundación del cementerio, en 1910, se enmarca en una franja de la historia colombiana caracterizada por confrontaciones políticas partidistas, y surge como una alternativa ecuménica al camposanto existente que negaba la sepultura a difuntos no confesionales de la doctrina católica. Asimismo, Malcolm Deas (2002) señala el compromiso político de la Iglesia de Santander en favor del conservatismo, e ilustra su actividad antiliberal en expedientes sobre casos de injurias desde el púlpito: "¡perros liberales!, &iex