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Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud

Print version ISSN 1692-715XOn-line version ISSN 2027-7679

Rev.latinoam.cienc.soc.niñez juv vol.4 no.1 Manizales Jan./Jun. 2006

 

Segunda Sección: Estudios e Investigaciones

El trabajo infantil y juvenil en Colombia y algunas de sus consecuencias claves*

Aura Cecilia Pedraza Avella**
Rocío Ribero Medina***

*Este artículo hace parte de la tesis de grado denominada «El trabajo Infantil y Juvenil en Colombia: sus causas y consecuencias», presentada por la coautora Aura Cecilia Pedraza Avella para optar por el título de Magíster en Economía de la Universidad de los Andes, realizado entre agosto de 2004 y junio de 2005
**Ingeniera Industrial, Universidad Industrial de Santander. Magíster en Economía, Universidad de los Andes. Actualmente se encuentra, con dedicación exclusiva, estudiando el Doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Colombia, becada por COLCIENCIAS y la Universidad Nacional de Colombia. Correo electrónico: acpedrazaa@unal.edu.co
***Matemática, Universidad Javeriana. Magíster en Economía, Universidad de los Andes. M.Phil. in Economics, New York University. Ph.D. in Economics, New York University. Post Doctoral in Economics, Yale University. Profesora Asociada de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Correo electrónico: rrivero@uniandes.edu.co

Primera versión recibida diciembre 21 de 2005; versión final aceptada marzo 30 de 2006 (Eds.)


Resumen:

Este documento busca responder el interrogante sobre cuáles son los efectos del trabajo infanto-juvenil en la educación y salud de las niñas y niños colombianos. Haciendo uso de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2003, se concluye que la vinculación temprana al mercado laboral de las y los niños con edades entre 12 y 17 años afecta negativamente su asistencia escolar, aumenta sus niveles de extraedad educativa y deteriora la percepción de su estado de salud. Para los menores entre 7 y 11 años, la relación entre trabajo infantil y la educación no es tan clara, debido posiblemente al bajo número de niños trabajadores en este rango etáreo y a la gran cobertura escolar en básica primaria que tiene Colombia. La no influencia inmediata en la salud de los oficios realizados, y la ejecución de labores más suaves respecto a las hechas por los niños de mayor edad, podrían ser algunas de las causantes de que el perjuicio en la salud de las y los niños trabajadores no sea evidente en la población de 7 a 11 años. Las pruebas empíricas contenidas en este artículo predicen que los programas encaminados a aumentar la cobertura y calidad educativa y, máxime, a impulsar y facilitar la asistencia escolar, principalmente en niveles superiores a la básica primaria, serán grandes aliados en la erradicación del trabajo infanto-juvenil en Colombia.

Palabras clave: Trabajo de menores, niñez, juventud, educación, salud, Colombia.


Resumo:

Este documento procura responder à questão sobre quais são os efeitos do trabalho infanto-juvenil na educação e na saúde das crianças colombianas. Examinando a Enquete Nacional de Qualidade de Vida de 2003, conclui-se que a vinculação precoce ao mercado laboral de crianças com idades entre os 12 e os 17 anos afeta negativamente a sua assistência escolar, aumenta os seus níveis de extra idade educativa e deteriora a percepção do seu estado de saúde. Para os mais novos, entre os 7 e os 11 anos, a relação entre o trabalho infantil e a educação não é tão clara, possivelmente devido ao baixo número de crianças trabalhadoras nesta faixa etária e à grande cobertura escolar básica primária que possui a Colômbia. A não influência imediata na saúde dos ofícios realizados, e a execução de labores mais suaves respeito às realizadas pelas crianças de mais idade, poderiam ser algumas das causais de que o prejuízo na saúde das crianças trabalhadoras não seja evidente na população dos 7 aos 11 anos. As provas empíricas contidas neste artigo predizem que os programas encaminhados a aumentar a cobertura e a qualidade do ensino e, mais ainda, a impulsionar e facilitar a assistência escolar, principalmente em níveis superiores ao ensino básico primário, serão grandes aliados na erradicação do trabalho infanto-juvenil na Colômbia.

Palavras chave: Trabalho de menores de idade; infância; juventude, educação; saúde; Colômbia.


Abstracts:

This paper researches on the effects of child labor on schooling and health of children in Colombia. By using the data of the Living Standards Measurement Survey of 2003, we conclude that joining the labor force at the early ages of 12 -17 negatively affects school attendance and over-age and it deteriorates children perception of their own health status. For minors younger than eleven, the relationship between child labor and schooling was not so significant, probably because of the relatively lower number of children on this condition and because of the rather large primary schooling coverage in the country. The fact that health status was not affected either for this 3 age group maybe due to the fact that their activities are lighter and that consequences of child labor on health are not immediately perceived. The econometric exercises contained in this paper predict that those programs and policies oriented towards increasing school coverage and quality, and to increase school attendance, mainly at the secondary levels, will be great tools to help eradicate child labor in Colombia.

Key words: Child labor, youth labor, childhood, youth, education, health, Colombia.


Introducción

El trabajo infanto-juvenil es un fenómeno que preocupa a la sociedad actual en cuanto a que actúa en detrimento de uno de los grupos más vulnerables de la población. Dentro de sus principales consecuencias, además de ser claro que es un impedimento para que las y los niños y jóvenes satisfagan sus necesidades innatas de recreación, se presume que la vinculación temprana al trabajo tiene repercusiones negativas en la salud de los menores y, a futuro, en la población adulta. Asimismo, al darse en los años en que se construyen las bases de la formación, el trabajo infantil y juvenil obstaculiza la educación, incidiendo negativamente en los ingresos posteriores, deteriorando las reservas de capital humano y aumentando las brechas de pobreza.

Si bien el trabajo infanto-juvenil tiene una fuerte relación con la pobreza, no se puede dejar de considerar que en ocasiones el trabajo trae como consecuencia que los niños se mantengan ocupados y, en algunos casos, alejados de vicios y actividades impropias, al ser una alternativa para aquellos menores que no realizan alguna actividad académica o de otro tipo. Además, en hogares con ingresos muy restringidos, por pequeño que sea el aporte económico que genera un menor, puede ser un factor importante para la supervivencia de la familia. Sin embargo, bajo condiciones de falta de recursos, se prevé que para los hogares que insistan en el trabajo infantil y juvenil será muy difícil abandonar el círculo vicioso de la pobreza.

En Colombia, según la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI),1 en el año 2001 había un total de 1.567.8472 menores entre 5 y 17 años que ejercía una ocupación remunerada o no en la producción de bienes y servicios, con una mayor participación de los niños de género masculino y de aquellos que habitaban en las zonas rurales. En cuanto a las consecuencias que genera el fenómeno en cuestión, los resultados de esta encuesta señalan que un 44.6%3 de los menores entre 5 y 17 años debe abandonar la escuela por motivos relacionados con actividades laborales. A través de cálculos adicionales basados en la ENTI realizados por DANE, DEPROYECTOS LTDA e IPEC (2003), se estima que el país pierde anualmente 5.64 billones de pesos (2.8% del PIB aproximadamente) al permitir el trabajo de los menores de edad.

Aunque en la actualidad no existe consenso acerca de la forma adecuada para abordar el problema del trabajo infantil y juvenil, en lo que sí existe unanimidad es en que, sin importar cual es la causa de que el menor esté trabajando, si esto genera consecuencias negativas para el menor, se debe propender remediar esta situación y brindarle las condiciones de bienestar que éste merece. Dentro de las alternativas más difundidas para afrontar el tema se encuentra la erradicación absoluta y urgente del trabajo infantil; otra opción generalizada es hacerlo visible para reglamentarlo y garantizar que se desarrolle en mejores condiciones.

El presente documento busca estudiar algunas de las consecuencias más graves del trabajo infantil y juvenil en Colombia, concentrándose en el efecto negativo que puede tener este fenómeno sobre dos importantes indicadores del bienestar como son la educación y la salud. En la primera parte se presenta una revisión de la literatura relacionada, seguida del marco empírico utilizado (parte 2). La tercera parte recoge los resultados econométricos obtenidos acerca de los efectos en salud y educación que genera la vinculación temprana al mercado laboral en Colombia. Finalmente, en la parte 4 se exponen las conclusiones y recomendaciones de la investigación.

1. Revisión de literatura

1.1 Generalidades acerca del trabajo infanto-juvenil

Conforme al creciente interés sobre el fenómeno, el término trabajo de niños es usado para señalar diferentes conceptos que, aunque muy relacionados, no describen un fenómeno específico y, por tanto, pueden dar lugar a múltiples interpretaciones de política (Myers, 2001a). Actividades desempeñadas por menores, tales como los trabajos de cualquier clase remunerados o no, ocupaciones de tiempo completo, quehaceres que interfieren con la asistencia escolar, tareas de explotación o perjudiciales,5 labores que violan las leyes nacionales o internacionales sobre trabajo infanto-juvenil, son algunas de las definiciones más comúnmente utilizadas.

Es importante aclarar que no existe unanimidad acerca de los límites de la niñez y de la juventud, lo que complica la diferenciación entre trabajo infantil y juvenil. Dentro de los términos de la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU 1989), «se entiende por niño todo ser humano menor de 18 de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad».6 La definición y los matices operacionales del término «juventud» varían a menudo de país a país, dependiendo de los factores socio-culturales, institucionales, económicos y políticos específicos. Según la División de Población de la ONU, la niñez está comprendida entre los 0 y los 14 años, mientras que los jóvenes son las personas con edades entre los 15 y los 24 años de edad. Para algunos investigadores, según el contexto, el período juvenil «puede extenderse entre un rango máximo desde los 12 a los 35 años, como se aprecia en algunas formulaciones de políticas públicas dirigidos al sector juvenil»7.

En Colombia, de acuerdo al Artículo 28 del Código del menor, «se entiende por menor a quien no haya cumplido los dieciocho (18) años»8. Por otro lado, según la Ley de la Juventud,9 se entiende por joven a la persona entre 14 y 26 años de edad; por ende, niños son las personas entre 0 y 13 años de edad.

Para nuestro país, a partir del año 2001, el DANE ha clasificado los menores trabajadores:10

Menor trabajador tradicional. Son aquellos que ejercen ocupaciones remuneradas o no en el mercado productivo por una hora o más a la semana. Igualmente aquellos que están buscando trabajo.11

Menor trabajador doméstico. Son aquellos que realizan oficios domésticos como actividad principal o por más de catorce horas semanales

Menor trabajador. Corresponde a la suma de todos los menores que son clasificados como trabajadores según las dos definiciones anteriores.

Paralelo a la variada terminología, existen también diversos enfoques en los que se enmarcan los estudios sobre menores trabajadores que, según Myers op. cit., pueden ser resumidos en cuatro líneas de pensamiento principales: a. Mercado laboral, b. Capital humano, c. Responsabilidad social y d. Niñez.

El enfoque del mercado laboral parte de finales del siglo XVIII, cuando se creía que el trabajo infantil y juvenil desplazaría al trabajo adulto, lo que originó la intervención de los gobiernos para mantener a los menores fuera del mercado laboral por lo menos hasta la mitad de su adolescencia o hasta que hubiesen terminado un período de educación obligatorio12 Recientemente esta posición ha encontrado detractores quienes afirman que no hay evidencia para decir que la participación económica de las y los niños y jóvenes amenace el empleo o los salarios de los adultos, y que no todos los trabajos son perjudiciales para los menores. Antes bien, se considera que en la mayoría de los casos el trabajo del menor genera una contribución económica que alivia la pobreza de los hogares.

La línea de pensamiento del capital humano, por otro lado, plantea el trabajo de menores como un producto del subdesarrollo, llamado a desaparecer al eliminarse las distorsiones económicas existentes. Los defensores de este pensamiento promueven las «políticas que brindan a los niños las habilidades, actitudes y otras capacidades -el capital humano- que necesitan para contribuir al desarrollo económico y convertirse en adultos prósperos» (Myers, op. cit., p. 34). La creación de sistemas que mezclan la educación y el trabajo, subsidios o créditos escolares, el mejoramiento de la cobertura y calidad educativa, son algunas de las alternativas de política planteadas por los defensores de esta teoría 13.

Un tercer enfoque del trabajo de menores se relaciona con la responsabilidad social, la cual se centra en aspectos como «la inequidad, discriminación, concentraciones injustas de poder, alienación cultural, relaciones disfuncionales de las familias y la comunidad, irresponsabilidad social y deterioro de los valores y la moral» (Myers, op. cit., p. 36). De acuerdo a esta perspectiva, el problema real del trabajo infantil y juvenil está en el maltrato al que son sometidos muchos menores y la solución no se da en la exclusión de éstos del mercado laboral sino en la aplicación de programas que ayuden a prevenir este abuso.

Finalmente, la línea de pensamiento del trabajo infanto-juvenil desde el punto de vista específico de la niñez ubica los derechos, el desarrollo y el bienestar del menor como ejes fundamentales. Bajo este marco referencial se sostiene que las políticas para enfrentar este fenómeno deben partir de un sólido entendimiento de los niños y jóvenes y de su situación, incentivando incluso la participación de menores trabajadores en el diseño de las iniciativas para hacerle frente al trabajo infantil y juvenil14.

1.2 El Trabajo Infanto-Juvenil y la Educación

Una de las repercusiones del trabajo infantil y juvenil más ampliamente aceptadas, es que dicho fenómeno va en contravía de la asistencia escolar de los menores, dada la supuesta simultaneidad con que se toma la decisión de que la/el niño/joven trabaje o estudie.

Jacoby (1994) plantea que el ingreso del menor al mercado laboral se da según las restricciones crediticias de su familia, haciéndose paulatinamente necesario que el niño/joven deje de asistir a la escuela. De acuerdo a las estimaciones hechas por el autor para Perú, la asistencia escolar de tiempo completo está relacionada positivamente con mayores ingresos familiares, altos activos fijos del hogar, padres más educados, edades más distanciadas entre hermanos, el tener una hermana inmediatamente mayor, y que los textos requeridos por su escuela sean más baratos. Así, intuye que la relación inversa con alguno o varios de estos factores contribuye a que el menor abandone el estudio y, con gran probabilidad, ingrese al mercado laboral.

Para el caso particular de los adolescentes rurales de Latinoamérica, Alcázar, Rendón y Wachtenheim (2002) encuentran significativo el intercambio entre trabajar y estudiar en diez países de la región15, señalando que los determinantes más importantes de esta decisión son el ingreso familiar, el número de hijos, el nivel educativo de los padres y la ocupación de los mismos. Similares resultados fueron hallados por Sapelli & Torche (2003) para datos correspondientes a la niñez chilena y por Bucheli y Casacuberta (2003) para los adolescentes uruguayos. Estos últimos concluyeron que la probabilidad de asistir al sistema educativo está relacionada con un vector de características individuales y otro de entorno familiar, cuya influencia puede racionalizarse en términos de su impacto en los costos y beneficios marginales de estudiar.

Sin embargo, según Krishna (1996), en India el trabajo infantil y juvenil es sólo una mínima parte del problema de la inasistencia escolar. Otros factores como la pobreza de la familia y las condiciones inadecuadas de las entidades educativas así como la no disponibilidad de cupos, inciden significativamente en el hecho de que un menor asista o no a la escuela.

Algunos autores como Myers (2001b) incluso sostienen que es posible e idóneo en algunos casos que los menores combinen el trabajo y la asistencia escolar. Modelos de educación que dan lugar a que el menor trabaje por temporadas16, programas que muestran a las/los niños/jóvenes trabajadores las ventajas de tener un grado alto de educación para acceder a mejores formas de trabajo17, técnicas de enseñanza encaminadas a dotarlos de habilidades para ser más productivos en un trabajo presente o futuro 18, y los sistemas de aprendices19 son algunos de los ejemplos exitosos de vinculación trabajo-estudio.

1.3 El Trabajo Infanto-Juvenil y la Salud

Es común que los menores trabajadores se desenvuelvan en ambientes laborales caracterizados por exposición a factores de alto riesgo, herramientas no aptas y esfuerzo excesivo que se contraponen al desarrollo propio de su edad. Estas características del trabajo infanto-juvenil hacen que tenga una incidencia negativa sobre la salud de los menores tanto en el corto como en el largo plazo.

Aunque los estudios sobre los efectos en la salud futura de una entrada temprana al mercado laboral han coincidido en afirmar que quienes han trabajado cuando niños/jóvenes presentan niveles de salud más precarios en su edad adulta,20 los efectos contemporáneos han sido poco analizados y parece no existir evidencia cuantitativa de que el trabajo influya negativamente en la salud presente de los menores. En Brasil, Kassouf (2000) encontró evidencia de los efectos negativos en la salud adulta de quienes tuvieron una entrada temprana al mercado laboral. Sin embargo, al comparar la salud de menores trabajadores y no trabajadores sólo se hallaron diferencias en problemas dentales. De manera similar, para la población rural de Vietnam, O' Donnell, et al. (2004) llegaron a la conclusión de que, aunque su incidencia contemporánea es despreciable, el trabajo infanto-juvenil afecta negativamente la salud del adulto.

1.4 El Trabajo Infanto-Juvenil en Colombia

Colombia no es ajena a la preocupación mundial por el trabajo infanto-juvenil y por las consecuencias negativas que éste puede ocasionar en el bienestar de los menores. El país, tanto en la Constitución Política como en diferentes reglamentaciones nacionales y regionales, ha adoptado los convenios de la IPEC/OIT en la reglamentación de la edad mínima para trabajar y la definición de las peores formas de trabajo infantil.21 El Código del Menor, particularmente en el Título 9, busca garantizar los derechos de las/los niños/jóvenes trabajadores y evitar su maltrato y explotación22.

En nuestro país, para ningún menor de edad está permitido el trabajo nocturno, dominical y festivo, o aquel relacionado con la actividad minera, cualquier labor de tipo subterráneo, o aquellas que involucren acciones peligrosas, insalubres o que requieran grandes esfuerzos. Legalmente los menores pueden trabajar en jornadas establecidas así:

    · 12-14 años de edad: 4 horas diarias y 24 semanales en oficios ligeros.

    · 14-16 años de edad: 6 horas diarias y 36 semanales.

    · 16-18 años de edad: 8 horas diarias y 48 semanales.

Adicionalmente, de ningún modo pueden desconocerse para los menores las garantías que establecen las leyes laborales para cualquier trabajador, en cuanto a sistema de contratación, prestaciones sociales y seguridad social, entre otras.

En Colombia, es reconocido que el trabajo infanto-juvenil es una de las situaciones de mayor trascendencia social y que se requiere una acción urgente y efectiva para mejorar sus indicadores;23 sin embargo, son pocos los trabajos econométricos que midan a profundidad las causas y consecuencias de este fenómeno en el país. Barreto (2001) expone que cerca de 323.000 niños se encuentran vinculados al trabajo doméstico infantil y juvenil en hogares ajenos, y casi sin excepción, están siendo explotados debido a bajas o nulas remuneraciones, horarios prolongados, manipulación de sustancias peligrosas y carencia de seguridad social.

Pedraza y Ribero (2005) encuentran que los principales determinantes del trabajo infanto-juvenil en Colombia son la pobreza, la edad y el género del menor. El hecho de que la familia haya sufrido algún choque económico a raíz de la crisis de 1999 también se asocia positivamente con la existencia actual de menores trabajadores.

El DANE, por su parte, acerca de las causales del trabajo infantil y juvenil en nuestro país afirma que «dentro de los factores asociados y que pueden estar unidos, o no, a la pobreza, es posible señalar, por ejemplo, el nivel de educación del jefe, su condición laboral, los ingresos per cápita del hogar, el número de personas del hogar, distintos aspectos culturales o condiciones propias del niño mismo, entre otros factores» (DANE et al., 2003, p. 97).

Sobre las consecuencias del trabajo temprano en el bienestar de los niños colombianos, Flórez, Knaul & Méndez (1995) encontraron que los porcentajes de vinculación laboral de los menores son proporcionales a la deserción escolar y que muchos de los trabajos tienen consecuencias perjudiciales para su desarrollo.

Por otro lado, DANE et al. (2003) señala que «Del conjunto de todos los niños y niñas que asisten a un establecimiento educativo 10.8% ejecutan algún trabajo, porcentaje que en el caso de la cabecera corresponde a 9.1% y en el resto de municipio a 15.2%». Se trata de una categoría de estudiantes que asume un esfuerzo adicional, lo que dificulta su rendimiento en ambas actividades». (DANE et al., 2003, p. 74). Aunque este estudio encontró altos niveles de participación de niños y niñas trabajando (1.096.000 hombres y 472.000 mujeres entre 5 y 17 años), también halló evidencia de que la mayoría de los padres de estos menores (66.7%) considera que si los niños dejan de trabajar no habría ninguna incidencia en el hogar mientras que, en términos producto interno bruto, el país pierde anualmente un 2.8% al permitir el trabajo de los niños y niñas y no hacer que esa población se eduque hasta completar la educación media.

2. Marco empírico

2.1 Los datos

Para la realización de la presente investigación se utilizaron los datos de la Encuesta de Calidad de Vida 2003 (ECV-2003)24 y algunas referencias municipales procedentes de la base de datos de la FUNDACIóN SOCIAL (1995) titulada «Municipios y Regiones de Colombia: una mirada desde la sociedad civil».

En cuanto a la definición de menor se refiere,25 teniendo en cuenta la información disponible por las encuestas en mención y uno de los objetivos de la investigación de relacionar trabajo con educación, para este estudio se llamó niño a las personas entre 7 y 11 años de edad y joven a aquellos entre 12 y 17 años26. Por otro lado, se define a los niños y jóvenes trabajadores como aquellos menores que ejercen ocupaciones remuneradas o no en el mercado productivo por una hora o más a la semana, aquellos que están buscando trabajo,27 o aquellos que realizan oficios domésticos como actividad principal o por quince o más horas semanales28

Para la medición de la educación, las variables utilizadas fueron las siguientes:

    · asistencia escolar (definida como 1 si el menor asiste a la escuela y 0 de lo contrario), y,

    · extraedad escolar (definida como edad -grado escolar al que asiste- 6) que representa el grado de rezago educativo que tiene el menor respecto a su edad.

Como medida de salud se utilizaron dos variables:

    · reporte del estado de salud (es una variable discreta ordenada que toma el valor de 1 si el estado de salud es muy bueno hasta 4 si el estado de salud es malo), y,

    · enfermedad en los treinta días anteriores a la encuesta (definida como 1 si el/la menor sufrió alguna enfermedad en el mes anterior y 0 de lo contrario).

Como variables de control, para todos los modelos estimados, se utilizaron datos individuales de edad y género del menor, los años de educación de la madre, el género y la edad del jefe del hogar, una dummy que muestra si la familia sufrió algún choque a raíz de la crisis económica de 1999, variables dummies de composición del hogar por grupos etáreos, el tamaño de la familia y una variable de riqueza29. Para controlar además por características del lugar de residencia se utilizó una dummy que indica si el menor habita en la cabecera o en el resto del municipio, y otras variables binarias que representan la región del país donde se encuentra.

Considerando, además, que el trabajo infanto-juvenil puede verse influido por las características del mercado laboral local, fueron también usadas, como variables de control, los promedios municipales de los salarios de las/los niños, jóvenes y adultos30. Por otro lado, se controló por el número de planteles educativos per cápita como proxy de las particularidades del sistema educativo de la zona, por cuanto el trabajo de los menores puede exacerbarse en regiones con baja cobertura educativa.

Para los modelos de salud se utilizaron, igualmente, otras variables de control que podrían afectar la salud del menor. Del tipo familiar se incluyó el estado de salud de la madre del menor, para captar aspectos de la salud debidos a factores genéticos, y, como característica del entorno, fue utilizado el número de hospitales per cápita del municipio. Este último se incluyó como un indicador de disponibilidad de servicios de salud en el entorno del menor.

2.2 Estadísticas Descriptivas

Las definiciones de las variables utilizadas se presentan en el Cuadro 1 y las estadísticas descriptivas de las mismas son mostradas en el Cuadro 2.

Según los resultados calculados con los datos de la ECV-2003, el 23.53% de la población colombiana son menores entre 7 y 17 años, correspondiendo al 22.42% de aquellos que viven en las cabeceras municipales y al 26.6% de la población en el resto del municipio (ver Cuadro 3).

Como se puede apreciar en el Cuadro 3, el porcentaje de niños y niñas entre 7 y 11 años que trabajan es del 7.96% frente a un 32.56% de jóvenes entre 12 y 17 años que están laborando. Indiferente del género del menor o de su lugar de vivienda, la proporción de trabajadores siempre es mayor en el caso de aquellos en edades entre los 12 y 17 años frente a las/los niños de 7 a 11 años.

En el rango de edad de 7-11, el 95.54% asiste a una entidad educativa y el 83.78% presenta estados de salud aceptables31. Para el caso de los jóvenes entre 12 y 17 años, se evidencian una asistencia escolar del 78.52%, y un 82.56% reporta estado de salud aceptable.

Según el Cuadro 4, la mayoría de los menores trabajadores son varones que habitan en la cabecera municipal. En cuanto a diferencias de género, las niñas/jovenes trabajadoras tienen edades promedio mayores y trabajan un número de horas superior a los hombres de su misma generación.

Para los dos grupos etáreos se puede observar que los hombres que viven en el resto del municipio presentan tasas más altas de trabajo remunerado; vale la pena aclarar que los salarios reportados son extremadamente bajos32 y, por tanto, el aporte monetario de los menores trabajadores a sus hogares es bastante reducido, sobre todo en el caso de las/los niños entre 7 y 11 años. Calculando la porción de los ingresos totales del hogar producto del trabajo de los menores, según los datos de la ECV 2003, ésta no llega al 10% en el 99.89% del total de trabajadores entre 7 y 11 años y al 91.86% en el caso de los jóvenes entre 12 y 17 años. No debe despreciarse, sin embargo, que en algunos casos cuando el menor realiza oficios en su hogar o colabora en un negocio familiar, está haciendo posible que los adultos generen mayores ingresos para la familia y, por tanto, su contribución económica no se limitaría únicamente a su aporte monetario.

De acuerdo con la literatura, los menores (y/o sus padres) se enfrentan a la disyuntiva entre trabajar y estudiar, la cual genera cuatro actividades posibles: sólo estudiar, sólo trabajar, realizar las dos actividades o no realizar ninguna de las dos. De acuerdo a lo reportado en la ECV 2003, la actividad más común que realizan los menores colombianos es estudiar únicamente, aunque la proporción disminuye notablemente al pasar del grupo de 7-11 años al de 12-17 años como se puede ver en el Cuadro 5. Por otro lado es evidente que los menores que no laboran tienen niveles más altos de asistencia escolar en comparación con los niños/jóvenes trabajadores33.

En materia de género, las mujeres presentan una mayor propensión que los hombres a sólo estudiar mientras que ellos tienen un mayor porcentaje bien sea realizando las dos actividades o no ejerciendo ninguna. Las diferencias entre los dos grupos etáreos se agudizan en las cabeceras municipales, puesto que el porcentaje de menores que sólo trabajan pasa del 0.36% al 33.92% al subir el rango de edad; al mismo tiempo, la proporción de menores dedicados exclusivamente a estudiar disminuye de 91.44% a 48.99%.34 Como era de esperarse, a mayores niveles de ingreso per cápita se registran menores tasas de trabajadores y una mayor asistencia escolar. Al analizar la influencia del jefe del hogar en las decisiones de los menores, se puede notar que en los hogares con jefatura femenina los niños/jóvenes se dedican en una mayor proporción a estudiar exclusivamente frente a los hogares con jefe varón; por otra parte, parece no haber una clara relación entre la edad del jefe del hogar y la actividad de los menores. Por otro lado, las madres de los hijos que ocupan su tiempo estudiando y no trabajando tienden a tener niveles educativos superiores.

35

Con el fin de identificar en qué medida el trabajo infantil y juvenil está afectando los niveles de educación de los niños y jóvenes colombianos, los gráficos 1 y 2 muestran que para el rango total de edades ente 7 y 17 años de edad los menores trabajadores presentan niveles inferiores de asistencia escolar y mayores grados de extraedad escolar, frente a aquellos que no laboran. Es importante resaltar que la brecha entre la serie de menores trabajadores y no trabajadores aumenta considerablemente, en los dos gráficos, a partir de los once años de edad, período en el que normalmente se inicia la transición entre educación básica primaria y secundaria.

Respecto a las diferencias en salud entre los menores que trabajan y los que no lo hacen, tomando el autorreporte registrado en la ECV 2003, se puede decir que los trabajadores entre 7 y 17 años perciben niveles de salud inferiores frente a las personas de su misma edad que no laboran. Sin embargo, el registro del número de enfermedades presentadas en los treinta días anteriores a la encuesta no muestra una tendencia clara que diferencie la salud de las/los menores trabajadores y no trabajadores en este rango de edad (ver gráficos 3 y 4).

3. Estimaciones econométricas

3.1 El Trabajo Infantil-Juvenil y la Educación

En esta sección se cuantifica el intercambio entre trabajo infanto-juvenil y asistencia escolar. El objetivo de este análisis es entender, para Colombia, las características que determinan la inclinación del menor a trabajar, estudiar, desarrollar ambas actividades o no hacer ninguna de las dos, y ver cómo el ejercer un trabajo influye en la asistencia escolar. Adicionalmente, se estudió la relación entre el trabajo y la extraedad escolar de los menores colombianos.

3.1.1. Modelo de Actividad del Menor

Dadas las decisiones de trabajo y asistencia escolar del menor, se creó una variable de actividad, que indica si la/el niño/joven realiza ambas actividades, sólo trabaja, sólo estudia o no hace ninguna de las dos. Esta elección del menor (o de sus padres) de ocuparse en alguna de estas cuatro actividades es estimada a través de un modelo Logit multinomial. Normalizando el modelo, las probabilidades resultantes son:

donde:

    j=1 si el menor trabaja y estudia
    j=2 si el menor sólo trabaja
    j=3 si el menor sólo estudia
    j=4 si el menor ni trabaja ni estudia
    x representa las características de cada individuo (personales, familiares y de su entorno).

El Cuadro 636 reporta los coeficientes y relative risk ratio (RRR) obtenidos de estimar el logit multinomial para los grupos de 7-11 y 12-17 años. La categoría escogida como referencia es «sólo estudiar».

Los resultados indican que para las dos cohortes, las probabilidades de que el menor trabaje y estudie, o que sólo trabaje, frente a que sólo estudie, se incrementarán relativamente ante un aumento marginal de su edad. La probabilidad de que el menor trabaje y estudie, frente a que sólo estudie, se incrementa relativamente si su género es masculino, si su hogar sufrió un choque económico a raíz de la crisis del 99, o si habita en las regiones oriental, central o pacífica en lugar de hacerlo en Bogotá.

Una mayor edad del jefe del hogar y/o del número de años de educación de la madre están relacionadas negativamente con que el menor sólo trabaje, respecto a que únicamente asista a la escuela. Estas dos variables también se relacionan negativamente con que los niños de 7-11 años no realicen ninguna de las dos actividades, respecto a que únicamente asistan a la escuela.

Si el menor habita en un hogar cuyo jefe es hombre, la opción de no realizar ninguna de las dos actividades se ve favorecida en comparación con sólo estudiar para los más jóvenes (7-11 años), pero la relación es inversa para los mayores (12-17 años). Como era de esperarse, una mayor riqueza influye positivamente el que el menor únicamente estudie, frente a que trabaje, combine ambas actividades o no realice ninguna de las dos actividades, para ambas cohortes.

Al estimar los modelos con las muestras separadas por género,37 se obtiene que la variable de riqueza es significativa y positiva para los varones, cuando se compara la probabilidad de que el menor sólo estudie frente a que realice cualquier otra actividad. Para el caso de las mujeres, en el grupo entre 7 y 11 años dicha variable sólo influye (positivamente) el que la niña únicamente asista a la escuela respecto a que no estudie o trabaje; por otro lado, si una joven entre 12 y 17 años vive en un hogar más rico, será mayor la probabilidad de que estudie exclusivamente en comparación de que sólo trabaje o no realice ninguna de estas actividades.

3.1.2 Asistencia Escolar

Con el fin de profundizar en el análisis de la decisión de trabajar o estudiar, en esta sección se cuantifica la simultaneidad que existe entre las dos decisiones, estimando el modelo Probit bivariado que se describe a continuación.

Este modelo presupone que las dos decisiones no son independientes y estima el nivel de correlación entre los términos de error (ρ). Entre más grande, en valor absoluto, sea el estimador de ρ, el «trade-off» o intercambio entre trabajo infantil y juvenil y asistencia escolar será más fuerte. Los resultados de la estimación del modelo se muestran en el Cuadro 7.

38

El coeficiente del factor de correlación ρ es negativo para los modelos de los dos rangos de edad, pero sólo es significativo en el caso de los jóvenes con edades entre 12 y 17 años. Esto verifica que, para este grupo, efectivamente se da un intercambio entre trabajo y asistencia escolar. La no significancia de este factor en el grupo de 7-11 años se explica por el bajo número de niños trabajadores en este rango etáreo y por las intensivas campañas que se han hecho en Colombia a favor de la cobertura escolar en básica primaria.

Vale la pena resaltar que, para la mayoría de los casos, las variables cuyos coeficientes son significativos tanto para la asistencia escolar como para el trabajo presentan signos opuestos, lo que ratifica la relación de simultaneidad que se da entre estas dos actividade39. Así, para los niños entre 7 y 11 años, si el hogar es más rico, y si habita en San Andrés respecto a Bogotá, se tendrá una mayor probabilidad de que asista a la escuela y una menor probabilidad de que trabaje. Iguales relaciones se presentan en el caso de aquellos entre 12 y 17 años en los que, además, una menor educación de la madre, una mayor edad del joven o un jefe del hogar de menor edad conducen a un aumento en el trabajo juvenil y una disminución de la asistencia escolar.

El modelo Probit bivariado fue estimado separadamente por género y por cabecera/resto40. En esos modelos el intercambio entre asistencia escolar y trabajo fue corroborado41 para aquellos niños entre 7 y 11 años que habitan en las cabeceras municipales o son de género femenino. Diferentes modelos estimados para el grupo entre 12 y 17 años presentaron un factor de correlación negativo significativo entre las dos actividades en cuestión, por lo que se concluye que el trabajo y la asistencia escolar se contraponen en este grupo etáreo tanto para los trabajadores tradicionales como los domésticos, para los jóvenes de ambos géneros y para aquellos que viven en las cabeceras municipales o en el resto del municipio.

3.1.3 Extraedad escolar

Para ahondar en la relación de doble vía que, como se vio anteriormente, existe entre la educación y el trabajo infantil y juvenil, en esta sección se utiliza el método de pareo por probabilidades de similitud (propensity score matching) para ver el efecto que el trabajo tiene sobre la extraedad escolar. De forma ideal, se hubiese querido obtener el rezago educativo que presentaría un menor trabajador si no estuviera laborando, para compararlo con su nivel actual de extraedad; sin embargo, al ser esto imposible, se buscó un método que entregara resultados semejantes a los deseados sin recaer en el sesgo de selección que es común cuando se utiliza el método de diferencia de medias muestrales. Así, aunque muchos esquemas han sido propuestos para corregir dicho sesgo, se escogió este método porque tiene la ventaja de «emular un experimento, reemplazando la ordenación aleatoria por el condicionamiento a una serie de variables... sin requerir que se asuman formas funcionales para las ecuaciones de salida» (Heckman et al. , 1999, p. 1.952 y p.1.955).

Bajo la premisa de que se tienen suficientes e idóneas variables de control que hacen que la distribución de la variable dependiente (en este caso la extraedad escolar) en el grupo contrafactual (menores que trabajan) sea similar a la observada en aquellos que no participan en el tratamiento (menores que no trabajan) y que, además, hacen posible aparear participantes y no participantes, se estimaron los efectos que el trabajo tiene sobre la extraedad escolar. Las observaciones se aparearon según características que determinan el trabajo infantil-juvenil, a través de la estimación de un modelo Probit de la variable binaria de trabajo (ver Cuadro 8A).42 Posteriormente, siguiendo el método de estimación por kernel Epanechnikov, se calcularon las diferencias en extraedad para los grupos de tratamiento y control. A través de un muestreo repetido (bootstrapping) se corroboró si la diferencia era estadísticamente distinta a cero. Los resultados de este procedimiento se consignaron en el Cuadro 8.

Para el grupo entre 12 y 17 años, los jóvenes trabajadores efectivamente presentan niveles mayores de extraedad relativos a los no trabajadores. Al comparar esta diferencia encontrada (0.8644) con la extraedad promedio del grupo (0.3537), se puede notar la gran magnitud del efecto del trabajo juvenil en esta variable de educación. Esta diferencia, adicionalmente, es significativa para esta cohorte. Sin embargo, la diferencia en extraedad no es significativa para los niños de 7 a 11 años, lo cual puede deberse a que este grupo es de menor edad y por ende los efectos sobre el rezago escolar todavía no se 22 notan. No obstante, cuando se analiza únicamente el trabajo doméstico,43 en el grupo de 7-11 años se encuentra una relación positiva entre extraedad y trabajo infantil, resultado que también se da para el grupo con mayor rango de edad.

44

3.2. El Trabajo Infanto-Juvenil y la Salud

En esta sección se busca determinar si las condiciones, por lo general nocivas, en que trabajan los menores, tienen efectos cuantificables sobre su estado de salud.

La ausencia de datos panel impide realizar estimaciones para observar la influencia del trabajo infantil y juvenil en la salud adulta. Por tal motivo, el estudio se focalizó en los efectos en la salud contemporánea sin desestimar que las enfermedades laborales pueden no tener síntomas inmediatos. Como variable dependiente fue utilizada la percepción del estado de salud, cuya representación numérica va de 1 a 4 según la persona encuestada haya contestado que el menor tiene una salud muy buena, buena, regular y mala, respectivamente. Igualmente, se estimaron los modelos con el reporte de enfermedades presentadas en los treinta días anteriores a la encuesta.

3.2.1 Estado de Salud

Para estimar el estado de salud de los menores colombianos, teniendo en cuenta si laboran o no, se utilizó un modelo probit ordenado en el que la variable dependiente toma los cuatro valores ordenados del reporte de salud.

Al considerar la doble relación que puede existir entre el trabajo infantil y juvenil y la salud45, se decidió instrumentar la variable de trabajo por medio de factores educativos y laborales relacionados46 a través de un modelo Probit47. Esta decisión fue motivada por la evidencia encontrada acerca del intercambio existente entre asistencia escolar y trabajo.

La ecuación estimada es:

    Prob[Salud = J]= Φ(β ;λ, TrabajoInfantil,VI,VF,VV)

donde:

    J =1 si la salud reportada es muy buena,

    J =2 si la salud reportada es buena,

    J =3 si la salud reportada es regular,

    J =4 si la salud reportada es mala,

    Φ corresponde a una función de distribución normal estándar,

    β es el vector de parámetros que refleja el impacto de las variables independientes en la dependiente,

    λ es un término constante,

    VI son las variables individuales de control,

    VF son las variables familiares de control,

    y, VV son las variables de control por lugar de vivienda.

El sesgo que se puede presentar en modelos de salud debido a factores genéticos no observados trató de corregirse controlando por el estado de salud de la madre. Además, se utilizó el número de hospitales per cápita de los municipios para captar alguna medida del sistema de salud local.

Según se puede observar en el Cuadro 9, para el grupo de 12 a 17 años se encuentra que cuando las/los jóvenes trabajan existe una mayor probabilidad de que reporten peor estado de salud; esto no se evidencia en el caso de los niños entre 7 y 11 años. Sin embargo, no hay que dejar de lado que estos resultados pueden estar reflejando problemas de sesgo ocasionados por la variable utilizada, la cual es tan sólo una percepción particular del estado de salud del individuo. La estimación reveló algunas relaciones importantes entre las variables de control y la variable dependiente. La riqueza está relacionada positivamente con reportar estar más sano en los dos grupos etáreos, al igual que vivir en Antioquia o San Andrés respecto a Bogotá. Por el contrario, que la madre tenga una deficiente salud o vivir en la región Atlántica en comparación con Bogotá, aumentan la probabilidad de que se reporten niveles más bajos de salud del menor. En el grupo de 7 a 11 años, si el hogar del niño sufrió algún choque a raíz de la crisis de 1999, este tendrá mayor probabilidad de tener mala salud. Para el rango de edades entre 12 y 17 años, entre otros factores, tener una mayor edad, ser de género masculino, un mayor número de personas viviendo en el hogar, vivir en el resto del municipio o que haya un mayor número de hospitales per cápita se asocia positivamente con mejores estados de salud reportados.

En cuanto a los trabajadores tradicionales (al exceptuar del grupo de trabajadores los que se dedican a oficios del hogar), en los dos grupos etáreos se encuentra evidencia de que hay una mayor probabilidad de que presenten estados de salud inferiores en comparación con aquellos que no hacen esta clase de labores; la misma relación se encuentra para todos los menores que habitan en las cabeceras municipales. Para los niños entre 7 y 11 años que habitan en el resto del municipio, se evidencia de que los trabajadores tienen niveles de salud más bajos frente a aquellos que no laboran. En el grupo de edades superiores, además, se ve la relación trabajo-niveles inferiores de salud para el caso de los trabajadores domésticos48.

3.2.2 Padecimiento de Enfermedades

En esta sección se estima la relación entre el padecimiento de enfermedades y el trabajo, a través del método de pareo por probabilidades de similitud (propensity matching score) usando el estimador kernel Epanechnikov. Los resultados se muestran en el Cuadro 10.

Las estimaciones no revelan diferencias significativas en el padecimiento de enfermedades entre los menores trabajadores y los no trabajadores, para ninguna de las dos cohortes consideradas. Esto no es sorprendente dado que el padecimiento de enfermedades es relativamente bajo en general en niños y jóvenes de estas edades, pero tampoco puede ser usado como evidencia de que el trabajo infantojuvenil no acarrea efectos sobre la salud de los menores.

4. Conclusiones y recomendaciones

La información contenida en este artículo demuestra que el trabajo infanto-juvenil es un fenómeno vigente en Colombia que está ocasionando problemas en el bienestar de los menores. Además de encontrarse un reporte estadístico de 7.96% y 32.56% de trabajadores del total de la población entre 7- 11 años y 12-17 años, respectivamente, el estudio muestra el impacto negativo que ejerce la vinculación temprana al mercado laboral sobre la educación y salud percibida de los menores colombianos.

Sobre el vínculo entre educación y trabajo infantil y juvenil, en Colombia existen diversos factores individuales, familiares y del entorno, que contribuyen a que el menor, en una decisión conjunta con sus padres o acudientes, se incline a trabajar, estudiar, realizar ambas actividades o no realizar ninguna 27 de las dos. Una mayor edad, el ser varón y la pobreza se relacionan con que los menores abandonen la escuela para dedicarse bien sea a sólo trabajar o a trabajar y estudiar. Aún controlando por edad, género y riqueza, el habitar en la región Pacífica por sí sólo incrementa la probabilidad de que los menores trabajen y estudien, frente a la opción de sólo estudiar. La educación de las madres se revela una vez más como factor determinante del capital humano, ya que se relaciona negativamente con que el menor sólo trabaje, y con que los niños de 7-11 años no realicen ninguna de las dos actividades, respecto a que únicamente asistan a la escuela.

El intercambio entre trabajo y escolaridad se verifica para los jóvenes entre 12 y 17 años de edad que realizan labores tradicionales o domésticas, puesto que se encontró una correspondencia negativa entre trabajo y asistencia escolar. Además, las variables de control utilizadas en los modelos que estiman la relación entre trabajo y asistencia escolar presentan coeficientes inversos para estas actividades, es decir, que aquellas que estimulan el estudio desestimulan el trabajo y viceversa. Adicionalmente se halló un vínculo positivo y de una magnitud considerable entre trabajo y extraedad escolar, ya que los menores que trabajan tienen más del doble de la extraedad promedio que los que no trabajan49.

Las pruebas econométricas muestran también que, en alguna medida, el trabajo afecta negativamente la salud de las/los menores colombianos. Estados percibidos de salud más bajos diferencian a los jóvenes trabajadores de los no trabajadores en el rango de edad entre 12 y 17 años. La no influencia inmediata de los oficios realizados sobre la salud, y la ejecución de labores más suaves respecto a las hechas por los menores de mayor edad, podrían ser algunas de las causantes de que este efecto no se haya observado en la población de 7 a 11 años.

Así, las pruebas empíricas contenidas en este artículo muestran que el trabajo actúa en detrimento del bienestar de la niñez y juventud colombiana, sobretodo de su educación, y constituyen un factor importante a tener en cuenta para el diseño inmediato de políticas que detengan el avance de este problema y procuren disminuir los actuales índices.

El «trade-off» encontrado entre el trabajo infantil y juvenil y la educación, y la evidencia de que mejores niveles educativos de la madre están relacionados negativamente con la probabilidad de que el menor trabaje, predicen que los programas encaminados a aumentar la cobertura y calidad educativa y, máxime, a impulsar y facilitar la asistencia escolar, principalmente en niveles superiores a la básica primaria, serán grandes aliados en la erradicación del fenómeno en cuestión.

Por otro lado, teniendo en cuenta que en nuestro país existen disposiciones legales que reglamentan el trabajo de los menores, hacer más efectivo su cumplimiento contribuirá a combatir el trabajo infantil y juvenil, principalmente si se controlan de manera eficiente irregularidades relacionadas con la mínima edad para vincularse al mercado de trabajo, con las jornadas laborales legales según el grupo etáreo y con la existencia de las llamadas peores formas de trabajo infantil.

Por último, se quiere señalar que en cuanto al problema del trabajo infantil y juvenil en Colombia quedan pendientes por indagar aspectos importantes, en particular el tema de los costos y beneficios económicos que tendría una eventual erradicación de esta clase de trabajadores; de igual manera, la contraposición de estas variables económicas con las consecuencias actuales del problema en el bienestar de la población infantil y juvenil. Por otro lado, con una mejora de los datos estadísticos que permita hacer estudios de panel, sería interesante investigar sobre los impactos futuros en la salud y educación de los individuos cuando han tenido una inserción temprana al mercado de trabajo.


Notas

1 Realizada por el Departamento Nacional de Planeación DANE y apoyada por el Programa internacional para la erradicación del trabajo infantil de la Organización Internacional del Trabajo IPEC/OIT.

2 DANE, DEPROYECTOS LTDA e IPEC (2003).

3 Ibid.

4 Ibid.

5 Según el Convenio No 182 de la Organización Internacional de Trabajo OIT, son consideradas como peores formas de trabajo infantil y juvenil: a) Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y el tráfico de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados; b) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños u niñas para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas; c) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes; d) El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños y niñas.

6 http://www.unicef.org.co/12-texto.htm

7 Esta indeterminación de los límites de la juventud se hace evidente en los países iberoamericanos donde se presenta una gran diferencia en los rangos de edad utilizados como referentes en el campo de las políticas de juventud: 7-18 en El Salvador; 12-35 en Costa Rica; 12-29 en México; 14-30 en Argentina; 15-24 en Bolivia, Ecuador, Perú, República Dominicana; 15-25 en Guatemala y Portugal; 15-29 en Chile, Cuba, España, Panamá y Paraguay; 18-30 en Nicaragua; menores de 25 años en Honduras; entre los 15 y 24 años de edad en Brasil.

8 http://www.secretariasenado.gov.co/leyes/C_MENOR.HTM

9 Ley No. 375 del 4 de julio de 1997.

10 Estas definiciones se tomaron de DANE et al. ( 2003).

11 Hasta el 2001 esta definición contabilizaba sólo a los menores trabajadores no remunerados que laboraban quince horas o más. Ver Lasso (2002) o Flórez, Knaul & Méndez (1994).

12 Cunningham (1991).

13 Ver Myers, op. cit., p. 36.

14 Myers & Borden (1998), Miljeteig (1999).

15 Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú y República Dominicana.

16 Vacaciones prolongadas en verano para el caso de los sistemas educativos europeos y norteamericanos, y el sistema de Escuela Nueva en Colombia, son algunos ejemplos.

17 Un caso particular de estos programas es el llamado AXé de Salvador (Brasil), que busca incentivar la integración de niños trabajadores en el sistema educacional llevándolos a que acompañen en sus labores, por un día, a profesionales exitosos. También el Programa Nacional Bolsa-Escola (Brasil) que, con la idea de romper el círculo vicioso de la pobreza, busca retener a los niños en la escuela dándole un auxilio monetario a los padres.

18 Underprivileged Children's Education Programme (UCEP) en Dhaka (Bangladesh), por ejemplo.

19 Swaneng Hill Secondary School es uno de los casos más reconocidos en este aspecto. Esta escuela privada rural de Botswana organiza a sus estudiantes en brigadas de diferentes clases de trabajo productivo.

20 Ver, por ejemplo, O'Donnell, Rosati & Van Doorslaer (2004), y Kasoouf, McKee & Mosialos (2001).

21 Convenio sobre la edad mínima (138 de 1973) y Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil (182 de 1999). Resolución 23/1911, Ley 48/1924, Ley 56 /1927, Ley 32/1936, Ley 75/1968, Ley 7/1979, Decreto 2737/1989, entre otras.

22 Para mayor información sobre el contenido de este código, ver: http://www.cajpe.org.pe/rij/bases/legisla/colombia/leyco42.HTM

23 Flórez, Knaul & Méndez (1994) mencionan puntualmente este aspecto.

24 Inicialmente se pretendió utilizar la Encuesta de Trabajo Infantil 2001. Sin embargo, la imposibilidad de vincular características familiares, como variables de control, hizo que esta idea se abandonara.

25 La denominación menor se utiliza indiferentemente para el caso de los niños y jóvenes.

26 En la ECV la información laboral se encuentra consignada mediante preguntas distintas para los dos grupos de edad considerados. A los niños de 5-11 años de edad se les aplicó un módulo específico de labores desempeñadas, mientras que los de 12 -17 años tuvieron las mismas preguntas de fuerza de trabajo de los adultos. Aunque existe información de tipo laboral para menores desde los cinco años, el grupo comprendido por los niños de 5 y 6 años no fue tenido en cuenta debido a su bajo número y a que en estas edades la inserción escolar no se considera perentoria.

27 Para el grupo de niños entre 7 y 11 años, esta definición sólo incluye a los trabajadores activos debido a que la información sobre quienes estaban buscando trabajo no es reportada en la encuesta para este grupo etáreo.

28 Ver Pedraza & Ribero (2005) para otras definiciones alternativas de trabajo infantil.

29 Esta variable es un índice de activos fijos del hogar estimada a través del método de componentes principales. Para su construcción, se consideró la tenencia de lavadora, nevera, licuadora, equipo de sonido, estufa, horno, microondas, aspiradora y/o brilladora, VHS, DVD, computador, conexión a internet, motocicleta, calentador de agua o ducha eléctrica, aire acondicionado y ventilador.

30 Se consideraron adultos a todas las personas de 18 años o más.

31 Estados de salud aceptables se refiere a aquellos reportados como buenos o muy buenos.

32 Tomando en cuenta solamente los valores positivos, los salarios promedio mensuales reportados para los niños y niñas entre 7 a 11 años son de $11746 y $16050, respectivamente. Para el grupo de 12 a 17 años estos valores aumentan a $113923 para los hombres y $131901 para las mujeres.

33 Dentro de las razones que se dan en la ECV 2003 para justificar la no asistencia a una entidad académica, los menores de los dos grupos reportan, en mayor proporción, que se debe a los altos costos educativos. Un 0.09%, de los niños entre 7 y 11 años, y un 7.18%, de aquellos con edades entre 12 y 17 años, dieron como justificación que necesitan trabajar.

34 Hay que resaltar que, para los dos grupos etáreos, la zona Pacífica es la que presenta proporciones más altas de menores que sólo trabajan.

35 La clasificación por quintiles de ingreso per cápita se obtuvo a partir del cálculo de los ingresos totales de los hogares, ajustados según la metodología DANE para la ECV 2003.

36 También se controló por el logaritmo del salario promedio municipal de las personas entre 7 y 11 años.

37 Cuadro no incluido en el documento pero disponible para consulta.

38 También se controló por el logaritmo del salario promedio municipal de las personas entre 7 y 11 años. ( cita incluída en el CUADRO 7)

39 La excepción a este hecho ocurre, para los niños entre 7 y 11 años, con la variable de tamaño de la familia que influye negativamente tanto el trabajo infantil y juvenil como la asistencia escolar. Para el otro grupo, el choque generado por la crisis de 1999 afecta positivamente las dos actividades consideradas.

40 Cuadros no incluidos en el documento pero disponibles para consulta.

41 Se obtuvo un Rho negativo y significativo.

42 El grupo tratamiento será aquel en el que los menores trabajen y, consecuentemente, el grupo de control contendrá a los que no lo hacen.

43 Cuadros no incluidos en el documento pero disponibles para consulta.

44 También se controló por el género del jefe del hogar, el número de personas en el hogar, la región de San Andrés, el logaritmo del salario promedio municipal de las personas entre 7 y 11 años y el logaritmo del número de planteles educativos p.c en el municipio.

45 Los menores trabajadores posiblemente presentan niveles inferiores de salud pero, al mismo tiempo, puede que los menores enfermos no estén trabajando al encontrarse impedidos. Por otro lado, los menores trabajadores pueden estar aquejando enfermedades como excusa para no ser obligados a laborar.

46 Las variables instrumento son: grado de educación de la madre, planteles educativos per cápita y salarios promedios municipales para las personas entre 7 y 11, 12 y 17, y 18 y 60 años.

47 Los resultados del Probit no se presentan en el documento pero están disponibles para consulta.

48 Estos cuadros de resultados no están incluidos en el documento pero están disponibles para consulta.

49 Para los menores entre 7 y 11 años, la relación entre trabajo infantil y las dos variables de educación (asistencia escolar y extraedad) no fue significativa, debido posiblemente al bajo número de niños trabajadores en este rango etáreo y a la amplia cobertura escolar en básica primaria que tiene Colombia.


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Referencia para citar este artículo: Pedraza Avella, Ribero Medina, R. (2006). El trabajo infantil y juvenil en Colombia y algunas de sus consecuencias claves. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 4 (1), pp.177-216


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