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Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud

Print version ISSN 1692-715X

Rev.latinoam.cienc.soc.niñez juv vol.13 no.2 Manizales July/Dec. 2015

http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.13225290914 

Segunda sección: teoría y metateoría

 

DOI: http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.13225290914

 

Infancia, dictadura y resistencia: hijos e hijas de la izquierda chilena (1973-1989)*

 

Children, dictatorship and resistance: sons and daughters of the Chilean left (1973-1989)

 

Crianças, ditadura e resistência: filhos e filhas da esquerda chilena (1973-1989)

 

 

Patricia Eliana Castillo-Gallardo1, Alejandra González-Celis2

 

1Profesora Universidad Diego Portales, Chile. Académica de la Facultad de Psicología. Universidad Diego Portales. Es psicóloga clínica de la Pontifica Universidad Católica de Chile. Magíster en Psicoanálisis de la Universidad de Buenos Aires. Ph.D en Psicología mención psicopatología y epistemología clínica comparativa de la Universidad Paris VIII. Profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales. Correo electrónico: patricia.castillo@udp.cl

2 Profesora Universidad Alberto Hurtado, Chile. Académica del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Alberto Hurtado. Es trabajadora social de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Trabajo Social de la misma casa de estudios. Cursa estudios doctorales en sociología en la Universidad de Chile. Correo electrónico: asgonzac@uc.cl

 

 

Artículo recibido en junio 16 de 2014; artículo aceptado en septiembre 29 de 2014 (Eds.)

 


Resumen (Descriptivo):

En este artículo de investigación recuperamos la voz de los hijos-niños e hijas-niñas de la gente militante de la izquierda de Chile, a partir del análisis de sus producciones simbólicas y registros de la vida cotidiana tales como cartas, dibujos, objetos realizados entre 1973 y 1989, y entrevistas registradas en documentales de la época que se encuentran actualmente en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile, analizadas desde la perspectiva de los nuevos estudios de la infancia. Reflexionamos respecto al modo en que los niños y niñas elaboran su juicio y sentido de la realidad y construyen un sentido ético que dialoga con la herencia intergeneracional, pero la excede, reflejando su activa participación en la construcción de una comunidad afectiva que trasciende los vínculos consanguíneos.

Palabras clave: memoria colectiva, dictadura, infancia, violencia (Tesauro de Ciencias Sociales de la Unesco).


Abstract (Descriptive):

This research paper aims to recover the voices of children of Chilean left-wing activists through an analysis of their symbolic production and records of daily life such as letters, drawings and objects created between 1973 and 1989, as well as interviews recorded in documentaries produced during this period that are located in the Memory and Human Rights Museum in Santiago, Chile. This information was analyzed using the perspective of new childhood studies. The authors reflect on how children develop their own judgments and sense of reality and develop ethical meaning that dialogues with intergenerational heritage but surpasses it, reflecting their active participation in the construction of an affective community that transcends blood ties.

Key words: collective memory, dictatorship, children, violence (Unesco Social Sciences Thesaurus).


Resumo (Descritivo):

Este artigo propõe recuperar a voz dos filhos-crianças dos militantes chilenos da esquerda a partir da análise das produções simbólicas e registros da vida cotidiana como cartas, desenhos, objetos elaborados por estas crianças entre 1973 e 1989, e entrevistas registrados em documentários dessa época e que atualmente estão no Centro de Documentação do Museu da Memória e os Direitos Humanos de Santiago do Chile; analisados sob a perspectiva dos novos estudos da infância. Reflete-se sobre a maneira em que as crianças elaboram o juízo e sentido da realidade, interpretam os fatos em que estão envolvidos (mobilizações, repressão, medo) e constroem um sentido ético que dialoga com a herança intergeracional, mas vai além desta; fato que reflete a participação política ativa das crianças na construção de uma comunidade afetiva que supera os vínculos consanguíneos.

Palavras-chave: memória coletiva, ditadura, infância, violência (Tesauro de Ciências Sociais da Unesco).


 

Introducción

 

En este estudio me propongo investigar los discursos y prácticas de los niños-hijos y niñashijas de la izquierda chilena durante la Dictadura militar (1973-1989), intentando aprehender las tácticas de resistencia (De Certeau, 1996, p. 130) que se hacen visibles en los modos de distinguir, categorizar e interpretar la realidad social.

Se trata, entonces, de ubicar un más allá de la reproducción social vía identificación, es decir, encontrar una grieta en la estructura, en la que los niños y niñas a veces se alojan para significar y participar en los hechos históricos; en dicha brecha, los niños y niñas consideran lo entregado por el orden establecido y por las instituciones adultas, pero a su vez aportan una interpretación original (García, 2009) que permite la emergencia de subjetividades imprevistas (Tijoux-Merino, 2013), y algunas veces emancipadoras (Kallio, 2007).

Para encontrar esos mecanismos particulares mediante los cuales los niños y niñas construyeron en el pasado reciente sus juicios sobre la realidad, analicé información del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Este estudio se ubica dentro de una intersección entre los estudios de la psicología social de la memoria (Piper-Shafir, Fernández- Droguett & íñiguez-Rueda, 2013, Shafir, 2009) y los nuevos estudios sobre infancia (James & Prout, 2003, Vergara, Vergara, Peña & Chávez, 2014, Vergara del Solar, 2003, 2010). Su pertinencia y relevancia está asociada a la posibilidad de documentar el periodo histórico de la Dictadura Militar en Chile desde una perspectiva habitualmente no incorporada -la historia y la memoria de los niños y niñas-, la que a su vez permite dar consistencia a los argumentos contemporáneos de los estudios de la infancia respecto del carácter activo de los niños y niñas en la construcción de su sentido ético, de la producción de significados; es decir, de la dialéctica de la inmersión cultural.

Los niños y niñas en la Dictadura

La experiencia de los niños y niñas durante la Dictadura ha sido escasamente analizada. La mayor parte de los estudios han llegado a la infancia en la Dictadura investigando, desde la psicología social de la memoria, la transmisión intergeneracional de los episodios traumáticos vividos por las víctimas de la Dictadura, o bien el modo particular de heredar una versión del pasado que tiene cada grupo político social (Magendzo, Rubio & Aubel, 2011, Toledo & Magendzo, 2008). Estos estudios se han sumado a un grupo importante de trabajos que investigan desde la psicología temas relacionados con la violencia de Estado y la memoria histórica (Agger & Jensen, 1996, Aubel, 1999, Forcinito, 2006, Maffla, 2007, Teubal, 2003, Villalta, 2009).

En muchos de estos estudios los niños y niñas son considerados como sujetos activos en la elaboración de la memoria; sin embargo, la mayor parte de ellos se concentra en nietos, nietas, hijas o hijos que no vivieron directamente el periodo dictatorial, y por tanto sus actos y posicionamiento político se producen de forma retrospectiva, y más que nada en la disputa por una determinada versión de la historia.

Otra vía para encontrarse con las experiencias de infancia elaboradas en primera persona la ofrece la literatura: el fenómeno denominado por algunos investigadores e investigadoras como "hablan los hijos" (Jeftanovic, 2011). Bajo la categoría de "relatos de filiación" (Roos, 2013, Viart, 2009) puede clasificarse en la literatura una serie de trabajos que se ubican desde una lógica autobiográfica y que permiten escuchar una voz infantil que reconoce un modo particular de participar en los hechos sociales, un modo que se distancia de la pasividad, de la incomprensión o de la ingenuidad usualmente atribuida a la niñez (Contardo, 2013, Costamagna, 2013, Pezoa, 2013, Zambra, 2011, 2014).

Sin embargo, se hace particularmente difícil encontrar una reconstrucción historiográfica de la infancia en la Dictadura. La mayor parte de trabajos historiográficos, sociológicos o antropológicos desde los cuales es posible observar la vida cotidiana de la época, analizan y recopilan hechos relacionados con los partidos u organizaciones políticas, o bien con las experiencias con la dirigencia y grupos más relevantes en la resistencia, o con los aparatos de seguridad. La vida de los niños y niñas quizás podría ubicarse entre esos espacios o recuentos; sin embargo, así se hace difícil describir, encontrar evidencia y dar verosimilitud a ese evanescente espacio de la niñez que creció en Dictadura y cuya vida de una u otra manera se fue impregnando de la "resaca histórica" (Salazar, 2006) de un conflicto cuyas consecuencias en la subjetividad nacional aún no terminamos de extraer.

Esta carencia de estudios tanto históricos como sociales sobre los niños y niñas en el periodo puede deberse al vertiginoso cambio al que hemos asistido en materia de representaciones de la infancia. Solo hace un par de décadas ha empezado a considerarse a los niños y niñas como activos productores de significados y significaciones. Ello hace que hoy exista factibilidad teórica para validar las producciones simbólicas infantiles como un testimonio o una particular manera de ilustrar una realidad social.

Los nuevos estudios de la infancia

Se ha nominado "nuevos estudios sobre infancia" a las perspectivas provenientes de la sociología de la infancia (James & Prout, 2003, Vergara del Solar, 2003, 2010) y de la psicología social crítica (Burman, 1994, Burman, 2008) las que consideran a los niños y niñas como actores sociales intensamente involucrados en la construcción de sus propias vidas; lo cual, por cierto, no implica desconocer las determinaciones estructurales que moldean sus trayectorias sino enfatizar la necesidad de situar la aproximación a lo infantil, desde una comprensión que considere las referencias simbólicas con base en las cuales los niños y niñas conforman su subjetividad e identidad, como formas de recreación cultural en la que son activos artistas (Vergara, Chávez, Vergara & Hevia, 2010, p. 3).

Los niños y niñas no solo tienen derechos -y estos deben ser asegurados por el Estado-, sino que reflexionan, co-construyen su subjetividad y elaboran el contexto social de una forma particular, a veces impredecible (Castillo-Gallardo, 2011) y, desde esa posición participan y producen significados y cultura1. Evidentemente, esta perspectiva es muy reciente y aún sigue causando consternación en el mundo adulto (Vergara del Solar, 2003); sin embargo creemos que es importante, para fundar una nueva relación entre sujetos adultos y menores, reconocerles a estos últimos el estatuto de ser partícipes de la historia de manera activa y de producir tácticas de resistencia (De Certeau,1996) que pueden ser consideradas como políticas, aun cuando no estén inscritas en lo tradicional.

 

Metodología

Desde dicha perspectiva indago exploratoriamente un tipo acotado de experiencia de niñez en Dictadura: los hijos e hijas de padres y madres opositores a la Dictadura o de la "resistencia", muchos de los cuales fueron torturados y/o asesinados y desaparecidos. Esto se debe a que el material analizado pertenece al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos -el cual ha reunido información fundamentalmente de las víctimas-.

En términos metodológicos, el estudio se inscribe en la investigación social cualitativa, siendo de carácter exploratorio y comprensivo. Utilizo un enfoque discursivo, asumiendo que el discurso consiste en una práctica creadora de la realidad social (Potter, Wetherell & Wetherell, 1987).

Mi objetivo es reconstruir y analizar las tácticas -al decir de Michel de Certeau (1996)- que implementaban los niños-hijos y niñas-hijas para singularizar, participar, responder o resistir a los discursos hegemónicos provenientes del mundo adulto durante la Dictadura chilena (1973-1989).

Como dispositivo de producción de datos utilicé dos fuentes: 1) la recolección de objetos producidos por niños y niñas de los dos grupos de la época -cartas, dibujos, cuadernos escolares, diarios de vida-; 2) registros de la vida cotidiana -videos y audios de la épocapertenecientes al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Para analizar esta información utilicé el análisis de contenido (Andreu, 2001) con el objetivo de responder ¿De qué manera los niños y niñas distinguían, interpretaban y categorizaban distintos aspectos de vivir en dictadura? ¿Qué tácticas implementaban los niños y niñas para participar, responder o resistir a los discursos hegemónicos provenientes del mundo adulto?

 

Resultados

La verdad

¿Qué viven los niños y niñas como verdad? ¿Desde dónde juzgan la realidad que los rodea? El juicio de realidad se construye desde la realidad psíquica que porta cada sujeto. Isidoro Berenstein (1995) define la realidad psíquica como el

(…) conjunto de vivencias, emociones y representaciones inconscientes, personificadas como objetos, que el yo siente como interiores y reales. Está en relación con y se diferencia de otra realidad, llamada externa, que el yo siente afuera de sí y poblada por personas, instituciones, normas culturales, leyes, etc. (Berenstein, 1995, p. 19).

El juicio político de los sujetos debiera constituirse a su vez a partir de esta misma interrelación de elementos, y estos están presentes en los actos de enunciación en los que se evalúa la realidad y se pronuncia un determinado deber-ser de las cosas.

Los niños y niñas hijos de militantes, víctimas o no de la represión, evaluarían la realidad social de la época, demostrando la relevancia que para ellos tiene el andamiaje imaginario familiar sobre el cual edificaron un sentido ético particular.

Esto puede ser observado en los niños y niñas cuyos relatos se centran en la experiencia de ser retornados. Varios de ellos participaron en el Pidee2, y hemos podido recuperar sus dibujos acerca del país del que vienen y del país al que llegaron:

 

 

Como es posible observar, los dibujos de los niños y niñas están llenos de detalles, como si el trazo permitiera traducir un potencial verborreico de imágenes y descripciones del país que han encontrado. La evaluación de la realidad social chilena es bastante detallada y cargada de sentimientos. En ella aparece la represión de la Dictadura, entendida como una supervigilancia presente a través del helicóptero de Jimmy, pero también en el contexto represivo de la representación de la escuela en Dominique y David, o en el edificio de la población La Bandera3 dibujado por Pablo.

La percepción de la desigualdad entre las clases sociales se manifiesta claramente, así como la pobreza devastadora. Es interesante porque además los dibujos no solo ponen la experiencia del niño o niña en el centro, sino que lo sitúan como un hipernarrador que observa a distintos actores desplazándose. Los fenómenos sociales se observan como afectando un nosotros que excede ampliamente el marco del sufrimiento individual.

Asimismo, es posible advertir en los detalles de los dibujos tanto el impacto de la pobreza en la ciudad como la desigualdad, específicamente en materia de acceso y presencia de la naturaleza, áreas verdes, colores y arquitectura. Son niños y niñas del exilio y están impactados con las diferencias entre el país del que provienen y el país al que llegan, entre la gente rica y la gente pobre, entre lo colorido del paisaje de su lugar original y la ausencia de color del lugar al que llegan.

Sin embargo, esa verdad de ruptura, de injusticia, de diferencia, no solo la describe el niño o niña del exilio que ha podido vivenciar esta experiencia dual; también la describen los niños y niñas que están en Chile, a partir de las explicaciones que los sujetos adultos les han ofrecido, y desde donde producen una propia imagen del país, al modo de un espejo nuevo. Por ejemplo, a continuación presentamos estas palabras de Pato, un niño entrevistado en el documental de Augusto Góngora:

"Mis papás trabajan en el POJ. La situación de mi familia es mala porque les pagan poco, les pagan muy poco en los trabajos de mi papá y de mi mamá" (Pato, hijo de trabajadores, 8 años, testimonio en documental Los niños prohibidos [1986])

En este documental, Pato, un niño de no más de 8 años, elabora un razonamiento acerca de por qué es necesario que ellos se cuelguen a la luz,412 entendiendo que este es un acto ilícito, pues así lo planteaba Chilectra5 a través de la televisión. Este conflicto -dícese "moral"6-, produce en el niño vergüenza y miedo, pero a su vez pone en juego una cierta ética, una pregunta por la justicia y una valoración paradójica, como la paradójica situación que viven como familia:

    "Yo creo que es un robo, pero es un robo justo" (Pato, hijo de trabajadores, 8 años, testimonio en documental Los niños prohibidos [1986]).

El uso del oxímoron es sólido y certero, cierra el debate y le da sentido a la acción, le otorga una ética particular, un sentido de utopía, en el que los actos cotidianos representan pequeños mecanismos de un articulado mayor.

La Dictadura no solo es el cese de los derechos políticos. La Dictadura aparece como la figura responsable del hambre, la precariedad de la vivienda y el contraste con el exceso de bienes que tiene exclusivamente un segmento privilegiado. Es un entramado mayor con consecuencias múltiples. Así lo observan también los niños y niñas tratados en el Pidee, quienes en sus distintas creaciones expresan esta realidad dibujándola, escribiéndola, denunciándola y deseando en cada acto que la Dictadura se termine, pues el dictador es el responsable de este y otros dolorosos eventos por los que pasan los "niños y niñas de Chile", por ende, todos los niños y niñas. Un nosotros en el que existe una ética que evalúa lo justo y lo injusto desde fuera de las comunicaciones oficiales del régimen.

    "Yo creo que a mucha gente le pasa lo mismo que a mí: se tienen que colgar y los niñitos también tienen que quedarse a veces, igual que yo, encerrados en la casa" (Pato, hijo de trabajadores, 8 años, testimonio en documental Los niños prohibidos [1986]).
Pareciera entonces que el ejercicio de la subversión no solo es algo admisible -por el contexto de violencia y de represión al que las familias estaban sometidas-, sino también un razonamiento indispensable pues produce un trazo identitario con el colectivo político en el que se inscriben las referencias simbólicas más importantes -familiares-.

Esta alusión al nosotros, al colectivo, a la comunidad de los sujetos afectados, a los trabajadores y trabajadoras, aparece en varias producciones infantiles encontradas, inclusive en los casos en que la Dictadura ejecutó o hizo desaparecer a alguno de sus ascendientes. Los niños y niñas siguen teniendo conciencia del dolor del semejante:

    "Yo, me sigue y yo creo que me va a seguir afectando el régimen; por todo. Ya me dio un golpe. Sé que no es solamente mi caso, sé que otros niños tienen otros problemas: papás cesantes, otras cosas" (Entrevista a niña, hija de detenido desaparecido en Piececitos de niño, 1986).

El relato es crudo, la racionalidad es cruda. Su padre está desaparecido y, sin embargo, ella se solidariza con aquellos niños y niñas cuyos padres y madres están sin trabajo. El lazo social que los une parece fuerte y visible. Así también puede observarse en algunos dibujos provenientes del trabajo del Pidee con niños y niñas en proceso de reparación:

 

 

 

En cierta forma, la elaboración del dolor resultante de las distintas formas de violencia del Estado vividas por los niños y niñas hijos de la izquierda, incluía una referencia al todo, al colectivo, a la sociedad, y una cierta ética que se forjaba desde ese desgarrador razonamiento:

    "Porque recuerdo y comparo cosas que me pasaban antes con lo que me pasa ahora. Voy a tener ideales que otros no tendrán: solidaridad, comprensión. Voy a tener más claro lo que pasa y voy a entender mejor cualquier cosa" (Luis, en álamos, 1992, p. 68).

Los horizontes políticos, las decisiones políticas de los niños y niñas se vieron constreñidos por las circunstancias históricas. Sus posiciones son el resultado de los desesperados esfuerzos por entender lo que estaba ocurriendo, así como también de los desesperados esfuerzos de las personas adultas por explicarles. La alusión al futuro enunciada en la formulación: "voy a…" de Luís, nos muestra la difícil tarea de construir una verdad para el presente, el escepticismo respecto del decir de las gentes adultas y de las instituciones, y la confianza en que en algún momento en el futuro se podrá entender lo que ha pasado.

Paulo (12 años), al terminar el documental Eran unos que venían de Chile (1985-1987) -registro realizado por su padre respecto al difícil proceso de adaptación tras su retorno desde Suecia-, cierra diciéndole a la cámara que ahora se quiere quedar en Chile, que le gusta estar en este país y que "si me voy, soy un cobarde". Una frase de cierre dramática, pues porta la carga de un juicio moral a quienes tuvieron que tomar la vía del exilio y que luego no retornaron, y que a su vez refleja la conciencia del riesgo de vivir en este país y de decidir quedarse. Niños y niñas que tomaron en sus manos los proyectos de sus padres, pero que en la enunciación de esos proyectos se asoma el proceso de elaboración del contexto, decisiones por tomar, y un modo propio de presentarse en la política; y no necesariamente un proceso de identificación, más bien una obligación a subjetivarse en la política, a tomar decisiones y a actuar en consecuencia:

    "El ahora ha sido asesinado, ha sido asesinado por los cuervos de la Dictadura. Esto si lo quieren llamar de otra manera, bueno, yo lo llamo así. Hay que vengarlo, hay que terminar con esto, no podemos aceptar más muertes. Yo no estoy llorando, yo no he llorado hasta el momento. Yo seguiré el camino de el. Yo en este momento no muestro mi pena, muestro mi indignación, porque no terminamos nunca con esto. Nos tenemos que unir aunque sea yo un niño de 14 años que les llama la atención (Manuel Guerrero, 14 años. Discurso pronunciado en la Vicaría de la Solidaridad durante el velatorio de su padre, Manuel Guerrero Ceballos).

    "Ahora, tenemos que unirnos todos, y hacer algo, porque si sigue así, van a haber más niños que van a seguir sufriendo la muerte de su padre y no es posible que todos los niños sigan sufriendo lo que nosotras hemos sufrido". (Javiera Parada, 9 años, en programa de televisión Chile: imágenes de la Dictadura).

Mi Papá

En el material encontrado, la figura parental se observa como clave para desautorizar las "mentiras oficiales" que desde el régimen se promovían: "los subversivos desalmados, los que murieron como ratas, los que se mataban entre sí en enfrentamientos". La experiencia de paternidad de los hijos e hijas de la izquierda en este punto fue fundante para construir una ética y un sentido de la realidad que podía encontrar respuestas en los medios, no en el régimen.

En este sentido, es posible reconocer que el escenario está plagado de un maniqueísmo infantil -los buenos y los malos-; sin embargo, esta retórica no surge desde los niños y niñas, sino más bien es el discurso de los actores de la Dictadura, quienes para legitimar su brutalidad propagaron imágenes absurdamente caricaturizadas del conflicto: "los salvadores de la patria o el perverso comunismo internacional". En muchos pasajes de las producciones infantiles encontradas se cuela la duda, lo inverosímil de este mundo blanco y negro.

Muchos de los fragmentos que presento a continuación corresponden a hijos e hijas de presos políticos, de exiliados, de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos; sin embargo, no eran los únicos niños y niñas a los que, para establecer la verdad, les fue preciso renunciar a cualquier insinuación oficial respecto a lo que estaba ocurriendo y se refugiaron en el saber de la colectividad afectada, de un nosotros, de los "tíos compañeros"; una comunidad afectiva que trasciende por momentos la familia para construir un nosotros que se nutre con compañeros y compañeras del pasado y del futuro.

¿Quién fue mi padre? ¿Quiénes son y cómo son nuestros padres? Interpelación mágica dirigida a estas voces acalladas en el tiempo:

    "Mi papá fue un Baliente714 camarada del partido comunista de Chile que murió con el presidente de la republica Don Salvador Allende Gosse que murió por él" (escrito por María Eugenia Paris Horwitz, 9 años, hija de Egidio Enrique Paris Roa, detenido en La Moneda el 11 de septiembre de 1973, ejecutado político).

    "Mi padre perseguía un ideal que era muy claro para muchos. Era un hombre muy abierto-El quería lo mejor para todos y siempre luchó por ello" (Manuel Guerrero, 14 años. Discurso pronunciado en la Vicaría de la Solidaridad durante el velatorio de su padre, Manuel Guerrero Ceballos).

¿Cómo funciona la justicia en este país? Tratando de entender, los niños y niñas hijos de la izquierda nos explican, primero intentando ocupar las categorías maniqueas e inverosímiles del régimen:

    "Por qué nos quitan al papá yo no sé por qué, se llevan a los papás cuando no son malos cuando sea grande podre saber esto porque yo no entiendo nada, mi mami dice que tenemos que portarnos bien y estudiar así volverás con nosotros" (Cristina Alegría,10 años. Carta escrita a su padre José Alegría, detenido en el campamento de prisioneros de Isla Quiriquina, s/f).

    "Y por muy malo que sea alguien, no veo porqué hay que echarlo del país. Pero en todo caso mi papá no era malo" (Entrevista a niño de 9 años, hijo de exiliado. En documental Los niños prohibidos, 1986).

    "Te espero porque eres bueno y no eres malo" (Patricia Alegría, 9 años, carta escrita a su padre José Alegría, detenido en el campamento de prisioneros Isla Quiriquina, s/f).

"Porqué te tienen lejos de nosotros? (…) Se llevan a los papás cuando no son malos" dice Cristina más adelante en su carta. Le dirige su incomprensión al padre preso, pareciera ser una reflexión en voz alta, una manera de transmitir al destinatario la angustia de no entender la situación de prisión y de amenaza. A su vez, en el testimonio asoma una suerte de esperanza de poder entender lo que sucede cuando ella sea grande, como si lo que faltara fueran aspectos cognitivos por desarrollar ante el discurso oficial.

    "Yo lo único que sabía era que mi papá estaba preso por razones políticas. Y siempre mantuve la esperanza de que lo iba a ver regresar" (Yuri, 13 años, en álamos, 1992, p. 39).

    "Cuando era más niño no entendía por qué lo habían matado solo por pensar distinto. Yo no puedo meterme esto en la cabeza, todavía" (Entrevista a Germán Berger, 13 años, en documental Los niños prohibidos, 1986).

Todavía Germán duda, no puede entender las explicaciones oficiales, y las familiares no le son suficientes para explicar algo que escapa a toda lógica. En ese "todavía" se resume la que algún día podrá metérselo en la cabeza y también la violenta obstinación de rechazar una explicación insuficiente.

Los padres y madres, también desconcertados, inmóviles, sin saber cómo explicar lo inexplicable, intentaron en muchos casos construir normalidad, fingir seguridad, representar el papel de padres y madres protectores en la circunstancia que fuera. En muchos casos, estos mandatos eran explícitos, enviados a través de cartas o de desesperados mensajes:

    "Me alegro de la disciplina que has implantado en la casa: poca TV, horas adecuadas de acostarse, etc. Creo que es muy bueno para su rendimiento y para la formación de su personalidad" (Mariano Requena, carta escrita a su mujer desde la prisión en el año 1974).

    "Quiero pedirles que, mientras yo no esté en la casa, se porten muy bien, que no le creen problemas a la mamá y que la obedezcan en todo" (José Tohá, carta escrita a sus hijos desde Isla Dawson, octubre de 1973).

¿Cómo entiende un niño o niña este mandato? Quizá desde el único lugar que se le demarca como posibilidad para su acción: estudiar, comer la comida, no llorar. Los niños y nikñas muchas veces implementaban sus propios actos políticos destinados a cumplir su tarea: cuidar a la mamá y no dar más problemas en un escenario lleno de problemas:

    "La Betty dice que no hay que tener pena debo portarme bien y estudiar mucho porque siempre te esperamos…" (Lulú Alegría, 9 años, carta escrita a su padre José Alegría, detenido en el campamento de prisioneros de Isla Quiriquina, s/f).

    "Mamita dice que no debemos llorar y estudiar mucho para que tu estés un poquito contento" (Patricia Alegría, 9 años, carta escrita a su padre José Alegría, detenido en el campamento de prisioneros de Isla Quiriquina, s/f).

Se podría interpretar como tácticas de resistencia, como gestos de compromiso, como una manera de dar a conocer a los otros, a los amados, que ellos y ellas saben que esta es una situación anormal y que están dispuestos a ayudar, inclusive cuando saben que eso solo los hará "un poquito contentos".

Estas enunciaciones nos muestran en parte el recorrido del razonamiento de los hijos e hijas de la izquierda en la Dictadura, un razonamiento que se origina en una pregunta cuya respuesta es más bien maniquea -los buenos y los malos-, que luego construye una reflexión ética -lo justo, lo injusto- y que finaliza en una respuesta tentativa:

    "Los exiliados para mí no han perdido su derecho de vivir, sino que se lo han quitado. Moralmente tienen el derecho de estar en su país porque ahí nacieron, ahí se educaron, aunque seas pobre o rico" (Entrevista a hijo de exiliado, 12 años, en documental Los niños prohibidos, 1986).

    "En resumen, esto de mi papá sirve, no solo lo de mi papá, sino lo de muchas otras personas, como experiencia para que no vuelva a pasar" (Entrevista a Germán Berger, 13 años, en documental Los niños prohibidos, 1986).

    "Todo lo que el no pudo hacer, porque no lo dejaron, lo tengo que hacer yo. Y hacer, además, todo lo que el hubiera querido que yo hiciera, ser buen estudiante, consciente. Por ejemplo, en la casa no me dan mucho permiso para trabajar, participar. Y yo pienso que mi papá me habría dicho que bueno" (Yuri, 13 años, hijo de detenido desaparecido, en álamos, 1992, p. 40).

Maldad

Muy pocos fueron los padres y madres que, implicados en actos de la resistencia, dieron a sus hijos e hijas una explicación clara respecto a las decisiones que habían tomado y a la importancia de las mismas.

En la mayoría de los casos esta transparencia en la razones y en la descripción de la situación no ocurría. Entonces, ¿qué pueden saber los niños y niñas sobre la violencia?, ¿qué pueden saber de la crueldad? Según las cartas, los dibujos y los testimonios videograbados, podríamos decir que sabían más de lo que se pensaba.

    "Yo sé cómo son los asesinos" (Niño de 9 o 10 años en documental Los niños prohibidos).

    "Yo creía que la habían matado, ahora creo lo mismo" (Rodrigo, 13 años, hijo de detenida desaparecida en álamos, 1992, p. 37).

    "Nací en un Chile que estaba siendo dirigido por gente con un odio muy grande" (Javiera Parada, 13 años, en el documental "Javiera de Chile", 1989).

Amparados en ese saber, un saber a medias dicho, construyeron sus categorías para explicar la violencia y desde ese lugar justificar su espacio en la resistencia: la maldad es el resultado de la cobardía o de la falta de inteligencia, la maldad la portan los militares y Pinochet:

    "Ellos creen en la maldad, no creen en dios, porque tienen cerebro de sapito" (Entrevista a niño de 7 u 8 años en documental Los niños prohibidos, 1986).

    "Se llevaron a un niño detenido. Era un poquito más grande que yo. Tenía unos 14 o 15 años…

    -¿Y por qué se lo llevaron? Porque estaba en la galería así, porque como no se la pueden con los grandes, se llevan a los cabros chicos" (Entrevista a niño de unos 11 años durante una movilización en el documental Los niños prohibidos, 1986).

En los dibujos del Pidee, esta idea también está presente. A modo de ejemplo, el dibujo de Marcela, a continuación , desnuda la falsedad de las palabras adultas, esas que escondían la verdad a los niños y niñas:

 

 

La niña del dibujo dice: "Mi papá no quiere dar una vuelta", y con ello nos comunica que sabe que dar una vuelta no es algo inocuo, dar una vuelta es algo a lo que hay que oponerse, aunque es necesario sostener el eufemismo para que todos nos podamos entender.

Proyecto: Vamos a reconstruir este país

Los niños y niñas hijos de la izquierda en Dictadura dejaron sus huellas en estos objetos que hemos rescatado en el Museo, objetos en los que afloran distintos fragmentos que demuestran la conciencia del momento político, del estado del movimiento social y de las transformaciones que estos niños y niñas parecen esperar que se produzcan con la salida de Pinochet. Entre esos razonamientos está el de la lucha social violenta, la necesidad de acabar con la Dictadura a través de violentos enfrentamientos en las movilizaciones callejeras:

    "No les gustaría, porque a nadie le gusta la guerra. Si es necesario hacer una guerra, hay que hacerla" (Entrevista a niño de unos 12 años en documental los niños prohibidos).
En los dibujos del Pidee también es posible observar la confianza que los niños y niñas depositan en la movilización social contra el dictador. Estos bosquejos pueden leerse como una manifestación de deseo, como la ilustración de una violenta esperanza en la que sin embargo se observan desenlaces en los que los sujetos protagonistas del odio no serían victimas del mismo dolor que han provocado: no van presos, no serán asesinados; seguirán con vida, aunque fuera de Chile:

 

 

En el dibujo de Fidel se puede interpretar el inminente triunfo de la movilización social. En su traducción de la escena, los individuos partidarios de la resistencia son más y parecieran estar avanzando en torno a una gran barricada que tiene bloqueados a los enemigos, y en medio de las consignas y del disparo de uno de los personajes. El único que habla en nombre propio dice: "me lo pitie (sic) al paco"8, en tanto que los demás tienen consignas generales. Podemos sugerir que esa frase proferida en nombre propio porta la moción de deseo de estar ahí, de ser ese protagonista de la escena.

Otro ejemplo del material encontrado es el de Paulina y Vladimir. En ambas producciones es posible ver nuevamente esta moción de deseo: Pinochet es expulsado por el pueblo. En ese acto hay explicaciones, hay un pueblo que celebra la partida de los dictadores y que obtiene lo que quiere: casa y trabajo. El proyecto del pueblo está apropiado por estos niños y niñas, y representa para ellos cuestiones bien concretas.

Soluciones mágicas parecen ser el resultado del trabajo de imaginar salidas a los evidentes problemas en los que se observa que está involucrada toda la sociedad. En este sentido, el miedo no es ajeno a la reflexión; se han dimensionado las posibilidades del horror y en muchos de estos casos se ha vivido en cuerpo propio la ausencia o el daño de alguien amado. Esto es perfectamente visible en la secuencia de dibujos realizada por los niños y niñas en el documental de Ignacio Agüero, Cien niños esperando un tren (1988). La película que los niños y niñas realizan dentro del documental alude específicamente a la protesta como hecho social de interés, y también como generador de miedo.

En este escenario, ¿cuál es el futuro que pueden imaginar los hijos e hijas de la izquierda? Los relatos de futuro encontrados entre los registros del Museo de la Memoria son escuetos. En la mayoría de los casos, el futuro es la partida de Pinochet, que se traduce en una imagen luminosa:

    "Nosotros vamos a reconstruir este país, me entendís, yo lo voy a reconstruir y lo voy a hacer, todo lo que sea. Entonces, yo no creo que estemos realmente podridos. Si estuviéramos podridos, estaríamos en otra parte, ¿veis?" (Patricia Antilef, 10 años, entrevistada en documental Los niños prohibidos, 1986).

El cuestionamiento y la consecuencia aparecen en estas reflexiones. Probablemente es el resultado de ser testigos de una confrontación que se vivía en el día a día, en el encuentro con niños y niñas retornados, y en otras experiencias de parentalidad que incluían un debate respecto a la dimensión privada:

    "Hay que cambiar el mundo, la violencia familiar, hay que cambiar la mentalidad. Si yo estoy muy protestando contra el gobierno, y después agarro a charchazos a mi hijo. Yo creo que no se saca nada" (entrevista a Ricardo Lorca, 10 años, hijo de Carlos Lorca, militante socialista detenido y desaparecido el 25 de junio de 1975, entrevistado en el documental Los niños prohibidos, 1986).

Esta reflexión respecto a las relaciones intergeneracionales y la consecuencia con el discurso político aparece también en un fragmento de un diario de vida de Macarena Aguiló, leído en su documental El edificio de los chilenos (2011):

    "Hoy yo estaba lavando una camisa de mi uniforme en el lavabo del baño y el Pablo me retó y me dijo que no se podía lavar ahí; sin embargo, el lo hace, como el ahora lava un calzón de la Manuela, entonces si yo le digo, el me busca cualquier pretexto para decirme que el puede y yo no.

    A mí me da la impresión de que a los adultos no se les puede dar consejos porque si yo se los doy como soy chica, no lo siguen. Pareciera que uno no tiene mentalidad para pensar lo correcto y lo que no lo está".

 

Conclusión

Los trazos y palabras recuperados de los niños desde ese bullicioso pasado que habita las producciones simbólicas disponibles en el Museo de la Memoria, nos permiten desandar un paso entre las relaciones paterno-filiales del Chile contemporáneo. En estas páginas me he encuclillado para observar desde un lugar de horizontalidad tanto aquello que los hijos e hijas de la resistencia decían sobre la sociedad, los asesinos y las victimas, como aquello que construían como posibles soluciones al conflicto por el que atravesaba el país y sus familias. Es decir, hemos procurado recuperar una parte del sentido que los actos políticos de los sujetos adultos tenían para ellos.

Lo que surge en primer lugar y de manera brutal es la pregunta por la necesidad de resistir, eso de los seres humanos que insiste en darle continuidad a la vida y transmitirla a nuevos seres, esa omnipotencia casi irracional de parir hijos e hijas durante la Dictadura a pesar de la persecución y del miedo. Resistir para proteger la vida, ¿construir vida para tener razones para resistir? Se diría entonces que el proyecto filiativo y el lugar de los niños y niñas ha sido en esto fundamental. Las transformaciones mundo distinto para quienes vendrán. Quienes vendrán, los hijos e hijas, los descendientes, parecen haber tenido esto claro desde siempre. ¿Los sujetos adultos…? A veces.

Con la recuperación de estas voces se asoman las marcas de una comunidad de filiación política intergeneracional cuyas ataduras se forjaron en torno a un proyecto racional y justo, pero también más allá de la razón, ahí donde se aloja el dolor compartido, o bien donde se funda ese saber que parte de atreverse "a sentir el sufrimiento ajeno como propio" (Rozitchner, 2012, p. 26), que nace de un sentimiento que pone en juego nuestro propio bienestar y actualiza una inquietud profunda que, a través del otro, vuelve nuevamente a ser planteada. Es la diferencia entre eso que Simón Rodríguez -según Rozitchner (2012)- calificaría como lástima y lo que sería el sentimiento de la empatía; es decir, hay aquí un nosotros forjado en esa característica del saber empático que permite que los niños y niñas elaboren un vínculo distinto con los otros y con ellos mismos, desde una perspectiva que incluye el orgullo y el respeto por las reglas que emergen y que apuntan a subvertir las indicaciones oficiales de la Dictadura militar.

A su vez, tropecé en varias ocasiones con dudas, con formulaciones infantiles que dan cuenta de una cierta incredulidad respecto a las respuestas que obtenían del mundo adulto, las que posteriormente configuran momentos de subversión que dan cabida a la ambigüedad, que permiten vivir lo no condicionado y que revelan con justicia el acto complejo de elaboración de un razonamiento infantil que satisfaga plenamente la búsqueda de la verdad.

Otro aspecto importante en esta construcción de la historia de los niños y niñas hijos de la resistencia, es el cómo estos se apropiaron de los discursos, teniendo en cuenta que en estos casos el "lenguaje político" es el "lenguaje familiar". Sin embargo, también es posible observar la incompletitud de la transmisión intergeneracional y el espacio que esto abre para la recreación de horizontes y denuncias; por ejemplo, la necesidad de la belleza, el aprecio por la naturaleza o la interpelación a la inconsecuencia que en ellos se advierte; y ya hacia al final, un esbozo de demanda de un nuevo trato entre niños o niñas y sujetos adultos, un nuevo trato consistente con la sociedad nueva que hay que construir.

 


 

Notas

*Este artículo corto es parte de los resultados preliminares del proyecto de investigación fondecyt N° 11140271 dirigido por la autora principal cuyo título es "Niñez en dictadura (1973-1989): Tácticas de resistencia en la niñez identificadas a través de la reconstrucción microhistórica y retrospectiva de los discursos infantiles a partir de tres fuentes distintas". Es un proyecto financiado Fondecyt entre noviembre del 2014 y noviembre del 2017. área: psicología; subárea: otras psicologías.

1 De hecho, esto ha originado toda una corriente de reflexión y acción entre los profesionales que trabajan con infancia que han conceptualizado el "protagonismo infantil" (Gaytán, 1998, Liebel, 2007, Senna & Uchoa, 2007).

2 Fondo Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (Pidee), Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

3 Barrio emblemático de Santiago por su pobreza y combatividad durante la Dictadura.

4 Acceder a la luz a través de unos cables que no estaban sujetos a registro por parte de la compañía de luz.

5 Compañía de distribución de la corriente eléctrica de Chile.

6 Me refiero a "moral" como la aplicación de un código convencional que permite dirimir lo bueno de lo malo en un determinado contexto social.

7 En los testimonios por escrito de los niños, tales como cartas, mantuve la sintaxis y ortografía original. En los testimonios orales, tales como declaraciones en documentales, transcribí los textos de acuerdo con la sintaxis y ortografía correctas.

8 En lenguaje oral popular en Chile significa "lo maté".

 

 


 

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Archivo perteneciente al Museo de la Memoria y Derechos Humanos

Documentales

"El diario de Agustín", dirigido por Ignacio Agüero 2008.

"La ciudad de los fotógrafos", dirigido por Sebastián Moreno, 2006.

"El edificio de los chilenos", dirigido por Macarena Aguiló, 2010.

"Los niños prohibidos", dirigido por Augusto Góngora, 1986.

"Chela: sobre sueños, amores y lucha en Chile", dirigido por Lars Palmgren, 1986.

"Piececitos de niño", dirigido por Hernán Fliman, 1986.

"Cien niños esperando un tren", dirigido por Ignacio Agüero, 1988.

"Eran unos que venían de Chile", dirigido por Claudio Sapiaín, 1985-1987.

"Javiera de Chile". Dirigido por Andrés Acuña, 1989.

"Chile, las Imágenes Prohibidas" documental que consta de 4 episodios, transmitido por Chilevisión los miércoles 14, 21, 28 de agosto y 4 de septiembre 2013.

"Teleanálisis", programa emitido entre 1984 y 1990.

Fondo de cartas de expresos políticos y relegados

"Mis queridos hijos". Carta de José Tohá desde Dawson, octubre de 1973.

Carta de Ninoschka Henríquez a Lucía Hiriart de Pinochet.

Cartas de Lulú a José Alegría.

Cartas de Patito a José Alegría.

Cartas de Betty a José Alegría.

Cuaderno de Quena París a Chile.

Fondo Fundación para la Protección de la Infancia

Dañada por los Estados de Emergencia (Pidee):

"Queremos ser felices".

"Infancia y dictadura".

"Dibujos Hijos del Retorno".

 


    Referencia para citar este artículo: Castillo-Gallardo, P. E. & González-Celis, A. (2015). Infancia, dictadura y resistencia: hijos e hijas de la izquierda chilena (1973-1989). Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 13 (2), pp. 907-921.