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Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud

versão impressa ISSN 1692-715X

Rev.latinoam.cienc.soc.niñez juv vol.16 no.1 Manizales jan./jun. 2018

http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.16108 

Estudios e Investigaciones

Niñez y crianza en una zona rural tseltal en Altos de Chiapas*

Childhood and child-rearing in a Tzeltal indigenous rural area in Los Altos de Chiapas

A infancia na zona rural indígena tseltal em Altos de Chiapas

Martha Olivia Peña-Ramos 1   , José Ángel Vera-Noriega 2   , Jesús Edén Santiz-López 3  

1Investigadora Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A. C., México. Maestra en Desarrollo Regional por el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C. Doctorado en Educación por la Universidad Kino. Investigadora Asociada del Ciad. Orcid: 0000-0002-5781-8781. Índice H5: 5. Correo electrónico: mpena@ciad.mc

2Investigador Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A. C., México. Doctor en Psicología Social por la Universidad Autónoma de México. Investigador titular del CIAD. Miembro de la academia Mexicana de la Ciencias y del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 2. Orcid: 0000-0003-2764-4431. Índice H5: 18. Correo electrónico: avera@ciad.mx

3Egresado Universidad Autónoma Indígena de México, México. Licenciado en Psicología Social Comunitaria por la Universidad Autónoma Indígena de México. Correo electrónico: edenpej@gmail.com

Resumen (descriptivo):

Estudio de enfoque cualitativo de corte fenomenológico sobre las características de las prácticas y estilos de crianza de madres con niños y niñas de 1 a 6 años de edad, en una zona de Oxchuc, Chiapas, México, hablantes de la lengua tseltal. Seleccionamos 20 mujeres de la comunidad y les hicimos entrevistas semiestructuradas y observación participante. Los resultados indican un papel preponderante del chulel en el desarrollo infantil. El trabajo y el mundo ritual son referentes para los procesos de enseñanza de la niñez. Resaltamos la importancia de observar los juegos e interacciones sociales sin establecer condiciones adultas en lo lúdico. Castigan física y verbalmente la falta de respeto y el desobedecimiento de instrucciones. Proponemos un modelo conceptual alternativo para describir los procesos de crianza en esta zona indígena.

Palabras-clave: crianza; desarrollo infantil; indígena tseltal (Tesauro Isoc de Psicología y de Sociología).

Abstract (descriptive):

This paper describes a qualitative study with a phenomenological approach that investigates the characteristics of the parenting practices and styles of mothers with children aged 1-6 years in an area of Oxchuc, Chiapas, Mexico, who speak the Tzeltal language. 20 women were selected from the community and were the subjects of semi-structured interviews and participant observation. The results indicate the important role of chulel (souls or spirits) in child development. Work and the world of rituals are reference points for the education of children. The researchers observed the importance of children’s games and social interactions without adults setting the rules. Lack of respect for others and not knowing how to follow instructions is physically and verbally punished. An alternative conceptual model is proposed to describe the child-rearing processes in this indigenous region.

Key words: Parenting practices; child development; Tzeltal indigenous people (Isoc Psychology and Sociology Thesaurus)

Resumo (descriptivo):

Trata-se de um estudo de enfoque qualitativo de corte fenomenológico sobre as características das práticas e estilos de criação de mães com crianças de 1 a 6 anos de idade, na zona de Oxchuc, Chiapas, México, falantes da língua tseltal. Foram selecionadas 20 mulheres da comunidade, com as quais foram realizadas entrevistas semi-estruturadas e observação participante. Os resultados indicam um papel preponderante do chulel no desenvolvimento infantil. Ressalta-se a importância de se observar os jogos e interações sociais sem se estabelecer condições dos adultos no lúdico. Foram observados castigos físicos e verbais pela a falta de respeito e seguimento das instruções. É proposto um modelo conceitual alternativo para descrever os processos de educação (criação) dos filhos nesta zona indígena.

Palavras-Chave: práticas parentais; desenvolvimento infantil; etnia indígena Tzeltal (Thesaurus Isoc de Psicologia e de Sociologia)

1. Introducción

Es inevitable abordar el tema de la cultura cuando se habla de poblaciones indígenas en México, ya que posee amplia diversidad y antiguos patrimonios culturales. En cierto modo, la cultura permite a las personas, grupos y comunidades establecer relaciones interpersonales y entre comunidades, aprender, mantener y transmitir el conocimiento, nombrar las cosas y darles un significado específico, relacionarse con la naturaleza, con sus recursos, con el juego y el trabajo, imaginar, crear y proyectar (Díaz-Guerrero, 2003).

Asimismo, la cultura en esencia es el vehículo de la tradición, que permite identificarnos con otros; al mismo tiempo ayuda a valorarnos y a su vez podemos transferir nuestras costumbres culturales a los demás (Ortiz, 2002). A partir del contexto de cultura, pretendemos hacer un estudio sobre la reproducción social y la crianza durante el desarrollo infantil en una comunidad indígena tseltal de los Altos de Chiapas, y reconocer que este desarrollo tiene una estrecha relación con las diferentes concepciones de niño o niña, la clase social, las costumbres, las normas sociohistóricas y culturales.

Nuestro objetivo central en esta investigación es describir las características maternas presentes en el ejercicio de las prácticas y estilos de crianza de madres con niños y niñas de 1 a 6 años de edad, en la zona rural en pobreza extrema de la región de los Altos de Chiapas, con hablantes de la lengua tseltal ubicadas en el Paraje Saklumilja’, Municipio de Oxchuc, en el Estado de Chiapas.

Ahora bien, existe una relación directa e inseparable entre naturaleza y cultura, ya que el ser humano en su intento de adaptarse para vivir organizadamente en sociedad, utiliza y transforma de un modo constante el ambiente natural que lo rodea. La cultura y la naturaleza conforman un sistema autoorganizado de elementos que se ordenan con el tiempo (Latané, 1994). La cultura moldea la conducta individual y grupal, la cual a su vez modifica y re-conforma la cultura, por lo que los seres humanos son parte de un sistema que nos influye y al que influimos. La cultura es en esencia el vehículo de la tradición que permite identificarnos con otros (Ortiz, 2002).

Este proceso de identificación permite ser parte de un grupo, de una comunidad y de una nación. El análisis de la cultura nos da un modelo teórico que nos permite explicar cómo los grupos específicos de individuos han llegado a tener un conjunto común de actitudes, de valores y de conductas sociales, y al mismo tiempo cómo otros grupos poseen un conjunto diferente (Lucker, 2003).

Por otro lado, rasgo ineludible es lo que se conoce como «educar» que, según Daghlian (1997), significa literalmente «estimular, desarrollar y orientar las aptitudes del individuo, de acuerdo con los ideales de una sociedad»; tal definición puede ser interpretada en el sentido de que «educar es habituar[se] las personas a entender los principios de aquello que hacen, el concepto de lo que hacen, la responsabilidad de su trabajo y la importancia de su tarea» (Daghlian, 1997). En el más amplio sentido, la educación es el proceso cultural, el modo como cada niño o niña recién nacido llega con un potencial para aprender -mayor que el de otro mamífero- y es transformado en un miembro completo de una específica sociedad humana, que comparte con los demás miembros una específica cultura humana (Mead, 2005). Asimismo, en esta investigación nos inclinamos a describir las prácticas maternas de los tzeltales donde se refieren a sí mismos como winik at’el, “hombres trabajadores”. La organización sociopolítica de los tseltales es semejante a la de los tsotsiles, con la familia nuclear como el elemento básico de la estructura de parentesco, con la presencia de los linajes localizados patrilineales, y con la residencia neolocal. La división de trabajo norma las actividades de hombres y mujeres, hijos e hijas.

A continuación, haremos un breve recorrido por apartados, referente al entorno cultural de los Tseltales.

Pensamiento Tseltal sobre la educación

La educación en los tseltales de Oxchuc comienza desde la familia, donde el niño o niña comienza a recibir los principios básicos de formación y las primeras fases del proceso de enseñanza y aprendizaje. Durante esta fase se transmiten los primeros valores, conocimientos, creencias, costumbres, mitos y ritos, de tal forma que los padres y madres tienen la responsabilidad de educar a sus descendientes (Gómez, 1988). Asimismo, la familia se define como el núcleo fundamental de la sociedad que estructura una suma de valores y varía según cada cultura (Pulido, Castro-Osorio, Peña, & Ariza-Ramírez, 2013).

En la crianza, los padres se preocupan por cuidarlos y alimentarlos para que crezcan; les enseñan a trabajar la tierra y a cumplir las responsabilidades con los del linaje y dentro de la comunidad. De igual forma, se les educa para que aprendan a respetar los «prinsipaletik» de cada clan, quienes son señores mayores que cumplieron cargos dentro de la comunidad, que les fueron encomendados por esta. Un niño que llega a cumplir cierta edad, según dicen, llegará a ser hombre de bien «abat yu’un parajetik».

Sin embargo, existe la costumbre de que, si un padre tiene algún tipo de habilidad, tratará de que su hijo aprenda su sabiduría: la curandería, el uso de plantas medicinales, la carpintería y la música, por ejemplo. En el caso de las niñas se les suele enseñar a hacer tareas del hogar, con la finalidad de no pasen «vergüenzas» ni aprendan «palabrería» cuando sean grandes; de esta manera no tendrá problemas maritales al momento en que un joven se fije en ellas para tomarlas como esposas (Gómez, 1988).

Actualmente los padres tseltales se preocupan por que sus hijos asistan a la escuela para que aprendan a leer y a escribir, ya que es indispensable hablar el español para la vida comercial.

El matrimonio Tseltal de Oxchuc

Cuando un joven tseltal de Oxchuc toma la decisión de casarse, por lo general pide el consentimiento de su padre y de su madre; esto sucede a una determinada edad, y es cuando el joven se siente capaz de trabajar y de asumir la responsabilidad para sustentar una nueva familia. En el pueblo de Oxchuc no se puede contraer matrimonio con personas del mismo linaje o del mismo apellido; cuando un joven viola esta norma cultural es criticada toda su familia (Santiz & Bautista, 2009).

Clan y linaje estructura organizativa de los Tseltales

Los tseltales de Oxchuc están estructurados y distribuidos organizadamente a través de clanes y linajes. Esta estructura constituye un universo social del grupo, cumpliendo funciones políticas, económicas y religiosas. El joven tseltal, al alcanzar la mayoría de edad, está obligado a la participación en los cargos, sin distinción del parentesco, de su dinero o de su edad. Quien elude este deber es sancionado o expulsado de la comunidad.

Asimismo, los tseltal conservan la estructura organizativa a través del clan, que está determinado a través del uso del apellido en español. El clan se divide a su vez en diferentes linajes, cada uno formado por familias extensas unidas por un antepasado común. A diferencia de lo que sucede con el clan, cada linaje suele conocer su historia y saber quién fue el fundador del mismo. Además, los integrantes del linaje son personas que comparten lazos sanguíneos de un mismo tronco o de una misma raíz de descendencia; suelen poseer ciertos bienes que constituyen el patrimonio de sus miembros y estos son administrados de manera conjunta, y ninguno puede vender sin el consentimiento del clan; sin embargo, se puede ceder o vender a algún miembro del mismo linaje. El linaje desempeña funciones útiles en la vida cotidiana y además, sirve para organizar la sociedad en grupos claramente definidos (Sahlins, 1994).

De acuerdo con Gómez (1988), en la población tseltal de Oxchuc preexisten 100 linajes, todos los cuales tienen un origen muy antiguo: los que dejaron los primeros padres y madres y sus proles. Actualmente existen seis clanes y tres de ellos son altamente dominantes -Santiz, Gómez y López-, mientras que los demás cuentan con menor número de linajes -Méndez, Encinos y Rodríguez-; a través de los años han sufrido extinciones y cambios, y han ido adoptando apellidos occidentales.

Gómez (1988) señala que los linajes se determinaban a partir del nacimiento de un niño; estos tenían que ser primogénitos; a las madres se les revisaba la placenta con mucho cuidado y paciencia para ver la figura y el color que tenía en medio, y dependiendo del color se le asignaba un linaje. También se daba el caso de asignar estos linajes a través de la interpretación de los sueños. Asimismo, dadas las circunstancias adoptaron apelativos de plantas, animales u objetos, según la manifestación del sueño. De este modo, algunas familias tseltales en la actualidad conservan esos apellidos, como por ejemplo: t’ul (conejo), wakax (vaca), kon kixtal (costal), banaj (techo de la casa), ni mael (punta de calabaza), ka’naj (casa derumbada), pom (incienso), k’ulub (chapulin), kulanto (cilantro), etc.

La esencia del ch’ulel

Los tseltales indígenas de las montañas de Oxchuc, Chiapas, al sur de México, suponen que los seres humanos están formados, de una parte, por un cuerpo hecho de carne y huesos; y de otra, por un conjunto de almas. De esta manera, la persona se compone de materia corporal y en su interior reúne diferentes entidades anímicas incorpóreas: la más importante es el «ch’ulel». Las almas se encuentran ya presentes en la persona en el momento del nacimiento y no sufren ninguna clase de cambio o desarrollo a lo largo de la vida individual de sus almas en el interior del corazón (Pitarch, 2000).

El «ch’ulel» también se relaciona con la inteligencia, con la capacidad de pensar y de actuar y sentir-escuchar. De este modo, el concepto de «ch’ulel» está aunado a la designación del «ch’ul» sagrado, que forma parte del cuerpo del ser humano, que no se puede ver a previa vista porque se encuentra coexistiendo en la materia corporal que tiene relación entre el «balumilal» (tierra) y el cosmos; solo quienes tienen «stalel» pueden llegar a verlas y establecer comunicación a través del «waich» (sueños), como en el caso de los «tam aletik» (comadronas), y los llamados «poxtaywanejtik» (curanderos). La persona normal no puede conocer fácilmente su «ch’ulel»; necesita la ayuda del padre, de los especialistas y de la partera. En el nacimiento, la partera se da cuenta del tipo de «ch’ulel» y de las características y el poder de esteeste en el recién nacido, por la forma de nacer; pueden mencionar que viene acompañado o trae adornos, que el cuerpo del bebé está adornado.

Los tseltales de Oxchuc manejan los dos términos: «jich stalel», porque tienen un «stalel», es decir, traen características especiales de su «ch’ulel»; cuando dicen «ay xch’ulel» es porque tiene un «stalel», un arte o don excepcional.

Durante el desarrollo, en las distintas etapas de crecimiento corporal son más que evidentes los cambios físicos y emocionales por los que atraviesa la persona: de «ch’in alal» (bebé) transita a «kerem» (niño), de «winik» (hombre) a «mamal» (viejo), de «ach’ix» (muchacha) a «ants» (mujer), hasta «me’el» (madre y/o vieja). Conforme se desarrolla el niño, se desarrolla también la fuerza de «ch’ulel». Cuando el desarrollo emocional y corporal llega a su plenitud, la persona tseltal se autodenomina como «winicubon», que significa ya me hice hombre o «antsubon» ya me hice mujer/madre, para indicar el grado de madurez que ha alcanzado; por lo tanto, se consideran individuos completos porque han llegado a la plenitud del uso del lenguaje, del pensamiento y del control de sus sentimientos; además, porque se han convertido en padre o madre, encabezando la familia (Sánchez, 2006).

La crianza y el desarrollo de la niñez

Las prácticas de crianza están referidas a los comportamientos específicos de los padres y madres para guiar a sus hijos e hijas hacia el logro de metas de socialización -ofrecerles halagos para que aprendan nuevas tareas-. Los estilos se definen como actitudes o creencias generales de las personas adultas acerca de la crianza adecuada para los niños y niñas. La percepción social de la crianza no solo matiza los aspectos relacionados con el control, la disciplina, las expectativas, el éxito y el fracaso, sino que en general tienen que ver con el tipo de ser humano que quieren formar, ya sea en su masculinidad y femineidad, en su perspectiva de ser feliz, responsable, trabajador y honesto (Vera-Noriega & Peña-Ramos, 2005).

Así como lo mencionan Contreras y Reyes (2007), los niños y niñas van adquiriendo a través de las interacciones sociales, una creencia propia sobre la relación causa-efecto de sus acciones. Un ejemplo de práctica es el castigo, que es utilizado de manera diferente según la estructura familiar, cuyas formas de relacionarse difieren según cada región y según la zona -rural o urbana- (Pulido et al., 2013). Dentro de este marco, el papel de los padres y madres resulta determinante para la forma en que se socializa el niño o niña; son acciones que principalmente se orientan a garantizar la supervivencia del individuo menor, a favorecer su crecimiento y desarrollo psicosocial, y a facilitar el aprendizaje de conocimientos que permitan al niño o niña reconocer e interpretar el entorno que le rodea (Bocanegra, 2007).

En este sentido, la entidad étnica durante la niñez se va construyendo a partir de las relaciones tempranas en el interior de la familia nuclear y extensa, siguiendo con la escuela, el trabajo y demás instituciones sociales.

Asimismo, el llegar a la adolescencia implica tomar decisiones en torno a la cultura, aceptar e involucrarse en sus tradiciones y costumbres, en sus ritos religiosos, en el uso de la lengua indígena, seguir los patrones de conducta de los mestizos, ser monolingüe o bilingüe, entre otras decisiones influidas por las prácticas familiares (Vera-Noriega, Calderón, & Torres, 2007). La interacción de los padres y madres es fundamental en el desarrollo de la niñez, y se conciben elementos como imitación, moldeamiento, expansión, retroalimentación, reforzamiento, lengua, repetición, vocabulario y juegos, los que permiten ampliar horizontes favorables para el desarrollo de los niños y niñas en diferentes áreas de interés donde crean, recrean e integran nuevos elementos del contexto a partir de las condiciones sociales (Vera-Noriega, Peña-Ramos, & Pérez, 2008).

Por esta razón, en esta investigación optamos por usar modelos teóricos como los ya utilizados en estudios similares por Vera- Noriega, Velasco y Morales (2000), en donde proponen un modelo de correlación en el que exponen algunas características de personalidad de la madre y la evaluación subjetiva de la participación del padre implicado en el desarrollo del niño o niña. Este modelo se desarrolló bajo los principios de los modelos anteriormente expuestos de Abidin (1990), retomando las variables de autoconcepto, depresión y apoyo percibido de la madre en la coparticipación de la pareja en tareas de la crianza, como variables intermedias; y la estimulación en el hogar y el estrés paterno, como variables próximas al desarrollo cognitivo del niño o niña.

Para este estudio también resulta necesario retomar el trabajo de Peña-Ramos (2004), donde se propone un modelo correlacional que contempla variables que tienen que ver con la crianza y desarrollo de los niños y niñas, integrándolo en un marco de pobreza extrema en población rural, con familias que tienen descendientes de 0 a 5 años de edad. En este modelo se plantea que para que la madre pueda ejercer con éxito la maternidad, son determinantes los escenarios familiares y personales, ya que estos escenarios fungen como facilitadoras o disposicionales sobre el desarrollo del niño o niña. Se analizan dentro de este modelo como variables inmediatas (próximas) a la promoción del desarrollo integral del niño o niña, la estimulación que se le ha dado al infante en el hogar, así como también la interacción que se da entre la triada madre-hijo y padre. Esta relación correlacional estudiada también toma en cuenta un elemento disposicional o variable mediadora ante los comportamientos de estimulación e interacción, el cual es el estrés de la crianza (estrés que percibe la madre durante el ejercicio de la crianza). Por último, también se analizan dos variables como elementos subyacentes al disposicional: el estilo de autoridad de la madre y la percepción de la coparticipación del padre durante la crianza.

Objetivo General

Considerando lo anteriormente expuesto y frente a la necesidad de conocer mejor las características de crianza de la niñez en la comunidad tseltal, el objetivo principal de este estudio es describir las características maternas presentes en el ejercicio de las prácticas y estilos de crianza, en madres con niños y niñas de 1 a 6 años de edad de una zona rural en pobreza extrema en la región Altos de Chiapas, con personas hablantes de la lengua tseltal ubicadas en el Estado de Chiapas, así como también describir los procesos del cuidado durante la niñez, sobre salud, alimentación y procesos de desarrollo, estimulación del niño e interacción entre madre-hijo o hija-padre en el hogar.

2. Método

Características de la Población

Llevamos a cabo este estudio en la población indígena tseltal de Saklumilja’, ubicada en el municipio de Oxchuc en la región Altos de Chiapas. Territorialmente el municipio se divide en dos calpules: Santo Tomas (muk´ul kalpul) y La Santísima Trinidad (Ch´in kalpul); cada calpul tiene sus principales (ch´uykales). Esta división es una línea imaginaria que pasa justamente enfrente del templo Santo Tomás y divide en dos partes la plaza de Oxchuc.

Asimismo, Chiapas está distribuida geográficamente en 8 regiones: Centro, Altos, Fronteriza, Norte, Selva, Soconusco e Istmocosta, con 118 municipios. Los municipios tseltales más importantes son Ocosingo, Chilón y Altamirano, que son los más extensos. Los tseltales conforman el grupo indígena más numeroso de Chiapas y el octavo en relación con los demás grupos del país (Inegi, 2011). La población total del municipio cuenta con 43.350 habitantes, representa el 0.1% de la región, 21.506 son mujeres y 21.844 hombres (Inegi, 2011).

Diseño de investigación

El tipo de estudio empleado es de tipo cualitativo; utilizamos un sistema de categorías sobre las variables de un modelo de crianza (Vera-Noriega, Velasco, Montiel, & Camargo, 2000; Peña-Ramos, 2004) que permitiera su adaptación en las condiciones del contexto indígena, no solo en lo social sino también en lo referente a las posibilidades del sujeto investigador de acercarse a la realidad del ejercicio de crianza de las madres, como también de identificar a las personas informantes fundamentales, tales como el maestro, la enfermera, la trabajadora social y las autoridades tradicionales (Grubits, Peña- Ramos, Vera-Noriega, Lunes, & Pérez, 2011).

Utilizamos un método derivado de la antropología social que implica la participación del investigador o investigadora con la población de estudio. Como técnica usamos el campo de la observación participante desde las investigaciones pioneras de Malinowsky (1984); el método base de la investigación es derivado de las categorías del modelo cuantitativo a través de la entrevista semiestructurada. Desarrollamos las categorías derivadas de nuestros estudios y trabajamos con observación participante para un análisis de las categorías del modelo de estilos de crianza, a fin de ajustarlo a diferentes comunidades indígenas en distintos países.

Participantes

Trabajamos con una muestra de 20 madres en condiciones de pobreza extrema, con un promedio de edad de 23 a 43 años, la mayoría con escolaridad de primaria, y al menos con un hijo de edad entre 1 y 6 años. En su totalidad son monolingües, hablantes de la lengua Tseltal, viven en condiciones de marginación en la región del Paraje de Saklumilja’. Utilizamos las entrevistas y observaciones durante tres meses. Usamos una grabadora digital, la libreta de campo, una cámara para documentar en imágenes, y una computadora para almacenar la información.

Selección de participantes

En primer plano, acudimos ante el comité y el agente de la comunidad, y organizamos una reunión con la comitiva que estaba a su cargo para exponer los motivos de la investigación y establecer una fecha para convocar a la asamblea general con la población que conformaba el paraje de Saklumilja’. El universo poblacional estuvo conformado aproximadamente por 200 madres, y posteriormente realizamos un sorteo para seleccionar las 20 madres para el estudio, las cuales aceptaron participar voluntariamente frente a la asamblea; de común acuerdo agendamos visitas en el hogar de la madre, habiéndoles explicado previamente los motivos del estudio.

Categorías de la entrevista

En el estudio utilizamos categorías de entrevista semiestructurada aplicadas en las investigaciones de Vera-Noriega, Lunes, Pacheco, Peña-Ramos y Pérez (2008) en el Sur del País, en población indígena tsotsil de San Juan Chamula en el Estado de Chiapas, y en el grupo indígena de Terena en la Republica del Brasil (Vera-Noriega, Grubits, & Rodríguez, 2007).

En cuanto a la guía de entrevista, en primer lugar se llena la hoja de identificación que integra datos específicos del niño o niña, como el nombre, la edad, el sexo, la fecha de nacimiento, el peso al nacer, la talla y el tipo de alimentación. También se solicita el número de hermanos y el lugar que ocupa entre ellos. Los datos de la madre y del padre -nombre, edad y ocupación-, número de enseres y la infraestructura del hogar.

La lógica seguida en la entrevista semiestructurada fue:

    3. Resultados

    Interacción padre e hijo

    Varios estudios demuestran que el juego es la principal actividad que realizan los niños y niñas durante los primeros años de su vida. A través del juego, el sujeto observa o investiga todo lo relacionado de manera libre y espontánea. Esto, asociado con la participación de la madre, el padre, los hermanos y parientes cercanos. En particular, con la población indígena tseltal de Saklumilja’, ubicada en los altos de Chiapas, los procesos de interacción suceden de manera natural según se van adquiriendo a través del tiempo, como las costumbres, los mitos y los rituales.

    En relación con la diada padre-hijo/ hija, tradicionalmente se pueden encontrar diversos patrones de integración y procesos de socialización. Un mecanismo fundamental es la de interactuar durante el trabajo, como por ejemplo, llevar a los niños y niñas a los trabajos en la milpa; también se considera como una opción cuando no tienen con quién dejarlos; pero el llevarlos no se trata de un día de trabajo pesado, sino de una didáctica que se preparará. El rol del niño o niña no consiste en apoyar en la milpa como lo haría un peón de su papá; lo que normalmente se busca es que las condiciones para el hijo o hija sean seguras y de menor dificultad en comparación con las que realiza su padre.

    De igual forma, los padres, como muestra de afecto, les proporcionan juguetes a sus hijas e hijos; para los varones, carritos, muñecos, canicas; y en el caso de las niñas, muñecas y ositos; afirman que cuando estos juguetes se extravían durante el juego en los cafetales o entre los árboles frutales, ellos colaboran en la búsqueda; sin embargo, si no se encuentran ellos dialogan con sus hijos e hijas y los guían a que, como su condición económica es precaria, ellos deben buscar opciones entre su medio natural rural. Durante la niñez, los padres reportan que sus hijos e hijas juegan con objetos tales como palos, ramitas, botes, etc.; juegan por arriba de las piedras, suben en los árboles frutales, como por ejemplo el «ts’uint’e» (subir a un árbol flexible para pasarse a otro), o inventan algún juego nuevo. Así mismo, durante la niñez se les involucra en otras actividades como apoyar en la alimentación de los animales, barrer el patio, acarrear agua desde el manantial, ir por dos o tres leñas que ya están cortadas, y otros trabajos que no impliquen mucho esfuerzo y no dañen su integridad física.

    Resumiendo, en estas familias indígenas tseltales de Saklumilja’, por sus condiciones de vida, por el contexto sociocultural en el que viven y por los horarios de trabajo o el tipo de trabajo, a los papás les es difícil interactuar en el juego con los niños y niñas, pues están más preocupados por su subsistencia. Esto se asemeja a los hallazgos reportados en otras investigaciones con comunidades rurales, al norte de la república mexicana (Peña-Ramos et al., 2005).

    Interacción madre e hijo/hija

    Respecto al rol de las madres, destacamos que, en las familias de este estudio, las niñas están apegadas a la madre y desde que tienen un año se les involucra en las labores domésticas; sin embargo, esto se va dando a través del juego, como por ejemplo, al desgranar el maíz la niña está al lado de la madre y esta le enseña cómo hacerlo. Alcanzando los 4 años de edad, en su mayoría las niñas empiezan a hacer tortillas de maíz junto a la madre, y también dominan diferentes actividades domésticas.

    Por otro lado, la interacción de los hijos e hijas mayores con las actividades del hogar es muy trascendental, siendo esto un medio de apoyo, mientras la madre se centra en sus múltiples actividades domésticas extenuantes. Durante tales actividades los hermanos y hermanas más grandes, de 4 a 6 años de edad, se encargan de atender, distraer o jugar con los más pequeños de 1 a 3 años. Así también en otros momentos, estos hermanos y hermanas mayores llevan y traen de la escuela al pequeño, y así se convierten en cuidadores y transmisores de pautas de socialización.

    A las madres con menos descendencia se les hace difícil realizar sus múltiples actividades del hogar; los testimonios muestran una concentración de oficios, centrados en el hogar, con labores domésticas y agropecuarias

    (Ávila, Triana, & Malagón, 2010). De todas aquellas actividades que realiza la madre, los niños y niñas terminan jugando solos, cargados en la espalda de la madre, durmiendo en la hamaca, o son colocados a la vista para estar al pendiente de su integridad física, mientras la madre realiza sus actividades domésticas. Algo muy similar también fue reportado en una investigación de Vera-Noriega, et al. (2008), con familias tzotziles indígenas de San Juan Chamula en el Estado de Chiapas; las madres de esta investigación tampoco juegan con las personas menores, solo observan jugar mientras tejen o bordan.

    Una de las prácticas maternas más reconocidas que deben desempeñar estas madres, es la de reprimir las conductas negativas de los niños y niñas (berrinche, enojo). Indican que le dan un trato diferente según la edad de quien se trate. Refieren que cuando cometen alguna conducta inapropiada, los niños y niñas más pequeños son perdonados bajo el argumento de que «no saben lo que están haciendo»; en cambio los mayorcitos de 4 años, son regañados o asustados pegándoles con cinturón, ahumándolos con chile, mencionándoles a los perros -si no comes, te va morder el perro-, dejándolos sin comer o sin jugar con sus cosas preferidas y, en caso de una conducta grave, son castigados o se les pega con cinturón.

    Salud de la niñez tseltal de Saklumilja’

    Las condiciones de salud son precarias por sus circunstancias económicas y sociales. Los niños y niñas de esta población reciben atención médica y vacunación completa en la clínica de la comunidad vecina de Chaonil, la cual pertenece al municipio de Oxchuc. Este centro de salud es la sede de atención médica por parte del programa de Oportunidades, implementado por el gobierno de México, y es aquí donde se provee de servicios de salud y de algunos medicamentos. Asimismo, solo acuden para pedir vacunas, curación de heridas leves, medicamentos para la tos, fiebre, gripe y dolor de estómago. Refieren que los accidentes que han tenido los niños y niñas pequeños no son graves y no han necesitado de hospitalización, e indican que no les gustaría dejarlos hospitalizados. Señalan que cuando acuden a la clínica de la comunidad (paraje) son atendidos por una enfermera en turno o por una doctora asignada para la comunidad, y en algunos casos preferirían utilizar remedios caseros por la falta de medicamentos en la clínica/centro de salud y por la baja calidad de la atención médica.

    Por otro lado, la alimentación de los infantes empieza desde muy temprana edad y esto acorta el tiempo del destete. Indican que comienzan a ofrecerles a partir de los 3 o 4 meses de nacido, alimentos como calditos de frijol, tortillitas remojadas con caldo de frijol o alimentos suaves, para que los niños y niñas puedan digerirlos cuidando su salud. Estos controlan su esfínter a partir de los dos a tres años; sus padres y madres y sus hermanos y hermanas mayores, se encargan de encaminarlos e instruirlos a usar el baño (fosa séptica o letrina). La madre es quien se preocupa por la independencia de los niños y niñas, en cuanto al control de los esfínteres. La mamá es quien pregunta al pequeño o pequeña si tiene alguna necesidad de ir al baño antes de ir a dormir, y ya sea ella o bien algún hermano mayor acompaña al pequeño o pequeña al baño. Durante la noche, si el niño pequeño despierta queriendo ir al baño, le toca al mayor que esté a su lado en la cama apoyar al infante para ir al baño. Las madres refieren que sus niños y niñas empiezan a controlar su esfínter nocturno a partir de los 5 a 6 años, y algunos antes de los cinco años. Por lo general, la hora de acostarse después de un arduo trabajo doméstico o de agricultura es entre las 8:00 a las 10:00 de la noche, y en ocasiones más tarde, como a las 11:00.

    La salud de las madres Tseltales de Saklumilja

    Las madres de este paraje mencionan que es muy importante no perder la salud, ya que evitaría realizar sus actividades diarias y dificultaría la atención de los hijos e hijas. Las enfermedades más frecuentes que padecen, según lo mencionan, son tos, gripe, y fiebre, por las condiciones climáticas frías de la región. Otras de las enfermedades que contraen son problemas digestivos, dolores de cabeza y de cuerpo, y en algunos casos la pérdida de movimiento del cuerpo. Asimismo, presentan dolores de espalda por el tipo de actividad doméstica que realizan durante el día, y para ellas los hijos e hijas son de gran ayuda, porque a una cierta edad empiezan a colaborar. De esta manera, algunas madres conocen de remedios caseros, porque les fueron trasmitidos por sus ascendientes, lo que hace evidente que la mayoría utilice la medicina tradicional; de igual forma asisten a la clínica por algunas enfermedades, o para realizarse las revisiones de Papanicolaou y recibir diversas pláticas, como la del «uso de algún método anticonceptivo», aunque refieren que en la comunidad son poco utilizados el condón y las inyecciones.

    Estimulación en el hogar

    Por su condición, su contexto indígena y en algunos casos por su nivel educativo, las madres dedican la mayor parte de su tiempo en actividades del hogar y del campo; por lo tanto, no tienen el suficiente tiempo para dedicar su atención exclusiva a sus niños y niñas. La lectura, la escritura y el canto son introducidos a través del juego, por un hermano mayor que esté asistiendo a la escuela. En ninguno de sus discursos la madre manifiesta tener interacción directa dirigida a la estimulación hacia el aprendizaje del niño o niña. Estos aprenden a través de la imitación, por hermanos y hermanas mayores, transmitiéndoles el canto y algunas palabras y frases, de manera similar a lo que ocurre en los hallazgos encontrados en algunas comunidades rurales (Vera-Noriega, Morales & Vera, 2005).

    Los enfoques de aprendizaje en este paraje, son los de seguir las tradiciones, costumbres y rituales; y las prácticas del campo como segunda opción de la educación formal, «por las oportunidades laborales», según indican. Una de las actividades o habilidades transmitidas por generaciones por parte de los parientes ascendientes, es saber tejer trajes regionales de Oxchuc. Esta práctica es transmitida hacia los hijos e hijas, nueras, primas, tías y sobrinas, por señoras adultas de entre 40 y 50 años de edad. Otra de las virtudes más apreciadas de ser tseltal de Saklumilja es el respeto, y es una costumbre que es promovida desde la niñez. Se inculca el respeto hacia los «tajunab» - tíos del mismo linaje-, como también hacia los ancianos llamados «mamtik principal», quienes son los principales o personajes de gran jerarquía en la comunidad, ya que son personas que han prestado servicios dentro del «paraje» y han cumplido algún cargo encomendado por la colectividad.

    Estrés de la crianza

    En relación con el estrés materno, señalan las entrevistadas que se perciben en un estado emocional positivo; en ningún momento expresan estar estresadas. Se consideran buenas madres, y hacen lo posible para que sus hijos e hijas sean personas independientes que se valgan por sí mismos. No les disgusta ser madres; argumentan que «los niños son un regalo de dios y que, si pudieran tener más, lo tendrían»; pero señalan finalmente que «no era traerlos al mundo sin ninguna razón, ya que es una responsabilidad tener hijos».

    Asimismo, señalan que el apoyo económico para la vestimenta y la comida es aportado por los padres, y que en ocasiones apoyan en las laborares domésticas. La mayoría de los padres tseltales salen del «paraje» o comunidad vecina a trabajar de peón, jornalero, y en algunas ocasiones salen a los Estados vecinos como Tabasco, Veracruz, Yucatán, en el centro y al norte del país. Por lo tanto, las madres prefieren que sus hijos e hijas vivan en el mismo lugar donde ellos nacieron, y los individuos jóvenes que deciden seguir estudiando se trasladan a Ocosingo -una ciudad vecina-, San Cristobal de las Casas y Oxchuc. Uno de los factores que les limita seguir preparando a los niños, niñas y jóvenes, es la falta de recursos económicos, ya que implica hacer varios gastos, tales como pagar la renta, la comida, los útiles escolares, la colegiatura, etc., de tal forma que algunos optan por a trabajar en campo y trabajar en tiendas o de peones en algún lugar, y esto hace que muy pocos lleguen a terminar la secundaria, la preparatoria o una carrera.

    El umbral de tener Ch’ulel

    Muchos autores y autoras han tenido un profundo interés en comprender el concepto del «ch’ulel», que representa en la vida holística de los mayas Tsosiles y Tseltales, un rasgo identitario que simboliza una cultura, que se hace único y particular en las diferentes formas de concebir la vida o el mundo, donde el ch’ulel se adquiere a partir de la copulación o gestación; y es ahí donde empieza el recorrido del niño o niña para llegar a la maduración de su «ch’ulel»; comprende muchos aspectos del desarrollo de los niños y niñas, como la necesidad de alimentos, que implica la maduración de la persona y su aprendizaje. Está estrechamente relacionado con las enfermedades que puedan perjudicar al individuo menor. Por lo anterior, se pierde «el ch’ulel» cuando se es expuesto en condiciones de riesgo. Los niños y niñas tseltales pierden sus «ch’ulel» cuando se accidentan, como por ejemplo un accidente fuerte que resulte en que el niño caiga golpeando su cuerpo contra el suelo, conocido como «xt’uxanbaj», en el que el niño o niña tiene contacto con la madre tierra. Al tener este tipo de accidentes, la madre naturaleza se apropia de su «ch’ulel», lo cual empieza a manifestarse en el niño a través de síntomas de «xiwel», el susto, y poco a poco el niño va desmejorándose. Cabe señalar que para desprenderse el niño de su «ch’ulel», debe ser una caída fuerte.

    De la misma manera, no solo a través del susto un niño tseltal de Saklumilja puede desprenderse de su «ch’ulel»; también le sucede con las enfermedades. Inclusive -expresan las madres- un niño puede perder su «ch’ulel» cuando es espantado sorpresivamente.

    Cuando el niño o niña empieza a perder su «ch’ulel», manifiesta desorden en la alimentación y es el síntoma principal para detectar la pérdida del «ch’ulel», como también cuando presenta síntomas de diarrea y/o disminución de peso. Para la curación utilizan lo que se denomina «nuk’el», que es una curación herbolaria, acompañada de una plegaria específica para recuperar «el ch’ulel» del niño o niña, bañados con las plantas medicinales. Esta curación se realiza tres y hasta cuatro veces, dependiendo del estado de la gravedad del niño o niña.

    4. Discusión

    De los datos obtenidos de este estudio, pudimos describir las creencias de los padres y madres referentes a la crianza durante la niñez. Nos percatamos de que en este contexto indígena tseltal, los modelos explicativos de la crianza y desarrollo infantil, como los de Bronfenbrenner (1979), Abidin (1990), Vera-Noriega, Velasco y Morales (2000), y Peña-Ramos (2004), si bien no concuerdan por completo con la comunidad estudiada, contienen elementos que se ajustan a las condiciones existentes.

    Partiendo del modelo de crianza propuesto por Vera-Noriega, Peña-Ramos y Pérez (2008) y de las observaciones en torno a la crianza y desarrollo del individuo infantil tseltal de Saklumilja (ver figura 1), desglosamos y describimos a continuación cuáles son las variables subyacentes, mediadoras y próximas que como insumo final de este estudio corresponden a las prácticas de crianza de esta comunidad estudiada.

    Figura 1: de Saklumilja’. 

    Dentro de las variables subyacentes que se puede encontrar en la niñez tseltal de Saklumilja estudiada, están:

      De las variables mediadoras:

        Variables próximas

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          * Este artículo de investigación científica y tecnológica forma parte de un programa de investigación del Departamento de Desarrollo Humano y Bienestar Social, cuyo objetivo es documentar prácticas de crianza en diferentes grupos indígenas de México y Brasil. Nombre de la investigaciónque dio origen al artículo: Prácticas de crianza en diferentes grupos indígenas de México y Brasil. Financiado por el instituto de formación docente del Estado de Sonora y el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo con el proyecto 6613. La investigación que presentamos fue realizada entre septiembre del 2011 a octubre del 2012. Gran área de conocimiento: Ciencias Sociales. Área de conocimiento: psicología. Subáreas: psicología social y etnopsicología.

          Referencia para citar este artículo: Peña-Ramos, M. O., Vera-Noriega, J. A., & Santiz-López, J. E. (2018). Niñez y crianza en una zona rural tseltal en Altos de Chiapas. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 16(1), 149-162. doi:10.11600/1692715x.16108

          Recebido: 20 de Julho de 2017; Aceito: 13 de Setembro de 2017

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