Introducción
La primera infancia es una etapa de vida fundamental para la persona, ya que el desarrollo cerebral se manifiesta mediante el acelerado incremento de conexiones neuronales que se van complejizando hasta llegar a la etapa adulta (Shonkoff, 2010). Las inversiones que hagan las sociedades para mejorar los primeros años de vida favorecen la reducción del índice de pobreza, mejoran el aprendizaje escolar y tienen mayor tasa de retorno económico, además de brindar a los niños una oportunidad justa de crecer, progresar y desarrollar todo su potencial (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, 2017).
La estimulación a través del juego es un elemento importante para potenciar el desarrollo infantil temprano; esta se incluye en la dimensión aprendizaje temprano dentro de los factores del ciclo vital multigeneracional que promueven el cuidado responsivo (Britto et al., 2017). Este último se caracteriza por la sensibilidad del adulto para asegurar oportunidades de exploración, entornos receptivos y lúdicos que contribuyen al desarrollo cognitivo y socioemocional (Lester & Russell, 2010).
El juego se concibe como una actividad caracterizada por la expresión e interacción con el medio, el cual promueve el desarrollo de habilidades simbólicas y comunicativas. A través de esta actividad, los niños logran alcanzar habilidades, destrezas y conocimientos que inciden de manera positiva, lo que fomenta el desarrollo intelectual y de los esquemas mentales que posibilitan una vía al desarrollo del pensamiento infantil (Vygotsky, 1979). Las experiencias lúdicas ofrecen un contexto de aprendizaje auténtico (particularmente en los primeros años de vida), lo que impulsa a los infantes a convertirse en aprendices creativos y comprometidos. Por tanto, aprender mediante el juego es fundamental para un desarrollo beneficioso y saludable (Zosh et al., 2017).
En este sentido, «la aparición de la actividad lúdica en el niño está condicionada por el ejercicio de las funciones parentales», la disponibilidad y la calidad del acompañamiento emocional (Paolicchi et al., 2017, p. 45). El hogar es el primer espacio para generar oportunidades de juego y los padres son las fuentes primarias que lo promueven, ya que este constituye una necesidad y un medio para que los niños aprendan sobre su entorno (Bornstein, 2014). Los procesos involucrados en el comportamiento del juego hacen énfasis en la primera relación con la madre y luego con otras personas del entorno más próximo (Winnicott, 1971). Al respecto, Nandy et al. (2020) señalan la importancia del contexto triádico (padre-madre-hijo) como un entorno único y complejo que modifica las estrategias empleadas por las madres y los padres durante el juego. Por otro lado, autores como John et al. (2013), Lin et al. (2018) y Waldman-Levi (2021) observaron diferentes patrones de comportamiento en las situaciones lúdicas tanto del padre como de la madre, pero con resultados importantes que benefician el desarrollo infantil. Por lo tanto, se sugiere que el juego debe realizarse en compañía de la familia y de sus pares con una frecuencia diaria (Brazelton & Greenspan, 2005).
La literatura emergente sugiere que ambos padres pueden contribuir de manera única y positiva al desarrollo infantil a través del juego, con resultados que se traducen en la adquisición de competencias sociales, emocionales y cognitivas (Amodia-Bidakowska et al., 2020; Gregory et al., 2019; Nandy et al., 2020).
En cuanto a la relación del juego con el desarrollo cognitivo, la respuesta contingente en las interacciones tempranas entre padres e hijos predice su desarrollo académico posterior (Amodia-Bidakowska et al., 2020). Al respecto, Fletcher y Reese (2005), en concordancia con Sonnenschein y Munsterman (2002), encontraron que la capacidad de respuesta de la madre a su bebé durante el juego predice positivamente capacidades y habilidades cognitivas (resolución de problemas, conocimientos y memoria). El niño fortalece su desarrollo cognitivo mediante la actividad lúdica; por ello, es preciso señalar la relación entre el juego y el desarrollo de habilidades matemáticas, así como de las comunicativas (Orr, 2021; Schmitt et al., 2018).
Por otro lado, el juego está asociado con el desarrollo de competencias socioemocionales. Cuando los padres interactúan con sus hijos en las actividades lúdicas se favorece la autorregulación (Amodia-Bidakowska et al., 2020; Colliver et al., 2022). En ese sentido, Suarez-Rivera et al. (2019) encuentran que la manipulación de objetos en el juego promueve el control de emociones; mientras que Cabrera et al. (2017) señalan que un componente importante es el grado de creatividad y curiosidad cuando los padres interactúan en el juego, obteniendo mejores resultados en la regulación de emociones. Al respecto, Nandy et al. (2020) afirman que el juego en la coparentalidad o la crianza compartida promueve beneficios para el desarrollo socioemocional.
El juego en la primera infancia se manifiesta de diversas maneras, por lo que su clasificación nos permite entender el propósito de cada tipo de juego. Cada uno respalda aspectos del crecimiento físico, intelectual y socioemocional del infante. En este sentido, el juego motor o físico tiene un impacto positivo porque implica actividades que requieren coordinaciones motrices, lo que permite a los niños demostrar mayores niveles de cognición espacial, dominio sobre su cuerpo y usarlo para comprender su entorno (Whitebread et al., 2012). El juego social, por su parte, potencia las habilidades sociales como la negociación, la inclusión, el trabajo en equipo y cooperación entre niños, puesto que se asumen reglas establecidas (Cosse, 2016; Gibson et al., 2017). En cuanto al juego simbólico, este crea situaciones y mundos imaginarios que marcan un logro de desarrollo dinámico para el niño y la representación del mundo social (Noll & Harding, 2003), y se relaciona con resultados significativos en el desarrollo del lenguaje (Quinn et al., 2018). Por otra parte, es importante considerar que el juego natural tiene un impacto positivo en los resultados de la actividad física y de las conductas cognitivas (Dankiw et al., 2020; Prins et al., 2023); estas experiencias con la naturaleza son aspectos importantes en el desarrollo de los niños, con efectos positivos en los aspectos físico, mental y social (Martens & Molitor, 2020).
Por último, existen otros factores asociados con el desarrollo del niño. En este orden de ideas, se afirma que altos niveles de educación de los padres se relacionan con mayor sensibilidad, consideración positiva y estimulación cognitiva, además de crear ambientes más estimulantes fomentando la integración de procesos neurocognitivos y el desarrollo del lenguaje (Tamis-LeMonda et al., 2004). En este sentido, Paolini et al. (2017) afirman que un nivel menor de escolaridad en los padres influye negativamente en el desarrollo cognitivo de los niños. Otro factor que influye en el desarrollo es el socioeconómico, frente al cual Bornstein et al. (2007) señalan que, si el nivel es alto, se fortalece la interacción de padres e hijos mediante el vocabulario, a través de la sensibilidad, mejorando la capacidad de respuesta del infante. En general, Gago-Galvagno y Elgier (2020) señalan que el nivel educativo de los padres, la ocupación y la calidad del hogar están asociados al bajo nivel de desarrollo socioemocional, debido a los cortos tiempos de interacción y juego con los hijos.
El presente estudio se planteó como pregunta general: ¿cuál es la relación entre el juego que realizan los padres con sus hijos, durante el periodo de 6-18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional en etapas posteriores? De la cual se derivan las siguientes preguntas específicas: 1) ¿cuál es la relación, según el tipo de juego que realiza el niño con el padre, la madre o ambos padres, en el periodo de 6-18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años?; 2) ¿cuál es la relación según la frecuencia de juego que realiza el niño con el padre, la madre o ambos padres, en el periodo de 6-18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años?
De acuerdo con lo anterior, el estudio tuvo como objetivo general analizar la relación entre el juego que realizan los padres con sus hijos, durante el periodo de 6-18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional en etapas posteriores, planteando los siguientes objetivos específicos: 1) identificar la relación entre el tipo de juego que realiza el niño con el padre, la madre o ambos padres, en el periodo de 6-18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años, y 2) identificar la relación entre la frecuencia de juego que realiza el niño con el padre, la madre o ambos padres, en el periodo de 6-18 meses y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años.
Para lograr los objetivos de la investigación se establecieron las siguientes hipótesis:
Hipótesis alternativa (H1): existe relación entre el tipo de juego que realizan los padres y sus hijos en el periodo de 6-18 meses y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años.
Hipótesis nula (H0): no existe relación entre el tipo de juego que realizan los padres y sus hijos en el periodo de 6-18 meses y el desarrollo cognitivo y socioemocional a los 5, 8, 12 y 15 años.
Método
Se tomaron datos del portal Niños del Milenio (https://ninosdelmilenio.org/), estudio longitudinal de quince años que analiza la naturaleza cambiante de la pobreza infantil en Etiopía, India, Perú y Vietnam. En cada uno de estos países se recolectaron datos para dos cohortes: la cohorte nacida en el periodo 2001-2002 y la cohorte mayor entre los años 1994-1995.
En esta investigación se utilizaron los datos de la cohorte más joven de Perú, para lo cual Niños del Milenio obtuvo el consentimiento informado de los padres de familia y garantizó la confidencialidad de la información brindada, así como la libertad sobre la decisión de participar. La confidencialidad se aseguró con el manejo de la información de manera anónima, por lo que su acceso fue restringido y autorizado por el Repositorio de Datos del Reino Unido. Por lo anterior, es posible afirmar que las consideraciones éticas estuvieron presentes durante el estudio.
Participantes
El estudio tuvo la participación de casi 8000 personas nacidas entre 2001 y 2002 en Etiopía, India, Perú y Vietnam. La muestra abarca 2052 niños nacidos entre los años 2001 y 2002 (considerados como la cohorte menor) y su definición obedeció a dos criterios: 1) selección al azar de 20 distritos ubicados en todo Perú, excluyendo aquellos con mayor índice de riqueza (5%); y 2) la presencia en cada distrito o zonas aledañas de la zona censal de 100 familias que tuviesen un/a niño/a entre 6 y 18 meses. Se hizo el seguimiento de un niño por hogar.
El estudio Niños del Milenio incluye cinco rondas de visita a los niños y sus familias distribuidas a lo largo de 15 años. Se aplicaron cuestionarios para el niño y otro para el hogar (que permitía identificar los factores sociodemográficos). Tal es el caso del aplicado en la cohorte más joven (1 año), que incluye aspectos como: información de ubicación, composición del hogar, embarazo, parto y lactancia, cuidado de los niños, salud de los niños, antecedentes del cuidador, medios de subsistencia, cambios económicos, estatus socioeconómico, bienestar psicosocial, capital social, antropometría y antecedentes de los padres. El cuestionario de Perú también incluye una sección sobre seguimiento.
En esta investigación, para precisar el año, el número de ronda y la edad de los niños que conformaron la muestra se establecieron los siguientes rótulos: 2002-R1 (6-18 meses); 2006-R2 (5 años); 2009-R3 (8 años), 2013-R4 (12 años) y 2016-R5 (15 años).
Procedimiento
A continuación, se describe el proceso de recolección de datos por las variables consideradas en el presente estudio. Para ello se consignan los instrumentos y en qué rondas del estudio fueron administrados.
Juego en el hogar
Los datos para esta categoría provienen del cuestionario del hogar (Niños del Milenio, s. f.), que corresponde a la sección «Salud y desarrollo del niño», dentro de la cual se incluye una matriz de datos que permite el registro ID (código de identificación padre y madre), actividades de juego y frecuencia de juego del niño con la madre y el padre, considerando el número de días al mes.
La información se recolectó mediante un formato abierto que permitió registros múltiples de las actividades de juego entre padres e hijos. Posteriormente, se clasificó de forma manual, para establecer las siguientes tipologías de juego: físico o motor, social, simbólico y natural. En la tabla 1 se presentan las categorías de juego agrupadas según las respuestas.
Desarrollo cognitivo
Corresponde a los resultados de los puntajes obtenidos en la prueba de vocabulario de imágenes Peabody Picture Vocabulary (en adelante, PPVT), versión hispana aplicada en el estudio a los 5, 8, 12 y 15 años, los resultados de la prueba CDA Quantitative para niños de preescolar aplicada a los 5 años sobre nociones espaciales, cantidad y nociones temporales y una prueba de matemáticas a los 8, 12 y 15 años (Niños del Milenio, s. f.). Para fines de la estimación, los puntajes en cada una de las pruebas se normalizaron con media igual a cero y varianza igual a uno.
Desarrollo socioemocional
Este aspecto se abordó mediante los puntajes obtenidos en escalas de competencias socioemocionales que miden orgullo, agencia, autoestima generalizada y autoeficacia generalizada. Los índices de agencia y orgullo fueron validados por el estudio Niños del Milenio (s. f.) a partir de escalas existentes, ajustadas para ser administradas a niños, caracterizadas por preguntas sobre su vida diaria en el hogar y en la escuela. Por su parte, las pruebas de autoestima y autoeficacia generalizada han sido validadas en la literatura psicológica. Los instrumentos presentan un formato con escala de respuestas Likert. El cálculo de las escalas se considera de la siguiente manera: 1) los enunciados negativos se ponen en orden inverso; 2) todos los enunciados se estandarizan, con media y varianza igual a cero y uno; y 3) se calcula el promedio para cada individuo.
Análisis de datos
Para medir las relaciones de interés, se empleó un enfoque de regresión lineal multivariada. Los resultados de los distintos modelos lineales multivariados se controlan por características del niño (edad R1, género), características del hogar (área de residencia, tamaño del hogar, índice de riqueza), características del cuidador principal (madre es la cuidadora principal, madre es mayor de 19 años y educación de la madre) y características de la comunidad (clúster de residencia). Así mismo, el modelo incorpora efectos fijos de comunidad y los errores estándar se agrupan en clúster de comunidad (tabla 2). La tasa de pérdida muestral entre el 2002 y el 2016 corresponde al 8.1%, siendo baja en comparación con estudios longitudinales comparables en países en desarrollo (Sánchez & Escobal, 2020).
Resultados
Los resultados de las habilidades cognitivas se dividen en dos tablas: una que relaciona los tipos de juego en los que intervienen ambos padres (tabla 3) y otra que asocia la frecuencia diaria de juego con las figuras de apego (tabla 4). Los resultados derivados de las competencias socioemocionales se presentan en función del tipo de juego con ambos padres (tabla 5), así como de la frecuencia diaria de juego con las figuras de apego (tabla 6).
Tabla 3 Regresiones lineales multivariadas por tipo de juego en el que intervienen padre y madre. Resultados cognitivos

Nota. ***, ** y * denotan significancia estadística (s. e.) al 1%, al 5% y al 10%, respectivamente. La dimensión de juego es un índice construido y estandarizado con base en el total de juegos realizados (juegos naturales, psicomotores, simbólicos y sociales).
La evidencia indica que existe una relación positiva entre el juego psicomotor y los resultados en nociones numéricas a los 5 años (7.3% de una desviación estándar). En cuanto al juego social, se observan asociaciones significativas en la prueba de vocabulario a los 12 y 15 años (6.8% y 5.2% de una desviación estándar) y en la prueba de matemáticas a los 12 años (5.5% de una desviación estándar). A escala global, atendiendo a la dimensión que incluye todos los juegos, se destaca que existe una relación significativa en las pruebas de vocabulario a los 12 y 15 años (4.8% y 1.9% de una desviación estándar) y para la prueba matemáticas a los 12 años (7.1% de una desviación estándar). No se observa ninguna asociación significativa entre el juego natural y el juego simbólico con las competencias cognitivas (vocabulario y matemáticas).
Tabla 4 Regresiones lineales multivariadas por frecuencia de juego en el que intervienen padre y madre. Resultados cognitivos

Nota. ***, ** y * denotan significancia estadística (s. e.) al 1%, al 5% y al 10%, respectivamente.
Se obtuvieron resultados importantes con respecto a la frecuencia de juego con la madre, con el padre y con ambos padres. Se observa una relación significativa entre la frecuencia diaria de juego con la madre y los resultados en la prueba de vocabulario a los 5 y 12 años (9.3% y 10.7% de una desviación estándar); con el padre en los resultados de vocabulario a los 8 y 15 años (10.3% y 11.2% de una desviación estándar), así como en los resultados de matemáticas a los 8 años (8.6% de una desviación estándar), y con ambos padres los resultados son significativos en la prueba de vocabulario a los 8, 12 y 15 años (8.4%, 9.3% y 13.2% de una desviación estándar) y en los resultados de la prueba de matemáticas a los 8 años (8.9% de una desviación estándar).
Tabla 5 Regresiones lineales multivariadas por tipo de juego en el que intervienen padre y madre. Resultados socioemocionales

Nota. ***, ** y * denotan significancia estadística (s. e.) al 1%, al 5% y al 10%, respectivamente. La dimensión de juego es un índice construido y estandarizado con base en el total de juegos realizados (juegos naturales, psicomotores, simbólicos y sociales).
Así mismo, se evidencia una asociación positiva entre el juego natural con el índice de agencia a los 12 años (2.9% de una desviación estándar). Por otro lado, el juego simbólico se relaciona significativamente con el índice de agencia a los 8 años (2.7% de una desviación estándar), con orgullo a los 15 años (3.5% de una desviación estándar) y con l autoestima generalizada a los 15 años (2.7% de una desviación estándar). En cuanto al juego social, se observa una relación negativa significativa en el índice de orgullo a los 12 años (4.2% de una desviación estándar).
Tabla 6 Regresiones lineales multivariadas por frecuencia de juego en el que intervienen padre y madre. Resultados socioemocionales

Nota. ***, ** y * denotan significancia estadística (s. e.) al 1%, al 5% y al 10%, respectivamente.
Se hallaron resultados de relación significativa entre el juego diario con el padre y la autoestima a los 15 años (10.2% de una desviación estándar) y una relación negativa significativa entre el juego intermitente con el padre y el índice de agencia a los 15 años (8.6% de una desviación estándar). En la frecuencia de juego con la madre no se encontraron relaciones de significancia para competencias socioemocionales. Finalmente, en el juego con ambos padres, se identificó una relación significativa para la autoestima cuando el juego es intermitente a los 12 años (6.5% de una desviación estándar), así como una relación significativa con la autoestima a los 15 años cuando la frecuencia de juego es diaria (9.5% de una desviación estándar). Por otro lado, se encuentra una relación negativa significativa en la agencia a los 8 años (7.8% de una desviación estándar).
Discusión
En respuesta a la pregunta sobre cuál es la relación entre el juego que realizan los padres con sus hijos, durante el periodo de 6 a 18 meses, y el desarrollo cognitivo y socioemocional en etapas posteriores, los resultados de este estudio dan cuenta de El estudio utiliza información de Niños del Milenio (s. f.) para medir la relación entre el juego -en el que se distingue el tipo y la frecuencia- en la infancia temprana con el desarrollo cognitivo (vocabulario y matemáticas) y socioemocional (orgullo, agencia, autoestima y autoeficacia) hasta la adolescencia.
Por lo anterior, el análisis de la relación entre el juego con los padres y el desarrollo cognitivo y socioemocional se considera importante, entre otros aspectos, porque se empleó una metodología longitudinal en un contexto donde la evidencia en campo no da cuenta del objeto de interés del presente estudio.
Los resultados de este estudio son coherentes y similares con los hallazgos en la temática que sugieren que el niño fortalece su desarrollo cognitivo mediante la actividad lúdica. En especial, en la relación entre el juego y el desarrollo de habilidades comunicativas y matemáticas (Orr, 2021; Schmitt et al., 2018). Se obtiene, por tanto, una relación positiva entre el tipo de juego psicomotor y las nociones numéricas a los 5 años; sin embargo, no existe una asociación significativa entre el juego natural y el juego simbólico con las competencias cognitivas.
La participación de los padres en el juego se considera fundamental. Esto se evidencia en los resultados, pues hay una clara diferencia entre los niños que juegan solo con la madre, solo con el padre o con ambos. En este sentido, se manifiestan resultados negativos significativos en las pruebas de vocabulario y matemáticas en las diferentes edades cuando el niño juega con uno solo de sus padres. Ello podría asociarse a que el bienestar de los niños pequeños se encontraba sujeto principalmente a la tenencia de ambos padres, ser bien atendido por ellos y tener buenas y fuertes relaciones familiares.
En cuanto a los resultados socioemocionales, se observan diferencias según el tipo de juego. Estos hallazgos se respaldan con la importancia que se atribuye a la clasificación del juego a temprana edad en el desarrollo de aspectos de crecimiento físico, intelectual y socioemocional (Martens & Molitor, 2020; Whitebread et al., 2012). En este estudio se encontró que existe una asociación positiva entre el juego natural y el índice de agencia a los 12 años, dado que las experiencias con la naturaleza y la intervención de los adultos son significativas en el desarrollo de los niños, lo que fortalece sus dimensiones física, mental y social (Lester & Maudsley, 2007; Martens & Molitor, 2020; Prins et al., 2023). También se halló una asociación positiva entre el juego simbólico y el índice de agencia a los 8 años, así como entre el orgullo y la autoestima a los 15 años, pues la interacción que tiene el niño que participa con su madre en un entorno social promueve opciones de juego simbólico apropiadamente maduro para un desarrollo saludable integral (Noll & Harding, 2003). En lo que respecta al juego social, se identifica una relación negativa significativa en el índice de orgullo a los 12 años; sin embargo, las experiencias de juego infantil que se generen también pueden permitir que los niños aprendan habilidades sociales cruciales como la simpatía y la empatía. No se observa ninguna asociación entre el juego psicomotor y las competencias socioemocionales. Por otra parte, los resultados en la dimensión de juego no presentan magnitudes estadísticamente significativas.
Los hallazgos del estudio con respecto a la frecuencia de juego señalan que existe una relación significativa entre el juego diario y la autoestima, así como una relación negativa significativa entre el juego intermitente y el índice de agencia a los 15 años, en ambos casos con el padre. En la frecuencia de juego con la madre no se identificaron relaciones de significancia para competencias socioemocionales. Al respecto, John et al. (2013), Lin et al. (2018) y Waldman-Levi (2021) observaron patrones de comportamiento cualitativamente diferentes entre el juego con la madre y el juego con el padre, pero con resultados en los infantes que coinciden con nuestros hallazgos.
Finalmente, en el juego con ambos padres encontramos una relación significativa para la autoestima cuando el juego es intermitente a los 12 años; una relación significativa con la autoestima a los 15 años cuando el juego es diario, así como una relación negativa en agencia a los 8 años cuando la frecuencia de juego es diaria. Estos resultados coinciden con lo planteado por Nandy et al. (2020), quienes afirman que el juego en la coparentalidad o la crianza compartida promueve mayores beneficios para el desarrollo socioemocional, por lo que destacan el contexto triádico (padre-madre-hijo) como un entorno único y complejo que modifica las estrategias empleadas por las madres y los padres durante el juego. En este sentido, Amodia-Bidakowska et al. (2020), Gregory et al. (2019) y Nandy et al. (2020) afirman que ambos padres pueden contribuir de manera única y positiva al desarrollo infantil.
Cabe resaltar que en los resultados de este estudio se encontró una relación entre factores sociodemográficos (como el nivel educativo de los padres y el nivel socioeconómico de la familia) frente al desarrollo cognitivo y socioemocional. Lo anterior sustenta la postura de que el factor socioeconómico y el alto nivel de educación de los padres fortalecen la interacción hacia los hijos, aumentando la sensibilidad, la consideración positiva y la estimulación cognitiva. Por otro lado, permite la creación de ambientes más estimulantes que mejoran la capacidad de respuesta del infante (Bornstein et al., 2007; Cosse, 2016). Los hallazgos de este estudio coinciden con lo propuesto por Brazelton y Greenspan (2005), pues el juego es imprescindible desde la edad temprana, más aún si es acompañado por el entorno familiar o sus pares y se desarrolla con una frecuencia diaria.
Por otra parte, la principal y única dificultad que surgió para la realización de este trabajo es la limitada bibliografía en torno al tema de investigación. Aunque la interacción entre padres e hijos a través del juego es un fenómeno que se ha documentado ampliamente, todavía quedan diversos aspectos por analizar: el tipo de juego y su impacto en áreas específicas del desarrollo, los materiales utilizados, las habilidades parentales necesarias para llevar a cabo estas actividades, la frecuencia con la que se deben realizar estas actividades, entre otros. Por tanto, se requiere continuar con la realización de otros estudios a partir del trabajo presentado, pues este podría aportar referentes importantes en el campo del desarrollo psicológico y facilitar, en cierto modo, elementos para diseñar estrategias de intervención que promuevan un óptimo desarrollo en los niños.
















