Introducción
La importancia de la lectura en la primera infancia es un tema ampliamente difundido en la actualidad. Diferentes estudios científicos atestiguan los beneficios de leer con frecuencia a las y los niños pequeños y afirman cómo la lectura, impulsada desde el nacimiento, se convierte en un potente y necesario «alimento que nutre» a los bebés y a los niños y niñas1 antes de que adquieran la autonomía lectora (Carrasco, 2023; López, 2021; Reyes, 2023).
Sin embargo, son menos numerosos los estudios que evidencian la importancia de leer a los bebés y la relevancia de la mediación de lectura en espacios públicos no formales, lo que justifica nuestro interés por comprender el fenómeno y aportar datos a la discusión. Carrasco (2018, 2023) sostiene que, a pesar del crecimiento del movimiento conocido en Europa como educación temprana en literacidad en las últimas décadas, las iniciativas en América Latina aún son tímidas en términos de inversión y difusión de la importancia de la lectura dirigida a bebés y niños pequeños (0 a 3 años). En este sentido, se resalta la necesidad de políticas públicas y un compromiso sociopolítico en los países latinoamericanos para garantizar el acceso y la disponibilidad de espacios y programas que posibiliten eventos de literacidad relacionados con la lectura diaria desde los bebés.
Este estudio investiga la relevancia de la mediación de lectura en una bebeteca universitaria pública en una ciudad de México (Puebla), con el objetivo de comprender el papel de los mediadores en la formación temprana de lectores y analizar el impacto de las bebetecas en dicha formación. Pretendemos analizar acciones relacionadas a la lectura con bebés y niños pequeños, destacando la experiencia con mediadores de lectura que ejercen su labor en este espacio. Comprender las experiencias en bebetecas tiene algunas importantes funciones. Para este trabajo, destacaremos dos de ellas: 1) la necesidad de compartir experiencias exitosas con lecturas para bebés y niños en América Latina; 2) llamar la atención al significativo papel de los mediadores de lectura.
Las cuestiones que nos guiaron en la construcción de los procedimientos científicos adoptados fueron: ¿cómo las mediaciones de lectura en espacios colectivos públicos, no formales, favorecen el desarrollo de los bebés y niños?, y ¿de qué forma espacios y acervos destinados a la lectura en la primera infancia como las bebetecas,2 acercan niños y adultos a la lectura? Esperamos elucidar estas cuestiones a lo largo del trabajo.
La importancia de leer para los bebés radica en la necesidad de una mediación atenta por parte de adultos, así como en la disponibilidad de espacios específicos y acervos de calidad. Sin embargo, se plantea un desafío para el área que consiste en cómo contribuir a la formación de mediadores y lectores autónomos desde la infancia, en entornos que pueden fortalecer las mediaciones que, inicialmente, tienen lugar en el seno familiar y en las escuelas de educación infantil. Este proceso se presenta como una labor compleja que requiere esfuerzos conjuntos para promover una cultura lectora desde las etapas más tempranas. Diferentes estudios respaldan la idea de que los bebés y niños pequeños tienen mucho interés en relatos e historias (Carrasco, 2023; López, 2022). En este contexto, se destaca la importancia de garantizar que los libros, como objetos culturales, sean accesibles para ellos, así como la presencia de adultos disponibles para guiarlos en esta enriquecedora aventura.
La lectura en la primera infancia no se entiende aquí como anticipación de la alfabetización o acciones preparatorias vinculadas al acto de alfabetizar stricto sensu, aunque colabora en el complejo proceso de alfabetización (Selpúveda & Teberosky, 2021). Postulamos la importancia de la lectura como un continuo que aporta una serie de beneficios al desarrollo lingüístico oral y escrito de los niños, favorece su inmersión en la cultura escrita, estrecha vínculos entre adulto-niño(a), potencia el mundo simbólico, la imaginación y la creatividad, amplía el vocabulario, auxilia en la organización del pensamiento, entre otros puntos. Trasladando estos efectos, también existen estudios que apuntan a que el acto de leer a un niño retroalimenta la intersubjetividad del adulto que ejerce el papel de lector (Bonnafé, 2008). Es decir, leer a un niño también provoca nuevos conocimientos en el adulto.
Los responsables de cuidar y educar a los bebés son los principales actores en introducirlos en prácticas letradas. Según Sepúlveda y Teberosky (2021), los contextos letrados, como un conjunto de acciones que incluyen la lectura en voz alta y soportes textuales, posibilitan interacciones entre el lector y las lecturas, teniendo una relación directa con el desarrollo lingüístico. La lectura en familia y en otros espacios de circulación de lo escrito, como un artefacto cultural (por ejemplo, en las escuelas o en las bibliotecas) se vuelve fundamental para la inmersión de experiencias con el lenguaje.
Sin embargo, los adultos que leen a los bebés y niños pequeños, ya sea en casa o en otros espacios, necesitan impactarlos por la experiencia de lectura (Ribeiro-Velázquez & Carrasco, 2023) y brindarles oportunidades de lectura diarias (Munita, 2024). En un estudio llevado a cabo en Ecuador con 22 familias y niños entre 0 y 5 años sobre los hábitos de lectura, Briones-Quiroz y Gómez-Mieles (2022) encontraron que solo un padre leía con frecuencia a su hijo y que el 46% participaba en prácticas de lectura en casa una única vez a la semana. En cambio, en el ambiente escolar, casi el 70% de los niños y niñas afirmaron que les encantan las posibilidades de manosear cuentos, apreciar ilustraciones y que les lean historias. Se concluyó que es necesario convocar a las familias a contribuir en prácticas de lectura de forma activa en sus hogares, puesto que el «cuánto» y el «cómo» se lee a los niños tienen un impacto significativo en su desarrollo.
Además de la lectura en la escuela, las lecturas en voz alta pueden ocurrir en un espacio específico destinado a este fin. Estudios destacan la importancia de ambientes configurados especialmente para la lectura con bebés y niños pequeños (Mota & Ichiama, 2023). En este sentido, las bebetecas, definidas como espacios para la promoción de lecturas con/para niños de cero a seis años, se convierten en encuentros entre individuos y libros, pero también entre niños y adultos, mediadores de lectura y familias, en un universo cultural de vidas e historias.
Desde hace décadas, la teoría sociocultural de Vygotsky sostiene que el conocimiento surge en situaciones mediadas por relaciones socioculturales y lenguaje (Dongo-Montoya, 2021). Para ese teórico, el aprendizaje se origina en experiencias compartidas en la colectividad. En este camino, las interacciones son esenciales, siendo responsables de la organización del pensamiento y del desarrollo cognitivo.
En el ámbito específico de la lectura y la escritura, no es diferente. Estamos de acuerdo con Luna et al. (2022) quienes sitúan la literacidad como prácticas sociales mediadas que ocurren entre individuos y libros: «Entendemos por literacidad aquellas prácticas sociales de lenguaje que permiten a una persona responder y procesar la información en determinado contexto, a través de la lectura, y convertirla en conocimiento el cual puede ser manifestado oralmente o mediante la escritura» (p. 2). Los estudiosos destacan la importancia de los eventos de literacidad en la vida de los individuos y cómo estas experiencias impactan en la cultura a la que pertenecen, transcendiendo a los muros escolares. Aquí tomamos el concepto de experiencia defendido por Larrosa (2021), cuando afirma que el sujeto de la experiencia es aquel tocado por ella, que no está cerrado a lo nuevo, que no pasa incólume por los eventos de la vida y que experimenta sentimientos diversos. Para el autor, la experiencia nos atraviesa, nos conmueve y nos (re)construye. En el caso de los niños pequeños, en plena construcción de su identidad, estas experiencias tienen un impacto importante en su formación.
En diálogo con estos autores, reafirmamos la importancia de los intercambios socio-culturales y la inmersión en diversas experiencias con prácticas letradas. En este trabajo, destacamos el papel de las y los mediadores de lectura, quienes pueden ser cualquier adulto que ejerza el acto de leer en voz alta, fomentando el gusto por los libros en los niños y acercándolos, principalmente, al universo literario a través de la mediación y el contacto directo con los libros. En este viaje al mundo de la lectura, Ribeiro-Velázquez y Selpúveda (2023), también señalan la importancia de las interacciones sociales y la participación en eventos con prácticas letradas, y nos ayudan a entender que no siempre los adultos que educan a los niños van a propiciar estos encuentros con los libros de forma activa. La participación en contextos sociales incide en las distintas maneras de convertirse en un individuo letrado.
La lectura y la escritura, a pesar de tener componentes individuales, son prácticas que se construyen en contextos sociales que convocan a experiencias participativas. El trabajo en equipo en diversos ámbitos entre la familia, las escuelas y los espacios no formales de promoción de la cultura se vuelve crucial en las experiencias de lectura y escritura de los niños y, por tanto, en su desarrollo socioemocional, lingüístico y cognitivo.
En este sentido, el diseño de la investigación permite abordar los interrogantes planteados a través de entrevistas y observaciones no participativas en una bebeteca, especialmente durante los momentos de mediación lectora con los bebés y las acciones relacionadas con las intervenciones de las mediadoras. La y el mediador de lectura son interlocutores importantes para los niños: leerles en voz alta, escuchar sus impresiones, posibilitar debates, animarlos a hablar sobre lo leído, hacer hipótesis, inferir, construir otras narrativas a partir de la lectura, escucharlos y «leer» su lenguaje corporal son acciones valiosas que generan aprendizajes.
A pesar de todos los avances en políticas de fomento a la lectura en las últimas décadas, América Latina3 sigue presentando niveles muy bajos de aprendizaje. En el continente más desigual del mundo, los libros aún son para pocos, y muchas veces no se consideran las diversidades culturales y socioeconómicas en los procesos de apropiación de la lectura y escritura.
En sus estudios, Munita (2023, 2024) destaca el carácter polisémico e interdisciplinario de la palabra «mediación», pero al referirse a la mediación lectora en la infancia y juventud, especialmente de textos poéticos, resalta que la dimensión relacional y los sentimientos involucrados en el acto de leer a alguien carece de sentido si no están implicados sentimientos y acciones de diálogo, sensibilidad y afecto. La bebeteca puede ser un espacio seguro, cultural, hospitalario y acogedor, atendido por mediadores que promueven prácticas sensibles de lectura cotidiana, entrelazadas con el juego, el arte, la ciencia y las historias de vida de los individuos. De igual manera, «se debe aceptar que el acto de lectura es un acto de incertidumbre» (Munita, 2023, p. 6), y quizá ahí reside su belleza al proporcionar a los pequeños lectores curiosidades, expectativas, sueños y encuentros consigo mismos y con el mundo.
Método
Esta investigación se configura como un estudio cualitativo de carácter exploratorio; más específicamente, un estudio de caso. Además de las técnicas de observación no participante, el trabajo colaborativo de las dos autoras de este trabajo permitió lograr dos niveles de participación a partir del conocimiento de la realidad. Una de ellas, Silvanne Ribeiro Velázquez, es especialista en educación en la primera infancia y desarrollo del lenguaje, actuando en su estancia posdoctoral en el locus observado. Mantuvo diálogos con Edith Sebastiana Corona Sánchez, profesional que dirige la Bebeteca desde su fundación; ella es mediadora de lectura y una de las creadoras del proyecto. Esta particularidad del trabajo ha permitido un intercambio colaborativo de experiencias.
Para este artículo destacamos la labor de la mediación de lectura llevada a cabo por agentes educativos involucrados en contextos de prácticas lectoras, centrándonos en la formación, la actuación y las acciones emprendidas en la Bebeteca que contribuyen a la humanización del mediador y a la formación lectora de los bebés, niños y sus familias.
Se inscribe en la línea de la cuasietnografía, dado que, debido a limitaciones económicas (el estudio no ha recibido financiamiento) y el factor cronológico, no fue posible realizar estancias prolongadas en los espacios seleccionados, lo que excluye la etnografía clásica que requiere una amplia inmersión en el campo. Según Silva y Burgos (2011), en este tipo de metodología es posible garantizar condiciones mínimas y efectivas, así como rigor ético para observar determinado fenómeno in situ. Los autores afirman que el tiempo disponible en la investigación cuasietnográfica no es un factor decisivo ni determina si debe ser largo: «En ocasiones, la observación no se hace en un único espacio, sino que los lugares de observación son múltiples y la frecuencia de visitas a estos sitios son limitadas y discontinuas» (p. 94). Estos principios también se aplican a esta investigación, dado que el diseño metodológico abarca diferentes momentos dentro de la Bebeteca y actores/actrices observados (mediadores, bebés y niños).
Además, nuestro estudio se centra en la observación de pequeños grupos culturales durante sesiones de lectura específicas dirigidas a este público. Este tipo de investigación ofrece oportunidades particulares en término de tiempo y situaciones seleccionadas, brindando a la investigadora autonomía para elegir entre diferentes enfoques.
Recolección de datos, procedimientos éticos y tratamiento de los datos
Como primer paso, se redactó un documento formal para presentar la investigación y solicitar permiso al director general de la Bebeteca, con el objetivo de iniciar las sesiones de investigación. Una vez obtenida la autorización correspondiente, se llevaron a cabo entrevistas específicas con la mediadora experimentada, previa obtención de su consentimiento por escrito. Estas entrevistas fueron grabadas en audio durante un período de 15 días, con una duración de dos horas por sesión. Se utilizaron guías estructuradas y, posteriormente, se realizaron transcripciones para el análisis de los resultados. Además de dicha entrevista y la observación no participante, y considerando las especificidades de una investigación cualitativa, se emplearon otros instrumentos como el diario de la investigadora, notas de campo y fotografías del espacio y del acervo sin la presencia de personas, preservando así la ética en los estudios con seres humanos. Se siguieron estrictamente todos los principios éticos, y cabe destacar que el estudio fue previamente aprobado por un comité de ética establecido por una universidad pública en México. Todas las personas que estuvieron presentes en las sesiones específicas observadas de mediación fueron presentadas a la investigadora principal y otorgaron su consentimiento, aceptando su presencia en el espacio. Las participantes ejercieron la mediación como parte de las actividades de su grado universitario, pertenecen al género femenino y tenían entre 20 y 28 años en la ocasión del estudio.
El tratamiento de los datos consideró la información recopilada en los diversos instrumentos mencionados anteriormente. A partir de esto, se desarrollaron categorías de análisis basadas en la información observada y recopilada, así como en el análisis de la documentación que rige los principios de la biblioteca y la universidad en cuestión. Estas categorías se construyeron en función de los hechos observados y sirvieron como soportes importantes para organizar los datos. Posteriormente, se llevaron a cabo diferentes triangulaciones con las técnicas utilizadas, con el fin de responder a la pregunta de investigación y comprender el fenómeno estudiado.
Desde nuestro punto de vista, además del factor temporal, existen otros aspectos fundamentales que deben ser considerados en este tipo de estudio. Por ejemplo, la sensibilidad investigativa y los conocimientos previos de la investigadora sobre el fenómeno en cuestión. Estos conocimientos ayudan en la definición de los criterios observados, en la conducción de las entrevistas y en la toma de decisiones que finalmente conducen a conclusiones significativas. Esos elementos fueron tenidos en cuenta durante la intervención en el campo.
Durante el trabajo de campo se incorporaron aspectos que se alinean con los principios mencionados anteriormente, abarcando la cultura como una vía necesaria a la comprensión del fenómeno estudiado y con la intención de acercarse a las experiencias infantiles en contextos socioculturales. Específicamente en el caso de los bebés y niños pequeños, la observación en entornos de uso y práctica del lenguaje se convierte en valiosas oportunidades para comprender sus percepciones (Delalande, 2011).
Como técnica investigativa, y a partir de la problemática que orientó la investigación, se diseñaron enfoques de trabajo que nos ayudaron a comprender el fenómeno y a analizar los datos, los cuales pueden resumirse en: 1) observación sistematizada de sesiones de mediación de lectura específicamente con bebés y niños pequeños; 2) observación, registros escritos y fotográficos del entorno material y físico, como el acervo de libros y el mobiliario; y 3) entrevistas semiestructuradas entre las autoras.
Resultados
La Bebeteca investigada es de carácter público y se encuentra ubicada en un centro universitario de una importante universidad en México. El financiamiento proviene del Gobierno Federal y es gestionado por el director general de bibliotecas de la universidad.
Inició sus actividades en 2012 y está instalada en la planta baja de la Biblioteca Central Universitaria, con el propósito de promover prácticas cotidianas de lectura con bebés, niños y sus familias. El servicio que ofrece está abierto al público en general. Aunque solo los trabajadores de la universidad pueden tomar libros en préstamo, todas las personas interesadas tienen acceso al espacio y pueden disfrutar de los libros.
El espacio físico es amplio y se compone de un ambiente interno y externo. En el ambiente interno se pueden observar tres subdivisiones: una recepción, una sala pequeña con juguetes en madera y sillas y el salón principal con estanterías y almohadones que invitan a una lectura cómoda. Las estanterías están abiertas y albergan una amplia diversidad de libros. Las actividades de mediación de lecturas son diversas,4 dirigidas tanto al público infantil como a los propios mediadores y familiares. En el ambiente externo, hay un pequeño huerto y árboles que conforman un hermoso jardín, además de un tablero de ajedrez gigante en el suelo.
Siendo un espacio público, se invita tanto a la comunidad interna como a la externa, aunque las personas más cercanas son aquellas que tienen una relación con la universidad: «Hay muchas personas del espacio de cuidado infantil para hijos de trabajadores universitarios, que también se encuentran en la misma ciudad universitaria. También estudiantes de grado que traen a sus sobrinos, hijos, amigos, así como visitas escolares que contribuyen a dar a conocer las actividades de la biblioteca para atraer al público externo» (entrevista, 12/01/2023).
Según el reglamento universitario, los estudiantes están obligados a realizar un servicio comunitario. El reglamento exige completar 480 horas de servicio social en diferentes ámbitos de su elección (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2009, 2015). Una de las opciones de esos servicios es la posibilidad de ejercer el trabajo de mediador de lectura, ofreciéndola a los niños durante seis meses.
Uno de los efectos positivos de esta labor se relaciona con el impacto en la formación académica de los estudiantes que optan por ser mediadores. Carrasco et al. (2017) entrevistaron a nueve estudiantes universitarios que desempeñaron dicho rol en la biblioteca y llegaron a conclusión que «la experiencia de leer para otros impacta las formas de leer para propósitos escolares en la universidad» (p. 325). En general, los estudiantes expresaban que muchas veces no comprendían los propósitos de la lectura en sus propios textos universitarios o solamente leían este tipo de texto. A través del trabajo como mediadores, hubo un impacto en su forma de sentir y utilizar los libros, ampliando sus intereses con la cultura escrita.
Dentro del campo de los estudios de la didáctica de la literatura, existe un amplio consenso de que el mediador de lectura no es exclusivamente el o la maestra que está en el aula (Colomer, 2002). También se refiere al profesional que cumple este rol en entornos no formales, como bibliotecarios u otros individuos que participan en actividades socioculturales como parques, ferias, plazas, entre otros. Este profesional desempeña un papel fundamental en la formación de lectores, especialmente en la primera infancia, cuando los niños aún no han desarrollado su autonomía lectora y se encuentran en proceso de apropiación lingüística (Fritsch, 2025).
A partir de este punto, y utilizando todos los instrumentos empleados en este estudio, abordaremos a la problemática de la investigación mediante un análisis categorial, dividiéndola en tres ejes de organización. A nuestro parecer, estos ejes o categorías no están aislados, sino que funcionan como una amalgama de aspectos que contribuyen a comprender la información recolectada: 1) formación y actuación de las mediadoras de lectura; 2) espacios y entornos que favorecen la mediación; y 3) composición del acervo de lectura.
Formación y actuación de las mediadoras de lectura
«La poesía es la infancia de la lengua.»
-Manoel de Barros (traducido por Doguim, 2010)
Dentro de la Bebeteca, las personas que fomentan las prácticas de lectura son:
Mediador administrativo: el director general de bibliotecas de la universidad desempeña un rol crucial al tomar y gestionar los aspectos administrativos y financieros para establecer el proyecto en la biblioteca universitaria. Reconoce la importancia de la Bebeteca y contribuye a su implementación.
Mediadora de lectura experimentada: es la responsable de la Bebeteca. Su experiencia y conocimiento en mediación de lectura la convierten en un elemento fundamental para el éxito del proyecto.
Mediadores de lectura aprendices: estudiantes de diversas licenciaturas que participan en el programa de servicio social «Coadyuvar socialmente con la lectura desde la primera infancia». Estos estudiantes deben completar 480 horas de servicio, durante las cuales comparten lecturas en la biblioteca. El número de participantes varía, generalmente entre 6 y 20 personas por semestre.
Las madres, padres u otros cuidadores de bebés y niños que asisten a la biblioteca también ejercen como mediadores de lectura. Estos familiares primero participan en las sesiones de lectura, observan a las mediadoras y a los niños mientras leen, exploran la Bebeteca y gradualmente se convierten en mediadores de lectura de sus hijos.
La concepción de las mediadoras5 se fundamenta en su intención de facilitar encuentros mediados por los libros. Son individuos con disposición y sensibilidad para escuchar respetuosamente las ideas que surgen durante las lecturas compartidas. Como afirma Colomer (2002): «En el caso de la lectura, los adultos nos encargamos de "hacer las presentaciones" entre los niños y niñas y la literatura y los libros» (p. 9). Muchas de estas mediadoras tienen una sensibilidad especial que, parafraseando al poeta Barros (2022), les permite volar y a hacer volar la poesía y otros géneros «fuera del ala».
En la Bebeteca se prioriza la convocatoria a la lectura desde la primera infancia. Se ha establecido un programa continuo de actividades, con un enfoque especial en la «lectura con bebés»:
Aunque se convoca a bebés de 0 a 3 años, es común que niños que crecieron rodeados de lecturas y todavía disfrutan de participar en actividades dirigidas a bebés, se unan. Algunos de ellos, incluso leen con naturalidad para los lectores más jóvenes, porque han asumido que es una actividad importante y que cualquiera que quiera y que sepa leer, lo puede hacer (entrevista, 16/01/2023).
Estos procedimientos fueron desarrollados a lo largo de los años que crecieron siendo acompañados en este espacio, el cual les invita a leer desde muy pequeños.
El área destinada a las lecturas con bebés se encuentra en el centro de la Bebeteca, equipada con colchonetas y almohadones, lo que permite a los bebés caminar descalzos, gatear y explorar los libros mientras los adultos les leen (observación, 11/01/ 2023). La mediación se ha revelado como un componente esencial para despertar el interés de los niños y acercarlos a la lectura.
En una sesión típica con bebés, que se lleva a cabo de lunes a viernes a las cuatro de la tarde y dura una hora, se aprecia desde el diseño del espacio una invitación lúdica a la lectura. A los bebés se les ofrecen libros de diferentes materiales, como cartón o plástico, que pueden explorar. Aunque también se leen libros de papel más frágil, pero con textos interesantes, siempre con precaución para evitar que se lastimen con el filo de las hojas: «Los libros se convierten en buenos "juguetes", objetos culturales explorados con curiosidad por los bebés» (entrevista, 16/01/2023). Los estudios de López (2021) corroboran estas ideas:
Todos los niños leen desde el mismo momento en que llegan al mundo, lecturas «emancipatorias» podríamos decir, inmersión en la lengua materna que permite comenzar a otorgar sentidos a los estímulos infinitos que lo rodean y lo acunan en los hechos de la cultura y de la vida biológica. (p. 9)
Sobre la mediación lectora, se constató el principio de que «cualquiera que quiera puede ser un mediador de lectura, pero no es suficiente saber leer; es necesario respetar a los niños y estar imbuido por la experiencia de la lectura» (entrevista, 17/01/2023). En cuanto a la formación de las mediadoras, «se transmite la idea de que pueden asumir el papel de mediadoras porque desean hacerlo: el principal requisito es que tengan disposición. Desde que llegan a la universidad deben mostrar entusiasmo» (entrevista, 17/01/2023).
Otro principio que se destaca en este proceso formativo es la importancia de brindar a los estudiantes universitarios oportunidades para experimentar vivencias lectoras. De esta manera, se llevan a cabo los llamados «círculos de lectura», en los cuales se invita a las mediadoras a bordar mientras una voz narra algún libro a las estudiantes (observación, 18/01/2023).
Aunque la habilidad para bordar no es un requisito, esta actividad fomenta la concentración y permite a las nuevas mediadoras explorar la tela y el hilo como herramientas de expresión artística. A medida que los estudiantes trabajan en sus bordados, establecen vínculos entre sí y con los textos, creando una red de conexiones que trasciende la mera lectura: «Esta actividad propicia concentración y su mente se sumerge en la narrativa, en una voz que les cuentan una historia» (entrevista, 17/01/2023). En esta dinámica simbólica pueden participar familiares y cualquier persona que desee involucrarse en esta mediación.
Se ha observado que algunas mediadoras testimonian que es en la Bebeteca donde comienzan a experimentar el placer de la lectura. Llegan con las demandas académicas de sus vidas y una lectura centrada en los textos universitarios, lo que limita su tiempo para la lectura literaria. Sin embargo, la primera actividad de la tarde en la Bebeteca antes del mayor horario de afluencia de las familias se dedica a esta actividad formativa que está teniendo un impacto en las experiencias lectoras de las propias mediadoras. Un ejemplo es la actividad de los bordados, en la cual la etapa final implica la creación de un tendedero de bordados en el que problematizan el papel de la mujer en la sociedad actual. La inspiración para los círculos de lectura y bordado proviene de mujeres en Texocuixpan, Ixtacamaxtitlán, Puebla. En aquel lugar, las mujeres se reunían cada tarde en el kiosco del pueblo para bordar y conversar.
Durante las sesiones de bordados, las mediadoras estrechan lazos y forman una red de afectos no solo con los textos que leen y crean, sino también entre ellas y su cultura. Lo que podría parecer una actividad inusual en una biblioteca es, en realidad, un ejemplo de lo que Barton y Hamilton (2004) argumentan sobre la literacidad que transciende los muros escolares. Esta subraya la importancia de los espacios donde los adultos puedan desarrollarse en sus propias prácticas sociales y de lectura.
Otra acción formativa para los estudiantes que participan como mediadores implica una inducción que incluye fotografías, teorías sobre la lectura y narrativas sobre historias de la Bebeteca. «Basándose en estas experiencias, las mediadoras están "preparadas" para asumir sus roles al prestar sus voces, miradas, gestos, cuerpo y esencias al arte de la lectura para bebés y niños» (entrevista, 18/01/2023). Los espacios, ambientes y acervo disponible en la Bebeteca continúan motivándolos en su actuación cotidiana con los niños.
Espacios y entornos que favorecen la mediación
«Me acuerdo de un niño repitiendo las tardes en ese jardín.»
-Manoel de Barros (traducido por Doguim, 2010)
Después de explorar y escuchar historias, poesías, canciones, juegos de palabras y otras narrativas, los bebés comienzan a investigar diferentes formatos de libros. Están en pleno desarrollo físico y socioemocional, así que disfrutan moviéndose y satisfaciendo su curiosidad (observación, 14/01/2023). Los encargados de la organización de los espacios y ambientes de la Bebeteca son conscientes de esto, y la concepción de niños como seres de derecho y de lenguaje está presente en cada rincón: en la disposición y diseño de los muebles, en la configuración de espacios, en la organización del material al alcance de todos, en los almohadones qué invitan al bebé y su cuidador(a) a compartir la lectura y en los cajones con libros seleccionados cuidadosamente.
Durante una de las jornadas de observación, se constató, por ejemplo, que un bebé de 18 meses elige con determinación un libro en particular. Aunque todavía no camina con seguridad y cae antes de alcanzar su objetivo, con la mirada atenta de su madre, se levanta por sí mismo y se dirige directamente a su libro favorito. En la estantería, sabe exactamente dónde se encuentra su colección preferida… Su madre lo aplaude y, al mismo tiempo, una mediadora que pasa cerca le dice: «Muy bien, te gusta mucho este libro, ¿verdad?». El bebé sale corriendo con una sonrisa y su libro en la mano, como si estuviera diciendo: «¡Me encanta y sé cómo agarrarlo solo!» (observación, 11/01/2023). Toda la atmósfera creada converge en la acción del bebé.
La disposición de los materiales y de los muebles está pensada para fomentar estos encuentros entre los bebés y los libros. Para lograrlo, se presentan los libros en canastos y se utilizan muebles diseñados de manera delicada para que las portadas de los títulos sean visibles. La organización del material facilita el acceso autónomo y se erige como un pilar basado en la idea de asistir a los bebés en sus intereses; además de permitirnos entender sus elecciones y su mundo simbólico.
Junto con el acceso a los libros, también se encuentran disponibles las voces de quienes hacen posible el entorno de la Bebeteca (observación, 13/01/2023). Montes (1999) comparte la imposibilidad de separar los libros del espacio y los escenarios que habitan en nuestra memoria desde la infancia. Para la autora, esta atmósfera está impregnada de cuerpos, gestos y objetos con significados; voces que nos ayudan a transcender el mundo simbólico que las narrativas literarias nos presentan.
Las palabras que emergen en las entrevistas respaldan el escenario descrito por Montes (1999): «Los bebés son nuestro grupo más importante al que deseamos atraer. Les leemos todos los días. Puede parecer mucho tiempo, pero ellos se mueven, exploran los espacios, salen, regresan, y todo eso forma parte de su experiencia» (entrevista, 12/01/2023). En el caso de los bebés y niños pequeños, los espacios desempeñan un papel particularmente crucial. Estos espacios necesitan establecer conexiones y acogimientos para que se sientan emocionalmente vinculados con los libros y la cultura escrita, lo que les permite explorar sus entornos mientras se sientan seguros.
En su afán por satisfacer la curiosidad de los bebés en explorar la Bebeteca, las mediadoras establecen vínculos afectivos con ellos y sus familiares. Es común ver a los bebés gateando libremente por los espacios disponibles. Sin embargo, en otros momentos, también se nota cómo las mediadoras los toman en brazos y les presentan delicadamente diferentes libros. Al observar las reacciones de las madres y padres, parece que asumen que las mediadoras tomarán un libro para describir un dibujo en una página o nombrar objetos. No obstante, pronto se dan cuenta de que realmente están leyendo los textos y que los bebés reaccionan ante ello, lo que a menudo sorprende a estos familiares (observación, 12/01/2023).
Además de los espacios internos con muebles diseñados de manera adecuada, la Bebeteca cuenta con un espacio exterior que incluye un pequeño jardín. Al concluir la sesión de lectura, los bebés tienen la oportunidad de dirigirse a ese huerto para observar plantas, flores, insectos y el cielo. Disfrutan de un paseo al aire libre y luego regresan al interior para otra lectura, pero ahora con una sensación renovada. Se mueven, balbucean, se comunican de diversas formas y se encuentran con otros bebés y niños de distintas edades. Observan la naturaleza en un ambiente enmarcado por libros, pero también interactúan con otros elementos que enriquecen su infancia (observación, 11 y 12/01/2023).
En conjunto, los espacios creados se convierten en verdaderas invitaciones al acto de la lectura, a contar historias y a comprender los lenguajes de los bebés. Estos también permiten que los individuos se afirmen como sujetos sociohistóricos que se expresan de diversas maneras. La Bebeteca desafía la concepción tradicional de que una biblioteca es solo un lugar destinado a actividades escolares en completo silencio. Gracias a los avances científicos en el campo de la lectura y la escritura en la primera infancia, sabemos ahora que no existen silencios en los encuentros entre los niños pequeños y los libros. Como nos recuerda Reyes (2009), «el espectáculo de un bebé comiendo libros en triángulo amoroso con un adulto que le lee, demuestra que hay mucho por hacer desde temprano» (p. 39).
Composición del acervo de lectura
«Las cosas que no tienen nombre son más pronunciadas por los niños.»
-Manoel de Barros (traducido por Doguim, 2010)
La dimensión material representada por el acervo es otro elemento esencial en la Bebeteca. La composición de dicho acervo se refiere a la variedad y diversidad de libros y materiales disponibles en la biblioteca. Es importante que esté compuesto por una amplia gama de materiales que abarquen diferentes géneros literarios, libros informativos, temas, niveles de dificultad y formatos. Como nos señala Carrasco (2006): «Sin la existencia de textos, definitivamente no hay lectura. Aunque no debemos ingenuamente suponer que su sola existencia garantizará la lectura, pero permite la posibilidad del encuentro» (p. 43).
En la Bebeteca el acervo es variado y cuidadosamente seleccionado.6 En la actualidad, cuenta con 3760 títulos que forman parte del suyo específico. La bibliodiversidad es un hecho y la concepción es que «un libro suele ser un punto de partida que despierta otros encuentros con las historias de uno, de su vida, nos cambia, nos transforma.» (entrevista, 11/01/2023).
Estos libros están organizados siguiendo criterios con el objetivo de facilitar la disponibilidad para los bebés, niños y sus familias. Con la finalidad de atender a este objetivo, se constató que los libros están agrupados en colecciones de autores, ilustradores, editoriales o géneros. También hay estanterías de libros para adultos y un mueble destinado a la exposición de libros informativos. Confluyendo con la concepción de espacio evidenciada anteriormente, los libros brindan a los visitantes diferentes experiencias (observación, 18/01/2023).
Prioritariamente, los libros están organizados pensando en la facilidad para los niños, familias y mediadores. Se parte del principio de que no existen libros específicos para determinadas edades, sino que cualquier persona puede estar interesada en diferentes historias. También se sigue la premisa de que los bebés manifiestan intereses, además de poseer la capacidad para expresarse: «Bebés de cerca de un año y medio, llevan sus peluches para que les lean, un acto simbólico que evidencia las experiencias que viven aquí» (entrevista, 11/01/2023). A lo largo de las experiencias con prácticas letradas, se constata que los bebés, después de «leer» poesía y juegos de lenguaje, se acercan a otros libros, como los informativos. Hay testimonios de que aquellos que crecen rodeados de lecturas eligen libros para temas relacionados con sus fiestas, pasteles, entre otros: «Son influenciados por las lecturas que eligen y otras que son presentados en este espacio, están marcados por las historias que viven aquí» (entrevista, 12/01/ 2023).
Este hecho corrobora los datos de Sandoval y Landaverry (2019) quienes, como resultados de una investigación realizada en una biblioteca en Lima, encontraron que los niños que frecuentaron asiduamente las prácticas de lectura, desarrollan su autonomía lectora. Según las autoras, estos comportamientos surgen de la constancia en al espacio, la participación en las mediaciones, la exploración de los libros y la construcción de una conexión con la biblioteca.
Las mediadoras se adentran en este universo y a menudo eligen un libro para ser narrado en actividades colectivas como la del bordado o para su lectura individual. Además, se sumergen en el mundo de la literatura infantil, maravillándose con los intereses de los niños, pero también con sus propios descubrimientos (observación, 8 a 18/02/2023).
La calidad de los libros es una dimensión importante en la Bebeteca. Los criterios de compra no se basan en obras comerciales, sino en un punto de partida que invita a los pequeños lectores a explorar diversas posibilidades de apreciación literaria e informativa. Los niños que frecuentan el espacio son incentivados a apreciar el libro como objeto cultural, incluyendo la dimensión estética y gráfica desde una perspectiva multimodal.
Dado que se trata de niños pequeños que están en procesos iniciales de apropiación del lenguaje, desarrollo de su pensamiento e identidad, la calidad de los libros se vuelve esencial. Se refuerza la urgencia de convocar a otros actores para presentarles los libros, prestarles una voz, ofrecerles momentos interactivos, en una atmósfera acogedora. Involucrar a las familias es esencial, puesto que además de ser los principales mediadores, son quienes van a elegir frecuentar y fortalecer los lazos entre sus bebés y la biblioteca. Así, la mediación de lectura debe extenderse a los familiares: «Hay relatos de padres y madres que no sabían de la importancia de leer con sus niños. Muchas mediadoras también relatan que no se daban cuenta de la importancia de leer literatura» (entrevista, 13/01/ 2023).
En síntesis, durante las sesiones se pudo constatar que existen diferentes formas de apoyar a los niños pequeños en la construcción de sus procesos lectores, en la apropiación de su lengua y su propia identidad. Impulsar la lectura en un espacio específico, con buenos libros y a través de narrativas que se despliegan en mediaciones sensibles, las cuales además convocan la participación activa, se convierte en un acto de resistencia cultural, educación y cuidado. Estos hallazgos coinciden con los resultados encontrados en estudios previos (Ribeiro-Velázquez & Carrasco-Altamirano, 2023), reforzando la importancia de propuestas lectoras que reconozcan a los niños como sujetos plenos y partícipes de su propio proceso formativo. Este hecho adquiere una mayor urgencia en el actual escenario mundial, afectado por el neoliberalismo en distintos rincones modelados por la globalización, en una sociedad caracterizada por el agotamiento y el cansancio que nos oprime y nos impide llevar a cabo acciones necesarias para apreciar la belleza del mundo en su cotidianidad, como denuncia Han (2021).
Como Barros (2022) nos recuerda en el epígrafe de esta sección: «Las cosas que no tienen nombre son más pronunciadas por los niños». Esta afirmación nos hace reflexionar sobre la mirada recreadora de la esencia de «ser niño», que se encuentra en una cosmovisión infinita en la pequeña infancia: un universo ávido por explorar lo que los adultos ya no vemos ni apreciamos en nuestra rigidez adulta. Es posible que hayamos perdido la capacidad de «sentir» los detalles presentes en las sutilezas y pequeñeces de la belleza del mundo. Los libros de calidad, especialmente los literarios, y los espacios que promueven estos encuentros, se convierten en fuentes valiosas de substratos para la niñez plena, tal como lo presenta Barros.
Discusión
A la luz de los resultados encontrados, se puede afirmar que las mediaciones de lectura en espacios colectivos públicos y no formales favorecen el desarrollo integral de bebés y niños, impactando de manera positiva tanto en su desarrollo lector como en su dimensión socioemocional. Así mismo, cuando estos espacios están organizados con un acervo de calidad y contemplan a los niños y sus familias como protagonistas activos, acompañados por mediadoras de lectura sensibles y atentas, se potencia la experiencia lectora, así como se fortalecen los vínculos afectivos y comunicativos entre adultos y niños. Estas prácticas no solo promueven el gusto por la lectura desde las primeras etapas de la vida, sino que también contribuyen a la construcción de comunidades lectoras inclusivas y significativas.
El objetivo principal de este estudio fue analizar la mediación de lectura en una bebeteca universitaria pública, destacando el papel de los mediadores en la formación temprana de lectores y el impacto de estos espacios.
Hemos constatado que las actividades diarias de lectura en la Bebeteca generan un notable interés entre su público: mediadoras, bebés, niños y sus familias. Estas actividades resaltan la labor sociopolítica de la universidad, la cual entre sus funciones incluye promover el pensamiento crítico de los ciudadanos y crear espacios democráticos para la difusión de la cultura escrita. Los resultados de esta investigación nos instan a reflexionar sobre la relevancia de tales espacios de circulación de libros, destinados a la primera infancia como lugar privilegiado para el desarrollo integral de los niños.
Además, los hallazgos indican que los bebés y niños que participan en sesiones de lectura regulares tienen una alta probabilidad de desarrollarse como lectores autónomos que establecen una conexión emocional con los libros, el espacio y las mediadoras (Reyes, 2009). Así mismo, el análisis realizado nos permitió comprender el problema general al constatar la importancia del rol de las mediadoras como observadoras de la infancia al convocar, escuchar, dialogar y prestar su voz a diversos personajes y situaciones (Colomer, 2002; López, 2022). De este modo, se fomenta junto con los bebés el acto de «desnombrar» lo previsible del mundo, tal como nos enseña Barros (2022), construyendo infancias plurales a partir de una imaginación erigida bajo experiencias afectivas de lecturas diversas. Las mediadoras pueden ejercer sus funciones como promotoras de experiencias que impactan tanto a los niños como a ellas mismas en su proceso de formación universitaria y personal. Se destaca que, como estudiantes, las actividades que ejercen en la Bebeteca les permiten vivenciar experiencias ricas fuera del ámbito del aula y que, ciertamente, les movilizan como lectoras y como individuos.
Las particularidades de un espacio dedicado a la promoción de la cultura letrada, así como la diversidad y calidad del acervo, nos llevan a considerar la imperante necesidad de inversiones por parte del poder público y la formulación de políticas específicas para el fomento de la lectura. La concepción actual de niños como sujetos de derechos no coincide con la existencia de espacios y acervos empobrecidos, que perpetúan la exclusión o tratan la lectura como un medio de disciplina para «niños inocentes» bajo un control moral.
Para ampliar los hallazgos de esta investigación, se sugieren futuras líneas de estudio que incluyan una mayor extensión de las horas de observación, especialmente en las sesiones con bebés, así como en otras bebetecas públicas de Latinoamérica. Nuestro estudio contó con financiamiento propio, lo que implicó desafíos que pudieron haber limitado ciertos aspectos del análisis. Si bien un período más prolongado de inmersión en las sesiones diarias con un mayor número de niños podría enriquecer los hallazgos, los resultados presentados aquí representan una contribución significativa. Hemos documentado una experiencia destacada de lectura en una bebeteca de referencia en México y Latinoamérica, evidenciando su impacto en la educación temprana en literacidad. Estos hallazgos refuerzan la relevancia de la lectura en la primera infancia y subrayan la importancia de continuar investigando en este campo.
Hasta donde hemos podido investigar, las interacciones entre las mediadoras y los participantes en los encuentros diarios, mediadas por el lenguaje oral y escrito, favorecen la formación de una infancia imaginativa y participativa, que posiblemente evolucione hacia futuros lectores autónomos. Además, estas interacciones fomentan la participación de las familias como mediadoras principales, quienes integran estas prácticas de lectura en sus hogares y en otros entornos en los que tengan acceso a los libros.














