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Eidos

Print version ISSN 1692-8857
On-line version ISSN 2011-7477

Eidos  no.8 Barranquilla Jan./June 2008

 

FEMINISMO POSTMODERNO: D. J. HARAWAY Y S. HARDING

POSTMODERN FEMINISM: D.J. HARAWAY AND S.HARDING

Teresa Aguilar García*

* Doctora en Filosofía, UNED. ytemas@yahoo.es

Fecha de recepción: enero 2008
Fecha de revisión: febrero 2008
Fecha de aceptación: marzo 2008


RESUMEN

En este texto se caracteriza el llamado "Feminismo Postmoderno" y se presentan las posiciones teóricas de dos influyentes pensadoras contemporáneas en el ámbito de la filosofía de la ciencia desde una perspectiva feminista postmoderna. Haraway y Harding debaten en torno a la historia de la ciencia y sus sesgos androcéntricos, así como sobre el concepto identidad desde el paradigma cyborg. Dentro del paradigma postmoderno asumen la herencia postestructuralista y deconstruccionista y defienden la necesidad de una ciencia social crítica y autorreflexiva como modelo de todas las ciencias, pero tienen controversias en cuanto a la estructuración del espacio social gene-rizado. Haraway entiende que el espacio social no es homogéneo, y que las tres dimensiones que detecta Harding: simbolismo genérico, división socio-sexual del trabajo y procesos de identidad individual gene-rizada, se interceptan en múltiples dimensiones.

PALABRAS CLAVE
Postfeminismo, androcentrismo, punto de vista, sistema sexo/género, identidad, espacio socialgenerizado.


ABSTRACT

In this text is characterized the "Postmodern. Feminism" and the theoretical positions of two influential contemporary thinkers in Philosophy of Science from a postmodern feminist perspective. Haraway and Harding debate around the History of Science and its andocentric slants, as well as on the concept "identity" from the cyborg paradigm. Within the postmodern paradigm they assume the poststructuralist and deconstructionist inheritance and defend the necessity of a critical and autorreflexive social science like model of all sciences, but they have controversies about the gendered social space. Haraway understands that the social space is not homogenous, and that the three dimensions that Harding detects: generic symbolism, partner-sexual division of the work and processes of gendered individual identity, they are intercepted in multiple dimensions.

KEY WORDS
Postfeminism, androcentric system, sex/gender system, gendered social space.


El feminismo postmoderno o postfeminista ataca las grandes teorías o metarrelatos de nuestra herencia discursiva y denuncia los dualismos inherentes (sujeto/objeto y racional/irracional, entre otros que se derivan de estos) en estos discursos falogocéntricos donde el logos o la razón y el punto de vista fálico o masculino imperan. Se encarga de desmantelar la concepción ilustrada de un sujeto racional unitario y centrado, tarea a la que se adscriben junto al postmodernismo y el deconstruccionismo. Pero en rigor, las mujeres no participaron nunca del proyecto ilustrado de la razón, ya que estaban excluidas de ese ámbito de racionalidad masculina y relegadas, fuera del ámbito de la cultura, al terreno de lo natural e instintivo que las ligaba con la naturaleza de una manera antirracionalista, según el discurso falogocéntrico. Por otra parte, tampoco el discurso postmoderno y su concepción del sujeto como un efecto del discurso (Foucault) o como una posición en el lenguaje (Derrida) está exento de ser considerado represor e imparcial. Así, Di Stefano (1990) encuentra que el postmodernismo es un discurso de hombres blancos y privilegiados de Occidente que continúan cuestionándose la Ilustración y ejercen sus críticas sobre ella desde lo que podría considerarse una nueva ilustración. La producción teórica de estos varones blancos postindustriales (Derrida, Lyotard, Rorty, Foucault) sigue excluyendo con sistemati-cidad la cuestión de la diferencia sexual en sus estudios sobre la sociedad, la historia y la cultura occidentales. Por lo que la asunción del proyecto postmoderno excluye una política feminista. Por otra parte, las posiciones de la deconstrucción derridiana y su reclamado sujeto descentrado o fragmentado embrollan la idea de identidad favoreciendo el nacimiento de identidades múltiples y deslocalizadas que hace multiplicar las diferencias, dejando intacta y sin teorizar la diferencia primordial o diferencia sexual.

Pero no sólo desde las ciencias humanas se ha elaborado una construcción de género sesgada, sino que este mismo fenómeno podemos encontrarlo en la construcción del género que han elaborado la ciencia biológica o antropológica. Como representantes destacadas de las filosofías feministas de la ciencia, que estudian las relaciones entre género y ciencia, encontramos a Sandra Harding y las influyentes propuestas que arrancan del terreno de la biología y que lo trascienden ampliamente de Donna Haraway.

Ambas autoras sostienen la tesis de la necesidad de una ciencia social crítica y autorreflexiva como modelo de todas las ciencias1. La feminista y filósofa de la ciencia, Sandra Harding, profesora de la Universidad de Delaware (1996), denuncia la presencia del androcentrismo tanto en la biología como en las ciencias sociales, lo que ha dado lugar a una interpretación sesgada de ambas disciplinas. Así, la famosa hipótesis del cazador de Robert Ardrey (desmitificada por Longino y Doell), que formula cómo el género humano llegó a constituirse como tal a través de la caza y del consumo de carne, actividad relegada exclusivamente a los hombres, es un mito que presenta a los hombres como únicos responsables del paso de las culturas prehumanas a humanas. De la misma forma, el uso de herramientas tiene una atribución exclusivamente masculina, lo que redundaría en la idea de que la bipedestación y la postura erecta fue también un logro evolutivo exclusivamente masculino. Durante más de tres siglos, la ciencia ha apelado a la política de género como recurso moral y político para su progreso. Esta ideología androcéntrica de la ciencia plantea como necesarios los dualismos: cultura/naturaleza, mente racional/cuerpo prerracional, objetividad/ subjetividad, etc, identificando lo masculino con el primer par invariablemente y construyendo una constelación de creencias que estructuran las políticas y prácticas de las instituciones sociales. Es por eso necesario detenerse sobre el problema de la objetividad en la ciencia que el empirismo feminista discute. La identidad social del observador no es irrelevante para los resultados de la investigación, también cuestiona la creencia de que la ciencia debe mostrarse independiente de la política, prefiriendo una apertura de la ciencia a los cambios emancipatorios de la sociedad, propiciando su objetividad.

Por su parte, Haraway, profesora de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, Santa Cruz, afirma que la objetividad de los oprimidos es privilegiada sobre aquellas interpretaciones dominantes de la sociedad y el mundo, puesto que ofrecen un punto de vista emancipatorio sobre la sociedad, mientras que aquellos que ocupan posiciones de poder en la jerarquía social son incapaces de comprender la naturaleza real de estas relaciones.

Los puntos de vista de los subyugados no son posiciones "inocentes". Al contrario, son preferidos porque en principio tienen menos posibilidades de permitir la negación del núcleo interpretativo y crítico de todo conocimiento. Comprenden los modos de negación mediante la represión, el olvido y los actos de desaparición, todos ellos maneras de no estar en ninguna parte mientras se afirma ver de manera comprensiva. Los subyugados tienen una decente posibilidad de estar del lado del truco de los dioses y todas sus deslumbrantes, y por tanto cegadoras, iluminaciones (Haraway,1995, p. 328).

Para Haraway la filosofía de la ciencia es una ideología implicada en la continuación y expansión del capital global, militarizado y patriarcal. Esta apuesta rotunda de Haraway por una lectura marxista de la sociedad es criticada por Harding en Ciencia y feminismo (1996) por considerar que aferrarse al marxismo supone continuar con las grandes teorizaciones que Haraway critica y que sobre todo caracteriza a la ideología postmoderna. Haraway acepta la crítica de Harding en el capítulo "Conocimientos situados" de Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (1995) y en respuesta argumenta que se siente simultáneamente atraída y repelida por el argumento construccionista. Propone reexaminar la metáfora de la visión del discurso moderno e insistir en la parcialidad de todas las formas de visión y contra el mito de una visión universal, de ahí que afirme que los conocimientos son forzosamente situados.

Los conocimientos situados son siempre conocimientos marcados. Son nuevas marcas, nuevas orientaciones de los grandes mapas que globalizaban el cuerpo heterogéneo del mundo en la historia del capitalismo y del colonialismo masculino (Haraway, 1995, p.188).

Esto se constituye como un rechazo frontal a toda forma de relativismo, puesto que la alternativa al relativismo son los conocimientos parciales, localizables y críticos. "El relativismo es una manera de no estar en ningún sitio mientras se pretende igualmente estar en todas partes" (p.329). Haraway identifica relativismo con totalitarismo y considera que una acción política comprometida debe estar situada y huir del relativismo que no conduce a la acción, ya que al pensar que todas las posiciones son lo mismo y poseen el mismo valor se renuncia a la responsabilidad crítica, tal y como apunta Jorge Arditi en el prefacio de la obra de Haraway.

La exclusión permanente de las mujeres en la definición de la cultura y la epistemología científica, obliga a tomar posiciones frente a la codificación androcéntrica de lo que Haraway llama "ley del canon cognitivo". Pero en tal acto está implicada la noción de género como constructo que o bien profundiza en la diferencia sexual o la obvia como punto de partida para construir un discurso feminista. Así, desde la idea que formula que haber hecho hincapié en el sistema sexo/género no ha producido más que desgracias, se apunta hacia una alianza de las mujeres con la tecnología como forma específica de activismo feminista que ha superado el estadio de lo generizado.

Las mujeres son sistemáticamente excluidas de la teorización del conocimiento y la práctica científica que se manifiestan como "actitudes de poder y no como actitudes que buscan la verdad" (Haraway, 1995, p.315). Frente a dicha problemática cabe destacar las posiciones del empirismo feminista, standpoint feminist y el feminismo postmoderno.

El feminismo postmoderno se considera construccionista al mostrar cómo la pretendida objetividad del método científico es una falacia, pura retórica que convierte en cháchara a la epistemología. "La ciencia es un texto discutible y un campo de poder. La forma es el contenido" (Haraway, 1995, p.317) Y al demostrar cómo el género es un constructo social.

Este feminismo postmoderno denuncia los dualismos del pensamiento occidental: sujeto/objeto, naturaleza/cultura, racional/irracional, etc y no privilegia ninguno de los términos que componen el binomio. Este feminismo acusa al standpoint feminism de invertir las relaciones entre los términos que clásicamente habían privilegiado la cultura sobre la naturaleza, la mente sobre el cuerpo o lo racional sobre lo irracional. La standpoint epistemology toma los análisis de género y poder social como punto de partida y al igual que el feminismo postmoderno de Donna Haraway considera que la objetividad de los oprimidos es un punto de vista privilegiado sobre la sociedad y la ciencia, punto de vista necesario en la epistemología y propiciado por los movimientos emancipatorios.

El empirismo feminista, superando el empirismo tradicional, pone en duda que la identidad social del observador sea irrelevante en los resultados de la investigación. El grupo social de las mujeres tendría una incidencia menos sesgada que el grupo social de los hombres. Así como la capacidad de la ciencia, de sus normas metodológicas, para eliminar los sesgos androcéntricos, esto sugiere que las mismas normas están sesgadas pues son incapaces de detectar el androcentrismo. Por otra parte, la política debe contactar con la ciencia en forma de movimientos emancipatorios con los que la ciencia ganaría en objetividad. Aspecto que comparte con el feminismo postmoderno.

Las tres posiciones coinciden en afirmar la infrarrepresentación de la mujer en la construcción de las ciencias sociales y biofísicas, es decir, en la consideración de la ideología androcéntrica de la ciencia contemporánea y la importancia del hecho de una ciencia generizada. Mientras que el standpoint considera que la gene-rización androcéntrica debería invertirse hasta el extremo de la construcción de una ciencia de mujeres, la posición de Haraway admitiendo esto amplía el campo de batalla hasta una ciencia cuyo punto de vista sea el de los subyugados por raza, sexo o clase. La posición privilegiada de las mujeres en la construcción de la ciencia, pero partiendo del supuesto de que el sistema sexo/género no dirige tal análisis. Harding también comparte con Haraway la idea de que hay otras formas de dominación más importantes y que operan antes que la división humana del trabajo según el género, y ésta es la dominación de clase; separándose así de las feministas radicales y de las teóricas de las relaciones objetales que sostienen que la dominación de género es la dominación humana fundamental a la que se asocian las demás dominaciones (Harding, 1996, p.161). Los tres aspectos del género que detecta Harding:1) una categoría fundamental a través de la cual se otorga significado a todo, 2) una manera de organizar las relaciones sociales y 3) una estructura de identidad personal, son elementos cuya desmembración actual, según Haraway (p.238), denuncian el valor problemático de la política basada en las identidades genéricas. Los movimientos gay o el "Manifiesto para cyborgs" de Haraway crean nuevas formas de subjetividad política sin cierres metafísicos de identidad que contribuyen al desmembramiento de la política de identidad genérica.

La crítica de Harding a Haraway proviene de que inicialmente denostando los dualismos desde una perspectiva postestructuralista que pretende disolverlos, sin embargo busca alguna especie de verdad totalizadora en último extremo. La afiliación de Haraway al marxismo es un ejemplo de ello; para Harding pretender invalidar las grandes teorías desde la posición postmoderna no es congruente con una visión marxista (Harding, 1996, p.169). Haraway acepta la crítica de Harding y reconoce que su posición ante el construccionismo es ambigua, de atracción y repulsión simultáneamente. Ello se debe a que aboga por la acción situada y el conocimiento parcial, pero simultáneamente contempla el esquema marxista de sistemas de dominación y subyugados como una dialéctica válida que hay que subvertir, al igual que el empirismo feminista. Una dialéctica que para el postmodernismo constituye un metarrelato, una gran teoría totalizadora carente ya de significación. El constructivismo de Haraway hay que buscarlo en las tres dicotomías que desbanca:

humano/ animal, humano/máquina y físico/no físico. Estas subversiones constituyen el cyborg, una entidad que ha superado tales dicotomías así como el sistema sexo/género como categoría explicativa y se adentra en las fusiones ilegítimas como forma de ontología política. De ahí su afirmación: "los cyborgs son nuestra ontología, nos otorgan nuestra política". Es una política que no acentúa las diferencias, sino que las disuelve rompiendo límites entre lo orgánico/inorgánico, habiendo trascendido las deficiencias de un feminismo que acentúa las diferencias. Para Haraway el acentuar la diferencia del sistema sexo/género ha sido una lacra más que un avance. El feminismo francés de la diferencia buscando la creación de la categoría de identidad femenina, afirmaba que ambos sexos son radicalmente diferentes en cuanto a anatomía y características psicológicas. Existe un pensamiento y una escritura femeninas y el sexo no es una construcción social. Contrariamente a esta posición, en los años ochenta se desconfía de la categoría género, sospechosa de análisis postestructural, ya que alberga la diferencia sexual y las bipolaridades son puestas en tela de juicio. Butler (1989) y Adrienne Rich (1980) afirmaron que el discurso de la identidad genérica era una "ficción reguladora" para la primera y una "formación imaginaria" para la segunda, sin bases biológicas. Como construcción social que es resulta irrelevante la diferencia sexual como generadora de una política subversiva. Más bien al contrario, refuerza la discriminación sexual que perpetúa roles asociados al sexo y acentúa las diferencias cultura/naturaleza manteniendo los posicionamientos tradicionales en que cada sexo estaba inscrito, sin posibilidad de inversión de los términos: lo femenino reducido a lo natural y la cultura propiedad masculina, la capacidad abstractiva y de mando. Así, el discurso de la diferenciación sexual reforzaba un discurso androcéntrico en el que las mujeres perpetuaban su papel de inaccesibilidad a la cultura.

Por tanto este feminismo que surge en los ochenta se subleva contra la identidad sexual como un paradigma obsoleto y monotemático que excluye variables como el sexo o la raza en el análisis. Estas variables son indispensables en el análisis de Haraway huyendo así de la dicotomía naturaleza/cultura y de un posicionamiento ante la ciencia exclusivamente femenino. La búsqueda de una identidad genérica destruye los planes emancipatorios de la ciencia, es lo que Haraway llama "cierre metafísico de identidad" (p.249), aquella acción por la cual el género queda atrapado en un sexo y en una identidad. Así lo ve Haraway para quien "la identidad, incluída la autoidentidad, no produce ciencia. El posicionamiento crítico sí, es decir la objetividad" (p.332), es por eso que aboga por la creación de identidades múltiples y difusas, identidades cyborg actuantes desde posiciones localizadas.

La posición de Haraway huye de la universalidad y es en "las políticas y las epistemologías de la localización, del posicionamiento y la situación" donde puede lograrse un conocimiento racional. Porque el conocimiento es siempre situado y la única posibilidad de encontrar una visión más amplia es ubicándonos en algún sitio en particular. "La cuestión de la ciencia en el feminismo trata de la objetividad como racionalidad posicionada" (p.339). Aboga por un posicionamiento femenino que parte de una política marxista-feminista en la intervención de los sistemas técnicos y culturales de la sociedad.

La cuestión es qué forma de visión proporcionará esta objetividad y para Haraway es únicamente aquella visión que se sitúa en el subsuelo, la posición del subyugado que aportaría esa parte sesgada de la investigación científica en la que no estuvo incluida. Estos subyugados no poseen identidades fijas y delimitadas sino que en sus yoes divididos y contradictorios, yoes postmodernos que aceptan la fusión con el animal o la máquina, se encuentra el potencial emancipatorio, el punto de vista privilegiado que puede proporcionar objetividad, racionalidad.

Harding elabora una discusión en torno a la "visión africana del mundo"2, discutiendo el paralelismo existente entre esa visión africana, propia de la mujer, en la que no hay separación entre el yo y el mundo, sino que el sujeto de conocimiento y el objeto de conocimiento están en el mismo nivel, y aquella otra visión europea cuyo saber opera separándose imparcial y objetivamente del objeto de conocimiento. Ésta se equipara a lo masculino y una concepción individualista del yo, pero estas categorías de contraste que asimilan lo africano a lo femenino y lo masculino a lo europeo como visiones disímiles que marcan el género constituye en sí misma una justificación del imperialismo, por lo que Harding se orienta hacia "una teoría de campo unificado que pueda explicar tanto las diferencias de género como las visiones del mundo dicotomizadas entre africanista y eurocéntrica"(p.161).

La cuestión de "la ciencia sucesora", lo que Dorothy Smith se plantea como el problema de la configuración de una ciencia sucesora que trascienda las dañinas dualidades sujeto/objeto, interior/exterior y razón/emoción de la ciencia ilustrada, retomada por Harding, es resuelta por Haraway identificando estos posicionamientos parciales y tecnológicos con el movimiento social necesario para la emancipación de la ciencia de su androcentrismo actual, siguiendo la idea de Harding de que los movimientos de la revolución social han contribuido mucho a las mejoras de la ciencia. Ambas confían en la construcción de un futuro imaginado desde una visión diferente:

"Por otra parte en las relaciones sociales e ideas actuales necesitamos visiones, vinculadas de forma concreta con el futuro imaginado... las tendencias postmodernas, tal como se muestran en el feminismo, constituyen lo mejor que en la actualidad podemos manejar para conseguir esa visión" (Harding, 1996, p.169).

Sin embargo, en cuanto a cómo Harding estructura el espacio social generizado, Haraway se manifiesta en desacuerdo (p.336). Su visión de este espacio social es no homogénea, entiende que las tres dimensiones que detecta Harding: simbolismo genérico, división socio-sexual del trabajo y procesos de identidad individual generizada (Harding, 1996, p.17) se interceptan en múltiples dimensiones, lo que implicaría una visión más amplia que la que propone Harding. Por eso a Haraway le parece más pertinente establecer un paralelismo entre género y ciencia que es asimétrico y deconstruye y oscurece una pareja binaria estructurada jerarquizante, sexo/género y naturaleza/ciencia. (esquema que reproduce en la pág.337).

Concluyendo, podríamos afirmar que el tema de la visión y del punto de vista es la clave de intersección de los diferentes feminismos que aspiran a invalidar una ciencia generizada, sosteniendo la tesis de "una crítica y autorreflexiva ciencia social como modelo de todas las ciencias", tesis compartida tanto por Harding como por Haraway.


1 Pero mientras Harding piensa que los enfoques humanistas y científicos en las ciencias sociales estaban en pugna, para Haraway ambos comparten una episteme en términos foucaltianos. Como hace explícito en la nota 14 de la página 130 de Ciencia, cyborgs y mujeres.

2 Este tema es desarrollado por Vernon Dixon, economista norteamericana de raza negra en su artículo "World Views and Research Methodology"(1976), al intentar explicar cómo el "hombre económico racional" de la teoría europea es inexistente en la visión africana del mundo que invalidaría la teoría neoclásica económica, ya que esta visión africana es cooperativa y comunitaria y no ve en el otro un individuo sino una prolongación de su yo. Existe una concepción del grupo como totalidad en la visión africana, la comunidad es el elemento primario ontológico, no una colección de yoes individuales.


REFERENCIAS

Di Stefano, C. (1990). Dilemmas of difference: Feminism, modernity and postmodernism. En Feminism/Postmodernism. L. Nicholson. New York y Londres: Routledge, pp. 63-82.        [ Links ]

Haraway, D. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la Naturaleza. Madrid: Cátedra.        [ Links ]

Harding, S. (1995). Ciencia y feminismo. Madrid: Morata        [ Links ]

Dixon, V.(1976). World views and research methodology, en African philosophy: assumptions and paradigms for researchs on black persons. L.M. King. V. Dixon y W.W. Nobles, Los Angeles: Fanon Center. Charles R. Drew Postgraduate Medical School.        [ Links ]

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