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Eidos

Print version ISSN 1692-8857
On-line version ISSN 2011-7477

Eidos  no.11 Barranquilla July/Dec. 2009

 

UBICACIÓN DE LA PRAXIS EN LAS CATEGORÍAS CONCEPTUALES DE ELLACURÍA

PRAXIS IN ELLACURIA’S CONCEPTUAL CATEGORIES

Pedro Pablo Serna*

* Universidad del Norte. pserna@uninorte.edu.co

Fecha de recepción: mayo 13 de 2009
Fecha de aceptación: septiembre 4 de2009


RESUMEN

El presente trabajo hace un acercamiento al concepto de praxis en Ignacio Ellacuría, relacionando la praxis con los principales conceptos que Ellacuría presenta en su obra. La praxis, ejercicio fundamental a la hora de abordar el tema de la realidad histórica, objeto último y absoluto de la filosofía, requiere ser sustentada en una serie de elementos que se rescatan en el presente ensayo. Por ello, haremos referencia a algunos componentes propios de la praxis, las condiciones y el lugar para ella.

PALABRAS CLAVE
Praxis, realidad, realidad histórica, filiación, dar de sí.


ABSTRACT

This paper approaches the concept of "praxis" as stated by Ignacio Ellacuria, examining it in relation with the main concepts that Ellacuria presents in his work. This concept of "Praxis", fundamental at the moment of approaching the topic of historical reality, last and absolute object of the philosophy, needs to be supported by a series of elements that are rescued in this paper. For doing that we will consider some components of this "praxis", its conditions and its place.

KEY WORDS
Praxis, reality, historic reality, filiation, giving from oneself.


INTRODUCCIÓN

Ignacio Ellacuría es un filósofo y teólogo latinoamericano, nacido en el país Vasco. Tuvo como gran maestro a Xavier Zubiri, quien enriqueció su reflexión filosófica, desde la que abordó la realidad latinoamericana hasta ser asesinado en el Salvador en 1989.

La concepción de praxis es central en la obra de Ellacuría. Este concepto es como una columna vertebral, desde la cual él va ubicando todas las categorías propias de su filosofía. Está íntimamente relacionado con el concepto de realidad en la medida en que esta última se está completando continuamente y la praxis cumple un papel fundamental en ese proceso evolutivo de la realidad que es una y dinámica.

En la historia ha habido un proceso creacional real. Éste es el que permite concebir la realidad como una estructura integrada por diferentes dinamismos, procesos y realidades conformadas por diferentes notas. Estas notas referidas unas a otras en completa respectividad.

Se habla de un proceso porque la realidad no ha sido siempre así y no seguirá siendo lo que es en este momento, sino que se ha venido haciendo y se hará más realidad en la medida en que el dinamismo propio de esta estructura como realidad ha venido ofreciendo y generando notas y por lo tanto realidades diferentes desde lo que es; es decir, ha venido dando de sí.

Todo este proceso ha generado la vida y con ello la vida humana desde la materia, y así ha posibilitado todos los procesos sociales que se conocen, entonces así, se puede concebir que en la historia ha habido un proceso creacional real; que este proceso puede ser percibido y continuado por el ser humano, que es una realidad abierta a otras realidades por medio de la inteligencia sentiente y que por ser inteligente las puede transformar.

Este ser humano recibe, por medio de la transmisión tradente, una realidad ya hecha y un modo, humano e inteligente, de enfrentarse a esa realidad y cuando interviene en ella se habla de la praxis con toda propiedad.

Pero esta realidad histórica que recibe el hombre es fruto de todo un proceso dinámico del que ha hecho parte un número determinado de fuerzas, necesidades y azar. Todo esto ha logrado mover la naturaleza y la historia. Las fuerzas que intervienen obedecen a dinamismos propios de la realidad, que posibilitan el cambio de una situación a otra. Es importante tenerlas en cuenta y ver en ellas la posibilidad de intervención de la persona en la historia (Ellacuría, 1991a, pp. 450-454).

1. COMPONENTES PROPIOS DE LA PRAXIS

Ellacuría tiene claro que todos los componentes de la historia son también elementos fundamentales de la praxis. Estos son los que posibilitan la realización de la historia como tal. Estos elementos son los que se retoman a continuación:

1.1. Lo natural en la praxis

Es necesario establecer una diferenciación entre el dinamismo propiamente natural que tiene la realidad desde sí misma y el dinamismo propio originado por la intervención de la persona en esa realidad natural. Esta intervención del ser humano en lo natural la concibe Ellacuría como praxis.

El ser humano se enfrenta con la realidad desde lo que es él mismo como parte integrante de la naturaleza. El último resultado del proceso es para Ellacuría la historia; pero lo primero y lo que está a la base de todo y en ningún momento deja de estarlo, es la naturaleza. Ésta se concibe como todo lo material y biológico que hace parte de la historia.

Es lo natural lo que posibilita la interacción del hombre con todo lo que se llama mundo. Todo, absolutamente todo aquello con lo que la persona se enfrenta, tiene algún fundamento natural.

La aprehensión humana es sentiente y por ser sentiente es natural; tiene que ver con la materia. El propio cuerpo del hombre se convierte en vínculo esencial y modo especial de comunicación con su entorno.

Todos somos fruto de la naturaleza y por eso estamos ligados a ella: hacemos parte de ella, nos comunicamos, la transformamos, la ayudamos a dar más de sí o la destruimos y al hacerlo también nos destruimos a nosotros; por esto todo aquello que como personas realizamos tiene fundamento e incidencia en lo natural y en lo social.

Como se afirmó anteriormente, los seres humanos ya no son sólo materia; ni tampoco cualquier tipo de vida, sino que son una vida con un modo muy particular de enfrentarnos a la realidad, en el que las cosas no son mero estímulo sino cosas-sentido, realidad.

De todas maneras, el modo que permite tener contacto con las cosas es absolutamente natural, por la estructura biológica que constituye al ser humano. Con relación a este punto, Ellacuría se expresa de la siguiente manera:

Por decirlo en términos concretos, la inteligencia humana es sentiente, la voluntad humana es tendente y el sentimiento humano es afectante. Afirmaciones que también pueden formularse más biológicamente diciendo que la sensibilidad humana es intelectiva, la tendencialidad humana es volitiva y la afectividad humana es sentimental. Esto significa que no hay inteligencia humana sin sensibilidad, pero significa también que la animalidad humana no es viable sin la inteligencia. Dicho en términos más éticos: ni la persona humana, ni el sujeto humano pueden ser persona ni sujeto más que de un modo constitutivamente biológico. Y si la dimensión ética tiene que ver con el ser persona y ser sujeto, es claro que no puede dejar fuera de ella la constitutiva animalidad del sujeto y de la persona humana. (Ellacuría, 1979, p. 420).

1.2. Lo humano en la praxis

Es natural que la persona actúe. El modo de actuar propio de la persona no puede desligarse de lo natural, porque es la naturaleza como tal la que ha ido desenvolviéndose de tal manera que ha hecho que la persona tenga las capacidades que ahora posee. Pero de todas maneras, el modo como la naturaleza da de sí, el modo como los demás animales se enfrentan con la realidad, es diferente al de la persona.

Hay varias características propiamente humanas que permiten que las acciones humanas tengan consecuencias a nivel natural, personal y social y, por lo tanto, histórico.

1.2.1. Inteligencia sentiente

La inteligencia sentiente es una de las categorías tomadas de Zubiri y que Ellacuría necesita para fundamentar la praxis humana. Este concepto es relevante para entender qué es la realidad por cuanto se constituye en un elemento para ubicarse en la realidad, pues es lo que permite que el estímulo no sólo sea estímulo, sino también cosa-sentido para el ser humano. La inteligencia sentiente es la que posibilita hablar de realidad para la persona humana y por esto mismo de praxis. En este sentido, se puede enfatizar que no hay praxis sin realidad y no hay realidad sin inteligencia. La inteligencia, en últimas, es la que permite hablar de historia porque la inteligencia es práxica.

La inteligencia a su vez es afectada por la historia. Es por esta afección por lo que Ellacuría pretende que la inteligencia sea realmente situada; se habla de una inteligencia histórica, que sólo es posible porque es sentiente y que sólo, situadamente, puede pretender llegar al fondo de lo que representa para ella la realidad personal, social e histórica. Así el objeto de la filosofía es la realidad histórica como realidad total (Ver Gonzalez, 1990; Ellacuría, 1991a).

La inteligencia a la que se hace referencia aquí tiene funciones, límites y posibilidades en una situación social e histórica concreta. Este grado de vinculación con la historia es constitutivo de la inteligencia.

Es por todo esto por lo que cualquier saber humano, para Ellacuría, debe estar suficientemente situado con el fin de tener conciencia real de su vinculación consciente o inconsciente con la praxis social en la que se mueve y a la que sirve.

Esto es hacerse cargo inteligentemente de la realidad: un hacerse cargo sensible y motrizmente (Zubiri, 1986); en el que ciencia y técnica están unidas en el hombre desde su praxis, desde su capacidad primariamente técnica para enfrentar la realidad que le permite adaptarse al mundo físico y/o transformarlo.

Pero todo esto es posible porque es la inteligencia la que también le posibilita a la persona la libertad de elegir, de saber y de hacer, confirmando así que el reino humano es el reino de la libertad. En éste el determinismo puro no existe, aunque sí hay una referencia absoluta a lo natural, y lo nuevo se desprende de lo que inteligentemente se recibe de las posibilidades de la realidad.

1.2.2. Apertura humana

Cuando se habla de la transmisión tradente se pone como condición el que el ser humano sea una realidad abierta, porque es la única manera como se puede recibir tradición y se puede hacer parte de una sociedad que tiene un modo de estar en la realidad. Es así como el ser humano tiene un modo de apropiarse de la realidad, que parte de la inteligencia sentiente, para crear nuevas situaciones y realidades.

Ellacuría presenta a la persona como:

Una esencia abierta, intelectivamente abierta, volitivamente abierta, sentimentalmente abierta, práxicamente abierta; abierta a todo su propio carácter de realidad y al carácter de realidad de todo lo demás... Esta apertura es en el hombre una apertura sentiente, porque el hombre es una realidad abierta, pero sentientemente abierta en razón de su animalidad; el hombre es un animal de realidades. (Ellacuría, 1991a, p. 159)

Frente a la realidad que lo circunda y lo afecta, el hombre puede optar; pero la opción es solamente el final del camino que a la persona le toca recorrer; es así como se propone en primera instancia la vivencia de la realidad, la afección, la apropiación que constituye la muestra más concreta de la autoposesión humana. En este camino que debe recorrer la persona se ha de contar con ciertas condiciones que le permitan vivenciar esa apertura práxica. A estas condiciones se refiere Ellacuría cuando habla de las facultades y dotes, de las posibilidades, del proceso de capacitación, etc.

También, es necesario hacer referencia al deseo como condición necesaria para poder llegar a la futurición que sería la capacidad propia del ser humano de crear imaginariamente y poder llegar así a tomar las decisiones necesarias frente a varias alternativas con las que se puede enfrentar.

La opción de la persona es el reflejo más concreto de la libertad con la que el ser humano elige, pero la elección de alguna de las alternativas ofrecidas a él no puede hacerse real si no se cuenta con la apertura sentiente, con la apertura intelectiva, con la apertura volitiva, con la apertura práxica. Todas éstas constituyen la capacidad del ser humano para sentir, inteligir, querer y, finalmente, hacer; pero un hacer consciente, creativo y transformante; que obedezca a una opción concreta de la persona frente a toda su realidad estimulante.

La opción refleja la estrecha relación entre el poder creativo de la persona y el grado de libertad. Es allí donde podemos ubicar la praxis. Para Ellacuría, inspirado en Zubiri, la apertura humana es desde su propia sustantividad. El ser humano no sólo realiza, sino que se realiza en el realizar; es una apertura a la propia realidad humana que está abierta al todo de lo real. Es una especie de "reconocimiento" en el que el ser humano no sólo "hace", sino que "se hace"; no sólo "realiza" sino que "se realiza".

El ser humano se reconoce como "de suyo". Hay autoposesión. Esta autoposesión le posibilita a la persona situarse en la realidad; ubicarse realmente en ella, haciendo parte de ella y por eso no la mira como un objeto de sus acciones, sino como la posibilidad de ser ella misma; por eso el hacerse cargo de la realidad es el modo como la persona va a estar en la realidad; es realización (Zubiri, 1986, p. 71).

En todas las acciones humanas, la persona se realiza como humana, porque lo fundamental para ella es "estar realmente"; el actuar del ser humano es solamente uno, aunque las acciones son variadas. En esas variadas acciones el ser humano se va autoconfigurando como tal; como animal de realidades. En esta realización hay una confirmación de la persona como inconclusa; como haciéndose. La persona está lanzada a seguir realizándose; en esa medida descubre que eso es constitutivamente humano, que es su propia realidad y por eso se realiza realizando. Al hacerse cargo de la realidad realiza su carácter abierto a ella y por eso la siente, la piensa y actúa en ella y puede crear desde ella.

1.2.3. Lo personal y lo social

Es en el dinamismo de la persona donde se inserta la praxis propiamente dicha. La realidad, lo circundante provoca una reacción previsible en los animales, pero imprevisible en las personas. Sólo se puede aludir a la praxis desde la capacidad que tiene el ser humano de asumir intelectivamente la naturaleza, la realidad total que lo afecta. Este componente humano es esencial para poder interpretar efectivamente la praxis humana. Su olvido posibilita una concepción determinista y naturalizada de la historia.

Con lo anterior, quiero decir que la persona cuando opta, lo hace es porque ha hecho consciente el tipo de influencia que la realidad tiene sobre ella misma; y sus acciones tienden, de alguna manera, a la sustentación o transformación de la realidad que le ha tocado vivir. Pero cualquier elección y acción del ser humano frente a la realidad debe tener en cuenta que su accionar no es un accionar aislado del dinamismo propio de toda la realidad que lo afecta; porque él no está sólo; no es único y por lo tanto sus acciones no se pueden concebir como neutras. Las decisiones de la persona, sea cual sea su opción, afectan la realidad, bien para lograr su desarrollo, bien para retrazar o detener la verdadera realización de la humanidad.

Existe una necesaria convergencia entre la persona como individuo y la sociedad: entre él y las instituciones de las que necesariamente participa, en las que se realiza como persona, como animal de realidades y como ser abierto. Este es el modo que se le da para ser parte de la sociedad: el modo humano que ha recibido de enfrentarse con la realidad es un modo social. En este marco natural y social es en el que el ser humano establece una relación transformadora (consciente o inconsciente) con su realidad.

Es en este accionar biográfico que tiene influencia en lo social, donde se va constituyendo realmente lo histórico. Lo que la sociedad reclama del individuo es todo lo que él puede realizar en lo histórico. En esta medida el cuerpo social como tal no anula al individuo, sino que le posibilita su actuar ético.

Las consecuencias sociales de la intervención del individuo son la muestra concreta de la filiación social (Phylum) de éste; por ello siempre que interviene en la historia lo hace como parte del cuerpo social, es decir, desde su filiación. Es así como la intervención se hace filética y socialmente.

En la obra filosófica de Ellacuría se insiste en lo impersonal como una realidad propia de lo social; entendido lo social no como anulación del individuo, sino como participación en un cuerpo social. La única manera de construir historia es desde lo social, que es el reino de lo impersonal y es allí donde se ubica la praxis. En este sentido, Antonio González, conocedor, intérprete y seguidor de la obra de Ellacuría, dice lo siguiente:

Lo primero del hombre no es su individualidad, sino su socialidad. Y la individualidad no es un carácter abstracto del hombre, sino que surge de su realidad específica y social. La praxis humana es constitutivamente social porque toda actividad del hombre está socialmente articulada. El haber humano con que el hombre se encuentra por el hecho de haber nacido en una sociedad no es, en principio, otra cosa que la configuración de su actividad por los demás hombres...Sin embargo, los hombres, al realizar su vida en sociedad, no son meros repetidores mecánicos de los modos de actuar y de pensar que la sociedad les ha transmitido, sino que, con mayor o menor radicalidad pueden cuestionarlos, traicionarlos e incluso proponer alternativas. La actividad humana en una sociedad, por tanto, tiene que enfrentrarse a lo que, de un modo genérico, podemos denominar problemas morales (Gonzalez, 1987, p. 76).

Es en este ambiente de lo personal y social donde el profesor Domínguez ubica lo que entiende Ellacuría por praxis. En este sentido, afirma:

Podría decirse que en términos generales este filósofo entiende por praxis el juego o la estructura de actividades mediante las cuales un sujeto humano, personal o impersonal, transforma su entorno vital y se transforma a sí mismo buscando en última instancia, aunque no siempre conscientemente, el acrecentamiento y la realización de nuevas posibilidades de vida para toda la humanidad (Domínguez, 1993, p. 52).

2. CAPACITACIÓN Y POSIBILITACION DE LA PRAXIS

En el concepto de realidad, se encuentran los dinamismos que hacen capaz a la naturaleza de ir dando cada vez más de sí, originando posibilidades, capacidades nuevas y nuevas maneras de estar en la realidad.

Las posibilidades son originadas en la realidad misma; pero sólo pueden ser consideradas como posibilidades desde una inteligencia sentiente que asume las riquezas de la realidad y frente a ellas opta; porque éstas no son actos, son posibilidades. Son aquello con lo que la vida humana se hace, se realiza.

La realización de la persona humana como ser abierto se realiza desde las posibilidades que la realidad le brinda.

Este optar frente a la realidad denota una capacidad que históricamente sólo se ha descubierto en el ser humano, porque ha habido un proceso de capacitación y por esto, la opción inteligente es la que va constituyendo propiamente la historia, porque es la praxis como tal. Es toda la realidad humana; todo el animal de realidades puesto a disposición de la realidad de las cosas. La justificación de ello, Ellacuría la presenta en los siguientes términos:

[...] Y esto es así, porque el hombre, en virtud de su apertura a la realidad, responde a las necesidades de la naturaleza, mediante la interposición de posibilidades. Consiguientemente, el hombre está sujeto a apropiarse posibilidades, que al ser sólo posibilidades tienen que actualizarse por decisión, por opción. Esta sujeción a tener que apropiarse posibilidades por decisión para poder seguir viviendo y para poder dar respuesta a las situaciones en que está inmerso naturalmente, biológicamente, hace del hombre una realidad moral o, más exactamente, un animal de realidades, moral. (Ellacuría, 1979, p. 421)

La persona es realidad moral y se descubre como tal en las opciones que toma frente a las posibilidades de lo real. Es así como la persona va muy por encima de cualquier condicionamiento natural; por esto, reacciona frente al estímulo de una manera muy diferente a la de un animal cualquiera. La opción del hombre frente a la realidad se constituye en el comienzo de la vida social humana; porque el modo como "yo" opte tiene incidencias positivas o negativas, constructivas o destructivas en la realidad.

El poder de posibilitación se realiza en el uso humano que las personas hacen de sus potencias y facultades. La historia cada vez va presentando más posibilidades, por el constante enriquecimiento de la realidad que va generando situaciones nuevas con posibilidades nuevas y le va dando a la persona humana unas capacidades que antes no tenía. Estas capacidades son también fruto de la realización de las diferentes posibilidades que la humanidad ha tenido. Hoy, por ejemplo, puede hacerse un escrito mucho más rápido por el uso del computador; pero el uso del computador da la posibilidad de desarrollar nuevos instrumentos de trabajo, con los que se puede acceder a ciertas posibilidades que antes eran inviables.

La humanidad entera se ha visto enriquecida con nuevas capacidades y por lo tanto ha accedido a nuevas realidades que plantean nuevos retos. Es así como se afirma la existencia de un proceso histórico, en que aquello dado no pudo ser sino en la medida en que hubo posibilidades para que fuera y en que efectivamente fue realizado. Esta idea la Ilustra Ellacuría con las siguientes palabras:

¿Qué es lo que se "produce" en la historia en tanto que historia? [...] La respuesta es que hay verdadera producción no sólo de las cosas históricas, sino en la historia misma. Se van creando posibilidades nuevas, que no eran tales ni germinal ni veladamente, pues no eran ni siquiera "posibles" realmente. Pero, más aún, se van creando capacidades nuevas...En el caso de la historia tomada en su conjunto, la totalidad de capacidades proviene del proceso histórico que va haciendo cada vez más capaz al cuerpo social y a la humanidad entera, que hoy puede, desde sí misma, hacer cosas cualitativamente distintas de las que podía hacer la humanidad hace miles de años [...] (Ellacuría, 1991a, p. 437)

La realidad, en resumidas cuentas, no va produciendo desde la nada, sino desde las posibilidades que la historia le presenta. Esto se constituye en un reto para la persona humana en la medida en que encuentra en su situación personal, social e histórica, una gran cantidad de posibilidades de construir, de saber, de descubrir y al mismo tiempo de destruir, de ignorar y de velar.

3. LA HISTORIA COMO LUGAR DE LA PRAXIS

De acuerdo con lo planteado hasta el momento, se ha comprendido que la presencia de lo humano es lo que marca realmente la historia, porque la historia es el espacio de realización de la persona como persona, como animal de realidades. La historia es el espacio de encuentro entre una inteligencia y las cosas; pero lo que realmente pesa en esta historia no es el acto personal, desde y para su individualidad, sino el acto social como acto impersonal que incide realmente en el cuerpo social y por lo tanto en la historia.

Esta historia incluye en sí misma tanto lo específico y las posibilidades propias de la persona individual como las del colectivo social. Lo propio de la historia no se puede desligar en ningún momento de estos componentes. La historia es la que le facilita al hombre todas las posibilidades para crear desde ella; pero también lo limita, en cuanto no le puede ofrecer más que aquello que tiene.

Desde esta perspectiva, la historia es el espacio único de la praxis. Ella se convierte así en un dinamismo de posibilitación, que además le entrega al hombre, por medio de la transmisión tradente, modos de estar en la realidad.

3.1. La historia como proceso

Lo que actualmente ofrece la historia, demuestra que ha habido todo un proceso de realización de la naturaleza, de posibilitación y de capacitación.

El cuerpo social, como phylum, se ha encargado de transmitir de generación a generación un modo humano, y por lo tanto inteligente, de abordar la realidad y unas capacidades propias. Esta posibilidad de enfrentar la realidad también se ha ido enriqueciendo en la medida en que encuentra nuevos instrumentos para transformarla e interpretarla.

Pero esta transmisión es también transmisión de sentido. El ser humano necesita tener sentido, y la búsqueda de sentido es parte de la realidad de ser persona y del contacto inteligente con las diferentes realidades. La tradición social presenta esta necesidad de sentido también como forma de estar en la realidad. 'Entonces se podría pensar que la historia consiste formalmente en la entrega de estar realmente en la realidad." (Ellacuría, 1991a, p. 410).

Para Ellacuría en este proceso es donde se da propiamente lo histórico; en él se parte de una realidad concreta que no puede negarse en un estadio posterior, sino que se parte de ella para enriquecerla. Esto es "una sucesión no azarosa ni arbitraria, sino tal que el paso posterior se da apoyado en el anterior..." (Ellacuría, 1991a, p. 438).

Por esto lo histórico es el fruto de lo que ha surgido como actualización de posibilidades, como ejecución humana y como reconocimiento de procesos creativos. Lo histórico está constituido por la relación y realización de posibilidades, pero no como mera continuidad de hechos.

Lo histórico abarca todo aquello que puede considerarse impersonal y que puede convertirse en posibilidades. Mientras haya posibilidades, puede haber proceso y mientras haya proceso, hay historia. Aquí cabe absolutamente todo aquello que se presenta a la humanidad dándole alternativas de opción frente a la realidad y convirtiéndose en posibilidad, y que le lleva a hacerse cargo de tal realidad para transformar y enriquecer: la naturaleza, las instituciones, la cultura, las ideologías, las coyunturas, los problemas, los grupos humanos, entre otras perspectivas que hacen parte de "lo humano".

3.2. La historia como proceso abierto

La historia como proceso lleva a pensarla como proceso abierto, ya que va enriqueciendo el cuerpo social y la humanidad entera por el modo de posibilitación que le es propio. El proceso histórico, es un proceso abierto del cual participa la sociedad compuesta de personas abiertas totalmente a la realidad y que, como personas y como cuerpo social, asumen las posibilidades enriqueciéndolas, enriqueciendo la historia y enriqueciéndose ellas mismas.

En esto consiste la realización de la historia como historia. Es propio de la historia el realizarse y realizarse como proceso de posibilitación. En la medida en que se origina aquello que la historia es, la historia misma se va constituyendo; se va plenificando, porque la realidad como tal está dando más de sí. Así confirmamos que lo formalmente histórico comienza cuando los momentos y los dinamismos de la sociedad y de la naturaleza se convierten en posibilidades para el ser humano y para la misma sociedad.

Se origina así un nuevo sistema de posibilidades, nuevos modos de intercambio de la persona con el mundo; nuevos modos de interacción de la persona y la sociedad, de la sociedad y el mundo. Por eso la apertura es absolutamente práxica; completamente transformativa; obedece a la necesidad de realización de la persona y no del hacer por hacer, sino del constituirse como realizadora. Se hace realizando.

La apertura de la historia tiene igual sentido, aunque más abarcante, porque es la historia la que le da a la persona las posibilidades de ser haciendo, aunque la historia no puede ser sin la acción creadora de la persona. La persona, para esto, se apoya en todo lo que le ha sido transmitido y en todas las posibilidades que otros han enriquecido para ella y que ella a su vez va a enriquecer para otros; porque el proceso debe seguir enriqueciendo aún más sus capacidades y poderes. El hombre recibe así una perspectiva que debe desarrollar en la medida en que se encarga de la realidad.

Este apartado de la presentación, se puede concluir con la siguiente cita de Ellacuría:

La apertura de la historia es así un desafío para el hombre: puede avanzarse indefinidamente hasta que la naturaleza no soporte ya más la carga de la historia. Y esto es una posibilidad real con la cual ha de contar la historia (Ellacuría, 1991a, p. 446).

3.3. Lugar de la praxis

Esta realidad de la historia, tal como se ha planteado, es absolutamente dinámica; es un dinamismo interno, propio y constitutivo de la historia como tal. No son separables el individuo, la sociedad, y la historia; y en ellos, como realidades abiertas necesariamente, se da la praxis. El enriquecimiento, el proceso, la realidad de la historia sólo es posible porque hay en ella una capacitación y una posibilitación.

Todo esto se da porque hay un sujeto, la humanidad, para quien la historia tiene un sentido y desde ese sentido se realiza realizando. Al hacer, se hace. Esto es la praxis. Por eso praxis es el dinamismo entero de la realidad histórica; su actividad propia (Cfr. Ibid, p. 55), en la que se enfrentan hombre y mundo, no como contrarios sino como capacidades y posibilidades complementarias; por esto para Ellacuría lo más importante no es lo que está hecho, sino lo que está por hacerse: la verdad y la realidad que están por descubrirse y realizarse.

Por ende, se puede afirmar que nada de esto es posible si el ser humano no tiene la capacidad de hacerse cargo de la realidad, porque él, después de ser estimulado, ha de enfrentarse con las cosas y consigo mismo como realidad. Para Ellacuría, hacerse cargo de la realidad consiste en que el hombre cargue con la realidad. Esto es, cargue con cosas-realidad; asumiéndolas responsablemente. Aquí el hombre tiene que hacer y hacerse y de esta manera la persona asume la realidad como un encargo que se le ha dado. Por esto dice Ellacuría:

El esencial carácter práxico del hombre y de la vida humana se presenta éticamente como necesidad de encargarse de una realidad, suya y plena, que ha de ir realizándose y cuya realización le compete. (Ellacuría, 1979, p. 421)

Para concluir esta presentación de la praxis dentro del marco categorial desarrollado por Ellacuría en su propuesta filosófica, cito las ideas de dos comentadores de la filosofía de este pensador. Por un lado, Manuel Domínguez resume lo que es la praxis según Ellacuría:

La praxis en su significado primario y más comprensivo, es "el dinamismo entero de la realidad histórica". Esto significa ante todo que la praxis es un dinamismo y que es el dinamismo que engloba a todos los demás dinamismos, es un dinamismo de posibilitación y capacitación. ..Quiere igualmente decir que la praxis es el hacerse de la historia misma, que tiene como resultado el crecimiento incesante de toda la realidad (Dominguez, 1993, p. 50).

Por su parte, Antonio González, afirma sobre la praxis las siguientes ideas:

Praxis no es, estrictamente hablando, un mero sinónimo de acto o de actividad...Ahora bien, esta actividad no es ni exclusiva ni primariamente individual, sino específica y socialmente determinada. Tampoco es un mero resultante de la acción de una sociedad que se impone como un macrosujeto a los hombres. Se trata de una acción constituida ciertamente de modo social, pero siempre en respectividad a lo socialmente institucionalizado en cuanto aprehensible como real: es la acción histórica meramente receptiva, transformadora o, in casu, revolucionaria. Pues bien, la intrínseca actividad del hombre, constitutivamente moral en cuanto que socialmente determinada, no sólo como resultante institucional, sino como dirigida a la transformación de esa sociedad, sea en la dirección que sea y con el grado de "conciencia" explícita que sea, es lo que denominamos praxis (Gonzalez, 1987, p. 85).

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