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Revista EIA

versão impressa ISSN 1794-1237

Rev.EIA.Esc.Ing.Antioq  no.27 Envigado jan./jun. 2017

 

EDITORIAL

LA CIENCIA SILENCIOSA

¿Y qué pasaría si los seres humanos no fuésemos curiosos y no buscáramos el conocimiento? ¿Podemos vivir sin la ciencia? ¿De verdad podríamos existir como especie sin la ciencia? Los demás seres vivos del planeta lo han hecho y lo harán, pero nosotros no.

Van tres lustros del siglo XXI y los avances tecnológicos de uso cotidiano han permeado las comunicaciones institucionales, corporativas y personales. La información parece estar a la mano, la prestación de servicios tradicionales está cambiando por el uso de aplicaciones digitales. Esta "revolución tecnológica" aparenta representar la promesa que se nos dijo traería el siglo XXI, pero estas novedades no han cumplido con las oportunidades que están soterradas en la masificación tecnológica tales como superar la brecha del subdesarrollo, activar la democracia participativa, acceder al nuevo conocimiento, mejorar los sistemas de educación y de salud, diversificar la cultura, abandonar dogmas de autoritarismo, caudillismos y los nacionalismos decadentes a cambio de propender por los derechos humanos.

En la mitad del tercer lustro nos damos cuenta del apetito voraz que tiene la dirigencia mundial por los recursos públicos mientras los ciudadanos aún no alcanzamos a reaccionar- ¿Será omisión, complacencia o complicidad?-. Ahora los seres humanos pretendemos prescindir de las herramientas básicas que caracterizan a nuestra especie, la curiosidad y el conocimiento; los dejamos cambiar por la mentira y el entretenimiento. Lo que pretende esta reflexión es conectar la falta de interés por saber, buscar, indagar y comprender, con la permisividad involuntaria al atropello de los corruptos.

La idea subyacente de que la ciencia no es necesaria tiene muchas formas de manifestarse, la más contundente es recortarle el presupuesto a la educación, a la preservación del ambiente, y a la investigación básica y aplicada. Negar la ciencia y las evidencias que ella aporta, desmentir sus resultados, desestimular y perseguir a quienes se dedican a la ciencia, es la estrategia que recientemente líderes que en su vanidad plasman con el discurso del proteccionismo a la economía. Lo malo de estos ejemplos es que el ciudadano común, ese que tiene su centro de entretenimiento, de pensamiento e ideología en su bolsillo, cree simplemente en este discurso y de esta manera se está fomentando el desprecio por los intelectuales, los filósofos, los pensadores que tienen por trabajo la ciencia. ¿Será una estrategia de la dirigencia, de los gobernantes y sus copartidarios? ¿Por qué la proliferación de banderas retrógradas que parecían superadas? ¿Acaso se está distrayendo a una parte de la población con eufemismos de hace cuatrocientos años? Se corre el peligro de que la comunidad incorpore estos errores ideológicos como constructo colectivo de la contemporaneidad.

Le costó a la humanidad miles de años y muchos de sus mejores pensadores llegar al conocimiento científico que apenas cien años atrás permitieron los avances tecnológicos que disfrutamos en estos comienzos del siglo XXI. Este retroceso mundial ya se siente en el entorno local, en el discurso discriminador de los dirigentes que nunca mencionan a la ciencia dentro de sus planes de gobierno o si lo hacen es despectivamente como si fuera la menos contribuyente de las actividades humanas, pero la ciencia es silenciosa, porque la esencia del ser humano: la curiosidad, es buscar el conocimiento. La ciencia no solo es divertida y curiosa, es la que marca el paso del desarrollo, su influencia en la salud, en las condiciones que mejoran la calidad de vida, en los sistemas de transporte, en las telecomunicaciones, en la conservación del ambiente y del planeta, la ciencia es innovadora porque es conocimiento. La ciencia es la base fundamental de la ingeniería porque es práctica, el ingenio es el bien común de quienes saben, piensan y aplican. Tenemos la herramienta, usémosla, no es necesario ser científico para ser ciudadano, para buscar las explicaciones más allá de las apariencias o de las creencias. La ciencia es inherente a lo humano y está en nuestros genes, es evolución, es la ciencia silenciosa la de todos los humanos.

Ricardo León Restrepo Arango
Director, Revista EIA

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