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Tabula Rasa

Print version ISSN 1794-2489

Tabula Rasa  no.6 Bogotá Jan./June 2007

 

El construir andando de Vasco

 

The Ongoing Construction by Vasco

 

O construir andando do Vasco

 

Mauricio Pardo Rojas1

Universidad Central (Colombia) mauripardo@yahoo.es


Luis Guillermo Vasco ha llevado sus convicciones marxistas a la práctica antropológica de manera particularmente exigente. No ha hecho concesiones a los códigos de etiqueta de la institución universitaria o de la disciplina antropológica. Para Vasco la antropología es un campo de trabajo del marxismo. Como práctica intelectual la antropología sólo tiene sentido si esta orientada a transformar la realidad, como práctica política, debe desarrollar acciones al lado de los sectores de clase que han sido explotados por los procesos colonialistas y capitalistas de los que frecuentemente la antropología institucional ha sido parte y cómplice. Sin malabarismos retóricos, Vasco va directo al grano, la antropología revolucionaria, la única posible políticamente, genera conocimiento revolucionario y lleva a cabo prácticas revolucionarias para la emancipación de los indios.

Dentro de esta concepción programática, Vasco ha construido su trayectoria como solidario con la lucha indígena y como profesor universitario de antropología. Ha tenido un recorrido de activista en el sentido marxista de la praxis, es decir ha ido construyendo un conocimiento basado en esa práctica, una práctica basada en ese conocimiento y ha teorizado a partir de este proceso.

Es lo que Vasco, en la charla que viene a continuación, relata a grandes rasgos, el camino que ha seguido en la construcción de su práctica, de su método, de su teoría, una síntesis de su praxis. Su conocimiento, dice él, no proviene de aprenderse los libros de antropología sino de criticarlos y de confrontarlos con los procesos de investigación entre y con la gente. Siguiendo sus más honestas convicciones fue refinando su pensamiento, desde el documento precario y elemental que es el libro sobre los chamí (1975), hasta libros más recientes sobre sus vivencias etnográficas de la Entre selva y páramo. Viviendo y pensando la lucha india (2002) y el de Guambianos: hijos del aroiris y del agua (1998) los que sin duda son unas de las piezas más importantes de la antropología colombiana, reconocimiento que por supuesto tiene sin cuidado a Vasco.

La etnografía, para él, es el proceso de esa antropología marxista en que el investigador acopia la información y la escribe. Cuenta como fue configurando su método etnográfico desde sus comienzos viviendo con los indígenas y tratando de entender su situación y su pensamiento. En una etapa siguiente cuando escribió, en los ochentas Jaibanás los verdaderos hombres (1985) y el libro sobre cerámica y cestería Semejantes a los dioses (1987), trató de organizar los textos de manera que plasmaran el pensamiento indígena, de forma que «se diera la palabra a los indígenas».

La búsqueda de una conjunción entre teoría y práctica, y de la disolución de la dicotomía investigador-investigado le dio resultados consolidados en su trabajo con los guambianos que aparece en Hijos del aro iris y del agua. Como lo relata en la charla, fue una construcción de conocimiento con los indígenas, desde una propuesta indígena y bajo la dirección de las autoridades indígenas. No intentaba mostrar ya el pensamiento de los mayores como lo trató en los libros de los jaibanás o de la cestería sino un pensamiento construido en los procesos de la lucha indígena por la recuperación de la tierra y de su historia.

Tajantemente, Vasco dice que hasta ese momento «no había visto en mis textos y en mis trabajos una teoría explícita». El trabajo con los guambianos fue el que lo consolidó en esa conjunción de teoría y práctica. Al margen, frecuentemente en contravía, y con anterioridad a muchas de las discusiones de las tendencias postmodernas sobre multivocalidad, sobre autoridad etnográfica, sobre colonialidad del saber o sobre la voz de los subalternos, Vasco de manera análoga a Silvia Rivera Cusicanqui en Bolivia con los talleres de historia oral, ya había realizado una práctica para «dejar que los indígenas hablen».

A diferencia de muchos marxistas, o de algunas pedagogías o metodologías participativas de izquierda, en los trabajos de Vasco los indios no hablan con la voz impostada de la lucha de clases o de la lucha popular que muchas veces les atribuyen los investigadores izquierdistas, sino desde su propia historia, desde su propia epistemología. Una epistemología india --un término que Vasco seguramente no va a aceptar-- que se construye en el hacer, que se configura en el andar, que diferentemente al racionalismo occidental no separa el pensamiento de la acción, que no aísla al individuo de su grupo o del cosmos, que no se sitúa por encima del reino de la necesidad, que no subordina la razón práctica ni el sentido común.

Este es uno de los aspectos más sobresalientes de la antropología de Vasco. Argumentando desde la más austera ortodoxia marxista y maoísta, no cae en la teleología occidental ni en su logocentrismo como le ha ocurrido a la mayoría de los marxistas cuando se ocupan de los indios. Mirando la historia desde el materialismo y actuando desde la dinámica de la confrontación, el método de Vasco abre el conocimiento indígena, lo expresa en el texto narrado en la gramática occidental castellana, pero hace transparente el proceso, no se oculta detrás de un tono de relator omnipresente ni detrás de la autoridad narrativa ya sea etnográfica o revolucionaria.

Vasco es un convencido de lo que hace y de lo que escribe y uno de sus más peculiares rasgos es que no da tregua. No es solamente un asunto de talante, es parte de su método «yo no creo en esos cuentos de la tolerancia […] pura carreta burguesa […] la realidad […] no funciona así, lo hace a través de la confrontación».

Siempre ha expresado sus desacuerdos y ha polemizado reciamente cuantas veces le ha sido planteado el debate. Como los maestros zen, raramente ha elogiado los resultados de sus estudiantes sino que los ha sacudido con la crítica inclemente. En sus clases de etnografía enseña una disciplina rigurosa rayando en lo ascético para el trabajo de campo, en el conocer haciendo con los sujetos de la investigación, en el registro de los diarios, en la observación de los procesos sociales, en la confrontación con los textos académicos, en ese «recoger los conceptos de la vida», en ese «conocer es recorrer» que aprendió con los guambianos y que desde entonces incorporó a su método en etnografía.

Un instrumento de los dominados contra la explotación y la dominación. Así es como Vasco define su trabajo en etnografía, un trabajo expresado en sus escritos los cuales puso en su totalidad en Internet cuando quisieron restringirle su divulgación en carteleras en las paredes de la universidad. Un instrumento que ha ido construyendo andando por selvas y páramos, polemizando incesantemente, oyendo los cantos de los jaibanás, acompañando a las tejedoras de cestería y a las alfareras embera, trabajando y conversando con abuelos y muchachos guambianos.


1 Ph.D. (c) Anthropology Department. State University of New York (SUNY) en Binghamton. Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia.


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