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Tabula Rasa

Print version ISSN 1794-2489

Tabula Rasa  no.12 Bogotá Jan./June 2010

 

Empresas recuperadas en Argentina: producciones, espacios y tiempos de género1

Recovered companies in Argentina: gendered production, space and schedule

Empresas recuperadas na Argentina: produções, espaços e tempos de gênero

María Inés Fernández Álvarez2
CONICET3, Universidad de Buenos Aires4, Argentina
mfernandezalvarez@conicet.gov.ar

Florencia Partenio5
CONICET6, Universidad de Buenos Aires7, Argentina
fpartenio@ceil-piette.gov.ar


1Este trabajo es producto de nuestras investigaciones sobre empresas recuperadas (ramas de la alimentación, de la confección y metalúrgica) en el Área Metropolitana de Buenos Aires iniciadas en el año 2002 y financiadas por el CONICET.
2Doctora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS) Paris, orientación antropología social, magister en Estudios de Desarrollo, Instituto Universitario de Estudios de Desarrollo (IUED), Ginebra, Suiza, Licenciada en Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
3Investigadora del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica, con sede en la Sección de Antropología Social (FFyL, UBA).
4Docente de la Carrera de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras-UBA.
5Doctoranda en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.
6Investigadora Asociada del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-PIETTE) del CONICET
7Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).


Resumen

Una de las experiencias de movilización social que más ha llamado la atención en Argentina en los últimos años fueron las empresas y fábricas recuperadas. Esta denominación hizo referencia a una forma específica de demandar por «la fuente trabajo» que combinó la ocupación y la autogestión de una empresa por parte de las/os trabajadoras/es. Desde el 2002 desarrollamos investigaciones etnográficas sobre recuperaciones de empresas en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Como lo observamos en estos estudios, un rasgo saliente de estos procesos fue el modo en que la producción se convirtió en una acción de protesta modificando los espacios y tiempos de la vida cotidiana. En este artículo, retomamos aportes de la perspectiva crítica de los estudios de género para analizar las implicancias de estos cambios para las mujeres. Sostenemos que su participación, considerada a la luz de sus condiciones y trayectorias de vida, requirió desarrollar una ingeniosa habilidad para negociar sus tiempos frente a las familias.

Palabras clave:


Abstract

The recovery of companies and factories has been one of the most intriguing social mobilization experiences in recent years in Argentina. The term recovered factory has been used to name a specific struggle for employment sources, in which workers combine labor and self-management. Since 2002, the authors have carried out an ethnographic research on recovered factories in the Buenos Aires area. As they note it, these processes are mainly characterized by production becoming an action struggle, modifying both everyday life's space and time. Building upon a critical perspective of gender studies, we analyze implications of these changes for women participating in recovery processes. We suggest that women's participation —considered in view of their lives' conditions and trajectories— entails developing creative skills in order to negotiate their own time face to the time they ought to devote to their families.

Key words: recovered companies, gender, social mobilization, work, self-management.


Resumo

Uma das experiências de mobilização social que mais tem chamado atenção nos últimos anos na Argentina foram as empresas e fábricas recuperadas. Esta denominação faz referência a uma forma especifica de demanda pela «fonte de trabalho», a qual combina a ocupação e a autogestão da empresa por parte de seus trabalhadores/as. A partir de 2002, desenvolveram-se pesquisas etnográficas sobre recuperações de empresas na Área Metropolitana de Buenos Aires. Como observam esses estudos, um traço saliente nesses processos é a forma como a produção virou uma ação de protesto, modificando os espaços e tempos da vida cotidiana. Neste artigo, retomam-se contribuições da perspectiva crítica dos estudos de gênero para analisar as implicações dessas mudanças para as mulheres. Argumenta-se que sua participação, considerada à luz de suas condições e trajetórias de vida, exigiu o desenvolvimento de uma engenhosa habilidade para negociar seus tempos perante suas famílias.

Palavras chave: empresas recuperadas, gênero, mobilização social, trabalho, autogestão.


Las empresas recuperadas en clave de género

Una de las experiencias de movilización social en Argentina que más ha llamado la atención en los últimos años han sido las empresas y fábricas recuperadas8. Con esta denominación se hizo referencia a una práctica que combinó la ocupación o permanencia de trabajadoras y trabajadores en una empresa en quiebra o cierre con la continuidad de su gestión por parte de las/os mismas/os. Las ocupaciones de espacios productivos formaron parte del repertorio de acción de las/os trabajadoras/es en este país desde finales de los años 50 (Lobato y Suriano, 2003). En algunos casos excepcionales estas acciones incluyeron procesos de control obrero o gestión de la producción por parte de las/os trabajadoras/es (Partenio, García Allegrone y Fernández Álvarez, 2004). En particular, desde 1985 se realizaron ocupaciones de unidades productivas, en su totalidad empresas metalúrgicas, en la zona sur del Gran Buenos Aires impulsadas por la Unión Obrera Metalúrgica correspondiente a esta región. Esta organización sindical promovió la ocupación de las plantas y la conformación de cooperativas de trabajo frente a procesos de cierre o quiebra de empresas (Perelman y Dávalos, 2003). Sin embargo, desde mediados de la década del noventa y comienzos del 2000 la ocupación con gestión de la producción en manos de los/as trabajadores/ as se convirtió en una modalidad regular que cobró características singulares y definió una forma específica de demandar por «la fuente de trabajo» (Fernández Álvarez, 2006; Fernández Alvarez y Wilkis, 2007).

En el Área Metropolitana de Buenos Aires, la región donde se concentró el porcentaje más elevado, entre el año 2001 y el 2003 se desarrollaron 73 casos concentrados en municipios históricamente vinculados a las zonas industriales (Wilkis, et. al., 2004)9. Aunque este período fue el de mayor difusión y concentración, en los años siguientes se desarrollaron recuperaciones en diferentes regiones del país multiplicándose nuevamente en los últimos años10. En su amplia mayoría las empresas o fábricas recuperadas pertenecen al segmento de pequeñas y medianas empresas, aunque la existencia de unidades de mayor tamaño no deja de ser significativa. Diferentes relevamientos estiman que el promedio de trabajadoras/es por fábrica alcanza entre 50 y 60 personas y muestran que quienes llevaron adelante los procesos pertenecen al área de producción, registrándose en pocos casos participación de personal administrativo, de ventas o de alguna área de dirección. Las actividades productivas se distribuyen mayoritariamente en la rama industrial y en menor medida en los servicios, concentrándose en los sectores metalúrgico, frigorífico, textil, del plástico, alimenticio y gráfico (Facultad Abierta, 2005; Fajn, 2003; Rebón, 2007; Ruggeri, 2009).

Aunque el inicio de las recuperaciones respondió a una diversidad de motivos -deudas salariales, despidos, suspensiones, amenazas de cierre- dando lugar a distintos recorridos que incluyeron situaciones con mayor o menor grado de conflictividad -desalojos o represión policial- la conformación de cooperativas de trabajo, las negociaciones con el juez para lograr la administración de los bienes y las demandas de expropiación adquirieron regularidad, convirtiéndose en los pasos a seguir por los trabajadores que buscaban recuperar la empresa y «mantener la fuente de trabajo».

Desde diferentes perspectivas estos procesos han recibido la atención de numerosas investigaciones empíricas. En su conjunto estos estudios han puesto en evidencia que una de las características centrales ha sido la modificación de la extensión y de las actividades comprendidas en la 'jornada laboral'. En este sentido, algunos estudios analizaron los cambios en el proceso de trabajo destacando los relativos a los ritmos productivos, las funciones y la división de tareas (Fajn y Rebón, 2005, Rebón, 2007). En nuestro caso, desde el año 2002 hemos venido realizando investigaciones de carácter etnográfico sobre empresas y fábricas recuperadas de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires11. Nuestras observaciones de campo han puesto en evidencia que un rasgo saliente de las recuperaciones refiere a la forma en que las actividades productivas se articularon en acciones de protesta, o más precisamente el modo en que la producción en si misma se convirtió en una acción de protesta (Fernández Álvarez, 2006).

Esta particularidad implicó una serie de modificaciones del espacio y de los tiempos de trabajo. Por un lado, se diversificaron las tareas realizadas, tanto respecto al proceso productivo en sentido estricto como en la incorporación de nuevas actividades: a las relativas a la gestión de la empresa -administrativas, de venta y comercialización- se sumaron acciones de protesta, negociaciones con agentes del Estado, reuniones con empresas recuperadas, etc. Por otro lado, las/os trabajadoras/es debieron permanecer largas jornadas en la fábrica para «custodiar y defender la fuente de trabajo». Estas modificaciones implicaron una redefinición de las fronteras entre el 'espacio productivo' y el 'espacio reproductivo/doméstico' que redefinió los tiempos y espacios de la vida.

En este marco hemos observado que estas redefiniciones tuvieron implicancias diferenciales para las mujeres y los varones que llevaron adelante las recuperaciones. Aunque algunos trabajos han abordado la gestión de las empresas recuperadas mostrando la incidencia en las relaciones de género12, la mayoría de las investigaciones analizaron estos procesos como 'asexuados'. Desde nuestras investigaciones hemos explorado la importancia de desarrollar una mirada que problematice cuestiones de género y de manera específica la situación de las mujeres en estas fábricas.

En este trabajo en particular, analizamos las implicancias que las redefiniciones entre estos espacios tuvieron para las mujeres. Con este objetivo, nuestras reflexiones retoman la perspectiva crítica de los estudios de género sobre las dicotomías entre esfera de la producción/reproducción, el espacio público/ privado. Partimos de una visión integral del trabajo de la mujer que toma en consideración las interrelaciones entre trabajo doméstico y trabajo extradoméstico (Kergoat, 2003; García y Oliveira, 2004). Esta interpelación, lejos de suponer alguna forma de esencialismo (Ciriza, 2007) retoma una problemática ampliamente señalada por los estudios historiográficos (Perrot, 2008; Lobato, 2007; Barrancos, 2007) sobre las características de la experiencia laboral femenina –generalmente desdibujada en la historia del trabajo- y el reconocimiento de la histórica ilegitimidad del trabajo extradoméstico de las mujeres. Esto supone una búsqueda por problematizar la significación de las diferencias de sexo/género en articulación con otras diferencias (clase, edad, sexualidad, nacionalidad) y construir un análisis que nos permita interrogar cómo estos espacios de trabajo –empresas recuperadas- se insertan en complejas formas de dominación patriarcal y capitalista.


La 'jornada laboral' en las empresas recuperadas: una (re)construcción cotidiana

Como decíamos, las modificaciones en la 'jornada laboral' redefinieron los límites tanto del trabajo como del espacio fabril o productivo. Esta modificación se manifestó principalmente en dos aspectos: los tipos de tareas y actividades desarrolladas y las formas de habitar la fábrica. La descripción de un día de trabajo en una recuperada13 puede ayudarnos a ilustrar esta cuestión:

A las 8 y media de la mañana se apaga la luz. De manera análoga, como si se tratara de una coreografía delicadamente ensayada, cada uno interrumpe su tarea, aquella que viene realizando desde minutos después de las seis. El ruido de las máquinas es reemplazado por el de los pasos en busca de mates, yerba, tazas y saquitos de té para la preparación del desayuno. Una mesita cercana reúne a varias trabajadoras que depositan en el centro trozos de pan y bizcochitos. En este espacio, destinado al desayuno y al almuerzo desde que retomaron la producción bajo su gestión, se comparte no sólo aquello que se trajo para comer sino también discusiones de diferente orden, como cuestiones relativas a la organización del trabajo, gestiones referentes a la tramitación de un subsidio o el orden del día de la próxima asamblea. Media hora después, la luz vuelve a encenderse y las máquinas comienzan a ponerse en funcionamiento nuevamente.

De a uno, los lugares de trabajo vuelven a ocuparse, reiniciando la producción. Mientras Carolina se ocupa de una tarea que si bien conoce difiere a la que definía su puesto de trabajo en la fábrica, su hijo hace su siesta de la mañana. A pesar del ruido de las máquinas, incesante, Lucas duerme tranquilo. Su mamá ya no tiene que salir corriendo a la mañana para dejarlo en casa de su cuñada y puede darle el pecho con mayor frecuencia. Muy cerca de ella, de pie en una mesa que está ubicada en el centro del sector, Manuela continúa con la que fuera su tarea habitualmente y que ahora intercala con actividades de administración, venta o la realización de trámites bancarios. Del otro lado, Julia trabaja en una máquina que hasta hace algunos meses nunca había usado y que maneja bajo la mirada recelosa de Adriana. Desde la recuperación, Adriana tuvo que arreglárselas para cambiar de máquina y «ceder», por momentos «la suya». No es lo único que cambió en su vida desde entonces. Tuvo también que acordar con su pareja la permanencia en la fábrica alguna noches para cumplir con las guardias y aprender a hablar en las asambleas.

En el medio del salón, un grupo se apresura para agilizar la distribución de los insumos que acaban de llegar. Los que hasta hace minutos estaban en su puesto, dejan momentáneamente su tarea, dándole prioridad a esta labor que es ahora más urgente. En un costado, José discute con María la mejor manera de desarrollar un nuevo pedido. Detrás de ellos, sobre el pizarrón ubicado en medio del tercer piso, se anuncia en letras de imprenta: «Viernes 14hs Asamblea». Dolores ya sabe que ese día llegará más tarde de lo habitual a su casa. Deberá prever quien va a buscar al colegio a Laura, la mayor de sus dos hijas.

A las 12 menos diez se corta la luz para dar lugar al almuerzo. La escena del desayuno se repite, esta vez por un tiempo un poco más prolongado, dando lugar al almuerzo. Un rato después se retoma la producción aunque ahora el ritmo es más tranquilo, disminuyendo a medida que se acercan las tres de la tarde. Media una discusión entre Inés, Pedro, Julia, Beatriz y Diana por los responsables de ir al Ministerio ese día. Cerca de las tres de la tarde las luces se apagan por última vez anunciando el fin del horario de producción. Mientras algunos emprenden el camino de regreso a la casa, Diana, Julia, Rosana y Pedro se preparan para ir a una reunión con otras recuperadas. Inés y Manuela, en cambio, se reúnen en el primer piso para revisar las cuentas de la semana, mientras que Sofía atiende en la planta baja a un cliente que acaba de llegar. Cerca de ella, en la salita contigua a la entrada, Dolores y Roberto relatan una vez más «su historia» en una entrevista solicitada por un medio local independiente. Ese día serán ellos los últimos en desprenderse el guardapolvo de trabajo.

Esta rutina, reproducida a diario con pequeñas variaciones, describe a grandes rasgos el día a día en una fábrica recuperada. Las actividades cotidianas realizadas por las/os trabajadoras/es lejos de reducirse a la repetición de una operación puntual incluyen una amplia diversidad de tareas. La 'jornada laboral' que previamente concluía cuando se apagaban las luces, se extendió más allá de estos límites, abarcando incluso los fines de semana. A su vez la 'desaparición' de puestos administrativos y jerárquicos, junto con la reducción del número de trabajadora/es14, hizo necesario cubrir estas actividades y multiplicar las tareas realizadas por cada uno de ella/os.

En consecuencia, se redefinieron los límites tanto del espacio fabril como del trabajo en sí mismo. Esta redefinición se manifestó en diferentes aspectos que incluyeron los tipos de tareas y actividades desarrolladas, los ritmos y tiempos de trabajo así como la forma de habitar la fábrica y el tránsito entre ésta y los hogares de las/os trabajadoras/es.

En relación al primer aspecto, a partir de la recuperación «el trabajo» comprendió tareas que sobrepasaron las actividades estrictamente ligadas a la producción, incluyendo otras como visitar organismos públicos, reunirse con legisladoras/ es, participar de asambleas con sus compañeras/os o encuentros con empresas recuperadas, entrevistarse con medios de comunicación, recorrer las universidades recolectando fondos o realizar manifestaciones. Una de las actividades más desatacadas fue la realización de guardias o acampes que se organizaron para garantizar la custodia de la fábrica. Para llevar adelante estas acciones, se conformaron grupos estables de trabajadoras/es que cumplían regularmente con un cronograma rotativo de turnos. En algunos casos, las/os trabajadoras/es pasaron a habitar la fábrica, como fue el caso de Agustín que aún vive con su madre y hermanos, no tiene hijos/as, y se encontraba desocupado a fines del 2001. Agustín comenzó «acompañando» a su madre en las gestiones y en las marchas durante la primera fase y finalizó cumpliendo «el horario estrictamente en la carpa», lo cual lo llevó –según sus palabras- «a estar todo el tiempo acá e invertir parte de mi juventud acá. Porque yo podría estar en otro lado...no sé si mejor y más seguro... capaz que no». En otro caso, Martín con 27 años trabajaba desde el 94 en una fábrica alimenticia hasta que finalmente se cerró en el 2001. Durante los días que duró «la toma», se quedó en la fábrica y se «turnaba» con otros compañeros para volver a su hogar: «mi mujer me decía que el nene me extrañaba... pero bueno había que estar acá, y ellos lo tenían que entender».

Este conjunto de tareas pasó a formar parte de la rutina de trabajo, definidas, consideradas y reglamentadas como tales. Constituyeron actividades que las/ os trabajadoras/es incluyeron y debieron cumplir como parte de su 'jornada laboral'. Esta particularidad cobró mayor significación a la luz del proceso de construcción de demandas orientado a lograr la continuidad de la «fuente de trabajo». Este proceso se sostuvo en una serie de argumentos que articularon derecho y mérito a partir de la categoría de trabajo digno y en una serie de acciones en las que esta categoría se puso en acto (Fernández Álvarez, 2006; 2007)15.

Esto implicó mostrarse como trabajadoras/es, exponer públicamente ciertas condiciones como la capacidad de producir y el conocimiento del oficio, la voluntad de lucha y la responsabilidad de trabajo, la disposición al esfuerzo y al sacrificio, el sufrimiento frente a la amenaza del desempleo. Condiciones que fue necesario exhibir ante legisladoras/es y jueces que tenían a su cargo la decisión de sancionar las expropiaciones u otorgar los permisos de permanencia, que los hicieron merecedores de estas medidas. El día a día «de trabajo» se inscribió así en un proceso más amplio de movilización social: gestionar la producción en sus manos permitió seguir siendo trabajadores/as, mantenerse produciendo, dar muestras de la capacidad de trabajo (en términos de esfuerzo y conocimientos) para llevar adelante la fábrica.

El segundo aspecto refiere a la extensión del «día de trabajo». Éste pasó de consistir un ejercicio de tareas puntuales realizadas en horarios fijos y acotados a incluir nuevas actividades desempeñadas dentro y fuera de la planta, que se extendieron una vez finalizado el horario destinado a la producción. En ciertas oportunidades, los ritmos del proceso de trabajo se vieron alterados por acciones desarrolladas 'fuera' de la fábrica. En este sentido, los límites de la 'jornada laboral' se desdibujaron, sobrepasando el fin del 'horario productivo'. Como lo señalaba una trabajadora:

    Hoy hacés un montón de cosas en el día y se te pasa la hora volando. Antes no, antes era ir y quedarte en una máquina o en un lugar y estar todo el día en ese lugar, ibas y venías sin ninguna responsabilidad.

En el caso de las guardias, éstas comenzaban una vez finalizadas las tareas relativas al proceso de trabajo, y se prolongaban hasta al día siguiente. De esta manera, para quienes cumplían con esta tarea, el «día de trabajo» se extendía durante las 24 hs. Para algunas/os trabajadoras/os esta situación generaba complicaciones que les impedía asegurar la guardia, para lo cual presentaban familiares que cumplían esta tarea o bien eran reemplazadas/os por otro/a trabajador/a. A diferencia de los varones, las mujeres solas con hijas/os a cargo cumplían con esta actividad junto a ellas/os.

Durante las primeras fases de las recuperaciones, el cuidado de los hijos/as menores fue resuelto a partir de la asistencia a las distintas actividades junto con ellos (por ejemplo, durante las guardias o el comienzo de la ocupación). En las instancias posteriores, cuando la situación legal se había estabilizado, la necesidad de asistir con los/as hijos/as al trabajo para las trabajadoras permaneció sin resolverse: ellas debieron concurrir con sus hijos/as menores y desempeñaron sus tareas mientras las/os menores jugaban o dormían en la sección de trabajo16. Al respecto Gabriela, una trabajadora de fábrica textil de Lanús de 39 años, comentaba como habían improvisado el «cuidado» cotidiano de su hija pequeña dentro de la fábrica:

    (...) porque siempre estuve así ocupada... desde que yo los tuve... a los tres... (se refiere a su hijos de 7 y 5 años y su beba de 4 meses) estuve trabajando, no es que me quedé en casa... Me quedé con la nena los primeros meses, después ya a los tres meses la traje acá a la fábrica. Yo acá estoy sentada desde la 7 que entramos... hasta la 4 que es el horario de salida que nosotros nos quedamos hasta las 5... Como es cooperativa, ¿viste? si necesitamos quedarnos, nos quedamos directamente... Y la beba se queda acá al lado, en el bebesit, mientras yo estoy cosiendo en la máquina. Después las chicas del fondo la hacen dormir, y me avisan si se despierta o tiene hambre. Sí, así se va acostumbrando a ver cómo se trabaja [ se ríe].

Por último, las/os trabajadoras/es reorganizaron los espacios de la fábrica en función de las necesidades productivas, adquiriendo mayor movilidad entre los distintos sectores. A modo de ejemplo, en algunos casos se reestructuraron las secciones unificando sectores de la producción dispuestos previamente en espacios fijos y separados con el objetivo de mejorar los ritmos productivos. Esta modificación redundó en mayor comunicación entre las secciones lo que agilizó la resolución de problemas que se presentaban en el curso del proceso de trabajo, al tiempo que favoreció la transmisión de conocimientos. A su vez, las formas de habitar la fábrica se modificaron en varios sentidos: a través de la instancia de guardia, con la permanencia de algunas/os trabajadoras/es que pasaban gran parte de la semana para reducir los costos de transporte, o de algunas/os que se trasladaron a vivir allí.

Esta cuestión se expresó con más fuerza durante los primeros meses. Aunque en la mayoría de los casos las/os trabajadoras/es coinciden en que se volvía difícil «explicar» en las familias que «había que quedarse en la fábrica» decidieron permanecer y participar de diferentes formas, situación que se expresó de manera heterogénea. Este es el caso de Rubén un trabajador de una recuperada textil de la Ciudad de Buenos Aires que al inicio de la recuperación tenía 35 años había sido «planchador» y durante la primera fase se ocupó de las ventas. Desde los primeros momentos de la recuperación recuerda a una de sus «compañeras» de trabajo que «se quedó un tiempo y se fue. Se fue porque el marido no la dejó que se quede» en la «ocupación». Rubén estuvo ante una situación similar, pero desde los primeros meses decidió «mudarse» al sexto piso de la fábrica, mientras el resto de su familia continuó viviendo en el Gran Buenos Aires:

    Y ahora quedé viviendo acá, porque en un momento no apoyaba la familia. Y claro... porque son nueve meses, que no es fácil de sobrellevar una familia. Tenés que estar constantemente metido acá (...) Capaz que a las tres de la tarde me tengo que ir a microcentro y son las siete, ocho de la tarde y tengo que volver... Ya estoy cansado todo el día, y ya me quedo acá.

    Y eso llevó a discusiones de familia, que porque no voy a casa, que porque esto..., que porque el otro. Por ello, decidió «vivir» en la fabrica porque – como explicaba en su relato- «mi señora no comprendía mi lucha». Esta decisión lo llevó a combinar «su puesto en las ventas» con un segundo trabajo como empleado de seguridad, y compartir el resto del tiempo con su hija de dos años que, a veces, se quedaba en la fábrica.

En síntesis, la fábrica pasó a constituir también un 'espacio de vida' en el cual se comía, se dormía y al que se podía asistir junto a la familia. En este proceso, la relación misma entre «la casa» y «el trabajo» fue redefinida, imprimiendo nuevos sentidos a las formas de habitar y transitar las distancias entre un espacio y otro, tanto en términos físicos, materiales, como simbólicos y afectivos. En palabras de una trabajadora:

«Bueno, cambió... en parte cambió para bien, en parte tenemos más responsabilidad porque antes vos terminabas tu trabajo y te ibas a tu casa y te desentendías de la fábrica, de todo, no tenías que pensar en nada, pero en cambio ahora no, ahora somos responsables nosotros».


Trabajar... y luchar: las implicancias de las modificaciones de la 'jornada laboral' para las mujeres.

Ahora bien, ¿qué implicancias tuvieron estos cambios para las mujeres que participaron en estas recuperaciones? Siguiendo nuestras observaciones, los cambios descriptos fueron asumidos y experimentados de manera diversa según cada una, dieron lugar al desarrollo de una serie de tensiones, redefinieron el proceso de desestructuración/reestructuración de jerarquías y tuvieron distintas expresiones de padecimiento. En consecuencia, abordar este interrogante exige atender a las situaciones particulares de cada una de ellas, tomando en cuenta aspectos como la trayectoria laboral o asociativa, la edad, la nacionalidad, la situación conyugal, el número de hijos/as a cargo y el ejercicio en la jefatura del hogar. Esta diversidad de situaciones tuvo especial incidencia a la hora de negociar la participación en la recuperación, principalmente en todas aquellas actividades que eran realizadas? fuera' del horario de producción.

En algunos casos, las mujeres debieron enfrentar y responder a los cuestionamientos de sus parejas. Al respecto, Ana, una trabajadora de una fábrica textil de Buenos Aires de 35 años que actualmente está separada y vive en la casa de sus padres con su hija, comentaba el dilema que en el inicio de la recuperación se le presentó frente a su pareja:

    (...)'Y bueno, entonces le dije a una compañera, Susana, le dije: 'por favor le podés llamar a Marcos, [se refiere a su actual ex marido], decile que me voy a quedar esta noche acá, que después le explico por qué'. Después él me llamó acá y me dice: '¿qué hacés ahí?, ¡salí de ahí! Si vos te quedás ahí, si vos te llegás a quedar ahí... ¡olvidate de mí!, ¡o la fábrica o yo!' Le digo: '¿o la fábrica o vos? Bueno, me quedo con la fábrica'(...) [se ríe mientras lo recuerda].

En el transcurso de la primera fase de la recuperación, Ana quedó embarazada y dejó de trabajar, a pesar de que su marido tenía un trabajo «inestable». Durante los meses posteriores decidió poner fin a ese vínculo conyugal porque se había tornado violento y volvió «a buscar trabajo». Sus compañeras/os la reincorporaron a la fábrica que en ese momento se encontraba realizando un acampe después de haber sido desalojada: «me presenté y alguna me decía: "bueno, si vos volvés, si decís que vas a volver quedate, pero no vaya a ser cosa que te vuelvas a ir". Bueno, yo vengo y me quedo, yo me quedo. "Tenés que hacer las guardias, tenés que quedarte a la noche, tenés que hacer esto y bueno". No, no, ya no me costaba tanto viste porque ya me sentía libre porque yo cuando estaba juntada no me sentía libre (...) libre de decidir, bueno, me quedo, si me quiero quedar me quedo, nadie me va a decir nada viste». En esta situación volvió a trabajar mientras su hermana «le cuida a la nena». Ana trasmite un gran orgullo por haber vuelto a entrar a la fábrica a fines del 2003 junto a su hermana, con quien integra actualmente la cooperativa. Aunque en la balanza también pesa al deterioro de las condiciones de vida, entre ellas, haber perdido la posibilidad de acceder a una «casa propia» dado que estaba en un plan de vivienda pero no pudo seguir pagando las cuotas.

En otros casos, se sumaron una serie de tensiones en relación al cumplimiento de las 'tareas domésticas', como el cuidado de las/os hijas/os y la limpieza del hogar. Esta situación se expresó en dos niveles. Por un lado, las tareas domésticas significaron una sobrecarga que se acopló a la extensión de la 'jornada laboral', sobre todo para aquellas mujeres solas con hijos/as a cargo. Este es el caso de Rosana -una trabajadora de 37 años con 4 hijos e hijas a cargo, cuya pareja se encontraba desocupada en el momento del inicio de la recuperación- quien expresaba:

    Y tenés responsabilidad con tus hijos también; y que van al colegio... y todo... es mucho. Mucho más que antes. Porque antes no... vos trabajabas bajo patrón, venías, cumplías un horario y bueno, el resto de las horas te ocupabas de tu casa. Y ahora tenés una responsabilidad, tenés responsabilidad en tu casa, como también en tu trabajo. En este sentido, en los relatos hemos identificado la importancia otorgada por estas mujeres a la posibilidad de recibir 'apoyo' de parte de sus compañeros para poder combinar 'la lucha por la fábrica' y 'el cuidado de los/as hijos/as'.

Por otro lado, estas tensiones se extendieron en un cuestionamiento por parte del entorno respecto a la 'responsabilidad' en el cuidado de las/os niñas/os. Así lo expresó Celeste, una trabajadora que al comienzo de la recuperación tenía 33 años y sus tres hijos a su cargo, citando las críticas recibidas por la maestra de la escuela:

    [la maestra decía] con su trabajo todo bien pero tiene que preocuparse por sus hijos y venir [a la escuela]. Y yo por ahí también pienso que tengo un poco de culpa porque tantas horas de trabajo, dedicando tantas horas a esta lucha y me descuido... Y... por ahí yo me digo que tengo que disfrutar a ellos, y... por qué tengo que sentirlo tanto esta lucha que tengo que estar ahí cada minuto... cada paso. Siento algo de culpa.

Al mismo tiempo, la participación en el proceso de recuperación permitió adquirir ciertos grados de autonomía y valorización personal. Mabel, una trabajadora que cuando comenzó el proceso tenía 42 años y vivía con su pareja y sus dos hijos, relataba:

    en mi caso mi marido por ejemplo, no es que es posesivo sino que ellos también eran muy quedados, no le gustaba ir a ningún lado pero ahora no, yo me voy con los chicos para allá, si, me voy, chau (...) Al principio no le gustaba que me quedara en la guardia, pero después le dije, un día salió de mi: 'yo me voy a ir a la guardia pero vos atendé la casa'. Y como que se sintió apretado, qué sé yo, eso nada más le dije y entendió todo.

En algunos casos donde el proceso fue muy largo, la incertidumbre que representaba el paso de los meses enfrentó a las/os trabajadoras/es a la necesidad de justificar su participación ante familiares y parejas que cuestionaban su permanencia. Esto puso en juego diferentes argumentos que unos y otras expusieron principalmente ante la imposibilidad de percibir un ingreso, justificaciones que también debieron enfrentarse con estereotipos de género, propios y ajenos.

En este sentido, la experiencia de Mónica, una mujer que al comienzo de la recuperación tenía 47 años fue diferente. Su marido «nunca aceptó nada de esta lucha» incluso ella no quiso traer a sus hijos varones «más chicos» a la carpa para que no vieran «como yo estaba pasando». Así lo explicaba en su relato, cuando tuvo que enfrentar los reiterados cuestionamientos de su marido:

    Yo ya no le hice caso, porque él no quería que venga... Entonces se enojaba, '¡por qué tanto!', decía '¡por qué tanto!'. Y yo le contestaba 'porque vos no tenés trabajo y porque yo tengo ahora', le digo eh... 'porque yo ahora puedo traer un sueldo a mi casa ¿por qué no me dejas?' Y que no, que no, y pero yo seguí, seguí, y bueno... Y cuando yo... no tenía trabajo y estaba en la carpa, él también se enojaba '¿qué vas a hacer ahí?, ¿cómo va ir una señora por ahí? durmiendo ahí... en una plaza', me decía. Pero yo venía con mi hija... ella venía conmigo y bueno... el marido de ella [en referencia a una compañera] aceptaba, que le dejaba las nenas, pero mi marido no.

Este relato pone en evidencia el modo en que la justificación a partir de la «necesidad» permitió a muchas trabajadoras –tal como lo explica Lobato (2007)- atenuar las tensiones y legitimar su permanencia, en este caso, en un espacio fabril o incluso en el acampe. En el caso de Mónica esta situación se agravó cuando las justificaciones ya no podían fundarse en el ingreso de dinero de ella como el principal del hogar. Esa situación la llevó a abjurar de esos modos del «deber ser femenino» (Barrancos, 2007) y sostener esa «lucha» para volver a entrar en la fábrica, viviéndolo casi como un desafío propio, donde ya no podía decirles a sus hijos: «me voy a casa...perdí».


Reflexiones abiertas al tiempo.

Como se desprende de los párrafos anteriores, uno de los principales límites a la participación de las mujeres en las recuperaciones refiere a las 'responsabilidades' de la esfera doméstica-íntima. Esta cuestión adquirió particularidades según las condiciones de vida de las trabajadoras, así como de sus experiencias pasadas. Esta diversidad de situaciones expresó una compleja articulación entre los tiempos dedicados a la participación en la recuperación de la fábrica respecto de las exigencias del tiempo y espacio doméstico. Tal como lo ponen en evidencia los relatos transcriptos, esta participación se tradujo en una serie de tensiones al interior del 'espacio doméstico' que en algunos casos se expresaron en términos de pérdidas aunque en otros dieron lugar a la creación de niveles de mayor autonomía. Frente a esta situación las mujeres desarrollaron una delicada construcción de «equilibrios de tiempos, espacios y energías» (De Barbieri, 2003).

Llegado este punto, hablar de la participación de las mujeres en las recuperaciones de fábricas, en tanto desarrollo de una práctica política específica, nos lleva a reflexionar sobre un problema crucial: la cuestión del manejo del tiempo. Algunas autoras como María Jesús Izquierdo (1988; 1999; 2003) han desarrollado importantes reflexiones sobre el problema del tiempo de las mujeres destacando que este puede pensarse como continuo que se organiza en función de las necesidades de los otros, mientras que el tiempo de los varones se presenta como un tiempo discontinuo17. En esta línea, Teresa Torns (2000; 2001) plantea un análisis en términos de dicotomía/ sincronía, es decir, la dicotomía entre tiempo de trabajo y tiempo de no trabajo que viven los varones, en contraposición a la sincronía temporal que administra la cotidianeidad de las mujeres. Desde esta mirada, problematiza las políticas que pretenden la «conciliación» sin cuestionar las «políticas de tiempo» y la revisión del contrato social entre géneros.

Las recuperaciones, en las cuales las fronteras que previamente delimitaban espacios y tiempos diferenciados entre la casa y la fábrica o la producción y la política se entremezclaron, han tenido y tienen implicancias particulares respecto del uso de los tiempos de estas mujeres. Esto ha significado adquirir habilidades para negociar sus tiempos entre «el trabajo», «la casa» y «la lucha». En relación a las «regulaciones temporales», Dora Barrancos (2006), sostiene que si para los varones la participación política es una «inversión» de tiempo, para las mujeres gerenciar el tiempo dedicado a «la política» se convierte en el principal problema a resolver. Cuando las mujeres deciden involucrarse y participar en la vida pública deben hacer frente a estas encrucijadas. En este desafío, para poder anteponer aquello que desean hacer a lo que de ellas se espera en la casa, en la fábrica y en su actividad política deben atravesar un proceso de aprendizaje.

En este caso, este aprendizaje se articuló en una práctica que fue a la vez productiva y política, o como dijimos al comienzo, en el que mantener la producción, mantenerse como trabajadora/es constituyó una forma específica de «lucha» que redefinió las fronteras entre tiempos y espacios de vida y trabajo. Aprender a negociar sus tiempos, con sus parejas, con sus compañeros, con sus familias, fue para estas mujeres una condición necesaria. Un aprendizaje desde la necesidad que abrió camino para otras negociaciones y conquistas.


Pie de página

8Utilizamos bastardillas para categorías sociales, doble comillas para citas textuales y comillas simples para relativizar o destacar palabras.
9El 60% de las empresas recuperadas se ubica en esta región, el resto de los procesos se concentra principalmente en las provincias de Córdoba y Santa Fe aunque se han desarrollado casos en otras provincias como Corrientes, Jujuy o Neuquén.
10A modo de ejemplo, podemos citar los casos de Arrufat, Indugraf, Febatex o Torgelone desarrollados entre finales de 2008 y comienzos del 2009.
11Estos estudios formaron parte de nuestras investigaciones doctorales y han centrado en la reconstrucción de las trayectorias de vida y las tramas de relaciones sociales y políticas. En el marco de las mismas hemos reconstruido diferentes procesos de recuperaciones de fábricas, con especial atención en los sectores alimenticio, metalúrgico y de confecciones desde el año 2002 hasta 2008 (Fernández Álvarez, 2006; 2007; Partenio, 2005; 2006). Para la realización de este trabajo utilizamos datos de campo (observaciones y entrevistas en profundidad) registrados a dichas empresas.
12Ver: Di Marco y Moro, 2004 y Fernández, et. al. 2006.
13 La descripción corresponde a las notas de campo realizadas en el año 2005 en una empresa recuperada de la Ciudad de Buenos Aires.
14En la amplia mayoría de los casos quienes llevaron adelante la recuperación se encontraban empleados en su totalidad como operarios.
15En el caso del Área metropolitana de Buenos Aires, al que circunscribimos nuestro trabajo, uno de los primeros ejes en el proceso de construcción de demandas fue lograr la tenencia de las unidades productivas mediante la expropiación de las empresas (en quiebra) argumentando el derecho a un «trabajo digno». A diferencia de las demandas de las organizaciones que nuclearon a las empresas y fábricas recuperadas, las expropiaciones no se llevaron delante de manera general (mediante una ley específica y aplicada al conjunto de las recuperadas) sino a través de medidas puntuales tomadas frente a cada caso en particular. En consecuencia, las/los trabajadoras/ es tuvieron que mostrar una serie de condiciones que acreditaban el mérito a la sanción de esta ley, elaborada y sancionada para ese conjunto específico de personas. Esta modalidad exigió, por parte de las trabajadoras y los trabajadores, desplegar una serie de acciones que fueron más allá de expresiones públicas de protesta — como movilizaciones y cortes de calle— incluyendo reuniones con legisladores, asesores, etc. en las que buscaron establecer un vínculo directo con aquellos a quienes era necesario convencer del mérito ante la sanción de las leyes.
16Esta cuestión dio lugar a debates y propuestas por parte de algunas trabajadoras como la creación de guarderías dentro de la fábrica. Sin embargo, son excepcionales las experiencias donde esta modalidad fue llevada a cabo. Ver: Partenio, 2008.
17La autora sostiene que, en términos de performatividad, las categorías de «mujer» y «varón» no tienen una existencia anterior a las relaciones sociales. De este modo, la mujer es «hacer de mujer» y el varón «hacer de varón», en donde uno y otro hacer se necesitan mutuamente (Izquierdo, 2003). Estas prácticas ritualizadas garantizan la efectividad performática de género. El tiempo juega en términos de esta asignación de espacios y lugares diferentes, valorados de manera desigual: «el trabajo de las amas de casa no es ni remunerado ni gratuito, puesto que el ama de casa recibe los medios que hacen posible su subsistencia. El trabajo remunerado se produce en condiciones que generan la alienación del trabajador. El trabajo de las amas de casa no produce su alienación como trabajadoras, sino como personas. Pude constatar esa cualidad particular del trabajo doméstico en una investigación sobre el uso del tiempo. las diferencias entre el trabajo doméstico y el trabajo remunerado no radican en lo que se produce —vida humana, directa o indirectamente—, sino en las condiciones de producción» (Izquierdo, 1999:36-37).

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