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Tabula Rasa

versión impresa ISSN 1794-2489

Tabula Rasa  no.27 Bogotá jul./dic. 2017

https://doi.org/10.25058/20112742.442 

Desde El Ático

LOS ESTUDIOS AFRODESCENDIENTES EN AMÉRICA LATINA: UN CAMPO EN CONSTANTE EXPANSIÓN Y MOVIMIENTO

Afro-descendant studies in Latin America -A continuously growing and changing field of study

Estudos afrodescendentes na América Latina: um campo em constante expansão e movimento

EDUARDO RESTREPOa 

JEANNETH YÉPEZb 

PEDRO J. VELANDIAc 

a Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

b Museo Nacional de Río de Janeiro, Brasil

c Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia.


«Los estudios afrodescendientes en América Latina: un campo en constante expansión y movimiento» es el título de la convocatoria de este número de Tabula Rasa. Con esta convocatoria buscábamos recibir artículos que realizarán balances sobre las trayectorias, características y debates que pueden trazarse en estos estudios en la región. Nos sorprendió la acogida que esta convocatoria tuvo, recibiendo una buena cantidad de propuestas para su evaluación. Algunos de los textos que llegaron no fueron incluidos en este número debido a que consistían en investigaciones de aspectos históricos o contemporáneos referidos a las poblaciones afrodescendientes, pero no se enmarcaban en el propósito de presentar estados del arte de estos estudios.

Entre los artículos que publicamos en este número, los dos primeros se enfocan en lecturas transversales de estos estudios desde asuntos como el racismo y mestizaje (Peter Wade) o en la pregunta por el lugar y contribuciones de los intelectuales afrodescendientes (Elena Oliva). Otros artículos que componen este número se han escrito a partir del referente del Estado-nación en torno al cual se articula un establecimiento académico y una nucleación política y emergencia de estos estudios: Argentina (Eva Lamborghini, Lea Geler y Florencia Guzmán), Chile (Montserrat Arre y Paulina Barrenechea), Colombia (Pedro Velandia y Eduardo Restrepo), Cuba (Milena Annecchiarico), México (María Camila Díaz y María Elisa Velásquez), y Uruguay (Viviana Parody). Además, se cuenta con un estudio que se enfoca en Centroamérica (Carlos Agudelo).

Temáticas como la diferencia, la desigualdad, la identidad, el mestizaje, la nación, la invisibilización y el racismo aparecen en los balances, aunque se pueden notar énfasis diferenciales. Argentina y Chile constituyen sus estudios desde la disputa por las presencias y relevancias de los afrodescendientes en unos imaginarios de nación fuertemente blanqueados y europeizados. En ambas formaciones nacionales de alteridad, lo negro o lo afrodescendiente han sido extranjerizados. Uruguay opera en cierto modo a contrapelo, con una abierta presencia de lo afrouruguayo en la imaginación de la nación en la política y en la cultura, a veces subsumiendo lo afrodescendiente al candombe. Cuba, por su parte, luego de las fuertes y tempranas improntas de Fernando Ortiz, y en un establecimiento académico marcado por los efectos de la revolución, ha articulado la africanía como parte constitutiva de la cubanidad pero obliterando hasta hace poco el reconocimiento de la discriminación racial y el racismo. Colombia y México evidencian un cuerpo de literatura existente en torno a sus poblaciones negras con unas figuras pioneras en los años cuarenta del siglo XX, diferenciándose para los años noventa en la marcada regionalización de lo negro en Colombia y la borradura de la «tercera raíz» para México. En Centroamérica los estudios han operado desde una diferenciación de las diferentes olas que han caracterizado las llegadas de los afrodescendientes y el énfasis en lo garifuna.

Aunque con notables ausencias de balances sobre algunos países (como Bolivia, Brasil, Ecuador, Perú o Venezuela) o lecturas transversales (como la de género o de geopolítica), los textos que componen este número son relevantes insumos en aras de dimensionar el posicionamiento y complejización de los estudios afrodescendientes en las dos últimas décadas en la región. Si bien se trazan antecedentes que, en algunos casos, se remontan a finales del siglo XIX y principios del XX, los distintos balances notan cómo se acrecienta y densifican las investigaciones hacia finales de los años noventa y el comienzo del milenio.

Antes que el resultado de transformaciones relacionadas solo con el mundo académico, la relativa visibilidad y vitalidad de los estudios afrodescendientes en muchos lugares de América Latina se explica en gran parte por cambios políticos e históricos que han habilitado novedosos principios de inteligibilidad, administración, agencia y disputa de problemáticas, poblaciones y subjetividades articuladas como afrodescendientes. Si las abrumadoras obliteraciones del pasado reciente no son inocentes, tampoco lo son las más recientes y específicas emergencias.

En gran parte marcados por un encerramiento en los marcos del Estado-nación, el campo de los estudios afrodescendientes requiere de conversaciones e intercambios que vayan más allá del naciocentrismo. Hay que transversalizar aún más las conversaciones para entender las particularidades y comunalidades de las experiencias afrodescendientes en América Latina. Brasil, una de las grandes ausencias en este número, requiere ser traducido e interpelado desde los países hispanoparlantes de América Latina y el Caribe, incluyendo los contextos anglófonos y francófonos. Los silenciamientos y desconocimientos mutuos que han perfilado toda una política de la ignorancia entre nosotros mismos, es uno de los más fuertes retos para superar en la constitución de unos estudios afrodescendientes en América Latina, que vayan más allá de la sumatoria de «casos nacionales».

A pesar de haber sido impulsados y vitalizados por movilizaciones y luchas de organizaciones afrodescendientes como se indica en varios de los artículos de este número, el campo de los estudios afrodescendientes a menudo habla epistémica y socialmente desde el privilegio blanco que constituye el establecimiento académico dominante. Transformar esto no es simplemente un asunto de color de piel, aunque también lo es. No se zanja tampoco con apelaciones a exterioridades y puridades de un adecuado sujeto moral individual o colectivo que puede hablar de un verdadero sí mismo, sin mediaciones ni entramados de dominación. Supone una sospecha y un compromiso de complejizar y disputar las políticas de representación que han predominado en el campo, habilitando disidencias e interrumpiendo las más arraigadas certezas, incluso aquellas que se articulan como políticamente correctas. Este es, sin duda, otro de los grandes retos en los que se definirán los alcances y pertinencia de los estudios afrodescendientes en América Latina.

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