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Revista Criminalidad

versión impresa ISSN 1794-3108

Rev. Crim. vol.56 no.2 Bogotá ene./mayo 2014

 

Psicopatía y delincuencia: comparaciones y diferencias entre ofensores sexuales y delincuentes comunes en una cárcel chilena

Psychopathy and crime: comparisons and differences between sexual offenders and ordinary criminals at a prison in Chile

Psicopatia e delinquência: comparações e diferenças entre os ofensores sexuais e delinquentes comuns em uma cadeia chilena

José Cabrera Sánchez*

René Gallardo Vergara**

Fernando Renee González Moraga***

Rayén Navarrete Castro****

*Doctor en Psicoanálisis. Profesor, Escuela de Psicología, Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt. Puerto Montt, Chile. jcabrera@spm.uach.cl

**Magíster en Psicología Clínica. Profesor, Escuela de Psicología, Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt. Puerto Montt, Chile. rgallardo@spm.uach.cl

***Psicólogo, Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt. Hovmantorp, Suecia. freneegm@gmail.com

****Psicóloga, Behandlingsassistent, Landstinget Kronoberg, Växjö. Hovmantorp, Suecia rayennavarrete@gmail.com

Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo: Cabrera S., J., Gallardo V., R., González M., F. R. & Navarrete C., R. (2014). Psicopatía y delincuencia: comparaciones y diferencias entre ofensores sexuales y delincuentes comunes en una cárcel chilena. Revista Criminalidad, 56 (2): 229-245.

Fecha de recepción: 2014/05/26 Fecha concepto evaluación: 2014/06/26 Fecha de aprobación: 2014/07/14


Resumen

En esta investigación se compararon ofensores sexuales y delincuentes comunes de una cárcel chilena en relación con la psicopatía. La muestra constó de 57 agresores sexuales y 82 delincuentes comunes, todos condenados y recluidos en el Centro Cumplimiento Penitenciario de la ciudad de Puerto Montt, Chile. El instrumento utilizado en esta investigación fue el Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), de Robert Hare. Los resultados demuestran que el nivel de psicopatía parece no influir de manera significativa en el hecho de estar condenado por algún tipo de delito sexual; por otra parte, se aprecian niveles moderados de psicopatía en personas condenadas por delitos no violentos. A medida que aumentan las características psicopáticas se aprecia una asociación positiva con la participación en delitos violentos y/o de sangre. Se concluye que los ofensores sexuales y delincuentes comunes reincidentes presentan niveles mayores de psicopatía.

Palabras clave: Psicopatía, PCL-R, delitos sexuales, delincuencia común, comparación entre delitos (fuente: Tesauro de política criminal latinoamericana - ILANUD).


Abstract

In this research a comparison relating to psychopathy was made between sexual offenders and ordinary criminals in a prison in Chile. The sample consisted of 57 sexual aggressors and 82 common delinquents, all of them convicted and held at the correction facilities of the "Centro de Cumplimiento Penitenciario" in the city of Puerto Montt, Chile. The instrument used in this study was Robert Hare's Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R). The results show that the psychopathy level does not seem to affect in a significant way the fact that convicts have been sentenced for some kind of sexual crime. On the other hand, moderate psychopathy levels are observed in individuals charged with non-violent offenses. As psychopathic features increase, a positive association with violent and/or bloody crimes is evidenced. The conclusion is that sexual offenders and recidivist common criminals exhibit higher psychopathy levels.

Key words: Psychopathy, PCL-R, sexual offenses, ordinary/small-scale crime, crime comparisons (Source: Tesauro de política criminal latinoamericana - ILANUD).


Resumo

Nesta investigação compararam-se ofensores sexuais e delinquentes comuns de uma cadeia chilena com relação à psicopatia. A amostra consistiu em 57 agressores sexuais e 82 delinquentes comuns, toda condenados e recluídos no Centro Cumprimento Penitenciário da cidade de Puerto Montt, o Chile. O instrumento usado nesta investigação foi Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), de Robert Hare. Os resultados demonstram que o nível da psicopatia parece não influir de maneira significativa no fato de ser condenado por algum tipo de crime sexual; por outro lado, estimam-se os níveis moderados de psicopatia nas pessoas condenadas por crimes não violentos. à medida que aumentam as características psicopáticas aprecia-se uma associação positiva com a participação em crimes violentos e/ou de sangue. Conclui-se que os ofensores sexuais e delinquentes comuns reincidentes se apresentam níveis maiores da psicopatia.

Palavras-chave: Psicopatia, PCL-R, ofensas sexuais, delinquência comum, comparação entre os crimes (fonte: Tesauro de política criminal latinoamericana - ILANUD).


Introducción

La criminología ha recurrido a la psicología para intentar comprender ciertos fenómenos delictivos que impactan por su violencia, los que se caracterizan por transgredir abiertamente los códigos, formales e informales, que orientan la convivencia social, ya que atentan contra supuestos básicos de respeto por la integridad física y psicológica del otro. Estos delitos ponen en tensión a la sociedad, ya que interpelan en forma directa las posibilidades que se tienen para regular la interacción sin caer en la agresión o el daño hacia las personas.

Al abordar el estudio de la conducta criminal, y particularmente de aquella caracterizada por una severa vulneración de los derechos e integridad de las víctimas, se aprecia que la psicopatía es uno de los predictores más relevantes respecto del riesgo de violencia en general, no solo en lo que respecta a agresiones de tipo físico, sino también a otras formas de abuso y explotación de los demás. Pero la relevancia de la psicopatía, como factor interviniente en la conducta delictiva, lleva también a preguntarse por las posibles diferencias con que se presenta en distintas formas de conducta delictual. En este trabajo se realiza una comparación respecto de la presencia de indicadores de psicopatía entre dos grupos diferenciados por el tipo de delito en que han participado, uno compuesto por ofensores sexuales y otro de personas condenadas por delitos comunes.

A fin de evaluar la presencia de psicopatía, se recurrió a la escala de Hare versión revisada (PCL-R), ya que se trata del instrumento más utilizado a nivel mundial para la determinación del trastorno psicopático en contextos forenses, y se cuenta con gran cantidad de estudios que avalan su efectividad (Craig, Browne, Beech & Stringer, 2004; Stadtland, Hollweg, Kleindienst, Dietl, Reich & Nedopil, 2005; Olver & Wong, 2006; Melis, 2007), a lo que se añade su reciente validación en población forense chilena (León, 2009).

Resulta relevante conocer la forma en que se relaciona diferencialmente la psicopatía con los distintos tipos de conducta delictual, ya que esta información puede ser de ayuda para la planificación de orientaciones técnicas que guíen los procesos de reinserción social de la población penal, en las que se consideren las características y necesidades específicas de los sujetos, como un elemento crucial para el éxito de las intervenciones psicosociales destinadas a favorecer su retorno a la comunidad y la disminución de las probabilidades de reincidencia.

Marco teórico

Psicopatía

La psicopatía fue descrita con gran riqueza por el psiquiatra norteamericano Herbert Cleckey en su obra seminal The Mask of Sanity (1976). En su perfil clínico identifica una serie de rasgos, dentro de los cuales se destaca: el exhibir un encanto superficial considerable y una inteligencia promedio o por encima de la media; un equilibrio amplio, tranquilidad y facilidad de palabra; la falsedad y la falta de sinceridad; un comportamiento antisocial que es inadecuadamente motivado y mal planeado, pareciendo provenir de una impulsividad inexplicable entre alguno de los síntomas de una amplia lista.

Esta descripción clínica ha sido retomada en el trabajo de Robert Hare, investigador canadiense, quien ha desarrollado un instrumento de evaluación estandarizada de psicopatía, el Psychopathy Checklist Revised (PCL-R) que en cierta medida operacionaliza y da continuidad a la propuesta de Cleckey, desarrollando abundante investigación empírica. El PCL-R ha sido traducido a varios idiomas, y en la actualidad es la medida más usada y validada de psicopatía (Vien & Beech, 2006); este instrumento identifica cuatro áreas que componen la psicopatía: la interpersonal (locuacidad y encanto superficial, egocentrismo, mentira patológica, manipulación y control); la emocional (falta de culpa, superficialidad afectiva, carencia de empatía, no aceptación de la responsabilidad propia); el estilo de vida (necesidad de excitación y tendencia al aburrimiento, parasitismo, falta de metas a largo plazo y/o irreales, impulsividad, irresponsabilidad), y estilo antisocial (mal control conductual, problemas de conducta precoz, delincuencia juvenil, quebrantamiento de beneficios, versatilidad delictual).

La psicopatía y las ofensas sexuales

Los ofensores sexuales constituyen un grupo bastante heterogéneo, lo que significa que en la base de la conducta sexualmente abusiva podemos encontrar una amplia variedad de motivaciones y condiciones etiológicas (Robertiello & Terry, 2007), situación que complica desde el comienzo la posibilidad de establecer categorías acotadas o perfiles de personalidad específicos, que resulten característicos para este tipo de agresores.

El núcleo de las clasificaciones del delito sexual se basa en la diferenciación entre "violadores" y "abusadores infantiles" (Robertiello & Terry, 2007); a esta división general se suman otra serie de distinciones, las que diferencian entre agresiones físicas o virtuales, o del tipo de parafilia que resulta en una ofensa sexual; por otra parte, muchas tipologías distinguen además una serie de subclasificaciones, como, e. g., si se trata de abusos que se dan dentro o fuera de la familia (Terry, 2006). Teniendo en consideración la dificultad para trazar un perfil general de los abusadores sexuales, existe la opción de preguntarse por la relación entre algunos rasgos de personalidad y las diversas categorías en las que las ofensas sexuales han sido tradicionalmente clasificadas. En este trabajo, la opción ha ido por la vía de apreciar si existen relaciones entre la psicopatía y las distintas ofensas sexuales que pudieron encontrarse en la población penitenciaria de la cárcel de Puerto Montt.

Al revisar las investigaciones que abordan la relación entre psicopatía y ofensas sexuales, de nuevo nos encontramos con un panorama bastante heterogéneo. Hare (1995) señala que los psicópatas no suelen caracterizarse por incurrir en ofensas sexuales, y los describe como delincuentes versátiles, más que especializados en algún tipo de delito en particular; además, el creador del PCL-R señala que la violencia ejercida por los psicópatas es típicamente instrumental, más que impulsiva, razón por la cual su implicación en delitos por lo general no dependería de motivaciones como la sexualidad. En una investigación desarrollada por Hare (1998) en prisiones estatales de Canadá, se encontraron tasas de psicopatía de 26,1 % entre los violadores, 18,3 % en ofensores sexuales mixtos y 5,4 % en ofensores incestuosos. Serin, Malcolm, Khanna & Barbaree (1994), al analizar una muestra de 65 ofensores sexuales, encontraron solo un 10 % coincidente con el criterio de psicopatía establecido por Hare (puntaje en el PCL-R ≥ 30). Por su parte, Brown & Forth (1997) encontraron, en una muestra de 60 violadores encarcelados, que un 35 % cumplían con el criterio del PCL-R para psicopatía. Porter, Fairweather, Drugge, Hervé, Birt & Boer (2000), sobre una muestra de 229 ofensores sexuales, hallaron que un 26,6 % de esta coincidía con el criterio de psicopatía del PCL-R. Esta relativamente amplia variabilidad de resultados tiende a hacerse más cercana cuando se aprecia desde la perspectiva de los porcentajes de psicopatía asociados a distintos tipos de ofensas sexuales. Así, Serin et ál. (1994) encuentran que los violadores puntúan más alto en psicopatía que los abusadores infantiles (12 y 8 %, respectivamente); la investigación de Porter et ál. (2000) arroja un 35,9 % de sujetos que cumplen el criterio de Hare para psicopatía entre los violadores, muy cercano al 35 % encontrado por Brown & Forth (1997), cifra que se eleva al 64 % entre los ofensores que mezclan distintos tipos de abusos sexuales en su conducta, valores que descienden en forma ostensible dentro de los abusadores de niños y los ofensores incestuosos, entre quienes los porcentajes de coincidencia con el criterio de psicopatía del PCL-R es solo de 9,4 y 6,3 %, respectivamente, resultados que se acercan a lo encontrado por Serin et ál. (1994) entre los abusadores de menores.

En un estudio sobre las características de depredadores sexuales violentos internos en un hospital psiquiátrico de seguridad (Vess, Murphy & Arkowitz, 2004), se apreció que estos individuos presentaban niveles solo levemente mayores de psicopatía, evaluada con el PCL-R, que otros grupos de pacientes psiquiátricos. Sin embargo, cuando el análisis distinguía entre distintos tipos de ofensores sexuales, los violadores obtenían puntajes bastante más altos que otros pacientes, mientras que los abusadores de niños recibían puntajes más bajos que la mayoría de los pacientes de otras categorías. En una comparación más precisa, este estudio encontró que los violadores obtenían una media de 26,4 puntos en el PCL-R, mientras los ofensores mixtos (mixed offenders) alcanzaban un media de 26, siendo ambos grupos significativamente mayores en relación con la media de 20,6 puntos obtenida por los abusadores de menores. Cuando la comparación se hizo desde la perspectiva del puntaje de corte en el PCL-R considerado como indicador de psicopatía (> 29), los resultados fueron aún más llamativos, ya que un 43,3 % de los violadores obtuvieron puntajes iguales o superiores a 30 puntos, cifra que se elevó hasta un 47,8 % entre los abusadores que ejercieron distintas formas de abuso sexual (mixed offenders), en tanto que solo un 7,1 % de los abusadores de niños alcanzaron un puntaje igual o superior a 30 puntos en la escala de Hare.

Parece relativamente claro, a partir de la investigación previa, que dentro de las distintas categorías de ofensores sexuales, aquellos que presentan una más alta prevalencia de psicopatía son los violadores y los ofensores mixtos, y resulta más o menos baja la presencia de psicopatía entre ofensores sexuales de niños e incestuosos. Cabría esperar, a partir de estas asociaciones, que existiera una mayor probabilidad de reincidencia en este tipo de delitos por parte de quienes han sido calificados como psicópatas, ya que la psicopatía resulta un importante predictor de recidiva en conductas delictuales. Nuevamente las evidencias resultan contradictorias. Existen investigaciones que han encontrado relaciones significativas entre reincidencia en delitos sexuales y psicopatía (Firestone, Bradford, McCoy, Greenberg, Larose & Curry, 1999; Hanson & Harris, 1998, 2000; Hildebrand, de Ruiter, & de Vogel, 2004; Quinsey, Rice & Harris, 1995; Rice, Harris & Quinsey, 1990), mientras otros estudios no han encontrado relaciones relevantes entre ambos aspectos (Barbaree, Seto, Langton, & Peacock, 2001; Firestone et ál., 1998; Langström & Grann, 2000; Sjöstedt & Langström, 2002).

El meta-análisis realizado por Hanson & Morton-Bourgon (2005), acerca de las características de los ofensores sexuales persistentes, estableció que la mayor parte de los ofensores sexuales no fueron encarcelados por un nuevo acto de abuso sexual (13,7 %), sino que fundamentalmente reincidieron en conductas delictivas no sexuales (tasa de reincidencia de 36,2 %); asimismo, encontraron que los mayores predictores de reincidencia, tanto violenta como no violenta, fueron las variables relacionadas con una orientación antisocial (personalidad y rasgos antisociales e historia de ruptura de reglas). Las variables vinculadas a la predicción de reincidencia en ofensas sexuales resultaron similares, mas no idénticas, a los predictores de recidiva no sexual; las desviaciones sexuales y la orientación antisocial fueron los predictores más importantes de reincidencia en ofensas sexuales, tanto en adultos como en adolescentes. Adicionalmente, los resultados del meta-análisis de Hanson & Morton-Bourgon no arrojaron relación entre desviación sexual y reincidencia no sexual, además de sugerir que los factores asociados al inicio de las ofensas sexuales no son los mismos que se vinculan con su persistencia.

Una investigación realizada en España (Redondo, Luque, Navarro & Martínez, 2005), que cabe reseñar a pesar de que en ella no se utilizó el PCL-R tradicional, sino su versión screening (PCL-SV), analizó los factores de riesgo de reincidencia entre agresores sexuales, y encontró que en una muestra de 123 sujetos, un alto porcentaje puntuaba en los diferentes ítems de la escala, destacando en especial las variables del factor I (rasgos psicopáticos), tales como Mentiroso (71,4 %), Ausencia de remordimiento (88,1 %), Falta de empatía (83,3 %), No aceptación de responsabilidades (90,5 %) y también la variable Impulsivo (92,9 %), esta última perteneciente al factor II (conductas antisociales). Un 60,7 % de los sujetos obtuvieron puntuaciones iguales o superiores al punto medio en el conjunto del factor I (rasgos psicopáticos), y un 26,2 % superan dicho punto medio en el factor II (conductas antisociales). Atendida, no obstante, la baremación de la PCL-SV, solo un 6 % de los sujetos presentan perfil psicopático grave (18 puntos en la PCL-SV).

Olver & Wong (2006) concluyen, en concordancia con estudios previos por ellos citados, que la tasa base de psicopatía es más alta entre violadores y ofensores mixtos, en comparación con abusadores de menores y ofensores incestuosos. Estos investigadores señalan también que estos resultados se relacionan con el puntaje de corte utilizado para determinar la psicopatía, el que usualmente es de 30, pero cuando el puntaje de corte es de 25, la tasa de ofensores sexuales psicopáticos aumenta más del doble, y pasa de un promedio de 13 % de ofensores sexuales psicopáticos a un 29 %. Estos mismos investigadores establecen que la diferencia en la tasa base de psicopatía entre los cuatro grupos de ofensores sexuales estudiados (violadores, ofensores mixtos, abusadores de niños y ofensores incestuosos) se encuentra fundamentalmente basada en los altos puntajes en el factor 2 del PCL-R obtenidos por los violadores y ofensores mixtos, lo que indica que estos tienen una mayor tendencia a presentar conductas antisociales y un estilo de vida criminal, en comparación con los abusadores de niños y ofensores incestuosos. Los puntajes en el factor 1 (características nucleares de la personalidad psicopática) no difieren sustancialmente entre las cuatro categorías de ofensores sexuales antes señaladas. En relación con la reincidencia, como cabría esperar de los altos puntajes en el factor 2 del PCL-R obtenido por los violadores y ofensores mixtos, un 74 % de ellos recayeron en conductas delictuales no sexuales, en contraste con un 32 % de los abusadores de niños y los incestuosos. Estos resultados tienden a reafirmar los hallazgos previos respecto de la heterogeneidad de los ofensores sexuales en cuanto a sus características y posibilidades de reincidencia tanto en delitos sexuales como no sexuales.

En el meta-análisis realizado por Hawes, Boccaccini & Murrie (2013) se estudió la psicopatía en combinación con las desviaciones sexuales, como predictor de la reincidencia en delitos sexuales. Estos autores concluyen que es importante centrar la atención en la potencial utilidad del factor 2 en combinación con puntuaciones del PCL-R y medidas que indiquen conductas sexuales desviadas.

La evidencia parece dejar bastante en claro que dentro de la heterogeneidad de las ofensas sexuales, los violadores y ofensores mixtos tenderían a presentar con una frecuencia significativamente mayor la condición de psicopatía establecida por la escala de Hare, y por su parte, los ofensores sexuales que han victimizado a niños tienden a tener menores niveles de psicopatía. Sin embargo, es posible encontrar estudios que han intentado despejar con mayor especificidad la relación entre psicopatía y ofensas sexuales hacia niños; revisaremos algunos de los resultados que estos han arrojado.

Rosenberg, Abell & Mackie (2005) estudiaron una muestra de 111 hombres adultos acusados de haber cometido delitos sexuales en contra de personas menores de 16 años, buscando evaluar la relación existente entre los puntajes en el PCL-R y los distintos tipos de ofensas sexuales hacia menores cometidos por los sujetos de la muestra (abusos extrafamiliares hacia niños del mismo sexo y de sexo opuesto, y abusos incestuosos). Los resultados más relevantes de la investigación muestran que aquellos agresores que usaron violencia física en contra de los niños abusados obtuvieron puntajes significativamente más altos en psicopatía (PCL-R) que aquellos que no la utilizaron. Por otra parte, los mismos investigadores no encontraron diferencias significativas respecto de los niveles de psicopatía entre los distintos tipos de ofensas sexuales hacia niños, ni tampoco con la versatilidad criminal de los evaluados.

En rasgos generales, podemos señalar que las investigaciones realizadas hasta el momento no muestran que las ofensas sexuales se encuentren relacionadas de manera significativa con la psicopatía, tal como la evalúa el PCL-R; sin embargo, cuando en la amplia tipología de conductas delictivas que se clasifican como ofensas sexuales se realiza un análisis más detallado, es factible encontrar relaciones diferenciales y estadísticamente importantes entre los delitos de índole sexual y la psicopatía, cuestión que permite señalar la relevancia de investigar con mayor precisión este tipo de relaciones, a fin de refinar los mecanismos de evaluación de riesgo y el ofrecimiento de intervenciones psicoterapéuticas diferenciales entre las personas acusadas de haber cometido algún tipo de ofensa sexual.

Psicopatía y delincuencia común

La investigación contemporánea ha demostrado que la psicopatía es un importante factor de predicción del riesgo de reincidencia en conductas delictuales, y también de la conducta violenta (Grann, Langström, Tengström, & Kullgren, 1999; Hemphill, Hare & Wong, 1998; Kosson, Smith & Newman, 1990; Salekin, Rogers & Sewell, 1997). En las primeras investigaciones sobre la relación entre la psicopatía y la violencia, Hare & Jutai (1983) encontraron que adultos delincuentes psicópatas habían sido acusados de delitos violentos casi el doble que la población delincuente no psicópata; además, prácticamente todos los psicópatas habían perpetrado por lo menos un crimen violento, en comparación con alrededor de la mitad de los delincuentes no psicópatas. Investigadores como Serin & Amos (1995) encontraron que los psicópatas eran cinco veces más propensos a reincidir en delitos violentos que los no psicópatas, después de estar cinco años en libertad. Por su parte, Porter, Birt, & Boer (2001) encontraron que los delincuentes psicópatas realizaban más delitos violentos y no violentos que los no psicópatas, desde la adolescencia hasta cumplir los 40 años.

Sin embargo, cabe especificar el tipo de violencia que se observa en la conducta presentada por los sujetos calificados como psicópatas; de acuerdo con los señeros estudios de Cleckley (1976), se evidencia que la violencia ejercida por sujetos calificados como psicópatas tiende a ser más instrumental que la practicada por parte de sujetos no psicópatas, ya que estos últimos por lo general cometen actos de violencia reactiva, provocados por la rabia o la desesperación y sin un fin previamente establecido o una función práctica. La investigación realizada por Williamson, Hare & Wong (1987) avala lo recién señalado; en su trabajo describieron las características de la violencia implicada en diversos delitos, a partir de una muestra de 101 internos en cárceles de Canadá, en la cual encontraron que los psicópatas eran más propensos a la utilización de agresión instrumental, ya que en un 45,2 % de los delitos cometidos por ellos se estimó que la violencia era usada con el fin de obtener una ganancia material o para vengarse, en tanto que los delincuentes no psicópatas utilizaron violencia instrumental solo en un 14,6 % de los delitos cometidos. Otro aspecto relevante, establecido por Williamson et ál. (1987), es que los psicópatas eran mucho menos propensos a experimentar excitación emocional durante sus crímenes (un 2,4 % de las veces), en comparación con los sujetos no psicópatas, quienes experimentaron excitación emocional en 31,7 % de los delitos cometidos, hallazgo que apunta a confirmar el patrón de frialdad afectiva que parece caracterizar el actuar agresivo de los psicópatas, lo que permite suponer que al momento de actuar violentamente no se encuentran motivados por una activación emocional intensa, lo que les permitiría mantener la capacidad de planificar y orientar su conducta hacia un fin determinado.

Cornell, Warren, Hawk, Stafford, Oram & Pine (1996) advirtieron que los delincuentes que habían cometido al menos un acto de violencia instrumental, eran más psicopáticos que aquellos que no registraban uso de ese tipo de violencia, particularmente en aspectos como mentira patológica, manipulación, superficialidad, falta de empatía, estilo de vida parasitario, irresponsabilidad y versatilidad criminal.

Woodworth & Porter (2002) señalan que los psicópatas manifiestan una impulsividad selectiva; es decir, su conducta violenta es instrumental y no reactiva, lo que les permite manejar su utilización, ya que tendrían en consideración aspectos como la pena asociada al hecho de cometer un homicidio. El uso de este tipo de violencia representa un dato importante, ya que estos sujetos, a diferencia de otros que se comprometen en conductas delictuales, serían capaces de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, además de manejar de forma práctica el uso de la agresión con arreglo a fines y no movidos por emociones intensas, que disminuyen su capacidad de control conductual.

Según Laurell, Belfrage & Hellström (2010), la violencia instrumental está relacionada con la constancia de la conducta transgresora, lo que en el plano delictual se vincula a la reincidencia, ya que la planificación puede indicar la creencia de reducir al mínimo el riesgo de caer en prisión, aumentando las posibilidades de burlar la ley y con ello la probabilidad de reincidencia. Estas conclusiones parecen señalar que en los psicópatas la agresión forma parte de un patrón consistente de conducta, siendo utilizada con el objetivo de lograr ciertos fines y, por lo tanto, no es producto de un descontrol puntual de impulsos.

Por otra parte, la propensión de los psicópatas a participar en actos de violencia instrumental y agresión se reducen muy poco con la edad (Hare, 1988; Harris, Rice & Cormier, 1991). Una explicación de la persistencia del potencial de violencia instrumental del psicópata puede explicarse por la disminución, a medida que aumenta la edad, de ciertas características asociadas a la conducta antisocial, como la impulsividad y la búsqueda de sensaciones; sin embargo, a medida que aumenta la edad no se aprecia una disminución de los rasgos egocéntricos, manipuladores e insensibles propios de la psicopatía (Harpur & Hare, 1994). Lo recién planteado se relaciona con las observaciones de Woodworth & Porter (2002), quienes evaluaron las relaciones entre la psicopatía según el PCL-R y la agresión instrumental, y encontraron que existe una relación entre esta última y los puntajes de los dos factores evaluados por el PCL-R (factor 1: interpersonal/afectivo, y factor 2: conducta impulsiva/conducta antisocial). Al revisar de manera más específica las correlaciones obtenidas, estos investigadores apreciaron que la relación de mayor importancia se encontraba entre la agresión instrumental y el factor 1 del PCL-R. A conclusiones similares arribaron Porter, Birt & Boer (2001), quienes encontraron que los homicidas evaluados como psicópatas obtenían altos puntajes en el factor 1 del PCL-R, en tanto que los homicidas no psicopáticos mostraban puntajes más elevados en el factor 2 de la misma escala, es decir, en aquellos rasgos vinculados con impulsividad y conducta antisocial.

Un aspecto que cuenta con importante ratificación empírica es la relación entre psicopatía y reincidencia. Hare afirma que "la tasa de reincidencia de los psicópatas es el doble que la de los otros delincuentes, la reincidencia en actos violentos de los psicópatas es el triple de la de los otros" (2003a, p. 129, traducción de los autores). Asimismo, estudios realizados por Hart, Kropp y Hare (citado en Ching, 2005) afirman que la reincidencia en psicópatas era cuatro veces más probable, y que, además, estos fallarían en su libertad bajo palabra, luego de ser liberados. Según los autores recién citados, luego de tres años de seguimiento, el 80 % de los psicópatas habían fallado, mientras que solamente un 20 % de los no psicópatas lo habían hecho en ese mismo período.

Asscher, van Vugt, Stams, Deković, Eichelsheim, & Yousfi (2011) realizaron un meta-análisis de k=53 estudios con 60 muestras que no se solapan y 10.073 participantes, para investigar si la psicopatía se asocia con la delincuencia y la reincidencia en los jóvenes. Concluyen que la detección temprana de la psicopatía es importante, ya que la conducta delictiva y la reincidencia se puede predecir a partir de la psicopatía ya en la transición de la niñez a la adolescencia media.

Método

Participantes

La investigación se llevó a cabo en el Centro de Cumplimiento Penitenciario "Alto Bonito", de la ciudad de Puerto Montt, en el transcurso de dos años, con dos muestras diferentes. La primera se preocupó de la relación entre los delitos sexuales y la psicopatía, en tanto que la segunda se centró en la asociación entre delincuencia y psicopatía.

Ambas muestras fueron de tipo probabilístico estratificado proporcional, en donde todos los elementos de la población tienen la misma posibilidad de ser elegidos. "La estratificación aumenta la precisión de la muestra e implica el uso deliberado de diferentes tamaños de muestra para cada estrato, a fin de lograr reducir la varianza de cada unidad de la media muestral" (Hernández, Fernández & Baptista, 2008, p. 248). Esto se realizó a partir de un procedimiento de números aleatorios, en donde se seleccionó al azar a los sujetos que cumplían con los criterios de inclusión en cada una de las muestras.

Muestra 1

La muestra, compuesta por agresores sexuales, se extrajo de una población total de 242 sujetos condenados por delitos sexuales, que se encontraban recluidos en el recinto penitenciario antes señalado. Se estableció una muestra aleatoria de 57 sujetos, con un margen de error del 7 % y un nivel de confianza del 90 %. A continuación se pueden observar los siguientes datos sociodemográficos: edad, estado civil y tipo de delito (vid. tablas 1, 2 y 3).

Muestra 2

Para la muestra de delincuentes comunes se tomaron 82 sujetos, seleccionados a partir de un universo total de 156, con un margen de error de 7 %, nivel de confianza de 93 % y con un nivel de heterogeneidad del 50 %. Se presentan a continuación los siguientes datos sociodemográficos de la muestra 2: edad, estado civil y tipo de delito (vid. tablas 4, 5 y 6).

Para la composición de la muestra de delincuentes comunes se buscó aislar la variable violencia implicada en la comisión del delito, en el entendido de que existe una relación estrecha entre comportamientos violentos y psicopatía; para tales fines se decidió establecer un criterio que permitiera diferenciar, de la manera más precisa posible, la utilización de violencia en el comportamiento delictivo de los sujetos estudiados, y se llegó a la conclusión de que existen dos grandes categorías de delito que difieren por su relación con conductas violentas: el homicidio y el hurto. Respecto del homicidio, se puede establecer que para su realización se requiere necesariamente de la concurrencia de un comportamiento violento, en tanto que el hurto se define como un delito en el que no se incurre en violencia de ninguna clase. El robo en sus distintas categorías constituía una categoría problemática, dado lo complejo de establecer la utilización o no de violencia en su desarrollo, por lo cual se optó por dejarlo afuera como criterio principal de inclusión y mantenerlo solo como parte de la calificación de reincidencia en el caso de personas que se encontraban cumpliendo una condena actual por homicidio. Al aislar de esta forma la variable violencia, respecto de la conducta delictiva, pensamos que sería más nítida la comparación entre las categorías constituyentes de la muestra, para establecer conclusiones de forma más precisa y considerando la relevancia de un factor como la violencia en la investigación sobre psicopatía. Cabe aclarar también que todos los sujetos encarcelados por hurto son reincidentes, ya que la legislación chilena no considera la encarcelación de condenados por hurto primerizos, pero se tuvo el cuidado de que las personas incluidas en esta categoría fueran reincidentes solo en delitos previos de hurto, es decir, no habían utilizado la violencia en sus anteriores delitos. Por último, la composición de la muestra de delincuentes comunes fue la siguiente: violentos reincidentes, con un total de 26 sujetos, caracterizados por cometer como último delito un homicidio y tener algún otro delito en su extracto de filiación, con una representación del 32 % de la muestra; violentos no reincidentes, definidos como sujetos que han cometido únicamente un homicidio sin reincidencia en otros delitos, con un total de 25 sujetos, que representan el 30 % de la muestra; no violentos reincidentes, sujetos que presentan antecedentes penales previos por el delito de hurto y que se encontraban recluidos por este mismo tipo de delito, con un total de 31 sujetos, que representaban el 38 % de la muestra. Se consideró como criterio de exclusión la presencia de patología psicótica y/o problemas cognitivos, según los datos aportados en el recinto penitenciario.

Instrumento

El instrumento utilizado en esta investigación fue el Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), de Robert Hare (2003b), ya que se trata de un medio con amplio respaldo empírico en la evaluación de la psicopatía y con una utilización particularmente extendida en el ámbito de la psicología forense.

El PCL-R consta de 20 ítems, que pueden ser puntuados entre 0 y 2 puntos cada uno, lo que implica que los puntajes se pueden distribuir en un rango de 0 a 40 puntos para la escala completa, estableciéndose usualmente un puntaje de corte de 30 puntos como indicador de presencia de psicopatía. En la presente investigación, y de acuerdo con los criterios utilizados en investigaciones a nivel internacional, se establecieron los siguientes puntajes y niveles de psicopatía: bajo nivel de psicopatía, entre 0 y 19 puntos; nivel moderado de psicopatía, entre 20 y 29 puntos, y alto nivel de psicopatía, entre 30 y 40 puntos. La aplicación de la escala tiene una duración aproximada de entre 45 y 120 minutos.

El PCL-R tiene una estructura estadística que consta de cuatro factores: el factor 1: interpersonal, el cual evalúa la forma de interacción social del sujeto considerando aspectos de su historia y desarrollo; el factor 2: afectivo, que considera la naturaleza de las respuestas afectivas del sujeto; el factor 3: estilo de vida, el cual busca recopilar información histórica acerca de la forma de vida de la persona, consignando información desde la infancia hasta la adultez, y finalmente el factor 4: conducta antisocial, el cual evalúa tanto la versatilidad criminal como la tendencia a la transgresión de diversos tipos de reglas, y el ajuste a distintos contextos normativos. Como puede apreciarse a partir de una sucinta descripción de los factores que conforman la estructura del PCL-R, la información que se requiere para efectuar la puntuación de la escala proviene tanto de datos obtenidos mediante la entrevista que se sostiene con el sujeto, como de la revisión de diversos tipos de documentación, que contengan información veraz y pertinente para los temas abordados por los distintos ítems que configuran la escala.

La información requerida para la evaluación con el PCL-R se obtuvo a través de los pasos que a continuación se señalan: a) revisión de carpetas e información presente en los registros institucionales de los sujetos; b) recopilación de antecedentes entregados por el personal del recinto penitenciario; c) establecimiento del vínculo con la persona, en el que se le explicaba el carácter académico de la evaluación y se le pedía la firma de un consentimiento informado, donde aceptaba voluntariamente ser entrevistado y registrado en un medio audiovisual, y d) desarrollo de la entrevista, de tipo semiestructurada, del PCL-R.

Análisis de datos

Se procedió a un análisis correlacional, en el que se utilizaron técnicas no paramétricas, con el fin de determinar la significación estadística de las relaciones entre los resultados arrojados por el instrumento Psychopathy Checklist- Revised (PCL-R) y las distintas variables delictuales estudiadas. De igual forma, por medio de una prueba T, se procedió a realizar una comparación de los puntajes de psicopatía de grupos de sujetos con reincidencia y sin ella, y en los grupos con delitos sexual y común. Los datos fueron analizados a través de dos programas estadísticos, The R Project for Statistical Computing (R), el cual fue complementado con el Statistical Package for the Social Science (SPSS).

Resultados

Psicopatía y ofensas sexuales

El primer hallazgo de relevancia guarda relación con el porcentaje de psicopatía evaluado en la muestra; los resultados del PCL-R para la muestra de ofensores sexuales señalan que el 68,4 % de los sujetos obtienen un puntaje que los clasifica en la categoría bajo nivel de psicopatía (0 a 19 puntos), el 29,8 % corresponde a la categoría nivel moderado de psicopatía (20 a 29 puntos), en tanto que un 1,8 % califica en el rango de alto nivel de psicopatía (30 a 40 puntos). Estos porcentajes de entrada permiten apreciar el bajo nivel de psicopatía según el PCL-R, en una muestra compuesta exclusivamente por ofensores sexuales, ya que sumando las categorías de nivel moderado de psicopatía y alto nivel de psicopatía se alcanza solo un 31,6 % de la muestra, encontrándose cerca de un 70 % de los sujetos evaluados en un nivel calificable como bajo respecto de psicopatía.

Cuando el análisis se llevó desde el ámbito de los porcentajes al de las relaciones estadísticas (vid. tabla 7), lo que se realizó por medio de un análisis de comparación de medias (ANOVA de un factor), se pudo establecer que respecto del nivel de psicopatía, medido a través de la escala de Hare (PCL-R), no se aprecian diferencias significativas entre los distintos grupos de ofensores sexuales y el puntaje en la escala de Hare, encontrándose un resultado de f= ,68 y un nivel de significación de p: ,51. A partir de estos datos, puede concluirse que el nivel de psicopatía parece no influir de manera significativa en el hecho de estar condenado por algún tipo de delito sexual.

Los datos se sometieron también a la prueba estadística de distribución de probabilidad X2 (de Pearson); a través de ella se obtuvo un X2: 3,88 y un nivel de significación aproximada de p: ,42 entre la presencia de altos niveles de psicopatía y la participación en algún tipo de delito sexual, lo cual reafirma lo recién señalado acerca de la inexistencia de relación entre ambas variables.

Al proceder a un análisis desagregado de los factores y su correlación con la participación en una ofensa sexual, se encuentra que el factor 1, relacionado con el estilo interpersonal, presenta una significancia de p: ,82 con un f: ,18, lo cual hace manifiesto que no existe una relación significativa entre la obtención de un alto puntaje en esta faceta y la participación en delitos sexuales. Por su parte, el factor 2 presenta un nivel de significancia de p: ,32 y f: 1,3, lo cual refleja que no existe relación significativa entre la implicación en un delito sexual y la obtención de altos puntajes en el factor 2 del PCL-R. Al analizar la relación entre el factor 3, que evalúa el estilo de vida, y la participación en ofensas sexuales, se observa una significancia de p: ,83 y f: ,18, lo que indicaría que no existe relación significativa entre el hecho de estar condenado por un delito sexual y la obtención de un puntaje alto en el factor 3 del PCL-R. Finalmente, tampoco se observa una correlación significativa entre un alto puntaje en el factor 4 y la implicación en delitos de tipo sexual, obteniéndose un puntaje de p: ,1 y un f: 2,37.

Cuando se realiza un análisis que correlaciona los tipos de delitos sexuales con los puntajes indicadores de psicopatía en el PCL-R, no se aprecia una diferencia estadísticamente significativa entre los distintos tipos de delitos sexuales y la presencia de indicadores de psicopatía. Sin embargo, si se efectúa un análisis descriptivo, los puntajes promedio de psicopatía de los sujetos condenados por violación y abuso sexual cometidos en contra de víctimas adultas resultan similares y más altos que los puntajes en el PCL-R obtenidos por los sujetos condenados por delitos sexuales en contra de niños, lo que puede apreciarse en la gráfica 1.

A pesar de que las distintas correlaciones establecidas entre la obtención de altos puntajes en psicopatía y la participación en algún delito de tipo sexual no arrojaron resultados confirmatorios de una relación estadísticamente significativa, sí se encontró una correlación positiva entre la obtención de puntajes altos en el PCL-R y la reincidencia delictual. Cabe mencionar aquí las características de la muestra en relación con la variable reincidencia, antes de mostrar los resultados obtenidos respecto de la relación entre esta última y la psicopatía. Un 61,4 % de los sujetos de la muestra eran reincidentes, en tanto que un 38,6 % cumplían condena por primera vez. Al analizar al grupo de reincidentes, se aprecia que un 26,3 % lo eran por delitos contra las personas, un 15,8 % por delitos contra la propiedad, un 12,3 % por delitos sexuales y un 3,5 % por delitos menores. Luego de considerar la configuración de la muestra respecto a la variable reincidencia, podemos señalar que pudo observarse una relación estadísticamente significativa entre la obtención de altos puntajes en psicopatía y la reincidencia en términos generales, es decir, sin discriminar por el tipo de delito en que se ha reincidido (f: 4,09 y p: ,01). Al realizar un análisis por factores, se encuentra que la relación entre psicopatía y reincidencia se vincula sobre todo con el factor 4 del PCL-R, el cual evalúa el estilo antisocial de conducta del sujeto, con un f: 15,2 y p: ,00. Al comparar este resultado con la correlación obtenida entre el factor 1, que evalúa el área interpersonal, y la reincidencia, se aprecia que no existe una relación significativa entre este factor y la reincidencia delictual (f: ,03 y p: ,85).

Los resultados recién descritos se refieren a las relaciones entre psicopatía y reincidencia general, pero si se analiza esta relación diferenciando el tipo de delito en que los sujetos de la muestra reincidieron, se encuentra que existe una relación positiva y significativa entre la obtención de altos puntajes de psicopatía en el PCL-R y la reincidencia en delitos sexuales (X2=5,27; p: ,00), lo cual muestra que existiría un alto grado de reincidencia en delitos sexuales en sujetos con mayor puntaje de psicopatía. Se aprecia también una relación significativa entre un alto puntaje en el factor 4 -conducta antisocial- y la reincidencia en delitos sexuales (X2=15,2; p: ,00).

En la gráfica 2 se presenta el promedio de puntaje en el PCL-R y su relación con la reincidencia en distintos tipos de delitos.

Psicopatía y delincuencia común

A continuación se muestran los resultados obtenidos a partir de la muestra constituida en torno a la variable delito común, la cual en este caso indica que se trata de sujetos que no están condenados por la comisión de algún delito de tipo sexual. Cabe recordar que esta constaba de 82 sujetos, seleccionados a partir de un universo total de 156 individuos, con un margen de error de 7 %, nivel de confianza de 93 % y un nivel de heterogeneidad del 50 %. Además, la muestra se dividió en tres categorías: 1) violentos reincidentes, con un total de 26 sujetos, caracterizados por cometer como último delito un homicidio y tener algún otro delito en su extracto de filiación, con una representación del 32 % de la muestra; 2) violentos no reincidentes, definidos como sujetos que han cometido solo un homicidio sin reincidencia en otros delitos, con un total de 25 sujetos, que representan el 30 % de la muestra; 3) no violentos reincidentes, sujetos que presentan antecedentes penales previos por el delito de hurto y que se encontraban recluidos por este mismo tipo de delito, con un total de 31 sujetos y una representación del 38 % de la muestra. Como se señalara antes, la configuración de la muestra buscó aislar de manera diferencial las variables delito y violencia, situación de gran dificultad metodológica, ya que la violencia tiende a formar parte de una amplia gama de conductas delictivas, por lo que se optó por una división entre dos formas de delito común, que difieren sustancialmente en cuanto a su relación con la violencia física: el hurto y el homicidio; se entiende el primero como un delito en que no se utiliza ninguna forma de violencia, y el segundo como aquel delito que implica la utilización de violencia física, con consecuencias más extremas. Este procedimiento de división de la muestra nos permitió evaluar la presencia de psicopatía según el PCL-R, distinguiendo entre dos grupos, con una clara diferenciación respecto de la utilización de violencia física en el delito que se les imputa.

Los resultados mostraron que el 21 % de los sujetos evaluados alcanzaron el puntaje de corte para ser catalogados como psicópatas según el PCL-R. Se encontró que a medida que los sujetos presentan mayor reincidencia, aumentan las características psicopáticas (X2=21,95; p<,00001); por otra parte, los sujetos que cometieron delitos no violentos se asocian a moderados niveles de psicopatía y reincidencia. Otro hallazgo interesante es que a medida que aumentan las características psicopáticas, se aprecia una asociación positiva con la participación en delitos violentos y/o de sangre (X2=6,6153, p<,01).

Sin embargo, la relación entre psicopatía y delitos violentos requiere de una especificación, ya que cuando se analiza esta relación diferenciando entre las categorías de delitos violentos reincidentes y violentos no reincidentes, se observa que, en términos estadísticos, al aumentar la edad existe una relación entre bajos niveles de psicopatía y la participación en delitos violentos sin reincidencia (X2=15,8507; p=0,0004). Específicamente, respecto del mismo grupo de violentos no reincidentes, se aprecia que estos sujetos presentan una disminución de las características psicopáticas evaluadas por la escala de Hare en la medida que aumenta la edad, la que se refleja en una correlación entre la participación en delitos violentos sin datos de reincidencia y bajos puntajes en el factor 3 (estilo de vida), con los siguientes valores estadísticos: X2= -,706 ** y p= ,000, y el fac - tor 4 (estilo antisocial), con los siguientes resultados: X2= -0,597; p= 0.002. Puntajes bajos en el PCL-R se correlacionan con el aumento en la edad: X2= -,535; p= ,006.

Al analizar al grupo de violentos no reincidentes y los factores del PCL-R se obtuvieron los siguientes puntajes (vid. tabla 8): factor 1 (P (rho)= ,716**; p= 000), factor 2 (P (rho)= ,630**; p= 001), factor 3 (P (rho)= 816**; p= 000) y factor 4 (P (rho)= ,741**; p= 000).

Otros análisis que correlacionan los factores del PCL-R con las categorías delictuales establecidas en la investigación, ponen de manifiesto que el grupo de violentos reincidentes presenta levemente aumentados sus puntajes en todos los factores evaluados por el PCL-R. En un orden decreciente, podemos observar los siguientes valores respecto de la relación entre los puntajes por factor y la escala total de la categoría violentos reincidentes (vid. tabla 9): factores 3 (P (rho)= ,792**; p= 000), 4 (P (rho)= ,785**; p= 000), 1 (P (rho)= 727**; p= 000) y 2 (P (rho)= ,647**; p= 000).

Respecto de la categoría no violentos reincidentes (vid. tabla 10), se aprecia una correlación positiva con la psicopatía evaluada según el PCL-R (X2 = 21,95; p= ,00001). Al realizar una análisis de la categoría no violentos reincidentes, según los puntajes por factor del PCL-R, se observa una relación directa con los puntajes del factor 1 (P (rho)= ,754**; p= 000), el factor 2 (P (rho)= ,648**; p= 000) y el factor 4 (P (rho)= ,417*; p= ,020). El factor 3 no presentó relación con esta categoría (P (rho)= ,118; p= ,333).

Discusión

El primer dato de relevancia es el bajo porcentaje de psicopatía encontrado en la muestra compuesta por ofensores sexuales, en la cual solo un 1,8 % de los participantes fue evaluado como altamente psicopático según el PCL-R. Este hallazgo resulta coherente con lo encontrado por investigaciones previas en el extranjero, y pone de manifiesto la inexistencia de relaciones directas y significativas entre el hecho de estar condenado por la comisión de algún tipo de ofensa sexual y la obtención de altos puntajes en el PCL-R. Esta ausencia de relaciones entre los puntajes del PCL-R y el hecho de estar condenado por un delito de tipo sexual se mantiene también en los análisis desagregados por cada uno de los cuatro factores evaluados por la escala.

Si se efectúa un acercamiento descriptivo a los datos obtenidos con los ofensores sexuales, se observa que los puntajes de psicopatía de los que abusaron de adultos resultan más altos que los de aquellos ofensores acusados de haber abusado de niños. Estos resultados son congruentes con los datos recogidos por investigaciones internacionales, como la de Serin et ál. (1994), quienes encontraron que los violadores puntuaban más alto en psicopatía que los abusadores infantiles (12 y 8 %, respectivamente); otras investigaciones, como la de Porter et ál., arrojaron un 35,9 % de sujetos que cumplían el criterio de Hare para psicopatía entre violadores de adultos, resultado muy cercano al 35 % encontrado por Brown & Forth (1997), valores que en ambas investigaciones descendían en forma ostensible entre los abusadores de niños y los ofensores incestuosos, entre quienes los porcentajes de coincidencia con el criterio de psicopatía del PCL-R era solo de un 9,4 y 6,3 %, respectivamente. La confirmación de estos resultados, esto es, la baja participación de la variable psicopatía en los abusos sexuales hacia menores y en las ofensas sexuales incestuosas, resulta una información de gran utilidad en el ámbito de la psicología forense, ya que permite suponer la posibilidad de establecer estrategias de intervención psicológica con este tipo de ofensores, que no partan del supuesto de cierta "incurabilidad" de su conducta, como si esta estuviese atada al atavismo conductual que se le atribuye a la psicopatía.

Cuando se evalúa la relación entre psicopatía y reincidencia entre los ofensores sexuales, se encuentra una relación significativa entre altos puntajes en el PCL-R y la reincidencia delictual. Cuando se analiza la variable reincidencia en términos generales, es decir, sin especificar el tipo de delito en que se reincide, se observa una relación positiva y significativa entre un alto puntaje en el PCL-R y la reincidencia. Cuando este mismo análisis se realiza tomando en consideración el tipo de delito en que reincidieron los ofensores sexuales, se encuentra que existe una relación positiva y significativa entre la obtención de altos puntajes de psicopatía en el PCL-R y la reincidencia en delitos sexuales. Este dato es muy relevante, ya que permite establecer dos conclusiones: primero, un alto puntaje en psicopatía se relaciona con mayores probabilidades de reincidencia delictual general; además, si bien no se encontraron relaciones positivas entre psicopatía y ofensas sexuales, cuando se analiza a los ofensores sexuales que han reincidido en este mismo tipo de conductas, se aprecia una correlación entre altos puntajes en el PCL-R y la reincidencia en delitos sexuales. Cabe recordar que los sujetos de la muestra de ofensores sexuales con altos puntajes en psicopatía son aquellos que victimizaron a adultos y no los abusadores sexuales de niños. Los resultados vinculados a la reincidencia en el grupo de ofensores sexuales parecen confirmar lo que la investigación ha venido estableciendo a nivel internacional, en el sentido de que la conducta sexual delictiva no estaría vinculada de manera directa con la psicopatía, pero que los altos puntajes en psicopatía en estos sujetos se vinculan a mayores probabilidades de reincidencia, tanto en conducta delictiva general, como también de tipo sexual, sobre todo en el grupo de ofensores de adultos, que es aquel en el que predominan los mayores puntajes de psicopatía entre los ofensores sexuales.

Cuando el análisis se dirige hacia la muestra de sujetos condenados por delitos comunes, el primer dato que salta a la vista es el porcentaje considerablemente mayor de altos puntajes en psicopatía en este grupo, en comparación con los ofensores sexuales, con un 21 % de la muestra que cumple con el criterio de corte para ser calificado como bastante psicopático (≥30 ptos.). Se encontró una asociación entre puntajes indicadores de psicopatía y reincidencia; además, a medida que aumentan las características psicopáticas se aprecia una asociación positiva con la participación en delitos violentos y/o de sangre. Sin embargo, la relación entre delitos violentos y psicopatía debe ser analizada distinguiendo entre reincidentes y no reincidentes en este tipo de delitos, ya que quienes han protagonizado delitos violentos, pero no tienen historial de reincidencia, presentan una baja correlación con altos puntajes en el PCL-R a medida que aumentan de edad. En específico, existe una correlación entre la participación en delitos violentos sin datos de reincidencia y bajos puntajes tanto en el factor 3 (estilo de vida) como en el 4 (estilo antisocial); estas correlaciones resultan interesantes, ya que indican que el hecho de haber protagonizado una conducta muy violenta, como el homicidio, no mantiene relación con formas de vida antisocial o conflictiva en aquellos sujetos que no presentan reincidencia, lo que permite pensar que no existe una relación lineal entre violencia y psicopatía. Estos hallazgos son coherentes con lo que la psicopatología y la psicología forense plantean como distintivo en el uso de la violencia por parte de los psicópatas, ya que estos tienden a mostrar un uso instrumental de la violencia como mecanismo para el logro de algún objetivo, situación que no estaría en la base de la conducta violenta de sujetos no reincidentes, quienes parecen haber actuado de forma impulsiva y poco calculada.

El panorama es distinto cuando se considera a los violentos reincidentes, aquellas personas condenadas por homicidio pero que además registran una historia de reincidencia delictual general; en este caso se observan levemente aumentados sus puntajes en todos los factores evaluados por el PCL-R. Resulta evidente que el elemento diferenciador respecto del nivel de psicopatía no debe buscarse por el lado de la presencia de conductas violentas, aun cuando estas sean extremas, como en el caso del homicidio, sino que el factor que se vincula más directamente a un aumento en los niveles de psicopatía es la reincidencia. Esta conclusión parece ser refrendada cuando se analizan los resultados de la categoría no violentos reincidentes, en la que se aprecia una correlación positiva con la psicopatía evaluada según el PCL-R. Al realizar un análisis de la categoría no violentos reincidentes según los puntajes por factor del PCL-R, se observa una relación directa con los puntajes de los factores 1, 2 y 4. Estos resultados permiten apreciar entonces que el constructo psicopatía, más que hacer una predicción del comportamiento violento, posibilita orientarse respecto de la probabilidad de reincidencia en conductas delictivas, lo que no implica que la psicopatía sea una tendencia que explica por completo la participación de los sujetos en conductas delictuales, sino que funciona como una variable altamente relacionada con la tendencia a la transgresión normativa como forma de vida sostenida y coherente en el tiempo, y además con la utilización de estos patrones de ruptura normativa como estrategia de vida; es decir, con un fin instrumental y no solo como efecto de la impulsividad y la falta de previsión respecto de los efectos de la propia conducta.

Ahora, al comparar los grupos por tipo de delito y los niveles de psicopatía, tenemos una diferencia significativa del grupo delito sexual y delito común y nivel de psicopatía, encontrando mayores niveles de este trastorno en el grupo que ha llevado a cabo delitos comunes. En específico, esta diferencia entre grupos es identificada en los factores 3 y 4 de psicopatía. Este resultado refuerza la observación de que la psicopatía no presenta un alto nivel de prevalencia en todo tipo de delitos, no siendo necesariamente asociada a delitos de carácter sexual, sino más bien a cierto tipo de delitos comunes. Es más, en los diversos análisis realizados, en donde se comparan los grupos con reincidencia y sin ella y psicopatía, encontramos una diferencia significativa en los niveles de psicopatía de ambos grupos, siendo mayores los puntajes de esta en el grupo con reincidencia. Al realizar el análisis por factores, encontramos que esta diferencia es marcada en los factores 1, 3 y 4 de psicopatía. Este efecto de la reincidencia se pone de manifiesto con mayor claridad cuando se comparan los puntajes de psicopatía entre los grupos con delito sexual con reincidencia y sin ella, y el grupo de delincuencia común con reincidencia y sin ella. Los resultados demuestran diferencias significativas, las cuales indican para ambos grupos mayores niveles de psicopatía en reincidentes; de este modo es posible señalar que la variable reincidencia tendría un efecto modulador en los niveles de psicopatía, y también cobra más fuerza la idea de que la psicopatía corresponde a un trastorno de personalidad, vale decir, a una condición estructural del funcionamiento de un individuo, que tiende a presentarse con cierto grado estabilidad en el tiempo. Por consiguiente, es muy probable que un individuo con alta psicopatía mantenga un comportamiento delictual en el tiempo, más allá de la circunstancia, reincidiendo.


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