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Revista Criminalidad

Print version ISSN 1794-3108

Rev. Crim. vol.65 no.3 Bogotá Sep./Dec. 2023  Epub Mar 03, 2024

https://doi.org/10.47741/17943108.510 

ESTUDIOS CRIMINOLÓGICOS

Comprensión y prevención de los enfrentamientos violentos entre jóvenes en el Distrito de Barranquilla, Colombia

Comprenhension and prevention of violent confrontations between young people in the District of Barranquilla, Colombia

Compreensão e prevenção de confrontos violentos entre jovens no distrito de Barranquilla, Colômbia

María Molinares-Torres1  * 
http://orcid.org/0000-0002-8438-3875

Deisy Bautista-Flórez2 

Sergio López-Miranda3 

1Institu Magíster en Derecho Investigadora, Observatorio en Seguridad y Convivencia CiudadanaAlcaldía de Barranquilla Barranquilla, Colombia Email: mfmolinares@gmail.comción

2Especialista en Proyectos de Desarrollo Analista, Observatorio en Seguridad y Convivencia Ciudadana Alcaldía de Barranquilla, Colombia Email: dbautista@barranquilla.gov.co

3 Especialista en Investigación Criminal Coordinador, Observatorio en Seguridad y Convivencia Ciudadana Alcaldía de Barranquilla Colombia , Email: slopezm@barranquilla.gov.co


Resumen

El objetivo de este trabajo es evidenciar, a partir de una doble visión (entrevistas realizadas a jóvenes que participaron en enfrentamientos violentos y la revisión de lo planteado desde la teoría), nuevos elementos que permitan identificar y abordar los principales factores sociales, económicos, culturales, entre otros, que propician estos enfrentamientos; se evidencia así el papel de la familia, la escuela, el barrio y el grupo de iguales en su prevención. Dicho análisis posibilita el estudio de los principios generales y postulados establecidos por diversas instituciones internacionales en materia de prevención y su inclusión y adaptación en las acciones y estrategias adoptadas por la Administración de Barranquilla y el impacto que estas han generado en los jóvenes.

Palabras clave: Conflicto; jóvenes; oportunidades; prevención; violencia

Abstract

The objective of this work is to demonstrate, from a double vision (interviews carried out with young people who participated in violent confrontations and the review of what was proposed from the theory), new elements that allow identifying and addressing the main social, economic, cultural factors. , among others, that lead to these confrontations; Thus, the role of the family, school, neighborhood and peer group in its prevention is evident. This analysis makes possible the study of the general principles and postulates established by various international institutions in matters of prevention and their inclusion and adaptation in the actions and strategies adopted by the Administration of Barranquilla and the impact that these have generated on young people.

Keywords: Conflict; youth; opportunities; prevention; violence

Resumo

O objetivo deste trabalho é demonstrar, a partir de uma dupla visão (entrevistas realizadas com jovens que participaram de confrontos violentos e a revisão do que foi proposto pela teoria), novos elementos que permitam identificar e abordar os principais problemas sociais, econômicos, fatores culturais, entre outros, que levam a esses enfrentamentos; Assim, fica evidente o papel da família, da escola, da vizinhança e do grupo de pares na sua prevenção. Esta análise permite o estudo dos princípios e postulados gerais estabelecidos por diversas instituições internacionais em matéria de prevenção e sua inclusão e adaptação nas ações e estratégias adotadas pela Administração de Barranquilla e o impacto que estas têm gerado nos jovens.

Palavras-chave: Conflito; juventude; oportunidades; prevenção; violência

Introducción

“Tenía 14 años cuando inicié mi vida delictiva. Vivía con mis padres y mis 8 hermanos en el barrio Sourdís… Ese es un barrio caliente. Yo estudiaba, me gustaba y me iba bien, pero dejé de hacerlo por un mal consejo que recibí… Quería ser doctor y alguien un día me dijo que costaba mucho esa carrera y que yo nunca podría pagarla, así que pensé ¿yo qué voy a ser doctor, mejor vivo la vida, el hoy’ … Comencé a juntarme con unos amigos que andaban fumando cigarrillo ahí en el barrio, y me dejé lleva’, luego pasé a otras drogas, empecé a robar y a pelear, de noche y de día… Fui de mal en peor… hasta que llegó el programa de la Oficina a mi vida”, narró David1.

El desarrollo de la persona no es un proceso uniforme ni aislado, ya que cada uno vive y se relaciona con una compleja y diversa red de sistemas interconectados: familia, escuela, grupos de pares, entre otros. Estos entornos y personas confluyen e influyen de forma directa o indirecta en su proceso, de manera positiva o no. En ese sentido, Chioda (2016) sostiene que la adolescencia y la adultez temprana son etapas cruciales por la evolución y el desarrollo físicos, cognoscitivos y psicosociales de los niños.

Ahora bien, cuando los cambios naturales se combinan, por ejemplo, con entornos desfavorables, los adolescentes pueden presentar diversos problemas comportamentales, como conductas antisociales. Rivera y Cahuaca (2016) sostienen que “conducta antisocial” hace referencia a “una serie de actos que infringen las reglas o normas sociales y/o sean una acción contra los demás, independientemente de su gravedad o de las consecuencias que a nivel jurídico puedan acarrear” (p. 3). Estos comportamientos pueden variar en gravedad y frecuencia y estar legalmente tipificados (hurtos, vandalismo, riñas, etc.) o no, pero ser igualmente reprochables (mentir, faltar a la escuela, falsificar notas, gritar a familiares, etc.) y tener también graves consecuencias para ellos y para otros. De todos los problemas en los que se pueden ver envueltos los jóvenes en sus procesos de socialización, los que generan mayor preocupación son la delincuencia y la violencia (Hein, 2012).

La violencia juvenil se ha constituido en uno de los temas más relevantes en las agendas públicas, privadas y académicas. Para prevenirla y combatirla, los Estados y la sociedad civil desarrollan diferentes estrategias que pueden agruparse en reactivas y preventivas, según Poljuve (2009):

Las reactivas son las más comunes en Estados Unidos y Latinoamérica. Estas se centran en la persuasión y el control de la violencia juvenil a través de extensas aprehensiones de niños y jóvenes que cometen actos delictivos, imposición de penas drásticas y programas de rehabilitación para niños, adolescentes y jóvenes en conflicto con la ley penal (…) En muchos casos, este enfoque deriva en violaciones a los derechos humanos de niños, adolescentes y jóvenes, incluyendo prácticas de tortura, violación sexual y ejecuciones extrajudiciales por parte de agentes de las fuerzas de seguridad del Estado o de grupos afines a estos. Por su parte, las preventivas se orientan a evitar o reducir los riesgos de que ocurran actos violentos o delictivos. Dentro de la visión preventiva existen distintos enfoques, destacándose los de: salud pública, desarrollo, derechos humanos, sociológico y criminológico, y transformación de conflictos. (p. 11)

De las últimas vale la pena resaltar, por un lado, el enfoque de salud pública en cuanto a la importancia de la prevención y la reducción de los factores de riesgo. Este enfoque ha sido la base de programas relacionados con el control del consumo de alcohol y drogas, así como de capacitaciones deportivas, artísticas y recreativas, especialmente para jóvenes. Por otro lado, el enfoque sociológico/criminológico que se orienta a las causas estructurales que producen la violencia y a sus manifestaciones, vinculando y responsabilizando tanto al Estado como a la sociedad, como se verá adelante.

Cabe recordar, como establece Hikal (s. f.) que “la prevención debe ser considerada como herramienta básica para la reducción de la criminalidad, la violencia y la inseguridad” (p. 6). Hablar de prevención como nuevo enfoque es referirse, según Ayos (2013), a una serie de estrategias que se ubican por fuera del ámbito penal (políticas reactivas) y apuestan por un modelo directo y proactivo de participación de diversos actores, que ataca las causas estructurales de carácter familiar, escolar y social/comunitario.

Barranquilla es un caso interesante de estudio porque pese a que todavía se llevan a cabo enfrentamientos entre jóvenes, en especial durante las lluvias, cada vez toman más fuerza y arrojan mejores resultados programas implementados por la administración distrital, como “Guardianes de convivencia”, “Plan lluvia” y “Vuelve y juega”, entre otros, que buscan hacerle frente a esta problemática y combatir las razones y causas estructurales de estos eventos, con consideración de las condiciones y entornos particulares.

Metodología

La presente investigación es descriptiva/explicativa porque se realizó una recopilación y análisis de fuentes que fueron contrastadas con otras para explicar la relación entre algunos elementos y la importancia de abordarlos armónicamente. Tiene un enfoque cualitativo, dado que no compiló ni examinó datos numéricos ni estadísticos, sino que, por un lado, analizó documentos académicos e institucionales y, por otro, buscó comprender la perspectiva de los participantes y la forma en que estos jóvenes perciben su realidad. Para la primera fuente se realizó una búsqueda de documentos en bases de datos como Google Scholar, Scopus y EBSCO, publicados en el periodo comprendido entre 2003 y 2021; se utilizaron como palabras clave: “adolescencia”, “delincuencia juvenil”, “enfrentamientos entre jóvenes”, “factores de riesgo”, “jóvenes”, “juventud”, “prevención”, “violencia juvenil”,“delincuencia” y combinaciones como “juventud y familia”, “juventud y violencia” y “juventud y grupos de iguales”.

Como otra fuente se utilizó la entrevista semiestructurada, a partir de 29 preguntas abiertas predeterminadas como guías de la conversación alrededor de varias categorías. Se entrevistó a 6 hombres entre los 18 y los 25 años, que participaron en enfrentamientos violentos y que hoy tienen un rol clave en programas como “Vuelve y juega” y “Guardianes de convivencia” de la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana.

Las entrevistas realizadas el 19 de octubre de 2021 tuvieron una duración aproximada de una hora y media cada una y estuvieron centradas en indagar sobre varios aspectos. Primeramente, sobre los jóvenes y sus gustos (musicales, deportivos, etc.), nivel de educación y planes futuros/proyecto de vida; seguidamente, se abordó su contexto familiar, las personas con las que comparten en su hogar, sus dinámicas, la toma de decisiones, escenarios de consumo de sustancias, rol de cada uno de los padres. Sobre el contexto escolar, se indagó acerca de su desempeño académico y sus intereses, las relaciones con sus profesores y compañeros y las dinámicas entre sus padres/profesores y ellos. Luego se conversó acerca de su contexto social, el vivir en su barrio, los cambios de dinámicas, valores, entorno físico, relaciones con otros barrios y con las autoridades. Por último, se conversó sobre su participación en estos enfrentamientos, cómo llegaron a involucrarse, qué experimentaban durante estos, cómo lograron salir de este entorno violento y aquello que les parece clave para poder prevenirlos.

Dichas entrevistas permitieron la obtención de invaluables insumos para el desarrollo de la investigación y la comprensión de estos fenómenos. Toda esta información fue transcrita, ordenada y analizada a partir de las categorías y subcategorías diseñadas para tal labor que coincidieron con cada una de las categorías sobre las que giró la entrevista semiestructurada (familia, escuela, grupo de iguales y participación en enfrentamientos).

Ahora bien, para un mejor abordaje de este trabajo, en un primer momento de este documento se reflexionará sobre la violencia juvenil, sus causas y factores. Luego se analizarán la familia, la escuela y el barrio como los principales agentes, actores y entornos y su rol en la labor de prevención de la violencia juvenil. En un segundo momento se examinarán los principios, pautas y recomendaciones dadas por algunas instituciones internacionales para abordar esta problemática; todo lo anterior permitirá reflexionar sobre el caso de Barranquilla y algunas de las estrategias implementadas en esta ciudad. Finalmente, se presentarán algunos de los principales hallazgos de la investigación y se compartirán algunas reflexiones.

Conflicto, violencia juvenil y prevención

“(…) un joven problemático es un joven que tiene problemas con su familia y con la comunidad, que le gusta atracar, conseguir todo fácil, que le gusta estar en el consumo diariamente, que le gusta el vacile, el pick up, pelear con el que sea y por lo que sea, que no le gusta estudiar, que se la pasa consumiendo, de la esquina a la casa y de la casa a la esquina… Consumiendo y peleando día y noche con todo el mundo… Yo era un joven problemático (…)”, narró David2.

Uno de los escalones anteriores al surgimiento de la violencia es el conflicto (Hinojosa y Vázquez, 2018). Este, considerado como inherente a las relaciones humanas, es definido por muchos, entre ellos, Vinyamata Camp (2014), como una lucha, un desacuerdo, una incompatibilidad, una aparente confrontación de intereses, percepciones o actitudes hostiles entre dos partes.

La violencia, entendida como el uso intencional de la fuerza de hecho o como amenaza, contra sí o contra otro (individuo o grupo), que tenga la intención, potencialidad y/o cause daño, especialmente en el caso de los jóvenes tiene un impacto fuerte en el desarrollo y en el relacionamiento con los demás. Para Torres y Salcedo (2020), la violencia es un proceso y no un hecho aislado; son todas las condiciones que la hacen posible en sus diferentes formas de manifestarse y concretarse, de consecuencias directas e indirectas y que involucra tanto a agentes como a víctimas.

Entre los jóvenes, la violencia ha pasado a ser vista como la forma de relacionarse, resolver los conflictos diarios y lograr el respeto de los demás. Estos contextos en los que los jóvenes se desarrollan y socializan se caracterizan por las pocas garantías que reciben del Estado, lo que los impulsa a utilizar la violencia como herramienta para ese anhelado ascenso social, reclamar aquello que quieren y manifestar su inconformidad frente a diferentes situaciones. Estos escenarios de violencia juvenil están marcados por una serie de prácticas violentas que son aceptables y otras que no lo son, por ejemplo:

“Cuando nosotros peleábamos, nosotros decíamos... Si una muchachita era novia de un pandillero de allá, uno decía ‘el problema es con él, no con la novia, ni con la hermana, sino con él’, a nosotros no nos gustaba eso de que ‘pasó a familia, vamos a molestarla’, no… El problema era con el sujeto, con él peleábamos a piedra, con él si ya íbamos a toda…”, narró Diego3.

En este sentido, Torres y Salcedo (2020) señalan:

Estar ahí para agredirse mutuamente parece constituirse en una forma de vínculo social de muchos, determinando las posiciones psicológicas que van a asumir, desde la elaboración del sentido de pertenencia a un grupo de amigos y la defensa consecuente de su proceso identitario, como un modo de encontrarle gusto por la vida en el riesgo que corren todos los días por sobrevivir. (p. 9)

Ortiz y Scheler (2011) establecen que el delito y la violencia como fenómenos que tienen un impacto negativo en el bienestar, desarrollo y calidad de vida de las personas no pueden ser estudiados y abordados solo desde el ámbito penal. Al considerarse el conflicto como algo negativo, se ha establecido social y culturalmente que la respuesta a quien piensa diferente es la violencia. Esta visión es transmitida por medio de las interacciones entre individuos o grupos y es aprendida mayormente por imitación. Específicamente a nivel micro, el aprendizaje de la violencia tiene especial impacto al inicio de la vida y va tomando cada vez más fuerza con el paso de los años. Por la enorme capacidad de aprendizaje por imitación que tienen los niños, es en esta etapa cuando se aprenden la mayoría de los comportamientos y se forja la mayor parte del carácter de las personas.

Según Aguilar Umaña (2010), hablar de juventud implica hablar de pluralidad. Si bien este grupo comparte un rango etario similar, lo que podría dar un falso sentido de homogeneidad, está lleno de diversidades que los diferencian y caracterizan, como las étnicoculturales, de género4, de clase o condición económica, nivel educativo, de pertenencia o ubicación territorial, discapacidad, creencias religiosas, condiciones y/o entornos/factores de riesgo y su coexistencia. Estos aspectos son importantes al diseñar e implementar estrategias de prevención; así lo veremos adelante.

Como se ha señalado, la mejor forma de hacerles frente a esos comportamientos es la prevención; para Paz y Andreu (s. f.), este enfoque tiene una ventaja y es que, a diferencia de las acciones de reacción, genera un impacto inmediato, a mediano y a largo plazo en la sociedad, en los siguientes términos:

De forma inmediata, puesto que se ha comprobado que haber experimentado violencia durante la infancia es un factor de riesgo para perpetrar a su vez actos violentos contra otras personas. (…) a medio y largo plazo, puesto que se ha comprobado que la violencia en etapas tempranas se correlaciona con la violencia en etapas posteriores e incluso en la edad adulta, incluida la delincuencia y comportamientos antisociales. (p. 6)

Los niños y jóvenes, en su mayoría, no son violentos por naturaleza, sus actos responden a unas causas, un entorno y elementos que los incitan a actuar así (Poljuve, 2009). Por eso, para prevenir la violencia juvenil es necesario comprender esos entornos y focalizar las acciones en esos factores y aspectos que generan esas actitudes en los jóvenes.

Causas y factores

Los estudios que se han realizado sobre delincuencia y violencia juvenil plantean el carácter multicausal del fenómeno y señalan numerosos y diversos factores de riesgo, tanto individuales como sociales, psicológicos y familiares, que lo precipitan (Sánchez-Teruel, 2012). Un ejemplo de estos trabajos es el realizado por Quiroz Monsalvo (2014), quien establece que entre las causas de este tipo de violencia se encuentran:

(…) Pobreza, falta de oportunidades, desigualdad, baja escolaridad y la ausencia de una política pública sobre salud sexual y reproductiva que controle el crecimiento demográfico, presentes en la sociedad colombiana en los últimos cuarenta años, y que van acompañados del conflicto armado interno, el surgimiento del narcotráfico, la carencia de fuerza pública en algunos municipios y ciudades, las disputas por el territorio entre las organizaciones criminales (…). (p. 2)

Ahora bien, según Sánchez-Teruel (2012), cuando se habla de factores de riesgo se hace referencia a la existencia de situaciones que al estar presentes incrementan la probabilidad de desarrollar problemas emocionales, conductuales o de salud; en ningún momento se sostiene que la existencia de estos asegura comportamientos violentos, pero sí genera un escenario que los facilita. El análisis de estos permite comprender el modo en que diversas variables interactúan con algunas vulnerabilidades de la personalidad convirtiendo a los niños en personas más propensas a la violencia, y la necesidad de abordar esta y otras problemáticas desde el que hasta el momento es considerado el mejor enfoque: la prevención.

A continuación, abordaremos con detalle algunos de estos, la importancia e influencia que tienen en el actuar de los jóvenes y su papel en la prevención de comportamientos violentos en jóvenes.

Familia

Desde el nacimiento hasta la muerte, el ser humano se desenvuelve en diversos grupos (familia, escuela y sociedad). Morales Cárdenas (2014), Rivera y Cahuana (2016), Hinojosa y Vásquez (2018), entre otros, sostienen que es ese el primer lugar y el eje central en el proceso de formación y socialización de los niños. En este sentido, la imitación es el mecanismo de aprendizaje más frecuente en estos y sienta las bases del aprendizaje futuro.

La familia es un arma de doble filo (Musitu et al., 2007). Lo anterior porque, por un lado, puede ser fuente de bienestar y aprendizaje para sus miembros, pero, por otro, puede convertirse en un factor de riesgo para los niños y jóvenes. Ahora bien, a medida que los jóvenes entran en la adolescencia y se exponen a muchos otros factores y agentes, las relaciones familiares se transforman.

El testimonio de David da cuenta de lo importante que es tener una buena relación con los padres y un buen ambiente familiar:

“(…) la dinámica en mi familia cambió, mucho tiempo fue tranquila, pero después todo cambió, se puso bastante fuerte porque vivíamos peleando, por si yo llegaba tarde, por si no llegaba, por si estaba en la casa; todo era para problemas… Sinceramente, uno mismo es el que lo ocasiona, ellos no tienen la culpa… Cuando yo empecé a ser un joven conflictivo tomaba mucho, y eso generaba problemas con mi papá; mi mamá peleaba con mi papá por mi culpa… No había golpes, pero sí muchas discusiones, palabras no adecuadas que afectaban la autoestima de uno, como ‘tú no sirves para nada’ ‘¿hasta cuándo hay que mantenerte?’ y ya después yo no quería estar en la casa… más tiempo me la pasaba en la calle, con malas compañías y en malas andanzas…”

Lo anterior evidencia que, desde el nacimiento y hasta que alcanzan una edad adecuada para salir a otros espacios, los padres, hermanos y familiares son las únicas personas con quienes los niños se relacionan y sus comportamientos son los únicos que ven y tienen como referente. Al salir a otros escenarios son estas conductas aprendidas las que reproducirán en sus relaciones con los demás. A continuación, se analizará otro de los entornos y actores a los que se exponen los jóvenes y que influyen en su comportamiento.

Escuela

Después de haber socializado en y con su familia, los niños continúan con el mundo social institucional y organizado conocido como la instancia educativa. Morales Cárdenas (2014) sostiene que la educación no es más que el adiestramiento del individuo para su comportamiento social porque en este se refuerzan los valores y actitudes de la familia y se adquieren unos nuevos.

La escuela es muy importante porque “la inasistencia escolar contribuye a facilitar el paso a la delincuencia debido a que proporciona tiempo y oportunidades adicionales para conductas inadecuadas, como por ejemplo la conducta antisocial” (Sanabria y Uribe, 2010, p. 4). El mal comportamiento en el entorno escolar puede deberse tanto a un entorno familiar complejo como a dificultades en la socialización con los compañeros o la influencia de agentes externos, entre otros.

Martínez Iglesias (2016) considera que tanto el sistema educativo en general como el centro educativo en particular pueden originar comportamientos antisociales en los jóvenes, sobre todo considerando que, así como la familia, la escuela tiene una fuerte estructura jerárquica y una organización interna que puede provocar la aparición de conflictos y tensiones, sobre todo porque, a diferencia de la estructura familiar, el respeto exigido a los docentes “no se ha ganado” ni responde a ningún vínculo, por ejemplo, de sangre; es por ello que las relaciones entre docentes y estudiantes deben partir de una base de respeto, y no solo de la imposición de unos preceptos con base en un título o posición.

“Tenía una profe que se preocupaba por mí, siempre me estaba dando consejos, que dejara la pelea, que dejara las drogas y todo eso… Incluso habló para que no me echaran del colegio, pero nada… yo estaba ya perdido… Ella se preocupó mucho, pero en ese momento yo no entendía que lo hacía por mi bien, para mí era una vieja que quería estar mandándome y yo pensaba ‘ni mi mamá me manda’ (…)”, narró Diego.

Sanabria y Uribe (2010) sostienen que los centros de educación (privados y públicos) pueden ser origen del comportamiento antisocial de los jóvenes y que, por su parte, un ambiente escolar positivo permite que aprendan y que sean seres con buenos valores sociales. La relación con los compañeros es fundamental porque, por una parte, estos también funcionan como modelos de comportamientos (buenos o no) y, por otra, son estos con quienes se interactúa y quienes sufren esas conductas aprendidas en entornos familiares.

La modernidad impone a la familia y a la escuela como nuevos escenarios de socialización de los niños y reconoce que uno de los mayores riesgos que existe es la disociación entre las enseñanzas y pilares de cada una (García Sánchez, 2008). Cuando en la familia se viven escenarios de violencia, estos tienden a reproducirse en la escuela, o viceversa, y en otros escenarios.

Barrio y grupo de iguales

Para conocer el barrio, según García Sánchez (2008), es indispensable delimitar los campos de exploración para así poder identificar, reconocer y comprender las prácticas culturales que conforman la vida cotidiana, es decir, “adentrarse en las costumbres de uso de los espacios, las maneras de relacionarse con las instituciones y las formas como se construyen redes de supervivencia” (p.13). Las relaciones e interacciones que se dan entre las personas en los diferentes espacios del barrio son determinantes y constitutivas de los comportamientos de los jóvenes. En esta sección se reflexionará sobre dos aspectos que se consideran fundamentales: el grupo de iguales y el espacio físico5. Como se manifestó, la escuela es el escenario en el que toman mayor fuerza las experiencias e intenciones de formar parte de grupos con quienes se comparten gustos, frustraciones e ideales, y es esa la principal motivación de muchos jóvenes para comportarse de manera violenta.

Mientras David estudiaba, creó un grupo con sus amigos del barrio, cuenta él que para estar rodeado de gente “igual a él”:

“(…) creamos un grupo con los amigos de ahí del barrio, ‘Los c pequeños’ y nos iba bien, pero había otro grupo ‘Los K3’ más grande y yo quería ser como ellos, en ese entonces… y yo buscaba todas las maneras de ser como ellos. ¿En qué sentido? de entrar al grupo de ellos… ¿qué tenían ellos de especial? Las chicas… en los pick-up los saludaban ‘Los K3’, todo el mundo hablaba de ellos… yo decía ‘Los K3’ están en un nivel bueno, voy a entrar… tengo que entrar’ y como yo era mucho menor que ellos y ellos no recibían ‘menores’, la única forma de entrar era pararme firme, en primera línea en cualquier pelea en la que ellos estuvieran y eso hice y entré”.

Esos espacios, en los que interactúan con otros jóvenes que también atraviesan su propio proceso de crecimiento, están caracterizados por “los enfrentamientos entre grupos rivales como forma de apropiación y defensa del territorio; y el delito como actividad constitutiva y sentido de pertenencia al grupo, además de ser una forma de integración local” (Ortega Uribe, 2014, p.18). Así como la violencia está presente en estos entornos, el consumo de drogas y alcohol es parte característica de estos ambientes violentos. Este consumo va muy relacionado con las dinámicas familiares, como en el caso de David:

“Yo consumía marihuana, mucha marihuana… ¿por qué empecé a consumir? Porque cuando llegaba a la casa lo que encontraba era problemas, mi papá y mi mamá peleando, no había comida, a veces 1 sola comida y así, frutiño y pan. … Era una vida difícil, sinceramente. Y para no andar pendiente de eso, consumía… Para no estar pendiente de la realidad, como dice uno, consumía y consumía y mientras yo más consumía más seguían los problemas y se aumentaban... Como ya en la casa no me querían, me fui a donde una amiga que me dio posada en su casa y era peor… a ella le gustaba mucho el perico; desayuno, almuerzo y cena, yo no comía comida, era puro perico… cantidad de perico. A veces estaba tan alterado que decía ‘ya no quiero más’, 7-8 bolsas de perico rodando por ahí porque llegaba full gente ‘toma aquí tienes, pégatelo como quieras’ (…)”

Así como el grupo de iguales y amigos tienen un papel fundamental, es interesante resaltar la importancia del espacio público en cuanto a que:

La relación entre el espacio público y las conductas violentas/delictivas se articula en torno a cuatro ejes: el peso de los atributos barriales en la conformación del grupo de pares; el uso del espacio y la movilidad limitados por la segregación; la naturalización de la violencia en estos espacios; y la relación barrio-drogas en todas sus facetas (el consumo problemático, el uso de armas para su venta, la dependencia económica de estos barrios respecto del microtráfico, los conflictos familiares, etcétera). (Ortega Uribe, 2014, p.18)

En ese sentido, los grupos de iguales de estos barrios responden a códigos y valores propios que se alejan de los predominantes a nivel social (Ortega Uribe, 2014). Si bien en las calles con amigos se pueden aprender valores como la amistad, la solidaridad, la lealtad, también es cierto que en las calles se suele conocer lo prohibido e ilegal.

A partir de lo anterior, es importante reflexionar sobre algunas pautas y principios guías brindados por algunas organizaciones internacionales y académicos para abordar esta problemática.

América Latina: acciones para adoptar y adaptar

Según lo planteado por Calle Dávila (2011), Latinoamérica y el Caribe es una de las regiones más violentas del mundo, en la que se afecta especialmente de manera diversa y desproporcionada a los jóvenes, debido a los factores presentes en esta zona, entre los cuales se encuentran:

Raíces históricas, culturales y sociopolíticas que incluyen falta de oportunidades educativas y laborales, la desigualdad de la distribución de los ingresos, la influencia de la cultura consumista, una tolerancia social a la violencia, la falta de ejecución de leyes y un aumento del abuso de alcohol y drogas, las expectativas tradicionales de género y el machismo y el fácil acceso a las armas de fuego. (p. 1)

La organización internacional Interpeace (s. f.) estableció algunos de los principios que deben estar presentes en los programas o estrategias diseñadas para prevenir la violencia y construir comunidades de paz:

  • Respeto a la legalidad y los derechos humanos a partir del ejercicio del poder público enmarcado en las leyes y no dependiente de la voluntad de algún actor.

  • Interés superior de la adolescencia: el Estado deberá garantizar el desarrollo integral y el respeto a los derechos de los jóvenes.

  • Respeto al pluralismo y la diversidad por medio del reconocimiento de la coexistencia de personas y grupos de distinto origen étnico, diversidad sexual y de género, capacidades, expresiones culturales y lingüísticas, entre otros.

  • Enfoque holístico integral: que promueva el acceso a la salud, la educación, el empleo, la recreación, la vivienda y la seguridad.

Algunas de las estrategias generales desarrolladas a partir de estos principios han sido:

  • Prevenir la violencia intrafamiliar y sexual en el hogar, la escuela y la comunidad mediante la promoción de los derechos de la niñez, la adolescencia y la juventud.

  • Prevenir la deserción escolar y promover la educación alternativa y en valores para adolescentes y jóvenes que se encuentran fuera del sistema educativo e incrementar y facilitar el acceso a becas escolares e incentivos financieros para grupos vulnerables.

  • Promover el arte, la cultura, el deporte y la recreación como elementos para el desarrollo personal y como instrumentos para prevenir la violencia.

  • Generar oportunidades de formación para el trabajo e inserción laboral para la adolescencia y la juventud.

  • Impulsar campañas de información para prevenir el consumo de drogas y alcohol, y ampliar y mejorar los programas de salud mental para la adolescencia y la juventud.

  • Promover la participación e incidencia juvenil en espacios de organización comunitaria, municipal y nacional y promover la formación de liderazgo juvenil en la adolescencia y la juventud.

  • Promover un enfoque integral de prevención para mejorar la seguridad ciudadana: implementar medidas de prevención situacional en zonas afectadas por la violencia; ampliar y mejorar las tareas de prevención del delito y fortalecer el carácter comunitario de la policía.

Así mismo, la Organización Panamericana de la Salud (2016) estableció estrategias en diferentes sectores, de las cuales resaltan:

  • Estrategias de educación para padres en materia de crianza y de desarrollo del niño en la primera infancia.

  • Estrategias escolares de refuerzo académico para la adquisición de aptitudes académicas y sociales y actividades recreativas después de clases y otros tipos de actividades recreativas estructuradas.

  • Modificaciones espaciales y mejoramiento urbano: por medio del diseño ambiental o metodología CPTED6 se previenen los delitos situacionales y la violencia.

Chioda (2016) comparte algunos programas que vale la pena mencionar, relacionados con la prevención de la violencia desde edades tempranas, recordando que nunca es muy temprano para iniciar estas acciones. Entre estas estrategias: atención/visitas domiciliarias prenatales a mujeres embarazadas que han estado inmersas en condiciones de violencia, y programas de desarrollo infantil temprano.

Algunas lecciones que dejó el programa de prevención temprana de la violencia realizado en Medellín, Colombia (Duque et al., 2007), están relacionadas con la importancia de trabajar también con los docentes de los centros educativos en temáticas relacionadas con el papel de estos en el manejo de la violencia; la escucha y la comunicación como fundamento de las habilidades sociales; la autoafirmación y la autoestima; la autoridad en el aula, sustentación, reconocimiento y negociación; ante la agresión, estrategias para el manejo del conflicto; el docente y la violencia externa a la escuela, entre otros. Ahora bien, considerando y partiendo de lo anterior, de la importancia de la prevención en la violencia juvenil que se manifiesta en los enfrentamientos entre jóvenes, vale la pena analizar algunas estrategias y aspectos a considerar en las acciones tomadas en Barranquilla, el caso de estudio de este trabajo.

El caso Barranquilla: entre la cultura y los espacios de oportunidad y cambio

“Yo creo que eso ya es costumbre… todo el mundo, todo 7 de abril apenas llueve va pa’ la circunvalar… eso ya lo cogieron de cultura… ya eso parece es carnaval que hasta salen los vecinos a ver… como si fuera un partido de futbol, salen a ver quién le da a quién, quién se parte qué, así igualito… se mete también mucha gente que ni es de por aquí, sino que se mete por el desorden y la cosa…”, narró Jesús7.

“A veces cogíamos el teléfono y comenzábamos ‘hoy los queremos a todos en el parche, tipo 7, vamos pa arriba’ así… Y en ese momento llegaba la gente… ud sabe que en un solo barrio hay hasta 15 grupos de pandillas y uno se aliaba con el otro sector, de ahí mismo del barrio, pero de otra cuadra… de pronto de este grupo eran 15-20 y llegaban 3 y así se hacía el combo y ya después sí era de ‘vamos pa’ arriba’ ahí sí pal otro barrio. Entonces nos metíamos y se formaba la pelea, el conflicto…”, narró David8.

En el trabajo realizado por la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana (2019) sobre enfrentamientos violentos, “Un desafío para la interrupción de la violencia”, se identificaron tres momentos claves de esos enfrentamientos: provocación, convocatoria y confrontación. En el primero de estos se dan microeventos en los que los jóvenes incitan a los demás, los instigan a través de comentarios molestos y/o insultos. La convocatoria se hace con el uso de una simbología compartida por todos mediante la cual se informa al otro grupo sobre la intención de agredirles; acercamientos y piedras hacen parte de estos momentos previos de disputas. En la confrontación, los niños y adolescentes se involucran en el acto de violencia colectiva mediante el uso de diversos tipos de armas (cortante, cortopunzantes, elementos contundentes y armas de fuego industriales y artesanales).

En este trabajo también se resaltan algunas de las razones por las que se dan los enfrentamientos de grupos en la ciudad, entre ellas: retaliaciones o represalias por el resultado del enfrentamiento anterior (esto hace que el enfrentamiento sea redundante); agresiones físicas (como consecuencia de un hurto), verbales (insultos) o simbólicas (señas); el hecho de que un integrante de un grupo camine por el territorio de otro o algún suceso ocurrido entre miembros de uno contra otro grupo.

Una de las características principales de los enfrentamientos en esta ciudad gira en torno a la ocurrencia de estos durante las lluvias. En ese sentido, David9 manifestó:

“(…) peleaba en la madrugada, al mediodía, en la noche, todo el día, cuando llovía… y si había aguacero era mejor porque se sentía la adrenalina más… ¿qué tenía de especial la lluvia? Era mejor porque no te sentías sudado, sentías el agua correr y la ropa mojarse…”

Todo parte ya de una cultura sin sentido alrededor de estos espacios y escenarios. Si bien estos enfrentamientos se presentan en algunos barrios de la ciudad que se han caracterizado por tener altos índices de conflictividad familiar, deserción escolar, consumo de drogas, jóvenes en conflictividad, entre otros elementos que, como vimos, propician estos comportamientos violentos, la existencia y convergencia de estos factores no implica que los jóvenes deban ser parte de estos o que no puedan apartarse de ese ambiente. En ese sentido, la Alcaldía de Barranquilla desde la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana les ha brindado, mediante varios programas, entre ellos “Vuelve y juega”, una oportunidad no solo para salir de la conflictividad sino para construir proyectos de vida a partir de herramientas personales, relacionales y laborales:

“El programa ‘Vuelve y juega’ está ayudando a cambiar la vida de esos pelaos... los ponen a jugar futbol y les dan consejos y uno ve el cambio… los tienen ocupaditos… si no están ocupados en algo, están libres ahí sin oficio y se ponen ahí a tirar piedras porque no tienen nada que hacer… con el programa están animados… después de que los tengan ocupados ya no van a andar en eso…”, compartió Jesús10.

Desde la actual administración, en especial desde la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alcaldía de Barranquilla, se están destinando esfuerzos y recursos en diferentes frentes para buscar soluciones a esta problemática, no solo dedicadas a jóvenes sino también a mejorar sus entornos familiares y comunitarios. Algunas de esas son las siguientes:

Promotores de convivencia: equipos interdisciplinarios que apoyan las labores de las autoridades de Policía en regulación de los comportamientos contrarios a la convivencia, respondiendo a los ámbitos planteados no solo en el Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (CNSCC) sino también en la implementación de los mecanismos alternativos para la resolución de los conflictos, por ejemplo, en el marco de diferencias entre grupos de jóvenes.

Fortalecimiento de relaciones ciudadanas y percepción de la seguridad: esas estrategias se pueden clasificar en:

  • Relación ciudadano-entorno: apuntan a la relación que establecen ciudadanos y comunidades con los espacios comunes o públicos en donde se desarrolla la vida social, entre esos, parques, entornos de colegios, espacio público barrial, etc. Se busca disminuir y obstaculizar la comisión de delitos y generar participación de la ciudadanía en el cuidado de bienes comunitarios y resignificar su uso.

  • Relación ciudadano-ciudadano: generar espacios participativos para fomentar consensos comunitarios y la mediación de los conflictos o tensiones propios de la vida en comunidad por medio del fortalecimiento de habilidades grupales para resolver los conflictos.

Comunidades + activas: escenarios de diálogos entre diferentes líderes sociales, organizaciones comunitarias y comunidad con la Alcaldía alrededor de los temas de seguridad y convivencia, para hacerles frente y lograr prevenir los delitos, la violencia y la delincuencia, en especial, la juvenil.

Frentes de seguridad: estrategia liderada por la Policía Nacional y apoyada por la Alcaldía Distrital, en la que se crean organizaciones comunitarias que permitan fortalecer el tejido social y fomentar la cultura de seguridad ciudadana. Esta busca fortalecer la red de apoyo de la Policía, generar alarmas tempranas y facilitar la comunicación con la Fuerza Pública para una reacción más rápida y efectiva.

En especial con niños y adolescentes se realizan las siguientes acciones:

Atención a la conflictividad juvenil en grupos priorizados: busca prevenir la ocurrencia de hechos violentos e interrumpir las carreras delictivas. Contempla un conjunto de estrategias para mitigar situaciones de conflictividad, orientadas a la preservación de la vida, integridad física, psicológica y a la disminución de la percepción de inseguridad asociada a la población juvenil en sus entornos sociales. En este sentido, el desarrollo del modelo de atención aplicado se ejerce en tres niveles:

  • Generación de habilidades para la vida que les permita a los jóvenes lograr cambios en su comportamiento.

  • Desarrollo de herramientas pedagógicasterapéuticas que ponen en escena las habilidades en valores desarrolladas y la ocupación del tiempo libre.

  • Articulación de la oferta institucional que les dé accesos a formación y servicios en el marco de su proceso de proyecto de vida.

Atención psicosocial: trabaja el comportamiento desde el acompañamiento para el restablecimiento de la integridad emocional y redes sociales, con actividades de carácter terapéutico para mitigar los comportamientos problemáticos asociados a la conflictividad y violencia juvenil. Para ello, es importante definir primero los aspectos problemáticos en la vida de cada joven a tratar de manera individual, acompañar este proceso con visitas domiciliarias y atención también a su familia en los aspectos en los que se requiera, y fortalecimiento de espacios, habilidades y prácticas sociales con sus pares/iguales.

Fútbol con valores: metodología en que se ponen en práctica valores como la resiliencia, trabajo en equipo, respeto, honestidad, esfuerzo y espíritu solidario, aprendidos en los talleres de habilidades para la vida, a través de una experiencia deportiva y una mediación que recalca la resolución de los conflictos presentados en el territorio. En el “Campeonato Vuelve y juega” también tienen la oportunidad de encontrarse con jóvenes de otros barrios, como escenario de reconciliación para mitigar uno de los factores generador de violencia, que es la segregación territorial por conflictividad y la inclusión. Plan lluvias: el equipo de Promotores de Convivencia para la prevención del delito y la violencia dispuesto en las localidades priorizadas y barrios focalizados realiza monitoreo diario y registro de los eventos de conflictividad presentados en los barrios priorizados, fortaleciendo las redes comunitarias y activando “árbol telefónico”, lo cual permite realizar monitoreo preventivo, como un ejercicio de mediación social en la época invernal.

Entornos escolares seguros: en los alrededores de las instituciones educativas se genera un diálogo permanente con la comunidad y sus condiciones materiales de coexistencia para concertar acciones destinadas a mejorar la seguridad y convivencia, involucrando a las autoridades y los actores sociales que allí convergen, comunidad educativa y comunidad de vecinos, líderes, Policía de Prevención, etc.

Policía cívica juvenil: fomenta la participación de niños y adolescentes entre 7 y 17 años en actividades pedagógicas, culturales, sociales y comunitarias. Apunta a abrir espacios de participación en actividades cívicas que propendan al ejercicio de la solidaridad, la responsabilidad social y la visión de comunidad de estos. Si bien las anteriores son estrategias que se están implementando y que están dando buenos resultados, es importante también plasmar las recomendaciones del equipo de chicos con quienes se trabajó durante este proyecto de investigación.

Por una mejor barranquilla:

“Yo creo que a los jóvenes del barrio les hace falta educación… Muchos ahora no tienen la oportunidad del estudio que es lo más importante. Si un pelado quiere estudiar, que lo ayuden, que lo dejen y que no le pongan tantas trabas… que si un documento, que si la TI. En esos barrios, la gente del sur es muy quedada con eso de sacarle los documentos… entonces que los ayuden con eso también… que no los ponen a estudiar porque no tienen la facilidad del transporte o para la merienda, entonces ahí el pelado se desanima… yo lo digo porque yo lo viví también”, manifestó Diego11.

Este testimonio da cuenta de la importancia de considerar aspectos relacionados con la mejora del sistema educativo en cuanto a las oportunidades de acceso para los jóvenes y lo que esto implica.

“La educación de los padres, eso hay que fortalecerlo, porque si mi mamá no me hubiera alcahueteado a mí todo lo que yo hacía, yo no estuviera en este estado… a mi mamá le decía que yo estaba peleando y yo le decía que no y ella me creía… Pero si ella hubiera averiguado y me hablaba o me castigaba, uno pequeño tiene que hacer caso, yo hubiera cambiado el chip…”

Así como se ha manifestado, abordar la problemática de la violencia juvenil y prevenir estos enfrentamientos implica también abordar otros fenómenos que los atañen y en los que intervienen otros actores como la familia.

Del testimonio de David12 se deduce la importancia de que los padres estén atentos a las actividades que realizan sus hijos fuera de su hogar, con quiénes se relacionan y que tomen acciones cuando sea necesario.

“Yo creo que hacen falta más oportunidades porque hay algunos de los pelaos por la casa que no han terminado el bachillerato entonces también como para que los incluyan en un colegio y un empleo porque la mayoría de ellos no están trabajando… más apoyo en eso… porque si ellos no sienten el apoyo de sus padres, se van por el mal camino… más apoyo familiar y en temas escolares y laborales”.

La familia, la escuela, los amigos, el ámbito laboral, como manifiesta José13, son los entornos y escenarios en donde los jóvenes más socializan y que influyen y son determinantes en su comportamiento, en la forma en la que se relacionan y se comportan con los demás. Es por eso por lo que abordar estos escenarios es indispensable para prevenir que los jóvenes se vean inmersos en contextos de violencia y lograr la construcción de proyectos de vida sanos y que contribuyan al desarrollo de la sociedad.

Principales hallazgos

Uno de los primeros hitos que este trabajo nos permitió evidenciar fue la necesidad de políticas situadas y conocedoras de la diversidad y pluralidad de jóvenes y sus gustos e intereses. Estas particularidades que los diferencian y caracterizan son las étnico-culturales, de género14, de pertenencia o ubicación territorial, de clase o condición económica, discapacidad, nivel educativo, creencias religiosas, condiciones y/o entornos/factores de riesgo y su coexistencia. El conflicto como desacuerdo entre posiciones, justamente por estas diferencias, es inevitable y parte del relacionamiento. La experiencia ha demostrado que las políticas represivas no consiguen los resultados esperados y que, en su lugar, la prevención es la mejor forma de atacar la criminalidad, la violencia y la inseguridad.

La violencia, vista por los jóvenes como forma de relacionarse, resolver conflictos y lograr el respeto de otros, es un fenómeno muy complejo y multicausal para el que no existe una fórmula mágica ni una sola forma de abordarlo. La comprensión de las complejidades de estos factores requiere del aporte de diferentes disciplinas, como la biología, sociología, antropología, psicología, entre otras; no de manera aislada sino armónica.

Para poder comprender y prevenir la violencia en los jóvenes es clave analizar y entender las relaciones y dinámicas en los principales entornos de socialización de estos: familia, escuela y barrio. Este ejercicio permitió comprender que existen varios factores que facilitan la violencia juvenil desde diferentes niveles. En un nivel macro, aspectos como la exclusión social, la desigualdad, la falta de acceso a educación, salud, empleo, espacios de ocio, entre otros servicios. En un nivel intermedio, se encuentran espacios públicos inapropiados y sin posibilidades de recreación. Por último, en el nivel micro, la falta de habilidades comunicativas desde la crianza, de herramientas para la resolución pacífica de controversias, la necesidad de los jóvenes de pertenecer o de lograr reconocimiento por sus pares.

En ese sentido, Morales-Ortega y Castillo-Bolaño (2011) aseguran que, así como la familia, los grupos de pares deben ser considerados para intervenir el problema de la violencia juvenil y este punto es clave porque, como establece Defez Cerezo (s. f.), aunque los jóvenes procedan de un buen ambiente, criados con valores, comunicación y respeto, el contacto con “malas influencias” aumenta el riesgo de que puedan cometer conductas delictivas o violentas, debido a la tendencia que tienen de imitar las conductas más cercanas, así como la necesidad de sentirse aceptados por sus iguales y ser parte de un grupo.

Familia, escuela, barrio, grupos de iguales, entre otros elementos, y las dinámicas que se dan dentro de cada uno y entre ellos hacen que cada joven sea lo que sea, reaccione y se comporte de determinada manera en sus interacciones con los demás. Los comportamientos violentos forman parte de algunos de esos espacios, por lo que abordarlos debe considerar todos estos escenarios, no desde una postura sancionatoria que generaría mayor presión y atractivo en cada joven, sino siempre desde la prevención y la educación.

La intervención a través de programas para que los jóvenes habitantes de barrios con contextos que facilitan la conflictividad puedan aprovechar el tiempo en actividades laborales productivas, adquisición de habilidades, fortalecimiento a sus emprendimientos y a los lazos y relaciones familiares y comunitarias debe ser una apuesta para mejorar las condiciones estructurales que llevan a los jóvenes a buscar en estos grupos y en los enfrentamientos el escape a las dificultades que se puedan presentar en sus entornos y buscar su identidad en otros espacios.

Los programas analizados y otros han contribuido a prevenir la violencia juvenil porque involucran activamente a la comunidad, entienden la complejidad y heterogeneidad de los entornos y de los jóvenes, así como sus necesidades e intereses.

Conclusiones

El conflicto hace parte de las relaciones sociales; la violencia como forma de solucionar estos conflictos es una de las preocupaciones más grandes de las sociedades. La violencia, en especial la juvenil, debe ser vista como el resultado o manifestación de una serie de problemáticas estructurales.

Las causas y factores que propician estos comportamientos son igual de variados, algunos relacionados con ámbitos macro como la atención por parte del Estado o la ausencia de este que se manifiesta en exclusión, desigualdad y pocas oportunidades de acceder a educación, trabajo, salud, etc. Sumado a esto, también puede depender de factores familiares como falta de comunicación y de apoyo, y entornos violentos; factores contextuales como entornos no seguros, ventas de drogas, presencias de pandillas, y personales como falta de identidad, inseguridades, entre otros.

Es indispensable que para poder abordar bien esta problemática se identifique, comprenda e intervenga correctamente esos factores de riesgo y protectores presentes durante el crecimiento y desarrollo de los jóvenes, que van desde la desigualdad económica hasta el maltrato, la hiperactividad y otros problemas de la infancia relacionados con la crianza de los hijos. Estas y otras acciones deben considerar a todos los actores que intervienen en las diferentes etapas de la vida y espacios de socialización de los jóvenes (familia, escuela, barrios, grupos de iguales). Cabe señalar que aquellas aprendidas por imitación en la familia, como primer entorno de socialización, son reproducidas en la escuela y en el barrio.

Así como la familia es el lugar para aprender herramientas que les servirán para relacionarse de mejor manera en otros entornos, también puede ser el espacio en que se inculquen actitudes violentas, irrespetuosas, que imposibiliten este relacionamiento armónico con los demás.

La familia y la escuela son vistas como microescenarios de socialización, envueltos en unas dinámicas particulares con influencia determinante en las características y comportamiento de los jóvenes, que luego se ven expuestos a un escenario mucho más diverso y menos controlable en el que interactúan ahora con otros jóvenes y otras personas: el barrio. Estos espacios se caracterizan por tener unas costumbres de uso de espacio y formas de comportarse muy particulares y diferentes a los demás espacios a los que deben adaptarse.

Estos grupos de jóvenes se caracterizan por tener códigos y valores propios que en algunos casos refuerzan valores como la amistad, la solidaridad y la lealtad, pero que en otros motivan conductas violentas y conductas incívicas o lesivas para ellos y para los demás, como bien se evidenció con los testimonios y narraciones compartidas. Sumado esto a la interacción con otros actores que también tienen un papel e influencia importante en los jóvenes, por ejemplo, los grupos de amigos.

A lo anterior se agrega que es en esta etapa cuando los jóvenes atraviesan por un proceso de descubrimiento personal y búsqueda de una identidad propia. Es por eso por lo que el grupo de iguales y otros jóvenes se convierten en un referente e influencia importante en este proceso de desarrollo que también debe ser considerado en el abordaje de esta problemática, toda vez que estas relaciones pueden fortalecer aprendizajes o incentivar comportamientos incívicos, ilegales y violentos, como ocurrió con David.

Aunque no exista una solución mágica o una única política que termine con la violencia, sí hay acciones y estrategias que se pueden adelantar para lograr su prevención. En este sentido, vale la pena señalar que la prevención nunca puede comenzar demasiado temprano o demasiado tarde, o ser demasiado amplia. Lo ideal es que estas políticas o programas partan de principios como el respeto a la legalidad y los derechos humanos, interés superior del adolescente, equidad de género, enfoque diferencial, entre otros.

Algunas de las estrategias generales desarrolladas a partir de los principios expuestos han dependido de la etapa de desarrollo de los jóvenes; por ejemplo, con programas de educación sexual, salud reproductiva y salud mental; atención/visitas domiciliarias prenatales a mujeres embarazadas que han estado inmersas en condiciones de violencia; reducción o eliminación de lesiones, abuso y desatención infantil; atención a la deserción escolar; educación para padres sobre crianza; fortalecimiento de lazos estudiantiles; capacitaciones para docentes; aprovechamiento del tiempo y desarrollo de habilidades y oficios para los jóvenes en los barrios, etc. El caso de Barranquilla resultó ser muy interesante porque los espacios públicos durante las lluvias son un escenario en el que se llevan a cabo enfrentamientos entre jóvenes. Estos eventos, como refleja la investigación realizada por la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana, eran gestionados a partir de una convocatoria entre los jóvenes de un sector a los de otro para unirse y desplazarse hasta otro barrio. Si bien esta es una ciudad en la que se presentan estos enfrentamientos particularmente cuando llueve como lo demostraron las entrevistas, problemática que se ha arraigado mucho en algunas comunidades, es una de las ciudades pioneras en muchos programas de investigación, análisis y prevención de estos enfrentamientos mediante el fortalecimiento de las estructuras de base de formación, desarrollo y socialización de los jóvenes y la generación de oportunidades de estudio y laborales para jóvenes expuestos a contextos y factores que facilitan los comportamientos violentos.

Con estrategias como comunidades más activas, entornos escolares seguros, frentes de seguridad y otras encaminadas a fortalecer las relaciones ciudadanas entre ellos y con el entorno, entre otros, se busca prevenir la violencia y hacerles frente a las razones estructurales que favorecen comportamientos violentos entre los jóvenes. A la vez, con programas como Promotores de convivencia, Futbol con valores y Plan lluvia se trabaja directamente con jóvenes que han participado en estos enfrentamientos brindándoles apoyo, espacios de crecimiento, aprendizaje de otras formas de relacionamiento, crecimiento y desarrollo.

Los jóvenes son un grupo particularmente expuesto y propenso a verse involucrado en enfrentamientos violentos, pero la apuesta debe ser por el trabajo articulado desde los diferentes escenarios de socialización, que requiere la participación de todos los actores, para coadyuvar así en la prevención y en el correcto crecimiento, desarrollo y relación de estos con los demás. La búsqueda de soluciones a la problemática debe ser constante, de monitoreo, reevaluación y ajustes constantes, y debe partir de un enfoque integral que incorpore los factores que contribuyen a la violencia y, a la vez, promueva estrategias que impulsen el bienestar y el desarrollo de la adolescencia y la juventud.15

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1La historia de David (nombre cambiado) fue narrada durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

2La historia de David (nombre cambiado) fue narrada durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

3La historia de Diego (nombre sustituido) fue narrada durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

4Para Iria Paz y Ana Andreu (s. f.), la diferencia en los comportamientos violentos masculino y femenino radica en que los primeros suelen caracterizarse por ser confrontaciones directas dirigidas a hacer daño, son cometidos en público o de forma que puedan ser públicamente verificados, ya que su función principal consiste en la validación de la identidad y la reputación. Por su parte, explicado también por los estereotipos de género muy presentes en la sociedad, en las mujeres son más comunes comportamientos violentos indirectos, dirigidos a dañar a otros, a amigos o a atacar los sentimientos de pertenencia a un grupo.

5Mientras algunos trabajos han demostrado que existe una relación entre la variable barrio y la violencia juvenil, otros no han encontrado efectos directos sino relacionados mayoritariamente con variables como los procesos familiares, el grupo de pares o la participación en actividades recreativas (religión, deportes, arte, etc.) (Bobbio et al., 2015).

6Crimen Prevention Through Environmental Design o prevención del delito a través del diseño ambiental.

7La historia y opiniones de Jesús (nombre cambiado) fueron compartidas durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

8La historia de David (nombre sustituido) fue narrada durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

9La historia de David (nombre cambiado) fue narrada durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

10La historia y opiniones de Jesús (nombre cambiado) fueron compartidas durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

11El testimonio de Diego (nombre sustituido) fue narrado durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

12El testimonio de David (nombre sustituido) fue narrado durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

13El testimonio de José (nombre sustituido) fue narrado durante la entrevista semiestructurada realizada por la investigadora principal el 19 de octubre del 2021.

14Para Iria Paz y Ana Andreu (s. f.), la diferencia en los comportamientos violentos masculino y femenino radica en que los primeros suelen caracterizarse por ser confrontaciones directas dirigidas a hacer daño, son cometidos en público o de forma que puedan ser públicamente verificados, ya que su función principal consiste en la validación de la identidad y la reputación. Por su parte, explicado también por los estereotipos de género muy presentes en la sociedad, en las mujeres son más comunes comportamientos violentos indirectos, dirigidos a dañar a otros, a amigos o a atacar los sentimientos de pertenencia a un grupo.

Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo: Molinares-Torres, M., Bautista-Flórez, D. y López-Miranda, S. (2023). Comprensión y prevención de los enfrentamientos violentos entre jóvenes en el Distrito de Barranquilla, Colombia. Revista Criminalidad, 65(3), 31-45. https://doi.org/10.47741/17943108.510.

Recibido: 16 de Diciembre de 2022; Revisado: 30 de Mayo de 2023; Aprobado: 15 de Junio de 2023

* Autor de correspondencia: María Molinares-Torres, email: mfmolinares@gmail.comción

Conflicto de interés:

No se presentó conflicto de interés entre los autores de la presente investigación académica. Declaramos que no tenemos ninguna relación financiera o personal que pudiera influir en la interpretación y publicación de los resultados obtenidos. Asimismo, aseguramos cumplir con las normas éticas y de integridad científica en todo momento, de acuerdo con las directrices establecidas por la comunidad académica y las dictaminadas por la presente revista. Este artículo resume la investigación “Prevención de enfrentamientos violentos entre jóvenes en el Distrito de Barranquilla” desarrollada durante 2020-2021 por el Observatorio para la Seguridad de la Oficina para la Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alcaldía de la misma ciudad.

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