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Revista Criminalidad

Print version ISSN 1794-3108

Rev. Crim. vol.67 no.2 Bogotá May/Aug. 2025  Epub Oct 18, 2025

https://doi.org/10.47741/17943108.584 

ESTUDIOS CRIMINOLÓGICOS

Relaciones entre agresión y empatía parental: efectos sobre las mismas variablesen jóvenes infractores

Relationships between aggression and parental empathy: effects on the same variables in young offenders

Relações entre agressão e empatia dos pais: efeitos sobre as mesmas variáveis em jovens infratores

Jorge Emiro Restrepo1  * 
http://orcid.org/0000-0001-8790-7454

Sergio Andrés Acosta Tobón2 
http://orcid.org/0000-0002-7042-7435

Anyerson Stiths Gómez Tabares3 
http://orcid.org/0000-0001-7389-3178

1 Doctor en Neuropsicología Profesor titular y líder del Grupo de Investigación OBSERVATOS Tecnológico de Antioquia Medellín, Colombia, Email: jorge.restrepo67@tdea.edu.co

2 Doctor en Psicología Director del Instituto Psicoeducativo de Colombia (Ipsicol) Instituto Psicoeducativo de Colombia (Ipsicol) Medellín, Colombia, Email: sergioacostatobon@gmail.com

3 Doctor en Filosofía Docente asistente Universidad Católica Luis Amigó Medellín, Colombia, Email: anyerspn.gomezta@amigo.edu.co


Resumen

Este estudio examinó la conexión entre la agresividad y la empatía de los padres, y cómo estos factores influyen en los delincuentes juveniles. Los padres mostraron mayor agresividad física y hostilidad, mientras que las madres mostraron más agresividad verbal. La agresión verbal de las madres estaba relacionada con una mayor agresión en otras áreas y una menor preocupación empática. En cambio, la agresividad de los padres se manifestaba más física que verbalmente, sin correlación con la empatía. La investigación concluye que la agresión de los padres predice la agresión de los jóvenes delincuentes, siendo la agresión verbal de las madres y la agresión física de los padres predictores significativos. Sin embargo, la empatía de los padres no predijo significativamente la empatía de los jóvenes. En particular, la ira de las madres estaba inversamente relacionada con su preocupación empática. En los padres, la agresión física y la ira estaban interrelacionadas, pero sin relación con la empatía.

Palabras clave: Violencia; delincuencia juvenil; padres; relaciones interpersonales; familia

Abstract

This study examined the connection between parental aggression and empathy, and how these factors influence juvenile offenders. Fathers showed more physical aggression and hostility, while mothers showed more verbal aggression. Mothers’ verbal aggression was related to higher aggression in other areas and lower empathic concern. In contrast, fathers’ aggression was more physical than verbal, with no correlation to empathy. The research concludes that parental aggression predicts young offenders’ aggression, with mothers’ verbal aggression and fathers’ physical aggression being significant predictors. However, parental empathy did not significantly predict youth empathy. In particular, mothers’ anger was inversely related to their empathic concern. Fathers’ physical aggression and anger were interrelated, but unrelated to empathy.

Keywords: Violence; juvenile delinquency; parents; interpersonal relationships; family

Resumo

Neste estudo, examina-se a conexão entre a agressão e a empatia dos pais e como esses fatores influenciam os jovens infratores. Os pais demonstraram mais agressão física e hostilidade, enquanto as mães demonstraram mais agressão verbal. A agressão verbal das mães estava relacionada à maior agressão em outras áreas e menor preocupação empática. Em contrapartida, a agressão dos pais foi mais física do que verbal, sem correlação com a empatia. A pesquisa conclui que a agressão dos pais prediz a agressão dos jovens infratores, sendo que a agressão verbal das mães e a agressão física dos pais são preditores significativos. Entretanto, a empatia dos pais não foi preditiva de forma significativa da empatia dos jovens. Em particular, a ira das mães foi inversamente relacionada à sua preocupação empática. A agressão física e a ira dos pais estavam inter-relacionadas, mas não relacionadas à empatia.

Palavras-chave: Violência; delinquência juvenil; pais; relacionamentos interpessoais; família

Introducción

Los jóvenes que cometen delitos suponen un desafío económico y social. El manejo de las repercusiones de sus actos ilegales y su rehabilitación imponen una carga financiera considerable a la sociedad. Además, involucrarse en conductas delictivas frecuentemente limita sus oportunidades de educación y formación profesional. Es notable que ciertos jóvenes delincuentes tienden a repetir sus actos ilegales, creando un ciclo perjudicial, tanto para ellos como para la comunidad. Esta situación puede afectar la posibilidad de convertirse en adultos que participen adaptativamente y contribuyan a la sociedad. Muchas veces, detrás de estos jóvenes, se enmascaran desafíos como conflictos familiares, consumo de drogas, problemas psicológicos o la influencia de bandas criminales. Aunque enfrentar estas raíces del problema es complejo y oneroso, es vital para minimizar la reiteración de conductas delictivas (Farrington y Welsh, 2007; Loeber y Farrington, 2000).

La familia desempeña un papel determinante en el comportamiento de los jóvenes, y ciertos entornos familiares pueden actuar como factores de riesgo para la delincuencia juvenil. La falta de supervisión adecuada (Hoeve et al., 2009), el modelado de comportamientos antisociales (Lynam et al., 2007), conflictos internos y un ambiente de abuso o negligencia (Teplin et al., 2012; Warren y Font, 2015) pueden predisponer a los jóvenes a actitudes delictivas. Además, antecedentes familiares de delincuencia (Pardini et al., 2015) y carencias en apoyo y recursos (Barnett, 2008; Mulvey et al., 2010) pueden exacerbarse en hogares con problemas de salud mental o adicciones. Aunque estos factores no garantizan comportamientos delictivos en todos los jóvenes, sí incrementan la susceptibilidad.

La interacción entre madres, padres e hijos es un elemento que se debe analizar para entender la aparición, persistencia, manifestación o intensificación del comportamiento antisocial en niños y adolescentes. Se ha sugerido que el estudio de los factores familiares asociados con la conducta delictiva o criminal en los adolescentes desde una perspectiva del desarrollo resultará más efectivo para su intervención (Shaw y Bell, 1993). El conflicto entre los padres puede influir en el desarrollo de conductas antisociales porque provoca un aumento de la inestabilidad familiar, dificultades en la crianza de los hijos y alteraciones en el vínculo padres-hijos (Pardini et al., 2015). Las agresiones físicas o verbales, la ira y la hostilidad entre las madres y los padres o de ellos hacia los hijos puede explicar parcialmente el comportamiento delictivo o criminal de los niños y adolescentes. Al comparar un grupo de adolescentes noinfractores con un grupo de adolescentes infractores, Spillane-Grieco (2000) encontró mucha más agresión verbal en las familias de los infractores.

Los rasgos y comportamientos agresivos de las madres y los padres contribuyen a la violencia doméstica. Tanto si los hijos son víctimas de abuso físico o verbal por parte de sus padres o si están expuestos a la violencia entre ellos, existe el riesgo de consecuencias emocionales (baja autoestima, estrés postraumático, ansiedad y depresión), interpersonales (escasa capacidad para resolver conflictos y vulnerabilidad a la victimización o a la perpetración de actos violentos) y conductuales (embarazo adolescente, abandono escolar, intentos de suicidio, delincuencia, violencia y abuso de sustancias) (Herrenkohl et al., 2008). Los jóvenes que han crecido en contextos de violencia doméstica tienden a sobreatribuir intenciones hostiles a los demás y a ser más propensos a juzgar el uso de su propia agresión más positivamente (Dodge y Pettit, 2003). La desconfianza, la suspicacia y la sospecha (que podrían llegar a convertirse en rasgos paranoides o delirios de persecución) son rasgos característicos de los adolescentes infractores (Restrepo y Acosta-Tobón, 2023).

La empatía parental se refiere a la sensibilidad de los padres para captar y responder a las emociones y necesidades de sus hijos. Parte esencial de esta habilidad es el reconocimiento emocional, que permite a los padres detectar y entender lo que sus hijos están sintiendo (Davidov y Grusec, 2006). Este aspecto va alineado con la toma de perspectiva, que implica que los padres se esfuerzan por comprender situaciones desde el punto de vista del hijo. Con estas habilidades, pueden brindar respuestas emocionales que validen y respalden al niño. Además, desempeñan un rol crucial en la regulación emocional, fortaleciendo la autoestima del niño y enseñando cómo construir relaciones interpersonales sanas, al ofrecerle herramientas y apoyo para manejar sus emociones en situaciones complejas (Kim y Kochanska, 2012; Morelli et al., 2015).

Los niños que crecen en familias con prácticas parentales caracterizadas por la empatía y la sensibilidad muestran una mayor tendencia a establecer patrones de apego seguro. Estos patrones de apego, a su vez, están asociados con desenlaces más favorables en dimensiones emocionales, sociales y cognitivas durante la infancia y etapas subsecuentes del desarrollo (Sroufe et al., 2005). Los estudios han informado que factores como la calidez parental, la disciplina guiada y el uso parental de estrategias de autorregulación emocional son predictores consistentes del ajuste psicológico, la socialización, los valores y el comportamiento prosocial de los adolescentes (Williams y Ciarrochi, 2020; Xiao et al., 2018). En este sentido, un estudio de Lenzi et al. (2015) examinó los efectos predictivos de los factores de riesgo (desviación entre pares y falta de seguridad en la escuela) y los factores de protección (empatía y apoyo de los padres) sobre la participación en pandillas en una muestra de 26 232 adolescentes. Se encontró que la alta empatía y el apoyo de los padres se asociaron con una menor probabilidad de participación en pandillas, y la desviación de los compañeros y la falta de seguridad en la escuela predijeron la participación en pandillas. Además, la empatía moderaba el efecto de la desviación entre iguales sobre la participación en bandas (Lenzi et al., 2015).

Por el contrario, las estrategias de crianza carentes de empatía se correlacionan con dificultades psicológicas que afectan al ajuste psicosocial durante la infancia y la adolescencia. Se ha informado que una baja autoeficacia emocional y regulación del estrés en los padres, junto con una alta hostilidad parental, se asocian con mayores problemas de adaptación, ajuste psicológico y conductas externalizantes en adolescentes (Gryczkowski et al., 2017; Houltberg et al., 2014; Ruiz-Ortiz et al., 2017). Los estudios han examinado el efecto de la calidez y el afecto maternos en los rasgos insensibles-sin emociones (CU) en delincuentes juveniles, y se informó que una menor calidez y afecto maternos se asociaron con mayores rasgos CU y comportamiento agresivo (Bisby et al., 2017; Kimonis et al., 2013). También se ha informado que los delincuentes con mayores niveles de agresión tenían puntuaciones más altas de rasgos CU y niveles más bajos de atención materna (Kimonis et al., 2013).

En contraposición, las estrategias de crianza carentes de empatía se encuentran correlacionadas con dificultades psicológicas que impactan el ajuste psicosocial durante la infancia y la adolescencia. De hecho, el escaso apego seguro a los padres se considera una de las causas de la delincuencia (Hoeve et al., 2012). Según Hirschi (1969), los niños que logran establecer fuertes vínculos de apego con sus progenitores tienden a valorar y adherirse a las expectativas normativas de estos, lo cual actúa como un mecanismo de protección contra comportamientos delictivos. En este sentido, el estudio transcultural de Pastorelli et al. (2016), realizado en ocho países, demostró que la calidez y el vínculo madre-hijo, así como la disciplina inductiva, eran predictores del comportamiento prosocial en los niños.

En el desarrollo psicológico y el ajuste psicosocial de niños y adolescentes, las dimensiones de agresividad y empatía parental se postulan como elementos clave que pueden influir significativamente en la emergencia de conductas antisociales (Gómez y Durán, 2020; Gómez y Narváez, 2020; Schaffer et al., 2009). A pesar de su relevancia teórica y práctica, es notable la escasa investigación centrada en estas variables específicas de padres y madres en el contexto de jóvenes que haninfringido la ley. Aun así, se puede destacar el estudio de Kimonis et al. (2013), quienes encontraron que el abandono emocional (o la ausencia de calidez paternal) se asoció fuertemente con los rasgos insensibles no emocionales y la agresividad en adolescentes encarcelados.

El comportamiento delictivo y criminal en jóvenes ha sido objeto de considerable indagación en la literatura científica, con múltiples factores contribuyentes que se entrecruzan y se afectan mutuamente. Dentro de este marco, el entorno familiar ha emergido como una variable fundamental en la configuración de patrones de conducta de los adolescentes. La agresividad y la empatía de los padres, en particular, son aspectos que influyen de manera significativa en el desarrollo socioemocional y conductual de los jóvenes. Por ello, esta investigación pretende aportar a la literatura existente, al analizar las relaciones entre la agresividad y la empatía de madres y padres y evaluar si estas dimensiones son predictoras de la agresividad y la empatía de estos adolescentes en conflicto con la ley. Los hallazgos proporcionarán evidencia para obtener una visión más profunda sobre las dinámicas familiares que pueden estar relacionadas con comportamientos antisociales en la juventud.

Método

Contexto

El estudio se llevó a cabo con las madres y los padres de un grupo de jóvenes de un centro de internamiento preventivo que se encontraban en proceso de judicialización, aún no sancionados, pero privados de la libertad por jueces de control de garantías de los distritos judiciales de Medellín y Antioquia en Colombia. Este centro de internamiento es un programa del Instituto Psicoeducativo de Colombia (Ipsicol), que es una institución, sin ánimo de lucro, operadora de programas del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes (SRPA) en Colombia. Ipsicol funciona acorde con los lineamientos establecidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en el marco del Código de Infancia y Adolescencia (Ley 1098 de 2006). El SRPA se estableció para investigar y juzgar a personas que tuvieran entre 14 y 18 años de edad al momento de cometer un delito.

Participantes

Ipsicol (Medellín, Colombia) cuenta con una población de 200 jóvenes que han cometido algún tipo de delito. De esta población se seleccionaron 115 jóvenes mediante muestreo de conveniencia (nivel de confianza = 90 %; margen de error = 5 %), así como a sus madres y padres (N = 345). Todos los participantes eran varones y se encontraban en prisión preventiva por delitos como robo (40.0 %), homicidio (29.6 %), secuestro/extorsión (20.0 %) o tráfico/posesión de drogas (10.4 %). Todas las madres (n = 115) y los padres (n = 115) eran familiares de primer grado. Se incluyeron jóvenes mayores de 16 años; con al menos quinto grado de educación primaria; con un coeficiente intelectual superior a 90 puntos en la Escala de Inteligencia de Wechsler; que hubieran estado en el Centro de Detención Preventiva por al menos un mes (para descartar intoxicación por consumo de sustancias psicoactivas); y cuyos familiares de primer grado participaran activamente en su proceso de judicialización. Se excluyeron los jóvenes que cumplían criterios de trastornos generalizados del desarrollo, trastornos mentales orgánicos, esquizofrenia, trastorno esquizotípico o trastornos delirantes (evaluados mediante la Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional - MINI); que tenían discapacidad auditiva, visual, sensorial o motora; que no tenían familiares consanguíneos de primer grado (padre y madre); o que habían expresado su deseo de no participar en la investigación.

El grupo de jóvenes tenía entre 16 y 19 años de edad (M = 17.1; DE = 0.63), el grupo de madres entre 32 y 56 años (M = 41.9; DE = 4.9) y el grupo de padres entre 35 y 62 años (M = 44.8; DE = 5.6). El 38.3 % de los jóvenes tenía antecedentes penales, al igual que el 28.7 % de las madres y el 60.9 % de los padres. Casi la mitad de los jóvenes (40.0 %) eran hijos únicos y prácticamente todos cursaban o habían cursado algún nivel de educación secundaria (97.4 %). La mayoría de las madres (80.0 %) y de los padres (73.0 %) no habían terminado la enseñanza secundaria. El 80.0 % de las familias pertenecía a un nivel socioeconómico bajo. Poco más de la mitad de los jóvenes estudiaba (55.7 %). Casi un tercio de ellos (27.0 %) no estudiaba ni trabajaba.

Todos los jóvenes declararon tener antecedentes familiares de enfermedad mental; la mitad de las madres también lo declaró (50.4 %), y la mayoría de los padres (77.4 %). Todos los jóvenes fueron diagnosticados de trastorno de conducta. Los trastornos psicológicos de las madres incluyen: trastorno afectivo bipolar (27.0 %), trastorno depresivo (13.9 %), trastorno por uso de sustancias (7.8 %) y esquizofrenia (1.7 %). Los trastornos psicológicos en los padres eran: trastorno por consumo de sustancias (60.9 %), trastorno por déficit de atención con hiperactividad (7.8 %), esquizofrenia (5.2 %) y trastorno depresivo (4.3 %). Ninguno de los jóvenes tomaba psicofármacos. El 11.3 % de las madres y el 2.6 % de los padres sí lo hacían.

Procedimiento

En primer lugar, se llevó a cabo una revisión de los anexos de historia de atención de los jóvenes para determinar que cumplieran con criterios de triada perfecta (joven, madre, padre). Durante este proceso, se identificaron datos sociodemográficos, médicos, educativos y familiares. En segundo lugar, se extendió una invitación para que participaran en el estudio. Quienes aceptaron, firmaron el consentimiento informado. El proyecto fue avalado por el comité de ética de Ipsicol y se ajustó a la normativa de la ética de la investigación en psicología en Colombia (Ley 1090 de 2006). Por último, se procedió a la aplicación de los instrumentos seleccionados para la recolección de datos.

Instrumentos de recolección de información

Cuestionario de Agresión de Buss - Perry - AQ: este cuestionario fue desarrollado por Buss y Perry (1992), a partir de un instrumento previo, el Inventario de Hostilidad (Buss y Durkee, 1957). La versión original está compuesta por 29 ítems, pero la adaptación española realizada por Vigil-Colet et al. (2005) encontró una versión más corta con mejores propiedades psicométricas. Esta versión de 20 ítems fue adaptada con población colombiana por Chahín-Pinzón et al. (2012) y conservó la estructura factorial original de cuatro dimensiones: agresividad física, agresividad verbal, ira y hostilidad. Todos los factores presentaron adecuados niveles de fiabilidad evaluados mediante el coeficiente de consistencia interna.

Índice de Reactividad Interpersonal (IRI): diseñado por Davis (1983) y se ha convertido en una de las medidas más utilizadas para la valoración, mediante autoinforme, de la empatía. Aquí se utilizó la versión en español analizada por Mestre et al. (2004). Esta versión está conformada por 28 ítems y tiene una estructura factorial de cuatro dimensiones: toma de perspectiva, fantasía, preocupación empática y malestar personal. El instrumento ha demostrado tener adecuadas propiedades psicométricas de confiabilidad y validez.

Análisis de datos

Los datos se analizaron con el programa estadístico SPSS v. 28. Para comparar las puntuaciones en las distintas dimensiones entre madres y padres, se calcularon los estadísticos descriptivos y se aplicó la prueba U de Mann-Whitney. También se calculó el tamaño del efecto de las diferencias significativas (p < 0.05) y se utilizó la estadística eta-cuadrado (n2): efecto pequeño (0.01), efecto medio (0.06), efecto grande (0.14) (Fritz et al., 2012). Se utilizó la prueba de Spearman para identificar posibles correlaciones entre dimensiones entre madres y padres. Se empleó el análisis de regresión lineal múltiple para determinar predictores de las dimensiones de agresión y empatía en los jóvenes. Los valores de p < 0.05 se consideraron estadísticamente significativos.

Resultados

De acuerdo con los análisis de comparación de medias (Tabla 1), la agresividad física, la agresividad verbal y la hostilidad presentaron diferencias estadísticamente significativas entre madres y padres. Según los resultados, los padres tuvieron puntuaciones más altas que las madres en la agresividad física y la hostilidad, mientras que las madres presentaron puntuaciones más altas en la agresividad verbal. No se presentaron diferencias estadísticamente significativas en ninguna de las dimensiones de la empatía.

Tabla 1 Estadísticos descriptivos y prueba de comparación de medias para las dimensiones 

La Tabla 2 contiene los coeficientes de correlación entre las dimensiones de la agresividad y las dimensiones de la empatía de las madres. Como puede apreciarse, la agresividad física mostró una correlación positiva débil con la agresividad verbal, y esta tuvo una correlación positiva moderada con la ira y una correlación débil con la hostilidad. Finalmente, la ira presentó una correlación positiva débil con la hostilidad y otra correlación negativa débil con la preocupación empática.

Tabla 2 Coeficientes de correlación entre las dimensiones de las madres 

Nota. * p < .05; ** p < .01

La Tabla 3 muestra los coeficientes de correlación entre las dimensiones de la agresividad y las dimensiones de la empatía para los padres. Aquí, la agresividad física tuvo una correlación positiva moderada con la ira, mientras que la agresividad verbal presentó una correlación negativa débil con la hostilidad. Finalmente, la ira tuvo una correlación positiva débil con la hostilidad. Ninguna de las dimensiones de la empatía tuvo correlaciones estadísticamente significativas.

Tabla 3 Coeficientes de correlación entre las dimensiones de los padres 

Nota. * p < .05; ** p < .01

En la Tabla 4 se presentan las correlaciones entre las dimensiones de la agresividad y la empatía de las madres y las dimensiones de la agresividad y la empatía de los padres. La agresividad física de las madres tuvo correlaciones positivas moderadas con la agresividad física y con la ira de los padres. La agresividad verbal de las madres tuvo correlaciones positivas moderadas con la agresividad física y con la hostilidad de los padres. La agresividad verbal de las madres tuvo una correlación positiva fuerte con la ira de los padres. La ira de las madres tuvo correlaciones positivas moderadas con la ira y con la hostilidad de los padres. La hostilidad de las madres tuvo correlaciones positivas moderadas con la agresividad física y con la ira de los padres.

Tabla 4 Coeficientes de correlación entre las dimensiones entre madres y padres 

Nota. ** p < .01; *** p < .001

Finalmente, la Tabla 5 presenta los resultados de los análisis de regresión lineal múltiple para predecir las dimensiones de la agresividad y la empatía en los adolescentes a partir de las mismas dimensiones en los padres y las madres. Para la agresividad física de los adolescentes, el mayor predictor fue la agresividad verbal de la madre. Para la agresividad verbal, la agresividad verbal de la madre. Para la ira, la agresividad física del padre. Y para la hostilidad, la agresividad verbal de la madre. Respecto a la empatía, ninguno de los modelos fue estadísticamente significativo.

Tabla 5 Predictores de la agresividad y la empatía de los jóvenes infractores 

Discusión

Este estudio tuvo dos objetivos. El primero fue el análisis de las relaciones entre las dimensiones de la agresividad y la empatía entre madres y madres de jóvenes infractores. El segundo, determinar si esas dimensiones predecían la agresividad y la empatía de los jóvenes. Los resultados de las comparaciones de las medias de las dimensiones entre madres y padres revelaron que los padres tenían puntuaciones más altas en la agresividad física y en la hostilidad, mientras que las madres mostraron puntuaciones más altas en agresividad verbal. No hubo diferencias estadísticamente significativas en ninguna de las dimensiones de la empatía.

La agresividad verbal en las madres tuvo correlaciones con las demás dimensiones de la agresividad. Así, cuanta más agresividad verbal tienen ellas, también tienen mayor agresividad física (r = .375; p < .01), más ira (r = .537; p < .01) y la hostilidad (r = .355; p < .01). Asimismo, cuanta mayor ira tiene, mayor hostilidad (r = .333; p < .01) y menor preocupación empática (r = -.214; p < .05) muestran. De las cuatro dimensiones de la empatía, solo esta mostró una correlación con la agresividad. Las correlaciones entre las dimensiones de la agresividad tienen algunas explicaciones. En ciertos contextos, la agresión verbal puede anteceder a la agresión física. Un desacuerdo puede iniciar con ofensas o amenazas verbales y posteriormente intensificarse hacia una confrontación física. El paso de la agresividad verbal a la agresividad física es más probable cuando la madre experimenta rabia o ira. La hostilidad no es tanto un comportamiento (agresividad física o verbal) ni una emoción (ira), sino una actitud o predisposición negativa hacia las personas. Lo más lógico sería esperar que las madres hostiles expresen agresividad verbal, mientras que las madres iracundas podrían manifestar agresiones físicas. En las madres, la ira fue la única dimensión de la agresividad que se asoció con la empatía. A mayor ira, menor preocupación empática, es decir, menores sentimientos de compasión y preocupación por los demás. En los padres, por el contrario, no hubo correlación entre la agresividad verbal y la agresividad física. La agresividad física sí se correlacionó con la ira (r = .529; p < .01), y esta con la hostilidad (r = .236; p < .05). Los hombres, a diferencia de las mujeres, tienden a manifestar física pero no verbalmente su frustración o enojo. Esto es lo que se conoce en la literatura especializada como agresividad proactiva y agresividad reactiva, o agresividad indirecta (o relacional) y agresividad directa (física). Los hombres son más propensos a las formas de agresividad directa, física y reactiva. Estas diferencias se explican por factores evolutivos (competitividad), biológicos (hormonales), familiares (crianza) y socioculturales (masculinidad y machismo). En los padres, se encontró una asociación negativa entre la hostilidad y la agresividad verbal (r = -.195; p < .05), lo que sugiere que sus actitudes o predisposiciones negativas hacia las demás personas reducen comportamientos como utilizar palabras ofensivas, gritar de forma amenazante, emplear lenguaje fuerte para mostrar enfado, humillar o ridiculizar. Los padres hostiles, entonces, se inhiben verbalmente de estos comportamientos, pero, cuando siente ira o enfado, los manifiestan a través de la agresividad física. En ellos, no hubo ninguna asociación entre las dimensiones de la agresividad y las de la empatía.

Una premisa fundamental acerca de la empatía es que esta reduce las conductas antisociales y promueve las prosociales. Se piensa que aquellos con alta empatía usan el conocimiento sobre las emociones de otros para prevenir acciones dañinas y mitigar su dolor. Sería lógico, entonces, pensar que debería existir una asociación negativa entre la empatía y la agresividad. Es decir, a mayor empatía, menores comportamientos agresivos, emociones de ira y actitudes de hostilidad. Sin embargo, esta asociación no se encontró aquí. Salvo la correlación negativa entre la ira y la preocupación empática en las madres, no se encontraron otras asociaciones. Un metaanálisis realizado en el 2014 por Vachon y colaboradores reportó que la correlación entre estas dos variables es muy baja, casi nula, y que, en personas con bajos niveles educativos, esta relación se reduce prácticamente a cero. La ausencia de correlación entre la empatía y la agresividad en esta muestra de madres y padres de jóvenes infractores también debe entenderse en el contexto de sus particularidades sociales, psicológicas y psicopatológicas: antecedentes delictivos, bajo nivel educativo, bajos ingresos económicos, antecedentes familiares de enfermedad mental, presencia de trastornos psicológicos y consumo de psicofármacos.

Respecto a las correlaciones entre las dimensiones de la empatía y la agresividad entre madres y padres, los análisis revelaron que la agresividad verbal de las madres fue la dimensión que más asociaciones tuvo con las dimensiones de la agresividad de los padres: agresividad física, ira y hostilidad. Con esta última, tuvo una correlación positiva fuerte (r = .73; p < .001). Con las otras dos, fueron correlaciones positivas moderadas. De acuerdo con estos resultados, las madres responden con agresiones verbales ante las agresiones físicas, la ira y la hostilidad de los padres. O los padres responden con agresiones físicas, ira y hostilidad ante las agresiones verbales de las madres. Aunque no es posible determinar la causalidad, es evidente que existe una interacción recíproca entre las dimensiones de agresividad entre madres y padres. De las 16 correlaciones posibles entre las cuatro dimensiones, se presentaron nueve, principalmente entre la agresividad verbal de las madres y la ira y la hostilidad de los padres. La agresividad verbal de los padres no se asoció con ninguna de las dimensiones de la agresividad de las madres. La ira de los padres se asoció con todas las dimensiones de la agresividad de las madres.

Como se dijo, estas personas exhiben particularidades socioeconómicas, psicológicas y psicopatológicas que incrementan su vulnerabilidad a los conflictos intrafamiliares. La escasez de medios económicos y la persistente inquietud por cubrir las necesidades esenciales pueden elevar el estrés y la tensión doméstica. Esta presión financiera puede desencadenar frustración, precipitando conflictos conyugales. Las familias que residen en zonas desfavorables, caracterizadas por elevadas tasas de criminalidad, inseguridad y limitadas oportunidades educativas y laborales, están propensas a experimentar niveles elevados de estrés y disputas conyugales. La restricción en el acceso a servicios de salud mental, asesoramiento familiar y otros recursos amplifica estos desafíos. Si crecieron en contextos donde predominaban la agresión y la violencia, es probable que emulen dichos patrones en su núcleo familiar. La dependencia al alcohol y otras sustancias puede potenciar la hostilidad doméstica. Las circunstancias de vida desfavorables y el estrés crónico pueden activar o intensificar afecciones mentales, como la depresión o ansiedad, las cuales pueden propiciar comportamientos agresivos.

Según las correlaciones, entonces, las madres responden con agresiones físicas ante el mismo tipo de agresiones y ante la ira de los padres. Esta respuesta puede darse debido a diferentes causas: autodefensa, expresión de sus emociones (cuando están enfadadas) buscando ejercer poder sobre la pareja, reactividad debido a experiencias traumáticas previas, estar bajo efectos del alcohol o drogas, o problemas de salud mental. Sin embargo, es más probable que las madres reaccionen con agresiones verbales ante las agresiones físicas de los padres y que respondan con ira y hostilidad ante las expresiones de ira y hostilidad de ellos. Es decir, es muy probable que las agresiones físicas de los padres, sus manifestaciones de ira y su hostilidad hacia las madres terminen siendo respondidas por ellas con insultos, sarcasmo dañino, gritos, amenazas, culpar a otros, desvalorizar logros y sentimientos, ignorar, interrumpir constantemente, hacer generalizaciones negativas y ejercer chantaje emocional.

En los análisis de correlación entre las dimensiones de la empatía entre madres y padres tampoco se encontraron relaciones estadísticamente significativas. Lo inusual de estos resultados no es que las dimensiones de la agresividad no se hayan correlacionado con las dimensiones de la empatía, sino la inexistencia de correlaciones entre las dimensiones de la empatía entre sí mismas. Sin duda, la no relación entre la empatía y la agresividad es un hallazgo atípico que merecería analizarse utilizando instrumentos de medición diferentes o, incluso, enfoques cualitativos de investigación. Las investigaciones cuantitativas que se han enfocado en analizar esta relación mediante instrumentos como el IRI y el AQ reportaron que solo el 1 % de la variación en la agresión fue explicada por la empatía. Sobre este resultado, Vachon et al. (2014) plantearon: (a) que la asociación entre empatía y agresión sea realmente débil o inexistente, y que estos resultados simplemente reflejan ese hecho, o (b) que la asociación entre empatía y agresión exista y sea realmente fuerte, pero su manifestación se ve disminuida por problemas de medición.

Respecto a los predictores de la agresividad de los jóvenes infractores, los resultados mostraron que todas las dimensiones de la agresividad fueron explicadas por dimensiones de la agresividad y la empatía de las madres y los padres. Sin embargo, ninguna de las dimensiones de empatía de los jóvenes logró ser explicada satisfactoriamente por dimensiones de la agresividad y la empatía de las madres y los padres. La hostilidad de los jóvenes fue la dimensión mejor explicada (R2 = .848), seguida de la ira (R2 = .827), la agresividad verbal (R2 = .624) y, finalmente, la agresividad física (R2 = .645). La agresividad tanto verbal como física de las madres, así como la agresividad física de los padres, se identificaron como factores predictores de todas las dimensiones de la agresividad en los jóvenes. El mayor predictor fue la agresividad verbal de las madres, que mostró efectos que varían de moderados a altos. Sin embargo, debe destacarse un efecto muy fuerte de la agresividad física de los padres sobre la ira de los jóvenes (β = 1.12).

Una visión general de estos resultados permite inferir que todas las dimensiones de la agresividad de las madres y de los padres tienen efectos sobre las dimensiones de la agresividad de sus hijos. En particular, la agresividad verbal y física de las madres y la agresividad física de los padres tuvieron mayores efectos sobre la hostilidad y la ira de los jóvenes. Su ira y hostilidad frente a las muestras de agresividad paternal pueden deberse a que se sienten traicionados o heridos por quienes deberían protegerlos, si la agresividad de los padres es hacia ellos (directa), o sienten frustración e impotencia, si la agresividad es entre los padres (indirecta). También pueden sentir ira y ser hostiles debido a la frustración que les genera estar en un ambiente agresivo. La agresividad verbal de las madres y los padres puede contener mensajes de rechazo, desvalorización o invalidación hacia los jóvenes, lo que puede generarles enojo y rencor. La ira y la hostilidad también pueden ser respuestas emocionales al trauma de la agresión parental, especialmente si los jóvenes no han desarrollado estrategias de afrontamiento adecuadas para procesar y manejar ese trauma.

Estos resultados coinciden con estudios previos que han reportado que el comportamiento delictivo en los jóvenes está asociado con mayores dinámicas disfuncionales entre los padres, peor funcionamiento familiar y niveles más altos de violencia familiar (Kim y Kim, 2008). Los hombres jóvenes institucionalizados que reportaron haber sido víctimas de victimización y agresión familiar en la infancia tenían un riesgo particularmente alto de ser agresivos hacia sus novias (Laporte et al., 2011). Recientemente se reportó que los comportamientos parentales pueden influir en los niveles de rasgos psicopáticos y consecuencias antisociales en jóvenes. Backman et al. (2021) encontraron que la calidez parental se asoció con menores rasgos psicopáticos, mientras que la hostilidad parental se relacionó con mayores rasgos psicopáticos afectivos (insensible-no emotivos), interpersonal (grandiosidad-manipulación) y conductuales (impulsividad-irresponsabilidad).

Los estudios han informado que la exposición prolongada a la agresión y la ira de los padres puede llevar a los adolescentes a normalizar la agresión y justificar el daño. Así, los comportamientos parentales de agresión, ira y negligencia son fuertes indicadores de agresión, falta de empatía, externalización y comportamiento antisocial en la infancia y la adolescencia (Di Giunta et al., 2020; Gryczkowski et al., 2017; Ruiz-Ortiz et al., 2017). Otros estudios han encontrado pruebas consistentes que vinculan los problemas con la regulación emocional, la hostilidad y la baja calidez parental con una mayor propensión al comportamiento agresivo y los rasgos insensibles-sin emociones (CU) en adolescentes (Bisby et al., 2017; Gryczkowski et al., 2017; Kimonis et al., 2013; Ruiz-Ortiz et al., 2017).

Como predictores de las dimensiones de la agresividad en los jóvenes también emergieron ciertas dimensiones de la empatía parental. Para la hostilidad, la toma de perspectiva de las madres (β = -.106); para la ira, la toma perspectiva de las madres (β = .136) y el malestar personal de las madres (β = -.085); para la agresividad verbal, el malestar personal de los padres (β = -.137); y para la agresividad física, el malestar personal de las madres (β =-.131). Estos resultados señalan que la ira, la agresividad verbal y la agresividad física de los jóvenes se reduce si las madres y los padres experimentan malestar personal o sensaciones de inquietud y desasosiego al presenciar las adversidades de sus hijos. De la misma manera, la hostilidad y la ira se reducen si las madres y los padres tienen la capacidad de comprender las situaciones de sus hijos e intentar comprender sus puntos de vista de sus perspectivas. Aunque la cantidad de dimensiones de la empatía que emergieron como predictores y sus efectos no fueron altos, estos resultados indican que la agresividad de los jóvenes sí puede predecirse a partir de ciertas características de la empatía parental.

Kimonis et al. (2013) encontraron que los jóvenes encarcelados que informaron niveles más bajos de calidez e involucramiento materno (es decir, cuidado), obtuvieron puntuaciones más altas en una medida de rasgos insensibles- no emocionales en comparación con jóvenes expuestos a altos niveles de cuidado maternal. Según sus conclusiones, la falta de cuidado maternal contribuía al desarrollo de rasgos psicopáticos con independencia de las experiencias de maltrato, es decir, con independencia de si había agresividad parental. Para ellos, y en contra de las teorías genéticas y biológicas, las experiencias negativas con el cuidado parental tienen un rol decisivo en el desarrollo de comportamientos antisociales. Lo más grave resulta ser el riesgo que enfrentan los jóvenes con rasgos insensibles-no emocionales de desarrollar formas más graves de comportamiento agresivo y antisocial (Waller et al., 2015).

Por último, pese a que ninguno de los modelos de regresión lineal múltiple para las dimensiones de la empatía en los jóvenes resultó estadísticamente significativo, los resultados mostraron que la agresividad verbal de las madres y la ira de los padres contribuyeron de manera negativa a la capacidad de los jóvenes para ponerse en el lugar de otros y comprender su perspectiva; conectarse emocionalmente con personajes de películas, novelas y escenas teatrales; experimentar simpatía, compasión y empatía hacia los demás; y sentir inquietud y desasosiego ante las adversidades que otros enfrentan. Estos hallazgos confirman lo que ha reportado la literatura sobre rasgos insensibles-no emocionales en jóvenes infractores con historial de violencia familiar y padres con estilos de crianza insensibles (Backman et al., 2021; Kim y Kim, 2008; Kimonis et al., 2013; Waller et al., 2015).

Estos resultados del efecto de la agresividad y la empatía de madres y padres sobre la agresividad y la empatía de los jóvenes deben entenderse en el marco de unas condiciones individuales, familiares y sociales que contribuyen de manera negativa a la interacción familiar: antecedentes delictivos, bajo nivel educativo, bajos ingresos económicos, antecedentes familiares de enfermedad mental, presencia de trastornos psicológicos y consumo de psicofármacos. Los estudios sobre factores de riesgo para el desarrollo del comportamiento antisocial han mostrado una y otra vez cómo cada uno de estos elementos contribuye al comportamiento delictivo y criminal de los jóvenes (Basto-Pereira y Farrington, 2022; Dotterer et al., 2021; Pyle et al., 2020). Es evidente que no es posible afirmar que el exceso de agresividad o la falta de empatía en los jóvenes dependa únicamente del exceso de agresividad o la falta de empatía parental. Sin embargo, los hallazgos aquí reportados sí demuestran una interacción entre la agresividad de las madres y los padres y una contribución de estos comportamientos a la agresividad y la empatía de los jóvenes.1

Referencias

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Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo: Restrepo, J.E, Acosta-Tobón, S. y Gómez-Tabares, A. (2025). Relaciones entre agresión y empatía parental: efectos sobre las mismas variables en jóvenes infractores. Revista Criminalidad, 67(2), 11-23. https://doi.org/10.47741/17943108.584.

Recibido: 07 de Mayo de 2024; Revisado: 27 de Septiembre de 2024; Aprobado: 07 de Noviembre de 2024

* Autor de correspondencia: Jorge Emiro Restrepo, email: jorge.restrepo67@tdea.edu.co

Conflicto de intereses:

No se presentó conflicto de interés entre los autores de la presente investigación académica. Declaramos que no tenemos ninguna relación financiera o personal que pudiera influir en la interpretación y publicación de los resultados obtenidos. Asimismo, aseguramos cumplir con las normas éticas y de integridad científica en todo momento, de acuerdo con las directrices establecidas por la comunidad académica y las dictaminadas por la presente revista.

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