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Revista Lasallista de Investigación

Print version ISSN 1794-4449

Rev. Lasallista Investig. vol.12 no.2 Caldas July/Dec. 2015

 

Recorrido por dos ámbitos identitarios: universidad y ciberespacio*

A Tout throughout Two Identity Areas: University and Cyberspace

Percurso por dois âmbitos idenitários: universidade e ciberespaço

Jorge Andrés Molina Benítez**

* Artículo de revisión bibliográfica construido en el marco de la investigación Relación entre de la identidad construida por los estudiantes de la Escuela de Artes en las redes sociales y en los espacios académicos de la Institución Universitaria Salazar y Herrera, realizada entre febrero el año 2012 hasta febrero del año 2013 y financiada por la Institución Universitaria Salazar y Herrera.
** Comunicador y Relacionista Corporativo, con Maestría en Educación y Desarrollo Humano. Investigador principal del proyecto: Relación entre de la identidad construida por los estudiantes de la Escuela de Artes en las redes sociales y en los espacios académicos de la Institución Universitaria Salazar y Herrera.

Autor para correspondencia: Jorge Andrés Molina Benítez, email: jomolina@lasallistadocentes.edu.co

Artículo recibido: 19/05/2015; artículo aprobado: 18/08/2015.


Resumen

El presente artículo constituye una recuperación conceptual de dos términos que son claves en la investigación Relación entre de la identidad construida por los estudiantes de la Escuela de Artes en las redes sociales y en los espacios académicos de la Institución Universitaria Salazar y Herrera; ellos son identidad universitaria e identidad virtual. Con respecto al primero, se presentan consideraciones acerca de las expectativas, intereses y aspiraciones del estudiante con relación a su programa de formación y a la manera en que estos factores interactúan con la filosofía organizacional de las instituciones de Educación Superior; esta mutua afectación configura los procesos de identidad del educando; en cuanto al segundo concepto, se destacan los modelos explicativos acerca de la construcción del yo en el ciberespacio, asumido como espacio consensual y como lugar de la expresión de la subjetividad; además, se exponen las implicaciones de la identidad del individuo cuando hace parte de una comunidad virtual, en donde los otros no solo son agentes de un proceso comunicativo sino elementos que contribuyen a la redefinición de su ser.

Palabras clave: identidad universitaria, universidad, identidad virtual, ciberespacio, ser "online".


Abstract

This article is a conceptual recovery of two terms that are key in the research work titled: "Relación entre de la identidad construida por los estudiantes de la Escuela de Artes en las redes sociales y en los espacios académicos de la Institución Universitaria Salazar y Herrera". Those terms are university identity and virtual identity. Regarding the first one, some considerations about the expectations, interests and aspirations of students concerning their formation programs and the way these factors interact with the organizational philosophies of higher education institutions, are mentioned. About the second concept, explicative models regarding the construction of the self-identity in the cyberspace are remarked, assumed as a consensual space and a place in which subjectivity is expressed. Besides, the implications of individual identity when someone is a part of a virtual community are exposed. In those communities the others are not only agents of a communicative process, but elements that contribute to the redefinition of being.

Key words: university Identity, university, virtual identity, cyberspace, "online" being.


Resumo

O presente artigo constitui uma recuperação conceitual de dois termos que são claves na investigação Relação entre da identidade construída pelos estudantes da Escola de Artes nas redes sociais e nos espaços acadêmicos da Instituição Universitária Salazar e Herrera; eles são identidade universitária e identidade virtual. Com respeito ao primeiro, apresentam-se considerações a respeito das expectativas, interesses e aspirações do estudante com relação a seu programa de formação e à maneira em que estes fatores interatuam com a filosofia organizacional das instituições de Educação Superior; esta mútua afetação configura os processos de identidade do educando; quanto ao segundo conceito, destacam-se os modelos explicativos a respeito da construção do eu no ciberespaço, assumido como espaço consensual e como lugar da expressão da subjetividade; ademais, expõem-se os envolvimentos da identidade do indivíduo quando faz parte de uma comunidade virtual, em onde os outros não só são agentes de um processo comunicativo senão elementos que contribuem à redefinição de seu ser.

Palavras chave: identidade universitária, universidade, identidade virtual, ciberespaço, ser "online".


"El ser humano es sí mismo y es el otro, es lo que fue y lo que quiere ser, lo que el otro quiere que sea y también lo que los otros dejaron en él".

Javier Alberto Salazar Vilchez

El lugar destacado que cumplen los estudiantes en la vida universitaria merece elaborar estudios para identificar qué tan cerca o qué tan lejos están sus idearios de los propósitos institucionales, qué tanta sintonía existe entre las configuraciones que hacen de su identidad con los perfiles que forjan un ideal del egresado que aspira a contar con las competencias adquiridas en un plan de estudio.

Tales reflexiones ponen en escena ante todo una tensión que oscila "entre la singularidad de uno mismo y la similitud con nuestros congéneres, entre la especificidad de la propia persona y la semejanza con los otros, entre las peculiaridades de nuestra forma de ser o sentir y la homogeneidad del comportamiento, entre lo uno y lo múltiple" (Morales, 2006). Si la Institución logra sortear este dilema identitario, es más factible crear un ambiente favorable a la formación personal y profesional.

La identidad estudiantil es, por tanto, un proceso que se convierte en factor crítico de éxito en las instituciones de Educación Superior, pues tiene incidencia en la imagen, el prestigio y la calidad educativa a corto y a largo plazo en la comunidad estudiantil, tanto de estudiantes activos como de egresados.

Este artículo presenta un recorrido teórico por una serie de postulados que proveerán un piso conceptual a la investigación acerca de la relación entre la identidad construida por los estudiantes de la Escuela de Artes en las redes sociales y en los espacios académicos de la Institución Universitaria Salazar y Herrera. Para ello se abordarán dos términos que hacen parte de la situación problema del estudio: identidad estudiantil e identidad virtual.

Identidad universitaria

Brubaker y Cooper (2001) mencionan que el concepto de identidad ha sido utilizado para propósitos tan disímiles que se ha vuelto ambiguo y ha perdido su especificidad. La identidad de las personas no es un asunto dado y cerrado; por el contrario, está sujeta a permanentes definiciones y re-definiciones de uno mismo en relación con los demás; tampoco se debe pensar como algo que se transforme tan rápidamente que pierda su sustento, sino que se constituye sobre una base difícil de cambiar. Las personas construyen la identidad a medida que viven, y lo hacen, a su vez, sobre la base de la experiencia pasada; la identidad personal se construye en una cultura particular que representa el ambiente para definir la especificidad de cada individuo, por lo que la identidad deviene de un proceso complejo de una historia personal, construida en el interior de la trama de relaciones interpersonales y de interacciones múltiples con el ambiente, partiendo de la elaboración de los modelos de los adultos: madres, padres y maestros, como agentes sociales de las culturas familiar y escolar.

Dubar (1991, 111) afirma que "La identidad no es otra cosa que el resultado estable y provisorio, individual y colectivo, subjetivo y objetivo, biográfico y estructural, de los diversos procesos de socialización que, conjuntamente, construyen los individuos y definen las instituciones". De este modo, la identidad es lo subjetivo pero también lo social, son las pertenencias y exclusiones, las afinidades y diferenciaciones, las cercanías y distanciamientos.

La identidad está vinculada a la concepción de sociedad y a la percepción que se tiene de la propia posición dentro de esta; también las expectativas, los valores y las normas forman parte del mismo proceso unitario de conformación de la identidad.

Ya en el ámbito de la Educación Superior, se entiende entonces la identidad universitaria como un sentimiento de pertenencia, una identificación a una colectividad institucionalizada, según las representaciones que los individuos se hacen de la realidad social y sus divisiones, y en donde se alinean factores tales como la experiencia escolar pasada, la pertenencia, las relaciones humanas, la percepción de la universidad como unidad, el territorio, las afinidades, la educación, el vínculo, las normas y la dificultad del ingreso a la institución.

Con relación a los factores que intervienen en el desarrollo de la identidad estudiantil, es conveniente agruparlos en aquellos que tienen una cobertura macro y los que tienen cobertura micro. Los primeros se refieren a las marcas identitarias de cada Institución, o sea, lo referente a sus principios misionales, visión y valores; entre los segundos, caben las características únicas de cada sujeto: género, edad, nivel socioeconómico, historia personal, actitudes y expectativas frente a su proceso de formación y a la realidad circundante. Es así que a través de la interacción de estos factores y las manifestaciones más o menos estables de estos dentro de un contexto institucional y social se construye la identidad estudiantil universitaria (Cabral y Villanueva, 2006).

Apesar de que existen otras maneras de asumir la identidad desde la emergencia o situaciones que implican rupturas, crisis o cambios sociales, son las figuraciones del yo duraderas e insertas en un marco cultural lo que sintetiza el concepto de identidad (Holland, 1998). En tal vía, Bordieu (1986) plantea que la identidad se constituye en la replicación de las acciones de los sujetos y sus expectativas enmarcadas en un contexto cultural y profesional, a partir de lo que se considera es lo esperado por los otros (expectativas sociales y culturales), los valores y creencias (sensibilidad moral) y la visión de futuro.

En lo referente al universitario, Carrizales (1991) advierte que el estudiante está inmerso en un ambiente inestable producido por la intensa aceleración y el cambio cultural, condición que reta al universitario a ser protagonista de la creación de un mundo posible, compromiso que también realza Alain Michel (como se citó en González, 2001, 130) al afirmar:

La escuela no solo debe cambiar pada adaptarse sino también o sobre todo, para preparar un porvenir conforme a una cierta concepción filosófica y humanista de la vida en sociedad. La educación debe formar ciudadanos activos capaces de dominar el progreso tecnológico para darle sentido a la vida intelectual y colectiva, para respetar el equilibrio del planeta, hacer reinar la paz, reducir la violencia y forjar un verdadero proyecto de sociedad.

Hay entonces una reivindicación por una identidad universitaria que otorgue conciencia social al sujeto, que adicione al natural sentido de pertenencia institucional un deber hacia el conocimiento que se explora, para preservarlo, enriquecerlo y valorarlo (Braslavsky, 1994).

En consecuencia, el espacio vital del estudiante, el territorio en el que su corporalidad materializa los intercambios de sentido con sus pares resulta decisivo en la configuración de su identidad, como lo establece Canclini (1995, 107): "La identidad es una construcción que se relata, en la cual se establecen acontecimientos fundadores, casi siempre referidos a la apropiación de un territorio por un pueblo o a la independencia lograda enfrentando a los extraños".

En este caso, esta apropiación está potenciada por el territorio universitario, lugar por excelencia para la proliferación del pensamiento divergente, la interacción multicultural, la transformación de los imaginarios colectivos, fenómenos en los que la identidad está oscilando entre lo permanente y lo transitorio, pues el estudiante está expuesto a pensamientos y expresiones disímiles en un área limitada y reglamentada (Díaz, Gutiérrez, Quintero y Echeverry, 2010). Por tanto, el establecimiento universitario determina un sistema de códigos que permean las relaciones de los que conviven en este espacio.

Además, el mismo ejercicio pedagógico condiciona la identidad del estudiante al ser parte de la dinámica de las competencias propias de cada programa de formación, que involucran el saber, saber-hacer y el saber ser, aspectos que en su conjunto aluden a las experiencias de vida que emergen en la interiorización que el sujeto hace de estos saberes.

Hay, en consecuencia, una historia de vida que se enriquece en la vida académica. Los agentes y las instituciones se narran en una historia particular, y la identidad solo puede articularse en la dimensión temporal de la existencia humana (Ricoeur, 1996). O sea, que mediante el relato que despliegan los estudiantes acerca de su propia historia de vida, es posible poner en escena las representaciones y examinar aquellos atributos que las identifican, que contribuyen en la definición del estudiante universitario.

Sin embargo, las dificultades de algunos establecimiento de Educación Superior también repercuten en el proceso identitario. Sammartino (2000) argumenta que la masificación de la universidad, sobre todo en las públicas, ha provocado una identidad difusa y poco visible de los estudiantes, lo que conlleva a una formación de poca calidad; además, a pesar de los esfuerzos por dotar a las universidades de tecnología como Internet, laboratorios, computadores, no es suficiente para cubrir a toda la población universitaria, por lo que surgen deficiencias e incapacidad para afrontar los retos de una sociedad altamente tecnificada.

Tampoco se puede desconocer que la universidad, como ente organizado, se estructura de acuerdo con un criterio empresarial, en donde el conjunto de ideas, normas y valores forman la identidad de la institución. Para Márquez (2000) la identidad de los universitarios se construye a partir de imágenes y representaciones mentales que surgen de la incorporación de estos principios organizativos a la práctica cotidiana del estudiante.

Se entiende así la universidad como una organización social creada deliberadamente, donde confluyen, participan e interactúan un conjunto de individuos en una estructura determinada:

Algunas poseen autonomía particular que mantienen procesos y tecnologías determinadas para el cumplimiento de la misión social. Donde la identidad universitaria se construye no sólo en un ámbito sino en varios, desde la organizacional ante las políticas internacionales, la virtual en imágenes, símbolos y empleando tecnología como es la Internet, la misión social de las universidades y las relaciones sociales las cuales participan en el vínculo universidad-sociedad, entre estudiantes, docentes y administrativos, y sus respectivas combinaciones como profesor-estudiante, administrativo-estudiante y así sucesivamente, sin olvidar que también la expresión cultural, científica y tecnológica se encuentra en esta relación social para formar y construir profesionales (Meza, 2004, 46).

En cualquier caso, la investigación en este sentido cobra validez, pues de acuerdo con lo presentado por De Garay (2001) es necesario estudiar a los universitarios, ya que sin el conocimiento profundo del proceso de construcción de identidad, las políticas escolares carecen de norte, pues no se conocen las necesidades inmediatas de los estudiantes ni los proyectos, hábitos o intereses de la comunidad estudiantil. Agrega que por esta razón son una comunidad "ignorada" del sistema de Educación Superior y en tal sentido propone que se le otorgue más atención ya que puede contribuir a construir universidades sobresalientes y por consecuencia un país culto, justo y democrático.

Cabe destacar que el ciclo vital que comprende la formación universitaria se caracteriza por etapas decisorias para orientar el rol social en un escenario de relaciones productivas potenciadas no solo por la culminación de la fase lectiva, sino por las repercusiones para la definición de yo. Las decisiones de tipo afectivo se combinan con las etapas de formación académica, y la cercanía a responsabilidades de mayor envergadura, que exigen un mayor criterio e independencia, ameritan que el concepto de identidad se estudie con detenimiento; por eso, y teniendo en cuenta el fenómeno de las redes sociales que hacen parte de la cotidianidad de los jóvenes universitarios, en los próximos párrafos se reconocerán las principales miradas teóricas al fenómeno de la identidad que desborda la escena académica y trasciende a los espacios virtuales, no con un enfoque de exclusión, sino con el sentido dialéctico que patentiza la interacción permanente entre la realidad física, material, cercana, con una realidad etérea, difusa, discontinua.

Identidad virtual

El advenimiento de múltiples y novedosas tecnologías de comunicación ha facilitado el desarrollo de redes sociales virtuales, en las cuales la identidad adquiere nuevas expresiones que merecen ser analizadas. Estos espacios virtuales ofrecen posibilidades de socialización a partir del rediseño de códigos comunicativos y sistemas de significación de larga tradición, por ejemplo, la escritura, que se dota de elementos icónicos para demostrar la condición emocional de un usuario; "asimismo, ofrecen la posibilidad al individuo, en tanto que sujeto, de convertirse en emisor y mensaje de sí mismo" (Aguilar y Said, 2010, 193).

Retomando el presupuesto de la conformación de la identidad, que alude a una relación en el que la presencia del otro es indispensable para una confrontación que destaque los puntos de distinción entre el mismo y ese otro, el concepto moderno de hombre definió sus alcances, por cuanto durante los dos siglos pasados, propuso una separación entre las categorías del mismo y del otro, lo que otorgó a la identidad las características de estabilidad, integración y consistencia: "La existencia efectiva de lo singular y lo diferente precisaba, asimismo, de un emplazamiento espacio-temporal que permitiese establecer los límites de la identidad, creando un orden y una estabilidad propios del modelo socio-cultural del modernismo" (Carrasco y Escribano, 2004, 2).

De este modo, la función del territorio consiste en localizar y estabilizar las identidades en comunidades homogéneas, amparados bajo el discurso dominante del Estado-Nación, represor, asimismo, de las expresiones contrarias a su visión uniforme de la realidad. En este modelo, se construye una historia evolutiva basada en los hechos del pasado con el hombre como sujeto único e individual. Así, el lugar y el tiempo otorgaban la sustancia performativa de la identidad del individuo (Silva, 2001).

Sin embargo, este modelo compacto y estructural se resquebraja frente al surgimiento de medios de comunicación y de las tecnologías diseñadas desde las plataformas virtuales. La construcción de la identidad y la alteridad pierden el anclaje a los territorios y los límites físicos; además, la aparición de fenómenos del simulacro y de la virtualidad permite complejizar el fenómeno identitario, pues disipan la frontera entre el mismo y el otro. La posibilidad de interactuar y relacionarse con otros individuos en diferentes partes del mundo dejó de ser un imposible o una utopía solo al alcance de aquellos con medios económicos para viajar y conocer otras personas y otras culturas (Ma, 1996).

La posibilidad de ruptura de las nuevas tecnologías radica en la experimentación del tiempo y el espacio de una manera no lineal, que transporta los constitutivos de la identidad a no-lugares. Bajo este redefinición del espacio-tiempo es factible pensar el yo apartado de los criterios de continuidad y permanencia. Surge la mediación tecnológica en la relación social de los sujetos inmersos en un entorno tecnológico que sustituye la corporeidad como representación de la unidad y coherencia de la identidad, y ofrece la apertura a horizontes de expansión de la subjetividad donde los límites somáticos son difusos.

Las comunidades virtuales comienzan a recoger los intereses de personas que son convocadas para profundizar las interacciones sociales alejadas de cualquier obstáculo geográfico, o cultural. De este modo, la espacialidad de un sujeto ya no se reduce a un territorio asumido como espacio físico, sino que mediante el ciberespacio se despliega su subjetividad desde diferentes espacios. Desde esta postura, el concepto de ser como pastiche1 (Pasquali, 1998) cobra vigencia por cuanto el individuo decide bajo qué nacionalidad concibe su ciudadanía, bien sea desde lo local, o desde nacional o global, en todo caso, respondiendo a sus expectativas, vocaciones e preferencias, etc.

Acercarse al otro en tales comunidades implica una mediación no corpórea que posibilita al sujeto recrear la imagen de sí mismo:

Desde esta perspectiva, resulta interesante ver la manera como al construir una representación, quizá ideal, el individuo está organizando su identidad basándose en características, reales o no, como si se tratase de un mensaje que va a ser decodificado; es decir, que el proceso de la creación de la identidad virtual es un proceso consciente y no formado con el paso del tiempo, la socialización y la experiencia (Aguilar y Said, 2010, 195).

El anonimato que garantiza esta libertad en la configuración de la representación del yo también favorece la separación de las identidades configuradas para la vida en los territorios enmarcados en lo físico, y estimula experiencias de mutación identitaria. Con este proceder los sujetos dinamizan el intercambio simbólico a partir de los imaginarios, donde predominan los componentes lúdicos-ficcionales que se materializan en los denominados perfiles: ejemplos hipertextuales de los constructos del yo en ambientes virtuales que permiten a los navegantes de la red seleccionar los sujetos con los cuales comenzarán un intercambio comunicativo (Tabachnik, 2007).

Esta re-formulación de la identidad del individuo en el ciberespacio carece de elementos que permitan constatar la veracidad de la información brindada en tales perfiles; la confianza en lo expuesto es el único criterio que valida dicha descripción personal. Al escasear las regulaciones en ese sentido se puede generar una especie de anomia (Durkheim, 1987; Alexander, 1998), caracterizada por la ausencia de barreras o limitaciones estrictas y determinadas, que condicionen las acciones de los individuos. "Así pues, resulta posible ser quien se desea ser o, mejor aún, ser conocido por lo que se desea que se identifique de sí mismos, por encima de categorías de clase, raza y género" (Aguilar y Said, 2010, 195).

Además, el diálogo entre el sujeto virtual y el no virtual es constante, pues las ocurrencias de la cotidianidad laboral, sentimental o familiar son inmediatamente retratadas en la red (por ejemplo, cuando alguien comienza o termina una relación, qué tipo de logros profesionales obtiene, cuáles son los espacios de esparcimiento a los que acude), por tanto, en una comunidad virtual en la medida en que uno de sus miembros despliega sus posibilidades de identidad, el otro lo examina y desarrolla su subjetividad con él.

En esencia, tales fenómenos se remiten a un acto comunicativo, a través del cual el sujeto-usuario acude a determinados aspectos de su yo no-virtual, para la construcción de un yo virtual idealizado, exento de los elementos que considera imperfectos o vergonzosos de su identidad en el mundo físico; en otras palabras, se configura un proceso comunicativo en que el sujeto es referente y mensaje de sí, para ser puesto común a los otros miembros de la comunidad virtual (gráfico 1).

Por lo tanto, los vínculos comunicativos se fortalecen cuando el usuario reformula su identidad estableciendo redes con otros usuarios con los cuales había desaparecido la interacción por los obstáculos geográficos; no es desconocido que sitios como Facebook no solo permiten interactuar con personas que están cercanas a los espacios cotidianos del sujeto (estudio, trabajo, círculo familiar y social), sino con grupos que hicieron parte de la historia de vida del sujeto (amigos del colegio o de los barrios en los cuales habitó, familiares y amigos que habitan en otro país, etc.). "Tal acto comunicativo permite no solo recomponer y reformular quién es el sujeto, y cómo se concibe, sino cómo pretende que le perciban los otros sujetos usuarios" (Aguilar y Said, 2010, 202).

En consecuencia, lo que se suscita es una reconfiguración del mapa comunicativo (Said, 2007), constituido por los elementos comunicativos y cognitivos que permiten la ubicación y el reconocimiento de los individuos y sociedades, desde un tiempo enmarcado en los procesos y espacios físicos y virtuales, escenarios en los que el individuo actúa de manera particular o grupal (gráfico 2)

Por otra parte, una categoría que permite dilucidar el concepto de identidad virtual es el ciberespacio, aspecto que permitirá retomar otros modelos de análisis en aras de suministrar un panorama más completo de las transformaciones del sujeto en la red. Inicialmente, de acuerdo con la investigación fenomenológica realizada por el psicólogo Javier Alberto Salazar Vílchez (2001), el ciberespacio es experimentado desde lo consensual (lugar de encuentro con el otro virtual) y lo subjetivo (las percepciones de cada usuario frente a lo sentido y vivenciado en el mundo virtual); por ende, es comprendido como espacio y lugar. El primero es el ámbito desde donde el "ser online" comienza a ser "online" y el segundo es la posición asumida desde donde se vive el "ser online", lo que implica la constitución de un núcleo topológico del ciberespacio. En resumen, el ciberespacio como espacio comprende un soporte físico y uno psíquico, y el ciberespacio como lugar tiene un soporte únicamente psíquico, así (gráfico 3).

Es así que Internet, entendida como la plataforma electrónica que soporta el flujo informativo entre los usuarios conectados a la misma, es la raíz física que sustenta la concepción del ciberespacio como espacio para acercarse al otro:

No es más que una traducción simbólica, lingüística y psíquica, y por consiguiente humana, de lo que el hardware y software que sustenta a la Internet puede hacer. Ya aquí se va vislumbrando cómo el mundo intrapsíquico del sujeto perfila la noción del ciberespacio como espacio. Al etiquetarlo como un ámbito en el que se puede "entrar", "conectarse", "conseguir información", se puede ir entreviendo cómo el ciberespacio existe, también en parte, porque el usuario se lo imagina como un lugar de encuentro con el otro, y de esta manera simbólicamente se le designa como un espacio para el intercambio de significantes y significados con el otro (Salazar, 2001, 2).

En tal medida, la noción espacial de ciberespacio está dotada de dimensiones del lenguaje que supeditan al usuario a traducir lingüísticamente en carácter social el carácter digital del ciberespacio, condición humana que se aplica a otras realidades, como bien lo han planteado corrientes como el construccionismo social, la antropolingüística, entre otras. Por eso, en términos de construcción social la vida en la red es tan real como la que ocupa el sujeto en un espacio físico, aunque como es una forma para recorrer y conocer el mundo en el cual se habita, se designa como una especie de representación hiperrealizada del planeta Tierra. Baudrillard (1978) acude a la metáfora del mapa y el territorio para desentrañar la hiperrealidad, lo hiperreal, esto es, al elaborarse un mapa se parte del registro de un territorio para convertirlo en representación. No obstante, posterior a esta creación, el territorio no le precede al mapa ni le sobrevive; al contrario, en adelante será el mapa el que precede al territorio. Situación semejante ocurre en la construcción de lo "on line", pues si el ciberespacio es un especie de mapa del territorio en el que el ser humano vive, entonces el ciberespacio no es este territorio: solo lo representa. Pero si los usuarios coinciden en asumir este mapa como un equivalente del espacio en que habita la comunidad mundial (crean vínculos con el otro "como si" fuera el lugar en el que físicamente habitan), se le está construyendo socialmente como un terreno hiperreal, proveedor de una simulación de un encuentro entre el uno y el otro. "Es a partir de esa construcción hiperrealizada y consensual en que el ciberespacio empieza a ser virtual" (Salazar, 2001).

En este contexto, la identidad virtual puede asumirse como todo intento del usuario que actúa en el ciberespacio para compilar atributos que le permitan diferenciar y destacar su ser "online" con respecto al "otro online". Resulta conveniente mencionar el aporte de Turkle (1995), quien afirma que la Identidad Virtual es una vivencia en la pantalla, pues el usuario como cibernauta refleja su "sí mismo" en la pantalla, y lo expresa viviendo en el ciberespacio aspectos de su yo ideal; además, esta autora recupera la noción postmodernista de un yo múltiple y fluido que se hace y transforma por el lenguaje. De igual modo, la tradición psicoanalítica (especialmente desde Freud y Lacan) sostiene una postura similar cuando asume el yo, no como una entidad unitaria e integrada, sino como una colección desorganizada de identificaciones a objetos del deseo que ocurre también con el sujeto que vive tanto frente a la pantalla (mundo "online") como fuera de ella (mundo "offline"). En otras palabras, la fragmentación se da en cualquier espacio en donde el ser humano construya sentidos en el compartir con el otro; es uno, y a la vez es muchos, es lo que sus aspiraciones pretenden, pero a también es la expectativa que sobre él tienen los otros.

Pero, además de la existencia frente a la pantalla, hay una permanenciadentro de ella por parte del usuario, encarnado en un ser digital; así lo plantea Salazar (2001) cuando señala que la pantalla del ordenador se convierte en el espejo que refleja esta desagregación del yo, y la imagen especular adquiere una condición existencial, aparte de la del usuario que está siendo reflejado, ya que permanece el rastro de su vida cotidiana, incluso cuando el usuario no está conectado; ello es viable debido a que, como ya se mencionó antes, el ciberespacio es un espacio hiperreal en donde se califica de real a la representación de la realidad. Tal noción evoca al ciborg, la mezcla transgresiva entre humano y máquina; es la materialización cibernética de la subjetividad de un organismo (usuario), tesis señalada ya por Turkle (1995). "Una cibernetización de lo humano (la subjetividad del usuario), y el ser que vive en la pantalla es una humanización (traducción al mundo intrapsíquico) de lo cibernético (el ser digital)" (Salazar, 2001, 6).

El siguiente modelo presenta una ontología del ser virtual que sintetiza los planteamientos teóricos previos (ver gráfico 4).

La acción del ser "online" está demarcada por el área que cubre el mayor cilindro, entidad que emerge cuando el sujete accede a la Internet. Los cilindros de menor envergadura representan áreas en las que el "ser online" existe y establece relaciones, se relaciona con un otro "online" semejante a través de la CMC (comunicación mediada por computador). Tal vínculo dialéctico hace que el ser "online" y el otro "online", como opuestos el uno del otro, constituyan una unidad indivisible. Montero (1999) afirma que esta unidad de opuestos (la dialéctica de entre el uno y el otro) requiere ser considerada a la luz de un nuevo paradigma epistemológico: la analéctica, una relación que implica estar al servicio del otro a partir de un trabajo creador: "El otro nunca es «uno solo» sino, fluyentemente, también y siempre «vosotros». Cada rostro en el cara-a-cara es igualmente la epifanía de una familia, de una clase, de un pueblo, de una época de la humanidad y de la humanidad misma por entero, y, más aún, del otro absoluto" (Dussel, 1974, 182).

Por eso, Salazar (2001) afirma que este tipo de crisis paradigmática indica un repensar de la ciencia; lo que una vez se consideró verdad absoluta ahora es una verdad relativa; la teoría como metarrelato está perdiendo vigencia, tanto que el modelo propuesto en sí mismo es una verdad relativa. Sin embargo, el estudio de la relación entre el ser "online" y el otro "online" es una alternativa legítima:

Cualquier elaboración posterior al modelo que he planteado en las páginas anteriores podría servirse del estudio de la Ontología de la CMC (Comunicación Mediada por Computador) dado que esta, al ser el elemento característico de esta "manera alternativa de relación" que es la Internet, puede ser la esencia de la relación entre el "ser online" y el otro "online" (2001, 10).

Conclusión

En síntesis, la identidad virtual no es otra identidad asumida como oposición de la identidad de la vida "offline", es más bien la manera de asumir la multiplicidad del yo en un nuevo ámbito de existencia. Como espacio y como lugar, el ciberespacio es la potenciación de la relación, de los intercambios comunicativos, de las negociaciones de sentido, del despliegue de las posibilidades lingüísticas que permiten ser y hacerse con los otros.


Notas

1 Se asume pastiche como la imitación consciente de varios estilos, autores, textos o, en este caso, de las expresiones culturales de varios territorios o nacionalidades.


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