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Revista Lasallista de Investigación

versão impressa ISSN 1794-4449

Rev. Lasallista Investig. vol.19 no.2 Caldas jul./dez. 2022  Epub 09-Dez-2022

https://doi.org/10.22507/rli.v19n2a16 

Artículo de reflexión

La evolución del Homo economicus: Una revisión de la Economía Consumista1

The evolution of Homo economicus: A review of Consumer Economics

A evolução do Homo economicus: uma revisáo da economia de consumo

2 Magíster en Finanzas, Fundación Universitaria CEIPA, Docente/Grupo Orygen/Escuela de Administración, Sabaneta, Colombia, antonio.boada@ceipa.edu.co

3 Magíster en Logística Integral, Institución Universitaria Pascual Bravo (Profesora), Universidad Nacional de Colombia (Candidata a Doctor/Escuela de Ingeniería), Medellín, Colombia, isabel.alzate@pascualbravo.edu.co, ialzate@unal.edu.co,

4 Doctor en Administración, EAFIT, Docente/ Escuela de Administración, Medellín, Colombia, ymunoz@eafit.edu.co


Resumen

La economía al ser categorizada como una ciencia, inmediatamente pasa a ser una materia rígida, muy estructurada que debe cumplir con ciertos parámetros, para satisfacer de manera óptima las necesidades humanas. Precisamente, al mostrar interés en el ser humano, la visión debe expandirse para enfocarse no solo en leyes, normas y lógicas del mercado económico, sino también, considerar las interacciones socio-culturales y ambientales e inclusive el equilibrado y balanceado aspecto individual, ya que estos indicadores pueden determinar el comportamiento racional o ideal de consumo de las personas dentro de un mundo altamente competitivo. En este sentido, el presente artículo de reflexión plantea una nueva visión de la economía consumista donde la tendencia apunta a un equilibrio de la visión individual con la concientización social, cultural e inclusive ambiental, aspectos potenciados este milenio por los ODS y por las consecuencias de la pandemia del Covid 19.

Palabras Clave: Equilibrio Económico; Consumidor; Economía socio - cultural; consumismo no racional; consumismo emocional

Abstract

Economics, when categorized as a science, immediately becomes a rigid, highly structured subject that must comply with certain parameters in order to optimally satisfy human needs. Precisely, by showing interest in the human being, the vision must expand to focus not only on laws, rules and logic of the economic market, but also consider the socio-cultural and environmental interactions and even the balanced and balanced individual aspect, since these indicators can determine the rational or ideal consumption behavior of people in a highly competitive world. In this sense, this reflection article proposes a new vision of the consumer economy where the trend points to a balance of the individual vision with social, cultural and even environmental awareness, aspects enhanced this millennium by the SDGs and by the consequences of the Covid 19 pandemic.

Keywords: Economic Balance; Consumer; Socio-cultural economy; non-rational consumerism; emotional consumerism

Resumo

Quando a economia é categorizada como uma ciência, ela imediatamente se torna um assunto rígido e altamente estruturado que deve atender a certos parâmetros para satisfazer as necessidades humanas de maneira ideal. Justamente ao demonstrar interesse pelo ser humano, a visão deve ser ampliada para focar não apenas nas leis, normas e lógicas do mercado económico, mas também considerar as interações socioculturais e ambientais e até mesmo o aspecto individual equilibrado e equilibrado, uma vez que essas indicadores podem determinar o comportamento de consumo racional ou ideal das pessoas em um mundo altamente competitivo. Neste sentido, este artigo de reflexão propõe uma nova visão da economia de consumo onde a tendência aponta para um equilíbrio da visão individual com a consciência social, cultural e até ambiental, aspectos promovidos neste milênio pelos ODS e pelas consequências da pandemia de Covid 19.

Palavras-chave: Equilíbrio Económico; Consumidor; Economia sociocultural; consumismo não racional; consumismo emocional

Introducción

Para Aristóteles, el Estado está conformado por un conjunto o grupo de familias que tratan en la medida de sus posibilidades obtener el bien común, que no es otro que el bienestar (Aristóteles, 1968). Las familias tienen un ambiente propio, roles distintos y ocupan un lugar determinado por la sociedad, por dentro las mueve una dinámica particular donde múltiples factores inciden en el desenvolvimiento y comportamiento de esa familia y por ende de la sociedad.

Las sociedades son, por tanto, dinámicas y, cuando una sociedad cambia, introduce en su contexto nuevos elementos que enriquecen las percepciones e interpretaciones acerca de los hechos, pues deja al descubierto un abanico de posibilidades que despierta en un grupo de esa sociedad asombro por la novedad, resistencia por el cambio o una gran motivación para desarrollar nuevas propuestas (Álvarez, 2018). Es así, cómo es posible encontrar que un zapato que, además de servir de calzado, también puede ser concebido individualmente como un logro exitoso de la sociedad por alcanzar el confort e, incluso, un logro de emprendimiento, un valor subjetivo, una concepción de que los bienes pueden ser algo que va más allá de su creación de uso originalmente racional (Aristóteles, 1968), y un planteamiento individual con impacto social en donde los bienes, la riqueza, el dinero, las ventas y el comercio empiezan a relacionarse y a ser interdependientes entre sí en el marco de la economía (Altaver, 2017).

Bajo este esquema, el papel que juegan los bienes, y la adquisición de los mismos, en cuanto a lo que se refiere a la riqueza y a la opulencia, son términos difíciles de manejar, porque hay quienes coinciden en que tienen orígenes y naturaleza distintos, los hombres se preguntan si la opulencia y el origen de la riqueza está en "otra parte", la riqueza y la adquisición naturales son cosas distintas, así como también, tratan de distinguir entre una producción natural y una artificial, siendo la primera la protagónica para Aristóteles, a través de los objetos de consumo que necesita la familia y a lo sumo los que obtienen por medio de intercambio (Aristóteles, 1968).

Desde mediados del siglo XIX, según Maletta (2010), el interés por el bienestar mueve al individuo, debido a que la economía se ha fundamentado en el afán de los agentes económicos por tomar decisiones individuales racionales, que buscan principalmente la maximización de la utilidad en el bienestar, de acuerdo con sus propios intereses y/o preferencias; generando de esta manera, un orden económico con pluralidad de decisiones, considerado como "óptimo o eficiente". El mismo autor, indica que diversos investigadores han cuestionado la validez de dichos supuestos, motivando una gradual transformación de estos.

Por otro lado, Simón (1995) señala que la conformidad o fijar limitaciones predispone al individuo a no avanzar para lograr mejores utilidades, sino que a partir de la teoría de la racionalidad acotada, el ser humano, debido a la poca capacidad de procesamiento y conocimiento de la información, busca cada vez más niveles de conformidad, en lugar de maximizar utilidades; en este sentido , esta teoría expone que los seres humanos no utilizan su potencial para remontar la cresta de la ola, sino por el contrario crean argumentos que justifiquen quedarse inmóviles, sin aspiraciones ni motivaciones por imponerse retos de evolución, es por ello, que se hace necesario, estudiar el comportamiento del hombre según su forma de razonar, lo que lo impulsa, y sus opciones frente a circunstancias adversas (Simón y Gregg, 1967).

Este artículo, pretende exponer que el hombre como individuo tiene un patrón económico establecido por generaciones y que dicho patrón, dista mucho en algunos casos de ser racional debido a la influencia que la sociedad ejerce en él desde el punto de vista social y cultural, sin dejar de lado el impacto ambiental.

Potenciamiento de la economía consumista. Mercantilismo: inicio de una corriente

Este sistema político, concebido en Europa entre los siglos XVI y XVII, se caracterizó por una dura intervención del Estado en la economía, según Weber (2006) desde sus orígenes, el mercantilismo significó que la política fuera la máxima beneficiaria del lucro, bajo esta idea, era vital "aventajar al adversario", comprar lo más económico posible y vender luego lo más costoso que se pueda. En este sentido, la palabra valor y su significado es una denominación muy subjetiva y de cuidado para no rebasar una línea muy delgada que según Tomás De Aquino, viene dado por el precio de un artículo, y que consiste en determinar exactamente el valor de la cosa, ahora bien, si se excede el valor de la cosa, o la cosa excede el valor del precio (De Aquino, 2005), entonces automáticamente desaparecerá la igualdad de "justicia", obtenido así un tipo de "provecho indebido" que va más allá de la naturaleza del objeto. En este sentido, para Tomás de Aquino, el precio de las cosas no solo está determinado por la cosa en sí misma, sino por lo que no se ve a simple vista de la cosa y que también tiene un valor determinado por el comercio, cuando se vuelven aptas solamente para los usos humanos, uno de los principios del sistema económico mercantilista. Precisamente en este punto, surge la necesidad, de una percepción real o no de carencia, una sensación de insatisfacción que solo puede llenar el bien ofrecido por el mercado. Estas consideraciones más humanas, buscaban el bien común, el respeto por los derechos de igualdad y sobre todo la necesidad de establecer algún tipo de regulación en las actividades económicas.

Es importante señalar que el mercantilismo no es el único causante de los fenómenos económicos, sino hasta cierto punto, es más bien una consecuencia de dichos fenómenos, porque luego el capitalismo vendría a hacer su parte, partiendo de una idea no menos egoísta donde al catalogar el dinero como fructífero, se obtenían más intereses y, por ende, quien tenga más dinero será el más beneficiado. De esta manera, para Weber (2006), el espíritu del capitalismo expone claramente el fenómeno protagonista de individualidad como un componente propio de la realidad histórica, aun cuando el desarrollo capitalista tuvo mano libre para organizar profesionalmente a la población y transformar la sociedad de acuerdo con sus propias necesidades, se fue instaurando así la "ética" de ganar dinero, y cada vez más dinero, evitando austeramente todo disfrute despreocupado, quedando el hombre reducido solo para ganar dinero como objetivo de vida, hecho que determinó la situación "natural" del mismo.

El capitalismo naciente, impulsado a través de la concepción de empresa duradera por diversos elementos, como la contabilidad, la organización y la optimización de procesos, potencian el protagonismo histórico sobre la idea racional del ser humano, en su vida y la supuesta "ética" racional en la economía, fundamentada como fruto del consenso de la comunicación, argumentación y racionalidad (Panchi, 2004). Es por ello, que Homann/ Suchanek (2000:405) indican la fundación de la economía como una ciencia positiva de visión mecanicista que expone una adecuación de las ciencias sociales a las ciencias naturales, logrando así una exacta descripción (según ellos) de la realidad empírica, que refleja una evolución de la captación de la realidad cotidiana a través de los sentidos humanos, convirtiéndolos así, en sujetos de su propia racionalidad individual.

La economía como organismo viviente

En los trabajos de autores como Ormerod (1995), por ejemplo, se puede encontrar la apuesta por una nueva economía, pues propone dejar de lado la vieja concepción de una actividad económica que funciona como una máquina y pasar a verla como un organismo viviente, en donde la lógica matemática, los resultados de laboratorio y los cálculos milimétricamente realizados, den paso a maneras de ir más allá de lo evidente, pensar diferente, acerca de cómo podría funcionar el mundo (como leyes generales), y no como una serie de "verdades" evidentes acerca de cómo funciona (bajo el contexto social - cultural - ambiental del momento), y que no solo considere los aspectos matemáticamente "estandarizados". La naturaleza humana es muy compleja, tanto como individuos habitan el planeta, por tanto, no es descabellado pensar que cada uno tiene sus propios intereses y motivaciones y que la valoración de las cosas, no es una regla general para todos y que no todos coinciden en las percepciones que se tiene acerca de las cosas, para Herbert Simón, premio Nobel de 1978, "la racionalidad no responde tanto a las necesidades u objetivos organizacionales como a cierto niveles de satisfacción individual" (Estrada, 2008), de hecho, Simón estableció como principal objetivo el "entender" la racionalidad humana, orientándose hacia una teoría de la decisión fundamentada en la tesis de que la racionalidad humana "está acotada" (bounded rationality) (Simón, 1995) (Kahneman, 2003). Se trata de modernizar conceptos, criterios y que las nuevas teorías y tendencias le aporten a la sociedad elementos comunes y cotidianos donde cada ciudadano se vea reflejado en su propia realidad, de esta manera, será más comprensible lo que quieren expresar los expertos.

Visión consumista-individualista

El sistema capitalista genera en el individuo una imposición integrada de un conjunto de normas económicas denominadas "mercado", mediante el cual consigue que los individuos sean concebidos como sujetos económicos, educados mediante una selección económica, es por ello, que el materialismo histórico está concebido como un espejo que refleja las situaciones económicas (Weber, 1984; Ramírez, 2014).

Una conducta modelada acompañada del uso lingüístico habitual, según indica Weber (2006) se denominaba "tradicionalismo", esto significa que, si el hombre no quiere "por naturaleza" ganar dinero y más dinero, sino decide vivir (como una estructura balanceada que es posible incluso teorizar) como de costumbre lo ha venido haciendo y ganar lo necesario, sin la ambición de acumular, es un estilo de vida. Bajo esta premisa, el capitalismo, valiéndose del aumento de la productividad del trabajo humano, a través del incremento de la intensidad, es decir, mayor carga de trabajo, impulsó el sentido de la ganancia y exaltó este mecanismo mediante el ámbito salarial, pero en un juego en el que el nivel de producción no debe bajar, si se quiere seguir percibiendo la ganancia obtenida anteriormente, de lo contrario habría una disminución indirecta del beneficio (aun cuando genere como consecuencia una reducción del trabajo cualificado).

Asimismo, el capitalismo requiere de factores básicos como el consumo para su desarrollo y potencialidad, de una densidad de población considerable, para poder satisfacer las necesidades de todos sus habitantes y también del "lucro", para despertar en el ser humano las ansias por aspirar o lograr cosas y aspectos que se consideren importantes, tanto a nivel individual, socio - cultural o inclusive ambiental. De esta manera, la práctica del principio de los "precios baratos, grandes ventas", han generado un proceso de "racionalización", según Weber (2006) y que poco a poco daría paso a la competencia feroz, término del capitalismo que desplaza al otro y busca posicionarse de todas las formas y maneras de un lugar en el mercado , así inició la formación de los patrimonios, que no es otra cosa que la consecuencia de entrar en la dinámica de la inversión, ahorro, nuevos negocios y retorno de la inversión, por tanto, atrás queda el antiguo modo de vida "cómodo", para dar paso al ahorro e inversión con búsqueda de mayor rentabilidad.

En este sentido, mientras Weber analiza el capitalismo desde el punto de vista de una racionalización universal e inevitable, Marx, uno de los principales filósofos en contrariar el capitalismo, considera que el capitalismo percibe al ser humano como una mercancía o una herramienta para hacer dinero, es decir, que el hombre ha perdido la identidad y vive alejado del mundo (alienación). Para Weber "moderno" capitalista - burgués: "racionalidad", mientras que para Marx sería la "alienación de sí" (Lowith, 2007).

En este sentido, inclusive las relaciones laborales se han basado en uno o varios sistemas, atendiendo a la época, en el caso del capitalismo y socialismo, se han debatido muchas posturas , y en ese contexto, Osio (2017), menciona en su investigación a Weber (1978), para quien el capitalismo existe en múltiples situaciones, más aún en donde se halla "satisfacción de necesidades de un grupo humano, con carácter lucrativo y por medio de empresas" (p.13) y, por tanto, siempre que el objetivo final sea percibir una ganancia está permitido un tipo de explotación "racionalmente" capitalista con contabilidad de capital para todas las empresas lucrativas, que se encargan de la satisfacción de las necesidades cotidianas; según las premisas empresariales de apropiación de todos los bienes materiales de producción, la libertad mercantil a nivel de libertad del mercado.

Es inevitable que cuando se establecen relaciones, propiciadas por el hombre, exista un desequilibrio, en los procesos comerciales se persigue ganar, obtener un lucro y desarrollar mecanismos para que ese lucro cada vez sea mayor, por ello, según Weber (1997), desde el momento en que la comercialización se agrega a las demás características del capitalismo gana importancia el elemento "Especulativo", potenciado a partir del momento en que los bienes patrimoniales se representan por medio de valores transferibles, con la meta de obtener la "mayor ganancia posible".

Capitalismo: generador de consumismo y especulación

Hoy en día, hay conciencia de que muchos de los patrones de comportamiento, consumo, culturales, se han encriptado de generación en generación, y, además, que esos lineamientos controlan las respuestas ante estímulos básicos, innecesarios y que han conllevado a términos como el consumismo, una señal de cómo puede manipularse la mente de las personas creando una falsa necesidad y como bajo ese escudo se puede sacar partido a partir de un precio especulativo. Es por ello, que surgen relaciones tan perversas y tóxicas, para algunas personas y para otras simplemente se trata de la respuesta de un mercado que puede satisfacer cualquier tipo de necesidad que se le presente. Los aspectos expuestos anteriormente, se derivan de las consecuencias de las premisas de la explotación capitalista, la especulación, que adquiere importancia a partir del momento en que la riqueza puede ser expresada por medio de valores transferibles. (Desentis-Torres, 2022).

A partir de ese momento, fue y ha sido imparable la cantidad de mecanismos que se han desprendido de las relaciones comerciales, impulsando un alcance que permite desarrollar herramientas innovadoras que lleven al siguiente nivel las relaciones comerciales. Ante esta realidad, surgió el tráfico bursátil, en sentido moderno se desarrolló primeramente en el sector de las operaciones con valores y monedas, generando así una innovación en el comercio bursátil ya desarrollado, todo esto originado por una especulación racional, que incentivaba las ventas con el propósito de poder comprar más baratas las mercancías prometidas, antes de terminar el plazo fijado para el suministro (Weber, 1997).

Tal y como un efecto en cadena, cada transacción comercial, genera el surgimiento de un nuevo concepto, una forma nueva de realizar un trato financiero, el tráfico bursátil, es una de esas figuras novedosas que junto a la especulación y al monopolio, fueron debidamente potenciados con el objetivo de acumular riquezas. En relación a los monopolios, al principio se centraron en los productos coloniales, porque las condiciones estaban dadas ya que los mercaderes al recibir el permiso para transportar mercancías obtenían las oportunidades de ganancia que ofrecía el transporte.

Una nueva clase social

Burguesía, según Marx simboliza todo lo contrario a la clase obrera, esta nueva clase social surgió por la convivencia en ciudades de un grupo de grandes y pequeños empresarios, además de artesanos, no todos poseían una misma situación económica, homogénea e igualitaria, pero con los mismos estilos de vida e intereses equivalente a la ciudadanía (Weber, 1997). De esta manera, la consolidación de las grandes ciudades aparece como una necesidad de la sede del comercio y la industria, necesitando así ser aprovisionada sin interrupción de artículos de primera necesidad, generando una estructura económica consumista distinta, que no vivía de sus propios productos agrícolas, sino de otros productos que ofrecían distintos mercados para satisfacer las necesidades con más variedad, pudiendo pagar a través de una producción propia de carácter industrial, o más bien mediante el comercio o las rentas (salarios de funcionarios o intereses de la tierra).

Una concepción económica inicialmente racional

La racionalidad es un concepto que se nutre de la integridad que un ser humano posee para discernir, para detenerse a evaluar las distintas situaciones de la vida, para plantearse distintos escenarios y decidirse por el más idóneo. En el ámbito económico siempre ha existido una predominancia por el concepto de racionalidad.

La perspectiva más importante de la economía consumista racional, positivista y reduccionista corresponde a la causa - efecto, la cual puede ser cuestionable, analizándolo desde el punto de vista diacrónico, toda causa en un tiempo determinado proviene de un efecto en un tiempo anterior, generando así un espiral del proceso evolutivo en el tiempo (Aiken, 2015), y no un céteris páribus 5 del sentido sincrónico.

De esta manera, no existe entonces la concepción de una racionalidad sincrónica exclusivamente económica (como ley general - universal de causa y efecto), sino más bien como aspectos de índole multidimensional, donde de forma diacrónica, los efectos alimentan las causas consecuentes en el aspecto temporal determinado por la Figura 1.

Fuente: (Aiken, 2015)

Figura 1 Proceso Espiral 

Para Weber (1997) el estado racional se apoya en una burocracia especializada y en un derecho racional, todo bajo una concepción empática en donde lo decisivo en la evolución es para el autor la racionalización del proceso.

La política económica, determinada por Weber, ha surgido en la época moderna, brindando un aspecto protagónico al mercantilismo como primer sistema suscitado; mientras que el Estado de los príncipes fracasa, la Iglesia como ente intervino en el sector económico, procurando asegurar un mínimo de justicia, honradez y ética, de esta manera, los monasterios fueron los titulares de una economía muy racional y sintetizada de la época.

Weber, (2006) está claro que el término "racionalismo económico", aparece como elemento fundamental de la economía moderna, en un mercado en el que la acción económica se orienta por las probabilidades de cambio y las ganancias de ese mercado. Así mismo, plantea que el crecimiento de la productividad del trabajo elimina la vinculación del proceso de producción a los límites denominados por Weber como "orgánicos" y naturales de la persona. De esta manera, este proceso de racionalización en el terreno de la técnica y de la economía, condiciona una parte importante de los denominados "ideales de vida", a través de una organización racional del suministro de bienes materiales de la humanidad, sentando así las bases de un estricto cálculo contable - organizacional, estableciendo el "racionalismo" como un concepto histórico que contiene en sí mismo un mundo de contradicciones, y un modo "racional" de conducir la vida (Lowith, 2007).

De esta manera, el trabajo continuo se ha convertido en un aspecto "imprescindible para la vida", cuya única motivación acertada y expresa, según Weber (2006), se tiñe del aspecto más irracional de este modo de vida, en que el hombre está para su negocio y no al revés según Lowith (2007), este aspecto tiene efectos en las problemáticas del orden social y económico capitalista.

Primeros pasos del Homo Economicus

Ante la carrera acelerada por obtener nuevas oportunidades de ganancias, durante el siglo XVII, surgió la necesidad de disminuir la tendencia excesiva de la racionalización en la técnica y la economía con el propósito de bajar los precios en proporción a los costos, de esta manera surgió el Homo Economicus de la época, un ente de comportamiento mucho más racional y con reacción más consciente ante los estímulos económicos, surgieron los inventos, creando inclusive una organización racional del trabajo que permitiera impulsar la producción a precios menores que la construcción artesanal, y con la infraestructura de transporte, y comercialización respectiva.

En pleno siglo XXI se está revirtiendo el efecto, mediante la consolidación paulatina de un consumidor consciente, que busca "formas de tomar decisiones positivas sobre lo que compran y una solución al impacto negativo del consumismo global. Este enfoque respetuoso y compasivo involucra la consciencia sobre otros seres humanos, animales y el medio ambiente" (Angus & Westbrook, 2019).

El Homo economicus, se refiere a las respuestas y comportamiento del hombre frente a los estímulos de la economía, un hombre económico, es un ser racional que busca maximizar la utilidad y recibir los mejores beneficios empleando para ello, el mínimo de los esfuerzos.

La racionalidad, no es un único criterio, visión absoluta, existen diferentes perspectivas y tipos de acciones y responden a una situación. Sin embargo, para la época, los conceptos de racionalidad estaban determinados por la acción más idónea y acorde a la situación.

Homo economicus, su limitación racional

Maletta (2010), enfoca que la parte racional del individuo y "el comportamiento efectivo de los agentes económicos no siempre se ajusta a los supuestos de racionalidad y maximización" (p.17), por lo tanto, hay una falsa concepción o idea que el hombre económico se mueve en un escenario de equilibrio perfecto y esto no existe, porque nunca están dadas las condiciones para que alguien aumente la utilidad sin disminuir la de algún otro individuo; lo que trae como consecuencia, el uso del margen más eficiente de los recursos y el máximo bienestar posible que los agentes pueden alcanzar (de acuerdo a sus propias preferencias y los recursos con que más cuentan).

En este sentido, Manzano-Arrondo (2016) ha defendido y fundamentado que el Homo Economicus no es un individuo real, sino un ente ideal, y, por lo tanto, se encuentra lejos de ser universal; para ello, se basa en que entre el individuo común y el Homo Economicus existe una personalidad psicopática, impulsiva y conductas de control y manipulación, con tendencia probable al daño a los demás, en perjuicio para el mismo individuo, ya que muestra un conocimiento limitado e incapacidad para alcanzar metas elevadas de bienestar.

Para Adam Smith, escocés de nacimiento, su época estuvo enmarcada en el movimiento moralista y filosófico que se debatió entre el contexto económico y el orden moral perfecto del ser humano. El modelo de evaluación moral coloca el orden social en un nivel alto y la parte afectiva de un individuo en un nivel más bajo. Smith, consciente de que existe una parte en el ser humano que lo lleva a ser benevolente o compasivo y, por otro lado, la acción que genera esa compasión de acompañar y colocarse en el lugar del prójimo. Para Garrido (2015) ambas posturas confrontan la primacía de un modelo de agencia egoísta u homo economicus, como la base de la interacción social; que fomenta las relaciones personales, generando una conexión entre el "comportamiento egoísta" y los vínculos e interacción de reciprocidad y cooperación en las relaciones económicas, tal como lo comenta Paganelli (2011), donde es posible ir desde el ámbito personal al impersonal, permitiendo al ser humano desarrollarse hacia sociedades más complejas, donde exista una verdadera conexión con el semejante, el bien común sea recíproco y haya una evolución como sociedad más amable y sustentable en bienestar y prosperidad.

Bajo la concepción racional, el componente ambiental en la economía consumista era la dominación del medio ambiente, supeditado al concepto de explotación, según las necesidades, individuales, sociales y culturales. Sin embargo, ahora en el siglo XXI evoluciona hacia una concepción de convivencia conjunta entre la sociedad y el ámbito ambiental.

Las "leyes" como aspecto regulatorio sin carácter normativo

Las leyes comunes pueden gestarse bajo un ambiente homogéneo, pero la realidad utópica o perfecta implica más bien que una imposición de un estilo dogmático impondrá la norma respectiva (relativización de las leyes-reglas); sin embargo, a pesar de esto existirá siempre una perspectiva balanceada entre los diferentes partícipes (la denominación del mercado y sus "manos invisibles" determinado por Smith, 1983, no hay nada malo en que cada persona busque su interés individual).

Cuando se trata de las emociones, el hombre se ubica en una lucha constante, compitiendo por el honor y la dignidad, a partir de allí, surgen sentimientos de envidia y odio, es decir aflora la miseria del ser humano, esa lucha lo lleva a seguir desarrollando una concepción igualitaria entre el bien común y el bien privado de cada criatura, sin tener racionalidad del disfrute del hombre. En este sentido, (Hobbes, 1994) plantea que el hombre es malo por naturaleza, por tanto, para no vivir en anarquía y guerra, debe estar por encima, un Estado fuerte y autoritario.

Para Smith (1983), es necesario que la sociedad evolucione, para ello, todo debe estar ordenado de forma coherente, como resultado del progreso. Ahora bien, no hay que olvidar que la productividad es la consecuencia de aprovechar al máximo la riqueza de una nación. En este sistema, aun cuando se alienta la propiedad privada, no se debe considerar como una organización rígida y cerrada a toda evolución, sino más bien al contrario, debe permitir potenciar los factores psicológicos que influencian las motivaciones del hombre a fin de impulsar la evolución social como muestra de libertad y aspiraciones de los hombres (Millán, D'Aubeterre & Boada, 2011). De esta manera, la principal emoción del ser humano que potencia al capitalismo es el deseo intenso de conseguir una cosa, que se considera muy importante, potenciando así la economía consumista más allá de una perspectiva racional. Es así como la economía consumista plantea una relación balanceada entre las ganancias, el precio o cuota para esta ganancia debe guardar un balance con el precio actual a que se venden las mercaderías (precio de mercado) y tomando en consideración variables adicionales como el aspecto escasez y el precio monopolio.

¿Economía Política distribución justa de la riqueza?

Partiendo del hecho de que Smith, es considerado el creador de la economía política, un sistema con normas que rigen su funcionamiento, para Juan Bautista Say (2001), la economía política es un símil de las ciencias exactas, está dividida en tres partes, producción, distribución y consumo, en sus primeros señalamientos considera la observación como el punto de partida para ubicar los elementos de valor que posee un país, y desde esa observación, medir cuantas cosas de valor ofrece el mercado, para luego fijar un valor y dependiendo de la cantidad de cosas de valor que se tengan más riqueza se poseerá y haciendo una valuación de esa riqueza tendrá un valor en dinero determinado.

Este aspecto protagónico social que sobrepasa al racionalismo individual, es impulsado por Jhon Stuart Mil (1997) a través de la definición de la economía política como "La ciencia que estudia la producción y distribución de la riqueza a medida en que dependen de las leyes de la naturaleza humana" (p.313); o "La ciencia de las leyes morales o psicológicas de la producción y distribución de la riqueza" (p.318), dejando así claro que no se trata únicamente de la producción y distribución de la riqueza en todos los estados de la humanidad, sino también en los aspectos que se denominen social. Sin embargo, fundamentó su trabajo en defensa de la Ciencia de la Economía Política, porque como ciencia pretendió investigar los factores que condicionan la producción de la riqueza, las operaciones que el ser humano realiza para producirla; aunque como autor era importante separar todo de la política, ya que a su entender no se debía ofrecer consejos ni lineamientos a los gobiernos.

La Economía como Ciencia Social

Los precursores de la economía tenían visiones muy adelantadas para su época, pero también cuestionables, desde considerar la naturaleza la raíz de la riqueza, hasta pasar por la productividad de los recursos que la naturaleza ofrece para obtener bienestar, valorar la riqueza, fijar un precio, distribuirlo al mercado y obtener la mayor utilidad posible.

En ese sentido, al concebir la economía como una ciencia, muchos cálculos matemáticos fueron realizados para explicar con exactitud ciertos valores y comportamientos de ese sistema económico. Jevons (1998) neoconservador considera que la economía, es una ciencia porque además de ser lógica también puede ser matemática, además insiste en que es una herramienta por la que se satisfacen las necesidades empleando el mínimo esfuerzo y que el último de los objetivos es el cálculo del placer y del dolor generadas por acciones humanas (o por un servicio) y de los objetos físicos, por tanto, la economía debe generar todas las cosas que el ser humano necesita, alimentos, ropa, utensilios, entre otras comodidades.

En la vida moderna, el comercio es una de las actividades que deja en evidencia la naturaleza humana y el respeto por los derechos de cada individuo frente a los demás y por ende, se transparentan también las cualidades morales. Una prueba de ello es el lucro o la ganancia, esta utilidad puede destinarse para hacer el bien o el mal (para fines nobles o bajos), es por ello que el dinero, como poder adquisitivo es el medio para alcanzar toda clase de fines, ya sean elevados o bajos, materiales o espirituales Marshall (1954).

De acuerdo con Marshall (1954), el hombre puede ser influido por la oferta que el mercado presenta y de la naturaleza humana afloran sentimientos egoístas, de vanidad, que por supuesto, van a movilizar ese mercado generando tendencias determinadas por una manifestación de causa y efecto al comportamiento, este aspecto fue crucial para negar las leyes absolutistas, y surgieron las leyes condicionales. Es por ello, como indica Georgescu (citado por Carpintero, 2006), ese dominio de las matemáticas y el espíritu crítico le permitió a Marshall, cuestionar en sus primeros artículos algunos de los fundamentos "supuestamente" más sólidos de la economía convencional. Su aporte dio paso a la economía de bienestar, ya que era un fiel creyente de que el sistema económico debía funcionar de tal modo que no existiera la pobreza.

Su formación de matemático, lo predispone a visualizar todo el entorno entre cálculos algebraicos, resultados numéricos y mediciones, incluso lo llevó a ser el creador de la gráfica de la oferta y la demanda, que consta de todos los factores que inciden en el proceso económico tal y como aún hoy día se calculan. Este hecho, sin dudas lo hizo trascender, para la época era un ser muy evolucionado, integral, que no dejaba de considerar otros aspectos que numéricamente no podían ser calculados, pero que influyen en el proceso económico, por tanto, no concibe aisladamente los datos numéricos de las leyes que rigen la naturaleza (Boada, 2000). Bajo ese escenario, dentro del sistema para la obtención de bienes y servicios, la especie humana transformaba recursos naturales y los convertía en productos y residuos para su consumo, por tanto, todos los aspectos que forman parte de ese proceso tienen que ser tomados en cuenta, para poder abarcar todos los elementos que interfieren en los resultados de una ciencia como la económica.

Cuando estamos en presencia de una sociedad consumista, todos los factores que intervienen en la economía tienden a girar en torno a satisfacer las necesidades de esa sociedad interesada en consumir, por tanto, el producto, la producción, el precio real de las cosas juegan un papel fundamental para determinar lo que realmente cuesta al hombre la adquisición del producto. Obviamente que para adquirir o comprar hace falta dinero y para obtener dinero, trabajo, estos aspectos los enmarca Smith (1983) en la fatiga y el trabajo de adquisición, donde el concepto del trabajo para él consiste en la mensura universal y más exacta del valor; en este sentido, Smith comenta sobre la necesidad de que, si una especie de trabajo requiere un grado de destreza e ingenio, dará al producto un valor superior al que se debe sólo el tiempo empleado en él, (división del trabajo). Marx (1984) lo denominó "Plusvalía" como aquellos aspectos que van más allá de la simple suma de valores existentes.

Bajo esta visión social, establecer clases o subgrupos dentro de cualquier sociedad, ha sido una manera de codificar no sólo el estilo de vida, comportamiento y gusto, sino que facilita la manera de ejercer sobre ellas el control, fijarse un patrón de conducta para manejarlas con precisión y dominio. En este sentido, Hayek (2003), las personas se comportan individualmente de la misma forma (culturalmente) respecto a las mismas cosas, no porque sean iguales en sentido físico, sino porque las han encasillado dentro de un mismo grupo social.

Sin embargo, las sociedades conviven en un ambiente dinámico y de cambios constantes, por más que esas sociedades estén clasificadas o codificadas, siempre tendrán que responder ante un estímulo inesperado con un comportamiento no común y, por ende, manejar escenarios bajo cierto nivel de duda. Ante esta realidad, es imposible cuantificar todo, teorizar (y menos modelizar matemáticamente) en condiciones de incertidumbre a esta conclusión llegaron, North (2005) Arrow (1962) y Robert Lucas (1988) de esta manera, las experiencias difieren en las distintas culturas, tanto en un momento del tiempo como con el paso del tiempo.

A pesar de esta realidad expuesta por North (2005), una característica general de la historia humana ha sido la reducción sistemática de la incertidumbre percibida y asociada con el medio ambiente, reduciéndolo a un fenómeno residual y aleatorio. Por ende, la potencialidad matemática de la búsqueda de un criterio único de estimación en el ámbito económico presenta una variante desde el punto de vista multidimensional, dado las múltiples perspectivas de la concepción social - cultural - ambiental del mercado, y las particularidades que indicaba North.

Con el desarrollo, el progreso científico, tecnológico, surgen una serie de información, no fáciles de entender o de descifrar porque interfieren en el sistema económico, y es así como entran a asumir un rol protagónico las matemáticas, para analizar de manera positivista y reduccionista el comportamiento económico mediante una creación de modelos y teoremas únicos establecidos con una coherencia lógica y criterios fundamentados en los principios a priori de la realidad tomada en consideración.

La matemática, es un lenguaje necesario para mantener la lógica equilibrada del fenómeno, la metodología que rige esta ciencia, consiste en determinar el principio, la teoría o el modelo que explican con mayor exactitud un evento, reduciendo el nivel de incertidumbre, los supuestos y las premisas en las que un hecho económico no es aún preciso y concreto. Aun así, es errado plantear un determinado análisis lógico como una ley única e irrefutable y más cuando afecta al comportamiento social - cultural e inclusive ambiental del ser humano, el aspecto aleatorio y desconocido - lógica oculta expuesta por Godelier (1982) - siempre existirá y tendremos que convivir con ellos, en todos los enfoques multidimensionales y transdisciplinares.

A modo de conclusión. De la Racionalidad a Visión Balanceada de la existencia del Homo Economicus

En las distintas etapas que ha experimentado la economía, se entiende que los pioneros trataron de considerar datos numéricos que les permitiera explicar o definir el porqué de las cosas. Poco tiempo permanecía incólume un argumento, y la razón, es que la economía se mueve alrededor de un ente totalmente dinámico como el ser humano, un ser complejo con múltiple de necesidades, maneras de pensar y sentir; todos estos factores eran inconcebibles de considerar por ignorancia o por rigidez. Pero con el tiempo otros autores, expondrán la necesidad de no dejar de lado todos los aspectos que influyen en el comportamiento humano y aunque no podían ser cuantificados, era imposible obviarlos; es así como para Godelier (1982), las leyes debían entenderse tanto en sentido sincrónico como diacrónico, y no se podían confundir con las reglas; así mismo su concepción crítica sobre la racionalidad de la economía occidental como la "única racionalidad posible", no es exclusivamente económica como la teoría de precios, sino que va más allá como "un conjunto de operaciones por las cuales miembros obtienen, se distribuyen y consumen los medios materiales para satisfacer sus necesidades individuales y colectivas" (no sólo racional individual, sino también social, cultural e inclusive ambiental).

Es así como (y más ahora en tiempos de pos-pandemia de Covid 19), el hombre no puede subsistir sin un entorno físico que le sustente, estableciendo un criterio en donde el mecanismo de la oferta y demanda con potencialidad consumista borran la mayor parte de la historia del hombre, cuando en realidad los individuos tienen en su conformación una concepción diacrónica, en donde los individuos tienen personalidad (racional - emocional) y la sociedad tiene historia (socio - cultural y ambiental). (Polanyi, 1994).

Ahora bien, esta visión económica balanceada, plantea una "evolución" que apunta a la mejoría de la calidad de vida, hoy en día, con pensamientos más amables que buscan conectar al hombre con el Ser y con el Hacer, reconectándolo con la esencia, con lo importante y en esa búsqueda de bienestar, evolucionar en lo social, económico y cultural, todo bajo una integralidad que trasciende la visión individualista de los autores seminales; todo esto sin restarle importancia a la integración de lo material con lo financiero-económico. Una mezcla de economía con pensamiento oriental (desapegos, cultura del ser, la paz interior, respeto por el ambiente) y occidental (rentabilidad, inversión y sustentabilidad).

Sin embargo, esta nueva visión balanceada de la existencia del Homo Economicus no necesariamente plantea la continuidad de desarrollo planteado por Aiken en 2015, ya que la integralidad puede llevar no solo a una estabilidad en el proceso evolutivo, sino también a una contracción del mismo (expuesto en la Figura 2), ya que, al introducir elementos de importancia social, cultural, y ambiental, así como también pensamientos orientales y occidentales, pudiera generar procesos de decrecimientos monetarios y rentas negativas (en ocasiones "mal llamados" decrecimiento económico) (Cante, 2018; Zaar, 2018).

Fuente: Desarrollo Propio con base en Espiral de (Aiken, 2015)

Figura 2 Proceso Espiral Ajustado 

Bajo esta perspectiva integral, la ciencia económica y en especial del área del consumo debe ir más allá de la concepción matemática, racionalista, positivista y reduccionista que opera con cantidades como lo indicaba Jevons, (1998); más allá de la mayor o menor exactitud obtenible, y aquellas lógicas racionales, es necesario también contemplar el impulso de los sentimientos de placer y dolor, que continuamente "nos impulsa a comprar y a vender, a prestar y recibir préstamo, a trabajar y a descansar, a producir y a consumir", todo bajo una concepción de balance y equilibrio que es posible estimar pero tomando en consideración la balanza que hace sus propias comparaciones y juez último de las cantidades de sentimiento, siendo estos últimos confinados al seno de cada individuo.

En este sentido, uno de los aspectos más importantes de esta revisión del arte y posterior artículo de reflexión, radica en la concepción de la economía consumista como una perspectiva particular de la multiplicidad de modelos y escenarios, pero siempre con la perspectiva de su auto sostenibilidad en el tiempo, aspecto que va más allá desde el aspecto racional, experimentando incluso confusión con aspectos internos del individuo desde el ámbito sentimental - emocional y por supuesto con ambientes inherentes de la comunidad a nivel social, cultural, política e inclusive ambiental; generando así una concepción teórica del comportamiento del consumidor como individuo, pero vista desde una perspectiva balanceada y equilibrada de cuatro perspectivas con diferentes tipos de alcance e impacto humano: Racional, Emocional, Sociocultural y Ambiental; ya sea a nivel potenciador o inhibidor, todo inmerso en un marco de equilibrio y balance matemático que trascienda incluso las barreras temporales diacrónicas.

Ahora bien, cuando se hace presente cualquier elemento capaz de modificar o afectar la voluntad del hombre, manipular su mente, doblegar su voluntad y encaminarlo a un enfoque que responde a las necesidades de quien desea obtener un beneficio mayor que la satisfacción. Hablamos del despertar del ego, las ansías de poder y el control. Entonces aparece la exagerada y muy bien aprovechada necesidad, sensación creada o fijada en la mente como un sinónimo de carestía, de apego, insatisfacción, fracaso por no poder saciarla, depresión, tristeza, incomodidad y hasta envidia por no lograr tenerla. En fin, múltiples estados emocionales, que han dado pie en este mundo moderno, a distintas maneras de mover el aspecto económico, social, político y hasta emocional de una sociedad que, desde cualquier rincón, actúa bajo la "racionalidad" muy personal e íntima, buscando el equilibrio balanceado y una dosis de justicia en cada una de sus acciones del nuevo Homo Economicus, que no siempre implica desarrollo y evolución, sino que puede generar estabilidad, estancamiento e incluso contracción de la perspectiva económica clásica consumista en comparación con el avance racional histórico del ser humano. (Marín, 2022).

Otro elemento que no puede pasar desapercibido es la pandemia del Covid-19, donde se evidencia una certeza en donde el mundo no será igual que antes, generando un impacto disruptivo sobre la relación capital-trabajo, y una eventual génesis de transición hacia otro régimen de organización social (Delgado & Foladori, 2020), de hecho, se han presentado estudios recientes en donde la economía del comportamiento se ha permitido afrontar los sesgos conductuales en el comportamiento "irracional" del Homo Economicus, influencias de factores cognitivos, psicológicos y sociales que van más allá de la perspectiva económica neoclásica, abordando inclusive barreras conductuales para abordar una efectiva aplicación de las políticas públicas en diferentes sectores (Caicedo & Meléndez, 2021).

Finalmente, el hombre un ser en constante evolución, siempre irá en la búsqueda de respuestas que le proporcionen un grado de conformidad con respecto a la incertidumbre que siente por no tener el control de todo y a la ansiedad que le genera lo desconocido. Pero también, se empeña en buscar espacios donde poder desarrollar nuevas ideas sustentables económicamente, financieramente menos demandante de tiempo y dedicación, pero con resultados satisfactorios que proporcionan ganancia en estilo y calidad de vida.

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1 Artículo de Reflexión, derivado del proyecto "La construcción y deconstrucción del modelo pedagógico CEIPA, Business School". Período de realización: marzo 2022 - marzo 2023, Sabaneta, Antioquia. Filiación institucional del proyecto: CEIPA powered by Arizona State University, Grupo de Investigación Orygen & GECCOS.

* Los autores declaran que no tienen conflicto de interés

Recibido: 27 de Septiembre de 2021; Aprobado: 05 de Noviembre de 2022

Autor para Correspondencia: antonio.boada@ceipa.edu.co

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