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Entramado

Print version ISSN 1900-3803

Entramado vol.14 no.2 Cali July/Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.18041/1900-3803/entramado.2.4746 

Ciencias Sociales

El proceso de inteligibilidad espacial. Una propuesta tipológica de los espacios subjetivos en las ciudades*

The spatial intelligibility process. A typological proposal for subjective spaces in cities

O processo de inteligibilidade espacial. Uma proposta tipológica de espaços subjetivos nas cidades.

Oscar Luis Pyszczek1 

1 Director de la Maestría en Gestión Socioambiental (Ingeniería), Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales - U.D.C.A, Bogotá - Colombia luis_unne2@hotmail.com ID: https://orcid.org/0000-0003-4883-0583.

RESUMEN

El abordaje de las urbes del siglo XXI supone un cambio en las perspectivas analíticas de estudio, mediadas por el enfoque ecológico, que permite considerar a las ciudades como ecosistemas eminentemente antrópicos con mecanismos de defensas colectivos, entre ellos, la inteligibilidad espacial. El presente artículo procura poner en discusión la atribución de significados a diferentes espacios intraurbanos principalmente de ciudades latinoamericanas. El objetivo principal consiste en la identificación de la cartografía invisible subyacente, esgrimiendo una aproximación tipológica de espacios subjetivos con base en la pervivencia de sensaciones, percepciones y estigmas urbanos. La metodología supone una doble vía de aproximación: una teórica, resultado de la búsqueda, selección, análisis y sistematización de los trabajos referidos a las cartografías urbanas invisibilizadas, principalmente de América Latina. Se procura identificar las correspondencias entre las experiencias e investigaciones, cuyo resultado es el diseño de una clasificación de espacios subjetivos. En una segunda instancia y de modo empírico, se exponen casos que sustentan y ejemplifican la categorización de espacios subjetivos surgidos en la etapa previa El fin del trabajo científico, consiste en debatir sobre el acervo inmaterial que converge y circula dentro y fuera de los espacios urbanos.

Palabras-clave: Espacios subjetivos; ciudades; sensaciones; percepciones; estigmas espaciales

ABSTRACT

The approach to the XXI century cities implies a change in the analytical perspectives of study mediated by the ecological approach, which allows cities to be considered as eminently anthropic ecosystems with mechanisms of collective defenses, including spatial intelligibility. The present article tries to put in discussion the attribution of meanings to different intraurban spaces mainly of Latin American cities. The main objective consists of the identification of the underlying invisible cartography, using a typological approach of subjective spaces based on the persistence of urban sensations, perceptions and stigmas. The methodology supposes a double approach way: a theoretical, result of the search, selection, analysis and systematization of the works referred to the invisible urban cartographies, mainly of Latin America. It seeks to identify the correspondences between experiences and research, the result of which is the design of a classification of subjective spaces. In a second instance and empirically, cases that support and exemplify the categorization of subjective spaces emerged in the previous stage are exposed. The purpose of scientific work is to discuss the intangible heritage that converges and circulates within and outside urban spaces.

Key words: Subjective spaces; cities; sensations; perceptions; spatial stigmas

RESUMO

Dirigindo-se as cidades do século XXI é uma mudança nas perspectivas analíticas de estudo, mediada pela abordagem ecológica, que permite considerar as cidades como eminentemente ecossistemas antrópicos mecanismos de defesa coletivos, incluindo a inteligibilidade espacial. O presente artigo procura colocar em discussão a atribuição de significados a diferentes espaços intra-urbanos, principalmente de cidades latinoamericanas. O objetivo principal consiste na identificação da cartografia invisível subjacente, utilizando uma abordagem tipológica de espaços subjetivos baseada na persistência de sensações, percepções e estigmas urbanos. A metodologia supõe um duplo caminho de aproximação: um teórico, resultado da busca, seleção, análise e sistematização dos trabalhos referentes às cartografias urbanas invisíveis, principalmente da América Latina. Busca identificar as correspondências entre experiências e pesquisas, cujo resultado é o desenho de uma classificação de espaços subjetivos. Numa segunda instância e empiricamente, casos que sustentam e exemplificam a categorização de espaços subjetivos surgidos na etapa anterior O fim do trabalho científico, é discutir a herança intangível que converge e circula dentro e fora dos espaços urbanos.

Palavras-Chave: Espaços subjetivos; cidades; sensações; percepções; estigmas espaciais

Introducción

"Algo común en las ciencias sociales de nuestro tempo es el reconocimiento de la importancia del espacio y la espacialidad de todos los fenómenos, sistemas y procesos sociales. La teoría social y sus practicantes celebran el descubrimiento del espacio," (Santos, 1998; Wallerstein, 1998)

La naturaleza polifacética del espacio geográfico.

El espacio geográfico como objeto de estudio de la geografía ha estado sujeto, en su devenir histórico, a múltiples concepciones e interpretaciones; desde el mero espacio proveedor de recursos en donde las sociedades humanas se abastecían de bienes estáticos rememorando las tradicionales descripciones corográficas de antaño; a los espacios subjetivos y relacionales, por medio de los cuales se habilitan nuevas dimensiones construidas y compartidas socialmente al decir de Reguillo Cruz (2006).

En los últimos 20 años, las nociones, representaciones y prácticas de los principales atributos de la dimensión espacial: la locación, la ubicación -o situación-, la escala, la distancia y la accesibilidad (con su dicotomía de lejanía y proximidad) se han visto transformadas por la extraordinaria evolución de la tecnología y la electrónica que han puesto al mundo -en su condición virtual- al alcance de la mano (Valenzuela y Pyszczek, 2012). Ante tales circunstancias, los flujos de informaciones y conocimientos espaciales se han visto acelerados e incrementados por la inmediatez de las redes sociales mediadas por internet; la realización de cartografías colectivas emplazando lugares de recreación, de compras y hasta sitios de encuentros sexuales ocasionales, son los signos distintivos del siglo XXI.

La dimensión espacial se presenta como un medio para la acción, un escenario contingente que condiciona el espectro de acciones posibles. A ella, Milton Santos incorpora la noción de intencionalidad, que permite la integración crítica de las relaciones entre objeto y acción, aportando la idea del espacio como "una especie de palimpsesto donde, mediante acumulaciones y sustituciones, la acción de las diferentes generaciones se superpone. El espacio constituye la matriz sobre la cual las nuevas acciones sustituyen a las acciones pasadas" (2000, p. 87).

Desde estas perspectivas, las ciudades conforman un ámbito de convergencia de diferentes actores y fuerzas sociales pues, "En la actualidad, más de la mitad de la población humana mundial se concentra en zonas urbanas" (Grimm et al. 2008, p. 6), lo que imprime un matiz distintivo, cuyo tratamiento ha derivado a la noción de ecología urbana: "El acto de urbanizar está relacionado con el acondicionamiento de una porción de terreno con estructuras que permiten satisfacer las necesidades de vivienda del hombre, lo que genera la sustitución de los hábitats preexistentes en el sitio" (Berkowitz et al. 2003, p. 167)

La definición de Berkowitz, supone concebir en la ciudad, la presencia de estructuras que permiten satisfacer las necesidades humanas, las cuales, además de ser físicas como las viviendas, también son funcionales, invisibilizadas e intangibles. La seguridad focalizada y brindada por las ciudades no se limita solamente a las oportunidades económicas y profesionales, sino también- y aunque resulte en cierto modo paradójico, - en contener los temores y miedos de los habitantes de las áreas urbanas.

El famoso libro "miedo líquido" escrito por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, refiere a las inseguridades del siglo XXI, afirmando que "La modernidad iba a ser aquel período de la historia humana en el que, por fin, nos sería posible dejar atrás los temores que dominaron la vida social del pasado, hacernos con el control de nuestras vidas y dominar las descontroladas fuerzas del mundo social y natural."(2006, p. 17). Sin embargo, dichas inseguridades se transformaron en omnipresentes, impactantes y efímeras simultáneamente. Contener los horrores de este siglo, en un determinado sitio de la ciudad, ámbito primordial de residencia humana, hace sostenible la vida cotidiana y constituye un mecanismo (inconsciente) de defensa social, que regula las interacciones y flujos de la urbanidad.

Al conjunto de sectorizaciones imaginarias e inconscientes de la ciudad, compuesta por porciones urbanas evocadoras, con cualidades inherentes, con labels o etiquetas; se las considera como productos resultantes del denominado Proceso de inteligibilidad Espacial Urbano. Según la Real Academia Española (2018) el término "proceso" refiere a "la acción de ir hacia adelante, al transcurso del tiempo, al conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial.", por tanto, al referir a un proceso de inteligibilidad espacial urbana, involucra la superación de fases o etapas, es decir el "ir hacia adelante" según lo citado; etapas que no son necesariamente lineales, sino que pueden transcurrir en un sentido recursivo. Las cualidades que operan en una determinada porción urbana responden a un devenir geo-histórico y su pervivencia en un determinado sector, depende de la vigencia social que conserve.

Una de las principales características que poseen éstos sectores citadinos, es la capacidad de generar determinadas emociones y/o reacciones en los ciudadanos, que, no siendo conscientes de su influencia, supeditan su movilidad y devenir cotidiano a la cartografía invisible de la ciudad. Así emergen los barrios asociados a la delincuencia, a los inmigrantes, a los vicios, entre los más reconocidos, como también espacios o sectores de ocio, de compras y de seguridad; con el fin de establecer una imaginaria muralla entre "el otro", desconocido y peligroso y "el yo", ciudadano honesto. Los clásicos estudios y distinciones de sectores urbanos subjetivos atienden fundamentalmente a las actividades que allí se realizan o bien a las condiciones socioeconómicas de sus residentes, más no a la pervivencia de estas subjetividades espaciales en el tiempo que, en sí, generan los patrones conductuales de los ciudadanos.

Es por ello que, el objetivo del presente artículo científico, consiste en generar una aproximación a la clasificación de los espacios urbanos subjetivos desde el punto de vista de la pervivencia espacial; los cuales inician con las sensaciones espaciales, transitan por las percepciones hasta arribar, con el transcurrir del tiempo, a los estigmas espaciales. Se trata de una clasificación tipológica en construcción y no rígida, pues su espíritu no consiste en encasillar espacios urbanos subjetivos, sino en denotar el hecho de que se trata de una vía hacia la profundización teórica del espacio.

El trabajo presentado, es resultado de las reflexiones abordadas sobre los espacios de inseguridad delictiva urbana en la tesis elaborada en el marco del Doctorado en Geografía impartida por la Universidad Nacional de Cuyo en Argentina, como también en trabajos llevados a cabo en Colombia.

La metodología desplegada es de tinte fundamentalmente teórica, resultado de la búsqueda, selección, análisis y sistematización de los trabajos referidos a las cartografías urbanas invisibilizadas, principalmente de América Latina; identificando las correspondencias entre las experiencias e investigaciones, cuyo resultado principal es el diseño de una clasificación de espacios subjetivos atendiendo a la pervivencia en el espacio.

El artículo se estructura en cuatro partes principales: la primera está dada por el marco teórico en donde se revisan y discuten los conceptos fundamentales que subyacen en la constitución de los espacios subjetivos; la segunda parte está representada por la metodología de investigación en donde se expresan las vías de aproximación al objeto de estudio; en tercer lugar se presentan los principales resultados y discusiones obtenidos en el transcurso de la implementación de la metodología expresada y finalmente se incluyen las conclusiones generales de la labor realizada.

1. Marco teórico

1.1. La imagen y la subjetividad en la ciudad.

Entre las investigaciones más desarrolladas tendientes al estudio de las propiedades subjetivas de los espacios urbanos se destacan las contribuciones de los urbanistas de la primera mitad del siglo XX, fundamentalmente las esgrimidas por Kevin Andrew Lynch, urbanista y escritor estadounidense que nació en Chicago en 1918 y falleció en Massachusetts en 1984. Es célebre por sus contribuciones a la disciplina de la planeación urbanística y el diseño a través de sus estudios sobre cómo se percibe y desplaza la gente por la ciudad. Sin duda fue uno de los máximos exponentes de la escuela ecológica de Chicago.

Una de sus obras más importantes (y qué más relación presenta con el fenómeno en estudio), es "La imagen de la Ciudad" (1960), en donde investiga acerca de cómo se perciben las urbes y cuáles son los elementos espaciales urbanos que más influyen en dicha percepción. Para Lynch, nada se experimenta en sí mismo sino siempre en relación con sus entornos, con las secuencias de acontecimientos que llevan a ello y con el recuerdo de experiencias anteriores. Así se establecen vínculos con partes de la ciudad, y su imagen es embebida de recuerdos y significados.

Los ciudadanos no son solo espectadores en la ciudad, sino actores que comparten el escenario con todos los demás participantes. La percepción del medio no es continua, sino parcial y fragmentaria. Casi todos los sentidos entran en acción y la imagen es realmente una combinación de todos ellos. Este aspecto conduce a reflexionar sobre la envergadura de los constructos sociales representados por los barrios y sectores de una ciudad, pues su delimitación supone un "gran" acuerdo y/o consenso tácito de todos los actores sociales de la urbe.

Una ciudad legible para este autor, hace que sus distintos sitios destacados o sendas, sean fácilmente identificables y se agrupen también fácilmente en una pauta global. Simultáneamente, Lynch acuña el concepto de imágenes públicas, a las cuales define como "representaciones mentales comunes que hay en el conjunto de una ciudad, zona o localidad". (Lynch, 1960, p.11). Toda imagen conlleva una identidad (identificación de un objeto, su distinción con respecto de otras cosas, reconocimiento como entidad separable, individual y unitaria.); una estructura (la imagen debe incluir la relación espacial o pautal con el observador y con otros objetos.) y un significado (el objeto debe poseer un significado práctico o emotivo para el observador). La imaginalidad es la cualidad de un objeto físico que puede suscitar una imagen, es la forma, pauta o distribución que facilita la elaboración de imágenes mentales del medio que son "vividamente identificadas, poderosamente estructuradas" (Lynch, 1960, p. 14).

Complementarios a las ideas de Lynch, son los aportes brindados por García Canclini (1997), Daniel Hiernaux y Alicia Lindón (2006) cuyas investigaciones incorporan un cambio de eje; un continuum del concepto de imagen (con implicancias estáticas) a imaginarios urbanos concebidos como productos del constructivismo del espacio:

La construcción social de los distintos lugares que integran la ciudad, es un proceso constante de manufacturación del espacio que realizan las personas en interacción unas con otras, orientando sus prácticas espaciales a través de una trama de sentido que denominamos imaginarios urbanos, o como diría Francisco Varela: "cada época de la historia humana produce, a través de sus prácticas sociales cotidianas y su lenguaje, una estructura imaginaria (Lindón, 2006, p. 32).

El bagaje de flujo imaginario que envuelve a los espacios citadinos, poseen su génesis en diferentes idiosincrasias que algunos autores denominan representaciones sociales. El concepto de "representación social" ha sido propuesto por Serge Moscovici en 1961. Desde entonces, se transcurrió de la elaboración del concepto, a un desarrollo teórico que ha permeado las ciencias sociales, constituyéndose en una nueva unidad de enfoque que atraviesa lo individual y colectivo, lo simbólico y lo social; el pensamiento y la acción.

La representación social es una modalidad particular del conocimiento, cuya función es la elaboración del comportamiento y la comunicación entre los individuos. La representación es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una realidad cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación (Moscovici, 1979, p. 17-18).

Cuando los individuos hacen referencia a los objetos sociales, los clasifican, los explican y, además, los evalúan, esto es debido a que poseen una representación social de ese objeto. En este sentido, como lo señala Jodelet, "(...) representar es hacer un equivalente, pero no en el sentido de una equivalencia fotográfica, sino que, un objeto se representa cuando está mediado por una figura. Y es solo en esta condición que emerge la representación y el contenido correspondiente." (1984, p. 486)

Las personas conocen la realidad que les circunda mediante explicaciones que extraen de los procesos de comunicación y del pensamiento social. Las representaciones sociales sintetizan dichas explicaciones y, en consecuencia, hacen referencia a un tipo específico de conocimiento que juega un papel crucial sobre el pensamiento y organización la vida cotidiana, el conocimiento del sentido común: "El sentido común es, en principio, una forma de percibir, razonar y actuar." (Reid, 1998). El conocimiento del sentido común es conocimiento social porque está socialmente elaborado e incluye contenidos cognitivos, afectivos y simbólicos que tienen una función de orientación de las conductas de las personas en su vida cotidiana y en las formas de organización y comunicación que poseen en sus relaciones interindividuales como entre los grupos sociales a los que pertenecen.

La teoría de las "Representaciones Sociales" es una valiosa herramienta dentro y fuera del ámbito de la psicología social pues, ofrece un marco explicativo acerca de los comportamientos de los individuos estudiados, no circunscriptas a las circunstancias particulares de interacción, sino que trasciende al marco cultural y a las estructuras sociales más amplias como, por ejemplo, las estructuras de poder y de subordinación. Los trabajos investigativos que surgieron a partir de la aplicación de las conceptualizaciones y marco teórico brevemente mencionado en el apartado, tienen que ver con diversas líneas temáticas que incluyen: la segregación socio-espacial, identidad y percepción del ambiente político, representación social de la pobreza, diferencias de género, análisis de las propagandas y publicidades, representación de la marginación, percepción y representación social de los delincuentes, entre las más desarrolladas.

Las representaciones sociales, en definitiva, constituyen sistemas en los que es posible reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una orientación actitudinal positiva o negativa. Se constituyen, a la vez, como sistemas de códigos, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores de las prácticas, que definen la llamada conciencia colectiva, la cual rige con fuerza normativa en tanto instituye los límites y las posibilidades de la forma en que las mujeres y los hombres actúan en el mundo.

En este sentido, una de las principales temáticas que ha relacionado las representaciones sociales con el estudio de las subjetividades urbanas, ha sido la inseguridad delictiva urbana. Los principales estudios han enfocado sus intereses hacia los promotores de la inseguridad delictiva, desde sus espacios, redes de significación de lo seguro/inseguro, percepción de la peligrosidad, espacios de inseguridad, representaciones sociales y delimitación de lo seguro/ inseguro, entre muchas otras.

En este sentido se destaca el aporte de Isabel Avendaño Flores (2001), quien ha realizado en la ciudad de San José de Costa Rica, dos trabajos complementarios: uno en base a los datos suministrados por el Estado, en cuanto a la actividad delincuencial y otro correspondiente a la percepción de inseguridad delictiva: "En uno de los trabajos sobresalen los hechos y en el otro, la imagen que los residentes de San José se han construido" (Avendaño Flores, 2001, p. 2).

Esta investigación particular presenta vetas innovadoras, pues se acerca al espacio percibido, ponderando dimensiones inéditas como por ejemplo las recomendaciones que un habitante de la ciudad de san José, brindaría a un extranjero de visita en esa ciudad. El trabajo circunscripto a la espacialización de la percepción de inseguridad, ha puesto en relieve la imagen particular que cada persona posee del fenómeno, aunque se hallan grandes similitudes al momento de realizar la comparación, contrastación y lectura de los datos recogidos, transitando por las tres escalas geográficas abordadas: inmediata, vecinal y local (representaciones sociales) que denota ciertos consensos colectivos (conciencia colectiva según Moscovici). Las medidas adoptadas tendientes a combatir la inseguridad, -según se evidencia- repercuten particularmente en el espacio, y principalmente en la conformación fisonómica: "se ha construido un paisaje urbano (en san José) abigarrado de barrotes y alambres, que afean las casas, el vecindario y por ende, la ciudad. Medidas de protección que van en desarmonía con el paisaje arquitectónico de muchos sectores capitalinos" (Avendaño Flores, 2001, p. 6)

La gestión de los ocupantes genera una diversidad visual de fachadas con el común denominador de "encierro". En este sentido resulta interesante destacar el establecimiento de una especie de circuito o retroalimentación entre la implementación de medidas de seguridad de los ciudadanos (rejas, alarmas, tendidos de alambres de púas, vidrios encima de las paredes, etc.) y la percepción de inseguridad delictiva, la cual parece alimentarse de este paisaje citadino, incrementándose de manera exponencial.

Por otra parte, el miedo evidenciado en el "encierro" de los josefinos, genera una especie de interferencia en las interacciones sociales que tienen como escenario fundamentalmente el barrio: "(...) queda claramente demostrado como a escala vecinal, los ciudadanos perciben que la delincuencia está obstaculizando la convivencia. Las personas perciben que, justamente cruzando el umbral de la casa, comienza la inseguridad" (Avendaño Flores, 2001 p. 5). Autores como Lindón (2003), Reguillo (2006), Kesller (2009) entre otros, coinciden en que la fortaleza para superar las percepciones de inseguridad está vinculada a las experiencias cotidianas y primeras interacciones sociales que se manifiestan en los barrios. Por lo tanto, el hecho de mejorar nuestras experiencias y percepciones del día a día, supondrá una mejora en la percepción de seguridad a distintas escalas jurisdiccionales.

Avendaño describe la zonificación invisible de San José, la cual denota la pervivencia de lugares escarpados y poco iluminados, coincidentes con los valles más abrigados, los cuales son los menos seguros y más riesgosos para vivir; mientras que los sectores atractivos para circular o vivir son las elevaciones o partes más altas de la ciudad. "Según la investigación, si un extranjero la preguntara a un josefino por donde transitar para conocer de forma segura San José, contestaría haciendo uso de un helicóptero y de cualquier forma evitar la noche." (Avendaño Flores, 2001, p. 7).

En la misma sintonía, Jane Jacobs (1961), realiza aportes, sobre la misma ciudad de San José, resaltando la necesidad de incorporar a la urbanística y al reordenamiento de las ciudades, la apropiación y el uso del espacio público como elemento esencial de estructuración social de la ciudad. También augura que el proceso de expansión de la mancha urbana de San José continúa hacia una ciudad más segregada, y diseminada provocando el desconocimiento de la ciudad y el incremento del temor.

1.2. Sensaciones, Percepciones y Estigmas espaciales.

La simbolización espacial urbana, también conocida como apropiación simbólica-espacial, es entendida como el proceso por el cual el espacio físico-material es dotado de significados y "significancias" para el colectivo residente. Estas "significancias" son las posibilidades de significados que puedan ser atribuidos a los espacios urbanos por diferentes actores sociales, cuestión que, por lo general, confluye en el cartografiado espacial no tradicional, "un plano de la ciudad con espacios diferenciados por su grado de evocación" (Reguillo Cruz, 2006, p. 15).

La acción de asociar significados al espacio involucra dos propiedades que actúan como procesos subyacentes y simultáneos:

  • La transformación de espacios en lugares: el geógrafo Yi Fu Tuán advertía en su clásico libro Topofilia (2007), los lazos de afectividad que convierten a los entornos en espacios significativos, generadores de reacciones y emociones en quienes los experimentan y viven. El autor parte del concepto de que "(...) la topofilia es el sentimiento que experimenta el hombre por un lugar". El residir o permanecer en un espacio que genera sensaciones de bienestar, con el tiempo, se traducen en frases como "mi lugar en el mundo". Por el contrario, los sitios que provocan reacciones de rechazo, inseguridad y malestar, conforman espacios a ser evitados y los denomina topofóbicos. Las emociones y reacciones que generan los espacios en los individuos, sean positivas o negativas, les otorga identidad y reconocimiento, es decir se convierten en lugares. Asimismo, el sociólogo francés Marc Augé en su libro "los no lugares. Espacios del Anonimato" (1992), complementa quizás la distinción realizada por Tuán al esbozar el concepto de "no lugares" definiéndolos de la siguiente manera: "Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar." (Augé, 1992, p. 44). En términos de Augé, éstos no lugares, conformarían en cierto modo "espacios neutrales", no generadores de emociones, asociados por lo general a sitios de tránsito, como aeropuertos, terminales de buses, shopping, entre otros, donde los individuos, por la vorágine y la experiencia efímera, no logran establecer vínculos de afectividad.

  • Consenso colectivo de emplazamiento de lugares: El reconocimiento de lugares topofílicos, topofóbicos o bien, espacios con otros significados y significancias, requieren indefectiblemente de un consenso colectivo. Los lugares urbanos son identificados en tanto sean reconocidos por los ciudadanos residentes, lo que supone " (...) el establecimiento de un consenso compartido por los habitantes de la ciudad [...] que comprende un nivel de aceptación y de naturalización "(Kessler, 2006, p. 14). La cartografía invisibilizada de espacios en la ciudad es un fenómeno generalizado en las urbes, dando lugar a pautas de comportamiento espacial de los residentes urbanos. El consenso colectivo, es producto de la acumulación en el tiempo, de percepciones espaciales, cuyos catalizadores principales son los medios masivos de comunicación: la televisión, la radio y actualmente internet, son mecanismos catalogadores de espacios por excelencia. No forma parte del espíritu del presente trabajo realizar un juicio de valor sobre el rol e influencia de los medios de comunicación en la sociedad contemporánea, simplemente reconocer su trascendente papel como formadores de opiniones y percepciones.

En otro orden de ideas, la existencia de cartografías invisibles en los espacios urbanos, abonan a la cada vez más aceptada hipótesis de que podrían conformar un mecanismo de defensa social ante las inseguridades del siglo XXI: "los miedos no solo son un modo de hablar del mundo sino también una forma de estar en él, de vivir en la ciudad y de relacionarse con las demás personas" (Segura, 2009). Conocer los lugares transitados, iluminados, bonitos y del mismo modo aquéllos amenazantes, donde ocurren frecuentes hechos delictivos y son habitados por los denominados "sin techo"; brindan a los ciudadanos patrones que condicionan las experiencias espaciales, generando la sensación de que "los causantes del miedo se encuentran recluidos en un determinado lugar de la ciudad, al cual se debe evitar, cercar, excluir." (Pyszczek, 2012).

El proceso de inteligibilidad del espacio no deja de ser sumamente complejo y, en muchos casos, contradictorio. Al decir de Augé, "La simbolización del espacio es un proceso que remite al establecimiento de límites, fronteras y umbrales, proceso íntimamente ligado a la identidad y a la diferencia, a la relación del sí mismo/nosotros con los otros" (1992, p. 19). Reconociendo la mencionada complejidad de la simbolización espacial y de los contextos urbanos en donde emerge, es que se propone una aproximación a tipos de lugares subjetivos urbanos. Se considera pertinente emprender esta empresa, proponiendo una hipótesis de taxonomía de lugares que atienda a la pervivencia espacial de los significados, más no juzgando los aspectos positivos o negativos que puedan poseer los mismos, cuestión que ha experimentado un desarrollo teórico y empírico mayor en las investigaciones científicas. Lo que se propone seguidamente es una invitación a pensar integralmente las ciudades, donde cada nuevo día en las experiencias espaciales de la cotidianidad urbana, supone el origen de nuevas sensaciones, pervivencias de percepciones y ratificación de estigmas espaciales.

2. Metodología

El método propuesto para abordar los objetivos establecidos en el presente artículo científico supone una doble vía de aproximación: teórica y empírica.

En cuanto a la vía teórica, los principales aportes provienen fundamentalmente de la psicología, psicología social y la sociología, -áreas del conocimiento diferentes a la geografía-por lo que implicaba incursionar en un corpus alternativo. El procedimiento llevado a cabo para el análisis teórico, es el devenido del Análisis Documental, definido como "(...) un conjunto de operaciones encaminadas a representar un documento y su contenido bajo una forma diferente de su forma original, con la finalidad posibilitar su recuperación posterior e identificarlo" (Castillo, 2005, p. 1). Los pasos del análisis documental contemplan la búsqueda bibliográfica, selección bibliográfica, sistematización bibliográfica y análisis de aportes referidos a los espacios subjetivos urbanos. La primera fase de la implementación del análisis documental ha consistido en la búsqueda bibliográfica de los conceptos identificados como parte de la simbolización espacial de modo individual. Una segunda fase incluyó el aspecto relacional de los conceptos para luego obtener categorías y definiciones integrales ajustadas a la dimensión espacial. Los productos obtenidos en cada fase incluyeron: la elaboración de documentos secundarios que sintetizan los aspectos cruciales de los trabajos examinados y resúmenes analíticos-sintéticos que interrelacionan los documentos analizados.

La implementación del análisis documental, ha posibilitado el agrupamiento de aquellos trabajos teóricos con objetos de estudios similares, cuyo resultado final condujo a determinar aquellas aproximaciones espaciales referidas al tema, más investigadas desde las ciencias sociales y humanas. El objetivo principal de la implementación de la técnica de análisis documental ha sido el de esbozar una taxonomía tentativa de espacios subjetivos urbanos, cuyas conclusiones se expresan en la propuesta de clasificación.

Desde la segunda vía de aplicación empírica, se ha procurado fundamentar la taxonomía de espacios subjetivos a la que se arribó en el desarrollo teórico anterior, mediante ejemplos que, por un lado, reflejaran las características inherentes de cada una de las categorías identificadas y por otro, brinden a los lectores una perspectiva integral de lo que supone cada instancia o nivel de espacios subjetivos. Los ejemplos introducidos han sido seleccionados a partir de la labor investigativa (geográfica) desarrollada por siete años en la República Argentina y por dos años en Colombia.

En Argentina, la investigación geográfica desarrollada estuvo dirigida a identificar los espacios subjetivos de la inseguridad delictiva urbana, y los procesos de construcción subyacentes, en ciudades intermedias del sistema urbano argentino. Esta experiencia ha permitido advertir a priori, la existencia de grados, niveles y/o instancias en el proceso de construcción y consolidación de los espacios subjetivos del miedo al delito, lo que generó oportunamente, la necesidad de contar con una aproximación teórica a la clasificación de los espacios subjetivos generales.

En Colombia, el interés ha sido enfocado hacia los espacios del miedo fundamentalmente en la ciudad de Bogotá, cuyas características sobrepasan la de las ciudades intermedias, siendo propias de las áreas metropolitanas. En Bogotá el área de interés ha sido la zona denominada del Bronx la cual fue, hasta el año 2016-2017, una de las más temida por los bogotanos pues comprendía un área que sumaba la degradación y deterioro espacial física, con el estigma de constituir morada o residencia de personas indigentes, delincuentes y otros individuos relacionados al consumo de drogas y sustancias psicoactivas junto con la escasa a nula intervención de las fuerzas públicas del Estado colombiano.

3. Resultados

3.1. Hacia una clasificación de los espacios subjetivos urbanos.

La complejización de la subjetividad espacial, no ha sido un importante campo de investigación por parte de los geógrafos previo a la segunda mitad del siglo XX. Los principales aportes referidos al componente inmaterial de los espacios han provenido del campo de la psicología, psicología social y la sociología, particularmente motorizada por la escuela sociológica de Chicago a principios del siglo XX.

En la obra del sociólogo canadiense Erving Goffman (1963), denominada "Estigma, identidad deteriorada"; el autor esgrime ciertas categorías relacionados al bagaje inmaterial que rodea a las personas con problemas mentales. Éstas ideas, con ciertos ajustes, han sido transpuestas a la dimensión espacial mediante una categorización secuenciada cuyos principios podrían ser sintetizables (con un importante grado de generalización) mediante un esquema con instancias (a priori) consecutivas, las cuales se ordenan en orden jerárquico (Figura 1).

Fuente. Elaboración propia basada en los aportes de Erving Goffman 1963 y Marc Augé 1992

Figura 1 Clasificación de espacios subjetivos de acuerdo a la pervivencia espacial 

La instancia más básica, por la cual los individuos recepcionan datos de su entorno, son la de las sensaciones espaciales, las cuales remiten indefectiblemente al campo de las experiencias directas e indirectas que individualmente atraviesan los ciudadanos. Se refiere a experiencias inmediatas, básicas, generadas por estímulos simples. "La sensación también puede ser definida en términos de la respuesta del organismo frente a un estímulo, por tanto, cobran singular importancia los órganos de los sentidos, que constituyen los sensores receptivos de la información directa del medio, y cuya agudeza marcaría diferencias notorias." (Pyszczek, 2012). La característica fundamental de la instancia de las sensaciones espaciales radica en el aspecto difuso, no organizado de los datos recibidos y las reacciones inmediatas provocadas en los individuos, por lo que, en términos de experiencias y comportamiento espacial, podrían traducirse, por ejemplo, en cambio de rumbo de los transeúntes que se topan con vías, calles, o sectores poco iluminados.

Los datos captados desde el medio exterior posteriormente serán tamizados y seleccionados por las estructuras cognitivas del individuo, lo que remite a un nivel o instancia superior. Esas sensaciones difusas, son ratificadas en la experiencia cotidiana, afirmándose y tornándose más claras, lo que abre paso a la instancia de las percepciones espaciales.

Se acepta generalmente que la sensación precede a la percepción, y que esta última posee una diferencia funcional sencilla, pues en el proceso sensible se capta un estímulo -sensación-, luego la información es analizada y comparada, transformándose en una estructura cognitiva que actuará como guía del comportamiento individual en el espacio. (Pyszczek, 2012).

La instancia de las percepciones incluye la construcción de estructuras cognitivas, que otorgan significado y orden a la experiencia del espacio. La organización, interpretación, análisis e integración de los estímulos implica una actividad en la que intervienen los órganos sensoriales, y también el cerebro con la capacidad de interrelacionar los datos obtenidos.

A largo plazo, si las condiciones posibilitan la pervivencia de las percepciones espaciales, se abre paso una instancia o nivel superior denominado de los estigmas espaciales. Según Goffman (1963), el término estigma fue acuñado por los griegos, en referencia a los "(…) signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien lo presentaba." (Goffman, 1963, p. 25).

Desde la perspectiva espacial, las percepciones comienzan a ser socialmente aceptadas y generalizadas en determinados sitios, haciéndose extensivos también a sus residentes. La característica distintiva de los estigmas espaciales lo representa la "(…) "identidad" inherente, reconocida entre los ciudadanos y asignada a los espacios y a sus residentes; es así como se configuran los mencionados imaginarios urbanos." (Pyszczek, 2012).

Es menester mencionar, que subyacente a todas las instancias descritas, se advierte la presencia de los denominados por Augé (1992), "No Lugares", como una cuarta categoría de espacios subjetivos que pueden surgir en cualquiera de las instancias mencionadas

Los estigmas espaciales, que constituyen la instancia superior de la propuesta esgrimida, están conformados por la pervivencia de las percepciones espaciales y también por un desarrollo imaginal o imaginario que rodea a estos espacios con identidad propia. Las representaciones sociales conforman un insumo trascendente, que brinda vigor y dinámica a los espacios estigmatizados en la ciudad. Asimismo, vale aclarar que los estigmas espaciales no necesariamente se asocian a rasgos negativos del entorno, sino que, y de igual manera, pueden referir a aspectos positivos en las urbes.

3.2. Aproximación empírica a los tipos de espacios subjetivos urbanos

A fin de complementar las características enunciadas anteriormente, esta sección procura evidenciar escenas y paisajes devenidos de la cotidianidad urbana que sustenten cada una de las categorías de los espacios subjetivos urbanos identicados.

3.2.1. Las sensaciones espaciales

Las ciudades en general, son fuentes casi inagotables de lenguaje simbólico, que influyen en mayor o menor medida en los receptores. Estos aspectos quedan de manifiesto en un trabajo realizado en el año 2012, en la ciudad de Resistencia, capital de la Provincia del Chaco, localizada en el cuadrante nordeste de la República Argentina, que, con sus aproximadamente 300.000 habitantes, es considerada una ciudad intermedia. En la investigación mencionada, los vecinos de la ciudad fueron consultados, mediante encuestas, acerca de sus experiencias urbanas en relación con la seguridad pública y sobre los factores que mejorarían dichas experiencias en las calles de la ciudad. Los resultados se pueden evidenciar en la Figura 2.

Fuente. Elaboración propia con base en encuestas sociales realizadas en 2012 NS/NC

Figura 2 Los factores de sensaciones espaciales 

Es posible advertir, que uno de los principales elementos que genera una experiencia positiva relacionada a la seguridad pública, constituye la presencia del personal policial en las calles por sobre otros factores. La seguridad ciudadana encierra elementos vinculados a la custodia de la población y el control social que implica nociones o sensaciones vinculadas al orden. Ocupan el segundo y el tercer lugar factores relacionados a la infraestructura y a las apariencias del entorno urbano como lo son la iluminaria pública y el desmalezamiento de lotes y espacios verdes. Los trabajos científicos advierten sobre la necesidad de generar sensaciones de control espacial: un orden ante el caos representado por la falta y/o carencias de mantenimiento urbano.

La existencia de lugares desaseados, desprolijos, poco iluminados como lo muestra la Figura 3 (Fotos A, B y C), son factores negativos que condicionan las experiencias urbanas cotidianas y provocan sensaciones de caos y carencia de control por parte de las autoridades locales.

Fuente. Diario Norte. Resistencia Chaco, 2015. Disponible en http://www.diarionorte.com/article

Figura 3A Escenas de la ciudad de Resistencia, Provicencia del Chaco-Argentina 

Fuente. Diario Norte. Resistencia Chaco, 2015. Disponible en http://mapio.net/pic/p-20139245

Figura 3B Escenas de la ciudad de Resistencia, Provicencia del Chaco-Argentina 

Fuente. Diario Norte. Resistencia Chaco, 2015. Disponible en http://www.diarionorte.com/article/88009

Figura 3C Escenas de la ciudad de Resistencia, Provicencia del Chaco-Argentina 

3.2.2. Las percepciones espaciales

En la misma investigación, se interrogó a los ciudadanos acerca de los barrios o sectores de la ciudad que percibían como más inseguros. Los resultados se reflejan en la Figura 4.

Fuente. Elaboración propia con base en encuestas sociales realizadas en 2012

Figura 4 Barrios de la ciudad de Resistencia percibidos como más inseguros 

El mapa refleja las seis entidades barriales, considerados por los encuestados como las más inseguras de la ciudad. La intensidad de los colores de las figuras, es directamente proporcional a la coincidencia avizorada en los resultados de la encuesta: Villa Prosperidad, ubicada al norte de la ciudad constituye el barrio percibido como más inseguro, seguido por Güiraldes, Mujeres Argentinas, Itatí y Tte. Saavedra en igual nivel y La Liguria.

En esta instancia o categoría de espacios percibidos como inseguros, no se trata de sitios diseminados por la ciudad donde se encuentran sensaciones aisladas. La presencia de percepciones espaciales implica el reconocimiento individualizado de sitios que poseen atributos específicos y un reconocimiento o consenso medianamente generalizado en los actores sociales, en este caso, los ciudadanos de la ciudad de Resistencia.

Al ser consultados por las causas o razones por las cuales se consideran a estos barrios como los más inseguros, los ciudadanos de Resistencia han esgrimido múltiples razones reflejadas en la Figura 5.

Fuente. Elaboración propia con base en encuestas sociales realizadas en 2012

Figura 5 Causas de la percepción de los barrios inseguros en la ciudad de Resistencia 2012 

Los resultados muestran a la percepción espacial de la inseguridad en la ciudad de Resistencia como bagaje de los medios de comunicación (medios impresos y audiovisuales) en un 47 % y de la victimización indirecta en un 34 %.

Los medios de comunicación, tradicionalmente han sido pilares de difusión de noticias y especialmente aquellas vinculadas a los delitos y la delincuencia, como así también han cumplido el rol de fuertes formadores de opinión pública. Estas circunstancias explican en parte la vigencia de los medios de comunicación en la conformación de los espacios subjetivos citadinos, abonando, ratificando o respaldando las percepciones que puedan llegar a existir sobre los sitios o bien formando dicha percepción en las personas asépticas de prejuicios espaciales.

De igual manera, en circunstancias donde una/s persona/s recepcionan los relatos de hechos delictivos padecidas por otras, se genera una serie de sentimientos vinculados al temor, impotencia, inseguridad, lo que constituye la denominada "victimización indirecta". Este tipo de victimización es definida como "(...) aquella que es consecuencia de la directa (víctimas) y recae sobre personas que tienen una relación estrecha con el agredido o bien personas cercanas a la misma." (Pyszczek, 2012, p. 45). Es posible apreciar un importante grado de victimización indirecta en la identificación de barrios inseguros dentro de la ciudad.

De igual modo, la misma consulta ha sido realizada a otro actor social de importancia en la ciudad: las autoridades policiales de la Dirección de Seguridad Metropolitana de Resistencia; cuyos resultados se evidencian en la Tabla 1.

Tabla 1 Unidades Barriales más inseguras según las autoridades policiales de la dirección de Seguridad Metropolitana de Resistencia 

Fuente: Elaboración propia con base a las entrevistas a funcionarios de la Dirección de Seguridad Metropolitana del Chaco

Como es posible advertir, existe una coincidencia en señalar al Barrio Güiraldes y a Villa Prosperidad como los más inseguros. El resto de unidades barriales en su mayoría, son espacios colindantes a éstos dos. Al ser consultados por las razones o causas por las cuales consideran a éstos barrios más inseguros, las respuestas obtenidas por parte de las autoridades hicieron referencia a la frecuencia de llamadas de emergencias o volúmenes de denuncias recogidas en las comisarías policiales de dichos barrios.

En síntesis, las percepciones espaciales son conformados por un nivel de consenso y anclaje espacial, que posibilitan la identificación de zonas, de modo más nítido que en la instancia previa, de las sensaciones espaciales.

3.2.3. Estigmas espaciales

Aunque por lo general, la estigmatización espacial es planteada en términos negativos; es posible identificar estigmatizaciones positivas que, proyectados en términos geográficos, es posible traducirlo en "espacios asociados a una representación social que subraya sus cualidades minimizando, excluyendo o desconociendo sus aspectos no tan favorables." Son los sitios de mayor afluencia de transeúntes, de comercio, de vida urbana. Los centros comerciales o shopping, son un buen ejemplo de estigmatizaciones positivas en las grandes urbes o bien, el centro de la ciudad en las consideradas intermedias de América latina.

En la mayoría de los casos, el tipo de estigmatización predominante en las ciudades es la negativa. La estigmatización es un fenómeno que supone una serie de procesos conexos, superpuestos y que no siguen una secuencia lineal como por ejemplo el etiquetamiento/rótulo (del espacio y sus residentes); la exclusión (invisibilización social), y la discriminación sistemática.

En la ciudad de Bogotá se destaca un caso notable de estigmatización espacial: la zona del Bronx. (Ver Figura 6 A, B, C)

La primera aproximación que cualquier persona puede realizar acerca de este espacio de Bogotá, es por medio de internet, la cual arroja la siguiente descripción:

Su origen data del inicio de los años 2000, cuando se permitió el detrimento de la zona por la administración local, convirtiéndose en un nuevo centro de concentración de delincuencia luego del desmantelamiento y recuperación de la calle El Cartucho. Se han denunciado innumerables casos de microtráfico de drogas, trata de personas, prostitución forzada, mutilaciones y asesinatos en los últimos años. Se descubrió que agentes de la policía de Bogotá estaban siendo sobornados por las mafias del sector para permitir el tráfico de drogas en la zona. El sector también se conocía como «La Caldera del Diablo», la Letra o la «L» (por su similitud a una L que se formaba por las zonas de dominio y operación de actos ilegales)

Espacios, como el Bronx en Bogotá, han alcanzado un nivel de reconocimiento urbano a tal punto que la ciudadanía y los medios de comunicación lo consideraban como espacio independiente a la misma ciudad, considerada como "(.) República independiente del crimen." (Diario nuevo siglo. com, Mayo 22, 2017). Queda en claro que, en estos tipos de espacios, convergen la ocurrencia de hechos delictivos de todo tipo, la degradación física e inmaterial del espacio, junto con el desarrollo imaginario de los actores sociales en relación a la vida cotidiana de estos sitios con estigmas.

El proceso de "deconstrucción de estigma espacial", llevado adelante desde el año 2017 por parte de la Alcaldía Mayor de Bogotá, aunque desprolijo; ha generado una mejora en cuanto a las características físicas, inmateriales y simbólicas, inherentes del Bronx. Se advierte en los últimos tiempos una diseminación de pequeños Bronx en diversos sectores de la ciudad, que reúne a los antiguos residentes de dicho espacio.

4. Conclusiones

En los elementos considerados a lo largo del documento, es posible advertir ciertos aspectos que confluyen en la ratificación de la complejidad que subyace en el abordaje del espacio urbano. Desde la perspectiva del constructivismo geográfico, queda en evidencia que las sociedades humanas, a lo largo de su historia, han sido generadoras de una doble transformación del espacio absoluto y contingente: en principio responsables de la edificación física del entorno; de la morfología de esos sitios de convergencias humanas que han sido denominados por Berkowitz, como "ecosistemas urbanos"; es decir, sitios con la capacidad de satisfacer las necesidades de los hombres y mujeres que allí residen. Las experiencias asiduas y la misma cotidianidad, familiaridad entre comunidad residente y espacio residido, impregna de significados a este último, que ante estas circunstancias deja su anonimato inicial para convertirse en "lugar". Estas circunstancias llevan a pensar, advertir y concebir una segunda construcción social: la de la simbolización espacial o cualidades simbólicas otorgadas al espacio geográfico como patrón de inteligibilidad espacial.

La simbolización de los espacios, a diferencia del proceso simultáneo de expansión física de las urbes, posee como propiedades características, la flexibilidad y la dinámica en su desarrollo. La flexibilidad entendida como la adaptación del flujo simbólico a las condiciones reales e imaginarias de los sectores urbanos; y la dinámica como la posibilidad de que las identidades de los espacios pueden mutar o transitar hacia otros significados. En contraparte, la transformación experimentada por el medio físico edificado, es lenta y responde en la mayoría de los casos, a intereses relacionados con el universo económico-capitalista del mundo globalizado. En la construcción de la inteligibilidad espacial intervienen la mayoría de los actores sociales que tienen presencia en el territorio, no siempre ni necesariamente, con residencia local, pero sí regional o nacional; los que desde sus perspectivas, ejercen influencia en el surgimiento de los lugares con identidad propia: es el caso de los medios masivos de comunicación, quienes han instaurados por ejemplo, el concepto de "zona roja" o espacios vinculados al ejercicio de la prostitución en las metrópolis. Este concepto ha sido asimilado por ciudades intermedias de muchos países de América latina que, si bien carecían de zonas de prostitución significativas o equiparables a las grandes ciudades, acogieron el término y las delimitaron dentro de sus propios ejidos urbanos.

Los entornos subjetivos resultantes del proceso de simbolización espacial urbano, son comúnmente estudiados en las ciencias sociales por medio de los rasgos inherentes que exponen; principalmente por las actividades que se realizan o residentes de dichos espacios: es así que se advierten lugares cuyas identidades están dadas por las actividades económicas que se desarrollan (plazas de mercados, zonas comerciales, áreas portuarias, centros históricos, etc.), frecuencia de actividades ilícitas o censuradas (áreas de delincuencia, prostitución, zonas ocupadas ilegalmente, etc.) o bien, espacialidades étnicas (los típicos barrios chinos, judíos, hindúes entre los más populares en América anglosajona y latina). Como se ha visto a lo largo del documento, es posible abordar el estudio e investigación de los espacios subjetivos, simultáneamente, desde el punto de vista de la pervivencia espacial del bagaje simbólico. Desde esta perspectiva, la dimensión temporal en el espacio geográfico adquiere singular relevancia, pues la permanencia de sensaciones y percepciones espaciales, anclarán una acerbo simbólico e inmaterial que impregnarán y acompañarán a diferentes sectores o porciones urbanas, constituyéndose como rasgos identitarios que determinarán el advenimiento de estigmas espaciales. Ésta categoría o tipo de espacio subjetivo (de instancia superior), quizás sea semejante y comparable al de "región" en Geografía (a escalas menores: nacionales e internacionales), pues este concepto permite "(…) establecer la singularidad de los individuos en la superficie del globo terráqueo. La irrepetibilidad y la singularidad de combinaciones de diferentes tipos y patrones espaciales le da a la Región un valor expresivo, ello permite establecer combinaciones y asociaciones de diverso tipo, y patrones específicos espaciales para determinadas áreas." (Mateo y Bollo, 2016, p. 15). Entre las posibilidades y potencialidades del concepto de región, Lopes de Sousa (2013) señala el de "la comprensión de los procesos de territorialización y de territorialidad de los seres humanos. (...) y las cuestiones vinculadas con la identidad, la percepción y la pertenencia simbólica y cultural. (p.16)", todas ellas similares a las señaladas para los espacios subjetivos en su faceta de estigmas espaciales.

Quizás la investigación de los espacios subjetivos urbanos y la cartografía resultante, sea un intento de regionalización de las ciudades (escala mayor, más cercana a la realidad).

Las sensaciones espaciales, conforman el punto de inicio de los flujos simbólicos-inmateriales que circulan por la ciudad. Si bien efímeros, la pervivencia de las sensaciones espaciales puede detonar percepciones más estables que deriven en estigmas. Las regulaciones en las experiencias espaciales básicas de las sensaciones, podrían brindar pautas para la pertinente intervención inmaterial en el espacio urbano. Un ejemplo de ello, lo constituye el entorno de la estación terminal de buses de Retiro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La estación se encuentra rodeada por barrios precarios, con fisonomías de construcción heterogéneas y trazado urbano un tanto desordenado. La incorporación de programas de mejoras estéticas por parte de la Alcaldía de la ciudad en el sector, ha sido positiva, pues ha mejorado la imagen mental de los ciudadanos y visitantes que arriban diariamente a la ciudad de Buenos Aires. Si bien, los detractores de estos modos de intervención urbana, pudieran argumentar de que no son atacadas las razones estructurales que determinan el origen de este tipo de barrios, desde luego argumentos válidos, resulta fundamental comprender que todas las acciones de mejoras deben ser valoradas y bien recibidas.

Las instancias superiores de percepciones y estigmas espaciales requieren, a diferencia de las sensaciones espaciales, un mayor esfuerzo en la planeación de las intervenciones urbanas para ser atenuadas o contrarrestadas.

El principal problema radica en que tanto las percepciones como los estigmas espaciales son instancias complejas, donde la pervivencia temporal relativamente prolongada de las sensaciones, dejan una impronta que también requiere de tiempo para ser atendidas. Al tratarse de constructos individuales y sociales, implica un esfuerzo conjunto de los actores sociales intervinientes, principalmente de las comunidades locales. Por ejemplo, existen experiencias en barrios percibidos como inseguros tanto, desde los puntos de vista fisonómico (presencia de terrenos baldíos, calles sin iluminación, etc.) y como fácticos (frecuencia de hechos delictivos, robos, hurtos, etc.). Éstos barrios de España y América Latina han podido revertir la percepción de inseguridad con programas de mejoras físicas de los barrios (campañas activas de desmalezamiento de terrenos baldíos, de limpieza general e iluminación de los barrios) como inmateriales (constitución de juntas barriales, conformación de patrullas vecinales, programa de "vecinos en alerta", etc.) que dieron como resultado la construcción de una malla de seguridad local que ha mejorado notablemente la percepción del barrio, por parte de los vecinos residentes y el resto de los residentes de la ciudad.

En el caso de los estigmas espaciales, requiere un tratamiento especial y planificado a fin de implementar procesos de "deconstrucción de los estigmas", los cuales, según experiencias previas publicadas en revistas científicas, deben ser abordados desde el medio físico como desde el imaginario colectivo. Aquí los medios de comunicación cumplen un rol fundamental.

Finalmente, es muy probable que las categorías de espacios subjetivos aquí propuestos, pueden resultar sencillos e inacabados en el sentido de que, la complejidad y vorágine urbana actual, pudiera generar espacios que no cuadrarían en ninguno de los tipos contemplados; incluso en la de "no lugares" esbozados por Augé. Es tarea de todo profesional de las ciencias sociales y humanas, complementar o bien elaborar una propuesta superadora que brinde inteligibilidad a nuestros objetos de estudio y espacios geográficos, en donde transitamos nuestro devenir cotidiano.

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* http://dx.doi.org/10.18041/1900-3803/entramado.2.4746 Este es un artículo Open Access bajo la licencia BY-NC-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/) Publicado por Universidad Libre - Cali, Colombia.

Cómo citar este artículo: PYSZCZEK, Oscar Luis. El proceso de inteligibilidad espacial. Una propuesta tipológica de los espacios subjetivos en las ciudades. En: Entramado. Junio - Diciembre, 2018. vol. 14, no. 2, p. 98-112, http://dx.doi.org/10.18041/1900-3803/entramado.2.4746

Conflicto de intereses El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

Recibido: 05 de Octubre de 2017; Aprobado: 05 de Diciembre de 2017

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