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CS

versión impresa ISSN 2011-0324

CS  no.5 Cali ene./jun. 2010

http://dx.doi.org/10.18046/recs.i5.453 

ARTÍCULOS

DOI: 10.18046/recs.i5.453

 

Construcción social del narcotráfico como ocupación1

 

The social representation of drug trafficking like laborer option

 

 

Lilian Paola Ovalle*

* Universidad Autónoma de Baja California, México lilianpaolao@yahoo.com

 

Artículo de investigación recibido el 8/04/10 y aprobado el 31/05/10

 


Resumen

Aparentemente el contexto del Estado de Baja California (México) y el del Departamento del Valle del Cauca (Colombia), no tienen mucho en común. Estos territorios pertenecen a dos países diferentes y tienen importantes diferencias históricas, políticas, demográficas y económicas. Sin embargo estos lugares coinciden en el hecho de que por más de tres décadas se han convertido en enclaves de la dinámica transnacional del tráfico de drogas ilegales. En este artículo se exponen los resultados de un trabajo de campo realizado en diciembre del 2008 que tuvo como objetivo conocer y entender los complejos procesos mediante los cuales el narcotráfico ha penetrado e impactado los contextos locales de estos dos territorios. A pesar del actual contexto de prohibición, al menos en estos dos territorios, la lucrativa actividad de tráfico y distribución de drogas ilegales ha logrado consolidar su proyecto ilegal, hasta el punto de ser reconocido por amplios sectores de la sociedad como una opción laboral.

Palabras clave: Narcotráfico, Representaciones sociales, Trabajo.


Abstract

At first glance, the State of Baja California (Mexico) and the Department of Valle del Cauca (Colombia) do not have much in common. They belong to different countries and have significant differences in their history and their social, cultural, political and economic structures. However these places have a commonality––namely the fact that for more than three decades they have become epicenters of drug trafficking. In both of these territories, trafficking groups and international business networks have appropriated the region in order to frame their illegal project. This paper summarizes the findings of field research conducted during December 2008. Knowing and comparing the social representations of drug trafficking in these two territories, offers significant elements that help understand the integration processes and social penetration of drug trafficking in local contexts–and shed light on processes that have helped consolidate these practices as viable labor options.

Key words: Drug trafficking, Social representations, Llabor.


 

 

Introducción

Quienes se dedican a actividades laborales como probar videojuegos, vender en subastas por internet, lavar carros a domicilio, pasear perros, arreglar balcones con juegos florales, entre otras, seguramente requieren de dar largas explicaciones para aclarar de qué se trata su trabajo. Todos estos, son oficios urbanos que surgen como opciones laborales, incluso algunas altamente rentables. Sin embargo, no son reconocidos socialmente como trabajos remunerados. No ocurre lo mismo con quienes se dedican al comercio y tráfico de drogas. "Narcos", "traquetos", "pushers", "chacas", "lavaperros", "mulas", "burreros", "capos", "dealers" constituyen imágenes vívidas y claras en los contextos donde se asienta el narcotráfico.

Durante las últimas cinco décadas –tiempo durante el cual las redes transnacionales del narcotráfico latinoamericano han ido expandiendo su mercado– se ha vivido un proceso de representación social del fenómeno2 que ha dado como resultado la naturalización de estas actividades para amplios sectores sociales. De esta forma, el narcotraficante, en determinados contextos, no es sólo una imagen identificada por el conjunto social, es una categoría social objetivada. Como se ha expuesto en trabajos anteriores (Ovalle, 2010, 2006, 2005) en los territorios en los cuales se asientan las redes transnacionales del narcotráfico, se evidencia una lucha material y simbólica por la legitimación de su actividad ilegal. Específicamente, la tesis que se desarrolla en este texto es que su lucha por lograr la aceptación de sus actividades como una opción laboral, ha rendido ciertos frutos en estos lugares, hasta el punto de que en algunos sectores de la sociedad pueda ser considerada como una ocupación.

Es importante, realizar una precisión conceptual que ubique la discusión que se desarrolla en el presente artículo. Existe una diferencia fundamental entre una ocupación como categoría sociológica y la construcción social de una actividad como ocupación. Sociológicamente hablando, estamos frente a una ocupación cuando un grupo de actores han adquirido un conocimiento experto y disponen de él para realizar cierta actividad a cambio de una remuneración. Pero otra cosa es que esta actividad sea integrada en el imaginario social como una ocupación. Es en este segundo elemento en el que se centra este texto, en la construcción social del narcotráfico como una ocupación. Se trata, entonces, de rastrear casi intuitivamente el complejo proceso mediante el cual la imagen del narcotraficante ha sido fijada como una entidad objetiva.

El presente trabajo parte del análisis de dos lugares en los que se puede apreciar con especial nitidez la influencia y el poder social de las redes transnacionales del narcotráfico. El caso de redes territorializadas en el Estado de Baja California (México) y en el Departamento del Valle del Cauca (Colombia). Estos territorios constituyen lugares de Latinoamérica en los que el desarrollo del narcotráfico se ha hecho evidente privilegiadamente a través de los diversos medios de comunicación. Comunicados de prensa, películas, novelas, libros, obras de arte, dan cuenta de la forma en que estos territorios vienen siendo desde hace más de tres décadas escenarios fundamentales para el desarrollo del narcotráfico transnacional.

La discusión que se presenta en este texto hace parte de los resultados de un estudio titulado Dinamismo y levedad. El poder social de redes transnacionales del narcotráfico.3 El trabajo de campo, realizado en diciembre de 2008, incluye la realización de entrevistas en profundidad y la aplicación de un cuestionario. Se realizaron 15 entrevistas en profundidad a sujetos vinculados con las redes transnacionales del narcotráfico. En cuanto a estos informantes claves, se puede señalar que son 12 hombres y 3 mujeres, de los cuales 6 son de nacionalidad colombiana y 9 de nacionalidad mexicana.4

Adicionalmente se realizó un cuestionario sobre representaciones sociales del narcotráfico, en los lugares seleccionados para observar la territorialización de estas redes: Baja California, México y Valle del Cauca, Colombia. El cuestionario fue aplicado en 3 municipios del Estado de Baja California (Mexicali, Tijuana y Ensenada) durante la tercera semana de noviembre del 2008; y en 3 municipios del Departamento del Valle del Cauca (Santiago de Cali, Tuluá y Buenaventura) durante la tercera semana de diciembre del 2008. Los sujetos a quienes se les aplicó el cuestionario son jóvenes entre 17 y 30 años, hombres y mujeres, de diferentes estratos socioculturales, residentes de los municipios seleccionados y que fueron ubicados en lugares recreativos o educativos.

Con respecto al cuestionario, se debe resaltar que los datos derivados no están ajustados a los términos de representatividad estadística ya que se utilizó un muestreo no probabilístico por cuotas. Se aplicaron 100 cuestionarios por cada uno de los municipios; por lo tanto, los resultados no tienen un propósito inferencial para conocer los parámetros poblacionales, sino un propósito cualitativo de conocer el contenido de las representaciones de los habitantes de estos territorios.

La argumentación que aquí se presenta se divide en cuatro apartados. En el primero, titulado Conocimiento y poder, se propone que el impacto social del narcotráfico en el tejido social no se explica exclusivamente por el uso extremo de la fuerza y la instrumentalización de la violencia. Para descifrar la forma en que el narcotráfico se entreteje social y culturalmente es necesario atender otros procesos de influencia y poder social, quizás más sutiles, pero no menos efectivos. En el segundo apartado, titulado Persistencia de un proyecto ilegal, se exploran los sentidos de presente y futuro que tejen quienes conviven y comparten su territorio con estas redes. En el siguiente apartado, titulado Vocación para el narcotráfico, se problematiza la vinculación a las redes del narcotráfico como una disposición para realizar ciertas actividades ilegales y preferir cierto mundo de vida. Finalmente, en el último apartado, Profesionalización de los narcos y especialización de las redes, se argumenta que estos grupos se han transformado y contrarrestado las barreras legales a sus actividades, incorporando en sus listas cada vez a más miembros de diferentes profesiones, valiéndose del conocimiento tecnológico y científico para potencializar el éxito de sus proyectos.

 

Conocimiento y poder

El poder tiene algo que ver con el hecho de que existen grupos o individuos que pueden retener o monopolizar aquello que otros necesitan (Elias, 1994 : 53), como por ejemplo recursos materiales, empleo, reconocimiento social o protección. Todos estos, son recursos de los que disponen las redes del narcotráfico para penetrar las sociedades en las que se establecen. El proyecto ilegal del narcotráfico, para asentar sus actividades en un territorio determinado, necesita de la aceptación, la complicidad o la indiferencia social. Cuando esto no es posible, cuando las comunidades locales se muestran renuentes siempre queda como recurso la apelación al miedo.

En los territorios en los que se asientan las redes transnacionales del narcotráfico, se puede identificar una lucha simbólica por la legitimación de sus actividades. Las estrategias más visibles y señaladas son la teatralización de la violencia5 y del éxito. Sin embargo, ha sido decisivo otro elemento: el conocimiento que circula y se vehiculiza por estas redes. Por ello, la tesis que se desarrolla en este apartado es que la lucha por legitimar su actividad y por lograr la aceptación de sus actividades como una opción laboral, ha rendido sus frutos en estos lugares, hasta el punto de que en algunos sectores de la sociedad, el narcotráfico puede ser considerado como una ocupación. De esta forma en este apartado también se realiza una breve pero necesaria reflexión sobre la relación entre el conocimiento y el poder.

Para Elias (1994 : 55) lo que llamamos conocimiento es el significado social de símbolos construidos por los hombres, dotados con la capacidad para proporcionar a los humanos, medios de orientación. Esta amplia definición incluye a diversos tipos de conocimiento, desde aquellos que pueden adquirirse por medio del aprendizaje práctico, los que se transmiten de generación en generación, o aquel conocimiento del "sentido común"; hasta los conocimientos científicos y tecnológicos que orientan el destino de las sociedades contemporáneas.

Se establece entonces la relación entre el conocimiento y el poder cuando se reconoce que a lo largo de la historia el conocimiento ha sido monopolizado privilegiando a ciertos grupos. Desde luego esto ocurre especialmente con los conocimientos tecnológicos y científicos ya que éstos se adquieren solo tras largos años de estudios formales, de naturaleza muy compleja y en instituciones especializadas. Sin embargo al ubicar la relación entre conocimiento y poder con relación al posicionamiento de las redes del narcotráfico resulta necesario integrar otro tipo de conocimientos.

El acceso a un conocimiento más amplio incrementa el poder potencial de los grupos humanos (Elias, 1994 : 57) y, en el caso específico de las redes del narcotráfico, esto resulta especialmente cierto. Se puede afirmar que en estas redes secretas y anónimas el conocimiento es el principal capital, es decir, la fuente de su productividad y el elemento que garantiza su supervivencia.

La necesidad del anonimato y el silencio en la estructuración de estas redes, genera un escenario en el que la información circula de forma limitada. En este sentido quienes cuentan con mayor poder en las redes del narcotráfico son quienes poseen un conocimiento detallado sobre los proveedores, compradores, distribuidores, métodos de procesamiento químico de las sustancias, modos de transporte eficaces a la hora de superar las intercepciones gubernamentales, finanzas internacionales, fórmulas de lavado de activos, tecnologías de información fiables y efectivas.

Según Weber (2007 : 301), estamos frente a una ocupación cuando un grupo de hombres han adquirido un conocimiento experto y disponen de él a cambio de una remuneración. Pero en el área de la sociología de las profesiones (Martín, 1982; Rodríguez 1992; Sánchez, 2003; Real, 2004) el debate sobre la diferencia entre lo que constituye una profesión y una ocupación todavía está abierto. Según Gyarmati (1984 : 36), para identificar cuáles son las "profesiones verdaderas" existen tres enfoques diferentes. El que define características supuestamente específicas de las profesiones y las diferencia claramente de las ocupaciones, el que rechaza la dicotomía tradicional profesión–ocupación y plantea la existencia de un continuum en el que se pueden observar diferentes grados de profesionalización y finalmente un enfoque que explica las diferencias entre ocupaciones y profesiones sobre la base de las relaciones de poder que existen entre ellas y los otros sectores e instituciones.

¡Sabemos que jugar profesionalmente al fútbol, arreglar calefactores, sembrar y cosechar trigo, es muy diferente de practicar la medicina o la arquitectura, pero ¿en qué consiste con exactitud dicha diferencia?", es la pregunta que nos propone Gyarmati (1984: 34). Para responderla se pueden identificar algunos elementos básicos: el nivel de abstracción, la cantidad y la formalidad de los conocimientos, la obtención de un título universitario y el rango o status profesional. Así, al ubicar la diferenciación entre ocupación–profesión, los argumentos nos guían de nuevo a la sencilla y clara categorización de Weber. Se entiende aquí por ocupación a una actividad económica y laboral, en la que se dispone de un conocimiento experto, pero que no tiene un status social de profesión.

Así, plantear que en los lugares donde se asienta el narcotráfico, esta actividad ha sido integrada en el imaginario social como una "ocupación", implica el reconocimiento de un complejo proceso de construcción social en el que la imagen del narcotraficante ha sido fijada como una entidad objetiva. Para entender las implicaciones de la tesis de que en ciertos sectores sociales es posible rastrear una construcción social del narcotráfico como ocupación, quizás resulte útil un ejemplo: el probador de videojuegos. Existen razones para identificar esta actividad como una ocupación ya que dispone de un conocimiento experto y es una actividad lucrativa; sin embargo, difícilmente se podrá identificar una construcción social que la ubique como una ocupación.

La teoría de las representaciones sociales, postulada por Moscovici (1979,1985) y Jodelet (1986), ofrece pistas interesantes para entender este complejo proceso. Esta teoría se sustenta en dos procesos fundamentales –la objetivación y el anclaje– para explicar la forma en que se consolidan y funcionan las representaciones.

Moscovici define la objetivación como la "constitución formal de un conocimiento" (1979 : 160). Esta fase de objetivación hace referencia al proceso mediante el cual un concepto abstracto se convierte en un objeto o una imagen tangible. Lo abstracto aparece como la suma de elementos descontextualizados que deben integrarse como una imagen más o menos consistente que se pueda identificar con mayor nitidez (Jodelet, 1986 : 469 – 473). Es a inicios de los ochenta cuando la imagen del "narcotraficante" aparece como una imagen cristalizada y reconocida. Quienes anteriormente habían sido denominados como contrabandistas de enervantes, agricultores de enervantes, gomeros,6 marimberos,7 cocaleros,8 empiezan a ser designados como "narcos" (Astorga, 1995, 2003).

Según Villaveces (2000 : 13), el vocablo "narco" aparece en el léxico popular de varios países latinoamericanos para referirse a sujetos involucrados en algún segmento del proceso de producción, circulación y/o distribución de drogas ilícitas. Lo más interesante, es que este vocablo, según el autor, moviliza un sentido de alteridad marcado por la censura moral a aquellas clases emergentes. Si bien esta palabra surge como frontera que delimita el "ellos" del "nosotros", paradójicamente, también implica el reconocimiento de un "nuevo actor social". Los "narcos" se naturalizan. Dejan de ser una simple imagen ambigua y abstracta para convertirse en una expresión cotidiana y mediatizada.9 Valenzuela señala (2002 : 325), que las representaciones sobre el narcotráfico recreadas en los medios de comunicación, no sólo sirven para darles sentido a una serie de elementos que la gente conoce o intuye, sino que participan en la producción de prácticas cotidianas desde las cuales la gente aprende a vivir con ese mundo.

 

Esta idea remite al otro proceso implicado en la formación de las representaciones sociales. El anclaje es definido por Moscovici (1979 : 121) como un proceso a través del cual, la sociedad cambia el objeto representado por un instrumento del cual puede disponer en las relaciones sociales existentes. Con el anclaje la representación social se liga al marco de referencia de la colectividad y se convierte en un instrumento útil para interpretar la realidad y actuar sobre ella.

En el cuestionario aplicado en el 2008 a 600 sujetos de diferentes municipios, se les preguntó si consideran que el narcotráfico es una realidad cercana. Resultan interesantes los matices que se pueden identificar entre los resultados de las diferentes ciudades. Se observa, por ejemplo, que en el caso de los encuestados en Tijuana 8 de cada 10 considera al narcotráfico como una realidad cercana. En Cali, la capital del Valle del Cauca, 7 de cada 10 encuestados respondió afirmativamente. La ciudad con el menor porcentaje (50%) de encuestados que considere al narcotráfico como una realidad cercana, fue Buenaventura. Esto datos señalan una representación del "narco" anclada a un sistema de relaciones históricas, sociales y cotidianas que se encargan de "otorgar un sentido al objeto" (Flores, 2001 : 13). De esta forma, los "narcos", empiezan a ser actores sociales y escenarios cotidianos.

De manera similar, en la gráfica 2 se observan los resultados de otra de las preguntas del cuestionario. Esta vez no se identificaron diferencias significativas entre las respuestas de los sujetos de diferentes municipios. Aproximadamente 5 de cada 10 encuestados, reportaron conocer personalmente a un "narco". Esto significa que el sustento de las representaciones sociales del narcotráfico no depende exclusivamente de la información mediatizada y de los discursos oficiales. En estos municipios, es difícil establecer límites claros entre "ellos" y "nosotros" y las representaciones sociales del narcotráfico se construyen también en las relaciones cara a cara, con los vecinos en el barrio, en los espacios de ocio y esparcimiento o en el espacio público.

 

La construcción social del narco como "actividad lucrativa", como "negocio" y más aún como "ocupación" expresa nítidamente la falacia de la idea de un narcotráfico como un fenómeno que nada tiene que ver con las sociedades en las que echa raíces. A pesar de que trabajos académicos, obras literarias, el arte, y propuestas de cine y televisión sobre el tema, enfatizan las relaciones entre narcotráfico, sociedad y cultura; el discurso oficial prohibicionista, continúa asentándose en la idea de un enemigo externo.

Hasta aquí, se ha argumentado que el proyecto ilegal del narcotráfico a sobrevivido en el tiempo a pesar de las barreras legales, en gran parte, gracias al conocimiento abstracto y especializado del que disponen estas redes para producir las sustancias que comercializa, para encontrar las mejores formas de camuflaje de la droga, para identificar e innovar las rutas menos riesgosas y para idear fórmulas de lavado de activos. El acceso a un conocimiento amplio incrementa el poder y la influencia potencial de estas redes.

En los municipios explorados, en los cuáles las redes del narcotráfico vienen operando desde hace décadas, resulta especialmente cierto que la mezcla de conocimiento y poder es la fuente de su productividad y supervivencia. Como se señaló anteriormente, el poder social, especialmente el poder social fundamentado en el conocimiento, es un medio de orientación. Implica la capacidad de instaurar como posible y viable determinado proyecto, en este caso, el proyecto del narcotráfico. La representación social del narcotráfico como ocupación, es el mejor ejemplo de este complejo proceso. Sin embargo, la argumentación sobre la relación entre conocimiento y poder, y la construcción social del narcotráfico como ocupación, se continua desarrollando en los siguientes apartados.

 

Persistencia de un proyecto ilegal

La representación social no es un hecho social. Pero sin duda, hay representaciones que se vuelven reales. En este apartado, se exponen algunos resultados de la encuesta realizada, los cuales apuntan a una representación del narcotráfico como un fenómeno que llegó para quedarse. Se delinea así un escenario donde la construcción social del narcotráfico como ocupación es el resultado de un largo proceso histórico y sociocultural.

La construcción social del narcotráfico como ocupación aparece entonces como un elemento instituido –a cuenta de un largo proceso– y como un elemento instituyente –de la persistencia del proyecto ilegal. Es importante señalar, que el reconocimiento social del narcotráfico como una actividad laboral, de alguna manera matiza el señalamiento y el escarnio hacia "los narcotraficantes", convirtiéndose en una fuente potencializadora de la persistencia de su proyecto ilegal. Sin embargo esto no permite afirmar que el narcotráfico sea aceptado como opción laboral en todos los sectores sociales y esto se observa nítidamente en los datos que se presentan a continuación.

En la gráfica 3 se observan los resultados sobre su percepción de la presencia del narcotráfico en la ciudad que habitan. Sobresale el caso de la ciudad de Tijuana, donde 9 de cada 10 encuestados considera que el narcotráfico ha aumentado en su ciudad. En el caso de Ensenada y Buenaventura, aproximadamente 6 de cada 10 encuestados considera que ha aumentado el narcotráfico en su ciudad. El porcentaje más bajo (36%) de encuestados que perciben un aumento en la presencia del narcotráfico en su ciudad, fue el de los contactados en la ciudad colombiana de Tuluá.

 

Sin embargo, como se observa en la gráfica 4, cuando se indagan sus deseos sobre la presencia del narcotráfico en su ciudad, se identifica que la mayoría aspira un escenario en el que las redes del narcotráfico dejen de operar en su ciudad. Compartir el mismo espacio les resulta incómodo, merma su calidad de vida. En Mexicali, Tijuana y Buenaventura, 9 de cada 10 encuestados desean que disminuya la presencia del narcotráfico. En Cali 7 de cada 10 encuestados esperan lo mismo.

 

 

Pero, paradójicamente, cuando se les pregunta a los encuestados si consideran posible que el narcotráfico sea erradicado de sus ciudades, los porcentajes mayoritarios se inclinan hacia la desesperanza. En Cali, el 93% considera imposible un escenario libre del narcotráfico, en Ensenada el 90%, en Mexicali el 84%, en Tuluá el 82%, en Buenaventura el 79% y en Tijuana el 75%.

Resulta interesante que, precisamente en Tijuana, la ciudad en la que el mayor porcentaje de encuestados considera que el narcotráfico ha aumentado en su ciudad, se identifique el mayor porcentaje (25%) de encuestados que considera que es posible erradicar el narcotráfico de su territorio. La razón que dan para su esperanza es contundente: "porque los miembros de la sociedad estamos cansados". Pero a pesar de estos brotes aislados de esperanza, la mayoría de los encuestados no consideran posible que las redes del narcotráfico dejen de operar en sus territorios.

En la siguiente gráfica, se observan las razones que sustentan su percepción del narcotráfico como un problema sin solución. El principal elemento señalado por los encuestados, está asociado con el poder corruptor de las redes del narcotráfico y con sus alianzas con el gobierno y la policía. Otro elemento que se señaló constantemente por los encuestados, está relacionado con el tamaño de la red. Estos sujetos consideran que el narcotráfico vincula en sus redes a un amplio grupo de personas en sus múltiples actividades, y que el amplio tamaño de la red incide en que sea casi imposible erradicarlo.

El tercer aspecto más señalado por los encuestados es el relacionado con la demanda. El argumento es sencillo pero contundente. Mientras haya una demanda, habrá una oferta. La rentabilidad de la actividad es el cuarto aspecto más señalado por los encuestados, quienes identifican el poder social que provee el dinero. Otros aspectos señalados son la complejidad del fenómeno que hace mucho más difícil la identificación de causas y soluciones, la existencia de condiciones como la desigualdad, la pobreza y el desempleo, el poder social que ostentan las redes del narcotráfico, la naturaleza humana que implica una lucha entre "el bien y el mal", y el tiempo que se dejó avanzar el fenómeno.

 

Así, en esta gráfica se concentra el contenido de la representación del narcotráfico. Son estas ideas las que sustentan, dan forma y apoyan la persistencia del proyecto ilegal del narcotráfico. Según la teoría de las representaciones sociales, cuando una situación es percibida como irreversible, se reduce la autonomía del actor y se reduce la posibilidad de mantener representaciones contrarias al fenómeno. En otras palabras, el sentimiento de vulnerabilidad, de impunidad, consolida representaciones del narcotráfico como un problema sin solución y ante esta percepción de irreversibilidad, a la luz de la teoría de las representaciones sociales, es de esperarse que el fenómeno del narcotráfico termine por legitimarse socialmente. La construcción social del narcotráfico como ocupación aparece como un signo de este proceso.

 

Vocación para el narco

Desde un punto de vista conceptual, es arriesgado plantear el narcotráfico como ocupación. Sin embargo, en la cotidianidad de amplios sectores sociales, el narcotráfico es vivido como un mecanismo de inclusión y encarnado como una opción laboral. Mucho más arriesgado resulta plantear la existencia de una vocación para el narco. Este concepto hace referencia a elecciones personales sobre el mundo laboral basadas en los gustos, los intereses, las aptitudes. La vocación es la expresión de los valores individuales. Pero estos valores no se forman en el vacío, están referenciados en el conjunto de interacciones familiares, comunitarias y sociales en las que se desenvuelven las personas. Identificar una vocación para el narco, implica que, al menos para algunos de los integrantes de las redes transnacionales del narcotráfico, su vinculación es vivida como una disposición, como un llamado para realizar estas actividades y preferir tal contexto.

En la gráfica 7 se muestran los resultados sobre la percepción de los encuestados con respecto a la facilidad para vincularse laboralmente con las redes del narcotráfico. Se observa que 5 de cada 10 encuestados considera que sí es fácil. Esta percepción de quienes no hacen parte de estas redes, coincide con lo que reportan los sujetos entrevistados que sí pertenecen a ellas. Según sus señalamientos, los filtros para acceder e ingresar a las redes del narcotráfico, no son especialmente rigurosos. Más aún, cuando se trata de las posiciones menos lucrativas y más riesgosas. Es el caso de quienes cumplen funciones de transporte o de lo que, dentro de su mundo, designan como "funciones de seguridad". Los filtros se van haciendo cada vez más difíciles de penetrar cuando se trata de funciones más lucrativas y que requieren de mayor responsabilidad, confianza o conocimientos asociados.

 

Como se viene afirmando, las redes del narcotráfico se presentan socialmente como un campo laboral semi–abierto para quien considere tener las aptitudes necesarias. Nervios de acero, disposición para el riesgo, resultan características fundamentales para quién desee y busque integrar estas redes. Cómo se observa en la gráfica 8, las actividades ilegales del narcotráfico implican un alto riesgo para los involucrados. 9 de cada 10 considera que estas actividades son muy riesgosas. Este hecho es considerado una de las principales desventajas pero, paradójicamente, implica al mismo tiempo fuente de atracción para algunos de los integrantes de estas redes, quienes reportan una especie de "adicción a la adrenalina".

 

En la tabla anterior, se observa los elementos que los sujetos entrevistados señalan como los principales puntos de interés que los llevaron a decidir su vinculación laboral con el narcotráfico y sobre todo a mantener este vínculo. Un elemento en el que coinciden todos es en señalar que al ser parte de estas redes, tienen la posibilidad de acceder a una buena remuneración, sin pasar mucho tiempo trabajando, lo cual difícilmente pueden conseguir en otro trabajo. Incluso, para quienes realizan las funciones menos remuneradas en la red, el dinero que reciben es mayor que el que recibirían trabajando dentro de la ley. Al respecto, uno de los informantes "el güero" señala lo siguiente:

¿Qué ventajas veo? De que con suertecita en un par de meses agarro un billetón. Con suerte, ¿sí me entiende?. Digamos que cruzamos 10 kilos. Estamos hablando de chiva. Cruzamos 10 kilos ó 20 kilos nos vamos a agarrar nosotros 100, 000 dlls en 5 kilos. Y ya al cruzarla eso se vende en una semana. Y no vamos a invertir mucho, porque ahora se trabaja en cadena. Ponemos entre varios, nos arriesgamos varios. Y a la mejor poquito más. Con suerte hacemos un billetón de volada.

Las posibilidades de recreación y placer a las que tienen acceso dentro de estas redes es uno de los aspectos más señalados. También consideran motivante la posibilidad de acceder a diferentes bienes de consumo aún cuando no sean propios. Comentan que mientras están dentro de la organización no les hace falta nada y pueden consumir los recursos que deseen. También reportan un aumento en el poder social, sienten que el hecho de acceder a los recursos deseados, no sólo por ellos, sino por la sociedad en general, genera un mayor reconocimiento social.

Y, por último, los sujetos manifiestan que una gran ventaja de trabajar con el narcotráfico está referida a la posibilidad de contar con el respaldo de sujetos que, por sus redes de complicidades, efectivamente poseen un poder dentro de la estructura social en caso de que se presente alguna dificultad. En este caso, el elemento más señalado para involucrarse y mantener su vínculo con las redes del narcotráfico, es la rentabilidad de sus actividades.

 

Sin embargo, la supuesta rentabilidad del narcotráfico es una idea que debe ser matizada ya que en las redes del narcotráfico, como en otras empresas, las ganancias están concentradas en unos pocos, por lo general quienes ocupan las posiciones más privilegiadas, menos riesgosas y más lucrativas. Son los dueños de la mercancía y quienes disponen del conocimiento necesario para ocupar estas posiciones. Sin embargo, el grueso de los integrantes de estas redes quienes se dedican a la siembra, a la producción, al "narcomenudeo", al transporte, a las "labores de seguridad", al cuidado de "casas de seguridad", entre otras funciones, arriesgan mucho y por lo general no consiguen ni el enriquecimiento esperado.

8 de cada 10 de los encuestados en el Valle del Cauca y 9 de cada 10 de los encuestados en Baja California consideran que el narcotráfico es una actividad muy rentable. Esta creencia podría señalar que basta con ingresar a las redes del narcotráfico para resolver la dimensión económica. Esta creencia errónea se constituye en un elemento de persuasión que termina por atraer a grandes sectores sociales.

En otras palabras, la creencia en la "rentabilidad segura" del negocio del narcotráfico puede estar relacionado con el hecho de que grandes sectores de la sociedad empiecen a considerar esta actividad como una opción laboral válida y atractiva. Los diferentes autores que se dedican al estudio de la sociología de las profesiones, coinciden en señalar que el nivel de ingresos es un factor decisivo en el status de una ocupación, ya que generalmente cuando cierta ocupación logra asegurarse un ingreso medio mayor del de otras, esto se traduce en un aumento de su prestigio, de su influencia y por lo tanto de su poder. Dada la rentabilidad de las actividades del narcotráfico, es importante tener en cuenta este argumento al momento de analizar la relación entre el conocimiento y el poder de estas redes.

En las gráficas 10 y 11 se presentan los resultados de dos cuestionamientos que están íntimamente relacionados con el señalamiento o reconocimiento social del narcotráfico. Como se puede observar en estos ítems, las respuestas evidencian una mayor heterogeneidad. Delinean un campo representacional en disputa, en construcción. La lucha simbólica continúa, como se verá a continuación. Aunque a gran parte del conocimiento que dinamiza y posibilita el funcionamiento de las redes del narcotráfico se puede acceder de manera empírica; para contrarrestar las barreras gubernamentales, las redes del narcotráfico, en las últimas décadas, han echado mano del conocimiento científico y tecnológico sofisticando su acción.

 

 

 

Profesionalización de los "narcos" y especialización de las redes

Desde la década de 1980, años en los que se recrudeció globalmente la llamada "guerra contra las drogas",10 la persistencia de estas redes y sus estrategias para burlar los obstáculos legales a su desarrollo dejan constancia de su capacidad de innovación, competitividad y adaptabilidad. Este hecho, es especialmente observable en la transformación de estos grupos que, de ser rústicas organizaciones, se han transformado en redes especializadas con una planeada división del trabajo. Así, estos grupos han logrado tal transformación incorporando en sus listas de funcionarios a cada vez más miembros de diferentes profesiones, valiéndose del conocimiento tecnológico y científico para potencializar el éxito de sus proyectos.

En este orden de ideas, las preguntas que se proponen en este apartado, van en un doble sentido. Por un lado invitan a observar la forma en que la profesionalización de estas redes ha significado una mayor adaptabilidad y competitividad; y por el otro, se deja abierta la pregunta sobre las señales de alerta y los retos que impone este hecho, para la línea de investigación sobre la sociología de las profesiones.

Para empezar, es necesario recordar que en la sociología de las profesiones se puede observar cierto consenso al señalar la existencia de escuelas que abordan desde diferentes paradigmas la definición de una "profesión".

La primera sería la escuela definidora cuya preocupación radica en identificar las características que deben tener las profesiones. Señala, por ejemplo, que son actividades esenciales para asegurar la vida y el bienestar de los miembros de la sociedad, que ponen énfasis en el espíritu de servicio, que se anteponen los intereses de sus clientes, que requieren de un largo periodo de estudios altamente especializados, que se basan fundamentalmente en un conjunto sistemático de conocimientos, que requiere el paso por universidades o instituciones de educación superior, que gozan del derecho y monopolio de ofrecer los servicios para los que se formaron, que son autónomas, entre otras.

Como se puede observar, algunas de estas características parecen más elementos mitológicos que la descripción de la realidad. Se habla entonces de la configuración de un "tipo ideal" de profesión, aunque no necesariamente corresponda con la cotidianidad de estas. Gyarmati (1984 : 40) recuerda que:

El tipo ideal es un recurso metodológico frecuentemente utilizado en las ciencias sociales para facilitar la comprensión de fenómenos de gran complejidad y diversidad. Se aísla el fenómeno que se estudia y gracias a la observación empírica se identifican las características fundamentales. Estos elementos se presentan de forma abstracta, en estado puro.

Para otra escuela, no existen profesiones sino "grados de profesionalización", rompiendo así con la dicotomía profesión/ocupación e introduciendo la importancia del análisis del poder, como la pieza clave en los nuevos estudios sobre profesiones (Rodríguez, 1992 : 13).

Es importante recordar que al incorporar el análisis del poder en el estudio de las profesiones, se rechaza el supuesto de la negociación entre la sociedad y las profesiones ya que este enfoque se aleja del concepto global de una sociedad. Por el contrario, opta por identificar un grupo de colectividades con diversos intereses, que negocian con las profesiones:

En este sentido reconoce la existencia de distintos sectores que detentan el poder dentro de una sociedad, es decir, los que controlan al Estado, y las principales instituciones económicas, políticas y culturales: las élites estratégicas (Gyarmati, 1984 : 58).

En suma, queda clara la complejidad intrínseca de la tarea de definir lo que es una profesión a pesar de que sus características son identificadas delineando un "deber ser": como un cuerpo de conocimientos al que el público no puede acceder, que goza de mayor prestigio y remuneración que otras ocupaciones y con potencial para contribuir socialmente (Rodríguez, 1992 : 11). Un elemento que marca la complejidad intrínseca al hablar de las profesiones es señalado por Guillén (1992 : 243) cuando señala que:

Hoy en día, el mundo de las profesiones se encuentra mediatizado por un sistema capitalista en el que las grandes empresas y el Estado establecen las reglas del juego. La reproducción de las profesiones depende de dos instituciones básicas, el sistema educativo universitario (normalmente controlado también por el Estado o las grandes empresas) y las organizaciones asociativas profesionales

Pero entonces: ¿cómo favorece el proceso de profesionalización al desarrollo de las redes del narcotráfico?, ¿las redes del narcotráfico adquieren mayor competitividad gracias a su acceso al conocimiento científico y tecnológico que aportan los nuevos miembros profesionales? ¿la búsqueda de aceptación social y legitimación de su proyecto ilegal es reforzada por el hecho de que empiecen a distinguirse como redes con altos niveles de sofisticación? La respuesta que aquí se propone a estas preguntas es afirmativa.

Los profesionales usan conocimientos desarrollados por otros; conocimientos que, como ya hemos visto, se caracterizan por su complejidad, especialidad, abstracción y sobre todo, por su capacidad para orientar la acción. En este sentido, las redes del narcotráfico al ingresar a sus nóminas a abogados, arquitectos, administradores de empresas, economistas, contadores, biólogos, químicos, ingenieros agrícolas, ingenieros en telecomunicaciones, pilotos, policías, militares, entre otros, están accediendo a un interdisciplinario cuerpo de conocimientos especializados que favorecen y optimizan su desempeño y estrategia organizativa.

Abogados capaces de contrarrestar las barreras legales, arquitectos que construyen estructuras y viviendas adaptadas a sus necesidades,11 administradores, contadores y economistas, que se encargan de llevar las finanzas de sus actividades de forma organizada y sin dejar rastro, y con la difícil pero necesaria tarea de encontrar la forma de que el dinero no se vea relacionado con la droga que comercializan; biólogos y químicos que optimizan la calidad de las sustancias ilegales, con un dominio de su campo de conocimiento que les permita adaptarse a la escasez de ciertos productos controlados y buscar nuevas formas de simulación en los envíos; ingenieros agrícolas encargados de potencializar y ocultar los cultivos, ingenieros en telecomunicaciones que se dedican a la búsqueda de estrategia de comunicación fiables entre sus miembros; policías y militares que ponen su conocimiento en pro de la seguridad de estas redes. Todos estos son algunos ejemplos de la forma en que estas redes han venido especializando su acción, gracias al aporte del conocimiento de las profesiones.

Pero como dijimos anteriormente, el impacto de la profesionalización de las redes del narcotráfico, no es solamente en este sentido. Además del incremento en su competitividad y adaptabilidad por la especialización de sus actividades, dicha profesionalización ha venido a reforzar su lucha por la aceptación social de su proyecto ilegal. Al respecto Gyarmati afirma que la profesión como colectividad organizada desempeña otra función la construcción de la realidad:

[...] por ejemplo la medicina no se limita solo a la prevención y tratamiento de las enfermedades, es ella quien define lo que constituye enfermedad y salud, y los límites entre estas dos condiciones, cosa que ya no es un problema netamente técnico sino un asunto de gran envergadura social. Los profesionales del derecho a su vez, merced a sus actividades relacionadas con lo legal, moldean también lo que la sociedad define como justo y legítimo (Gyarmati 1984: 24).

Según este autor, las "verdades" que reivindican las profesiones llegan a condicionar nuestra existencia cotidiana ya que debido al elevado prestigio social del que gozan en las sociedades contemporáneas, dichas "verdades" se incorporan gradualmente al sentido común de una época.

Las profesiones ejercen una influencia preponderante sobre nuestros valores, nuestros conceptos del bien y el mal, lo que es justo o injusto, lo que es normal, aceptable, absurdo, ilusorio; en fin afectan toda nuestra forma de pensar y de sentir. Constituyen una de las fuerzas más importantes en la creación de la cultura y la formulación de imaginarios que subyacen y legitiman el ordenamiento de la sociedad y enmarcan el rol y el comportamiento del individuo dentro de ella. Desempeñan también un papel importante en la formulación de ideologías contestatarias, orientadas a promover una sociedad distinta de la que existe (Gyarmati, 1984: 24).

Finalmente, tal y como se señaló al inicio de este apartado, el proceso de profesionalización de las redes del narcotráfico envía una señal de alerta para quienes se dedican al estudio de la sociología de las profesiones. Desde este campo disciplinario ha sido recurrentes las preguntas sobre: ¿cuál es el rol que van a asumir las profesiones? ¿Hacia dónde se inclinaran en los procesos de cambio social? ¿Las profesiones serán capaces de consolidar su imagen de servicio social?

Ya se viene señalando la critica principal a las profesiones, según la cual los progresos técnicos que ellas exhiben con orgullo, pocas veces se traducen en avances sociales o en la satisfacción de las necesidades básicas de la población (Gyarmati, 1984, Gullén 1992). Adicionalmente se plantea que las profesiones están explícitamente orientadas hacia el mercado. Son organizaciones que intentan el dominio intelectual y organizativo de áreas de preocupación social (Rodríguez, 1992 : 13).

En este sentido, se considera que la profesionalización de las redes del narcotráfico debe ser identificada como una evidencia empírica de que la premisa de la orientación hacia el servicio de la sociedad, en que se basa la doctrina de las profesiones, "más que un hecho objetivo constituye una imagen de lo que las profesiones intentan proyectar como si fueran realidad" (Gyarmati, 1984, p.54). Aunque es sabido que los mitos además de legitimar los privilegios conquistados, sirven como un conjunto de aspiraciones que modelan y orientan la acción, la profesionalización de las redes del narcotráfico abre la discusión y deja abiertas muchas preguntas relacionadas con el papel que están asumiendo y asumirán las profesiones.

Rodríguez (1992: 13) afirma que sólo un sistema de conocimiento gobernado por la abstracción puede redefinir continuamente los problemas y las tareas profesionales, defenderlos de los competidores y conquistar nuevos problemas. En este sentido, en este apartado se argumentó la forma en que el acceso a tales conocimientos abstractos se ha convertido en una importante fuente de poder para las redes transnacionales del narcotráfico.

 


Notas

1. Este artículo es producto de las investigaciones en psicología social realizadas por la autora en el Centro de Investigaciones Culturales–Museo, de la Universidad de Baja California, México.

2. Un análisis más detallado de las representaciones sociales del narcotráfico se encuentra en el libro Entre la Indiferencia y la satanización. Los estudiantes universitarios y su representación del narcotráfico. Universidad Autónoma de Baja California, 2007.

3. Centro de Investigaciones Culturales de la Universidad Autónoma de Baja California y realizado gracias a una beca de investigación de la Universidad de Alicante. Coordinadora: Lilian Paola Ovalle.

4. Como criterio de selección de los informantes, estos debían haber tenido una relación laboral directa con redes transnacionales de comercialización y transporte de drogas ilegales. Dicha vinculación con el narcotráfico para todos los casos fue mayor a dos años ya que con esto se puede prever que tengan cierto conocimiento del tipo de interacciones que configuran sus redes. Igualmente, es importante señalar que se buscó que los informantes representaran diferentes niveles de participación dentro de la organización y desempeñaran diferentes roles con el objetivo de tener información relacionada con las dinámicas sociales que se presentan a partir de las diferencias jerárquicas dadas al interior de las redes del narcotráfico.

5. En el interior de las redes del narcotráfico es común el uso y la instrumentalización de la violencia para garantizar el cumplimiento de sus pactos y transacciones económicas, sin embargo existe otro tipo de violencia teatralizada cuyo objetivo trasciende la aplicación del castigo. Lo que esta violencia busca es la instauración del miedo social.

6. En México, cultivadores y recolectores de opiáceos.

7. En Colombia, personas involucradas en el cultivo, tráfico y comercio de Marihuana.

8. Personas involucradas en el cultivo, tráfico y comercio de la coca.

9. Resultan importantes los planteamientos de Cajas (2004), quien habla de la existencia de una jerga llamada "traqueñol", mediante la cual se cristaliza la representación del narcotráfico. Según este autor, del submundo de las drogas, se deriva una particular forma de expresarse que ha penetrado en amplios sectores, especialmente de la juventud. "En Cali, Medellín, Tijuana o Ciudad de México, los jóvenes se han apropiado del vocabulario traqueto.

10. Guerra liderada por el gobierno de Estados Unidos de América

11. Viviendas lujosas y opulentas con escondites sofisticados para burlar a las autoridades.


 

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