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CS

versión impresa ISSN 2011-0324

CS  no.9 Cali ene./jun. 2012

http://dx.doi.org/10.18046/recs.i9.1224 

ARTÍCULOS

 

Anarquismo y movimiento universitario en Argentina, 1935–19501

 

Anarchism and the Student Movement in Argentina (1935 – 1950)

 

Anarquismo e movimento universitário na Argentina, 1935 – 1950

 

 

María Eugenia Bordagaray

Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, Argentina eugebordagaray@yahoo.com.ar

 

Artículo de investigación recibido el 30/11/11 y aprobado el 07/05/12

 


RESUMEN

En este trabajo proponemos, en primer lugar, situar el desarrollo del movimiento libertario en la Argentina posterior a 1930 y considerar la fundación de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA) en 1935 como base para comprender las acciones y el desempeño de algunos de sus sostenedores en la Universidad Nacional de La Plata entre 1944 y 1946. En segundo lugar, analizaremos esta doble pertenencia o identidad: como universitarios e intelectuales que defienden la Reforma de 1918 en la Universidad de los años cuarenta y cincuenta, y posteriormente como opositores políticos en los primeros años del gobierno del General Perón.

Palabras clave: Anarquismo, Reformismo, Universidad, Peronismo, Argentina


ABSTRACT

This article attempts to situate the development of the anarchist movement in Argentina after 1930 and posit the founding of the Argentine Anarchist Communist Federation (FACA) in 1935 as the baseline for understanding the actions and the performance of some of its supporters at the National University of La Plata between 1944 and 1946. Furthermore, the article analyses the dual affiliation or identity of these supporters, first as university students and intellectuals who defended the 1918 Reform at the university during the 1940s and 1950s and later as political opponents of the first years of the Perón government.

Key words: Anarchism, Reform, University, Peronism, Argentina


RESUMO

Nesse trabalho propomos situar o desenvolvimento do movimento literário na Argentina posterior a 1930 e considerar a fundação da Federação Anarco–Comunista Argentina (FACA), em 1935, como base para compreender as ações e o desempenho de alguns de seus sustentadores na Universidade Nacional da Plata entre 1944 e 1946. Paralelamente, analisaremos a dupla pertencia ou identidade: como universitários e intelectuais que inicialmente defenderam a reforma de 1918 na universidade dos anos quarenta ou cinquenta; e, posteriormente como opositores políticos nos primeiros anos do governo do General Perón.

Palavras–chaves: Anarquismo, Reformismo, Universidade, Peronismo, Argentina


 

 

Introducción

La historiografía sobre el anarquismo en la Argentina ha planteado la imposibilidad de la consecución de su estudio más allá de 1930 y, al hacerlo, ha ocultado su participación en torno a sucesos históricos fundamentales (Barrancos,1991; Benyo, 2005; Del campo, 1971; López Trujillo, 2005; Suriano, 2001). Los estudios sobre el movimiento universitario tampoco han estado exentos de esa característica. En ese sentido, coincidimos con Graciano (2003) cuando plantea que

[...] son escasos los trabajos que indagan los modos de intervención, en la universidad y en la vida política nacional, de los intelectuales y científicos universitarios, principalmente de aquéllos que permanecieron en un segundo plano [...] pero que sin embargo fueron fundamentales a la hora de diseñar e impulsar proyectos intelectuales y editoriales, organizar espacios culturales, promover debates a través de la conferencia y el libro o generar programas de renovación científica del sistema universitario (Graciano, 2003: s/d).

En esta misma línea, proponemos situar el desarrollo del movimiento libertario en la Argentina posterior a 1930 y considerar la fundación de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA) en 1935 como base para comprender las acciones y el desempeño de algunos de sus sostenedores y principales militantes en la Universidad Nacional de La Plata. Nuestra hipótesis es que la participación de estos libertarios en el movimiento anarquista y en el universitario debe entenderse no sólo por el ímpetu individual de cada uno de ellos, sino que responden a una nueva estrategia de inserción del anarquismo a partir de los treinta y, al menos, hasta los años del peronismo en el poder (período en que concluimos nuestro análisis).

En segundo lugar, nos interesa analizar la actuación de los libertarios en el campo universitario y poner en tensión esta doble pertenencia o identidad: de políticos, ligados ideológicamente a un movimiento social y político; y por otro lado al grupo de los universitarios e intelectuales que defienden la Reforma de 1918 en la Universidad de los años cuarenta y cincuenta. En esa línea, algunas investigaciones, resaltan la impronta de algunas intervenciones analizadas como singularidades biográficas. Tal vez, el caso más emblemático en el anarquismo sea el de Diego Abad de Santillan (De la Rosa y Pelosi, 2006). Sin embargo, creemos que las estrategias de acción colectiva no deben pensarse como una cuestión individual que otorga relieve a algunas figuras sino que deben considerarse en la complejidad que involucra al colectivo libertario entre los años que aborda nuestro estudio.

 

La reformulación del movimiento libertario y la ampliación del sujeto interpelado

La historia del anarquismo en la Argentina remonta sus orígenes a las últimas dos décadas del Siglo XIX, momento en que aparecen las corrientes de pensamiento europeas que proponen una alternativa al sistema capitalista. Junto al socialismo, las ideas anarquistas serán motivadoras de las primeras formas de organización obrera y tendrán un fuerte protagonismo en las luchas contra la explotación en el mundo del trabajo. Pero también tendrán una influencia definitiva en los círculos culturales e intelectuales sostenidos por escritores, filósofos, docentes y ensayistas que adhieren a la causa ácrata. Sin duda, el paradigma de las ideas y de la organización anarquista es la Federación Obrera Regional de la Argentina (FORA), aunque sea significativa la multiplicidad de orientaciones que tuvo el anarquismo rioplatense. En general y para todas las corrientes libertarias, la apelación a la revuelta social y la propuesta de un ''orden nuevo'' (anti estatista y opuesto a las estructuras tradicionales de organización social y familiar) les valió rápidamente la persecución policial, la cárcel y la deportación hasta fines de la década de los veinte. Y el golpe militar contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen en 1930 pareció ser el momento exacto en que el anarquismo dio sus últimas batallas.

La historiografía ha analizado la imposibilidad de conciliar intereses que existieron entre las diversas tendencias del anarquismo en el Río de la Plata (individualistas, anarco–comunistas, anarco–sindicalistas, etc.). Particularmente, se ha enfocado la discusión en torno a la incongruencia político–ideológica que implicaba crear una organización entre quienes se oponen a cualquier tipo de determinación orgánica para sus acciones y las dificultades para sostener el ideario ácrata en el escenario político y social post golpe militar al gobierno de Hipólito Irigoyen de 1930.2 Si bien el golpe implicará el desbaratamiento del anarquismo tal como se lo conocía hasta entonces,3 la creación de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA) en el año 1935, representa un cambio en las estrategias organizativas del anarquismo en la Argentina. De acuerdo con lo planteado por los militantes anarquistas Jacobo Maguid y José Grunfeld con la creación de la FACA se intentará construir un movimiento que comenzará por reconocer los desaciertos que habían llevado a la crisis libertaria:

La dictadura quebró el poderío de sindicatos y núcleos hasta entonces considerados casi imbatibles. Había que prepararse para reiniciar la actividad en un futuro cercano. Así fue como [...] preparamos y realizamos una serie de reuniones, con un temario muy amplio, con relatores sobre cada tema, con debates y acuerdos bien precisos (Cimazo, 1995: 26).

Asimismo, ellos coinciden en que se hizo necesaria una reflexión sobre el papel que habían cumplido las diferencias internas en ese deterioro y se propuso tomar en cuenta los puntos de unidad más que los de desacuerdo. A partir de allí, se proponían establecer una nueva agenda en el escenario posterior al golpe militar de 1930. Los temas centrales a tratar en esta nueva etapa serían: el movimiento obrero, los medios de propaganda, los problemas del campo, las iniciativas populares, la educación y el aporte de la juventud.

A partir del año 1932, y como parte de las resoluciones del Segundo Congreso Regional Anarquista, comienza a debatirse profundamente acerca de la necesidad de la creación de una ''organización'' anarquista que aglutine a las diferentes vertientes en que se manifiesta el colectivo. En 1935 se realiza en el Congreso en el que se constituye la FACA en La Plata, las diferencias ideológicas y organizativas fueron tema permanente de debate. Las voces que se expresan allí provienen, fundamentalmente, de los representantes de ciudades (Capital Federal, La Plata, Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata, y algunas localidades más pequeñas como Pergamino, General Pico y Tandil, entre otras). éstas cuentan con tradición previa de militancia, lo que posibilita establecer la persistencia de núcleos de acción anarquista anteriores al golpe militar de 1930 (López Trujillo, 2005). Otros delegados representan instancias de organizaciones que aparecen con el nombre de comités de zona, comités de relaciones o comités regionales al mismo tiempo que se registran agrupaciones denominadas sólo por números.4

Durante la asamblea, el debate discurrió entre dos propuestas. Una de las propuestas es que la FACA no realice acciones conjuntas con ningún partido político ni participe en los frentes populares.5 Los frentes populares son, de acuerdo con lo sostenido en las actas de esta asamblea, organizaciones que responden a los partidos políticos tradicionales. La segunda propuesta no desestima la actuación en los frentes de masas que se consideran agrupamientos con fines puntuales o específicos (comisiones en contra del agio, cooperativas de producción y de trabajo, entre otras), en los cuales es posible la participación directa de cada uno de los miembros; siempre con cautela de no acercarse a la lógica política partidaria. Según la lectura de los libertarios, los frentes de masas interpelan a la ciudadanía en clave apolítica, aunque los fundamentos sobre los que el anarquismo aspira a construir su propuesta revolucionaria tienen como objetivo de máxima la ''insurrección de las masas oprimidas, la expropiación de los capitalistas y la destrucción del estado'' (López Trujillo, 2005: 249). El nuevo régimen social se basaría en los sindicatos de oficio, de industria, campesinos, comunas, cooperativas y consejos, los cuales consideran que, en la nueva construcción social, evitan la imposición de cualquier tipo de centralidad y jerarquía política. Una estructura federativa –organizada, fundamentalmente, aunque no exclusivamente, por la relación con el mundo del trabajo– aparece como modelo de organización frente al de las jerarquías de los partidos tradicionales de izquierda.6

No obstante, aparecen otras posturas que logran imponerse como hegemónicas en la coyuntura de los treinta. éstas son aquellas voces que apuestan a ampliar el sujeto al que interpela el anarquismo. Ya no serán solamente el obrero o el pobre, sino que aspira a convertirse en portavoz tanto de aquellos como de intelectuales, profesionales, estudiantes, mujeres y todos aquellos que se opongan a la tiranía y al fascismo. Debemos reconocer que esta orientación del anarquismo tiene una clave doctrinal y no responde solamente al devenir histórico político argentino, en cuanto a que la apelación no fue nunca directa y exclusivamente al obrero; aunque según el momento puede quedar subsumida en esa relación. Suriano marca que:

[...] para la constitución del sujeto social, la doctrina libertaria ponía énfasis no en determinadas relaciones con los medios de producción sino en las formas de la opresión. [El anarquismo] poseía, en términos generales, una dimensión moralista y universalista que la llevaba a superar la perspectiva de clases e interpretar el fenómeno capitalista en términos diferentes al marxismo [...]; la causa de la división social no se hallaba sólo en el régimen de propiedad y salarios, sino también en la enorme distancia cultural entre los sectores sociales (Suriano, 2002: 167).

De allí, la importancia de la acción cultural para el movimiento libertario resultante de la fundación de la FACA y –en nuestro caso– la posibilidad de situar doctrinaria y colectivamente las biografías de aquéllos que participaron en el escenario político universitario sosteniendo el ideal libertario.

A partir de 1940, posterior a la participación de muchos de sus militantes en España, en la FACA se iniciaron los debates en torno a los problemas de organización de cara a la coyuntura nacional. La caracterización del totalitarismo como fuerza hegemónica e inevitable teñirá todas las manifestaciones de la organización, desde los años de la guerra de España hasta bien entrados los cincuenta, permeando incluso sus análisis sobre el peronismo. El golpe de estado de 1943 no sólo representará la materialización de estos temores. Según su interpretación, la crisis nacional y mundial es consecuencia de la crisis estructural del capitalismo y de las democracias burguesas. Por ello, un ''cuartelazo'' al estilo nazi–fascista como el del 4 de junio parecía ser la consecuencia esperada en el marco nacional, pues

Discípulos retardados del totalitarismo foráneo, imitan su estridente y corruptora demagogia obrerista, su seudo anticapitalismo, su antiliberalismo efectivo, su discriminación racial. Incluso han incubado un grotesco imperialismo argentino, llevando la triste parodia hasta una tentativa de militarizar la nación [...] En el orden cultural y educacional han dado auge a un clericalismo desorbitado que pretende llevar al país a la época de la inquisición (FACA, 1944: s/n).

La amplitud del espectro sobre el que el fascismo criollo ejerce su poder llevó a los faquistas a interpelar a todos aquellos que de una u otra manera lo sufrían. Precisamente, la intervención militar en la Universidad y en las cuestiones educativas será motivo para que aquellos sectores que bregan por la autonomía de la institución (entre los que se encuentran los universitarios libertarios) se movilicen colectivamente, interpelados por la defensa de lo estatuido por la Reforma Universitaria de 1918.7

 

Arquistas ''reformistas'' en la UNPL

El 28 de julio de 1943, el nuevo gobierno nacional presidido por Pedro Ramírez, interviene la Universidad Nacional del Litoral, alegando en el decreto N° 3953, ''que la infiltración de elementos extraños al ambiente estudiantil y al abuso que crea el catedrático su propia función presiona sobre el común del alumnado extraviándose su criterio'' (Califfa, 2010: 65). Allí se instalará el ultrarreaccionario Jordán Bruno Genta –escritor, filósofo y docente ultracatólico asesinado en 1974– como interventor. También, casi al mismo tiempo, es intervenida la Universidad Nacional de Cuyo colocando al frente de la misma a un integrante de la Acción Católica. Estos dos hechos definieron la oposición universitaria platense al régimen militar. Alfredo Palacios, hasta entonces presidente de esa casa de estudios, se negó al pedido de las autoridades de dejar cesantes a quienes habían firmado la Declaración sobre democracia efectiva y solidaridad Latinoamericana a través de la cual se expresaron quienes se opusieron a aquellas intervenciones. El 2 de noviembre del mismo año son intervenidas, por decreto, todas las universidades, mientras Gustavo Martínez Zuviría –escritor y político reconocido por su antisemitismo y por adherir al franquismo– asume como nuevo Ministro de Instrucción Pública. Al mismo tiempo se ilegaliza la Federación Universitaria Argentina y son disueltos los 50 centros de estudiantes y las cinco federaciones estudiantiles existentes, de la mano del encarcelamiento de muchos de sus dirigentes.

Cada una de las corrientes ideológicas y políticas existentes en las universidades parten de concepciones diversas sobre la universidad, el rol de los estudiantes universitarios en la sociedad y los fines políticos de su participación. No obstante, con el discurrir de los acontecimientos, el grupo de docentes, graduados y estudiantes –organizados para responder a la violenta intervención ''socavadora de derechos'' adquiridos en el 18– construye un repertorio discursivo y de acción colectiva claramente definido por la defensa de los valores de la universidad ''reformista''. Las motivaciones de la acción colectiva estarán definidas por las cuestiones que los unían. Fundamentalmente, la apuesta por la enseñanza laica, el reclamo por la autonomía del gobierno universitario y la libertad de cátedra así como la identificación del gobierno de facto con el fascismo. En tiempos en los que la actividad político–partidaria estaba vedada, la participación en la lucha por el reformismo representó para muchos de sus protagonistas la posibilidad de incidir en el destino de la Argentina. Según Graciano,

[...] los meses de septiembre y octubre de 1945 no sólo resultaron aquellos en los que la crisis política nacional alcanzó su momento de mayor gravedad, sino que su singularidad fue encauzarse en gran medida, a través del conflicto que enfrentaba al gobierno nacional con las universidades. [...] El cuerpo universitario estuvo de ese modo comprometido con todas las iniciativas destinadas a derrocar al gobierno y conseguir una salida política en estos meses y los intelectuales socialistas y anarquistas intervinieron activamente en ellos (Graciano, 2008: 303).

En ese contexto, nos interesa señalar que las ideas libertarias sobre el rol de la universidad tenían sus particularidades. A diferencia de aquellos sectores (como el socialismo y el radicalismo) que pensaron la universidad como núcleo de acción fundamental para intervenir en el escenario político, democrático y electoral, para los libertarios, en un plano doctrinario ésta representa el lugar desde donde se construye la nueva sociedad libre. Se prioriza aquí la idea de ''isla'' como característica positiva de la institución, como lugar de autonomía desde donde es posible establecer el cooperativismo como forma de organización. Según José María Lunazzi, anarquista, miembro del movimiento libertario y docente universitario, en las universidades

[...] a los ponderables recursos humanos se agregan la posición de elementos científicos y de bienes inmuebles, en los cuales se desarrolla hoy una limitada acción experimental e investigación pura y aplicada; esos medios y esos establecimientos se hallan en las mejores condiciones para convertirse en verdaderos talleres cooperativos que comprendan tanto la producción de obras de arte como bienes para la salud y la vivienda (Lunazzi, 1979: 46).

Según esta interpretación, la Universidad es el lugar desde donde se construye el contra–poder, pero la diferencia con otros espacios privilegiados por los libertarios en esa construcción (por ejemplo, las fábricas, las asambleas, la familia, las asociaciones profesionales, etc.) es la formación científica, las personas altamente capacitadas y formadas en la ciencia son la cuestión fundamental y particular. Estas ideas reflejan la persistencia y el fuerte arraigo del componente cientificista e iluminista en las ideas anarquistas en la Argentina (Barrancos, 1996).

Con respecto al cooperativismo, el impulso más significativo fue el del ingeniero Aquiles Martínez Civelli, quien además de desempeñarse como docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata, fue responsable y fundador de numerosas cooperativas eléctricas a lo largo y ancho de todo el país. Resulta relevante su concepción sobre el rol de las cooperativas y la posibilidad que ellas representan en pos de la construcción de una nueva sociedad: la cooperativa eléctrica, en este caso, representa ''[...] una forma de nacionalización de este servicio público sin estatización; una manera de nacionalizar sin burocratizar, creada espontáneamente por el pueblo)'' (Martínez Civelli, 1943: s/n).

Asimismo, las raíces provinciales de cada una de las universidades (como la de Córdoba, la del Litoral, la de Buenos Aires y La Plata) representan la posibilidad de construir una estructura federativa sobre la que diseñar la nueva sociedad: ''[...] las universidades, enhiestas en su autonomía, han promovido verdadera interrelación de bases y un federalismo argentinista abierto en plenitud a todos los hombres y a todas las corrientes del pensamiento'' (Lunazzi, 1983: 24).8

Además, el movimiento libertario posee otras motivaciones para participar en el campo universitario. Las disposiciones de la organización que los nuclea –la FACA– serán determinantes para comprender su participación allí a partir de 1943. Por ello, resulta interesante establecer la sincronía entre las disposiciones orgánicas, las apreciaciones de la prensa faquista y las actuaciones particulares de los libertarios en los sucesos de la universidad. Inmediatamente después del golpe militar de junio de 1943, aparece una crítica de los anarquistas a las corrientes políticas como el Partido Socialista y Acción Argentina. Se evalúa como tibia su denuncia al nuevo gobierno militar y su retardo en pronunciarse en contra de lo que para ellos representó la instalación definitiva del nazi–fascismo en el espacio nacional (Acción Libertaria, 1943, N° 46). Sin embargo, a pesar de esta crítica al socialismo, debemos reconocer también que, paralelamente a su participación como miembro de la FACA, estos universitarios vienen actuando junto al socialismo en el ámbito académico desde la década de los treinta, tanto en la Universidad Popular Alejandro Korn, como a través de la obtención de cargos docentes y de investigación durante los años de la presidencia de Alfredo Palacios en la Universidad de La Plata (1941–1943).9

Los argumentos de la FACA giran en torno a que, frente al avasallamiento por parte del Estado, las posibilidades de lucha y de acciones conjuntas entre todos los que conforman la comunidad universitaria es muy alentadora. La apuesta es fundamentalmente por el movimiento estudiantil: ''[...] La Universidad puede oponer una eficaz barrera a los enemigos de su autonomía y libre desenvolvimiento. Todo depende de la posición que adopte la juventud, de su disposición combativa, de su espíritu de consciente rebeldía'' (Acción Libertaria, 1943, N° 46: 2).

A partir de 1944, la resistencia se entiende como el intento de frenar el avance de ''las fuerzas opresivas'' del régimen, ello sin abandonar el objetivo fundamental de la lucha que es el cambio social:

[...]Sin dejar de reivindicar con carácter inmediato las libertades públicas inmediatas, relacionamos la actual lucha reivindicatoria, con la más profunda, trascendental y creadora, que libran las masas oprimidas de todo el mundo contra las fuerzas del privilegio económico y de la opresión política en sus diversas formas. Hay que llevar al pueblo de este país la firma convicción de que el derrumbe de la dictadura actual es solo una cuestión previa y un paso adelante hacia una verdadera emancipación económica y social (FACA, 1944: s/n).

En febrero de 1945, un decreto da por finalizadas las intervenciones y la presencia católica en los planes de estudio, como parte del proceso ''normalizador'' encabezado por Farell.10 Sin embargo, y no conformes con ello, las universidades y los estudiantes exigían las elecciones presidenciales urgentes. En ese momento se conforma una Junta Superior Universitaria, integrada por los seis rectores nacionales y el presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA).11 La Universidad de La Plata será uno de los centros que enarbolará ese reclamo.12 Allí, la intervención normalizadora elegirá como presidente a Alfredo Calcagno (dirigente radical) y al ingeniero Aquiles Martínez Civelli como vicepresidente.13

De la mano de esta nueva inclusión de los reformistas, todo el espectro universitario participa de la ''Marcha de la Constitución y la Libertad'' el 19 de septiembre de 1945, en la que el arco opositor reclama la caída del Ejecutivo bajo el lema: ''El Gobierno a la Corte'' (Luna, 1973). La Universidad de La Plata participa activamente y, poco tiempo después, el presidente Calcagno es detenido junto con varios consejeros superiores, acusados de participar del intento de golpe militar del 8 de octubre de 1945, contra Farell y su vicepresidente Juan Domingo Perón. La UNLP es clausurada y el edificio central, saqueado. En respuesta a esas acciones, el Rectorado es ocupado por docentes y estudiantes, teniendo los universitarios libertarios un papel fundamental.

 

Intelectuales, anarquismo y reformismo

Resulta muy interesante el hecho de que gran parte de las nuevas autoridades a cargo de las universidades durante la intervención tuvieran también una abierta y explícita afinidad con el movimiento y las ideas libertarias: en la dirección universitaria de 1945, 4 de los integrantes del gobierno tripartito autonombrado por los universitarios platenses, son libertarios.14 Más allá de la importancia de lo acontecido durante los 12 días que duró la toma, nos interesa aquí destacar las percepciones y los análisis tanto de Martínez Civelli, vicepresidente a cargo durante el encarcelamiento como de Calcagno, como de José María Lunazzi, representante de los graduados.15 Es allí donde podemos analizar su doble pertenencia: al grupo de los universitarios reformistas y al movimiento libertario.

En los discursos analizados, es posible establecer algunas relaciones muy significativas entre los universitarios libertarios a cargo del gobierno de la universidad, a partir de pensar qué elementos de su pertenencia libertaria están o no presentes.

En primer lugar, la apelación a la movilización de los estudiantes y de la juventud universitaria es muy significativa, teniendo en cuenta el lugar que el anarquismo les otorga en la lucha por la libertad frente a las fuerzas totalitarias y la confianza que depositan en su dinamismo y audacia contra las estructuras establecidas. De la mano de este dinamismo de las luchas estudiantiles, es evocada la Reforma del 18, como proceso aún inconcluso del cual este grupo de universitarios (estudiantes, graduados, docentes) forman parte. Lunazzi refiere que aquel movimiento, que continúa en la actualidad, es y fue una ''revolución de la inteligencia'' (Lunazzi, 1945: s/n).

En los dos discursos analizados, Alfredo D. Calcagno es la figura que sin lugar a dudas los representa. Sin embargo, no es casualidad que solamente se lo interpele como docente, en su calidad de educador, universitario e intelectual y no se evoque la participación política de este importante dirigente radical. Ello porque, como ya lo hemos apuntado anteriormente, la política partidaria no es la que reclaman los universitarios libertarios. Reivindican la participación política pero rechazan la política electoral. Según Lunazzi, refiriéndose al público universitario que presencia su discurso, los universitarios:

[...] tenemos posición en las corrientes sociales del país –con o sin vistas electorales– ; los que no, podrán decidirse mañana por lo conocido o por lo a conocer. Pero eso será pasando este jardín a la vereda [...] Somos si, un gremio con derechos y aspiraciones. [Los militares] no tiene que meterse en política[...] La universidad tampoco; y ella no se mete (Lunazzi, 1946: s/n).

En tanto Martínez Civelli, refiere que si bien hasta ese momento todo el grupo de los universitarios ha trabajado en conjunto de acuerdo a un programa ''mínimo basado en las coincidencias máximas'', como son ''[...] la recuperación del mecanismo de la democracia y la libertad; el respeto de los principios de convivencia[...]'' (Martínez Civelli, 1946: s/n); representan en realidad principios generales que no concluyen inevitablemente en una construcción política con fines electorales. Es aquí, precisamente, donde el mensaje libertario tiñe el discurso del ingeniero pues refiere que cada corriente e ideología tendrá su propio fin para la lucha que emprenden: ''Cada corriente debe exponer su plan máximo como elemento de la síntesis que resolverá la crisis. Cada agrupación responsable debe decir, no sólo qué principios, qué estructura y qué mecanismo defiende, sino también qué uso se propone hacer de todo ello'' (Martínez Civelli, 1946: s/n). Lunazzi lo proclama de manera más contundente: la apuesta será por una ''democracia real''. Como proyecto político general debe votarse en la comisión obrera, en la delegación estudiantil, en la representación universitaria.16 Como vemos, el escenario político electoral queda fuera de estos ''nidos de democracia'' esperables para el movimiento libertario. El escenario político posible frente a la convocatoria a elecciones, representa el momento de fractura del movimiento universitario reformista. Los anarquistas no apoyarán a la Unión Democrática, frente multipartidario formado de cara a las elecciones y como oposición al peronismo.17

 

Intelectuales libertarios en los comienzos del gobierno peronista

El triunfo de Juan Domingo Perón, en febrero de 1946, conlleva una nueva intervención de las universidades nacionales. Ello afectó a un amplio espectro político de universitarios y profesionales. Según afirma Flavia Fiorucci ''el alejamiento de la vida intelectual y cultural de la tutela del Estado significó que los intelectuales se aglutinaron en otros ámbitos'' (Fiorucci, 2001: s/n). En el caso de los universitarios libertarios que fueron protagonistas en el período inmediatamente anterior, todos fueron expulsados durante esta nueva intervención.18 El triunfo de Perón representó para la FACA la implantación definitiva del fascismo en el país, pero ya no como fenómeno aislado sostenido por un grupo de militares aduladores del clero –como habían evaluado al gobierno anterior– , sino con un fuerte anclaje y aprobación popular. Sobre este reconocimiento del anclaje popular del peronismo, los anarquistas pensarán la clave para las nuevas estrategias organizativas y los proyectos culturales. Las publicaciones Reconstruir y Revista Americana de Educación (RAE) surgen como propuesta para resistir los embates del ahora ''democrático'' gobierno peronista y para sumar nuevos adherentes a la causa libertaria. Con más ahínco, la militancia libertaria será en clave de propuestas culturales y políticas que tendrán como objetivo el llamamiento a amplios sectores de la población que no adhieren al peronismo, pero que tampoco se definen por una propuesta de izquierda. Es aquí donde participarán activamente los libertarios expulsados del sistema universitario.

Reconstruir es una publicación periódica cuyo primer ejemplar aparece en la primera quincena de junio de 1946. Se editan 90 números hasta junio de 1959, momento en el cual cambia de formato y se convierte en revista que se publica hasta marzo de 1976. Más allá de su heterodoxia en cuanto a la línea editorial, los temas presentados (actualidad en los sindicatos, conflictos obreros, las lecturas de los teóricos tradicionales del anarquismo que proponen desde sus páginas, entre otros), nos hace pensar en una continuidad implícita con las diferentes corrientes dentro del faquismo. A ello se le suma la participación de personalidades históricas tanto de la FACA como de otras ramas anarquistas, como colaboradores ocasionales o quienes sostienen el proyecto editorial. Podemos citar a Luis Dannussi, Jacobo Maguid, José Grunfeld, Rafael Grinfeld, Juan Lazarte, Diego Abad de Santillán, Carlos Bianchi, José María Lunazzi, entre otros colaboradores.

Si bien aquí no nos proponemos un análisis pormenorizado del periódico, es posible elaborar algunas consideraciones generales en torno a la mirada libertaria sobre la realidad nacional. La aspiración a una amplia llegada en materia de lectores está representada en las diferentes secciones. En la tapa, aparecen frecuentemente editoriales en los que se denuncia algún ''atropello'' del Estado peronista o noticias del orden nacional. También se hace referencia a la realidad de países europeos. Si bien varían a lo largo de los años, existe una página dedicada a la juventud y al movimiento estudiantil y universitario, de la que analizaremos brevemente su contenido. Otra página está dedicada al movimiento obrero, los sindicatos y las luchas llevadas adelante por los trabajadores embanderados bajo el anarquismo. Las notas de arte, novedades literarias y cine tienen un extenso lugar y es la única sección que se mantiene de manera inalterable, incluso ganándole espacio a la página escrita por mujeres y dedicada a las mujeres (Bordagaray, 2011b), Precisamente, el tono ''pedagógico'' y educativo que se percibe en los escritos, representa la apuesta a un público amplio de lectores, que no puede resumirse sólo a quienes tienen afinidad con el ideario libertario.

En el espacio dedicado a la cuestión universitaria, el movimiento estudiantil y la educación prevalecerá el aporte de los citados docentes libertarios excluidos del sistema educacional estatal. Un espacio privilegiado de la publicación está destinado a la denuncia del rol de la Iglesia católica argentina en la educación y en el sistema político democrático. Según entienden, el apoyo eclesiástico a Perón fue fundamental para su triunfo en las elecciones presidenciales. A cambio, Perón habría entregado el sistema educativo a la Iglesia, incluso las universidades.

El clero ha contribuído al triunfo del hombre repudiando por lo más esclarecido de la conciencia política del país. Ha sido consecuente con la simpatía disimulada o franca –según las circunstancias– con que saludó al nazismo. ¿Cuál es el precio de este apoyo de la iglesia católica al encubrimiento del coronel Perón? Acaso la entrega de toda la enseñanza oficial a su total control e inspiración de su rumbo. Aún más grave resulta la intromisión de la iglesia católica en el plano pedagógico, puesto que la enseñanza en manos de monjas y sacerdotes implica la pérdida segura de la calidad en los contenidos y la enseñanza (Reconstruir, 1946, N° 5: 5).

Sin embargo, y como característica particular y estructural del anarquismo como doctrina, la posibilidad del cambio o al menos de la resistencia es la participación dinámica y responsable de los padres y de la familia en el proceso educativo (Bordagaray y Ledesma Prietto, 2011). En un plano más amplio, de resistencia al acaparamiento por parte del Estado ''totalitario'' encabezado por el peronismo y como estrategia de construcción de una sociedad alternativa, Lunazzi propone la organización sindical de las profesiones liberales para recuperar los espacios de los que han sido expulsados (como los médicos del sistema sanitario, los docentes del sistema educativo, los ingenieros, abogados, etc.) y reclama al ''movimiento obrero'' que haga suya la causa de la ciencia y el arte. Porque el advenimiento de una nueva sociedad no es posible sin un cambio cultural, el que lleva a científicos, artistas y profesionales como sus motores (Lunazzi, 1946). Y la apuesta aquí por parte de Lunazzi no sólo se limita a la denuncia de una situación desfavorable para aquellos sectores expulsados de los organismos estatales por parte del peronismo, sino que también propone esa construcción paralela en conjunto, similar a lo que observamos anteriormente en los tiempos de participación pública en la Universidad.

Juan Lazarte,19 en un acto realizado en Rosario por la Junta para la Defensa del Laicismo y de la Libertad de Creencias, señalaba que la enseñanza de la religión católica en las escuelas ''provoca un choque absurdo entre los conocimientos que otorga el progreso de las ciencias, de las artes y de la cultura, y los preconceptos y supersticiones religiosas'' (Reconstruir, 1946, N° 10: 8). Las denuncias hacia la implementación de la enseñanza religiosa se exacerbaron a partir de 1947, año en el cual se sanciona la ley. Pero en el primer año de publicación de Reconstruir, las actividades llevadas adelante por el catolicismo para lograr la efectivización de la ley, también fueron registradas. Un ejemplo de ello, es la noticia sobre la realización del congreso de la Juventud Católica, al que titulan Congreso de la decrepitud, cuyos fines serían fomentar la intolerancia religiosa, imponer la catequización en las escuelas, obtener subsidios para la iglesia y convencer a la juventud de ''que la mayor y mejor diversión es concurrir a la iglesia'' (Reconstruir, 1946, N° 5: portada).

Desde la mirada de los anarquistas del periódico, el peronismo fue visto y homologado a los fascismos europeos y Perón fue identificado con las figuras de aquellos regímenes. La sanción de la obligatoriedad de la enseñanza religiosa, era para los libertarios, una de las tantas coincidencias que veían en el peronismo con los regímenes totalitarios europeos. En especial con el régimen franquista, que había dispuesto la enseñanza religiosa en las escuelas primarias en 1945 (Agullo Diaz, 1990). Para el anarquismo como para la mayoría de los grupos y partidos políticos opuestos al peronismo (de izquierda y de tendencia liberal), la lucha contra la ley se volvió bandera de la lucha anti–fascista. De este modo señalaban que '' ahora por ley, ahora autorizados por el contubernio grotesco de nacionalistas, adeptos de la Acción Católica, laboristas y ''obreros'' de nueva conciencia –piedras del adefesio totalitario que tiene en la cúspide al ''conductor''– atacan lo que es el fruto maestro, esperanza nuestra''. La enseñanza religiosa era contraria a los fines perseguidos por los ácratas, ya que buscaba ''[...] hacer muñecos, esclavos, hombres y mujeres domesticados, inhibidos para la vida libre, para la lucha por la libertad'' (Reconstruir, 1947, N°13: 1).

El apoyo al movimiento estudiantil es otra de las cuestiones que tienen relevancia en la publicación. Y puntualmente la descripción casi diaria de los acontecimiento de la universidad platense. Al menos en los primeros 10 números de la revista, la mención es permanente y no sólo refiere a la lucha de los estudiantes de los colegios y de las facultades, sino a rescatar fundamentalmente la figura de Grinfeld como paradigma de docente (y de intelectual libertario) expulsado del sistema educativo por parte del gobierno peronista (Reconstruir, 1946, N°5).

Nos interesa aquí, al menos evocar la creación de otro proyecto editorial importante para comprender las agencias ácratas en tiempos del peronismo. La Revista Americana de Educación (RAE), fundada y dirigida por José María Lunazzi y cuyo primer número data de septiembre de 1946. Se extendió hasta el año 1949 contando con 12 números en su totalidad. Además de temas de actualidad educativa, es posible encontrar allí el aporte de un sinnúmero de especialistas e intelectuales de todas las banderías políticas, nacionales e internacionales, y una fuerte presencia de las ideas libertarias en la línea editorial impuesta por Lunazzi. Resumidamente, destacamos los aportes de Rafael Grinfeld, puntualmente la convocatoria en el número 2 de la revista, a un Congreso Científico por la Paz Mundial. La apuesta es a una reunión de matemáticos, químicos, ingenieros, etc., que puedan establecer acuerdos para la lucha contra la guerra cuyo máximo y peor exponente es la creación de la bomba atómica. Y son los hombres de ciencia, según Grinfeld, quienes deben dar el aporte fundamental para esa resistencia. El fin último es crear un organismo internacional de investigaciones científicas que impongan el deber de no colaborar con la creación de bombas atómicas en sus respectivos países (RAE, 1946, N° 1). Por cuestiones de espacio, no profundizaremos aquí en el análisis de esta revista, pero apostamos a lograr establecer las vinculaciones entre intelectuales libertarios, su participación política y el desarrollo profesional. Porque precisamente fue José María Lunazzi, quien sostuvo otro de los modos de organización que presenta el movimiento libertario en los años del peronismo: la Unión Socialista Libertaria de La Plata.

Las Uniones Socialistas Libertarias (USL) surgen en México, alrededor del año 1932, como fenómeno organizativo propuesto por el anarquismo mexicano, pero con la intención de representar un frente de resistencia cultural frente al fenómeno fascista en clara expansión en el continente europeo (FACA, 1951). Allí tuvieron la adhesión de renombrados teóricos marxistas y de miembros del Partido Comunista Mexicano. En palabras de la organización local, éste fue el modelo organizativo a seguir, pensando en la realidad argentina del año 1946 y reconociendo la poca adherencia de las masas populares al anarquismo (menos aún a la organización libertaria) (FACA, 1951). Entre marzo y junio de 1946, se crean la Unión Socialista Libertaria de Rosario, la USL de La Plata y la USL de Capital Federal. A pesar de que se presenten como agrupaciones independientes y sin ninguna relación orgánica con la FACA, hemos comprobado que los miembros fundadores de las USL son históricos militantes faquistas: Ana Piacenza y José Grunfeld fundan la de Rosario, Herminia Brumana de la USL de Capital Federal, Jacobo Maguid, David Kraiselburd y Lunnazzi en la Universidad de La Plata. En las actas declarativas éstos vierten opiniones compartidas sobre la propuesta constructiva que representan. Incluso la declaración de principios de la USL de La Plata será exactamente reproducida por el manifiesto constitutivo de la de Capital Federal. Internamente, cada una de estas uniones, se organizaba en comisiones de trabajo. Al mismo tiempo, aparecen las Uniones de Mujeres Socialistas Libertarias. Son agrupaciones exclusivamente formadas por mujeres, con una agenda particularmente centrada en los reclamos históricos de las mismas y, a su vez, reformulando los históricos postulados de las libertarias.20

No es posible hacer generalizaciones sobre la naturaleza y la actuación política concreta de estas agrupaciones. Si bien, por un lado, todas tienen el mismo origen porque parten de la propuesta de la FACA, las diferencias internas son muchas. Estas divergencias llevan, por ejemplo, a que la FACA se desvincule en el año 1948 de la USL de Capital Federal, pero reconozca positivamente lo actuado por la USL de Rosario. Ello habla de la heterogeneidad en cuanto a los elementos que las conforman y a las intervenciones y los vínculos con los demás sectores de la oposición al peronismo.

 

Consideraciones finales

La reformulación del movimiento anarquista y la renovación en sus filas vino de la mano de una apuesta por la heterogeneidad de miradas y por la flexibilidad en las acciones de quienes sostenían las ideas y la organización. La apelación a nuevos sectores sociales, no únicamente ligados a los explotados económicamente por el capitalismo, significó la posibilidad de que intelectuales y profesionales libertarios pudieran al mismo tiempo desarrollarse personalmente en los ámbitos de su especialidad, mientras actúan políticamente en la Universidad y sin perder los lazos orgánicos con la FACA. La diferencia entre los universitarios libertarios y el resto de los que conformaron el grupo de los reformistas es política, no intelectual ni científica. En conjunto, los anarquistas se definieron en contra de una salida democrática cuando todo el arco de los universitarios opositores al peronismo opta por el apoyo a la Unión Democrática. Cuando los universitarios socialistas y radicales proyectan su participación política usando como plataforma su trayectoria en la oposición universitaria al régimen militar que gobierna desde 1943, Lunazzi, Bianchi, Martínez Civelli y Grinfeld retomaron su participación en el movimiento libertario y sostuvieron las propuestas culturales para revitalizar el movimiento libertario en tiempos de resistencia al peronismo en el poder.

Por otro lado, coincidimos con Fiorucci cuando afirma que la ''privatización'' de los ámbitos letrados y académicos en tiempos del peronismo en el poder ''produjo indirectamente un boom de la vida intelectual'' (Fiorucci, 2001: s/n). En el caso de los intelectuales libertarios, esta apuesta no fue sólo por la ''alta cultura'' o la despolitización de sus proyectos editoriales y publicaciones. La diferencia entre los intelectuales que describe Fiorucci y los de Reconstruir y RAE, es que su apuesta crítica también fue política. Y queda aquí de manifiesto que la crítica cultural permitía una serie de sutilezas y licencias, que precisamente fueron utilizadas por los intelectuales anarquistas en sus intervenciones en los proyectos editoriales que hemos analizado. Por otro lado, nos resulta al menos problemática la idea de ''alta cultura'', cuando los aportes de estos intelectuales libertarios tienen más que ver con la aplicación práctica y la intención de que sus conocimientos tengan una utilidad social, que llegue a los oprimidos para lograr la transformación social, con el cultivo de las buenas y bellas artes para regocijo del pueblo no peronista.

Sin duda, en este trabajo hemos profundizado en una de las tantas y posibles líneas de investigación que tiene al anarquismo como objeto de investigación. Visibilizar la participación política del movimiento libertario en la Argentina con posterioridad a la década de los treinta implica abrir un amplio abanico de posibilidades para futuras investigaciones y cuyos abordajes se ubican aún en un estadio muy incipiente. Entre gran cantidad de posibilidades, podemos destacar la participación de la FACA en el movimiento obrero a partir de 1943 y durante los años que se extiende el primero y segundo gobierno peronista; la participación gremial de los profesionales libertarios (por ejemplo entre los médicos o los ingenieros); en el movimiento estudiantil universitario entre 1944 y 1955; en el anarquismo y la participación política de las mujeres a partir de la Ley 13010 que habilita el sufragio femenino en 1947; etc. Con esta lista que hemos presentado, sin pretender exhaustividad, plasmamos nuestras percepciones con respecto a la riqueza y amplitud que nos permite visibilizar al sujeto ''anarquismo'' en tiempos y cronologías diferentes a los planteados por la historiografía que tradicionalmente ha abordado la cuestión.

 


NOTAS

1 El presente trabajo forma parte del proyecto de tesis doctoral titulado ''Género y política en el anarquismo argentino (1943–1955)'', financiado por la Comisión de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y dirigido por la Doctora Adriana Valobra (CONICET–UNLP).

2 Esta ha sido la manera que desde la historiografía citada se ha explicado la no consecución de los estudios sobre el anarquismo más allá de la década de los veinte. En este mecanismo es clara la autolegitimación de quienes lo escriben, en este mecanismo.

3 Fundamentalmente, como consecuencia de la persecución y el encarcelamiento de miles de ellos y la clausura de sus publicaciones.

4 Tambié aparecen agrupaciones numeradas, pero diferenciadas por localidad,lo que indica un tipo de organización o por lo mnos se notan esfuerzos previos por parte de las personas convocadas a este Congreso, de eso refiere Jacinto Cimazo al indicar la incansable labor de los militantes a lo largo y ancho del país entre los años 1932 y 1935, para lograr un mínimo de organización necesaria y así acudir al congreso fundacional de la nueva (y primera) organización libertaria.

5 Según López Trujillo (2005), en el nivel local, la FACA apoyó la creación de un frente popular contra el fascismo en 1936, junto a radicales, comunistas, socialistas y la CGT. No obstante, terminan por separarse al percibir la intencionalidad político –partidaria en los discursos de los oradores. Sin embargo, una actitud más amigable con respecto al ''frentismo'' correrá a cargo de las Juventudes Libertarias que, en Córdoba, impulsan la creación de una Alianza Juvenil Proletaria con la Juventud Socialista, la Juventud Socialista Obrera y la Juventud Comunista.

6 Si bien la apelación a una estructura federativa sobre la que se organice la sociedad no es nueva en el anarquismo, sí aparecerá por primera vez como forma de organización interna del movimiento y como proyección para una organización total de la sociedad.

7 La llamada Reforma Universitaria, se inicia como movimiento estudiantil en la ciudad de Córdoba en el año 1918. Los postulados fundamentales que de allí surgen, giran en torno a dos cuestiones: en primer lugar la reestructuración interna de la universidad (gobierno, autonomía y nuevas pedagogías); en segundo lugar, la apuesta por una función social de la universidad (Berdichevsky, Ingleses y Yegros Doria, 1965). Sobre los fundamentos y contenidos de la Reforma Universitaria, ver también Ciria y Sanguinetti (1968) y Portantiero (1978).

8 Son numerosas las referencias a partir de 1935, a la importancia de construir un sistema federativo como forma particular en pos de crear un sistema alternativo. Fundamentalmente, los trabajos de Juan Lazarte han girado en torno al federalismo. Entre muchos otros, remitimos a su trabajo (Lazarte, 1958).

9 Lunazzi, profesor de filosofía y ciencias de la educación recibido en la Facultad de Humanidades, obtiene su cargo de Auxiliar en Investigaciones Pedagógicas, de la mano del profesor Alfredo Calcagno. Sobre Calcagno, su participación política en el Partido Radical y en la Universidad, ver Graciano (2008). Rafael Grinfeld, doctor en Física recibido en la UNLP. Había obtenido su doctorado en 1928. En un CV de 1945 reporta la publicación de 30 trabajos. Incluye varios publicados en la revista del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería (CEILP).

10 Acerca del gobierno de Farell y el período ''normalizador'' encabezado por éste, ver Campione (2003).

11 Sobre la historia de la FUA, el movimiento estudiantil y su participación en los años de nuestro estudio, remitimos a los trabajos de Almaraz, Corchon y Zemborain (2001).También Berdichevsky, Inglese y Yegros (1965).

12 Resulta iluminador el aporte de Berdichevsky (1965) sobre la experiencia, casi paralela a la de La Plata, en la Universidad del Litoral. El autor remarca la apuesta del grupo de docentes y estudiantes que retorna a la actividad universitaria a partir de febrero de 1945 y su pronunciamiento a favor de la entrega del gobierno a la corte Suprema (petición encabezada por Carlos Sánchez Viamonte, docente de la casa platense y miembro del Partido Socialista).

13 Graciano (2008) refiere que esta resulta una buena oportunidad para que aquellos que forman parte del nuevo gobierno universitario se afiancen en su carrera profesional y académica, accediendo a cargos titulares y a los consejos académicos de las facultades correspondientes.

14 Primer Gobierno Tripartito de emergencia en octubre de 1945. Presidente, Doctor Alfredo Calcagno (en la penitenciaría), Vicepresidente: ing. Aquiles Martínez Civelli. Representante de profesores: Carlos S. Bianchi, Manuel del Carril y Rafael Grinfeld. Representantes de graduados: Adolfo Iglesias y José María Lunazzi. Representantes de los estudiantes: Oscar Martín y Ricardo Reca. Sobre la participación de Lunazzi, Grinfeld, Martínez civelli y Bianchi en el movimiento libertario, ver Bordagaray (2011a)

15 Una descripción de los sucesos durante la toma de la Universidad de La Plata, la encontramos en Graciano (2008).

16 La apuesta de los anarquistas por una democracia ''directa'' y que se desarrolle alejada del sistema democrático liberal y estatal, ya la he analizado en Bordagaray (2011b).

17 Según las actas y los documentos perteneciente a la FACA que hemos consultado, el apoyo y la participación en agrupamientos y ''frentes políticos'' es necesaria y fundamental a partir del año 1935. Sin embargo, hay reservas en cuanto a participar conjuntamente con los partidos políticos o cualquier impulso que tienda a participar en la vida democrática electoral.

18 Carlos Bianchi fue cesanteado de su cargo en la materia Máquinas Eléctricas en la Facultad de Ingeniería. Rafael Grinfeld lo es de su cargo como director del Instituto de Física de la UNLP y del cargo en la materia Física. José María Lunazzi queda cesante de la cátedra Investigaciones Pedagógicas de la Facultad de Humanidades, del mismo modo que Martínez Civelli es cesanteado de la cátedra Maquinarias eléctricas en la Facultad de Ingeniería (Graciano, 2008).

19 El médico anarquista Juan Lazarte nació el 21 de marzo de 1891 en la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe. Sus actividades se repartían entre su consultorio, su actividad gremial y el trabajo intelectual (era editor y colaborador en diferentes publicaciones libertarias y cuenta con una innumerable cantidad de obras escritas bajo su autoría). Sus redes de sociabilidad se extendían en el ámbito gremial, médico–científico y en la militancia social.

20 Resumidamente, en el manifiesto constitutivo de la UMSL de Rosario, se plantean los siguientes objetivos y exigencias al gobierno peronista: El pleno ejercicio de los derechos individuales, la estabilización e integridad de la familia en base a una reforma total del sistema educacional primario, secundario y superior, la libre iniciativa en los hombres y los pueblos propiciando el federalismo interior y entre naciones como medio para asegurar la paz y la fraternidad entre los hombres del mundo, orientándose hacia la ciudadanía universal, la igualdad de todos los derechos para hombres y mujeres, protección de la maternidad, maternidad consciente, protección a las mujeres que trabajan, seguro de maternidad, abolición del trabajo para los niño, entre otros reclamos. (Reconstruir,1946, N° 1)


 

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