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International Journal of Psychological Research

Print version ISSN 2011-2084

int.j.psychol.res. vol.5 no.2 Medellín July/Dec. 2012

 

Researh article

Factores personales que influyen en el desarrollo de la resiliencia en niños y niñas en edades comprendidas entre 7 y 12 años que se desarrollan en extrema pobreza

Personal factors that influence the development of resilience in children aged between 7 and 12 years to develop in extreme poverty

Hernán Yair Rodríguez Betancourt*,a, Laura Guzmán Verbela, Nataly Del Pilar Yela Solanoa

a Universidad de San Buenaventura Medellín extensión Ibagué en convenio con la Fundación Universitaria San Martin, Colombia

* Investigador principal. Psicólogo. Docente Universidad de San Buenaventura Medellín extensión Ibagué en convenio con la Fundación Universitaria San Martin- Colombia 2012. Email: hernanyair@yahoo.com.

Recibido/Received:Julio 2 2012. Revisado/Revised: Octubre 3 de 2012. Aceptado/Accepted Diciembre 10 de 2012.


RESUMEN

La presente investigación se realizó con el objetivo de caracterizar los factores personales que influyen en el desarrollo de la resiliencia en 200 niños y niñas en edades comprendidas entre 7 y 12 años pertenecientes a familias vinculadas al programa Red UNIDOS en la ciudad de Ibagué- Colombia-; para ello se aplicó el inventario de factores resilientes propuesto por Salgado (2005), que evalúa el nivel de autoestima, empatía, autonomía, humor y creatividad. Los resultados evidencian que el 61% de la muestra puntúa medio en los factores evaluados y el 69% no enfrentan adecuadamente la adversidad. Se concluye que los adultos significativos de los niños requieren de formación psicoafectiva que les permita generar entornos de formación basados en el reconocimiento de sus hijos. Se propone diseñar un programa de formación a padres y madres para que incorporen en sus discursos y acciones, representaciones positivas sobres sus hijos, de forma que logren autoafirmarlos y permitirles desarrollar la capacidad de sobreponerse a la adversidad.

Palabras clave: Factores resilientes, niños, niñas, pobreza extrema.


ABSTRACT

The following investigation was realized with the objective to characterize the personal factors that influence in the development of resilience in 200 children aged between 7 and 12 years in families linked to the program Red UNIDOS in the city of Ibague, for this was applied the inventory of resiliency factors proposed by Salgado (2005), which evaluate the level of self-esteem, empathy, autonomy, humor and creativity. The results show that the sample is in the middle of the factors evaluated (61%) and that 69% did not face adequately the adversity. We conclude that adult significant training children require psycho-afective formation to enable them to generate environments based on the self awareness of their children. Is proposed to design a training program for parents to incorporate into their speeches and actions positive representations on their children, so that achieving self-assertive and enable them to develop the ability to overcome adversity.

Key Words: Resiliency factors, children, extreme poverty.


1. Introducción

El presente estudio centra su objetivo en evaluar en un grupo de 200 niños con edades comprendidas entre 7 y 12 años los factores personales (autoestima, humor, creatividad, empatía y autonomía) descritos por Salgado (2005) como los recursos internos con los que cuentan los individuos para hacerle frente a la adversidad. Para comprenderlos se requiere dos condiciones previas: contextualizar algunas de las realidades psicosociales del grupo poblacional en el que se realizó el estudio, el cual pertenece a familias estratos 1 y 2 que experimentan condiciones de pobreza extrema, donde sus necesidades básicas se encuentran insatisfechas, así como las diferentes concepciones epistemológicas que existen sobre el fenómeno de la resiliencia.

Son grandes los esfuerzos que se han venido realizando en Colombia y en el departamento del Tolima, para la construcción de condiciones que le permitan a la infancia y la adolescencia alcanzar la realización de sus derechos. La ley 1098 es una muestra de ello, así como la Política Pública con la que cuenta el Departamento para esta franja poblacional. Sin embargo, el bienestar se muestra esquivo para quienes se desarrollan en condiciones de extrema pobreza, pareciera que el modelo de desarrollo no produce las condiciones para el progreso; si bien al contrario, las realidades muestran como a medida que avanza la concreción de marcos legales, las cifras dejan ver crudas realidades que no reflejan el espíritu de los avances jurídicos sobre los derechos de la infancia.

Según el diagnóstico realizado para la elaboración de la Política Pública de Infancia y Adolescencia en el departamento del Tolima, (UNICEF, Universidad de Ibagué& Gobernación del Tolima, 2008), las principales causas de muerte de los niños, niñas y adolescentes entre 5 y 14 años están relacionadas con expresiones de violencia directa. El porcentaje de denuncias por maltrato fue del 41%, (UNIFEF, et. Al., 2008) se estima que una significativa parte de esta franja poblacional, está afectada por situaciones de abuso y explotación sexual, trabajo infantil e inasistencia alimentaria. Cerca del 20% de los niños no cuentan con el apellido paterno, el número de denuncias por violencia intrafamiliar, ascendió en el 2008 a 24.678 casos (UNICEF et al, 2008). La cobertura en educación disminuye a medida que aumenta la edad, se estima que la deserción escolar oscila alrededor del 10% y los indicadores de calidad educativa medidos en la pruebas de Estado, muestran resultados por debajo del promedio nacional. (UNICEF et al., 2008).

El diagnóstico realizado por ICBF y la OIM en colaboración con la Universidad de Ibagué durante el 2010, caracterizó algunas condiciones de las familias que viven en pobreza extrema. Participaron 1560 familias de 10 municipios del Departamento incluido Ibagué. Los resultados evidencian que el promedio de ingresos mensuales de las familias de estratos 1 y 2 es de $248.000 con el que subsisten entre 4 y 7 miembros, lo que se refleja en condiciones de alto estrés para los adultos que ejercen el rol de proveedores (ICBF, OIM & Universidad de Ibagué, 2010). El 52% de las familias no reportan tener expresiones de afecto hacia sus hijos, ya sea verbales o de contacto físico. Ver televisión sobresale como una de las actividades que se realizan conjuntamente entre padres e hijos (ICBF et al., 2010). Frente a la dinámica familiar llama la atención que el 81% de los jefes de hogar, afirman que la manera de establecer las normas es autoritaria; el 17% utiliza los gritos para corregir las conductas inadecuadas de sus hijos. El castigo positivo y negativo prevalece sobre el diálogo a la hora de responder frente a la transgresión de las normas por parte de los hijos (ICBF et al., 2010).

De acuerdo a Blackburn (1991), para muchas de las familias que viven en condiciones de pobreza, los sentimientos de culpa y la preocupación son vivencias cotidianas. La dificultad para satisfacer las necesidades básicas, genera en los padres desesperanza, al verse fracasados en su rol de proveedor(a), vivencian una condición permanente de estrés que influye en el tipo de vínculo afectivo que establecen con sus hijos. A pesar de las condiciones adversas que se experimentan en estos contextos, se hace necesario desarrollar factores protectores individuales que permitan enfrentar la adversidad y salir fortalecido de ésta.

La vía que se propone para la atención al mundo afectivo de la infancia es la construcción de escenarios de formación en la familia y la escuela en los cuales se desarrolle resiliencia, aquella capacidad que permite afrontar con creatividad las dificultades de la vida y sobre ponerse a ellas. La resiliencia fue una palabra desconocida para el campo de las ciencias sociales hasta hace algunos años; progresivamente ha venido tomando una creciente fuerza debido al aumento de testimonios estudiados, en las cuales las personas logran no solo sobrellevar situaciones devastadoras si no que consiguen fortalecerse de estas.

Para Frankl (1979)el ser humano se halla sometido a ciertas condiciones biológicas, psicológicas y sociales pero, dependerá de cada persona, el dejarse determinar por las circunstancias o enfrentarse a ellas. Es importante el aporte que este autor hace al concepto, resalta la relevancia que tiene la capacidad individual para ser responsable de sí mismo, con la autonomía suficiente para elegir si supera la adversidad o no.

De otro lado Richardson, Neiger, Jesen & Kumpfer (1990), describieron el concepto de resiliencia como: el proceso de lidiar con acontecimientos vitales disociadores, estresantes o amenazadores de un modo que proporciona al individuo destrezas protectoras y defensivas adicionales a las previas a la disociación resultante del acontecimiento. En el mismo sentido, Rutter (1992)considera la resiliencia como un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan tener una vida sana en un medio insano. Estos procesos se realizan a través del tiempo, mediante la interacción recíproca entre los atributos del niño y su ambiente familiar, social y cultural, permitiéndole así desarrollar la capacidad resiliente.

De otro lado, Grotberg (1995) expreso este término, como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. Común a las tesis anteriormente plasmadas, se expresa que la resiliencia es un proceso que se desarrolla a lo largo de la vida, fortaleciendo la capacidad innata del ser humano a sobreponerse a la adversidad, resignificar las vivencias amenazantes que se dan en la vida psicológica del individuo y en la interacción con su ambiente.

Para el psicoanalista francés Vanistendael y Lecomte (2005) la resiliencia está mediada por el desarrollo del yo, el cual logra su surgimiento por los efectos educativos propios del medio en el que se desarrolla un individuo, es decir, se entiende la resiliencia no como un elemento innato de la personalidad si no como una construcción hecha por la persona a partir de su relación con el medio, los individuos y sus acontecimientos. De ahí que para el desarrollo de una personalidad resiliente en los niños, el mundo adulto, llámese familia o escuela, son decisivos, pues es en la interacción con ellos, donde será posible desarrollar o no esta capacidad.

La resiliencia además está ligada profundamente a la creatividad, en el sentido que no se basa en el trauma en sí, si no la significación que hace la persona del mismo, de su profunda conmoción intrapsíquica ante el evento, donde a partir de la elaboración simbólica hace que en el individuo emergen fantasías inconscientes que generan un nuevo valor subjetivo ante lo adverso, que en ocasiones está ligado a un reto, a la posibilidad de demostrar el triunfo o la derrota a un obstáculo puesto por las circunstancias.

Los resultados de las investigaciones adelantadas por COLCIENCIAS en la última década sobre los derechos de los niños, niñas y jóvenes colombianos, (Rodríguez & Corso, 2008). Muestran que las situaciones vulneradoras de los derechos, están directamente relacionadas con la valoración negativa que hacen los niños de sus recursos internos. Los constantes abusos por parte de los padres y madres deterioran la autoestima de los hijos, les genera estados de ansiedad y depresión que se reflejan en la escasa competencia social que alcanzan esta franja poblacional. Los estudios sobre el tema evidencian que existe una correlación entre los contextos de vulnerabilidad y la valoración positiva de las capacidades personales para enfrentar los dilemas propios de la vida, a los cuales se les atribuye características que sobredimensionan la complejidad de éstos.

Conocer los factores personales que facilitan el desarrollo de la resiliencia de los niños y niñas que viven en contextos de pobreza extrema, permite generar conocimientos con los cuales es posible diseñar estrategias, que aporten a la tarea de avanzar en la materialización de los propósitos establecidos en la Política Publica de Infancia y Adolescencia del Departamento, en la cual se contempla la necesidad de diseñar e implementar programas dirigidos al establecimiento de vínculos seguros que les permitan a los niños y niñas desarrollar competencia social.

Es de especial importancia para el desarrollo de la niñez ibaguereña el fomento de factores protectores que permitan generar las condiciones para un adecuado ajuste personal de los niños y niñas que crecen en medio de la pobreza extrema. Potenciar en esta franja poblacional habilidades resilientes para resolver creativamente la compleja realidad en la que se desarrollan, fomenta las capacidades personales para resolver creativamente la frustración y la adversidad.

Desde el Estado se han trazado objetivos para que la sociedad civil encamine sus esfuerzos para lograr la formación de una nueva ciudadanía. En la práctica son variadas las circunstancias que impiden que se logren los objetivos trazados, prueba de ello son las crudas realidades que dejan ver la caracterización que se hace de las familias que viven en extrema pobreza.

No es posible lograr los objetivos propuestos por el Estado si no se parte del reconocimiento de las particularidades de los entornos de desarrollo que se propician en la familia y de los factores personales con los que cuentan los niños y niñas para fortalecer sus capacidades resilientes. Es importante develar las realidades que son construidas por la infancia en contextos de alta vulnerabilidad y con necesidades manifiestas, para así tener un punto de partida que permita intervenir y ser efectivos a la hora de trabajar por alcanzar el objetivo de brindarle a la infancia mejores condiciones para la búsqueda de su bienestar.

2. Método

Durante los semestres 2011-2 y 2012-1 se realizó un estudio para identificar los factores resilientes de los niños y niñas entre 7 y 12 años que se desarrollan en extrema pobreza. La investigación fue de corte empírico - analítico, su enfoque cuantitativo y su diseño descriptivo transversal. La muestra la conformaron 200 niños en edades comprendidas entre 7 y 12 años pertenecientes a familias de estratos 1 y 2 de la ciudad de Ibagué- Colombia-.

2.1. Instrumentos

El instrumento utilizado fue el inventario de Factores Personales de Resiliencia, diseñado por Salgado (2005), este instrumento contiene 48 ítems con opción de respuesta dicotómica. Evalúa autoestima, empatía, autonomía, humor y creatividad. El inventario tiene validez de contenido por validación de jueces. La confiabilidad fue realizada mediante tres tipos de análisis: primero observando el monto de valores perdidos para cada variable, luego se presentó la información descriptiva con base en las medidas de tendencia central, de dispersión y distribución, posteriormente un examen de diferencia de variables demográficas a través del ANOVA de dos vías 2x4 en las que las variables fueron género y edad.

2.2. Procedimiento y participantes

La aplicación del inventario se desarrolló a través de 4 talleres de evaluación realizados en alianza con la Red Unidos, la cual dispuso a sus Cogestores para realizar en cinco comunas las convocatorias para participar. En la recolección de información se contó con la colaboración de los integrantes del Semillero DEINFA "Desarrollo de la Infancia y la Adolescencia". Los talleres se realizaron los días 3, 10, 17 y 31 del mes de marzo de 2012 en las comunidades del Combeima (comuna 1 y 2), el Uribe (comuna 11), las Américas (comuna 9) y el Barrio Miramar (comuna 13).

La muestra se conformó de manera intencionada, teniendo como criterio de inclusión pertenecer a familias participantes en la RED UNIDOS que agrupa aquellas, pertenecientes a los estratos 1 y 2. Participaron 200 niños en edades comprendidas entre los 7 y 12, de los cuales, el 49% es población masculina y el 51% femenina. El nivel de escolaridad de mayor frecuencia corresponde a tercero de primaria con un 20% y el menor a octavo de bachillerato con 1%, el restante se encuentra entre grado primero con un 9%, segundo con un 18%,cuarto 14%, grado quinto 18%, sexto 9%, séptimo 4%, y un 7% de niños y niñas que no están escolarizados.

3. Resultados

El puntaje total de resiliencia, hallado a través de 4 tipos de factores evaluados evidencia que: el 61% de los niños del estudio se ubican en el promedio del puntaje total de resiliencia, el 34% de los participantes se ubicó en un nivel alto de este puntaje, un 3% obtuvo un nivel bajo y el 2% puntúa en un nivel muy alto. Lo que indica a nivel general, que los participantes poseen ciertas habilidades resilientes en promedio, pero faltan condiciones para su pleno desarrollo y potenciación, esto es, condiciones objetivas a nivel psicoafectivo que posibiliten rupturas de la ya conocida y comprobada desesperanza o indefensión aprendida (Seligman, 1975) que tiende a sostener y aumentar las condiciones de extrema pobreza. Ver Gráfica 1.

Asimismo al evaluar los cinco factores resilientes: autoestima, empatía, humor, creatividad y autonomía, se logró evidenciar que: en primer lugar, en el factor autoestima, el 47% de los evaluados puntúan en un nivel medio, el 43% se ubicaron en alto y el 17% en bajo; en empatía el 53% puntuó un nivel medio, el 35% se encuentra en un nivel alto y el 12% obtuvo un nivel bajo; respecto al factor de autonomía, el 64% presento un nivel medio, el 31% un nivel alto y el 5 % puntuó un nivel bajo; en humor el 64% registró un nivel medio, el 31% un nivel alto, y el 5% pertenece al nivel bajo; finalmente en creatividad el 57% se encuentra en un nivel medio, el 37% en niveles altos y el 6% se ubicó en bajo.

Los niños que viven en extrema pobreza desarrollan moderadamente los factores personales de resiliencia. Las puntuaciones alcanzadas por los participantes del estudio se encuentran en la media, lo que indica una mediana capacidad para hacerle frente a la adversidad. Lograr romper el círculo de pobreza y exclusión, lograr la mencionada nueva ciudadanía, requiere de generaciones de ciudadanos con mayor autonomía, autoestima, humor, creatividad y empatía, capaces desarrollar estilos y estrategias de afrontamiento, a partir del cultivo de los recursos internos con los que cuentan para hacer frente a los problemas de la vida diaria.

4. Discusión

Los atributos resilientes a desarrollar en la infancia según Salgado (2005) son: autoestima, empatía, autonomía, humor y creatividad. Para esta autora la autoestimaes la capacidad para valorarse positivamente, la empatía es la disposición para comunicarse con facilidad y relacionarse fluidamente con los otros. La autonomía se refiere al sentido de la propia identidad, la habilidad para poder actuar independientemente y el control de los impulsos; el humor según Sobstad (1995), es una disposición innata que puede ser reforzada desde el medio ambiente, enfatizando que no es una característica fija de la personalidad, sino que es más bien resultado de un equilibrio que se da entre un comportamiento juguetón y el ambiente, siempre que éste se dé unido a la capacidad crítica; la creatividad según Wolin y Wolin (1993), se relaciona con la habilidad de crear orden y belleza a partir del caos y el desorden, incluyendo la habilidad para pensar de manera innovadora y flexible, más la posibilidad de intentar soluciones nuevas para problemas tanto cognitivos como sociales y afectivos.

Desde esta postura teórica, la autoestima les permite a los niños poseer una valoración positiva de sus capacidades, confianza en sus recursos internos con los cuales enfrentar la adversidad; en el estudio se observa que la mayoría (47%) de los evaluados puntúan promedio en este factor. Si se parte del sentido que subyace al enfoque de resiliencia, se hace necesario ver la potencialidad y descentrarse del problema. En este sentido, se evidencia que una significativa parte (43%) de los niños desarrollan una valoración positiva de sí mismos, indicando que en sus entornos de desarrollo se cuenta con factores protectores que mitigan los efectos de vivir en un mundo hostil, como lo es la pobreza extrema, que les permite a algunos niños poseer la capacidad de valorarse positivamente y al promedio tenerlas en proceso de desarrollo. Ver gráfica 2.

En relación al factor de empatía los resultados muestran puntuaciones altas en el nivel promedio (53%) y en el puntaje alto (35%). Lo que permite inferir que los niños del estudio cuentan con recursos personales para reconocer las necesidades de los otros, estos recursos requieren ser potencializados, para aproximar, a los que puntúan en un nivel promedio, a mayores niveles de desarrollo de este factor, y estrategias para fortalecer en las pautas de crianza las prácticas para el reconocimiento y apoyo mutuo, en aquellos que puntúan bajo.

La empatía está relacionada con la destreza básica de la comunicación interpersonal, la cual permite un entendimiento sólido entre dos personas, en consecuencia es fundamental para comprender en profundidad el mensaje del otro y así establecer un diálogo. Esta habilidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, genera simpatía, comprensión y ternura; la persona empática se abre a la interacción, funciona sin tensión en las relaciones sociales, es más espontánea, expresiva y responde a las demandas de su yo interno. Entre más sólidos sean los vínculos, mayor será la habilidad que se desarrolle para percibir las demandas de interacción (Rodríguez, 2012).

De otro lado, el humor es un recurso que permite disminuir niveles de ansiedad, angustia y temor. A través de la ironía, de la ridiculización y el absurdo, las personas pueden suavizar las asperezas, el dolor que provocan los conflictos de una manera socialmente aceptable (Salgado, 2005). Los resultados del estudio reflejan que el 64% de los evaluados puntúan en un nivel promedio en este factor y el 31% en un nivel alto. Esto puede explicarse desde el enfoque de resiliencia, como un efecto directo de las creencias de los adultos sobre lo que significa el humor. Un adulto que es desprovisto de él, con mucha dificultad puede sumarse al humor del niño. Generalmente, poseen una baja autoestima que no tolera el humor como ampliación de las capacidades del ser humano, han tenido experiencias en las cuales han empleado el humor como un desvalorizador de sus atributos, poseen un humor básico negativo.

Frente a la adversidad, el humor baja la tensión y permite resistir situaciones que de otra forma no se podría alcanzar. De allí la importancia de re significar en las familias que se desarrollan en extrema pobreza las representaciones sociales sobre la capacidad para reír ante lo contradictorio y suspicaz, incluir en los discursos que se tejen en la dinámica familiar, el humor como posibilidad para valorar las capacidades antes que los defectos y los recursos en lugar de las carencias.

En el estudio llama la atención que el 64% de los niños participantes puntúa promedio en el factor autonomía y el 31% en alto. Este factor resiliente se relaciona con la capacidad para autorregularse y valorarse positivamente, ser autónomo implica reconocerse, cuidar de sí, valorar al otro e interactuar fluidamente con él. Implica además, el despliegue de la capacidad para evaluar con criterios éticos los dilemas propios de la vida, esto como resultado de una adecuada incorporación del límite y de la norma. En el desarrollo de la autonomía el plano afectivo juega un papel fundamental, dado que es la base sobre la que se estructura la capacidad para representarse positivamente y relacionarse auténticamente con el mundo de lo social (Rodríguez, 2012). Las puntuaciones medias y altas en este factor, indican que en una significativa parte de la muestra se poseen límites medianamente delimitados, y en otra, están claramente definidos, convirtiéndose este dato en un indicador de factores protectores en la familia, que son susceptibles de nuevas investigaciones para desarrollar estrategias de intervención que promuevan el autocontrol, la elaboración emocional frente a la frustración y la seguridad en los recursos internos para resolver los dilemas propios de la vida.

El 57% de los participantes del estudio puntúan medio en el factor de creatividad y el 37% en alto. Si se parte de la potencialidad que se evidencia con estos datos se puede inferir que existen condiciones en los entornos de desarrollo que permiten recrear el mundo de una manera creativa. El ajuste que implica la resiliencia implica la resignación frente al problema, así como la capacidad para comprender los juegos de verdad que lo determina. La creatividad implica permitir el despliegue de la avalancha de posibilidades humanas, en el marco del principio de realidad. Esta capacidad abre el camino para la ética del cuidado de sí mismo, donde el sujeto decide hacer de su existencia una posibilidad para cultivar sus potencialidades y derribar las barreras que le impiden expresar sus propias verdades, y construir su proyecto de vida con la máxima estética que le es posible (Wolin & Wolin, 1993).

Frente al puntaje total de resiliencia los evaluados puntúan con un 61% en el nivel promedio. Si se piensa de manera proactiva las pautas de crianza de las familias de los niños del estudio cuentan con ciertas herramientas que les permiten a sus hijos enfrentar medianamente la adversidad, se requiere por tanto fortalecer las dinámicas que se desarrollan al interior de ella, de forma que éstas generan mayores condiciones psicoafectivas para el desarrollo de factores personales de resiliencia. Minuchin y Fishman (1985) describen a la familia como primer entorno en el que interactúa el niño, la cual tiene la función de brindar un ambiente favorable para el establecimiento de vínculos que les permita a los niños desarrollar su capacidad para hacerle frente a la frustración y sobreponerse a ella. La familia debe encargarse de aportarle al nuevo miembro elementos como afecto, ejemplo y apoyo.

En una investigación sobre resiliencia Löesel (1992) encontró que los niños que desarrollan esta capacidad suelen vivir en un clima educacional abierto y con límites claros; cuentan con modelos sociales que motivan el enfrentamiento constructivo, comparten responsabilidades sociales y se ven estimulados por la existencia de expectativas de logro realistas por parte de los adultos. Esta condición la cumplen las familias del 34% de los evaluados quienes puntúan alto en el total de resiliencia.

En este sentido, Walsh (2003) proporcionó tres categorías de comportamiento que dan cuenta específicamente de factores de protección dentro del conjunto familiar. Estos factores hacen referencia al sistema de creencias, los patrones de organización y el tipo de comunicación para resolver los problemas, por medio de los cuales se puede especificar de manera detallada cómo deben ser los comportamientos que hacen posible que finalmente una familia sea resiliente. Partiendo de este aporte se puede afirmar que el grupo que puntuó en promedio o por debajo de él, no cuentan con un sistema de creencias firmes, su estructura es desorganizada y los canales de comunicación son inadecuados; lo que genera un entorno poco estimulante para el desarrollo de vínculos seguros.

Greenspan (1996) enumera una serie de condiciones familiares que favorecen la resiliencia entre los niños; la primer condición es la estructura y reglas claras dentro del hogar; el apoyo entre los cónyuges; las estrategias familiares de afrontamiento eficaces; las prácticas de cuidado y crianza efectivas; la interacción y apego entre padres e hijos (la presencia de una relación cálida, nutricia y de apoyo al menos con uno de los padres, protege o mitiga los efectos nocivos de un medio adverso); las expectativas positivas de los padres sobre el futuro de sus hijos; las responsabilidades compartidas en el hogar; el apoyo de los padres en las actividades escolares de los hijos; las redes familiares fuertes (amigos y/o vecinos); la participación de la familia en actividades extrafamiliares (iglesia, clubes, escuelas, y/o grupos); las oportunidades de desarrollo y responsabilidades extra familiares.

Lo anterior se puede relacionar con los resultados arrojados por el estudio, el grupo que puntuó en un nivel bajo en los factores personales de resiliencia: autoestima un 11%, empatía 12%, autonomía y humor 5% cada uno, y creatividad un 6%; indica que estos niños no cuentan con adultos significativos que promuevan pautas comunicacionales y afectivas adecuadas, sus familias no se ven fortalecidas a nivel estructural y funcional en donde condiciones externas como la situación de pobreza en la que viven, influyen en la manera como construyen espacios de formación que favorezcan el desarrollo de una personalidad resiliente en los niños y niñas.

Según el diagnóstico realizado para la elaboración de la Política Pública de Infancia y Adolescencia del departamento del Tolima, (UNICEF, et, al, 2008) la falta de responsabilidad y capacidad de muchos padres para asumir los compromisos frente a sus hijos, establecer con ellos relaciones de afecto, respeto y de convivencia armónicas, la fragilidad de las familias y la situación de pobreza en la que viven, afecta las condiciones para atender adecuadamente a sus hijos. Esto se considera entonces como un aspecto que influye a la hora de desarrollar los factores protectores que ayuden al sujeto a resurgir de eventos estresantes; por tanto éste es un campo que requiere ser intervenido para disminuir la brecha entre los niños que no desarrollan factores personales de resiliencia y aquellos que si lo logran, lo hacen moderadamente.

Para finalizar, la reflexión a la que invitan los estudios actuales sobre el tema de estudio de la presente investigación, apunta a centrar la atención en el establecimiento de vínculos seguros los cuales permiten la elaboración adecuada de la frustración. Es en los vínculos donde se desarrolla los factores personales de resiliencia (Gutiérrez, 2008). Según las investigaciones realizadas por éste psicoanalista colombiano durante las décadas de los 90 y el 2000, el núcleo articulador de los factores resilientes es la autonomía y el objetivo último de desarrollarla es alcanzar la condición de ciudadano. En el desarrollo de la autonomía, el plano afectivo juega un papel fundamental, dado que son la base sobre la que se estructura la capacidad para representarse positivamente y relacionarse auténticamente con el mundo de lo social (Riviere, 2000).

En relación al mundo afectivo es importante señalar que su desarrollo es posible en las relaciones, y que son los vínculos los que permite experimentar y aplazar el deseo, construir representaciones sobre sí mismo, y paulatinamente desarrollar el yo, la instancia que permite mediar entre el deseo y la realidad. El proceso de subjetivación tiene sus raíces en las representaciones que se elaboran en el momento en el que se debe aplazar la realización del deseo. Las demandas de los recién nacidos no siempre se satisfacen con la inmediatez que el sujeto espera, paulatinamente éste debe aprender a esperar (Rodríguez, 2012).

La diada madre hijo en un primer momento es la fuente de gratificación y frustración del niño, quien crea, en su mundo psicológico una imagen de lo que es el goce y el sufrimiento, todo ello en relación a lo que es su experiencia afectiva primaria. Paulatinamente, el otro va adquiriendo un lugar en la representación que el bebe hace del mundo, de lo otro, que le es distinto a él. Podría afirmarse que la fuente de la individuación, está en el campo de interacción que se establece entre el deseo y su limitante (Gutiérrez, 2006 p. 14). Por tanto la incorporación de límites es un asunto crucial en este proceso. No es gratuito que en la cultura existan unas pautas que le permiten al adulto guiar al niño en el descubrimiento y construcción del mundo, y del sí mismo.

El desarrollo afectivo parte de la representación que hace el individuo de sí mismo de los otros y del mundo, los vínculos que se establecen con la figura materna crea modelos operantes internos que orientan la elaboración emocional frente a la frustración, esto es posible gracias a la estructuración del yo como instancia que utiliza la razón para hacerse dueño de sí mismo y arriesgarse a interactuar con los otros de una manera productiva.

El empoderamiento que logre el individuo en su proceso de desarrollo le permitirá hacerle frente a la frustración de una manera creativa. El ajuste emocional es la base del desarrollo del mundo afectivo, esté se logra cuando el individuo estructura la capacidad de comprender la frustración y establece vínculos seguros con sus objetos de deseo.

Para Cortina (1988) la condición humana actual requiere de individuos que ejerzan su condición de ciudadanos del mundo, es decir que sean capaces de desarrollar su autonomía para lograr relacionarse con lo público de una manera productiva, creando lazos de cooperación, sentimientos de arraigo, capacidades de interacción en diferentes niveles del sistema de desarrollo al cual se pertenece, de forma que se alcancen mayores niveles de participación y con ello generar posibilidades de desarrollo individual y colectivo.

La base para ejercer la ciudadanía parte del desarrollo de la autonomía, y esta a su vez depende del tipo de vínculos que el individuo establezca con el otro. Es con el otro donde nace la posibilidad de ganar la suficiente confianza en sí mismo, para poder significar el mundo de lo social como un espacio para alcanzar la plenitud de sentirse a gusto con la propia existencia, y al lograrlo atreverse a establecer relaciones que desemboquen en experiencias de reconocimiento mutuo.

5. Conclusiones y Recomendaciones

Los puntajes obtenidos en cada uno de los factores evaluados y el total de resiliencia por participante, reflejan que el promedio de los niños del estudio han desarrollado moderadamente la capacidad para resignificar la adversidad, cerca el 30% la han desarrollado adecuadamente y sólo una minoría carecen de ella. Este panorama muestra un continuo que va desde la ausencia de factores resilientes, su mediano fortalecimiento y la presencia adecuada de ellos.

Se requiere por tanto estrategias de intervención diferenciales que les permita a las familias construir, desarrollar y potencializar pautas de crianza basadas en el reconocimiento positivo de las capacidades de los niños; el diálogo abierto que permita la adecuada expresión emocional de forma que se logre captar las necesidades de los otros y promover experiencias de apoyo mutuo; la resignificación de lo que implica el humor como factor que promueve la familiarización con lo absurdo, la disposición emocional para encontrarle el sentido contradictorio y lo risible de los obstáculos que plantea la vida; el establecimiento de vínculos seguros y límites claros que permitan el autocontrol; la tolerancia a la frustración y el establecimiento del yo como estructura organizadora del mundo psicológico; así mismo, dispositivos formativos para permitir el despliegue de la fantasía en el marco del principio de realidad, y así estimular la creatividad y con ella, la capacidad para recrear la realidad por más insatisfactoria que pueda presentarse.

La Política Pública de Infancia y Adolescencia del departamento del Tolima (UNICEF, et, al, 2008) en el objetivo número 3 del eje I pretende que todos los niños, las niñas y los adolescentes se desarrollen en el seno de una familia, la cual deberá proveerle al niño vínculos afectivos seguros que les permitan desarrollar factores resilientes, es por esto que se recomienda que las entidades encargadas de materializar la Política como lo es el Departamento para la Prosperidad Social y el ICBF incluyan dentro de sus estrategias, programas formativos orientados a elaborar adecuadamente las emociones que generan en las familias la frustración y las condiciones hostiles de los entornos de pobreza extrema.

Una destreza que deben fortalecer los adultos significativos para formar a sus hijos, es la inclusión en la comunicación familiar de imágenes positivas de las capacidades de sus hijos. Un ejemplo de ello son los estudios sobre las características del discurso en niños, según Grotberg (1995), se requiere que el niño desarrolle la posesión de condiciones que en el lenguaje se expresan diciendo: "Yo tengo", "Yo soy", "Yo estoy", "Yo puedo".

Son variadas las circunstancias que impiden a los padres y madres atender adecuadamente las necesidades afectivas de sus hijos. Según los Resultados del programa Viviendas con Bienestar (ICBF, et, al, 2010) conseguir el sustento básico es una clara preocupación en las familias de los estratos 1 y 2. Los reportes de las intervenciones terapéuticas realizadas en el marco del mencionado Programa evidencian que el manejo inadecuado de las emociones se relaciona con los estados de frustración y desesperanza que se experimentan en condiciones de pobreza. La insatisfacción que generan los estados de ansiedad desencadena en enfrentamientos entre las parejas e inadecuada atención a los niños y niñas. Sumado a ello, las familias de estratos 1 y 2 poseen escasa cultura de participación en redes sociales de apoyo, que les permita fortalecer los factores protectores frente a su inadecuado entorno de desarrollo.

Si los adultos significativos de la familia no presentan disposición a las intervenciones dirigidas hacia ellos, se requiere que las estrategias formativas focalizadas en los niños que insistan en la importancia de autoafirmarlos, valorar positivamente sus capacidades, permitirles independencia y al tiempo incluir la norma como elemento clave en las dinámicas de interacción. Al tiempo que se reconoce la potencialidad del niño se debe aclarar los límites que permiten orientar la conducta en el marco del principio de realidad.

Cuando la familia falla al brindar los elementos que configuran el espacio de protección y bienestar psicológico para el niño, la escuela se convierte en un espacio privilegiado no solamente para aportar contenidos académicos o de aprendizaje, sino también aspectos de relación, de aportación de identidad y pertenencia. Es por ello que durante la vida académica de un niño en condición de vulnerabilidad, éste vivenciará aspectos de la vida en sociedad que le van a ser útiles para establecer su capacidad de relación y favorecer su reconocimiento personal.

Se piensa la familia y la escuela como espacios fundamentales para el proceso de socialización, pues es allí donde es viable diseñar y desarrollar estrategias para la formación de una nueva ciudadanía consciente de su rol transformador y de su responsabilidad de dejar un mundo mejor del que encontró al nacer. Construir capacidades para afrontar las crudas realidades que se experimentan en contextos, donde reina la pobreza y la inequidad social, requiere dimensionar la familia y la escuela como escenarios susceptibles de ser protectores frente a los riesgos psicosociales que se enfrentan en la sociedad. Esto implica volver la mirada sobre los sistemas de interacción que se producen en estos ámbitos para que sean deconstruídas las representaciones sobre lo que implica el reconocimiento del valor que habita en cada niño, la importancia de concretarle sus límites y dar rienda suelta al despliegue de sus potencialidades.


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