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International Journal of Psychological Research

Print version ISSN 2011-2084

int.j.psychol.res. vol.5 no.2 Medellín July/Dec. 2012

 

Review article

Memoria autobiográfica: un sistema funcionalmente definido

Autobiographical memory: a system functionally defined

Javier Orlando Beltrán-Jaimes*,a, Nidia Milena Moreno-Lópeza, Javier Polo-Díaza, Maryoris Elena Zapata- Zabalaa, María Rocío Acosta- Barretoa

a Facultad de psicología, programa de doctorado en psicología, Universidad de San Buenaventura, Medellín, Colombia.

* Estudiante de doctorado en psicología, Universidad de San Buenaventura, Medellín, Colombia. Email: beltranjaimes@hotmail.com; javier.beltran@tau.usbmed.edu.co.

Recibido/Received: Septiembre 5 de 2012. Revisado/Revised: Octubre 9 de 2012. Aceptado/Accepted: Noviembre 20 de 2012.


RESUMEN

Este artículo busca definir y explicar la memoria autobiográfica desde un punto de vista funcional. Para esto, se analizan definiciones desde perspectivas cognitivas y socioculturales, resaltando su convergencia con relación a los componentes asumidos como constituyentes de la memoria autobiográfica y sus funciones atribuidas. La revisión de un modelo teórico sobre su funcionamiento permite comprender cómo los sistemas de memoria que la constituyen interactúan con procesos de control y esquemas culturales para generar recuerdos autobiográficos, esenciales para mantener una imagen coherente del individuo y un registro moderadamente exacto de las experiencias. Sus funciones son precisadas: autodefinición, interacción social y autorregulación. Se plantea que los recuerdos autobiográficos son multimodales, distribuidos entre sistemas de memoria y procesos ejecutivos, mediados por contextos socioculturales.

Palabras clave: Memoria autobiográfica, memoria episódica, yo, identidad, influencia cultural.


ABSTRACT

This article seeks to define and explain autobiographical memory from a functional standpoint. For this, definitions are analyzed from cognitive and sociocultural perspectives highlighting how they converge in relation to components assumed as constituent of autobiographical memory and tasks attributed to it. A theoretical model about its functioning is reviewed and allows us to understand how the memory systems that constitute it interacting with process control and cultural patterns to generate autobiographical memories essential to maintain a consistent image of the individual and a moderately accurate record of the experiences. Its functions are described: self-definition, social interaction and self-regulation. It raises that autobiographical memories are multimodal, are distributed among memory systems and executive processes, and are mediated by sociocultural contexts.

Key Words: Autobiographical memory, episodic memory, self, identity, cultural influence.


1. Introducción

A finales de la década de 1980, Baddeley (1988) publicó un escrito en el que manifestaba la débil conexión entre el estudio experimental de la memoria y la actividad diaria de las personas, por lo que instaba a los investigadores a indagar sus funciones en el contexto de la cotidianidad humana. El autor, demandaba la necesidad de asumir una perspectiva funcional en el abordaje de este proceso, que partiera de la pregunta ¿cuál es la función de un determinado fenómeno de la memoria humana? es decir, que analizara su significado adaptativo (Bluck, 2009; Pillemer, 2009).

Para Bluck (2009), esta preocupación de Baddeley estuvo dirigida al excesivo énfasis en la experimentación (no porque esta metodología fuera inapropiada epistemológicamente), en tanto guiaba a los investigadores hacia un sin fin de variaciones experimentales que finalmente los terminaba alejando de la teoría, de la cotidianidad y de la posibilidad de otorgar un significado más amplio a los hallazgos de acuerdo a su valor adaptativo para los individuos.

Pero la adaptación en los seres humanos ocurre en contextos culturales, sustentados por prácticas sociales que los individuos asumen como cotidianas y que adquieren sentido gracias a los significados que un medio simbólico permite atribuirles. En la actualidad, es reconocida la importancia de estos nichos socioculturales en la evolución humana moderna, su efecto protector que los resguardó de encarar las exigencias evolutivas más directas (que sus ancestros sí debieron enfrentar), y la importante presión que han ejercido sobre el genoma humano (Laland, Odling-Smee, & Myles, 2010; Milbrath, 2012).

Pareciera entonces, que la cultura es fundamental en el surgimiento de todos los fenómenos psicológicos y que es prácticamente imposible actuar de una forma que no esté socioculturalmente situada. Lo anterior, evoca el planteamiento de Vygotski (1995) sobre las funciones psicológicas superiores, como culturalmente construidas y socio-históricamente determinadas o, la configuración histórico-cultural de la mente humana, posicionamiento convergente con algunos recientes hallazgos en neurociencia cultural (Ames & Fiske, 2010).

Este campo disciplinario emergente, deja claro que el cerebro y sus vías de procesamiento neuronal o redes de conexión son sustancialmente influenciados por la cultura (Kitayama & Park, 2010;Miller & Kinsbourne, 2012). Por ejemplo, los valores culturales del individualismo o colectivismo que sustentan las definiciones del yo en un contexto determinado, influyen en los mecanismos neurobiológicos de las regiones del cerebro subyacentes al autoconocimiento y procesos relevantes al yo (Chiao et al., 2009, 2010). Incluso, plantea que la actividad del cerebro es sensible a los significados que los sujetos atribuyen a los conceptos usados en una tarea y que por lo tanto, la cultura puede incidir en la anatomía funcional de procesos cognitivos (Han & Northoff, 2008).

Los estudios referidos, básicamente muestran que las funciones psicológicas de los seres humanos están condicionadas a su participación en contextos con significados colectivamente compartidos, construidos intersubjetivamente entre individuos que concurren en un ámbito cultural determinado. En consecuencia, acentúan el papel determinante de la cultura en los comportamientos psicológicos y la necesidad de estudiarlos con relación a los marcos sociales en los que se ubican las personas.

Esto denota, que el requerimiento de Baddeley implicaba estudiar la memoria como un proceso modificable en el tiempo, que mediado por la experiencia subjetiva llevaba a consolidar o inhibir recuerdos en función de su influencia en el comportamiento, la expresión emocional y las cogniciones, y cuyo estudio exigía salir del laboratorio e insertarse en la biografía humana.

Igualmente, la reclamación del psicólogo británico previno los beneficios prácticos y científicos de una aproximación funcional de la memoria (Pillemer, 2009) al proponer lo que en la actualidad se considera el yo y las funciones directivas (Conway & Pleydell-Pearce, 2000). Con esto, insinuó que entre los propósitos de una memoria autobiográfica estaban la preservación del sentido de identidad en el tiempo y la construcción de modelos del mundo a partir de la experiencia recordada (Baddeley, Aggleton, & Conway, 2002; Bluck, 2009), productos todos, que posteriormente podían ser usados para dirigir conductas futuras.

La importancia de abordar la memoria autobiográfica (además de evidenciar la influencia sociocultural en lo psicológico), es resaltar que la información que se genera bajo este proceso sirve a importantes constructos de autodefinición del individuo, como la identidad, que le aporta unidad, propósito y sentido a la vida de una persona, cuando recuerda el pasado o proyecta el futuro, algo tan necesario en una sociedad globalizada que busca cada vez más homogeneizar.

La perspectiva funcional sobre la memoria que será abordada en este artículo, armoniza con una orientación ecológica que concibe al organismo localizado en su ambiente, en un tiempo y en interacción con el mundo en el cual se encuentra inmerso. En la perspectiva descrita, lo funcional también denota intencionalidad, pues los individuos organizan sus experiencias, conocimientos y prácticas diarias de acuerdo a objetivos pragmáticos y en concordancia con los recursos simbólicos proporcionados por la cultura.

Desde hace algunos años, estudiosos de la memoria autobiográfica han fundamentado su trabajo en dicho enfoque y lo han dirigido hacia la identificación de varias de sus funciones generales, transcendiendo la metáfora de la memoria como dispositivo de registro exacto, hacia la concepción de ésta como un proceso reconstructivo, en el cual, se debe mostrar correspondencia con la realidad, pero también, coherencia con la construcción de significados sobre la vida y el entorno de las personas, esencia de una aproximación funcional de la memoria autobiográfica (Wright & Nunn, 2000).

El objetivo del presente escrito es ofrecer un panorama general sobre la memoria autobiográfica (MA), proceso psicológico en el cual convergen diferentes capacidades humanas, desarrolladas gracias a la maduración y también, a la incidencia del componente sociocultural, que de una u otra forma, ha mediado el proceso evolutivo humano. Para esto, el contenido de este artículo contempla llegar a una definición de la MA y la explicación de su funcionamiento para intentar dar cuenta de la forma en que se construyen los recuerdos autobiográficos a partir de los sistemas y procesos implicados y, de los instrumentos culturales y prácticas sociales que los contextualizan. Posteriormente, se expondrán las funciones autorreferenciales con las que finalmente faculta a los seres humanos para garantizar una adecuada adaptación a su entorno.

2. Definición

Para definir la MA es importante resaltar la particular asociación que tiene con la memoria episódica (ME). Dicha cercanía, ha llevado a que en algunas explicaciones, las dos sean consideradas equivalentes (Markowitsch & Staniloiu, 2011). No obstante, vale aclarar que bajo ciertas condiciones de funcionamiento (que serán posteriormente indicadas), los dos tipos de memoria pueden hacer referencia al recuerdo de vivencias ocurridas en un determinado tiempo y espacio, mediadas por una valencia emocional o una relevancia cognitiva que favorece su recuperación (Parker, Landau, Whipple, & Schwartz, 2004).

Hoerl (2007) aclara que la mayoría de las definiciones que utilizan las nociones de MA y ME plantean alguna de las siguientes situaciones: Por una parte, los recuerdos autobiográficos son considerados una subclase especial de recuerdos episódicos, es decir, aquellos que impliquen una referencia al yo o que le son de relevancia particular. Esta visión es propia de las perspectivas socioculturales, para las cuales, los recuerdos autobiográficos se construye sobre representaciones de la ME, que son integrados a tramas narrativas de vida con particulares funciones psicológicas de autodefinición (Fivush, 2011; Fivush & Nelson, 2004; Nelson & Fivush, 2004).

Otra posibilidad, es cuando se asume la idea de la MA como constituida por recuerdos episódicos referidos al yo, sin que se haga ninguna clase de distinción funcional ni característica más allá de las señaladas para la ME: un sistema que permite a la gente volver a experimentar conscientemente experiencias pasadas (Tulving, 2002). Es decir, los recuerdos autobiográficos son los mismos episódicos, pero relacionados con el yo.

Finalmente una tercera opción, en la que, la noción de MA es empleada para denotar un sistema de información que una persona tiene sobre sí misma y de la cual, la ME es tan sólo un nivel. Como se explicará más adelante, la perspectiva de sistema de memoria del yo materializa este posicionamiento, pues consta de tres niveles de información (la ME es uno de ellos) que participan en la construcción de los recuerdos autobiográficos (Conway, 2005; Conway & Pleydell-Pearce, 2000; Conway, Singer, & Tagini, 2004).

La clasificación anterior, sólo constituye un intento de esquematizar las conceptualizaciones que con respecto a la MA se han elaborado, pues como se expondrá en seguida, finalmente la mayoría coinciden en muchos de sus elementos centrales (sistemas involucrados) hasta converger en su principal distinción, definir a la MA más allá de un almacén, como un patrón de activación de información autobiográfica que responde a las exigencias adaptativas de la cotidianidad.

Entonces, la MA puede definirse como un sistema de memoria funcionalmente distinto y fundamentalmente humano, que surge a través de los años preescolares e implica habilidades de memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (memoria básicas, el desarrollo de la comprensión de relaciones temporales, de la narrativa y del reconocimiento de estados mentales del yo y de los otros (En los últimos años, la característica de explícita ha sido equiparada a la de memoria declarativa (Nelson & Fivush, 2004), que junto a la memoria procedimental (no declarativa), corresponden a la clasificación propuesta por Squire (1994), para aludir, en el caso de la primera, al fondo de información actualizada que toda persona tiene sobre el mundo, y en la segunda, a todo el repertorio de reglas y destrezas a través de las cuales es posible navegar en la realidad circundante. La diferencia básica entre una memoria y otra es la posibilidad de verbalizar sus contenidos en forma de proposiciones. Bajo la categoría declarativa, son incluidos los recuerdos episódicos y semánticos, distinción heurística de la memoria introducida por Tulving en 1972.

Por otro lado, están los sistemas de memoria episódica y semántica, asociados a dos estados diferentes de consciencia, el autonoético y el noético respectivamente (Piolino, Desgranges, & Eustache, 2009;Tulving, 2002). Tulving refiere la conciencia autonoética como la capacidad que permite a los humanos adultos representar mentalmente y hacer consciente, su existencia prolongada a través del tiempo. Es decir, está definida por un sentido del yo en el tiempo y de revivir mentalmente experiencias subjetivas surgidas del contexto original en el que se codificó un recuerdo (Markowitsch & Staniloiu, 2011).

La conciencia noética por su parte, indica la habilidad del sujeto para ser consciente de información sobre el mundo en la ausencia de cualquier tipo de recuerdo; constituye la conciencia sobre las representaciones simbólicas de la realidad, con un sentido de conocer más que de revivir (Markowitsch & Staniloiu, 2011; Piolino et al., 2009).

De acuerdo a esto, para Tulving (2002) la ME implica dos componentes: el recuerdo específico del qué, dónde y cuándo de una experiencia y además, la conciencia autonoética de haber sido el yo quién experimentó el acontecimiento en el pasado, a manera de un viaje mental en el tiempo. Una combinación del yo, conciencia autonoética y sentido subjetivo del tiempo caracterizan a la ME, bajo el principio de re-experimentar subjetiva y fenomenológicamente un recuerdo. En contraste, la memoria semántica (MS) sólo incluye conocimiento sin importar dónde y cuándo fue obtenido lo que se conoce, sin conciencia de revivir el pasado (Klein, German, Cosmides, & Gabriel, 2004), en otras palabras, conlleva conciencia noética.

Debido a la necesaria referencia autobiográfica que distingue a un recuerdo episódico (vínculo necesario con el yo), la MA ha sido considerada episódica por naturaleza, e incluso, como se advirtió antes, las dos nociones en algunos casos se conceptualizan como equivalentes. No obstante, estudios neuropsicológicos han proporcionado evidencia de una distinción entre componentes episódicos y semánticos de la MA (Piolino et al., 2009; Rosenbaum et al., 2005; Tulving, Schacter, McLachlan, & Moscovitch, 1988), por lo que no todo recuerdo autobiográfico tiene cualidades episódicas. De hecho, la MS incluye información sobre el mundo, pero también sobre acontecimientos y experiencias personales que no se pueden recordar fenomenológicamente, como el nombre, la fecha y lugar de nacimiento o rasgos de personalidad, pero que representan conocimientos autobiográficos que son preservados y actualizados a pesar de no tener acceso al componente episódico de la MA (Holland & Kensinger, 2010; Markowitsch & Staniloiu, 2011).

Por lo anterior, actualmente la MA es reconocida por ser multifacética, un cuerpo de conocimiento tanto general como de experiencias específicas únicas a un individuo, que han sido acumuladas desde la infancia y que permiten construir un sentido de identidad y de continuidad en el tiempo (Klein et al., 2004; Piolino et al., 2009). Contiene un componente episódico con recuerdos caracterizados por corresponder a eventos únicos y personalmente situados en tiempo y espacio, con detalles contextuales perceptivos (especialmente visuales), cognitivos, afectivos (fuerte experiencia emocional), relevantes al yo y que son remembrados desde una perspectiva personal. Por el contrario, el componente semántico de la MA no depende de la recuperación de acontecimientos particulares y aporta información vinculada a un sentimiento de conocer o de familiaridad con algo.

Como se aprecia, múltiples sistemas están involucrados en la MA y la directa relación de estos recuerdos con el yo, también conceptualizan a este último como una entidad compleja, distribuida entre los sistemas de memoria del individuo, pues su continuidad emerge de estos sistemas y de su interacción con los demás (el yo de otros) y el mundo sociocultural (Rubin, 2005). Cónsono con esto, un reciente modelo sobre los sistemas de memoria del yo (que será revisado en el siguiente apartado), afirma que la recuperación de recuerdos autobiográficos depende de un complejo y auto dirigido grupo de procesos de control que implican a los sistemas de ME y MS (esto, un reciente modelo sobre los sistemas de memoria del yo (que será revisado en el siguiente apartado), afirma que la recuperación de recuerdos autobiográficos depende de un complejo y auto dirigido grupo de procesos de control que implican a los sistemas de ME y MS (esto, un reciente modelo sobre los sistemas de memoria del yo (que será revisado en el siguiente apartado), afirma que la recuperación de recuerdos autobiográficos depende de un complejo y auto dirigido grupo de procesos de control que implican a los sistemas de ME y MS (esto, un reciente modelo sobre los sistemas de memoria del yo (que será revisado en el siguiente apartado), afirma que la recuperación de recuerdos autobiográficos depende de un complejo y auto dirigido grupo de procesos de control que implican a los sistemas de ME y MS (esto, un reciente modelo sobre los sistemas de memoria del yo (que será revisado en el siguiente apartado), afirma que la recuperación de recuerdos autobiográficos depende de un complejo y auto dirigido grupo de procesos de control que implican a los sistemas de ME y MS (Pero además de la obligada referencia al yo, para Conway & Rubin (1993) la MA debe ser personalmente relevante, relacionada con episodios que tienen un significado personal, el cual emerge de las emociones, motivaciones y objetivos que son construidos colectivamente en interacción con otros. Al respecto, Holland & Kensinger (2010) afirman que hay algo subjetivamente especial en acontecimientos que contienen poderoso significado emocional, los detalles pueden permanecer como parte de la narrativa personal de un sujeto, por lo que aquellos eventos con alta implicación personal o relevantes al yo definitivamente son más recordados. Esto puede estar asociado a que en las culturas modernas, las narrativas autobiográficas sirven para crear un sentido individual de consistencia y coherencia a través del tiempo (Conway et al., 2004; Fivush, 2011).

No obstante, quizá la distinción esencial de la MA sea que transciende la función adaptativa de supervivencia (generar representaciones que guíen la conducta actual y futura) para integrar importantes funciones psicológicas, sociales y emocionales, como la autodefinición (relacionado con la construcción de la identidad), las relaciones sociales del yo y la autorregulación (Bluck, 2003; Fivush, 2011; McAdams, 2001; McAdams & Pals, 2006; Rasmussen & Habermas, 2011).

En síntesis, la MA va más allá del recuerdo del acontecimiento experimentado para integrar además del recuerdo episódico, la convergencia con un sentido, perspectiva, interpretación y evaluación del yo (Conway, 2005; Conway & Pleydell-Pearce, 2000; Conway et al., 2004), con base en el cual es posible crear una historia personal, narrativa de vida en la que se vinculan diferentes acontecimientos que relacionan el yo a través del pasado, el presente y el futuro (Bluck & Habermas, 2000; Hoerl, 2007; McAdams, 2001; McAdams & Pals, 2006).

Por esto, desde el enfoque sociocultural, la MA es considerada una forma de actividad cultural y por lo tanto, específica a formas locales y culturales de interacción social desde las cuales se configura (Fivush, 2011). Entre los componentes que contribuyen al desarrollo de la MA resaltan además de los sistemas básicos de memoria, la adquisición de habla compleja o signos de lenguaje, la comprensión y producción narrativa, la posibilidad de compartir recuerdos sobre eventos con padres y pares, los estilos parentales de expresión verbal, comprensión temporal, representación del yo, perspectiva personal y comprensión psicológica (Nelson & Fivush, 2004).

Todo el recorrido realizado en torno a la conceptualizaciones y propiedades de la MA posibilita entender su carácter multimodal, resultante del encuentro de capacidades relacionadas al dominio del yo, las emociones, metas y significados personales (Holland & Kensinger, 2010), productos de sistemas sensoperceptivos, cognitivos, afectivos, narrativos, de lenguaje y de sistemas de memoria explícita (Rubin, 2005), que al interceptarse en contextos socioculturales específicos, facultan al sujeto para la generación de recuerdos autobiográficos, con importantes funciones para la vida cotidiana.

Esta es la diferenciación funcional de la que se hablaba en la introducción, la MA ha sido estudiada y definida desde las funciones que ejerce en el diario vivir de las personas, más que considerarla desde una perspectiva de almacenamiento de información exacta de las vivencias de alguien, lo cual ha permitido reconocer su naturaleza reconstructiva al servicio de objetivos funcionales, más que de sólo registro.

De hecho, la MA puede ser conceptualizada como un estado mental resultante del interjuego de un grupo de habilidades psicológicas que transforman una representación de la memoria en una experiencia autobiográfica personal (Klein et al., 2004). A continuación, se expondrá cómo es que se da ese proceso de generación de recuerdos autobiográficos, gracias a la convergencia de información proveniente de los sistemas de memoria episódica y semántica y por supuesto, de convenciones socioculturales que sirven para organizar e interpretar esa información en torno al yo.

3. Funcionamiento

La memoria autobiográfica está vinculada al yo, y como describen Klein et al. (2004), el conocimiento del yo es la historia de cómo, lo que un sujeto ha experimentado lo ha hecho quién es, y cómo quién es, le ha permitido hacer lo que ha hecho. Para los autores citados, el conocimiento autobiográfico exige capacidad para representar al yo como una entidad psicológicamente coherente que persiste a través del tiempo, cuyas experiencias pasadas son recordadas como pertenecientes al yo presente.

Con el fin de explicar cómo funciona la memoria autobiográfica, o en otras palabras, cómo se construyen los recuerdos autobiográficos, en esta parte se retomará un enfoque denominado Sistema de memoria del yo (Conway, 2005; Conway & Pleydell-Pearce, 2000; Conway et al., 2004). En términos generales, el sistema de memoria del yo (SMY) es una estructura conceptual que enfatiza la relación del yo con la memoria. La memoria es concebida como una base de datos del yo, con la específica función de rastrear el progreso en el logro de metas. Las metas son representaciones internas de estados futuros (un estándar o ideal) que el sujeto se esfuerza por alcanzar o evitar (D'Argembeau & Mathy, 2011).

Así, el yo se asume como un conjunto complejo de metas activas y asociadas con autoimágenes, denominadas colectivamente como yo de trabajo. Los recuerdos autobiográficos son construcciones mentales, patrones transitorios de activación (que pueden llegar a ser estables) de conocimientos provenientes de una base de datos autobiográficos, generados a partir de un complejo conjunto de procesos de control guiados por metas, que se integran bajo el denominado yo de trabajo.

Para Conway et al. (2004) los recuerdos autobiográficos se distinguen por tres razones principales: contienen recuerdos episódicos; incluyen conocimiento del yo y son el resultado del procesamiento de metas. Estos recuerdos surgen de la interacción del yo de trabajo, la memoria episódica y el yo de largo plazo, lo cual es consistente con lo que representa la MA, la integración de sistemas de memoria y procesos de control, ambos permeados por esquemas socialmente construidos provenientes del contexto cultural.

Hasta este punto es claro que la memoria es motivada por metas u objetivos, que en orden de prioridad deben ser alcanzados por una persona. Para entender la relación entre las metas y la memoria, es necesario describir los componentes involucrados en la generación de recuerdos autobiográficos: el yo de trabajo que coordina el procesamiento de metas, la memoria episódica y el yo a largo plazo, que contienen la información autobiográfica.

4. El yo de trabajo

El término yo de trabajo (Conway & Pleydell-Pearce, 2000), hace referencia a una jerarquía de metas activas, que forman parte del sistema de memoria de trabajo (Baddeley, 2012). Este sistema combina almacenamiento y manipulación de la información y permite el sostenimiento en línea de nuevos datos y la recuperación de porciones de información antigua ya almacenada. La idea central sobre el yo de trabajo, es que contiene una muy compleja jerarquía de metas y sub-metas (representadas de acuerdo a su nivel de especificidad) en conexión con mecanismos de retroalimentación positiva y negativa que ofrecen información sobre el estado del proceso en la consecución de un objetivo. Es decir, evalúa la discrepancia entre el estado ideal de una meta y el estado actual del individuo en el mundo frente a esa meta. También, procesa planes para reducir o incrementar esa discrepancia.

La jerarquía de metas del yo de trabajo es un proceso en el que diferentes sub-procesos están funcionando en forma activa y motivando cognición, afecto y conducta. Las metas son conducidas por la cognición y la valoración del progreso sobre el logro de un objetivo es experimentado como emoción. Así, cognición y emoción están vinculadas mediante metas y es a través de nexos de cognición, emoción y objetivos que los recuerdos autobiográficos son armados inicialmente y más tarde re-construidos en actos de recuerdo, puesto que la función crítica de la memoria es hacer seguimiento al progreso en el logro de metas (Conway et al., 2004).

Otro aspecto de gran importancia es que las metas del yo de trabajo son particularmente sensibles a demandas del desarrollo a través del ciclo vital (Fivush, Habermas, Waters, & Zaman, 2011). Hitos del desarrollo y desafíos relacionados al crecimiento, la autonomía, el logro, la intimidad, generatividad, envejecimiento, pérdida y los problemas existenciales, dirigen, generan y derivan metas centrales.

Entonces, el propósito de la jerarquía de metas del yo de trabajo es regular la conducta. Para lograrlo, opera como un grupo de procesos de control que determinan la codificación y el acceso al conocimiento de la memoria a largo plazo, así como la construcción de recuerdos (Conway, 2005). La relación entre el yo de trabajo y la memoria a largo plazo es recíproca, en tanto el conocimiento autobiográfico limita lo que el yo es, ha sido y puede ser, mientras que el yo de trabajo modula el acceso al conocimiento a largo plazo.

El yo de trabajo organiza la experiencia actual o el presente psicológico (Conway et al., 2004). La representación del presente psicológico puede ser concebida en términos de tres principios generales: categorización, evaluación y priorización. Estas divisiones pueden ser traducidas en actividades primarias del yo para categorizar y organizar el presente psicológico en términos de metas existentes; para evaluar y señalizar preferencias sobre estos y; para establecer prioridades y orden a secuencias de procesamiento de metas. Evidentemente, el yo de trabajo asigna la distribución de recursos atencionales.

5. Memoria reciente y a largo plazo

Antes de continuar con la exposición de los componentes de la memoria autobiográfica, es importante reseñar brevemente a qué se hace referencia con memoria reciente y a largo plazo desde el modelo de sistema de memoria del yo. Fundamentado en un conjunto de metas a lograr, en este modelo se defiende que la función de la memoria es hacer seguimiento al logro o no de los objetivos planteados en la serie jerarquizada de fines que constituye el yo de trabajo (Conway & Pleydell-Pearce, 2000). Sin embargo, para que un sistema de memoria sea eficiente no puede retener todos los recuerdos generados por la ejecución de actividades cotidianas en la rutina de una persona.

De acuerdo al SMY, los recuerdos recientes serán olvidados a menos que se integren con otras representaciones de la memoria a largo plazo. No obstante, esta memoria no conserva grandes cantidades de recuerdos recientes, por lo que su retención solamente sucede para aquellos recuerdos episódicos recientes asociados en alguna forma con objetivos a largo plazo (Conway, 2005). La memoria reciente entonces, comprende recuerdos episódicos que representan eventos que muestran procesamiento de metas a corto plazo (como ir diariamente al trabajo). La memoria a largo plazo por el contrario, contiene conocimiento y recuerdos episódicos relacionados con el procesamiento de metas a largo plazo, (que los hace perdurables, como por ejemplo, completar un importante proyecto de trabajo).

6. Sistema de memoria episódica

Los recuerdos episódicos son resúmenes de registros de procesamiento sensorial, perceptual, conceptual y afectivo que caracterizaron o predominaron en una experiencia particular. Son derivados de la memoria de trabajo y forman un sistema de memoria separado del conocimiento autobiográfico base (que se verá más adelante). Además de las características ya señaladas, para Conway (2009) las representaciones de la memoria episódica tienen una perspectiva de campo u observador, representan segmentos de duración corta de la experiencia, siguen una dimensión temporal en orden de ocurrencia, están sujetas al olvido rápido y son una parte constituyente de los recuerdos autobiográficos.

Más allá de reiterar una definición de la memoria episódica (ampliamente trabajada ya), es imprescindible introducir uno de los temas fundamentales en la construcción de los recuerdos autobiográficos y que constituye el principio central del modelo del SMY: la memoria es un producto de la compensación entre demandas separadas pero en competencia de coherencia y correspondencia (Conway, 2005).

La memoria autobiográfica surge de la intersección de dos demandas, la necesidad de codificar un registro exacto de la experiencia resultante de la actividad dirigida al cumplimiento de una meta y la simultánea necesidad de mantener un registro coherente y estable de la interacción del yo con el mundo, que se extiende más allá del momento presente (Conway & Pleydell-Pearce, 2000). La primera se llama correspondencia adaptativa y la segunda coherencia del yo.

El yo de trabajo media la tensión entre estas dos demandas de conocimiento en competencia dentro del individuo. Por un lado, en tanto los recuerdos representan información sobre el progreso en el logro de metas, el yo de trabajo debe garantizar que reflejen la realidad en al menos alguna medida. Por otro, el yo de trabajo requiere construir conocimiento y recuerdos que confirmen y apoyen concepciones del yo actuales altamente disponibles o, distorsionar y/o inhibir recuerdos que socaven el yo actual (Conway et al., 2004).

La coherencia es una fuerza en la memoria humana que actúa en la codificación, pos-codificación y re-codificación de recuerdos para compartir la accesibilidad de los mismos y de sus contenidos. Esto se hace, para crear consistencia en la memoria con las metas actuales del individuo, las imágenes y creencias del yo. La memoria y los aspectos centrales del yo forman un sistema coherente en el cual, en el individuo saludable, creencias y conocimientos del yo son confirmados y apoyados por recuerdos de experiencias específicas.

Parece entonces que la memoria autobiográfica es dominada por la fuerza o demanda de coherencia. Un yo estable e integrado, con un pasado confirmatorio que produce una consistente y rica historia de vida, constituye un yo capaz de operar efectivamente, lograr metas y relacionarse socialmente en formas productivas. Los beneficios de la coherencia son considerables.

Contrario a la coherencia está la demanda de correspondencia. La memoria debe corresponder a la experiencia, sin embargo, un sistema que mantiene un literal registro detallado de las vivencias puede enfrentarse con incontables problemas de almacenamiento y recuperación. Para contrarrestar esto, existe la posibilidad de retener conocimiento autobiográfico semántico, correspondiente a experiencias que realmente ocurrieron sin acceder al recuerdo episódico asociado, garantizando así la correspondencia con los acontecimientos sin sobrecargar el sistema de memoria.

En síntesis, el sistema de memoria está enfrentado con demandas mutuamente contradictorias. Una es representar la realidad tal como es experimentada, pero en formas cognitivamente eficientes, y otra, es retener conocimiento en forma tal que apoye un yo coherente y efectivo.

Por tanto, la coherencia y la correspondencia son igualmente importantes, pero cada una por diferentes razones. Los recuerdos episódicos de corto plazo deben mantener un registro exacto de actividades relevantes a metas, puesto que su propósito primario es minimizar repeticiones disfuncionales de secuencias de acción. La correspondencia adaptativa sirve a la función específica de permitir que el yo de trabajo realice un seguimiento de la situación actual en la que se encuentra con respecto a la ejecución de una meta.

En el largo plazo sin embargo, los sistemas de metas del yo de trabajo cambian, pasan a otros objetivos y secuencias de objetivos (transiciones de objetivo) y los relativamente pocos recuerdos episódicos que subsecuentemente son retenidos, se vinculan al conocimiento de largo plazo más duradero en el que su función se convierte en una de coherencia. La coherencia une al yo de trabajo actual con la realidad recordada y apoya la generación de diferentes imágenes o versiones del yo en el pasado y en el futuro. Cuando la conexión entre los recuerdos episódicos y el yo se interrumpen, la coherencia se rompe y versiones ilusorias sin fundamento en la realidad emergen.

El sistema de memoria episódica contiene experiencia detallada cercana al evento, que evoca la imaginería visual y la experiencia autonoética de revivir mentalmente un evento pasado. Esos recuerdos representan partes de la experiencia relativamente cortas y son formados cuando un cambio en el procesamiento de objetivos ocurre (puesto que su función es hacerles seguimiento). Durante el curso de un día un gran número de registros episódicos son formados por el yo de trabajo y muchos de esos permanecerán disponibles para el recuerdo por cortos períodos de tiempo. Posiblemente varios se perderán y solamente algunos por su relevancia a las metas (a más largo plazo) serán retenidos por períodos mayores de tiempo durante el cual se integrarán lentamente al conocimiento autobiográfico. En otras palabras, para que un recuerdo episódico perdure en el tiempo debe convertirse en o asociarse a un recuerdo semántico (Piolino et al., 2009).

En términos de correspondencia y coherencia, la memoria reciente está predispuesta hacia la correspondencia a expensas de la coherencia, mientras que la memoria a largo plazo está predispuesta hacia temas de coherencia sobre correspondencia.

De los componentes implicados en la MA ya se han explicado los procesos de control (yo de trabajo) y el sistema de memoria episódica. Igualmente diferenciaciones entre coherencia y correspondencia de los recuerdos y entre la memoria reciente y a largo plazo fueron presentados. A continuación se describirá el último componente, relacionado con el sistema de memoria semántica involucrado en la generación de recuerdos autobiográficos.

7. El yo a largo plazo

Como se resaltó en líneas anteriores, debe existir un nivel óptimo de retención para cualquier experiencia, de modo que beneficie la supervivencia. La retención de conocimiento autobiográfico conceptual y la retención de significados correspondientes a experiencias sin acceso a recuerdos episódicos, puede ser una de las formas en que el sistema de memoria del yo logra el equilibrio entre correspondencia y coherencia, y reduce la potencial sobrecarga de información al retener muy detallados y extensos registros de experiencias.

En el enfoque del SMY se propone un yo de largo plazo que contiene el conocimiento requerido por el yo de trabajo para organizar y concretar procesos activos en el logro de metas. Esta información tiene un carácter semántico, es independiente de experiencias fenomenológicas y está determinado por el marco cultural en el que se sitúa el individuo.

La influencia del contexto social en la formación de los recuerdos autobiográficos se materializa en este sistema del yo a largo plazo, pues contiene las herramientas simbólicas para estructurar y evaluar las vivencias del individuo y permitir que se pueda generar algún tipo de recuperación posterior en función de su utilidad en la consecución de las distintas metas que una persona debe alcanzar en la cotidianidad.

Cónsono con las características señaladas, el yo de largo plazo está conformado por el conocimiento autobiográfico base y el yo conceptual (Conway et al., 2004).

El conocimiento autobiográfico base comprende el periodo de vida y las estructuras de conocimiento de acontecimientos generales que en el proceso de formación de la MA se combinan con el sistema de memoria episódica para generar recuerdos autobiográficos específicos, es decir, patrones de activación estables de conocimiento autobiográfico.

Los periodos de vida son lapsos de tiempo autobiográfico relativamente largos en los que están representados lugares, actividades, personas importantes, planes, metas particulares y actitudes evaluativas hacia esos periodos. Por ejemplo, los primeros años de matrimonio, los años del bachillerato, o un periodo de crisis económica. Este tipo de organización conceptual nace en respuesta a modificaciones en el procesamiento de metas, como los cambios de trabajo, casa o relación. El presente estable de una persona gradualmente se transformará en un conocimiento de periodo de vida. La naturaleza emocional de los periodos de transición refleja la reorganización que implican en la jerarquía de metas del yo de trabajo y la transformación de las estructuras de los periodos de tiempo en la memoria a largo plazo.

Los acontecimientos generales son categorías de eventos vinculados a través de periodos de tiempo relativamente breves (una semana, un día, unas pocas horas) u organizados mediante un tema compartido, como es el caso de las primeras experiencias o las vacaciones. Constituyen verdaderos resúmenes de representaciones de eventos repetidos o de eventos extendidos en el tiempo (D'Argembeau & Mathy, 2011).

Hay un tercer nivel de conocimiento autobiográfico base, el esquema de historia de vida, una información de la historia personal más global que las anteriores. La historia de vida contiene la comprensión del individuo de cómo la historia vital normativa es construida dentro de una cultura (Bluck & Habermas, 2000). Esta estructura se traza sobre convenciones sociales-cognitivas con respecto al orden temporal, temas dominantes, atribuciones causales e instancias evaluativas hacia experiencias. Toma una vida individual como un todo y crea estructuras más generales (ejemplo, la carrera de alguien como profesor en una universidad).

El esquema de vida descrito, contribuye al desarrollo en el individuo de una historia de vida más elaborada, que constituye un aspecto clave de la identidad (McAdams; 2001; McAdams & Pals, 2006), puesto que incluye generalizaciones sobre capítulos de vida y temas. También, implica una conexión con mitos culturales y estructuras narrativas que le ofrecen modelos para integrar diferente información sobre experiencias en un todo con sentido (Fivush, 2011; Fivush et al., 2011; Fivush & Nelson, 2004; Nelson & Fivush, 2004).

De acuerdo a los componentes expuestos, los patrones de activación que representan recuerdos autobiográficos específicos pueden ser generados de dos formas diferentes. Si el yo de trabajo inicia un proceso de recuperación desde el conocimiento autobiográfico base del yo a largo plazo, la recuperación comienza en el nivel de acontecimiento general. Cuando los acontecimientos se entrecruzan con periodos de vida y con el esquema de historia de vida, un marco temporal y sensible a la meta puede guiar la búsqueda a través de eventos episódicos particulares almacenados dentro del sistema de memoria episódica. El patrón de activación que integra las estructuras del conocimiento autobiográfico base con imágenes episódicas específicas produce los recuerdos autobiográficos detallados que llegan a la conciencia. Es decir, se llega a recuerdos autobiográficos episódicos a través de recuerdos autobiográficos semánticos(Holland & Kensinger, 2010; Picard, Reffuveille, Eustache, & Piolino, 2009;Piolino et al., 2009).

No obstante, el proceso contrario también puede darse, cuando características muy específicas de una experiencia activan algunos detalles episódicos que se extiende a un acontecimiento general asociado y a un periodo de vida y resultan en un patrón de activación que se experimenta como un recuerdo espontáneo (D'Argembeau & Mathy, 2011).

Una importante propiedad de esta dinámica es que cuando las metas cambian y nuevos temas y periodos de vida se vuelven centrales para el yo de trabajo, un registro de intereses pasados de una versión más vieja del yo de trabajo existe en la forma de eventos generales con sus respectivos recuerdos episódicos. Esto permite que subgrupos de conocimientos y recuerdos puedan ser usados para apoyar y definir psicológicamente imágenes del yo particulares.

La otra parte constituyente del yo a largo plazo es el yo conceptual (Conway, 2005; Conway et al., 2004). Este componente, interactúa con el conocimiento autobiográfico base y contribuye a la organización de sus unidades jerárquicas y agrupaciones temáticas (historia de vida, periodos de vida y eventos generales). Es un sistema separado, compuesto de estructuras conceptuales del yo temporalmente no especificadas, tales como guiones personales, posibles identidades, aspectos conceptuales de modelos de funcionamiento interno (sistema de atribución, rasgos de personalidad, lógicas de interpretación de las experiencias), esquemas relacionales, guías del yo, actitudes, valores y creencias. Todas estas unidades son estructuras de conocimiento abstracto que una persona tiene sobre sí misma y que existen con independencia de incidentes específicos definidos temporalmente, pero que están conectados al conocimiento autobiográfico base y al sistema de memoria episódica para activar casos concretos que ejemplifiquen, contextualicen y fundamenten sus temas o conceptos subyacentes.

Los componentes del yo conceptual son esquemas socialmente construidos que ayudan a definir al yo, a otras personas, las interacciones con otros y el mundo circundante. Estas categorías son trazadas desde la influencia de la familia y la socialización con pares, escolaridad y religión, también de historias, cuentos y mitos constitutivos de la cultura particular del individuo (Fivush, 2011; Fivush et al., 2011; Fivush & Nelson, 2004; Nelson & Fivush, 2004).

El yo conceptual influye en la recuperación de los recuerdos autobiográficos, en tanto contribuye a la formación de la compleja jerarquía de metas que constituyen al yo de trabajo y a partir de las cuales éste último ejerce su labor de regulación de la MA (Demiray & Bluck, 2011). En consecuencia, la incidencia del yo conceptual en la generación de metas personales que guían los comportamientos presentes y futuros, y determina la formación de recuerdos autobiográficos, está mediada por esquemas socialmente construidos en contextos culturales.

Recientes estudios proponen que el yo conceptual y el conocimiento autobiográfico base, contienen información abstracta sobre estados futuros del yo y representaciones anticipadas de periodos de vida y eventos generales, que originarían detalladas proyecciones del yo (con participación del sistema de memoria episódica) (D'Argembeau, Lardi, & van der Linden, 2012; D'Argembeau & Mathy, 2011). Esto concuerda con hallazgos que destacan la forma en que los acontecimientos imaginados sobre el futuro se agrupan en torno a imágenes futuras del yo (representaciones anticipadas del yo) de la misma forma en que los recuerdos lo hacen alrededor de imágenes pasadas (Berntsen & Bohn, 2010; Rathbone, Conway, & Moulin, 2011).

Todo lo anterior, resalta la determinación cultural que tienen los recuerdos y las proyecciones autobiográficas, hecho plasmado en que tanto los acontecimientos recordados como los imaginados se organicen en torno a guiones culturales de vida (Berntsen & Jacobsen, 2008). Los guiones culturales de vida son las expectativas culturalmente compartidas respecto al orden temporal de los acontecimientos normativos significativos de la vida, como casarse y tener hijos (Berntsen & Rubin, 2004).

Además de estructuras para organizar las experiencias y las expectativas, la cultura también media la formación de esquemas de interpretación de las vivencias, denominados patrones narrativos, representaciones que contienen información abstracta sobre las normas culturales que los individuos deben seguir y utilizar para posicionarse ellos mismos mientras construyen un relato autobiográfico (Fivush et al., 2011).

Como se expuso, al interior del yo a largo plazo, existe una relación recíproca entre el conocimiento autobiográfico base y el yo conceptual en la que cada uno informa y restringe al otro. Entonces, el yo conceptual comprende conocimiento abstraído sobre el yo, contextualizado en términos de la vida de alguien por el conocimiento autobiográfico base y fundamentado en recuerdos episódicos de experiencias específicas.

Evidentemente, la MA involucra sistemas de memoria y procesos de control, que interconectados y en relación con marcos socioculturales originan recuerdos autobiográficos. Cuando se definía la MA, se hacía en términos de sus funciones, claramente adaptativas y de hecho es así. El plantearse una MA como constructo psicológico, obedece a la necesidad de integrar una serie de sistemas de memoria y de procesos ejecutivos en un patrón de procesamiento que explique cómo se van generando conocimientos que al ser codificados y almacenados garantizan el éxito adaptativo en situaciones novedosas experimentadas en el medio cotidiano al que un individuo se expone.

Pero también, conceptualizar una MA faculta para comprender cómo ciertas experiencias diarias y conocimientos ya codificados pueden ser retomados a través de su vínculo con una meta a largo plazo, cuyo cumplimiento es necesario para el saludable desarrollo de un sujeto. Y es aquí en dónde realmente se marca la diferencia del sistema de MA con otros sistemas de memoria, pues como ya se enunciaba antes, transciende la función adaptativa para cumplir otras funciones estrictamente psicológicas como la autodefinición.

Los recuerdos autobiográficos son más que simples cronologías de acción, e incluyen evaluaciones, razonamientos autobiográficos (Habermas, 2011), explicaciones, motivaciones e intenciones, que posibilitan predecir y prosperar en la vida diaria. Por eso, cuando alguien narra su vida, elige e integra lo que considera son acontecimientos personalmente significativos o recuerdos autodefinidores. Estos recuerdos aluden a experiencias particularmente destacadas que resultaron de, o dieron lugar a transiciones de vida o decisiones importantes que pusieron en marcha una nueva dirección para el yo (Fivush et al., 2011). Por lo tanto, los recuerdos definidores del yo serán asociados con objetivos mayores del desarrollo y se volverán más activos cuando estos objetivos sufran cambios.

La importancia de los recuerdos autodefinidores está, en que constituyen el producto de la comprensión que las personas tienen de sí mismas como seres coherentes en el tiempo. Para Conway et al. (2004), un recuerdo autodefinidor es un tipo específico de recuerdo autobiográfico que reúne características como la intensidad afectiva que lo hace sumamente vívido y su vinculación a otros recuerdos que comparten temas similares en la vida de un individuo.

Los recuerdos autodefinidores juegan una función directiva y reguladora del estado de ánimo para el yo y proveen lecciones de vida o significados integradores que promueven el crecimiento personal y el óptimo ajuste. Esto recuerdos, se consideran asociaciones de gran alcance entre los guiones personales constituyentes del yo conceptual y la información propia del conocimiento autobiográfico base (Conway, 2005). Como todo recuerdo autobiográfico, también implica una conexión con el sistema de memoria episódica. Los recuerdos definidores del yo son recuerdos autobiográficos específicos que representan secuencias narrativas de acción, afectos y resultados en el logro de metas.

Cada persona tiene un grupo de recuerdos autodefinidores que contienen conocimiento crítico del progreso en el logro de metas a largo plazo. Éstos permanecen en un estado de alta accesibilidad y se encuentran entre los primeros recuerdos que vienen a la mente cuando el pasado se rememora libremente. La autodefinición basada en recuerdos autobiográficos y en la proyección de imágenes del yo futuras, quizá sea la mejor evidencia del carácter constructivo de la MA, puesto que posibilita la producción de una historia de vida autobiográfica que integra recuerdos, metas y planes futuros, todo en un yo coherente.

8. Funciones

Durante la exposición de los componentes de la MA y de las dinámicas que caracterizan su funcionamiento, se han señalado las funciones con las que faculta a los individuos y que constituyen el fundamento de su definición. No obstante, en esta última parte, las funciones psicológicas, sociales y emocionales de la MA se organizaran en torno a tres categorías: la autodefinición, relaciones sociales y autorregulación (Fivush, 2011; Fivush et al., 2011; Holland & Kensinger, 2010; Rasmussen & Habermas, 2011).

La autodefinición es la función de mayor alcance. Hace referencia al desarrollo de la personalidad y al mantenimiento de un sentido coherente del yo. Implica la regulación del afecto, la construcción de significados y por supuesto, el desarrollo de un continuo sentido del yo en el tiempo (Olivares, 2010). Los recuerdos del yo son referencias altamente accesibles que influyen la asignación de significados a otros recuerdos autobiográficos y están sujetos a continuas activaciones enfocadas a la consecución de metas (Rasmussen & Berntsen, 2009). Asimismo, la función de autodefinición de la MA posibilita generar una historia personal que define quién es una persona a través del tiempo, de los contextos y de las experiencias, es decir, construye la identidad (Fivush, 2011).

La recurrencia que tiene la recuperación de recuerdos autodefinidores en la cotidianidad, ha sido asociada a la personalidad, particularmente se les atribuye ser uno de los mecanismos por el cual los rasgos de personalidad de un individuo se expresan en adaptaciones características (estrategias de afrontamiento) (rasgos de personalidad de un individuo se expresan en adaptaciones características (estrategias de afrontamiento) (rasgos de personalidad de un individuo se expresan en adaptaciones características (estrategias de afrontamiento) (Por otro lado, la función de la MA en las relaciones sociales, tienen que ver con proporcionar material para conversaciones y el vínculo social. La función social de la MA está relacionada con la posibilidad de compartir recuerdos con otros individuos, situación interactiva que posibilita presentar el yo en contextos sociales. A través de los recuerdos autobiográficos se construyen y mantienen relaciones interpersonales. Relatar experiencias vividas facilita la comunicación, la creación de vínculos sociales y la intimidad, sea porque el oyente comparta el significado de la experiencia o porque el narrador ofrezca información autobiográfica reveladora que se desconoce (Alea & Bluck, 2007; Olivares, 2010; Rasmussen & Berntsen, 2009). Los recuerdos autobiográficos proveen material para conversaciones que favorece la interacción social (Bluck, Alea, Habermas, & Rubin, 2005). Esto permite que las contribuciones de una persona a la conversación sean más creíbles y persuasivas, promoviendo la comprensión y la empatía.

Además, las relaciones con los otros a través del tiempo también están representadas en recuerdos autobiográficos específicos que proporcionan una estructura para comprender relaciones presentes y definir las futuras (Fivush, 2011).

Por su parte, la autorregulación alude al papel de la MA en la resolución de problemas y la posibilidad de regir la conducta futura. Es la función evolutivamente más temprana y básica de las tres enunciadas (Pillemer, 2003). Se relaciona con la orientación para resolver problemas, predecir eventos futuros y guiar la conducta dirigida a objetivos. Para Bluck et al. (2005) las funciones directivas de la autorregulación están asociadas con la atribución de significados a las experiencias pasadas con el fin de que puedan dirigir acciones presentes y planear las futuras. Esto es lo que se conoce como razonamiento autobiográfico, la creación de conexiones entre periodos distantes de la vida (pasado y presente), acontecimientos recordados y el desarrollo de la personalidad (Habermas, 2011). Estos argumentos autobiográficos conducen la planeación de las conductas.

El recuerdo también está muy relacionado con la salud física y psicológica. Así, los individuos que son capaces de crear narrativas de vida más coherentes que abarquen la infancia y la adultez temprana muestran altos niveles de bienestar emocional (McAdams & Pals, 2006).

En general, puede decirse que diferentes clases de recuerdos autobiográficos en cuanto a su contenido y valencia emocional, están asociados a diferentes funciones. Un estudio mostró que los recuerdos con valencia emocional positiva están asociados a funciones sociales y de autodefinición; y los de valencia negativa a funciones directivas (Rasmussen & Berntsen, 2009). Los investigadores atribuyeron estos resultados a que las personas se alejan de los recuerdos negativos que reviven dolor emocional, pero mantienen detalles necesarios para resolver problemas o predecir errores futuros. Todo esto encaja con el supuesto de que uno de los roles importantes de la MA es mantener una imagen positiva del yo.

Reseñar las diferentes funciones de la MA reitera, que importantes procesos como la autodefinición, las relaciones con los demás y la autorregulación no podrían lograrse a partir del sólo recuerdo de series cronológicas de sucesos. Para alcanzar estos objetivos, es necesario organizar y aplicar lógicas interpretativas a las experiencias, en función de las metas esperadas en un contexto social. Las culturas son los marcos en donde se especifican las habilidades y actividades consideradas relevantes para convertir a un individuo en un miembro competente de la sociedad (Fivush et al., 2011).

Por lo tanto, se requiere de un complejo sistema de regulación de la información que haga converger las expectativas sociales con las vivencias cotidianas del individuo, valiéndose de las estructuras simbólicas que el marco cultural provea. Son esquemas como los guiones de vida y los patrones narrativos los que permiten vincular experiencias y darles un sentido que represente a una persona y que sustente sus acciones.

Esta es la razón por la que el sistema de memoria autobiográfica constituye la base fundamental para la construcción de la identidad, que en formato de narrativa de vida, permite recordar y reconstruir experiencias, reflexionar sobre ellas, ajustarles significados socialmente consensuados, crear argumentos que justifiquen las acciones pasadas, presentes y futuras, comunicarlas e interpretar y entender las vivencias de otros; porque al fin y al cabo, los recuerdos autobiográficos representan un yo en interacción dentro de un contexto social.

Describir las funciones de la MA posibilita explicarla como el centro de la comprensión humana del yo y del otro, como la forma en que los individuos crean un sentido de sí mismos continuo y coherente a través del tiempo, con un pasado que explica el presente y se proyecta hacia el futuro, un individuo engranado en las estructuras de la sociedad (familia, comunidad) y en el sistema cultural.

9. Conclusión

El recorrido realizado en este artículo permitió ver cómo la MA fundamenta su definición y abordaje desde una perspectiva funcional, que resalta su significancia adaptativa y utilidad en el mundo real. Como objeto de estudio, las aproximaciones retomadas responden a la demanda formulada por Baddeley (1988), acerca de la necesidad de estudiar los fenómenos de la memoria en el contexto de la vida cotidiana, desde el uso humano de los mismos.

Como la adaptación de los seres humanos ocurre en nichos culturales, son estos los que disponen las herramientas simbólicas con las que cada individuo debe valerse para convertirse en parte funcional del sistema social. En la actualidad, la determinante influencia de los contextos socioculturales en la evolución de los seres humanos es reconocida (Laland et al., 2010; Milbrath, 2012). Incluso, recientes estudios han empezado a diferenciar el efecto de dicha influencia en el funcionamiento neurobiológico del cerebro (Chiao et al., 2009, 2010; Han & Northoff, 2008; Kitayama & Park, 2010; Miller & Kinsbourne, 2012).

La influencia planteada, muestra a los seres humanos como organismos intencionales capaces de alterar sus propias condiciones de existencia, de generar estructuras sociales y determinarse por ellas, a la vez que desde sus acciones cotidianas las continúan reformulando constantemente. Esta es la determinación sociocultural que se quiere resaltar (Bruner, 2006;Vygotski, 1995), posicionamiento que sin negar los universales biológicos, reconoce los determinantes sociohistóricos que posibilitan y caracterizan las culturas humanas.

Como proceso y constructo, la MA plasma la forma en que lo sociocultural influye directamente en lo psicológico, puesto que las funciones que la definen se ejercen en respuesta a los cánones que el marco cultural proporciona. Estas convenciones configuran las metas a corto y largo plazo que definen al yo de trabajo y le permiten transcender la inmediata supervivencia biológica para emprender procesos de autoconstrucción mucho más avanzados como lo es la identidad.

La cultura también suministra importantes estructuras de organización e interpretación de las experiencias para garantizar la disponibilidad de la información de acuerdo a su valor instrumental en la consecución de metas. Esto se traduce en patrones de activación de conocimiento autobiográfico que pueden pasar de ser transitorios a estables, en la medida en que anclados a objetivos a largo plazo lleguen a constituir recuerdos autodefinidores.

Con estos elementos presentes, puede entenderse el sistema de memoria autobiográfica como una dinámica de procesamiento que guiado por metas, facilita la construcción de recuerdos que integran tanto los registros detallados de la experiencia, como el conocimiento conceptual que los define. En otras palabras, los recuerdos autobiográficos se generan cuando en función de las metas personales de un individuo, la información conceptual sobre el yo puede ser contextualizada a través del conocimiento autobiográfico base y ejemplificada en recuerdos episódicos específicos.

A pesar de ser un proceso individual, su determinación social está dada en que la información que comprende el yo a largo plazo (conocimiento autobiográfico base y yo conceptual) se ha construido e interiorizado a partir de las prácticas sociales y los significados inherentes a éstas, al interior de un marco cultural determinado. Tanto el conocimiento autobiográfico base como el conocimiento conceptual contienen esquemas que facultan para estructurar y significar las vivencias cotidianas en un todo coherente y en cierta medida correspondiente con los hechos experimentados.

Dispositivos simbólicos como los guiones de vida y los patrones narrativos son interiorizados por cada individuo en sus interacciones sociales, a través de procesos de andamiaje que posibilitan la transmisión generacional de contenidos culturales (Fivush et al., 2011). Probablemente este proceso se inicia en la familia, pero con el tiempo se extiende en la medida en que un sujeto accede a otros contextos sociales más amplios.

A su vez, la determinación sociocultural de los componentes de la memoria autobiográfica hace que las funciones derivadas de este sistema estén sujetas al efecto de las estructuras culturales interiorizadas (guiones de vida, patrones narrativos), que pasan a formar parte de los esquemas de organización y las lógicas de interpretación (yo a largo plazo) con los que se procesan las experiencias pasadas, presentes y los planes futuros de un individuo. El que la MA fundamente la definición del yo, las relaciones con los otros y el desempeño en la vida diaria, plantea que toda acción humana está situada dentro de un marco social y cultural específico que la forma y le otorga significado.desempeño en la vida diaria, plantea que toda acción humana está situada dentro de un marco social y cultural específico que la forma y le otorga significado.

Entonces, se puede decir que la memoria autobiográfica es un sistema complejo y mediado socioculturalmente, que se desarrolla de manera gradual a medida que los niños y adolescentes participan en interacciones de recordar el pasado dentro de las instituciones sociales y culturales que van desde la familia y la escuela hasta los artefactos culturales como la literatura y los blogs (Fivush et al., 2011).

Como proceso psicológico, integra en su funcionamiento sistemas de memoria y procesos de control (guiados por metas a corto y largo plazo), que dependen del adecuado desarrollo de habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Sus contenidos se materializan en recuerdos multimodales (fenomenológicamente ricos en detalles senso-perceptivos y emocionales) que cambian en función de contextos socioculturales y momentos del ciclo vital.

La MA materializa una afirmación recurrente en la psicología, que el desarrollo es resultante de una relación dialéctica entre procesos biológicos de maduración y los entornos sociales que rodean a las personas, y destaca, cómo funciones adaptativas pueden ser potenciadas por la influencia cultural para promover un adecuado ajuste al medio.

Las funciones psicológicas, sociales y emocionales de la MA están directamente implicadas en el funcionamiento relacional del individuo, en su proceso de autorregulación y en la generación y cumplimiento de metas y objetivos en su proyecto de vida.

Finalmente, la MA evidencia la necesidad de dar paso a visiones constructivistas que plantean comprender características de la memoria que tradicionalmente han sido señalados como subjetivas, y en las cuales, el criterio de error en cuanto al registro exacto de la realidad ya no aplica, sino que exige una mirada más amplia, que evalúe si el funcionamiento de la memoria permite a un organismo prosperar en su medio ambiente a través del tiempo o si las lógicas interpretativas con las que se están generando recuerdos son coherentes con el marco cultural. También, la forma en que patrones narrativos dominantes en un contexto configuran productos tan importantes de la MA como la identidad y si ésta refleja un mundo personal coherente.

La necesidad de estudiar los procesos psicológicos en función de los patrones culturales y las estructuras sociales que los rodean, premisa propia de la psicología cultural (Bruner, 2006), adquiere sentido con el abordaje de la MA, pues en su funcionamiento es posible apreciar la relación dialéctica entre el contexto cultural, la interacción social y la actividad psicológica. Además, plantear la MA como constructo conlleva el reconocimiento implícito de que un individuo sólo puede referenciarse a sí mismo en la medida en que interactúe en un contexto cultural, a través del ejercicio activo de las prácticas y los significados inherentes a ese marco social.


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