Introducción
El desarrollo físico, cognitivo y socioemocional de niños, niñas y adolescentes (en adelante NNyA) se ve favorecido o dificultado por la influencia del entorno. Las situaciones de vulneración de derechos en la que están inmersos muchos NNyA y sus familias, son unos de los factores más nocivos para su sano desarrollo y sus consecuencias se extienden a múltiples ámbitos (Amores-Villalba & Mateos-Mateos, 2017; Carbajal-Valenzuela, 2021; Colombo et al., 2018; Deambrosio, et al., 2018; Ferreira, 1998; Herrera- Mora et al., 2019; Morelato, 2011a; OMS,2020, 2022; UNICEF, 2020; Vega Arce & Núñez Ulloa, 2017).
América Latina está afectada estructuralmente por diversas dificultades que se traducen en pobreza y desigualdad social, y que además se profundizaron como consecuencia de la crisis generada por la pandemia por COVID-19 (Filgueira et al., 2020). En Argentina, en el primer semestre del 2022, el 27.7% de la población de los grandes aglomerados se encontraba por debajo de la línea de indigencia y el 36.5% por debajo de la línea de pobreza (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, República de Argentina -INDEC, 2022). La restricción económica y la falta de oportunidades conducen a los grupos sociales a situaciones de vulnerabilidad social, debido al debilitamiento de sus recursos para hacer frente a las crisis y adversidades de la vida cotidiana. Esta vulnerabilidad remite a cierta fragilidad que no sólo se relaciona con recursos materiales, sino también con posibilidades de sostén desde los capitales simbólicos y sociales que suelen impactar las dinámicas familiares (Angulo, 2020; Golovanevsky, 2007; Morelato & Ferrandiz, 2021).
No obstante, existen familias que logran instrumentar algunos recursos para afrontar de un modo más o menos efectivo las circunstancias adversas, logrando una adaptación favorable y, en esa medida, dan continuidad al desarrollo de sus integrantes (Alzugaray et al., 2018, Cyrulnik, 2001/2003; Cyrulnik & Arnaut, 2014/2016; Morelato, 2014). Desde esta perspectiva, la psicología positiva o salugénica ha realizado aportes significativos, particularmente a través del enfoque de la resiliencia. Este enfoque alternativo surge como complemento al análisis y tratamiento de las limitaciones y déficits de los individuos, y focaliza la atención en la importancia que tienen los recursos, las fortalezas y el bienestar (Carr, 2004/2007; Seligman, 2019; Vera Poseck et al., 2006).
Diversos estudios en el ámbito de la psicología positiva en general y de la resiliencia en particular, han demostrado que la adversidad pone en juego factores de riesgo y de protección, es decir, tanto dificultades que desfavorecen el desarrollo de los individuos como posibilidades de amortiguar los peligros y sus consecuencias (Bravo & López, 2015; Trejos-Castillo et al., 2015; Seligman, 2019). Asimismo, estos estudios han ayudado a superar la explicación del concepto de resiliencia basado exclusivamente en factores individuales y comprenden la importancia de la interacción recíproca y dinámica del sistema individual con entornos más amplios, como el familiar y social, tal como plantea el modelo ecológico del desarrollo humano (Beatson, 1979, Valgañón, 2022). Este modelo ampliado también ha incorporado una mirada sociohistórica al desarrollo humano, al considerar que los sistemas individuales y colectivos deben ser contextualizados y analizados a la luz de los fenómenos históricos y sociales que los atraviesan y condicionan (Bravo & López, 2015; Morelato, 2014; Morelato et al. 2015; Muñoz Arroyave et al., 2022).
En este escenario, la resiliencia familiar se refiere al conjunto de habilidades y recursos internos y externos del sistema familiar que ante factores de riesgo o desfavorables, propios de una situación adversa o estresante, le permite lograr la adaptación positiva y la recuperación, disminuyendo los efectos negativos que genera dicha situación (Corona, et al., 2021; Hawley & DeHanan, 1996; Mattar Yunes, 2006; Morelato, 2011b; Pérez Cea et al., 2022). Por su parte, Delage (2008/2010) sostiene que todas las familias son potencialmente resilientes, dependiendo de cómo se conjuguen los distintos factores intervinientes, dado que la resiliencia familiar conforma un proceso dinámico y cambiante mediante el cual se pretende recobrar el equilibrio perdido ante un evento adverso. Además, el impacto o incidencia de un factor externo depende de las características del funcionamiento familiar que entran en interacción con tal evento (Hawley & DeHanan, 1996; Morelato, 2011b; Walsh; 2003/2005, 2016).
Según el Modelo circumplejo de los sistemas familiares de Olson, Russel y Sprenkle, la cohesión, la adaptabilidad y la comunicación describen el funcionamiento familiar (Olson, 1986). La cohesión se refiere a la proximidad y distancia de las y los miembros de la familia; la adaptabilidad alude a la rigidez o flexibilidad en las reglas y roles familiares; y la comunicación corresponde a la dimensión facilitadora entre las dos primeras (Leibovich et al., 2010; Olson & Gorall, 2003).
Algunos autores coinciden en señalar que las familias que viven en contextos socialmente vulnerables suelen enfrentar riesgos que se manifiestan en fallas en la comunicación, patrones de interacción caracterizados por tensión, conflictos y en ocasiones diversos tipos de violencias que impactan la crianza de los hijos. Afirman que, si bien esto no es privativo de estos entornos, la fragilidad social crea situaciones de estrés sociofamiliar más difíciles de sostener y predispone a mayor desorganización en la estructura y dinámica familiar (García Zavala & Diez Canseco, 2020; Gómez & Kotliarenco, 2010).
Respecto al ejercicio de la parentalidad, se han identificado varias dimensiones que este implica, tales como capacidad para vincularse, inteligencia emocional, empatía, creencias, modelos de cuidado, utilización de recursos comunitarios y plasticidad para proporcionar la respuesta adecuada (Barudy & Dantagnan, 2010; Carrillo, 2008; Gomez & Quintero, 2015). Durante la crianza de los NNyA, las/os adultas/os desarrollan una serie de competencias que, cuando son favorables, permiten activar mecanismos de protección y acompañamiento; y dado que reúnen aspectos sociohistóricos, comportamentales y vinculares, estas competencias de crianza van más allá de las personas concretas que las ejercen (Colombo, 2018; Granada Echeverri & Dominguez De La Osa, 2012; Morelato, et al., 2015; Morelato, et al., 2018; Vargas Rubilar et al., 2020). Así, las condiciones sociales e históricas se trasladan a las modalidades de ejercicio de la parentalidad con base en la cultura y los procesos de aprendizaje; los aspectos comportamentales se relacionan con las capacidades prácticas de los/as cuidadores para proteger, educar y asegurar un desarrollo sano a hijas e hijos. No obstante, estas capacidades o habilidades no son suficientes si no se acompañan de sentimientos de apego y empatía, los cuales favorecen la construcción de vínculos saludables (Barudy & Marquebreucq 2006; Barudy & Dantagnan, 2010). En esa línea, Colombo et al. (2018) explican que las competencias socioemocionales (vinculares) se clasifican en dos categorías: La primera, integrada por la inteligencia intrapersonal, que permite al individuo conocer y regular sus emociones; y la segunda, se refiere a la inteligencia interpersonal, que permite reconocer lo que el otro siente y piensa, representado tanto por las habilidades sociales como por la empatía.
De este modo, se comprende que hay una relación entre crianza y vínculo afectivo, que se va desarrollando desde la vida intrauterina en un entramado de relaciones socioemocionales y afectivas entre los NNyA y sus cuidadores. Los tipos de vínculos (apego) se internalizan como modelos de funcionamiento de la manera de relacionarse que se transmiten entre generaciones (Bowlby, 1989; Carrillo, 2008; García Ramírez, et al., 2017; Paez & Rovella, 2019; Pineda Serruto, 2021). De hecho, investigaciones recientes señalan que cuando los/as cuidadores tienen dificultades para pensar y elaborar sus propias historias personales, suelen presentar limitaciones para vincularse con sus hijos e hijas; y estas historias, a menudo, aluden a situaciones traumáticas que pueden ser transmitidas entre generaciones (Cryan, et al., 2017; Leifer et al., 2010; Cryan & Maldavdky, 2018).
El enfoque de derechos es otro aspecto fundamental en el abordaje de la parentalidad (Ley 26061, 2005). En este sentido se ha acuñado el concepto de crianza positiva, en la que se enmarca este estudio, a partir de cual se promueven relaciones positivas en la familia fundadas en la responsabilidad para garantizar los derechos de NNyA, optimizar su desarrollo potencial y su bienestar (Rodrigo et al., 2010; Rodrigo et al., 2015; Vargas-Rubilar & Richaud, 2018).
Teniendo en cuenta lo planteado, este trabajo se propone analizar las competencias parentales en un grupo de padres, madres o cuidadores pertenecientes a contextos socialmente vulnerables; indagar aspectos de sus historias de crianza; identificar indicadores de Adaptabilidad o Flexibilidad y Cohesión de su funcionamiento familiar y, finalmente, explorar la relación entre las variables del funcionamiento familiar y las características de sus competencias parentales con base en el enfoque de derechos.
Metodología
El diseño del estudio fue de tipo descriptivo-asociativo, transversal y retrospectivo (León & Montero, 2015; Hernández Sampieri et al., 2014).
Participantes
La muestra se constituyó de 39 madres, padres o cuidadores de un grupo de NNyA de entre 10 y 12 años, cuyas edades oscilaron entre los 25 a 50 años (M=45,11 DS=24,84). Los NNyA pertenecían a una escuela de gestión pública que recibe población de contextos socialmente vulnerables, caracterizados por condiciones de desigualdad social y a menudo circunstancias de estrés sociofamiliar. La muestra fue no probabilística intencional. El criterio de exclusión de los participantes fue presentar psicopatología psiquiátrica, trastornos cognitivos o emocionales de relevancia (p. ej. psicosis, lesiones neurológicas, TGD) o condiciones que dificultaran responder los instrumentos de evaluación.
Instrumentos
Entrevistas semidirigidas a informantes claves. Se realizó una entrevista breve y elaborada ad hoc (Cifuentes Gil, 2011) a los docentes, con el objetivo de caracterizar al grupo de cuidadores participantes respecto a ciertas variables sociodemográficas de las familias (constitución familiar, ocupación y nivel educativo). Además, con el fin de asegurar la fiabilidad de la información suministrada por los docentes, se consultaron los registros escolares que contienen dicha caracterización.
Entrevistas enfocadas para cuidadores. Se realizaron entrevistas semidirigidas (Ander Egg, 2016), centradas en aspectos de una experiencia concreta, delimitados previamente de acuerdo con los objetivos de la investigación. La extensión y profundidad de las preguntas y respuestas se adecuan al momento particular de la recolección, características del entrevistado y prioridades del contexto. Se busca favorecer un clima cordial, que facilite la expresión de ideas, conocimientos y experiencias en torno al tema a explorar, y propicie la riqueza de lo espontáneo sin alejarse del foco investigativo. El guion de la entrevista se estructuró a partir de una revisión teórica-metodológica de estudios previos destinados a analizar las funciones parentales en contextos caracterizados por vulnerabilidad sociofamiliar (Colombo et al., 2018; Hernández Sampieri, et al., 2014; Martín et al., 2013; Morelato et al., 2018). Las preguntas se plantearon como disparadores de las vivencias de cada participante (Hernández Sampieri et al., 2014; León & Montero, 2015) y se orientaron a indagar: 1) Percepción de vivencias de su propia historia de crianza, 2) Presencia de eventos significativos de su niñez (enfermedades, fallecimientos, abandonos, separaciones, episodios de violencias u otros), 3) Apoyos sociales antiguos y actuales (tales como familia cercana, extensa, personas del entorno, del ámbito educativo, vinculación con actividades deportivas, religiosas, entre otras), 4) Características de las competencias parentales desde el enfoque de derechos basadas en: comportamientos protectores y libre de violencias (función parental favorable o menos favorable) y competencias socioemocionales (reflexión afectiva y empática acerca de su rol). El guion de la entrevista fue evaluado por tres jueces expertos a fin de valorar su suficiencia, claridad y pertinencia, obteniéndose un índice de concordancia adecuado (ICI= 0.731 p= 0.001) (Aron & Aron, 2001).
Escala de Cohesión y Adaptabilidad Familiar -FACES III- (siglas en inglés de Family Adaptability and Cohesion Evaluation Scale,Olson et al., 1989; Olson & Gorall, 2003). Se aplicó la adaptación argentina (Leibovich et al., 2010). A través de esta escala de autoreporte, basada en el Modelo circumplejo de sistemas familiares (Olson, 1981), se evaluó la percepción de cada cuidador entrevistado sobre el funcionamiento familiar, Consta de 40 ítems, con respuesta tipo Likert de cinco opciones divididas en dos partes de 20 ítems cada una (correspondiente a la percepción real e ideal del funcionamiento familiar), y para este estudio se administró sólo la parte 1 (real). Los ítems de esta parte evalúan dos dimensiones: 1) b) Cohesión, entendida como la unión emocional percibida entre los miembros de la familia, y 2) Adaptabilidad o Flexibilidad, comprendida como la plasticidad de la familia para adecuarse a las distintas circunstancias vitales La versión argentina cuenta con una apropiada validez de contenido y una fiabilidad elevada para la dimensión Cohesión (α = .82) y aceptable (α = .60)1 para Adaptabilidad o Flexibilidad.
Procedimiento
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética del Área de Salud mental del Ministerio de Salud Acción Social y Deportes del Gobierno de la Provincia de Mendoza-Argentina. Se aplicaron los procedimientos recomendados por las asociaciones profesionales nacionales e internacionales con relación al trabajo de investigación con niños/as; los principios establecidos la Convención Internacional de los Derechos del Niño (1989) en su observación 12 (ONU, 2009) y la Ley Nacional de Protección Integral de Derechos de NNyA 26.061 (2005) de Argentina. Considerando tal aspecto, se seleccionó una escuela perteneciente a un contexto socialmente vulnerable y a fin de obtener los permisos institucionales pertinentes se efectuaron reuniones con las autoridades escolares. Una vez obtenido el aval, se entrevistó a algunos docentes con el propósito de explicarles los objetivos y alcances de la investigación y posteriormente seleccionar las familias que se invitarían a participar. Los padres/madres o cuidadores responsables fueron invitados a reuniones informativas individuales en las que se les explicó el objetivo de trabajo y se constató si cumplían con los requerimientos. Con quienes decidieron participar se acordó el momento para efectuar las entrevistas y aplicar el cuestionario, y firmaron los respectivos consentimientos informados.
Análisis cualitativo de datos
En primer lugar, se realizó un análisis de contenido de las narrativas de los cuidadores siguiendo el método comparativo constante, principalmente inductivo. Se identificaron apartados que ejemplificaban ideas descriptivas de cada narrativa, y a cada apartado se le asignó una etiqueta, de esta manera se identificaron ideas centrales y secundarias que fueron definidas operacionalmente.
Se combinaron las categorías preliminares fundamentadas en el guion de la entrevista, y otras que surgieron de las narraciones de los participantes, así: Percepción de vivencias de crianza, alude a la significación que los/las participantes otorgaban a sus experiencias. Esta se subdividió en dos subcategorías, por un lado, las crianzas protegidas, caracterizadas por la percepción de buenos tratos y eventos de la infancia vivenciados de manera agradable; y, por otro lado, las crianzas vulneradas en la que se identificaron múltiples tipos de maltrato. Tutores de resiliencia, se refiere a personas o eventos que cumplieron un rol significativo y protector durante situaciones adversas y que funcionaron como andamiaje o apoyo en las historias de los y las participantes, destacándose los vínculos familiares y los establecidos en el contexto escolar, las amistades y las creencias.
Los eventos significativos más relevantes constituyeron la categoría denominada crisis vitales. Éstas se definen como situaciones de cambio, sean del tipo crisis inesperadas (fallecimientos, desempleo, consumo problemático de sustancias, embarazo adolescente) como de las denominadas crisis de cuidado (enfermedad de algún miembro de la familia). Ambas conforman subcategorías.
Por otra parte, la categoría competencias parentales alude a la percepción de la función parental actual de los y las cuidadoras, con base en comportamientos protectores y competencias socioemocionales. Se advirtió la presencia de dos subcategorías: las competencias consideradas favorables, asociadas a comportamientos protectores e interacciones preferentemente democráticas, con mutuo reconocimiento y valoración; entre las cuales se identificó la capacidad de reflexionar adecuadamente sobre su funcionamiento como madre, padre o cuidador y problematizar sobre ese rol. Y la segunda subcategoría, las competencias menos favorables, relativas a pautas de crianza que implican la repetición de patrones con ciertas características autoritarias, negligentes o permisivas.
Y la categoría presencia de apoyos actuales, integrada por los vínculos significativos (pareja, hijos/as, amistades), creencias religiosas, actividades y la percepción de competencia personal como sostén ante situaciones adversas.
En segunda instancia, a modo de triangulación metodológica, se recurrió al criterio de jueces expertos con el fin evaluar el grado de acuerdo respecto de la precisión de los apartados construidos. El punto central del consenso se basó en la obtención de un acuerdo de más del 90%, valorando especialmente el ajuste al material empírico, es decir, la correspondencia entre las expresiones vertidas por los entrevistados y la sistematización categorial.
Análisis cuantitativo de datos
Posteriormente, se conformó una grilla de variables o protocolo que cuantificó la información según una categorización dicotómica (presencia- ausencia de cada categoría). De este modo fue posible analizar los datos en términos de frecuencias y porcentajes. Para el análisis estadístico se empleó el programa SPSS 22.0.
Con relación a los puntajes de la Escala de Cohesión y Adaptabilidad Familiar, se calcularon rangos con base en el criterio de los baremos argentinos. Se realizó un análisis descriptivo univariado de todos los datos y se incorporó un análisis bivariado mediante la prueba Chi cuadrado con coeficiente V de Chramer (medida del tamaño del efecto para la prueba chi-cuadrado con dos o más campos categóricos nominales). Además, se aplicó la prueba exacta de Fisher (requerida cuando las variables no cumplen con algún criterio, por ejemplo, que hubiere menos de 5 casos por fila o columna. Los rangos se calcularon considerando medidas de posición (percentiles y cuartiles).
Resultados
Tal como se observa en la Tabla 1, de la totalidad de la muestra (N=39), el 89,9% de los cuidadores principales de los NNyA eran sus madres biológicas. Respecto a la ocupación, el 30,8% de los participantes estaban ocupado/as, es decir, que contaban con un empleo formal, 33,3% realizaban tareas esporádicas fuera de lo formal (sub-ocupados), 33,3% beneficiarios de planes, es decir, recibían un apoyo socioeconómico del Estado y 2,6% se hallaban inactivos. Considerando el nivel educativo de los participantes, el mayor porcentaje alcanzó el nivel secundario incompleto (34,8%), 19,6% completó el nivel primario y 15,2% nivel primario incompleto. En cuanto al estado civil, el mayor porcentaje de participantes se hallaban en pareja (64,1%); y respecto al grupo familiar conviviente, la estructura de la familia nuclear presentó mayor prevalencia (50%), seguida por la familia monoparental (15,2%), familia separada (6,5%), familia ensamblada (10,9%) y familia de afecto o crianza (2,2%).
Tabla 1. Datos sociodemográficos de padres, madres o cuidadores participantes, distribuidos por frecuencia.
Respecto a la Percepción de vivencias de crianza de las/os cuidadores, del total de la muestra, el 51,3% señaló haber tenido una crianza con presencia de situaciones de violencias y vulnerabilidad y 48,7% manifestó haber tenido una crianza protegida.
Y en relación con las Competencias parentales actuales, el 82% de los cuidadores presentaron competencias parentales favorables, es decir, comportamientos fundamentalmente protectores. Los comportamientos de aquellos cuidadores que presentaron competencias menos favorables se caracterizaron por la persistencia de pautas de crianza aprendidas en sus propias historias de vulnerabilidad, aunque no llegaron a constituir situaciones de maltrato que requirieran intervención.
En cuanto a los datos descriptivos del Funcionamiento familiar, los resultados señalaron una media de la dimensión Cohesión de 18,59 (DS=22,15), la cual alude a un tipo de familia desligada; y una media de la variable Adaptabilidad o Flexibilidad de 44,74 (DS=32,28), correspondiente a un tipo de familia estructurada. En cuanto al Funcionamiento real general, los puntajes correspondieron a una mayor prevalencia de funcionamiento extremo (46,2%) y medio (43,6%) (Leibovich et al., 2010; Olson, et al., 1989; Schmidt et al., 2010) (ver Tabla 2).
Tabla 2. Funcionamiento familiar según dimensiones Cohesión, Flexibilidad/adaptabilidad y Funcionamiento real en el grupo de cuidadores.
Respecto a la relación entre el Funcionamiento familiar y las Características de la función parental se encontró una relación significativa entre el alto rango de la Adaptabilidad o Flexibilidad con las competencias parentales (χ² = 4.04 p = 0.044 V de Chramer=0.32 F=0.05), la reflexión de los cuidadores acerca de su función (χ²=4.43 p = 0.035 V de Chramer= 0.34 F= 0.03) y la Presencia de crisis inesperadas en la etapa actual de crianza (χ² = 13.69 p = 0.018 V de Chramer=0.593 Fisher=0.009) (ver Tablas 3, 4 y 5).
Tabla 3. Prueba de χ² entre el funcionamiento familiar (flexibilidad) y las características del ejercicio de la competencia parental.

(χ² = 4.04 p = 0.044 V de Chramer=0.32 F=0.05).
Tabla 4. Prueba de χ² entre el funcionamiento familiar (flexibilidad) y las características del ejercicio de la función parental relacionadas a la reflexión respecto de la crianza.

(χ²=4.43 p = 0.035 V de Chramer= 0.34 F= 0.03).
Tabla 5. Prueba de χ² entre el funcionamiento familiar (flexibilidad) y la presencia de crisis inesperadas en la etapa actual de crianza.

(χ² = 13.69 p = 0.018 V de Chramer=0.593 Fisher=0.009).
Asimismo, aunque la mayoría de las familias presentaron baja Cohesión, es decir, un puntaje bajo en esta dimensión que implica un funcionamiento de tipo desligado, (ver nota al pie número 1), resultó interesante la relación de contingencia entre la dimensión Cohesión y la categoría Presencia de apoyos actuales; y entre Cohesión y Tutores de resiliencia en la infancia2. Se observó que los vínculos familiares representaron la subcategoría de mayor prevalencia en la categoría Presencia de apoyos actuales (91.9%). Algo similar ocurrió respecto a la categoría Tutores de resiliencia, es decir, con los apoyos que cumplieron un rol significativo y protector en la infancia de los cuidadores. En este aspecto los vínculos (familiares, escolares y de amistad) resultaron en la categoría de mayor frecuencia (ver Tabla 6 y 7).
Tabla 6. Tabla de contingencia entre el funcionamiento familiar (cohesión) y la presencia de apoyos en la etapa actual de crianza.
Discusión
El propósito de este trabajo fue analizar las competencias parentales en un grupo de padres, madres o cuidadores pertenecientes a contextos socialmente vulnerables e indagar la relación entre tales competencias e indicadores de funcionamiento familiar. Respecto a las características sociodemográficas de la muestra, la mayoría de los participantes se hallaban en pareja y conformaban estructuras familiares nucleares. Del mismo modo, se pusieron de manifiesto ciertas limitaciones en el acceso a la educación y al empleo formal, condiciones que se consideran aspectos de vulnerabilidad social (Busso et al., 2017; González, 2009; González Arratia et al., 2009; Juárez Ramírez et al., 2021). Así mismo, la mayoría de las participantes son las madres biológicas de los NNyA, lo que corrobora que las tareas de crianza y las relacionadas con las actividades escolares son realizadas, principalmente, por mujeres (Bonavitta & Bard Wigdor, 2021).
Por otra parte, la mitad de los participantes narran haber tenido una crianza protegida, y la otra mitad manifiesta haber vivenciado una crianza vulnerada, es decir, circunstancias en las que prevalecieron situaciones de violencias, maltrato y abuso sexual durante la infancia. No obstante, al analizar sus relatos, se observa que el 82.1% de los cuidadores ejercen su función parental actual poniendo en marcha competencias favorables, es decir, con características protectoras; esto se expresa en sus capacidades de denunciar situaciones de riesgo, en sus habilidades para reflexionar respecto de sus propias historias y diferenciar sus propios deseos de los de sus hijas/os. Tales atributos aluden a las competencias socioemocionales que mediante las inteligencias intrapersonal e interpersonal se relacionan con aspectos como la empatía, comunicación, autonomía, autoeficacia, regulación emocional, asertividad, conciencia emocional y optimismo (Colombo & García 2021), que propician que los cuidadores piensen y elaboren sus propias historias personales, y de esta manera se vinculen adecuadamente con sus hijos e hijas.
En cuanto al funcionamiento familiar, evaluado a partir del Modelo circumplejo de los sistemas familiares (Olson, 1981), los resultados indican que los cuidadores perciben un nivel de cohesión bajo (familia desligada) y un nivel de flexibilidad correspondiente a un tipo de familia estructurada. Además, la percepción real del funcionamiento familiar, es decir, la interacción entre cohesión y flexibilidad presentó mayor prevalencia de puntuación extrema (46,2%) y media (43,6%) (Leibovich et al., 2010). Las familias con puntaje medio de funcionamiento presentan dificultades en una de las dimensiones, flexibilidad y cohesión, generalmente originadas por momentos de estrés (Olson, 1985, 2000), mientras que, las familias con puntaje extremo de funcionamiento presentan dificultades en ambas dimensiones; lo cual concuerda relativamente con los resultados del presente estudio, teniendo en cuenta el contexto de vulnerabilidad del que provienen sus participantes. Al respecto, Schmidt, et al. (2010) señalan que las familias disfuncionales pueden funcionar así por mucho tiempo, lo cual indica que se puede naturalizar ese proceder, es decir, constituirse en una manera habitual de interacción. De este modo se sugiere que, en contextos vulnerables, la desigualdad y las dificultades de acceso a oportunidades pueden limitar las posibilidades de que las familias presenten un funcionamiento balanceado y, al contrario, incrementar la tendencia a que presenten disfuncionalidad (García Zavala & Diez Canseco, 2020; Sáenz & Delfino, 2022; Vegas Miguel & De la Fuente Anuncibay, 2020). Sin embargo, desde el enfoque de resiliencia familiar, se plantea que la percepción de un funcionamiento familiar estructurado, aun existiendo una percepción de baja cohesión, puede permitir que una familia se organice y funcione frente a circunstancias contextuales poco favorables (Del Valle, 2006; Delage, 2010; Walsh, 2016).
Por otra parte, según los resultados del presente estudio, las crisis inesperadas que vivieron los cuidadores participantes están asociadas a la adaptabilidad o flexibilidad familiar, dado que a mayor presencia de crisis se presentó mayor adaptabilidad. De ese modo, podría pensarse que, aunque los eventos significativos mencionados por los cuidadores no remiten a circunstancias positivas (por ejemplo, situaciones de consumo problemático de sustancias psicoactivas de un miembro de la familia), se constituyen en oportunidades de adaptación y búsqueda de alternativas; es decir, ciertas crisis podrían potenciar el desarrollo de resiliencia familiar desde el punto de vista de la adaptabilidad (García & Diez 2012, Gómez & Kotliarenco, 2010). Asimismo, la dimensión adaptabilidad o flexibilidad se asoció con la presencia de competencias parentales favorables, es decir, que las familias con mayor prevalencia de un funcionamiento flexible desarrollan una crianza más positiva. En esa línea, el presente estudio halló que la capacidad de reflexionar respecto de su rol también se asocia a la dimensión de adaptabilidad o flexibilidad de la escala aplicada, es decir, aquellos cuidadores con capacidades de auto observarse y reflexionar respecto a la calidad y las características de su crianza, con miras realizar cambios o ajustes en su rol, también presentaron un funcionamiento familiar flexible. Por lo tanto, la interacción de un funcionamiento familiar flexible, unas competencias parentales favorables para NNyA y la capacidad de reflexionar adecuadamente sobre su funcionamiento como madre, padre o cuidador posibilita el desarrollo de recursos para hacer frente a las crisis y a las adversidades de la vida cotidiana.
Finalmente, se encontró una relación de contingencia entre la dimensión Cohesión de la FACES III y la categoría Presencia de apoyos actuales; y entre Cohesión y Tutores de resiliencia en la infancia. De este modo, los vínculos familiares y de amistad representaron el mayor soporte tanto en la vida actual de los cuidadores como en su infancia, respecto de otros apoyos como las creencias religiosas o actividades. En estos últimos casos se destacó en lo descrito por los cuidadores el valor de apoyos de orden espiritual (p. ej. el lugar de Dios en su vida) o tipos de actividades de distracción (p. ej. aprender un oficio nuevo o practicar un deporte). Sin embargo, la prevalencia de los aspectos vinculares (familia y amigos) indica la importancia de los contactos afectivos, emocionales y significativos en la vida de las personas, máxime si viven en contextos vulnerables. Sin embargo, se sugiere seguir indagando este aspecto con un mayor número de entrevistados a fin de sumar datos relevantes en la línea propuesta.
Conclusiones
Se concluye que las competencias parentales y el desempeño de los cuidadores en la crianza de los NNyA está relacionado con el funcionamiento familiar, de manera que cuando la función parental es favorable al desarrollo de los NNyA, también se observa un nivel de flexibilidad familiar adecuado (flexible o muy flexible). A partir de los hallazgos del presente estudio, se destaca que el tipo de funcionamiento familiar flexible y adaptado se relaciona con la capacidad de reflexionar sobre el modo de ser padre madre o cuidador, es decir, con la capacidad de pensar sobre el propio rol; lo cual coincide con los reportado en otros estudios (Euler et al., 2021; Fonagy et al., 2007; Gergely et al., 2002). En esa línea, también se observó que la presencia de crisis inesperadas en el desarrollo biográfico de los cuidadores juega un papel relevante en el desarrollo de la adaptabilidad familiar. En relación con la cohesión familiar, aunque no se encontraron resultados estadísticamente significativos, la presencia de apoyos y redes de contención constituyeron un aspecto que propicia dicha cohesión; lo que ha sido corroborado por otros estudios (García Zavala & Diez Canseco, 2020; Mínguez Vallejos, 2019).
Estos resultados resaltan la importancia de comprender los procesos intersubjetivos de las familias y contribuyen a precisar estrategias y herramientas de abordaje en contextos vulnerables a fin de fortalecer factores de soporte que amortigüen situaciones adversas. En este sentido, se propone para futuras líneas de investigación, ahondar en estos hallazgos teniendo presente otras variables como el apoyo de la familia extensa, la red de amistades y de la comunidad en general. También resulta relevante abrir espacios de intervención a través de talleres comunitarios con cuidadores y familias, orientados a fortalecer su flexibilidad personal y familiar, y su capacidad de reflexión sobre una función parental sana y favorable; desde dispositivos que conlleven tareas creativas, desarrollen la capacidad de solución de problemas e incidan en procesos de resiliencia familiar..Vale aclarar como limitaciones de este estudio, que el tipo de muestra no probabilística no permite generalizar a la población, sin embargo, sus hallazgos puede ser extensibles a casos similares.
Consideramos fundamental intervenir en contextos vulnerables desde la perspectiva de derechos y una mirada ecológica de las infancias, lo que implica cuestionar el papel de las políticas públicas y del acceso a oportunidades que ofrece el Estado y la sociedad para las familias que viven en contextos vulnerables. Asimismo, implica un compromiso ético por gestionar como profesionales y como investigadores, una planificación de la agenda pública que ponga en relieve posibilidades de inclusión social y fortalezca el rol de las instituciones que deben proteger derechos.















