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Historia y MEMORIA

Print version ISSN 2027-5137

Hist.mem.  no.10 Tunja Jan./June 2015

 

Entre la histeria anticomunista y el rencor antiyanqui: Salvador Abascal y los escenarios de la guerra fría en México*

Between anti-communist hysteria and anti-yankee resentment. Salvador Abascal and cold war scenarios in Mexico

Entre l'hystérie anticommuniste et la rancœur antiyankee. Salvador Abascal et les décors de la guerre froide au Mexique

Francisco Alejandro García Naranjo1
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-México

1 Doctor en Historia, Universidad Pablo de Olavide, España. Profesor-investigador, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México. Grupo de investigación: Cuerpo académico, economía, cultura y pensamiento en México y América Latina. Líneas de investigación: Historia del Estado, las ideas y las instituciones en México y América Latina. pacognaranjo@gmail.com

* Este artículo es producto del proyecto de investigación titulado: La derecha católica, la histeria anticomunista y el rencor antiyanqui. El caso de Salvador Abascal en el México del siglo XX, financiado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Recepción: 15/02/2014 Evaluación: 28/02/2014 Aceptación: 19/05/2014
Artículo de Investigación e Innovación.


Resumen

El objetivo de este artículo es analizar el posicionamiento doctrinal de un exponente de la derecha mexicana del siglo XX respecto a la bipolaridad de la Guerra fría. Ese fue el caso del intelectual reaccionario Salvador Abascal Infante (1910-2000), quien en sendas obras analizó el siglo XX mexicano, al que juzgó una era de decadencia moral por influjo del descreimiento y el combate al catolicismo que, a su parecer, llevaron a cabo la Revolución mexicana y los gobiernos de la posrevolución, particularmente la Presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940). En ese sentido, Abascal Infante caracterizó al gobierno de Cárdenas como parte de la avanzada del "comunismo internacional", a la vez que execró la influencia en México y en el mundo de los Estados Unidos como nación judía y protestante. Frente a los escenarios de la Guerra fría, dicho personaje descalificó tanto al comunismo como a los Estados Unidos por "atentar" por distintas vías contra la integridad católica en el país.

Palabras clave: guerra fría, derecha mexicana, anticomunismo, judaísmo internacional, catolicismo.


Abstract

The goal of this article consists in analyzing the doctrinal position of a twentieth century Mexican right wing representative regarding the bipolarity of the Cold War. This was the case of Salvador Abascal Infante (1910 - 2000), intellectual and reactionary, who analyzed the Mexican twentieth century in each of his works, and judged it as an era of moral decadence due to the influence of unbelief and the battle against Catholicism that, in his opinion, were carried out by the Mexican Revolution and the governments of the post revolution, particularly the Presidency of Lázaro Cárdenas (1934 - 1940). In this sense, Abascal Infante typified the government of Cárdenas as part of the expansion of "international communism", and, at the same time, execrated the influence of the United States, as a Jewish and protestant nation, over Mexico and the world. Confronted with Cold War scenarios, this public leader discredited both communism and the United States for "threatening", the catholic integrity of the country, in several ways.

Keywords: Cold War, Mexican right wing, anticommunism, international Judaism, Catholicism.


Résumé

L'objectif de cet article est d'analyser le positionnement doctrinal de Salvador Abascal Infante (1910-2000), membre éminent de la droite mexicaine du XXesiècle en ce qui concerne la bipolarité de la Guerre froide. Cet intellectuel réactionnaire, analyse dans deux de ses œuvres le XXe siècle mexicain, jugeant celui-ci comme une ère de décadence morale qui s'explique par la perte de la foi et les combats contre le catholicisme. A son avis, telle a été l'œuvre qu'ont mené à bien la Révolution mexicaine et les gouvernements de la post-révolution, particulièrement la Présidence de Lázaro Cárdenas (1934-1940). En ce sens, Abascal Infante caractérise le gouvernement de Cárdenas comme une partie de l'avant-garde du "communisme international", en même temps qu'il répudie l'influence au Mexique et dans le monde des Etats-Unis, pays qu'il considérait comme une nation juive et protestante. Face aux enjeux de la Guerre froide, Abascal a responsabilisé aussi bien le communisme que les Etats-Unis de "menacer" par de différentes voies l'intégrité catholique de son pays.

Mots clés: Guerre froide, droite mexicaine, anticommunisme, judaïsme international, catholicisme.


1. Introducción

En la mirada de las derechas mexicanas, la primera mitad del siglo XX ha sido (y sigue siendo) una época aciaga, cargada de enormes amenazas y verdaderos cataclismos sociales, tales como la revolución mexicana y el gobierno de Lázaro Cárdenas. Primero la revolución y luego el cardenismo generaron, como procesos de cambio, no sólo resistencias sino combates, que movilizaron a aquellos que tenían mucho qué perder, tanto real como simbólicamente. Las respuestas ante esto también fueron muchas: desde el catolicismo organizado, el mundo intelectual, la arena política y la violencia.

Es en este contexto que se ubican el Partido Católico Nacional (1911), los "reaccionarios" durante la etapa revolucionaria, la cristiada (1926-1929), el Sinarquismo (1937), y el Partido de Acción Nacional, PAN (1939). Todos constituyeron los rostros del catolicismo y del conservadurismo que se opusieron al régimen de la revolución mexicana2. Asimismo, las posturas de la derecha durante la presidencia de Cárdenas (1934-1940) estuvieron representadas en la Iglesia, en el tradicionalismo del laicado militante y organizado, en la lucha de católicos contra el comunismo. También en las posturas conservadoras y reaccionarias que vincularon a hispanistas y a simpatizantes del fascismo y del nazismo (racismo, antisemitismo), como otras formas de responder al reto cardenista3. Asimismo, como una vertiente permanente (minoritaria pero vigente hoy día), estuvo presente la idea de la conspiración judeo-masónica-marxista entre escritores de libros y libelos, que con ella explicaban (y explican todavía), el "catastrófico" devenir histórico de México y el mundo4. Todas ellas fueron posturas y reacciones frente a un gobierno de marcado sentido popular, con una discursiva socializante y una enseñanza de tipo socialista. En suma, son las derechas que desde el tradicionalismo, el catolicismo y el rechazo a las mayorías sociales, se opusieron a la modernidad y el cambio.

Las distintas vertientes mexicanas de la derecha política, lo mismo que la mentalidad conservadora, tradicionalista y católica del periodo, expresada esta última en el asociacionismo laico, en periódicos, revistas y libros, estuvieron marcadas no sólo por el escenario local sino también por el contexto internacional. De hecho, ambos entornos se concatenaron en una dialéctica cuyo resultado era el "contagio revolucionario". Así, la revolución mexicana no se explicaba por sus causas nacionales sino que, cada vez más, conforme avanzaba el proceso, se la veía como resultado de una influencia externa, ajena y exógena. En efecto, desde principios del siglo XX la Iglesia y los católicos estuvieron atentos al mundo occidental y sobre todo, preocupados por la expansión del "comunismo internacional" y cómo éste, se "infiltraba" en sindicatos, partidos y universidades. Así que la gran amenaza para este mundo tradicional que se oponía al presente tenía una doble cara: por un lado estaba la revolución mexicana y por el otro estaba el comunismo soviético.

Pero la coyuntura internacional tenía su propia lógica, misma que muchas veces las derechas mexicanas subordinaron a los factores locales (los "monstruos" posrevolucionarios y los "demonios" cardenistas), o se convirtieron en una extensión perversa de una categorización confusa, producto de una "conjura internacional". La revolución rusa (1917) y el Estado socialista en la Unión Soviética, el ascenso del fascismo en Italia en 1923, el establecimiento del nazismo en Alemania en 1933, la guerra civil española en 1936 y la dictadura fascista de Franco en España a partir de 1939, fueron los principales sucesos europeos que marcaron el periodo de entreguerras (1919-1939), generando la división del mundo entre democracias y totalitarismos. Por su parte, la crisis de las democracias liberales en Occidente debida a la debacle económica y el ascenso de los totalitarismos, trajo el temor creciente de que los movimientos anarquistas, socialistas y comunistas desembocaran en revoluciones. Sin embargo, la alarma por el "contagio revolucionario" que representaban estos grupos, lo mismo que el movimiento de ideas y su beligerancia retórica, sustentada en el fin del pluripartidismo y la hegemonía de partido único, fueron entendidos por la mentalidad católica y conservadora en México (y el mundo) como una usurpación del modo tradicional de vida.

Pero no todos los totalitarismos de las primeras décadas del siglo XX trajeron la histeria, como sí lo convocaba "el peligro rojo". En México el fascismo italiano, el nazismo alemán y la España franquista se convirtieron precisamente en alternativas que bien podían agregarse a valores imperecederos como la fe católica, para tratar de "revertir" la creciente "degradación moral" de la nación mexicana que la Revolución Mexicana estaba "provocando" a través de la Constitución de 1917, de la retórica jacobina y la acción de los gobiernos de la posrevolución en la cuestión agraria, en el sector educativo, en materia religiosa y, en la organización y beligerancia de los sectores populares.

De esa manera los fascismos fueron abrazados o al menos, fueron bien vistos. Fueron considerados como opciones posibles y válidas frente a la "amenaza" del colectivismo socialista, a la "estandarización" del comunismo y, fundamentalmente, a la "descatolización" de la sociedad mexicana que la revolución mexicana y el "comunismo internacional" estaban promoviendo en la nación5. Rasgos que se veían expresados en la aplicación de los preceptos de la Constitución de 1917, en las medidas anticlericales del presidente Calles, en la promoción de la enseñanza laica, en la educación sexual, en la aplicación de la educación socialista del régimen cardenista.

Para la mentalidad católica y conservadora de la primera mitad del siglo XX, el gobierno del presidente Cárdenas constituía la cima de un largo proceso de "degradación" que empezará con la revolución de 1910 (o antes, si se piensa en el avance del comunismo y el marxismo a fines del siglo XIX). Por eso el franquismo, el fascismo y el nazismo en su guerra a comunistas, masones y judíos atrajeron la atención de la derecha mexicana, pues combatían a los mismos demonios.

Justamente la construcción simbólica de los "monstruos" posrevolucionarios y los "demonios" cardenistas, lo mismo que la percepción de "degradación moral" de la nación mexicana y la "descatolización" del país, al igual que el combate contra la "amenaza comunista" y el "judaísmo internacional" representado por los Estados Unidos, conformaron a grandes rasgos la mentalidad de un testigo del siglo XX mexicano que navegó en contrasentido de la modernidad, el cambio y la transformación del país. Ese es el caso de Salvador Abascal Infante (1910-2000), intelectual conservador que desde el extremismo católico condenó por igual el tiempo de la posrevolución y el México de la modernidad que se fue conformando en la segunda mitad del siglo XX.

Tales son los referentes del presente ensayo, teniendo como objetivo reconstruir este posicionamiento doctrinal en Abascal, que lo mismo le hizo combatir social y retóricamente al gobierno de Lázaro Cárdenas como avanzada del "comunismo internacional", que execrar la influencia en México y en el mundo de los Estados Unidos como nación judía y protestante. Así, para la consecución de las metas planteadas, en primer término se presenta un panorama de México en la guerra fría, para enseguida establecer el perfil ideológico y la trayectoria de Salvador Abascal. En la tercera sección se caracteriza el discurso histórico del personaje. Ello luego da paso al análisis del pensamiento de Abascal en los siguientes apartados: El "rojo Lázaro Cárdenas", y "La judería Yanqui" o el antiimperialismo de Abascal, que dan cuenta de su perspectiva tanto del pasado recordado -el de su juventud-, como el presente que acontece frente a sus ojos. Pero, sobre todo, muestran cómo se posicionó este intelectual reaccionario frente a los escenarios de la guerra fría, descalificando tanto al comunismo como a los Estados Unidos por atentar por distintas vías contra la integridad católica en el país. Al final, se presentan las conclusiones.

2. México y la guerra fría

Como se sabe, al término de la segunda guerra mundial (1939-1945) emergen dos potencias hegemónicas con amplias esferas de influencia que se disputarán el mundo, representando dos sistemas opuestos, el capitalista y el socialista. Este mundo bipolar que los Estados Unidos y la Unión Soviética moldearon a través de la guerra fría, fue visto con gran desconfianza y con creciente odio por la derecha mexicana y sus distintas versiones. Ya se ha hablado del temor por el avance del comunismo soviético en la primera mitad del siglo XX, sobre todo a partir del gobierno del presidente Lázaro Cárdenas y sus medidas en el medio obrero (sindicalismo) y campesino (agrarismo) y en el campo de la enseñanza (educación socialista). Esta perspectiva del avance del "comunismo internacional" seguirá siendo motivo de honda preocupación después de la segunda guerra mundial y en el contexto de la guerra fría.

El reformismo cardenista fue visto como terrible amenaza por las clases medias y altas del país, lo que provocó numerosos esfuerzos oposicionistas entre políticos contrarios o desafectos a la revolución mexicana, en el sector empresarial y en el campo de lo social6. Lo que daría lugar a partidos políticos (de corta vida), a la conformación de organismos empresariales, a la integración de organizaciones civiles irritadas por las decisiones gubernamentales en materias como la enseñanza, la salud reproductiva y la religión7 y, al surgimiento de agrupaciones "ferozmente anticomunistas"8(grupos de presión). Asimismo, para muchos católicos y conservadores en México, o estas derechas de la época (partidos, movimientos, asociacionismos, periódicos, revistas, intelectuales), tanto el obrerismo como el agrarismo en tanto antagonismo de clase, así como la colectivización de la tierra, el anticlericalismo estatal, la lucha contra el fanatismo religioso a través de la enseñanza laica y socialista, eran en conjunto muestras evidentes de esas señas de identidad compartidas por el socialismo de inspiración soviética y la revolución mexicana. Por eso las voces de la tradición y del integrismo católico en México acusaban a los hombres de la revolución mexicana de ser avatares del "comunismo internacional".

En nombre de la defensa de la libertad, los siguientes gobiernos a la administración de Lázaro Cárdenas practicaron un "anticomunismo discreto", a decir de Lorenzo Meyer, basado en la contención de los movimientos populares, la persecución de los radicalismos de izquierda, la moderación de las políticas sociales del Estado. Sin embargo, la retórica revolucionaria y la preservación de las medidas anticlericales de los gobiernos de la revolución continuaron, tales como el laicismo autoritario. Además, será justamente la bandera del anticomunismo, compartida por la Iglesia y el Estado, la que producirá una política de cooperación entre ambos poderes a partir de los tiempos del gobierno de Ávila Camacho (1940-1946) y en un buen trecho de la segunda mitad del siglo XX9.

La Iglesia entonces, al amparo de gobiernos ya no anticlericales, fortalecerá su presencia entre los mexicanos y profundizará su involucramiento en la enseñanza a todos los niveles; entre la sociedad civil y el laicado organizado, vigilantes de los contenidos de la educación pública; de la salud reproductiva y, por supuesto, de la vigencia de los ritos del culto y la vida parroquial. Asimismo, La Iglesia mexicana combatirá los acercamientos que algunos sectores eclesiales tendrán con los movimientos sociales progresistas, principalmente por juzgar que a través de la teología de la liberación se estaba produciendo una "infiltración comunista". Así, como explica María Martha Pacheco10, la Iglesia católica en México impulsará una campaña anticomunista de alcance nacional a mediados del siglo XX, misma que se extenderá hasta los años ochenta, teniendo como objetivo el "comunismo internacional" al que se entendía como una amenaza a la estabilidad de México y a los valores sociales y religiosos del país11.

Como se dijo, esta tarea del combate al comunismo fue compartido por el Estado mexicano y la Iglesia mexicana. Y es que después del cardenismo se dio un viraje hacia la derecha por parte de los siguientes presidentes, adhiriéndose a los postulados ideológicos del anticomunismo promovidos por Estados Unidos, como lo eran la defensa -retórica-, de las libertades democráticas y el desarrollo capitalista y, sobre todo, la defensa de la libertad como valor fundamental. Asimismo, rompiendo cualquier vínculo anterior con la Unión Soviética, creando unos nuevos sólo a nivel diplomático. El discurso anticomunista de la guerra fría fue parte del discurso oficial de los gobiernos de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), Miguel Alemán Valdés (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), Adolfo López Mateos (1958-1964), Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Siendo sus principales características el autoritarismo gubernamental y la represión al sindicalismo independiente y a las movilizaciones populares, contrapesadas apenas por el nacionalismo revolucionario retórico, que permitiría a los presidentes salidos de las filas del partido gobernante (PRI), aparecer menos anticomunistas y menos pronorteamericanos de lo que en realidad habían sido, a decir de Meyer12.

Esta percepción de "caída" en el abismo de la revolución (el "peligro rojo"), fue maximizada por los sucesos del acontecer en el entorno inmediato. Y es que el contexto latinoamericano al promediar el siglo XX mostraba un creciente mapa de movimientos antiimperialistas, progresistas, populares, socialistas, nacionalistas, comunistas y marxistas que estaban vinculados a distintas esferas y estratos de la sociedad, en donde universitarios, obreros, campesinos y políticos de izquierda eran actores críticos de la sociedad capitalista y burguesa y de las clases gobernantes. Siendo las crecientes desigualdades sociales y económicas el centro de su combate ideológico y de una gran agitación social, que convirtió en verdaderos a los monstruos que la "fiebre anticomunista" vociferaba como reales.

Por eso la primavera guatemalteca (1954), la revolución cubana (1959), las rebeliones estudiantiles (1968), la vía chilena al socialismo (1970), así como la proliferación de la idea de la lucha armada revolucionaria a través de los movimientos guerrilleros en Bolivia, Chile, Perú, Argentina, Colombia, Uruguay, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y México en buena parte de la segunda mitad del siglo XX en América Latina, y la revolución sandinista (1979), materializaron día a día la sospecha de la existencia de las "rebeliones comunistas" en el continente, como parte de la expansión del "comunismo internacional". Estos, también fueron otros escenarios de la guerra fría latinoamericana, en donde el marxismo y la revolución armada se convirtieron en referentes del cambio para las izquierdas y los jóvenes; en tanto los sistemas políticos, las burguesías, las derechas y los partidos de centro apostaron por la libertad, la pluralidad y la democracia. Dicha polarización trajo ese antagonismo ideológico y de clase que reprodujo en cada uno de los países de América Latina las disputas reales, ficticias o simbólicas entre el "peligro bolchevique" y la defensa de la libertad y la democracia capitalistas.

En el campo de las ideas también la guerra fría tuvo grandes batallas, siendo la vida política y cultural sus principales escenarios. Aquí la bipolaridad mundial se expresó, enfrentando al anticomunismo militante con el comunismo ateo, a partir no sólo de las condiciones de la geopolítica internacional sino de las lógicas locales. Es decir, el anticomunismo mexicano no se vio a sí mismo como tal, sino como defensor de la libertad y de la religión católica y en ese sentido podía coincidir con el anticomunismo promovido por los Estado Unidos, menos en la defensa de la democracia liberal (la puerta de todos los males que asolaban a Occidente), y mucho menos en la hegemonía continental y mundial de una nación protestante.

Mientras que la izquierda mexicana (socialistas, comunistas, progresistas), no representó particularmente la avanzada de las huestes rojas soviéticas que en algún momento "asaltarían" los hogares mexicanos para llevarse niños y mujeres, pero sí reprochaba el oscurantismo y el fanatismo que la religión católica sembraba, a su parecer, en la sociedad. Por supuesto, marxistas, comunistas, socialistas y cardenistas promovían la participación social del Estado y su papel rector de la economía, la igualdad social, y criticaban la propiedad privada y amparaban formas sociales de la misma. Todo esto se acercaba bastante a la utopía del "comunismo internacional": abolición de la propiedad privada, nivelación social y economía planificada por el Estado.

La enunciación de las ideas, así como el debate y combate frontal de "ideologías peligrosas" buscando "alertar" a la opinión pública se llevó a cabo también a través de la prensa y mediante una campaña anticomunista13. Fue así en la prensa mexicana de mediados del siglo XX que, como explica Elisa Servín, revistas como diarios nacionales se adscribieron tanto a "los nuevos principios surgidos de la hegemonía estadounidense de posguerra" como a la "doctrina de contención del comunismo". Como señala la autora, la prensa mexicana en su línea anticomunista encontró coincidencias con la Iglesia católica y las cúpulas empresariales y colaboró con el autoritarismo gubernamental que golpeó a la izquierda. Fue así en el cardenismo con diarios nacionales como El Universal y Excélsior, que exhibieron posiciones anticomunistas, lo mismo que periódicos como El Hombre Libre con actitudes nazifascistas, Novedades, contrario al obrerismo y agrarismo, entre otros14.

La producciónde libros, revistas y hasta de hojas volantes, fue una tarea también asumida por intelectuales católicos mexicanos, que llevaron a cabo una cruzada anticomunista contra el igualitarismo social, contra las amenazas a la propiedad privada, contra el ensanchamiento del Estado y, contra el "comunismo ateo". El combate era contra el "bolchevismo internacional", el cual estaba representado en los postulados de la revolución mexicana, otras formas de la "penetración comunista"15.

3. El caso de Salvador Abascal

Ese fue el caso del mexicano Salvador Abascal, quien desde el extremismo católico combatió el anticlericalismo revolucionario, el de la revolución mexicana, como parte de una revolución comunista internacional. Salvador Abascal Infante (1910-2000) hizo estudios en el Seminario de Morelia, y para 1926 ingresó a la Escuela Libre de Derecho para cursar la Licenciatura en Derecho, graduándose en 193116. Él tuvo dos facetas específicas en su vida pública, una militante la otra intelectual. Así, se distinguió por ser parte de distintos movimientos político-católicos públicos y clandestinos, tales como La Base y La Legión, venidos de los fuegos de la Cristiada y, la Unión Nacional Sinarquista (1937)17, fundada para construir un orden nacional opuesto al gobierno de Lázaro Cárdenas. También encabezó en 1942 un intento de creación en Baja California de una sociedad utópica basada en el ideal católico18.

Abascal tuvo una importante trayectoria como editor, pues de 1945 a 1972 dirigió la Editorial Jus19 y en 1973 fundó la Editorial Tradición. Asimismo, desde 1972 (y hasta su muerte), editó la Hoja de Combate, mensuario en el que se dedicó a juzgar el diario acontecer de su tiempo desde una perspectiva antirrevolucionaria. En su faceta intelectual Abascal fue un prolífico escritor e interesado en la historia mexicana, a la que juzgó desde una óptica católica, antirrevolucionaria, antimasón, anticomunista y antiliberal, dedicando obras a Hidalgo, la guerra de reforma, a Juárez, a la revolución mexicana, a la Constitución de 1917, al gobierno de Lázaro Cárdenas entre otras.

Salvador Abascal fue un ideólogo conservador20 que representó la histeria anticomunista de los sectores más extremos del catolicismo mexicano que desde siempre ha visto en peligro a la familia, la sociedad, el Estado, y el devenir histórico del país con los procesos de cambio. Desde la cultura católica radical construyó una mirada del pasado y presente de México en la que el liberalismo y la "amenaza comunista" eran procesos e ideologías que había trastocado la civilización cristiana, siendo aquel la puerta de entrada para el segundo, en un creciente proceso de "degradación" de la sociedad, con sus ideas de libertad, secularización, nivelación social y abolición de la propiedad, respectivamente. Ya en el período de entreguerras y luego en el contexto de la guerra fría, la "amenaza roja" que representó el comunismo soviético se agregó a la idea del "judaísmo yanqui" que personificaron los Estados Unidos, como la parte última de una conspiración ancestral de liberales, revolucionarios, socialistas, comunistas, marxistas y judíos que buscan la descristianización de Occidente. Es decir, para él, el comunismo ruso era un peligro verdadero pero no la fuente del mal, la cual estaba constituida por el "gran imperio del Judaísmo Internacional" de los Estados Unidos.

4. El discurso histórico de Abascal

A mediados de 1988 Salvador Abascal publicó Lázaro Cárdenas, Presidente comunista, en dos tomos. Esta obra formaba parte de su visión del pasado, en un intento por encontrar las claves del estropicio del presente, que él establecía en los inicios del México independiente. La fractura mexicana era el sentido que Abascal le daba al relato nacional que había realizado con obras como El cura Hidalgo de Rodillas (1996), Juárez Marxista (1984), La revolución de la Reforma de 1883 a 1884, (1983) Madero, dictador infortunado (1983), La Constitución de 1917, destructora de la nación (1982) y los tomos que dedicó a Lázaro Cárdenas. Su revisión del pasado estuvo determinada por ese presente aciago que sus convicciones religiosas lamentaban absolutamente. La degradación moral de México era el sentido de la historia nacional para Abascal, culpando a la añeja "conspiración" de masones, liberales, judíos y marxistas de ser los causantes de la tragedia nacional, propagadores -en la mirada del autor-, del odio a Dios.

La forma de escribir la historia de Abascal estuvo marcada por los hechos del presente: la tragedia de la patria católica ultrajada por los "rojos" de todos los tiempos y por los Estados Unidos y su "oculto super-gobierno, el Judaísmo"21. Por eso su visión del porvenir no podía ser sino fatalista, pensando dicotómicamente la realidad: por un lado los "enemigos" de Dios y por el otro aquellos pocos que en la sociedad practicaban la fe católica y que eran inconmovibles a "perversas" influencias.

Ese pesimismo por el presente fue compartido por otros autores en México, que al igual que Abascal escribieron lo que juzgaban era "la verdadera" historia de México, distinta a la generada por la visión progresista o por la versión "oficial". De esa manera, como explican Nora Pérez-Rayón E. y Mario Alejandro Carrillo, "La visión del pasado mexicano asume una perspectiva hispanista y anti-indigenista, católica y antiliberal, que se nutre de fuentes conservadoras (L. Alamán, J. Vasconcelos, M. Cuevas…). Desde luego, tal versión ensalza al catolicismo como forjador y esencia de la nación"22.

Desde luego, Salvador Abascal cumple claramente con la vocación por la historia que le es atribuida a intelectuales del conservadurismo y de la derecha de Occidente de los siglos XIX y XX en Europa, Estados Unidos y América Latina23. Y es que desde Edmundo Burke en Inglaterra hasta Lucas Alamán en México, la mentalidad conservadora ha buscado en el pasado la fortaleza histórica que impida el "resquebrajamiento" de la sociedad que las ideologías del cambio han provocado. Asimismo, cuando el liberalismo, el socialismo, el comunismo o la revolución ya se han entronizado y se han vuelto instituciones normativas de la realidad, esa misma mentalidad conservadora buscará en el pasado las claves del "desorden" del presente, tratando de establecer el momento en el que el rumbo se "perdió". Fue así como Abascal se dedicó a la crítica antirrevolucionaria y al estudio de la historia mexicana, buscando explicaciones al desorden, la anarquía y la degradación moral de su tiempo, culpando a las ideologías de la descatolización de México. En este caso, como católico intransigente vivió la histeria anticomunista y el rencor antiyanqui en el contexto de la guerra fría, señalando al comunismo y al capitalismo como los responsables del debilitamiento de los valores espirituales, de la corrupción de las costumbres y de la mujer.

5. El "rojo Lázaro Cárdenas"

Para Abascal, sencillamente, el presidente Cárdenas era representante del "comunismo internacional". Esa es la sentencia que cruza los dos libros que escribiera sobre Cárdenas. En un recorrido por la personalidad de los hombres de la revolución, como Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abascal se expresa así de Cárdenas:

[…]el caso de Lázaro Cárdenas confirma la regla, pues siendo por naturaleza falso y tortuoso[…]y siendo también inteligente, en realidad fue torpe, por lo cual será un instrumento de inteligencias más lúcidas: sobre todo de [el embajador norteamericano] Daniels y de [el Presidente norteamericano] Roosevelt. En cuanto a su posición personal, sabrá encumbrarse como un semidiós de la Revolución; pero en cuanto a su tarea nacional, que deseaba fuera en beneficio material de obreros y campesinos, sólo será "el ciclón" ciego y desatado que no sabrá más que destruir. Sus panegiristas tienen que confesar sus tremendos fracasos en materia social, sin un solo acierto, en exclusivo beneficio, aclaro yo, de los EU, que nos quieren apóstatas y en la miseria. Su socialismo no ha sido ni podía ser sino para la mayor ruina material y moral de los de abajo y provecho de la Revolución Mundial, cuyo cerebro no está en Rusia sino en los EU, nuestros peores enemigos. Creyendo él ser anti-imperialista, siendo realmente comunista pro-soviético -aunque esto nunca quiso confesarlo- ¡resultó ser un dócil robot del imperialismo yanqui!24

Singular es la acusación que Abascal dirige a Cárdenas, porque no sólo aparece en su imaginario como un fracasado "peón del comunismo", que perjudica a aquellos que desea beneficiar, como obreros y campesinos, sino que también es una simple herramienta del imperialismo norteamericano. Su interpretación de la realidad política estuvo determinada por esa mentalidad conspirativa que le fue tan característica. En efecto, para este representante del tradicionalismo sin concesiones, Estados Unidos manejaba al socialismo internacional cual títere, en su tarea por descatolizar occidente. Y en ese sentido, la revolución mexicana y los revolucionarios no eran sino otras herramientas -menores-, de la misma misión. Aquí, aparece la conexión con esa añeja conspiración que ve la confabulación de masones, liberales, jacobinos y marxistas para combatir a Dios y al catolicismo en América y en Europa. Así lo expresó:

[…] el propósito de la Revolución siempre ha sido arrebatarle a Dios, a Cristo, el dominio de las almas. El mismo socialismo no pretende sino eso, pero echando mano de mayores recursos que el simple ateísmo militante. Éste, lo mismo que el clásico laicismo liberal, cree lograr su designio sin suprimir ciertas libertades: la de propiedad, la de expresión -hasta cierto límite-, la de asociación en Partidos Políticos. El socialismo, en cambio, para asegurar, en substitución de Dios, el imperio de las conciencias, suprime la propiedad privada al máximo posible, por ser la mayor garantía de la libertad individual, familiar y social, y por lo mismo de independencia en lo espiritual respecto del Estado revolucionario.25

La "conspiración judeomasónica" como tesis conservadora del siglo XIX está presente en la discursiva de Abascal y, en muchos sentidos, la usa en sus obras de corte histórico. Asimismo, tal idea, la de la conspiración decimonónica de las ideologías radicales, fue reactualizada en los años setentas del siglo XX por el propio Abascal, ahora calificándola de revolución mundial, que busca exactamente lo mismo, expulsar a Dios de la sociedad, siendo el comunismo y el capitalismo, dos enormes fuerzas que también buscan el fin del catolicismo26.

Por otra parte, es conocida la tesis del miedo a la "amenaza comunista" que desde finales del siglo XIX apareciera en México (y América Latina) venida desde Europa, al fragor del anticlericalismo revolucionario en Francia, y que en nuestro país fuese esgrimida en la pugna ideológica entre liberales y conservadores. Asimismo la propia Iglesia se encargó de difundir esta misma percepción de inminencia, y que luego prolongó en el siglo XX en el contexto de la revolución mexicana, la presidencia de Cárdenas, y frente al eco del ejemplo de la revolución cubana de 1959. Es decir, la histeria anticomunista se propagó entre los sectores más radicales del catolicismo mexicano organizado. Salvador Abascal, sin embargo, surgido de esos sectores intransigentes no padeció ese miedo al comunismo sino todo lo contrario, ejerció un poderoso odio anticomunista a "la amenaza roja". Y, particularmente en este caso, Cárdenas convocaba todas las furias del ex líder sinarquista (tan solo opacado por su odio a Juárez), y no solo en su faceta de presidente sino desde su tiempo como gobernador. Revisando su trayectoria, Abascal encuentra "pruebas" de esa fe masónica y comunista.

Para Abascal, Cárdenas como gobernante de Michoacán (1928-1932) se dedicó a "controlar" la totalidad de los sindicatos y comunidades agrarias, a "manejar" absolutamente los ayuntamientos, para abrir escuelas "todas laicas" y "todas mixtas", para "radicalizar al rojo vivo anticlerical la Universidad de San Nicolás y despojarla de lo que pudiera quedarle de educación humanista", "repartir precipitadamente varias haciendas", para promover la masonería en "todos los municipios" como una especie de "contra-Iglesia"(sic), "aniquilar" la "semi-independencia" de los poderes judicial y legislativo, y "formar líderes agraristas de hueso colorado, de bandera rojinegra con la hoz y el martillo y 'desfanatizadores'"27.

Como candidato presidencial del PNR, Cárdenas recorrió Michoacán, y "en todas partes discursea enmarcado por pabellones rojinegros. No tiene por qué ocultar ni disimular su credo bolchevique"28, aseguraba Abascal. Esas eran sus señas de identidad, a juzgar por el antiguo líder del sinarquismo. Y en contraposición a este mundo inefable que Cárdenas forjaba y que el propio Abascal veía los efectos o los productos de los cambios introducidos a la sociedad a finales de los años ochenta en que escribió en contra del general, recordó la era colonial en México, frente al trastorno del presente traído por el comunismo:

[…] durante más de 3 siglos hubo paz social gracias a la Iglesia, a la justicia y a la caridad practicada por los ricos, de verdad católicos, y a la organización de los gremios, que era corporativa, de mutua ayuda orgánica, que la Revolución destruyó para implantar primero el injusto capitalismo liberal y luego el socialismo con su lucha de clases, que es antinatural y suicida.29

El autor de La hoja de combate aseguraba que los "enemigos de Cristo" esto es, liberales, masones, judíos, revolucionarios y comunistas, no sólo habían destruido la estructura social católica, sino que además habían trabajado juntos para primero instaurar el capitalismo y luego socialismo. Y es que en su percepción existía una línea de continuidad entre el laicismo promovido por el liberalismo y el ateísmo planteado por el socialismo, pues para él ambos en la práctica profundizaban el descreimiento y el odio a la "fe verdadera". Esa era la percepción de Abascal, una crítica irreflexiva a la instauración de la modernidad y todas sus instituciones, señalada como la causante de la pérdida de sentido en México y en el orbe católico.

La anunciada intención del Cárdenas candidato, de que el Estado interviniera a favor de los trabajadores, organizándolos a través del movimiento sindical, representaba para Abascal más pruebas del "peligro bolchevique": "Todo en manos del Estado, esto es del Gobierno, o sea del pulpo de la burocracia convertido en patrón omnipotente e impersonal del trabajador, exactamente como en Rusia: dueño de vidas, votos y conciencias y del producto mismo del trabajo"30. Además, aseguraba Abascal, no habrá "nada de sindicatos que no sean rojos", con sus "líderes bolcheviques" y todos, "manejados por el Estado rojo"31.

Y no únicamente eso, afirmaba que Cárdenas "estaba decidido a implantar el totalitarismo comunista de Estado no sólo en economía sino también en la educación y en todos los órdenes de la vida social"32. En efecto, para demostrar la "infiltración bolchevique", Abascal recurrió en su libro al uso de los Apuntes del propio Cárdenas. Así lo hizo en relación con el tema de la educación, retomando la afirmación de Lázaro respecto a que a la niñez se le debía educar en la ideología de la revolución mexicana. Para Abascal ello se traducía en el uso del "criterio dogmático materialista ateo del comunismo" (sic).

Y enseguida agregaba:

Y con razón se ha convertido a Cárdenas en el ídolo máximo de la Revolución -quizá más que a Juárez o al lado de éste-: en 1934 una mujer atea era una rarísima excepción; actualmente son millares las que han perdido la Fe, sin extrañarla. ¿Y el resultado cuál es? La disolución del hogar, y por lo tanto de la Patria misma, y la esclavitud del pueblo en beneficio del Gobierno Revolucionario y la esclavitud de éste en beneficio de los Estados Unidos, modelo de barbarie motorizada.33

Este representante de la ultraderecha mexicana execraba el México de sus tiempos, al que percibía como una era de decadencia moral por la "expulsión" de la religión de la enseñanza y de la vida de las personas a través del proceso secularizador y su profundización en el siglo XX, el cual para él había trastocado a la patria, a la sociedad y a la familia al "arrojar" a la mujer a la vida pública, a la incorporación de la mujer en nuevos ámbitos, antes vedados por su condición de "servidumbre" y de "inferioridad". manifiesto es su repudio por la sociedad secularizada que ha sustituido el orden social basado en los valores cristianos. Y Abascal encuentra que la era cardenista fue un punto de inflexión en esta "decadencia" del orden social por su impulso de la educación socialista.

Más adelante, en su obra sobre Cárdenas continúa mostrando evidencias de esa conspiración orquestada desde los Estados Unidos para "descatolizar" México a través, en este caso, de la enseñanza. En septiembre de 1934, las declaraciones del presidente electo a favor de la educación socialista y señalando la agitación de clericales y reaccionarios cuyos intentos subversivos fueron menores, Abascal afirmaba que ello era así porque

[…] está desarmado el pueblo frente al Gobierno revolucionario sostenido por la negra Casa Blanca; pero demostrará su justa aversión a la escuela socialista con el boycot (sic) y con el desorejamiento de muchos maestrillos, debiendo ser Cárdenas el desorejado, hasta por razones estéticas. Y a pesar del engaño que sufrirá la Nación, felizmente por poco tiempo, con motivo de la expropiación petrolera, la condenación de toda su política y de su escuela será cada día más evidente y violenta, hasta obligarlo a dejar que Ávila Camacho cambie el rumbo, aunque sólo sea verbalmente, pues el mal hecho por el cardenismo habrá sido demasiado profundo al cabo de su sexenio y perdurará produciendo al cabo de 40 años la apostasía social que estamos presenciado.34

Como se sabe, históricamente el tema de la enseñanza y la formación de nuevos ciudadanos ha sido una cuestión capital para la mentalidad católica conservadora en México en el siglo XIX y por supuesto en el siglo XX frente al reto cardenista. Obviamente Abascal juzga desde su presente los años ochenta del siglo XX, cuando México ha entrado a la modernidad cultural, a la masificación de la educación y el sistema estatal de educación rinde frutos, en ciudadanos laicos y menos crédulos. Con la masificación de las universidades públicas y laicas, con la incorporación de las mujeres de modo creciente a la universidad y al ejercicio profesional, agregando nuevas formas de entender la realidad y la vida más allá del "deber ser".

La condena a la educación pública y el rechazo a la modernidad y la defensa de la tradición católica, muestran la pervivencia del viejo conflicto entre el catolicismo y la modernidad en personajes como Abascal y, que de cierta forma, se convirtieron en representantes de una opinión que tomó fuerza a lo largo de la primera mitad del siglo XX mexicano cruzando la escala social, entre las clases medias, sectores populares y las clases altas, gracias a una combinación desigual, incompleta y contradictoria de valores como un fuerte catolicismo, un acendrado conservadurismo e ignorancia. La educación socialista fue vista entonces como una amenaza a las creencias, los valores y formas de vivir35. Lo singular es que en el México de los años ochenta, con el traspaso de la sociedad rural a una sociedad urbana y la creciente modernización, existiesen aún personajes con la mentalidad de Abascal, deudores de un tiempo pretérito y añorantes de una sociedad que ya no existía.

Ese malestar por el tiempo presente encuentra su origen, o al menos su profundización durante el gobierno presidencial cardenista. En su libro Abascal señala, además, que el presidente Cárdenas "Claramente quiere la suplantación de la Religión Católica por la Religión Comunista"36. Así lo expresó:

Con sus leyes Cárdenas le ponía camisa de fuerza a la mente del niño, del adolescente, del obrero, del campesino, del maestro y de las autoridades, y mediante todos ellos quería aherrojar a la Nación entera. Todo el mundo tenía que aceptar su Credo materialista, marxista, anticristiano, siendo la Nación todavía entonces profundamente católica.37

Lo que para una mentalidad liberal, secular, progresista o incluso socialista, constituye un avance en la construcción de una sociedad equitativa, o la conformación de un Estado con responsabilidad por las mayorías sociales, para Abascal eso mismo era un retroceso y una auténtica catástrofe, y la evidencia palpable de la muerte espiritual de la sociedad cristiana por la secularización y la visión racionalista impulsada por el Estado posrevolucionario. Para este conservador a ultranza el fin de la sociedad estaba expresado en la "descristianización de la nación" que las ideologías estaban promoviendo, particularmente el "comunismo internacional".

6. La "judería yanqui" o el antiimperialismo de Abascal

En el imaginario de Abascal existe una sociedad entre el comunismo y los "judaizantes" Estados Unidos, donde el primero es un instrumento del segundo, y ambos son para él dos "enemigos" del orbe católico, uno por promover el ateísmo y los otros por ser una nación protestante que busca resquebrajar la integridad católica de México. Y, aunque los elementos que conforman este posicionamiento doctrinario siempre aparecen unidos en el discurso de Abascal, en este apartado se verán por separados para enfatizar precisamente las raíces del nacionalismo del personaje y su crítica al imperialismo norteamericano. Siendo así que laicismo, masonería y judaísmo constituyen nociones definitorias de la naturaleza de los Estados Unidos. Singular es, sin embargo, que jamás se expresa en contra del capitalismo como tal, aunque defienda el principio de la propiedad privada como pilar fundamental de la sociedad católica. Asimismo, condenará acremente la imitación del modo de vida burgués en México que, a su juicio, aleja a la sociedad de su religiosidad pero, no se pronunciará en contra del capitalismo.

De esa manera, buscando establecer la influencia perniciosa de los Estados Unidos en México desde siempre, Abascal recordó en su obra sobre Cárdenas las postrimerías del Porfiriato, donde a su parecer se extiende el laicismo a las escuelas particulares, y para ello destacó los casos de Yucatán y Sonora y, agregó en seguida: "Pero la Casa Blanca y su instrumento, la Masonería Mexicana, quieren más de lo ya logrado con la escuela oficial laica"38. La decadencia mexicana era resultado de la influencia de una potencia extranjera. Asimismo, en sus ataques dirigidos a Cárdenas busca descalificar al gran hombre de la revolución al tildarlo de simple herramienta de los Estados Unidos en su misión de "descatolizar" a México. Por ello, asegura, que cuando Cárdenas fue gobernador, se dedicó a "mazonizar todo el Estado"39. Así, en esta perspectiva, el Cárdenas comunista aparece como parte de un plan orquestado por el gobierno de los Estados Unidos y la masonería:

[…] por exacto oportunismo y obediencia masónica interviene en el asesinato a traición del 'reaccionario' Carranza…por oportunismo sectario persigue a la Iglesia en Michoacán; por analfabeto oportunista se hace socialista; oportunísimamente provocará con toda aviesa intención a su antiguo protector y casi padre Plutarco Elías Calles, para deshacerse de él y comunizar, sin estorbos, a la Nación, con la prevista y oportuna protección de Roosevelt, a quien le rendirá culto ferviente como a Redentor…Desde el 1º de diciembre de 1934 su fuerza no está realmente en el Ejército sino en la masonería, en los líderes sindicalistas y agraristas y en el respaldo decisivo de Roosevelt. Los más de los jefes militares, casi todos, son anticomunistas; pero saben que nada pueden ya hacer contra la voluntad de los Estados Unidos…siendo ya ex-presidente -teniendo que respetar en este punto la nueva táctica de la revolución-, se hace amigo de varios sacerdotes y de Méndez Arceo. Sí, muy cierto, se hace muy amigo de clérigos anticlericales y comunistas, anticristianos, sobre todo del Obispo hereje y marxista de Cuernavaca.40

Repasando los Apuntes de Cárdenas, Abascal encuentra nuevas pruebas de su fe comunista. En efecto, cita la entrada del 17 de junio de 1946, referida a la explicación que el propio Cárdenas hace de la existencia del comunismo como consecuencia de la explotación del pueblo por las oligarquías. Y no sólo eso, luego de dicha constatación este representante de la extrema derecha establece que su presidencia comunista fue una pieza más de la gran maquinaria que ha construido la conspiración de marxistas y masones. Abascal señala:

Mucho peor es el remedio del comunismo que la enfermedad. Pero mientras más palpable sea aun para el mismo Cárdenas, el progreso de la miseria y de la ignorancia, él dirá siempre que eso se debe a que se necesita todavía más comunismo, más estatismo marxista. Por su total incultura era fácilmente manejable por las fuerzas masónico-marxistas internacionales.41

En un pasaje de sus Memorias, Abascal recuerda sus pasos como propagandista del catolicismo clandestino en los años treinta. En dicho libro, publicado en 1980, evocó a su paso por Querétaro las batallas del catolicismo del siglo XIX contra las formas de la dominación venidas de afuera. Otra alusión a la conspiración judeo-masónica de los Estados Unidos como responsable de todos los males de México:

El pequeño Querétaro de entonces, de sólidos y altos palacios y estrechos e innumerables meandros propios de una gran fortaleza, conservaba -en mi ánimo- el aire de la ciudadela sitiada y defendida por las fuerzas católicas de Miramón, Mejía, Maximiliano y Méndez -las 4 Emes- contra los liberales traidores al servicio de la Masonería yanqui y de la Judería Internacional.42

Con esa misma visión explicaba Abascal los inicios de la revolución mexicana, no como una gesta cívica encabezada por Madero, sino el maderismo como un engranaje del imperialismo norteamericano. Y es que a decir de Abascal, los jefes nacionales de las Legiones (fundadas en 1932), insistían en 1936 en la fundación de consejos de la organización clandestina de católicos en la frontera norte de México con la idea de un "segundo maderismo", lo cual juzgaba como una equivocación:

Las más claras inteligencias suelen caer en el error de juzgar del presente político con la misma regla de la apariencia del pasado, sin descubrir en éste el mecanismo profundo de las revoluciones. Había infinitamente más motivos de descontento en 1936 que en 1910; pero no había sido el pueblo de México quien diera al traste con el porfirismo -para pasar del liberalismo al socialismo- sino el norte bárbaro lanzado por la masonería y el Gobierno de los Estados Unidos, que no dejarán de proteger al Régimen revolucionario precisamente por su eficacia destructora.43

El comunismo como instrumento del imperialismo -como se ha dicho-, era otra de las premisas centrales de la retórica de Abascal. Para él, en Estados Unidos estaba el origen y sede de la Revolución, pero no de signo socialista o cardenista, sino una Revolución Mundial, que en su demonología significaba descatolización:

Era necesario enderezar ya la Revolución contra la propiedad privada, empezando por un reparto precipitado y casi total de la tierra y por la estatización de importantes industrias, como base y principio de la comunicación de México, dentro de los planes de la Revolución Mundial, cuya sede no ha estado jamás en Moscú sino, desde hace muchos años, en los Estados Unidos.44

En este esquema de la realidad, el "campeón" de las democracias libres, los Estados Unidos, será visto con rencor por este representante de la derecha mexicana, que se definirá como nacionalista y antiyanqui. La razón reside, más allá de pulsiones nacionalistas, en el hecho de que católicos, conservadores, hispanistas, derechistas, sinarquistas y panistas veían en la beligerancia y hegemonía del vecino del norte una seria amenaza para la integridad católica del país, dado que aquella era una nación protestante. Y es que desde fines del siglo XIX se veían a las inmigraciones protestantes como verdaderos peligros, cuyo "contagio" alejaría cada vez más a sectores sociales de la Iglesia católica, la cual se mostró preocupada por la presencia de misioneros norteamericanos que durante el Porfiriato se adentraron al norte y en algunas regiones del centro del país45.

Ya durante el periodo entre guerras así como en el contexto de la guerra fría, habrá voces como la de Abascal que desde el mundo intelectual juzgaran con virulencia la hegemonía y el intervencionismo de los Estados Unidos, como otro gran enemigo de la Iglesia católica que busca descatolizar a México46. Asimismo, durante los gobiernos posteriores a Cárdenas, la derecha clerical, como la llama Carlos Monsiváis47, será intolerante con la disidencia religiosa, especialmente la protestante.

Por eso, el contexto de la guerra fría para la mentalidad reaccionaria de Abascal fue un escenario mayormente complejo, no sólo por las alineaciones que la polarización ideológica suponía en occidente, sino porque ambos contendientes del conflicto se constituían en enemigos y en potenciales peligros para la catolicidad nacional: el imperialismo protestante que podía afectar el viejo proyecto de recristianización de México y, la "amenaza comunista" que ya "operaba" la descatolización del país a través de los gobiernos de la posrevolución.

Pero Abascal no estuvo solo en su fe anticomunista ni en su crítica a la república secular, ni su cuestionamiento al modo liberal en que estaba organizado el sistema político. Y es que para la Iglesia católica la revolución mexicana y el comunismo y el socialismo eran lo mismo48. Del mismo modo, luego del tiempo de la beligerancia cardenista, entre las décadas de los años cuarenta y ochentas, esta derecha católica representada en las cúpulas eclesiales y patronales, en movimientos sociales y universidades, combatirá la influencia perniciosa del capitalismo en el país, por juzgar que dicho sistema promueve valores que alejan a la sociedad del celo católico. Será una reacción extrema, no a la modernización capitalista sino a las consecuencias de la imposición del modo burgués de vida49.

7. Conclusiones

Salvador Abascal fue actor y testigo del siglo XX mexicano, de manera que, como recuerda en sus Memorias, desde niño presenció los vaivenes y la crueldad de la revolución y la inestabilidad de las pugnas revolucionarias. Asimismo vivió en la lejanía la guerra cristera, pero peleó contra el anticlericalismo y la educación socialista de la posrevolución encabezando al sinarquismo, para luego volcarse a la trinchera intelectual de la que ya no se alejó, combatiendo discursivamente desde libros y revistas contra aquellos que a su juicio promovían la descatolización de México, o le abrían la puerta a la impiedad, ya sea "fraternizando" con los enemigos de la verdad religiosa o, asimilando nuevas costumbres o modas que alejaban a los mexicanos y mexicanas de la fe.

De esa manera fue crítico de las ideologías del cambio y sus impulsores, del comunismo en particular, que veía surgir en cualquier parte. Fue crítico del acercamiento que algunos de los hombres de la Iglesia llevaron a cabo con las ideas que combatían las desigualdades sociales, como su censura a los impulsores de la Teología de la Liberación en México. También acusó a Estados Unidos de buscar la descristianización del país, no sólo por ser una nación protestante, sino porque como defensor del capitalismo estaba dañando a la sociedad mexicana al promover el hedonismo, que alejaba a las personas de la religión. De igual forma culpó a los gobernantes del siglo priísta de ser títeres del comunismo internacional y de los judaizantes Estados Unidos, y en esa misma dicotomía colocó a miembros de la jerarquía eclesiástica, a quienes señaló de ser "aliados" de aquellos grandes enemigos de México que buscaban intencionalmente el fin de la civilización católica.

Por eso los grandes cambios que vivió el México de la segunda mitad del siglo XX en lo cultural, en el ser social a través del influjo de las modas, la industria del espectáculo y la música, fueron para él culpa de la bolchevización de la política y del hedonismo de la vida social que el capitalismo norteamericano quería. Y es que para Abascal, ambos enemigos estaban buscando el crecimiento de la impiedad y la descatolización de México.

La cultura hispánica como respuesta a la expansión yanqui50 era precisamente lo que Abascal planteaba frente al desolador panorama del México de los años ochenta. Esa que para él había traído la civilización a México desde Cortés, introduciendo la fe católica y organizando la nación. Por tanto, la suya era una defensa de la civilización cristiana y las tradiciones nacionales, y en contra de la institucionalización de la cultura laica, liberal e individualista a la que veía como resultado de la avanzada del "comunismo ateo" y luego de la expansión de la "judería yanqui".

La sociedad mexicana cambió por diversas causas: con la industrialización y la urbanización al promediar el siglo XX que trajeron otras formas de vivir, mismas que eran llevadas al medio rural en un intercambio acelerado; con la educación laica y la secularización que generaron una nueva mentalidad y construyó nuevos ciudadanos menos crédulos51; con las formas de la cultura que mediante la literatura, el teatro, el cine y el arte cuestionaron atavismos, costumbres y tradiciones; con la masificación de los medios de comunicación que a través de la televisión, la radio y la prensa promovían nuevos patrones de consumo y de entretenimiento (las modas, los bailes y la música), y un tipo de ser social basado en el culto a las formas del cuerpo y a los modos del confort y el placer, cuya inmediatez como recompensa se volvía válida y éticamente aceptable.

Todo eso fue real, y no culpa de las ideologías. Tampoco de la infiltración soviética. Como tampoco lo fue del comunismo o el judaísmo. Pero sí fue resultado de la hegemonía de las maneras de la vida burguesa y del triunfo del capitalismo. Algo en lo que sí acertó Abascal. La suya, entonces, fue una acre desaprobación a la modernidad liberal y burguesa, contra la sociedad libre, plural y diversa moralmente hablando que ya se asomaba, dejando hábitos o rompiendo cánones sociales. La suya, fue una defensa del México viejo contra las nuevas costumbres de la modernidad.


Pie de página

1 Doctor en Historia, Universidad Pablo de Olavide, España. Profesor-investigador, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México. Grupo de investigación: Cuerpo académico, economía, cultura y pensamiento en México y América Latina. Líneas de investigación: Historia del Estado, las ideas y las instituciones en México y América Latina. pacognaranjo@gmail.com

2 Véase: Manuel Buendía, La ultraderecha en México (México: Editorial Océano/ Excélsior, 1984); Hugh G. Campbell, La derecha radical en México, 1929-1949 (México: Sepsetentas, 1976); Octavio Rodríguez Araújo, Derechas y ultraderechas en el mundo (México: Siglo XXI Editores, 2004); Reneé De La Torre, Martha Eugenia Ugarte y Juan Manuel Ramírez Saiz (compiladores), Los rostros del conservadurismo mexicano (México: Publicaciones de la Casa Chata, 2005); Roger Bartra, Fango sobre la democracia (México: Editorial Planeta, 2007); Erika Pani, (coordinadora), Conservadurismos y derechas en México (México: FCE/CA, 2 tomos, 2009).

3 Véase: Ricardo Pérez Monfort, Hispanismo y Falange. Los sueños imperiales de la derecha española (México: FCE, 1992) y Ricardo Pérez Monfort, Por la patria y por la raza. La derecha secular en el sexenio de Lázaro Cárdenas (México: UNAM, 1993).

4 Véase: Salvador Abascal, Mis recuerdos. Sinarquismo y colonia María Auxiliadora (México: Tradición, 1980), y Salvador Abascal, Juárez marxista, 1848-1872 (México: Tradición, 1999). Hay otros autores que siguen esta línea de explicación del devenir histórico de México, tales como: Salvador Borrego, Siglo XXI. Revolución en marcha (México: s/e, 2009), y Rogelio González O., La conspiración contra Iberoamérica (México: s/e, 2008).

5 Beatriz Urías Horcasitas, "una pasión antirrevolucionaria: el conservadurismo hispanófilo mexicano (1920-1960)", Revista Mexicana de Sociología, N° 4, (octubre-diciembre de 2010): 599-628.

6 Javier Garciadiego, "La oposición conservadora y de las clases medias al cardenismo", Istor, Año VI, N° 25 (verano de 2006): 30-49.

7 Martha B. Loyo, "Las oposiciones al cardenismo", en: El cardenismo, 1932-1940 (México: FCE, 2010, 436-494.

8 Soledad Loaeza, "Conservar es hacer patria. La derecha y el conservadurismo mexicano en el siglo XX", Nexos, Año VI, Vol. 6, N° 64 (abril de 1983): 29-39.

9 Lorenzo Meyer, "La guerra fría en el mundo periférico: el caso del régimen autoritario mexicano. La utilidad del anticomunismo discreto", en: Espejos de la guerra fría: México, América Central y el Caribe (México: CIESAS/SER/MIGUEL ÁNGEL PORRÚA, 2004), 99.

10 María Martha Pacheco, "¡Cristianismo sí, comunismo no! Anticomunismo eclesiástico en México", Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México Vol. 24: (2002): 143-170.

11 Valentina Torres Septién Torres, "El miedo de los católicos mexicanos a un demonio con cola y cuernos: el comunismo entre 1950-1980", en: Una historia de los usos del miedo (México: El Colegio de México/Universidad Iberoamericana, 2009), 312-327.

12 Lorenzo Meyer, "La utilidad del anticomunismo discreto", 115.

13 Elisa Servín, "Propaganda y guerra fría: la campaña anticomunista en la prensa mexicana del medio siglo", Signos Históricos N° 11 (enero- junio de 2004): 9-39.

14 Silvia González Marín, Prensa y poder político. La elección presidencial de 1940 en la prensa mexicana, (México: UNAM/Siglo XXI editores, 2006), 21-37.

15 Como fueron los casos del tradicionalista y reaccionario Jesús Guisa y Acevedo (1899-1986), y del conservador y porfirista Alberto María Carreño (1875-1962). Véase: Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana: Alberto María Carreño, Nemesio García Naranjo y Jesús Guisa y Acevedo (Morelia: UMSNH/UNAM, 2012).

16 James W. Wilkie y Edna Monzón Wilkie, Frente a la Revolución mexicana. 17 protagonistas de la etapa constructiva. Entrevistas de historia oral (México: UAM, 4 tomos, Vol., 3, 26.

17 Mónica Uribe, "La ultraderecha en México: el conservadurismo moderno", El Cotidiano, Año 23, Vol. 149 (mayo-junio de 2008): 44.

18 Véase: Salvador Abascal, Mis recuerdos...

19 Hugo Vargas, "Nuevas vidas ejemplares: De Salvador Abascal a Luis Pazos: estampitas de la derecha mexicana", Nexos, N° 64 (abril de 1983).

20 Véase: Edgar González Ruiz, Los Abascal. Conservadores a ultranza (México: Grijalbo, 2003).

21 Salvador Abascal, Juárez marxista… 323.

22 Nora Pérez-Rayón E., Carrillo, "De la derecha radical a la ultraderecha en el pensamiento social católico", en: El pensamiento social de los católicos mexicanos (México: FCE, 2012), 127.

23 Para una caracterización de los historiadores conservadores en México, véase: Jaime Del Arenal Fenochio, "La otra historia: la historiografía conservadora", en: Tendencias y corrientes de la historiografía mexicana del siglo XX, (México: El Colegio de Michoacán/UNAM, 2003), 63-90.

24 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas Presidente comunista(México: Tradición, 1991, 2 Tomos, Vol., I), 55.

25 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…120.

26 Véase: Salvador Abascal, La revolución antimexicana (México: Tradición, 1978), y Salvador Abascal, La revolución mundial. De Herodes a Bush (México: Tradición, 1991).

27 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…152.

28 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…167.

29 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…175.

30 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…175.

31 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…180.

32 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…180.

33 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas, Presidente comunista, Vol., I, 185.

34 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas, Presidente comunista, Vol., I, 189.

35 Engracia Loyo, "Los años que vivimos bajo amenaza. Miedo y violencia durante la etapa de la educación socialista (1924-1940)", en Una historia de los usos del miedo (México: El Colegio de México/Universidad Iberoamericana), 309.

36 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…23.

37 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…28.

38 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…12.

39 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…194.

40 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…200.

41 Salvador Abascal, Lázaro Cárdenas…243.

42 Salvador Abascal, Mis recuerdos…127.

43 Salvador Abascal, Mis recuerdos…136.

44 Salvador Abascal,Lázaro Cárdenas…302.

45 Cfr.: Jean Pierre-Bastian, Los disidentes: sociedades protestantes y revolución en México 1872-1811 (México: FCE, 1991).

46 Ese es el caso del intelectual Jesús Guisa y Acevedo quien siempre se pronunció en contra de la presencia de colonos norteamericanos en México, debido a su religión (protestantismo). Véase: Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana.

47 Carlos Monsiváis, "la ofensiva ideológica de la derecha", en: México hoy (México: Siglo XXI editores, 1979), 315.

48 Véase: Roberto Blancarte, Historia de la Iglesia católica en México (México: FCE/El Colegio Mexiquense, 1992), en particular el capítulo "El nacionalismo anticomunista", 63-116.

49 Enrique Guerra Manzo, "La salvación de las almas. Estado e Iglesia en pugna por las masas, 1920-1949", Argumentos, Nueva época, Año 20, N° 55 (septiembre-diciembre de 2007): 150.

50 James W. Wilkie, Edna Monzón Wilkie, Frente a la Revolución mexicana, 4 Tomos, Vol., 3, 68.

51 Héctor Aguilar Camín, "La invención de México", Estudios Públicos, N° 55, (invierno de 1994) 19. Véase también: Héctor Aguilar Camín, Después del milagro (México: Cal y Arena, 1994).


Bibliografía

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______. Mis recuerdos. Sinarquismo y colonia María Auxiliadora. México: Tradición, 1980.         [ Links ]

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Citar este artículo:
Francisco Alejandro García Naranjo, "Entre la histeria anticomunista y el rencor antiyanqui: Salvador Abascal y los escenarios de la guerra fría en México", Historia y Memoria N°10 (enero-junio, 2015), 165-198.