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Historia y MEMORIA

Print version ISSN 2027-5137

Hist.mem.  no.10 Tunja Jan./June 2015

 

Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana: Alberto María Carreño, Nemesio García Naranjo, Jesús Guisa y Azevedo (México, UMSNH/UNAM, 2012), 179 pp.

Francisco Alejandro García Naranjo
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-México

El libro Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana: Alberto María Carreño, Nemesio García Naranjo, Jesús Guisa y Azevedo, de la Dra. Felícitas viene a acrecentar la historiografía sobre los conservadurismos y las derechas en México, misma que recientemente ha sido renovada por un conjunto nuevo de certezas y miradas. Esta historiografía padeció por décadas, como se sabe, el desprecio de las verdades sacralizadas de la historiografía mexicana en general y el agravio del discurso oficial de los gobiernos del siglo XX priísta. Y es que la historiografía en México estuvo determinada grandemente por la idea progresista de la historia, que en el caso mexicano tuvo en la Independencia (1810), la Reforma (1857), la Revolución mexicana (1810) y el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) cuatro hitos fundacionales, mismo que determinaron el desdén y desinterés por los perdedores de la historia: realistas, conservadores, monarquistas, porfiristas, reaccionarios, católicos, hispanistas, fascistas, sinarquistas, anticomunistas, y los panistas (como "herederos" del pensamiento de todos los anteriores). No fue sino después del triunfo presidencial del PAN en el año 2000 que se detonó una nueva ola de ensayos, libros de historia y de literatura que se interesaron por el estudio del PAN y de las derechas mexicanas en general, buscando conocer y entender a esta ideología que llegaba al poder enarbolando paradójicamente la bandera del cambio.

Por su parte, el discurso oficial de la era de los gobiernos emanados de la Revolución mexicana (PNR, PRM, PRI), privilegió a lo largo de las décadas del siglo XX una visión en donde el jacobinismo como retórica -en palabras de Soledad Loaeza-1, articuló una idea de nación en la que quedaban excluidos precisamente aquellos derrotados ya señalados. Generando así un consenso en el que los Iturbide, Alamán, Santa Anna, Miramón, Maximiliano de Habsburgo, Porfirio Díaz, el Partido Católico, Huerta, García Naranjo, Abascal y la propia Iglesia católica (por nombrar algunos), no sólo no habían contribuido a la edificación nacional sino eran los traidores de la patria.

De esa manera, con el nuevo impulso, se cuenta hoy en día con recientes miradas que conceptualizan a los conservadores decimonónicos como parte del ciclo liberal, no nada más como defensores de un mundo tradicional y destinado a fenecer. Asimismo, se ha avanzado de modo considerable en escudriñar a las derechas del siglo XX no únicamente como entes perversos opuestos al cambio, sino también se les ha estudiado de cerca, con nuevas interpretaciones que superan el determinismo del liberalismo, el marxismo y la izquierda. Estableciéndose así, con nuevos enfoques, sus fuentes doctrinarias y su papel en la construcción de la nación o su relación con la democracia.

Aunque, ciertamente, siguen siendo en determinados casos los conservadurismos sociales y políticos y las derechas liberales o neoliberales de hoy, expresiones que en la vida pública continúan desconfiando del pueblo y de las izquierdas, o temiendo por el poder arrasador de las masas. Asimismo, han sido críticas intolerantes de los nuevos patrones culturales que la democracia liberal de hoy en día ha reconocido en nombre de la pluralidad, la tolerancia y el respeto por la otredad. Mientras que otras manifestaciones por su parte, en el campo de la política, han podido avenirse de modo desigual y contradictorio con las instituciones de la democracia liberal y la república. Son éstas, a decir de algunos, las derechas que tienen futuro, a condición de que se modernicen. Que en el lenguaje de hoy, acorde a la nueva civilidad, quiere decir que se vuelvan democráticas, republicanas y tolerantes (y las izquierdas en México tienen el mismo reto). Sin embargo, hace unos pocos días hemos podido enterarnos a través de la prensa y la televisión cómo la derecha política practicaba el canibalismo y su división en tribus, señales todas de su distorsión dentro y fuera del poder político.

Es en este contexto historiográfico en que se inserta la obra de la Dra. Felícitas López Portillo y de ahí su oportunidad y pertinencia. La profesora Felícitas López Portillo Tostado es Licenciada, Maestra y Doctora en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Y actualmente es Investigadora del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM. Impartiendo cursos sobre Caudillismo y dictaduras en América Latina e Historia e Historiografía en América Latina. Su línea de investigación está centrada en la Historia contemporánea de América Latina, con publicaciones referidas a Cuba en la mirada diplomática de México entre 1933 y 1953; a las relaciones México-Venezuela entre 1910 y 1960 y El perezjimenismo: génesis de las dictaduras desarrollistas.

La obra se compone de tres capítulos (uno por cada personaje estudiado), una introducción y un epílogo. En el apartado introductorio se explica que los tres intelectuales elegidos lo fueron por sus posturas ante la historia mexicana e hispanoamericana, y por ser representativos cada cual de las diversas facciones en que se dividía el bando conservador opositor y crítico a la Revolución mexicana y a los gobiernos emanados de la misma. La "reacción" como se le llamaba en los tiempos posrevolucionarios, como acota la autora. Otro criterio de selección se basó en que "mantuvieron congruencia entre su vida y su obra, además de demostrar capacidad de trabajo y una vastísima erudición"2.

De esa manera se nos explica que Alberto María Carreño (1875-1962) y Nemesio García Naranjo (1883-1962) nacieron en el último tercio del siglo XIX y Jesús Guisa y Azevedo (1900-1986) lo hizo al inicio de la última década del Porfiriato. Así, Carreño se distinguió por ser un destacado miembro de las Academias de la Lengua y de la Historia y por poseer una pluma prolífica. Mientras García Naranjo fue un importante miembro del Gabinete del gobierno de Victoriano Huerta y un periodista influyente en la opinión pública de la época, que lo arrojaron al exilio y el ostracismo político pero, como escribe la autora "nunca abdicó de sus posturas críticas y de un liberalismo cuyo tronco provenía del siglo que lo vio nacer"3. Tanto García como Carreño padecieron la nostalgia del pasado porfirista. Guisa y Azevedo por su parte fue deudor de ideas provenientes de la escolástica, el integrismo católico y los postulados de la derecha francesa. Desde la revista que impulsó, se dedicó a lamentar la decadencia moral del país, a la par que ejerció un "atento escrutinio" del rumbo que México seguía en manos de los gobiernos posrevolucionarios.

El capítulo I lleva por nombre "Alberto María Carreño, el académico", quien nació en la ciudad de México 1875 y falleciera en 1963. Hizo estudios en el Seminario Conciliar de México y en la Escuela Superior de Comercio. Tuvo cargos diplomáticos a fines del porfiriato y como Secretario del Arzobispado fue intermediario entre la Iglesia y el estado para negociar el fin del conflicto cristero. Fue profesor de la Escuela Nacional Preparatoria y La UNAM le otorgó el Doctorado Honoris Causa en 1953. Carreño fue encargado de la clasificación y publicación del archivo y memorias de Porfirio Díaz. Fue miembro de numerosas instituciones científicas y culturales de México y del extranjero, dirigió la Academia Mexicana de la Historia, fue Secretario de la Academia Mexicana de la Lengua y Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. En 1949 descubrió los restos de Hernán Cortés que generó enormes polémicas entre hispanistas e indigenistas y, sin embargo, él reivindicaba su grandeza. Y es que Carreño profesó una profunda admiración por España.

Como hispanista y conservador, Carreño reivindicaba el pasado colonial y los tiempos porfiristas frente a la violencia, el trastocamiento del orden público, la demagogia y la "plebeyez" de la Revolución. Por eso dedicó su tiempo a la historia de los siglos coloniales y a la historia diplomática entre México y Estados Unidos en el siglo XIX. Reivindicaba el papel de Iturbide y reverenciaba a Porfirio Díaz como el gobernante más grande de México. Aseguraba que el Estado no debía hacerse cargo de la educación pues ese era un derecho de los padres y vio la promulgación de la educación socialista de Cárdenas como un atentado contra la religión. Criticó la persecución religiosa ejercida en México en el siglo XIX y por la Revolución.

El capítulo II denominado "Nemesio García Naranjo, el porfirista" comienza caracterizando al personaje como un liberal conservador y diputado porfirista en 1910 y 1912, nacido en Lampazos, Nuevo León. Fue participante en la fundación del Ateneo de la Juventud y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en tiempos de Victoriano Huerta. Su vinculación a Huerta y su fuerte adhesión al porfirismo le trajo expulsiones del país en 1914 y 1926 y con ello un largo peregrinaje por Estados Unidos, Europa y América Latina, sitios desde los que no dejó de hacer la crítica a los gobiernos posrevolucionarios a partir de la grandeza del porfiriato, a través de los distintos periódicos y revistas en los que colaboró y los muchos libros que escribió a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

A decir de la autora, García Naranjo en su quehacer intelectual se situó entre el hispanoamericanismo y la historia patria. De esa manera, hizo la defensa del idioma español como el lazo de unión entre todas las repúblicas hispanoamericanas con España, en oposición al panamericanismo que impulsaban los Estados Unidos. En ese sentido, en diversos discursos pronunciados en España, Estados Unidos tuvo ocasión de mostrar el talante de su hispanoamericanismo, buscando reconocer por igual la grandeza de España como del pasado indígena, exaltando a Cortés y a Cuauhtémoc por igual. Respecto a la historia patria, para Nemesio ocupaban un lugar especial Cuauhtémoc, Vicente Guerrero, Hidalgo, Morelos, Zaragoza. Y conocida fue su admiración por Simón Bolívar y José Martí.

"Jesús Guisa y Azevedo, el cruzado" es el título del Capítulo III. En él, se nos explica que Jesús Guisa nació en Salvatierra Guanajuato, que hizo estudios en el Seminario de Morelia y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Lovaína en Bélgica. Profesor de la UNAM, fundador y alma de la revista Lectura y la Editorial Polis, colaborador de los periódicos Excélsior y Novedades y autor de numerosos libros entre los que destacan aquellos dedicados a la doctrina política de la reacción, a la hispanidad y el germanismo, al partido del PAN, a Vasconcelos y el catolicismo. A través de los distintos tópicos abordados por la revista Lectura, que tuvo una vigencia entre 1937 y 1973, la Dra. López Portillo nos lleva a conocer la mentalidad de este tradicionalista y reaccionario que le imprimió este sello a su publicación, que se declaraba "verdaderamente antirrevolucionaria (sic)"4. También nos explica que la revista fue la expresión de un sector de la clase media ilustrada que estaba en oposición con los gobiernos posrevolucionarios, a los que se acusaba de ser los causantes de la pérdida de los valores espirituales. Fue una revista basada también en el antiyanquismo y el anticomunismo, dedicada al rescate del pasado hispánico de México y del "sentido de comunidad cristiana que alguna vez se le imprimió a su vida política"5.

Un capítulo importante en esta lucha fue en tiempos del gobierno de Lázaro Cárdenas, pues la revista Lectura, de la mano de su principal impulsor, entró en polémicas a propósito del indigenismo oficial, de la educación socialista en 1935, el reforzamiento del ejido y la hegemonía del Estado en la vida social y en la economía. Sus armas fueron el hispanismo y el anticomunismo, conceptualizando al indigenismo cardenista como herramienta yanqui para erradicar de México a la civilización, que estaba constituida por la tradición española y el catolicismo. Esta mirada de extrema derecha de Guisa y Azevedo encontró que la Independencia y la Revolución mexicana fueron verdaderas catástrofes para el país, debido a una poderosa conspiración de judíos, masones, marxistas, liberales y comunistas. Teniendo un importante lugar en esta teoría, Estados Unidos como "una potencia diabólica" empeñada en destruir el catolicismo.

En el epílogo, como es menester, la profesora López Portillo hace el recuento de los objetivos planteados y verifica su cumplimiento. Reflexiona también sobre la importancia cultural de los exponentes de la derecha mexicana estudiados a lo largo del texto y valora su actividad pública en tanto escritores, periodistas e impulsores de empresas editoriales, destacando la trascendencia de conocer sus planteamientos como una manera de completar el panorama del imaginario político e ideológico de la época en que vivieron. En este recuento nos recuerda sus batallas retóricas en defensa del pasado colonial, la importancia del catolicismo, su ardiente hispanoamericanismo y su desconfianza por la educación pública, el agrarismo, el sindicalismo y el intervencionismo estatal. Una constatación que se hace en este apartado es el hecho de que los tres personajes con sus distintos bagajes acertaron en sus críticas relativas a la corrupción y la impunidad imperante en el escenario político y económico del país. Esto da pie para que la autora dedique las últimas páginas del libro a trazar ese panorama de la segunda mitad del siglo XX mexicano de la "monarquía sexenal", el peso de los mitos fundacionales, la creciente desigualdad social y la crisis económica.

Este recorrido por las páginas del libro no ha tenido la intención de ser exhaustivo, sino sólo el objetivo de mostrar un panorama muy general de algunos de los temas presentes en cada uno de los personajes abordados por la Profesora Felícitas. La obra en cuestión tiene en su haber evidentes aciertos. Comenzando con los personajes elegidos quienes reclaman más investigaciones. La prosa de la autora es respetuosa del lector, quien es llevado con acierto por el itinerario planteado, sin odios doctrinales, sin oscuridades conceptuales o llaneza parroquial. Asimismo, es evidente el enorme conocimiento y dominio del periodo de estudio, al igual que de las trayectorias y los alrededores de los sujetos históricos estudiados.

¿Cómo y de qué manera el libro aporta a la historiografía de la derecha en México? En primer lugar entrega una válida reconstrucción histórica de cada uno de los itinerarios intelectuales de los personajes, mostrando sus percepciones del México que les tocó vivir y, cómo desde el hispanismo, el catolicismo integrista y la añoranza del pasado porfirista se hizo la crítica del tiempo presente, entendido como creciente decadencia. También se pueden percibir la ira y el pesar de estos hombres de la derecha -unos más, otro menos-, por los modos y las formas de los conductores del Estado, sobre todo por el intervencionismo estatal y el autoritarismo de los gobiernos revolucionarios. Lo mismo que la indignación moral porque los valores revolucionarios, populares, seculares y socializantes estaban moldeando a la sociedad, degradándola a su juicio.

Con el tratamiento de estos personajes en particular como objetos de estudio, rehuyendo los grandes temas como un todo, tales como el hispanismo, el integrismo católico, la Iglesia, la cristiada, el asociacionismo católico laico o clandestino y conspirativo, el sinarquismo o el panismo, la profesora Felícitas consigue mostrarnos a los hombres, sus ideas y sus pulsiones más básicas. Ésta, sin duda, es una forma válida de comprobar la conocida hipótesis de que la derecha -en México y en el orbe occidental-, siempre ha intentado oponerse o "encauzar" los cambios sociopolíticos.

Cabe señalar que la mentalidad de estos personajes, Carreño y Guisa, con todo y sus obsesiones y demonios, está dominada por un rechazo por el presente que los coloca de espaldas a su tiempo, aunque lo conozcan de sobra, porque fueron defensores del orden, la jerarquía, la tradición, la propiedad privada y la religión católica que veían menguar por obra de las ideologías. Esta actitud los vuelve sin duda reaccionarios, ya que no aceptan el cambio o las transformaciones en marcha, incluso aunque ellas se hayan vuelto ya instituciones normativas de la sociedad. Pero, no se percibe en ellos, una vocación por la violencia como vía para romper con el sistema político vigente y con el nuevo statu quo y recuperar así esa edad dorada perdida.

García Naranjo en cambio, supo transigir con su tiempo y aceptó el cambio gracias a ese liberalismo que normó su pensamiento y, a su alejamiento de esa vertiente del catolicismo como principio y fin de la vida pública, sin distingos de la esfera de lo privado, que veía la impiedad y la anarquía por doquier. Cierto es que tampoco se vinculó al hispanismo trasnochado como Guisa y Carreño, ese que como anteojeras impedía reconocer la realidad en su totalidad. Y es que Nemesio pudo hacer el tránsito a la cultura política moderna del siglo XX gracias a su talante liberal, que lo situó cerca de la democracia como norma, pese a la mezquindad y el dogma doctrinal de la familia revolucionaria. Pero también fue un conservador porque vivió en la nostalgia del pasado porfirista, pese a que aceptaba la nueva realidad. Aunque deploraba la mediocridad de los tiempos posrevolucionarios y sus hacedores, frente a la "grandiosidad" de la era porfiriana, basada en la paz, el orden y el progreso6.

Tampoco quiso la restauración del antiguo régimen idealizado. La discursiva de Nemesio García Naranjo era una querella entre la civilización representada por el Porfiriato y la "barbarie" traída por los ciclos revolucionarios. Pero tampoco se puede decir que él era un anti moderno como muchas expresiones que en los siglos XIX y XX combatieron la modernidad política y los cambios sociales. El suyo no era un alegato contra la modernidad y lo que por sí misma implicaba. Y tampoco es que debatiera desde la tradición como sí hicieron otros contra la modernidad, a partir de las concepciones del catolicismo. García Naranjo impugnaba, sencillamente, que el cambio radical sustituía el orden por la anarquía. Es decir, él juzgaba desde la modernidad liberal el cambio traído por la Revolución7.

Se echa de menos en la obra de la Dra. Felícitas, sin embargo, una necesaria justificación historiográfica de cada uno de los personajes, para dar cuenta justamente del estado de conocimiento de la vida, obra y pensamiento de García Naranjo, Guisa Azevedo y Carreño (ya fuese escaso o abundante). El cómo, cuándo, quiénes y de qué manera los estudiosos se han acercado a estos representantes de la derecha mexicana y cuáles son sus recurrencias: el estilo biográfico basado en la vida pública y el retrato íntimo; la reconstrucción de los itinerarios intelectuales a través del análisis de la obra escrita; la historia pasada por el tamiz del odio ideológico o el fervor del acólito. Todo ello habría dado mayor fortaleza a la obra. Igualmente habría sido enriquecedor recurrir a las nociones del método comparativo, pues ellas arrojarían mayores luces sobre la mentalidad de estos intelectuales, mostrando la confluencia o no de sus estrategias discursivas, de los demonios que combatían y las bondades del mundo que defendían. Estableciendo cuánto de antiliberales, antiindividulistas, antimodernos, anticomunistas, antiyanquis, antifascistas eran, cuánto de franquistas, tradicionalistas, organicistas, elitistas, jerarquizantes y católicos eran y en qué grado. Cuáles eran las confluencias y cuáles eran las diferencias del mundo que querían recuperar, ese que a sus ojos la vorágine revolucionaria había condenado a desaparecer, a través de lo que llamaban el deterioro moral de la sociedad mexicana. Pero no se malentienda. Muchas de estas percepciones aparecen a lo largo del libro, sugeridas como contrapunto entre los personajes. Están presentes los contornos de su hispanismo y su crítica al indigenismo oficial de la época, lo mismo que sus ataques al poder estatal en constante crecimiento "invadiendo" esferas de la vida pública y el dedo acusador por la erosión moral que la Revolución y los gobiernos de la Revolución habían traído. Es solo que quizá reunidas y desarrolladas en Francisco García Naranjo, "Derechas y discurso antirrevolucionario… un apartado específico de la obra habría sido posible mirar a los personajes bajo una luz más potente o una lente más precisa.

Por último, es necesario señalar que en algunos momentos de la obra no se distingue con facilidad el discurso de los personajes del discurso de la autora, quedando un tanto perplejo el lector en esas pocas ocasiones que ocurría. Esto, con seguridad, puede ser atribuible al profundo conocimiento que la autora exhibe en su libro sobre sus personajes y el tiempo que habitaron. Quizá también a una identificación con los personajes y su tiempo. Una vez dicho todo esto, no resta sino felicitar nuevamente a la Dra. Felícitas López Portillo Tostado por esta nueva apuesta historiográfica, siendo su obra novedosa, propositiva y verosímil.


Pie de página

1 Véase: Soledad Loaeza, Acción Nacional. El apetito y las responsabilidades del triunfo (México: El Colegio de México, 2010).

2 Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana: Alberto María Carreño, Nemesio García Naranjo, Jesús Guisa y Azevedo. (México: UMSNH/UNAM, 2012), 13.

3 Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana... 49.

4 Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana.. 100.

5 Felícitas López Portillo Tostado, Tres intelectuales de la derecha hispanoamericana.. 111.

6 Véase: Francisco García Naranjo, "Derechas y discurso antirrevolucionario en México. El caso de Nemesio García Naranjo", en: García Ávila, Sergio, Francisco A. García Naranjo, Eduardo Miranda Arrieta (coordinadores), Discurso y poder en la historia de México, siglos XVIII-XX (Morelia, Universidad Michoacana, 2013) en prensa.