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Historia y MEMORIA

Print version ISSN 2027-5137

Hist.mem.  no.16 Tunja Jan./June 2018

http://dx.doi.org/10.19053/20275137.n16.2018.7167 

Artículo de investigación e innovación

La útil presencia del pasado: a propósito de los años de la «Revolución Libertadora» en una ciudad del interior de la Argentina (1955-1958)*

The Useful Presence of the Past: on the Years of the «Revolución Libertadora» in a City of the Interior of Argentina (1955-1958)

La présence utile du passé: à propos des années de la « Révolution Libératrice » dans une ville de l'Argentine intérieure (1955-1958)

Eduardo Alberto Escudero1 

1 Posdoctor en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Córdoba - Argentina). Doctor en Historia (Universidad Nacional de Córdoba - Argentina). Docente e Investigador por Concurso (Escuela de Historia, FFyH, Universidad Nacional de Córdoba y Departamento de Historia, FCH, Universidad Nacional de Río Cuarto, Argentina). Publicaciones recientes: «El laboratorio de las identidades y los usos del pasado: operaciones para fraguar una memoria fronteriza en Río Cuarto, 1956-1961», Historia regional, nº 36 (2017): 75-86; «Escenario y temperatura historiográfica: el Congreso de Historia Argentina del Norte y del Centro en Córdoba (1941)», Anuario de la escuela de historia virtual, nº 11, (2017): 47-68. escuderoea@yahoo.com.ar https://orcid.org/0000-0002-0507-1719

Resumen

Este artículo se dedica a documentar e interpretar los usos del pasado desplegados durante la dictadura instaurada desde 1955 en Argentina, con posterioridad a la caída del peronismo. La perspectiva analítica asumida propone observar el modo en que el pasado resultó ser un recurso clave para legitimar un nuevo orden político y para caracterizar a los enemigos en vistas de ofrecer nuevas interpretaciones de la historia y rescatar, a la vez que resignificar, a los próceres del pasado nacional. El trabajo se centra en una mirada específicamente local, investigando acerca de los discursos, las prácticas y las representaciones del pasado desplegadas en la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, Argentina, en oportunidad del proceso político que buscó «desperonizar» el espacio público y restaurar la matriz liberal de la cultura política e histórica del país. La metodología empleada se basa, fundamentalmente, la exegesis de fuentes primarias, de corte periodístico, recuperando cualitativamente la discursividad de época. Como resultante del ejercicio analítico de los usos del pasado examinados, es posible observar cómo distintos actores claves de la política, la cultura y la educación riocuartense pusieron en marcha una serie de recursos cognitivos, argumentativos y simbólicos del pasado, para sobrellevar la tarea de forjar memoria merced al nuevo orden político: procurando la reactualización de la memoria de la nación liberal para contraponer pedagógica e intensamente al peronismo.

Palabras-clave: Memoria; Usos del pasado; Dictadura; Antiperonismo

Summary

This article documents and interprets the uses of the past unfolded during the dictatorship established from 1955 in Argentina, after the fall of Peronism. The analytical perspective involves observing the way in which the past ended up being a key resource in the legitimation of a new political order and the characterization of enemies, in order to offer new interpretations of history, rescuing, as well as resignifying, the heroes of the national past. The study is oriented from a specifically local perspective, investigating the discourses, practices and representations of the past that can be found in the city of Río Cuarto, Córdoba, Argentina during the political process that sought to "deperonize" the public space and restore the liberal matrix of the country's political and historical culture. The methodology involved the exegesis of journalistic primary resources, qualitatively characterizing the discursivity of the time period. As a result of the analytic study of the uses of the past found, it is possible to observe how the different key agents of ríocuartense politics, culture and education, established a series of cognitive, argumentative and symbolic uses of the past, in order to accomplish the task of sculpting social memory for the new political order: attemping to reestablish the memory of the liberal nation, in pedagogical and intense opposition to Peronism.

Key words: Memory; Uses of the Past; Disctatorship; Antiperonism

Résumé

Cet article se propose de documenter et d'interpréter les manières dont le passé a été instrumentalisé par la dictature instaurée depuis 1955 en Argentine, après la chute du péronisme. La perspective analytique adoptée cherche à étudier la façon dont le passé est devenu une ressource clé dans la légitimation du nouvel ordre politique et dans la caractérisation des ennemis dans l'espoir d'offrir de nouvelles interprétations de l'histoire et de récupérer, et de proposer à la fois des nouvelles significations, à propos des pères de la patrie. La recherche s'intéresse particulièrement par les discours, les pratiques et les représentations du passé déployés dans la ville de Río Cuarto, appartenant à la province de Cordoba, en Argentine, lorsque l'on cherchait à « dépéronniser » l'espace public et à restaurer la matrice libérale de la culture politique et historique du pays. La méthodologie employée consiste, surtout, dans l'exégèse de sources primaires, en l'occurrence de journaux, dont on cherche à récupérer la discursivité de l'époque. Notre exercice analytique à propos de l'instrumentalisation du passé permet de mesurer jusqu'à quel point les acteurs clés de la politique, la culture et l'éducation de Río Cuarto ont mis en marche une série de ressources cognitives, argumentatives et symboliques du passé pour forger une mémoire qui s'accorde avec le nouvel ordre politique, notamment en donnant une nouvelle actualité pédagogique à la nation libérale en tant que contraire intense du péronisme.

Key words: Mémoire; intrumentalisation du passé; dictature; antipéronisme

1. A modo de introducción: usos del pasado durante la «Revolución Libertadora» en la Argentina (1955-1958)

El golpe de Estado que marcó el fin del segundo gobierno peronista desde 1955 puso en marcha una discursividad que contemplaba en su enunciación determinadas imágenes del pasado. La Revolución Libertadora de la hora Aramburu fijó, con mucha más elocuencia y definición con que lo hiciera Lonardi, una línea histórica compleja pero fácilmente aprehensible y reproducible: la que unía sin obstáculo alguno dos momentos históricos de Argentina, la Revolución de Mayo, que obturaba el dominio colonial, y la batalla de Caseros de 1852, hecho de armas que había culminado con la «tiranía rosista». A modo de ejemplo, y desde 1953, en la Asociación Cultural Argentina para Defensa y Superación de Mayo (ASCUA), un núcleo de intelectuales liberales abiertamente antiperonistas, había buscado en su programática «defender» a Mayo como fundamento de su oposición política y cultural. Como ha estudiado Flavia Fiorucci, esta asociación, fundada por un grupo cercano al ensayista Carlos Alberto Erro en 1952, «se postulaba como un espacio para discutir los problemas del país y se originaba en gran parte en la frustración que causaba a varios intelectuales el «abandono de la lucha» que se hacía desde tribunas como la SADE»2. El eje identitario del grupo, según observa la misma autora, era el antiperonismo intelectual. Desde el mismo, «intentaban superar el discurso vago de la «defensa del espíritu» para abocarse a la definición de un programa alternativo, y para esto consideraban esencial la unión de los intelectuales»3. Sin embargo y desde un principio, ASCUA no logró los fines con que había sido creada, convirtiéndose en otra tribuna más del repertorio de temas que se repetían una y otra vez en los distintos ámbitos: el revisionismo histórico argentino, la Generación del 37, «la libertad entendida en sentido abstracto», o al decir del intelectual comunista Héctor Agosti, desde «el vacuo liberalismo»4.

La experiencia señalada, en carácter de antecedente, permite avizorar cómo, desde ciertos sectores de la intelectualidad opositora al peronismo vigente desde 1946, se construyó la idea de semejar al momento de la Revolución de Mayo con la democracia y, haciendo uso inverso de algunas intuiciones revisionistas, al rosismo con la «dictadura peronista». Manifestaba al respecto el Gral. Pedro Eugenio Aramburu, presidente de facto desde 1956: «un solo espíritu alienta al movimiento de la Revolución: es el sentimiento democrático de nuestro pueblo, que afloró en 1810 y resurgió después de Caseros»5. La intención era, entonces, ratificar esa continuidad histórica afectada por la «demagogia», restablecer el imperio del derecho y dar cauce a la democracia «auténtica»6.

La habilitación de esta línea histórica a partir de la discontinuidad ideológica que implicaba la dictadura abierta el 16 de septiembre de 1955 involucró el establecimiento, en primer término, de la conmemoración de la batalla de Caseros y, en segunda instancia, la revalorización de otras figuras de ascendencia liberal como las de Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre, ambos considerados paladines de la Argentina que el peronismo había corroído. La mirada retrospectiva hacia el pasado argentino implicó la reafirmación de los «próceres de mayo» y «los de julio, que actuaron contra la tiranía de la restaurada dinastía borbónica»7. Veinte años después, cuando se conmemoraban el golpe de estado cívico-militar de 1955, y en un contexto signado por la conflictiva crisis final del tercer peronismo, subsistía en algunas voces el argumento que indicaba que el objetivo máximo revolucionario era la defensa continental de la democracia y de la «democracia integral»8.

En la ciudad de Río Cuarto, en el interior de la provincia de Córdoba, Argentina, la experiencia de la «Revolución Libertadora» tuvo, desde el 2 de septiembre de 1955, una fuerza y una presencia particulares. Había ocurrido precisamente en esta ciudad el primer movimiento concreto de acción en contra de Perón y, si bien el comandante de la 4ta. Región Militar9, Dalmiro Videla Balaguer, fracasó «estrepitosamente»10 en su operación, aun así entregó al antiperonismo local, una gesta que se integraría, inmediatamente, a la memoria colectiva:

A la pequeña e histórica ciudad mediterránea de Río Cuarto, antigua línea divisoria entre la civilización y la barbarie, le ha cabido en la horas sombrías que vivía la República, el inmenso honor de haber lanzado el chispazo luminoso que, extendiéndose por todos los ámbitos, ha iluminado las conciencias y despertado el alma dormida de la argentinidad […]11

Este «chispazo luminoso» del 2 de septiembre de 1955 en Río Cuarto, y tal como ha indicado Pécora, no sería sin embargo un paso en falso:

Su estallido frustrado modificó la estructura conspirativa que se disponía en Capital Federal. La acción de los «Comandos civiles» capitalinos y los que se formaron en las pequeñas ciudades del interior como Río Cuarto marcaron diferencias en su organización pero cumplieron idénticas funciones de represión y persecusión política e ideológica de ciudadanos, dirigentes partidarios y destrucción de elementos de orden simbólico vinculados al peronismo [...]12.

El día 1° de octubre de 1955 se celebró en la Catedral de la ciudad de Río Cuarto el Tedeum en acción de gracias por el triunfo de la Revolución Libertadora. En ese oficio religioso que contó con la presencia del Gral. Videla Balaguer ostentando el cargo de Interventor Federal en la Provincia de Córdoba13, el Obispo diocesano Leopoldo Buteler (1882-1961) consideró que la ciudad podía «dar gracias al altísimo por haberos elegido para realizar esta cruzada heroica que ha devuelto la paz a las conciencias»14; el orador auguraba también éxito al gobierno surgido de la Revolución, en especial al encarnado en la provincia por el Gral. Videla Balaguer.

Luego del acto de otro homenaje cumplido en la Plaza Roca en la misma jornada, el Interventor de la Provincia expresó que había querido dedicar su primera salida de Córdoba a esta, su «tan querida» ciudad de Río Cuarto, porque en la misma se había gestado la Revolución y porque sus hombres «lo ofrendaron todo para cooperar al triunfo»15. Videla Balaguer destacaba la acción de los patriotas civiles riocuartenses que habían prestado «sus medios de movilidad y su acción personal, incluso exponiendo su seguridad, sus bienes y su propia vida, para que pudiesen llegar a Córdoba los que habían salido de Río Cuarto para ponerse al frente de la acción revolucionaria»16. Seguidamente, el antiperonismo gobernante, encarnado por el Comisionado Municipal Ben Alfa Petrazzini, se dispuso a operar sobre la memoria17 decretando restablecer «las denominaciones tradicionales en que el sentimiento público riocuartense afirmó su adhesión a los valores permanentes de la nacionalidad, consagrados por el juicio sereno de la historia, o proclamó su anhelo de confraternidad con los pueblos o naciones a los que nos unen indisolubles vínculos de la raza y de cultura»18.

El nuevo orden político consideraba que el peronismo había agraviado la conciencia democrática de la ciudadanía riocuartense al haber glorificado, en el espacio público, a personas y acontecimientos que no merecían el acatamiento unánime del «pueblo» argentino: se trataba de «expresiones de un régimen de oprobio que repudiaban todas las conciencias libres del país»19. Así, durante los años 1956 y 1957 en Río Cuarto se desarrollaron operaciones memoriales que, buscando consolidar el proyecto de la dictadura, señalaban una línea histórica determinada por el liberalismo y efectuaban una lectura particular de la experiencia que se pretendía erradicar.

Más allá del relativo peso específico que efectivamente tuviera oportunamente el movimiento realizado desde Río Cuarto, en la coyuntura de la crisis inal del peronismo, el complejo antiperonismo local triunfante pudo identificarse con tal hazaña para poder desde ese lugar construir nuevas representaciones y profundizar acciones afines al proceso que se iniciaba. Griselda Pécora ha documentado cómo la estrategia desperonizadora en Río Cuarto, aun sin los alcances masivos y los decibeles de las ciudades capitales, tuvo acciones represivas evidentes desde los últimos meses de 195520. Por ejemplo, la autora reseña la destitución del gobierno municipal surgido del voto popular en las elecciones del año anterior y de los cuadros políticos y funcionarios que secundaban al Intendente; la disolución del Partido Peronista establecidos por los decretos nacionales (N° 3855 /55) y con ello la proscripción y el olvido del universo político-cultural peronista; la cesantía de numeroso personal en cargos municipales en áreas como Dirección General de Rentas, Departamento Ejecutivo, Honorable Concejo Deliberante, Prensa e Información, Asesoría Letrada, Licitaciones y Suministro, Reloj Público, Asistencia Pública, Escribanía, Dpto. Personal Municipal; las cesantías de docentes y directores de escuelas y colegios de quien se sospechaba simpatías o actividad militante favorable al peronismo en derrota; entre otras situaciones21.

De tal manera, paralelamente a las medidas concretas de «desperonización» señaladas, merecen rescatarse las visiones registradas en oportunidad de la conmemoración de la batalla de Caseros en febrero de 1956; el rescate de las figuras de Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento en el mismo año y la resignificación sarmartiniana de 1957 bajo el saludo del. Gral. Pedro E. Aramburu.

Según muestran los registros documentales, en especial las crónicas periodísticas, el antiperonismo riocuartense puso en marcha una serie de recursos cognitivos, argumentativos y simbólicos del pasado22, para sobrellevar la tarea de forjar memoria merced al nuevo orden político, en tal caso deseable. Esta operación cultural y política se compuso de hechos conmemorativos y de escrituras de la historia a cargo de militares, periodistas, docentes, intelectuales e historiadores locales. Así, el pasado importaba porque era un campo de disputas para la legitimación de la dictadura antiperonista, que no podía, efectivamente, existir ni perdurar sino por la «transposición, por la producción de imágenes, y por la manipulación de símbolos»23.

Georges Balandier afirma que el pasado colectivo se convierte para el poder en una fuente de legitimidad: «Constituye entonces una reserva de imágenes, de símbolos, de modelos de acción; permite emplear una historia idealizada, construida y reconstruida según las necesidades y al servicio del poder actual»24. En este sentido, el poder político acaba obteniendo la subordinación por medio de una teatralidad que representa a la sociedad gobernada y que le devuelve a la vez una imagen de sí idealizada y aceptable25. Dichas imágenes, en plural, son insumos necesarios para la construcción de los imaginarios que dan sentido a la conflictiva producción de los órdenes políticos. En una coyuntura como la de 19551957, signada por la tensión entre vencedores y vencidos, el proyecto antiperonista no podía hacer su irrupción sin tener la obligación de «representar[se] recurriendo a un ceremonial, de gobernar haciendo manifiesta su competencia»26, de obrar apelando al pasado por el presente en el que apostaba.

Otros abordajes referidos a los discursos, y sus disputas, sobre la memoria, permiten abonar la problematización de los usos del pasado27. Particularmente, Michel Pollak introdujo la idea de «encuadramiento memorial», noción que se torna operativa y posibilita pensar a los actores de la sociedad civil, a los de la política, a sus prácticas y a sus discursos, integrados en un mismo trabajo. El autor utiliza la idea de encuadramiento a partir de la noción introducida primeramente por el historiador francés Henri Rousso y que refiere a la labor que determinados miembros de una sociedad llevan a cabo para consumar un control de la memoria, proclive de observarse en un sinnúmero de espacios, pero muy evidentemente demostrados en las organizaciones más formales de investigadores, memoriosos, cronistas e «historiadores de la casa». Desde allí, la memoria se estabiliza y se reduce a una dimensión discursiva y simbólica propicia para su transmisión, para su posterior y eficaz asimilación en un territorio troquelado; sobre el borde de lo que se recuerda y de lo que se olvida más o menos deliberadamente. Como afirma Pollak, se trata de:

[...] tentativas más o menos conscientes de definir y reforzar sentimientos de pertenencia y fronteras sociales entre colectividades de distintos tamaños (...) [dado que] La referencia al pasado sirve para mantener la cohesión de los grupos y las instituciones que componen una sociedad, para definir su lugar respectivo, su complementariedad, pero también las oposiciones irreductibles28.

Todo ello resulta materializado en diversos ritos performativos, como las fiestas y las celebraciones conmemorativas y homenajes, y en la factura de objetos materiales como los monumentos, los museos, las bibliotecas y las narrativas historiográficas, como producto de una negociación efectuada con el pasado desde el presente.

Desde ese marco contextual y de acuerdo con las señaladas perspectivas teóricas, en este trabajo se recuperan las voces y se documentan algunas operaciones memoriales dispuestas entre 1955 y 1957 en la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, Argentina. Mediante una metodología de recolección y exegesis documental, fundamentalmente apoyada en fuentes periodísticas29, no solo se observan los actos que marcan la reafirmación local de la línea Mayo-Caseros, en tanto formulación histórica que se entreteje con el proyecto de la Revolución Libertadora, sino que también se estudian los homenajes a otras figuras del panteón liberal, incluyendo una primera aproximación a la celebración sanmartiniana de 1957. En todos los casos planteados, median representaciones del pasado a través de discursos y prácticas que importan, según Pierre Bourdieu, de la siguiente manera:

[…] los grandes rituales colectivos de nominación o, más claramente aun, los enfrentamientos de visiones y previsiones de la lucha propiamente política, contienen una cierta pretensión de la autoridad simbólica en tanto que poder socialmente reconocido a imponer una cierta visión del mundo social, es decir, a imponer divisiones del mundo social [...]30.

Haciendo uso de esta tesis, se puede proponer que en los hechos que se historizan en este trabajo existe una la cual los agentes implicados: militares, sacerdotes, periodistas, educadores, historiadores, literatos, detentaban un poder proporcionado a su capital simbólico, es decir, al reconocimiento que recibían de su grupo, de este modo: «la autoridad que funda la eficacia performativa del discurso es [...] un ser conocido y reconocido, que permite [...] imponerse oficialmente como imponente, es decir, frente a todos y en nombre de todos»31. Y cuando la práctica conmemorativa se hizo efectiva, los imponentes usos del pasado registrados en los años de la Revolución Libertadora dieron como resultado la formulación de discursos y representaciones capaces de afrontar el necesario trabajo de persuasión que alternó con la directa represión física a los opositores.

2. El antiperonismo y los usos del pasado en la Argentina, el caso de Río Cuarto (1955-1958)

Caseros y la línea de Mayo para contraponer a «la tiranía»:

Ni bien comenzaba el año 1956, en Río Cuarto la Batalla de Caseros era objeto de recuerdo. El 4 de febrero del señalado año «el pueblo» riocuartense era convocado a concurrir a la ceremonia que se concretó en el cuartel del Regimiento 14, sito en Barrio Pueblo Alberdi, antes Presidente Perón32. En esa oportunidad, el Tte. Coronel Carlos Miranda Naón, Jefe del Regimiento33, se dirigía al público presente proponiendo una disquisición de Caseros que hacía de esa batalla decimonónica el punto de inflexión para situar el «final de la barbarie y del vasallaje»:

[...] 3 de febrero de 1852. El tirano ha caído. Las fuerzas de Urquiza, El Ejército Grande como se dio en llamarlo en aquel entonces, ha puesto fin a un largo período de barbarie y vasallaje que ha de dar lugar a la recuperación del país permitiendo su organización. Organización que ha de colocarlo a la faz del mundo civilizado, a la altura que por sus ideales de libertad y de democracia tiene sobradamente ganado [.]34.

El mismo orador afirmaba que Rosas, «el tirano», ahora equiparado al recientemente depuesto Perón, había huido antes de que la batalla terminara: «dejando a sus fuerzas libradas a su propia suerte». Proseguía indicando que al vencido «No le ha importado dejar a merced del vencedor, a los que hasta ayer fueron sus amigos». El Tte. Coronel Miranda Naón precisaba en su discurso que Caseros simbolizaba el cierre de esa época de «oprobio y de terror», la pesadilla del orden rosista35.

El Ejército Grande ha vencido pero hasta llegar a su victoria, Grande es la cantidad de sangre que se ha derramado entre hermanos. Han sido necesarias muchas revoluciones, muchos hechos de armas para llegar al triunfo final. Recordemos sino los nombres de Lavalle, Berón de Estrada, Maza, Marco Avellaneda, Paz y Madariaga, que en distintos lugares y en diferentes circunstancias, lucharon para terminar con la dictadura, pagando muchos de ellos con sus vidas antes de haber alcanzado el ideal que perseguían. (...) Largos años han pasado bajo el régimen rosista, y los ideales de libertad y de democracia para algunos ya casi olvidados, vuelven a despertar, vuelven a resurgir en la ciudadanía con todo el ímpetu, con todo el fervor que siempre ha estado latente en nuestro pueblo. El Ejército Grande ha triunfado. Aunque de efectivos similares, las fuerzas del tirano no han opuesto mayor resistencia. Y es que como militares nosotros sabemos señores, que para triunfar, el soldado debe estar íntimamente convencido que lucha por una causa justa [...]36.

La «revolución» de septiembre de 1955 era representada, según se inscribe en el discurso, como el retorno a los ideales de la libertad y la democracia emanados por la revolución de Mayo y restaurados en Caseros. En la misma pieza oratoria se evocaba a José Manuel Estrada, paradigmático hombre liberal y católico, quien a sus alumnos aconsejaba: «¡Contemplad la lección horrenda de la tiranía, para comprender a qué abismos son arrastrados los pueblos que se relajan en las licencias demagógicas; y a qué extremo de ferocidad alcanzan los ambiciosos que sobreponen el amor del poder y de la gloria, al amor sagrado de la patria!»37.

El peronismo se constituía, en esta conmemoración, en el hecho histórico a clausurar. Por lo tanto, asemejarlo a la época de Rosas permitía subsumirlo en la sombra de «la tiranía», en los vicios de la impureza republicana. Se dejaba estipulado que el nuevo «sentimiento que ha hecho palpitar hoy el pecho de los hombres puros»38 arrojaría al pueblo a la verdad; y que el odio hacia «el verdugo» y la gratitud y piedad por la víctima serían las actitudes y las condiciones necesarias para la redención de una República que «no admite tiranos»39. Finalizaba la «Evocación de Caseros» en el Regimiento 14 de Río Cuarto con la ejecución de la Banda que tocó diana: «en homenaje a los héroes de Ca seros, que supieron con su coraje y con sus ideales de libertad y justicia, enaltecer esta espada que hoy se os entregará, y mientras los alegres acordes se expanden por los cielos cordobeses, elevemos una íntima plegaria al Todopoderoso, porque el espíritu de Caseros vibre perenne en esta bendita tierra Argentina»40.

Otras voces se encargaban también, en febrero de 1956, de fundar la línea Mayo-Caseros como memoria de oposición al derrotado peronismo y como fundamento de reconocimiento al reconsiderado y reinstalado liberalismo. Desde su editorial del diario El Pueblo, el ferviente antiperonista Luciano Subirachs (1884-1962), colaborador y partícipe en el ya señalado levantamiento local del 2 de septiembre de 195641, proveía de argumentos e ideas al respecto. El aludido era conciso al identificar en plenitud al peronismo con el rosismo, ambos señalados e imaginados como sendas «dictaduras». La conmemoración de la batalla de Caseros en 1957 otorgaba, según escribía el periodista, un significado emotivo por efecto directo de la laudada «Revolución Libertadora».

Subirachs, también propietario de El Pueblo, culpaba al peronismo de haber «apagado oficialmente» determinadas evocaciones históricas. Tal era el caso del episodio de Caseros:

[...] que puso fin a la dictadura rosista, de la que, no obstante todo lo que se ha escrito, todavía hay quienes se empeñan en presentárnoslo como un régimen patriótico ejemplar; lo que nos dice claramente que no debemos extrañarnos que haya también muchos doloridos por la desaparición del régimen que Perón había impuesto y que, a medida que se haga luz en las conciencias, serán en mayor número los que repudien tanto mal que se ha hecho al país, moral y materialmente, durante los doce últimos años [...]42.

En ese sentido, desterrar la «tiranía» peronista implicaba para Subirachs apostar de lleno al restablecimiento de una «ciudadanía democrática», logrando que «el espíritu de Caseros que es el mismo espíritu de Mayo, se mantenga vigoroso en las mentes y en los corazones»; haciendo de esta manera imposible «la reaparición de todo intento de dictadura que pretenda aparecer en el suelo patrio»43. En otra de las columnas editoriales de El Pueblo, el mismo periodista consumaba su posición ante la línea Mayo-Caseros-Septiembre de 1955. En la misma, se expresaba que tanto el rosismo como el peronismo significaban históricamente el reinado de «la prepotencia y el despotismo» del tirano y la obsecuencia de su corte de aduladores y aprovechadores. La resultante, en la época de Rosas, que estaba: «(...) condenada a continuar su trayectoria bajo el agobio de aquel régimen déspota y deprimente; pero, [según se aclaraba] una voz se había lanzado con el pronunciamiento de Urquiza y que día a día fue penetrando en los corazones, iluminando las inteligencias y avivando el espíritu de sacrificio para acabar con tanta ignominia»44.

Subirachs afirmaba que al observar «objetiva» y retrospectivamente la historia argentina, aparecían claras «repeticiones históricas» entre el peronismo y el rosismo y entre Caseros y la «Revolución Libertadora»45. En lo que respecta a la comparación efectuada entre los momentos históricos mencionados en primera instancia, el editor detectaba denominadores comunes. Se trataba, en primer término, de la «característica prepotente y despótica» de la tiranía rosista y de la «reciente del dictador depuesto»46. Otro punto de crítica y coincidencia era la existencia de una «corte de adulones y obsecuentes» que «medraban al calor de la fe de una gran parte del pueblo logró inculcar el mismo Perón»47. Sobre esto último, Subirachs advertía una diferencia muy notable: «los que medraron en torno al tirano Rosas, lo fueron en un número muy inferior y en proporciones de fortuna muy insignificante, en comparación de lo ocurrido con Perón y su régimen»48.

En suma, la conmemoración de Caseros le permitió a una de las voces más influyentes del antiperonismo riocuartense, demás de reconocido periodista y propietario de uno de los órganos de prensa locales más importantes, reforzar la imaginación histórica de la «Revolución Libertadora» cuando, al encontrar el hilo histórico que unía a febrero de 1852 con septiembre de 1955, señaló precisamente:

[...] si aquella gesta terminó con la tiranía rosista y abrió el camino a la organización nacional que tuvo su corolario en el 1° de Mayo de 1853, con la sanción de aquella Constitución gloriosa que permitió la marcha ascendente que siguió la República (...); la gesta reciente habrá también de ser el fin de un régimen deprimente y degradante dictadura: habrá de permitir la reconstrucción política, social y económica [...]49.

Mitre y Sarmiento: paladines de la democracia para un «tiempo de labranzas»:

La crítica al orden rosista en el fragor de su vigencia y «la marcha ascendente que siguió la República» de acuerdo al proyecto liberal que consiguió progresivamente su hegemonía desde 1853 eran, para las intuiciones históricas que se han presentado hasta aquí, el resultado de la actuación de pocas mentes preclaras y de la sensibilidad de los otrora exiliados. Así, Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre, entre otros, fueron figuras reconsideradas en la coyuntura que nos ocupa. Cuando el 19 de enero de 1956 se cumplieron cincuenta años de la desaparición física de Mitre, el historiador local Rodolfo Centeno (1900-1978) consideraba que «la voz riocuartense no debía estar ausente». De este modo, reinstalar en la memoria local a ambos próceres implicaba, de acuerdo al mencionado, recurrir a «una fuente de inspiración y enseñanza para los hombres que desempeñan la función pública»50. Centeno afirmaba que:

[…] La grandeza excelsa de sus espíritus debe imitarse, así como su tremendo desinterés, porque la crisis que hemos venido sufriendo, no es tanto material, sino moral. Hay que marchar por la huella que nos marcaron, esos grandes conductores del pasado, para no perdernos definitivamente en el arenal del desierto [...]51.

Evocar las «virtudes» de los hombres del panteón liberal constituía, para Centeno, una tarea ineludible en esos «momentos difíciles de reorganización revolucionaria, después de las noches sin estrellas de la tiranía, es un deber patriótico»52. El historiador reconocía que el país estaba en plena «crisis de valores morales de la talla de San Martín, Belgrano, Rivadavia, Mitre, Sarmiento», quienes todo lo habían renunciado y dado «por el bien colectivo para construir la Patria que añoraron». En su artículo «Bartolomé Mitre: a los cincuenta años de su muerte», Centeno aseveraba que la figura del vencedor de la Batalla Pavón (1861) era un ejemplo que debía «servir de santuario al civismo argentino contemporáneo»:

[...] Estamos cruzando un áspero y peligroso sendero de la vida argentina, en plena oscuridad y para no dar un tropezón que puede resultar fatal, debemos alumbrarnos con el destello de luz que surge de nuestros grandes muertos, que no lo están del todo, porque siguen indicándonos el verdadero sendero de la recuperación [...]53.

Según consta en la crónica periodística, el día 5 de noviembre de 1955 personas sin identificar habían agredido el busto de Domingo Faustino Sarmiento ubicado en la escuela del mismo nombre. Como consecuencia, un acto de desagravio se desarrolló el día 11 del mismo mes. En esa ceremonia, que obtuvo un tono entre celebratorio y desagraviante, una de las docentes del establecimiento se refirió al hecho y a sus hacedores, considerados «pobres necios», «que trataron de una forma u otra mancillar su nombre, sin comprender que al combatirlo, estaban reconociendo implícitamente que tenían ante ellos a una figura superior en todos sus aspectos a las mentadas enseñanzas provenientes de su mentida "Justicia Social" enunciadas por su siniestro líder [...54.

El agravio al gran maestro Sarmiento se constituía en un episodio que se relacionaba directamente con todos aquellos males que había ocasionado al país «el personalismo político en todos sus aspectos»: «[...] bajo la férula de malignos instintos que se pretendió adentrar en el sentimiento nacional, se osó vulnerar la personalidad de un gran repúblico, de un gran maestro y de un excelso representante del progreso nacional [...]»55. Goggy Cabral Narvaja, autora y declamadora de este discurso de desagravio, consideraba que quienes habían derribado el busto de Sarmiento y blasfemaban contra el saludado prócer, en realidad estaban «actuando y combatiendo soezmente [contra] el progreso social y cultural de nuestro país»56. Por ello, el cuerpo docente del establecimiento y de toda la ciudad era llamado a ser «la guía moral de la juventud estudiosa», procurando al mismo tiempo desterrar los resabios de la pedagogía peronizada, politizada:

[...] enseñándoles más que a idolatrar a una pareja tristemente célebre a saber usar bien la cartilla y a comprender que somos todavía muy pequeños para pretender siquiera juzgar a nuestros próceres (...). Con qué fruición se pronuncia señores el nombre del gran Sanjuanino hoy que el arribismo triunfante pone una sombra cada vez más densa entre los próceres y nosotros [...]57.

En las líneas que seguían, la educadora indicaba que el peronismo había inculcado el «concepto materialista de la vida y de la historia», cuestión que amenazaba «borrar del fondo de nuestras almas la gota lírica que nos hizo grandes para substituirla por el cálculo helado que nos hará sórdidos al amparo de una doctrina que finca en el egoísmo de los hombres de la arquitectura toda de su edificio moral»58. La figura de Sarmiento, en la hora de derribar simbólicamente al peronismo, representaba al «espíritu republicano», al hombre que había actuado «en forma activa cuando la atmósfera nacional estaba saturada de analfabetismo político, social y moral»59. En la misma alocución se fusionaba la figura de Domingo Faustino Sarmiento con la de Bernardino Rivadavia:

[…] Sarmiento puso la semilla regando a manos llenas el surco que abriera Rivadavia (...) todo lo esperaba de la escuela y sus firmes convicciones preconizadas por su labio agresivo y elocuente habrán de surgir como panacea milagrosa para salvar a la República de la dictadura, de la ofuscación y del error; (...) Consciente con sus ideas libertarias debió emigrar a Chile y cuando regresó lo que volvía era más que un hombre, un torrente que baja de la cumbre para derramarse sobre todo el caro suelo nativo como un limo fertilizador y bendito [...]60.

Con todo, Sarmiento y Mitre eran evocados porque los prohombres del liberalismo se constituían en potenciales modelos para la salvación de la República «de la dictadura, de la ofuscación y del error». Similares conceptos vertía en octubre de 1955 el destacado educador y escritor Oscar Maldonado Carulla (1911-1993). Invocando a la Revolución Libertadora, señalaba la aurora de un nuevo tiempo, un «tiempo de labranzas» y de grandes responsabilidades61. Según sus ideas, la etapa abierta en septiembre de 1955 depositaba su suerte en la «generación actual», lo cual configuraba «un compromiso trascendente para el futuro»; también advertía que «los que no lo comprendan, los que aun persigan a los gnomos de sus sueños fantasmales, están malversando las nobles aspiraciones de la nacionalidad»62. En esa dirección, caracterizaba a la «Revolución Libertadora» como una «fuerza heroica que tuvo su epicentro nutricio en la Córdoba inmortal»:

[...] y su clarín guerrero en la marina insobornada, y su pregón de alarma en la voz etérea y fraterna de la República Oriental del Uruguay. Y su carne en las lanzas y su anatema, en las fuerzas civiles y armadas que se citaron al pie de la bandera bicolor. Nos ilumina tal legado. Y enciende el verbo del maestro [Sarmiento]. Porque no hay lenguaje más llano ni más sincero que el que engendra el aula. Ya lo dije: estamos en tiempos de labranzas [...]63.

El educador hablaba de una labranza cuyo campo debía estar, en primer lugar, saludable; una suerte de limpieza moral acompañaría la urgente labor de obturar el oscuro pasado reciente. De hecho, la Revolución Libertadora buscó la reeducación colectiva de las masas peronistas, y como afirma César Tcach, esto último requería la disolución de esa identidad política64. El mismo autor da cuenta de la «ilusión pedagógica», articulada con la represión, que Aramburu propugnaba para derribar los resultados de la acción de un líder demagógico dotado de una eficaz aparato de propaganda65.

Ante la consecución programática, el rol de la escuela y el de la educación se suponían imprescindibles. En tal cruzada cultural y política, los educadores argentinos debían tener «sus manos limpias» para librar la batalla moral, cuya hazaña debía inaugurar una nueva etapa histórica. Por ello, Sarmiento era llamado a oficiar de muy adecuado referente: «frente a esta memoria permanente de Domingo Faustino Sarmiento, ofrendemos el dolido arrepentimiento que es la pulpa viva de nuestra rebeldía»66.

Siguen luego mayores consideraciones sobre el supuesto precepto moral, sobre la tarea de «limpieza» que debía promoverse en y desde la escuela, pero que debía eternizarse en otros espacios y dimensiones de la vida pública. Se esperaba, entonces, que la cosecha fuera «proficua», y que «los graneros se aromaran con frutos sanos y óptimos». La consigna era clara a la vez que severa:

Que cada uno sepa desterrar del hogar, de la calle, de la escuela, el gualicho antiguo del miedo, el murciélago tinto del temor, la triste arma de los hombres débiles. Hay una industria benemérita en la que todos deben trabajar: la de la luz. Porque es la verdad que destierra los errores y mata la vergüenza. Está en el pueblo el conocimiento de todo lo que se ha desterrado, en esta fuga inverosímil de la tiranía. Como también la evidencia del luctuoso desgarramiento que se ha inferido a la Nación67.

En este representativo discurso se consideraba que la «Revolución Libertadora» había entregado, ante todo y ante todos, un «compromiso». Esta nueva etapa de la vida argentina significaba, en la pluma de Oscar Maldonado Carulla, el aprendizaje de una «terrible lección de los hechos consumados», y en esa encrucijada de la experiencia política la veneración de Sarmiento fue útil al antiperonismo, en nombre de la justicia, la república y la democracia:

Ante esta cabeza ilustre que simboliza la justicia, la fe, la lucha sin claudicaciones, la palabra iluminada y eterna. Para expresar nuestro jubileo y nuestro reconocimiento a los sectores que devolvieron a la República el viejo derrotero de sus glorias. Y para pedirle a Dios, que en la tierra que abonó la sangre heroica de sus hijos, podamos ahora, en este presente que es nuestro, iniciar la siembra nueva. Para Él, para la Patria, para los Tiempos! Así sea68.

San Martín bajo el saludo de Aramburu, una memoria sin «discrepancias de nadie»:

Desde 1949 y con mayor intensidad desde 1950, el denominado «Año del Libertador», en Río Cuarto se había puesto en marcha una campaña para ornamentar, «embellecer», el por entonces modesto lugar de memoria dedicado al libertador Gral. José de San Martín, inaugurado en 193169. Esta iniciativa, que contó con un importante apoyo popular, respondió a un llamado patriótico que instaba a: «Hombres y mujeres, niños y ancianos, ricos y pobres... Cada uno, en la medida de sus fuerzas, [a contribuir] a la realización del magno homenaje que la ciudad tributara en granito y bronce al Libertador y Padre de la Patria, en el primer centenario de su ascensión a la inmortalidad»70. Este accionar estuvo operado por la filial riocuartense «José María Paz» del Instituto Nacional Sanmartiniano, entidad que como ya se ha señalado en otro trabajo, fue un ente impulsor de la memoria sanmartiniana de corte liberal en el contexto peronista local71.

Diferentes vaivenes económicos y burocráticos coadyuvaron a la demora de la obra planeada durante los años justicialistas. En efecto, la «obra patriótica» ya terminada fue finalmente inaugurada en otro contexto político, cuando en 1957 el presidente de facto Gral. Pedro Eugenio Aramburu (1904-1970), «hijo dilecto de Río Cuarto», se haría presente en el lugar y saludaría al pie del monumento al San Martín de la «Revolución Libertadora»:

Abarcando en toda tu intensidad espiritual y patriótica del magno acontecimiento que jubilosamente mañana celebrará Río Cuarto, el P. E. Nacional le ha otorgado la honrosísima distinción de hacerla centro de los homenajes que se tributarán al Libertador, en ocasión de cumplirse el 107° aniversario de su paso a la inmortalidad72.

«Centro de los homenajes al Libertador», la ciudad Río Cuarto fue visitada también por los embajadores de Chile, Ecuador y Perú: «Tan gratas visitas, no obstante lo fugaces, habrán de aumentar la explosión de los entusiasmos que honran los corazones en la gran jornada sanmartiniana de mañana, que marcará una fecha de imborrables recuerdos en el historial de Río Cuarto»73. La crónica periodística da cuenta de la resolución de un gran ceremonial en el que Río Cuarto, «ponía de relieve, ante propios y extraños, las inquietudes espirituales de un pueblo laborioso». Así, era considerada una ciudad que, no obstante su cosmopolitismo, profesaba «el más profundo de los sentimientos patrios» a tal punto que «nadie la ha aventajado ni la aventajará jamás, en su culto a la Patria y a su historia y a sus tradiciones»74. Además, esta gran conmemoración a San Martín se forjó en términos de «americanismo y conciliación». En cuanto a lo primero, por las reiteradas alusiones a la independencia americana merced a la presencia de los embajadores ya mencionados. En relación a lo segundo, porque no aparecen en los discursos alusiones específicas ni directas sobre la «Revolución Libertadora», ni tampoco insinuaciones francas respecto al peronismo proscripto. A pesar de ello, la sola presencia de Aramburu denotaba la potencialidad ideológica del evento memorial:

El general D. Pedro E. Aramburu y prestigiado con la presencia de altas autoridades nacionales, provinciales y municipales y de las fuerzas armadas, y que contó con la asistencia de una extraordinaria concurrencia de público, que ascendía a más de treinta mil almas, entre el que se contaban pobladores de distintas localidades de la zona que se asociaron con su presencia a la solemnidad de los actos75.

En este sentido, nuevamente la figura San Martín podía oficiar de personaje neutro, conciliador, y a la vez podía encarnar la personalidad militar. Esta simbiosis era posible dada la preeminencia liberal de elenco de gobierno de facto del Gral. Pedro E. Aramburu, antes que la opción por el nacionalismo católico que oportuna y fugazmente había implicado la posición del Gral. Eduardo Lonardi. En efecto, ninguno podía desacordar ante la memoria sanmartiniana:

[...] San Martín es de esas figuras egregias que se imponen en la memoria sin discrepancias de nadie, por la nobleza de su gesta heroica y la austeridad de su conducta moral. Al entronizarlo en esta ciudad, la gratitud del pueblo riocuartense ha buscado hacer más digna la perennidad de su recuerdo. Así, el monumento que se erige en su seno, traducirá tanto la veneración que se le tributa como la permanencia de su ejemplo [...]76-

En la oportunidad tendió a neutralizarse el mensaje conmemorativo, aunque el sentido otorgado a las cuatro estatuas que el escultor Líbero Pierini (1907-1964) finalizó en ese año y que fueron el eje de la ornamentación de la Plaza Cívica, dio lugar a cierta relación entre la acción sanmartiniana y las claves políticas de la «Revolución Libertadora». Las cuatro creaciones de Pierini: «El Juramento, La Acción, La Victoria y El Renunciamiento», podían reflejar de alguna manera, la nueva hora política.

«El Juramento», representado por un «indio bienamado», constituía un ¡Sí, juramos! a San Martín para ser digno portador de su espada y para «ser el guardián de las cosechas». «La Acción», simbolizaba al «hombre sencillo» capaz de alzar el fusil y el cuchillo para cruzar los Andes: aquí con claridad se reivindicaba al Ejército como regente y hacedor de la libertad. «La Victoria» suponía la heroicidad sanmartiniana «sin servidumbre», cuando una sacerdotisa «casi alada» señalaba el rumbo a seguir hacia la libertad como valor mayor de las certidumbres. Por último, «El Renunciamiento» recuerda el hondo sacrificio de San Martín para derribar a los realistas y a la vez su «destino solitario», que también derivó en una dolorosa renuncia: el triunfo del amor por sobre la ambición77. Constituía el reflejo del dictador Aramburu en su entrega por la salvación de la República.

El Ejército aparecía como salvador y garante de la libertad y como reserva moral para las «buenas cosechas», a tiempo también para renunciar y apocar el mal del egoísmo. Con todo, una lección de civismo se daba en la Plaza San Martín. Se trataba una nueva educación democrática, muy diferente a la de la etapa peronista, signada por la política del condenado justicialismo. Juan Filloy (1894-2000), personaje central de la disposición cultural riocuartense y cordobesa de aquellos años, reconocía en ese momento que:

Mientras haya plazas cívicas donde el ciudadano pueda, sin cortapisa alguna, blandir su ira o resolver sus problemas, su temor de herir la susceptibilidad de mandones ni ser pasibles de la venganza de tiranos, la tierra nativa abonada por la libertad podrá germinar el progreso y fructificar su grandeza. Entonces, estas ágoras de la democracia serán como la célula generatriz de un órgano noble en la vida de esta patria, que amamos más aún que por lo que nos diera, por lo que puede darnos en idealidad por su destino78.

Asimismo, el Comisionado Municipal Lucas Espinosa Arribillaga, entendía que la «chispa del fuego sanmartiniano» era necesaria para encender en una llamarada de heroísmo la voluntad colectiva, cada vez «que haya que luchar por la justicia y por la libertad»79. En el mismo acto, el político e historiador Carlos J. Rodríguez (1875-1967) reforzaba en su alocución pública frente a Aramburu la idea de que Río Cuarto tenía una «historia sanmartiniana». Rodríguez reseñó allí los pasos de San Martín por la Villa de la Concepción del Río Cuarto desde 1814 hasta 1823: «Por acá pasó el héroe diez veces, (...): cuando fue a tomar posesión de la Intendencia de Cuyo; cuando fue a Córdoba a entrevistarse con el director Pueyrredón; cuando fue a Buenos Aires a recibir los honores de Chacabuco y Maipú; y por fin en 1823, de marcha a1 ostracismo»80.

El Dr. Carlos Rodríguez señalaba también que María de los Remedios Escalada, esposa de San Martín, había cruzado cuatro veces estas pampas, imaginando que «tal la vieron pasar las patricias riocuartenses, a esa esposa y madre arquetipo del hogar argentino; heroína nacional, en su renunciamiento del amor, por la Libertad de América»81. Remataba su discurso remarcando la importancia de la raíz militar de la independencia americana y saludaba a Aramburu en estos términos:

[...] Excelentísimos señores embajadores de Chile, Perú y Ecuador: Vuestra presencia ha dado jerarquía internacional a esta ofrenda. ¡Gracias y honor a vuestros pueblos y gobierno! que no olvidan que su genio militar contribuyó a vuestra independencia! Noble pueblo de la Concepción del Río Cuarto: El solemne homenaje de tu ofrenda centenaria, cuent a con la presencia de dos de los hijos dilectos: En la primera magistratura de la Nación, el Gral. Pedro Eugenio Aramburu, y su ministro doctor Ángel H. Cabral; Que ellos sean símbolos de todos los demás que corren la carrera triunfal de su grandeza [...]82.

3. Conclusiones

En el «noble pueblo de la Concepción del Río Cuarto» la coyuntura abierta por el golpe de Estado de 1955 fue un terreno fecundo para la puesta en marcha de una memoria adecuada a la imaginación histórica de la «Revolución Libertadora». Allí, los vínculos entre la historia, la política y la memoria se observan en las diversas representaciones del pasado recuperadas a lo largo de este trabajo.

Como ya se ha expuesto, en la ciudad de Río Cuarto, Córdoba, Argentina, la experiencia abierta desde 1955 tuvo una fuerza y una presencia particulares, dado que en esta ciudad pampeana, interiorana y ex fronteriza contra el indio, había surgido el primer movimiento concreto de acción en contra de Perón. En efecto, durante los años 1956 y 1957 en Río Cuarto se desarrollaron operaciones memoriales que, señalaron una línea histórica determinada por el liberalismo y formalizaron una lectura particular de la experiencia peronista. Paralelamente a algunas medidas concretas de «desperonización», se hicieron efectivas algunas prácticas conmemorativas involucradas en discursos y representaciones capaces de afrontar el necesario trabajo de persuasión que alternó con la directa represión física de los opositores.

La «revolución» de septiembre de 1955 fue representada como el retorno a los ideales de la libertad y la democracia emanados por la revolución de Mayo y restaurados en Caseros. Sarmiento y Mitre, en tanto, fueron evocados porque los prohombres del liberalismo se constituyeron en potenciales modelos para la salvación de la República. Los educadores, a su vez, eran situados en el centro de una batalla moral que acompañaría la urgente labor de obturar el oscuro pasado reciente. En este punto, la resignificación de Sarmiento daba como adecuado referente en su situación histórica de exiliado político y profundo liberal. Como corolario, en agosto de 1957 el presidente de facto e hijo dilecto de Río Cuarto, Pedro Eugenio Aramburu, saludó al pie del monumento a San Martín a la Revolución Libertadora, en un evento que convirtió a la ciudad en el verdadero centro de los homenajes al Libertador. Esta magna conmemoración a San Martín se forjó en términos de americanismo y conciliación, dadas las reiteradas alusiones a la independencia americana y a la falta de alusiones directas sobre la Revolución Libertadora, marcando de esta manera el inicio ideal de una etapa sin facciones en pugna.

Como el trabajo ha demostrado, la presencia de Aramburu, sin embargo, signó la potencialidad ideológica del evento indicado. Si bien es cierto que San Martín podía oficiar de personaje políticamente neutro, al mismo tiempo podía significar la personalidad militar, aunque en el discurso oficial se decidiera una memoria sanmartiniana ante la cual nadie pudiera desacordar. El Ejército apareció puesto en valor y en agente de salvación y garantía de la libertad y de la República, articulando una muy evidente lección de civismo que, como se sabe, distó de la real situación política, jurídica e institucional de la coyuntura.

Según ha demostrado el trabajo con fuentes documentales, en especial las crónicas periodísticas, el antiperonismo riocuartense puso en marcha una serie de recursos cognitivos, argumentativos y simbólicos del pasado, para sobrellevar la tarea de forjar memoria merced al nuevo orden político, en tal caso deseable. Así, el pasado importaba porque era un campo de disputas para la legitimación de la dictadura antiperonista, que no podía, efectivamente, existir ni perdurar sino por la transposición, por la producción de imágenes, y por la manipulación de símbolos. La hipótesis que subyace en este trabajo afirma que el pasado colectivo se convierte para el poder en una fuente de legitimidad, una reserva de imágenes, de símbolos, de modelos de acción. Permitiendo emplear una historia idealizada, construida y reconstruida según las necesidades y al servicio del presente, los usos del pasado aportan insumos necesarios para la construcción de los imaginarios que dan sentido a la conflictiva producción de los órdenes políticos. Este artículo se centró en los usos del pretérito desplegados durante la dictadura instaurada desde 1955 en la Argentina, con posterioridad a la caída del peronismo y desde una mirada específicamente local, iluminando desde esa escala el proceso político que buscó «desperonizar» el espacio público y restaurar la matriz liberal de la cultura política e histórica de la Argentina contemporánea.

Fuentes documentales

Diario La Voz de Río Cuarto, Río Cuarto, 1950. [ Links ]

Diario El Pueblo, Río Cuarto, 1955, 1956 y 1957. [ Links ]

Diario La Calle, Río Cuarto, 1956 y 1957. [ Links ]

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*Artículo derivado de los fundamentos de la investigación colectiva acerca de los «Usos del pasado en la Argentina contemporánea: territorios de la historia, la política y la memoria», financiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica (SeCyT) de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

2Flavia Fiorucci, «El antiperonismo intelectual: de la guerra ideológica a la guerra espiritual». (Ponencia presentada en Latin American Studies Association, Washington, DC, September 2001). Integraban la Comisión Directiva de ASCUA: Carlos Alberto Erro, Julio Aramburu, Daniel A. Seijas, Isaac Maguid, José Fornaroli, José P. Barreiro, Cupertino del Campo, Rodolfo Fitte, José Santos Gollan, Víctor Massuh, Carlos Manuel Muniz, Jaime Perriaux, Héctor Raurich, N. Rodríguez Bustamante, Francisco Romero, Ernesto Sábato y Ángel M. Zuloaga

3Fiorucci, «El antiperonismo intelectual...», 34.

4Fiorucci, «El antiperonismo intelectual...», 35.

5Pedro Eugenio Aramburu, «Mensaje del Presidente Provisional de la Nación, general Pedro Eugenio Aramburu, con motivo de la asunción de su cargo el día 13 de noviembre de 1955», en La Revolución Libertadora en 12 meses de Gobierno, ed. Presidencia de la Nación (Buenos Aires: s/edit., 1956), 8.

6Aramburu, «Mensaje del Presidente Provisional de la Nación.».

7Luis Joaquín Zaballa, «La línea Mayo/Julio/Caseros. Revolución Libertadora y el deber de resistir a la opresión» en 20° Aniversario, ed. Comisión de afirmación de la Revolución Libertadora (Buenos Aires, s/edit., 1975), 22.

8Zaballa, «La línea Mayo/Julio/Caseros...».

9Con jurisdicción sobre Córdoba, La Rioja, Mendoza, San Juan y San Luis.

10María Estela Spinelli, Los vencedores vencidos. El antiperonismo y la «revolución libertadora», (Buenos Aires, Biblos, 2005), 49.

11El Pueblo, Río Cuarto, 11 y 13 de octubre de 1955, 5. Las cursivas son del autor.

12Griselda Pécora, «Vencedores y vencidos: breve crónica de "La Libertadora" en Río Cuarto» en Del tiempo del primer peronismo en Río Cuarto. Aproximaciones desde la Historia, ed. Eduardo Escudero y Rebeca Camaño, (Córdoba: Ferreyra editor, 2011), 264.

13El Pueblo, Río Cuarto, 01 y 02 de diciembre de 1955, 3.

14El Pueblo, Río Cuarto, 02 de octubre de 1955, 2 y 4. Las cursivas nos pertenecen.

15El Pueblo, Río Cuarto, 02 de octubre de 1955, 2 y 4.

16El Pueblo, Río Cuarto, 02 de octubre de 1955, 2 y 4.

17«El Comisionado Municipal Decreta: Artículo 1°- Restitúyense sus denominaciones a las calles Constitución, Avenida Italia, Avenida España y Avenida Marcelo T. de Alvear, en la extensión que las mismas tenían antes del 4 de junio de 1943. Artículo 2°- Restablécense en la nomenclatura de los paseos públicos de la ciudad las denominaciones "Plaza General Paz" y "Plaza de Ejercicios Físicos". Artículo 3°- Devuélvase a "Pueblo Alberdi" el nombre que recuerda la figura egregia del autor de "Las Bases". Artículo 4°- Desígnase nuevamente "Teatro Municipal" al edificio y sala de espectáculos de propiedad de la Comuna. Artículo 5°. Déjase [sic] sin efecto las denominaciones "Avenida 17 de Octubre" dada a la calle que corre entre Avenida Italia y Laprida, frente al Hospital Regional, y "Barrio Justicialista" con que se designó al sector comprendido entre las vías de los F. C. San Martín y B. Mitre, paso a nivel de la calle Alejandro Roca y Boulevard de Circunvalación. Artículo 6°- El Departamento de Obras Públicas tomará las medidas necesarias para el inmediato cumplimiento de las disposiciones precedentes. Artículo 7°- Comuníquese y dése al R. M. (Fdo.): Ben Alfa Petrazzini, Comisionado Municipal; Lucas Espinosa Arribillaga, Secretario». El Pueblo, Río Cuarto, 01 de octubre de 1955, 7.

18El Pueblo, Río Cuarto, 01 de octubre de 1955, 5.

19El Pueblo, Río Cuarto, 01 de octubre de 1955, 7.

20Griselda Pécora, «La desperonización en Río Cuarto 1955-1956: ¿acciones dictatoriales o civilidad democrática?», en Historia Regional. Sección Historia, n° 35 (2016): 39.

21Cf. Pécora, «La desperonización en Río Cuarto 1955-1956...»: 39-40. De acuerdo planteado por la autora, en Río Cuarto funcionó también una Comisión Nacional de Investigaciones que coordinó acciones persecutorias: «La Comisión local estaba integrada por Antonio Subirachs, Julio W. Alonso, José Martorelli, Manuel Ascacíbar, Enrique Bauducco y Fernando Pedro Cachau. Se instaló en el Concejo Deliberativo del Palacio Municipal y sus acciones llegaban a lo que era la 2° Circunscripción Policial, esto es: Departamentos Río Cuarto, Roque Sáenz Peña y Gral. Roca. Actuaba juntamente con la Jefatura de Policía. [...] Comisión Investigadora procedió a generar acusaciones y denuncias, nunca comprobadas, de fraude y corrupción administrativa en la figura del anterior Jefe Comunal Natalio J. Castagno y del ex Senador provincial Eugenio Candia, por las que fueron detenidos y alojados en la Jefatura de Policía. [.] Asimismo, se llevaron a cabo allanamientos y requisas continuos a domicilios particulares a fines del 55 y durante el año 1956, así como detenciones reiteradas de profesionales destacados de la ciudad. Los casos se multiplican en corto tiempo, sobre algunos profesionales y dirigentes destacados como Jorge Otero Pizarro, Julio Humberto Mugnaini, Amado Curchod, Ricardo Obregón Cano, Roberto Domínguez, Juan José Castelli, Oscar Baldasarre, entre tantos otros», 40.

22François Hartog y Jacques Revel, dir., Les usages politiques du passé. (París: École des Hautes Études en Sciences Sociales, 2001), 13.

23Georges Balandier, El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación (Barcelona: Paidós, 1994), 18.

24Balandier, El poder en escenas..., 19.

25Balandier, El poder en escenas..., 23.

26Balandier, El poder en escenas., 35. El corchete aclaratorio pertenecen al autor.

27Cf. Bronislaw Baczko, Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas, (Buenos Aires: Nueva Visión, 2005 [1984]; Michael Pollak, Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente situaciones al límite, (La Plata: Al Margen, 2006 [1989]); Enzo Traverso, El pasado. Instrucciones de uso, (Madrid: Marcial Pons, 2007); Marta Philp, Memoria y política en la historia argentina reciente: una mirada desde Córdoba, (Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, 2009); M. Lucila Svampa, La historia en disputa. Memoria, olvido y usos del pasado, (Buenos Aires: Prometeo, 2016).

28Pollak, Memoria, olvido, silencio., 25.

29El trabajo se basa en notas de tres periódicos locales: El Pueblo, abiertamente antiperonista; La Voz de Río Cuarto, peronista y clausurado abruptamente en 1955; y La Calle, que inicia su trayectoria en 1953 y de orientación política variable, adaptada al orden hegemónico luego del golpe de estado. Sin embargo, de los señalados, El Pueblo aparece mayoritariamente en calidad de evidencia en este trabajo, en fuerte asimetría con los otros dos. Esto se explica por la matriz política ya señalada, lo que lo llevó a constituirse en plataforma y portavoz de los intentos desperonizadores; razón por la que ofrece mayores posibilidades heurísticas.

30Pierre Bourdieu, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos (Madrid: Akal, 1985), 66.

31Bourdieu, ¿Qué significa hablar?... , 66.

32El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956 y La Calle, Río Cuarto, 04 de febrero de 1956.

33Las autoridades presentes en el acto fueron: el Comandante de la 4ta. Región Militar, Gral. Arístides Ruival, el Jefe del Regimiento 14 de Infantería, Tte. Cnel. Carlos J. Miranda Naón, el Comisionado Municipal Ben Alfa Petrazzini, el Jefe de la Segunda Zona Policial de la provincia, señor Rolando Michelotti, entre otras autoridades el civiles, militares y eclesiásticas, invitados especiales y público. La Calle, Río Cuarto, 04 de febrero de 1956, 2.

34El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2.

35El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2.

36El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

37El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

38El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

39El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2.

40El Pueblo, Río Cuarto, 05 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

41Pécora, «Vencedores y vencidos: breve crónica de "La Libertadora" ...», 247.

42El Pueblo, Río Cuarto, 01 de febrero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

43El Pueblo, Río Cuarto, 01 de febrero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

44El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2. Las cursivas y el corchete aclaratorio son del autor.

45El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2.

46El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2.

47El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2.

48El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2.

49El Pueblo, Río Cuarto, 03 de febrero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

50El Pueblo, Río Cuarto, 19 de enero de 1956, 2.

51El Pueblo, Río Cuarto, 19 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

52El Pueblo, Río Cuarto, 19 de enero de 1956, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

53El Pueblo, Río Cuarto, 19 de enero de 1956, 2.

54El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3. Las cursivas pertenecen al autor.

55El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3.

56El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3.

57El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3. Las cursivas pertenecen al autor.

58El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3. Las cursivas pertenecen al autor.

59El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3.

60El Pueblo, Río Cuarto, 11 de noviembre de 1955, 3. Las cursivas pertenecen al autor.

61El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2.

62El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2.

63El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

64César Tcach, «Golpes, proscripciones y partidos políticos» en Nueva Historia Argentina. Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976), dir. Daniel James (Buenos Aires: Sudamericana, 2003), 24.

65Tcach, «Golpes, proscripciones y...».

66El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

67El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

68El Pueblo, Río Cuarto, 18 de octubre de 1955, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

69Eduardo Escudero, «El Año Sanmartiniano en Río Cuarto y los usos del pasado: cuando La dimensión de un año resulta exigua» en Intervenciones sobre el pasado, comp. Marta Philp (Córdoba: Alción, 2011), 128-141.

70La Voz de Río Cuarto, Río Cuarto, 10 de junio de 1950, 9. El corchete aclaratorio pertenece al autor.

71Eduardo Escudero, «El culto de los hijos de Río cuarto al héroe máximo. La filial "José María Paz" del Instituto Nacional Sanmartiniano y los usos del pasado (19471950)» en Del tiempo del primer peronismo en Río Cuarto. Aproximaciones desde la Historia, ed. Eduardo Escudero y Rebeca Camaño, (Córdoba: Ferreyra editor, 2011).

72El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

73El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 3. Acompañando a Aramburu estuvieron presentes el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Perú, Dr. Hernán C. Bellido; el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Chile, don Fernando Aldunate Errazuriz y Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Ecuador, don Gustavo Pérez Chiriboga. De igual modo, otras autoridades del gobierno de facto se reunieron aportando una cabal centralidad al acto sanmartiniano de agosto de 1957: el Ministro de Guerra, Tte. Gral. Víctor J. Majó; el Ministro de Comunicaciones, Dr. Ángel H. Cabral, el Ministro de Obras Públicas, Ing. Pedro Mendiondo; el Intendente Municipal de la ciudad de Buenos Aires, Dr. Francisco Bergalli; el Jefe del Estado Mayor General Naval, Contraalmirante Jorge H. Perrén; el Inspector General del Ejército, Gral. Carlos Toranzo Montero; el Comandante General de Regiones Militares, Gral. Arístides R. Ruival; el Jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación, Cap. de Fragata Francisco G. Manrique; el Jefe de la Agrupación Seguridad de la Presidencia de la Nación, Tte. Cnel. Juan José Montiel Forzano; el Director General de Automotores del Ministerio de Transportes de la Nación, Cnel. Ramón Narvaja; el Jefe de Ceremonial y Audiencias de la Presidencia de la Nación Sr. Osvaldo García Piñeiro; el Sr. Carlos Aramburu; el Capitán de Fragata Edgard Andrew; entre otros.

74El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 3.

75La Calle, Río Cuarto, 19 de agosto de 1957, 2-3-4.

76El Pueblo, Río Cuarto, 25 de julio de 1957, 2. Las cursivas pertenecen al autor.

77Cf. La Calle, Río Cuarto, 16 de julio de 1957, 10 y El Pueblo, Río Cuarto, 04 de agosto de 1957, 2.

78El Pueblo, Río Cuarto, 16 de agosto de 1957, 1. Las cursivas pertenecen al autor.

79El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 2.

80El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 2.

81El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 3.

82El Pueblo, Río Cuarto, 18 de agosto de 1957, 3. Las cursivas pertenecen al autor.

Citar este artículo: Escudero, Eduardo Alberto. «La útil presencia del pasado: a propósito de los años de la "Revolución Libertadora" en una ciudad del interior de la Argentina (1955-1958)». Historia Y MEMORIA, n° 16 (2018): 249-280. DOI: https://doi.org/10.19053/20275137.n16.2018.7167.

Recibido: 13 de Agosto de 2017; Revisado: 21 de Septiembre de 2017; Aprobado: 24 de Octubre de 2017

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