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vol.6 issue11Rueda Cardoso, Juan Alberto (Compilador y editor).2012. Los ejércitos federales de Colombia, 1855- 1886. Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander. ISBN: 978-958-8819-10-5 author indexsubject indexarticles search
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HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local

On-line version ISSN 2145-132X

Historelo.rev.hist.reg.local vol.6 no.11 Medellín Jan./June 2014

 

Entrevista a Jane M. Rausch, Profesora Emerita de la University of Massachusetts- Amherst, Estados Unidos

Renzo Ramírez Bacca*

* Historiador, MA y PhD en Historia de la Universidad de Goteburgo (Suecia). Es Profesor Titular adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas - Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín e Investigador Sénior (IS) del Grupo de Investigación Historia, Trabajo, Sociedad y Cultura. Correo electrónico:rramirezb@unal.edu.co

Recepción: 17 de febrero de 2014 Aprobación: 12 de marzo de 2014



Llegué al aeropuerto de Hartford (Massachusetts) con mi esposa e hija y nos esperaba Jane Rausch, Profesora Emérita de la Universidad de Massachusetts-Amherst. Fue un recibimiento cálido en un anochecer lluvioso y gris del verano de 2013 en Nueva Inglaterra (Estados Unidos). En pocas horas conocimos su estudio y comenzamos a intercambiar trabajos escritos recientes sobre Colombia. Era el inicio de una comisión en la que ella generosamente participaba en calidad de Mentora, gracias al respaldo institucional de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Medellín y la Universidad de Massachusetts-Amherst.

La comisión fue el pretexto ideal para realizar esta entrevista. Mi intención es resaltar la obra de Jane M. Rausch, en un momento de la vida, que le permite hacer una reflexión académica gracias a su experiencia y conocimiento de la historia colombiana y latinoamericana.

Ella es Ph. D. en Historia de la University of Wisconsin, Madison por su tesis "Modernization and Educational Reform in Colombia, 1863-1886", sustentada en 1969. Desde entonces se vinculó a la Universidad de Massachusetts, donde trabajó por más de cuarenta años como profesora de Historia de América Latina y del Caribe. A la fecha ha manteniendo un interés por Colombia, Venezuela, el Caribe y las problemáticas sobre educación, dictaduras, historiografía latinoamericana e historia regional. Es una de las pocas colombianistas pioneras en Norteamérica. Por ello, quise iniciar este dialogo con la siguiente pregunta:

¿Cuál es la importancia de la latinoamericanista en el area de las humanidades y el sistema universitario norteamericano?

Apoyándome en Marshall Eakin 1, debo señalar que durante los últimos cuarenta años, el campo de la historia de América Latina ha florecido, convirtiéndose en una especialidad claramente definida en los departamentos de historia de los Estados Unidos. La Conference on Latin American History (Conferencia sobre la Historia de América Latina), es la más destacada organización profesional de los historiadores de América Latina en los EE.UU., que en la actualidad cuenta con cerca de mil miembros. Además, en los últimos años más de cincuenta universidades han producido un total de cincuenta a sesenta doctores especializados en Historia de América Latina cada año. Y, los cursos de pregrado sobre la Historia Latinoamericana se imparten regularmente en cientos de instituciones de todo el país, además de graduarse estudiantes en decenas de universidades.

Aunque hubo historiadores de América Latina de los Estados Unidos en el siglo XIX, el campo no se convirtió en una especialidad próspera en el plan de estudios de grado y la profesión histórica, hasta mediados del siglo XX. El apoyo financiero a principios de los años sesenta, incluyendo la Ley de Educación Nacional de Defensa (1958 ) y la Fundación Ford proporcionó millones de dólares a treinta y cuatro universidades para formar a expertos latinoamericanos. Este auge también fue promovido por el impacto de la Revolución Cubana y el desarrollo de los Cuerpos de Paz. A principios de 1970 los eruditos latinoameranistas estaban trabajando en todo tipo de temas, aunque la tendencia dominante en el campo era la historia social. A finales del siglo la historia de Latinoamérica se había convertido en un campo establecido en casi todas las grandes universidades estatales, pero un puñado de escuelas, incluyendo Berkeley, UCLA (University of California, Los Angeles), Texas, Wisconsin y Florida han seguido dominando la formación de doctores. Un cambio importante que se ha producido en los últimos veinte años, es la ampliación del término "Latinoamérica" para incluir a los historiadores del Caribe no español y los estudios de los inmigrantes latinoamericanos que viven en Estados Unidos. Por ejemplo, en la Universidad de Massachusetts está el programa de Estudios Latinoamericanos, financiado desde la década de 1960, y que ahora se llama el Centro de América Latina, el Caribe y Estudios Latinos (CLACLS). A pesar del enorme crecimiento en los programas de América Latina, la Historia de los EE.UU. y la Historia Europea siguen atrayendo a la gran mayoría de los estudiantes de pregrado y postgrado, incluso en las principales universidades.

¿Qué relevancia tuvo el caso colombiano durante el siglo veinte? ¿Qué representa ser un "colombianista" en el círculo de historiadores norteamericanos? ¿Y, para los académicos colombianos y su medio académico?

Si tenemos en cuenta el estado de conocimiento de la historia Colombia en EE.UU., la conclusión de David Bushnell en 1995 que Colombia era el "menos estudiado y el menos comprendido de los principales países de América Latina" parece ser cierto aún en 2013. A pesar de ser el tercer país de América Latina más poblado y el cuarto más grande en el territorio, Colombia continúa siendo omitido de la discusión en los libros de texto universitarios, tal vez porque, como Bushnell especuló, pues:

No se ajusta a los estereotipos y los "modelos", utilizados convencionalmente en las discusiones de América Latina. Después de todo, ¿qué hace un latinoamericanista con un país donde son casi todos los dictadores militares son desconocidos, la izquierda política ha sido congénitamente débil, y los fenómenos como la urbanización y la industrialización nunca engendraron un movimiento "populista" de importancia duradera? 2

De los comités regionales y temáticas de la Conferencia de Historia de América Latina, el Comité de Estudios Gran Colombianos cuanta con un grupo de los más pequeños, 82 membresias en 2005 en comparación con los 288 del Comité de Estudios de México. El número de académicos que se especializan exclusivamente en la historia de Colombia son pocos y distantes entre sí, y como señala Bushnell, incluso aquellos que han alcanzado a vincularse con las grandes universidades, no han producido los estudiantes de doctorado que continúen trabajando sobre Colombia. Recordemos que León Helguera señala que ninguna universidad importante de EE.UU. ha creado un programa de postgrado centrado en la historia de Colombia, y añade que en Vanderbilt se entrenó a ocho colombianistas en las décadas de 1970 y 1980, pero ninguno de ellos consiguió plazas universitarias. Para citar mi propio caso. La Universidad de Massachusetts ha mantenido un programa de doctorado en Historia de América Latina por más de cincuenta años. Durante mis cuarenta años como profesor titular, fui la mentora de seis estudiantes de doctorado de las cuales dos: Rick Goulet y David Hamblin eligieron escribir disertaciones sobre Colombia, y sólo Rick esta vinculado con una universidad. Lo que es aún más desalentador, (pero comprensible), es la falta de voluntad de los colombianistas para animar a los estudiantes a centrarse en el caso colombiano, a sabiendas de que si se quiere tener éxito en el mercado laboral académico, tendrán que incluir ya sea México, Argentina o Brasil.

La demanda en Estados Unidos por los libros en Colombia sigue siendo débil y la publicación de tesis aún más difícil. En 2004 el mismo David me escribió que la University of California Press se negó a publicar una segunda edición de su libro The Making of Modern Colombia, motivo por el cual planeó la segunda edición en español en Colombia.3 Sin embargo, si las disertaciones escritas en inglés son traducidas al español, se encuentran con un público entusiasta en Colombia. Como Bushnell le dijo Mike LaRosa:

Sin duda, hay muchos más lectores potenciales de libros y artículos sobre la historia de Colombia en Colombia que en cualquier otro lugar, y si uno desea recibir información valiosa, es más probable que va a ser obtenida en Colombia, en lugar o mediante la publicación de un trabajo en los EE.UU. o en Europa.4

¿Su aporte a la historia regional colombiana es muy importante, en especial sobre la historia de los Llanos Orientales, que significa esa región históricamente para un país qué ha crecido a sus espaldas?

Cuando empecé mis estudios en 1973, la región de los Llanos había sido, salvo en un par de casos excepcionales, olvidada por los historiadores.5 Un repaso a la extensa "Guía bibliográfica para los Llanos Orientales de Colombia" recopilada por María Teresa Cobos en 1965 reveló que las investigaciones más importantes habían sido realizadas por geógrafos y antropólogos y que estos académicos con frecuencia lamentaban que la falta de información histórica confiable acerca de las llanuras interponía obstáculos a la producción de documentación científica.6 A estas quejas académicas deben añadirse los ruegos de gobernantes y habitantes llaneros que, en los años posteriores a la época de La Violencia, pidieron al gobierno nacional que patrocinara estudios sobre la vida en los Llanos para que el pueblo colombiano tuviera una mejor idea de la verdadera cara de esta olvidada región de su país.7

Mi primer libro sobre la historia de los Llanos apareció en 1983. Durante su redacción mantuve correspondencia con varios colombianos y venezolanos que se encontraban estudiando distintos aspectos de la historia llanera. Entre estas personas se destacaba María Eugenia Romero, quien en compañía de su hermana, Claudia Romero Moreno, fundó el Instituto Orinoquia Siglo XXI y publicó Desde el Orinoco hacia el siglo XXI: El hombre, la fauna y su medio (Bogotá, Fondo FEN, 1989). María Eugenia y yo tuvimos la idea de organizar un simposio que reuniera a académicos colombianos y venezolanos de varias disciplinas con el fin de compartir sus trabajos de investigación en diversos aspectos de la historia de los Llanos. En gran medida debido a la considerable habilidad organizativa de María Eugenia y al respaldo de la Universidad Tecnológica de los Llanos Orientales y la Academia de Historia del Meta, el primer Simposio Internacional de Historia de los Llanos Colombo-Venezolanos tuvo lugar en Villavicencio entre el 11 y el 13 de agosto de 1988. Treinta investigadores en representación de universidades e institutos de Bogotá, Tunja, Yopal, Villavicencio, Cali, Florencia, Arauca, Barcelona (España), Guárico (Venezuela) y Estados Unidos presentaron ponencias durante el simposio, en el cual participaron más de cien personas.8 El éxito de esta primera reunión de "llanerólogos" estimuló a los organizadores a seguir realizando el simposio cada dos años. Como resultado, y a pesar de la violencia de que ha sido presa la región en las últimas décadas, se han realizado doce simposios más -el más reciente de ellos en Villavicencio, Colombia, en julio de 2012.9

Los simposios son sólo una parte de la nueva ola de investigación acerca de los Llanos que han emprendido jóvenes académicos con entrenamiento profesional. En Yopal, Casanare, Héctor Publio Pérez, Máster en Historia de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), organizó en 1987 el Centro de Historia del Casanare, el cual publica la revista Caribabare y se esfuerza por preservar los archivos de la región de los efectos nocivos del clima y la negligencia. Pérez, autor de La participación de Casanare en la Guerra de Independencia 1809-1819 (Bogotá: ABC, 1988), ha producido dos discos compactos titulados "Raíces de la música llanera en Casanare" en los que se pretende preservar el folclor auténtico del Casanare de cara a la creciente modernización que ha traído consigo la explotación petrolífera en la región. Para no quedarse atrás, la Asociación Cravo Norte de Arauca organizó en agosto de 1987 el Primer Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores Llaneros, cuyas memorias se publicaron bajo el título Sobre los llanos… (Bogotá: 1988). Con el respaldo financiero de la Occidental Petroleum, la Asociación ha seguido publicando estudios relacionados con la historia de los Llanos. El musicólogo araucano Miguel ángel Martín Salazar fundó la Academia Folclórica de Música del Meta, la cual organiza cada año un festival de canciones colombianas y un concurso internacional de joropo. Martín Salazar es autor de la importante monografía Del folclor llanero (Bogotá: Editorial Presencia, 1991), cuya nueva edición es solamente uno de los múltiples proyectos que ha patrocinado la Academia de Historia del Meta.

El gobierno colombiano también se ha mostrado interesado en recuperar la historia de los Llanos. En 1991, Colciencias patrocinó programas para elaborar índices de los archivos municipales de Villavicencio, Restrepo, Cumaral, Granada y San Martín y para crear un archivo histórico para el Departamento del Meta. Además, el establecimiento de programas de posgrado en historia y sociología en varias universidades colombianas ha resultado en la aparición de algunas excelentes tesis de maestría sobre distintos aspectos de la región llanera. Dos ejemplos que vale la pena resaltar son "Departamento del Meta: Historia de su integración a la nación, 1536-1936", presentada por Omar Baquero al Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Bogotá, y "Vichada, del Orinoco indígena a la colonización y Marandúa", presentada por Carlos Munar de la UPTC en la década de los 80. En esta categoría podemos también incluir Un pueblo de frontera: Villavicencio 1840-1940 de Miguel García Bustamante (Bogotá: Caragraphics, 1997), quien obtuvo su maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México y su doctorado en la Universidad de Sevilla.

¿Cuál es la perspectiva académica de la historia regional y local de los Llanos en el país?

En 1987, con ocasión de mi inducción como miembro extranjero correspondiente de la Academia de Historia del Meta, presenté una ponencia titulada "Región olvidada: Los Llanos Orientales en la historia de Colombia". En dicho trabajo di cuenta de una curiosa contradicción: con frecuencia los académicos colombianos mencionan el regionalismo como factor fundamental en el desarrollo histórico de la nación y de inmediato olvidan por completo las dos regiones más extensas (la Amazonia y los Llanos) para concentrarse en la interacción entre las provincias de la cordillera y la Costa Pacífica. Por ejemplo, en la introducción a su historia de la Colombia precolombina, el arqueólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff señala, me permito leer:

Al oriente de los Andes y más allá de la cordillera se extienden inmensas áreas periféricas -las llanuras de la Orinoquia y las selvas de la Amazonia- que constituyen las dos terceras partes del territorio nacional. Estas zonas remotas y escasamente pobladas nunca han desempeñado un papel importante en el desarrollo cultural del país, cuyo centro siempre han sido las cuestas y valles de las cordilleras y las llanuras de aluvión y las zonas costeras de los litorales.10

Naturalmente, en mi ponencia intenté mostrar que ésta era una suposición equivocada: hice hincapié en la poco conocida pero importante participación de los Llanos en la conquista de la Nueva Granada, en la vida económica y religiosa durante el período de la Colonia, en la Revolución de los Comuneros, en la Guerra de Independencia, en los esfuerzos para poblar los Llanos llevados a cabo durante la era de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), en la Guerra de los Mil Días, en la "Revolución en Marcha" de Alfonso López Pumarejo y, por supuesto, en el importante papel desempeñado por los Llanos en la primera ola de La Violencia que siguió al asesinato de Gaitán en 1948. Confieso que me sentí bastante satisfecha cuando descubrí que, en su ensayo "De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez: Republicanismo y gobiernos Conservadores", incluido en la colección Nueva historia de Colombia que editó álvaro Tirado Mejía (ocho volúmenes, Bogotá: Planeta, 1989), Jorge Orlando Melo incluyó un recuento de la rebelión de Humberto Gómez en Arauca, evento del que veinte años antes quizá sólo los araucanos estaban enterados.11

Sin embargo, la historiografía tradicional colombiana ha venido comenzando a ocuparse de regiones que hasta hace poco había tenido olvidadas. Este cambio de actitud bien puede haberse debido a los aún recurrentes fenómenos de la guerrilla y el narcotráfico y sus efectos en estas regiones periféricas, o bien puede ser consecuencia de la información brindada por los fundamentales estudios arriba mencionados; en cualquier caso, se trata de un cambio bienvenido. Así como la Constitución de 1991 elevó estos territorios al rango de Departamentos, los historiadores colombianos están empezando a apreciar el papel decisivo que han desempeñado las regiones más apartadas de la nación. Tras reseñar 426 libros y 38 revistas académicas publicados en Colombia entre 1990 y 2001 y producidos en su mayoría por autores colombianos, James D. Henderson encontró que, con un total de 100, los estudios históricos y materiales relacionados constituyen la segunda categoría más común de escritos (la primera la conforman 126 libros acerca del crimen y la violencia). De estos 100 volúmenes, 25 son estudios regionales y ocho tratan específicamente las zonas fronterizas. Respecto de esta subcategoría, Henderson concluyó que "las historias regionales y estudios sobre regiones fronterizas figuran de manera destacada en la investigación académica emprendida recientemente en Colombia". Refiriéndose a los trabajos de Elsy Marulanda sobre el Sumapaz y a las entrevistas realizadas a colonos por Alfredo Molano y Graciela Uribe Ramón, Henderson añade que "la frontera colombiana es una importante y popular área de investigación".12

El perfeccionamiento y la ampliación de la idea de "frontera" como construcción histórica, el profesionalismo mostrado por los estudios académicos de la historia y la cultura fronterizas y la incorporación de estos trabajos al grueso de la historiografía colombiana son tendencias presentes que, en mi opinión, seguirán aumentando y enriqueciendo nuestro entendimiento del pasado colombiano. En la segunda edición de su conmovedor testimonio autobiográfico Our Guerrillas, Our Sidewalks (Nuestras guerrillas, nuestras aceras) (Rowman and Littlefield, 2003), Herbert "Tico" Braun arguye que, mientras la Iglesia Católica y un fuerte espíritu nacionalista son el pegante que une a los colombianos, lo que más los divide es el conflicto entre las culturas urbana y rural. Braun recalca que, tras ser abandonados por sus líderes Liberales en la década de los 50, los campesinos rebeldes que participaron en las etapas iniciales de La Violencia siguieron en la lucha. éstos eran hombres de "pasiones al rojo vivo y ardorosas creencias", mientras que sus líderes eran "cautos y razonables".

"Estos hombres de la ciudad -continúa Braun- tampoco querían acercarse demasiado a sus seguidores en el campo. No los consideraban sus iguales. Sus pasiones les sonaban tontas, exageradas. En general se suponía, como se supone hoy, que la gente del campo había de perder la vida" (p. 261). Braun sostiene que, aún mientras la Nación avanza hacia el ideal de conformar una sociedad pluralista, "no existe prejuicio más profundo entre los colombianos que el que separa a la gente de la ciudad de la gente que vive en el campo, a los citadinos de los campesinos. Es un desprecio permanente que se siente en todas partes" (p. 266).

En ninguna parte de Colombia predomina la población rural tanto como en los departamentos periféricos de las zonas fronterizas. A lo mejor, si el público urbano se ve expuesto a información realista acerca de la historia y las características únicas de las zonas fronterizas, podemos llegar a esperar que disminuya la patente división entre las culturas urbana y rural y con ella la violencia que por tanto tiempo ha azotado a esta nación.

¿Cómo fueron sus primeras experiencias investigativas en Colombia, qué encontró cuando arribó por primera vez y cuál es su percepción de su transformación en las últimas décadas?

Hace más de cincuenta años que estaba capturada por Colombia y los Llanos. El 1964 cuando yo tenía 23 años, participaba en un seminario para estudiantes de posgrado patrocinado por la Universidad de Wisconsin y el Land Tenure Center. Llegué a Barranquilla como parte de mi primer viaje a Colombia. Mi grupo se desplazó a Bogotá, donde emprendí un estudio de la educación primaria durante el Frente Nacional. Ese mismo verano y partiendo de Bogotá visité por primera vez los Llanos del Meta.

El viaje entre las montañas de Bogotá a Villavicencio, por una carretera pesada y complicada, fue una experiencia emocionante, especialmente para alguien como yo que creció en una zona tan plana como el Midwest de los Estados Unidos. Desgraciadamente, hoy, con la modernización de la carretera y la construcción de los túneles, el viaje no ofrece la misma sensación, pero en antaño, de verdad, fue algo increíble. Casi como los viajeros del siglo XIX, me sentía envuelta por la majestuosidad de las montañas, la gran cantidad de curvas peligrosas de la vía y la maravillosa vista de Buena Vista, donde los ojos de los Llanos estrechan toda su gloria.

Seguimos el trayecto desde Villavicencio hasta Granada en Jeep. Estuve allá por una semana, visitando las escuelas y hablando con los maestros. Estuve impresionada por la dedicación de los profesores, las dificultades que afrontaban para realizar su trabajo, con tan pocos recursos, sin libros u otros complementos. No obstante, me di cuenta que los sentimientos explícitos en la gente de Granada fueron de optimismo, no perdían el tiempo en algo diferente a actuar en procurar una mejor calidad de vida.

Al regresar a Villavo, me quedé maravillada por su similitud con las descripciones de los pueblos fronterizos del siglo XIX en el oeste de Estados Unidos. Por la noche nos sentábamos alrededor de la piscina del antiguo Hotel Meta, construido y localizado en lo que antes fuera un hospital. Había mucho silencio y sentí como si fuera el fin del mundo -verdaderamente al borde-. El título evocador del libro escrito por Nancy Bell Bates en 1949 sobre Villavicencio, Este de los Andes y Oeste de ninguna parte parecía ser la descripción perfecta de la localización de la ciudad. Mi imaginación quedó atrapada por la inmensidad de los Llanos, que se extiende más allá de Villavicencio, con su promesa de oportunidades ilimitadas. Esta experiencia decidió el curso de mis estudios profesionales en el futuro.

Cuando regresé a Bogotá en 1967 para hacer la investigación sobre mi tesis alrededor de la reforma de la educación primaria en la el época de la Federación (1863/86), la ciudad era un lugar lúgubre y la Biblioteca Nacional, donde hice la mayor parte de mi trabajo, tenía pocas comodidades. El edificio estaba helado, las instalaciones sanitarias eran repugnantes, la iluminación era terrible, y la espera de los libros solicitados interminable. Con el fin de ser capaz de descifrar los documentos, obtuve el permiso del director para traer a mi propia lámpara (que compré en el antiguo almacén Ley), y me llevé una máquina de escribir Olivetti todos los días a la biblioteca.

En 2009 con el beneficio de una beca Fulbright volví a Bogotá para iniciar un estudio sobre el impacto de las escuelas radiofónicas de Sutatenza en los Llanos. ¡Qué diferencia de ciudad y que diferencia de espacio de trabajo! Desde mi hotel en La Candelaria, podía caminar a la Biblioteca Luis ángel Arango, que tenía las instalaciones de investigación más modernas que la biblioteca de mi universidad en Amherst, Massachusetts. La Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación fueron igualmente transformadas. Yo creo que Colombia ya cuenta con los mejores centros de investigación en América Latina, pero por supuesto yo no soy un observador imparcial.

¿Y Bogotá? Había dejado los baches y los perros andrajosos -por lo menos en las zonas turísticas-. ¡Había todo tipo de tiendas y restaurantes! ¡Llamas en la Plaza Bolívar! ¡El transmilenio! Y la ciudad se había expandido por millas al norte y al sur. Para mi pesar, en nombre del progreso, todas las hermosas casas de la Avenida Chile habían sido reemplazadas por apartamentos de gran altura. Ya no pude ver los burros en las calles, y yo estaba especialmente sorprendida por encontrar una ausencia de ruanas, que siempre habían sido un elemento turístico muy popular. Pero la ciudad todavía tenía un gran encanto, y como Tico Braun, pasé gran parte de mi tiempo libre, simplemente paseando por las calles para empaparse del ambiente.

Mi Villavicencio era ahora una ciudad de casi 300.000 habitantes accesible a tres horas en auto desde Bogotá. Había caminos pavimentados a lo largo y los alrededores de la ciudad y muchas atracciones turísticas. Y lo mejor de todo, había muchos buenos amigos que me ayudaron a orientarme en la Universidad de los Llanos y que viajaron conmigo a casi todas las principales ciudades de los Llanos.

¿Es difícil amar a Colombia? Y ¿Por qué los Llanos?

Creo que ya he respondido a esas preguntas. Entre 1964 y 2012 he hecho más de 20 viajes a Colombia. Mi peor experiencia fue en junio-julio de 1992. En ese momento la violencia era aguda, se había producido un daño y la electricidad fue racionalizada durante el día. El centro de la ciudad fue trastocado para construir el transmilenio. Después de dos semanas, llamé a mi marido y grité: "Ven a rescatarme de este lugar horrible". Y él vino. Volamos a Bucaramanga donde dio unas conferencias en la Universidad Industrial de Santander, y luego regresó a Massachusetts. En ese momento,me dije a mí mismo: "Yo quiero un nuevo país", "Un país pacífico, bonito y pequeño", pero de alguna manera u otra, era imposible extraerme de Colombia, por lo que en 2003, cuando se convocó el XIII Congreso de la Asociación de Colombianistas en Barranquilla. me di valor y volví a descubrir que la vida parecía continuar con absoluta normalidad. Cuando mi marido murió en 2008, la única manera para poder calmar mi duelo y dolor fue volver a Colombia, que había tenido una presencia importante en toda mi vida. Los lemas de mi esposo: "Siéntete orgullosa de lo que has hecho; tenga fe en lo que se puede lograr", y "Trabajar, Acabar, Publicar" además de las lecciones que había aprendido en Colombia: "Resignación, Paciencia y Hay que Acostumbrarse", me han proporcionado una guía para continuar mi carrera. Mis colegas colombianos eran tan solidarios y amables, que yo sabía que mi vida podría continuar.

Un consejo para las nuevas generaciones de colombianistas norteamericanos e historiadores colombianos

Para los jóvenes historiadores norteamericanos, yo diría que no hay tema más rico o más gratificante que la historia de Colombia, pero especializase en este país sin el conocimiento de los países "más importantes" de América Latina como México, Cuba, Argentina o Brasil harán que lograr un puesto en una universidad de los Estados Unidos sea extremadamente difícil. Para los jóvenes historiadores colombianos, les invitaría a que amplíen sus intereses más allá de su propia región y de otros países, además de Colombia, con el fin poder de hacer comparaciones válidas y hacer un caso más claro del contexto de Colombia en el Hemisferio Occidental.

Advertencia: Varias de las observaciones anteriores se han extraído de los siguientes documentos que he publicado o presentado anteriormente en: "La Mirada desde la periferia: desarrollos en la historia de la frontera colobiana desde 1970 hasta el presente". Fronteras de la Historia (2003) 8: 263-273; "David Bushnell and the Development of Colombia Historiography in the Twentieth Century: A Latin American Success Story", Paper presentado en el 50th annual Meeting of the Southeastern Council of Latin American Studies, Marzo 29-31, 2012; "David Bushnell (1923-2010): An Appreciation", presentado en la CLAH Gran Colombia Studies Committee meeting in Boston, Enero 8, 2011; "Take Pride in What you Hand Done; Have Faith in What you Can accomplish" o "How a High School Spanish teacher became a Historian of the Llanos Orientales of Colombia," charla realizada en UMass Center of Latin American, Caribbean and Latin Studies, Abril 16, 2012).


Notas al pie

1.Marshall C. Eakin. 1998. "Latin American History in the United States: From Gentlemen Scholars to Academic Specialists". The History Teacher. 31, 4: 539.

2.Bushnell, David. 1992. The Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself. Los Angeles, CA: University of. California Press, viii.

3.Ver Bushnell, David. 2007. Colombia: una nación a pesar de si misma: nuestra historia desde los tiempos precolombinos hasta hoy. Bogota: Editorial Planeta Colombiana S.A. Edición 15. Ultima edición en 2013.

4.Victoria Peralta and Michael LaRosa. 1997. "David Bushnell". En Los Colombianistas, 31-32. Bogotá: Planeta.

5.Entre las obras más útiles debidas a historiadores podemos mencionar las siguientes: Juan M. Pacheco, Los jesuitas en Colombia (Bogotá: 1959-1962); E. Ortega Ricaurte, Villavicencio (1842-1942); Monografía histórica (Bogotá: 1943); y Raquel ángel de Florez, Conozcamos al Departamento del Meta (dos volúmenes, Bogotá: 1963).

6.María Teresa Cobos. 1965. "Guía bibliográfica para los Llanos Orientales de Colombia". Boletín Cultural y Bibliográfico. 8,12: 1888-1935.

7.Tenemos el ejemplo de Guillermo Ramírez, que en su ensayo "San Luis de Palenque: El llanero y su presente" (Económica Colombiana 2, agosto de 1954: 21-38) escribió: "Nuestra nación es dada para exagerar o menospreciar nuestros recursos y en el caso de los Llanos se ha olvidado fácilmente la paciente obra de acondicionamiento del hombre a su medio. Estudiar al llanero, su índole, tradiciones, su folclor: desentrañar el hondo significado de sus creencias y supersticiones; mejorar su salud y desarrollar su mente; orientar vocacionalmente a las actividades creadoras congénitamente aptas para el Llano: son imperativos de Gobierno" (pp. 36-37).

8.Las ponencias fueron recopiladas en el libro Los Llanos: Una historia sin fronteras (Bogotá: Academia del Meta, 1988).

9.Los primeros fueron realizados en Yopal (1990), Arauca (1992), San Martín, Meta (1995) y San Fernando de Apure, Venezuela (1999).

10.Gerardo Reichel-Dolmatoff, Colombia (Nueva York: 1965), 29. Jaime Jaramillo Uribe hizo una afirmación semejante en su ensayo "Algunos aspectos de la personalidad histórica de Colombia" cuando escribió: "El país se formó y pobló en los Andes y sus alrededores; los Llanos y la sociedad ganadera han desempeñado un papel casi nulo en su desarrollo como nación". Ver La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos (Bogotá: 1977), 153.

11.Ver el Volumen 1 de la Nueva historia de Colombia, pp. 234-237.

12.James D. Henderson, "Recent Colombian Writing on Colombia" ("Escritos recientes de colombianos sobre Colombia") ponencia inédita presentada ante el South Eastern Council on Latin American Studies, marzo 7 de 2003. Ver también: Elsy Marulanda, Colonización y guerras en el Sumapaz (Bogotá: CINEP, 1990); Alfredo Molano, Selva adentro: Una historia oral de la colonización del Guaviare (Tercera edición, Bogotá: El áncora Editores, 1992); Graciela Uribe Ramón, Veníamos con una manotada de ambiciones. Un aporte a la historia de la colonización del Caquetá (Segunda edición, Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1998).