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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><b>La Amniocistostom&iacute;a</b></center></p>       <p>    <center><b>Amniocystotomy</b>   </center></p>     <p>    <center>Fernando S&aacute;nchez Torres, M.D.*</center></p>     <p>    <center>Recibido: Noviembre/2002 - Revisado: Mayo/2003 - Aceptado: Agosto 5/2003</center></p>     <p>* Profesor Titular, Em&eacute;rito y Honorario de la Universidad Nacional. Miembro Fundador de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Miembro Em&eacute;rito de la Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecolog&iacute;a.</p> <b>    <p>PRE&Aacute;MBULO</p> </b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ejercicio de la medicina, en su forma m&aacute;s aut&eacute;ntica, vale decir, el acto m&eacute;dico, es fundamentalmente cient&iacute;fico y humano. El proceso encaminado a curar o a aliviar al paciente, pone a prueba la preparaci&oacute;n del m&eacute;dico, como tambi&eacute;n su capacidad recursiva, imaginativa, y su sentido de solidaridad.</p>     <p>Comienza con una hip&oacute;tesis diagn&oacute;stica basada en los sentidos del examinador -fase cl&iacute;nica-, que se comprueba a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a disponible -etapa probatoria-. Viene despu&eacute;s la prescripci&oacute;n, que est&aacute; sustentada en las anteriores y tiene como finalidad mejorar al enfermo y de paso, producir satisfacci&oacute;n en el curador. La fase de prescripci&oacute;n requiere de un programa o plan previo: agentes terap&eacute;uticos, dosis, v&iacute;as de administraci&oacute;n y tiempo de tratamiento. Cuando son necesarias intervenciones quir&uacute;rgicas, habr&aacute; que planear la t&eacute;cnica correspondiente, sujeta a cambios e improvisaciones durante el mismo acto operatorio.</p>     <p>Algunas veces los recursos con que cuenta el m&eacute;dico son insuficientes para darle soluci&oacute;n al problema de su paciente. En tal situaci&oacute;n se aconseja apelar al ingenio, si hay lugar a &eacute;l, o al consuelo, actitud v&aacute;lida por ser humanitaria y paternalista, es cierto, pero que tiene sabor a derrota.</p>     <p>Conf&iacute;o en que este corto pre&aacute;mbulo al relato de una de las experiencias vividas a lo largo de mi ejercicio profesional -inolvidable por lo atrevida y humana- sirva de explicaci&oacute;n y justificaci&oacute;n a lo ocurrido.</p> <b>    <p>ANTECEDENTES</p> </b>    <p>Quienes por profesi&oacute;n nos ocupamos de aquellos asuntos relativos a la reproducci&oacute;n humana, sabemos cu&aacute;n doloroso es para una mujer saberse inf&eacute;rtil. Desde la antig&uuml;edad, dicha situaci&oacute;n ha sido considerada como un lastre; muy pocas culturas han dejado de darle trascendencia, pues se piensa que la mujer que no deja descendencia no cumple con su misi&oacute;n terrenal, y por eso debe ser segregada. Seg&uacute;n San Lucas, Isabel, esposa de Zacar&iacute;as, era est&eacute;ril, motivo por el cual fuera mirada con ojos de oprobio.<sup>1</sup> Al decir de Pausanias, en la Grecia de su tiempo la esterilidad era producto de la c&oacute;lera de los dioses.<sup>2</sup> En la antigua Mesopotamia, al var&oacute;n le era permitido adquirir una segunda mujer cuando la primera fuera inf&eacute;rtil.</p>     <p>Como puede verse, aunque el embarazo es producto de la uni&oacute;n sexual de la pareja, desde tiempos remotos se consider&oacute; a la hembra como &uacute;nica culpable de la falta de descendencia. Quiz&aacute;s de los pocos que no pensaban as&iacute; eran los indios llamados <b>saes</b>, que en nuestro territorio habitaban la regi&oacute;n de San Juan de los Llanos y cuyas costumbres rese&ntilde;&oacute; el cronista de la Conquista, Fray Pedro de Aguado. Seg&uacute;n &eacute;l, los saes acostumbraban que si dentro del primer a&ntilde;o de matrimonio la mujer no quedaba embarazada, ella pod&iacute;a separarse y buscar otro marido; y as&iacute; sucesivamente "hasta que topaba quien la empre&ntilde;ara".<sup>3</sup> Fue necesario descubrir que durante el proceso de la reproducci&oacute;n el hombre es un socio aportante, susceptible de dejar de serlo para convertirse en causante de la infertilidad. Aun as&iacute;, la mujer sigue soportando el estigma de la esterilidad conyugal, pues infortunadamente, las m&aacute;s de las veces el problema radica en su incapacidad reproductora, anat&oacute;mica o funcional.</p>     <p>Actualmente la ciencia ha puesto al servicio de la mujer inf&eacute;rtil un sinn&uacute;mero de recursos, algunos dignos de la ciencia-ficci&oacute;n: inseminaci&oacute;n vaginal artificial, tuboplastias, inductores de la ovulaci&oacute;n, fertilizaci&oacute;n <b><i>in vitro</i></b>, transferencia <b><i>in &uacute;tero </i></b>de embriones, inseminaci&oacute;n intratubaria abdominal y vaginal, etc. Hoy puede decirse que la esterilidad es cosa del pasado. El siguiente relato tiene que ver con un caso de infertilidad que manej&eacute; hace poco m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, cuando apenas comenzaba a cambiar el pron&oacute;stico de esta entidad, causante de muchas frustraciones.</p>     <p><b>MEMORIA DE LO OCURRIDO</b></p>     <p>Se trataba una mujer de 32 a&ntilde;os, casada hac&iacute;a siete, que hab&iacute;a visitado varios m&eacute;dicos en busca de una soluci&oacute;n a su condici&oacute;n de inf&eacute;rtil. El problema radicaba en la incapacidad de sus g&oacute;nadas para madurar los &oacute;vulos, es decir, para aportar el gameto hembra. Cuando lleg&oacute; a mi consulta me extra&ntilde;&oacute; que no se hubiera utilizado en ella una sustancia inductora de la ovulaci&oacute;n, el citrato de clomifeno, descubierto en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, por R. Greenblatt y sus colaboradores en 1961,<sup>4</sup> es decir, diez a&ntilde;os antes. Advertida de sus eventuales efectos pluriovulatorios y la consecuente gestaci&oacute;n m&uacute;ltiple, acept&oacute; ser tratada con esa nueva sustancia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No hab&iacute;an transcurrido muchas semanas desde la primera entrevista cuando me inform&oacute; que su menstruaci&oacute;n estaba retardada. Como el anhelo desbordado de tener un hijo lleva con frecuencia a producir "embarazos fantasmas", antes que alimentar su optimismo, lo refren&eacute;. Entonces no se contaba con las pruebas precoces y confiables modernas para diagnosticar el estado de gravidez. Le ped&iacute; que tuviera paciencia y que esper&aacute;ramos unas semanas m&aacute;s para establecer la realidad. Poco despu&eacute;s, cuando advert&iacute; cambios cl&iacute;nicos a favor de un embarazo, refrendado por una prueba biol&oacute;gica positiva -el llamado Galli Mainini-, ni ella ni yo pod&iacute;amos creerlo. Esto suele suceder cuando se est&aacute; buscando algo desesperadamente y de s&uacute;bito se encuentra: cuesta trabajo darle cr&eacute;dito, aunque aparezca frente a nuestros ojos de manera inobjetable.</p>     <p>La gestaci&oacute;n no tard&oacute; en volverse tormentosa: n&aacute;useas y v&oacute;mitos persistentes, que fueron cediendo en las vecindades del cuarto mes. Entonces apareci&oacute; algo que me intranquiliz&oacute; pero que estaba presupuestado: el &uacute;tero comenz&oacute; a crecer m&aacute;s de lo esperado. Dado que tampoco dispon&iacute;a del admirable recurso de la sonograf&iacute;a, no quedaba otra alternativa que esperar al progreso del embarazo para comprobarlo mediante los rayos X. Cuando inform&eacute; a mi paciente de la situaci&oacute;n, estall&oacute; en j&uacute;bilo; para ella iba a ser fant&aacute;stico tener dos ni&ntilde;os a la vez, cuando por tantos a&ntilde;os se le hab&iacute;a negado uno. Su esposo compart&iacute;a esa felicidad; dec&iacute;a que hab&iacute;an recuperado el tiempo perdido. Yo, en cambio, me sum&iacute;a en el pesimismo. La literatura m&eacute;dica refer&iacute;a gestaciones de cuatro y cinco fetos con el empleo del clomifeno.</p>     <p>Traspuesto el quinto mes la situaci&oacute;n fue m&aacute;s seria, pues la altura uterina casi correspond&iacute;a al de un embarazo a t&eacute;rmino. Mi paciente ten&iacute;a dificultad respiratoria y en la parte inferior del abdomen se hab&iacute;a acumulado l&iacute;quido, lo que hac&iacute;a imposible precisar mediante la palpaci&oacute;n y la auscultaci&oacute;n cu&aacute;ntos fetos hab&iacute;a en realidad. No existiendo otra alternativa, me decid&iacute; a que los rayos X nos sacaran de la duda. El resultado fue el siguiente: "Embarazo gemelar. Existe un feto en presentaci&oacute;n cef&aacute;lica y dorso a la derecha; su raquis es rectil&iacute;neo. El segundo feto tiene su polo cef&aacute;lico hacia arriba un poco a la izquierda de la l&iacute;nea media, lo mismo que el dorso. El aspecto fetal corresponde aproximadamente a cinco o seis meses de edad. El fondo uterino alcanza la altura de la D 12".<sup>5</sup></p>     <p>Como puede verse, el informe fue muy escueto, si se compara con la informaci&oacute;n que se obtiene hoy con la ecograf&iacute;a. Los dos radi&oacute;logos que suscribieron el informe ni siquiera se atrevieron a registrar si hab&iacute;a o no polihidramnios. Cl&iacute;nicamente exist&iacute;a, y ese era el motivo de preocupaci&oacute;n. Decid&iacute; entonces internar a mi paciente. </p>     <p>El polihidramnios, como su nombre lo dice, es el exceso de l&iacute;quido dentro del saco amni&oacute;tico. Normalmente, hacia el final del embarazo, no debe superar los 800 cent&iacute;metros c&uacute;bicos. La cantidad de l&iacute;quido resulta de la relaci&oacute;n producci&oacute;n-eliminaci&oacute;n. El amnios, o membrana que tapiza la cavidad uterina, lo produce, como tambi&eacute;n los ri&ntilde;ones fetales. Buena parte de la eliminaci&oacute;n se hace a trav&eacute;s del cord&oacute;n umbilical, pues el feto est&aacute; constantemente deglutiendo l&iacute;quido, el cual se absorbe en el tracto digestivo, de donde pasa a la sangre fetal y &eacute;sta, teniendo como filtro la placenta, va a desembocar a la circulaci&oacute;n materna.</p>     <p>Muchas veces no se precisa la etiolog&iacute;a del polihidramnios y tenemos que conformarnos con el diagn&oacute;stico de "idiop&aacute;tico", vale decir, desconocido. Yo cre&iacute;a que eso estaba ocurriendo en el caso que relato. Pero el problema iba m&aacute;s all&aacute;, pues la fibra muscular del &uacute;tero, al sufrir una distensi&oacute;n exagerada y sostenida, tiende, como respuesta, a contraerse y a vaciar su contenido. En efecto, mi paciente comenz&oacute; a percibir la presencia de c&oacute;licos, como esos que se le presentaban cuando menstruaba antes de casarse, seg&uacute;n ella.</p>     <p>Varias noches me desvel&eacute; pensando en lo parad&oacute;jico, en lo absurdo de todo esto. Qu&eacute; situaci&oacute;n tan desafortunada y tan injusta, me dec&iacute;a. Luego de haberse logrado un embarazo, fervientemente deseado, se complicaba con algo tan inmanejable. Trat&aacute;ndose de un embarazo gemelar acompa&ntilde;ado de polihidramnios, se piensa tambi&eacute;n en alguna malformaci&oacute;n fetal o en el llamado "s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n intergemelar", consistente en que las dos placentas se comunican por m&uacute;ltiples anastomosis arteriovenosas, cuando normalmente su circulaci&oacute;n debe ser independiente. As&iacute; las cosas, uno de los gemelos va a sufrir una sobrecarga circulatoria que obliga a que sus ri&ntilde;ones funcionen muy activamente, es decir, a que produzcan mucha orina, con la consiguiente formaci&oacute;n exagerada de l&iacute;quido amni&oacute;tico.</p>     <p>Intu&iacute; que pod&iacute;a tratarse de tal entidad, pero no pod&iacute;a comprobarlo en aquel entonces. Hoy, con el empleo de la sonograf&iacute;a asociada al efecto Doppler, puede hacerse el diagn&oacute;stico. Supon&iacute;a, como ya dije, que pudiera tratarse de un polihidramnios idiop&aacute;tico, donde exist&iacute;a la posibilidad de que el embarazo progresara hasta una etapa de viabilidad fetal, siempre y cuando se drenara el exceso de l&iacute;quido y se frenara la actividad uterina, es decir, las contracciones.</p>     <p>Lo primero pod&iacute;a hacerse, como en efecto lo hice en repetidas ocasiones, introduciendo por la pared abdominal una aguja de punci&oacute;n lumbar y dejando que a trav&eacute;s de ella escapara buena cantidad de l&iacute;quido. Lo segundo, contaba, es cierto, con algunos f&aacute;rmacos de acci&oacute;n tocol&iacute;tica, frenadores de la contracci&oacute;n uterina, pero que por mi experiencia no siempre eran efectivos. Durante seis d&iacute;as utilic&eacute; ambos recursos sin que el cuadro cl&iacute;nico se modificara favorablemente. </p>     <p>Yo sab&iacute;a que la formaci&oacute;n de l&iacute;quido amni&oacute;tico dentro de la cavidad uterina tiene alguna similitud, <b>mutatis mutandis</b>, con la formaci&oacute;n del l&iacute;quido cefalorraqu&iacute;deo dentro de la cavidad craneana y que cuando hay alg&uacute;n defecto en su absorci&oacute;n, se acumula, constituyendo la llamada "hidrocefalia". Asimismo, la existencia de un aumento de la presi&oacute;n intracraneana excita la formaci&oacute;n de l&iacute;quido por los plejos coroides, agravando el problema. Es probable que lo mismo ocurra durante el embarazo: el aumento de la presi&oacute;n intrauterina excita la producci&oacute;n de l&iacute;quido por parte de la membrana amni&oacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n ten&iacute;a noticia de que un neurocirujano colombiano, el doctor Salom&oacute;n Hakim,<sup>6</sup> hab&iacute;a dise&ntilde;ado una v&aacute;lvula que permit&iacute;a regular la presi&oacute;n endocraneana al facilitar el drenaje del exceso de l&iacute;quido cefalorraqu&iacute;deo. Dicha v&aacute;lvula, seg&uacute;n entend&iacute;a, ten&iacute;a la virtud de interrumpir el paso de l&iacute;quido una vez que se lograba adquirir la presi&oacute;n intraventricular normal. Al elevarse la presi&oacute;n por aumento del l&iacute;quido, volv&iacute;a a abrirse para cumplir su funci&oacute;n de drenaje. Pens&eacute; entonces que ese invento podr&iacute;a tener alguna utilidad en casos seleccionados de polihidramnios.</p>     <p>El sistema valvular constaba de la v&aacute;lvula propiamente dicha (<a href="#Figura1">figura 1</a>), fabricada en caucho siliconado, con una prec&aacute;mara y una c&aacute;mara. La primera, m&aacute;s peque&ntilde;a, permit&iacute;a por medio del bombeo el paso del l&iacute;quido en caso de una eventual obstrucci&oacute;n; asimismo, se pod&iacute;a obtener una muestra de l&iacute;quido para estudio utilizando una aguja hipod&eacute;rmica. Esta parte de la v&aacute;lvula deb&iacute;a quedar apoyada en una superficie &oacute;sea, para facilitar el bombeo. En la parte m&aacute;s grande de la v&aacute;lvula se encontraba la c&aacute;mara para alojar la unidad valvular, cuya estructura estaba fabricada en titanio. Una muy peque&ntilde;a bola de rub&iacute; y una valva c&oacute;nica se encargaban de mantener constante la presi&oacute;n (<a href="#Figura2">figura 2</a>).</p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rcog/v54n3/a07fig1.GIF"><a name="Figura1"></a></center></p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rcog/v54n3/a07fig2.GIF"><a name="Figura2"></a> </center></p>      <p>Un extremo de la v&aacute;lvula se conectaba con un cat&eacute;ter de llegada, de silicona radiopaca, cuya punta en forma de bastoncillo con varios agujeros era la encargada de recoger el exceso de l&iacute;quido en el ventr&iacute;culo cerebral y llevarlo a la v&aacute;lvula. El extremo opuesto se conectaba con otro cateter, de salida, conectado a la vena yugular, por donde se hac&iacute;a la derivaci&oacute;n del l&iacute;quido hasta la regi&oacute;n atrial o auricular del coraz&oacute;n (<a href="#Figura3">figura 3</a>), o bien hacia la cavidad abdominal o peritoneal. La v&iacute;a atrial fue utilizada en un principio; mas luego fue sustituida por esta &uacute;ltima. Como no hab&iacute;a ti empo para llevar a cabo una fase de experimentaci&oacute;n en animales -que hubiera sido lo indicado seg&uacute;n las normas &eacute;ticas y pr&aacute;cticas, pues el &uacute;tero de mi paciente no daba espera comenc&eacute; a poner manos a la obra. Necesitaba comentar con alguien que tuviera suficiente informaci&oacute;n sobre la v&aacute;lvula de Hakim, y que ojal&aacute; la hubiera aplicado. Apel&eacute; a mi condisc&iacute;pulo y buen neurocirujano pedi&aacute;trico Hernando Rodr&iacute;guez Vargas, quien hab&iacute;a sido ayudante del doctor Hakim. Le expuse mi atrevida idea y se entusiasm&oacute; con ella. Entre los dos hicimos una extrapolaci&oacute;n al campo obst&eacute;trico de algo que era exclusivo del campo neurol&oacute;gico. Me cont&oacute; en detalle c&oacute;mo funcionaba la v&aacute;lvula y cu&aacute;l era la t&eacute;cnica de su aplicaci&oacute;n. Supe entonces que el dispositivo valvular no era programable, es decir, que se necesitaba una v&aacute;lvula determinada, seg&uacute;n la presi&oacute;n que se quisiera regular. Por eso se presentaba en cinco tipos distintos: 10,40,70,100 y 130 mm de agua. Cuando el l&iacute;quido que se quer&iacute;a drenar alcanzaba o superaba una de estas presiones, la v&aacute;lvula se abr&iacute;a y permit&iacute;a el paso de aquel; cuando la presi&oacute;n era inferior, se suspend&iacute;a.</p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rcog/v54n3/a07fig3.GIF"><a name="Figura3"></a> </center></p>     <p>Conocido el mecanismo de funcionamiento y la t&eacute;cnica de su aplicaci&oacute;n, mi entusiasmo se acrecent&oacute; al juzgar viable el empleo de v&aacute;lvula de Hakim en el caso de mi paciente. Con mi colega neurocirujano planeamos la estrategia que &iacute;bamos a seguir (<a href="#Figura4">figura 4</a>). Gracias a los estudios adelantados por los profesores uruguayos Herm&oacute;genes Alvarez y Roberto Caldeyro - Barcia<sup>7</sup> se sabe cu&aacute;l es la presi&oacute;n intrauterina normal durante el embarazo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><img src="/img/revistas/rcog/v54n3/a07fig4.GIF"><a name="Figura4"></a> </center></p>     <p>Guiados por tal informaci&oacute;n escogimos la v&aacute;lvula apropiada, la que supon&iacute;amos nos iba a garantizar una presi&oacute;n normal al contrarrestar la producci&oacute;n excesiva de l&iacute;quido amni&oacute;tico. Como primer paso introducir&iacute;amos el cat&eacute;ter en forma de bastoncillo maleable a la cavidad uterina mediante punci&oacute;n transabdominal paraumbilical derecha. Luego har&iacute;amos un t&uacute;nel subd&eacute;rmico para llevar el cat&eacute;ter hasta la espina iliaca anterior y superior derecha, donde fijar&iacute;amos la v&aacute;lvula para poder controlar el paso del l&iacute;quido y bombear cuando fuera necesario. Esta estrategia equivaldr&iacute;a a la seguida en casos de hidrocefalia, en los cuales, para dicho fin, se utiliza la superficie &oacute;sea de la ap&oacute;fisis mastoidea, detr&aacute;s de la oreja. El otro extremo del cat&eacute;ter lo llevar&iacute;amos a la vejiga, por donde se eliminar&iacute;a el exceso de l&iacute;quido amni&oacute;tico que dejara pasar la v&aacute;lvula (<a href="#Figura5">figura 5</a>). Equivaldr&iacute;a a la desviaci&oacute;n al peritoneo en la hidrocefalia.</p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/rcog/v54n3/a07fig5.GIF"><a name="Figura5"></a> </center></p>     <p>Lo que nosotros persegu&iacute;amos era moderar las contracciones uterinas al normalizar el tono intrauterino, con la esperaranza de que la gestaci&oacute;n pudiera progresar algunas semanas m&aacute;s, las suficientes para que los fetos adquirieran mayor madurez y lograran sobrevivir fuera del claustro materno.</p>     <p>Como dentro del acto quir&uacute;rgico hab&iacute;a un paso urol&oacute;gico -el de abocar el cat&eacute;ter a la vejiga-, apelamos a nuestro condisc&iacute;pulo Luis Jos&eacute; Rodr&iacute;guez P&aacute;ez, especialista en la materia. Puesto al tanto de nuestros planes, complacido se uni&oacute; a nosotros. De igual manera, invit&eacute; a Luis Armando Mu&ntilde;oz, mi compa&ntilde;ero de docencia y mi antiguo disc&iacute;pulo, en raz&oacute;n de su ponderado juicio m&eacute;dico y ginecobst&eacute;trico, que siempre admir&eacute;.</p>     <p>Para poner manos a la obra, faltaba lo fundamental: la autorizaci&oacute;n de mi paciente y de su esposo. Con tal objeto los reun&iacute; y les expuse la situaci&oacute;n con la mayor claridad y sinceridad. Tal como estaban las cosas, dentro de pocos d&iacute;as, quiz&aacute;s horas, el &uacute;tero cumplir&iacute;a su cometido de expulsar el embarazo, es decir, dos criaturitas que no tendr&iacute;an ninguna probabilidad de sobrevivir; ser&iacute;a el fracaso total. No hab&iacute;a salida distinta a la de intentar algo que nunca se hab&iacute;a ensayado: la v&aacute;lvula de Hakim en obstetricia. Les expliqu&eacute; en qu&eacute; consist&iacute;a y les advert&iacute; que ya hab&iacute;a conformado un equipo m&eacute;dico para el efecto. No dudaron un instante en darme su autorizaci&oacute;n escrita. Por supuesto que yo estaba salt&aacute;ndome a la torera elementales requisitos establecidos para el proceso de investigaci&oacute;n en seres humanos. Si entonces hubiera existido un tribunal de &eacute;tica m&eacute;dica de seguro que me hubiera visto expuesto a un proceso de car&aacute;cter disciplinario. De haber sido as&iacute;, lo hubiera enfrentado gustoso, pues lo &uacute;nico que me movi&oacute; a actuar de esa manera fue el bien de mi paciente y de sus hijos nonatos.</p>     <p>El siguiente paso fue informar a las directivas de la Cl&iacute;nica Palermo, sitio donde iba a llevar a cabo el ensayo. Para recibir su autorizaci&oacute;n invoqu&eacute; la Declaraci&oacute;n de Helsinki, aprobada en 1964, la cual, en el cap&iacute;tulo de investigaci&oacute;n m&eacute;dica combinada con atenci&oacute;n profesional (investigaci&oacute;n cl&iacute;nica), prescrib&iacute;a que en el tratamiento de una persona enferma, el m&eacute;dico debe tener libertad para utilizar una medida novedosa, terap&eacute;utica o t&eacute;cnica diagn&oacute;stica, si de acuerdo a su juicio dicha medida ofrece esperanza de salvar vidas, restablecer la salud o aliviar el sufrimiento. "Los beneficios potenciales -rezaba la Declaraci&oacute;n-, los riesgos y las incomodidades de un nuevo m&eacute;todo deben sopesarse en relaci&oacute;n con las ventajas que se obtendr&iacute;an con la puesta en pr&aacute;ctica de los mejores m&eacute;todos diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos de uso rutinario para el momento". Sustentada as&iacute; mi solicitud, las directivas dieron v&iacute;a libre a mis prop&oacute;sitos.</p>     <p>Gran curiosidad exist&iacute;a en el quir&oacute;fano, en especial por parte del anestesi&oacute;logo quien, por feliz coincidencia, tambi&eacute;n hab&iacute;a sido mi condisc&iacute;pulo. Revisando ahora la hoja de anestesia, el doctor Enrique Lomanto registr&oacute; en ella lo siguiente, al responder a la pregunta "nombre de la operaci&oacute;n": "Amniocistostom&iacute;a (primera vez que se hace en el mundo)". Siendo esto cierto, era explicable el inter&eacute;s reinante.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la una de la tarde dimos inicio a la operaci&oacute;n. Introduje un trocar en la cavidad uterina y a trav&eacute;s de &eacute;l medimos la presi&oacute;n existente (15 cc en di&aacute;stole y 52 en s&iacute;stole, seg&uacute;n nota del anestesi&oacute;logo). Luego pas&eacute; el bastoncillo o extremo distal del cat&eacute;ter y seguimos el programa preconcebido. Cada paso se adelant&oacute; seg&uacute;n lo previsto. En un tiempo cercano a dos horas hab&iacute;amos terminado. Se dej&oacute; una sonda vesical a permanencia para certificar el drenaje del l&iacute;quido amni&oacute;tico, como tambi&eacute;n de la orina.</p>     <p>Desde ese momento todo fue expectaci&oacute;n. Con el doctor Mu&ntilde;oz nos turnamos haciendo guardia al lado de la paciente. Durante la primera noche me correspondi&oacute; a m&iacute; ejercer la vigilancia. Las horas pasaron raudas, pues yo ve&iacute;a, emocionado y preocupado a la vez, c&oacute;mo peri&oacute;dicamente la sonda dejaba escapar l&iacute;quido, en especial cuando el &uacute;tero se contra&iacute;a. En esto &uacute;ltimo radicaba precisamente mi temor: si no se deten&iacute;an las contracciones, el fracaso ser&iacute;a inminente. </p>     <p>Para buscar un efecto sedante de la fibra uterina se prescribi&oacute; la orciprenalina en goteo intravenoso. Pese a ello, las contracciones persist&iacute;an. No obstante, yo manten&iacute;a la esperanza de que la situaci&oacute;n volviera a la normalidad. Cuando a la ma&ntilde;ana siguiente mi colega vino a remplazarme, le manifest&eacute; que el asunto transcurr&iacute;a como lo hab&iacute;amos planeado y le transmit&iacute; mi preocupaci&oacute;n por la persistencia de las contracciones uterinas. Cuando me pregunt&oacute; si le hab&iacute;a hecho tacto vaginal para certificar el estado del cuello uterino, le contest&eacute; negativamente, pues no quer&iacute;a por lo pronto desilusionarme.</p>     <p>&Eacute;l estuvo al cuidado de la paciente otras doce horas, no resisti&eacute;ndose al cabo de las mismas a investigar qu&eacute; estaba ocurriendo. Infortunadamente los cambios permit&iacute;an diagnosticar que el trabajo de parto estaba inici&aacute;ndose. Por su parte, el drenaje &uacute;tero-vesical funcionaba de manera correcta.</p>     <p>Entrada ya la noche, el parto se declar&oacute; de manera franca, por lo que hube de retirar la v&aacute;lvula con inmensa frustraci&oacute;n de mi paciente y, por supuesto, m&iacute;a. Algunas horas despu&eacute;s atend&iacute;a el nacimiento de un par de gemelitos, que, a causa de su inmadurez biol&oacute;gica, fallecieron a los pocos minutos de expulsados. En ellos y en la placenta se evidenci&oacute; el "s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n <b><i>in &uacute;tero</i></b>".<sup>8</sup></p>     <p><b>COROLARIO</b></p>     <p>Con el relato anterior, doy conocimiento p&uacute;blico de un episodio que mantuve en reserva durante algo m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, como que ocurri&oacute; en 1971. Lo he revivido despu&eacute;s de haber le&iacute;do el cap&iacute;tulo 23 de la magistral obra de Michael Harrison <b>"El paciente prenatal, arte y ciencia de la terapia fetal</b>,<b>" </b>publicada en espa&ntilde;ol en junio de 2002.<sup>9 </sup>El cap&iacute;tulo en menci&oacute;n fue escrito por Nicholas Fisk y Myles Taylor y se titula "El feto con s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n gemelar".<sup>10</sup> Dicen as&iacute; dichos autores:</p>     <p>"El s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n intergemelar representa indiscutiblemente el desaf&iacute;o m&aacute;s grande en la terap&eacute;utica fetal de los d&iacute;as modernos. Primero, participan dos fetos. Segundo, la evoluci&oacute;n natural de la p&eacute;rdida o da&ntilde;o fetal es alta comparada con otros defectos factibles de corregir. Tercero, debido a que el defecto se encuentra en la placenta, estos fetos son normales estructuralmente y, por lo tanto, con la posibilidad de salvarse por completo". Seg&uacute;n los autores, la gran lista de tratamientos aconsejados "demuestra qu&eacute; tan elusivo ha resultado el desarrollo de la terap&eacute;utica &oacute;ptima".</p>     <p>Cuando fui cerebro y ejecutor de la audacia m&eacute;dica descrita, carec&iacute;a de muchos de los recursos diagn&oacute;sticos con que se cuenta hoy. De haber dispuesto de ellos hubiera podido hacer el diagn&oacute;stico temprano del s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n intergemelar y procedido a la interrupci&oacute;n de las anastomosis vasculares entre los fetos mediante fotocoagulaci&oacute;n con rayos l&aacute;ser, que es la forma como se maneja hoy esa entidad. De esa manera la posibilidad de supervivencia fetal hubiera sido considerable.</p>     <p>Sin embargo, el m&eacute;todo de drenar el exceso de l&iacute;quido amni&oacute;tico sigue teniendo vigencia. A eso se le llama "amniorreducci&oacute;n". Seg&uacute;n Fisk y Taylor, el principal objetivo de la amniorreducci&oacute;n es controlar el polihidramnios a fin de permitir que se prolongue la gestaci&oacute;n. Se considera que el riesgo de trabajo de parto pret&eacute;rmino y la ruptura prematura de las membranas ovulares en los casos de polihidramnios son mediados por el aumento de la presi&oacute;n amni&oacute;tica, que aumenta de manera lineal en relaci&oacute;n con el grado de exceso de l&iacute;quido amni&oacute;tico. Leyendo hoy a Fisk y Taylor, me queda la satisfacci&oacute;n de que mi razonamiento treinta a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;a sido correcto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es posible que la amniorreducci&oacute;n no tenga en el s&iacute;ndrome de transfusi&oacute;n intergemelar su mejor indicaci&oacute;n. Si se acepta que el 65% de los polihidramnios son de car&aacute;cter idiop&aacute;tico, es decir, de origen desconocido,<sup>11</sup> el drenaje del exceso de l&iacute;quido amni&oacute;tico ser&iacute;a el recurso l&oacute;gico para evitar que el parto ocurra a destiempo. ¿No tendr&iacute;a, entonces, cabida la v&aacute;lvula de Hakim, m&aacute;s aun cuando posteriormente su autor le introdujo modificaciones dirigidas a utilizarla de manera programada, vale decir, manipularla para que funcione a la presi&oacute;n deseada?<sup>12</sup> Dejo esa inquietud a quienes se ocupan del paciente prenatal y del arte y la ciencia de la terapia fetal.</p>     <p>Ahora, cuando estoy viviendo de recuerdos, alejado de la disciplina obst&eacute;trica, he rememorado el anterior episodio, sin duda uno de los m&aacute;s apasionantes de cuantos viv&iacute; en el curso de mi largo ejercicio profesional. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de haberle practicado la fallida amniocistostom&iacute;a, mi paciente dio a luz una ni&ntilde;a, producto de un embarazo que no requiri&oacute; ayuda de la ciencia m&eacute;dica.</p>     <p>La naturaleza premiaba as&iacute; a la mujer cuyo deseo vehemente de maternidad la hab&iacute;a llevado a aceptar y a someterse a los riesgos de un incierto procedimiento con el que yo intent&eacute; corregir un desv&iacute;o de aquella. A esa madre rindo homenaje al rememorar este episodio, como tambi&eacute;n a mis colegas "c&oacute;mplices", de quienes he dado sus nombres para mayor reconocimiento.</p>     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <p>1. Evangelio de San Lucas, Cap. 1:25.</p>     <p>2 . Descripci&oacute;n de Grecia. Ediciciones Orbis, S.A., Barcelona, vol. I, p. 27, 1986.</p>     <p>3. Recopilaci&oacute;n historial. Biblioteca de Historia Nacional, Imprenta Nacional, Bogot&aacute;, p.451, 1906.</p>     <p>4. Greenblatt R, Barfield W, Jungck EC. Induction of ovulation with MRL 41. JAMA 1961; 178: 101.</p>     <p>5. Laboratorio de Rayos X, Cl&iacute;nica Palermo, informe 52.381, 14 de Junio, 1971.</p>     <p>6. Hakim S, Zuloaga A, Cabrera O. Derivaci&oacute;n ventriculo-atrial para el tratamiento de la hidrocefalia por medio de la v&aacute;lvula de Hakim". Tesis de grado, Facultad de Medicina, Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia; 1964.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7 . Alvarez H, Caldeyro-Barcia R. &quot;Adaptaci&oacute;n del tono uterino a las variaciones del volumen de su contenido&quot;. Arch Gynecol Obstet 1948; 7: 139.</p>     <p>8 . Autopsia 96-71- Instituto Materno Infantil.</p>     <p>9 . Op. cit. Mc Graw-Hill Interamericana Editores, S.A. de C.V., M&eacute;xico.</p>     <p>10. Ibid. pp.375-389.</p>     <p>11.Carlson D, Platt L, Medearis A et al. Quantifiable polyhydramnios. Diagnosis and management. Obstet Gynecol 1990; 75: 989.</p>     <p>12.Hakim C, Hakim S. Programmable valve. Shunt system and valve programmer. Codman-Medos; 1991.</p>      ]]></body>
</article>
