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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[NARRACIÓN, MITO Y ENFERMEDAD MENTAL: HACIA UNA PSIQUIATRÍA CULTURAL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article studies the role of narrative in mental disorders, through the analysis of a clinical case documented at the Mental Health Unit of the Hospital San Juan de Dios, in Bogotá (Colombia). To carry it out, the patient's clinical history was used, as well as the data gathered in two ethnographic interviews with her. The purposes of the article are thus three fold: first, to analize the patient's narrative plotin herown attempts to make sense ofher existential and mental dramae; second, to illustrate the split between the model of illness and model of disease, that is, between both, patient's and medical discourses; and finally, to discuss the ways scientific medicine has to construct its objects, through precise literary and rhetorical paths, in the writing-up of a conventional hospital's clinical history.]]></p></abstract>
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<kwd lng="en"><![CDATA[Anthropology, cultural]]></kwd>
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<kwd lng="en"><![CDATA[Patient Care Management]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p>Art&iacute;culos de Revisi&oacute;n</p>      <p align="center"><font size="4"><b>NARRACI&Oacute;N, MITO Y ENFERMEDAD MENTAL: HACIA UNA PSIQUIATR&Iacute;A CULTURAL</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>NARRATIVE, MITH AND MENTAL ILLNESS: TOWARDS A CULTURAL PSYCHIATRY</b></font></p>      <p align="center">Carlos Alberto Uribe*</p>      <p>*Profesor Asociado de Psiquiatr&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia Profesor Titular de Antropolog&iacute;a, Universidad de los Andes.</p>  <hr>      <p>Este art&iacute;culo estudia el papel de la narrativa en la enfermedad mental mediante el an&aacute;lisis de un caso cl&iacute;nico documentado en la Unidad de Salud Mental del Hospital San Juan de Dios (Santa fe de Bogot&aacute;). En su reconstrucci&oacute;n se hace uso de la historia cl&iacute;nica oficial de una paciente, as&iacute; como de los materiales aportados por ella en un par de entrevistas etnogr&aacute;ficas. El primer objetivo es el de analizar la trama de la narraci&oacute;n que de su enfermedad ofreci&oacute; esta paciente, en su intento por hacer inteligible sus dramas existenciales y mentales. El segundo objetivo es el de ilustrar el divorcio entre el modelo del malestar y el modelo de la enfermedad, entre el discurso de la enferma y el discurso m&eacute;dico. Un tercer objetivo es discutir la forma c&oacute;mo la medicina facultativa crea su objeto mediante una forma literaria y ret&oacute;rica precisa, y que hace parte de la redacci&oacute;n misma de una historia cl&iacute;nica hospitalaria.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> Antropolog&iacute;a cultural. Psiquiatr&iacute;a.</p>  <hr>      <p>This article studies the role of narrative in mental disorders, through the analysis of a clinical case documented at the Mental Health Unit of the Hospital San Juan de Dios, in Bogot&aacute; (Colombia). Tocarryitout, thepatient's clinical history was used, as well as the data gathered in two ethnographic interviews with her. The purposes of the article are thus three fold: first, to analize thepatient's narrativeplotin herown attempts to make sense ofher existential and mental dramae; second, to iIlustrate the split between the model of iilness and model of disease, thatis, between both, patient'sand medical discourses; and finally, to discuss the ways scientif&iacute;c medicine has to construct its objects, through precise literary and rhetorical paths, in the wr&iacute;ting-up of a conventional hospital's clinical history.</p>      <p><b>Key words:</b> Anthropology, cultural; Psychiatry; Patient Care Management.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1978 fue publicado en los Anales de la Medicina Interna el art&iacute;culo &quot;Culture, Iilness and Care&quot; (&quot;La cultura, el malestar y el tratamiento&quot;). Como autores aparecen Arthur Kleinman, Le&oacute;n Eisenberg y Byron Good. En este ensayo formularon por primera vez la distinci&oacute;n, en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, entre el enfermo que expresa sus &quot;malestares&quot; o &quot;aflicciones&quot; (illness) y el m&eacute;dico que trata su &quot;enfermedad&quot; (disease). O lo que es igual, el facultativo reduce los problemas en la vida de su enfermo a instancias de una fisiolog&iacute;a desordenada<sup>(1)</sup>.</p>      <p><font size="3"><b>DE LA HISTORIA CL&Iacute;NICA A LA ETNOGRAF&Iacute;A CL&Iacute;NICA</b></font></p>      <p>Como resultado de sus preocupaciones y su entrenamiento antropol&oacute;gicos, el m&eacute;dico psiquiatra Kleinman y sus asociados introducen la perspectiva del paciente en su encuentro curativo con el facultativo. Se trata, como lo ha afirmado otro antrop&oacute;logo con formaci&oacute;n m&eacute;dica, Michael Taussig, de involucrar en una pr&aacute;ctica m&eacute;dica human&iacute;stica el punto de vista del &quot;nativo&quot;, en este caso el del paciente que, lleno de temores, incertidumbres, porqu&eacute;s, su vida en la balanza por el desorden de la enfermedad, acude al m&eacute;dico para brindarle su cuerpo maltrecho como un objeto de curaci&oacute;n <sup>(2)</sup>. Por cuanto la enfermedad como la concibe el m&eacute;dico es diferente de la enfermedad como la entiende su paciente. Se re&uacute;nen en este encuentro dos modelos: el modelo biom&eacute;dico de la enfermedad (disease} y el modelo del malestar (illness}. En el primero, la enfermedad es conceptualizada como una lesi&oacute;n o una disfunci&oacute;n org&aacute;nica cuyos signos pueden ser medidos por el cl&iacute;nico gracias a un arsenal de pruebas y de ex&aacute;menes de laboratorio, adem&aacute;s que Interpretados desde el paradigma de las ciencias naturales. En el segundo, lo relevante es lo que esa disfunci&oacute;n le representa a su v&iacute;ctima, el enfermo, y el sentido que &eacute;ste le da para explicar su condici&oacute;n de sufriente.</p>      <p>As&iacute; planteados, ambos puntos de vista pueden ser antag&oacute;nicos. Mientras que el enfermo siente una necesidad y una ansiedad por ubicar el sentido social y moral de la enfermedad, para el m&eacute;dico ese imperativo es irrelevante. Las consecuencias de tal antagonismo pueden ser tan dram&aacute;ticas que, como lo afirma Taussig, la situaci&oacute;n cl&iacute;nica quede convertida en &quot;una zona de combate donde se desarrollan disputas de poder y definiciones sobre la enfermedad y los grados de discapacidad&quot; <sup>(2)</sup>. &quot;Combate&quot; que desde luego no es Infrecuente en la psiquiatr&iacute;a cl&iacute;nica. Como que el &quot;loco&quot; puede resistirse a ser &quot;enloquecido&quot;, esto es, &quot;diagnosticado&quot; por el psiquiatra y puede rechazar como nocivos los f&aacute;rmacos y las terapias que se le administran para curarlo. Combate que asimismo se expresa en un complejo conjunto de estrategias que los enfermos desarrollan para sobrevivir en el &iexcl;nternamlento psiqui&aacute;trico y contrarrestar la palabra m&eacute;dica que los envuelve en su empe&ntilde;o por devolverlos a la &quot;normalidad&quot;<sup>(3)</sup>. Combate que, en fin, quieren evitar Kleinman y los suyos, dispuestos como est&aacute;n a o&iacute;r la palabra de su enfermo.</p>      <p>En un libro posterior, Kleinman centr&oacute; su atenci&oacute;n en precisar esta diferencia entre la experiencia del paciente y la explicaci&oacute;n facultativa<sup>(4)</sup>. Su premisa afirma que la tarea m&eacute;dica curativa fundamental consiste en la interpretaci&oacute;n de las narrativas de enfermedad con las que el paciente expresa su situaci&oacute;n. Tarea que es m&aacute;s importante, seg&uacute;n &eacute;l, que la reducci&oacute;n del enfermo a un caso cl&iacute;nico considerado como una Instancia particular de una entidad nosol&oacute;gica dada. En cuanto a que el diagn&oacute;stico se transforma en &uacute;ltimas en un problema de interpretaci&oacute;n de un relato, el relato que ofrece el enfermo de su condici&oacute;n, la polisemia en ese relato es crucial. El m&eacute;dico, por tanto, debe poseer al tiempo destrezas cl&iacute;nicasy habilldadesque le permitan llegar a realizar una verdadera etnograf&iacute;a de su paciente, de su historia de vida, su c&iacute;rculo social inmediato y la forma en como su entorno cultural se incorpora en su propia visi&oacute;n y en la expresi&oacute;n idlosincr&aacute;tica de su dolor.</p>      <p>Etnograf&iacute;a que en este contexto significa aprehender, desde la palabra del paciente, su forma de vida, su visi&oacute;n del mundo, en suma, su propia cosmovisi&oacute;n. Todo con miras a identificar los m&uacute;ltiples sentidos que el sufriente adscribe a su enfermedad, en su incesante esfuerzo por &quot;domesticarla&quot; e incorporarla a su vida gracias a la elaboraci&oacute;n de una especie de mito personal <sup>(5)</sup>. Para parafrasear a Taussig, la tarea de la terapia se transforma en una arqueolog&iacute;a de lo impl&iacute;cito con el fin de aclarar los procesos por los cuales las relaciones sociales est&aacute;n imbricadas en las enfermedades. En otras palabras, se trata de descubrir desde la visi&oacute;n del mundo que le presenta su enfermo esos estratos profundos, sociales, en los cuales se Inserta toda su condici&oacute;n existencial.</p>      <p>En 1991, el mismo Kleinman desarroll&oacute; m&aacute;s su propuesta de una metodolog&iacute;a etnogr&aacute;fica para la cl&iacute;nica m&eacute;dica. Ahora la pregunta es sobre c&oacute;mo representar mejor, desde la etnograf&iacute;a, la experiencia que tiene el enfermo de su condici&oacute;n. El desaf&iacute;o es evitar representaciones que transformen una riqu&iacute;sima experiencia vital de un sujeto humano enfermo, en una caricatura de esa experiencia, de paso deshumanizando al sujeto como un mero objeto de conocimiento o de manipulaci&oacute;n m&eacute;dica. Porque no es s&oacute;lo desde la cl&iacute;nica que se puede incurrir en la cosificaci&oacute;n del enfermo. Tambi&eacute;n desde la antropolog&iacute;a m&eacute;dica se puede caer en lo mismo, al interpretar el sufrimiento humano como un simple resultado de relaciones de producci&oacute;n opresivas, o de la mec&aacute;nica simbolizaci&oacute;n de conflictos din&aacute;micos en el interior del yo, o de una resistencia a la autoridad, etc.</p>      <p>La soluci&oacute;n es el desarrollo de una etnograf&iacute;a de la experiencia del sufrimiento por la cual tanto terapeuta como etn&oacute;grafo puedan acercarse a la aflicci&oacute;n que conlleva la enfermedad. Se trata de una apreciaci&oacute;n existencial de la experiencia, una experiencia que puede ser, en t&eacute;rminos te&oacute;ricos, &quot;pensada como el medio intersubjetivo de las transacciones sociales que se realizan en mundos morales locales&quot;<sup>(6)</sup>.</p>      <p>Orientaci&oacute;n que llevar&aacute; al etn&oacute;grafo o al m&eacute;dico a un an&aacute;lisis m&aacute;s v&aacute;lido de la experiencia tanto colectiva (local y social) como individual (p&uacute;blica e &iacute;ntima), que lo que es posible desde las usuales categor&iacute;as sociol&oacute;gicas (roles, estatus, clases) o desde la terminolog&iacute;a psicol&oacute;gica (afecto, cognici&oacute;n, defensa, comportamiento). Con un par de ganancias adicionales. La primera es que terapeuta y enfermo, etn&oacute;grafo y sujeto, podr&aacute;n reconocer su mutua y com&uacute;n condici&oacute;n humana por cuanto la experiencia es en &uacute;ltimas intersubje-tlva. La segunda es que la representaci&oacute;n de ese dominio experiencial com&uacute;n que crea el sufrimiento humano puede acercar a ambos al arte. Lo cual no es una sorpresa. La tragedia y la novela, por ejemplo, han demostrado ser mucho m&aacute;s aptas que la ciencia para dar cuenta de la condici&oacute;n y el dolor humanos <sup>(7)</sup>. Jerome Bruner ha mostrado, en efecto, c&oacute;mo el pensamiento narrativo busca ante todo la verosimilitud, en contraste con el pensamiento l&oacute;gico-cient&iacute;fico cuyo objetivo es la verdad y est&aacute; constre&ntilde;ido por la verificabilidad<sup>(8)</sup>.</p>      <p><font size="3"><b>TRAGEDIA, TRAMA Y NARRATIVAS DE ENFERMEDAD </b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de los trabajos de Kleinman, el problema de las narrativas de la experiencia de la enfermedad ha recibido considerable atenci&oacute;n por parte de otros investigadores. Estos &uacute;ltimos han debido buscar sus fuentes de inspiraci&oacute;n en materias como la fenomenolog&iacute;a, la cr&iacute;tica literaria, la hermen&eacute;utica, el psicoan&aacute;lisis, la semi&oacute;tica, la teor&iacute;a del drama, para mencionar algunas. Byron J. Good, por ejemplo, en su tarea de mostrar &quot;c&oacute;mo las experiencias de malestar-enfermedad se estructuran en t&eacute;rminos culturales, y c&oacute;mo &eacute;stas reflejan o dan forma a modos distintivos de experiencias vitales&quot;, ha explorado el terreno de las situaciones dram&aacute;ticas que configuran estos relatos <sup>(9)</sup>.</p>      <p>Y como ya sabemos desde La po&eacute;tica de Arist&oacute;teles, el objetivo central de la mimesis (o imitaci&oacute;n) narrativa tr&aacute;gica es propiciar la catarsis del temor y la compasi&oacute;n que ella evoca dentro de la acci&oacute;n, puesto que sin acci&oacute;n no puede haber tragedia. Adem&aacute;s, la f&aacute;bula es, explica el cl&aacute;sico, el principio y como el alma de la tragedia. Su extensi&oacute;n se debe poder recordar f&aacute;cilmente, de tal forma que &quot;desarroll&aacute;ndose los acontecimientos en sucesi&oacute;n veros&iacute;mil o necesaria se produce la transici&oacute;n desde el infortunio a la dicha o desde la dicha al infortunio&quot;<sup>(10)</sup>.</p>      <p>Por ello no es sorpresa que las formas de urdimiento de las tramas tr&aacute;gicas en las narrativas de enfermedad, esto es, las formas que ellas presentan en la estructuraci&oacute;n de los hechos, sean limitadas en n&uacute;mero. Algunas, desde luego, son m&aacute;s veros&iacute;miles en su imitaci&oacute;n de la acci&oacute;n y de la vida. Despu&eacute;s de todo, es una &uacute;nica condici&oacute;n humana la que emerge enfrente a la calamidad y el infortunio, m&aacute;s all&aacute; de las diferentes coloraciones y los filtros que proveen los diversos contextos culturales.</p>      <p>En las narrativas de dolor surgen ideas argum&eacute;ntales como que la enfermedad es causada por un evento traum&aacute;tico que dividi&oacute; en dos la vida del sufriente. Un &quot;antes&quot; de salud y felicidad y un &quot;despu&eacute;s&quot; donde se entroniz&oacute; el dolor, el caos y la enfermedad, separados por ejemplo por la p&eacute;rdida de un ser querido, por una ruptura amorosa particularmente dolorosa, por un episodio de violencia f&iacute;sica, por una rivalidad que desemboc&oacute; en una conspiraci&oacute;n brujesca u otras situaciones graves susceptibles de crear un radical desorden en la vida que llevaba el sufriente.</p>      <p>Una segunda idea argumental tiene que ver con el desarrollo de que la enfermedad es causada por una sanci&oacute;n divina subsecuente a conductas transgresoras graves de las leyes sagradas o humanas o a una combinaci&oacute;n de ambas. Ejemplos de estas conductas son en nuestro medio una agresi&oacute;n o un &quot;irrespecto&quot; a un familiar muy cercano, digamos los padres; el quebrantamiento de la prohibici&oacute;n del incesto; una vida de asesinatos y de violencia y, en general, aquellos actos que en la tradici&oacute;n judeocristiana se asimilan a la noci&oacute;n de pecado.</p>      <p>Una tercera trama dram&aacute;tica tiene que ver con el desarrollo del planteamiento de que la enfermedad es el producto de una situaci&oacute;n acumulativa de infortunio, de mala suerte, de un destino personal e ineludible que paso a paso llev&oacute; al sufriente al dolor o a la enfermedad. La idea es que la enfermedad est&aacute; establecida de antemano y que por ello es inalterable su irrupci&oacute;n en alg&uacute;n punto de la trayectoria vital del sujeto, as&iacute; como que es inmodificable su curso desestructurante del cuerpo y de la vida. El &eacute;nfasis en el concepto de destino, tan caro a la tragedia desde los griegos, implica en general aceptar la existencia de una fuerza que predetermina la enfermedad en la vida del sufriente.</p>      <p>Muy ligada a esta trama argumental encontramos, en cuarto lugar, la noci&oacute;n de que hay ciertos atributos o caracter&iacute;sticas en la personalidad o en el organismo del sujeto, validadas culturalmente, que hacen de &eacute;l (ella) susceptible a contraer en alg&uacute;n punto la enfermedad. Algunos ejemplos de estos atributos son los de que la v&iacute;ctima tiene la &quot;sangre gruesa&quot;, o de que siempre fue muy &quot;melanc&oacute;lico&quot;, &quot;flem&aacute;tico&quot;, &quot;retra&iacute;do&quot;, &quot;acomplejado&quot;, &quot;d&eacute;bil de la cabeza&quot;.</p>      <p>Finalmente, una quinta forma de configurar el relato dram&aacute;tico postula que la enfermedad es la resultante de que el enfermo se ha convertido en una especie de &quot;chivo expiatorio&quot; o &quot;v&iacute;ctima sacrificial&quot; por los errores, males o perversidades de otras personas, generalmente de su c&iacute;rculo personal inmediato. Aqu&iacute; se enuncian ideas tales como que el enfermo est&aacute; &quot;pagando&quot; por lo que hicieron sus padres, sus hermanos u otros de sus allegados y, en ese sentido, su enfermedad no es en realidad s&iquest;venfermedad puesto que era otro u otra quien deb&iacute;a padecerla. Por lo dem&aacute;s, no es inusual que se combinen dentro de una narraci&oacute;n varios de estos arquetipos tr&aacute;gicos.</p>      <p>Un cap&iacute;tulo especial en esta teor&iacute;a de la narratividad en la enfermedad es su car&aacute;cter esencialmente temporal. En todas estas situaciones dram&aacute;ticas el enfermo maneja una visi&oacute;n propia de su historia, de su temporalidad, de la percepci&oacute;n de su ciclo vital, personalizaci&oacute;n del tiempo que no corresponde por fuerza con una noci&oacute;n del tiempo irrepetible, irreversible, cronol&oacute;gico. Una noci&oacute;n, tiempo, que sabemos no es un dato mismo de la realidad, una cosa concreta a la espera de ser medida.</p>      <p>Los seres humanos creamos el tiempo al crear intervalos en la vida social. Hasta que tal creaci&oacute;n no se realice no hay tiempo que pueda medirse, no hay un significado del tiempo que empiece a tener ese sentido ambiguo que siempre oscila entre la duraci&oacute;n irreversible y la repetici&oacute;n c&iacute;clica<sup>(11)</sup>. Una ambig&uuml;edad que es el fundamento del tiempo m&iacute;tico, en nuestro caso, del tiempo del mito con el cual el enfermo ordena toda su experiencia de vida, incluyendo su experiencia de enfermedad. Y si hay una ruptura que altera de manera radical la comprensi&oacute;n de la propia temporalidad, esa es la ruptura que en la vida del sufriente provoca la enfermedad mental.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estamos pues enfrente de narrativas retrospectivas que distorsionan los eventos reales, la historia irrepetible, de la experiencia de enfermedad. Estas narrativas ocultan tanto como revelan de la vida del sufriente. Se trata de una presencia simult&aacute;nea de lo arbitrario y de lo verdadero, en el fluir contingente de la experiencia de la vida. La raz&oacute;n de ser de estas narrativas de enfermedad no es la de ser fieles a las circunstancias hist&oacute;ricas. Su raz&oacute;n de ser es su significatividad y su validez en la creaci&oacute;n de una historia de vida.</p>      <blockquote>     <p>&iexcl;Oh soledad, soledad! &iquest;Hasta cu&aacute;ndo ser&aacute;s m&iacute; compa&ntilde;era?</p> </blockquote>      <p>En lo que sigue tratar&eacute; un caso de narrativa de enfermedad mental documentado en la Unidad de Salud Mental del Hospital San Juan de Dios de Bogot&aacute;. En su reconstrucci&oacute;n se hace un uso extensivo de la historia cl&iacute;nica oficial de la paciente as&iacute; como de los materiales aportados por ella en un par de entrevistas. Por ser el problema de la temporalidad esencial en la narratividad, la exposici&oacute;n tiene una ilaci&oacute;n hist&oacute;rica. No puedo dar fe de que este relato es por entero fiel a todas las circunstancias y eventos que ha vivido la protagonista, De hecho, hay inconsistencias y a&uacute;n contradicciones en lo que cont&oacute; Soledad (nombre ficticio), que no he tratado de eliminar o corregir.</p>      <p>Mi inter&eacute;s es, en primer lugar, analizar la trama de la narraci&oacute;n de Soledad, en su Intento por hacer inteligible sus dramas existenciales y mentales. Por ello, la palabra de la enferma se contrastar&aacute; con la palabra de los psiquiatras tratantes quienes, ai operar desde el modelo biom&eacute;dico de la enfermedad, necesitan ante todo de un diagn&oacute;stico. Asimismo, y en segundo lu-gar, busco ilustrar c&oacute;mo se puede superar ese divorcio entre el modelo del malestar y el modelo de la enfermedad, entre el discurso de la enferma y el discurso de los m&eacute;dicos. Se trata de contribuir con una revaloraci&oacute;n de un enfoque fenomenol&oacute;gico de la enfermedad mental, perspectiva presente ya en la psiquiatr&iacute;a de la primera mitad de este siglo -por ejemplo, en el trabajo de Karl Jaspers-.</p>      <p>Adem&aacute;s, esta mirada no ri&ntilde;e con la conceptualizaci&oacute;n biol&oacute;gica de la enfermedad mental, ahora dominante, y desde la cual se ha hecho una de las m&aacute;s importantes contribuciones de este siglo a la cura de la &quot;locura&quot;: los psicof&aacute;rmacos. Y es que las razones que llevaron a un grave desencuentro entre la perspectiva biol&oacute;gica y otras perspectivas, en particular la psicodi-n&aacute;mica, desencuentros concretados en el DSM-III, quiz&aacute; pronto puedan ser superados en arasde una mirada de la enfermedad mental m&aacute;s interdisciplinaria. Una mirada en la que, sin duda, algunas ciencias sociales como la antropolog&iacute;a tienen aportes que hacer. Una tercera meta, en fin, es discutir la forma como la medicina facultativa &quot;crea&quot; su objeto mediante una forma literaria y ret&oacute;rica precisa, y que hace parte de la redacci&oacute;n misma de una historia cl&iacute;nica hospitalaria.</p>      <blockquote>      <p>Febrero 3 de 1998:</p>      <p>Soledad, una mujer de 45 a&ntilde;os de edad, se presenta sola y por sus propios medios al servicio de urgencias del Centro Hospitalario San Juan de Dios. Est&aacute; enferma y requiere de atenci&oacute;n m&eacute;dica inmediata. A prop&oacute;sito de los motivos de su consulta, el m&eacute;dico que la atiende anota en la historia cl&iacute;nica lo siguiente: &quot;la paciente se&ntilde;ala que adem&aacute;s de varios dolores y mucha salivaci&oacute;n amarga, siente &laquo;nervios&raquo;, &laquo;p&aacute;nico&raquo; y ganas de llorar. La paciente cree que la envenenaron a principios de 1996. Cree que lo hizo su compa&ntilde;ero y que fue &laquo;embrujada&raquo;&quot;.</p> </blockquote>      <p>En la historia cl&iacute;nica de urgencias el m&eacute;dico anex&oacute; una hoja tama&ntilde;o carta, un manuscrito escrito por ella. Entre las anotaciones que hizo Soledad, se encuentran las siguientes:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p>(recto:)</p>      <p>Sintomatolog&iacute;a: sequedad en la garganta. Mareos. P&eacute;rdida del sentido. Saco mocos de forma gelatinosa, cristalina, incolora, con burbujas abundantes. Siento como gripe todos los d&iacute;as. Boto gases explosivos y me parece (sic) como petardos explosivos.</p>      <p>Me siento asfixiada, como envenenada con hojas t&oacute;xico (sic). En las noches y en el d&iacute;a me cuesta perspirar. Temblores.</p>      <p>Dolores abdominales. Musculares muchas (sic). Cuando escupo, escupo como H2O? Un veh&iacute;culo parecido al H2O. Gusto met&aacute;lico y pegajoso en la boca.</p>      <p>En la nuca y en las orejas y a nivel de los maxilares siento un ruido como de arena met&aacute;lica y se me mueven las v&eacute;rtebras dorsales y cervicales y chuzos el&eacute;ctricos. Se siente el ruido.</p>      <p>Veo un halo negro alrededor de la &laquo;sustancia extra&ntilde;a de los ojos, en los o&iacute;dos, nuca, dedos&raquo;.</p>      <p>(verso:)</p>      <p>&#91;Foreste lado, el manuscrito est&aacute; lleno de tel&eacute;fonos y direcciones, as&iacute; como un plan de temas, en ingl&eacute;s, para la ense&ntilde;anza de ese idioma. Al final de la p&aacute;gina, la paciente prosigui&oacute; con sus s&iacute;ntomas&#93;:</p>      <p>Asma, gases generalizados, ruidos, suenan las tripas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Electricidad, resfriado.</p>      <p>Como luces rojas y plateadas en los ojos.</p>      <p>Desmayo.</p>      <p>Veo lucecitas en la pared de color negro plata.</p>      <p>Escupo babas abundantes con mucho agua y amarillo (sic).</p>      <p>Burbujas.</p>      <p>Despu&eacute;s de atenderla, el m&eacute;dico de urgencias solicita que Soledad sea valorada por el servicio de psiquiatr&iacute;a. El psiquiatra que la atiende escribi&oacute; en la historia cl&iacute;nica:</p>      <p>Motivo de consulta:</p>      <p>Paciente quien ingresa sola al hospital, con m&uacute;ltiples quejas y dice est&aacute; Intoxicada.</p>      <p>Enfermedad actual:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Paciente quien refiere estar &laquo;embrujada&raquo; y se siente &laquo;pose&iacute;da&raquo; desde hace m&aacute;s o menos dos a&ntilde;os &#91;1996&#93;, refiere dolor abdominal, refiere alucinaciones visuales, auditivas, t&aacute;ctiles (&laquo;siente un gas que la asfixia y le corre por todas partes del cuerpo&raquo;); refiere insomnio global. No es posible precisar tiempo de evoluci&oacute;n del cuadro.</p> </blockquote>      <p>A continuaci&oacute;n el psiquiatra consign&oacute; los datos pertinentes en torno a la historia personal y familiar de Soledad seg&uacute;n un orden preestablecido: primero, el &quot;motivo de la consulta&quot;; segundo, la &quot;enfermedad actual&quot;; tercero, los &quot;antecedentes de la enfermedad&quot;. Para escribir la historia se vali&oacute;, adem&aacute;s de su propio interrogatorio, del informe recibido de otra Instituci&oacute;n de salud mental de la ciudad. En esa cl&iacute;nica Soledad recibi&oacute; tratamiento psiqui&aacute;trico entre mediados de 1992 y comienzos de 1993, la primera vez, y a mediados de 1993, la segunda, Antes de junio de 1992, ya hab&iacute;a estado hospitalizada en otra instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica local.</p>      <p>El cuadro que comienza a emerger muestra que Soledad tiene una larga trayectoria de enfermedad psiqui&aacute;trica. Como que la infortunada mujer, hoy de 45 a&ntilde;os, ha padecido de trastornos mentales desde que ten&iacute;a unos 24 a&ntilde;os de edad. Desde entonces ha sufrido de episodios recurrentes de tristeza y labilidad emocional, una complicada y antag&oacute;nica dependencia materna y un pronunciado menoscabo en su vida escolar y laboral.</p>      <p>Por estos episodios, y tres intentos de suicidio, Soledad ha sido internada en instituciones psiqui&aacute;tricas en varios ocasiones, tanto en Colombia como en otros pa&iacute;ses. Y es que Soledad, nacida en Espa&ntilde;a, es producto de un matrimonio inestable, que se rompi&oacute; cuando ella era una ni&ntilde;a de dos a&ntilde;os. As&iacute; qued&oacute; al cuidado de la abuela materna hasta que cumpli&oacute; los cuatro. Despu&eacute;s Soledad vivi&oacute; de forma espor&aacute;dica con la madre, que viajaba constantemente. Por ello su vida escolar en la Infancia y en la adolescencia transcurri&oacute; en varios pa&iacute;ses, a menudo lejos de su progenitora. Con todo, Soledad logr&oacute; llegar hasta la universidad en Caracas, donde viv&iacute;a su madre con su segundo esposo. All&iacute; curs&oacute; hasta el tercer semestre de bacteriolog&iacute;a. Debi&oacute; retirarse de la carrera por dificultades de tipo familiar, econ&oacute;mico y acad&eacute;mico, presumiblemente ligadas con las primeras manifestaciones cr&iacute;ticas de su enfermedad mental. Adem&aacute;s, en alg&uacute;n punto de su vida dej&oacute; la religi&oacute;n Cat&oacute;lica y se convirti&oacute; al Budismo.</p>      <p>A los 30 a&ntilde;os de edad, contrajo un matrimonio que ella describe como &quot;sin amor&quot;. Se separa despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os y sin que hubiera hijos. Desde entonces no ha tenido una pareja estable, aunque en el presente vive con un compa&ntilde;ero permanente llamado Edgardo, economista en una agencia del gobierno colombiano (nombre, profesi&oacute;n y ocupaci&oacute;n ficticios).</p>      <p>Como es de rigor, el psiquiatra que hizo la valoraci&oacute;n procedi&oacute; a realizar los ex&aacute;menes m&eacute;dicos pertinentes de su nueva paciente. De esta manera, realiz&oacute; primero un examen f&iacute;sico, cuyos resultados fueron satisfactorios y, segundo, un examen mental. Con respecto a los resultados de este &uacute;ltimo, el psiquiatra anot&oacute;:</p>      <blockquote>     <p>Paciente adecuadamente vestida, alerta, orientada, eupros&eacute;xica, con afecto ansioso y depresivo, llanto f&aacute;cil, alucinaciones auditivas, visuales, t&aacute;ctiles complejas, con ideaci&oacute;n delirante persecutoria, extra&ntilde;a, m&aacute;gica, con ideas de minusval&iacute;a, culpa, desesperanza, con ideas de muerte, suicidio poco estructurado, normocin&eacute;tico, normob&uacute;lico, con Insomnio global, con aumento en la intensidad de la voz, logorreica, memoria conservada, Introspecci&oacute;n y prospecci&oacute;n delirante, juicio de realidad perdido.</p> </blockquote>      <p>En este punto de su valoraci&oacute;n, el psiquiatra estaba a las puertas de realizar su diagn&oacute;stico, el paso final del examen cl&iacute;nico. Ten&iacute;a listos todos los elementos del an&aacute;lisis del caso, ya traducido al lenguaje cl&iacute;nico observa-cional corriente de nuestra psiquiatr&iacute;a. Un lenguaje observacional que aparece como neutro, libre de presuposiciones y prejuicios, lenguaje que se refuerza con el empleo de t&eacute;rminos con ra&iacute;ces griegas y latinas <sup>(12)</sup>.</p>      <p>Tanto el an&aacute;lisis como el diagn&oacute;stico que el psiquiatra consign&oacute; en la historia cl&iacute;nica son bien cautos y apuntan en la direcci&oacute;n de que es necesario realizar m&aacute;s pruebasy ex&aacute;menes antes de una decisi&oacute;n definitiva. De esta manera, anota que se trata de una paciente que lleg&oacute; al hospital con &quot;&iexcl;deaci&oacute;n delirante persecutoria, m&iacute;stica, m&aacute;gica, con manierismos y estereotipias&quot;. Lo anterior equivale a afirmar que tiene unas ideas raras, poco usuales y que est&aacute;n relacionadas con ciertas creencias sobre lo sagrado. Adem&aacute;s, que su comportamiento es extra&ntilde;o en t&eacute;rminos de sus gestos y posturas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El an&aacute;lisis prosigue con la decisi&oacute;n de contactar al compa&ntilde;ero de esta mujer o, en su defecto, de comunicarse con la embajada de su pa&iacute;s en Colombia. Asimismo, el psiquiatra consign&oacute; que se realizaron algunas pruebas de toxi-colog&iacute;a para descartar un posible envenenamiento, que fueron inducidas tanto por los informes que la paciente Incluy&oacute; en su papel manuscrito como en la entrevista de urgencias. Por &uacute;ltimo, antes de darsu diagn&oacute;stico, anot&oacute; que Soledad logra tener un juicio cr&iacute;tico de su &iexcl;deaci&oacute;n delirante.</p>      <p>El primer diagn&oacute;stico por ejes de la enfermedad psiqui&aacute;trica de Soledad, seg&uacute;n el sistema vigente del DSM-IV de la APA, es el siguiente:</p>  <ul>     <li>Eje I: trastorno psic&oacute;tico no especificado </li>      <li>Eje II:   diferido </li>      <li>Eje III: sin diagn&oacute;stico </li>      <li>Eje IV: no se ha logrado establecer </li>      <li>Eje V: &iacute;ndice GAF (Global Assessment of Function) mejor en el &uacute;ltimo a&ntilde;o: 7O/100: actual 50/100.</li>     </ul>      <p>En t&eacute;rminos simplificados, el diagn&oacute;stico afirma que Soledad tiene un problema psiqui&aacute;trico serio, una posible psicosis, que ha reducido su capacidad de funcionar en sociedad a la mitad. Si hay otros problemas psiqui&aacute;tricos, org&aacute;nicos o en su vida personal, no se sabe todav&iacute;a.</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Febrero 8 de 1998:</p>      <p>Cinco d&iacute;as despu&eacute;s de su llegada, fue hospitalizada en la Unidad de Salud Mental. En ese servicio se procedi&oacute; a precisar el diagn&oacute;stico de su aflicci&oacute;n psiqui&aacute;trica, con el auxilio de los informes que aporta Edgardo, su compa&ntilde;ero, quien fue finalmente contactado. Todo queda consignado en la historia cl&iacute;nica de entrada fechada este d&iacute;a:</p>      <p>Viene a urgencias a que le hagan unas pruebas de toxicolog&iacute;a.</p>      <p>Enfermedad actual:</p>      <p>Desde hace aproximadamente cinco a&ntilde;os, la paciente &laquo;tiene inter&eacute;s por temas de brujer&iacute;a y esp&iacute;ritus&raquo; y &laquo;escuchaba voces&raquo;, seg&uacute;n refer&iacute;a a su compa&ntilde;ero. Hace dos a&ntilde;os comenz&oacute; a presentar ideas delirantes persecutorias: &laquo;la estaban embrujando para que el demonio se metiera dentro de ella&raquo;, y de influencia. Alucinaciones t&aacute;ctiles: &laquo;sent&iacute;a fuego que la quemaba&raquo; y &laquo;sent&iacute;a que la tocaban&raquo;. Alucinaciones visuales simples: &laquo;una luz en el ojo&raquo;. Alucinaciones auditivas simples: &laquo;un pito en la punta del ment&oacute;n&raquo;. Alucinaciones cinest&eacute;sicas: &laquo;se le mov&iacute;an solas partes del cuerpo&raquo;. La observaban &laquo;muy torpe&raquo;, romp&iacute;a &laquo;todas las cosas del apartamento&raquo;. Ten&iacute;a adem&aacute;s insomnio global. La enviaron a Espa&ntilde;a, donde estuvo en tratamiento psiqui&aacute;trico y a Venezuela. &laquo;All&iacute; tambi&eacute;n recibi&oacute; tratamiento&raquo;. Desde septiembre de 1996 regres&oacute; a Colombia, con los s&iacute;ntomas y manierismos. &laquo;Escupe todo el tiempo&raquo;, &laquo;cambia la voz y tuerce la cabeza&raquo;. Ha sido llevada a exorcismos, lo cual s&oacute;lo ha servido para aumentar sus delirios, pues dice que &laquo;fue envenenada y eso permiti&oacute; que el demonio se metiera&raquo;. Ha acudido a sacerdotes y hace aproximadamente 15 d&iacute;as fue a donde un psiquiatra que le pidi&oacute; pruebas toxicol&oacute;g&iacute;cas, pero ella no volvi&oacute;. &laquo;Por el insomnio&raquo; ella se autorrecet&oacute; triflurperazina 5 mg. en la noche para dormir.</p> </blockquote>      <p>Estos informes que la enferma y su compa&ntilde;ero realizaron a dos voces, son fundamentales. En primer lugar, el texto combina el lenguaje de la paciente, el punto del vista del &quot;nativo&quot;, marcado con el recurso del entreco-millamiento, con el lenguaje m&eacute;dico, limpio de marca. Pero el texto es determinante en otro sentido. Como que en &eacute;l se enfrenta la construcci&oacute;n de un caso cl&iacute;nico psiqui&aacute;trico, que empieza mediante una traducci&oacute;n de los s&iacute;ntomas que brinda la enferma en unos t&eacute;rminos ling&uuml;&iacute;sticos aceptados por la cultura cl&iacute;nica. En esa pr&aacute;ctica forma-tiva es fundamental la redacci&oacute;n de la misma historia cl&iacute;nica. &Eacute;sta sigue un modelo de escritura can&oacute;nico sancionado por la costumbre hospitalaria, que sigue el modelo de casos cl&iacute;nicos vigente en la medicina de los Estados Unidos. El resultado es que la realidad del malestar-enfermedad de Soledad es formulada y organizada de una manera distintiva. Soledad, la persona sufriente, es encuadrada como una paciente, un cuerpo-sitio de un trastorno psiqui&aacute;trico. Su problema existen-cial se convierte en un problema m&eacute;dico<sup>(9)</sup>.</p>      <p>Con todo, estos datos revelan dos temas que cual ramas de una helicoidal se entrecruzan en apretada comuni&oacute;n. El primero es que Soledad es una firme creyente en temas de brujer&iacute;a. M&aacute;s a&uacute;n, que ella atribuye su condici&oacute;n psiqui&aacute;trica, su &quot;locura&quot;, a una situaci&oacute;n de embrujamiento que permiti&oacute; que el Maligno se posesionara de su cuerpo. Todas las alucinaciones recuerdan, en el relato, la presencia incorporada en ella del demonio: son alucinaciones de fuego, de luces, de ruidos extra&ntilde;os e inc&oacute;modos que la atacan mientras su cuerpo es f&iacute;sicamente tocado, vulnerado, torturado, violado.</p>      <p>Y uno no puede evitar en este punto evocar las expresiones de nuestra cultura con las que se representa el amor rom&aacute;ntico, pasional, esa serie de ordal&iacute;as en el camino del afecto amoroso que culmina con el don de la posesi&oacute;n del objeto amado. Enfrente esta situaci&oacute;n, no sorprende que Soledad invoque la idea de ser exonerada del demonio de su cuerpo mediante un exorcismo. Si sale de su cuerpo el Maligno que la posee, que la ha penetrado, es el razonamiento, se elimina la &quot;causa&quot; de su mal y se acaba la &quot;locura&quot;.</p>      <p>El segundo tema se enlaza de elegante manera con el anterior. Para la mala fortuna de Soledad, el exorcismo no s&oacute;lo no funcion&oacute; sino que agrav&oacute; el problema. Como que durante los procedimientos, la desdichada mujer fue f&iacute;sicamente envenenada. Algo ingiri&oacute;. Algo an&oacute;malo le fue suministrado quehizo estragos en su organismo. Algo envenen&oacute; su cuerpo, y para ella no hab&iacute;a duda que era necesario determinar la &iacute;ndole del veneno que la intoxic&oacute;. Un an&aacute;lisis que se hace cient&iacute;ficamente en un laboratorio cl&iacute;nico por una persona entrenada en ciencias biol&oacute;gicas, como sin duda Soledad bien sab&iacute;a. No en vano hab&iacute;a sido una estudiante de bacteriolog&iacute;a. Ante la evidencia de extra&ntilde;as manipulaciones&quot;m&aacute;gicas&quot;, los m&eacute;dicos facultativos no dudaron en autorizar que se hicieran los ex&aacute;menes que Soledad quer&iacute;a.</p>      <p>En un registro paralelo, el psiquiatra busca entender los s&iacute;ntomas que Soledad y Edgardo construyen con el lenguaje de la cultura en los t&eacute;rminos que le provee su lenguaje m&eacute;dico. Paralograrlo debi&oacute; probar m&aacute;s. Considerar, por ejemplo, los antecedentes m&eacute;dicosy psiqui&aacute;tricos de su paciente. Y en el seguimiento de esta tarea de traducci&oacute;ny formulaci&oacute;n tuvo que descodificar esaextra&ntilde;a sintomatolog&iacute;a transmitida en ese repertorio de expresiones, algunas muy poco conmensurables con su propia visi&oacute;n del mundo y su vocabulario cient&iacute;ficos. De esta manera, el m&eacute;dico consign&oacute; en la historia cl&iacute;nica lo siguiente:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Antecedentes psiqui&aacute;tricos:</b></p>      <p>Desde hace 30 a&ntilde;os ha sido necesario el manejo en instituciones psiqui&aacute;tricas, pero no est&aacute;n claros a&uacute;n los motivos. La paciente dice que &laquo;para un descanso&raquo;. Ha tenido tres intentos de suicidio, despu&eacute;s de los cuales ha estado hospitalizada. (...)</p>      <p><b>Antecedentes familiares:</b></p>      <p>Hermano en tratamiento psiqui&aacute;trico; padre con enfermedad mental; abuelo se suicid&oacute;.</p>      <p><b>Historia personal:</b></p>      <p>Datos de embarazo, parto y desarrollo psicomotor desconocidos. Tuvo un buen rendimiento acad&eacute;mico. Ha tenido un pobre contacto con el padre desde su infancia. Desde su ni&ntilde;ez viv&iacute;a en Venezuela. Trat&oacute; de vivir con su padre en &#91;una ciudad europea en donde ahora &eacute;l reside&#93;, pero dur&oacute; poco tiempo. Su vida ha transcurrido en vanos pa&iacute;ses del mundo (...). Se cas&oacute; hace aproximadamente 15 a&ntilde;os, vivi&oacute; durante seis a&ntilde;os con su marido &laquo;al que no quer&iacute;a&raquo;. Se retir&oacute; de sus estudios de bacteriolog&iacute;a en tercer a&ntilde;o (no es claro el porqu&eacute;). Seg&uacute;n dice &#91;Edgardo&#93; &laquo;la familia no quiere saber de ella&raquo;. Dura poco en los trabajos. Se hab&iacute;a desempe&ntilde;ado &uacute;ltimamente como profesora de idiomas, pero hace dos a&ntilde;os que no trabaja. Vive hace dos a&ntilde;os con compa&ntilde;ero, que cree en lo esot&eacute;rico.</p>      <p><b>Personalidad previa:</b></p>      <p>El informante no la conoci&oacute; sin s&iacute;ntomas, pero la describe como &laquo;cari&ntilde;osa, hace manifestaciones y gestos cari&ntilde;osos constantemente, a&uacute;n con gente que no conoce; hace esfuerzos inmensos por no estar sola&raquo;.</p>      <p>Los esfuerzos investigativos del facultativo han aclarado m&aacute;s la historia. Ante todo, que sus trastornos psiqui&aacute;tricos se remetan en realidad a su adolescencia. Pero son sus b&uacute;squedas amorosas incesantes las que se mostraron de manera palmaria. Como que ella no pudo restablecer una relaci&oacute;n filial con su progenitor. Como que en realidad su familia no la quiere. Como que busca con ansia el afecto y la comprensi&oacute;n. En una palabra, el amor. Adem&aacute;s tambi&eacute;n aparece que su compa&ntilde;ero est&aacute; interesado en los temas de lo oculto y la ha aceptado a pesar de sus evidentes alteraciones mentales.</p>      <p>Es necesario avanzar ahora en el registro puramente cl&iacute;nico del caso. El uso de la palabra se convirti&oacute; en una prerrogativa exclusiva del m&eacute;dico. Las voces de Soledad y de Edgardo fueron relegadas a un lugar secundario, del que s&oacute;lo ser&aacute;n rescatadas para chequear la evoluci&oacute;n de los s&iacute;ntomas. Estamos pues en el terreno de la objetividad de los ex&aacute;menes m&eacute;dico y psiqui&aacute;trico. Con relaci&oacute;n al &uacute;ltimo, el psiquiatra consigna:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Examen mental:</p>      <p>Descuido en la presentaci&oacute;n personal, actitud familiar y teatral, alerta, orientada, eupros&eacute;xica, circunstancial, tangencial, con asociaciones laxas, ideas delirantes persecutorias y de influencias, alucinaciones visuales simples, auditivas simples y t&aacute;ctiles pasivas, afecto inapropiado, hipob&uacute;lica, con manierismos, taquil&aacute;lica, con aumento en la intensidad de la voz, hiperm&iacute;mica, memoria conservada, inteligencia impresiona como promedio, sin conciencia de enfermedad, prueba de realidad alterada.</p> </blockquote>      <p>Ya el m&eacute;dico tiene los elementos que necesita para brindar su propio an&aacute;lisis de la historia. Un an&aacute;lisis que por fuerza ha de desembocar en un diagn&oacute;stico lo m&aacute;s preciso posible para poder establecer el curso del tratamiento m&aacute;s apropiado:</p>      <p><b>An&aacute;lisis:</b></p>      <p>Paciente con un cuadro de por lo menos dos a&ntilde;os de evoluci&oacute;n (...), de s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos, con alucinaciones, ideas delirantes persecutorias y de influencia, manierismos y afecto inapropiado. Lo cual hace pensar en una esquizofrenia ind/ferenciada.</p>      <p>Por sus antecedentes de inestabilidad laboral, sus frecuentes viajes, el sentimiento cr&oacute;nico de vac&iacute;o, el cambio de religi&oacute;n, los esfuerzos por no estar sola, los intentos de suicidio, se considera que tiene un trastorno l&iacute;mite de personalidad.</p>      <p><b>Diagn&oacute;stico:</b></p>  <ul>     <li>Eje I:    Esquizofrenia indiferenciada </li>      <li>Eje II: Trastorno de personalidad l&iacute;mite (?)</li>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Eje III: Enfermedad &aacute;cido-p&eacute;ptica(?)</li>      <li>Eje IV: Diferido </li>      <li>Eje V: GAF MU A: 40/100; actual: 35/100.</li>     </ul>      <p>Como se puede apreciar, el diagn&oacute;stico ha variado. Aunque subsisten algunos signos de interrogaci&oacute;n, en la historia cl&iacute;nica la mujer ya aparece diagnosticada como un caso de esquizofrenia. Y el vocabulario en el que la narraci&oacute;n cl&iacute;nica se entrelaza es ya por entero un vocabulario m&eacute;dico. De esta manera, su aflicci&oacute;n ha quedado reducida a lo m&eacute;dico, a la patolog&iacute;a psiqui&aacute;trica donde la universalidad biol&oacute;gica de la enfermedad impera por sobre toda particularidad cultural o idiosincr&aacute;tica.</p>      <blockquote>     <p>Febrero 23 de 1998:</p>      <p>Ese d&iacute;a aparece en la historia una entrada correspondiente a su evoluci&oacute;n que dice:</p>      <p>Subjetivo:</p>      <p>(...) Han disminuido manifestaciones del &laquo;embrujo&raquo; que le hicieron.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El tratamiento est&aacute; dando resultados. Soledad ya no est&aacute; tan embrujad a. Al darle de nuevo la &quot;palabra entrecomillada&quot; a la enferma, su propia expresi&oacute;n del sufrimiento no puede menos que recaer en su t&oacute;pico recurrente que comunica lo nuclear que es la brujer&iacute;a en su condici&oacute;n. No obstante, esta proposici&oacute;n contiene otro &aacute;ngulo. Para Soledad, ei tratamiento psiqui&aacute;trico es parte de la restauraci&oacute;n en su vida de un orden libre de la locura, esto es, del embrujamiento que la afecta.</p>      <p>Febrero 27 de 1998:</p>      <p>Hacia varios d&iacute;as que Soledad intentaba hablar con el antrop&oacute;logo. Alguien le hab&iacute;a dicho que all&iacute; hab&iacute;a un &quot;doctor antrop&oacute;logo&quot;, esto es, un m&eacute;dico que a la vez era un antrop&oacute;logo. A ella ese dato le interes&oacute; mucho. Es que pensaba que un facultativo que tambi&eacute;n fuese antrop&oacute;logo era una persona que la pod&iacute;a ayudar para salir de su problema. Lo que sigue es un recuento de la entrevista que sostuvieron ese d&iacute;a el antrop&oacute;logo y la enferma.</p> </blockquote>      <p>Soledad lleg&oacute; a Colombia procedente de Venezuela en 1992. En ese pa&iacute;s, su medio hermano de 32 a&ntilde;os de edad le hac&iacute;a la vida imposible. &quot;Ten&iacute;a celos de m&iacute;&quot;, fue su explicaci&oacute;n, que recalcaba su omnipresente dilema amoroso. Despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os en nuestro pa&iacute;s, se enamor&oacute; de un colombiano, de Edgardo. Pero Edgardo, a quien ella dice que quiere mucho, result&oacute; que estaba confabulado con una bruja, Morgana (nombre ficticio), quien es una vieja amiga de &eacute;l. Tan cercana era la amistad entre Morgana y Edgardo que &eacute;ste pr&aacute;cticamente no hac&iacute;a nada sin consultarle antes a ella.</p>      <p>Soledad reconoce que sab&iacute;a de esta amistad de su novio, pero a&ntilde;ade que ignoraba las &quot;artes&quot; de las que ella se ocupaba. Esto para Soledad constituye un enga&ntilde;o de su enamorado, puesto que &eacute;l ha debido explicarle la &iacute;ndole exacta de su relaci&oacute;n. Seg&uacute;n Soledad, su novio tiene relaciones con otras mujeres al tiempo que est&aacute; con ella. Pero eso, dice, no le importa, no le preocupa que se acueste con otras, con tal de que sea siempre muy claro con ella y no la enga&ntilde;e. Est&aacute; pues dispuesta a pagar un precio muy alto para conservar su amor.</p>      <p>El hecho es que Soledad piensa que otra mujer que vive en el edificio de Edgardo y con quien &eacute;ste tiene relaciones, Lucrecia (nombre ficticio), participa tambi&eacute;n en la confabulaci&oacute;n contra ella. Se trata en este caso de una doble situaci&oacute;n de tri&aacute;ngulo amoroso, puesto que ella debe encarar de manera</p>      <p>simult&aacute;nea a dos mujeres rivales en el amor. Una situaci&oacute;n que en nuestro medio suele expresarse con los tropos familiares de la brujer&iacute;a. S&oacute;lo que esta instancia es un poco m&aacute;s complicada porque el deseo de Soledad por Edgardo est&aacute; mediado, a la vez, por el deseo que Morgana tiene del mismo hombre y por el deseo que la vecina tambi&eacute;n siente por &eacute;l. O lo que es an&aacute;logo, el deseo de Soledad por Edgardo pasa doblemente por el deseo que expresan por &eacute;l sus rivales. Su amorya no es suamor. Es el delirio del deseo expresado en los celos que siente por sus rivales, sus propios dobles monstruosos, tan monstruosas que las rivales son &quot;brujas&quot;.</p>      <p>Se trata entonces de una doble mediaci&oacute;n en el amor-dolor rom&aacute;ntico. Forma del &quot;amor&quot; que parece ser idealizada en nuestra cultura como la m&aacute;xima expresi&oacute;n de este sentimiento que vincula afectivamente a las personas. Expresi&oacute;n del amor que al final resulta harto patol&oacute;gica para sus protagonistas.</p>      <p>Tal es el desgarramiento y el odio que crea en la vida de estas mujeres la identificaci&oacute;n mutua que produce en ellas el desear el mismo objeto amoroso. Identificaci&oacute;n seguida del antagonismo y la rivalidad, por cuanto cada una de ellas desea al final la posesi&oacute;n absoluta y exclusiva del elusivo amado. El amado, a su turno, siente el innegable poder que le confiere el ser un doble (o triple) objeto del deseo femenino, ese poder narcis&iacute;sta del Don Juan que en &uacute;ltimas s&oacute;lo le deja la tremenda frustraci&oacute;n de no poseer a ninguna, de no poder amar realmente a ninguna.</p>      <p>O a&uacute;n peor, que lo deja en una indefensi&oacute;n impotente que no puede menos que caracterizarse como una &quot;liga&quot;, como dice la expresi&oacute;n, a una mujer que &eacute;l en verdad no ama. &quot;El verdadero Don Juan no es aut&oacute;nomo; es incapaz, por el contrario, de prescindir de los Otros&quot;<sup>(13)</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para entender mejor la encrucijada amorosa de Soledad, avancemos en la consideraci&oacute;n del &quot;tri&aacute;ngulo del deseo&quot; que enfrenta la mujer. Hemos visto como el deseo triangular es esencialmente deseo mim&eacute;tico: se forma &quot;a partir de un deseo modelo; elige el mismo objeto que este modelo&quot;. O lo que es lo mismo, &quot;el sujeto desea el objeto porque el propio rival lo desea&quot;(14).</p>      <p>La principal consecuencia de esta mimesis del deseo es una aparente eliminaci&oacute;n de la diferencia entre el sujeto y su modelo, entre el sujeto y su rival en el deseo por el cual el primero desea el objeto que el segundo desea. Esta eliminaci&oacute;n aparente hace que uno y otro, indefectiblemente se refundan, sean como uno mismo. Sean como dobles de s&iacute; mismos. Ambos, sujeto y rival, son intercambiables: Morgana (Lucrecia) es como un doble de Soledad; Soledad es como un doble de Morgana (Lucrecia).</p>      <p>Esta relaci&oacute;n entre el Yo y su Otro es pues de una reciprocidad inescapable, de un &quot;toma y dame&quot; agon&iacute;stico, alternante, que necesariamente implica la violencia. Cuando no recurre a la violencia f&iacute;sica, adopta una forma de violencia que puede ser m&aacute;s aterradora: la violencia de lo sagrado, la violencia de la brujer&iacute;a.</p>      <p>Esta reciprocidad violenta desemboca, por fin, en el &quot;doble monstruoso&quot;. Es el paroxismo de la crisis. Como el sujeto no puede escapar de la diferencia oscilante que implica que ella es un Yo separado de su Otro, queda atrapado en el delirio, la alucinaci&oacute;n. Hasta el punto de ser incapaz de percibir un &quot;afuera&quot; de s&iacute; mismo y un &quot;dentro&quot; de s&iacute; mismo. Los l&iacute;mites de la subjetividad tienden a borrarse, solamente para reaparecer luego en un v&eacute;rtigo absorbente que nubla toda noci&oacute;n de realidad. El sujeto ha llegado a los terrenos de la &quot;monstruosidad&quot;. Ellaesun monstruo. Su rival, su modelo, es tan monstruosa como ella.</p>      <p>Sin duda, un estado en el que toda reciprocidad es ignorada por la exacerbaci&oacute;n de la crisis. Y con esta exacerbaci&oacute;n llega la &quot;posesi&oacute;n&quot; del sujeto. &quot;El sujeto se siente penetrado e invadido, en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su ser, por una criatura sobrenatural que le asedia igualmente desde afuera&quot; &quot;<sup>14</sup>. La pose&iacute;da termina entonces, como Soledad, siendo como la criatura mal&eacute;fica que ha saltado la barrera de su subjetividad y de su corporeidad, que est&aacute; en ella y la asedia desde afuera de ella. Act&uacute;a como ella. Gesticula como ella. Soledad es, en la perfomance&oacute;e su posesi&oacute;n demon&iacute;aca, como si fuera el mismo Maligno. Y la representaci&oacute;n es tan convincente que termina por aterrar y hasta convencer a quien la observa. Soledad parece estar pose&iacute;da por el demonio.</p>      <p>El escenario est&aacute; &quot;claro&quot; para Soledad: ella no est&aacute; loca. Por el maleficio que le aplic&oacute; Morgana, ella est&aacute; ahora pose&iacute;da por el demonio. Para Soledad, su rival Morgana la desplaz&oacute; de su justo lugar frente al amado. Para alejarla recurri&oacute;, con sus &quot;malas artes&quot;, a que el Maligno, su aliado, fuese ahora el amante de Soledad, en una posesi&oacute;n amorosa de signo negativo que en vez de la dicha produce el infortunio de la locura. Tan s&oacute;lo un buen exorcismo, administrado por alguien capaz de &quot;sacarle este demonio&quot; que se ha apropiado de su ser, le podr&aacute; curar esto que los doctores llaman, de forma incorrecta seg&uacute;n ella, esquizofrenia.</p>      <p>Y es que este demonio que Soledad tiene en su cuerpo, ese que se apodera de ella, habla por su boca de forma extra&ntilde;a y hace gestos raros usando su cuerpo, ha resultado bien dif&iacute;cil de derrotar. Narra entonces parte de lo que ella ha hecho para librarse de este demonio. Por ejemplo, ella fue a donde un sanador de La Ilusi&oacute;n, un pueblo al occidente de Cundinamarca, El&iacute;seo, quien le dio atomaryaj&eacute;, el &quot;bejuco del alma&quot; de los chamanes amaz&oacute;nicos<sup>(15)</sup></p>.      <p>Ese mismo bejuco del alma que en el a&ntilde;o de 1951 fue el objeto de los desvelos de uno de los profetas de la psicodelia norteamericana, el poeta William Borroughs, quien anduvo por el Putumayo en busca de la iluminaci&oacute;n existencial que producen los estados alterados de conciencia inducidos cuando se ingiere en forma de amarga bebida<sup>(16)</sup>. Ese bejuco del alma que para muchos, amerindios y &quot;civilizados&quot;, es la fuente del saber americano, como lo es para el periodista norteamericano afincado en Colombia Jimmy Weiskopf y para los antrop&oacute;logos colombianos Blanca de Corredor y William Torres<sup>(17)</sup>.</p>      <p>Empero, las consecuencias del yaj&eacute; en Soledad fueron desastrosas. Para ella no hubo mucha iluminaci&oacute;n. Se puso mucho peor. El sanador, antes que transliterar el relato de su paciente para producir una reinterpretaci&oacute;n de su narrativa y su condici&oacute;n de malestar mediante la producci&oacute;n de una &quot;disonancia cognoscitiva&quot;, seg&uacute;n los procedimientos chaman&iacute;sticos usuales, s&oacute;lo logr&oacute; aumentar su delirio <sup>(5)</sup>.</p>      <p>De contera, y para reforzar el dramatismo de su caso, Soledad explic&oacute; c&oacute;mo ella ha recurrido a sacerdotes cat&oacute;licos con el fin de que la exorcicen seg&uacute;n el ritual romano. Ella, subray&oacute;, que ya no es cat&oacute;lica desde 1987. Seg&uacute;n ella, su variedad de budismo no es la m&aacute;s representativa puesto que se trata de un culto japon&eacute;s de esa religi&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La explicaci&oacute;n es simpe: &quot;quer&iacute;a conseguir paz&quot; y pensaba que el budismo era el mejor camino. No obstante su regreso parcial al Catolicismo en busca de un ritual de curaci&oacute;n, los sacerdotes que ha consultado tampoco han podido sacar de su cuerpo ese demonio que la atormenta. Se declara as&iacute; sorprendida por la fortaleza de este diablo que se la ha apropiado, as&iacute; como del fracaso de quienes han tratado de curarla.</p>      <p>La sorpresa de Soledad va m&aacute;s all&aacute;. Es que no se explica c&oacute;mo a ella que no cree en Dios, que ni siquiera es cristiana, que es budista, se le haya metido este demonio tan judeocristiano. M&aacute;s a&uacute;n, y en esto hizo hincapi&eacute;, que &uacute;nicamente en Colombia haya ella tenido que enfrentar esto de la brujer&iacute;a. Persecuci&oacute;n brujesca que dividi&oacute; en dos n&iacute;tidos cap&iacute;tulos la historia de su vida.</p>      <p>Porque es que s&oacute;lo fue cuando ella lleg&oacute; a este pa&iacute;s que esto le ocurri&oacute;. Un pa&iacute;s entrecruzado por una red de &quot;poder m&aacute;gico&quot; que conforma un circuito de brujer&iacute;a, cuyos brazos se extienden allende las fronteras andinas y las selvas y los llanos que circundan sus abigarradas monta&ntilde;as <sup>(19,20)</sup>.</p>      <p>Ahora quer&iacute;a ayuda del antrop&oacute;logo. &quot;&iquest;No son los antrop&oacute;logos quienes saben de curanderos, de rituales, de esas cosas misteriosas?&quot;, se pregunt&oacute;. Resulta que ha o&iacute;do de un curandero que vive en el barrio La Castellana de Bogot&aacute;, que es muy bueno, el mejor, en esto de sacar maleficios. Pero no tiene dinero para pagarle. Es que estaba pendiente de posesionarse como profesora de ingl&eacute;s antes de que la trajeran para la Unidad de Salud Mental (USM). Tampoco lo conoce personalmente. &iquest;No pudiera el antrop&oacute;logo contactarle. No ser&iacute;a que de pronto el antrop&oacute;logo le conociese? Es que, opin&oacute;, definitivamente su curaci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de esas horribles pastillas que aqu&iacute; le hacen tomar.</p>      <p>El antrop&oacute;logo respondi&oacute; que en realidad &eacute;l no conoce al curandero de La Castellana. Pero que con mucho gusto estaba dispuesto a seguir hablando con ella de posesiones demon&iacute;acas y de chamanes. Soledad sali&oacute; abruptamente del recinto. Fin de la entrevista.</p>      <blockquote>     <p>Marzo 3 de 1998:</p>      <p>Ese d&iacute;a en la historia cl&iacute;nica de Soledad aparecen consignados los datos que los m&eacute;dicos tratantes consideran pertinentes sobre la evoluci&oacute;n de su enfermedad.</p> </blockquote>      <p>Seg&uacute;n la usanza cl&iacute;nica, &quot;evolucionar&quot; significa necesariamente evocar toda la trayectoria del caso en cuesti&oacute;n. Desde sus mismos comienzos. Esto implica introducir redundancias en el sistema de comunicaci&oacute;n que es toda historia cl&iacute;nica. Es como si cada m&eacute;dico que interviene en el tratamiento, y por ello deja consignadas en la historia cl&iacute;nica sus observaciones y procedimientos, necesitara repetir el mismo mensaje que recibi&oacute;, para que a su turno el siguiente m&eacute;dico, o cualquier otro profesional de la salud, lo transmita a un tercero con las modificaciones grandes o peque&ntilde;as que surjan en el &Iacute;nterin. Y as&iacute; hasta el final del caso. Se trata de un sistema de comunicaci&oacute;n que acepta y fomenta la redundancia, con el fin de asegurar que cada mensaje que circula por la red supere el &quot;ruido&quot; que pueda existir entre quien lo emite y quien lo recibe: &quot;la redundancia aumenta la informaci&oacute;n -esto es la incertidumbre de las formas posibles de descodificar el mensaje&quot;<sup>(21)</sup>.</p>      <p>Oigamos pues de nuevo la voz cl&iacute;nica sobre la condici&oacute;n de Soledad, una voz que se apuntala en la propia voz de la enferma:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Paciente con cuadro de seis a&ntilde;os de evoluci&oacute;n, seg&uacute;n ella misma de inter&eacute;s en temas esot&eacute;ricos. Desde hace dos a&ntilde;os tiene ideas delirantes de influencia, &laquo;est&aacute; pose&iacute;da por el demonio que hace que tenga conductas raras&raquo;, y persecutorias; alucinaciones anest&eacute;sicas y alucinaciones visuales y auditivas simples, insomnio global y manierismos (torc&iacute;a el cuello, hacia voz ronca, escup&iacute;a permanentemente). Ella misma vino a consultar porque &laquo;pensaba que estaba siendo intoxicada&raquo;. Se hizo diagn&oacute;stico de esquizofrenia indiferenciada y se inici&oacute; tratamiento con haloperidol 10 mg./d&iacute;a. La paciente ha estado mejorando.</p>      <p>Marzo 8 de 1998:</p>      <p>Ese d&iacute;a Edgardo visit&oacute; de nuevo en la USM a su novia Soledad. La m&eacute;dica tratante aprovech&oacute; para realizarle un nuevo interrogatorio sobre la historia de la enfermedad actual de su paciente. La cronolog&iacute;a de las peri&oacute;dicas crisis psiqui&aacute;tricas que ha sufrido esta mujer no era clara, a estas alturas de su internamiento psiqui&aacute;trico. Su pasado, su historia de vida, estaba todav&iacute;a muy envuelta en las brumas de su desmemoria, y hay pocos que la conozcan para preguntar estos detalles sobre el tiempo vivido, ocultado y s&oacute;lo parcialmente revelado, por la enferma. En consecuencia, no qued&oacute; m&aacute;s remedio que apelar a la voz de Edgardo, intercalada por las intervenciones de la propia Soledad:</p>      <p>&#91;Edgardo&#93; la conoce desde hace m&aacute;s o menos dos a&ntilde;os y desde ese momento le nota conductas desorganizadas: &laquo;escupe en la alfombra por toda la casa, bota las colillas en todas partes&raquo;; refer&iacute;a alucinaciones t&aacute;ctiles, &laquo;por la noche le jalaban los brazos y las piernas&raquo;. La envi&oacute; a Espa&ntilde;a en donde vivi&oacute; tres meses en un hogar de paso y no quiso ver a su padre en (...) por temor al rechazo.</p> </blockquote>      <p>Desde dos meses antes de la consulta la paciente presentaba ideas delirantes de tipo persecutorio por lo cual acudi&oacute; a donde una &laquo;bruja&raquo; quien le dio tratamiento para el maleficio, pero no funcion&oacute; porque ella &laquo;estaba enamorada de su compa&ntilde;ero y por eso la hab&iacute;a envenenado&raquo;. Entonces present&oacute; ideas delirantes extra&ntilde;as, &laquo;ten&iacute;a gas en todo el cuerpo y la boca le sab&iacute;a a metal&raquo; y por eso se sent&iacute;a muy &laquo;nerviosa&raquo; por lo cual acudi&oacute; a m&eacute;dico psiquiatra quien orden&oacute; toma de muestras para metales pesados que llev&oacute; a Hospital de (...), de donde la remitieron.</p>      <p>Un poco m&aacute;s adelante, la m&eacute;dica tratante volvi&oacute; a consignar los antecedentes psiqui&aacute;tricos de Soledad. La informaci&oacute;n aunque similar en muchos aspectos, tiene algunos matices interesantes:</p>      <blockquote>     <p>Desde los 16 a&ntilde;os m&uacute;ltiples hospitalizaciones en cl&iacute;nicas psiqui&aacute;tricas de Venezuela para descansar. El compa&ntilde;ero refiere que por celos de Soledad con el esposo &#91;de la madre&#93;, a los 20 a&ntilde;os intento de suicidio, por lo cual la madre la env&iacute;a a Colombia a la Cl&iacute;nica (...) donde permaneci&oacute; varios meses hospitalizada.</p>      <p>Posteriormente regresa a Venezuela donde presenta celos con el hermano y dos nuevos intentos de suicidio por lo cual es enviada a la Cl&iacute;nica (...) en 1992 donde permaneci&oacute; tres meses y por motivos econ&oacute;micos fue trasladada a la Cl&iacute;nica (...). De ah&iacute; los familiares la enviaron a &#91;Europa&#93;, pero la paciente regres&oacute; porque no pudo ver a su padre y fue hospitalizada en esa instituci&oacute;n nuevamente.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>(...) El compa&ntilde;ero refiere que la paciente ha sido violada en tres oportunidades, la &uacute;ltima hace m&aacute;s o menos dos a&ntilde;os. Conducta heterosexual.</p> </blockquote>      <p>Con estos reportes, todo el drama de la enfermedad mental cr&oacute;nica acaba por desplegarse. Como que desde los 1 6 a&ntilde;os de edad es una enferma psiqui&aacute;trica. No obstante, sus numerosos internamientos hospitalarios son representados por la paciente como &quot;per&iacute;odos de descanso&quot;. Esto sugiere que su propia visi&oacute;n de enfermedad se resiste a aceptar en su verdadera dimensi&oacute;n su condici&oacute;n esquizofr&eacute;nica.</p>      <p>En cambio da a entender que su organismo, especialmente su sistema nervioso, es muy sensible al estr&eacute;s, y que una sobrecarga en los est&iacute;mulos exteriores hace que el nivel de energ&iacute;a en circulaci&oacute;n que puede tolerar tenga unos l&iacute;mites. Alcanzados esos l&iacute;mites, hay que descansar. Se trata de un noci&oacute;n de malestar que acerca a Soledad al viejo concepto de &quot;neurastenia&quot;, eliminado de la nosolog&iacute;a oficial psiqui&aacute;trica de la APA desde 1980 con el DSM-III<sup>(22)</sup>. Como una alternativa cercana, esta necesidad de descanso puede ser conceptualizada como que ella sufre de &quot;cansancio&quot; mental, quiz&aacute; cercano al concepto franc&eacute;s de surmenage, o &quot;agotamiento&quot;.</p>      <p>En todo caso, sea neurastenia, surmenaje, o cansancio mental, la noci&oacute;n subyacente es que para la paciente hay una oferta de energ&iacute;a ps&iacute;quica limitada, que su sistema puede procesar so pena de perder una especie de equilibrio homeost&aacute;tico. Sea de ello lo que fuere, esto es lo m&aacute;s cerca que Soledad llega en el reconocimiento de que su psiquismo est&aacute; afectado por una patolog&iacute;a.</p>      <p>Es incuestionable que el tropo preferido por ella para referirse a su experiencia de consciencia de disfuncionalldad en su comportamiento es el de la agresi&oacute;n brujesca. Nunca antes hab&iacute;a sido embrujada, aunque desde mucho antes hab&iacute;a tenido serios asaltos de enfermedad mental que se empe&ntilde;aba en soslayar o en negar.</p>      <p>Por otro lado, la relaci&oacute;n de Soledad y su madre es ya clara. Esta &uacute;ltima rechaza la enfermedad de su hija, quiere evitarla por razones que tienen que ver con su nueva familia. Por ello es que la madre &quot;exporta&quot; siempre a la hija a Colombia cuando viene la crisis. En contraste, la relaci&oacute;n con su padre nunca aparece n&iacute;tida. Tal ambig&uuml;edad se puede expresar con la pregunta de si la mujer quiere en verdad el reencuentro con su figura paterna, o si por el contrario la evita.</p>      <p>Para rematar, el cuadro de desventura y de dolor se completa con la agresi&oacute;n sexual. Su incesante e inflexible b&uacute;squeda del amor ha debido enfrentar en vanas ocasiones la afrenta.</p>      <blockquote>     <p>Marzo 14 de 1998:</p>      <p>Soledad, paciente que fue de la Unidad de Salud Mental del Hospital San Juan de Dios, es dada de alta.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Marzo 17 de 1998:</p>      <p>Soledad se present&oacute; en este d&iacute;a a su primera cita de control por consulta externa. El psiquiatra que la atendi&oacute; consign&oacute; en su historia que la paciente presentaba s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos. Adem&aacute;s, que estaba muy ansiosa por su posible separaci&oacute;n de Edgardo. Tampoco ten&iacute;a mucha conciencia de enfermedad, aunque se mostraba dispuesta a aceptar el tratamiento. Desde ese d&iacute;a no volvi&oacute; a la Unidad.</p> </blockquote>      <p>Uno de los aspectos del mito que siempre ha complicado la vida de aquellos que lo estudian es el de sus inconsistencias. Tan inconsistentes pueden ser los mitos que en general conviven en ellos enunciados contradictorios de la forma &quot;p y ~p&quot;, enunciados que no parecen producir ning&uacute;n dilema conceptual entre quienes son depositarios de estas narraciones.</p>      <p>Enfrente este problema, algunos estudiosos deciden eliminar todas aquellas contradicciones, en una apuesta a favor de una coherencia interna m&aacute;s profunda en el sistema m&iacute;tico. Otros se rinden ante ellas, para proclamar que el pensamiento m&iacute;tico es &quot;prel&oacute;gico&quot;, y que en &eacute;l cualquier cosa es posible puesto que la expresividad emocional es su m&aacute;s alto valor. Para otros, finalmente, preservar las paradojas y las inconsistencias m&iacute;ticas es lo fundamental: en ellas encontramos la clave para entender la sacralidad, la sobre-naturalidad de lo mito-l&oacute;gico, una especie de pseudo-l&oacute;gica.</p>      <p>No obstante sus diferencias, estas tres posiciones ante el mito tienen una base en com&uacute;n. Todas ellas lo quieren entender con los c&aacute;nones de la l&oacute;gica cl&aacute;sica. En ese terreno, a las mitolog&iacute;as no les va muy bien. &quot;Mito y l&oacute;gica -escribe Guillermo P&aacute;ramo- siguen apareciendo como ant&oacute;nimos&quot;. Mientras un discurso, cualquier discurso, sea &quot;l&oacute;gico&quot;, est&aacute; bien, hay que ponerle atenci&oacute;n. De &eacute;l puede manar una fuente de conocimientos sobre el mundo y los seres humanos. Si es &quot;il&oacute;gico&quot;, el asunto es a otro precio.</p>      <p>Enseguida nos ponemos en guardia porque el t&eacute;rmino es de alguna forma peyorativo. Este otro discurso puede ser ficci&oacute;n, puede ser m&iacute;tico, y por tanto debemos estar preparados para enfrentar en &eacute;l lo inesperado, el absurdo y lo irracional. Como concluye P&aacute;ramo, este es &quot;el resultado de una larga historia que transform&oacute; el contenido original de lo que los griegos significaban con logos y con muthos, y que ha producido desde ese lejano pasado efectos notorios en las actitudes intelectuales de los m&aacute;s competentes especialistas&quot;.</p>      <p>Mientrasque lo familiar, lo propio, siempre ha tendido a ser pensado desde el logos, aquello que nos resulta extra&ntilde;o, ex&oacute;tico, irracional, lo asimilamos al mito<sup>(23)</sup>. Como nos pasa cuando o&iacute;mos ciertas narrativas de enfermedad mental, como &eacute;sta de Soledad. Por algo ser&aacute;, pensamos, que la &quot;locura&quot; es lo m&aacute;s opuesto a la raz&oacute;n.</p>      <p>Pero volvamos al estudio del mito. Aunado al problema de su car&aacute;cter l&oacute;gico, mucho se debate si podemos confiar en lo que el mito nos dice acerca de la realidad y el accionar humano. De esta forma, preclaros antrop&oacute;logos del presente siglo han examinado si existe o no una relaci&oacute;n directa entre el mito y la pr&aacute;ctica. Por ejemplo, Malinowski acu&ntilde;&oacute; la famosa consigna que afirma que los mitos proveen a los seres humanos con un &quot;t&iacute;tulo&quot; o &quot;contrato&quot; (charter, en ingl&eacute;s), para desenvolver las instituciones sociales. En ese sentido, una interpretaci&oacute;n del mito nos dar&iacute;a las claves para entender porqu&eacute; viven los seres humanos como viven. M&aacute;s importante, porqu&eacute; hacen lo que hacen. El mito es pues una &quot;gu&iacute;a de la conducta humana y un justificador de la costumbre&quot;<sup>(23)</sup>.</p>      <p>Por su parte, L&eacute;vi-Strauss mantiene que ese es un enfoque errado. Para este autor, el mito, antes que ser un programa para la acci&oacute;n constituye una especulaci&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica, y funciona de manera an&aacute;loga a como opera el pensamiento positivo. &quot;Tal vez un d&iacute;a descubramos -argumenta L&eacute;vi Strauss- que en el pensamiento m&iacute;tico y en el pensamiento cient&iacute;fico opera la misma l&oacute;gica, y que el hombre ha pensado siempre igualmente bien&quot;. Para &eacute;l, la diferencia entre mito y ciencia, &quot;no consiste tanto en la cualidad de las operaciones intelectuales, cuanto en la naturaleza de las cosas sobre las que dichas operaciones recaen&quot; <sup>(24)</sup>.</p>      <p>Su posici&oacute;n es intrigante. &iquest;Mito y logos no est&aacute;n tan separados, despu&eacute;s de todo? En qu&eacute; sentido podemos anunciar tan provocador reencuentro. Un seguidor de L&eacute;vi-Strauss, Roland Bar-thes nos ayuda en esta empresa. El mito es un habla, es un sistema de comunicaci&oacute;n, un mensaje y por lo tanto, un modo de significaci&oacute;n, una forma. Aunque todo objeto puede ser materia del mito, no todo objeto termina siendo un mito: &quot;la palabra m&iacute;tica est&aacute; constituida por una materia ya trabajada pensando en una comunicaci&oacute;n apropiada&quot;. Por ello, el mito es un metalenguaje que se vale de la lengua, de un sistema ling&uuml;&iacute;stico previo, para construir su propio sistema.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto es, &quot;es una segunda lengua en la cual se habla de la primera&quot;; su funci&oacute;n es la de deformarla antes que la de ocultarla. De esta manera, &quot;el mito es un valor, su sanci&oacute;n no consiste en ser verdadero: nada le impide ser una coartada perpetua; le basta que su significado tenga dos caras para disponer siempre de un m&aacute;s all&aacute;: el sentido siempre se encuentra en su lugar para presentar&eacute; forma; la forma est&aacute; siempre all&iacute; para distandar el sentido. Y jam&aacute;s existe contradicci&oacute;n, conflicto, estallido entre el sentido y la forma: jam&aacute;s se encuentran en un mismo punto&quot; <sup>(25)</sup>, (cursiva en el original). El habla m&iacute;tica siempre es ambigua, aunque no por ello deje de interpelar.</p>      <p>Pero hay una caracter&iacute;stica crucial del habla m&iacute;tica. Es la de negar la historia. Anular el tiempo cronol&oacute;gico, irrepetible. O por lo menos soslayarlo, para hacer aparecer como eternidad lo que es contingencia. Con esto el mito logra fundamentar como naturaleza lo que es historia, una verdadera prestidigitaci&oacute;n, como la denomina Barthes, que confiere a las cosas &quot;una claridad que no es la de la explicaci&oacute;n, sino de la comprobaci&oacute;n&quot;.</p>      <p>Y es precisamente una prestidigltaci&oacute;n con el tiempo, con su propia temporalidad, el fundamento de la historia del malestar-enfermedad de Soledad. Porque pareciera que en sus cerca de treinta a&ntilde;os de grave enfermedad mental, el tema que aparece m&aacute;s relevante es el &quot;embrujamiento&quot; de que fue v&iacute;ctima en los &uacute;ltimos dos o tres a&ntilde;os de su vida. Toda la vida anterior se minimiza, se niega, se vela. Ella no estaba enferma. Ten&iacute;a cansancio mental. Debilidad. Neurastenia. Por este velamiento de su historia, la historia de su vida y de su enfermedad, result&oacute; tan complicado para los facultativos llegar a los detalles, a las peculiaridades del caso que ten&iacute;an enfrente.</p>      <p>En la parla de la cl&iacute;nica, esta distorsi&oacute;n del tiempo de su vida hizo que los antecedentes de la enfermedad actual fueran objeto de pesquisa m&eacute;dica hasta el fin del internamiento psiqui&aacute;trico.</p>      <p>El aserto anterior contiene una dificultad. &iquest;Acaso todos los seres humanos no distorsionamos de m&uacute;ltiples maneras la historia de nuestras vidas? &iquest;No es por ventura m&aacute;s caracter&iacute;stico de la memoria humana desfigurar el pasado que ser fiel a la &quot;verdad hist&oacute;rica&quot; del mismo? La respuesta a estos interrogantes es afirmativa. Al enfrentar nuestra experiencia vital todos, pacientes y no pacientes, apelamos a la construcci&oacute;n de una habla m&iacute;tica personal. En ese sentido, todos somos prestidigitadores con nuestra temporalidad, con nuestra experiencia personal del tiempo, de nuestra historia. Porque es que en cada trecho de nuestras vidas cada uno de nosotros nos acercamos a lo antes vivido para reformularlo, reconstruirlo, mediante una peculiar &quot;lectura interesada&quot; siempre realizada desde las necesidades y circunstancias que creemos informan nuestro presente. En otras palabras, los seres humanos podemos recurrir al mito, a un cierto mito personal para velarnues-tra propia historia de vida. Y en ese discurso m&iacute;tico hacemos confluir los materiales previos que nos aporta nuestra cultura, con las explicaciones que damos sobre nuestra experiencia vital.</p>      <p>Soledad, por supuesto, no es en este particular una excepci&oacute;n. La diferencia que la marca es que ella ha apelado para hablarnos de su condici&oacute;n psiqui&aacute;trica al mito previo de la posesi&oacute;n demon&iacute;aca por medio de las artes brujescas de una mujer rival en el afecto amoroso. Huelga a&ntilde;adir que esta habla m&iacute;tica tiene una venerable tradici&oacute;n en nuestra cultura h&iacute;brida.</p>      <p>Como lo expuso Barthes, se trata de una palabra m&iacute;tica constituida por una materia ya trabajada pensando en una comunicaci&oacute;n apropiada: la comunicaci&oacute;n de su sufrimiento. Que esta comunicaci&oacute;n nos deje a todos sus oyentes satisfechos intelectualmente, es materia de otra discusi&oacute;n distinta.</p>      <p>Desde el punto de vista de Soledad, su objetivo en &uacute;ltimas no es otro que &quot;domesticar&quot; conceptualmente su esquizofrenia para hacerla parecer como un fen&oacute;meno &quot;natural&quot;. Al fin de cuentas, solitaria como es su vida, ella es la que tiene que convivir con su enfermedad. No importa, si se quiere, que se trate en su caso de una naturaleza de un orden distinto a la naturaleza en la que la psiquiatr&iacute;a ha domesticado la esquizofrenia de Soledad.</p>      <p>No sobra a&ntilde;adir que esta &uacute;ltima domesticaci&oacute;n es el objetivo fundamental de la construcci&oacute;n de la historia cl&iacute;nica de Soledad como una paciente psiqui&aacute;trica. Domesticaci&oacute;n psiqui&aacute;trica, en fin, en la que no caben cuentos de brujer&iacute;as y maleficios &quot;supersticiosos&quot;.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Hahn R, Kleinman A, &quot;Biomedical Practice and Anthropological Theory Frameworks and Directions&quot;. Annual Review of Anthropology 1983; 12:305-333.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0034-7450199900030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Taussig M. Un gigante en convulsiones. El mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente, Barcelona: Gedisa, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0034-7450199900030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">3. Goffman E. Asylums. Essays on the Social Situation of Mental Patients and Other Inmates. Nueva York: Anchor Books, 1961.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0034-7450199900030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Kleinman A. The Illness Narratives. Suffering &amp; the Human Condition. Basic Books, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0034-7450199900030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Cabrera F. &quot;Salud, enfermedad y narrativas de curaci&oacute;n&quot;. Bolet&iacute;n de la Asociaci&oacute;n de Exalumnos de la Facultad de Medicina de la U.N. de Colombia 1998; 8(2):1-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0034-7450199900030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Kleinman A, Kleinman J. &quot;Suffering and its Professional Transformation  Toward an Ethnography of Interpersonal Experience&quot;. Culture, Medicine and Psychiatry 1991: 15:275-301.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0034-7450199900030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Kleinman A. Writing atthe Margm. Discourse between Anthropology and Medicine. Berkeley: University of California press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0034-7450199900030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Bruner J. Actual Minds, Possible Worlds. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0034-7450199900030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Good BJ. Medicine, Rationality, and Experience An Anthropological Perspective. Cambridge: Cambridge University Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0034-7450199900030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Arist&oacute;teles. Po&eacute;tica. Edici&oacute;n triling&uuml;e por Valent&iacute;n Garc&iacute;a Yebra para la Biblioteca Rom&aacute;nica Hisp&aacute;nica. Madrid: Gredos, 1974.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0034-7450199900030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Leach E, Rethinking Anthropology. Londres: The Athlone Press. 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0034-7450199900030000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Rodr&iacute;guez Gama A. El idioma m&eacute;dico. Bogot&aacute;: Castillo Editorial Ltda, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0034-7450199900030000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Girard R. Mentira rom&aacute;ntica y verdad novelesca. Barcelona: Editorial Anagrama, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0034-7450199900030000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Girard R. La violencia y lo sagrado. Barcelona: Editorial Anagrama, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0034-7450199900030000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Shultes RE, Raffauf, R. El bejuco del alma. Los m&eacute;dicos tradicionales de la Amazonia colombiana, sus plantas y sus rituales. Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica, Ediciones Uniandes y Editorial de la Universidad de Antioquia, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0034-7450199900030000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Burroughs W, Ginsberg A. The Yage Letters, San Francisco: City Lights Books, 1975. 17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0034-7450199900030000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Weiskopf J. Yag&eacute;. El poder que viene de la selva&quot;. N&uacute;mero 1995; 6:20-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0034-7450199900030000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Corredor B, Torres W. Chamanismo: un arte de saber. Bogot&aacute;: Ananconda Editores, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0034-7450199900030000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Langdon EJ. &quot;El papel de la narrativa en el sistema cham&aacute;nico siona&quot;. En: Pinz&oacute;n, CE, Su&aacute;rez, R, Garay G, (eds.). Cultura y salud en la construcci&oacute;n de las Am&eacute;ricas. Reflexiones sobre el sujeto social. Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a y Comitato Internazionale per lo Svilupp del Popel&iacute;, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0034-7450199900030000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Chaumeil JP. Del proyectil al virus. El complejo de dardos m&aacute;gicos en el chamanismo del oeste amaz&oacute;nico. En: Pinz&oacute;n, CE., Su&aacute;rez, R., Garay, G, (eds.). Cultura y salud en la construcci&oacute;n de las Am&eacute;ricas. Reflexiones sobre el sujeto social. Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a y Comitato Internazionale per lo Sviluppo del Popoli, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0034-7450199900030000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Leach E. &quot;G&eacute;nesis as Myth&quot;. En: Middleton, J. (ed.). Myth and Cosmos. Nueva York: Natural History Press, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0034-7450199900030000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Kleinman A. Rethinking Psychiatry. From Cultural category to Personal Experience. Nueva York: The Free Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0034-7450199900030000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. P&aacute;ramo G. L&oacute;gica de los mitos: l&oacute;gica paraconsistente. Una alternativa en la discusi&oacute;n sobre la l&oacute;gica del mito. Ideas y valores 1989; 79:27-67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0034-7450199900030000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. L&eacute;vi-Strauss C. Antropolog&iacute;a estructural I. Buenos Aires: Eudeba, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0034-7450199900030000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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