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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SOBRE LA NATURALEZA HUMANA: EXPLICACIÓN Y COMPRENSIÓN DE LA CONCIENCIA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ON HUMAN NATURE EXPLAN ATION: AND UNDERSTANDING OF CONSCIENCE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Most of us have experienced what is like to be conscious, but rarely one can give an exact definition of this concept. From the origins of humankind, men have been searching for the secret of its human nature. Consciousness is not only to be aware of something, but to realize that we are aware of something. In this paper I describe some ideas regarding human consciousness and more specifically about conscious experience, its phenomenal room and limits.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font face="Verdana"size="2">     <p align="right"><b>ARTICULO DE REVISION</b></p>     <p align="center"><font size="4"><b>   SOBRE LA NATURALEZA HUMANA</b>    <br> <b>  EXPLICACI&Oacute;N Y COMPRENSI&Oacute;N DE LA CONCIENCIA</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>ON HUMAN NATURE EXPLAN ATION</b>    <br> <b> AND UNDERSTANDING OF CONSCIENCE</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p><b> LUIS FELIPI OROZCO CABAI. *</b></p>     <p>* M&eacute;dico. Miembro fundador y Coordinador del Cap&iacute;tulo Acad&eacute;mico    en Neurotaiolog&iacute;a de la Conciencia (NEUROCON), miembro Adherente de la    Sociedad Colombiana de Psiquiatr&iacute;a, miembro de la Cognitive Science Society    y de la Association for the Scientific Study of Conciousness. Comentarios y    Correspondencia: NEUROCON, Cap&iacute;tulo Acad&eacute;mico en Neurobiolog&iacute;a    de la Conciencia, Transversal 20 No. 121-11 Apto.201 Santa Fe de Bogot&aacute;,    Colombia. Correo Electr&oacute;nico: <a href="mailto:neuro6@Yahoo.com">neuro6@Yahoo.com</a></p> <hr size="1">  Todos nosotros hemos experimentado ser conscientes. Sin embargo, rara vez podemos dar una definici&oacute;n exacta de este concepto. Desde sus or&iacute;genes el g&eacute;nero humano ha buscado incesantemente el secreto de su naturaleza. Ser consciente no s&oacute;lo es darse cuenta de algo, sino darse cuenta de que uno se da cuenta de algo. En este art&iacute;culo se exponen algunas reflexiones en torno al fen&oacute;meno de la conciencia y, de manera particular, se hace referencia a su espacio y a sus l&iacute;mites.     <p>   <b>Palabras Clave: </b>Conciencia;</p> <hr size="1">  Most of us have experienced what is like to be conscious, but rarely one can give an exact definition of this concept. From the origins of humankind, men have been searching for the secret of its human nature. Consciousness is not only to be aware of something, but to realize that we are aware of something. In this paper I describe some ideas regarding human consciousness and more specifically about conscious experience, its phenomenal room and limits.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Key Words:</b> Consciousness;</p> <hr size="1">     <p><em> &quot;Sean optimistas frente a los   prospectos para una teor&iacute;a sobre   la conciencia, no porque los   prospectos para tal teor&iacute;a sean   muy certeros, sino porque el s&oacute;lo   optimismo har&aacute; de la b&uacute;squeda   de la soluci&oacute;n a este dif&iacute;cil problema,   una tarea v&aacute;lida&quot;   O. Flanag&aacute;n (1997)</em></p>     <p><b>   INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>   Ning&uacute;n problema ha preocupado   tanto a la especie humana como la   comprensi&oacute;n de s&iacute; misma. Ahora   bien, esta comprensi&oacute;n pasa no solamente   por la explicaci&oacute;n de la   conciencia humana, con la ayuda   de las ciencias, sino por su comprensi&oacute;n   en totalidad con el apoyo   de las disciplinas hermen&eacute;uticas.   En este texto podr&aacute; apreciarse el   an&aacute;lisis de la conciencia desde la   perspectiva de las ciencias y, m&aacute;s   all&aacute; de &eacute;stas, con el concurso de la   filosof&iacute;a. Esta propuesta otorga al   lector la posibilidad de una visi&oacute;n   no reduccionista del fen&oacute;meno de   la conciencia pues la analiza como   un fen&oacute;meno humano.</p>     <p><b>   EL CONCEPTO</b></p>     <p>   No existe otro fen&oacute;meno en la naturaleza   humana que experimentemos   n&iacute;as y que sepamos definir   menos(1). Es probable que muchos de   nosotros respondamos a la pregunta   sobre qu&eacute; es la conciencia humana,   como San Agust&iacute;n cuando le   preguntaron acerca del tiempo:   &quot;&iquest;Qu&eacute; es, pues, el tiempo? S&eacute;   bien lo que es, si no se me pregunta.   Pero cuando quiero explic&aacute;rselo al   que me lo pregunta, no lo s&eacute;. Pero   me atrevo a decir que s&eacute; con   certeza que si nada pasara no habr&iacute;a   tiempo pasado. Y si nada existiera,   no habr&iacute;a tiempo presente&quot;   (Confesiones, XI, 14).</p>     <p>   En la filosof&iacute;a y dem&aacute;s &quot;ciencias del   esp&iacute;ritu&quot;, y &uacute;ltimamente en las   ciencias exactas, se han hecho tantas   definiciones de conciencia, como   autores. En la tradici&oacute;n filos&oacute;fica la   heterogeneidad acerca del concepto   de la conciencia no s&oacute;lo refleja la   intensa b&uacute;squeda por una definici&oacute;n   que satisfaga la inmensidad de su   experiencia; sino tambi&eacute;n, el   desconocimiento que persiste   acerca de ella. Aqu&iacute;, continuando   la tradici&oacute;n hist&oacute;rica, se busca   una definici&oacute;n que no s&oacute;lo permita   saber a qu&eacute; se hace referencia,   sino que adem&aacute;s permita distinguir   entre el concepto de conciencia   humana verdadera y otra serie de   conceptos que, con frecuencia, son   utilizados como sin&oacute;nimos de ella.   Tal tarea no tiene como objeto   confundir al lector, ni representa un   ansia de cientificidad; tan s&oacute;lo   invitar a la reflexi&oacute;n y al an&aacute;lisis.</p>     <p>   No es posible dar una definici&oacute;n   exacta de la conciencia. Por lo menos   en los t&eacute;rminos aristot&eacute;licos de   g&eacute;nero y diferenciaci&oacute;n, o en los   t&eacute;rminos cartesianos de lo claro y   lo distinto. Sin embargo, intentar   definirla es el punto de partida   obligatorio para desarrollar un an&aacute;lisis   sobre el terna. Tal necesidad   obedece no s&oacute;lo al valor pr&aacute;ctico y   metodol&oacute;gico, sino a que permite   distinguirla de otros t&eacute;rminos que   son utilizados como sin&oacute;nimos o de   otros con los que suele confundirse(2).</p>     <p>   La conciencia, en t&eacute;rminos generales,   puede definirse como esa capacidad   que tiene el ser humano de &quot;darse   cuenta de ... algo&quot;. Aquello de lo   que un ser humano puede darse   cuenta, constituye el contenido de   su conciencia o de sus estados   conscientes. Tal capacidad no es   un&iacute;voca sino an&aacute;loga. Es decir,   consta de diferentes niveles, seg&uacute;n   su contenido. As&iacute;, darse cuenta de   dimensiones como el tiempo y el   espacio es cualitativamente diferente   al hecho de darse cuenta de   uno mismo (autoconciencia) o a   darse cuenta que uno se da cuenta   de algo (autoreflexi&oacute;n o experiencia   consciente). Posiblemente los dos   primeros niveles no son exclusivos   del g&eacute;nero humano y permiten a   todo ser viviente estar ubicado en el   espacio y en el tiempo e   identificarse como individuo frente   a otros de su especie o de especies   diferentes. Estos constituyen la base   de la experiencia sensible.</p>     <p>   &quot;No se puede dudar que todos   nuestros conocimientos comienzan   con la experiencia, porque, en efecto,   &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;a de ejercitarse la   facultad de conocer si no fuera por   los objetos que, excitando nuestros   sentidos de una parte, producen   por s&iacute; mismos representaciones y,   de otra, impulsan nuestra inteligencia   a compararlas entre s&iacute;, enlazarlas o   separarlas, y de esta suerte   componer la materia informe de las   impresiones sensibles para formar   ese conocimiento de las cosas que   se llama experiencia? En el tiempo,   pues, ninguno de nuestros conocimientos   precede a la experiencia, y   todos comienzan en ella.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Pero si es verdad que todos nuestros   conocimientos comienzan con   la experiencia, sin embargo, no todos   proceden de ella, pues bien   podr&iacute;a suceder que nuestro conocimiento   emp&iacute;rico fuera una composici&oacute;n   de lo que recibimos por las   impresiones y de lo que aplicamos   por nuestra propia facultad de conocer...&quot;   (3).</p>     <p>   Este &uacute;ltimo nivel de apercepci&oacute;n al   que hace referencia Kant es aquel al   que nos referimos como la experiencia   consciente. El conocimiento   que se deriva de &eacute;l no depende de la   experiencia sensible sino de la   experiencia de esa experiencia   sensible. A este nivel distinguimos   al hombre de otros vertebrados superiores   y es &eacute;ste mismo, el pilar de   lo misterioso del fen&oacute;meno humano.   En esa experiencia consciente, la   forma puede tomar varios significados,   entre el contexto y el recuerdo.   Es ella la base de la subjetividad   humana, el espacio en donde   las capacidades humanas alcanzan su   pleno valor, en la comprensi&oacute;n de lo   inmanente a la materia.</p>     <p>   Goldman afirma al respecto: &quot;un   estado mental parcial es consciente,   si y s&oacute;lo si, va acompa&ntilde;ado de   cualidades fenomenol&oacute;gicas, es   decir, de subjetividad o sentimientos&quot;(4). S&oacute;lo a trav&eacute;s de la experiencia   consciente los placeres de la belleza   dejan de ser los m&aacute;s &quot;zool&oacute;gicos&quot;   de todos, si Savater me permite el   uso de tal expresi&oacute;n (5).</p>     <p>   <b>SU FUNCI&Oacute;N</b></p>     <p>   El organismo vivo capaz de tener   experiencia consciente es, por definici&oacute;n,   humano. S&oacute;lo &eacute;l, a trav&eacute;s de   la conciencia, posee su propio mundo   al estar &eacute;ste presente ante &eacute;l. &quot;La   conciencia es para cada individuo   como el foco en el que se concentra   la luz de sus experiencias. En tal   forma de hablar, la conciencia aparece   como lo individual en cada   caso. Cada individuo entiende en   su conciencia precisamente su   mundo&quot; (6).</p>     <p>   Aquel que entiende su mundo es   capaz tambi&eacute;n de crear espacios de   convivencia, en donde se da generosamente   a otros con su misma   capacidad. &Eacute;l tiene la posibilidad de   ser conocido y de conocer cuando   se entrega, s&oacute;lo parcialmente, en   ese espacio virtual que se llama la   interacci&oacute;n. &quot;Haciendo que mi   mundo no s&oacute;lo sea el m&iacute;o en cada   caso, sino en unidad con ello tambi&eacute;n   el general; y la conciencia en   que aparece el mundo tiene ese   mismo doble sentido de lo individual   y general a la vez. La conciencia   aparece en este contexto no s&oacute;lo   como lo individual en cada caso,   sino tambi&eacute;n como lo que el sujeto   entiende en cada caso, siendo as&iacute;   con ello &eacute;l mismo, o sea, como sujeto   en general o, dicho de otro   modo, como subjetividad&quot; (6).</p>     <p>   Tal acto de entrega a otros seres   conscientes no s&oacute;lo es generoso,   sino que hace de &eacute;ste un acto &eacute;tico (7).   El universo de convivencia es un   espacio donde aquellos con conciencia   acuerdan comunicarse simb&oacute;lica   y parcialmente la subjetividad   de su experiencia consciente.   En este ejercicio de convivencia   nace el lenguaje simb&oacute;lico como la   posibilidad de reportar los estados   internos del din&aacute;mico mundo consciente   (8). Por esto, lo m&aacute;s natural de   los hombres es no serlo nunca del   todo. Edgar Morin escribe: &quot;finalmente,   existe en nuestra subjetividad   humana ese lugar habitado   por las nociones de alma, de esp&iacute;ritu,   animus, anima, y tenemos el   sentimiento profundo de una insuficiencia   del alma que s&oacute;lo pude   llenar el otro sujeto&quot;. Un ser consciente   se comparte &uacute;nicamente en   su bordes, porque hacerlo en totalidad   har&iacute;a que perdiese su identidad   como sujeto. &quot;En el fondo... en el   sentimiento de amor, est&aacute; la idea de   que el otro nos restituye a nosotros   mismos la plenitud de nuestra   propia alma, permaneciendo totalmente   diferente de nosotros mismos.   Es nosotros a&uacute;n siendo otro&quot; (9).</p>     <p>   Por tanto, la experiencia consciente   tambi&eacute;n hace del hombre un ser   libre. &quot;La acci&oacute;n es libre porque su   causa es un sujeto capaz de querer,   de elegir y de poner en pr&aacute;ctica proyectos;   es decir, de realizar intenciones&quot;   (5). S&oacute;lo as&iacute; la historia biol&oacute;gica   que demarca nuestro actuar,   se convierte en algo m&aacute;s que un   c&uacute;mulo de genes determinados.   Somos, ante todo, seres subjetivos   por la conciencia. Y &eacute;sta, a la vez,   nos hace libres; libres de sentir y de   dar a los objetos que hacemos nuestros,   por las facultades de nuestra   lente, un universo propio.</p>     <p>   El mundo externo no se representa   en nosotros. Nosotros lo creamos y,   por limitado que parezca, esa es la   totalidad de nuestra experiencia.   &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del hombre sin est&eacute;tica y   pasi&oacute;n por aquello que no depende   de la experiencia sensible?</p>     <p>   Momento a momento, construimos   un mundo en que los colores pierden   su valor, para ser reemplazados   por conceptos tan vagos como el   amor y la esperanza de vivir. En el   encuentro con alguien amado nos   entregamos en los bordes para   construir subjetividad. La experiencia   consciente nos hace elevarnos a   construir -como sujetos y a trav&eacute;s   de la facultad del entendimiento-,   s&iacute;ntesis de aquello que no est&aacute; en el   breve espectro del mundo sensible.   Somos, por la conciencia, seres   sublimes, capaces de amar y de actuar   libremente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La conciencia da unidad a nuestro   mundo. A pesar de las diferencias   existentes entre los objetos que incorporamos   a nuestro universo   consciente, siempre, en cada momento,   aparecen ante nosotros   como una experiencia homog&eacute;nea y   total; dos caracter&iacute;sticas   fenomenol&oacute;gicas propias de &eacute;ste (10).   &quot;Por la representaci&oacute;n sujeto y   objeto se pertenecen mutuamente;   la representaci&oacute;n o, con otro   nombre, la conciencia, es la   unidad, cuyos momentos aparecen   como sujeto y el objeto; pues el   sujeto no es sino lo representante, y   el objeto no es sino lo representado.   En este proceso de pensamiento la   conciencia... no s&oacute;lo se entiende   como la unidad del sujeto, sino   como aquella unidad que unifica y   separa el sujeto y el objeto&quot; (6).</p>     <p>   La conciencia como lo individual,   como lo subjetivo y como unidad   trascendental, hace de nosotros seres   humanos y de nuestros actos,   actos de generosidad y algunos   perversos, &eacute;ticos, de bondadosa   entrega pedag&oacute;gica. En The Principies   ofPsychology, James afirma: &quot;La   persecuci&oacute;n de fines y la elecci&oacute;n   de los medios para llegar a &eacute;stos son   por excelencia, la marca y los   criterios para definir la presencia de   mentalidad en un fen&oacute;meno&quot; (11).   Algunos nos preguntamos: &iquest;en qu&eacute;   momento cambio todo esto?</p>     <p><b>   SU NATURALEZA</b></p>     <p>   Desde el nacimiento de la cultura   occidental, m&uacute;ltiples disciplinas   han hecho suya la conciencia como   objeto de estudio. Esta ha divagado   de una disciplina a la otra sin   encontrar una que satisfaga completamente sus necesidades. Propongo   que tal dificultad es producto   de la naturaleza particular del   fen&oacute;meno que nos proponemos estudiar.</p>     <p>   Muchos consideran la conciencia   como un fen&oacute;meno que cuenta con   una naturaleza bipartita. Con esto   no justifican un tipo de aproximaci&oacute;n   dualista al problema, sino confirman   que existe evidencia que nos   hace innegable el hecho de aceptar   que en ella conviven elementos biol&oacute;gicos   con elementos fenomenol&oacute;gicos. Ante esto se nos   impone una gran dificultad que   hemos de sobrepasar: la de unir los   principios fisiol&oacute;gicos subyacentes a   la actividad consciente, con la   subjetividad emergente que   caracteriza la experiencia de la   misma. Lo que en neurociencias se   ha llamado el binding problem (12).</p>     <p>   G. G&uuml;zeldere, del Centro para el   Estudio del Lenguaje e Informaci&oacute;n   de la Universidad de Stanford escribe:   &quot;El fen&oacute;meno de la conciencia   no tiene l&iacute;mites te&oacute;ricos claros, y su   compleja estructura no admite   afirmaciones f&aacute;ciles&quot; (13). Ella no   pertenece por completo al mundo   natural, ni por completo al mundo   subjetivo. Por lo tanto, su explicaci&oacute;n   no es del todo posible por las   ciencias exactas, ni su comprensi&oacute;n a   trav&eacute;s de la metaf&iacute;sica. En la generaci&oacute;n   de &eacute;sta, el cerebro es una   condici&oacute;n necesaria pero no suficiente.</p>     <p> Owen Flanagan lo expone de la siguiente manera: &quot;Los estados mentales    conscientes sobrevienen estados cerebrales. Estos, a su vez, son aspectos esenciales    o constituyentes de los primeros, as&iacute; como tambi&eacute;n lo son los    aspectos fen&oacute;menol&oacute;gicos de &eacute;stos. Pero naturalmente, no    hay en ellos, al nivel fenomenol&oacute;gico, ning&uacute;n tipo de revelaci&oacute;n    de los estados neurales subyacentes&quot; (14). Y vale la pena preguntarse:    &iquest;ser&aacute; que este embrollo tiene alguna soluci&oacute;n?</p>     <p>   La conciencia es un fen&oacute;meno -y a   la vez un concepto-, que no resiste   explicaciones mecanicistas. Ella es   m&aacute;s que un simple complejo proceso   neuronal y eso lo hace un t&eacute;rmino   no definible funcionalmente.   Por tanto, en el momento, tenemos   que aceptar que las ciencias emp&iacute;ricas   tienen un l&iacute;mite en su intento   de explicaci&oacute;n. Le corresponde a   estas &uacute;ltimas aproximarse al mecanismo   neuronal que tantas veces   hemos documentado de manera   precisa. Es decir, descubrir las leyes   naturales a las que est&aacute;n sujetos tales   procesos neurofisiol&oacute;gicos, pero   teniendo siempre presente, que   aun cuando lleguen a explicarlo, no   habr&aacute;n explicado en su totalidad la   conciencia misma. Porque como se   ha mencionado, el explicar el c&oacute;mo   no significa explicar el qu&eacute; (brecha   epistemol&oacute;gica).</p>     <p>   La subjetividad de la experiencia   consciente, por su parte, no se agota   en una explicaci&oacute;n reduccionista.   Porque, en el fondo, la subjetividad   es una sola, que aunque   emerge de procesos biol&oacute;gicos, no   se explica mediante &eacute;stos, sino que   s&oacute;lo se comprende en totalidad en   el contexto de las ciencias hermen&eacute;uticas.   Nunca vamos a tener la   posibilidad de mirar objetivamente   la conciencia humana, porque   s&oacute;lo a trav&eacute;s de esta misma tenemos   la capacidad de comprenderla.   No esperemos poder ponerla en una   laminilla bajo el microscopio y decir   objetivamente la comprend&iacute;, ya que   nosotros mismos somos el   microscopio y nuestra propia conciencia,   sus lentes. &quot;A partir de una   nueva visi&oacute;n del modelo   cerebro-mente, la conciencia se   convierte en un componente de   trabajo de la funci&oacute;n cerebral, un   fen&oacute;meno que cobra autonom&iacute;a por   s&iacute; mismo, no reductible a   mecanismos electroqu&iacute;micos. A   pesar que &eacute;stos mecanismos   sostienen y ayudan a determinar   cualquier tipo de acci&oacute;n, la libertad   para la acci&oacute;n reside, en su mayor&iacute;a,   a niveles m&aacute;s elevados, en los estados   conscientes&quot; (15).</p>     <p> Ahora bien, tal concepci&oacute;n acerca de la conciencia obliga tambi&eacute;n    a las disciplinas a reinventar la manera de entender el funcionamiento cerebral.    &Eacute;ste, producto de un largo camino evolutivo, ha construido un sistema    din&aacute;mico de funcionamiento no lineal del cual emerge la subjetividad,    no sabemos en qu&eacute; momento. Debemos dejar a un lado las posiciones localizacionistas    de las funciones cerebrales y empezar a verlo como un todo, que es m&aacute;s    que sus partes. S&oacute;lo en totalidad la experiencia de vivir adquiere sentido.    Debemos tener claro que el sistema nervioso es un &oacute;rgano que, en conjunci&oacute;n    con el resto de los sistemas del organismo, tiene la capacidad intr&iacute;nseca    de generar un modelo de realidad, incluso en ausencia de est&iacute;mulos externos    (16,17,18) EI es un participante de ese estado pseudon&iacute;rico en el que    decimos abrir las puertas al mundo que nos rodea, para inventar un nuevo mundo    que vivimos e interpretamos como real. S&oacute;lo somos creadores de mundos    compartidos all&iacute; donde, al contrario de lo que nos dice el sentido com&uacute;n,    somos nosotros los que m&aacute;s aportamos a &eacute;l. Nuestra lente tiene    la capacidad de generar espacios subjetivos que llamamos &quot;condici&oacute;n    humana&quot;. Somos sistemas representacionales con una larga historia biol&oacute;gica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>   EL ESPACIO CONSCIENTE Y   SUS L&Iacute;MITES</b></p>     <p>   El espacio consciente es el espacio   de la experiencia subjetiva, porque   en &eacute;l estamos parcialmente representados   el mundo y nosotros mismos.   Este es un espacio   fen&oacute;menol&oacute;gico y ante todo un   estado representacional. Las   representaciones del mundo   acceden al universo consciente a   trav&eacute;s de veh&iacute;culos que contienen   informaci&oacute;n. A &eacute;stos &uacute;ltimos los   llama Metzinger modelos mentales.   Nuestro universo consciente es   un universo compuesto por   modelos mentales cargados de   informaci&oacute;n subjetiva que se   superponen. El modelo mental   m&aacute;s importante, bajo el cual se   agrupa el resto de modelos mentales,   en un momento determinado, es el   que denominamos el &quot;Modelo de   Realidad&quot;. Solamente el mundo   recreado en el modelo de realidad es   nuestra relativa realidad. Tal   realidad cuenta con dos caracter&iacute;sticas   aparentes: coherencia y totalidad.   Nuestro universo de experiencias   siempre aparece ante nosotros   como indivisible. La indivisibilidad   de mi realidad subjetiva   es la base de mi yo fenomenol&oacute;gico.</p>     <p> Sin embargo, sabemos con bastante precisi&oacute;n que, neurofisiol&oacute;gicamente,    no se da de esta manera. Que diferentes partes de nuestro sistema nervioso procesan    de manera paralela los diferentes componentes de nuestro mundo sensible, que    acceden a &eacute;ste a trav&eacute;s de nuestros sentidos. Luego, podr&iacute;amos    inferir que tal integraci&oacute;n de la informaci&oacute;n adquiere la propiedad    de la coherencia y la totalidad del procesamiento que el sistema nervioso hace    de ella. Anteriormente, el acertijo acerca de c&oacute;mo el cerebro une los    componentes sensibles en una sola experiencia total, fue explicado a trav&eacute;s    de las redes neuronales existentes en nuestra corteza. Pero, bajo la prueba    del tiempo, tal modelo de globalidad encontr&oacute; sus l&iacute;mites. Imaginemos    que solamente contamos con las conexiones espaciales entre elementos neuronales    para configurar nuestra experiencia. Llegar&iacute;amos a un punto donde, por    la finitud del espacio, s&oacute;lo podr&iacute;amos tener tantas experiencias    como n&uacute;mero de conexiones neuronales, lo que ser&iacute;a casi imposible.</p>     <p>   Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada se ha visto   un creciente inter&eacute;s por el descubrimiento   de mapas temporales   sobrepuestos a los mapas espaciales   de los componentes del sistema   nervioso. El mecanismo de globalidad   temporal o de uni&oacute;n temporal,   consiste en que los diferentes   componentes de una percepci&oacute;n   son procesados por grupos   neurales diferentes y espec&iacute;ficos .   En estado de actividad, ellos   resuenan a una frecuencia entre los   30 a 40 Hz, utilizando esta   frecuencia como un c&oacute;digo que une   temporalmente estos procesadores y   conforma la unidad de percepci&oacute;n y,   por tanto, la unidad de la   experiencia de realidad (18,19,20,21,22)   Decimos entonces que el car&aacute;cter   hol&iacute;stico de mi realidad es el   producto de la formaci&oacute;n de una   gestalt que unifica a todos los   modelos mentales.</p>     <p>   Seg&uacute;n Metzinger, la unidad, es la   simultaneidad subjetiva dada dentro   un &uacute;nico momento psicol&oacute;gico.   Entonces, la realidad emerge en el   contexto de un presente subjetivo   determinado por las relaciones entre   las partes, como los modelos; y la   gestalt de la realidad, como el todo.   La anterior teor&iacute;a es el correlato   biol&oacute;gico que explicar&iacute;a como   unimos nuestras experiencias en   una sola realidad evidente e innegable   para todos. Sin embargo, todav&iacute;a no explica el problema de la   emergencia de la subjetividad, de   la cualidad (qualitas) en nuestra   experiencia. La coherencia de la   experiencia para este autor es producto   del mecanismo temporal de   ligamiento de los componentes de   nuestro universo consciente, casi   prescindiendo de los contenidos de   los modelos mentales para explicarla.   Considero que la homogeneidad   m&aacute;s que una propiedad del   mecanismo biol&oacute;gico subyacente a   la actividad consciente, es una propiedad   del tiempo mismo, en el que   se sucede la experiencia y, por tanto,   en t&eacute;rminos de la infinitud del   tiempo, &eacute;sta no s&oacute;lo ser&iacute;a parcial   sino finita.</p>     <p> As&iacute;, no existen l&iacute;mites porque fuera de ese universo consciente,    no existe nada para el hombre, y de la nada no se tiene experiencia. Creo, sin    embargo, que tales limites son expansibles o contraibles de acuerdo a las circunstancias    atencionales en las que la persona se encuentre. Tal vez un ejemplo que ayude    a aclararlo. Viene de la experiencia de enso&ntilde;aci&oacute;n. En trabajos    anteriores hemos afirmado que el estado de enso&ntilde;aci&oacute;n es tambi&eacute;n    un estado consciente. Lo il&oacute;gico de los contenidos que experimentamos    durante los ensue&ntilde;os es producto de la propia inatenci&oacute;n que caracteriza    a tales estados. En ellos podr&iacute;amos decir que nuestro universo consciente    se expande considerablemente, con respecto al estado de vigilia. En &eacute;ste,    los mecanismos atencionales dirigen nuestra atenci&oacute;n seg&uacute;n fines    pr&aacute;cticos al mundo exterior, que exige una respuesta adecuada frente    a &eacute;l.</p>     <p><b>   EXISTE FINAL</b></p>     <p>   Muchos otros se preguntar&aacute;n la   importancia de esta discusi&oacute;n. A los   positivistas les digo que tal discusi&oacute;n   no tiene ning&uacute;n fin pr&aacute;ctico,   pero que la historia nos muestra,   una y otra vez, que los grandes   avances en el conocimiento del   hombre han nacido de discusiones   sin sentido pr&aacute;ctico. A los reduccionistas,   que tal enfoque sirvi&oacute; a su   prop&oacute;sito y que ha sido un fin en la   historia por el cual hemos de transcurrir   durante muchos a&ntilde;os m&aacute;s,   pero que tal visi&oacute;n no debe volverse   solipsista. Si alguna verdad entra&ntilde;a   la conciencia es que las disciplinas   deben abrirse a la comunicaci&oacute;n   interdisciplinaria en un acto de   honestidad intelectual(14).</p>     <p>   En el futuro, tendremos que aceptar   c&oacute;mo nuestro conocimiento   acerca de la conciencia humana se   encuentra todav&iacute;a en un estado   muy primitivo y que, posiblemente,   como Alwyn Scott menciona en su   libro Stairway to the Mind, &quot;Llegar&aacute;   el d&iacute;a cuando ser&aacute; posible que la   ciencia entienda la naturaleza de la   conciencia sin negar sus m&aacute;s intangibles   aspectos&quot;. Mientras ese   momento llega debemos seguir   adelante porque s&oacute;lo el esfuerzo   invertido har&aacute; valer la pena el empe&ntilde;o.   Quiz&aacute; las diversas posiciones y   enfoques te&oacute;rico-metodol&oacute;gicos   que se han dado en el estudio de la   conciencia, son s&oacute;lo momentos finitos   de un infinito preguntar sobre   nosotros mismos.</p>     <p> <b>   AGRADECIMIENTOS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <em>Extiendo mis sinceros agradecimientos   a los doctores Luis Enrique Orozco   S. y Silvio S&aacute;nchez K, por sus   invaluables comentarios acerca de   este tema.</em></p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>   1 Orozco LF, Villa C, Franco LM, Saquero R La   experiencia consciente. Universitas   Medica 1998; 39 (3):&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0034-7450200000040000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   2 Velmans M. An introduction to the science of   consciousness. En: Velmans M. The   science of consciousness; psychological,   neurophychological and clinical reviews.   Primera edici&oacute;n. Nueva York, Routledge;   1996. 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En:   Ensayo &amp; Error, 1997;2(3): 6-27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0034-7450200000040000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9 Morin E. La noci&oacute;n de sujeto. En:   Schnitman DF Ed. Nuevos paradigmas,   ciencia y subjetividad. Barcelona: Paidos;   1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0034-7450200000040000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10 Metzinger T Faster than thought. Holism,   homogeneity and temporal coding. En:   Journal of Consciousness Studies, Online;   <a href="http://www.zynet.co.uk/imprint/online/"target="blank">>http://www.zynet.co.uk/imprint/    online/</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0034-7450200000040000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11 James W. The principies of psychology.   Henry Holt &amp; Co, 1 890; Publicaci&oacute;n   autorizada: Nueva York: Dover   Publications; 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0034-7450200000040000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12 Hardcastle V. The binding problem.   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Journal   of Humanistic Psychology 1995; 35:7-29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0034-7450200000040000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   16 Llin&aacute;s R, Par&eacute; D. Of dreaming and   wakefulness. Neuroscience 1991; 44(3):   521-535.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0034-7450200000040000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17 Llin&aacute;s R, Ribary U. Temporal conjunction in   thalamocortical transactions. En: Jasper   HH, Descarries L, Castellucci VF, Rossignol   S. Consciousness: AT the frontiers of   neuroscience. 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Touchstone,   Sim&oacute;n &amp;Schuster Ed., Nueva York, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0034-7450200000040000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20 Crick F, Koch C. Consciousness and   neuroscience. Cerebral cortex 1998;   8(2):97-107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0034-7450200000040000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21 Hobson JA. El cerebro so&ntilde;ador. M&eacute;xico DF:   Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0034-7450200000040000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22 Smith P Can neurobiology teach us anything   about consciousness? En: Block N,   Flanagan O, G&uuml;zeldere G. Eds. The nature   of consciousness. Philosophical debates.   1a Ed. Londres: The MIT Press, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0034-7450200000040000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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