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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UN PSIQUIATRA DECIMONÓNICO EN EL SIGLO XX MIGUEL JIMENEZ LÓPEZ (1875 -1955)]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[MIGUEL JIMÉNEZ LÓPEZ A VICTORIAN PSYCHIATRIST IN THE TWENTIETH CENTURY]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de la Sabana Facultad de Medicina ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Doctor Jiménez López was the first teacher of Psychopathology in Colombia. He had been trained as a psychiatrist in France between 1908 and 1910, from where he brought Morel&#8217;s theory about brain degeneration and moral laxitude as causes of mental illness. He believed he had found a supposed degeneration of our race, which he considered the ethiological source of our psychic pathology, and of many of our national features. A good part of his intellectual efforts were addressed towards a new educative reform, adopting modern american and european pedagogical methods and integrating recent contributions of developmental psychology.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Historia de la psiquiatría]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL </b></p>      <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>UN PSIQUIATRA DECIMON&Oacute;NICO EN EL SIGLO XX MIGUEL JIMENEZ L&Oacute;PEZ (1875 &#150;1955)</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>MIGUEL JIM&Eacute;NEZ L&Oacute;PEZ A VICTORIAN PSYCHIATRIST IN THE TWENTIETH CENTURY</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>MANUEL TORRES GUTI&Eacute;RREZ *</b></p>     <p>* Jefe Departamento de Psiquiatr&iacute;a Fundaci&oacute;n Cardio-infantil Instituto de Cardiolog&iacute;a. Profesor Asistente Facultad de Medicina Universidad de la Sabana, Bogot&aacute;. Miembro del Comit&eacute; Editorial de la Revista Colombiana de Psiquiatr&iacute;a.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>El doctor Jim&eacute;nez L&oacute;pez fue el primer maestro de psicopatolog&iacute;a en   Colombia. Se hab&iacute;a formado como psiquiatra en Francia entre 1908 y   1910 y trajo de all&iacute; la teor&iacute;a de Morel sobre la degeneraci&oacute;n cerebral y el relajamiento moral como causas de las enfermedades mentales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Crey&oacute; encontrar pruebas de una supuesta degeneraci&oacute;n de nuestra   raza, a la cual consider&oacute; la fuente etiol&oacute;gica de nuestra patolog&iacute;a   ps&iacute;quica y de muchas de las caracter&iacute;sticas nacionales. Dedic&oacute; buena   parte de sus esfuerzos intelectuales a abrirle camino a una reforma   educativa que adoptara los m&aacute;s modernos m&eacute;todos pedag&oacute;gicos   europeos y norteamericanos y que integrara los recientes aportes de la psicolog&iacute;a del desarrollo.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> Historia de la psiquiatr&iacute;a; Miguel Jim&eacute;nez L&oacute;pez</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>Doctor Jim&eacute;nez L&oacute;pez was the first teacher of Psychopathology in   Colombia. He had been trained as a psychiatrist in France between   1908 and 1910, from where he brought Morel&#146;s theory about brain degeneration and moral laxitude as causes of mental illness.</p>     <p>   He believed he had found a supposed degeneration of our race, which   he considered the ethiological source of our psychic pathology, and of   many of our national features. A good part of his intellectual efforts   were addressed towards a new educative reform, adopting modern   american and european pedagogical methods and integrating recent   contributions of developmental psychology.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Psychiatry, History; Miguel Jim&eacute;nez L&oacute;pez.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>Miguel Jim&eacute;nez L&oacute;pez naci&oacute; en la   mitad de la segunda mitad del siglo   XIX. Y se hizo hombre durante una   de las &eacute;pocas m&aacute;s apasionantes de la   historia nacional, un breve per&iacute;odo   durante el cual hacer la ciencia y construir   la patria eran todav&iacute;a una sola   tarea. Digo que se hizo hombre porque   en ese final de siglo tom&oacute; dos de   las decisiones m&aacute;s trascendentales de   su existencia: estudi&oacute; medicina en la   Universidad Nacional y asumi&oacute; postura   pol&iacute;tica participando en la Guerra   de los Mil D&iacute;as y en su m&aacute;s trascendental   acontecimiento, la batalla de Palonegro.</p>     <p>   El mundo era demasiado nuevo entonces.   La revoluci&oacute;n de independencia   hab&iacute;a ocurrido pocos a&ntilde;os antes.   Sus haza&ntilde;as estaban a&uacute;n presentes en   la memoria y alimentaban la imaginaci &oacute;n y la esperanza del hombre corriente. Los h&eacute;roes empezaban a dejar su lugar en la conducci&oacute;n del pa&iacute;s. La independencia nacional estaba finalmente asegurada, pero los problemas relativos a construir una naci&oacute;n moderna e injertarla en el mundo apenas empezaban a plantearse. Las insurrecciones y guerras civiles exig &iacute;an habilidades militares a quienes pretend&iacute;an dirigir el pa&iacute;s. Pero comenzaba un per&iacute;odo de construcci&oacute;n econ&oacute;mica que hac&iacute;a necesaria, sobre todo, la formaci&oacute;n acad&eacute;mica y cient &iacute;fica. Y correspondi&oacute; a los intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX participar activamente no s&oacute;lo en los compromisos naturales de la vida profesional sino en la pol&iacute;tica de manera inevitable.</p>     <p>   El naciente siglo XX le vio tomar las   que parecen haber sido sus otras tres   decisiones cardinales: hacerse psiquiatra,   intervenir decididamente en   la pol&iacute;tica nacional y formar una familia.   Pero &eacute;stas ocurrieron en un   contexto social y pol&iacute;tico muy distinto:   el pa&iacute;s ya estaba formalmente en   paz y se produc&iacute;a un sostenido aunque   lento desarrollo econ&oacute;mico. Liberales   y conservadores manten&iacute;an,   con intervalos, una alianza pol&iacute;tica   que les permit&iacute;a compartir el poder   y excluir de su ejercicio a los grupos   y clases sociales que surg&iacute;an a la vida   en la medida en que el pa&iacute;s se urbanizaba   e industrializaba. Con esta   actitud echar&iacute;an las bases de la guerra   de baja intensidad que ha caracterizado nuestra vida nacional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="3" face="verdana"><b>LOS OR&Iacute;GENES</b></font></p>      <p>   Naci&oacute; en la zona rural del municipio   de Paipa (Boyac&aacute;), en el seno de una   familia campesina. La ciudad era una   aldea, pero los campos cercanos eran   f&eacute;rtiles tierras de cultivo y de levante   de ganados y en ellos viv&iacute;a la mayor   parte de la poblaci&oacute;n. El pa&iacute;s ten&iacute;a &uacute;nicamente 2&#146;891.000 de habitantes(1). Miguel fue el menor entre seis hermanos. Su padre era un propietario rico, sin pretensiones intelectuales aunque hab&iacute;a sido alcalde de Paipa e incluso juez de la regi&oacute;n(2). En las ramas laterales de la familia, hubo miembros que ocuparon puestos de importancia en la gobernaci&oacute;n del departamento. Seguramente eran hombres de letras. Pero Manuel Jim&eacute;nez Correa era un campesino dedicado al cultivo del trigo, el ma&iacute;z y la papa, y al negocio de la ganader&iacute;a.</p>     <p>   Su madre, Alejandra L&oacute;pez Cort&eacute;s   era, igualmente, campesina: su casa   paterna estaba en lo alto de la vereda "la Bolsa", en la vertiente que cae de las monta&ntilde;as de Palermo, al lado noroccidental de la poblaci&oacute;n. Desconocemos su nivel de escolaridad. Suponemos que ten&iacute;a inquietudes intelectuales porque logr&oacute; que sus hijos varones alcanzaran los m&aacute;s altos niveles de la &eacute;poca: dos fueron m&eacute;dicos, dos abogados y uno, que muri&oacute; prematuramente, quiso ser sacerdote. El esfuerzo es notable puesto que el censo de 1870 revel&oacute; que hab&iacute;a 275 ingenieros, 727 m&eacute;dicos y 1037 abogados en todo el pa&iacute;s(1).</p>     <p>   La finca donde   naci&oacute; el doctor Jim &eacute;nez se localizaba en la parte alta de la rivera izquierda del r&iacute;o Chicamocha y ocupaba parte de las veredas de S&aacute;tiva, Pie Blanco y R&iacute;o Arriba. Deb&iacute;a ser una enorme extensi&oacute;n de terreno. Hoy se encuentra repartida entre sus descendientes, otros familiares y muchos nuevos propietarios. Desde luego, era dif&iacute;cil explotar adecuadamente una extensi&oacute;n tan notoria. Don Manuel acud&iacute;a a un sistema de servidumbre que era t&iacute;pico de los campos del altiplano. Los siervos de entonces se llamaban arrendatarios. Pero su condici &oacute;n era apenas distinta de la que oprim&iacute;a a los campesinos durante el medioevo europeo: cada familia de arrendatarios recib&iacute;a en usufructo un pedazo de tierra de extensi&oacute;n variable, la cual deb&iacute;a explotar seg&uacute;n su conocimiento y posibilidades. El arriendo se pagaba trabajando durante algunos d&iacute;as de la semana o del mes (dependiendo del ciclo de cosechas y tareas ganaderas) en las tierras que el patr&oacute;n explotaba para su beneficio. Las relaciones econ&oacute;micas y sociales eran absolutamente feudales: p r o t e c c i &oacute; n paternal por parte del propietario; lealtad, obediencia y sumisi&oacute;n por parte de los campesinos. El destino natural de muchas de sus hijas eran los oficios dom&eacute;sticos de la casa principal(3).</p>      <p>        <center>     <img src="img/revistas/signo/v30n2/v30n2a02f1.gif"></a>    </center> </p>     <p>   El padre muri&oacute; a los 53 a&ntilde;os, en junio   de 1877, dejando a la madre la   responsabilidad de sostener la hacienda   y levantar los hijos: Tulia, Manuel, Francisco, Luis, Celso y Miguel.   El menor ten&iacute;a apenas dos a&ntilde;os.   De modo que su infancia ocurri&oacute; sin   otra imagen paterna que la de su hermano   mayor, que le llevaba apenas   ocho a&ntilde;os(4). Ese hermano, Manuel,   abogado y combatiente de la &uacute;ltima   guerra civil, durante la cual alcanz&oacute;   grado de general, tendr&iacute;a una destacada   influencia en las decisiones iniciales de su profesi&oacute;n.</p>     <p>   Su vida infantil estuvo gobernada por   la figuras de la madre y la hermana.   Ellas acentuaron el talante conservador   que deb&iacute;a tener desde sus or&iacute;genes   la familia. Manten&iacute;an un itinerario   dom&eacute;stico pautado por las exactitud   horaria de las comidas familiares   y le a&ntilde;adieron un tono de profunda   devoci&oacute;n religiosa que se expresaba   no s&oacute;lo en la rigurosa asistencia   a la misa dominical, sino tambi&eacute;n en   el rosario diario, rezado de rodillas   alrededor de la cama materna y en la   interminable lectura familiar de la   vida del santo del d&iacute;a, que se hac&iacute;a   siguiendo rigurosamente el orden y   el texto del "A&ntilde;o Cristiano", una obra   en doce vol&uacute;menes (uno para cada   mes) escrita por el padre Jos&eacute; Croiset,   S.J. Este ritual ocupaba por lo menos una hora, la &uacute;ltima del d&iacute;a(5).</p>     <p>   Inici&oacute; estudios en la escuela de Paipa.   El mismo resumi&oacute; as&iacute; la experiencia   infantil: "Principi&eacute; mis estudios en   la escuela p&uacute;blica ...en las mismas bancas   en que se sentaban todos los muchachos   de mi pueblo, sin distinci&oacute;n de colores   ni categor&iacute;as. Es una forma democr&aacute;-   tica y cari&ntilde;osa de hacer empezar la vida   unidos en una aspiraci&oacute;n igual a los que   luego habr&aacute;n de dedicarse a tan diversas   labores. Cuando visito el terru&ntilde;o nativo   vuelvo a encontrar all&iacute; a mis condisc&iacute;pulos   de anta&ntilde;o: al labriego que trabaja la   tierra con paciencia, al alba&ntilde;il que ha contribuido   a levantar los edificios modernos   o a restaurar la casa cural y la Alcald&iacute;a,   al modesto carpintero que entre virutas   perfumadas realiza su trabajo diario.   Nunca he podido sino ver en ellos los compa &ntilde;eros de la edad dorada"(6).</p>     <p>   Una de las m&aacute;s sinceras y hondas preocupaciones   intelectuales de su vida   madura fue, precisamente, la calidad   de la experiencia educativa elemental.   Acerca de la escuela primaria, se   expresaba de manera cr&iacute;tica en todos   sus escritos. &iquest;Traducen ellos su propia   experiencia? "Todo en la escuela a   la antigua usanza, apartaba al ni&ntilde;o de la   viva realidad. Arrancado del medio familiar   a los seis a&ntilde;os, se le ten&iacute;a por siete   horas cada d&iacute;a en un lugar cerrado por   altos muros, oscuro, fr&iacute;o y severo, de donde   el sol y el aire libre estaban ausentes;   sin &aacute;rboles, ni flores ni aguas corrientes   en su interior, ni cielo ni praderas, ni   monta&ntilde;as ante la vista. El rigor y el castigo   como normas; el silencio y la clausura   como ambiente. El duro banco, uniforme   para todas las edades; la posici&oacute;n fatigosa   y deformante en largas horas de labor;   la quietud la tristeza y el temor; el castigo doloroso y humillante..."(6)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Y buena parte de sus esfuerzos intelectuales   se dirigieron a promover un   cambio en este tipo de ense&ntilde;anza.   Durante los a&ntilde;os de su segunda residencia   en Europa recogi&oacute; observaciones   sobre el tema, elabor&oacute; informes   t&eacute;cnicos y, con ellos, public&oacute; en 1928, su libro "La escuela y la vida": Los   t&iacute;tulos de sus principales cap&iacute;tulos no   dejan dudas sobre lo extenso del estudio: "El actual movimiento educacional en Alemania", "La educaci&oacute;n primaria y la cultura popular en Dinamarca ", "La nueva ley escolar en Inglaterra. Reforma Fischer o Educational Act de 1918", "La reforma de la educaci&oacute;n primaria y la educaci&oacute;n post-escolar en Suiza", "La reforma escolar en Francia: El proyecto Viviani ", "La educaci&oacute;n en los Estados unidos"(7).</p>     <p>   Hacia 1888, siguiendo a su hermano   Celso, quien fue su amigo esencial en   la vida, viaj&oacute; a la capital del departamento   para realizar su bachillerato.   Fue un estudiante aventajado y, aunque   nunca tuvo la pretensi&oacute;n de hacerse   sacerdote, realiz&oacute; algunos a&ntilde;os   en el Seminario Mayor de la ciudad. &iquest;Era ya un adolescente severo, estudioso y solitario? Carecemos de informaci &oacute;n suficiente acerca de este per &iacute;odo de su vida. &iquest;Cu&aacute;les eran sus estudios preferidos entonces? El doctor Jim&eacute;nez lo recordaba as&iacute;: "Me somet &iacute; a las serias disciplinas del seminario de Tunja y tambi&eacute;n en el Colegio de Boyac&aacute;. ...llegu&eacute; a ser un regular latinista despu&eacute;s de un lustro de estudios. Hice d&iacute;sticos en la lengua de Horacio y a los quince a&ntilde;os regent&eacute; la c&aacute;tedra de lat&iacute;n entre mis compa&ntilde;eros"(6).</p>     <p>   El colegio de Boyac&aacute;, como todos los   de entonces, ofrec&iacute;a una educaci&oacute;n   teorizante, centrada en las humanidades,   a la cual se daba el nombre altisonante   de "bachillerato en filosof&iacute;a   y letras". Seguramente no preparaba   a sus estudiantes para el trabajo material.   Quiz&aacute;s ni siquiera los orientaba   de manera espec&iacute;fica hacia una   profesi&oacute;n. El adolescente que egres&oacute;   de la instituci&oacute;n, pese a su inteligencia,   ten&iacute;a muy poco claro su destino   futuro: "Hab&iacute;a recorrido todas las facultades;   no me atrajo la fr&iacute;a aridez de las   matem&aacute;ticas, ni la tortuosa senda donde   tramitan los abogados. La ciencia de curar   los cuerpos tampoco ejerc&iacute;a sobre mi   ninguna influencia, pero entonces mi hermano   Celso principiaba sus estudios m&eacute;-   dicos y me decid&iacute; a ser su compa&ntilde;ero en   el claustro de Santa In&eacute;s. Hicimos la carrera   juntos, la coronamos al tiempo, realizamos una inefable hermandad." (6)</p>     <p>   Como parte de sus preocupaciones   maduras acerca del sistema educativo   vigil&oacute; con esperanza el desarrollo   de las pruebas de inteligencia y de   aptitud y otros recursos apenas nacientes   de la psicolog&iacute;a, para ofrecer   una perspectiva distinta a los j&oacute;venes   bachilleres. "La educaci&oacute;n primaria y   una gran parte de la educaci&oacute;n secundaria,   concebidas seg&uacute;n el tipo tradicional,   han dado al alumno un cierto n&uacute;mero de   conocimientos generales y, en el mejor de   los casos, han despertado en &eacute;l unas   cuantas capacidades vagas que lo ponen   frente a la vida, en ese instante cr&iacute;tico de   la adolescencia, con un angustioso   interrogante. &iquest;Cu&aacute;l de los muchos   caminos que al hombre se presentan debe   seguir para realizar su destino? Apenas   habr&aacute; entre los j&oacute;venes de nuestras generaciones   algunas pocas unidades que no   hayan pasado por este penoso per&iacute;odo de   desaliento y perplejidad. Son muy escasos   los caracteres que desde sus primeros   a&ntilde;os se destacan con una inclinaci&oacute;n vigorosamente definida y que, consecuentes   con ella, conducen toda su vida, en la   escuela y fuera de la escuela, hacia ese fin   indeclinable. La mayor parte de nuestros   j&oacute;venes, aun habiendo sido escolares aventajados   y habiendo demostrado brillantes   condiciones de inteligencia y de car&aacute;cter,   han conocido esa cruel incertidumbre de   la elecci&oacute;n de carrera. Y no es peque&ntilde;o el   n&uacute;mero de los que, atra&iacute;dos por la l&iacute;nea   de menor resistencia, optan por los estudios   f&aacute;ciles o por las soluciones negativas   que los conducir&aacute;n al fracaso; o bien, decidi &eacute;ndose por m&oacute;viles de orden transitorio, por simple imitaci&oacute;n o por corrientes de moda o de compa&ntilde;erismo, eligen un oficio, una profesi&oacute;n o una carrera que no respondiendo a sus verdaderos gustos y aptitudes, habr&aacute; de ser para ellos causa constante de desadaptaci&oacute;n y de inferioridad "(8).</p>     <p>   Es inevitable pensar que estas frases   revelan su propio conflicto. La historia   mostrar&aacute; que el doctor Jim&eacute;nez   supo sacar el mejor partido posible   de una profesi&oacute;n que eligi&oacute;, seg&uacute;n el   mismo lo reconoce "por simple imitaci &oacute;n" y por "corrientes de compa- &ntilde;erismo". Quiz&aacute;s sea parte de la explicaci &oacute;n para sus m&uacute;ltiples b&uacute;squedas profesionales: pol&iacute;tico, gobernante, hombre de negocios, constructor, hombre del campo. En todas ellas tuvo un &eacute;xito notable. En su vida, la dedicaci&oacute;n a la profesi&oacute;n parece s&oacute;lo una, tal vez la menos fuerte, de sus m&uacute;ltiples inclinaciones naturales.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>COLOMBIA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX</b></font></p>      <p>   La segunda mitad del siglo XIX fue   una extra&ntilde;a sinusoide hist&oacute;rica de   perfecta simetr&iacute;a: la primera mitad   (1850-1880) corresponde al predominio   del pensamiento liberal radical y   la segunda (1880-1910) a su destorcida:   la Regeneraci&oacute;n. La primera se   caracteriz&oacute; por el sue&ntilde;o de crear un   estado federal, garantizar el respeto   irrestricto de las libertades individuales,   injertar el pa&iacute;s en el mundo moderno   a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica de librecambio   y eliminar la influencia de   la iglesia sobre la vida civil y sobre el   estado. La segunda, por la creaci&oacute;n   de un estado fuertemente centralizado,   con un claro control presidencial   de la vida pol&iacute;tica y firmemente   orientado por la religi&oacute;n cat&oacute;lica, por   la negaci&oacute;n de las garant&iacute;as individuales   y por el desarrollo de una econom &iacute;a fundamentada en una severa protecci&oacute;n aduanera(9).</p>     <p>   En la mitad exacta del siglo se organizaron   definitivamente los dos partidos   pol&iacute;ticos. En el liberal confluyeron   principalmente los crecientes grupos   de artesanos y de nuevos comerciantes   que se hab&iacute;an desarrollado   desde la independencia y estaban   fuera de los privilegios tradicionales;   en el conservador, los terratenientes   y esclavistas, el clero y las familias de   abolengo. Pero ambos partidos eran   organizaciones policlasistas: hubo terratenientes   y esclavistas en el partido   liberal e importantes comerciantes   en el partido conservador. Adem &aacute;s, muchos de los comerciantes e intelectuales de las ciudades eran a la vez terratenientes que derivaban sus ganancias de sus posesiones m&aacute;s que de su ejercicio comercial o profesional.</p>     <p>Las dos agrupaciones estaban identificadas   en aspectos sustanciales: la   necesidad de una apertura hacia el   comercio exterior, la conveniencia de   una pol&iacute;tica de librecambio, el papel   de Colombia en el concierto internacional   (productor de materias primas   agr&iacute;colas y mineras y consumidor de   manufacturas procedentes de las   metr&oacute;polis) y hasta en la aceptaci&oacute;n   de la gran propiedad terrateniente y   la pol&iacute;tica de adjudicaci&oacute;n de tierras (10,11).</p>     <p>   Los principales contradicciones se   centraban alrededor del tipo de estado   que se cre&iacute;a indispensable para   garantizar el nacimiento econ&oacute;mico   de la naci&oacute;n, de la amplitud debida a   la libertad de expresi&oacute;n y otras libertades   individuales y, sobre todo, del   asunto de la separaci&oacute;n de la Iglesia   y el Estado. Los tres temas dieron   oportunidad suficiente a todo tipo de   insurrecciones en un pa&iacute;s donde la   en&eacute;rgica iniciativa individual del caudillo   tiene m&aacute;s poder de convicci&oacute;n   que las ideas por &eacute;l expresadas. Pero   tambi&eacute;n porque cada una de las dos   formas de gobierno (federal y centralista)   surgi&oacute; del sometimiento militar   de la contraparte y no del consenso.   Las respectivas constituciones (1863   y 1886) consagraron formas pol&iacute;ticas   gracias a las cuales era posible impedir   que el contendor pudiera ganar   en el juego de la democracia, no dej &aacute;ndole otra alternativa que la insurrecci &oacute;n(11).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La principal estrategia econ&oacute;mica liberal   fue la apertura econ&oacute;mica(12).   Para injertarse en el mercado internacional   el pa&iacute;s ten&iacute;a que industrializarse   y la estrategia interna l&oacute;gica era   el desarrollo de la educaci&oacute;n. Durante   el gobierno del m&eacute;dico y general   Santos Acosta, quien termin&oacute; el   per&iacute;odo para el cual hab&iacute;a sido electo   el general Tom&aacute;s Cipriano de   Mosquera, se cre&oacute; la Universidad   Nacional de los Estados Unidos de   Colombia, mediante Ley del 22 de   septiembre de 1867. En ella se integraron   las escuelas Superiores de   Ciencias Naturales, Ingenier&iacute;a, Medicina y Jurisprudencia.</p>     <p>   Al mismo ritmo se impulsaron la   ciencia y la investigaci&oacute;n. El gremio   m&eacute;dico, en particular, se mostraba   empe&ntilde;ado en crear una "medicina   nacional". Los profesionales j&oacute;venes   viajaban a Europa, especialmente a   Par&iacute;s, y desde all&iacute; enviaban cartas y   art&iacute;culos comunicando los &uacute;ltimos   avances de la cl&iacute;nica. Los m&aacute;s destacados   eran corresponsales de las sociedades   cient&iacute;ficas europeas y viv&iacute;an   al tanto de las conferencias de Charcot   en la Salpetri&eacute;re y de los avances   de Pasteur. Se crearon sociedades   cient&iacute;ficas como la Academia de Ciencias   Naturales de la U.N. (1871), la   Sociedad de Medicina y Ciencias   Naturales de Bogot&aacute; (1873), la Academia   de Medicina de Medell&iacute;n   (1887), y se fundaron varias revistas   cient&iacute;ficas: la Revista Cient&iacute;fica e Industrial   (1871), los Anales de la Universidad   Nacional (1868), la Revista   M&eacute;dica (1873). En ellas se invitaba   persistentemente a informar todos los   casos de enfermedades raras y curiosas   que se encontraran en la pr&aacute;ctica   cl&iacute;nica y se daba espacio a las traducciones de los principales art&iacute;culos de   revistas m&eacute;dicas internacionales(13). El   fervor por la ciencia y la cultura hizo   que se apodara moment&aacute;neamente a Bogot&aacute; "la Atenas suramericana".</p>     <p>   Pero los resultados del esfuerzo liberal   no fueron nunca la paz deseada   ni el progreso esperado. El federalismo   fortaleci&oacute; las ambiciones y los   descontentos de los caudillos locales   que, adem&aacute;s, pod&iacute;an armarse con facilidad,   y el gobierno central carec&iacute;a   de un ej&eacute;rcito adecuado para contener   las permanentes rebeliones que se   produc&iacute;an en las provincias. De modo   que el pa&iacute;s estaba en guerra civil casi   permanente, lo cual hac&iacute;a imposible la consolidaci&oacute;n de la econom&iacute;a.</p>     <p>   La abolici&oacute;n de impuestos y aranceles   aduaneros ciertamente favoreci&oacute;   al comercio exterior, pero eran escasos   los productos que produc&iacute;amos   en cantidad suficiente para poner en   el exterior. Igual que hoy, las importaciones   aumentaron mucho m&aacute;s que   las exportaciones, por la capacidad de   compra de las clases privilegiadas   que pod&iacute;an darse lujos. La apertura   del comercio exterior no logr&oacute; el so- &ntilde;ado despegue de una industria nacional. "A fines de la d&eacute;cada de 1870 las exportaciones colombianas fueron oficialmente avaluadas en 11 millones de d&oacute;lares, mientras que Brasil exportaba casi 90, Per&uacute; y Argentina exportaban m&aacute;s de 45 y M&eacute;xico y Chile m&aacute;s de 30."(14)</p>     <p>   Los intentos por eliminar la influencia   de la iglesia sobre la vida civil y   pol&iacute;tica llevaron a los liberales desde   las acciones de desamortizaci&oacute;n de   bienes hasta el decreto de tuici&oacute;n, que   obligaba a los sacerdotes a jurar sometimiento   a las autoridades civiles.   La persecuci&oacute;n institucionalizada a   los religiosos estaba m&aacute;s all&aacute; de las   intenciones finales del propio partido   liberal y constituy&oacute; un motivo   adicional para la insurrecci&oacute;n. Adem &aacute;s, los bienes de manos muertas tuvieron un final distinto: no fueron puestos a disposici&oacute;n de todos, ni contribuyeron a la amortizaci&oacute;n de la deuda interna y externa, ni generaron el desarrollo prometido(15). Al contrario, fueron adquiridos por comerciantes, burgueses y profesionales de ambos partidos (especialmente del liberal) y aumentaron la significaci &oacute;n del terratenientismo escasamente productivo.</p>     <p>   En el terreno investigativo el resultado   tampoco fue la creaci&oacute;n de una   ciencia nacional. Los esfuerzos apenas   alcanzaron el nivel superficial de la clasificaci&oacute;n y de la descripci&oacute;n.</p>     <p>   Para 1880 el pa&iacute;s estaba cansado. Rafael   Nu&ntilde;ez fue elegido presidente,   intent&oacute; los primeros cambios y los liberales   se insurreccionaron. La insurrecci &oacute;n comenz&oacute; en 1885 en el estado de Santander y se extendi&oacute; al resto del pa&iacute;s, pero fue derrotada en el combate de La Humareda. Nu&ntilde;ez, en alianza con los conservadores, cre&oacute; el Partido Nacional e instal&oacute; su proyecto pol&iacute;tico: la Regeneraci&oacute;n, un bandazo pol&iacute;tico de 180&deg;.</p>     <p>   Los principales puntos de conflicto   con el modelo anterior fueron el centralismo   pol&iacute;tico y administrativo, la abolici&oacute;n de numerosas libertades   individuales, la organizaci&oacute;n centralizada   de la banca y de toda la actividad   econ&oacute;mica y financiera, el control   religioso de la educaci&oacute;n y de la   vida civil y la creaci&oacute;n de un poderoso y exclusivo ej&eacute;rcito nacional.</p>     <p>   Pero, de todos ellos, tal vez el "problema   religioso" fue el m&aacute;s candente.   La iglesia cat&oacute;lica ocupaba un importante   lugar en la pol&iacute;tica interna   de la corona espa&ntilde;ola y jug&oacute; papel en   la conquista. Durante todo el per&iacute;odo   colonial la alta jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica   tomo partido a favor del dominio   colonial espa&ntilde;ol. Pero durante el   siglo XVIII muchos sacerdotes de la   base, criollos la mayor&iacute;a de ellos, adhirieron   a la causa de la independencia.   Su n&uacute;mero y su influencia era   enorme. En 1825 hab&iacute;a en la Gran   Colombia 1694 sacerdotes seculares,   1377 frailes y 789 monjas. Es decir, un   religioso por cada 700 habitantes, una   proporci&oacute;n superior a la que existe hoy en Am&eacute;rica Latina(16).</p>     <p>   Adem&aacute;s de su influencia ideol&oacute;gica   la iglesia ten&iacute;a un enorme poder econ &oacute;mico representado en un gran n&uacute;- mero de propiedades urbanas y rurales. Y los sacerdotes recib&iacute;an rentas y emolumentos estatales. El estado republicano conserv&oacute; intactos los privilegios de la iglesia cat&oacute;lica heredados del r&eacute;gimen colonial e incluso mantuvo instituciones como el patronato. Los cl&eacute;rigos intervinieron activamente en la vida pol&iacute;tica de los primeros cuarenta a&ntilde;os de independencia. Los primeros intentos por una situaci &oacute;n distinta comenzaron decididamente con el gobierno de Jos&eacute; Hilario L&oacute;pez(15).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   M&aacute;s que ateos, los liberales   (colombianos y de todo el continente)   fueron anticlericales(17). Pretend&iacute;an   una religi&oacute;n privada, de tinte protestante,   un estado laico y una educaci &oacute;n libre de la influencia religiosa. El desarrollo de los acontecimientos y la militancia de los sacerdotes en el partido conservador hicieron del "problema religioso" la m&aacute;s definida diferencia entre los dos partidos y constituyeron el motivo aparente de muchas de nuestras guerras civiles(15).</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>LOS ESTUDIOS M&Eacute;DICOS</b></font></p>      <p>   Los hermanos Jim&eacute;nez estudiaron en   la Universidad Nacional en este clima   de rivalidades pol&iacute;ticas y guerras   civiles. Su regi&oacute;n y su familia eran   decididamente conservadoras. En esa &eacute;poca, incluso entre los hombres m&aacute;s destacados, la adopci&oacute;n de una doctrina pol&iacute;tica era mucho m&aacute;s el resultado de la influencia familiar (a veces de las rencillas familiares) y de intereses econ&oacute;micos que de una reflexi&oacute;n ideol&oacute;gica. Y esa adhesi&oacute;n pol&iacute;tica implicaba una militancia activa. Desconocemos la participaci &oacute;n que tuvieron en el agitado clima estudiantil de entonces. El hermano mayor, Manuel, fue siempre el m&aacute;s decidido y beligerante. M&aacute;s que abogado lleg&oacute; a ser militar de carrera. Pero pocas cosas parecen mostrar la vocaci&oacute;n de pol&iacute;tico de Miguel Jim&eacute;- nez.</p>     <p>   La carrera duraba cuatro a&ntilde;os. En el   plan de estudios destacaban la anatom&iacute;a, la semiolog&iacute;a, la medicina interna   y la cirug&iacute;a general. No exist&iacute;a   una clase de psicopatolog&iacute;a ni eran   habituales las pr&aacute;cticas en los   manicomios. El conjunto de conocimientos   m&aacute;s cercano a la psiquiatr&iacute;a   era la c&aacute;tedra de medicina forense,   que se estudiaba en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. El   doctor Jim&eacute;nez mostr&oacute; temprano inter &eacute;s por las enfermedades mentales. Siendo estudiante de &uacute;ltimo a&ntilde;o fue practicante ad honorem en el asilo de San Diego y se gradu&oacute; en 1899 con la tesis "Estudio m&eacute;dico psicol&oacute;gico de la interdicci&oacute;n judicial por causa de locura "(18).</p>     <p>   El asilo estaba localizado en el lugar   que hoy ocupa el Hotel Tequendama   y hab&iacute;a sido construido sobre el   antiguo Convento de la Recoleta de   los Franciscanos. Pese a que la   construcci&oacute;n era relativamente   reciente (1883), era un lugar   inadecuado para incrementar las vocaciones.   All&iacute; se encontraban   recluidos los enfermos mentales de   ambos sexos, confundidos con   indigentes, ancianos abandonados y   otros pacientes. Una vi&ntilde;eta puede   probarlo: "Todo aquel que durante este   largo lapso tuvo que ver en alguna forma   con este asilo, ya fuera como empleado,   como particular o como asilado, est&aacute; conforme   en que las condiciones en que all&iacute;   se viv&iacute;a eran tales, que clamaban al cielo   por un cambio que estuviera m&aacute;s de   acuerdo con las leyes morales, los sentimientos   caritativos de la sociedad y los   dictados de la ciencia. La estrechez del   local, su defectuosa edificaci&oacute;n, hac&iacute;an   inevitable el hacinamiento de los asilados   e imposible la debida separaci&oacute;n de los   sexos, de manera que el tratamiento que   por fuerza recib&iacute;an all&iacute; estos infelices,   hac&iacute;a que m&aacute;s pareciera aquello una casa   colonial de correcci&oacute;n o de castigo para   empedernidos criminales, que un asilo   destinado por la beneficencia y la caridad   para recoger con suavidad y cuidar con   esmero enfermos inocentes y seres miserables   agobiados por la suerte inclemente   y la desgracia en todas sus manifestaciones "(19).</p>     <p>   Desconocemos la impresi&oacute;n que le   causaron los pacientes y los tratamientos   de entonces. En todo caso, el   tema elegido como tesis prueba que   no perdi&oacute; la vocaci&oacute;n. Con seguridad,   estaba intensamente influido por la   personalidad de su profesor de ciencias   forenses, Carlos Putnam, quien   acaba de publicar el primer volumen   de su "Tratado pr&aacute;ctico de Medicina   Legal" y hab&iacute;a estudiado en Par&iacute;s con   Charcot. La medicina viv&iacute;a entonces   una &eacute;poca de florecimiento de inquietudes   sobre la psicopatolog&iacute;a de la   conducta punible. Los trabajos de   grado con temas propiamente psiqui &aacute;tricos tendr&iacute;an que esperar hasta el nuevo siglo(20).</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>EL SOLDADO</b></font></p>      <p>   La Guerra de los Mil D&iacute;as pareci&oacute;   cambiar el rumbo de sus predilecciones   profesionales. Los combates se   iniciaron en octubre de ese a&ntilde;o (1899).   Los tres hermanos participaron en la   batalla de Palonegro, como miembros   del Ej&eacute;rcito del Norte que dirig&iacute;a el   general Pr&oacute;spero Pinz&oacute;n. Manuel (30   a&ntilde;os) como coronel, al mando del   Batall&oacute;n Carlos Holgu&iacute;n; Celso (26   a&ntilde;os), como coronel m&eacute;dico del Cuartel General de la Tercera Divisi&oacute;n y   Miguel (24 a&ntilde;os), como coronel m&eacute;-   dico del Cuartel General de la Quinta Divisi&oacute;n(21).</p>     <p> &iquest;Fue esta una decisi&oacute;n animada por               el entusiasmo pol&iacute;tico? &iquest;O una decisi &oacute;n esencialmente profesional, orientada               por el inter&eacute;s que una oportunidad               semejante ofrec&iacute;a a un m&eacute;dico               joven con aspiraciones de cirujano? &iquest;O fue, nuevamente, una decisi&oacute;n   orientada por la fraternidad familiar?</p>     <p>   Es f&aacute;cil suponer que influyeron por   lo menos tres razones: la presencia del   hermano mayor como comandante   de una de las divisiones del mismo   cuerpo; sus propias ideas patri&oacute;ticas   y la influencia, seguramente importante,   de su profesor Carlos Putnam,   quien era "Jefe de Ambulancia", el   cargo m&eacute;dico m&aacute;s elevado, en el ej&eacute;rcito   del gobierno. &iquest;Cu&aacute;l de ellas fue   m&aacute;s poderosa? Es dif&iacute;cil decirlo. A   falta de documentos podemos hacer   algunas suposiciones apoyadas en los   elementos de personalidad que ya   conocemos. No hab&iacute;a sido, hasta ahora,   un activo participante en la pol&iacute;tica,   bastante agitada por cierto, que se   viv&iacute;a en la Universidad Nacional.   Pese a ser un hombre leal a sus convicciones   y profundamente aferrado   a las ideas conservadoras de su tierra   y de su familia, no podemos imaginarlo   arrastrado, como su hermano   mayor, por la pasi&oacute;n y dispuesto a matar a los enemigos de la legitimidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Quiz&aacute;s era una oportunidad tentadora   para un m&eacute;dico con ambiciones de   cirujano. Dif&iacute;cilmente puede uno   imaginar un m&aacute;s severo y dram&aacute;tico   post-grado en ortopedia y trauma   que una guerra en la cual, inevitablemente,   la mayor parte de los combates   se libraron cuerpo a cuerpo. Los   rifles Gras que utilizaban los soldados   regulares apenas disparaban un &uacute;nico tiro y luego deb&iacute;an ser usados como bayoneta o como cachiporra. Del ej&eacute;rcito liberal basta saber que, perdida como estuvo tempranamente, -desde el combate naval de Los Obispos, en Gamarra-, la oportunidad de utilizar el r&iacute;o Magdalena para apertrechar a los ej&eacute;rcitos del interior, la orden fue la utilizaci&oacute;n del sable y del machete como armas fundamentales. Pero el doctor Jim&eacute;nez termin&oacute; su carrera dando muestras claras de acercamiento gustoso al pensamiento psicol&oacute;gico y no a la pr&aacute;ctica quir &uacute;rgica.</p>     <p>   Es tentador suponerlo arrastrado por   la autoridad de su hermano mayor,   la admiraci&oacute;n hacia su profesor y la   amistad con su otro hermano. La idea   armoniza bien con la condici&oacute;n de   hijo menor y refuerza la impresi&oacute;n   que tenemos de que, en esta primera   mitad de su vida, Miguel es a&uacute;n el   menor y el m&aacute;s obediente del grupo de varones de su familia.</p>     <p>   El Ej&eacute;rcito del Norte, comandado por   el general Pr&oacute;spero Pinz&oacute;n, avanz&oacute; a   enfrentar las fuerzas que Benjam&iacute;n   Herrera, Rafael Uribe y Justo Dur&aacute;n   hab&iacute;an logrado reunir en Cundinamarca,   Boyac&aacute; y Oca&ntilde;a y que se dirig &iacute;an hacia Santander, el mayor fort&iacute;n del pensamiento liberal radical. Santander era, adem&aacute;s, su &uacute;nica salida t&aacute;ctica ante la p&eacute;rdida de la Costa Atl&aacute;ntica, el lugar estrat&eacute;gico para recibir los pertrechos que desde Venezuela pod&iacute;a mandarles su amigo el dictador Cipriano Castro, a quien el liberalismo hab&iacute;a ayudado a su vez.</p>     <p>   En la retaguardia, siguiendo la ruta   del general Pinz&oacute;n, iban las ambulancias   recogiendo los heridos que dejaban   las escaramuzas. Finalmente,   descendieron a Santander por la antigua   ruta de Piedecuesta. All&iacute; ocurri &oacute; el primer combate. Era el 28 de octubre. Hasta entonces el trabajo m&eacute;dico debe haber sido rutinario y escaso.</p>     <p>   Los ej&eacute;rcitos liberales eran, esencialmente,   sumatorias improvisadas de   grupos guerrilleros. Su imprudencia   y su desorganizaci&oacute;n fueron tan inauditas   como su arrojo. R&aacute;pidamente   resultaron vencidos por un ej&eacute;rcito   profesional no menos valeroso. Los   dos bandos corrieron entonces hacia   Bucaramanga y all&iacute; se produjo el segundo   combate, que nuevamente   perdieron las fuerzas insurrectas. Era   el 12 de noviembre. La ciudad qued&oacute; en manos del gobierno(22).</p>     <p>   Las fuerzas liberales retrocedieron   hacia C&uacute;cuta cruzando la provincia   de Garc&iacute;a Rovira. Mi abuela, siendo   ni&ntilde;a, tuvo el breve honor de servir   como estafeta durante la retirada(23).   El 16 de diciembre avanzaron de nuevo   y fueron detenidos en el puente   de La Laja, sobre el r&iacute;o Peralonso. Los   soldados los doblaban en n&uacute;mero y   las municiones se agotaron apenas   empezado el combate. Benjam&iacute;n Herrera   result&oacute; gravemente herido y   Uribe Uribe, desesperado, con 11   voluntarios, emprendi&oacute; una acci&oacute;n   suicida que le permiti&oacute; tomar el puente   y poner en fuga al ej&eacute;rcito oficial.   Las fuerzas se reunieron en C&uacute;cuta a   esperar las armas que deb&iacute;a traer de   Venezuela Foci&oacute;n Soto. La espera fue   larga y el regalo result&oacute; pobr&iacute;simo:   2.024 fusiles para un ej&eacute;rcito que deb &iacute;a rondar los 10.000 hombres(21).</p>     <p>   En enero y febrero ocurrieron los   combates de Gramalote y de Ter&aacute;n,   favorables a los insurrectos. En abril,   las fuerzas liberales cruzaron nuevamente   a Santander. El ej&eacute;rcito conservador   los esper&oacute; en Palonegro, en las   vecindades de Bucaramanga. Fue la   m&aacute;s larga y cruenta de las batallas.   El n&uacute;mero de soldados que participaron   var&iacute;a seg&uacute;n los autores. Quiz &aacute;s 7.000 hombres del ej&eacute;rcito liberal contra 18.875 soldados del ej&eacute;rcito oficial(22); tal vez 11.443 conservadores contra 14.000 liberales(21). Las atrocidades diarias apenas pueden ser imaginadas. Un testigo de entonces sosten&iacute;a que los combates empezaban antes del amanecer y que las condiciones de iluminaci&oacute;n hac&iacute;an imposible distinguir al enemigo, por lo cual el ej&eacute;rcito de macheteros recibi&oacute; la orden de quitarse las camisas, y determinar al tacto si el vecino era un camarada o un enemigo antes de decapitarlo( 24).</p>     <p>   Durante trece d&iacute;as, entre el 11 y el 26   de mayo, los hombres combaten y   mueren en una carnicer&iacute;a dif&iacute;cilmente   igualada. Los errores elementales   de t&aacute;ctica de los generales, la desinformaci&oacute;n y casualidades tr&aacute;gicas   fueron innumerables. Y tampoco fueron   extra&ntilde;as las epidemias. "...A los   aguaceros de los d&iacute;as anteriores, sucedi&oacute;   el 16 un sol canicular; los aires del sur,   del occidente y del norte, llegaron a la   hoyada cargados de vapores mef&iacute;ticos,   producto de los cad&aacute;veres insepultos, en   descomposici&oacute;n, que por estos lados rodeaban   el campamento; no menos suced &iacute;a con los aires de oriente, que levantaban en el Boquer&oacute;n bocanadas de horror de entre la inmundicie, de los restos de los ganados, cueros, cabezas, menudos; de las bestias muertas y de los cad&aacute;veres descubiertos por las aguas".</p>     <p> "De este modo, a la espantosa necesidad               se agregaba el envenenamiento miasm&aacute;-               tico; y lo que es peor todav&iacute;a: mientras               unos trataban de sepultar a los muertos               o de cubrir los despojos y los otros combat &iacute;an y dejaban o bajaban a sus heridos               ...los vivos se robaban las brigadas: lo               mismo las que la necesidad guardaba en               el estrecho campamento, que aquellas que               se hab&iacute;an bajado a las dehesas de Gir&oacute;n y   Florida o de Bucaramanga"(21).</p>     <p>   Los actos de valor y temeridad abundaron   en los dos bandos. Pero la batalla   se defini&oacute; sobre todo por la mayor &iacute;a del ej&eacute;rcito, su mejor organizaci &oacute;n y armamento. El general Henrique Arboleda afirma que murieron unos 1.500 liberales y unos 1.000 conservadores. La cifra coincide con el n&uacute;mero de cr&aacute;neos que se apilaron para formar el macabro monumento de homenaje a los ca&iacute;dos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El doctor Jim&eacute;nez permaneci&oacute; en los   hospitales de campa&ntilde;a. Hasta donde   sabemos no se vio en la obligaci&oacute;n de   participar en el cuerpo a cuerpo. Su   experiencia quir&uacute;rgica seguramente   fue extensa pues "los hospitales que se   fundaron en esta poblaci&oacute;n, en n&uacute;mero   de seis, los de Gir&oacute;n y la Florida, el de   Piedecuesta y el de Rionegro, han dado   abrigo, alimentaci&oacute;n y cuidados a 1.017   heridos y a m&aacute;s de 1.200 enfermos de   distinta especie. Casi todos los heridos han   sido motivo de alguna operaci&oacute;n, ya sea   para la extracci&oacute;n de un proyectil, de un   fragmento de hueso, la ligadura de una   arteria, la sutura de colgajos, la reducci &oacute;n de una fractura..."(25)</p>     <p> &iquest;Cu&aacute;l fue la vivencia del hombre? &iquest;Prest&oacute; mayor atenci&oacute;n al dolor f&iacute;sico               y al politraumatismo o a la angustia,               la crueldad y el miedo? &iquest;Fortaleci &oacute; la guerra su decisi&oacute;n de dedicarse               a la psicopatolog&iacute;a y sus tratamientos?               No lo sabemos. Sus descendientes               aseguran que rara vez hablaba del               asunto y que, activamente preguntado,               guardaba respetuoso silencio. En               su extensa producci&oacute;n posterior no se   refiere jam&aacute;s al tema.</p>     <p>   La guerra se prolong&oacute; hasta 1902,   cuando se firm&oacute; la derrota liberal con   los tratados de Neerlandia y de Wisconsin.   La econom&iacute;a nacional, apenas   naciente, qued&oacute; completamente desvertebrada   y el pa&iacute;s m&aacute;s empobrecido   que nunca(26). El doctor Jim&eacute;nez   regres&oacute; a su tierra mucho antes del   final. Y hasta 1908 trabaj&oacute; como m&eacute;-   dico general, junto a su hermano Celso,   en Paipa. Fueron 8 a&ntilde;os serenos,   dedicado al ejercicio profesional, viviendo   con su familia y en un medio   casi rural. Nunca perdi&oacute; el gusto por ese ambiente apacible y por su gastronom &iacute;a t&iacute;pica.</p>     <p>   Los dos hermanos hab&iacute;an concebido   la idea de ir a estudiar a Europa. Ya   se mencion&oacute; que Par&iacute;s era entonces   la Meca cient&iacute;fica. Los intelectuales,   especialmente los hijos de las familias   adineradas, viajaban all&iacute; para   hacerse profesionales y, a su regreso,   sol&iacute;an mantener los nexos por medio   de una profusa corresponsal&iacute;a con sus   profesores europeos y la conservaci &oacute;n de sus membrec&iacute;as a las sociedades cient&iacute;ficas. Los dos Jim&eacute;nez acumularon recursos para el viaje durante todo este per&iacute;odo. Finalmente, en 1908, se embarcaron, primero el uno y luego el otro, hacia la Europa fantaseada.</p>     <p>   El mayor realiz&oacute; estudios de especializaci &oacute;n en medicina de los &oacute;rganos de los sentidos, las actuales ORL y oftalmolog&iacute;a. El menor convalid&oacute; su t&iacute;tulo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Par&iacute;s en 1908, asisti &oacute; al Hospital Necker y reanud&oacute; su vocaci&oacute;n de psiquiatra asistiendo a la Salpetri&eacute;re bajo la direcci&oacute;n de los profesores Raymond y Lhermite en 1909. Pas&oacute; luego por el hospital Broca, donde hizo pr&aacute;cticas de neurolog &iacute;a con los profesores Pozzi y Jayle. Y rot&oacute;, finalmente, por la Cl&iacute;nica Baudelocke con los profesores Pinard y Couvelaire en 1910(27).</p>     <p>   Par&iacute;s no era &uacute;nicamente un faro acad &eacute;mico. Su &eacute;poca dorada estaba terminando, pero aun flotaba en el aire el aroma de las "Flores del mal". Baudelaire, Verlaine, Corbiere, Rimbaud, Mallarm&eacute; y los otros poetas malditos hab&iacute;an contagiado a la ciudad y a Europa entera con su actitud decadente. Su rebeli&oacute;n est&eacute;tica dio origen a la modernidad en el terreno del arte. Atr&aacute;s quedaba el mundo de los rom &aacute;nticos, su poes&iacute;a sentimental, su devoci&oacute;n por el amor y su atracci&oacute;n por la belleza. Al orden pusieron, en cambio, el desprecio por la sociedad y sus valores, el refugio en la marginalidad, la repulsi&oacute;n por lo puramente sentimental, el rechazo por la est&eacute;- tica de lo bonito, la actitud prostibularia, el encuentro con las perversiones y la b&uacute;squeda los para&iacute;sos artificiales de las drogas.</p>     <p>   Muchos latinos (poetas y otros intelectuales)   hab&iacute;an adoptado, al menos   en la ret&oacute;rica, la actitud de los decadentes.   El doctor Jim&eacute;nez no. Sabemos   que, pese a su juventud, era un   hombre severo y un estudiante muy   aplicado. Quiz&aacute;s jam&aacute;s resbal&oacute; hacia   las tentaciones que seguramente se le   ofrec&iacute;an y al ambiente de disipaci&oacute;n   que rodeaba la colonia latina. No digo   que se comportara como un monje.   Pero sin duda su actitud fue distinta   de la que se estilaba entonces: no frecuentaba   los burdeles, no se embriagaba,   no asist&iacute;a a bacanales y no exhib &iacute;a conquistas f&aacute;ciles. Su vida afectiva en esta &eacute;poca fue demasiado conservadora o demasiado discreta. Por lo dem&aacute;s, en Par&iacute;s no solo estudi&oacute; medicina. Aprendi&oacute; a degustar los buenos vinos y a disfrutar de la cocina europea, inici&oacute; su afici&oacute;n por la &oacute;pera y su admiraci&oacute;n por la m&uacute;sica de Camille Saint-Saens y perfeccion&oacute; la cultura que le caracterizar&iacute;a.</p>     <p>Pero jam&aacute;s pudo aceptar el modernismo.   Aunque bastante posteriores,   las siguientes frases revelan las l&iacute;neas   generales de su est&eacute;tica: "Y las artes..   &iexcl;cu&aacute;ntas tendencias anormales, cu&aacute;ntas   aberraciones malsanas hemos visto surgir   en la literatura y en las artes de la   forma y del color y de la l&iacute;nea, en la m&uacute;-   sica y en el baile, en la arquitectura y en   la decoraci&oacute;n! Todos esos movimientos   que se han llamado el cubismo, el futurismo   o el impresionismo y tantas otras   tituladas "escuelas" de los &uacute;ltimos tiempos   no han hecho o no han pretendido sino   desvincular el arte de sus dos eternas   fuentes de inspiraci&oacute;n y de ense&ntilde;anza que   fueron exaltadas por el renacimiento: la   Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica y la comuni&oacute;n con   la naturaleza. &iquest;Y qu&eacute; decir de la m&uacute;sica   y de la danza? All&iacute; donde antes se escuchaba   el ritmo se&ntilde;orial del vals y del minueto,   impera hoy la selva africana con   sus ritos b&aacute;rbaros, con sus espasmos primordiales,   &uacute;nico excitante para nuestras generaciones agotadas".</p>     <p> "En la novela y en el teatro ya no es suficiente               el &#145;com&uacute;n y corriente&#146; adulterio,               que nada dice a la mente extenuada del               gran p&uacute;blico. Son necesarios temas nuevos               y fuertes para interesar su atenci&oacute;n:               los amores incestuosos, las perversiones               sexuales, los aspectos monstruosos y enfermizos               de la pobre naturaleza humana,               alentados por el psicoan&aacute;lisis, han empezado               a salir ya mostrarse en su lastimosa               desnudez a trav&eacute;s de la novela y de la "alta               comedia", esas dos c&aacute;tedras del esp&iacute;ritu,               esas dos inspiradoras de las generaciones   nuevas"(28).</p>     <p>   En 1911, se desplaz&oacute; a Inglaterra,   donde permaneci&oacute; un a&ntilde;o. M&aacute;s que   ejercer la medicina, se desempe&ntilde;&oacute;   como un eficaz c&oacute;nsul colombiano en   Southampton(27) y viaj&oacute; por el pa&iacute;s.   Este fue su primer paso en la carrera   diplom&aacute;tica. Pero, en 1912, la interrumpi &oacute; con la decisi&oacute;n s&uacute;bita de regresar. Desconocemos sus razones. No hab&iacute;a adquirido lazos afectivos decisivos en Europa y no los ten&iacute;a en Colombia. Tal vez sent&iacute;a nostalgia de su tierra. Seguramente percib&iacute;a la conveniencia de reintegrarse a la familia y deseaba establecerse como m&eacute;dico. Quiz&aacute;s hubo otras razones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Con el retorno inaugur&oacute; una nueva &eacute;poca de su vida. El hombre que regres &oacute; era bien diferente. El tiempo y los acontecimientos hab&iacute;an madurado la personalidad. El joven t&iacute;mido y distante, el hijo menor que se apoya en la opini&oacute;n de sus hermanos, el hombre de estirpe campesina, silencioso y humilde, hab&iacute;a desaparecido. Ahora lo percibimos como un intelectual en&eacute;rgico, seguro de sus decisiones, severo en sus juicios, poseedor tranquilo de una ampl&iacute;sima cultura, orgulloso de su formaci&oacute;n profesional, brillante en sus intervenciones. Ahora era un hombre citadino en su actitud(29), universal en sus conocimientos. Y estaba dispuesto a influir en la vida de su pa&iacute;s. Se instal&oacute; en Bogot&aacute;, a donde trajo a vivir a su madre, se convirti&oacute; en el jefe natural de su familia, se hizo dirigente pol&iacute;- tico, adquri&oacute; prestigio como m&eacute;dico, fund&oacute; una c&aacute;tedra en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, lleg&oacute; a ser funcionario del m&aacute;s alto nivel y escribi&oacute; profusamente sobre temas dis&iacute;miles. Algo tarde para su &eacute;poca, se cas&oacute; y construy&oacute; una familia. Ya no regres&oacute; a Paipa m&aacute;s que de visita o en plan de negocios. Y solo volvi&oacute; a vivir en Europa una vez, como embajador ante Alemania entre 1925 y 1927.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>EL PSIQUIATRA.</b></font></p>      <p>   El 11 de agosto de 1916 pronunci&oacute;   uno de sus m&aacute;s famosos discursos. Se   trataba de la lecci&oacute;n inaugural de la   c&aacute;tedra de patolog&iacute;a mental. El segundo   Congreso M&eacute;dico Nacional   hab&iacute;a hecho en 1913 la recomendaci &oacute;n de crearla, pero ya transcurr&iacute;an tres a&ntilde;os sin que el ejecutivo (que en esa &eacute;poca tomaba tales decisiones) procediera a elegir el profesor. Fue seleccionado de una terna que inclu&iacute;a a su profesor Carlos Putnam (quien muri&oacute; antes de la decisi&oacute;n) y a sus colegas Mart&iacute;n Camacho y Demetrio Garc&iacute;a(20).</p>     <p>   El discurso inaugural se llam&oacute; "La   locura en Colombia y sus causas". En &eacute;l, el doctor Jim&eacute;nez expres&oacute; una percepci &oacute;n l&uacute;cida del estado de la psiquiatr &iacute;a en el comienzo de siglo. Destaquemos primero que la conceb&iacute;a en el m&aacute;s amplio sentido: "Al hablar de patolog&iacute;a mental no vayamos a creer que el aprendizaje que hoy emprendemos comprenda solamente aquellas perturbaciones profundas del esp&iacute;ritu que el p&uacute;blico conoce con el nombre general de locura. Y que de ordinario son tratadas en los asilos de enajenados. El dominio de la patolog &iacute;a mental se extiende mucho m&aacute;s: en &eacute;l quedan comprendidas todas las desviaciones de la operaci&oacute;n ps&iacute;quica, ya sean transitorias, como el delirio febril, ya perturben apenas una faz del proceso mental, como la alucinaci&oacute;n, la obsesi&oacute;n, las afecciones de la personalidad y de la conciencia, la impulsi&oacute;n y las perversiones morales, estados que con frecuencia existen aisladamente, sin alcanzar a constituir el cuadro de la enajenaci&oacute;n mental. El alienista no es, pues, el cl&iacute;nico que se ocupa de los locos &uacute;nicamente, sino el que estudia estas diferentes modalidades de las altas funciones"(30).</p>     <p>   Observemos que ya entonces entiende   que el inter&eacute;s de la psiquiatr&iacute;a se   extiende hacia el terreno que hoy conocemos   como de enlace: "Es preciso   insistir sobre este punto: la reacci&oacute;n del   sistema nervioso es un factor esencial para   el m&eacute;dico, porque ella est&aacute; en el fondo de   todo proceso patol&oacute;gico y de toda acci&oacute;n   terap&eacute;utica. Aqu&iacute; podemos repetir con los   moralistas que no importa solamente lo   que se da sino tambi&eacute;n la manera de darlo,   esto es, que con el remedio que propinemos   debe ir siempre asociada una influencia   moral sobre nuestros enfermos,   una comunicaci&oacute;n simp&aacute;tica, que despierte   en ellos todos los resortes emocionales   y afectivos &uacute;tiles a su curaci&oacute;n. En otros   t&eacute;rminos: en todo tratamiento debe haber una dosis variable de psicoterapia"(30).</p>     <p>   Que percibe las dificultades que enfrenta   la psicopatolog&iacute;a: "Las enfermedades   mentales, no obstante haber sido   observadas desde los albores de la historia,   son hoy las menos conocidas en su   esencia. En ese campo, al menos, la ciencia   no ha adelantado con el mismo ritmo   acelerado que en otros campos del conocimiento.   Esta secci&oacute;n de la patolog&iacute;a   atraviesa en la actualidad una etapa en   que apenas se allegan hechos, con el &aacute;nimo de edificar m&aacute;s tarde una doctrina.   No es pues de extra&ntilde;ar que en Psiquiatr &iacute;a se carezca aun de una clasificaci&oacute;n definitiva que pueda servir de hilo conductor en este complicado estudio...En patolog&iacute;a mental la labor de la hora presente es una modesta labor de an&aacute;lisis y de anotaci&oacute;n y comparaci&oacute;n de hechos. Aqu&iacute; no se ha llegado aun a esas vastas generalizaciones que se han cumplido ya o que principian a cumplirse en otros ramos de la medicina y que han sido la obra de Pasteur en las enfermedades microbianas, de Virchow en la patolog&iacute;a de la c&eacute;- lula, de Bouchard en las enfermedades de la nutrici&oacute;n. Pero no por modesta nuestra labor actual ser&aacute; menos fecunda, pues que representa la faz precursora del grandioso resultado de s&iacute;ntesis que habr&aacute; de consumar alg&uacute;n genio futuro"(30).</p>     <p>   Y que avisora las dificultades que sus   estudiantes afrontar&aacute;n al estudiarla: "...Es habitual que el m&eacute;dico ordinario y el estudiante de medicina que aspira a ser &#145;un pr&aacute;ctico com&uacute;n y corriente&#146;, miren con cierto desv&iacute;o esta parte tan esencial de los estudios m&eacute;dicos. No es dif&iacute;cil adivinar las causas de tal indiferencia. Ellas residen en parte en nuestro modo de preparaci &oacute;n profesional, y en parte en la &iacute;ndole especial del estudio de la psiquiatr&iacute;a. Nuestra educaci&oacute;n cient&iacute;fica tiende a hacer de nosotros, desde el principio hasta el fin de los estudios, hombres de verdades objetivas, de comprobaciones concretas, de detalles netos y tangibles. As&iacute;, a la par que la facultad de an&aacute;lisis se exalta y que los &oacute;rganos de los sentidos se aguzan hasta la perfecci&oacute;n, el poder para manejar las nociones abstractas y para discernir fen&oacute;menos subjetivos e imprecisos, como son los que estudia la psicopatolog &iacute;a, se va embotando poco a poco. Y esto es en verdad una gran l&aacute;stima, pues conviene que el m&eacute;dico &#150;y aun el cirujano- sean hombres capaces de altas generalizaciones, si es que aspiran al dictado de verdaderos hombres de ciencia"(30).</p>     <p>   La segunda parte de su disertaci&oacute;n   nos parece hoy mucho menos brillante.   Corresponde punto a punto a la Teor&iacute;a de la degeneraci&oacute;n.</p>     <p>   Durante la primera mitad del siglo   XIX la psiquiatr&iacute;a fue esencialmente   descriptiva y poco propicia a la clasificaci &oacute;n. Gigantes del tama&ntilde;o de Griesinger y de Esquirol, estaban convencidos de que toda enfermedad mental ten&iacute;a sustrato cerebral. Sabemos que estaban animados por el descubrimiento reciente de la causa de la Par&aacute;lisis General Progresiva. Pero en la segunda mitad del siglo XIX, la teor&iacute;a estaba ya en franca decadencia, porque todos los esfuerzos -con los recursos de pesquisa disponibles entonces- rastreando el SNC, fueron in&uacute;tiles. Entonces surgi&oacute; Benedict Agustin Morel, un hombre profundamente religioso y muy influyente en la psiquiatr&iacute;a francesa. En 1857, public&oacute; su "Tratado de la degeneraci &oacute;n f&iacute;sica, intelectual y moral de la especie humana". En &eacute;l, no solo sostuvo la idea de la etiolog&iacute;a org&aacute;nica cerebral; a&ntilde;adi&oacute; su certeza de que se trataba de una degeneraci&oacute;n resultante de la conducta inmoral. Sus dos postulados m&aacute;s conocidos fueron la "Ley de la doble fecundaci&oacute;n", que afirma que en la enfermedad mental se mezcla la herencia de factores f&iacute;sicos y de transgresiones morales y la "Ley de la progresividad" que sugiere que cuando aparece un trastorno nervioso en una familia, la estirpe camina hacia la decadencia: los primeros descendientes padecer&aacute;n neurosis; los segundos, psicosis; los terceros debilidad mental y con ellos el linaje se agota(31).</p>     <p>   Jean Marie Charcot representa el   momento en que la psiquiatr&iacute;a francesa   abandona la hip&oacute;tesis org&aacute;nicocerebral   y emprende, de la mano de   los hipnotizadores, la b&uacute;squeda de   los factores propiamente psicol&oacute;gicos(   32). En adelante, el paradigma de   enfermedad mental fue la histeria y   no las psicosis. De ese tronco se desprendi &oacute; el psicoan&aacute;lisis. Charcot muri&oacute; en 1893 y, seguramente, el doctor Jim&eacute;nez result&oacute; influido por el pensamiento de sus antecesores. Sus extensos escritos muestran que adher &iacute;a a una psiquiatr&iacute;a apenas descriptiva y sin clasificaciones y evidencian su convicci&oacute;n acerca del origen cerebral de las enfermedades mentales y su certeza de que se trata de condiciones hereditarias influidas por la conducta &eacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En esta segunda parte de su disertaci &oacute;n inaugural, revisa las estad&iacute;sticas de ingresos al manicomio de varones dirigido por el doctor Maximiliano Rueda y al Asilo de Locas dirigido por el doctor Antonino G&oacute;mez Calvo. En ambos se&ntilde;ala el aumento anual de internados desde 1900 hasta 1912. Analiza tambi&eacute;n las cifras crecientes de ex&aacute;menes de estado mental solicitados anualmente al doctor Ricardo Fajardo Vega, de la Oficina M&eacute;dico Legal de Bogot&aacute;. Y concluye que la locura est&aacute; aumentando de forma alarmante. Su formaci&oacute;n te&oacute;rica le ofrec&iacute;a una explicaci&oacute;n r&aacute;pida del fen &oacute;meno y el doctor la acogi&oacute; con la convicci&oacute;n y con la fuerza que lo caracterizaron: "Y, antes que todo, como que en patolog&iacute;a mental ella es &#145;la causa de las causas&#146;, hablemos de la herencia. Por parte de las razas abor&iacute;genes de la Am&eacute;rica, hay todo el fundamento deseable para pensar que ellas eran ya, antes de la &eacute;poca colombina, razas deficientes, bien por una incompleta evoluci&oacute;n o por haber llegado a un per&iacute;odo de completa decadencia. Razones de orden antropol&oacute;- gico y de orden hist&oacute;rico respaldan esta hip&oacute;tesis. Las excavaciones y los hallazgos hechos en toda la extensi&oacute;n de la regi &oacute;n superandina... han sacado a luz vestigios monumentales y funerarios de civilizaciones extinguidas mucho antes de la &eacute;poca chibcha e incaica, que revelan un grado de cultura harto m&aacute;s avanzado que el que en estos pa&iacute;ses hallaron los conquistadores espa&ntilde;oles."</p>     <p> "Los m&aacute;s autorizados histori&oacute;grafos y                 americanistas opinan que el vicio de la                 embriaguez por la chicha y por otras bebidas                 fermentadas era tan general y tan                 profundo en las tribus de esta zona, que                 la mayor parte de sus hombres &#150;dirigentes                 y esclavos- eran verdaderos intoxicados,                 que no pod&iacute;an producir sino una descendencia                 degenerada. No es pues de extra &ntilde;ar que, debilitada y aminorada en sus                 energ&iacute;as, la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena hubiese                 sido tan f&aacute;cilmente sometida por sus conquistadores,                 y que de all&iacute; en adelante continuase                 siendo, como hasta hoy, un reba- &ntilde;o manso, envilecido y apocado, pues la                 oscura idea de la personalidad y de la libertad que pudo tener en sus mejores                 tiempos, desapareci&oacute; at&aacute;vicamente de su   cerebro en regresi&oacute;n" (30)</p>     <p>   Los conquistadores no le merec&iacute;an   mejor opini&oacute;n. Y menos la mezcla   racial: "De este conflicto de sangres tan   diversas y distantes han surgido profusamente,   como de toda aproximaci&oacute;n violenta,   tipos extremos y aberrantes, as&iacute; en   lo morfol&oacute;gico como en lo ps&iacute;quico. El   mestizo americano, base &eacute;tnica de nuestra   poblaci&oacute;n, no representa, pues, una   fusi&oacute;n de las razas originarias, en que   estas se compensen y atemperen en sus   rasgos extremos; es una simple yuxtaposici &oacute;n de tales rasgos... De aqu&iacute; que en nuestros pa&iacute;ses tanto la vida colectiva como la vida individual se marquen ya por una pasividad resignada e impotente &#150;herencia aborigen- ya por la impetuosidad irreflexiva y carente de control personal &#150;herencia latina. Persiste, en consecuencia, a trav&eacute;s del cruce secular de nuestros progenitores, la viciaci&oacute;n primordial de su psiquismo, la que reforzada por causas accidentales, surge con frecuencia en todas las esferas de nuestra poblaci&oacute;n, ya bajo la forma de locuras del gran grupo de las llamadas locuras constitucionales, ya bajo la forma de degeneraciones inferiores, ya con el car&aacute;cter de neurosis, bien como enfermedades de la emotividad o de la voluntad" (30).</p>     <p>   Es un extra&ntilde;o rumbo para un discurso   inaugural. Cambiar la raza es una   tarea que, de ser posible, excede la   labor m&eacute;dica. Desde luego, afirma   que nuestra supuesta "degeneraci&oacute;n"   tiene factores contribuyentes: el alcoholismo   (chichismo), la influencia de   las aguas, el "consumo constante de carnes   averiadas y putrefactas", el clima y   la s&iacute;filis. Y sobre todo: "Nuestra educaci &oacute;n es incompleta y viciosa. Es una simple disciplina intelectual; no se atiende en ella al desarrollo de la voluntad, que despierte las energ&iacute;as del individuo, ni a la formaci&oacute;n f&iacute;sica que arme al organismo contra las causas de las enfermedades. El resultado de estos m&eacute;todos educativos que olvidan la voluntad y el cuerpo se resume en esto s&oacute;lo: fatiga intelectual y moral. Despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os de vida en nuestros colegios, con su r&eacute;gimen claustral y con las repetidas fatigas y preocupaciones del examen, es incalculable el n&uacute;mero de neurast&eacute;nicos y de hist&eacute;ricas que salen al mundo, candidatos indicados para todas las psicopat&iacute;as de origen neur&oacute;sico, o al menos para transmitir a su descendencia &#150;si es que llegan a tenerla- un sistema nervioso fr&aacute;gil y deca &iacute;do"(30).</p>     <p>   Al contrario de la psiquiatr&iacute;a profesada   por el doctor Jim&eacute;nez, la del siglo   XX se caracteriz&oacute; por el predominio   de las explicaciones psicol&oacute;gicas   y, sobre todo, intraps&iacute;quicas. En particular,   por la presencia de la corriente   psicoanal&iacute;tica, que ya era famosa   en Europa desde 1899 con la pol&eacute;mica   publicaci&oacute;n de "La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os".</p>     <p>   Desde luego, el doctor Jim&eacute;nez nunca   ignor&oacute; la existencia del inconsciente.   Lo prueba su texto "Lo inconsciente   en la educaci&oacute;n", donde explica el   t&eacute;rmino de forma que no disgustar&iacute;a   al modelo topogr&aacute;fico freudiano.   Pero, para explicarlo, ni siquiera reconoc &iacute;a la existencia de la teor&iacute;a psicodin &aacute;mica: "En cuanto a la naturaleza &iacute;ntima de los fen&oacute;menos inconscientes, la psicolog&iacute;a se halla aun en la etapa de las hip&oacute;tesis. Unos, con Ribot, dan una explicaci&oacute;n puramente biol&oacute;gica de estos fen&oacute;menos y consideran inconsciencia y consciencia como dos grados de adaptaci &oacute;n del individuo a su medio; otros, como Grasset, y con &eacute;l la escuela de Montpellier, admiten centros cerebrales distintos para las dos categor&iacute;as de actividad, centros que podr&iacute;an, seg&uacute;n los casos, funcionar conjunta o separadamente; otros, finalmente, recogiendo y desarrollando una idea que ya hab&iacute;a sido vagamente esbozada por Leibnitz, adoptan la teor&iacute;a de la subconsciencia o consciencia subliminal, seg&uacute;n la cual, a m{as del &#145;yo consciente &#146; existir&iacute;an muchos &#145;yo potenciales&#146;, creados por condiciones de existencia anteriores y que se hallan prontos a entrar de nuevo en escena cuando esas viejas condiciones desaparecidas se llegan a reproducir "(33).</p>     <p>   Seguramente lo que le repugnaba era   la connotaci&oacute;n sexual de los instintos   que &#150;seg&uacute;n Freud- lo pueblan. Ese   rechazo se mantendr&aacute; a lo largo de   toda su vida. En 1934 se refer&iacute;a al psicoan &aacute;lisis en los siguientes t&eacute;rminos:</p>     <p> "Aquella escuela vienesa que pretende                 asignar a toda actividad humana &#150;normal                 o patol&oacute;gica- un est&iacute;mulo puramente                 sexual y que considera todo sentimiento                 como una &#145;libido&#146; comprimida, ha destilado                 su veneno sutil y sensual en las almas                 de autores y de lectores desprevenidos.                 Por fortuna una cr&iacute;tica sabia y elevada                 ha ido revaluando esas desoladoras                 doctrinas y habr&aacute; de dejar de ellas tan s&oacute;lo                 la escasa parte de observaci&oacute;n que puedan   contener"(28).</p>     <p>   El doctor Jim&eacute;nez cerr&oacute; su discurso   inaugural de aquel 11 de agosto comprometi &eacute;ndose a asumir su tarea m&eacute;- dica y docente con esp&iacute;ritu cient&iacute;fico y con decisi&oacute;n de humanista. Pero el curso de patolog&iacute;a mental apenas se sostuvo un semestre. A &eacute;l asistieron ocho estudiantes que presentaron examen en Noviembre 25. No hubo inscritos en el semestre siguiente. &iquest;Por qu&eacute;? Se han barajado diversas hip&oacute;tesis: la condici&oacute;n opcional de la c&aacute;tedra y el mayor inter&eacute;s pr&aacute;ctico de otros cursos, los problemas personales con el director del hospital donde ella se dictaba y la oposici&oacute;n del Arzobispo de Bogot&aacute;(20). Es posible que hayan intervenido factores coyunturales. Al m&aacute;rgen de ellos lo m&aacute;s probable es que esta psiquiatr&iacute;a centrada en la descripci&oacute;n, carente de una clasificaci&oacute;n completa de los elementos de su campo, abstracta y especulativa e incapaz de encontrar causas abordables con las herramientas m&eacute;- dicas (la degeneraci&oacute;n de la raza y la modificaci&oacute;n de la educaci&oacute;n b&aacute;sica no lo son) debi&oacute; ejercer muy poco atractivo sobre los j&oacute;venes m&eacute;dicos.</p>     <p>   El doctor Jim&eacute;nez debi&oacute; entenderlo   as&iacute; porque se retir&oacute; de la c&aacute;tedra, la   cual ya no volver&aacute; a abrirse hasta diez   a&ntilde;os despu&eacute;s. En los a&ntilde;os posteriores   continu&oacute; trabajando como m&eacute;dico   en su consulta particular. Su rutina   diaria inclu&iacute;a clases en la Facultad   de Medicina, donde lleg&oacute; a ser declarado   Profesor Honorario en 1940.   Pero el tema de su trabajo ya no son   las enfermedades mentales sino la   medicina interna.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Visitaba a sus pacientes en sus propias   casas siguiendo una rutina sencilla   y asist&iacute;a diariamente, en las tardes,   a su consultorio particular. Su   clientela estaba formada por personas   de clase social media y alta, especialmente   mujeres que presentaban enfermedades   ginecol&oacute;gicas o bien trastornos   ansiosos y depresivos menores.   A ellos les ofrec&iacute;a esa personal   mezcla de conocimiento m&eacute;dico, consejo   paternal y psicoterapia de apoyo   que lo hizo famoso. Pero no atend   &iacute;a enfermos psic&oacute;ticos. S&oacute;lo acept&oacute;   un empleo psiqui&aacute;trico (director del   Manicomio de Varones de Sibat&eacute;) en   1943, hacia el final de su vida, y renunci   &oacute; a &eacute;l en 1947 por razones desconocidas( 27).</p>     <p>   Su producci&oacute;n literaria como psiquiatra   se reduce a sus brillantes peritazgos   m&eacute;dico legales. Dos de ellos son   famosos: el informe rendido a prop&oacute;-   sito del Conde de Cuchicute(34) en   1932 y el dictamen pericial en el proceso   Zawadzky(35), en 1935. Un tercero   es atractivo por las connotaciones   hist&oacute;ricas: su intervenci&oacute;n en la Academia   de medicina en el debate sobre "la personalidad del libertador" (36). Los tres son extensos y muy interesantes. En su prosa respetuosa y algo lenta se evidencia la combinaci &oacute;n del m&eacute;dico minucioso, el psiquiatra decimon&oacute;nico y el hombre inteligente y culto.</p>     <p>   Siguiendo su marco te&oacute;rico los comenzaba   siempre haciendo extensas   revisiones de la psicopatolog&iacute;a familiar,   presunciones sobre la herencia   degenerativa y resumen de las actuaciones   previas y presentes de los implicados.   Y luego intentaba, a la luz   de la psicolog&iacute;a de entonces, una psicolog &iacute;a apoyada esencialmente en la teor&iacute;a de los temperamentos, es decir, de las bases biol&oacute;gicas de la personalidad, explicar la comisi&oacute;n de los actos motivo del juicio. "Puesto que en mi calidad de m&eacute;dico psiquiatra he sido requerido para emitir un concepto sobre la constituci&oacute;n ps&iacute;quica del inculpado, es mi deber el proceder con sujeci&oacute;n a las reglas del ramo que profeso. Y en estas materias, arduas y complejas cual ninguna, es un precepto inicial e imprescindible, para conocer las modalidades psicol &oacute;gicas de una persona, el estudiar ante todo las herencias normales o patol&oacute;gicas que en ella concurran, discriminar la acci &oacute;n de la sangre sana o desviada que haya recibido de sus progenitores y ver la manera como en el individuo en cuesti&oacute;n puedan manifestarse esas influencias at&aacute;vicas, a las cuales no se puede escapar. " (35)</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>EL ASUNTO DE LAS "RAZAS"</b></font></p>      <p>   El Tercer Congreso M&eacute;dico Colombiano   se reuni&oacute; en Cartagena en enero   de 1918. All&iacute;, present&oacute; su m&aacute;s pol &eacute;mica ponencia: "Nuestras razas decaen. Algunos signos de degeneraci&oacute;n colectiva en Colombia y en los pa&iacute;ses similares. El deber actual de la ciencia". En el intervalo de dos a&ntilde;os, el doctor Jim &eacute;nez hab&iacute;a madurado la idea y ahora, con firmeza y seguridad, puntualizaba sus afirmaciones sobre la degeneraci &oacute;n colectiva. Para probarlas no s&oacute;lo acudi&oacute; a las ya mencionadas estad&iacute;sticas de enfermedad mental y suicidio. Resumi&oacute;, en un abigarrado paquete de "pruebas", los supuestos signos de degeneraci&oacute;n f&iacute;sica que - afirma- abundan en nuestra poblaci &oacute;n: conformaci&oacute;n defectuosa del cr&aacute;neo, acromegalia, esteatopigia, trastornos de la agudeza visual, labio leporino, defectos en la conformaci&oacute;n de la cavidad oral, fimosis, criptorquidea, hipospadia, estrechez vaginal, micromastia y muchos otros. A&ntilde;adi&oacute; "numerosos hechos de car&aacute;cter funcional que ponen en evidencia la inferioridad biol&oacute;gica de nuestra raza con respecto al promedio de la especie humana " (37): nupcialidad, natalidad y longevidad reducidas, alta mortalidad, excreci&oacute;n disminuida de &uacute;rea, disminuci &oacute;n de gl&oacute;bulos rojos y de la temperatura axilar, elevaci&oacute;n del promedio de la T.A., etc. Los puso junto a diferentes enfermedades que &#150;diceevidencian nuestra menor fortaleza: c&aacute;ncer, bocio, tuberculosis, lepra. Los adicion&oacute; a nuestro "verbalismo, nuestra escasa contribuci&oacute;n a la ciencia mundial y nuestras sugestibilidad, emotividad, impaciencia e impulsividad colectivas " (37). Los condiment&oacute; con opiniones de educadores de entonces sobre "la falta de entusiasmo por el estudio en las generaciones recientes y su menor aptitud para aprovecharlo" (37). Y lo present &oacute; todo como pruebas de una definida degradaci&oacute;n de la raza.</p>     <p>   Al revisar hoy ese contundente conjunto   de argumentos no puede uno   menos que observar cuatro elementos   que fueron caracter&iacute;sticos de la   medicina decimon&oacute;nica en la que se   form&oacute; el doctor Jim&eacute;nez. Primero,   una tendencia muy notoria a generalizar   las observaciones cl&iacute;nicas personales   y las estad&iacute;sticas disponibles en   el pa&iacute;s, que &eacute;l sab&iacute;a deficientes. Segundo,   una exagerada confianza en   la opini&oacute;n propia y en la de otros profesionales,   que imped&iacute;a distinguir   entre juicios y prejuicios. Hoy sabemos   que la aprobaci&oacute;n por expertos   es la m&aacute;s pobre de las pruebas que puedan aportarse a favor de un argumento.</p>     <p>   Tercero, una negaci&oacute;n casi total de la   influencia de los factores propiamente   psicol&oacute;gicos y culturales. Mejor   aun, una inadecuada separaci&oacute;n, casi   una soluci&oacute;n de continuidad, entre   los tres esferas, que facilitaba hacer   saltos epistemol&oacute;gicos que hoy sabemos   indebidos. En este caso espec&iacute;fico,   esa psiquiatr&iacute;a del XIX, considera   todo producto psicol&oacute;gico o social   como el resultado grosero e inmediato   de factores biol&oacute;gicos elementales   y no se detiene a considerar otros argumentos   que, sin embargo, ya estaban   a la vista en los pensadores europeos   del final de siglo. El siglo XX   ver&aacute; a otros psiquiatras hacer saltos   en la direcci&oacute;n opuesta, cuando se   impusieron las grandes teor&iacute;as psicologistas,   que explicaron la conducta humana al margen del cerebro.</p>     <p>   Y cuarto, aunque esta es una condici &oacute;n nacional que puede verse en muchos intelectuales (no exclusivamente m&eacute;dicos) y en las clases adineradas, a las cuales &eacute;l hab&iacute;a accedido: sutil desprecio por lo nacional y aut &oacute;ctono y, sobre todo, por lo ind&iacute;gena. Y admiraci&oacute;n y homenaje por todo lo extranjero, especialmente -en esa &eacute;poca- europeo.</p>     <p>El doctor Jim&eacute;nez no dudaba en recomendar   terap&eacute;uticas para nuestro   mal. Algunas de ellas son observaciones   inteligentes y oportunas: educaci   &oacute;n en nutrici&oacute;n, implantaci&oacute;n &laquo;obligatoria   &raquo; del aseo corporal, reglamentaci   &oacute;n del trabajo y del descanso en   las f&aacute;bricas, revisi&oacute;n completa del   plan educacional para "dar a la cultura   f&iacute;sica toda su importancia desde   la primera edad", lucha antialcoh&oacute;lica,   antipal&uacute;dica, antian&eacute;mica, antisifil   &iacute;tica, anticancerosa, antileprosa y antiberib&eacute;rica.</p>     <p>   Pero no olvida que "todos los anteriores   son medios que conspiran a retardar,   cuando m&aacute;s, nuestra decadencia y a levantar   temporalmente el nivel biol&oacute;gico   y moral de nuestro pueblo. Son, pues, recursos   puramente paliativos para el mal   que nos aqueja. A m&aacute;s de ellos y por encima   de todos, est&aacute; lo que en verdad puede   llamarse el remedio causal, el que ataca   la enfermedad en su origen, en la fuente   misma que le da nacimiento" (37). Desde   luego va a proponer la adopci&oacute;n   de pol&iacute;ticas de inmigraci&oacute;n: la importaci &oacute;n de una raza cuyo n&uacute;mero y caracter&iacute;sticas permitan ahogar progresivamente nuestros rasgos de degeneraci &oacute;n. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a la raza deseable? La describe de manera taxativa: "Raza blanca, talla y peso un poco superiores al t&eacute;rmino medio entre nosotros; dolicoc&eacute;falo; de proporciones corporales arm&oacute;nicas; que en &eacute;l domine un &aacute;ngulo facial de 82&deg; aproximadamente; de facciones proporcionadas para neutralizar nuestras tendencias al prognatismo y al excesivo desarrollo de los huesos malares; temperamento sangu&iacute;neo nervioso, que es especialmente apto para habitar las alturas y las localidades t&oacute;rridas; de reconocidas dotes pr&aacute;cticas; met&oacute;dico para las diferentes actividades; apto en trabajos manuales; de un gran desarrollo en su poder voluntario; poco emotivo; poco refinado; de viejos h&aacute;bitos de trabajo; templado en sus arranques, por una larga disciplina de gobierno y de moral; raza que en el hogar y la instituci&oacute;n de la familia conserven una organizaci&oacute;n s&oacute;lida y respetada; apta y fuerte para la agricultura; sobria, econ&oacute;mica y sufrida y constante en sus empresas" (37).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La apariencia s&oacute;lidamente cient&iacute;fica   de esta argumentaci&oacute;n y la importancia   intelectual de su ponente provocaron   consecuencias. La Asamblea de   Estudiantes de Bogot&aacute;, preocupada,   organiz&oacute; y financi&oacute; una discusi&oacute;n   p&uacute;blica sobre el tema. Las nueve conferencias   se desarrollaron durante   varios d&iacute;as a partir del 21 de mayo   de 1920, en el teatro Municipal. A ella   fueron invitados intelectuales ilustres   de Bogot&aacute; y de Medell&iacute;n: Luis L&oacute;pez   de Mesa (psiquiatra), Calixto Torres   Uma&ntilde;a (fisi&oacute;logo), Jorge Bejarano (higienista),   Sim&oacute;n Ara&uacute;jo (institutor),   Lucas Caballero (soci&oacute;logo) y Miguel   Jim&eacute;nez L&oacute;pez, quien la inaugur&oacute; y   la clausur&oacute;. En esas dos conferencias   repiti&oacute; y ampli&oacute; las explicaciones y las propuestas de su ponencia.</p>     <p>   La asistencia era abierta y las frases   de los ponentes permiten presumir   que asisti&oacute; un numeroso p&uacute;blico. Sus   textos completos (excepto dos) est&aacute;n   reunidos en un volumen que fue prologado   por Luis L&oacute;pez de Mesa. Vale   la pena releerlos. Ninguno de los ponentes   estuvo de acuerdo con las apreciaciones del doctor Jim&eacute;nez L&oacute;-   pez sobre nuestra "degeneraci&oacute;n",   pero casi todos le reconocieron la   importancia del tema y de la discusi &oacute;n que suscit&oacute;(38, 39). Ninguno rebati &oacute; la relaci&oacute;n entre "raza" y enfermedad mental. Quiz&aacute;s todos la compart &iacute;an.</p>     <p>   Por fortuna, el doctor Jim&eacute;nez no logr &oacute; materializar su terap&eacute;utica. Es curioso que, en su larga vida de pol&iacute;- tico y de hombre de estado, nunca intent&oacute; llevarla a la pr&aacute;ctica. Tal vez solo en alg&uacute;n momento, en 1929, ya como presidente de la Academia Colombiana de Medicina, volvi&oacute; a ocuparse de ella. El motivo fue una solicitud oficial que motiv&oacute; otro de sus pol&eacute;micos escritos. "El se&ntilde;or Ministro de Industrias, al pedir a la Academia Nacional de Medicina un concepto sobre las consecuencias que por el aspecto &eacute;tnico pudiera tener la colonizaci&oacute;n de nuestro territorio del Meta por dos mil inmigrantes japoneses, se ha colocado, por consiguiente, dentro de la pol&iacute;tica que hoy rige al mundo en materia de inmigraci&oacute;n" (40).</p>     <p>   El documento refleja que, en los diez   a&ntilde;os transcurridos no ha cambiado   de idea. Revela, adem&aacute;s, el horror que   le produc&iacute;a la posibilidad de una   mezcla con las variedades mong&oacute;lica   y malaya. "la braquicefalia y la subbraquicefalia,   la oblicuidad de los p&aacute;rpados,   la microftalm&iacute;a, el cabello duro y liso,   la prominencia malar, el prognatismo, la   cortedad de cuello la peque&ntilde;ez de las extremidades   [y] aun el olor peculiar de ciertas   exhalaciones cut&aacute;neas son distintivos   comunes al aborigen americano y al malayo.   Las leyes de la herencia convergente   har&iacute;an que, apareados estos dos elementos,   su descendencia resultase con estos   caracteres exaltados en un grado vecino de la deformidad." (40)</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>EL ESTUDIOSO DE LA EDUCACI&Oacute;N</b></font></p>      <p>   Su segunda formulaci&oacute;n terap&eacute;utica   para los problemas nacionales (la reforma   de la educaci&oacute;n) est&aacute; lejos de   los recursos e intereses estrictamente   m&eacute;dicos pero es, sin duda, m&aacute;s feliz.   El doctor Jim&eacute;nez se ocup&oacute; de explicar   su propuesta en muy diversos escritos   y contribuy&oacute; personalmente   para ponerlos en pr&aacute;ctica. En general,   no cuestion&oacute; los contenidos, rechazaba   el m&eacute;todo con el cual se ense &ntilde;aba entonces: "...en nuestros sistemas educativos hay un solo medio de ense &ntilde;anza: el libro, y una sola facultad puesta en juego: la memoria. Nada importa que, muchas veces, el material moderno de ense&ntilde;anza est&eacute; ah&iacute;, a la mano, invitando a la demostraci&oacute;n objetiva y a la acci&oacute;n. La obsesi&oacute;n verbalista y te&oacute;rica prevalece, y as&iacute; se ven escuelas primarias donde los pobres p&aacute;rvulos desenmara&ntilde;an todo el sistema orogr&aacute;fico de un continente sin ayudarse de una sola mirada al mapa, como facultades superiores donde durante un a&ntilde;o o m&aacute;s se diserta sobre formidables sistemas de hidrocarburos, de aminas, de glucosidios, sin la menor experiencia de laboratorio; y, sin embargo, a pocos pasos, yacen serpentines y estufas a granel, donde, a m&aacute;s no poder, las ara&ntilde;as tienden sus telas compasivas" (41).</p>     <p>   Calificaba este tipo de educaci&oacute;n "te&oacute;rica" como ineficaz. La responsabiliz &oacute; del verbalismo que evidenciaba nuestra degeneraci&oacute;n. Se apoy&oacute; en las m&aacute;s recientes teor&iacute;as para demostrar que este tipo de ense&ntilde;anza contraven &iacute;a la psicolog&iacute;a del desarrollo e incluso los m&aacute;s elementales principios de econom&iacute;a mental. La declar&oacute; incapaz de despertar inter&eacute;s "noble y sincero" por los estudios y de insertar ideas s&oacute;lidas y perecederas en la mente de los estudiantes que, por eso, olvidan lo aprendido despu&eacute;s del examen. Tales m&eacute;todos "...deforman la personalidad mental y moral de la juventud, ... (transform&aacute;ndola) inevitablemente en una m&aacute;quina verbal, de la cual no podr &aacute; exigirse otro trabajo que la repetici&oacute;n servil de ideas y de expresiones ajenas (41).</p>     <p>   Entre 1915 y 1928 se ocup&oacute; profusamente   del tema. Se document&oacute; acerca   de los m&aacute;s modernos cambios pedag &oacute;gicos en las naciones europeas y en Norteam&eacute;rica. En todos ellos crey &oacute; encontrar el elemento cardinal que &eacute;l hab&iacute;a propuesto como base de nuestra propia reforma educacional: la vinculaci&oacute;n a la pr&aacute;ctica, a los problemas concretos de la vida. Adem&aacute;s, exalt&oacute; como admirables otros rasgos que encontraba en estas reformas: la condici&oacute;n obligatoria, la financiaci&oacute;n estatal, la organizaci&oacute;n nacional, la continuidad de los m&eacute;todos desde la primaria hasta la formaci&oacute;n t&eacute;cnica y/o universitaria, la eliminaci&oacute;n del examen oral &uacute;nico y su sustituci&oacute;n por m&uacute;ltiples pruebas escritas, la elevaci &oacute;n acad&eacute;mica de los maestros y el liderato de los fil&oacute;sofos y de los psic&oacute;logos del desarrollo (Kerschensteiner en Alemania, Buysse en B&eacute;lgica, Stanley Hall, Dewey y James en los EU). "No es solamente que una nueva did&aacute;ctica haya venido a decir c&oacute;mo se ense&ntilde;an y aprenden , mejor que por el libro y la memoria, los diferentes conocimientos que la especie humana ha ido aglomerando en forma de ciencias, de letras, de artes y de t&eacute;cnicas de todo orden. Es que, adem&aacute;s, se ha hallado que estos nuevos medios educativos, tan eficaces para la inteligencia no lo son en menor grado para la voluntad. La nueva pedagog &iacute;a ha empezado por recordar lo que los viejos sistemas olvidaban a porf&iacute;a: que m&aacute;s all&aacute; de la escuela est&aacute; la vida y que es esta quien debe imponer a aquella sus problemas y sus procedimientos. Si la vida demanda capacidades para obrar, la escuela debe formarlas y exaltarlas. No es con conocimientos extra&iacute;dos de los libros o recogidos de los labios de un maestro ajeno a las realidades cotidianas como el joven puede afrontar las situaciones que encuentra a cada paso. Son los poderes adquiridos al contacto de la vida misma los que arman al individuo para esa lucha de todos los instantes"(42).</p>     <p>   Estas preocupaciones y sus antiguas   ideas sobre la degeneraci&oacute;n de la raza   le condujeron a profundizar en temas   de la psicolog&iacute;a del desarrollo para   proponer nuevas soluciones en el terreno   educativo. Tres de ellos merecieron   trabajos separados: La educaci &oacute;n f&iacute;sica(43), la educaci&oacute;n moral(44) y la orientaci&oacute;n profesional(8). Sus apreciaciones sobre este &uacute;ltimo aspecto revelan su participaci&oacute;n en la inquietud e inter&eacute;s que generaban entre los psiquiatras las noticias sobre el desarrollo de las Escalas de Inteligencia por parte de Binet y Sim&oacute;n para predecir la evoluci&oacute;n de los ni&ntilde;os en el sistema educativo franc&eacute;s.</p>     <p>Su empe&ntilde;o no fue s&oacute;lo te&oacute;rico. Durante   su per&iacute;odo como ministro de   gobierno del General Pedro Nel Ospina   se ocup&oacute; de la contrataci&oacute;n de   una misi&oacute;n pedag&oacute;gica alemana para   impulsar una reforma de todo el sistema   educativo. Luego, como senador,   contribuy&oacute; a impulsar el Plan de   Reforma Educativa de 1929 que propon   &iacute;a elevar el presupuesto de educaci   &oacute;n al 25% del presupuesto nacional,   la creaci&oacute;n de un sistema de inspecci   &oacute;n escolar y la creaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza post-escolar y complementaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font size="3" face="verdana"><b>EL POL&Iacute;TICO Y EL HOMBRE DE FAMILIA</b></font></p>      <p>   Pocos psiquiatras han alcanzado las   dignidades que tuvo el doctor Jim&eacute;-   nez L&oacute;pez. Y ninguno, que yo sepa,   las ha reunido todas: en la pol&iacute;tica,   en el Parlamento, en el Gobierno y en   la diplomacia. Fue miembro del Directorio   Nacional Conservador, Senador   de la Rep&uacute;blica por el Departamento   de Boyac&aacute; casi sin interrupci&oacute;n   entre 1919 y 1934 y Presidente del   senado durante la legislatura de 1922.   Fue Ministro durante el breve per&iacute;odo   del General Jorge Holgu&iacute;n (Nov.   1921 - Agosto 1922), quien culmin&oacute;   el cuatrienio inconcluso de Marco Fidel   Su&aacute;rez y luego Ministro de Gobierno   y de Obras p&uacute;blicas del General   Pedro Nel Ospina, Embajador   ante el gobierno de Per&uacute; en el Centenario   de la Batalla de Ayacucho en   1924, Ministro Plenipotenciario en   Berl&iacute;n entre 1925 y 1927 y representante   de Colombia con la categor&iacute;a de   Embajador ante la IX Conferencia   Panamericana en Bogot&aacute; en 1948. Fue   miembro de la Academia Nacional de   medicina y lleg&oacute; a ser su presidente   en 19&#151; y fue condecorado con la Orden   de la Cruz de Boyac&aacute; en el grado de Gran Oficial en 1949(27) .</p>     <p>   Su vida familiar fue la un hombre discreto.   A los 47 a&ntilde;os, en 1922, contrajo   matrimonio con Magdalena Arango   Ferrer, descendiente de una respetable   familia antioque&ntilde;a y tuvo con ella   tres hijos. Pese a su importancia social   y pol&iacute;tica mantuvo en su hogar   un ambiente familiar de sencillez y   de austeridad, alejado del fasto de la   vida pol&iacute;tica de entonces. Los miembros   de su familia que le conocieron   lo describen como un hombre amable,   que adquir&iacute;a con los a&ntilde;os un   mayor apego a las tradiciones de su tierra, a la cual nunca dej&oacute; de visitar.</p>     <p>   Muri&oacute; en Bogot&aacute; el 22 de agosto de 1955 a los 80 a&ntilde;os.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>AGRADECIMIENTOS</b></font></p>      <p>   A Carlos Arteaga Pallares, quien sostuvo   esta idea contra todas las dificultades   y desalientos. A mi pap&aacute;,   Carlos Torres Mej&iacute;a, quien me ense- &ntilde;&oacute; la mejor parte de lo que s&eacute; acerca de la Batalla de Palonegro. A Alba Irene S&aacute;chica, historiadora, por el apoyo bibliogr&aacute;fico. A Ra&uacute;l Jim&eacute;nez Arango, quien me brind&oacute; muchas horas amables de conversaci&oacute;n sobre los detalles personales de su padre. A Martha Jim&eacute;nez Villamar&iacute;n quien me abri&oacute; las puertas de su familia y me acompa&ntilde;&oacute; a varias de las entrevistas. A Mario Jim&eacute;nez Cadena y Francisco Jim&eacute;nez Villamar&iacute;n por su amable recibo.</p>      <p><font size="3" face="verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <!-- ref --><p>(1) Censo de 1870. En: Procultura S.A. Manual   de historia de Colombia. Tercera edici&oacute;n.   Tomo II. Bogot&aacute;: Editorial Printer Ltda; 1984. p 143 y 149.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0034-7450200100020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (2) Certificado del Juzgado de Paipa, Estado   de Boyac&aacute;, Rep&uacute;blica de la Nueva   Granada. Diciembre 1 de 1857.   Fotocopia de manuscrito. Bogot&aacute;:   Biblioteca personal de Ra&uacute;l Jim&eacute;nez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0034-7450200100020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (3) Kalmanovitz S. El r&eacute;gimen agrario durante el   siglo XIX en Colombia. En: Procultura S.A.   Manual de historia de Colombia. Tercera   edici&oacute;n. Tomo II. Bogot&aacute;: Editorial Printer   Ltda; 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0034-7450200100020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (4) Jim&eacute;nez M. La familia Jim&eacute;nez.   Mecanografiado. Bogot&aacute;: Biblioteca   personal de Mario Jim&eacute;nez; 19&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0034-7450200100020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (5) Bernal R. Itinerario de una vida   intrascendente. Mecanografiado, Bogot&aacute;:   Biblioteca familia Jim&eacute;nez; 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0034-7450200100020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (6) Entrevista con el doctor Miguel Jim&eacute;nez L.   Revista "El Gr&aacute;fico" Mayo 19 de 1923;   (644): 693-695.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0034-7450200100020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (7) Jim&eacute;nez M. La escuela y la vida. Lausanne   (Suiza): Imprimeries R&eacute;unies; 1928.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0034-7450200100020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (8) Jim&eacute;nez M. El problema de las aptitudes.   La orientaci&oacute;n profesional. En: Jim&eacute;nez   M: La escuela y la vida. Lausanne (Suiza):   Imprimeries R&eacute;unies; 1928.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0034-7450200100020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (9) Molina G. Las ideas liberales en Colombia   1849-1914. Tomo I. Bogot&aacute;: Universidad   nacional; 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0034-7450200100020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (10) Tirado A. Colombia: Siglo y medio de   bipartidismo. En: Melo O. Colombia Hoy.   Perspectivas hacia el siglo XXI. 15&deg;   edici&oacute;n aumentada. Bogot&aacute;: Tercer   mundo editores; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0034-7450200100020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (11) Melo O, La Rep&uacute;blica conservadora. En:   Colombia Hoy. Perspectivas hacia el siglo   XXI. 15&deg; edici&oacute;n aumentada. Bogot&aacute;:   Tercer mundo editores; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0034-7450200100020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (12) Safford F. Acerca de las interpretaciones   socioecon&oacute;micas de la pol&iacute;tica en la   Colombia del siglo XIX. Variaciones sobre   un tema. P&aacute;g. 91-149. En:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0034-7450200100020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (13) Obreg&oacute;n D. El sentimiento de naci&oacute;n en la   literatura m&eacute;dica y naturalista de finales   del siglo XIX en Colombia. P&aacute;ginas: 141-   161. En:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0034-7450200100020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (14) Halperin Donghi T. Historia contempor&aacute;nea   de Am&eacute;rica Latina. Alianza editorial.   Barcelona: 1970 p&aacute;gina 212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0034-7450200100020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (15) Tirado A. El estado y la pol&iacute;tica en el siglo   XIX. En: Manual de Historia de Colombia.   Tercera edici&oacute;n. Tomo II. Bogot&aacute;: Editorial   Printer Ltda; 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0034-7450200100020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (16) Bushnell D. El r&eacute;gimen de Santander en la   Gran Colombia. Bogot&aacute;: Editorial Tercer   Mundo; 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0034-7450200100020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (17) Garc&iacute;a M&aacute;rquez G. Cien a&ntilde;os de soledad.   Bogot&aacute;: Editorial Oveja negra; 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0034-7450200100020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (18) Jim&eacute;nez M. Estudio m&eacute;dico psicol&oacute;gico de   la interdicci&oacute;n judicial por causa de   locura. Tesis de grado. Manuscrito.   Bogot&aacute;: Biblioteca personal de Ra&uacute;l   Jim&eacute;nez; 1899.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0034-7450200100020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (19) Manrique J, Franco R. Intervenciones en   la Academia Nacional de Medicina,   sesi&oacute;n del 20 de abril de 1912. Revista   M&eacute;dica de Bogot&aacute;. A&ntilde;o XXX. Nros. 358-   361, julio de 1921. Citado por Roselli H.   Historia de la Psiquiatr&iacute;a en Colombia.   Editorial Horizontes. Bogot&aacute;, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0034-7450200100020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (20) Roselli H. Historia de la Psiquiatr&iacute;a en   Colombia. Bogot&aacute;: Editorial Horizontes;   1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0034-7450200100020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (21) Arboleda H. Palonegro. Bogot&aacute;: Imprenta   nacional; 1900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0034-7450200100020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (22) Jaramillo CE. La guerra de los Mil D&iacute;as.   1899-1902. En: Historia de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0034-7450200100020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (23) Mej&iacute;a Leonor. Testimonio recogido por   Manuel Torres. Bucaramanga, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0034-7450200100020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (24) General Ignacio Ordo&ntilde;ez. Testimonio   recogido por Carlos Torres Mej&iacute;a.   Bucaramanga, 1932.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0034-7450200100020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (25) Putnam C. Informe Julio 31 de 1900. En:   Arboleda H. Palonegro. Bogot&aacute;: Imprenta   nacional; 1900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0034-7450200100020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (26) Mart&iacute;nez A. La m&uacute;sica de los Mil D&iacute;as.   Tem&iacute;stocles Carre&ntilde;o, s&iacute;mbolo del   sentimiento santandereano. En:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0034-7450200100020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (27) Jim&eacute;nez R. T&iacute;tulos y Publicaciones del   Profesor Miguel Jim&eacute;nez L&oacute;pez.   Mecanografiado. Bogot&aacute;: Biblioteca del   autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0034-7450200100020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (28) Jim&eacute;nez M. La actual desviaci&oacute;n de la   cultura humana. Exposici&oacute;n ante el   Senado de la Rep&uacute;blica. Legislatura de   1934. Tunja: Imprenta Oficial; 1948.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0034-7450200100020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (29) Torres C. Una aproximaci&oacute;n al car&aacute;cter de   la novela urbana. Cuadernos de   Literatura. Pontificia Universidad   Javeriana. Julio-diciembre 1995; Vol. 1,   Nro. 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0034-7450200100020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>(30) Jim&eacute;nez M. La locura en Colombia y sus   causas. Revista Cultura. Vol. 3, Nro. 16: 216-233.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0034-7450200100020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (31) Colodr&oacute;n A. Las esquizofrenias. Madrid:   Siglo XXI Editores; 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0034-7450200100020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (32) Freud S. Charcot. Obras completas. Tomo   I. Tercera edici&oacute;n. Madrid: Editorial   Biblioteca Nueva; 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0034-7450200100020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (33) Jim&eacute;nez M. Lo inconsciente en la   educaci&oacute;n. Revista Cultura. Julio de 1915;   Vol. 1, Nro. 6: 376-387.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0034-7450200100020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (34) Jim&eacute;nez M. Dictamen pericial m&eacute;dico legal   rendido por el doctor Miguel Jim&eacute;nez   L&oacute;pez en el juicio ordinario que adelanta   el se&ntilde;or Jos&eacute; Mar&iacute;a Rueda G&oacute;mez contra   el se&ntilde;or Timole&oacute;n Rueda G&oacute;mez.   Mecanografiado. Bogot&aacute;: Biblioteca de   Ra&uacute;l Jim&eacute;nez; 1932.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0034-7450200100020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (35) El proceso Zawadzky. Versi&oacute;n taquigr&aacute;fica   completa de las audiencias. Bogot&aacute;:   Editorial A B C; 1935.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0034-7450200100020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (36) Jim&eacute;nez M. La personalidad del   Libertador. Academia Nacional de   Medicina.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0034-7450200100020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (37) Jim&eacute;nez M. Nuestras razas decaen.   Algunos signos de degeneraci&oacute;n   colectiva en Colombia y en los pa&iacute;ses   similares. El deber actual de la ciencia.   Bogot&aacute;: Imprenta y litograf&iacute;a de Juan   Casis; 1920.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0034-7450200100020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (38) L&oacute;pez de Mesa L. Los problemas de la   raza en Colombia. Segundo volumen de   la biblioteca de "Cultura". Bogot&aacute;: 1920.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0034-7450200100020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (39) Robledo E. &iquest;Existe una degeneraci&oacute;n   colectiva en Colombia? Medell&iacute;n:   Tipograf&iacute;a Industrial; 1920.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0034-7450200100020000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (40) Jim&eacute;nez M. La inmigraci&oacute;n amarilla a la   Am&eacute;rica. Bogot&aacute;: Editorial Minerva; 1929.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0034-7450200100020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (41) Jim&eacute;nez M. La ense&ntilde;anza te&oacute;rica y la   ense&ntilde;anza pr&aacute;ctica. Revista Cultura.   Mayo de 1916; Vol. 3, Nro. 13: 8-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0034-7450200100020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (42) Jim&eacute;nez M. La educaci&oacute;n en los Estados   Unidos. En: Jim&eacute;nez M. La escuela y la   vida. Lausanne (Suiza): Imprimeries   R&eacute;unies; 1928.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0034-7450200100020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (43) Jim&eacute;nez M. La educaci&oacute;n F&iacute;sica. Memoria   presentada en el segundo Congreso   M&eacute;dico Colombiano, Medell&iacute;n 1913. En:   Jim&eacute;nez M. La escuela y la Vida.   Lausanne (suiza): Imprimeries R&eacute;unies;   1928.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0034-7450200100020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   (44) La formaci&oacute;n de la personalidad, base de   la educaci&oacute;n. Conferencia dictada en la   sala Santiago Samper. Agosto 16 de   1917. En: Jim&eacute;nez M. La escuela y la   vida. Lausanne (suiza): Imprimeries   R&eacute;unies; 1928. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0034-7450200100020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Censo de 1870]]></article-title>
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<source><![CDATA[Certificado del Juzgado de Paipa: Estado de Boyacá, República de la Nueva Granada]]></source>
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