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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="right"><b>Editorial</b></p>     <p align="center"> <font size="4"><b>CUESTIONAR LA CIENCIA: ASUNTO DE SACRILEGIO</b></font></p>     <p> Ciencia, conocimiento cient&iacute;fico y tecnolog&iacute;a, t&eacute;rminos    que aparecen por doquier en todo discurso con pretensiones acad&eacute;micas    de veracidad. Ciencia es la palabra sagrada para referirse a todo saber sobre    el cosmos, el mundo, la sociedad, la cultura y el ser humano. &iquest;Y qu&eacute;    es la ciencia? &iquest;Es una sola o son varias? &iquest;La idea de ella ha    sido la misma a lo largo de la historia? &iquest;Es un conocimiento que se basta    a s&iacute; mismo o requiere del apoyo de otras disciplinas del saber? Preguntas    y preguntas que a lo largo de los siglos siguen siendo motivo de controversia.</p>     <p> Para el mundo griego, la palabra ciencia o episteme surgi&oacute; al interior    de la filosof&iacute;a en un intento de entenderse a ella misma y para definirse    como aquella que va en busca de las primeras causas de la realidad. Arist&oacute;teles,    en un esfuerzo por darle contenido al t&eacute;rmino la refiri&oacute; a otros    saberes: unos que le sirven de base y otros que la llevan a su culminaci&oacute;n.    De tal manera, para el universo helen&iacute;stico, la ciencia deb&iacute;a    entenderse en un contexto m&aacute;s amplio que ella misma, o sea como una forma,    entre otras, de conocimiento.</p>     <p> Con el advenimiento de la modernidad (siglos XVI y XVII) ocurri&oacute; una    ruptura entre el concepto de ciencia y su gestora de anta&ntilde;o, la filosof&iacute;a.    As&iacute;, la ciencia tendi&oacute;, a partir de entonces, a independizarse    de otros tipos de saber. Fue la emancipaci&oacute;n de lo cient&iacute;fico    con sus caracter&iacute;sticas de especializaci &oacute;n y refinamiento de    sus m&eacute;todos. M&eacute;todos cada vez m&aacute;s recortados y a la medida    de campos de objetos cada vez m&aacute;s reducidos.</p>     <p> No hay duda que en la concepci&oacute;n de la ciencia se present&oacute; un    cambio doble. Por una parte, la base del conocimiento cient&iacute;fico es distinta    a la instituida por la filosof&iacute;a de la &eacute;poca; y por la otra, se    establece un criterio de validez diferente para ese conocimiento. La doctrina    no es ya lo que ense&ntilde;a el maestro, sino la estructura l&oacute;gica que    permite ver con claridad la consistencia de la ense&ntilde;anza transmitida.    El saber se convierte en un conjunto de enunciados que han de probarse (objetivaci&oacute;n).    Su base no es una evidencia intelectual como en el Nominalismo, sino el conjunto    de procesos experimentales que confirman su validez.</p>     <p> Surgieron para la ciencia &aacute;mbitos culturales, independientes del arte,    la religi &oacute;n y la pol&iacute;tica. Cada disciplina particular, dada la    diversidad y multiplicidad de intereses investigativos, tendi&oacute; a su propia    autonom&iacute;a. Por consiguiente, no una ciencia sino varias ciencias que    propendieron particularmente por su estatuto cient&iacute;fico, al punto que    hoy hay alg&uacute;n grado de acuerdo en que hablar de ciencia significa distinguir    al menos cuatro acepciones del t&eacute;rmino: un empe&ntilde;o intelectual    que aspira a una comprensi&oacute;n racional del mundo; un conjunto de ideas    te&oacute;ricas y experimentales aceptadas; una comunidad social con tradiciones,    instituciones y v&iacute;nculos sociales propios; y la ciencia aplicada y la    tecnolog&iacute;a.</p>     <p> La discusi&oacute;n de lo qu&eacute; es la ciencia, sus postulados b&aacute;sicos    y las posibilidades de generalizaci&oacute;n de los criterios espec&iacute;ficos    de una disciplina particular a otras disciplinas, contin&uacute;a tan ardua    como candente. Infinidad de pol &eacute;micas est&eacute;riles y malentendidos,    provocadas por adeptos dogm&aacute;ticos y acr&iacute;ticos que han sacralizado    &quot;lo cient&iacute;fico&quot; como el &uacute;nico saber factible y fuera    del cual no hay salvaci&oacute;n.</p>     <p> Seamos claros, muchos cient&iacute;ficos -de seguro los menos ortodoxos- son    los primeros conscientes de la limitaciones de este tipo de conocimiento. Ellos    se han preguntado, adem&aacute;s de la posibilidad de una definici&oacute;n    de la ciencia en general, por la dimensi&oacute;n &eacute;tico-pol&iacute;tica    de ese quehacer y por su impacto sobre las acciones humanas. Ha sido tan extensa    y abigarrada la discusi&oacute;n alrededor de esos temas que para tratar de    dar raz&oacute;n a estos y otros interrogantes, se desempolv&oacute; y actualiz&oacute;    la extra&ntilde;a palabreja &quot;epistemolog&iacute;a&quot;. Su definici&oacute;n    contempor&aacute;nea es tan amplia y hace alusi&oacute;n a empresas tan diversas,    que es necesario especificar su uso en un &aacute;mbito determinado. Epistemolog    &iacute;a, entonces, puede significar:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &#8226; Reflexi&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica de la ciencia en general.</p>     <p> &#8226; Ciencia de la ciencia, meta-ciencia o teor&iacute;a de la ciencia.</p>     <p> &#8226; Teor&iacute;a general del conocimiento.</p>     <p> &#8226; Teor&iacute;a del conocimiento cient&iacute;fico.</p>     <p> &#8226; G&eacute;nesis de los diversos modos de conocer: c&oacute;mo surgen    en el hombre concreto, por ejemplo, la sensaci&oacute;n y el pensamiento; la    percepci&oacute;n de los colores, de las formas.</p>     <p> &#8226; G&eacute;nesis de las distintas teor&iacute;as en la historia de las    ciencias: por un desarrollo acumulativo continuo, o por medio de revoluciones    cient&iacute;ficas o rupturas epistemol&oacute;gicas.</p>     <p> &#8226; Teor&iacute;a cr&iacute;tica de las ciencias. Estudio de su estatuto    te&oacute;rico, de sus presupuestos, de la validez e implicaciones de sus enunciados.    De las condiciones te&oacute;rico-metodol&oacute;gicas de su posibilidad, y</p>     <p> &#8226; La ciencia como ideolog&iacute;a, es decir como poder de dominaci&oacute;n.</p>     <p>Despu&eacute;s de esta aclaraci&oacute;n, caben o no, preguntas como: &iquest;qu&eacute;    caracter&iacute;sticas distinguen la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica    de otros tipos de investigaci&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; procedimiento debe    seguirse al investigar la naturaleza y las relaciones humanas?, &iquest;qu&eacute;    condiciones debe satisfacer una explicaci&oacute;n cient&iacute;fica para ser    correcta?, &iquest;cu&aacute;l es el rango cognoscitivo de las leyes y principios    cient&iacute;ficos? Disertaciones sobre las cuales la filosof&iacute;a ha llamado    por centurias la atenci&oacute;n y ha aportado desde variadas escuelas y posiciones.    Claro, no siempre atinadamente, pero con un esp&iacute;ritu cr&iacute;tico del    que se ha servido esa ciencia para la reflexi&oacute;n de sus alcances en su    quimera de omnipotencia.</p>     <p> Ahora bien, adherir a la posici&oacute;n que valora la ciencia como un modo    m&aacute;s de conocimiento entre otros posibles, no significa alinderarse con    el llamado &quot; posmodernismo&quot;, actualmente en boga entre algunos c&iacute;rculos    intelectuales de las ciencias sociales, especialmente en Norteam&eacute;rica.    Esta es una corriente intelectual caracterizada por el rechazo m&aacute;s o    menos expl&iacute;cito de la tradici&oacute;n racionalista de la Ilustraci&oacute;n,    por elaboraciones te&oacute;ricas desconectadas de cualquier prueba emp&iacute;rica,    y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es    nada m&aacute;s que una &quot;narraci&oacute;n&quot;, un &quot;mito&quot; o    una construcci&oacute;n social. Aspectos que se expresan por su fascinaci &oacute;n    por los discursos oscuros; un marcado relativismo epistemol&oacute;gico; un    inter&eacute;s excesivo por las creencias subjetivas, independiente de su veracidad    o falsedad; y un &eacute;nfasis en el lenguaje, en oposici&oacute;n a los hechos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ni veneraci&oacute;n a la ciencia, ni debate oscurantista a ella. Estas l&iacute;neas    de dos cient&iacute;ficos no radicales, Socal y Bricmont, que cierran el ep&iacute;logo    de su libro Imposturas intelectuales, bien expresan una posici&oacute;n equilibrada:    &quot;Nuestras esperanzas [est&aacute;n fincadas] hacia la aparici&oacute;n    de una cultura intelectual racionalista pero no dogm&aacute;tica, con mentalidad    cient&iacute;fica pero no cientifista, amplia de miras pero no fr&iacute;vola,    pol&iacute;ticamente progresista pero no sectaria. Pero esto, por supuesto,    es s&oacute;lo una esperanza y, quiz&aacute;, s&oacute;lo un sue&ntilde;o&quot;.    Palabras a las que bien podr&iacute;a agregarse: son esas esperanzas las &uacute;nicas    que nos alientan en la b&uacute;squeda constante e indeclinable de la verdad.    Verdad de la que habr&aacute; de servirse el Hombre, sin ninguna clase de distingos,    en el proyecto de su realizaci&oacute;n existencial.</p>     <p align="right"> <b>CARLOS ARTEAGA PALLARES </b></p> </font>       ]]></body>
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