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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Ambiguedad de la Muerte: Reflexiones en torno a la Muerte Contemporánea]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[While in traditional societies death could be intergrated with life by means of symbols, rites and myths, in contemporary secularized societies this capacity has been lost. Death is now a phenomenon that is put at a distance, by trivializing it at daily level or by considering it, at a medical level, as an accident that must be fought against by current bio-technology. More than death per se what matters is the suffering and defenselessness that a long and incurable disease usually generates. Paradoxically the medical advances and better health and education policies that have made preservation and prolongation of human life possible, have also made it possible that the fate of many be to end in years of infirmity, dependency and unhappiness due to chronic and dementing illnesses as the population grows older. The ambiguity that the problem of death offers us holds a close relationship with changes in the medical and judiciary fields; it's a global change that includes always medical mediation. If we can speak today of " medicalization of society" and at the same time of a " judicalization of medicine", we can also speak of a " medicalization " and a " judicalization of death". Then can themes appear like "hospitalized death", that is, a technicalization of dying. Recent technological advances introduce us into new scenarios that were impossible before, like problems associated with "dignified dying, active suicide (assisted or non/assisted), palliative care" or the "expected death" of a donor that generates the miracle of rebirth thru a transplant. However, before "biological death" comes "my own death" in the sense that no one can affront it in my place, that death is an authentic decision and a personal responsibility. Finally, while "voluntary death ( Freitod )" is analized , its ultimate motivations remain a mystery. It is suicide in melancholic and schizophrenic pathologies that cannot be understood thru psychiatrization but by a fascination with death instead. At other times, death does follow the bundles and worries of complicated situations (Jaspers). Last, the fact that we "cannot stand life" is present in limit situations, of complete abandonment, in which disappearance is for the solitary like a return to himself .]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p align="right">Art&iacute;culo original</p>     <p align="center"><b><font size="4">La Ambiguedad de la Muerte: </font></b>      <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Reflexiones en torno a la Muerte    Contempor&aacute;nea</b></font>      <p align="center">      <p align="center">      <p align="left"><b><font size="2" face="verdana">Mar&iacute;a Lucrecia Rovaletti<sup>1</sup></font></b>      <p align="left"><sup>1</sup> Psic&oacute;loga, Doctora en Medicina, Investigadora    de conicet, Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Mar&iacute;a Mainetti, y de la Red    Nacional de investigadores, Docente de Bio&eacute;tica yAntropolog&iacute;a  Facultad de Medicina, UBA, Argentina. <a href="mailto:mlrova@arnet.com.ar">mlrova@arnet.com.ar</a>      <p align="left">    <p align="right"><font size="2" face="verdana">La historia de la muerte en Occidente        ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   muestra que ella ha pasado, del hecho     <br>   &iacute;ntimo, dom&eacute;stico y natural a ser causa     <br>   de confusi&oacute;n y sensaci&oacute;n de fracaso, cuando     <br>   no motivo de negaci&oacute;n y rechazo, por     <br>   demostrar la incapacidad de la t&eacute;cnica     <br>   para solventar problemas perennes. (1) </font>  <hr size="1">     <p align="left"><b>Resumen</b>      <p align="left"> Mientras en las sociedades tradicionales la muerte pod&iacute;a    ser integrada a la vida por medio de s&iacute;mbolos, ritos y mitos, en las    sociedades secularizadas contempor&aacute;neas esas capacidades se han perdido.    La muerte constituye ahora un fen&oacute;meno al que se pone a distancia, ya    sea banaliz&aacute;ndolo en e &aacute;mbito cotidiano, ya sea consider&aacute;ndolo    en el &aacute;mbito m&eacute;dico como un accidente al que hay que combatir    por medio de la actual biotecnolog&iacute;a. M&aacute;s que la muerte per se,    importa el sufrimiento y la indefensi&oacute;n que suele generar una enfermedad    larga e incurable. Parad&oacute;jicamente, los adelantos m&eacute;dicos y las    mejoras en pol&iacute;ticas de salud y educaci&oacute;n, que han hecho posible    la preservaci&oacute;n y prolongaci&oacute;n de la vida humana, han abierto    a su vez la posibilidad de que el destino de muchos sea terminar en a&ntilde;os    de debilidad, dependencia y desdicha por enfermedades cr&oacute;nicas y demenciales,    fruto del envejecimiento poblacion por lo tanto, la ambig&uuml;edad con que    se nos presenta el problema de la muerte guarda una estrecha relaci&oacute;n    con los cambios acaecidos en el campo m&eacute;dico y jur&iacute;dico; se trata    de un cambio global que supone siempre la intervenci&oacute;n de las mediaciones    m&eacute;dicas. Si hoy se puede hablar de &laquo;medicalizaci&oacute;n de la    sociedad&raquo; y a su vez, de una creciente &laquo;juridizaci&oacute;n de la    medicina&raquo;, tambi&eacute;n hoy se puede hablar de una &laquo;medicalizaci&oacute;n    &raquo; y una &laquo;juridizaci&oacute;n de la muerte &raquo;. As&iacute; aparecen    temas como &laquo;la muerte hospitalizada&raquo; o desapropiaci&oacute;n del    morir&raquo;, es decir, esa tecnificaci&oacute;n del morir. Los recientes avances    tecnol&oacute;gicos nos muestran adem&aacute;s nuevos escenarios imposibles    en otra &eacute;poca, como los problemas ligados a la &laquo;muerte digna, suicidio    activo, asistido/no asistido; cuidados paliativos, o la &laquo;muerte esperada    &raquo; de un donante para lograr el milagro, el renacimiento a trav&eacute;s    del transplante. Sin embargo, m&aacute;s ac&aacute; de la &laquo;muerte biol&oacute;gica&raquo;,    se presenta la &laquo;muerte propia&raquo;, en el sentido que nadie la puede    afrontar en mi lugar, que ella deviene aut&eacute;ntica decisi&oacute;n y personal    responsabilidad.      <p>Adem&aacute;s de lo anterior se analiza la &laquo;muerte voluntaria , cuyas    motivaciones &uacute;ltimas permanecen en el misterio. Es el suicido en las    patolog&iacute;as melanc&oacute;licas y esquizofr&eacute;nicas, que no pueden    ser comprendidas a trav&eacute;s de la psiquiatrizaci&oacute;n, sino m&aacute;s    bien de una fascinaci&oacute;n por la muerte. Otras veces la muerte surge de    los enredos y apuros de situaciones complicadas (15).</p>     <p> Por &uacute;ltimo, la &laquo;insoportabilidad&raquo; de la vida se nos hace    presente en situaciones l&iacute;mites, de completo desamparo, donde la desaparici&oacute;n    es para el solitario como un retorno a s&iacute; mismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Palabras Claves:</b> Muerte, medicalizaci&oacute;n de la muerte, tecnificaci&oacute;n    del morir.</p> <hr size="1">     <p> <b>Abstract</b></p>     <p> While in traditional societies death could be intergrated with life by means    of symbols, rites and myths, in contemporary secularized societies this capacity    has been lost. Death is now a phenomenon that is put at a distance, by trivializing    it at daily level or by considering it, at a medical level, as an accident that    must be fought against by current bio-technology. More than death per se what    matters is the suffering and defenselessness that a long and incurable disease    usually generates. Paradoxically the medical advances and better health and    education policies that have made preservation and prolongation of human life    possible, have also made it possible that the fate of many be to end in years    of infirmity, dependency and unhappiness due to chronic and dementing illnesses    as the population grows older. </p>     <p>The ambiguity that the problem of death offers us holds a close relationship    with changes in the medical and judiciary fields; it's a global change that    includes always medical mediation. </p>     <p>If we can speak today of &quot;medicalization of society&quot; and at the same    time of a &quot;judicalization of medicine&quot;, we can also speak of a &quot;medicalization&quot;    and a &quot;judicalization of death&quot;. Then can themes appear like &quot;hospitalized    death&quot;, that is, a technicalization of dying. Recent technological advances    introduce us into new scenarios that were impossible before, like problems associated    with &quot;dignified dying, active suicide (assisted or non/assisted), palliative    care&quot; or the &quot;expected death&quot; of a donor that generates the miracle    of rebirth thru a transplant. However, before &quot;biological death&quot; comes    &quot;my own death&quot; in the sense that no one can affront it in my place,    that death is an authentic decision and a personal responsibility. </p>     <p>Finally, while &quot;voluntary death (Freitod)&quot; is analized, its ultimate    motivations remain a mystery. It is suicide in melancholic and schizophrenic    pathologies that cannot be understood thru psychiatrization but by a fascination    with death instead. At other times, death does follow the bundles and worries    of complicated situations (Jaspers). </p>     <p>Last, the fact that we &quot;cannot stand life&quot; is present in limit situations,    of complete abandonment, in which disappearance is for the solitary like a return    to himself. </p>     <p><b>Key Words</b></p>     <p> death, medicalization of death, technicalization of dying.</p>     <p> Mientras en las sociedades tra dicionales la muerte pod&iacute;a ser integrada    en la vida por medio de s&iacute;mbolos, ritos y mitos, en las sociedades secularizadas    contempor&aacute;neas esas capacidades se han perdido. La muerte constituye    ahora un fen&oacute;meno al que se pone a distancia, ya sea banaliz&aacute;ndolo    en el &aacute;mbito cotidiano o ya sea consider&aacute;ndolo en el m&eacute;dico    como un accidente al que hay que combatir mediante la actual biotecnolog&iacute;a.    La enfermedad, la senectud, la agon&iacute;a y la muerte constituyen una p&eacute;rdida    del capital biol&oacute;gico y una representaci&oacute;n de la impotencia de    la moderna biomedicina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> M&aacute;s que la muerte per se, importa el sufrimiento y la indefensi&oacute;n    que suele generar una enfermedad larga e incurable. Parad&oacute;jicamente,    los adelantos m&eacute;dicos y las mejoras en pol&iacute;ticas de salud y educaci&oacute;n,    las cuales han hecho posible la preservaci&oacute;n y prolongaci&oacute;n de    la vida humana han abierto a su vez la posibilidad de que el destino de muchos    de nosotros, anta&ntilde;o floreciente, sea terminar en a&ntilde;os de debilidad,    dependencia y desdicha como lo muestran las enfermedades cr&oacute;nicas y demenciales,    fruto del envejecimiento poblacional.</p>     <p> Pareciera que el desider&aacute;tum de una buena muerte, a veces inconfesado,    reside en la muerte s&uacute;bita y sin dolor. El morir no constituye m&aacute;s    ese instante preciso, ese acontecimiento solemne, definitivo, tanto en la vida    de la persona moribunda como en la de los familiares y amigos. Ahora el tiempo    de la muerte se ha prolongado a voluntad del m&eacute;dico y aunque &eacute;ste    no pueda suprimirla puede regular la duraci&oacute;n en algunas horas, en algunos    d&iacute;as, en algunas semanas, en algunos a&ntilde;os. </p>     <p>La ambig&uuml;edad con que se nos presenta el problema de la muerte guarda    una estrecha relaci&oacute;n con los cambios acaecidos en al campo m&eacute;dico    y jur&iacute;dico; se trata de un cambio global que supone siempre la intervenci&oacute;n    de las mediaciones m&eacute;dicas. </p>     <p><b>La medicalizaci&oacute;n de la muerte</b></p>     <p> Si hay una nota que caracteriza a las sociedades actuales, al menos las del    mundo occidental, es la denominada medicalizaci&oacute;n de la sociedad. La    secularizaci&oacute;n ha transferido a la ciencia y, en particular a la medicina,    la responsabilidad de enfrentar toda una serie de males sociales. Pero esta    incidencia de la medicina no s&oacute;lo afecta el tratamiento y asistencia    m&eacute;dica, sino tambi&eacute;n la configuraci&oacute;n de roles y pautas    sociales de conductas. Esta permeabilidad y este dominio del imaginario colectivo    por el saber y el poder m&eacute;dico constituye uno de los aspectos m&aacute;s    destacados y representativos de nuestra identidad contempor&aacute;nea.</p>     <p> Dicho fen&oacute;meno est&aacute; asociado, adem&aacute;s, a una creciente    &ldquo;juridificaci&oacute;n de la sociedad&rdquo;, fruto de una mayor complejidad    de nuestra vida cotidiana. Como consecuencia de ello se manifiesta una intensa    &ldquo;juridificaci&oacute;n de la medicina&rdquo;, que va m&aacute;s all&aacute;    del simple cumplimiento de reglas y obligaciones hasta afectar a las bases mismas    de la vida social (2). En este sentido, tambi&eacute;n hoy se puede hablar de    una &ldquo;medicalizaci&oacute;n de la muerte&rdquo; y una &ldquo;juridificaci&oacute;n    de la muerte&rdquo;.</p>     <p><b> La muerte hospitalizada</b></p>     <p> A diferencia de otras &eacute;pocas, en que se mor&iacute;a en el &aacute;mbito    familiar, actualmente el paciente es deportado al espacio hospitalario, a fin    de controlar y combatir la enfermedad y la muerte. Es el nuevo modelo de muerte    hospitalaria, que favorece el morir impersonal y la ruptura de las habituales    relaciones interpersonales. Nos lo muestran las terapias intensivas, ese &aacute;mbito    donde algunos pacientes, m&aacute;s que existir, subsisten, obligados a sobrevivir    e impedidos a morir por una ciencia que asume a veces un control represivo,    que les sustrae el poder de su propia vida y de su muerte &lsquo;propia&rsquo;.    La medicina se apodera del moribundo, lo aparta f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente    de las cosas y de las personas queridas, de una manera m&aacute;s o menos radical    e incluso lo sustrae de s&iacute; mismo. A la desapropiaci&oacute;n de la muerte,    se sigue paralelamente su medicalizaci&oacute;n y la tecnificaci&oacute;n del    proceso de morir.</p>     <p> Es verdad que la presi&oacute;n familiar, movida por una sobrevaloraci&oacute;n    del soporte t&eacute;cnico, lleva frecuentemente a derivar a terapia intensiva    a pacientes que s&oacute;lo requerir&iacute;an recibir m&eacute;todos de confort;    pero tambi&eacute;n es cierto que simult&aacute;neamente se toma conciencia    de que los esfuerzos m&eacute;dicos para una mejor&iacute;a o para el alivio    el dolor resultan en ocasiones deficientes, pues acarrean un sufrimiento innecesario    a los pacientes moribundos. En este sentido, por parte de familiares o allegados    hay un rechazo al tratamiento de sost&eacute;n vital como hidrataci&oacute;n,    nutrici&oacute;n y respiraci&oacute;n artificial en aquellos pacientes inconscientes    que por enfermedades o accidentes han quedado en coma o en un estado de inconsciencia    prolongada, aunque no est&aacute;n en situaci&oacute;n de muerte inminente;    ellos prefieren que mueran con cierta dignidad en vez de que contin&uacute;en    viviendo por largo tiempo en un estado comatoso, merced a la sola intervenci&oacute;n    de sofisticadas tecnolog&iacute;as. Se habla por ello de &lsquo;futilidad&rsquo;    m&eacute;dica.</p>     <p> Existe otro tipo de pacientes competentes, que se niegan a aceptar cirug&iacute;as    o tratamientos m&eacute;dicos no corrientes, aunque ello los lleve directa e    inmediatamente a la muerte como ser&iacute;a suspender di&aacute;lisis renales    o amputaciones o, en el caso extremo, a un suicidio. En todos los casos, hay    un profundo temor a una muerte indigna, desfigurada por intervenciones y aparatos,    a una muerte con dolor o sedada hasta la inconsciencia, es decir, a terminar    la vida en alguna situaci&oacute;n incontrolable.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Un nuevo escenario para la muerte</b></p>     <p> Los avances recientes de la ciencia han hecho plausibles algunos escenarios    imposibles de pensar en otra &eacute;poca, lo que oblig&oacute; a una redefinici&oacute;n    de la muerte, como los problemas asociados a la eutanasia y a la ablaci&oacute;n    de &oacute;rganos. En la medida en que el &ldquo;criterio de muerte&rdquo;,    en estos casos es usado como su definici&oacute;n &lsquo;legal&rsquo;, se puede    hablar de una &ldquo;juridificaci&oacute;n de la muerte&rdquo;.</p>     <p> <b>La muerte digna</b></p>     <p> En virtud de la connotaci&oacute;n sem&aacute;ntica que tiene el vocablo eutanasia,    algunos prefieren no denominar as&iacute; a la omisi&oacute;n o supresi&oacute;n    de medios extraordinarios o desproporcionados (eutanasia pasiva), es decir,    inhibirse de actuar o abandonar un tratamiento ya iniciado, a fin de evitar    interferir y diferir un proceso causal de consecuencias letales e impedir, de    ese modo, un escarnizamiento m&eacute;dico. Tampoco se denominar&iacute;a eutanasia    a la muerte doble efecto, por cuanto constituye una situaci&oacute;n irreprochable    desde el punto de vista &eacute;tico e irrelevante en el &aacute;mbito punitivo,    ya que la muerte se acelera como consecuencia indirecta de acciones m&eacute;dicas,    ejecutadas con el fin de aliviar el sufrimiento de un paciente terminal (3).</p>     <p> S&oacute;lo quedar&iacute;a por llamar eutanasia a la eutanasia activa, aquellas    acciones tendientes a provocar la muerte sin sufrimiento del paciente. Holanda    y el Estado de Oregon (USA) son los &uacute;nicos lugares que han legitimado    esta pr&aacute;ctica.</p>     <p> Sin embargo, aun en esa situaci&oacute;n de legitimizaci&oacute;n del suicidio,    siempre quedan algunos interrogantes.</p>     <p>En el caso de uno no asistido, estos enfermos muy graves o ag&oacute;nicos    se suicidan, pero mueren solos, tal vez desesperados. &iquest;Puede cambiar    en algo la situaci&oacute;n, si se sospecha la inminencia de un horrible intento    de suicidio si no se presta ayuda para morir? &iquest;Debe informarse a los    parientes, m&aacute;s all&aacute; del principio de autonom&iacute;a, cuando    se trata de pa&iacute;ses que han legitimado la eutanasia? &iquest;Acaso el    sufrimiento del enfermo s&oacute;lo alcanza a la persona? &iquest;No est&aacute;    involucrada tambi&eacute;n la relaci&oacute;n con sus otros significativos?    &iquest;En qu&eacute; medida puede considerarse que los pedidos de suicidio    asistido se basan en la libre voluntad y son el producto de una reflexi&oacute;n    cuidadosa? &iquest;Se ha rechazado un posible tratamiento? &iquest;Se ha consultado    con otro colega profesional la decisi&oacute;n del paciente? &iquest;Se puede    invocar la aparente falta de paciencia del enfermo hacia el dolor para justificar    la real falta de paciencia del entorno hacia el paciente? &iquest;No es posible    pensar que quiz&aacute; el pedido de muerte que expresa el paciente abrumado    por su enfermedad encubre una apelaci&oacute;n al reconocimiento de su propia    dignidad, a pesar de la decadencia f&iacute;sica o ps&iacute;quica que sus allegados    quiz&aacute; destacan pesadamente? En nuestra sociedad se habla de una &ldquo;enfermedad    eutan&aacute;sica&rdquo; (4), cuando hay que buscar su etiolog&iacute;a en el    encarnizamiento terap&eacute;utico, en el medio hospitalario y en la formaci&oacute;n    de los m&eacute;dicos incapaces de asumir en el dolor y la muerte del otro su    propia muerte.</p>     <p> Se afirma que los cuidados paliativos constituyen una fuerte alternativa a    las demandas deseperadas que recibe el m&eacute;dico de suicidio asistido y    autosuicidio, en la medida que se atiende al control de s&iacute;ntomas, al    tratamiento del dolor y a la preservaci&oacute;n del potencial humano al final    de la vida. Esto &uacute;ltimo incluye la posibilidad del rechazo de la hidrataci&oacute;n    y nutrici&oacute;n y el uso agresivo de narc&oacute;ticos hasta llegar a la    sedaci&oacute;n total, y a veces a la depresi&oacute;n respiratoria. Entonces    &iquest;c&oacute;mo se justifican estas acciones? Se alude en defensa de estos    cuidados que la autonom&iacute;a del paciente se mantiene. &iquest;Acaso no    sucede lo mismo en el suicidio? &iquest;Entonces se podr&iacute;a proponer un    suicidio asistido? Por eso F. Miller, Th. Quill y H. Brody proponen tratamientos    est&aacute;ndar de cuidados paliativos y, en ciertas situaciones extraordinarias,    el suicidio asistido para adultos competentes; adem&aacute;s, proponen la consulta    obligada a un m&eacute;dico de cuidados paliativos. </p>     <p><b>Cr&oacute;nica de una muerte esperada</b></p>     <p> La muerte esperada de un desconocido sobre el que se planea la extracci&oacute;n    del &oacute;rgano; de alguien que todav&iacute;a est&aacute; vivo, pero con    cuya muerte se cuenta; de alguien al que se denomina &lsquo;donante&rsquo;,    un t&eacute;rmino dudoso con apariencia de buena conciencia, que encubre un    acto sobre el cual ni el individuo ni su familia hab&iacute;an pensado nunca.    En este caso, se requiere conocer el momento preciso y admisible de la muerte,    a fin de permitir la ablaci&oacute;n de los &oacute;rganos. Para ello, la medicina    y el derecho se combinan para definir el tipo de muerte requerida, pero esto    no alcanza para disimular la ambig&uuml;edad de este hecho. Para la cultura    cient&iacute;fica occidental, marcada por el dualismo cuerpo- psique, donde    la medicina trata espec&iacute;ficamente al cuerpo-organismo del enfermo, esta    muerte es admisible: se asocia la &lsquo;humanidad&rsquo; a la psique, y una    visi&oacute;n m&aacute;s secular la asocia al cerebro. En esta l&oacute;gica,    la muerte del cerebro es la de la psique y, por lo tanto, la del individuo (5).    Sin embargo, la muerte encef&aacute;lica, propia de la cultura cient&iacute;fica    m&eacute;dica, contradice plenamente la sensibilidad del individuo ajeno a ese    saber, que a&uacute;n siente la tibieza del cuerpo, el latido del coraz&oacute;n,    la respiraci&oacute;n ininterrumpida. Aunque el m&eacute;dico explique con sus    criterios cient&iacute;ficos la inevitabilidad del deceso, las familias no siempre    comprenden, se resisten y a menudo se sienten culpables. La noci&oacute;n de    muerte encef&aacute;lica resulta parcial y abstracta para cualquiera que no    participe de una cultura m&eacute;dica racional. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, si la disecci&oacute;n anat&oacute;mica hab&iacute;a hecho del    cuerpo ese resto indiferente que queda despu&eacute;s de la muerte, el cual    impone una distinci&oacute;n entre el hombre y ese cuerpo despojado de valor    humano, la revoluci&oacute;n transplantol&oacute;gica (6) otorga a esta parte    del cuerpo-cad&aacute;ver un cierto estatus de vida, y lo convierte en &oacute;rgano    vivificante. La muerte de un &oacute;rgano puede asegurar la recuperabilidad    social. Parad&oacute;jicamente, la muerte es una condici&oacute;n para que los    &oacute;rganos se mantengan &lsquo;vivos&rsquo; y se conviertan en &lsquo;trasplantables&rsquo;.    El dualismo plat&oacute;nico que hab&iacute;a despojado al cuerpo de toda posibilidad    de existencia, m&aacute;s all&aacute; de la muerte, logra su resurrecci&oacute;n    en el cuerpo de otra persona. De este modo, la ciencia busca recuperar una postrera    utilidad del &oacute;rgano, para que ese remanente no se disuelva en la insignificancia    de la nada. </p>     <p>Si consideramos que el &oacute;rgano transplantado est&aacute; muerto, debemos    elegir entre aceptar que el transplante autoriza un &ldquo;milagro del renacimiento&rdquo;    o considerar que el muerto no estaba &ldquo;absolutamente&rdquo; muerto. Entonces,    nos preguntamos d&oacute;nde comienza y d&oacute;nde termina la muerte (7).  </p>     <p>En cambio, a los ojos de los allegados, el cad&aacute;ver jam&aacute;s podr&aacute;    ser puramente cad&aacute;ver. La personificaci&oacute;n de los constituyentes    del cuerpo explica el rechazo o la reticencia a la donaci&oacute;n: hay como    un compromiso afectivo de evitarle al cuerpo muerto &lsquo;la violencia&rsquo;,    &ldquo;una est&eacute;tica negativa&rdquo;, &ldquo;una imagen mutilada&rdquo;    (8). Las sociedades lo testimonian mediante el respeto o el miedo a los restos    humanos, y por eso procuran asegurarle tranquilidad en su &uacute;ltimo reposo.    Esta desfiguraci&oacute;n del cad&aacute;ver, que para el hombre com&uacute;n    constituye una acci&oacute;n inconcebible e intolerable, hace del m&eacute;dico    un hombre justamente no com&uacute;n, porque su trabajo le exige un comercio    constante con la muerte. </p>     <p>Si la medicina fabrica &lsquo;su&rsquo; cuerpo, el sujeto tambi&eacute;n compone    el suyo por medio de vivencias y procesos identificatorios entretejidos a lo    largo de la vida. El debate entre la cultura cient&iacute;fica y la de la vida    cotidiana eclosiona con la extracci&oacute;n de &oacute;rganos: &iquest;con    la muerte el cuerpo deviene una huella de la nada o es siempre cuerpo personal?    El cuerpo mismo se encarga de resistir a la despersonalizaci&oacute;n que la    medicina busca imponerle. As&iacute; se comprenden las reacciones inmunitarias    programadas para proteger la integridad corporal, y con ello mantener su identidad    personal rechazando todo cuerpo extra&ntilde;o (8.) </p>     <p>Los sujetos transplantados, por su parte, han tenido que aceptar la &lsquo;muerte    cl&iacute;nica&rsquo; del &oacute;rgano enfermo, y han debido elaborar el duelo    por su p&eacute;rdida y la sustituci&oacute;n por otro extranjero, lo cual genera    conductas de apropiaci&oacute;n y personificaci&oacute;n del &oacute;rgano transplantado,    as&iacute; como proyecciones identificatorias al donador supuesto. En un tiempo    posterior, gracias a los ritos de purificaci&oacute;n, son posibles los ritos    de separaci&oacute;n y de pasaje, es decir, el proceso de despersonalizaci&oacute;n    del &oacute;rgano recibido. </p>     <p><b>La muerte propia</b></p>     <p> A pesar de los avances biotecnol&oacute;gicos, la muerte humana no constituye    primariamente un problema biol&oacute;gico. El hombre no es un mero organismo    que se descompone, se arregla: no tengo un &lsquo;cuerpo objeto&rsquo; (k&ouml;rper),    ni mi cuerpo es un conjunto de partes-&oacute;rganos al modo de la res extensa    en Descartes. Las categor&iacute;as del &lsquo;tener&rsquo; no se verifican    fundamentalmente en el cuerpo humano, pues no es una cosa exterior o un &uacute;til    del cual puedo disponer hasta deshacerme de &eacute;l. No existe un cuerpo que    se una al esp&iacute;ritu; el cuerpo no est&aacute; junto a m&iacute;, sino    que es siempre m&iacute;o y est&aacute; conmigo, por eso no puedo distanciarme    de &eacute;l ni es expropiable.</p>     <p> El cuerpo deja de pasar inadvertido: nace como &lsquo;objeto&rsquo; cuando,    con mis &oacute;rganos, lo veo, lo toco o cuando se exhibe como el aspecto exterior    de mi ser susceptible de una inspecci&oacute;n objetiva. En otras ocasiones,    el cansancio nos vence y se piensa &ldquo;es el cuerpo el que me frena y no    mi falta de voluntad&rdquo;. Finalmente, puede ser que el cuerpo no me sea m&aacute;s    disponible como en el dolor o en la enfermedad, lo cual me muestra que este    cuerpo se escapa a mi dominio y a mis posibilidades, por eso &eacute;l se presenta    como a distancia. Tengo mal el h&iacute;gado, tengo dolor de cabeza, y &iquest;por    qu&eacute; no recordar todos los &lsquo;haberes&rsquo; del cuerpo hipocondr&iacute;aco?    (9).</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Sin embargo, el cuerpo humano no se revela verdadera y totalmente hasta tanto    no lo captamos como cuerpo personal, cuerpo vivido (leib), cuerpo sujeto, cuerpo    propio. Mi cuerpo es primariamente &ldquo;el cuerpo que soy&rdquo; y en cuanto    comportamiento, es el despliegue de nuestras posibilidades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> De all&iacute; que nuestra experiencia oscile siempre en ese equilibrio entre    ser y tener un cuerpo. La relaci&oacute;n que mantenemos con nuestra corporalidad    no es un&iacute;voca, a veces la vivimos como corporalidad animada, &ldquo;el    cuerpo que soy&rdquo;, otras como objeto, &ldquo;el cuerpo que tengo&rdquo;.</p>     <p> Ahora bien, si mi cuerpo se reduce al cuerpo-organismo, en la muerte la persona    queda derrotada como una cosa m&aacute;s que se acaba. La medicina ha hecho    de la vida un &lsquo;valor&rsquo; y no puede relegar, sino al absurdo e incomprensible    todo lo que la amenace. Pero uno no se muere por usura biol&oacute;gica, por    el hecho de estar enfermo, sino porque la muerte es inmanente a la vida. Denunciar    al cuerpo como aquella dimensi&oacute;n de nuestro ser que introduce la modalidad    ontol&oacute;gica de la finitud en virtud de sus l&iacute;mites f&iacute;sicos    y biol&oacute;gicos es la respuesta que tiene el dualismo &ldquo;para conjurar    la muerte&rdquo;. Con la muerte no es el alma que se va, sino el mundo que se    aleja, que no est&aacute; m&aacute;s y que se reduce a tierra que acoge y cubre.</p>     <p> La certeza de la muerte paulatinamente va conformando nuestra vida. Esta experiencia,    ausente en la ni&ntilde;ez, colorea esos a&ntilde;os de un matiz de inmortalidad.    Pero a medida que crecemos, vamos asumiendo el tiempo vital y tomando conciencia    de la muerte, en la seguridad de que morimos y en la incertidumbre de no saber    cu&aacute;ndo. La muerte surge del seno de la vida misma. El dinamismo vital    va produciendo desde s&iacute; innumerables figuras: nacimiento, crecimiento,    y la muerte es la figura suprema y &uacute;ltima. Por ella cada acto de mi vida    queda sellado para siempre: la muerte descubre a los seres en su verdad. M&aacute;s    a&uacute;n, para los creyentes la muerte no es una ruptura definitiva, sino    la condici&oacute;n del reencuentro definitivo despu&eacute;s del cual no existe    otra despedida.</p>     <p> Ahora bien, nadie muere sino su &lsquo;propia&rsquo; muerte. Este adjetivo    no indica una caracter&iacute;stica entre otras de la vida humana, m&aacute;s    bien se&ntilde;ala esa irreparable y grandiosa soledad que acompa&ntilde;a al    hombre en su morir, que hace hincapi&eacute; en que la muerte deviene aut&eacute;ntica    decisi&oacute;n y personal responsabilidad. &ldquo;La muerte es esto que nadie    puede ni soportar ni afrontar en mi lugar. Mi irremplazabilidad no est&aacute;    sino conferida, librada, o se podr&iacute;a decir dada por la muerte&rdquo;    (10). La muerte es m&iacute;a, as&iacute; como he ido asumiendo mi propia vida:    en la muerte, los actos definitorios se vuelven definitivos.</p>     <p>Si la vida humana fuera inmortal, nada le afectar&iacute;a radicalmente y siempre    quedar&iacute;a un tiempo para posponer los proyectos. No es que la muerte tronche    nuestras posibilidades, como el acorde desarm&oacute;nico final de una melod&iacute;a    (11), al contrario, totaliza la vida: si no tuvi&eacute;ramos un l&iacute;mite,    todo podr&iacute;a volver a emprenderse (12). La irreversibilidad de la muerte    confiere un l&iacute;mite al tiempo existencial. La muerte nos aleja de todo    aquello que hemos querido, pero a su vez nos ense&ntilde;a a valorarlo.</p>     <p> El problema de la muerte &lsquo;propia&rsquo; es un drama que no est&aacute;    situado en la naturaleza abstracta, sino en la trama viva de la existencia concreta:    implica la imposibilidad de expresarnos en el mundo y de vivir las relaciones    interpersonales, pues la muerte es una forma irreversible de ausencia.</p>     <p> Puede ocurrir que el miedo a morir intente ser conjurado por &ldquo;modos    de represi&oacute;n&rdquo; y que se intente subordinarla a los valores de la    utilidad, as&iacute; como de la t&eacute;cnica (la cual puede otorgarnos seguridad    y garant&iacute;a: no muero yo, sino los otros); puede sentirse tambi&eacute;n    repugnancia e incluso rebeli&oacute;n ante ese acontecimiento amenazante y violento    contra la libertad humana (11); o se puede, al contrario, aceptar la muerte    con estoica resignaci&oacute;n como algo inexorable, exigido por las estructuras    vitales mismas. Hasta se puede recibir la muerte con alegr&iacute;a esperanzada    y hasta desear morir en un acto de entrega absoluta. El morir otorga a la vida    humana no su realidad, sino aquello que la constituye y distingue espec&iacute;ficamente,    es decir, su &lsquo;sentido&rsquo;. El vivir y el morir humano representan una    forma de realidad en la cual el sentido ha acabado por predominar de tal manera    sobre el &lsquo;hecho&rsquo; que un hecho lo es para el hombre, en la medida    en que posee sentido.</p>     <p> Ahora bien, cu&aacute;l es el punto nodal que articula la conciencia del qu&eacute;    y la incertidumbre del cu&aacute;ndo. Yo no tengo experiencia directa de mi    muerte: &ldquo;Porque el hombre puede anticipar la muerte que le espera, es    que puede interpretar como un morir las heridas que le inflige la enfermedad,    la vejez y la p&eacute;rdida de los lazos afectivos&rdquo; (13). S&oacute;lo    en el morir de la &lsquo;persona amada&rsquo;, la muerte me hiere hasta hipotecar    el sentido mismo de mi existencia, y es participando de su agon&iacute;a que    anticipo mi propia muerte. Se trata de una comunidad de vida que no puede ser    renovada, como cuando nos despedimos temporalmente de un ser querido, por eso    nos parece inconmensurablemente antinatural e incomprensible. El sentido com&uacute;n,    las t&eacute;cnicas podr&aacute;n darnos justificaciones y explicaciones, pero    &eacute;stas no consiguen borrar la extra&ntilde;eza. De all&iacute; la peculiar    soledad que nos invade y nos hace sentir como supervivientes.</p>     <p>S&oacute;lo el individuo que de alg&uacute;n modo ha cuidado de cosas y personas    y que se ha adaptado a los triunfos y desilusiones, dice E. Erickson puede aceptar    el propio y &uacute;nico ciclo vital que no permite sustituci&oacute;n alguna.    La desesperaci&oacute;n, en cambio, se expresa en el temor a la muerte, no se    acepta el &uacute;nico ciclo de vida como la esencia de la vida. La desesperaci&oacute;n    expresa el sentimiento de que ahora el tiempo que queda es corto, demasiado    corto para intentar otra vida y para probar otros caminos alternativos hacia    la integridad. El malestar consigo mismo oculta la desesperaci&oacute;n, las    m&aacute;s de las veces bajo la forma de mil peque&ntilde;as sensaciones de    malestar (14).</p>     <p> <b>La muerte voluntaria</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Si hay un tema en el que pueda aplicarse las reflexiones de Jaspers sobre    las &ldquo;situaciones l&iacute;mites&rdquo;, es el de la muerte. Hay situaciones    t&iacute;picas que se sufren o se disfrutan, pero que pueden transformarse.    Sin embargo, existen otras, las &ldquo;situaciones l&iacute;mite&rdquo;, que    no se pueden cambiar, a lo m&aacute;s puede modificarse el modo de manifestarse,    ya que presentan un car&aacute;cter definitivo. Aunque aparezcan opacas a la    mirada emp&iacute;rica, no podemos eludirlas, sino tan s&oacute;lo esclarecerlas.    &Eacute;stas son: la libertad, el dolor, la culpa y la muerte, pero en esta    &uacute;ltima parecieran reunirse las otras tres, sobre todo al analizar la    muerte voluntaria.</p>     <p> Jaspers considera que: &ldquo;quien ha participado de cerca del drama de un    suicidio, si est&aacute; dotado de alg&uacute;n sentido de humanidad y est&aacute;    de alg&uacute;n modo inclinado a ver claras las cosas del alma, encontrar&aacute;    que no hay un motivo &uacute;nico que pueda s&oacute;lo desde s&iacute; explicar    su advenimiento. Al fin de cuentas, permanece siempre un misterio&rdquo;.</p>     <p> Aunque la v&iacute;a m&aacute;s simple y m&aacute;s c&oacute;moda sea aqu&eacute;lla    de atenerse a una hip&oacute;tesis de la enfermedad mental. Pero &ldquo;el origen    primero e incondicionado del suicidio permanece un secreto para la persona singular,    y no puede revelarse a los otros&rdquo; (15). Como bien dice Callieri, el suicidio:    Por un lado, se muestra como la afirmaci&oacute;n m&aacute;s neta y perentoria    de la propia existencia, como acto de voluntad empe&ntilde;oso y dram&aacute;tico    (yo existo pero decido no existir m&aacute;s) frente a las situaciones externas    e internas de encasillamiento y de naufragio, de callej&oacute;n sin salida    y de rendici&oacute;n. Por otro, se presenta como la &ldquo;renuncia radical&rdquo;,    la &ldquo;interrupci&oacute;n total&rdquo; de la vida, &ldquo;que no equivale    meramente a la supresi&oacute;n, porque la libertad de la existencia aun en    el anonadamiento de s&iacute; mismo afirma su autoconciencia existencial. Se    trata de una &lsquo;muerte libre&rsquo; (Freitod), y no del suicidio (Selbsmord);    la diferencia no es de palabra sino esencial; no sem&aacute;ntica, sino de sentido.    (16)</p>     <p> En efecto, el suicidio es quiz&aacute; la &uacute;nica situaci&oacute;n donde    se nos revelan los l&iacute;mites de la psicologizaci&oacute;n, porque la dimensi&oacute;n    de misterio, para hablar en t&eacute;rminos de Gabriel Marcel, no puede ser    encapsulada por ninguna motivaci&oacute;n.</p>     <p> El discurso de la muerte voluntaria presenta aspectos complejos y enigm&aacute;ticos.    &iquest;Cu&aacute;les son las &aacute;reas de libertad y de escisi&oacute;n    que all&iacute; se confrontan? &iquest;Cu&aacute;l es la libertad y la no libertad    con la cual el suicidio puede ser realizado? &iquest;Cu&aacute;l es la autonom&iacute;a    respecto a las causas &lsquo;patol&oacute;gicas&rsquo; y cu&aacute;l su dependencia    a ellas? El misterio que sella el instante cercano y lejano de la &uacute;ltima    decisi&oacute;n, cierra toda posibilidad de desciframiento o de interpretaci&oacute;n.</p>     <p> Arist&oacute;teles, en su &Eacute;tica a Nic&oacute;maco, dice que el hombre    por pertenecer a una patria, a la sociedad y por su actividad no tiene el derecho    de privarle de su presencia mediante el suicidio.</p>     <p> Jaspers, por el contrario, considera que la muerte voluntaria puede ser un    acto de suma autonom&iacute;a de alguien que est&aacute; en completa independencia.    En los casos de extrema dominaci&oacute;n pol&iacute;tica, el suicidio constituye    el &uacute;nico modo de sustraerse a esa situaci&oacute;n, la &uacute;nica arma    que le queda al vencido contra el triunfador. Dante nos lo muestra en la Divina    comedia, cuando coloca en el Infierno a los violentos contra los otros, contra    s&iacute; mismos (suicidas) y contra Dios. Sin embargo, env&iacute;a como guardi&aacute;n    del Purgatorio a Cat&oacute;n de &Uacute;tica, quien se suicida para no caer    en manos de C&eacute;sar. Dante reconoce su valor y justifica el hecho, y si    no lo eleva a mayor categor&iacute;a, a&uacute;n se debe al paganismo del h&eacute;roe.</p>     <p> Nos preguntamos, entonces, &iquest;cu&aacute;les son las situaciones que llevan    a la existencia a asumir el suicidio como &ldquo;la libertad de la negaci&oacute;n&rdquo;?    Quisiera tomar s&oacute;lo algunas de ellas en Jaspers.</p>     <p> <b>La fascinaci&oacute;n de la muerte</b></p>     <p> Indudablemente, muchos actos suicidas pueden explicarse como consecuencia    de anormalidades ps&iacute;quicas patol&oacute;gicas psic&oacute;ticas, psicop&aacute;ticas,    y neur&oacute;ticas, pero aun en estos casos las as&iacute; consideradas etiolog&iacute;as    no alcanzan a hacernos comprender la dimensi&oacute;n de la existencia humana.    El suicidio no est&aacute; causado por la enfermedad mental como la fiebre lo    es con una infecci&oacute;n, sino que sobre la base de la patolog&iacute;a se    dan algunas conexiones existenciales que hacen emerger, no en todos los casos,    el suicidio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso de la esquizofrenia, se presenta una experiencia de extra&ntilde;eza    (entfremdung), una desaparici&oacute;n de los habituales v&iacute;nculos mundanos    e interpersonales, una carencia de confianza trascendental, de esa proto-doxa    o proto-creencia de Husserl (17) y una disoluci&oacute;n del suelo originario    (heimat). En este exiliarse de la familiaridad y en encaminarse hacia la alteridad    y la inquietud, el esquizofr&eacute;nico busca cercar un &aacute;mbito donde    pueda que darse y no vagar sin destino, como a ciegas. El sujeto, aislado en    el desierto de la incomprensi&oacute;n y del silencio, algo m&aacute;s doloroso    que toda agresi&oacute;n y todo rechazo, traduce en su soledad la nostalgia    de un retorno a la patria perdida y la nostalgia de una presencia que lo acompa&ntilde;e    escuch&aacute;ndolo. </p>     <p>El suicidio adviene, a veces, en el contexto de la descompensaci&oacute;n aguda,    como cuando fen&oacute;menos alucinatorios auditivos (voces) le sugieren acciones    autodestructivas a las cuales no se anima a sustraerse, v&iacute;ctimas de un    poder desconocido e impenetrable. Pero el suicidio esquizofr&eacute;nico parece    delinearse, en particular, cuando la enfermedad se vac&iacute;a de sus s&iacute;ntomas    y se encamina tambi&eacute;n a la resoluci&oacute;n. Algunos se precipitan en    la sugesti&oacute;n de la muerte, sobre todo cuando una larga enfermedad con    remisiones y reca&iacute;das han marcado su historia vital. El suicidio es vivido    como la &uacute;nica salida de una situaci&oacute;n insostenible y perdida:    es una muerte que nace sobre la huella de una resoluci&oacute;n obstinada e    inexorable, alimentada por la conciencia de sufrimiento. Toda condici&oacute;n    de aislamiento y de soledad interior moviliza desconsuelos y decisiones desesperadas    que ahogan toda estrategia terap&eacute;utica. A veces la cancelaci&oacute;n    farmacol&oacute;gica de los s&iacute;ntomas deja detr&aacute;s de s&iacute;    una condici&oacute;n de vac&iacute;o emocional y de insignificancia existencial    que s&oacute;lo el suicidio puede llenar. Para Ellen West, la paciente de la    que Binswanger escribiera tan fascinante historia, la enfermedad mortal (Kierkegaard),    ante el tormento de la desesperaci&oacute;n, consiste en el hecho de no poder    morir y que la muerte, como &uacute;ltima esperanza, no llega m&aacute;s. En    consecuencia, el suicidio asume el significado &lsquo;desesperadamente&rsquo;    positivo y el acercarse a la muerte se transforma en una experiencia satisfactoria    y triunfal. Sin embargo, cuando la existencia humana no puede realizarse sino    en la renuncia a la vida, la existencia se hace existencia tr&aacute;gica. </p>     <p>En la melancol&iacute;a, la vida pareciera apagarse y la muerte se presenta    como &uacute;ltimo horizonte. Esto ocurre sobre todo en el ingreso o en la salida    de la melancol&iacute;a, pero no ocurre durante la plena expresi&oacute;n sintomatol&oacute;gica.    En ese tedium vitae absoluto y devorador se inhibe toda fascinaci&oacute;n por    la muerte, pues la carencia de iniciativa impide que el deseo de la muerte pueda    realizarse. No tienen ninguna resoluci&oacute;n, ninguna actividad puede ser    emprendida. No disponen de asociaciones; no les viene nada a la mente, se quejan    de su memoria totalmente trastornada, sienten su incapacidad de rendimiento,    se lamentan de su propia insuficiencia, de su insensibilidad y de su vac&iacute;o.    S&oacute;lo cuando la depresi&oacute;n como realidad cl&iacute;nica desaparece,    se remueve la angustia y el suicidio pierde su fascinaci&oacute;n y su resonancia    interior.</p>     <p>De un modo u otro, todo suicidio dice referencia al tiempo, al tiempo que ha    perdido la esperanza y a la tentativa desesperada de arrancarle al futuro su    secreto y su imprevisibilidad. En el melanc&oacute;lico, el pasado est&aacute;    te&ntilde;ido de culpas (ideas de autoinculpaci&oacute;n), el presente les ofrece    s&oacute;lo desgracia (ideas de ineptitud), el futuro se les aparece terror&iacute;fico    (ideas de empobrecimiento). Se extrav&iacute;a el futuro, pues &eacute;ste ya    est&aacute; dado y consumado, como lo expresan todas sus p&eacute;rdidas, las    cuales tienen el car&aacute;cter de prueba y ya no de suposici&oacute;n. La    p&eacute;rdida del mundo y del dinero son s&oacute;lo s&iacute;mbolos de un    desgaste m&aacute;s amplio, aquel del presente y del futuro, porque las dimensiones    del pasado se han dilatado hasta anular toda otra posibilidad futura. </p>     <p>Pero el suicidio no se presenta como un medio de eludir la vida, sino como    la plenitud donde pueda a&uacute;n expresarse. La b&uacute;squeda de un lugar    donde anclar o donde estar suspendido es el rev&eacute;s de la p&eacute;rdida.    El suicidio es la b&uacute;squeda de la muerte contra la muerte posible, indeterminada,    no suya, es la respuesta contra la esperanza terror&iacute;fica del &ldquo;continuo    morir sin poder morir&rdquo;; es la posibilidad de la imposibilidad de la existencia,    porque no anticipa una posibilidad, sino por la imposibilidad de tender a un    futuro. </p>     <p>Cuando el suceso se hace evanescente y l&aacute;bil y el pasado no es m&aacute;s    que la repetici&oacute;n de un sufrimiento sin fin, el suicidio deviene la posibilidad    m&aacute;s radical. Entre el advenir como imposibilidad y el advenir ya consumado    y descifrado, la muerte buscada traduce la expresi&oacute;n &uacute;ltima y    radical de un tiempo clausurado. </p>     <p><b>Los enredos y apuros de una situaci&oacute;n complicada</b></p>     <p> Por motivos que obran en una esfera de inter&eacute;s limitado, sin ning&uacute;n    conocimiento de verdaderamente existencial, por despecho, por miedo, por venganza,    la vida es arrojada fuera de un estado de convulsi&oacute;n, impetuoso y desordenado,    en el cual no se puede ver claro. El suicidio en estos casos se presta para    ser comprendido psicol&oacute;gicamente con la hip&oacute;tesis de un enredo    al que la propia conciencia no le presta claridad y no puede elegir. Los preparativos    se desarrollan de modo tal que ellos no pueden retroceder. &ldquo;Aunque la    voluntad de suicidarse ya no es real, se realiza el suicidio desesperadamente    por verg&uuml;enza y oscura inexorabilidad&rdquo; (15). </p>     <p><b>La insoportabilidad de la vida</b></p>     <p> Hay situaciones desde las cuales emerge el suicidio que, por su incondicionalidad,    pueden ser comprendidas desde la condici&oacute;n gen&eacute;rica de &ldquo;insoportabilidad    de la vida&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En completo desamparo, en la conciencia de la nada, la desaparici&oacute;n    voluntaria es para el solitario como un retorno a s&iacute; mismo. Apesadumbrado    en el mundo, impotente para proseguir el combate consigo mismo y con el mundo,    expuesto a hundirse en la pobreza por la enfermedad o la vejez, amenazado de    caer por debajo del nivel del propio ser, poder quitarse la vida es un pensamiento    consolador, porque entonces la muerte aparece como una salvaci&oacute;n. Cuando    coincide una enfermedad f&iacute;sica incurable, la falta total de medios y    el completo aislamiento en el mundo, puede negarse, con suma claridad, sin incurrir    en el nihilismo, no la propia existencia emp&iacute;rica en general, sino aquello    que todav&iacute;a pudiera quedar. Hay un l&iacute;mite donde la continuaci&oacute;n    de la vida ya no puede ser obligaci&oacute;n: cuando ya no es posible llegar    a ser, cuando el sufrimiento f&iacute;sico y las exigencias del mundo son tan    aniquiladoras que no se puede seguir siendo el que se es; aunque subsista el    valor para vivir, desaparece con la fuerza de la posibilidad f&iacute;sica;    y cuando no hay nadie en el mundo que por amor sujete mi vida, al dolor m&aacute;s    profundo se le puede poner fin... (15).</p>     <p> La reciente pel&iacute;cula dirigida por Mohsen Makhmalbaf, Kandahar, sobre    la situaci&oacute;n de una muchacha afgana ante la opresi&oacute;n talib&aacute;n,    puede ayudarnos a entender la experiencia de la muerte voluntaria. Esta historia    real es recreada por su amiga Niloufar Pazira, quien recibe una carta de una    de sus amigas, que hab&iacute;a quedado en Afganist&aacute;n, en la que le anunciaba    que hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de suicidarse, pues no soportaba    m&aacute;s la vida bajo ese r&eacute;gimen pol&iacute;tico.</p>     <p> Como en una mise en abyme,5 se combinan en la pel&iacute;cula el relato de    un viaje que ella realiza para devolverle la esperanza y el relato de su propio    viaje interior, pues clausurada en su burka tambi&eacute;n ella sufrir&aacute;    en carne propia las mismas vejaciones y mortificaciones que el fanatismo reservara    a su amiga y a todas las mujeres elegidas como v&iacute;ctimas expiatorias.</p>     <p> Con su atrevimiento, N. Pazira consigue despertar la atenci&oacute;n sobre    la sistem&aacute;tica violaci&oacute;n a los m&aacute;s elementales derechos    humanos de las mujeres, esc&aacute;ndalo que se ve acrecentado con la llegada    al poder de los talibanes hasta convertirse en algo terror&iacute;fico: prohibici&oacute;n    a ejercer profesiones y a estudiar, el sometimiento absoluto a los hombres y    el uso obligatorio en p&uacute;blico del burka, que deb&iacute;a cubrirlas totalmente.    La pel&iacute;cula constituye una dolorosa denuncia a la situaci&oacute;n de    estas mujeres, pero tambi&eacute;n busca rendirles un homenaje y de alg&uacute;n    modo una reparaci&oacute;n por las posibles responsabilidades que de un modo    u otro pudi&eacute;ramos haber cometido ya por acci&oacute;n como por omisi&oacute;n.    La amiga considera que es posible un aplazamiento. La comunicaci&oacute;n de    aquel que proyecta el suicidio, dice Jaspers, es &ldquo;un intento de salvaci&oacute;n&rdquo;,    ya que &ldquo;quien ha renunciado al secreto&rdquo; s&oacute;lo lo hace &ldquo;por    ese &lsquo;amor&rsquo; en el cual compromete su &lsquo;existencia&rsquo; misma,    sin reserva alguna ni segunda intenci&oacute;n lejana&raquo;(15)</p>     <p> En el relato, Niloufar metaf&oacute;ricamente toma el nombre de Nefas, que    significa aliento, &ldquo;respiraci&oacute;n&rdquo;, como si con ello pudiera    contrarrestar el ahogo materializado en el burka y se lo traduce en un esperanzado    mensaje que le deja grabado: &ldquo;He puesto mi alma en este viaje en el que    tom&eacute; caminos inexplorados para ofrecerte una raz&oacute;n para vivir.    Atraves&eacute; plantaciones de opio, campos minados [&hellip;] hoy te traigo    mil magn&iacute;ficas razones de vida&rdquo;.</p>     <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>1. Lolas E Bio&eacute;ticayantropolog&iacute;a m&eacute;dica, Santiago de Chile,    Mediterr&aacute;neo; 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0034-7450200200020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Broekman JM. Intewinements of law and medicine, Leuven, Leuven University    Press; 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0034-7450200200020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Misseroni Raddatz A. Consideraciones jur&iacute;dicas en torno al concepto    de eutanasia, Act Bio, 2000, IV (2): 247-64. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0034-7450200200020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Dijon X. La reconciliation corporelle: une &eacute;thique du droit medical,    Bruxelles, Lessius; 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0034-7450200200020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bernhoft R. Are compassionate care and suicide mutually exclusive?, in Werth    JL Jr., editor, Contemporary perspectives on rational suicide (Series in death,    dying, and bereavement), Philadelphia, Brunner/Mazel; 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0034-7450200200020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Mainetti JA. La revoluci&oacute;n transplantol&oacute;gica, Estudios bio&eacute;ticos    II, La Plata, Quir&oacute;n; 1993, p. 157-167. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0034-7450200200020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Beaune, JC. Ambigu&iacute;tes philosophiques et m&eacute;dicales de la mort    contemporaine, Psy M&eacute;d 1990; 22 (3): 229-231. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0034-7450200200020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Vaysse J. Petit trait&eacute; de m&eacute;decine psychosomatique, Le Pleissis-Robinson,    Les Empecheurs de penseren Rond-Synth&eacute;labo; 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0034-7450200200020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Rovaletti ML. Hipocondr&iacute;a y corporalidad, Act Psi y Psic de Am Lat    2001; 47 (3): 201 -208. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0034-7450200200020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Derrida J. Donner la morte, Par&iacute;s, Galil&eacute;e; 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0034-7450200200020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Sartre JP. L&#8217;&eacute;tre et le n&eacute;ant, Par&iacute;s, Gallimard,    1943. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0034-7450200200020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Beauvoir 5 de. Touts les hommes sont mortels, Par&iacute;s, Gallimard;    1947. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0034-7450200200020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Vergote A. La mort: ph&eacute;nom&eacute;ne naturel, adversit&eacute; impensable    et nouvelle naissance, en Olivetti M, editor. Filosof&iacute;a e Religione di    fronte alla morte, Padua, Archivo di filosof&iacute;a-Cedam; 1981, p. 50-51.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0034-7450200200020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Erickson E. Infanciaysociedad, BuenosAires, Horme; 1959, p. 242. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0034-7450200200020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Jaspers K. Filosof&iacute;a, II, Madrid, Revista de Occidente, 1959; El    problema de la culpa, Buenos Aires, Paid&oacute;s; 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0034-7450200200020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Callieri B. La ambig&uuml;edad existencial del suicidio, Relaciones 1991    jul; (86): 22. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0034-7450200200020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Husserl, E. Ideen zu einer Ph&aacute;nomemenologische Philosophie 1, (Husserliana    III), Dordrecht, Nijhoff, 1952, p. 103-105 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0034-7450200200020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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