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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="right">Reporte de caso</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Algunas consideraciones en la esquizofrenia de inicio temprano (EIT)</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Diana Mar&iacute;a Paternina Vel&aacute;squez, M.D.<sup>1</sup> Juan Felipe Ortiz Tob&oacute;n, M.D.<sup>2</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>M&eacute;dica residente tercer a&ntilde;o, Pontificia Universidad Javeriana.     <br>   <sup>2</sup>M&eacute;dico residente segundo a&ntilde;o, Pontificia Universidad Javeriana. </p> <hr size="1"> Un adolescente de once a&ntilde;os de edad, natural y residente en zona   rural, es llevado por la madre a urgencias de Psiquiatr&iacute;a por presentar un   cuadro cl&iacute;nico de doce meses de evoluci&oacute;n, de instauraci&oacute;n progresiva y   caracterizado por insomnio de conciliaci&oacute;n, actitud de extra&ntilde;eza, mirada   fija, soliloquios, suspicacia con las dem&aacute;s personas, tendencia al aislamiento,   abandono del juego con pares, m&uacute;ltiples quejas som&aacute;ticas   (debilidad, cefalea, otalgia izquierda, hiporexia, mialgias, fatiga y malestar   general), alucinaciones visuales (animales: cucarrones, p&aacute;jaros,   serpientes, dinosaurios que lo defecaban mientras iba al colegio y apariciones   de la Virgen) y auditivas (la Virgen le habla y al mismo tiempo lo   hace el diablo lo llaman por su nombre y es &eacute;l mismo), y consecuentemente mal rendimiento escolar.     <p> Seis meses antes hab&iacute;a sido hospitalizado, al parecer, por un episodio   depresivo que fue manejado con imipramina (hasta 200 mg/d&iacute;a   durante tres meses). Se le realizaron estudios diagn&oacute;sticos (hemograma,   pruebas de funci&oacute;n renal y hep&aacute;tica), que estuvieron dentro de los l&iacute;mites   normales, pero despu&eacute;s de que fue dado de alta continu&oacute; presentando   alucinaciones visuales y auditivas, con ideaci&oacute;n delirante de tipo persecutorio   poco estructuradas. Fue hospitalizado de nuevo y valorado por   neurolog&iacute;a, otorrinolaringolog&iacute;a por sospecha de neuroinfecci&oacute;n y crisis   convulsivas parciales, ya que hab&iacute;a presentado fiebre y cuadro confusional   (poco claro). Se le realizaron una tomograf&iacute;a axial computarizada (TAC)   simple de cr&aacute;neo y punci&oacute;n lumbar y un electroencefalograma (EEG), los   cuales se reportaron como normales. Se documenta al examen f&iacute;sico paladar   ojival, pliegue epic&aacute;ntico bilateral, clinodactilia del quinto dedo mano   derecha, escasa coordinaci&oacute;n en movimientos r&aacute;pidos y alternantes y  reflejo palmomentoneano. Se instaur&oacute;   tratamiento con haloperidol   hasta de 5 mg/d&iacute;a, hidroxicina   y midazolam, con escasa mejor&iacute;a   cl&iacute;nica. Tras ser dado de alta,   persisten las ideas delirantes paranoides   y la actividad alucinatoria   con ansiedad creciente. Estos dos   s&iacute;ntomas disminuyen con el suministro   de risperidona, en dosis   escalonadas hasta 3 mg/d&iacute;a, pero   con parkinsonismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El adolescente vive con sus   padres y es el primer hijo de la   pareja. El embarazo no fue planeado;   dur&oacute; nueve meses; tuvo control   prenatal normal, parto institucional,   vaginal; no hubo hipoxia   neonatal documentada, y la talla y   el peso fueron normales al nacimiento.   No se da lactancia materna   por infecci&oacute;n de episiotom&iacute;a en   madre y toma de antibi&oacute;ticos por   &eacute;sta. Hay antecedente de ingesta   de alcohol ocasional durante el   embarazo y antigripales en el segundo   trimestre de embarazo. El   desarrollo psicomotor se refiere   como normal.</p>     <p> El joven es definido como callado   y disciplinado. Presentaba   juego con pares adecuado. Luego   de iniciar la primaria se torna t&iacute;mido   y solitario. Dej&oacute; de estudiar   durante dos a&ntilde;os por falta de recursos   econ&oacute;micos. Hasta hace un   a&ntilde;o cursaba quinto de primaria y,   seg&uacute;n su madre, era uno de los mejores   del curso. Se le diagnostica   esquizofrenia indiferenciada de inicio   en la infancia.</p>     <p> La mayor&iacute;a de los individuos   diagnosticados con esquizofrenia   presentan s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos tarde   en la adolescencia o en el adulto   joven, aunque el inicio prepuberal   se ha reportado desde principios del   siglo XX como demencia precoc&iacute;sima.   Kumra, Nicolson y Rapoport   describen la distinci&oacute;n entre la psicosis   de inicio temprano (hasta los   tres a&ntilde;os) y la psicosis infantil tard&iacute;a   (inicia a los cinco a&ntilde;os o m&aacute;s   tarde) como &laquo;uno de los m&aacute;s importantes   avances diagn&oacute;sticos en la   psiquiatr&iacute;a infantil, separando el   autismo de las esquizofrenias infantiles   verdaderas&raquo; (1), aunque la   Clasificaci&oacute;n Francesa de los Trastornos   Mentales del Ni&ntilde;o y del   Adolescente (CFTMNA) &mdash;dentro de   las categor&iacute;as cl&iacute;nicas de base (eje   I) de psicosis infantiles&mdash; incluye   las psicosis de tipo esquizofr&eacute;nico   que se manifiestan durante la infancia   y las psicosis esquizofr&eacute;nicas   que se manifiestan en la adolescencia   (2).</p>     <p> Varios estudios han demostrado   que la esquizofrenia de inicio   temprano (EIT) puede ser diagnosticada   con mayor confiabilidad   mediante criterios de adultos no   modificados (3),(4); adem&aacute;s, existen   Esquizofrenia de inicio temprano (EIT) indicios convincentes de que la EIT   y la de inicio en edad adulta representan   el mismo proceso patol&oacute;gico   tanto en su presentaci&oacute;n cl&iacute;nica   como en aquellas alteraciones del   funcionamiento prem&oacute;rbido, en el   desarrollo de pruebas neuropsicol&oacute;gicas,   en el funcionamiento   auton&oacute;mico, en los movimientos de   seguimiento ocular, en los cambios   anat&oacute;micos cerebrales y en la resonancia   magn&eacute;tica.</p>     <p> La prevalencia de la EIT no se   ha establecido claramente, aunque   la experiencia cl&iacute;nica sugiere que   su inicio antes de los doce a&ntilde;os es   poco usual. Se calcula que del 0,1%   al 1% de todos los trastornos esquizofr&eacute;nicos   se instauran antes de   los diez a&ntilde;os de edad y que ocurren   principalmente en hombres,   aun cuando con el incremento de   la edad dicha frecuencia se equipara   en ambos g&eacute;neros (5). Su   incidencia aumenta abruptamente   y se estabiliza de los 12 a los 14   a&ntilde;os de edad y para los 18 a&ntilde;os ya   el 20% ha desarrollado la enfermedad   (6),(7). El sobrediagn&oacute;stico de   esta patolog&iacute;a es com&uacute;n, debido a   la variedad de entidades psiqui&aacute;tricas   que asemejan a la EIT, tal como   el primer episodio del trastorno   afectivo bipolar.</p>     <p> Los avances en el campo de   la gen&eacute;tica molecular han aportado   datos precisos para entender   patolog&iacute;as psiqui&aacute;tricas como la   esquizofrenia, adem&aacute;s, ciertas   caracter&iacute;sticas inherentes al inicio   temprano de la entidad brindan   posibilidades importantes para su   comprensi&oacute;n, por ejemplo, su   mayor gravedad, las resistencias   relativas al tratamiento y su mayor   heredabilidad. Estas notables   diferencias entre la EIT y la de inicio   en la edad adulta incluyen,   aparte de lo anterior, mayor frecuencia   de anomal&iacute;as citogen&eacute;ticas   en su desarrollo prem&oacute;rbido y en   su pron&oacute;stico cl&iacute;nico.</p>     <p><b> Factores gen&eacute;ticos</b></p>     <p> Se ha propuesto una hip&oacute;tesis   que sugiere que al comparar la   EIT con la de inicio en edad adulta,   la primera se asocia con un aumento   en la carga gen&eacute;tica dado su   inicio m&aacute;s temprano y la mayor   gravedad de sus s&iacute;ntomas. La esquizofrenia   y los trastornos   presentes dentro de este espectro   (por ejemplo, trastorno esquizoafectivo   y trastorno de personalidad   paranoide y esquizot&iacute;pica) son m&aacute;s   prevalentes dentro de familiares de   pacientes con esta enfermedad (8).</p>     <p> Las tasas de esquizofrenia y   de trastornos esquizoafectivos en   familiares de pacientes con EIT   parecen ser parecidas a las vistas   en los de pacientes con esquizofrenia   de inicio en la edad adulta. En   contraste, la tasa de trastorno de   personalidad esquizot&iacute;pico se en Paternina, contr&oacute; en el 6,9% y la de trastorno   de personalidad paranoide en el   1,4% de los familiares de pacientes   con esquizofrenia de inicio en   edad adulta (8),(9); mientras que en   los de pacientes con EIT el 25%   evidenci&oacute; un trastorno de personalidad   esquizot&iacute;pico o paranoide (10),   aunque los datos anteriores deben   ser interpretados con precauci&oacute;n,   ya que las entrevistas en el segundo   estudio no se administraron   mediante ciego (11). Sin embargo,   una tasa elevada de trastornos del   espectro de la esquizofrenia ha sido   reportada en dos estudios independientes   en familiares de pacientes   con EIT y en un grupo de familiares   de primer grado de esquizofr&eacute;nicos   adolescentes con EIT (11).</p>     <p><b> Anomal&iacute;as cromos&oacute;micas en EIT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Desde el punto de vista cl&iacute;nico,   los test cromos&oacute;micos pueden   estar particularmente indicados   para pacientes con esquizofrenia y   malformaciones f&iacute;sicas menores,   as&iacute; como con dificultades en el   aprendizaje o retardo mental   (11),(12). Las anomal&iacute;as f&iacute;sicas menores   son ligeras desviaciones en   las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas externas   y representan signos externos de   alteraciones en el desarrollo prenatal.</p>     <p> Smith (13) ha sugerido que   &eacute;stas se forman durante un periodo   ectod&eacute;rmico anormal debido a   alteraciones gen&eacute;ticas o terat&oacute;genos   durante el embarazo. El sistema   nervioso central (SNC) tambi&eacute;n   deriva del ectodermo, por lo tanto,   la presencia de malformaciones f&iacute;sicas   menores puede ser un signo   de una alteraci&oacute;n del desarrollo del   SNC (13) y ser&iacute;a la interacci&oacute;n entre   la susceptibilidad gen&eacute;tica y los   estresores ambientales.</p>     <p> Schiffman, Ekstrom, LaBrie,   Schulsinger, Sorensen y Mednick   (14), en un estudio prospectivo realizado   con 256 ni&ntilde;os daneses, entre   los once y los trece a&ntilde;os, evaluaron   anomal&iacute;as f&iacute;sicas menores en   ni&ntilde;os y adultos y los desenlaces de   las patolog&iacute;as psiqui&aacute;tricas y concluyeron   que los individuos dentro   del espectro de la esquizofrenia   tuvieron 2,5 veces m&aacute;s malformaciones   f&iacute;sicas menores que los que   presentaban otro tipo de patolog&iacute;a   psiqui&aacute;trica, lo cual sugiere que en   individuos con riesgo gen&eacute;tico para   desarrollar una esquizofrenia y un   elevado n&uacute;mero de anomal&iacute;as f&iacute;sicas   menores (m&aacute;s de tres) aumenta   la probabilidad de una patolog&iacute;a   dentro del espectro de la esquizofrenia.</p>     <p> De igual forma, s&oacute;lo algunos   de los sujetos con alto riesgo tienen   una transmisi&oacute;n de una   predisposici&oacute;n gen&eacute;tica y las   malformaciones f&iacute;sicas menores   se&ntilde;alan a aquellos con alto riesgo   &mdash;quienes sufrieron una disrupci&oacute;n   en el desarrollo neural-fetal&mdash; <a href="#(cua1)">(v&eacute;ase Cuadro 1).</a></p>     <p align="center"><a name="#(cua1)"><img src="img/revistas/rcp/v32n1/v32n1a05cua1.gif"></a></p>     <p>Hay un exceso de signos neurol&oacute;gicos   sutiles (sin una zona de   localizaci&oacute;n patol&oacute;gica obvia que   genere estos signos) en pacientes   con un primer episodio psic&oacute;tico   de esquizofrenia y su desempe&ntilde;o   neurol&oacute;gico parece ser peor en   &aacute;reas de secuenciaci&oacute;n, coordinaci&oacute;n   motora, en integraci&oacute;n   sensorial y en signos de liberaci&oacute;n   frontal (v&eacute;ase <a href="#(cua2)">Cuadro 2</a> ). Estas anomal&iacute;as   neurol&oacute;gicas menores se   encuentran principalmente en   individuos con escaso nivel educativo,   posiblemente en quienes   presentan un cuadro cl&iacute;nico m&aacute;s   grave. La presencia de alteraciones   neurol&oacute;gicas no se explica por el   uso de neurol&eacute;pticos, aunque para   una &oacute;ptima diferenciaci&oacute;n de alteraciones   motoras t&iacute;picas en la   esquizofrenia y la producidas por   el empleo de neurol&eacute;pticos, es importante   que los signos de   disfunci&oacute;n del l&oacute;bulo frontal sean   incluidos en la evaluaci&oacute;n (15).</p>     <p align="center"><a name="#(cua2)"><img src="img/revistas/rcp/v32n1/v32n1a05cua2.gif"></a></p>     <p> La presencia de anomal&iacute;as   f&iacute;sicas menores puede ser una valiosa   herramienta (que emplea   adem&aacute;s otras medidas) para identificar   a personas con un gran   riesgo para el espectro de la esquizofrenia.   La identificaci&oacute;n temprana   puede ser importante para aquellos   que se podr&iacute;an beneficiar de programas   de prevenci&oacute;n primaria.</p>     <p><b>Genes y esquizofrenia</b></p>     <p> Aunque no se han identificado   genes espec&iacute;ficos, existen indicios   de un locus de susceptibilidad para   esquizofrenia dentro de varios cromosomas,   entre los que est&aacute;n   incluidos: 1q21-22, 1q32-43, 6p24,   8p21, l0p14, 13q32, 18p11 y   22q11-13 (17). La existencia de   m&uacute;ltiples locus sugiere que la   esquizofrenia es una patolog&iacute;a causada   por la interacci&oacute;n de varios   componentes gen&eacute;ticos. Sin embargo,   como la gran mayor&iacute;a de los   trastornos psiqui&aacute;tricos, &eacute;stos presentan   un origen complejo, es decir,   no pueden ser explicados f&aacute;cilmente   por un factor gen&eacute;tico &uacute;nico o   componente ambiental.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Interesantemente se ha descrito   un locus en el cromosoma   22q11 para susceptibilidad de esquizofrenia   (18), donde se reportan   microeliminaciones con una frecuencia   del 2% en una poblaci&oacute;n   de esquizofr&eacute;nicos adultos no emparentados   (19), mientras que en   adolescentes con EIT se encuentra   en el 6,4%, lo que es m&aacute;s de lo observado   en la poblaci&oacute;n general   (0,2%) y mayor que para adultos   con esquizofrenia de aparici&oacute;n tard&iacute;a   (20). Adultos con eliminaci&oacute;n   del 22q11 (antes llamado s&iacute;ndrome   velocardiofacial y s&iacute;ndrome de Di-   George y ahora denominado como   s&iacute;ndrome de deleci&oacute;n 22q o 22qDS)   presentan una incidencia de esquizofrenia   del 25 al 30% (17). Pese a   las pruebas de que las personas con   22qDS presentan elevadas tasas de   esquizofrenia, se requieren estudios   con muestras mayores para replicar dichos hallazgos, aunque   si se acepta tal asociaci&oacute;n, esto   conducir&iacute;a a importantes implicaciones   cl&iacute;nicas como:</p>     <p> ! Los evaluadores de pacientes   con esquizofrenia deber&iacute;an considerar   un s&iacute;ndrome de deleci&oacute;n   del 22q11, principalmente si dicho   sujeto presenta uno o m&aacute;s   de alteraciones en el aprendizaje,   cardiopat&iacute;a cong&eacute;nita, labio   o paladar hendido, apariencia   dism&oacute;rfica o hipocalciemia (21).</p>     <p> ! Desde el primer episodio psic&oacute;tico   de esquizofrenia existen   disfunciones neurol&oacute;gicas que   no son el resultado de la progresi&oacute;n   de la enfermedad ni   consecuencia del uso de neurol&eacute;pticos.   ! La presencia de disfunci&oacute;n neurol&oacute;gica   en la esquizofrenia   puede contribuir a identificar   individuos con pobre pron&oacute;stico,   quienes se pueden   beneficiar de intervenciones   tempranas (15).</p>     <p> En consecuencia, el pron&oacute;stico   de la EIT se considera generalmente   pobre y con peores resultados   en cuanto a logros educativos,   probabilidades de empleo, mayor   discapacidad global comparada con   la esquizofrenia de inicio en edad   adulta. Es una patolog&iacute;a que puede   ser diagnosticada empleando   criterios de adultos no modificados.   Estudios en adolescentes con EIT   pueden aportar importantes pistas   para esclarecer la etiolog&iacute;a de la   entidad, adem&aacute;s de aportar en el   dise&ntilde;o de estudios para adolescentes   con alto riesgo.</p>     <p><b> <font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p> 1. Nasrallah HA, Smeltzer DJ. Contemporary   diagnosis and management of   the patient with schizophrenia.   Newtown, Pennsylvania: Handbooks   in Healt Care Co; 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0034-7450200300010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Mises R, Quemada N, Botbol M, Burzsteijn   C et al. French classification   for child and adolescent mental disorders.   Psychopathology 2002   Mar-Jun.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0034-7450200300010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Spencer EK, Campbell M. Children   with schizophrenia: diagnosis, phenomenology,   and pharmacotherapy.   Schizophr Bull 1994;20:713-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0034-7450200300010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Mcclellan JM. Early-onset schizophrenia.   Chapter 47. In: Comprehensive   Textbook of Psychiatry. 7th ed. on CDRom.   Lippincott: Williams &amp; Wilkins;   2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0034-7450200300010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Galdos PM, Van Os JJ, Murray RM.   Puberty and the onset of psychosis.   Schizophr Res 1993; 10:7-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0034-7450200300010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hafner H, Maurer K, Loffler W, Riecher-   Rossler A. The influence of age and   sex on the onset and early course of   schizophrenia. Br J Psychiatry   1993;162:80-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0034-7450200300010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Gordon CT, Frazier JA, McKenna K,   Giedd J, Zametkin A, Zahn T et al. Childhood-   onset schizophrenia: an NIMH   study in progress. Schizophr Bull   1994;20:697-712.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0034-7450200300010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Kedler KS, McGuire M, Gruenberg   AM, O&acute;Hare A, Spellman M, Walsh D.   The Roscommon Family Study I: methods,   diagnosis of probands, and   risk of schizophrenia in relatives. Arch   Gen Psychiatry 1993;50:527-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0034-7450200300010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Kedler KS, McGuire M, Gruenberg   AM, O&acute;Hare A, Spellman M, Walsh D.   The Roscommon Family Study. III.   Schizophrenia-related personality   disorders in relatives. Arch Gen   Psychiatry 1993;50:781-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0034-7450200300010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Lenane MC, Nicolson R, Bedwell J,   Rapoport JL. Schizophrenia spectrum   disorders in the relatives of   patients with childhood-onset schizophrenia   (abstract). Schizoph Res   1999;36:92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0034-7450200300010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Kumra S, Shaw M, Merka P, Nakayama   E, Augustin R. Childhood-onset   schizophrenia: research update. Can   J Psychiatry 2001;46:923-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0034-7450200300010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Bassett AS, Bury A, Hodgkinson KA,   Honer WG. Reproductive fitness in familial   schizophrenia (abstract).   Schizophr Res 1996;18;21:151-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0034-7450200300010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Smith DW. Recognizable patterns of   human malformation: genetic, embryologic   and clinical aspects.   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Proc Natl Acad   Sci USA 1995;92:7612-6 in Kumra S,   Shaw M, Merka P, Nakayama E, Augustin   R. Childhood-onset   schizophrenia: research update. Can   J Psychiatry 2001;46:923-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0034-7450200300010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. Usiskin SI, Nicolson R, Krasnewich   DM, Yan W, Lenane M, Wudarsky M et   al. Velocardiofacal syndrome in childhood-   onset schizophrenia. J Am   Acad Child Adolesc Psychiatry   1999;38:1536-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0034-7450200300010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21. Murphy KC. Schizophrenia and velocardio-   facial syndrome. The Lancet   2002;359:426-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0034-7450200300010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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