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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Patrón de Conducta Tipo C en Pacientes con Enfermedades Crónicas]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad San Buenaventura, Facultad de Psicología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of the following investigation was to evaluate the construct of conduct pattern type C. We analyzed its historical background, its relation to coping strategies, the initial stages of research in this field and its association with cancer. We also considered its five dimensions: emotional control, rationality, emotional repression, need of harmony and compensation, the hypothesis of its association with chronic diseases and the constructs of acceptance/ perceived benefits. We conclude this paper with a review of current developments and evolution of research in this field.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Comportamiento]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[neoplasia]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[enfermedad crónica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[adaptación psicológica]]></kwd>
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<kwd lng="en"><![CDATA[neoplasm]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[chronic disease]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[psychological adaptation]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[    <font size="2" face="verdana">     <p align=right>Art&iacute;culos de revisi&oacute;n    /actualizaci&oacute;n</p>     <p align=right>&nbsp;</p>       <p>&nbsp; </p>     <p>        <center>     <font size="4">El Patr&oacute;n de Conducta Tipo C en Pacientes con Enfermedades      Cr&oacute;nicas </font>    </center> </p>     <p>&nbsp; </p>     <p> <b>Stefano Vinaccia, Psic</b></p>     <p> Jefe de la L&iacute;nea de Investigaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a de la    Salud. Facultad de Psicolog&iacute;a. Universidad San Buenaventura, Medell&iacute;n.        <br>ZADirecci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="mailto:vinalpi47@hotmail.com">vinalpi47@hotmail.com</a>  </p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>     <p>   El objetivo esta investigaci&oacute;n fue revisar la evoluci&oacute;n del concepto   patr&oacute;n de conducta tipo C. Se analiza su desarrollo hist&oacute;rico,    su relaci&oacute;n   con los estilos de afrontamiento, sus primeras etapas de estudio asociado   a diferentes tipos de c&aacute;ncer y sus cinco dimensiones: control emocional,   racionalidad, represi&oacute;n emocional, necesidad de armon&iacute;a y comprensi&oacute;n.   Asimismo, se estudia la hip&oacute;tesis de la asociaci&oacute;n con enfermedades    cr&oacute;nicas   y la idea de la relaci&oacute;n aceptaci&oacute;n-beneficios percibidos. Se    termina   en una revisi&oacute;n sobre el estado actual de la investigaci&oacute;n en    el &aacute;rea. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Comportamiento, neoplasia, enfermedad cr&oacute;nica,    adaptaci&oacute;n   psicol&oacute;gica.</p> <hr size="1">     <p>   <b>Abstract</b></p>     <p>   The objective of the following investigation was to evaluate the construct   of conduct pattern type C. We analyzed its historical background, its   relation to coping strategies, the initial stages of research in this field    and its   association with cancer. We also considered its five dimensions: emotional   control, rationality, emotional repression, need of harmony and compensation,   the hypothesis of its association with chronic diseases and the constructs   of acceptance/ perceived benefits. We conclude this paper with a review of   current developments and evolution of research in this field. </p>     <p><b>Key words: </b>Behavior, neoplasm, chronic disease, psychological adaptation.</p> <hr size="1">     <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>   Hace mucho tiempo la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n concerniente a la    relaci&oacute;n   entre variables emocionales, estr&eacute;s y desarrollo de diferentes tipos   de c&aacute;ncer ha demostrado ser una de las m&aacute;s fascinantes &aacute;reas    de estudio   de la psicolog&iacute;a de la salud.</p>     <p>   El inter&eacute;s de m&eacute;dicos y de psic&oacute;logos en este campo es    muy antiguo.   El m&eacute;dico griego Claudio Galeno, en el a&ntilde;o 162, en la ciudad de   Roma, plante&oacute; la hip&oacute;tesis sobre el mayor riesgo de que se desarrollara    c&aacute;ncer en las mujeres con melancol&iacute;a.   Pero en los &uacute;ltimos setenta   a&ntilde;os se empezaron a desarrollar   estudios m&aacute;s espec&iacute;ficos en el &aacute;rea,   a partir del nacimiento de la medicina   psicosom&aacute;tica, en los a&ntilde;os   treinta, y el trabajo posterior de   m&eacute;dicos psiquiatras como Dumbar,   Meninger y Alexander.</p>     <p>   A finales de la d&eacute;cada de los   setenta, el nacimiento de la psicolog&iacute;a   de la salud permiti&oacute; la   incursi&oacute;n de la ciencia psicol&oacute;gica   en un campo que pertenec&iacute;a exclusivamente   a la medicina, hecho que   origin&oacute; investigaciones en un &aacute;rea   interdisciplinaria nueva, denominada   psicolog&iacute;a oncol&oacute;gica. Dentro de   sus distintas &aacute;reas de intervenci&oacute;n   se han planteado estudios sobre los   diferentes factores cognitivos y   comportamentales que afectan el   riesgo de desarrollo de esta enfermedad   (1). El principal fue   denominado patr&oacute;n de conducta o   personalidad tipo C.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha propuesto   que el patr&oacute;n de conducta   tipo C no sea exclusivo de pacientes   con c&aacute;ncer, sino de pacientes   con diagn&oacute;stico de enfermedad cr&oacute;nica.   En este trabajo seguiremos   ese punto de vista, a partir de los   estudios de un grupo de investigadores   de la Universidad de M&aacute;laga,   Espa&ntilde;a.</p>     <p>   <b>Enfermedad cr&oacute;nica</b></p>     <p>   En la actualidad el 50% de la   poblaci&oacute;n padece alg&uacute;n trastorno   cr&oacute;nico que requiere la atenci&oacute;n del   sistema sanitario. Estos trastornos   var&iacute;an desde los relativamente benignos,   como una p&eacute;rdida parcial   de la audici&oacute;n, hasta enfermedades   graves, como c&aacute;ncer o enfermedades   cardiovasculares (2). Aun m&aacute;s   alarmante, desde el punto de vista   epidemiol&oacute;gico, es que la mayor&iacute;a   de las personas desarrollar&aacute; alguna   incapacidad o enfermedad   cr&oacute;nica que, a la larga, podr&aacute; ser la   causa de su muerte (1).</p>     <p>   Por enfermedad cr&oacute;nica entendemos   aquel trastorno   org&aacute;nico-funcional que obliga a una   modificaci&oacute;n en el estilo de vida de   un individuo y que es probable persista   por largo tiempo (2),(3).</p>     <p>   El diagn&oacute;stico de enfermedad   cr&oacute;nica cambia la forma como la   persona se ve a s&iacute; misma y a su vida;   afecta profundamente su autoconcepto,   ya que desde ese momento   todo ser&aacute; distinto. Su proyecto de   vida deber&aacute; ser revisado y, a menudo,   no podr&aacute; saber cu&aacute;l ser&aacute; su   curso (4).</p>     <p>   La adaptaci&oacute;n a la enfermedad   cr&oacute;nica depende de una   multiplicidad de factores, como la   edad, el g&eacute;nero, el estatus social,   el apoyo, la educaci&oacute;n, las creencias   religiosas, los patrones de   personalidad, la inteligencia, los   autoesquemas, los estilos de afrontamiento,   etc. (5). Igualmente, &eacute;stas   aparecen, se mantienen o se agravan   en funci&oacute;n de las conductas   individuales (6); por lo tanto, es fundamental   evaluar el concepto de   estilos de afrontamiento para entender   las estrategias que pone en   acci&oacute;n o en marcha una persona   cuando se enfrenta a una.</p>     <p><b><font size="3">Afrontamiento</font></b></p>     <p>   Lazarus y Folkman (7) definen   el afrontamiento como &laquo;aquellos   esfuerzos cognitivos y conductuales   constantemente cambiantes   que se desarrollan para manejar las   demandas espec&iacute;ficas externas y/   o internas que son evaluadas como   excedentes o desbordantes de los   recursos del individuo&raquo;.</p>     <p>   Los autores han propuesto   tres tipos de evaluaci&oacute;n cognitiva:   evaluaci&oacute;n primaria, evaluaci&oacute;n   secundaria y reevaluaci&oacute;n. En la   primera solamente las situaciones   evaluadas como estresantes son las   que implican cambio. &Eacute;stas pueden   ser de tres tipos: de da&ntilde;o o p&eacute;rdida,   de amenaza y de desaf&iacute;o. Da&ntilde;o   o p&eacute;rdida se refiere a aquellos casos   en que un individuo ha recibido   un perjuicio (por ejemplo, la p&eacute;rdida   de un ser querido); amenaza est&aacute;   relacionada con aquellos casos en   los que se prev&eacute;n da&ntilde;os o p&eacute;rdidas,   aunque &eacute;stos no han ocurrido y se   pueden tratar de solucionarlos o   afrontarlos de manera anticipada,   y desaf&iacute;o implica la revisi&oacute;n anticipada   de situaciones de da&ntilde;o o   p&eacute;rdida, como la amenaza, pero a   diferencia de &eacute;sta se acompa&ntilde;a de   la valoraci&oacute;n de que existen fuerzas   o habilidades suficientes para   afrontarlas con &eacute;xito y obtener ganancias. </p>     <p>La evaluaci&oacute;n secundaria se   refiere al an&aacute;lisis que el sujeto hace   de las conductas, los recursos o las   habilidades de las cuales se dispone   para enfrentar la situaci&oacute;n.   Cuando la evaluaci&oacute;n encuentra   que no los hay o que son insuficientes,   se desencadena la respuesta de   estr&eacute;s (psicofisiol&oacute;gica y emocional),   adem&aacute;s de las categor&iacute;as de   evaluaci&oacute;n expuestas; por eso es   fundamental considerar otras dos   clases: la percepci&oacute;n de anticipaci&oacute;n   y la percepci&oacute;n de control de   la situaci&oacute;n. Este &uacute;ltimo se refiere   a que el sujeto descubra que una   situaci&oacute;n depende de &eacute;l y la puede   manejar con los recursos de que   dispone. La anticipaci&oacute;n, por su   parte, es prepararse para un suceso,   junto con su car&aacute;cter positivo o   negativo, deseable o no deseable. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos dos factores son fundamentales   en el estr&eacute;s, puesto que   se ha encontrado que los sucesos   percibidos como incontrolables o   impredecibles son los que tienen   impacto sobre la salud (8),(9). Finalmente   en la selecci&oacute;n de las   respuestas, el organismo selecciona   las posibles a las demandas   percibidas y decide cu&aacute;les debe utilizar. </p>     <p><b>El concepto de personalidad   tipo C en pacientes cr&oacute;nicos</b></p>     <p>   Hist&oacute;ricamente, desde mediados   de los a&ntilde;os sesenta, una serie   de investigaciones hab&iacute;a planteado   c&oacute;mo algunos modelos de defensa   ps&iacute;quica pueden encontrarse en   pacientes oncol&oacute;gicos, y Bahnson   y colaboradores, citados por Biondi   (10), notaron c&oacute;mo en estos   pacientes era m&aacute;s frecuente el uso   de mecanismos de defensa frente a   situaciones conflictivas o estresantes.</p>     <p>   Otros autores, como Schanmale,   citado tambi&eacute;n por Biondi   (10), indicaron en los a&ntilde;os setenta   que sujetos con c&aacute;ncer pulmonar,de mama y uterino ten&iacute;an una baja   tendencia al neuroticismo, una reducida   capacidad introspectiva,   modalidades comportamentales r&iacute;gidas   y convencionales y, sobre   todo, una notable dificultad para   manifestar sus propias emociones. </p>     <p>En 1980, Morris y Greer, citados   por L&oacute;pez, Esteve Ram&iacute;rez y   Anarte (11), acu&ntilde;an por primera vez   el t&eacute;rmino personalidad tipo C, para   definir un estilo de comportamiento   que se caracteriza por una   supresi&oacute;n de emociones ante situaciones   estresantes. Eysenck (12)   resume las diferentes caracter&iacute;sticas   de los comportamientos de los   sujetos que presentan un estilo   comportamental tipo C como &laquo;sumamente   cooperativos, pasivos,   evitadores de conflicto, supresores   de emociones, como la ira o la ansiedad,   que usan la represi&oacute;n como   mecanismo de afrontamiento, r&iacute;gidos   y con mayor predisposici&oacute;n a   experimentar desesperanza y depresi&oacute;n   &raquo;. </p>     <p>Finalmente Bleiker, citado   por L&oacute;pez, Esteve Ram&iacute;rez y Anarte   (11), concluye que los sujetos que   presentan este patr&oacute;n comportamental   se caracterizan por una   marcada antiemocionalidad. Desde   entonces, muchos investigadores   han vuelto sus miradas hacia este   estilo comportamental espec&iacute;fico   y han planteado cinco factores   hipot&eacute;ticos, como diferentes dimensiones   de la noci&oacute;n de personalidad   tipo C, a saber: </p>     <p>1. Control o defensibilidad emocional:   se entiende por tal el grado   en el que un individuo utiliza la   raz&oacute;n y la l&oacute;gica para evitar emociones   negativas que pueden   aparecer ante relaciones interpersonales. </p>     <p>2. Racionalidad: o el grado en el que   una persona utiliza la raz&oacute;n y la   l&oacute;gica como un modo general de   enfrentarse al mundo. </p>     <p>3. Expresi&oacute;n emocional: grado en   que el sujeto exterioriza las emociones   de enfado, ansiedad y   depresi&oacute;n. </p>     <p>4. Represi&oacute;n emocional: grado de la   inhibici&oacute;n en la expresi&oacute;n de las   emociones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   5. Necesidad de armon&iacute;a: indicativo   de la inclinaci&oacute;n del individuo   a velar por el equilibrio en las   relaciones interpersonales (11). </p>     <p>Las primeras investigaciones   buscaron asociar este patr&oacute;n de   represi&oacute;n emocional con el c&aacute;ncer1   y concluyeron que la supresi&oacute;n   emocional contribuye en gran medida   al pron&oacute;stico de los tumores. </p>     <p>Posteriormente, otros investigadores   como Hatch y colaboradores   (1991) y Kelly y colaboradores (1997),   citados por Rodr&iacute;guez, Esteve y L&oacute;pez   (13), estudiaron la relaci&oacute;n de la   supresi&oacute;n emocional con el diagn&oacute;stico   de dolor cr&oacute;nico benigno y   encontraron correlaciones positivas. </p>     <p>La supresi&oacute;n emocional se   conceptualiza aqu&iacute; como un estilo de   afrontamiento que influye en la elecci&oacute;n   de determinadas estrategias   que podr&aacute;n ser activas, como no   molestar a los dem&aacute;s y no implicar   otras personas en sus propios problemas;   en el desarrollo de un estilo   &#8216;cooperativo&#8217; para evitar conflictos y   suprimir emociones, y en el uso de la represi&oacute;n (14). M&aacute;s recientemente   el estilo de comportamiento tipo   C se ha asociado con otras enfermedades   cr&oacute;nicas, como problemas   cardiovasculares, gastrointestinales,   endocrinos, asma, etc. </p>     <p>Al volver a conceptuar este   comportamiento, caracter&iacute;stico   de las personas que padecen enfermedades   cr&oacute;nicas, Contrada y   colaboradores (1990), citados por   L&oacute;pez, Ram&iacute;rez, Esteve y Anarte   (15), sostienen que existen interacciones   entre variables de   personalidad y variables neuroendocrinoinmunol&oacute;gicas,   espec&iacute;ficas   de otras enfermedades, adem&aacute;s del   c&aacute;ncer, lo que los llev&oacute; a afirmar que   el patr&oacute;n de conducta tipo C es m&aacute;s   una personalidad proclive a la enfermedad   cr&oacute;nica que a una   enfermedad espec&iacute;fica. Por lo tanto,   concluyen que la supresi&oacute;n   emocional puede ser una caracter&iacute;stica   de las personas en   enfermedades cr&oacute;nicas. </p>     <p>Todo esto se traduce en la   hip&oacute;tesis de una diversidad interindividual   importante en las   estrategias concretas de afrontamiento   utilizadas por los sujetos   sanos y por los sujetos con el diagn&oacute;stico   de enfermedad cr&oacute;nica (11). </p>     <p>Estudios emp&iacute;ricos sobre el   concepto de personalidad tipo C y   la enfermedad cr&oacute;nica </p>     <p>Anarte, L&oacute;pez, Ram&iacute;rez y   Esteve (14) realizaron una investigaci&oacute;n   con una muestra de 203   pacientes con enfermedades cr&oacute;nicas   (103 pacientes diab&eacute;ticos y 100   pacientes con c&aacute;ncer) y 200 personas   sanas. </p>     <p>Para evaluar el patr&oacute;n de conducta   tipo C se utiliz&oacute; el autoinforme   de personalidad tipo C. Amoros,   Anarte, Esteve, L&oacute;pez y Ram&iacute;rez (16)   encontraron diferencias significativas   en este patr&oacute;n de conducta entre   personas con c&aacute;ncer y personas sanas,   entre personas diab&eacute;ticas y   personas sanas, as&iacute; como entre pacientes   diab&eacute;ticos y pacientes con   c&aacute;ncer, fundamentalmente, en las   subescalas de control, racionalidad,   necesidad de armon&iacute;a y supresi&oacute;n   emocional. Los investigadores concluyeron   que el patr&oacute;n tipo C parece   ser una conducta multidimensional   caracter&iacute;stica de las personas que   padecen una enfermedad cr&oacute;nica. </p>     <p>Sobre la misma l&iacute;nea de trabajo   L&oacute;pez, Ram&iacute;rez, Esteve y   Anarte (15) realizaron un estudio   con una muestra de 383 personas   (sanas, hombres y mujeres entre los   20 y los 50 a&ntilde;os), a las cuales se   les aplicaron distintos instrumentos   para medir patr&oacute;n de conducta   tipo C.2 Los hallazgos emp&iacute;ricos de   este estudio plantearon que los   constituyentes b&aacute;sicos del patr&oacute;n   de conducta tipo C son control, defensividad   emocional, racionalidad,   represi&oacute;n emocional, necesidad de   armon&iacute;a y comprensi&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, Rodr&iacute;guez, Esteve   y L&oacute;pez (13) desarrollaron una   investigaci&oacute;n para estudiar la relaci&oacute;n   entre represi&oacute;n emocional,   estrategias de afrontamiento y funcionamiento   diario, en una muestra   de 101 pacientes con c&aacute;ncer. Los   instrumentos utilizados fueron la   escala de control emocional de   Courtauld, el inventario de dolor de   Vanderbilt y el cuestionario de dolor de McGill. Los resultados indicaron   que la represi&oacute;n emocional   influye sobre el dolor. Tambi&eacute;n se   obtuvieron relaciones positivas entre   estrategias pasivas y dolor y una   relaci&oacute;n negativa entre estrategias   activas y dolor; asimismo, se hall&oacute;   una relaci&oacute;n incompatible entre   ambos tipos de estrategias de afrontamiento. </p>     <p>M&aacute;s recientemente, Anarte,   Esteve, Ram&iacute;rez y L&oacute;pez (17) realizaron   una investigaci&oacute;n con una   muestra de 166 sujetos (83 pacientes   con c&aacute;ncer de mama y 83   sanos), a los cuales se les aplic&oacute; la   escala de control emocional de   Courtauld. Los resultados indicaron   que los pacientes aquejados de   c&aacute;ncer realizan un mayor control   sobre sus emociones (enfado, preocupaci&oacute;n   y tristeza) en   comparaci&oacute;n a los controles sanos,   as&iacute; como una mayor expresi&oacute;n-represi&oacute;n   de la tristeza. </p>     <p>Finalmente, L&oacute;pez, Ram&iacute;rez y   Anarte (15) desarrollaron una investigaci&oacute;n   con una muestra de 198   sujetos, de los cuales 98 pertenec&iacute;an   a la poblaci&oacute;n general y 100 eran   pacientes que se les hab&iacute;a diagnosticado   neoplasias de diverso tipo. A   toda la muestra se le aplic&oacute; la escala   tipo C de Amoros, Anarte, Esteve,   L&oacute;pez y Ram&iacute;rez (16), compuesta por   cinco subescalas (control emocional,   racionalidad, represi&oacute;n emocional,   necesidad de armon&iacute;a y comprensi&oacute;n).   Los resultados indicaron, a   diferencia de los anteriores estudios,   que los pacientes con c&aacute;ncer difer&iacute;an   de los controles sanos s&oacute;lo en   la dimensi&oacute;n de la subescala de &laquo;control   emocional&raquo;, es decir, que aun   cuando las personas con c&aacute;ncer de   la muestra tend&iacute;an m&aacute;s a controlar   sus emociones, no parec&iacute;a que entendieran   m&aacute;s a los dem&aacute;s o se   pusieran en su lugar. </p>     <p><b><font size="3">Discusi&oacute;n</font></b></p>     <p>   El objetivo de este trabajo ha   sido estudiar las posibles relaciones   entre la enfermedad cr&oacute;nica, los   estilos de afrontamiento y el patr&oacute;n   de conducta tipo C.</p>     <p>   Podemos entender el patr&oacute;n   de conducta tipo C como una posible   variable mediadora de la   enfermedad cr&oacute;nica, entendida como   una experiencia estresante (14). Esto   si se sigue la definici&oacute;n de estr&eacute;s de   Lazarus y Folkman (7), un conjunto   de relaciones particulares entre un   individuo y una situaci&oacute;n que puede   ser valorada, como es el caso de   la enfermedad cr&oacute;nica, como algo   que agrava o excede sus propios recursos   y que pone en peligro su   bienestar personal.</p>     <p>   De esta valoraci&oacute;n resultan   estrategias de afrontamiento que   permiten en algunos casos ajuste   y en otros no. Esto depende de la   contempor&aacute;nea modulaci&oacute;n de una   enorme cantidad de factores ligados   a las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas   de cada individuo, como la edad, el   g&eacute;nero, la educaci&oacute;n, las habilidades   sociales, etc.</p>     <p>   Este &uacute;ltimo aspecto lo plantean   L&oacute;pez, Esteve, Ram&iacute;rez y   Anarte (11), al requerir mayor investigaci&oacute;n   en lo relacionado con la   existencia de posibles diferencias   individuales en funci&oacute;n de la edad   y el g&eacute;nero de los sujetos investigados.   Hasta ahora la mayor&iacute;a de   los estudios se ha desarrollado con   sujetos con c&aacute;ncer de mama. Vale la pena preguntarnos entonces si   el patr&oacute;n de conducta tipo C tan   s&oacute;lo representa a mujeres mayores   de cuarenta a&ntilde;os.</p>     <p>   Ram&iacute;rez, Esteve, L&oacute;pez y   Anarte (18) plantearon en una investigaci&oacute;n   que no existen   diferencias significativas cuando se   considera la variable g&eacute;nero; no   obstante, seg&uacute;n estos autores el   patr&oacute;n de personalidad tipo C s&iacute;   parece caracterizar a grupos de sujetos   mayores de edad a partir de   los cincuenta a&ntilde;os, en comparaci&oacute;n   a sujetos m&aacute;s j&oacute;venes entre veinte   y treinta a&ntilde;os, independientemente   de su g&eacute;nero. Concretamente los   grupos de mayor edad en este estudio   mostraron de manera   estad&iacute;sticamente significativa un   mayor control emocional, comprensi&oacute;n   y necesidad de armon&iacute;a en   comparaci&oacute;n con los sujetos m&aacute;s   j&oacute;venes.</p>     <p>   Para terminar cabe preguntarse   si el patr&oacute;n de conducta tipo   C es un concepto de personalidad   predisponente al c&aacute;ncer o a la enfermedad   cr&oacute;nica en general o si es   un patr&oacute;n de afrontamiento adaptativo   que se desarrolla despu&eacute;s del   diagn&oacute;stico de la enfermedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Al respecto, nosotros creemos   m&aacute;s en la segunda hip&oacute;tesis que en   la primera, y planteamos nuestra   aseveraci&oacute;n bas&aacute;ndonos en parte   en la reciente investigaci&oacute;n de   Evers et al. (19), sobre la reevaluaci&oacute;n   cognitiva de los estresores que   han llevado al desarrollo de las   ideas de aceptaci&oacute;n y de beneficios   percibidos hacia la enfermedad.</p>     <p>   Aceptaci&oacute;n definida por Evers   et al como: &laquo;el reconocimiento de   parte del sujeto de que se necesita   un proceso de ajuste a la enfermedad   cr&oacute;nica, mientras se percibe la   habilidad de tolerar la naturaleza   imprevisible, incontrolable y sus   consecuencias aversivas&raquo;; y beneficios   percibidos, definidos como:   &laquo;Los cambios en las prioridades de   vida y en las metas personales del   paciente para permitirle darle un   significado m&aacute;s positivo a su vida o   su enfermedad&raquo;.</p>     <p>   La aceptaci&oacute;n, vista como una   manera de disminuir el significado   aversivo, y los beneficios, percibidos   como una manera de agregar   un significado positivo a la enfermedad,   pueden darle el sustento   te&oacute;rico a la asociaci&oacute;n patr&oacute;n de   conducta tipo C-enfermedad cr&oacute;nica,   ya que de otra manera no ser&iacute;a   f&aacute;cil explicar su presencia en pacientes   con enfermedades cr&oacute;nicas   tan variadas y con tantos diferentes   pron&oacute;sticos.</p>     <p>   Por ejemplo, a fin de que un   paciente acepte la enfermedad deber&iacute;a   usar el control o la defensiva   emocional para evitar emociones   que lo puedan llevar a estados de   ira y hostilidad no adaptativos; por   otro lado, utilizar la raz&oacute;n y la l&oacute;gica   para ponderar su situaci&oacute;n,   momento a momento, y as&iacute; de evitar   estados de indefensi&oacute;n, velar&iacute;a   por un equilibrio en sus relaciones   interpersonales (armon&iacute;a) y tendr&iacute;a   buenas dosis de comprensi&oacute;n, de   tal manera que contar&iacute;a con un   apoyo social positivo de su n&uacute;cleo   de familiares y amigos, tan necesario   en el transcurso de una   enfermedad cr&oacute;nica.</p>     <p>   De igual manera, el paciente   utilizar&iacute;a una buena defensividad emocional para afrontar emociones   negativas que le impedir&iacute;an ver salidas   positivas a su enfermedad; al   tiempo que actuar&iacute;a con raz&oacute;n y   l&oacute;gica para poder desarrollar cambios   en las prioridades de su vida.   De esta manera hay una complementaci&oacute;n   entre las dimensiones   del patr&oacute;n de conducta tipo C y los   modelos planteados por Evers et al.   (19), que consideramos son beneficiosos   para ambos modelos   te&oacute;ricos.</p>     <p>   En &uacute;ltima instancia, futuras   investigaciones nos pueden decir,   por un lado, que el valor predictivo   del modelo de personalidad tipo C   con relaci&oacute;n a la enfermedad cr&oacute;nica   y, por otro, que la hip&oacute;tesis   propuesta de fuerte asociaci&oacute;n de   los modelos patr&oacute;n tipo C-aceptaci&oacute;n-   beneficios percibidos pueden   tener elementos emp&iacute;ricos que la   respalden.</p>     <p>   <b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>   1. Sim&oacute;n M. Tratado de psicolog&iacute;a de la salud.   Madrid: Biblioteca Nueva; 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0034-7450200300020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Latorre J, Beneit P. Psicolog&iacute;a de la salud.   Buenos Aires: Lumen; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0034-7450200300020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   3. Sand&iacute;n B. Estr&eacute;s. In: Belloch A, Sand&iacute;n B,   Ramos F, editors. Manual de psicopatolog&iacute;a.   Madrid: McGraw-Hill; 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0034-7450200300020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Rodr&iacute;guez J. Psicolog&iacute;a social de la salud.   Madrid: S&iacute;ntesis; 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0034-7450200300020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Vinaccia S, Ram&iacute;rez L, Toro F. Desesperanza   aprendida en pacientes con artritis   reumatoide: an&aacute;lisis y evoluci&oacute;n de un   constructo. Revista Colombiana de Reumatolog&iacute;a   2001;8:443-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0034-7450200300020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. P&eacute;rez J. Respuestas emocionales, enfermedad   cr&oacute;nica y familia. In: Fern&aacute;ndez E,   Palmero F, editors. Emociones y salud.   Barcelona: Ariel; 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0034-7450200300020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Lazarus R, Folkman S. Estr&eacute;s y procesos   cognitivos. Barcelona: Mart&iacute;nez-Roca;   1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0034-7450200300020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Carrobles J. Estr&eacute;s y trastornos psicofisiol&oacute;gicos.   In: Caballo VE, Buela-Casal J,   Carrobles J, editors. Manual de sicopatolog&iacute;a   y trastornos psiqui&aacute;tricos. Vol. 2.   Madrid: Siglo XXI; 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0034-7450200300020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Sand&iacute;n B. Estr&eacute;s psicosocial. Madrid: Klinik;   1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0034-7450200300020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.Biondi M. La psicosom&aacute;tica nella pr&aacute;ctica   cl&iacute;nica. Roma: IL Pensiero Cient&iacute;fico;   1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0034-7450200300020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.L&oacute;pez A, Esteve R, Ram&iacute;rez C, Anarte, M.   Dimensionalizaci&oacute;n del constructo de personalidad   tipo C. Psykhe 1998;7:3-12. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0034-7450200300020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.Eysenck HJ. Cancer, personality and   stress. Advances in behavoir research and   therapy 1994;16:167-215. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0034-7450200300020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13.Rodr&iacute;guez M, Esteve R, L&oacute;pez A. Represi&oacute;n   emocional y estrategias de   afrontamiento en dolor cr&oacute;nico oncol&oacute;gico.   Psicothema 2000;13:339-45. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0034-7450200300020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.Anarte M, L&oacute;pez A, Ram&iacute;rez C, Esteve R.   Evaluaci&oacute;n del patr&oacute;n de conducta tipo C   en pacientes cr&oacute;nicos. Anales de Psicolog&iacute;a   2000;16:133-41. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0034-7450200300020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.L&oacute;pez A, Ram&iacute;rez C, Esteve R, Anarte M.   El constructo tipo C. Anales de Psicolog&iacute;a   (en prensa). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0034-7450200300020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.Amoros F, Anarte M, Esteve R, L&oacute;pez A,   Ram&iacute;rez C. &iquest;Es el patr&oacute;n de conducta tipo   C caracter&iacute;stico de las personas con c&aacute;ncer?   In 1er Congreso Nacional de   Psicolog&iacute;a. Madrid, Espa&ntilde;a; 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0034-7450200300020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.Anarte M, Esteve R, Ram&iacute;rez C, L&oacute;pez A.   Adaptaci&oacute;n al castellano de la escala   Courtauld de control emocional en pacientes   con c&aacute;ncer. Psicothema   2001;13:636-42. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0034-7450200300020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.Ram&iacute;rez C, Esteve R, L&oacute;pez A Anarte M.   Influencia de las variables g&eacute;nero, edad y   nivel educativo en el patr&oacute;n comportamental   tipo C. In: 1er Congreso de la Sociedad   Espa&ntilde;ola de Diferencias Individuales.   Madrid, Espa&ntilde;a; 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0034-7450200300020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.Evers A, Kraaimaat F, Van Lankveld W,   Jogen P, Jacobs J, Bijlsma J. Beyond unfavorable   thiking: the illnnes cognition   questionarie for chronic diseases. Journal   of Consulting and Clinical Psychology   2001;69:1026-36. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0034-7450200300020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>(1)V&eacute;ase la revisi&oacute;n de Gross (1989), citado   por Rodr&iacute;guez, Esteve y L&oacute;pez (13). </p>     <p><sup>2</sup>V&eacute;ase la escala de racionalidad y defensividad   emocional de Spielberger, la escala   de necesidad de armon&iacute;a del mismo autor   y la escala breve de reacciones   interpersonales en la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de   Sand&iacute;n.</p>   </font>       ]]></body><back>
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