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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="right">Reporte de caso</p>       <p align="center"><font size="4"><b>Psicosis y sistemas de creencias<a href="#(*)">*</a></b></font></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b>  Marco Fierro Urresta<sup>1</sup>, Luisa Rueda<sup>1</sup>, Jezmin Abrahim<sup>1</sup>, Estefan&iacute;a Garc&iacute;a<sup>1</sup>, Luz Amparo Jaimes<sup>1</sup>, Juana Atuesta<sup>2</sup></b></p>       <sup>1</sup> M&eacute;dico psiquiatra. Docente Universidad del Rosario y postgrado de psiquiatr&iacute;a Cl&iacute;nica de La Paz.   - Centro de investigaciones del sistema nervioso (Cisne). - Hospital Occidente de Kennedy       <br><sup>2</sup> Residentes de psiquiatr&iacute;a Universidad del Rosario.     <p></p> <hr size="1">     <p>     <b>Resumen</b></p>     <p> Se presenta el caso de un paciente que tuvo s&iacute;ntomas claramente psic&oacute;ticos   favorecidos por la fuerza e intensidad que adquiri&oacute; en su entorno familiar   un sistema de creencias m&aacute;gico. Se utiliza la narraci&oacute;n en primera persona   por parte del paciente y de su madre con el fin de dar mayor &eacute;nfasis al   relato de las vivencias extra&ntilde;as que precedieron la eclosi&oacute;n de la   sintomatolog&iacute;a. Adem&aacute;s, se revisa desde la antropolog&iacute;a algunos conceptos centrales acerca del pensamiento m&aacute;gico.</p>     <p>  <b>Palabras clave:</b> trastorno psic&oacute;tico compartido, sistema de creencias, pensamiento m&aacute;gico.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  <b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p> El paciente, a quien en adelante se identificar&aacute; como Jorge, inicialmente   fue llevado al servicio de urgencias de un hospital general debido a   que intent&oacute; enterrarse un destornillador en la regi&oacute;n precordial. Se trata   de un hombre de 35 a&ntilde;os, casado, padre de dos hijas, con estudios hasta   noveno grado y decorador de profesi&oacute;n. En cuanto a los aspectos cl&iacute;nicos,   sus s&iacute;ntomas hab&iacute;an comenzado un mes antes del ingreso y consist&iacute;an   principalmente en insomnio de conciliaci&oacute;n y de despertar frecuente,   ansiedad, alucinaciones auditivas de una voz que le hablaba e ideas   delirantes, autorreferenciales, persecutorias y de influencia (experiencias   de pasividad). Si bien es evidente el car&aacute;cter psic&oacute;tico de los s&iacute;ntomas, la historia alrededor de ellos los hace m&aacute;s interesantes.</p>     <p><b>   Relato de Jorge, el paciente hospitalizado</b></p>     <p>  Con el fin de aproximarse un   poco m&aacute;s a la perspectiva del paciente,   a continuaci&oacute;n se narrar&aacute;n   en primera persona y desde su   punto de vista las experiencias vividas.</p>     <p>  Hace tres meses, unos pocos   d&iacute;as despu&eacute;s de la muerte de mi   hermano mayor, de nombre Alejandro,   comenzaron a suceder cosas   sumamente extra&ntilde;as en casa de mi   madre. Fueron much&iacute;simas, tanto   que hemos perdido la cuenta. Un   mes y medio m&aacute;s tarde, me encontraba   con mi hermana Luc&iacute;a rezando   en la sala cuando escuchamos   una serie de sonidos curiosos; eran   ruidos extra&ntilde;os, como de cien mil   almas, seguidos de una explosi&oacute;n   que hizo estremecer la casa. Atemorizados,   los dos salimos inmediatamente,   pero nos sorprendimos al ver todo en calma.</p>     <p>  Transcurrieron doce o quince   d&iacute;as en que dorm&iacute; muy poco. En esa   temporada asist&iacute;amos a las sesiones   del grupo de oraci&oacute;n y, precisamente   en una de ellas, cuando fui a   sujetar a mi sobrino Francisco,   quien estaba pose&iacute;do por el esp&iacute;ritu   de su padre, sent&iacute; que &eacute;ste se   traslad&oacute; a mi cuerpo. Ese fue el   momento crucial de la posesi&oacute;n,   pues a partir de entonces mi   hermano no me ha dejado en paz ni ha querido salir de m&iacute;.</p>     <p> De ah&iacute; en adelante no lograba   dormir casi nada. Todas las noches   sent&iacute;a que alguien halaba mi cuerpo   y percib&iacute;a un olor extra&ntilde;o, similar   al del azufre, y aunque me cubr&iacute;a   con las cobijas el olor era penetrante   y molesto. Escuchaba a mi hermano   Alejandro amenazarme de muerte,   pues quer&iacute;a quedarse con mi cuerpo   y de paso con mi esposa, quien   siempre le hab&iacute;a gustado. La presencia   de &eacute;l era casi constante y no   se limitaba a hablarme; me dominaba,   realmente me pose&iacute;a. Lleg&oacute; a   tal punto que hablaba a trav&eacute;s de   mi boca y me induc&iacute;a a comportarme   de formas que no eran las m&iacute;as,   como aquello de escupir constantemente a&uacute;n sin querer hacerlo.</p>     <p> Despu&eacute;s de una semana decid&iacute;   alejarme de mi esposa e hijas. Me   traslad&eacute; a una habitaci&oacute;n trasera de   mi casa. No quer&iacute;a estar cerca de   mi esposa porque pod&iacute;a ceder a los   deseos de mi hermano y complacerlo   teniendo relaciones sexuales   con ella. Pero adem&aacute;s, albergaba el   temor de hacerles da&ntilde;o a mis hijas,   lo que me oblig&oacute; a tomar distancia   de ellas. Trascurrida otra semana   me march&eacute; a casa de mi madre, donde las cosas no fueron mejores.</p>     <p> All&aacute; estaban mi madre (Julia), un   amigo de la familia, mi hermana   Luc&iacute;a junto con su esposo y dos   hijos, mi hermano menor (Ramiro)   y Francisco, el hijo mayor de mi hermano   fallecido. Todos viv&iacute;an sumamente   asustados y dorm&iacute;an en una   sola habitaci&oacute;n. A&uacute;n as&iacute;, cada noche ocurr&iacute;an situaciones muy   extra&ntilde;as. El volumen de la radio y   la televisi&oacute;n aumentaban o disminu&iacute;an   sin que nadie interviniera; a   veces en la radio aumentaba la   velocidad con que hablaban los   locutores o se escuchaban las canciones;   los bombillos titilaban y los   cirios de pascua que encend&iacute;amos   se apagaban una y otra vez. Ante   semejantes acontecimientos decidimos   viajar a un pueblo cercano   donde un sacerdote realiza exorcismos,   los que comenzaron el mismo   d&iacute;a de nuestra llegada. Durante el   primer exorcismo sent&iacute; algo como   una corriente en todo mi cuerpo y   cierto alivio lleg&oacute; a m&iacute;. Pero en la   noche, mientras dorm&iacute;amos en un   hotel, levit&eacute; sobre el piso casi medio   metro, debido a que el esp&iacute;ritu de Alejandro quer&iacute;a llevarme y matarme.</p>     <p>  Afortunadamente mi hermana   se percat&oacute; de lo que ocurr&iacute;a y, aprovechando   el milagro de que la Virgen   Mar&iacute;a encarn&oacute; en ella, vol&oacute; hasta   donde me encontraba, me sujet&oacute; y   grit&oacute; &lsquo;a mi hermano no se lo lleva   porque el rosario he rezado&rsquo;. Inmediatamente   ca&iacute;mos al piso y los dos quedamos de pie.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ella conserv&oacute; el poder de   sanaci&oacute;n (sic) que le otorg&oacute; la   Virgen, e inmediatamente recibi&oacute; la   orden de mirar hacia arriba y re&iacute;r   para, de esta manera, confirmar a   trav&eacute;s de una luz la presencia de   Jes&uacute;s. &lsquo;Al d&iacute;a siguiente, en la segunda   misa de las tres programadas, el   esp&iacute;ritu de mi hermano volvi&oacute; a entrar   en m&iacute;. Al igual que la noche   anterior la Virgen Mar&iacute;a se hizo   presente encarnada en Luc&iacute;a. Esta   vez ella grit&oacute; algo que oblig&oacute; al   sacerdote a suspender la misa, y al   mismo tiempo se dirigi&oacute; a los dem&aacute;s   asistentes dici&eacute;ndoles &lsquo;esp&iacute;ritus malos,   s&aacute;lganse&rsquo;. En seguida, muchas   personas vomitaron y comenzaron   a comportarse de una manera bastante rara.</p>     <p>  No esperamos la misa del tercer   d&iacute;a. Toda mi familia, especialmente   mi hermana y yo, est&aacute;bamos desesperados   y decidimos regresar, si   bien eso fue aconsejado por la Virgen   Mar&iacute;a para que la gente del   pueblo no creyera que Luc&iacute;a estaba   loca. Creo que fue una mala decisi&oacute;n,   pues al no seguir la recomendaci&oacute;n   y no completar los exorcismos requeridos no hubo mejor&iacute;a.</p>     <p> Por el contrario, todo empeor&oacute; Ya   no pod&iacute;a controlarme y tampoco mi   familia lograba ayudarme a hacerlo.   La presencia de mi hermano se hizo   constante y no sab&iacute;a qu&eacute; recurso   utilizar para liberarme de &eacute;l. Decid&iacute;   que si me enterraba un cuchillo o   algo por el estilo en el coraz&oacute;n lo   matar&iacute;a a &eacute;l y ser&iacute;a nuevamente yo   mismo. As&iacute; que busqu&eacute; un destornillador   y proced&iacute; a clav&aacute;rmelo en el   pecho. Por fortuna, mi madre se dio   cuenta de lo que hac&iacute;a y arroj&oacute; agua   bendita sobre mi, lo que impidi&oacute; que   el destornillador penetrara. Inmediatamente   me llevaron al hospital.      <b>Relato familiar en versi&oacute;n de la madre del paciente</b></p>     <p>  Si bien hay variaciones en la   versi&oacute;n que brinda cada una de las   personas que viven en la casa familiar,   es posible salvar dichas diferencias   y presentar un relato unificado   de todos ellos, el cual se har&aacute; en   primera persona y desde la perspectiva   de la madre. Es de resaltar que   hay acuerdo en que lo narrado por   el paciente ocurri&oacute; tal y como &eacute;l lo   dice, as&iacute; que en este aparte s&oacute;lo figuran   detalles que no han sido mencionados previamente.</p>     <p> Todo comenz&oacute; una semana   antes de la muerte de Alejandro. &Eacute;l   vino de visita a esta casa, pues viv&iacute;a   en otro sector de la ciudad junto con   su esposa y tres hijos, y le confes&oacute;   a su hermana Luc&iacute;a que practicaba   la magia blanca. Reconoci&oacute; que ten&iacute;a   libros de hechicer&iacute;a por medio   de los cuales pod&iacute;a ayudarle a ligar al ser amado. Ella se mostr&oacute; incr&eacute;dula.</p>     <p> Sin embargo, al d&iacute;a siguiente,   en horas de la madrugada, aproximadamente   a la una, mi hija y yo   escuchamos que los cajones de la   cocina se abr&iacute;an espont&aacute;neamente   y percibimos un olor de alimentos   en cocci&oacute;n. Fuimos inmediatamente   a la cocina pero todo estaba en su lugar.</p>     <p> Una semana despu&eacute;s, Alejandro   volvi&oacute; de visita. Lo not&eacute; diferente,   con el mismo cuerpo, pero con   una mirada extra&ntilde;a y un alma que   no era la suya. Le pregunt&eacute; si hab&iacute;a   tomado alcohol. El lo neg&oacute; y en cambio me ofreci&oacute; comprar esta casa.</p>     <p> Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde muri&oacute; en la   secci&oacute;n de urgencias de una cl&iacute;nica.   Era el mayor de mis hijos, ten&iacute;a 40   a&ntilde;os, y a excepci&oacute;n de la diabetes,   no sufr&iacute;a de ninguna otra enfermedad.   No obstante, todo alrededor de   su muerte fue raro. Su cad&aacute;ver   aument&oacute; de tama&ntilde;o y no cab&iacute;a en   el ata&uacute;d. Una vez terminada la novena   de velaci&oacute;n, precisamente al d&eacute;cimo   d&iacute;a, en esta casa, comenzaron   a escucharse ruidos extra&ntilde;os y   diversas manifestaciones de su presencia.</p>     <p> En una reuni&oacute;n familiar realizada   dos o tres d&iacute;as luego de la muerte   de Alejandro, el hijo mayor de &eacute;ste,   de nombre Francisco, nos dijo que   su padre hab&iacute;a pronosticado su propia   muerte con diez d&iacute;as de anticipaci&oacute;n;   as&iacute; mismo, hab&iacute;a anunciado   su resurrecci&oacute;n al tercer d&iacute;a y la   cercan&iacute;a de mi propia muerte. En   esa misma semana, mi hija Luc&iacute;a   sinti&oacute; la presencia de Alejandro,   qui&eacute;n le palpaba el hombro derecho;   y mi otro hijo, Ramiro, observ&oacute; la   sombra de su hermano muerto   acompa&ntilde;ado de otro esp&iacute;ritu. El   difunto procedi&oacute; a tocarle la cabeza   al tiempo que imploraba a Dios su   compa&ntilde;&iacute;a. Cuando me enter&eacute; de   esto, les suger&iacute; a todos que asisti&eacute;ramos   al grupo de oraci&oacute;n del que soy part&iacute;cipe desde hace cuatro a&ntilde;os.</p>     <p> En la primera reuni&oacute;n, mi hija   cay&oacute; al piso empujada por la fuerza   proveniente de un esp&iacute;ritu que adem&aacute;s   la utilizaba para hablar a trav&eacute;s   de ella. En las siguientes reuniones   pas&oacute; casi lo mismo; pero en una de   ellas, Luc&iacute;a, por medio de visiones,   se dio cuenta que Francisco, el hijo   mayor de Alejandro, le colaboraba al pap&aacute; en las hechicer&iacute;as que hac&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Eso fue suficiente para que lo invit&aacute;ramos   al grupo de oraci&oacute;n. Asisti&oacute; y tambi&eacute;n fue pose&iacute;do por los esp&iacute;ritus.</p>     <p> En esos momentos, &eacute;l cambiaba   la expresi&oacute;n del rostro, adquir&iacute;a   una fuerza enorme, se mov&iacute;a constantemente   y era casi imposible controlarlo   a pesar de que lo sujetaban   entre tres y cuatro personas. A trav&eacute;s   de Francisco, el esp&iacute;ritu de Alejandro   confes&oacute; que realmente se   dedicaba a la magia negra. Nos inform&oacute;   acerca de varios entierros que   hizo en tumbas de cementerios. Es   m&aacute;s, los buscamos y efectivamente   los hallamos. Nos dijo adem&aacute;s que   no pod&iacute;a descansar en paz debido a   toda la maldad que hizo en vida,   tanto as&iacute; que hasta reconoci&oacute; haber   dado muerte a una hija cuando &eacute;sta   contaba con apenas tres a&ntilde;os de edad.</p>     <p>  Vale la pena aclarar que en las   posesiones no se trataba tan s&oacute;lo   de un esp&iacute;ritu, eran varios los que   se manifestaban; Es m&aacute;s, en una   ocasi&oacute;n, Luc&iacute;a fue pose&iacute;da por la   hija menor del difunto, la que muri&oacute;   cuando ten&iacute;a tres a&ntilde;os. Sin embargo,   los esp&iacute;ritus &uacute;nicamente aparec&iacute;an   en las reuniones del grupo de   oraci&oacute;n; el resto del tiempo mi hija   y mi nieto no los sent&iacute;an en absoluto.   Finalmente, del &uacute;nico que se   apoder&oacute; el esp&iacute;ritu del muerto fue de Jorge.</p>     <p> En medio de esta situaci&oacute;n tan   terrible, decidimos que era necesario   dirigirnos a la casa donde vivi&oacute;   mi hijo Alejandro con el fin de liberarla de la maldad mediante la oraci&oacute;n.</p>     <p>  Participamos muchas personas   y todas sentimos claramente la energ&iacute;a negativa de los esp&iacute;ritus.</p>     <p>  Nuevamente Francisco fue el vocero   de su padre y con una voz extra&ntilde;a   dio a conocer los detalles de algunos   entierros adicionales. Un d&iacute;a despu&eacute;s,   procedimos a efectuar los   correspondientes desentierros, momento   en el cual Francisco sinti&oacute;   que su cuerpo era pose&iacute;do por un   gato, emitiendo maullidos cada vez   que abr&iacute;a la boca. Como si fuera   poco, rasgu&ntilde;aba su propio cuerpo   debido a la intensidad de la fuerza que experimentaba.</p>     <p>  Hay que agregar que finalmente   encontramos a una persona que nos ayud&oacute; con la limpiezas espirituales.</p>     <p> Liber&oacute; a mi hija Luc&iacute;a de todos los   esp&iacute;ritus y ha colaborado con la   recuperaci&oacute;n de Jorge a&uacute;n estando   hospitalizado. Nos dio varias indicaciones,   entre ellas quemar las camas,   la ropa y cuanto objeto hubiera   estado en contacto con Alejandro,   lo que ya comenzamos a hacer.    <b>Datos adicionales del paciente</b></p>     <p>  En cuanto a Jorge, hasta antes   de los sucesos narrados, no ten&iacute;a   antecedentes personales de importancia.</p>     <p> No hab&iacute;a presentado problemas   en su desarrollo infantil y de la   adolescencia; tuvo un buen desempe&ntilde;o   escolar y siempre se hab&iacute;a   caracterizado por ser sociable y   amable. No hab&iacute;a afrontado dificultades   laborales, sociales o familiares   de importancia y manten&iacute;a una buena relaci&oacute;n con su esposa e hijas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tan s&oacute;lo despu&eacute;s de comenzar a   presentar los primeros s&iacute;ntomas   psic&oacute;ticos, se distanci&oacute; de ellas. Su   esposa era esc&eacute;ptica ante los sucesos   que relataba el paciente y nunca   observ&oacute; ni experiment&oacute; lo relatado por su c&oacute;nyuge.</p>     <p> Durante la hospitalizaci&oacute;n le   fue administrada Olanzapina en   dosis de 10mg/d&iacute;a y Lorazepam   (hasta 10 mg/d&iacute;a), con lo que   desapareci&oacute; la sintomatolog&iacute;a psic&oacute;tica.   Sin embargo, al salir no volvi&oacute;   a casa con su familia sino que fue a   vivir nuevamente a casa de su madre,   donde los acontecimientos   extra&ntilde;os a&uacute;n continuaban, si bien   menos intensos que antes. La medicaci&oacute;n   la suspendi&oacute; una semana   despu&eacute;s de salir del hospital y tres   d&iacute;as m&aacute;s tarde una ansiedad ligera nuevamente se insinuaba.</p>     <p><b> El pensamiento m&aacute;gico</b></p>     <p> Seg&uacute;n Dennett, la mejor manera   de entender el comportamiento   de los dem&aacute;s seres humanos es atribuy&eacute;ndoles   creencias y deseos. Esto   nos permite adem&aacute;s predecir de qu&eacute;   forma van a actuar en determinadas   circunstancias (1). Pero las creencias   no se dan en individuos aislados   sino en sujetos integrantes de   grupos sociales. Es all&iacute; donde cumplen   diversas funciones dando   estructura a las im&aacute;genes del mundo   y formas a la acci&oacute;n social (2).</p>     <p>  Un sistema de creencias es un   conjunto de conceptos generales   que gobiernan nuestra visi&oacute;n del   mundo y nuestra actividad en &eacute;l. No   son conceptos sueltos sin relaci&oacute;n   alguna entre ellos, se trata m&aacute;s bien   de toda una trama que da lugar a   las pautas de interpretaci&oacute;n de las   futuras experiencias. El sistema de   creencias se nutre de los conceptos   existentes en la familia y el grupo   social al que se pertenece, pero su   adquisici&oacute;n no es un proceso racional;   m&aacute;s bien, es producto de una   serie de interacciones entre las disposiciones   innatas, las vivencias   con sus correspondientes componentes   emocionales y sensoperceptivos,   la manera en que las vivencias   son interpretadas y la historia de   vida que se construye d&iacute;a a d&iacute;a. De   esta manera se entreteje una red de   conceptos que nos acompa&ntilde;an permanentemente   y van a servir de   sustrato para seleccionar e interpretar las experiencias venideras. Se   conoce bastante bien que muchas   de las interpretaciones que damos   a los sucesos cotidianos dependen   m&aacute;s de nuestros supuestos b&aacute;sicos   en t&eacute;rminos de creencias que de los hechos en s&iacute; (3).</p>     <p> Cuando nos preguntamos &iquest;por   qu&eacute; la gente cree cosas extra&ntilde;as?,   podemos considerar diversas respuestas,   pero ante la alta frecuencia   de este comportamiento (es la regla   m&aacute;s que la excepci&oacute;n), vale la pena   postular que por lo menos algunas   de esas creencias derivan de una   tendencia natural a pensar de ciertas   maneras (4). En este orden de   ideas, los sistemas de creencias basados   en la magia, denominados   pensamiento m&aacute;gico, ameritar&iacute;an   un estudio m&aacute;s serio del que a veces se les dispensa.</p>     <p> La categor&iacute;a de pensamiento   m&aacute;gico surgi&oacute; en la antropolog&iacute;a del   siglo XIX y se us&oacute; para designar la   manera de pensar caracter&iacute;stica de   una etapa primigenia de la humanidad.   Se consideraba adem&aacute;s que   dicho pensamiento era a&uacute;n el modo   de conocimiento predominante en   los pueblos llamados entonces   salvajes o primitivos. Los principales   representantes de aquella postura   fueron Edward Burnett Tylor y   James Frazer, Este &uacute;ltimo, en su   libro de comienzos del siglo XX, The   golden bough, fue quien primero se   refiri&oacute; a la &ldquo;magia homeop&aacute;tica&rdquo; que   funciona con el principio de la similitud   y la &ldquo;magia contagiosa&rdquo; que obedece al principio del contacto.</p>     <p> Por su parte, Tylor reconoci&oacute;   dos caracter&iacute;sticas del pensamiento   m&aacute;gico que son claves para una   teor&iacute;a general del mismo. En primer   lugar, que el pensamiento m&aacute;gico   es coherente desde un punto de   vista l&oacute;gico e ideol&oacute;gico y, en segundo   lugar, que provee explicaciones   causales en t&eacute;rminos de analog&iacute;as.   Expuso adem&aacute;s varias razones por   las cuales a las personas que siguen   este pensamiento y practican la   magia no les resulta falso. Entre   ellas figuran el hecho de que cualquier   fracaso es atribuido a un error   en las prescripciones o prohibiciones   que acompa&ntilde;an al rito y no a   un problema conceptual y el tomar   un solo &eacute;xito como la legitimaci&oacute;n   de muchos fracasos en la interpretaci&oacute;n de las evidencias.</p>     <p>  Con el paso del tiempo algunos   de estos conceptos han cambiado.   Se ha reconocido ampliamente que   la tem&aacute;tica m&aacute;gica no es patrimonio   de pueblos primitivos como tampoco   constituye una etapa ya pasada en   el desarrollo del psiquismo de la   humanidad. Lo m&aacute;gico ha estado y   est&aacute; presente en el pensamiento de   la gente de todo el mundo y en todas   las &eacute;pocas. Si se quiere, el pensamiento   m&aacute;gico es patrimonio del funcionamiento   cognoscitivo de los seres   humanos y no est&aacute; restringido a los   pueblos denominados salvajes, a los pacientes psic&oacute;ticos o a los ni&ntilde;os.</p>     <p> Seg&uacute;n cierta teor&iacute;a antropol&oacute;gica   evolucionista propuesta por   Steven Mithen (5), el pensamiento   m&aacute;gico s&oacute;lo fue posible despu&eacute;s de   que en la historia evolutiva de los   hom&iacute;nidos se produjo una mente   con fluidez cognoscitiva como la del   humano actual, y eso sucedi&oacute; hace   60.000 a&ntilde;os o menos; esto es, el   pensamiento m&aacute;gico es una caracter&iacute;stica   reciente en la evoluci&oacute;n de   la mente. Desde luego, esto no quiere   decir que vislumbrar el mundo   en t&eacute;rminos m&aacute;gicos sea mejor,   superior o &ldquo;m&aacute;s evolucionado&rdquo;; se   refiere m&aacute;s bien a que gracias a la   existencia de una mente flexible   tambi&eacute;n fue posible tener a la magia   como tem&aacute;tica para explicar lo que acontece.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Dado que el pensamiento m&aacute;gico   existe merced a nuestro dise&ntilde;o   cognoscitivo, producto de la evoluci&oacute;n,   se hace a&uacute;n m&aacute;s importante   estudiar algunas de sus caracter&iacute;sticas   y sus implicaciones en la g&eacute;nesis   de determinadas psicopatolog&iacute;as.   Phillip Stevens (6) propone que   el pensamiento m&aacute;gico opera seg&uacute;n   alguno o todos los siguientes cinco principios b&aacute;sicos:</p>     <p>  1. Fuerzas. Existen fuerzas diferentes   a las identificadas por la   f&iacute;sica, programadas desde el   comienzo de los tiempos para   hacer cosas en espec&iacute;fico, ya   sea solas o junto a otras; y si se las deja har&aacute;n esas cosas.</p>     <p>  2. Poder. Las fuerzas, y todo lo   dem&aacute;s, est&aacute;n cargadas de una   energ&iacute;a otorgada por un poder   m&iacute;stico. La intensidad de la   energ&iacute;a de cada cosa puede variar   haci&eacute;ndola m&aacute;s o menos   poderosa. El poder es transferible   a trav&eacute;s del contacto f&iacute;sico,   la percepci&oacute;n sensorial o la   mera cercan&iacute;a. En algunos sistemas   de creencias la fuerza y   el poder se unen, como en el concepto de &ldquo;fuerza vital&rdquo;.</p>     <p>  3. Universo interconectado y coherente.   El universo est&aacute; real o   potencialmente interconectado   temporal y espacialmente. Hay   hilos invisibles que unen la totalidad   de lo existente; y en lo   referente al tiempo, cuanto ha   ocurrido, ocurre y ocurrir&aacute; fue   programado con anticipaci&oacute;n   en el sistema c&oacute;smico. Adem&aacute;s,   todo acontecimiento deja su propia marca en el universo.</p>     <p> 4. S&iacute;mbolos. Los s&iacute;mbolos no s&oacute;lo   representan otras cosas o acciones,   sino que pueden tomar las   cualidades de lo que representan.   Si una piedra representa a   un dios poderoso y cruel, se le   teme y reverencia no s&oacute;lo al dios   sino a la piedra misma. El ejemplo   m&aacute;s interesante lo constituye   la palabra. Si se enuncia   la palabra muerte, ella misma   puede acarrear el suceso temido. Los pensamientos cumplen      un papel similar; con s&oacute;lo pensar   en la desgracia de un enemigo, est&aacute; le sobreviene inexorablemente.</p>     <p> 5. La simpat&iacute;a o afinidad entre las   cosas (principios de Frazer).   a- Principio de la similitud: las   cosas o acciones que se parecen   a otras tienen una conexi&oacute;n   causal. b- Principio del contacto:   las cosas que han estado ya   sea en contacto f&iacute;sico o en asociaci&oacute;n   espacial o temporal con   otras cosas siguen teniendo una   conexi&oacute;n despu&eacute;s de separadas.   Ejemplos del primer principio   son los intentos de destruir a   un enemigo da&ntilde;ando una imagen   suya o la utilizaci&oacute;n de figuras   a las que se les entierra agujas   u otros objetos punzantes   creyendo que de esta manera se   afecta al sujeto representado. El   segundo principio se halla claramente   ejemplificado en la   creencia universal de que si se   consigue el cabello, las u&ntilde;as o   la sangre de una persona se puede actuar sobre ella a distancia.</p>     <p> <b><font size="3">Discusi&oacute;n</font></b></p>     <p> En el presente caso cl&iacute;nico no   centraremos la discusi&oacute;n en el diagn&oacute;stico   debido a que en el n&uacute;mero   anterior de la revista ya fue revisado   ampliamente lo referente al trastorno   psic&oacute;tico compartido. Nos interesa   destacar ante todo la aparici&oacute;n   de s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos producto de   la interacci&oacute;n entre creencias, especialmente   las de tipo m&aacute;gico, y el   psiquismo individual. Casos como   el que se presenta no son raros en   la pr&aacute;ctica de la psiquiatr&iacute;a colombiana;   de hecho, buena parte de las   personas que padecen s&iacute;ntomas   psic&oacute;ticos tienen a lo m&aacute;gico como tem&aacute;tica de sus ideas delirantes.</p>     <p>  Jorge, el paciente, es un hombre   que a sus 35 a&ntilde;os no ten&iacute;a antecedente   alguno de trastornos psic&oacute;ticos,   afectivos o ansiosos; tampoco   sus rasgos de personalidad eran   desadaptativos y mucho menos   pod&iacute;a pensarse en un diagn&oacute;stico   de trastorno de personalidad. Sin   embargo, desarroll&oacute; una sintomatolog&iacute;a   claramente psic&oacute;tica alrededor   de la cual el &uacute;nico factor desencadenante   parece ser la puesta en marcha,   en su grupo familiar cercano, de un conjunto de creencias m&aacute;gicas.</p>     <p>  Entre la muerte de su hermano   Alejandro y el inicio de los   s&iacute;ntomas transcurrieron dos meses,   tiempo durante el cual estuvo   inmerso en un ambiente donde d&iacute;a   a d&iacute;a se relataban experiencias   extra&ntilde;as atribuidas a la intromisi&oacute;n   del esp&iacute;ritu del muerto y con temor   se esperaba la llegada de la noche   acompa&ntilde;ada siempre de sucesos   inexplicables ocasionados por fuerzas sobrenaturales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> No hay duda alguna de la tem&aacute;tica   m&aacute;gica del ambiente. Los esp&iacute;ritus involucrados en este caso,   especialmente el de Alejandro, poseen   las caracter&iacute;sticas t&iacute;picas de los   esp&iacute;ritus de toda religi&oacute;n (7):&lsquo;a- se   trata de seres no materiales que   sobreviven a la muerte del sujeto,   pero que siguen teniendo creencias y deseos como cualquier ser humano.</p>     <p> El esp&iacute;ritu de Alejandro quer&iacute;a   poseer el cuerpo de Jorge con el fin   de quedarse con su esposa, a quien   siempre hab&iacute;a deseado; b- escogen   a algunas personas para revelarse   ante ellas, comunicarles secretos,   poseerlas o hacerles da&ntilde;o. De hecho,   el que experiment&oacute; la posesi&oacute;n m&aacute;s   intensa fue Jorge, en quien se volvi&oacute;   permanente y no s&oacute;lo temporal como   ocurri&oacute; con su sobrino y su hermana;   y c- pueden ser afectados si se   realizan rituales de una determinada   manera. El esp&iacute;ritu de Alejandro se   hubiese alejado de haberse completado   los tres exorcismos y su   poder era susceptible de ser contrarrestado   por figuras como la Virgen cuando encarnaba en la hermana.</p>     <p> El sistema m&aacute;gico de creencias   comenz&oacute; a funcionar r&aacute;pidamente.  Desde el primer momento, cuando   Alejandro confes&oacute; que practicaba la   brujer&iacute;a se puso en juego un sistema   de interpretaci&oacute;n de los sucesos   venideros que no har&aacute; otra cosa que   confirmar las expectativas. Es   frecuente que despu&eacute;s de la muerte   de alguien, los familiares o allegados   experimenten su presencia mediante   im&aacute;genes visuales, sonidos, olores   y a&uacute;n sensaciones tactiles. Poco   a poco estas experiencias disminuyen   en intensidad y frecuencia hasta   que desaparecen. En cambio, los   miembros de esta familia dieron una   interpretaci&oacute;n particular a dichas experiencias.</p>     <p> Cuando Luc&iacute;a y Ramiro, en la   primera semana despu&eacute;s de la   muerte de Alejandro sintieron su   cercan&iacute;a y lo vieron acompa&ntilde;ado de   otros esp&iacute;ritus, inmediatamente   Julia, la madre, consider&oacute; esto como   un signo de algo malo; tanto que su   siguiente decisi&oacute;n fue llevar a la   familia a un grupo de oraci&oacute;n para   que les ayudaran a alejar aquellos   esp&iacute;ritus. La familia ya hab&iacute;a puesto   en marcha el pensamiento m&aacute;gico   que la llevaba a interpretar con esa   tem&aacute;tica cualquier situaci&oacute;n venidera.  Es de destacar, adem&aacute;s, el   papel desempe&ntilde;ado por la madre de   Jorge. Al ser la l&iacute;der del grupo y   estar completamente convencida de   los poderes y peligros que encarnaba   el esp&iacute;ritu de Alejandro, favoreci&oacute;   y fortaleci&oacute; en los dem&aacute;s miembros   de la familia ese tipo de interpretaciones.   Como explica Levi-Strauss (8),   todos los miembros de la familia   empezaron a manejar un sistema de   interpretaci&oacute;n dentro del cual la   invenci&oacute;n personal desempe&ntilde;aba   un papel importante. Dicha fabulaci&oacute;n   de la realidad implica la creencia   en la eficacia de la magia por   parte del enfermo y de su familia   formando una especie de campo de   gravitaci&oacute;n en cuyo seno se definen   las relaciones entre el hechizo o la   posesi&oacute;n y aquello que los hechiza o posee.</p>     <p> La invenci&oacute;n personal se aprecia   claramente en muchos de los   pasajes narrados. Cuando Jorge   levit&oacute; medio metro por encima del   piso y la Virgen, encarnada en   Luc&iacute;a, vol&oacute; hasta &eacute;l para evitar que   fuese llevado por el esp&iacute;ritu de Alejandro,   es evidente el tinte fant&aacute;stico   de la versi&oacute;n, as&iacute; sea sostenida por   todos los miembros de la familia,   quienes narran el episodio como un suceso completamente real.</p>     <p> El sistema m&aacute;gico de creencias   no s&oacute;lo brinda explicaciones a   posteriori de los sucesos, su fuerza   radica en que genera expectativas y   hasta facilita la aparici&oacute;n de ciertas   percepciones. Una vez se iniciaron   los sucesos extra&ntilde;os, la familia decidi&oacute;   reunirse y dormir en una sola   habitaci&oacute;n. Era el ambiente propicio   para que lo inaudito sucediera,   tanto que cualquier ruido, corriente   de aire o cambios en la iluminaci&oacute;n   iban a ser considerados como una   manifestaci&oacute;n adicional de esas   fuerza sobrenaturales que los acosaban.   Con ese tel&oacute;n de fondo no   es nada sorprendente que las distorsiones   sensoperceptivas dieran   lugar a que en la radio las voces de   quienes hablaban se oyeran m&aacute;s r&aacute;pido de lo habitual.</p>     <p> Jorge, una vez se percat&oacute; de que   el esp&iacute;ritu de su hermano hab&iacute;a entrado   en &eacute;l, sinti&oacute; gran terror. Pr&aacute;cticamente   claudic&oacute; y de ah&iacute; en adelante   todo estaba dispuesto para   que en su cuerpo sucediera lo m&aacute;s   extra&ntilde;o e inesperado. A este prop&oacute;sito   sirvieron adem&aacute;s las evaluaciones   que el resto de la familia hac&iacute;a   de &eacute;l. Dejaron de verlo como un   sujeto aut&oacute;nomo, libre y vital y pasaron   a considerarlo objeto de temores   y prohibiciones. Seg&uacute;n Levi-   Strauss (8), en ese instante la   integridad f&iacute;sica (y mental) no resiste   a la disoluci&oacute;n de la personalidad   social. De ah&iacute; en adelante y preso   de una intensa ansiedad apenas   pod&iacute;a oponer una ligera resistencia.   Su cuerpo ya s&oacute;lo era escenario de   las experiencias m&aacute;s extra&ntilde;as que   hasta entonces hab&iacute;a tenido. &iquest;Podemos   atrevernos a decir que en ese   instante comenz&oacute; la psicosis? &iquest;Ese   fue el momento en que una creencia   compartida y aceptada en el entorno   se volvi&oacute; idea delirante? En la actualidad,   no disponemos del conocimiento   suficiente para atrevernos a   responder afirmativamente las anteriores   preguntas, y quiz&aacute; no sea lo   m&aacute;s importante, pues m&aacute;s all&aacute; de   poder trazar l&iacute;mites entre lo psic&oacute;tico   y aquello que no lo es, lo que   m&aacute;s interesa es destacar el proceso   que lleva de un sistema de creencias   m&aacute;gico ampliamente difundido en   el mundo a la aparici&oacute;n de s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos.</p>     <p>   Tener como referente el sistema   de creencias de un sujeto nos permitir&aacute;   entender mejor no s&oacute;lo las   ideas delirantes, en caso de existir,   sino conocer las tendencias interpretativas   con las que eval&uacute;a los   sucesos y act&uacute;a. Adem&aacute;s, nos abre   la posibilidad de utilizar dicho conocimiento   con fines terap&eacute;uticos; en   algunos casos, teniendo como objetivo   un cuestionamiento de las   creencias y su sustituci&oacute;n por otras   que promuevan menos la aparici&oacute;n   de psicopatolog&iacute;a. En el caso de   Jorge, fue necesario adelantar esta   labor no s&oacute;lo con &eacute;l, sino con el resto   del grupo familiar, especialmente la   madre; pues todos ellos, al mantener   de forma obstinada la perspectiva   m&aacute;gica no hac&iacute;an sino   favorecer la sintomatolog&iacute;a psic&oacute;tica del paciente.</p>     <p>  Finalmente, nos queda una   duda muy importante. Todas las   personas que viv&iacute;an en casa de la   madre del paciente experimentaron   situaciones muy extra&ntilde;as despu&eacute;s   de la muerte de Alejandro. Su vida   comenz&oacute; a girar alrededor de los   esp&iacute;ritus que una y otra vez los   atemorizaban y los pose&iacute;an. Sin   embargo, no todos fueron afectados   de la misma manera. A&uacute;n m&aacute;s, &iquest;por   qu&eacute; s&oacute;lo Jorge desarroll&oacute; un cuadro   psic&oacute;tico? No tenemos una respuesta   clara al respecto, pero no cabe   duda de que en este juego se pusieron   en acci&oacute;n un conjunto de creencias   m&aacute;gicas y el psiquismo individual   de los implicados con sus   respectivas &ldquo;susceptibilidades&rdquo;.</p>     <p>  <font size="3" face="verdana"><b>Comentarios</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="#(*)"></a> En el presente caso cl&iacute;nico se utilizan nombres ficticios para cada una de las personas mencionadas.</p>      <p>  <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>  1. Dennett, Daniel (1991) La actitud intencional.   Gedisa. Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0034-7450200300030000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  2. Eliade, Mircea. (1999) Mito y realidad.   Kair&oacute;s. Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0034-7450200300030000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Hollweg, M.G., (2001) T&eacute;cnicas del   manejo psiqui&aacute;trico en una regi&oacute;n policultural   Revista de Neuro-psiquiatr&iacute;a.   2001;64:165-171.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0034-7450200300030000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  4. Sherman, Michael (1997). Why people   believe weird things. W.H. Freeman.   Nueva York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0034-7450200300030000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Mithen, Steven. (1998). Arqueolog&iacute;a de   la mente. Grijalbo Mondadori.   Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0034-7450200300030000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  6. Stevens, Phillip Jr. (1996). Magic. En:   Encyclopedia of the paranormal. Gordon   Stein. New York. pp. 721-726.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0034-7450200300030000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->   7. Boyer, Pascal. (1994) The naturalness   of religious ideas. A cognitive theory of   religion. University of California Press.   Berkeley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0034-7450200300030000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Levi-Strauss, Claude. (1987). Antropolog&iacute;a   estructural. Paidos. Barcelona. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0034-7450200300030000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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